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Idea · Prehispánico

Redistribución

Mecanismo político y económico central de los cacicazgos prehispánicos colombianos por el cual el cacique concentraba excedentes —maíz, sal, mantas, coca, oro— mediante obligaciones asimétricas y los devolvía en fiestas, obras colectivas, ofrendas y ajuares funerarios, produciendo así su propia autoridad.

4.042 palabras28 documentos54 fragmentos citados
Redistribución

Trayectoria de una idea

  1. -500

    Formación de los primeros cacicazgos y circuitos redistributivos

  2. -200

    Ingeniería hidráulica zenú como redistribución de trabajo a gran escala

  3. 900

    Consolidación del mercado muisca y el monopolio de la sal

  4. 1200

    Especialización productiva por cacicazgo y circuitos interregionales

  5. 1450

    Apogeo de los grandes zipas y zaques como administradores del circuito redistributivo

  6. 1537

    Llegada española y reinterpretación colonial del sistema redistributivo

03

La lectura

La redistribución cacical no fue un sistema fiscal primitivo ni una forma de caridad organizada: fue el mecanismo por el cual la autoridad política se producía y reproducía en las sociedades prehispánicas colombianas. El cacique que acumulaba sin devolver perdía su derecho a mandar; el que devolvía en festejos, obras y ofrendas convertía la asimetría en legitimidad. Este circuito de tres tiempos —concentración, retención y devolución ceremonial— articuló desde los camellones zenúes de la depresión momposina hasta los mercados muiscas del altiplano y las redes de caminos tayronas de la Sierra Nevada, tejiendo un territorio de complementariedades ecológicas en el que sal, mantas, oro, coca y yopo viajaban cientos de kilómetros. El debate historiográfico entre quienes ven en ese circuito un intercambio de dones asimétrico basado en el prestigio y quienes subrayan su dimensión de extracción material no cancela la evidencia central: fue precisamente la solidez de ese sistema lo que facilitó, a partir de 1537, su captura y transformación en encomienda colonial.

La redistribución en las sociedades cacicales prehispánicas

Antes de que Gonzalo Jiménez de Quesada asomara al altiplano en marzo de 1537, en el actual territorio colombiano funcionaba un mecanismo político sin el cual los cacicazgos —muiscas, tayronas, zenúes, quimbayas— no se sostienen ni se explican. Ese mecanismo era la redistribución: el cacique concentraba excedentes —maíz, sal, mantas, coca, oro— mediante obligaciones asimétricas, y los devolvía en fiestas, ofrendas, obras hidráulicas, banquetes de guerra y ajuares funerarios. La autoridad no se ejercía sobre ese circuito; se producía dentro de él. Fiesta y obra, tributo y ofrenda, mercado y santuario formaban un mismo tejido, y la posición del cacique era el nudo donde ese tejido se anudaba. Los cronistas del siglo XVI —Juan de Castellanos, Fray Pedro Simón, Lucas Fernández de Piedrahíta, Fray Pedro de Aguado— vieron esa maquinaria a través del prisma feudal europeo y la nombraron tributación. La palabra encajaba a medias. Lo que traducían era, más bien, un sistema en el que la generosidad exhibida y el desprendimiento ritual eran la forma concreta de mandar.

Qué se entiende por redistribución en estos cacicazgos

En las sociedades cacicales del actual territorio colombiano, redistribuir no era administrar un fisco ni repartir caridad. Era una operación con tres tiempos encadenados. Primero, la concentración: comunidades y capitanías entregaban al cacique porciones de su cosecha, jornadas de trabajo en las labranzas del jefe, mantas de algodón, sal, coca, o participaban en las obras colectivas. Segundo, la retención acumulativa: el cacique guardaba esos excedentes en sus cercados, apilaba oro y mantas, almacenaba maíz. Tercero, la devolución ceremonial: los mismos bienes reaparecían en festejos solemnes con chicha, en repartos durante las guerras, en obras de irrigación y drenaje, en ofrendas a las lagunas y santuarios, en ajuares funerarios que sepultaban riqueza junto a los muertos ilustres.

La palabra clave es asimetría. La entrega hacia arriba no era equivalente a la devolución hacia abajo: el cacique daba menos en volumen y más en visibilidad, y ahí residía su capital político. Lo que los cronistas llamaron tributación puede entenderse como un intercambio de regalos asimétrico basado en generosidad, exhibición de prestigio y jerarquía, no en explotación del trabajo ajeno. Los testimonios indígenas coloniales conservan huella de esa lógica cuando distinguen entre reconocer a un cacique externo —llevarle venados y mantas— y estar políticamente sujeto a él. El regalo asimétrico marcaba una relación de estatus, pero no equivalía automáticamente a subordinación.

Otras lecturas insisten en que el cacique era gestor efectivo del excedente económico concentrado mediante tributo en especie y trabajo, y que acumulaba reservas para la guerra, la necesidad y las festividades. Ambas descripciones apuntan al mismo circuito visto desde ángulos distintos: una enfatiza el registro simbólico del don; la otra, la infraestructura material de la autoridad. En la práctica prehispánica no eran esferas separadas.

De dónde viene el excedente: complementariedad ecológica y trabajo obligado

Ninguna redistribución existe sin excedente, y el excedente en estos cacicazgos brotó de una circunstancia ecológica precisa. Al penetrar en las cordilleras, los grupos indígenas se toparon con un ambiente de gran complejidad vertical donde el área de captación de recursos debía ser mucho más amplia que en las tierras bajas. La respuesta fue la formación de aldeas satélites en distintos pisos altitudinales y bióticos alrededor de centros poblados. En la Sierra Nevada de Santa Marta, los poblados tayronas se ubicaban de modo que sus habitantes podían pasar en pocas horas del piso térmico cálido al templado y al frío, con acceso a variedad de recursos casi inmediata. Se ha propuesto que la interacción entre ecosistemas radicalmente diferentes —etnias de pescadores como los chimila y los guanebucán, junto a un pueblo posiblemente especializado en el cultivo de yuca— podría explicar el surgimiento mismo de la federación tayrona.

Entre los muiscas, la región nuclear de los altiplanos de Bogotá, Tunja y Sogamoso ofrecía una base amplia de recursos permanentes y de fácil aprovechamiento, ventaja que los tayronas y los cacicazgos de las vertientes no tenían. Ese suelo previsible fue fundamental para la cohesión e integración de la cultura muisca. Pero incluso allí, ciertos productos venían de fuera: la coca del Valle seco del Chicamocha y de laderas templadas; el algodón del piedemonte llanero, de los territorios de panches y muzos, y de los valles bajos de los ríos Garagoa y Negro; el tabaco del Valle de Samacá, Icaga y Oicatá. Cada cacicazgo se especializaba: Tocancipá y Gachancipá producían vasijas —gachas y ollas— que abastecían las salinas de Zipaquirá y Nemocón y viajaban a los mercados de Santa Fe y Tunja; Guatavita, probablemente, se dedicaba a la orfebrería. La especialización no llegó a ser tan profunda como para producir dependencia absoluta —cada comunidad seguía produciendo sus propios alimentos—, pero sí generó un mapa de complementariedades que exigía intercambio permanente.

Sobre esa base ecológica se levantó el trabajo obligado. Las labranzas del cacique se cultivaban colectivamente; los indios prestaban servicios que las crónicas describen como reconocimiento de autoridad; y en zonas como la depresión momposina, la mano de obra se aplicó a obras hidráulicas de una escala que aún asombra. La coca, cuyo consumo entre los muiscas estaba reservado a la élite, circulaba en circuitos controlados; la chicha, fermentada del maíz, se destinaba a las fiestas. Cada uno de estos productos era, a la vez, materia de subsistencia, medio de intercambio y objeto ritual.

El cacique como acumulador y anfitrión

En el corazón del sistema estaba el cercado del cacique: recinto físico que era también dispositivo político. Allí se acumulaban las mantas, se guardaba el oro, se almacenaba el maíz destinado a las reservas de guerra y a los festejos. Y allí, sorprendentemente, se celebraba también el mercado. Los mercados muiscas se realizaban cada cuatro días —período ligado a su sistema de numeración— y, al parecer, dentro del cercado del jefe. Cuando el intercambio ocurre bajo la mirada y en el suelo del cacique, el trueque deja de ser una operación puramente económica y se convierte en acto sometido al orden político y ceremonial del anfitrión.

Fray Pedro de Aguado registró que al mercado de Tunja no acudía solo la población común: caciques y señores principales asistían tanto por deferencia al cacique de Tunja como por sus propios intereses. La escena tiene densidad: el mercado como lugar donde las élites regionales se hacían presentes ante un centro mayor, y donde el simple acto de comparecer con productos era, a la vez, negocio y reconocimiento. Aquí la diferencia entre reconocer y estar sujeto se vuelve palpable. Un señor menor podía llevar mantas y venados al cacique de Tunja sin por eso perder su autonomía política; pero llevarlas repetidamente, en fechas fijas, ante los ojos de otros señores, dibujaba con nitidez la geometría del prestigio regional.

Nemequene, Tisquesusa, Quemuenchatocha, Sagipa —los grandes zipas y zaques que los conquistadores conocieron entre 1537 y 1539— eran ante todo administradores de este circuito. Sus fronteras no eran estáticas: cada señor buscaba expandir su territorio incorporando comunidades independientes, y a la llegada española subsistían muchas jefaturas menores autónomas, especialmente en las zonas montañosas del noroccidente de Tunja. La autoridad muisca no descansaba tanto en un control territorial rígido como en la capacidad de convocar, acumular y devolver. Donde el cacique podía convocar a otros señores a su mercado, guardar reservas para la guerra y protagonizar festejos, había cacicazgo. Donde no, había solo comunidad.

El banquete, la chicha y la fiesta como devolución

La devolución más visible del excedente ocurría en los festejos solemnes. Las crónicas describen que el cacique consumía en fiestas con sus sujetos las reservas que había acumulado, y que la chicha —bebida fermentada de maíz asociada a las celebraciones— corría abundante en esas ocasiones. La coca acompañaba a la élite. La estructura del gesto es clara: el cacique daba de comer y beber a quienes le habían entregado el maíz.

Ese banquete no era decoración. Era el momento en el que la asimetría se hacía visible y legítima al mismo tiempo. La comunidad recibía de vuelta, en forma de fiesta, lo que había entregado en forma de trabajo. El cacique aparecía como generoso y desprendido, cualidades que en el vocabulario de estas sociedades no eran adjetivos sino requisitos del cargo. Un cacique que acumulara sin devolver no era un buen administrador: era un señor sin autoridad. La generosidad era la prueba pública del derecho a mandar.

Los servicios que los indios prestaban a sus caciques —cultivar las sementeras, llevar mantas, participar en obras— se enmarcaban explícitamente en este sistema de intercambio asimétrico. Los caciques eran obedecidos en asuntos de guerra y de paz precisamente porque devolvían: reservas para el conflicto, festejos para la comunidad, ofrendas para los santuarios. La obediencia se compraba en el mismo acto en el que se cobraba.

Las obras colectivas: ingeniería como redistribución de trabajo

Si la fiesta era la devolución más ruidosa, las obras hidráulicas fueron la más duradera. En la cuenca media y baja del río San Jorge —el antiguo Jegú—, en la depresión momposina, los zenúes (panzenúes) levantaron un extenso sistema de canales, camellones y terraplenes destinado a controlar las inundaciones y a aprovechar el agua. Los camellones se construían extrayendo limos del fondo de las ciénagas y acumulándolos en diques alargados elevados que servían de asiento a viviendas y cultivos a salvo de las crecientes. El sistema tenía una doble función según la estación: en las lluvias, los canales de desagüe y los terraplenes elevados evacuaban el exceso de agua; en las épocas secas, represas y canales de irrigación conducían el líquido hacia los sembradíos.

La escala de esa ingeniería es difícil de exagerar. Un observador contemporáneo señaló que el sistema hidráulico zenú resolvió un problema de manejo de aguas que hoy desafía sin respuesta a la técnica holandesa. Sea o no exagerada la comparación, el hecho arqueológico —camellones visibles todavía, la memoria técnica preservada— indica una capacidad organizativa considerable. La sociedad zenú estaba organizada, al momento de la conquista, en tres cacicazgos —Finzenú, Panzenú y Zenufana— con rangos bien definidos, evidenciados en la diferenciación de los entierros.

La evidencia material muestra una población rural con restos superficialmente dispersos, lo que complica identificar una autoridad centralizada capaz de dirigir una empresa de esa envergadura. Pero la técnica —apilar cascajo y tierra para elevar cuchillones— era culturalmente recordada por los herederos zenúes, que la evocaban simbólicamente cuando construían los túmulos funerarios de sus caciques. Que el gesto técnico del canal y el gesto ritual del túmulo compartieran forma no es casual: en un caso el trabajo colectivo redistribuía agua sobre el suelo; en el otro, redistribuía tierra sobre el muerto ilustre. Ambos eran operaciones del mismo circuito.

Las crónicas coloniales confirman que el trabajo tributario indígena se destinaba al cultivo de las sementeras del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y a obras comunes como canales de desecación. Las obras hidráulicas no eran, entonces, una anomalía de los zenúes: eran la versión más monumental de una lógica extendida por la que el trabajo asimétrico se devolvía a la comunidad transformado en infraestructura.

Circuitos largos: sal, esmeraldas, mantas, oro

La redistribución no se agotaba en el cercado del cacique ni en la obra del canal. Se extendía por circuitos interregionales que abarcaban buena parte del actual territorio colombiano. La sal de Zipaquirá, Nemocón y Tausa era geográficamente restringida y viajaba por comercio a corta y larga distancia: alcanzaba al sur la región de Neiva a lo largo de las cuencas del Magdalena, al norte los alrededores de Barrancabermeja, y hacia el oriente penetraba hasta unos 800 kilómetros. El Zipa controlaba las minas de Zipaquirá, lo que le otorgaba una especie de monopolio sobre el producto estratégico de mayor alcance comercial del altiplano.

Los principales artículos que los muiscas exportaban mediante trueque eran sal, esmeraldas, coca y telas de algodón; a cambio recibían oro, plumas, aves y yopo. Las mantas de algodón funcionaban como referente de valor con mayor frecuencia que otros bienes, aunque su heterogeneidad —las mantas chingas incorporaban menos trabajo que otras— impedía que sirvieran como patrón monetario uniforme. Al momento de la Conquista, los indígenas de los altiplanos ya utilizaban pedazos de oro en sus intercambios, de modo que no puede atribuirse exclusivamente a la presión colonial el hábito de usarlo como medio de cambio.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, los tayronas poseían un mercado local y regional articulado por una red de caminos de piedra, en el que circulaban sal, pescado, objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y objetos tallados en piedra. Intercambiaban con grupos de las tierras bajas al oriente y occidente de la Sierra y, mediante intermediarios, con los muiscas del altiplano: los artículos más mencionados en ese circuito eran objetos de oro, collares de cuentas de concha o piedra y caracoles marinos. Vasijas tayronas circularon hasta la isla Salamanca, señal de intercambio material a distancia considerable del territorio nuclear.

Un caso especialmente elocuente es el del yopo, alucinógeno de importancia ceremonial cuyas semillas (Anadenanthera) eran provistas por cazadores-recolectores nómades —antecesores de los cuivas— a grupos de la selva tropical, y cuya cadena de comercio llegaba hasta los cacicazgos laches y muiscas. La práctica religiosa de estos últimos se fundamentaba, en gran medida, en el consumo de yopo. Una planta ceremonial recorría así, de mano en mano, cientos de kilómetros: la ofrenda muisca a los santuarios se alimentaba de un intercambio de largo aliento con cazadores-recolectores de las llanuras orientales.

Estos circuitos largos ponen en tensión la imagen de un cacique como único agente redistribuidor. Los cacicazgos zenúes, tayronas y muiscas no controlaban las cadenas completas: las articulaban en ciertos nodos —los mercados, las salinas, las minas de esmeraldas—, pero la red operaba con lógica propia, tejida por especializaciones regionales, por rutas fluviales y por intermediarios entre pueblos que jamás se encontraban directamente. El cacique se beneficiaba de esa red y le imprimía cadencia política, pero no era su motor.

El oro que no vuelve: ofrenda y ajuar como redistribución hacia lo sagrado

Hay un punto en el que la redistribución deja de ser un circuito entre vivos y se convierte en transferencia hacia lo sagrado. El oro es el material que mejor ilustra ese pliegue. En la colección del Museo del Oro, más de la mitad de los objetos de oro muiscas no se usaba como adorno personal para exhibición: gran parte permanecía oculta o cubría santuarios. Los caciques guardaban oro en sus cercados para distribuirlo en festejos o para la guerra, pero la mayor parte quedaba fuera de la circulación cotidiana, en lugares donde ni siquiera el cacique podía disponer de él con libertad. Era difícil, en ese sentido, considerarlo propiedad personal del jefe.

Esa sustracción del oro respecto a la economía visible es central para entender su potencia política. Entre los zenúes, el oro no se concebía como moneda sino como fuente numinosa de poder, símbolo de eternidad y conducto de la energía del sol; los objetos rituales de oro eran tesoros de carácter sagrado. Los quimbayas, en el valle medio del Cauca, depositaron suntuosos ajuares funerarios de oro en cámaras funerarias: el uso del metal incorruptible en los entierros respondía a una concepción de la muerte ligada a la perpetuación y la eternidad, con el oro como símbolo del Sol. Sepultar oro con el muerto era, en términos económicos, retirar riqueza del circuito; en términos rituales, entregarla a un plano donde seguía trabajando políticamente.

En los cacicazgos colombianos el oro alcanzó el significado de símbolo de estatus, privilegio de pocos pero anhelado en sociedades con notable movilidad vertical. El avance de la orfebrería respondía a la demanda de artefactos de prestigio y ritual en un contexto de creciente importancia de la riqueza personal. Los objetos servían a la vez como joyas, utensilios de ritual y mercancías de intercambio. Pero incluso cuando circulaban, arrastraban su carga simbólica: el oro no era plenamente equivalente a otros bienes, porque no era aceptado universalmente en todas las regiones y porque su valor tenía siempre una dimensión religiosa.

La laguna de Guatavita es el emblema más conocido de esta redistribución hacia lo sagrado. La ceremonia del cacique dorado —el jefe cubierto de polvo de oro que se sumergía en la laguna mientras la comunidad arrojaba ofrendas al agua— condensa el gesto: la riqueza acumulada se devuelve, pero no a los sujetos, sino a los dioses. Que buena parte del oro muisca terminara oculto en santuarios, sepultado con caciques o hundido en lagunas indica que la redistribución hacia lo sagrado no era un desvío del sistema sino una de sus operaciones centrales. La producción y uso de orfebrería muisca continuó, de hecho, hasta bien entrada la Colonia, a pesar de las campañas españolas de extirpación de idolatrías: prueba de la profundidad con que el oro ritual estaba integrado en las esferas política, religiosa y económica.

Redistribución, tributación e intercambio asimétrico

La naturaleza última de este circuito admite lecturas diversas. Una entiende la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías como el mecanismo que consolidó las figuras de autoridad en los cacicazgos: el cacique se legitima porque hace circular lo que se produce en distintos pisos y regiones. Otra, más matizada, considera que la redistribución es una posibilidad entre varias en la relación entre economía y autoridad política, no un atributo definitorio; con o sin redistribución, el liderazgo político en los cacicazgos estuvo ligado al control económico de los recursos para la subsistencia.

En el contexto colombiano las cuestiones se ramifican. Una vertiente discute si los cacicazgos derivaban su autoridad del control económico de recursos o si la relación era menos directa. En San Agustín, por ejemplo, las comunidades habrían sido más autónomas y dispersas, lo que sugiere que el origen de las jerarquías políticas allí pudo diferir del patrón económico observado en otros cacicazgos. Para la región Caribe se ha propuesto una explicación vinculada a las condiciones agrícolas del suelo y la posibilidad de generar excedentes.

Otra vertiente, más específicamente muisca, sostiene que los cronistas españoles interpretaron las relaciones económicas entre caciques y comunidades a través de categorías feudales europeas, y que esa lectura convirtió en tributación lo que en las prácticas indígenas era intercambio asimétrico de regalos. En esta línea se diferencia, además, entre propiedad de la tierra y su usufructo: las labranzas que las comunidades trabajaban para el cacique no implicaban necesariamente que la tierra fuera suya en el sentido europeo.

La lectura tiene consecuencias. Si lo que existía era intercambio de regalos con jerarquía, el cacique no explotaba a la comunidad: la representaba, la anfitrionaba, la protegía en la reciprocidad. Si lo que existía era tributación en sentido estricto, las sociedades más jerarquizadas —los muiscas, en particular— habrían generado ya formas de apropiación diferencial que facilitaron a los españoles imponer su propia extracción con menos resistencia que en zonas de cacicazgos débiles. Probablemente ambos registros son facetas distintas del mismo circuito: había concentración real de excedentes en manos del cacique y había, a la vez, exhibición de generosidad como fundamento de su autoridad. Reducir el sistema a uno solo de los dos lo simplifica.

Un dato refuerza la lectura híbrida. En las comunidades con cacicazgos menos consolidados —tierras bajas y medias— los caciques recibían apoyo voluntario con mecanismos de reciprocidad, sin tributos obligatorios. Allí, los españoles tuvieron enormes dificultades para imponer el trabajo continuo y la tributación colonial. Donde existían caciques hereditarios con tributos consolidados —como entre los muiscas—, la encomienda se montó aprovechando esas estructuras y usando a los caciques como intermediarios. El contraste sugiere que la asimetría estructural sí existía y era desigual entre regiones, aun cuando su forma prehispánica no fuera la explotación feudal que los cronistas creyeron ver.

Lo que dejaron las crónicas

Toda esta reconstrucción se apoya en textos que fueron, ellos mismos, resultado de un choque. Juan de Castellanos, Fray Pedro Simón, Fray Pedro de Aguado y Lucas Fernández de Piedrahíta escribieron después de la Conquista, con las categorías que traían y con los intereses coloniales que servían. Los materiales más útiles para reconstruir el mundo prehispánico son los más tempranos, anteriores a las visitas de finales del siglo XVI e inicios del XVII; los textos posteriores describen ya un mundo transformado por décadas de encomienda, evangelización y reordenamiento demográfico, y proyectan sobre el pasado prácticas que en 1500 no existían necesariamente en la forma en que aparecen registradas.

Las crónicas muestran a los chibchas intercambiando sal y mantas por oro con vecinos de tierra caliente antes de la Conquista, y describen que el cacique acumulaba excedentes en especie y trabajo para redistribuirlos en casos de guerra, necesidad o festividades solemnes con sus sujetos. El cuadro coincide con la evidencia arqueológica, aunque las crónicas no distinguen con nitidez entre autoridad civil y religiosa del cacique, lo que introduce un sesgo interpretativo permanente. Tampoco fijan con precisión el estatus de territorios marginales respecto al Zipa o al Zaque en el momento exacto de la Conquista.

Con todo, el material que las crónicas legaron —filtrado con cuidado— dibuja un sistema coherente en sus grandes rasgos: excedentes concentrados en los cercados de los caciques, mercados dentro de esos mismos cercados, festejos con chicha y coca, trabajo aplicado a labranzas y obras comunes, oro que circulaba pero que en buena parte se retiraba hacia santuarios y tumbas, redes de intercambio que enlazaban altiplanos, sierras y llanos.

Herencia y clausura

En 1537 llegaron Jiménez de Quesada y sus hombres al altiplano. En 1538 fue fundada Santafé. Entre 1538 y 1539 murieron o fueron capturados los grandes caciques —Tisquesusa, Sagipa, Quemuenchatocha—, y en pocos años el circuito redistributivo fue desmontado, reemplazado por la encomienda y por un tributo colonial que se cobraba sin devolver. La pieza que en el sistema prehispánico había sido central —la devolución ceremonial, el festejo, la ofrenda— desapareció, y quedó únicamente la extracción.

Los caciques sobrevivientes, sin embargo, no desaparecieron del mapa político. Se convirtieron en intermediarios de un régimen que ya no compartía la lógica del don asimétrico, pero que necesitaba de sus linajes y de su capacidad de convocatoria para hacer funcionar la encomienda. Fueron ellos quienes debieron reunir a los tributarios, entregar las cuotas de mantas y trabajo al encomendero, mediar los conflictos internos y responder ante las visitas y los doctrineros. En muchas comunidades, la autoridad del cacique se prolongó durante los siglos XVI y XVII bajo el nombre castellanizado de capitán o gobernador de indios, con insignias reconocidas por la Corona y un estatus jurídico intermedio entre la nobleza indígena y la administración colonial. Esa continuidad formal enmascaraba, sin embargo, una mutación profunda: el cacique colonial extraía sin devolver, o devolvía a escala mucho menor, y su prestigio ya no dependía de la generosidad exhibida sino de la eficacia con que trasladaba la exigencia española a su propia gente. La figura sobrevivía; su fundamento político, no. En el largo plazo, esta condición ambivalente —autoridad tradicional puesta al servicio de la extracción— erosionó la legitimidad interna de los caciques y contribuyó, a lo largo del siglo XVIII, a su declive como articuladores de la vida comunitaria.

Algunos rastros del viejo circuito persistieron largamente. La orfebrería ritual continuó produciéndose en la Colonia, pese a la extirpación. Las técnicas hidráulicas zenúes se transmitieron como memoria cultural, aplicada ya a túmulos y no a canales. Las salinas de Zipaquirá y Nemocón siguieron siendo estratégicas, ahora bajo régimen español. Y el oro sepultado en Guatavita, en las tumbas quimbayas y en los santuarios muiscas alimentó durante siglos la leyenda de El Dorado, que fue, en cierto sentido, la lectura europea —codiciosa y literal— de un gesto que nunca había sido de acumulación privada, sino de redistribución hacia lo sagrado.

El circuito prehispánico no fue igualitario. Era jerárquico, asimétrico y a veces coercitivo. Pero organizaba la vida material con una lógica que anudaba producción, ritual, política y cosmología en un mismo movimiento. Su desaparición dejó a las comunidades indígenas frente a un sistema que exigía sin devolver, y esa asimetría inédita —sin fiesta ni ofrenda que la compensara— es, entre muchas otras cosas, la que abre el largo problema colonial. La redistribución cacical no fue una política benigna que la Conquista destruyó: fue la tecnología política mediante la cual estas sociedades producían autoridad, cohesión y territorio. Cuando esa tecnología se quebró, se quebró también el mundo del que era la trama.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Cacicazgo muisca — estructura política que organiza y depende de la redistribución para su legitimidad
  2. 02Zipaquirá y Nemocón — centros salineros cuyo control por el Zipa ejemplifica el monopolio redistributivo sobre recursos estratégicos
  3. 03Laguna de Guatavita — santuario donde la redistribución alcanza su expresión ritual máxima mediante ofrendas de oro
  4. 04Depresión Momposina — territorio zenú donde la redistribución de trabajo colectivo se materializa en ingeniería hidráulica a gran escala
  5. 05Sierra Nevada de Santa Marta — espacio tayrona donde la complementariedad ecológica vertical origina circuitos redistributivos articulados por caminos de piedra
  6. 06Excedente agrícola — materia prima sin la cual no existe redistribución; generado por la complementariedad ecológica y el trabajo obligado
  7. 07Encomienda — institución colonial que reemplaza y distorsiona el sistema redistributivo prehispánico al separar la concentración de excedentes de su devolución ceremonial
  8. 08Nemequene — zipa muisca que encarna el rol del cacique como acumulador y anfitrión en el apogeo del sistema
06

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 54 fragmentos

01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 372 citas
[1]

u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…

p. 35
[9]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
02Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 84, 109, 129, 1394 citas
[2]

en lo que los españoles llamaron “reconocimiento”, o deberes de los miembros de las comunidades supuestamente suje- tas al poder de un cacique de afuera, sino más importante aún, en obligaciones y relaciones jerárquicas entre caciques. Hay, por cierto, testimonios en los que parece que los indígenas trataron de hacer…

p. 139
[3]

la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…

p. 84
[10]

“lugares de mercado fueron casi todos que había de indios en estas dos provincias de Bogotá y Tunja”. Por otro, dijeron que en Tunja se hacía cada cuatro días, período relacionado con su sistema de numeración, y parece que así era en muchos otros lugares. Al parecer el sitio exacto del mercado era dentro del cerca- do…

p. 129
[39]

y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…

p. 109
03Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 451 cita
[4]

casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…

p. 45
04Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 192 citas
[5]

múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
[6]

múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 154, 4202 citas
[7]

AGI. Santa Fe. L. 370 Doc. 189. 1 3 6 H is t o r ia e c o n ó m ic a y sociAlj! ción no fue otra cosa que la transferencia de excedentes de la producción indígena a manos del sector dominante de la nueva sociedad. Este esqU e. ma inicial sufrió modificaciones considerables en sus componentes, a pe. sar de que la…

p. 154
[13]

y los acusaban de contri buir al fraude de los quintos. Como lo muestra el episodio de la visita de Lesmes de Espinoza en 1627, la incomunicación de los centros urbanos se debía en gran parte a la imposibilidad de confrontar el poder central con ciertas pretensiones de autonomía regional. Esto no quiere decir que en…

p. 420
06Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28, 522 citas
[8]

autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…

p. 52
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El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

p. 28
07Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
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las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

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08Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
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que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

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un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

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09Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 325, 3323 citas
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true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
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adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…

p. 262
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tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…

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10Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 19, 67, 93, 1354 citas
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que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…

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los miembros del cacicazgo de Cogua conocían y explotaban las fuentes de barro. En el documento, se lee que los indios iban, "...al sitio antiguo donde estaba para traer el barro... aunque están poblados en Nemocón vienen desde allí por el barro y la arena p.a hacer ollas" (A.N.C. C+I XX f 726r, en Broadbent, 1964a:…

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tierra (cf. Reichel- Dolmatoff /1978/, 1982: 100) así como la presencia de fuentes de aguasal tan ricas como las que se encontraban en ciertas partes de la Sabana. Subsisten, por cierto, muchos aspectos del control de pisos térmicos que no se conocen apropiadamente. Por ejemplo, requiere mayor investigación saber de…

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prudente entonces, reconocer la necesidad de imponer un límite cronológico a los documentos que pueden servir para interpretar los aspectos precolombinos del intercambio. En ese orden de ideas, el material de consulta de esta investigación se ha restringido hasta la visita de Luis Henriquez que marcó el fin del Siglo…

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11Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 137, 1542 citas
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y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

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varios tamaños y longitud, sostenidas generalmente por muros de contención de piedra. En contraste con esto, en las proximi- dades de Santa Marta empleaban zanjas y acequias profundas para irrigar los cultivos durante las épo- cas de sequía y también para conducir agua a lu- gares donde ésta escaseaba. Por las…

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12Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 182, 3036 citas
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productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

p. 303
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productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

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y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

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y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

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13Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1321 cita
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activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…

p. 132
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 421 cita
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con la de grupos vecinos; su cerámica ha sido comparada con la del complejo La Mesa, del extremo sur de la sierra, y a través de éste con algunos aspectos del segundo hori- zonte pintado guajiro, las tradiciones tardías de la cuenca del lago Maracaibo y el horizonte de urnas cefalomorfas de la cuenca del valle del…

p. 42
15Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 441 cita
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1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…

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16Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 61, 64, 943 citas
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caracter í sticas espec í ficas de esta etapa culturar constituyen un aspecto te ó rico sumamente interesante en la prehistoria colombiana. El modelo del cacicazgo muestra una combinaci ó n de ciertos rasgos que hacen de las sociedades de esta etapa un conjunto f á cil mente diferenciable, tanto del nivel tribal que…

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riables pod í an afectar la producci ó n o recolecci ó n de los alimentos necesarios. El r é gimen de lluvias era, por lo general, predecible, y las diversas zonas de abastecimiento, o sean las playas, esteros, lagu nas, pantanos, r í os, sabanas, colinas, bosques, etc., eran contiguas y ofrec í an una amplia y muy…

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perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

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17¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 221 cita
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españoles, eso habría pasado en Antioquia con la llegada de los llamados quimbayas o también con los indígenas de las tierras cálidas de Cundinamarca y los Llanos, que aparentemente eran sacrificados por orden de los caciques muiscas. En contraste, hubo otras sociedades en las que la abundancia de su produc ción…

p. 22
18Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 338, 4032 citas
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social en cierto momento, pero siempre es más útil saber algo sobre los antecedentes, o sobre los desarrollos posteriores. Lo anterior quiere decir que la mejor forma de conocer cómo se desarrolló la desigualdad implica estudios comparativos que abarquen largos periodos. No voy a extenderme más en estas…

p. 338
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cosa que los españoles atribuyeron al poder de los caciques muiscas, pero olvidando que simplemente se trataba de ofrendas. Finalmente, unas palabras sobre el oro, un metal que en nuestra sociedad se vincula estrechamente con el poder y con la riqueza. Se sabe que los caciques muiscas lo guardaban en sus cercados, con…

p. 403
19Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
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de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…

p. 286
20Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 50, 592 citas
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se ha dicho, un maravilloso ajuar funerario, verdadero tesoro de obras de arte, que durante siglos permaneció oculto como compañía de ultratumba de estos descono- cidos señores quimbayas. La existencia de tantas piezas de oro es un fiel testimonio del suntuoso y refinado sentido de los bienes materiales que tenían los…

p. 50
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los cuales se quiere fijar cada una de estas obras con materiales que permitan su con- servación, tiene mucho que ver con el hecho de que finalmente estas piezas fueran depositadas como ofrendas funerarias, que, como se sabe, habían de ser de un material incorruptible. El procedimiento que se ha descrito puede dar una…

p. 59
21Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1391 cita
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en el caso de la hoja de coca: como se verá más adelante, cuando la coca aún no había sido afectada por el prohibicio- nismo internacional, en Colombia se realizó una campaña agresiva, aunque fracasada, para su erradicación. Alcohol y prohibición en la Colonia A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con México,…

p. 139
22Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 611 cita
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tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…

p. 61
23Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 64, 692 citas
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Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…

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vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…

p. 69
24Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1392 citas
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sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…

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sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…

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25Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 271 cita
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sequías. Seis meses al año el habitante de La Mojana vive en seco, y seis sobre el agua. En los mismos suelos es pescador en épocas de inundación y ganadero y agricultor en la baja de aguas. La suya es una cultura anfibia. Hace muchos años, también en esa zona, un grupo, el chimila, antes de la con- quista española,…

p. 27
26Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 38, 522 citas
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de los vestigios arqueológicos, dejan apreciar la eficiencia con que ciertas sociedades supieron adaptarse a aquellos lugares que pro- metían más, como tierras productivas de maíz. Colombia indígena, período prehispánico 45 La primera fase de este movimiento repre- senta evidentemente, un proceso de descentrali-…

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en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
27Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 cita
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La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…

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28Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2131 cita
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a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…

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