Idea · Prehispánico
Tumbaga
La tumbaga es una aleación de oro y cobre trabajada por los orfebres prehispánicos del actual territorio colombiano y el istmo de Panamá; más que una solución de escasez, fue una tecnología cromática y un vocabulario ritual con el que muiscas, quimbayas, taironas y otros pueblos expresaron jerarquía, transformación y poder.
Trayectoria de una idea
- -500
Primeras evidencias de orfebrería en tumbaga en el territorio colombiano
- 900
Consolidación de la orfebrería tairona en tumbaga en la Sierra Nevada de Santa Marta
- 1200
Ofrenda de Fontibón: evidencia del dominio técnico y simbólico muisca de la tumbaga
- 1385
Producción orfebre tairona documentada por carbono 14
- 1537
Contacto europeo y descripción de la tumbaga por Gonzalo Jiménez de Quesada
- 1937
Investigación de Paul Bergsøe sobre la metalurgia de la tumbaga en Colombia y Ecuador
- 1980
Estudios de Clemencia Plazas y Ana María Falchetti sobre orfebrería prehispánica colombiana
La lectura
La tumbaga desafía la categoría de simple aleación: en el pensamiento orfebre prehispánico colombiano, la mezcla de oro y cobre era ante todo un instrumento para gobernar el color del metal y, con él, los significados que ese color portaba. El orfebre de Fontibón no mezclaba por escasez sino por criterio: partía de una misma colada de oro nativo y la coloreaba con dosis calibradas de cobre para obtener una paleta que iba del amarillo solar al rojizo cobrizo, cada tono con su carga ritual propia. La cera de la abeja angelita, los hilos de menos de un milímetro, los moldes de arcilla y carbón vegetal, los braseros y crisoles de talleres organizados: todo ese aparato técnico estaba al servicio de una lógica en la que el proceso de manufactura importaba tanto o más que el objeto terminado, y en la que la piel dorada de una figurina podía ser la firma de un cosmos. Cuando los conquistadores fundieron esos objetos para convertirlos en lingotes, no solo destruyeron metal: borraron un sistema de pensamiento inscrito en la aleación.
La tumbaga
La tumbaga es una aleación de oro y cobre trabajada por los orfebres del actual territorio colombiano entre aproximadamente el año 500 antes de nuestra era y el siglo XVI, cuando la Conquista interrumpió sus talleres. Nombrarla como simple aleación, sin embargo, la reduce: en manos de los muiscas, los quimbayas, los taironas y los orfebres del istmo de Panamá, la tumbaga fue una tecnología cromática, un vocabulario ritual y una decisión técnica cargada de significado. El orfebre no buscaba oro puro sino un espectro de colores que iban del amarillo intenso al rojizo casi cobrizo, obtenido calibrando cuánto cobre añadía a una misma colada. Esa manipulación deliberada del color metálico —y no la pureza del oro, que fue obsesión europea— constituye el núcleo de la práctica orfebre prehispánica colombiana y una de las claves para leer el pensamiento indígena sobre transformación, jerarquía y poder.
Una aleación con inteligencia
Químicamente la tumbaga es sencilla: oro y cobre en proporciones variables. La complejidad aparece en el gesto del orfebre. En la ofrenda de Fontibón, hallada en territorio muisca y analizada con instrumental químico contemporáneo, las piezas resultaron elaboradas a partir de una misma colada de oro nativo —oro con cerca de un 83% de metal precioso y un 17% de plata— al que el orfebre añadió cobre en cantidades distintas para obtener aleaciones diferenciadas. No se trata de que faltara oro o sobrara cobre: el orfebre disponía de un stock aurífero homogéneo y sobre él ensayó recetas específicas. Cada aleación producía un tono: amarillos vibrantes cuando el cobre era escaso, amarillos apagados en proporciones medias, rojizos cuando el cobre dominaba. La ofrenda entera funcionaba como una paleta.
Ese detalle desmiente la idea, largamente instalada, de que la tumbaga era una solución de escasez, una mezcla resignada para estirar el oro escaso con cobre abundante. La evidencia de Fontibón muestra lo contrario: un artesano con oro disponible eligiendo, no obstante, colorearlo. La decisión es técnica y estética a la vez, y muy probablemente ritual. El orfebre poseía un conocimiento fino de las propiedades de las aleaciones y las manejaba con criterio.
El repertorio técnico complementaba esta manipulación de la aleación. En ciertas piezas halladas entre Colombia y Ecuador se ha detectado una particularidad reveladora: la proporción de oro es mayor en la superficie que en el interior. Sobre una base de cobre se fundía una mezcla de cobre y oro, con martillado posterior que acercaba el oro superficial y lo compactaba. Ese sesgo hacia el exterior es la firma de una preocupación específica: lo que el objeto mostraba —su piel dorada— no coincidía con lo que era por dentro. Se plantean como posibles otros métodos de dorado: martillado, amalgama, aplicación de placas de oro por cera perdida. Ninguno está plenamente documentado como práctica sistemática, pero todos apuntan a una misma obsesión: gobernar el color de la superficie.
Los talleres del oro coloreado
La técnica dominante de la tumbaga fue la fundición a la cera perdida, procedimiento exigente que requería un dominio articulado de varios materiales. El orfebre partía de un núcleo de arcilla mezclada con carbón vegetal, sobre el cual modelaba la figura y aplicaba una película de cera. Encima venía una pasta de arcilla refractaria que formaba el molde, hecho en dos tapas que al juntarse cerraban el negativo. Al someter el conjunto al fuego, la cera derretida escapaba por orificios abiertos en los extremos y dejaba impreso su hueco en la arcilla, lista para recibir el metal fundido. El molde se rompía para extraer la pieza: cada objeto era, por definición, único.
La cera que usaban los muiscas no era cualquiera. El análisis con microscopio electrónico de barrido ha identificado en objetos muiscas el uso de cera oscura y muy blanda producida por la abeja sin aguijón llamada angelita, Tetragonisca angustula, especie nativa que aún hoy habita los bosques andinos. El mismo instrumental permite ver, impresos en el metal, los gestos del orfebre al manipular la cera: los delgadísimos hilos o rollos de menos de un milímetro de espesor con los que construían entramados complejísimos. En figuras como los hombres-canasto de Carmen de Carupa, los bebés en cuna de Suba o las gavias de Fontibón, esa filigrana en cera —trasladada al metal por la fundición— revela un trabajo de miniaturista que exigía paciencia, pulso y jerarquía de saberes.
Los taironas, en la Sierra Nevada de Santa Marta, sumaron a la cera perdida un repertorio más amplio: laminado, martillado, repujado, soldadura, aplicación de hilos, dorado y fundición en moldes cerrados o abiertos. Los muiscas trabajaban con la mayoría de las técnicas de los quimbayas, aunque con menor elaboración. Esa distinción no debe leerse como inferioridad: la orfebrería muisca es rígida, lineal y altamente estilizada, con superficies opacas y formas sobrias, y en ese despojamiento tiene su firma estética. El tunjo muisca —figurina plana fundida en oro, tumbaga o cobre, de calidad marcadamente bidimensional— no aspira al brillo pulido: aspira a otra cosa.
La complejidad del proceso permite deducir la existencia de talleres organizados: braseros, crisoles capaces de alcanzar altas temperaturas, herramientas específicas, artesanos especializados. Un orfebre no podía improvisar: entre modelar la cera, preparar el molde, fundir la aleación en la proporción correcta y controlar el enfriamiento mediaba un conocimiento acumulado que solo tenía sentido en un contexto social donde el oficio tuviera espacio y demanda.
Las regiones de la tumbaga
La tumbaga se trabajó en un vasto arco geográfico. Los muiscas del Altiplano Cundiboyacense la utilizaron intensamente pese a una limitación estructural: su territorio carece de depósitos auríferos propios. El oro llegaba por redes de intercambio de larga distancia, desde regiones lejanas, lo que obligaba a los orfebres muiscas a economizar la materia prima y explica en parte —solo en parte— la lógica de aleación con cobre local. Con esa materia importada produjeron los tunjos, pequeñas figurinas votivas de silueta plana y detalles logrados con hilos de cera, y una serie de objetos de adorno que acompañaron tanto a los vivos como a los muertos de rango.
En el Valle del Cauca, la cultura Calima desarrolló al menos dos períodos orfebres significativos: el Ilama, asociado a ornamentos de oro martillado en una sociedad ya estratificada, y el Yotoco. La zona Calima ha entregado grandes máscaras de oro, diademas, pectorales, orejeras, collares, narigueras e instrumentos musicales, aunque no todo ese repertorio se asigna con precisión a uno u otro período. En el Quindío y el Eje Cafetero, las colecciones agrupadas bajo el rótulo genérico de "quimbaya" abarcan una gama tipológica que se extiende por aproximadamente tres mil años, desde la Etapa Formativa Temprana hasta la conquista española. El término, más que a una cultura homogénea, remite a un mosaico de tradiciones sucesivas del Cauca Medio.
En la Sierra Nevada de Santa Marta, los taironas trabajaron principalmente cobre dorado o tumbaga. Su repertorio incluye figuritas fantásticas con atavíos de plumas, máscaras de felinos, aves y reptiles, discos repujados, cascabeles, brazaletes y narigueras. Una fecha de carbono catorce sitúa parte de esta producción hacia 1385 de nuestra era, ya cerca del contacto europeo. La iconografía tairona incorpora motivos antropomorfos y zoomorfos con presencia notable de felinos.
Más al norte, en la región de Coclé, en el actual Panamá, la tumbaga se trabajó con materiales muy probablemente locales: estudios geológicos ubican fuentes de oro y cobre en cuencas hídricas cercanas, y sitios arqueológicos como El Caño y Coclé han entregado posibles crisoles y tejuelos o lingotes, evidencia material de una metalurgia de proximidad. Los motivos zoomorfos y geométricos que decoran las piezas coclesanas aparecen también en cerámica y tallas en concha, y algunos ya habían aparecido en metales de otras regiones, lo que sugiere conexiones iconográficas de amplio radio.
Esas conexiones no fueron abstractas. Piezas de estilo quimbaya se han hallado en Ubaté y Sogamoso, en pleno territorio muisca; en Sogamoso apareció además una nariguera clasificada como sinú, procedente del bajo San Jorge. Los llamados "colgantes relacionados", encontrados en Sogamoso, Tibacuy y Bogotá, podrían provenir del Valle del río Cauca y pertenecerían a un horizonte orfebre antiguo, previo al período muisca propiamente dicho. Los objetos metálicos circulaban por el territorio mucho antes de que existiera cualquier idea de nación: se movían con las redes de intercambio, se depositaban en tumbas y santuarios, cambiaban de manos y de significados a lo largo de generaciones.
El color como pensamiento
Que el orfebre de Fontibón partiera de una sola colada de oro y la coloreara con cobre en dosis calibradas obliga a preguntarse qué buscaba con esas variaciones cromáticas. La respuesta más sobria es que el orfebre poseía un conocimiento profundo tanto de las propiedades técnicas de las aleaciones como, plausiblemente, de sus significados simbólicos. La lectura simbólica es inferencia; la técnica no.
El oro fue asociado al Sol por diversas culturas prehispánicas del actual territorio colombiano. Los objetos funerarios en ese metal, como los del Tesoro Quimbaya, buscarían fijar para siempre las efigies de los difuntos en un material perenne e incorruptible, reflejando una concepción de perpetuación ligada a la identidad solar. El Poporo Quimbaya, quizá el objeto emblemático de la orfebrería prehispánica colombiana, está compuesto de oro, cobre y plata y pesa 777,7 gramos. En una lectura que se le ha propuesto, funcionaría como símbolo de fertilidad y recipiente de vida: en vida su dueño se alimentaba de ese vientre de oro, cal y coca; al morir, algunos eran cremados y sus cenizas depositadas dentro, en un retorno simbólico al vientre materno. La lectura no es unánime, pero permite entrever la densidad ritual que rodeaba los objetos metálicos.
Entre los cunas del istmo, las narigueras de oro femeninas evocarían la presencia solar del héroe transformador Ibelel, que navega en el Sol vestido de oro y vigila desde allí la conducta de los hombres. Bajo esta lectura, el metal dorado en adornos corporales portaba una carga cosmológica precisa. En territorio muisca, un hallazgo en la vereda El Hoyo, en Gutiérrez, Cundinamarca, entregó figuras votivas en tumbaga amarilla rica en oro que representan hombres con adornos corporales, poporo, propulsor y objetos rituales como bandejas para el consumo de alucinógenos: un microcosmos de la vida ceremonial masculina, fijado en metal.
Un detalle inquietante y revelador: en la orfebrería muisca por cera perdida, la apariencia final del objeto no parece haber sido lo más importante del proceso. El valor ritual pudo residir más en el acto de manufactura —el modelado en cera, la construcción del molde, la fundición, la ruptura de la arcilla para revelar la pieza— que en el objeto acabado en sí. Muchos tunjos presentan superficies rugosas, rebabas de fundición y acabados que un orfebre europeo del Renacimiento habría considerado inconclusos. No lo eran: el objeto votivo cumplía su función en el momento en que era fabricado y depositado como ofrenda, no en su exhibición posterior. Si esa lectura es correcta, la orfebrería muisca invierte la lógica europea del arte terminado: importa el proceso, no el producto.
Los objetos de tumbaga podían, además, ser considerados entes animados. En las negociaciones de poder de los cacicazgos, ese carácter animado importaba tanto o más que el valor material del metal. Un objeto no era solo signo de riqueza: era un ser con capacidad ritual, y su poder no derivaba únicamente de estar hecho de oro ni de mostrar una piel dorada.
El metal y el rango
La orfebrería en tumbaga circulaba en sociedades jerarquizadas. Los cacicazgos interandinos colombianos —organizaciones políticas de escala intermedia, con jefes hereditarios y estratificación marcada— utilizaron la orfebrería como uno de los principales lenguajes materiales del poder. Los ajuares funerarios suntuosos hallados en tumbas de jefes y sacerdotes, que incluyen orfebrería y piedras finas, son uno de los indicadores arqueológicos más consistentes de esa estratificación.
Los muertos de alto rango —caciques, chamanes, guerreros— fueron enterrados en grandes bóvedas elaboradas, probablemente acompañados de criados y mujeres. Sus ajuares podían contener centenares de cerámicas, vasijas y figurinas, collares de piedras semipreciosas y objetos de metal. Entre los muiscas, los pectorales de oro, los cetros, las coronas en forma de tiara y el derecho a ser transportado en literas eran símbolos específicos de dignatarios: marcadores materiales de rango político y dinástico. Un pectoral no era joya en el sentido europeo: era emblema, prerrogativa y, muy posiblemente, entidad ritual.
La correlación entre riqueza del ajuar y rango social, sin embargo, no es uniforme. En algunos sitios muiscas los patrones de ajuar y de orientación de los entierros varían notablemente; en otros, como Tibanica, la diferenciación social se expresa débilmente en las prácticas funerarias. Los patrones válidos en un lugar pueden resultar irrelevantes en otro cercano. Esa heterogeneidad complica cualquier ecuación simple entre cantidad de metal y estatus, y obliga a leer cada contexto en sus propios términos. Aun así, el metal —incluida y especialmente la tumbaga— fue uno de los códigos privilegiados con los que estas sociedades escribieron sus jerarquías.
La producción y el uso de la orfebrería muisca se extendieron hasta bien entrada la época colonial, pese a las campañas españolas de extirpación de idolatrías y a la imposición del tributo en oro. La resistencia no fue solo material: fue continuidad de una lógica ritual que los muiscas siguieron sosteniendo, en cuevas y santuarios apartados, cuando ya las ciudades españolas se habían asentado en el altiplano.
La irrupción europea
El primer contacto entre europeos y orfebrería prehispánica del actual territorio colombiano ocurrió pocos años después de los viajes de Cristóbal Colón, en la periferia caribeña y el Darién. Pero fue con la fundación de Santa Marta en 1525 cuando el saqueo sistemático comenzó a modelar la relación española con el metal indígena. En los alrededores de la nueva ciudad y en las estribaciones de la Sierra Nevada, los recién llegados descubrieron gran cantidad de enterramientos con ricas ofrendas funerarias en oro. Ese hallazgo constituye el primer contacto español documentado con la cultura hoy conocida como tairona, y también el arranque de una práctica que la Corona terminaría reglamentando: la guaquería, definida como privilegio de los primeros pobladores de las regiones donde se descubrían tumbas ricas.
El saqueo del oro adoptó formas múltiples. Los conquistadores se apropiaron del metal como soldados que cobraban botín, como señores que cobraban tributo y como empresarios mineros. Extorsionaron a poblaciones enteras, torturaron caciques para que revelaran el paradero de los tesoros y desenterraron tumbas y santuarios. Sagipa, cacique muisca, fue apresado por Gonzalo Jiménez de Quesada y sometido a juicio en 1539, acusado, entre otros cargos, de negarse a revelar el paradero del tesoro del Zipa. La búsqueda del oro fue, en la práctica, el factor decisivo para determinar las rutas de penetración de las huestes conquistadoras y la elección de los lugares donde se establecieron las primeras fundaciones permanentes.
Ese saqueo tuvo consecuencias regionales dispares. En Santa Marta el oro de los enterramientos se agotó rápidamente, lo que aceleró la esclavización indígena: sin metal que extraer, el conquistador convirtió al indígena en mercancía. En la zona de Cartagena, en cambio, los descubrimientos de entierros zenúes en el Sinú retrasaron esa transformación. El oro acumulado por los indígenas y arrebatado por la fuerza pasaba a manos de comerciantes que aprovisionaban a las ciudades conquistadoras con alimentos, vestidos, armas y caballos, generando un circuito económico interno entre conquistadores y mercaderes.
Algunos cronistas —los más atentos— reconocieron la habilidad con que habían sido elaborados los objetos de orfebrería indígena y mencionaron la variedad de motivos identificados en ellos. Esos testimonios tempranos constituyen los primeros registros europeos de una tradición que estaban destruyendo. La fundición fue el destino masivo del oro americano: crisoles españoles convirtieron pectorales, tunjos, poporos y máscaras en lingotes que cruzaron el Atlántico. Lo que hoy podemos ver en museos es una fracción pequeñísima de lo que existió: lo que escapó a la fundición porque quedó enterrado, escondido u olvidado.
La huella y el silencio
La destrucción no terminó con la Conquista: continuó como práctica social durante toda la Colonia y buena parte de la República. La colonización antioqueña del Gran Caldas, en el siglo XIX, se realizó en gran parte profanando tumbas indígenas quimbayas ricas en objetos orfebres. Grupos de comerciantes financiaban a los guaqueros y fundían las piezas para atesorarlas como lingotes. Agentes compradores de oro de compañías mineras frecuentaban los sitios de guaquería y minería, y existían casas de fundición donde una figura ritual milenaria podía ser convertida en barra de metal en cuestión de horas.
Lo que no se fundió alimentó otro circuito. En el siglo XIX los guaqueros surtían principalmente las arcas de anticuarios que compraban piezas para colecciones privadas o para museos extranjeros, donde se utilizaban para demostrar la riqueza de los antiguos pueblos indígenas del recién formado territorio colombiano. El filólogo Rufino José Cuervo regaló al arqueólogo alemán Adolf Bastian una numerosa colección procedente de la Cordillera Central para el Museo de Berlín. Y en 1892, el presidente Carlos Holguín donó a la reina regente María Cristina de España el llamado Tesoro Quimbaya —122 piezas de orfebrería procedentes de dos sepulturas halladas en La Soledad, en el municipio de Filandia, en el Quindío— como reconocimiento a su labor arbitral en la delimitación de las fronteras colombianas. Esa colección se conserva hoy en el Museo de América de Madrid. El Tesoro Quimbaya es excepcional en parte por la unidad estilística de sus piezas y por proceder de un mismo contexto funerario: una rareza, porque la mayoría de las colecciones "quimbaya" fue armada con criterios selectivos que privilegiaron el valor estético o exótico, dejaron fuera cerámica doméstica sin decoración y agruparon objetos de hasta tres mil años de producción bajo un rótulo homogéneo que no describe ninguna cultura arqueológica precisa.
Liborio Zerda, en su descripción del hallazgo de Chirajara, privilegió el valor material de las piezas de oro sobre el contexto ritual y cerámico que las contenía, transformando objetos de función ritual en tesoros coleccionables. Esa operación —convertir el objeto ceremonial indígena en pieza de gabinete— fue la manera en que la República joven se apropió de la orfebrería prehispánica, y también la manera en que la despojó de su lógica interna.
Paul Rivet y Henri Arsandaux propusieron en su tratado sobre la metalurgia americana precolombina una interpretación que otorgaba a la tumbaga un lugar central. En los catálogos del Museo del Oro del Banco de la República, publicados desde los años cuarenta del siglo XX, esa interpretación quedó relegada. El mapa titulado La metalurgia en América según Rivet fue incluido en el primer catálogo como emblema de autoridad científica, pero sus ideas no se incorporaron al discurso. La tumbaga se caracterizó como técnica marginal —por la frecuencia de su uso y su ubicación geográfica dentro del mapa nacional—, y el mito de El Dorado fue desterritorializado y reterritorializado a conveniencia. El saber especializado colombiano privilegió durante décadas la narrativa del oro puro, del brillo, de la riqueza indígena medida en términos occidentales, sobre la lógica cromática y ritual que el material arqueológico sugiere.
Cuando se piensa la orfebrería prehispánica colombiana en clave de "oro", se piensa mal: se piensa en Europa, en la fiebre del metal, en el brillo del metal puro y en la riqueza cuantificada en gramos. La tumbaga obliga a otra cosa. Obliga a mirar la piel de los objetos, los tonos entre el amarillo y el rojo, el gesto del orfebre al escoger cuánto cobre añadir. Obliga a considerar que el proceso pudo importar más que el producto, y que un objeto podía ser un ser antes que una joya. Obliga, sobre todo, a reconocer que las sociedades prehispánicas del actual territorio colombiano habían desarrollado, antes del contacto europeo, un pensamiento tecnológico y simbólico complejo que la Conquista fundió en lingotes y la República acomodó en vitrinas.
Lo que sobrevive —los tunjos, los pectorales, los poporos, las narigueras, las figuras votivas, el Tesoro Quimbaya en Madrid, las piezas del Museo del Oro en Bogotá, los fragmentos analizados con microscopio electrónico de barrido— es un archivo incompleto de esa inteligencia. La tumbaga, leída de cerca, no es una aleación menor ni una técnica marginal: es una de las claves más precisas para entender cómo pensaban el mundo los pueblos que habitaron este territorio antes de que se llamara Colombia. Y quizá la más elocuente prueba de que la historia del oro americano, antes de ser historia de saqueo, fue historia de color.
En el archivo
23 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 149918
- -2000Género y arqueología prehispánica en ColombiaPregunta
- -500Bienes de prestigioFicha
- -500Especialización artesanal prehispánicaFicha
- -500Intercambio interregional prehispánicoFicha
- -500Orfebrería precolombinaFicha
- -400Complejo Tumaco-La Tolita en la costa PacíficaHecho
- -200Cera perdidaFicha
- 800Urbanismo tairona en la Sierra Nevada de Santa Marta (800–1400)Hecho
- 900Consolidación de cacicazgos andinos y guerra endémica (900–1450)Hecho
- 1000Cosmovisión muiscaFicha
- 1000El DoradoFicha
- 1200Confederación MuiscaFicha
- 1300Estabilidad estilística de la orfebrería muisca y transmisión maestro-aprendizHecho
- 1300La sociedad muisca en vísperas de la ConquistaPregunta
- 1300Orfebrería muisca y economía simbólica del oro (1300–1500)Hecho
- 1400Circuitos de intercambio interregional y microverticalidad muiscaHecho
- 1600Prehispánico (antes de 1499)Época
- 1970BioarqueologíaFicha
02Conquista1499–15993
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Muiscas — principales productores de tunjos y objetos votivos en tumbaga en el Altiplano Cundiboyacense
- 02Quimbayas — tradición orfebre del Cauca Medio que empleó la tumbaga con alta elaboración técnica y estética durante aproximadamente tres mil años
- 03Taironas — orfebres de la Sierra Nevada de Santa Marta que trabajaron principalmente cobre dorado o tumbaga con repertorio técnico amplio
- 04Ofrenda de Fontibón — conjunto arqueológico muisca que documenta el uso deliberado de distintas aleaciones de tumbaga en una misma ofrenda
- 05Cera perdida — técnica de fundición dominante para la producción de objetos en tumbaga, que empleaba cera de Tetragonisca angustula en el contexto muisca
- 06Poporo Quimbaya — objeto emblemático de la orfebrería prehispánica colombiana compuesto de oro, cobre y plata, con peso de 777,7 gramos
- 07Orfebrería prehispánica — tradición técnica y simbólica más amplia de la que la tumbaga es componente central
- 08Tecnología cromática — concepto que define la manipulación deliberada del color metálico mediante variación de proporciones en la aleación
- 09Ritual y poder — dimensión simbólica que articula el uso de la tumbaga en contextos funerarios, votivos y de representación del rango en los cacicazgos interandinos
- 10Región Zenú y Coclé (Panamá) — zonas geográficamente distantes donde también se documentó el uso de la tumbaga, evidenciando su extensión por el norte de Suramérica y el istmo centroamericano
Personas
Lugares
- Altiplano cundiboyacense20 piezas compartidas
- Bogotá19 piezas compartidas
- Magdalena18 piezas compartidas
- Sierra Nevada de Santa Marta18 piezas compartidas
- Colombia17 piezas compartidas
- Sogamoso16 piezas compartidas
- Cauca15 piezas compartidas
- Zipaquirá15 piezas compartidas
- Cundinamarca14 piezas compartidas
- Tunja14 piezas compartidas
- Valle del Cauca13 piezas compartidas
- Neiva12 piezas compartidas
- Sinú12 piezas compartidas
- Boyacá11 piezas compartidas
Ideas
Documentos y fragmentos citados
20 documentos · 47 fragmentos
01La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[1]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…
p. 51
02Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 40, 64, 4333 citas
[2]en el actual territorio panameño, todo parece indicar que, una vez fue adoptada, se desarrolló una producción local que utilizaba materiales y diseños propios. Por un lado, el metal utilizado en las joyas encontradas en Coclé era probablemente local, como lo demuestran estudios recientes que ubican fuentes de oro y…
p. 433
[45]Ya en el siglo XIX, los guaqueros alimentaban no solo las arcas del recién creado Tesoro Nacional, sino principalmente las de los anticuarios, que adquirían piezas para colecciones privadas locales o para museos en el extranjero, donde estos objetos se usaban para demostrar la riqueza de los antiguos pueblos indígenas…
p. 64
[46]de Bogotá. Esta vasija de barro, pintada de rojo ocre y blanco, que mide 25 × 18 cm, apareció descrita y representada en el texto “El Dorado” que Zerda publicó por entregas a partir de julio de 1882 en el Papel Periódico Ilustrado, como una figura indígena sentada, con una apertura de tipo ánfora, llena de muchas…
p. 40
03La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 4, 622 citas
[3]Con su terrible sentido práctico, ella no podía entender el negocio del coronel, que cambiaba los pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente, de modo que tenía que trabajar cada vez más a medida que más vendía, para satisfacer un círculo vicioso exasperante.…
p. 4
[25]de los calabazos; los canastos para recoger el maíz de los embera-chamí, por su parte, representan la matriz femenina; las mujeres huitoto cargan a sus hijos en la espalda de la misma forma como cargan el canasto con el que recogen la cosecha en sus huertas; el recipiente del que beben el yagé los barasana, del…
p. 62
04Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 191, 199, 2158 citas
[4]elaborar todas las piezas, pero les fue agregando diferentes cantidades de cobre para conseguir distintas mezclas o “recetas” y colores en un espectro que va desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por diferentes tonos de amarillos y rojos (Diagrama 3). Cabe suponer que el tema de esta…
p. 215
[5]elaborar todas las piezas, pero les fue agregando diferentes cantidades de cobre para conseguir distintas mezclas o “recetas” y colores en un espectro que va desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por diferentes tonos de amarillos y rojos (Diagrama 3). Cabe suponer que el tema de esta…
p. 215
[8]oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…
p. 199
[9]oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…
p. 199
[13]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[14]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[22]delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…
p. 191
[23]delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…
p. 191
05La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 77, 80, 833 citas
[6]entre Colombia y el Ecuador, que la proporción de oro en ciertas piezas es mayor en la superficie y más baja hacia el centro interior del objeto, lo que revela que se usó una base de cobre sobre la cual se fundió una mezcla de cobre y oro, con martillado posterior o final. Los autores franceses (9) agregan que métodos…
p. 83
[34]arte y una ideología de pueblos desaparecidos? 24 En pocas palabras, el mapa de “La metalurgia en América según Rivet” funcionó en este catálogo como un emblema de autoridad, pues al igual que suele ocurrir con este tipo de imágenes, al mismo tiempo que se graban en la memoria, se olvida o se cifra su significado,…
p. 80
[47]catálogo ocupando un lugar protagónico, no existen pruebas de un verdadero intercambio entre el etnólogo y el Museo del Oro durante su estancia en la capital colombiana, por lo menos en lo que respecta al estudio de la colección orfebre del banco emisor 10. Esto nos lleva una vez más a preguntarnos sobre tan escueta…
p. 77
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 32, 45, 483 citas
[7]lograron máxima habilidad y amplia ex- periencia en la técnica de la fundición por el siste- ma de la cera perdida, de uso universal y de anti- quísimo conocimiento, practicado con diferentes variantes y siempre con suprema maestría. El método de la cera perdida tomaba como base un núcleo de arcilla mezclada con…
p. 45
[11]fundamentales utilizadas por es- tos orfebres fueron el laminado y la fundición a 22 Cuchillo ceremonial con decoración geométrica, antropomorfa y zoomor- fa (felina), perteneciente a la orfebrería Tayrona. Ésta se abastecía del oro de los ríos Don Diego, Buritaca y Guachica. la cera perdida, los cuales se…
p. 48
[17]con ellos, se deduce que durante este período había una población relativamente nu- merosa, que practicaba enterra- mientos primarios aislados y en ce- menterios (4, 10, 25 o más tumbas de pozo con cámara lateral) en las laderas de las lomas, generalmente sobre pequeños aplanamientos na- turales o artificiales. Del…
p. 32
07Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 100, 1032 citas
[10]artículos cuya circulación está íntimamente ligada porque su fuente natural es la misma. En territorio muisca la cera fue aprovechada como materia prima en la elaboración de figuras de oro mediante la técnica de la "cera perdida" (cf. Falchetti y Plazas /1978/ 1983: 32-33), aunque algunos hallazgos arqueológicos…
p. 100
[33]se habrían encontrado en algunas partes del Altiplano como Tabio y Tunja, y de estilo "quimbaya" en Ubaté y Sogamoso donde además se halló un nariguera clasificada como "sinú". De otro lado, el mismo autor (Ibid., 341-343) y Falchetti (1979: 31 y 35) coinciden en afirmar que los que hoy en día se conocen como…
p. 103
08Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 50, 53, 56, 59, 745 citas
[12]los cuales se quiere fijar cada una de estas obras con materiales que permitan su con- servación, tiene mucho que ver con el hecho de que finalmente estas piezas fueran depositadas como ofrendas funerarias, que, como se sabe, habían de ser de un material incorruptible. El procedimiento que se ha descrito puede dar una…
p. 59
[24]se ha dicho, un maravilloso ajuar funerario, verdadero tesoro de obras de arte, que durante siglos permaneció oculto como compañía de ultratumba de estos descono- cidos señores quimbayas. La existencia de tantas piezas de oro es un fiel testimonio del suntuoso y refinado sentido de los bienes materiales que tenían los…
p. 50
[38]diferentes usos. Fue tanta la im- portancia de la «guaquería» en el siglo x1 que muy pronto la Corona española, a medida que se iban descubriendo los enterramientos de Sierra Nevada y del Sinú, sumamente ricos en oro, tuvo que re- glamentaria considerándola como un privilegio que correspondia 2 los primeros pobladores…
p. 53
[39]Tras la fundación de Santa Marta, en el año 1525, se empezaron a descubrir en sus alrededores y en las estribaciones del inmenso ma- cizo montañoso de Sierra Nevada, gran cantidad de enterramientos indígenas que contenían ricas ofrendas funerarias en objetos de oro, piedras finas, conchas, hueso y cerámica. Algunos…
p. 74
[44]todas estas piezas no hu- bieran ido a parar a las conocidas casas de fundi- ción, donde inmediatamente las habrían convertido en lingotes, como tantas veces ha sucedido, y sobre todo teniendo en cuenta que agentes compradores de oro de estas compañías siempre hacían acto de presencia en los sitios de minería y en los…
p. 56
09Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 35, 286, 294, 3494 citas
[15]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…
p. 349
[20]cuyo límite fue encon- trado el objeto. Al examinar las colecciones «quimbaya» salta a la vista que se trata de etapas y fases cronológicas muy diversas. En efecto, se observa toda una gama tipoló- gica que abarca tal vez 3. 000 años, desde la Etapa Formativa Temprana hasta la época de la conquista española. También…
p. 286
[28]rasgo cultural que más se conoce son los entie- rros. El principal tipo consiste en un pozo vertical con una o varias cámaras laterales en el fondo, pero también hay entierros en tumbas rectangulares revestidas de lajas, o en simples pozos más bien superficiales. Hay entierros primarios y secundarios, individuales y…
p. 294
[37]de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…
p. 35
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 74, 982 citas
[16]escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…
p. 98
[27]suntuosos de jefes y sacerdotes, verdaderos tesoros de orfebrer í a y de piedras finas, nos indican que en estas regiopes __ privilegiadas para la agricultura, se desarrollaron peque ñ os, se ñ or í os con una estructura social jer á r quica, una clase sacerdotal influyente y un alto desarrollo tecno l ó gico y est é…
p. 74
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 441 cita
[18]vasijas en forma de una persona acurrucada que lleva un recipiente en la espalda, y otras más. La zona del Calima se destaca además por su orfebrería elaborada; se han encontrado grandes máscaras de oro, dia- demas, pectorales, orejeras, collares, narigueras y aun instrumentos musicales y cucharas del mismo metal. A…
p. 44
12Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1591 cita
[19]por el carbono'* los sitúa en el año 1385 d. C. En la metalurgia tairona, los objetos son varia- dos en cuanto a la forma y a las técnicas empleadas en su elaboración. Existen figuritas fantásticas que llevan grandes atavíos de plumas y máscaras de fe- linos; hay aves y reptiles, discos repujados, casca- beles,…
p. 159
13Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 4141 cita
[21]como ilustra este caso, pudieron ser considerados como entes animados, y sin duda es probable que ese aspecto fuera importante en las negociaciones de poder, pero el caso es que ese poder no se basaba en el valor mismo del metal, ni siquiera en su apariencia dorada. Hay otro ejemplo bastante interesante: el desarrollo…
p. 414
14Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 48, 572 citas
[26]y de su familia y condición de plenitud femenina. Sus padres invierten sumas considerables de dinero en la compra del oro de buena calidad. ¿Por qué las mujeres mantienen la tradición del uso de oro en las narigueras? Algunos autores piensan que esta evoca “la presencia solar, vigilante, de Ibelel”, un héroe…
p. 57
[43]embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…
p. 48
15Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 213, 2252 citas
[29]rango heredado, los objetos que sirvan para indicar la jerarquía de un individuo se distribuirán de una forma muy diferente a las categorías de edad y sexo, puesto que ninguna de estas dos variables realmente determina quién fue quién en la sociedad, «\ Por otra parte, en la medida en que la posición social de grupos…
p. 213
[31]social, apenas basada en la edad y en el rango heredado, sin mayor discriminación en términos de sexo, excepto por aquellos objetos que indican actividades restringidas a hombres (como cazar) o a mujeres (como hilar algodón). Otros, como en Tibanica, reconocen que existía una diferenciación social, pero que esta se…
p. 225
16Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2161 cita
[30]Las nociones totalmente contrarias a un espíritu divino eran los conceptos clara- mente bélicos, la riqueza y las demostraciones fastuosas, así como la poligamia. En la nobleza el hecho de tener hasta veinte mujeres no era ninguna singularidad. Este harén de los príncipes sostenía a 100, 200 hasta 400 acudientes.…
p. 216
17Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
[32]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
18Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 751 cita
[35][…] quienes dieron origen a esa [orfebrería] fueron si no aniquilados, sí arrojados de sus tierras por una larga cadena de inmensas erupciones volcánicas. Sus efectos se sintieron desde Quito, hasta el norte de Colombia. En este caso, se trataría no de uno, sino de una serie de desas- tres volcánicos similares a los…
p. 75
19Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 87, 113, 1663 citas
[36]los que, como soldados que se apropiaban de un botín, como señores que cobraban un tributo o como empresarios mineros, recogían el oro americano. Una mirada al proceso de obtención del oro en el territorio actual de Colombia ayudará a comprender mejor el desarrollo de la conquista. Como ya se vio, los primeros…
p. 166
[41]mujeres e hijos” 6. Castellanos alude a la venida de mujeres, que seguían de cerca los golpes de fortuna de los inquietos conquistadores, También a vuelta de los mercaderes llegaron en aquellas coyunturas los molestos melindres de mujeres en seguimiento de sus aventuras; unas de ellas con sueltos pareceres y otras con…
p. 87
[42]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
20Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 421 cita
[40]e riqueza. Puesto que en Santa M arta se agotó rá p id a m en te la fase de saqueo del oro, la esclavización llegó tem p ran o y fue m uy im p o rtan te en la econom ía de la C onquista. En contraste, en la zona de C artagena los d esc u brim ientos de los entierros de oro del Sinú retrasaron la transform ación d e…
p. 42