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Idea · Prehispánico

Especialización artesanal

Sistema de oficios diferenciados —orfebrería, cerámica, textilería, trabajo en piedra— que operó en los cacicazgos del actual territorio colombiano entre aproximadamente 1500 a.C. y 1500 d.C., articulando jerarquías sociales, rituales políticos y redes de intercambio suprarregional.

4.161 palabras25 documentos57 fragmentos citados
Especialización artesanal

Trayectoria de una idea

  1. -10000

    Primeras evidencias de trabajo lítico especializado

  2. -200

    Estratificación social y ajuares diferenciales en la cultura Calima (período Ilama)

  3. 500

    Consolidación de la orfebrería en cera perdida muisca y tairona

  4. 900

    Especialización cerámica regional articulada a la economía salinera del altiplano muisca

  5. 1200

    Las mantas como patrón de valor y la especialización textil suprarregional

  6. 1500

    Pluralización del culto votivo y demanda ritual difusa de orfebrería muisca

03

La lectura

La especialización artesanal prehispánica en Colombia no fue un fenómeno ornamental ni tardío: constituyó una institución estructural de larga duración que sostuvo los cacicazgos desde al menos el período Ilama de la cultura Calima, hace más de dos milenios. Sus manifestaciones más visibles —la orfebrería en cera perdida con hilos de menos de un milímetro, la cerámica salinera del altiplano, las mantas que circulaban como patrón de valor— revelan cuerpos de conocimiento transmitidos por generaciones, herramientas propias y posiciones reconocidas dentro del tejido comunitario. La especialización operaba simultáneamente en tres registros: técnico, al exigir saberes y equipos que ninguna economía doméstica generalizada podía sostener; social, al marcar rangos y reproducir jerarquías a través del ajuar funerario diferencial y el acceso desigual a bienes de prestigio; y político-ritual, al traducir el poder en forma material visible, ya fuera en el tunjo votivo muisca elaborado para una ofrenda individual o en el disco repujado tairona que viajaba hasta el Caribe. Cada tradición regional —muisca, tairona, calima, sinú, quimbaya— imprimió su firma técnica e iconográfica, pero todas compartieron la lógica de un oficio diferenciado, reconocido y articulado a redes de intercambio que conectaban la costa con el páramo, el oro con la sal y el ritual con la economía.

Especialización artesanal en la Colombia prehispánica

Mucho antes de que Gonzalo Jiménez de Quesada remontara el Magdalena en 1536, en las cordilleras y valles del actual territorio colombiano funcionaba un sistema de oficios diferenciados que producía objetos de una complejidad técnica y simbólica ajena a la simple artesanía doméstica. Orfebres que dominaban la cera perdida con hilos de menos de un milímetro; ceramistas cuyas ollas viajaban decenas de kilómetros para cocer sal en Zipaquirá; tejedoras cuyas mantas circulaban como patrón de valor entre cacicazgos enemigos; escultores que labraban en piedra las cuatrocientas estatuas de San Agustín. Todos eran especialistas reconocidos dentro de una estructura social que separaba oficios, distribuía prestigio y articulaba redes de intercambio a escala suprarregional. La especialización artesanal prehispánica no fue un rasgo ornamental de estas sociedades: fue una de las instituciones sobre las que se sostuvieron los cacicazgos, sus jerarquías internas y su capacidad de conectar la costa con el altiplano, la selva con el páramo, el oro con la sal.

La especialización como institución social

Llamar "artesanos" a estos productores subestima lo que fueron. En los cacicazgos que ocuparon el territorio colombiano entre aproximadamente 1500 a.C. y 1500 d.C., el trabajo artesanal especializado operaba bajo lógicas que lo distinguían tanto de la actividad doméstica de subsistencia como del oficio manual europeo posterior. Un orfebre muisca que fundía una figura votiva en tumbaga no producía una mercancía genérica: mezclaba metales en proporciones específicas para cada acto ritual, elaboraba la pieza individualmente para una ofrenda concreta y sabía que su trabajo no abastecería un mercado indiferenciado sino que sería depositado en un santuario o enterrado con un cacique. Un ceramista de Tocancipá o Gachancipá producía gachas y ollas destinadas a un uso preciso —cocer la sal de las salinas cercanas— dentro de una red que articulaba a alfareros, salineros y comerciantes de tres o cuatro cacicazgos vecinos.

Los cronistas del siglo XVI reconocieron esta diferenciación al describir la sociedad muisca. Entre los oficios figuraban los del mercado, la artesanía y la minería, junto a las figuras propiamente políticas y religiosas del cacicazgo: caciques, capitanes, jeques, guechas y pregoneros. Los especialistas de oficio ocupaban probablemente la base de la pirámide social, pero su base no era despreciable: constituían un estamento identificable, con saberes transmitidos, herramientas propias y una posición reconocida en el tejido comunitario. La especialización era un hecho social, no simplemente técnico.

La evidencia arqueológica lo confirma con mayor claridad todavía. En el período Ilama de la cultura Calima —anterior al 200 a.C.—, las tumbas de pozo con cámara lateral presentaban ya ajuares diferenciales: cerámica fina decorada frente a cerámica ordinaria sin decorar, ornamentos de oro martillado, collares de piedras verdes semipreciosas. Junto a estas tumbas coexistían casas de tamaños distintos. Esa combinación —ajuar desigual, vivienda desigual, objetos de manufactura especializada— indica que una sociedad estratificada, con división del trabajo y especialistas identificables, existía en el suroccidente colombiano hace más de dos milenios. El fenómeno no fue una novedad tardía sino una condición estructural de larga duración.

Los orígenes: del canto rodado al taller de fundición

La historia del trabajo especializado en el actual territorio colombiano comienza con la piedra. En el Alto y Medio Cauca, entre el 10000 y el 3500 a.C., grupos cazadores y recolectores tallaban cantos rodados de andesita, diorita y granito mediante desconchamiento intencional, produciendo los primeros instrumentos líticos identificables como productos técnicos. No hay aún especialización en sentido estricto —el conocimiento de la talla se distribuía probablemente en toda la comunidad—, pero sí una selección deliberada de materiales, un procedimiento reproducible y una tecnología transmitida.

El salto cualitativo llega más tarde, cuando aparecen productos que ninguna economía doméstica generalizada habría podido fabricar. Las esculturas de San Agustín, en el actual Huila, componen la necrópolis de mayor extensión mundial con vestigios monumentales: más de cuatrocientas estatuas talladas, además de sarcófagos, dólmenes de lajas, montículos funerarios, terrazas y terraplenes distribuidos sobre unos quinientos kilómetros cuadrados. Los motivos —felinos, monos, lagartos, serpientes, ranas, águilas, búhos, deidades híbridas— exigían un conocimiento iconográfico compartido, herramientas líticas específicas y equipos de trabajo capaces de mover bloques de peso considerable. Ni el diseño ni la ejecución de estas obras podían resolverse en la escala familiar.

La orfebrería introdujo la especialización más aguda. Fundir metal exige extraer y purificar minerales, alcanzar y controlar temperaturas altas, dominar aleaciones, disponer de instrumentos de fundición y de acabado, y sostener un cuerpo de conocimientos transmitido por generaciones. En los cacicazgos donde la orfebrería alcanzó desarrollo pleno —Calima, Quimbaya, Muisca, Zenú, Tairona—, esta complejidad implicó talleres organizados, provistos de materiales y herramientas específicas, en manos de un grupo de especialistas reconocibles. En territorio muisca se han recuperado toberas cerámicas —sopladores de arcilla— que, ajustadas a cañas vegetales, servían para avivar el fuego de los fogones de fundición; uno de estos ejemplares, del tipo Guatavita Desgrasante Tiestos, fue exhumado en el sitio El Muelle, en Sopó. Cada tobera es la huella de un taller, y cada taller la huella de un oficio.

La orfebrería: técnica, ritual y política

Ningún otro oficio prehispánico condensa mejor la lógica de la especialización que la metalurgia. En la cera perdida muisca —la técnica en que se elaboraron tunjos, figuras humanas y objetos votivos por millares— el orfebre partía de un núcleo de arcilla mezclada con carbón vegetal, sobre el que modelaba la figura deseada. Recubría luego el núcleo con una película de cera y sobre esta una capa de arcilla refractaria que formaba el molde exterior. Al calentar el conjunto, la cera derretida escapaba por orificios previamente abiertos, dejando su negativo impreso en el molde; el molde vacío se llenaba entonces con el metal fundido. La cera procedía de la abeja sin aguijón conocida como angelita —Tetragonisca angustula—, oscura y muy blanda, y por lo tanto especialmente maleable.

El microscopio electrónico de barrido ha permitido reconstruir la habilidad de estos orfebres con un detalle que las crónicas nunca podrían haber captado. Los muiscas trabajaban la cera en delgadísimos hilos o rollos de espesor inferior a un milímetro, con una uniformidad de forma y grosor que revela un entrenamiento prolongado y una destreza extrema. Con esos hilos elaboraban entramados complejos —diademas caladas, figuras de hombres-canasto, bebés en cuna, representaciones de gavias— que exigen manos muy adiestradas y ojos muy exigentes. No es la producción de aficionados que ocasionalmente moldean metal: es la marca de un oficio.

La tumbaga —aleación de oro y cobre— añadió otra capa de sofisticación. En piezas procedentes de la zona fronteriza entre Colombia y Ecuador, la proporción de oro es mayor en la superficie que en el interior: sobre una base de cobre se fundía una mezcla de cobre y oro y luego se martillaba para hacer emerger el oro superficial. A esta técnica pudieron sumarse otros procedimientos de dorado por martillado, amalgama y aplicación de placas de oro mediante cera perdida. La tumbaga permitía trabajar con menos oro, obtener acabados brillantes y jugar con contrastes de color: era una tecnología deliberada al servicio de una economía y una estética.

Cada tradición regional imprimió su firma. La orfebrería tairona empleó como técnicas fundamentales el laminado y la fundición a la cera perdida, sobre las que se desplegó un repertorio de figuritas fantásticas, discos repujados, cascabeles, brazaletes y narigueras que exigió también martillado, repujado, soldadura, aplicación de hilos, dorado y fundición en moldes cerrados o abiertos. La orfebrería sinú se caracterizó por una temática marcadamente zoomorfa y por la simplicidad en la reproducción de los animales, con orejeras de falsa filigrana como forma emblemática. La orfebrería muisca, tecnológica y estéticamente más contenida que la de la mayoría de los cacicazgos tropicales colombianos —los quimbayas practicaban casi las mismas técnicas con mayor elaboración—, se concentró en figuritas planas y objetos que la crítica ha descrito como "tiesos y bidimensionales", pero cuya densidad simbólica compensa con creces la austeridad formal.

Detrás de estas diferencias técnicas se leen diferencias de función social. En la mayoría de los cacicazgos colombianos, el oro alcanzó el significado de símbolo de estatus y privilegio; en las tumbas de caciques, chamanes y guerreros los ajuares podían incluir centenares de cerámicas, collares de piedras semipreciosas y objetos de oro que marcaban rango. Entre los muiscas, en cambio, la metalurgia adquirió un cariz distintivamente votivo: los tunjos y las figuras zoomorfas se elaboraban individualmente como ofrendas para actos rituales específicos, con mezclas de metales pensadas para cada intención concreta. No había producción estandarizada. Cada pieza era, en un sentido literal, única.

Y el acceso a esos objetos rituales no era monopolio exclusivo de los caciques principales. En territorio muisca existían innumerables santuarios distribuidos por los pueblos, donde caciques, capitanes e indígenas comunes depositaban ofrendas de oro con propósitos personales o familiares. Esta pluralización del culto tiene consecuencias importantes: los orfebres muiscas no trabajaban para una sola élite sino para una demanda ritual difusa, atomizada, extendida por el territorio. La red de santuarios sostenía una red de talleres, y ambas redes descansaban sobre una economía capaz de hacer llegar el oro y la cera hasta los altiplanos que no producían ni el uno ni la otra.

Para los zenúes, en cambio, el oro no era moneda ni marcador de estatus individual: era una fuente numinosa de poder, símbolo de eternidad y conducto de la energía solar. En una y otra tradición, la especialización artesanal servía a proyectos religiosos y políticos distintos, pero en todas era el eslabón material que hacía posible traducir el poder en forma visible.

La cerámica: talleres, series y circuitos

La producción cerámica ofrece el ejemplo más nítido de especialización regional articulada a una economía interregional. En el altiplano muisca, al menos tres localidades —Tocancipá, Gachancipá y Cogua— concentraban producción alfarera documentada por fuentes coloniales tempranas, cuyos productos abastecían mercados en Santa Fe, Zipaquirá y Nemocón. Un testimonio de 1639 recogió las declaraciones del cacique de Gachancipá y de tres capitanes, que confirmaban que la elaboración de loza de barro cocido era una práctica habitual del pueblo. La cerámica no era en estos lugares una tarea marginal del hogar sino la ocupación identificada de la comunidad.

Lo notable es que esta especialización estaba engranada con otra: la explotación de la sal. Las gachas y ollas producidas en los alfares del altiplano se destinaban en buena parte a cocer la salmuera de las salinas de Zipaquirá y Nemocón, en un proceso que exigía recipientes específicos y en cantidades considerables. Un cacicazgo producía la cerámica; otro producía la sal; y los mercados articulaban ambos flujos. La especialización artesanal solo funcionaba como parte de un sistema regional de complementariedad.

Dentro de un mismo asentamiento también se detectan diferenciaciones funcionales. En el sitio arqueológico muisca de La Esmeralda, la unidad residencial LH-6 concentraba una proporción notablemente mayor de cerámica decorada —jarras, copas, cuencos— que la unidad LH-5, donde predominaban las ollas y aparecía cerámica procedente de fuera de la región. La primera unidad se asocia a actividades ceremoniales; la segunda parece haber cumplido funciones más domésticas o vinculadas al intercambio. Dentro de una misma aldea, distintas casas tenían distintas relaciones con la cerámica: unas la usaban, otras la exhibían, otras la recibían de lejos.

La cerámica tairona muestra otra dimensión de la especialización: la circulación a larga distancia y las conexiones interregionales. Vasijas tairona alcanzaron la isla Salamanca y posiblemente otras áreas del Caribe. Comparaciones con el complejo La Mesa establecen conexiones con el segundo horizonte pintado guajiro y con las tradiciones tardías de la cuenca del lago Maracaibo. Motivos compartidos —el ave con las alas desplegadas, esquematizaciones de murciélagos— revelan un vocabulario iconográfico común a un área amplia, cuya circulación no puede explicarse sin la participación de artesanos y comerciantes especializados.

En la región Calima, torteros o volantes de huso decorados con barras lineales y punteadas, y vasijas con orlas de pastillaje o incisiones, formaban parte del ajuar funerario y atestiguan la vinculación entre cerámica especializada, textilería y ritos de muerte. En Momil, sobre el río Sinú, cientos de fragmentos de figurinas cerámicas recuperados en contextos principalmente domésticos, junto con adornos personales de calidad diferenciada, indican una especialización artesanal incipiente ya en momentos tempranos; algunas mujeres allí sepultadas parecen haber tenido un papel ritual, posiblemente chamánico, ligado al modelado y uso de esas figurinas.

Textiles, sal y el problema del valor

Si la orfebrería concentra el prestigio y la carga ritual, los textiles y la sal muestran cómo la especialización artesanal se convirtió en la infraestructura material de la economía prehispánica. El algodón no se producía en el altiplano frío: llegaba del piedemonte llanero, de los términos de Vélez, de las tierras de panches y muzos, de las partes bajas y templadas de los valles de los ríos Garagoa y Negro. Algunas comunidades de tierra fría —los indígenas de Subachoque, por ejemplo— aseguraban su acceso al algodón controlando parcelas en tierra templada, con excedentes suficientes para el intercambio. Pero buena parte del algodón consumido por los muiscas llegaba por el comercio.

Sobre esa materia prima importada se levantó una industria textil que llegó a producir el bien más cercano a un equivalente general del valor que conoció la economía muisca. Las mantas de algodón eran aceptadas en intercambio por multitud de productos —maíz, papas, fríjoles, curíes, carne y pellejos de venado, entre otros bienes que circulaban por los mercados sutagaos de Pasca y Fusagasugá— y funcionaban como patrón de medida. Su homogeneidad, sin embargo, era imperfecta: las mantas chingas incorporaban menos trabajo que otras variedades, y esa desigualdad interna limitaba su convertibilidad plena. Ni el oro ni la sal alcanzaron esa función general de cambio: en las regiones donde uno u otro se producía en abundancia, difícilmente serían aceptados como medida.

El circuito de intercambio conectaba ecosistemas y hacía posible la especialización. Los muiscas cambiaban textiles de algodón y sal por oro y conchas de mar con las comunidades de la hoya del Magdalena. Los indios de Betoma, en la Sierra Nevada, vendían mantas a los de la provincia de Carbón; los de Pocigüeica cambiaban oro y mantas por sal y pescado con grupos de la costa. Los quimbayas cultivaban algodón tanto para su propia industria de hilado y tejido como para el comercio, y sobresalieron en la confección de mantas. En las cuevas secas del altiplano muisca se han encontrado grandes piezas de tela de algodón decoradas con diseños, y en las tumbas de pozo aparecen volantes de huso de piedra: la evidencia material del oficio acompaña al muerto, como la orfebrería y la cerámica.

La sal completaba el sistema. Las salinas de Zipaquirá y Nemocón otorgaron al Zipa una especie de monopolio sobre este recurso estratégico, cuya circulación alcanzaba la región de Neiva y remontaba y descendía las cuencas del río Magdalena. En un territorio donde el Zipa carecía de oro —que llegaba de Neiva y otros puntos del Magdalena— y de esmeraldas —que provenían de las minas de Somondoco, en dominios del Zaque—, la sal fue el principal bien de exportación cacical. Sobre este eje se articuló una parte considerable de la economía suprarregional: el altiplano exportaba sal y mantas, importaba oro, algodón, esmeraldas, conchas y coca. Cada uno de esos flujos descansaba en el trabajo de especialistas: salineros de Zipaquirá, alfareros de Gachancipá y Tocancipá que producían los recipientes de cocción, tejedoras del piedemonte y del altiplano, mineros de Somondoco, orfebres de Guatavita.

Guatavita ejemplifica mejor que ningún otro cacicazgo la lógica reticular del sistema. Su especialización orfebre era famosa, pero el cacicazgo no producía en su propio territorio ni el oro ni la cera necesarios para la fundición: dependía por completo de una red de intercambios que hiciera llegar esas materias primas hasta sus talleres. Sin la red suprarregional, la especialización de Guatavita habría sido imposible. La institución artesanal, aquí, no puede pensarse al margen de la institución comercial.

Piedra, concha y la cadena operativa

Junto a la orfebrería, la cerámica y los textiles, otros oficios completaban el mapa de la especialización. La piedra siguió siendo, hasta el final del período prehispánico, materia de trabajo especializado. En territorio muisca se tallaron matrices líticas para orfebrería —relieves con ranas, aves, mascarillas y elementos geométricos, algunos con proporciones cuidadas y acabados finos— que evidencian un oficio auxiliar del trabajo en metal: los orfebres no fundían sin la colaboración de talladores de matrices. Otros objetos líticos muiscas —pendientes, tallas diversas— muestran incisiones rellenas con pigmento mineral blanco para resaltar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra: una técnica menor pero exigente, propia de manos entrenadas.

Los Tairona llevaron el trabajo de la piedra a la escala arquitectónica. Extraían y labraban grandes bloques para obras públicas —terrazas, muros, caminos empedrados que aún hoy pueden recorrerse en Teyuna, la Ciudad Perdida— y producían al mismo tiempo objetos rituales y utilitarios de menor tamaño: bastones ceremoniales, máscaras, hachas rituales o utilitarias, cinceles, morteros, cuentas de collar, pendientes, placas colgantes. A ciertos objetos tairona de piedra se les ha atribuido un carácter ritual especial. Este doble registro —lo monumental y lo íntimo— confirma la existencia de un cuerpo de canteros y talladores capaces de trabajar tanto para la ciudad como para el altar.

El trabajo en concha marina en el área Caribe-tairona ilustra otra faceta de la especialización: la cadena operativa larga. Elaborar un pectoral o un tocado de concha exigía buceo para obtener la materia prima, transporte tierra adentro, desbastado, talla, corte, pulimento, perforación, calado y pigmentación. Cada etapa suponía un saber específico. La producción de estos objetos no podía descansar en un solo individuo: implicaba la coordinación de buzos, transportistas y talladores expertos, todos participando de una división del trabajo cuyos detalles finos aún se investigan.

En el trabajo lítico utilitario, más humilde y menos vistoso, la especialización pudo ser menor, pero grupos indígenas del área andina empleaban hachas de piedra y hachuelas de piedra o hueso como herramientas agrícolas para el deshierbe y la roza. La producción de estos instrumentos, si bien menos concentrada que la orfebrería o la escultura monumental, formaba parte del universo material del especialista.

Tradiciones comparadas

La comparación entre las grandes tradiciones artesanales del actual territorio colombiano revela que la especialización no fue una institución uniforme sino un conjunto de configuraciones regionales, cada una con su lógica propia.

La cultura Calima, desde el período Ilama, articuló una sociedad ya estratificada con división del trabajo, comercio en el río Cauca y una producción combinada de cerámica fina y ordinaria, oro martillado y piedra tallada. La cultura Quimbaya desarrolló una especialización múltiple —orfebrería, alfarería, tejidos de mantas, trabajo lapidario con espejos de obsidiana y collares de cuarzo labrado— y una economía con navegación fluvial. El llamado Tesoro Quimbaya, colección de 122 piezas procedentes de dos sepulturas en La Soledad, jurisdicción del municipio de Finlandia, se conserva hoy en el Museo de las Américas en Madrid: testimonio material de una tradición orfebre cuya complejidad técnica implicó talleres bien organizados con materiales, herramientas y saberes acumulados.

La cultura Tairona combinó orfebrería en cobre dorado y tumbaga, cerámica clásica de época protohistórica —con una datación de carbono en 1385 d.C. y la fase de contacto europeo aproximadamente en el siglo XVI—, arquitectura lítica monumental y una densa red interna de mercados unidos por caminos empedrados. Entre los poblados de la Sierra circulaban productos agrícolas, sal, pescado, oro, mantas de algodón, adornos de plumas y objetos tallados en piedra. Los taironas contaban con artesanos especializados, organizados de manera independiente o familiar, que trabajaron simultáneamente la cerámica, la escultura arquitectónica y la orfebrería en aleaciones de oro y cobre.

Los Zenúes de las tres provincias del San Jorge y el Sinú —Fincenú, Pancenú y Cenúfana— desarrollaron una orfebrería reconocible por las orejeras de falsa filigrana y una iconografía zoomorfa simplificada, dentro de un universo en el que el oro no era moneda sino sustancia numinosa. Los cacicazgos sinuanos presentaban una cultura relativamente homogénea, con especialistas orfebres que, según Fernández de Enciso, mezclaban el oro con plata para ciertas aleaciones.

Los Muiscas, finalmente, presentan un caso singular: la tradición orfebre técnicamente menos elaborada entre los grandes cacicazgos y, sin embargo, la más densamente cargada de sentido religioso, con miles de tunjos y ofrendas votivas individualizadas depositadas en santuarios distribuidos por todo el territorio. Su especialización artesanal se articulaba con el monopolio zipano sobre la sal, con la producción textil, con la red interregional que traía algodón, oro y cera, y con un cementerio como el de Tibanica en el que las diferencias entre entierros no reflejan élites de parentesco con acceso privilegiado a la orfebrería, sino que se vinculan más bien al oficio del difunto —a su vez asociado al sexo—, mientras la gran mayoría de los enterramientos carece por completo de ajuar. Aquí la especialización artesanal marca al individuo antes que al linaje.

En la iconografía orfebre de varias regiones colombianas se observa un cambio temporal: las formas más tempranas incluyen motivos vinculados a plantas y figuras femeninas; las tardías se concentran en humanos y animales. En la colección tardía muisca del Museo del Oro, las figuras antropomorfas constituyen aproximadamente la mitad del conjunto, con predominio masculino. La transformación iconográfica sugiere transformaciones sociales paralelas.

La huella: qué dejó la especialización prehispánica

La especialización artesanal prehispánica no fue destruida por la Conquista, pero sí fue reorientada, saqueada y en gran medida silenciada. Los ajuares funerarios que hoy pueblan las salas del Museo del Oro de Bogotá y del Museo de las Américas de Madrid fueron arrancados en su casi totalidad de sepulturas violadas, y con ellos se perdieron los contextos que habrían permitido reconstruir en detalle el funcionamiento de los talleres, la organización de los oficios y las relaciones entre orfebres, caciques y santuarios. La sal de Zipaquirá se transformó, ya en el período colonial, en monopolio estatal, junto con el tabaco, cortando el cordón umbilical que la unía con los cacicazgos. Las alfarerías de Tocancipá y Gachancipá quedaron reducidas a producción campesina. La orfebrería de tumbaga desapareció como sistema, aunque sobrevivió como leyenda —la de El Dorado que se organizó en torno a la laguna de Guatavita— y como codicia. Ráquira, en Boyacá, siguió produciendo cerámica hasta hoy, y su organización espacial alfarera es uno de los pocos hilos vivos que permiten leer, en clave etnográfica, cómo pudo estructurarse un pueblo de oficio.

Las rupturas, sin embargo, no borraron el edificio anterior; solo desmontaron sus piezas. Cada institución artesanal prehispánica estaba imbricada con las demás, y su desarticulación colonial procedió por planos superpuestos. El monopolio salino pasó del Zipa a la Corona, pero los recipientes cerámicos que hacían posible la cocción dejaron de circular con la misma densidad, y los alfares perdieron su función articuladora en el sistema regional. La orfebrería votiva desapareció no porque se olvidara la técnica —los cronistas todavía describían el proceso en el siglo XVI—, sino porque desaparecieron los santuarios que la demandaban, las redes de intercambio que traían el oro y la cera al altiplano, y las jerarquías cacicales que ordenaban el uso ritual de las piezas. La industria textil siguió existiendo bajo la forma del tributo colonial en mantas, pero perdió su función de patrón de valor y quedó reducida a mercancía fiscal. Cada oficio, para sobrevivir en el nuevo régimen, tuvo que despojarse de aquello que lo hacía institución: su engarce con el santuario, con el mercado suprarregional, con el linaje cacical, con la ofrenda.

Lo que queda, sin embargo, es una lección histórica sustantiva. Las sociedades cacicales del actual territorio colombiano fueron sociedades técnicamente complejas y socialmente diferenciadas. Sus orfebres, ceramistas, tejedoras, escultores y salineros no eran anexos pintorescos de un mundo agrícola indistinto: eran los productores de las condiciones materiales sobre las que se sostenían los cacicazgos, las jerarquías, los rituales y las redes de intercambio que unían la Sierra Nevada con el altiplano y el Cauca con el Magdalena. La especialización artesanal fue institución antes que ornamento, sistema antes que suma de habilidades individuales.

La documentación acumulada permite además reconstruir escalas y flujos que ninguna categoría de "artesanía indígena" alcanza a nombrar. Un hilo de cera de menos de un milímetro trabajado en una diadema muisca de hace seiscientos años supuso un aprendizaje de años, un taller estable, una demanda ritual sostenida y una cadena de abastecimiento que conectaba las colmenas de tierra caliente con los fogones de fundición del altiplano. Las cuatrocientas estatuas de San Agustín supusieron equipos de canteros, iconógrafos y transportistas trabajando durante generaciones sobre quinientos kilómetros cuadrados. Los caminos empedrados de Teyuna supusieron un cuerpo de constructores capaces de proyectar y ejecutar obra pública en pendiente. La sal de Zipaquirá supuso salineros, alfareros y comerciantes coordinados a través de mercados que llegaban hasta el Magdalena medio. Cada uno de esos hechos materiales es la huella de una institución, y cada institución es la huella de una sociedad que sostuvo, durante milenios, oficios diferenciados y redes de intercambio. La especialización artesanal es una de las columnas mejor documentadas de ese edificio, y una de las puertas más claras para entrar en un pasado que precedió por milenios al país actual y cuyas huellas todavía habitan su suelo.

04

En el archivo

4 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Cacicazgo — estructura política que demandó y reprodujo la especialización artesanal como mecanismo de jerarquía y prestigio
  2. 02Orfebrería en cera perdida — expresión técnica más aguda de la especialización, con talleres identificables por toberas cerámicas en sitios como El Muelle (Sopó)
  3. 03Tumbaga — aleación de oro y cobre cuya tecnología de dorado superficial evidencia sofisticación metalúrgica especializada en la zona Colombia-Ecuador
  4. 04Intercambio suprarregional — red que articulaba orfebres, ceramistas, tejedores y salineros de distintos cacicazgos, haciendo circular mantas, sal, oro y cerámica entre la costa, el altiplano y la selva
  5. 05Ajuar funerario diferencial — indicador arqueológico primario de la existencia de especialistas y de la estratificación social asociada a su producción
  6. 06Altiplano Cundiboyacense — territorio donde convergieron especialización cerámica, salinera y textil muisca con mercados documentados en Zipaquirá, Santa Fe y Nemocón
  7. 07Sierra Nevada de Santa Marta — región donde la cerámica tairona especializada alcanzó circulación hasta la isla Salamanca y estableció conexiones iconográficas con la cuenca del lago Maracaibo
06

Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 57 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 32, 35, 38, 42 y 2 más6 citas
[1]

lograron máxima habilidad y amplia ex- periencia en la técnica de la fundición por el siste- ma de la cera perdida, de uso universal y de anti- quísimo conocimiento, practicado con diferentes variantes y siempre con suprema maestría. El método de la cera perdida tomaba como base un núcleo de arcilla mezclada con…

p. 45
[8]

fundamentales utilizadas por es- tos orfebres fueron el laminado y la fundición a 22 Cuchillo ceremonial con decoración geométrica, antropomorfa y zoomor- fa (felina), perteneciente a la orfebrería Tayrona. Ésta se abastecía del oro de los ríos Don Diego, Buritaca y Guachica. la cera perdida, los cuales se…

p. 48
[11]

con ellos, se deduce que durante este período había una población relativamente nu- merosa, que practicaba enterra- mientos primarios aislados y en ce- menterios (4, 10, 25 o más tumbas de pozo con cámara lateral) en las laderas de las lomas, generalmente sobre pequeños aplanamientos na- turales o artificiales. Del…

p. 32
[21]

con la de grupos vecinos; su cerámica ha sido comparada con la del complejo La Mesa, del extremo sur de la sierra, y a través de éste con algunos aspectos del segundo hori- zonte pintado guajiro, las tradiciones tardías de la cuenca del lago Maracaibo y el horizonte de urnas cefalomorfas de la cuenca del valle del…

p. 42
[22]

nadas con orlas punteadas en pastillaje o con inci- siones; también se fabricaron torteros o volantes hechos de arcilla con decorado geométrico a base de barras lineales y punteadas. Todos estos utensilios, después de servir en los quehaceres domésticos formaban parte del ajuar AA AAA Colombia precolombina funerario,…

p. 35
[35]

similares a los que se observan en los torteros y volantes. Ade- más de los tejidos, desarrollaron la industria de las cortezas vegetales, que a manera de telas les servían de vestuario; éstas también fueron pintadas como los tejidos de algodón, que culti- varon tanto para la industria del hilado y tejido como para el…

p. 38
02Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 316, 322, 388, 4144 citas
[2]

como ilustra este caso, pudieron ser considerados como entes animados, y sin duda es probable que ese aspecto fuera importante en las negociaciones de poder, pero el caso es que ese poder no se basaba en el valor mismo del metal, ni siquiera en su apariencia dorada. Hay otro ejemplo bastante interesante: el desarrollo…

p. 414
[18]

En los objetos de orfebrería también se destacan las representaciones de mujeres, las que están más adornadas que las de hombres. Figura Sinú. Fondo de Promoción de la Cultura. Foto Roberto García. El caso muisca podría ser otro ejemplo interesante de cambios en la forma como se representaron los sexos. Siempre que…

p. 322
[24]

se encuentran en sitios domésticos y más raramente en contextos mortuorios. Como en otras partes del mundo, las figuras femeninas se fueron haciendo cada vez menos populares con el paso del tiempo, aunque es evidente que algunas mujeres tuvieron entierros que sugieren un papel importante en ciertas actividades…

p. 316
[50]

indican distinciones muy marcadas. No hay en ninguna parte unos entierros que revelen la existencia de personajes especiales que fueran enterrados con objetos singulares a través de los cuales se quisiera marcar distancias respecto a otros individuos. De hecho, las diferencias que se pueden encontrar sugieren ante…

p. 388
03Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 199, 208, 2926 citas
[3]

oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…

p. 199
[4]

oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…

p. 199
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Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…

p. 208
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Imagen 3, en el SEM en el que se revela una estructura metálica con dendritas de gran tamaño producto de un enfriamiento lento del metal líquido dentro del molde (O33297. Colección Museo del Oro, Banco de la República). Fuente: Marcos Martinón-Torres. En cambio, sí tenemos evidencias de un instrumento esencial para…

p. 208
[25]

altiplanicies de Cundinamarca y Boyacá”, Revista Colombiana de Antropología, vol. XVI, pp. 223-248. Castellanos, D. (2004). Cultura material y organización espacial de la producción cerámica en Ráquira. Un modelo etnoarqueológico, Bogotá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República.…

p. 292
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altiplanicies de Cundinamarca y Boyacá”, Revista Colombiana de Antropología, vol. XVI, pp. 223-248. Castellanos, D. (2004). Cultura material y organización espacial de la producción cerámica en Ráquira. Un modelo etnoarqueológico, Bogotá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República.…

p. 292
04La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 831 cita
[7]

entre Colombia y el Ecuador, que la proporción de oro en ciertas piezas es mayor en la superficie y más baja hacia el centro interior del objeto, lo que revela que se usó una base de cobre sobre la cual se fundió una mezcla de cobre y oro, con martillado posterior o final. Los autores franceses (9) agregan que métodos…

p. 83
05Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 84, 93, 100, 1354 citas
[9]

artículos cuya circulación está íntimamente ligada porque su fuente natural es la misma. En territorio muisca la cera fue aprovechada como materia prima en la elaboración de figuras de oro mediante la técnica de la "cera perdida" (cf. Falchetti y Plazas /1978/ 1983: 32-33), aunque algunos hallazgos arqueológicos…

p. 100
[19]

los miembros del cacicazgo de Cogua conocían y explotaban las fuentes de barro. En el documento, se lee que los indios iban, "...al sitio antiguo donde estaba para traer el barro... aunque están poblados en Nemocón vienen desde allí por el barro y la arena p.a hacer ollas" (A.N.C. C+I XX f 726r, en Broadbent, 1964a:…

p. 93
[27]

que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…

p. 135
[29]

"de algodón el cual van a buscar a Chita", en dominios laches (/1602/ A.N.C. Vis. Boy. XVII f 776r). En contraste con la información antes expuesta, parece que los intercambios de algodón y mantas al extremo sur del territorio muisca no fueron muy comunes (mapa 6) aunque se sabe que los sutagaos entraban a los…

p. 84
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 741 cita
[10]

suntuosos de jefes y sacerdotes, verdaderos tesoros de orfebrer í a y de piedras finas, nos indican que en estas regiopes __ privilegiadas para la agricultura, se desarrollaron peque ñ os, se ñ or í os con una estructura social jer á r quica, una clase sacerdotal influyente y un alto desarrollo tecno l ó gico y est é…

p. 74
07Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 294, 325, 3494 citas
[12]

rasgo cultural que más se conoce son los entie- rros. El principal tipo consiste en un pozo vertical con una o varias cámaras laterales en el fondo, pero también hay entierros en tumbas rectangulares revestidas de lajas, o en simples pozos más bien superficiales. Hay entierros primarios y secundarios, individuales y…

p. 294
[13]

adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…

p. 262
[14]

que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…

p. 349
[57]

tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…

p. 325
08Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 162, 1982 citas
[15]

tener varios chuques, peto 1e también podía tener varios santeros, es decir personas cían sus ofrendas de oro. No obstante, la misma fuente deja cada capitán podía tener uno o dos”. bón no era un sitio único sino uno donde las autoridades >quisieron dar ejemplo, a sabiendas de que en muchos otros cedía lo mismo. En…

p. 162
[20]

de los sectores del sitio, llamado La Esmeralda, tra la mayor cantidad de cerámica decorada. En especial una dencial (LH-6) tiene más cerámica decorada, con motivos Os y más finamente ejecutada que la del resto del sitio, algunas de las unidades residenciales del mismo sector de La tienen muy poca cerámica decorada.…

p. 198
09Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
[16]

de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…

p. 286
10La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[17]

son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…

p. 51
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 35, 502 citas
[23]

tiempo; por un lado, deben consumirse lo más pronto después de haberse sacado de la tierra, y, por otro lado, se dañan si se dejan enterradas por demasiado tiempo. El horticultor de raíces y el pescador de las lagunas no pueden fácil- mente acumular un excedente de alimentos y almacenar éstos para su consumo futuro.…

p. 35
[55]

complejo. Contactos culturales Las investigaciones arqueológicas aún no permiten reconstruir los orígenes de la Cultura Tairona, y sólo se pueden hacer breves sugeren- cias acerca de algunas fases de su desarrollo. La fase protohistórica a histórica la conocemos a través de varios sitios de contacto, es decir, de…

p. 50
12Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 23, 372 citas
[28]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
[30]

ciertas regiones y con un valor suficien tem ente alto para justificar los costos del transporte. Los m uiscas, por ejemplo, intercam biaban textiles de algodón y sal (escasa en casi todas las dem ás regio nes) por oro y conchas de m ar, con las com unidades de la hoya del M agdalena. Del m ism o m odo, los indígenas…

p. 23
13Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[31]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
[33]

un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
14Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 137, 149, 154, 1594 citas
[32]

y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
[34]

varios tamaños y longitud, sostenidas generalmente por muros de contención de piedra. En contraste con esto, en las proximi- dades de Santa Marta empleaban zanjas y acequias profundas para irrigar los cultivos durante las épo- cas de sequía y también para conducir agua a lu- gares donde ésta escaseaba. Por las…

p. 154
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por el carbono'* los sitúa en el año 1385 d. C. En la metalurgia tairona, los objetos son varia- dos en cuanto a la forma y a las técnicas empleadas en su elaboración. Existen figuritas fantásticas que llevan grandes atavíos de plumas y máscaras de fe- linos; hay aves y reptiles, discos repujados, casca- beles,…

p. 159
[48]

en la base de la estruc- tura social, estarían los especialistas de oficio, tales como agricultores, artesanos y mercaderes. Patrón de poblamiento La población indígena parece haber sido muy densa. En las fuentes históricas se mencionan cen- tenares de pueblos, localizados tanto en la «tierra» (como llamaban los…

p. 149
15Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
[36]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
16Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1231 cita
[37]

tener sus hijos) 26,43 Tasa bruta de mortalidad (# de defunciones por cada 1.000 habitantes) 6,18 Tasa global de fecundidad (# promedio de hijos por mujer durante su vida 27 reproductiva) Tasa general de fecundidad (# de nacidos vivos por cada 1.000 mujeres en edad 86.00 reproductiva) 4 Esperanza de vida en hombres…

p. 123
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 1322 citas
[38]

en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

p. 129
[51]

activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…

p. 132
18Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[39]

Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…

p. 352
19Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 831 cita
[41]

la tierra de aluvión (Chardon, 1930, p. 127). • En el marco de este ámbito natural del valle geográfico del río Cauca se produjeron los primeros asentamientos de grupos humanos, que dejaron una huella de menor impacto sobre el ecosistema. La investigación arqueológica (C. Rodríguez, 2002) ha logrado determinar tres…

p. 83
20Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 352 citas
[42]

de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…

p. 35
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de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…

p. 35
21Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 3211 cita
[44]

transporte a un taller, el desbastado, la talla y corte, el pulimento, la perforación y el calado que le dieron forma y valor, así como la pigmentación que probablemente matizó la apariencia. Esto devela la agencia de buzos, por una parte, y de expertos talladores, por otra. ¿Cuáles fueron las relaciones entre…

p. 321
22Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 37, 402 citas
[45]

oro o la sal. Todo lo anterior hace pensar que por lo menos los artesanos dedicados a la producción de objetos para intercambio se habían especializado en sus oficios, aunque el resto de la población continuara dedicada a la producción de alimentos y de artesanías para consumo propio, y cuando era necesario, a la…

p. 40
[46]

riego, lo que indica la presión de una densa población; la existencia de especialistas orfebres —que mezclaban, según Fernández de Enciso, el oro con plata—, la presencia de especialización regional y de un activo comercio sugieren un desarrollo económico notable. El más importante especialista, Gordon, sostiene con…

p. 37
23Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1701 cita
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y grados de desarro - llo. Los Guajiros, de lengua Arawak, nómadas y por ello con escasa agricultura. Más abajo se encontraban los Indios del Valle de Uupar que desaparecieron definitivamente y de cuya cultura se carece de datos. El grupo de los Indios Taironas, Melo los describe como el pueblo de más alto desarrollo…

p. 170
24Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 50, 59, 743 citas
[49]

los cuales se quiere fijar cada una de estas obras con materiales que permitan su con- servación, tiene mucho que ver con el hecho de que finalmente estas piezas fueran depositadas como ofrendas funerarias, que, como se sabe, habían de ser de un material incorruptible. El procedimiento que se ha descrito puede dar una…

p. 59
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se ha dicho, un maravilloso ajuar funerario, verdadero tesoro de obras de arte, que durante siglos permaneció oculto como compañía de ultratumba de estos descono- cidos señores quimbayas. La existencia de tantas piezas de oro es un fiel testimonio del suntuoso y refinado sentido de los bienes materiales que tenían los…

p. 50
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Tras la fundación de Santa Marta, en el año 1525, se empezaron a descubrir en sus alrededores y en las estribaciones del inmenso ma- cizo montañoso de Sierra Nevada, gran cantidad de enterramientos indígenas que contenían ricas ofrendas funerarias en objetos de oro, piedras finas, conchas, hueso y cerámica. Algunos…

p. 74
25Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 44, 482 citas
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1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…

p. 44
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embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…

p. 48