Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Hecho histórico · Prehispánico · antes de 1499

Orfebrería muisca y economía simbólica del oro (1300–1500)

Entre los siglos XIV y XV, los muiscas del altiplano cundiboyacense —un territorio sin oro propio— construyeron un sofisticado sistema de orfebrería ritual basado en la importación del metal, la técnica de cera perdida y la producción de ofrendas únicas (tunjos) que articulaban especialización artesanal, valor simbólico y reproducción de jerarquías cacicales.

Orfebrería muisca y economía simbólica del oro (1300–1500)
Momento representado: Altiplano cundiboyacense, hacia 1400: el oficio de la orfebrería durante el período muisca tardío.
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1300–1500
Dónde
Altiplano cundiboyacense, Sogamoso, Tunja, Zipaquirá, Llanos Orientales, Magdalena, Mariquita, Neiva, Sinú, Valle del Cauca, Cundinamarca, Honda, Laguna de Guatavita, Bacatá, Nemocón, Río Magdalena, Pasca, Guatavita, Fontibón
Protagonistas
Gonzalo Jiménez de Quesada, Alexander von Humboldt, Quemuenchatocha, Sagipa, Tisquesusa, Nemequene, Ana María Falchetti, Clemencia Plazas, María Alicia Uribe Villegas, Roberto Lleras, Carl Langebaek, Orfebres muiscas de Guatavita, Caciques muiscas (Zipa Tisquesusa, Zaque Quemuenchatocha, Nemequene), Sugamuxi, Arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Ausencia de depósitos auríferos en el territorio muisca, que obligó a construir redes de intercambio de larga distancia para obtener oro desde el valle del Magdalena y regiones vecinas.
  2. Existencia de recursos exportables —sal de Zipaquirá y Nemocón, mantas de algodón, esmeraldas— que permitieron sostener el comercio interregional necesario para importar el metal.
  3. Demanda creciente de artefactos de prestigio y ritual en sociedades cacicales donde la riqueza personal y la movilidad vertical tenían gran importancia, incentivando el desarrollo tecnológico de la orfebrería.
  4. Consolidación de jerarquías cacicales que requirieron objetos simbólicos —insignias, ofrendas, representaciones de rango— para legitimar y reproducir el orden político y ceremonial.
1300–1500Orfebrería muisca y economía simbólica del oro (1300–1500)

Consecuencias

  1. Surgimiento de una clase de orfebres especializados con alto dominio técnico y conocimiento de códigos religiosos y simbólicos, posiblemente itinerantes, que ocupaban una posición social específica dentro de los cacicazgos.
  2. Consolidación de un sistema votivo de amplio alcance social, con santuarios personales y colectivos donde caciques, capitanes y personas comunes depositaban ofrendas únicas elaboradas ex profeso, lo que articuló la práctica ritual con la reproducción social.
  3. Persistencia de la producción y el depósito de objetos rituales muiscas bien entrada la Colonia: años después de la extirpación de idolatrías de 1594, el arzobispo Lobo Guerrero constató 82 chuques y más de 3.000 ídolos en Fontibón, y 10.000 ídolos adicionales en otras poblaciones.
  4. Creación de un estilo orfebre propio —austero, bidimensional, de superficies opacas— que codificó visualmente la jerarquía cacical (tamaño diferencial de figuras, insignias de dignatarios) y se distinguió de los estilos exuberantes de los pueblos vecinos.
  5. Generación de evidencia arqueológica que permite reconstruir la organización económica, política y ritual de los cacicazgos muiscas tardíos, constituyendo un corpus analizado por Falchetti, Plazas, Uribe Villegas y Lleras con técnicas como el microscopio electrónico de barrido.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La orfebrería muisca revela que el valor del oro en los cacicazgos del altiplano no era económico en sentido moderno sino simbólico y político: el metal importado se transformaba en ofrendas únicas destinadas a gastarse ritualmente, no a acumularse, lo que convierte a los tunjos en documentos de una lógica de poder radicalmente distinta a la europea que llegó en 1537. Estudiar este sistema permite entender cómo la especialización artesanal, la red comercial interregional y la jerarquía cacical se sostenían mutuamente, y por qué la práctica votiva sobrevivió décadas a la conquista española: no era un lujo de élite sino un mecanismo de reproducción social profundamente arraigado.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Orfebrería muisca y economía simbólica del oro (1300–1500)

Entre los siglos XIV y XV, en el altiplano cundiboyacense, una sociedad que no tenía oro en su subsuelo se hizo célebre por trabajarlo. Los muiscas del Muisca Tardío importaban cada gramo de metal desde el valle del Magdalena y regiones vecinas, y con ese oro ajeno fabricaban objetos que, en su mayoría, no estaban destinados al adorno ni a la acumulación, sino a ser depositados en santuarios, lagunas y cuevas como ofrendas. Los tunjos —figuritas planas fundidas por cera perdida— y las láminas con escenas cacicales, como la balsa hallada en Pasca que ilustraría la ceremonia de Guatavita, no eran joyas en el sentido europeo: eran documentos rituales, comisiones únicas hechas ex profeso para un fin concreto. La orfebrería muisca fue, ante todo, una tecnología política y ceremonial. Se producía para gastarse, y gastarla era lo que la volvía valiosa. Entender cómo funcionaba ese sistema —quién extraía el oro, quién lo trabajaba, quién lo ofrendaba y quién lo portaba— es entrar en la lógica más profunda de los cacicazgos del altiplano en vísperas de la irrupción española de 1537.

Un altiplano sin oro y una red que lo trae

El primer hecho es geológico: el territorio muisca del altiplano cundiboyacense carecía de depósitos auríferos. Ninguna de las cabeceras cacicales —Bacatá, Hunza, Sogamoso, Tunja, Guatavita— disponía de placeres ni vetas que alimentaran sus talleres. Todo el oro que allí circulaba había llegado por trueque desde tierras calientes, principalmente desde el valle del Magdalena, donde los panches y otros grupos lo intercambiaban con los muiscas por mantas, sal, esmeraldas y otros bienes. Fray Pedro Simón anotó que los panches de los alrededores de Mariquita "eran tan ricos que cambiaban el oro" con los moscas de tierra fría.

El pilar muisca de esa red era la sal. La producción salinera de Zipaquirá y Nemocón, a la que se sumaba más al norte la de Tausa, surtía a gran distancia. Se comerciaba hasta Neiva y a lo largo de las cuencas del Magdalena. De allí regresaba convertida en oro, plumas, coca, algodón y yopo. En los mercados periódicos de los principales centros del altiplano circulaban estos productos de importación junto con los de exportación local. Ni el oro ni la sal llegaron a operar como medios generales de cambio: difícilmente serían aceptados como pago en las regiones que los producían en abundancia. Las mantas de algodón, más ubicuas y divisibles, funcionaron como algo más próximo a un patrón de valor.

Este entramado dejó huellas materiales que trascienden lo textual. En Ubaté y Sogamoso han aparecido piezas de estilo quimbaya; en Sogamoso también objetos de estilo sinú; en el altiplano se han documentado colgantes vinculados posiblemente al valle del Cauca. Algunas piezas pudieron llegar antes del período muisca propiamente dicho, pero su presencia dibuja un altiplano permeable, receptor y redistribuidor. Hay indicios de que los muiscas actuaron como intermediarios entre los productores auríferos del Magdalena y las planicies orientales, aunque la evidencia hacia los Llanos es menos firme que la del comercio con los panches.

La consecuencia política es fundamental: obtener oro era imposible sin sostener una red, y sostener una red exigía autoridad, cálculo y control redistributivo. La materia prima llegaba al taller ya cargada de relaciones. Quien podía encargar una figura de tumbaga demostraba, antes que nada, capacidad de mover mantas, sal y esmeraldas a través de cordilleras. El objeto terminado era la punta visible de una geografía entera.

El taller y el orfebre: especialización con secreto

La tecnología orfebre muisca operaba con la mayoría de las técnicas del repertorio quimbaya, aunque con menor elaboración formal en ciertos aspectos. Su procedimiento característico era la fundición a la cera perdida. El orfebre partía de un núcleo de arcilla mezclada con carbón vegetal; lo recubría con cera para modelar la figura; sobre ese modelo aplicaba una pasta de arcilla refractaria que hacía las veces de molde, dispuesta en dos tapas; finalmente calentaba el conjunto para que la cera derretida saliera por orificios abiertos previamente, dejando el negativo impreso en la arcilla, listo para recibir el metal fundido.

La cera empleada no era cualquier cera: era la que producía la abeja sin aguijón llamada angelita, Tetragonisca angustula, de color oscuro y textura muy blanda. Esa docilidad del material permitió trabajar con hilos y rollos de cera de espesor inferior a un milímetro, con una uniformidad de forma y grosor que asombra bajo el microscopio electrónico de barrido. Las diademas caladas de los tunjos, los complejos entramados de hilos que forman coronas y atributos, revelan un dominio manual que solo puede ser fruto de una larga transmisión de oficio. El microscopio permite, además, ver algo más íntimo: los gestos del orfebre al manipular la cera, impresos primero en la arcilla y trasladados luego al metal como una firma inadvertida.

El fuego se avivaba con toberas o sopladores de cerámica que probablemente se ajustaban a cañas vegetales para dirigir el aire sobre las hornillas donde fundía el metal. Se han recuperado ejemplares en varios sitios del territorio muisca; en El Muelle, en el actual municipio de Sopó, las excavaciones de Carl Langebaek y Zea sacaron a la luz un soplador de cerámica del tipo Guatavita Desgrasante Tiestos, evidencia concreta de actividad orfebre en lo que los excavadores describieron como una pequeña aldea muisca.

El oro con el que trabajaban rara vez era oro puro: era tumbaga, aleación de oro y cobre elaborada a partir de oro nativo. El espectro de composiciones iba desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por una gama de amarillos y rojos intermedios. El caso de la ofrenda de Fontibón es especialmente revelador: los análisis químicos muestran que el orfebre partió de una misma colada de oro nativo y fue añadiéndole distintas cantidades de cobre para producir, dentro de un solo conjunto votivo, aleaciones de coloraciones diferentes. No se trataba de accidentes de manufactura ni de escasez de oro: era una decisión estética y simbólica, una modulación deliberada del color del metal dentro de la misma ofrenda. Cada tono cumplía una función específica dentro del conjunto, y la variación cromática formaba parte del mensaje ritual del depósito.

Todo esto exigía talleres organizados, materiales y herramientas especializadas, y artesanos con alto grado de conocimiento técnico. Pero el orfebre muisca no era solo un técnico: dominaba también códigos religiosos y simbólicos, y esa doble competencia le otorgaba una posición social específica. Los de Guatavita tenían reputación de especialistas, aunque, como los demás, dependían del sistema de intercambios para procurarse oro y cera, y sostenían simultáneamente la producción agrícola de subsistencia y la fabricación de sus instrumentos de trabajo. Los documentos coloniales insinúan además que algunos orfebres pudieron ser itinerantes, ofreciendo sus servicios donde fueran requeridos.

Un aspecto de la técnica desconcierta si se la mira con ojos modernos: el proceso de elaboración parece haber tenido una importancia que trascendía la apariencia final del objeto. El preciosismo del trabajo en cera —hilos submilimétricos, entramados calados invisibles a simple vista una vez fundido el metal— sugiere que dimensiones no estrictamente técnicas, posiblemente rituales, estaban implicadas en la manufactura misma. Se trabajaba la cera con un cuidado que parece dirigido a otro destinatario que el ojo humano. La factura no buscaba impresionar al espectador: buscaba cumplir con un canon cuyo juez estaba en otra parte.

Tunjos: la ofrenda como comisión única

La estadística cambia la imagen. El estudio de Roberto Lleras sobre la colección del Museo del Oro estableció que más de la mitad de los objetos de orfebrería muisca no estaban destinados al adorno personal, sino a ser ofrendados en santuarios. Aunque la proporción refleje el sesgo de una colección arqueológica —más objetos han sobrevivido en depósitos rituales que en tumbas o en uso—, el orden de magnitud es indicativo: en la orfebrería muisca, la ofrenda no es un uso secundario, es el uso principal.

Los tunjos son la forma más reconocible de este universo. Figuras planas, generalmente humanas, fundidas de una vez por cera perdida, con los atributos —diademas, cetros, adornos, poporo, propulsor, hijos en brazos— indicados por los hilos de cera aplicados sobre una lámina de fondo. Cada tunjo era una comisión única, hecha ex profeso para un fin concreto y siguiendo un precepto bien definido. La lógica es la contraria de la producción en serie: no se fabricaban tunjos para tener tunjos, se fabricaba este tunjo para esta ocasión, con estos atributos. La figura no era la representación de un individuo genérico ni la ilustración de un tema, sino la materialización de una petición o un pacto puntual.

Los conjuntos hallados confirman ese carácter individualizado. En la vereda El Hoyo, en Gutiérrez, Cundinamarca, apareció una ofrenda con seis figuras votivas de tumbaga amarilla rica en oro: hombres con adornos corporales, poporo y propulsor, y una bandeja rectangular para alucinógenos. En Fontibón, el espectro cromático deliberado —desde el amarillo intenso hasta el rojizo— indica que el orfebre pensaba el conjunto como una composición, no como una suma de piezas.

La variedad temática de los tunjos es amplia y sugiere algo importante: mujeres con niños, hombres con distintos atributos, bebés en cunas, animales, objetos de uso cotidiano. Esta gama de asuntos, tan lejana de un repertorio exclusivamente cacical o guerrero, ha llevado a investigadores como Falchetti, Plazas y Uribe Villegas a proponer que el encargo de ofrendas votivas podía estar al alcance de varios estratos sociales y no solo de los caciques. La ofrenda votiva sería entonces una práctica ritual relativamente abierta: los muiscas contaban con santuarios personales y colectivos distribuidos en muchos lugares, donde caciques, capitanes y personas comunes podían depositar oro elaborado específicamente para cada ocasión. La hipótesis encaja con lo que se sabe del oficio del orfebre, posiblemente itinerante y con clientela plural, y con la propia diversidad iconográfica del corpus: un repertorio así de amplio difícilmente puede sostenerse con encargos que provienen de un solo estrato.

Ese sistema no desapareció con la Conquista. Al contrario: años después de la extirpación de idolatrías emprendida en Fontibón en 1594, el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero constató la presencia de 82 chuques —especialistas rituales— y una cifra abrumadora de ídolos en la jurisdicción; en Bojacá, Cajicá, Chía, Serrezuela, Suba y Tuna se decomisaron 10.000 ídolos adicionales. Las cifras son incómodas para la narrativa de la ruptura total: décadas después del asalto colonial, la producción y el depósito de objetos rituales muiscas —no todos de oro, pero muchos siguiendo la misma lógica— continuaban a una escala que hablaba de reproducción social del ritual, no de residuo.

Insignias del cacique: el oro que se ve

Y sin embargo, junto a los tunjos ofrendados, existió otro oro: el que se portaba. En los cacicazgos colombianos, el metal alcanzó el significado de símbolo de estatus y privilegio de pocos, distinguiéndose así del nivel tribal donde servía apenas de adorno personal escaso y poco elaborado. Pectorales de oro, vestidos largos, cetros de madera de palmera y coronas en forma de tiara eran signos de los dignatarios muiscas, privilegios asociados a las dinastías.

Los caciques muiscas guardaban oro en sus cercados, no como propiedad personal irrestricta, sino con miras a distribuirlo entre ciertas personas durante festejos o al partir a la guerra. Ese control redistributivo es una clave del sistema: el poder cacical no acumulaba para atesorar, acumulaba para poder gastar en el momento adecuado. La lámina de la balsa muisca —donde el jefe aparece de mayor tamaño rodeado por figuras jerárquicamente menores— codificaba visualmente esa asimetría en el metal mismo.

La orfebrería crecía, así, en sociedades donde la riqueza personal y la movilidad vertical tenían gran importancia, respondiendo a un pedido creciente de artefactos de prestigio y ritual. Que el desarrollo tecnológico de la orfebrería y la consolidación política de los cacicazgos hayan sido causa o efecto uno del otro es una cuestión abierta; probablemente ambas cosas, entrelazadas. Lo cierto es que el arte muisca —rígido, lineal, altamente estilizado, de calidad tiesa y bidimensional que caracteriza también sus objetos de barro y piedra— se distingue de inmediato de los estilos elaborados y a veces exuberantes de los pueblos vecinos. Es un estilo austero, de superficies opacas y formas sobrias, que codifica jerarquía sin celebrarla con exuberancia.

Ese estilo no era masculino ni exclusivamente cacical. El análisis de Lleras muestra que en la orfebrería muisca tardía las representaciones femeninas aparecen más adornadas que las masculinas. La figura femenina de arcilla hueca del cundiboyacense, con collares, dijes, diademas y cetro ceremonial, ha sido interpretada como representación de una dama de alto rango. Los adornos de metal no eran marca exclusiva de un género, y la jerarquía política se codificaba tanto en cuerpos femeninos como masculinos.

La contracara es reveladora: cuando la arqueología funeraria pregunta por la distribución del oro en las tumbas muiscas tardías, la respuesta contradice la imagen de una élite ostentosa. En el cementerio de Tibanica, la gran mayoría de los entierros no tienen ajuar alguno, y las diferencias entre los que sí lo tienen son relativamente modestas, más asociadas al oficio y al sexo del difunto que a la jerarquía política. La diferenciación social se expresaba débilmente en las prácticas funerarias, como si el oro que se portaba en vida no acompañara al cuerpo bajo tierra sino que retornara al circuito de la comunidad, o siguiera un destino ceremonial distinto.

La tensión productiva: gastar para acumular autoridad

Si más de la mitad del oro trabajado terminaba en santuarios, y si los tunjos eran comisiones únicas no destinadas al adorno, ¿cómo se articula esto con la existencia simultánea de pectorales, coronas y cetros que sí se portaban públicamente? La respuesta no está en elegir uno u otro polo, sino en entender que la sociedad muisca operaba en ambos registros a la vez, y que estos se sostenían mutuamente.

El oro portado por el cacique tenía valor precisamente porque provenía del mismo circuito del oro ofrendado. Encargar una ofrenda votiva era demostrar capacidad de acceder al orfebre, a la red de intercambio que traía el oro desde el Magdalena y a los códigos rituales que hacían del objeto una pieza eficaz frente a las deidades. Portar un pectoral era demostrar, además, capacidad de retirar del circuito ofrendario una parte del metal y llevarla sobre el cuerpo. Ambos gestos —el gasto ritual en el santuario y la exhibición en el cercado— dependían del mismo acceso a materia prima, especialistas y saber simbólico.

De ahí que sea insuficiente decir que el oro muisca "no era riqueza". Era una forma de riqueza cuyo valor se realizaba en la transformación: al fundirse, al vaciarse en la arcilla, al ser depositado en la laguna, al ser distribuido en el festejo. La posesión estática no era el modo de acumulación; el gasto controlado sí. Los caciques que guardaban oro en sus cercados lo hacían con vistas a gastarlo, y ese gasto —redistribuir en fiestas, dotar guerreros, ofrendar en santuarios— era lo que renovaba su autoridad. El oro que nunca se gastara sería, en esa lógica, oro sin poder.

El proceso pesaba tanto o más que el producto. Los orfebres trabajaban en cera con hilos submilimétricos que apenas se distinguen tras la fundición; el conjunto de Fontibón fue modulado en color con precisión química innecesaria si lo que importara fuera solo el efecto general; muchas ofrendas se depositaban en lugares donde nadie volvería a verlas. El valor no residía principalmente en el metal como sustancia ni en el objeto como apariencia, sino en el acto de producirlo y ofrendarlo correctamente. Fabricar la ofrenda era ya parte del rito, y una parte tan indispensable como el depósito final.

Guatavita: del ritual del cacique a la laguna del malentendido

Ninguna imagen ha condensado más esa lógica que la laguna de Guatavita, y ninguna, tampoco, ha sido más deformada por la traducción que hicieron los europeos de lo que veían. Allí se anudan dos planos que no deben confundirse: la ceremonia efectivamente practicada por los muiscas y la leyenda que los conquistadores construyeron a partir de ella.

En el plano ritual, los muiscas rendían culto de fertilidad a las lagunas, y Guatavita fue escenario de una ceremonia de consagración del cacique en la que se arrojaba oro al agua. La materialidad de esa práctica dejó al menos una prueba difícilmente refutable: en la laguna de Siecha se halló una lámina de oro de 9,5 centímetros de diámetro que representa una balsa con diez figuras humanas, entre las cuales destaca la del cacique. Y en Guatavita se arrojaba oro no solo en ceremonias de sucesión. Cuando los conquistadores empezaron a avanzar sobre el altiplano, el cacique de Simijaca arrojó al lago cuarenta cargas de oro, cifra confirmada por los indios testigos y el sobrino del cacique, equivalentes a al menos cuarenta quintales de oro fino. La ofrenda no buscaba esconder el metal, buscaba obtener la protección de la cacica del lago frente a los invasores. En la lógica muisca, ese oro había cumplido su función precisamente al dejar de ser poseído.

En el plano de la leyenda, los españoles leyeron la escena bajo otra retícula. La ceremonia mal comprendida, sumada a hallazgos auríferos concretos en las cordilleras y a ecos de mitos indígenas de origen, alimentó la leyenda de El Dorado, que pronto se multiplicó en varios "Dorados" repartidos por el territorio. Durante siglos la propia realidad de la ceremonia fue puesta en duda: Alexander von Humboldt había inclinado a las mentes ilustradas a ver en ella un episodio mítico sin sustento histórico. El hallazgo de la balsa de Siecha rebatió esa desconfianza de manera concreta: allí estaba, en tumbaga, la escena que los cronistas describían. Lo que en la lógica muisca era metal ya entregado, en la lógica europea fue leído como tesoro por rescatar. Pocos años antes de 1910, una compañía inglesa llegó a desaguar la laguna de Guatavita en busca del oro que se suponía yacer en su fondo: la mejor prueba, quizá, de hasta qué punto el malentendido de la Conquista sobrevivió a la Conquista misma.

El orden cacical al que sirve el oro

La orfebrería no operaba en el vacío: se inscribía en una estructura política compleja. En su cúspide estaban el Zipa de Bacatá y el Zaque de Hunza, jefes supremos de sus dominios respectivos, con caciques locales por debajo. Las crónicas describen una jerarquía definida, aunque su reconstrucción precisa se complica por la tendencia de autores como fray Pedro Simón a equiparar cargos indígenas con títulos nobiliarios hispanos —"reyes", "linajes nobles"—, categorías que investigaciones antropológicas y de archivo posteriores han revisado.

A la llegada de los españoles, esa arquitectura política estaba lejos de ser homogénea. Cacicazgos como Duitama, Sogamoso, Sáchica, Tinjacá y Guachetá conservaban independencia o semi-independencia frente al Zipa y al Zaque, y algunas confederaciones militares —la de Duitama y Sogamoso entre ellas— articulaban relaciones interseñoriales que no se dejaban absorber por las dos grandes cabeceras. La guerra entre señores muiscas tenía, según testimonio del cacique de Sáchica, un carácter principalmente ceremonial y de reconocimiento político: se combatía menos para conquistar que para ratificar posiciones.

En ese marco, los objetos de oro operaban como parte del lenguaje de la autoridad. Las insignias del rango —del pectoral al cetro, de la corona a la litera— señalaban jerarquía sin necesidad de palabras. Pero la eficacia del sistema no dependía solo de mostrarlas: dependía también de que el poder cacical se limitara, en muchos aspectos, a momentos ceremoniales específicos, mientras la vida cotidiana atenuaba el dominio de la élite y buena parte del oro fluía hacia santuarios y ofrendas. Hablar de una concentración de riqueza en pocas manos es, en el caso muisca, difícil: el oro se movía demasiado, entre demasiadas manos y demasiados destinos, para consolidarse como patrimonio inmóvil.

Esa movilidad interna, sumada a la especialización regional en oficios —Guatavita orfebre, Zipaquirá y Nemocón salineros, otras zonas dedicadas a las mantas o a cultivos específicos—, dibuja una economía política más articulada de lo que suele suponerse. Los orfebres de Guatavita necesitaban del comercio de sal para obtener el oro con el que trabajaban; los caciques del altiplano necesitaban de los orfebres para producir las ofrendas y las insignias con las que legitimaban su posición; las comunidades enteras participaban del sistema ritual encargando tunjos propios. El oro era el nudo material donde se ataban esos hilos, y cada uno de esos hilos dependía de la tensión de los demás.

La ruptura: 1537 y después

El sistema entró en colisión frontal con la irrupción española. El 20 de agosto de 1537, las huestes de Gonzalo Jiménez de Quesada capturaron al Zaque de Tunja, Quemuenchatocha. El libro oficial de la expedición, conservado en el Archivo General de Indias, registró un botín de 136.000 pesos de oro fino, 14.000 pesos de oro bajo y 280 esmeraldas; otras fuentes contemporáneas hablan de 136.500 pesos de oro fino y una fuente coetánea cifró en cerca de 180.000 pesos —entre oro fino y bajo— lo obtenido en la noche del asalto, junto con abundantes esmeraldas. Semanas más tarde, el 4 de septiembre, se registraron nuevos botines en el Valle de Sogamoso. El reparto se acordó en junio de 1538 y quedó documentado.

El cacique Sagipa —sucesor de Tisquesusa en Bacatá— fue apresado, sometido a juicio por usurpación del cacicazgo y por negarse a revelar el paradero del tesoro oculto del Zipa muerto. Los conquistadores saquearon sistemáticamente tumbas y santuarios, torturaron caciques y extorsionaron poblaciones enteras. La lógica muisca del oro —comisión ritual, ofrenda, redistribución, insignia— fue leída bajo la retícula europea del tesoro escondido, y en esa traducción se perdió casi todo. Lo que para los muiscas era metal ya ofrendado, ya devuelto al orden cósmico, para los españoles era simplemente oro por encontrar.

Y sin embargo, el sistema no se desplomó de un golpe. La práctica votiva sobrevivió a las campañas de extirpación con una tenacidad que sorprendió a las propias autoridades eclesiásticas: los millares de ídolos decomisados años después de 1594 en Fontibón y sus alrededores no son residuo folclórico, son evidencia de una reproducción social sostenida. La orfebrería, como oficio, se extinguió con la ruptura de las redes de intercambio, la imposición del tributo en metálico y el desmantelamiento del andamiaje ritual del cacicazgo; pero la lógica más honda —la de que ciertos objetos existen para ser dados, no para ser conservados— pervivió, oculta bajo capas sucesivas de sincretismo y clandestinidad.

El choque de dos regímenes de valor

La orfebrería muisca del período tardío no fue arte suntuario en el sentido europeo. Fue un sistema técnico, económico, ritual y político integrado, donde la producción de objetos con oro traído de lejos servía para sostener redes de autoridad que se legitimaban en la capacidad de gastar antes que en la de guardar. Los tunjos son la prueba más clara de una economía simbólica en la que la ofrenda no era exceso sino centro, y donde el valor de un objeto se realizaba en su transformación —fundición, vaciado, depósito— más que en su posesión.

Comprender esto reordena la manera en que se cuenta la Conquista: no como el encuentro entre una sociedad rica y una sociedad codiciosa, sino como el choque entre dos regímenes de valor incompatibles, uno de los cuales fundía el oro para volverlo eficaz y el otro lo fundía para volverlo lingote. Los pesos de oro fino registrados en el libro de la expedición de Jiménez de Quesada son, cada uno, un tunjo o un pectoral disuelto: un documento destruido para convertirse en moneda. Lo que sobrevivió a ese arrasamiento no fue el metal —ya convertido en monedas de oro y remesas hacia Sevilla— sino la lógica del gesto: el oro depositado en las lagunas, los santuarios que resistieron la extirpación, y el hecho, hoy verificable en el laboratorio, de que aquellos orfebres del altiplano trabajaron su cera con una precisión que no estaba destinada a ser vista por nosotros.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

26 documentos · 64 fragmentos
01La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[1]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…p. 51
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 451 cita
[2]lograron máxima habilidad y amplia ex- periencia en la técnica de la fundición por el siste- ma de la cera perdida, de uso universal y de anti- quísimo conocimiento, practicado con diferentes variantes y siempre con suprema maestría. El método de la cera perdida tomaba como base un núcleo de arcilla mezclada con…p. 45
03Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 322, 388, 403, 407, 4145 citas
[3]como ilustra este caso, pudieron ser considerados como entes animados, y sin duda es probable que ese aspecto fuera importante en las negociaciones de poder, pero el caso es que ese poder no se basaba en el valor mismo del metal, ni siquiera en su apariencia dorada. Hay otro ejemplo bastante interesante: el desarrollo…p. 414
[19]cosa que los españoles atribuyeron al poder de los caciques muiscas, pero olvidando que simplemente se trataba de ofrendas. Finalmente, unas palabras sobre el oro, un metal que en nuestra sociedad se vincula estrechamente con el poder y con la riqueza. Se sabe que los caciques muiscas lo guardaban en sus cercados, con…p. 403
[26]indican distinciones muy marcadas. No hay en ninguna parte unos entierros que revelen la existencia de personajes especiales que fueran enterrados con objetos singulares a través de los cuales se quisiera marcar distancias respecto a otros individuos. De hecho, las diferencias que se pueden encontrar sugieren ante…p. 388
[31]En los objetos de orfebrería también se destacan las representaciones de mujeres, las que están más adornadas que las de hombres. Figura Sinú. Fondo de Promoción de la Cultura. Foto Roberto García. El caso muisca podría ser otro ejemplo interesante de cambios en la forma como se representaron los sexos. Siempre que…p. 322
[32]poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…p. 407
04Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 191, 199, 208 y 2 más12 citas
[4]oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…p. 199
[5]oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…p. 199
[6]elaborar todas las piezas, pero les fue agregando diferentes cantidades de cobre para conseguir distintas mezclas o “recetas” y colores en un espectro que va desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por diferentes tonos de amarillos y rojos (Diagrama 3). Cabe suponer que el tema de esta…p. 215
[7]elaborar todas las piezas, pero les fue agregando diferentes cantidades de cobre para conseguir distintas mezclas o “recetas” y colores en un espectro que va desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por diferentes tonos de amarillos y rojos (Diagrama 3). Cabe suponer que el tema de esta…p. 215
[8]delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…p. 191
[9]delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…p. 191
[10]Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…p. 208
[11]Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…p. 208
[12]todo caso, sus conocimientos y estatus no solo se ceñían a lo técnico: parece claro que los orfebres dominaban códigos religiosos y simbólicos que les otorgarían una posición social especial. Cada ofrenda representa una única comisión, realizada ex profeso para un fin concreto, y siguiendo un precepto o encargo bien…p. 230
[13]todo caso, sus conocimientos y estatus no solo se ceñían a lo técnico: parece claro que los orfebres dominaban códigos religiosos y simbólicos que les otorgarían una posición social especial. Cada ofrenda representa una única comisión, realizada ex profeso para un fin concreto, y siguiendo un precepto o encargo bien…p. 230
[14]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[15]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
05Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 35, 262, 332, 3494 citas
[16]adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…p. 262
[28]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…p. 349
[37]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…p. 332
[64]de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…p. 35
06Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 89, 100, 103, 1354 citas
[17]que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…p. 135
[35]los españo- les encontraron allí, era proveniente de la región andina. En favor de esta hipótesis se puede citar, por cierto, el testimonio del mismo Simón (II 625/, 1981, I: 393) quien, haciendo caso omiso de su anterior afirmación sostuvo que en el Llano había "oro que tenían... del Reino". Los documentos de…p. 89
[38]artículos cuya circulación está íntimamente ligada porque su fuente natural es la misma. En territorio muisca la cera fue aprovechada como materia prima en la elaboración de figuras de oro mediante la técnica de la "cera perdida" (cf. Falchetti y Plazas /1978/ 1983: 32-33), aunque algunos hallazgos arqueológicos…p. 100
[41]se habrían encontrado en algunas partes del Altiplano como Tabio y Tunja, y de estilo "quimbaya" en Ubaté y Sogamoso donde además se halló un nariguera clasificada como "sinú". De otro lado, el mismo autor (Ibid., 341-343) y Falchetti (1979: 31 y 35) coinciden en afirmar que los que hoy en día se conocen como…p. 103
07Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 59, 762 citas
[18]los cuales se quiere fijar cada una de estas obras con materiales que permitan su con- servación, tiene mucho que ver con el hecho de que finalmente estas piezas fueran depositadas como ofrendas funerarias, que, como se sabe, habían de ser de un material incorruptible. El procedimiento que se ha descrito puede dar una…p. 59
[30]conocido de este tipo de obras es la balsa ilustrativa de la leyenda del cacique de Guatavita, en la cual se distinguen personajes de distintos tamaños, según su jerar- quía, lo mismo que en las representaciones de los cercados de los caciques, en los cuales sobresale la figura del jefe por su tamaño más grande. El…p. 76
08Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 109, 151, 162, 2254 citas
[20]2 un bohio especial en forma de galera (una opaguen o cococa), donde siguieron bailando, tomando y probablemente consumiendo drogas narcóticas. Más de un testigo afirmó que se cantaba en una lengua desconocida yalgunos otros fueron muy claros al afirmar que se trataba de una lengua de Sogamoso. En apariencia, muchas…p. 151
[21]tener varios chuques, peto 1e también podía tener varios santeros, es decir personas cían sus ofrendas de oro. No obstante, la misma fuente deja cada capitán podía tener uno o dos”. bón no era un sitio único sino uno donde las autoridades >quisieron dar ejemplo, a sabiendas de que en muchos otros cedía lo mismo. En…p. 162
[27]social, apenas basada en la edad y en el rango heredado, sin mayor discriminación en términos de sexo, excepto por aquellos objetos que indican actividades restringidas a hombres (como cazar) o a mujeres (como hilar algodón). Otros, como en Tibanica, reconocen que existía una diferenciación social, pero que esta se…p. 225
[53]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…p. 109
09Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 56, 116, 125, 213, 2165 citas
[22]viviendas corrientes también encontrarían ofrendas. En total, los españoles decomisaron 1.041 pesos de ídolos de oro bajo y fino, doce pesos y tres tomines de esmeraldas (Eugenio 19). En casi todos los testimo- nios de las visitas a santuarios en el siglo XVI y XVII, los indígenas mestizos y españoles coincidían en…p. 56
[25]Las nociones totalmente contrarias a un espíritu divino eran los conceptos clara- mente bélicos, la riqueza y las demostraciones fastuosas, así como la poligamia. En la nobleza el hecho de tener hasta veinte mujeres no era ninguna singularidad. Este harén de los príncipes sostenía a 100, 200 hasta 400 acudientes.…p. 216
[48]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…p. 125
[49]a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…p. 213
[54]relaciones siempre fueron reducidos a guazabaras, las cuales eran rápida- mente ‘desbaratadas’ por los hispanos, lo que obligaba a la huida de los muiscas. Refiriéndose a estas batallas, Aguado dice que los cacicazgos se apoyaban en ligas o confederaciones militares, como la de Duitama y Sogamoso (1: 297-8), o la que…p. 116
10Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 281 cita
[23]inundación a Chibchacum como veremos enseguida. Entre sus deidades estaban Bochica, dios bienhechor y protector especial de los uzaques y de los capitanes de sus familias; Chibcha- cum, dios encargado especialmente de la nación chibcha y de ayudar a los labradores, mercaderes y plateros; Chaquen, dios encargado de los…p. 28
11The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 44, 4622 citas
[24]would offer him gold or emeralds.... When word circulated that bearded men were coming who were search- ing carefully for gold among the Indians, they took much of what they had hidden and offered it at the lake. With this sacrifice, they pleaded for the cacica [a noblewoman said to live in the lake] to save them from…p. 462
[60]dismounted, and placed guards on sentry duty in order to prevent the Indians from attacking again. That night the Christians seized close to 180,000 pesos of fine and low- grade gold, as well as a great number of emeralds. The sun had not been up for three hours when another group of Indians attacked; however, having…p. 44
12Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 74, 94, 983 citas
[29]suntuosos de jefes y sacerdotes, verdaderos tesoros de orfebrer í a y de piedras finas, nos indican que en estas regiopes __ privilegiadas para la agricultura, se desarrollaron peque ñ os, se ñ or í os con una estructura social jer á r quica, una clase sacerdotal influyente y un alto desarrollo tecno l ó gico y est é…p. 74
[46]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…p. 94
[57]escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…p. 98
13Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 130, 1372 citas
[33]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…p. 130
[39]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…p. 137
14Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 372 citas
[34]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…p. 37
[50]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…p. 35
15Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
[36]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12
16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 431 cita
[40]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…p. 43
17Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 1231 cita
[42]como el Amazonas, Orinoco, Paraná y Mag- dalena, eran asiento de pueblos riquísimos y fabu- losos. Su cauce (se pensaba) guardaba ingentes te- soros auríferos, al igual que los lagos y lagunas del interior. Al tenerse conocimiento de la ceremonia de su- cesión del mando en la laguna de Guatavita, se co- rroboró la…p. 123
18Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 681 cita
[43]cueros de venado. Ahora los ponchos son de lana. Lana fue lo primero oles a Cundinamarca. De Ruan. Con formaron los ligeros ponchos en dos que por venir la lana de donde nas. Hoy se conoce la ruana en el mundo: su cuna original esta en Cundinamarca y Boyaca. Como salieron del Caribe las hamacas, de las alturas co-…p. 68
19El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3061 cita
[44]entrada del recinto donde te- nía lugar el gran festejo ofrecían a los chibchas el símbolo admonitorio de la muerte. Estas tradiciones sobre la ablu- ción de los hombres cubiertos de oro dieron firme asidero a la creencia de El Dorado. Pero, en nuestro tiempo, exis- tía ya la tendencia a desplazar todo ello, de…p. 306
20Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 4031 cita
[45]viajero que visitó la laguna de Guatavita en 1910 […]. Al tercer día de nuestra estadía en Guatavita decidimos alistar las bestias para subir a la laguna del mismo nom- bre, la cual, según nos informaron, había sido desaguada por una compañía inglesa pocos años antes. […] Montamos cerca de una hora por el camino que…p. 403
21Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 281 cita
[47]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…p. 28
22Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 54, 753 citas
[51]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…p. 52
[56]cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…p. 54
[59]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…p. 75
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 cita
[52]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
24Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 581 cita
[55]los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…p. 58
25Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 105, 108, 1263 citas
[58]the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…p. 108
[61]Indian guides led them through many towns, and a journey that should have taken no more than one day turned into a fourteen-day expedition. When they approached Tunja, they marched forward at great speed. At sunset, they arrived to where the lord Tunja lived, and they took the cacique captive. The lieutenant Jiménez…p. 126
[63]aside the royal fifth, Jiménez and his captains agreed that before they divided the remaining spoils, they needed to award compensation for certain goods and services, as well as for lost horses. They also decided to grant merit pay to individuals whose acts of bravery helped ensure the expedition’s success. Only then…p. 105
26Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1131 cita
[62]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…p. 113