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Una historia del territorio

Cordillera Oriental

La Cordillera Oriental no es solo el ramal andino más voluminoso de Colombia: es el accidente geográfico que más profundamente determinó dónde se concentró el poder y dónde quedaron sus márgenes.

20 min de lectura55 fuentes

La Cordillera Oriental es el ramal andino más largo y más ancho de los tres que atraviesan Colombia, y también el que decidió, más que ningún otro accidente del relieve, dónde se asentaría el poder en el país. En sus altiplanos —el cundiboyacense, el de Pamplona, el de Sogamoso— se concentraron primero los muiscas, después la administración colonial y, finalmente, la capital republicana. Pero la misma altura que hizo posible el poder produjo sus periferias: las vertientes que caen hacia el Magdalena, el piedemonte que se abre a los Llanos y el Catatumbo que mira a Venezuela quedaron durante siglos como fronteras abiertas, tierras en las que el Estado llegó tarde, incompleto y muchas veces armado. Entender la Cordillera Oriental es entender cómo la geografía colombiana produjo simultáneamente un centro y sus márgenes.

Un macizo que decidió dónde estaba el centro

Los tres ramales andinos compartimentan el territorio en regiones irreductibles, y la Oriental, con sus páramos elevados en Cundinamarca, Boyacá y Santander, ha sido siempre el eje de gobierno y cultura de chibchas, españoles y colombianos. La Occidental, la más baja, separa el valle del Cauca del Pacífico y el Chocó; la Central corre entre los valles del Cauca y del Magdalena; la Oriental, la más voluminosa, extiende su influencia hacia dos vertientes contrarias: la que baja al valle del Magdalena y la que desciende, larguísima, hacia los Llanos y el Orinoco.

De esa doble caída se desprende buena parte de la historia colombiana. En la meseta —lo suficientemente alta para ser fría y sana, lo suficientemente fértil para sostener población densa— cabían agricultores, ciudades y burocracias. En las vertientes, el descenso a las tierras cálidas fue durante siglos una frontera de colonización, enfermedad, oro y disputas de tierra. La cordillera funcionó así como columna vertebral y como muro: articuló el altiplano hacia sí mismo y lo separó, al mismo tiempo, del país cálido que quedaba a sus pies.

Los cimientos geológicos

La formación del cinturón andino colombiano dejó huellas tectónicas que todavía definen cómo se organizan las cordilleras. Durante el Cretácico se estableció el sistema de fallas de Romeral en el flanco oriental de la Cordillera Central, extendiéndose desde Esmeraldas, en el actual Ecuador, hasta la región del Carmen de Bolívar en la costa atlántica colombiana. Del otro lado de la Central, y de manera aparentemente contemporánea, se dispuso en paralelo el sistema de fallas de Palestina. Entre esas grandes suturas se levantó, con el tiempo, la Cordillera Oriental, un bloque más ancho y de páramos más altos que sus dos hermanas.

El resultado morfológico es inconfundible: una cadena que en sus tramos más elevados —la Sierra Nevada del Cocuy, el nudo de Santurbán, el páramo de Sumapaz— supera holgadamente los 4.000 metros y sostiene extensiones de páramo únicas en el mundo. Esos páramos no son solo un rasgo escénico: son la fuente hidrográfica del centro del país. En ellos nacen los ríos que descienden hacia los altiplanos y los valles, y que confluyen finalmente en el Magdalena, la columna fluvial del territorio colombiano. La cordillera manda el agua hacia abajo y con ella la posibilidad misma de habitar las tierras bajas.

Los páramos: el archivo vivo

Los páramos de la Cordillera Oriental son los más ricos en géneros endémicos de plantas de todos los páramos andinos, y esa riqueza tiene una causa histórica precisa: grandes áreas de alta montaña permanecieron aisladas entre sí durante largos periodos, manteniendo condiciones más o menos estables que permitieron la especiación en pequeñas islas ecológicas. El páramo de Sumapaz, el más extenso del mundo, ilustra esa lógica: se conocen allí unas 32 especies de frailejón, de las cuales alrededor de diecisiete podrían ser endémicas, entre ellas Espeletia sumapensis.

La estructura ecológica del páramo es también una infraestructura hidráulica. Los colchones de musgo —pantanos de Sphagnum, que en el Sumapaz reciben el nombre local de pantanos andabobos— actúan como esponjas que almacenan y regulan el agua, alimentando lentamente los cauces que descienden hacia el altiplano y hacia las vertientes. La fauna acompaña esa lógica de refugio: conejos silvestres, venados de cola blanca, guaches, curíes, pumas y osos de anteojos habitan el Sumapaz, junto con reptiles endémicos como el lagarto collarejo, camaleones y lagartijas cuya biogeografía todavía se está descifrando.

Hacia el oriente, la cordillera no termina en un borde limpio. La Orinoquia extiende un laberinto de corredores biológicos entre las últimas estribaciones andinas y la frontera con Venezuela, donde se alternan páramo, piedemonte, sabanas, llanuras y morichales como los de Casanare y Meta. Esa transición ecológica —de la roca fría al llano caliente— es también, como se verá, una transición histórica y política.

El poblamiento muisca y la sociedad de los altiplanos

Antes de la Conquista, la Cordillera Oriental sostenía la sociedad indígena más avanzada del territorio que hoy es Colombia. Los muiscas ocupaban el altiplano cundiboyacense con comunidades agrícolas densamente pobladas y una organización sociopolítica encabezada por dos grandes señores: el Zipa, con centro en el sur, y el Zaque, con asiento en Tunja. A su alrededor, otros pueblos chibchas ocupaban tramos vecinos de la cordillera: los guanes hacia Santander, los chitareros hacia Pamplona, y otros grupos en torno a Vélez.

La densidad y estabilidad muiscas no bastaron para producir un imperio. A diferencia de aztecas o incas, los muiscas no dominaban el conjunto del territorio que hoy es Colombia ni directamente ni mediante coaliciones; ejercían un poder concentrado en los altiplanos, con influencia hacia sus laderas. Pero desde ese núcleo tejieron redes de intercambio de larga distancia que anticiparon, en cierto modo, las rutas comerciales de la Colonia y la República. La sal —producida en las minas del altiplano— llegaba al sur hasta la región de Neiva y al norte hasta los alrededores de Barrancabermeja; hay indicios de que hacia el oriente pudo penetrar hasta unos 800 kilómetros. Las mantas de algodón, tejidas por las mujeres muiscas, funcionaron como el bien más generalizado de intercambio, un patrón aproximado de medida de valor —aunque no un verdadero patrón monetario homogéneo—; el oro y la sal circularon ampliamente sin llegar a cumplir esa función.

Ese comercio nos dice algo importante sobre la cordillera prehispánica: no era una barrera, era un articulador. Desde los altiplanos, los muiscas irradiaban productos hacia el Magdalena, hacia los Llanos y hacia el sur, aprovechando —como todavía lo hacen algunos pueblos como los kogi, u'wa y barí— la explotación escalonada de distintos pisos térmicos. La montaña, para quienes vivían en ella, no era muro sino escalera.

La irrupción española y la fundación del Nuevo Reino

El 6 de abril de 1536, Gonzalo Jiménez de Quesada salió de Santa Marta con 705 hombres rumbo a las cabeceras del río Magdalena. La expedición fue devastadora: al llegar a la Sabana de Bogotá quedaban 166. La reducción ocurrió por etapas —enfermos devueltos desde el Carare, bajas por fiebre, extravíos en las serranías del Opón—, y esa merma anticipa una constante del país que apenas empezaba: subir a la cordillera cuesta vidas.

Quesada fundó Santafé el 6 de agosto de 1538, eligiendo probablemente el lugar de esparcimiento del Zipa —Teusaquillo— y bautizándola así por semejanza con la villa de Santa Fe fundada por los Reyes Católicos cerca de Granada. La elección del emplazamiento obedecía a un patrón: las instrucciones reales exigían sitios protegidos, fértiles, con agua, leña, pastos y cercanos a fuentes de trabajo indígena, con lotes rectangulares, plaza bien delineada e iglesia claramente localizada. Sebastián de Belalcázar, que había aplicado esas mismas disposiciones en Quito, Cali y Popayán, participó también en la temprana estructuración del reino. Entre 1537 y 1550 se fundaron veinte ciudades en el Nuevo Reino de Granada, de las cuales solo dos fueron abandonadas después; entre 1550 y 1560 se sumaron once más, impulsadas por la Audiencia para el desarrollo minero.

La cordillera fijó el mapa colonial. En sus altiplanos y valles interiores se concentró la mayor parte de la población española y encomendada: Tunja, Vélez, Pamplona, la propia Santafé. Antón de Olalla, soldado de la hueste de Quesada, recibió una encomienda como premio a sus servicios y amasó una pronta fortuna que le permitió fundar una importante hacienda: la encomienda fue, aquí como en el resto de la América hispana, el mecanismo con que se transfirió población indígena y tierra a los conquistadores. Las órdenes religiosas —dominicos, franciscanos, jesuitas y agustinos— tuvieron una actividad intensa en la cordillera Oriental dedicada a convertir a los muiscas, levantando iglesias y monasterios; los jesuitas, además, organizaron grandes haciendas que anticiparon el patrón agrario del altiplano por los siglos siguientes.

Fuera de ese eje, la ocupación fue rala. El Magdalena Medio permaneció poco menos que deshabitado; las vertientes del Pacífico y el Chocó, con sus enfermedades endémicas, atrajeron pobladores españoles solo cuando el oro compensaba el riesgo. La cordillera Oriental, en contraste, se consolidó como núcleo demográfico e institucional del Nuevo Reino.

La cordillera como corazón demográfico

Ese primado se prolongó por siglos. Hacia finales del XVIII, los Santanderes, Boyacá y Cundinamarca concentraban cerca del 53% de la población total del país; en 1870, la mitad de los colombianos seguía viviendo en el oriente andino. La cordillera Oriental era, literalmente, donde estaba Colombia.

Dentro de ese oriente, sin embargo, las economías se diferenciaban. En Cundinamarca y Boyacá predominaron a lo largo del siglo XIX las haciendas agrícolas y ganaderas que emplearon abundante mano de obra indígena bajo relaciones principalmente serviles: un mundo rural jerárquico, heredero directo de la estructura colonial. En Santander, en cambio, prevalecieron los cultivadores de tabaco y café, y también las artesanas tejedoras y sombrereras que dieron a la región una fisonomía distinta —más pequeña propiedad, más comercio, menos peonaje—. Para la segunda mitad del siglo, Santander seguía siendo fundamentalmente rural, con pocos asentamientos urbanos que funcionaban sobre todo como centros de residencia de propietarios, artesanos y comerciantes.

Pero la primacía relativa del oriente empezó a erosionarse. A lo largo del siglo XIX, la Cordillera Oriental fue perdiendo peso demográfico frente al occidente —Antioquia, el antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nariño—, en una tendencia que ya se insinuaba desde finales del XVIII. El crecimiento diferencial obedeció al comportamiento de la mortalidad, más favorable en las tierras occidentales. La cordillera dejó de ser, poco a poco, el único centro de gravedad del país.

El acceso al Magdalena y el descenso a las vertientes

Si el altiplano fue el núcleo, los caminos que descendían hacia el Magdalena fueron las arterias. Varios núcleos andinos de la Cordillera Oriental impulsaron desde antiguo trayectos hacia el gran río: el camino del Carare, desde Vélez; el de Barrancabermeja, desde el Socorro; el de Puerto Nacional, desde Ocaña; y el camino de Honda–Guaduas, desde Bogotá. En el altiplano existía desde el siglo XVIII un intenso tráfico comercial interregional entre tierras templadas y mesetas, con tendencia al crecimiento desde antes de mediados del XIX.

Ese descenso desde las altiplanicies hacia las vertientes y valles interiores constituyó el segundo momento geográfico del desarrollo histórico de la economía colombiana, precedido por la ocupación de mesetas y altiplanos. El movimiento fue colonizador antes que estatal: campesinos que bajaban a las tierras subtropicales, abriendo fincas, tumbando monte, articulando comercio con el altiplano. Los caminos hacia el Magdalena facilitaron esa expansión, y a mediados del XIX ya existían varios trayectos consolidados que enlazaban Vélez, el Socorro, Ocaña y Bogotá con el río, eje del comercio interregional y del comercio con el exterior.

La otra vertiente, la que da a los Llanos, tuvo un ritmo distinto. Las tierras de la frontera bogotana se ubicaban al oeste, sur y suroeste de la Sabana, en las vertientes magdalenenses y, en la vertiente del Orinoco, en los llanos de San Martín y el piedemonte llanero. Hacia 1890, el Estado adjudicó baldíos entre los ríos Ariari y Caguán, en el marco de políticas que otorgaban al piedemonte el carácter de frontera abierta. Piedemonte y Llanos fueron pensados por administradores y publicistas de la época como zonas de potencial ganadero y cafetero, cuya integración al interior andino —mediante una carretera paralela a la Cordillera Oriental— se consideraba indispensable para asegurar el abastecimiento de carne y la unidad del territorio.

La expansión de esa frontera agraria combinó, sin embargo, colonización campesina y especulación de grandes concesionarios, generando tensiones entre colonos y terratenientes que habrían contribuido después a La Violencia y dado pábulo a los movimientos guerrilleros en zonas de frontera. La Cordillera Oriental produjo así, en sus flancos, una arquitectura social explosiva: campesinos sin títulos, propietarios con concesiones enormes y un Estado ausente o parcial.

El páramo de Pisba y la independencia

La cordillera fue también, en momentos decisivos, teatro militar. La campaña libertadora comenzó el 15 de junio de 1819, con la vanguardia al mando de Francisco de Paula Santander y la retaguardia dirigida por José Antonio Anzoátegui. El ejército patriota cruzó la Cordillera Oriental por el páramo de Pisba, considerado inaccesible, y sufrió allí bajas atroces por las bajas temperaturas —especialmente cruentas para soldados llaneros acostumbrados al calor de la sabana—.

Cuando las tropas descendieron al altiplano y llegaron al pueblo de Socha, lo hicieron en un estado de gran penuria física. Los habitantes de Socha, estimulados por el cura párroco, auxiliaron a los recién llegados: los vistieron, los alimentaron, les entregaron mulas. El episodio, muchas veces invocado en la memoria patria, es también una lección sobre la cordillera: sin los pueblos del altiplano, la campaña libertadora no habría podido reanudar el movimiento. Desde Socha las tropas avanzaron por Tasco y Corrales, y el 12 de julio libraron el combate del puente de Gámeza, que produjo un total de 114 heridos y 16 muertos entre los cuerpos de la división patriota.

El 25 de julio hubo una acción cerca de Paipa, en la que participó el comandante realista José María Barreiro y en la que se destacó, entre otros oficiales patriotas, Juan José Rondón: el llamado Pantano de Vargas, donde las cifras de bajas siguen siendo disputadas —Javier Ocampo López estima 500 muertos realistas y 350 patriotas, mientras otros cronistas dan cuentas distintas—. Dos semanas después, el 7 de agosto de 1819, la batalla de Boyacá se libró en torno al paso de un puente sobre el camino real a Santafé. Barreiro fue capturado por un adolescente boyacense, Pedro Pascasio Martínez. Con ese golpe, la Cordillera Oriental —el corazón mismo del virreinato— pasó a manos patriotas, y con ella la ruta a la capital.

Ancízar, Codazzi y la mirada científica

Ganada la independencia, la cordillera tuvo que ser conocida por sus propios habitantes. La Comisión Corográfica, creada en 1849 durante la administración de José Hilario López, operó entre 1850 y 1859 y constituyó el primer intento científico institucional de alcance global orientado al conocimiento del territorio nacional. Al frente estuvo Agustín Codazzi, que recorrió la Nueva Granada con una resistencia física legendaria; a Colombia y Venezuela se les deben cartas geográficas de gran valor científico elaboradas por él, y su trabajo en el país agotó su propia existencia: murió víctima de la fiebre amarilla en la población de Espíritu Santo, que en su homenaje cambió su nombre por Codazzi.

Manuel Ancízar se desempeñó como secretario de la Comisión durante tres años y produjo la obra que iba a fijar, para las generaciones siguientes, la imagen literaria de la Cordillera Oriental: Peregrinación de Alpha, publicada por entregas en el periódico El Neogranadino a partir del 11 de enero de 1850. El libro combina el inventario sistemático de recursos naturales del territorio oriental con una dimensión estética y sensorial: la relación de materias primas se vuelve descripción poética del paisaje. En Ancízar, la percepción corporal del viajero —aire delgado, olores del páramo, cambios de temperatura al descender— configura mapas emocionales y sensoriales que orientan la apreciación estética del recorrido. La cordillera se convirtió, con la Comisión, no solo en un espacio administrable sino en un objeto de escritura patriótica.

La misma Comisión, sin embargo, delimitó implícitamente los bordes del país útil. Excluyó de exploración intensiva la zona del Caquetá y los territorios que hoy corresponden a las intendencias y comisarías del Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Putumayo, Arauca y parte del Caquetá. Lo que se describía y cartografiaba, en primer lugar, era el país andino —y en particular la Cordillera Oriental y sus laderas—; el resto quedaba postergado como territorio nacional pero periférico. Ese gesto anticipa buena parte de la geografía política del siglo XX.

La cordillera como retaguardia y corredor del conflicto

Un siglo después de Ancízar, la misma columna que había servido para gobernar el país serviría para desafiarlo. En el siglo XX, la Cordillera Oriental volvió a ser teatro de guerra, pero de otra manera. Fue en el páramo de Sumapaz —zona de autodefensa comunista durante La Violencia— donde las FARC echaron sus raíces organizativas. Desde allí, y con apoyo del movimiento agrario de Yacopí, expandieron frentes hacia el occidente cundinamarqués y Boyacá durante los años sesenta. El altiplano y el páramo, que habían sido cuna del poder muisca y capital colonial, se volvieron cuna de la insurgencia campesina.

Los mismos rasgos que habían hecho de la cordillera un núcleo demográfico —altura, aislamiento relativo, redes campesinas densas— la convirtieron en corredor estratégico. Mandos militares colombianos han reconocido, después, que el páramo del Sumapaz fue un corredor de movilidad de importancia decisiva. En su VIII Conferencia, en 1993, las FARC definieron como objetivo estratégico posicionarse sobre la Cordillera Oriental y acercarse a Bogotá, direccionando el desdoblamiento de sus frentes hacia esa zona. La cordillera pasó a ser, en la doctrina insurgente, la ruta natural para presionar el centro del país.

En el extremo norte del ramal, la geografía produjo un conflicto de otra intensidad. La región del Catatumbo, sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental en Norte de Santander, en la frontera con Venezuela, fue disputada por el ELN, las FARC y los paramilitares como corredor estratégico para el narcotráfico y el cultivo de coca. La ausencia crónica de infraestructura, comunicaciones terrestres y presencia sostenida de Fuerza Pública convirtió a la zona en uno de los principales enclaves de disputa entre guerrillas y paramilitares del país, y también en una de las regiones con mayor expulsión de población durante las peores fases del conflicto. El ELN, particularmente, desarrolló sus operaciones a través del frente de guerra nororiental, que abarcaba Arauca, Norte de Santander y el Catatumbo, Santander y Cesar, atacando de manera sistemática la infraestructura petrolera y eléctrica.

La expansión paramilitar tampoco fue ajena a la cordillera, y siguió una lógica territorial menos vociferada pero más precisa que la insurgente. Entre 1997 y 2002, las AUC trazaron un arco continuo desde la frontera con Panamá hasta la frontera con Venezuela, y ese arco no fue casual: siguió el borde norte del país, apoyándose en la ladera occidental de la Cordillera Oriental y en sus estribaciones nortes, allí donde el relieve se ablanda y las carreteras escasean. Norte de Antioquia, Córdoba, Bolívar, el Magdalena Medio, el Cesar y los Santanderes fueron eslabones de una misma cadena antisubversiva; después vino Arauca. En ese corredor se encadenaron violencias muy distintas —contra la guerrilla, contra el sindicalismo, contra el campesinado, contra líderes locales—, pero todas obedecieron a la misma vocación: controlar los pliegues del terreno por donde entraban armas, coca y hombres, y donde el Estado apenas asomaba.

Buena parte de la explicación de esa persistencia está en la propia geografía. La fragmentación del relieve y la regionalización acentuada del país dificultan la integración social, económica, política y de infraestructura, y abren espacios de baja presencia institucional que los actores armados ilegales han sabido ocupar. La Cordillera Oriental, con su columna de altiplanos densos y sus flancos de frontera, es el ejemplo mayor de esa dualidad: donde el Estado está, está fuerte; donde no está, se abren corredores enteros.

La red: personas, ciudades, ideas

Sobre los altiplanos de la Cordillera Oriental se pusieron ciudades que aún hoy definen la geografía política del país, y cada una arrastra su propia densidad histórica. Tunja, capital muisca del Zaque, se convirtió en cabecera neogranadina de primera fila y hasta bien entrado el siglo XVII compitió con Santafé en peso demográfico e institucional. Pamplona, fundada en 1549 como umbral norte del reino, fue durante la Colonia base de operaciones para las minas y para la penetración hacia los Santanderes. Bogotá, escogida por Quesada en la meseta muisca, se afirmó como capital virreinal y después republicana en un mismo emplazamiento —una continuidad que pocas capitales americanas pueden reclamar—. Bucaramanga y Cúcuta, ya en el siglo XIX, se volvieron epicentros de un comercio santandereano abierto a Venezuela y al Caribe, con una burguesía tabacalera y cafetera de perfil propio. Sogamoso, en el altiplano boyacense, conservó la carga sagrada del templo del Sol muisca incluso bajo capas sucesivas de dominación española.

Por esas ciudades pasaron trayectorias que la cordillera hizo posibles y a la vez condicionó. Tisquesusa y Quemuenchatocha, los dos grandes señores muiscas que enfrentaron a Quesada, murieron en el mismo movimiento que instalaba a Antón de Olalla como encomendero en la Sabana. Santander, nacido en Villa del Rosario de Cúcuta, y Bolívar, que pasó por allí camino de la campaña, firmaron en la cordillera los actos fundacionales de la República. Codazzi murió recorriéndola; Ancízar la escribió. Detrás de esos nombres, instituciones más pesadas que cualquier biografía —encomienda, Audiencia, órdenes religiosas, República, ejército, guerrilla, hacienda— dieron continuidad al mando desde el altiplano.

Sobre la Cordillera Oriental se libraron también las grandes discusiones colombianas del siglo XIX: federalismo contra centralismo, librecambio contra proteccionismo, regeneración contra radicalismo. Santander y Cundinamarca, los dos extremos de la cordillera media, alimentaron tradiciones políticas contrastantes —el liberalismo popular santandereano frente al conservadurismo hacendatario cundinamarqués— que estructuraron el bipartidismo. La cordillera fue el escenario en el que Colombia se peleó consigo misma.

Y de sus páramos siguen bajando los ríos que hacen posible al país. El Bogotá, el Sogamoso, el Chicamocha —que ha excavado uno de los cañones más impresionantes del continente—, el Suárez, el Zulia, el Arauca, y muchos más, alimentan la cuenca del Magdalena y la del Orinoco. La geografía sigue mandando.

La huella

La Cordillera Oriental legó a Colombia tres cosas simultáneas y contradictorias. Legó un centro: la concentración persistente de población, instituciones, iglesias, universidades y capitales en un eje que va de Pamplona a Bogotá y que aún hoy define lo que significa "el interior del país". Legó unas fronteras: el Magdalena Medio, que solo llegó a tener 100.000 habitantes campesinos hacia 1920–1930 mientras se extinguía aceleradamente la población indígena Yariguí; el piedemonte llanero, adjudicado a colonos y concesionarios en un mismo movimiento tenso; el Catatumbo, dejado durante décadas a su suerte. Legó, en fin, unos corredores: rutas de sal muisca, caminos coloniales al Magdalena, senderos de campaña libertadora, corredores guerrilleros y paramilitares, cadenas del narcotráfico. La cordillera ha sido siempre movimiento, no solo asiento.

Ese triple legado no se distribuye por igual entre quienes habitan la montaña. El centro produjo una élite continua —dueños de tierra en la Sabana, comerciantes en Cúcuta, burócratas en Bogotá, familias notables en Tunja— que durante largos tramos del siglo XIX y buena parte del XX se autopercibió como el país entero. Las fronteras, en cambio, produjeron poblaciones que el centro miró con incomodidad: colonos de vertiente cuya legitimidad territorial dependía de un título que rara vez llegaba, indígenas del piedemonte llanero desplazados por la ganadería, campesinos del Catatumbo enredados en economías que el Estado prefirió reprimir antes que integrar. La cordillera no repartió sus dones con equidad, y la memoria pública lo refleja: los altiplanos aparecen en los manuales; las vertientes, casi solo cuando arden.

La cordillera tiene además una temporalidad larga que suele escaparse a la crónica corta. El páramo que hoy se defiende como reserva estratégica de agua es el mismo que abasteció a los muiscas, el que arrasó a los soldados llaneros de Pisba en 1819 y el que sirvió de retaguardia a las columnas guerrilleras del Sumapaz en el siglo XX. La Sabana de Bogotá donde Quesada fundó Santafé es la misma cuenca donde hoy se discute la expansión urbana sobre suelos rurales; el camino de Honda–Guaduas, con el que se comunicaba el altiplano al Magdalena en el XIX, corre bajo el trazado de las carreteras que todavía conectan la capital al valle. La montaña acumula, no sustituye: cada capa se apoya sobre la anterior y la reformula, sin borrarla. Por eso el archivo del relieve es tan denso, y por eso las tensiones no terminan de resolverse.

Su memoria pública, sin embargo, tiende a fijarse en imágenes selectas: los frailejones del Sumapaz, la ruta de Boyacá, la sabana de Bogotá contemplada al amanecer, las páginas de Ancízar. Menos presentes están los pueblos serviles del altiplano boyacense del siglo XIX, los colonos sin título de las vertientes del Magdalena, los desplazados del Catatumbo, los soldados anónimos que murieron de frío en Pisba, los indígenas Yariguí extinguidos mientras se poblaba el Magdalena Medio, las mujeres tejedoras santandereanas que sostuvieron con sus manos una economía que casi nunca aparece en los inventarios oficiales. Reconocer la Cordillera Oriental como archivo histórico completo obliga a sostener las dos caras: la del centro y la de la frontera, la del páramo protegido y la del corredor disputado, la de la capital y la de sus laderas olvidadas. Es en esa tensión, no en la postal, donde la cordillera cuenta de verdad la historia del país.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

50 documentos · 55 fragmentos
01
La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 15
1 cita
[1]

antiguamente el río Tenche. 30 ~o 50 oo 10 E3 E---=3 f==-t e---3 20 30 4(l 50 60 70 Mapa2 Regiones fisiográficas de Colombia Central El escenario natural 35 de la Cordillera Central, más allá de las tierras bajas del río Magda- lena, está situada la Cordillera Oriental, con sus elevados páramos de Cundinamarca, Boyacá…

p. 15
02
Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 39
1 cita
[2]

que las había originado, con mayo res posibilidades de abastecimientos y de mano de obra. Así, de las veinte ciudades que fueron fundadas entre 1537 y 1550, solamente dos fueron abandonadas más tarde. A partir de 1550, la Audiencia estimuló la funda ción de centros mineros y entre 1550 y 1560 se cuentan once…

p. 39
03
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 25
2 citas
[3]

sedimentos después del retiro total A El relieve A A e a e Ss Ñ AR MO, | ¿al E NS AR - ñ ii PA de la República de Colombia, del geógrafo italiano Agustín Coda- zzi, publicado en 1889. Carta geológica de Colombia, Venezuela y Ecuador, en el Atlas geográfico e histórico al del mar de la cordillera Oriental. Asimismo se…

p. 25
[4]

sedimentos después del retiro total A El relieve A A e a e Ss Ñ AR MO, | ¿al E NS AR - ñ ii PA de la República de Colombia, del geógrafo italiano Agustín Coda- zzi, publicado en 1889. Carta geológica de Colombia, Venezuela y Ecuador, en el Atlas geográfico e histórico al del mar de la cordillera Oriental. Asimismo se…

p. 25
04
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 270
1 cita
[5]

cumple funciones de almacenamiento y regulacion en los ci- clos hidrologicos. Por lo general, son dominadas por musgos del género Sphagnum. Estos pantanos tem- bladores reciben en Sumapaz el nombre de «pan- tanos andabobos» Los paramos de la cordillera Oriental son los mas ricos en géneros endémicos de plantas debido…

p. 270
05
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 37
1 cita
[6]

nieves perpetuas y páramos interminables a la vista, conviven el frailejón, el cañizo y el romero en absoluta quietud y en un silencio que solo se altera con el sobrevuelo del águila. Allí, colchones de musgo, que actúan como esponjas de la naturaleza, gota a gota forman los ríos que marcan la geografía y la historia…

p. 37
06
Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 36
1 cita
[7]

el durazno, el guanábano, el chirimoyo, el limonero, el naranjo, el mandarino, el guayabo, el limonero, la papaya, el lulo y la mora. Se cultiva café, caña de azúcar, maíz, yuca, papa, fríjol, cebolla, calabaza, habas y plátano en muchas variedades. La altitud sobre el nivel del mar va desde los 800 metros hasta los…

p. 36
07
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 36
1 cita
[8]

padecen dinámicas comunes en el contexto del conflicto armado. La superficie de estos cinco departamentos alcanza los 372.942 kilómetros cuadrados, una extensión ligeramente superior a la de la actual Alemania. Sin embargo, para efectos de este informe, se excluyen algunas zonas amazónicas del Caquetá y del Guaviare.…

p. 36
08
Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4
1 cita
[9]

© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

p. 4
09
Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 32
2 citas
[10]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[11]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
10
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 55
1 cita
[12]

a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…

p. 55
11
Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 303
2 citas
[13]

productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

p. 303
[14]

productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

p. 303
12
Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 43
1 cita
[15]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

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Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 187
1 cita
[16]

los barí, de la serranía de Perija. Ellos viven en grandes casas comunales, habitadas por cerca de 50 personas. Pero no tienen una, sino varias de esas grandes casas, las cuales ocupan de manera estacional. Ni los kogi, ni los u'wa, ni los barí son casos únicos: de hecho, ninguno de los grupos indigenas que habitaban…

p. 187
14
Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 22
1 cita
[17]

salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…

p. 22
15
El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288
1 cita
[18]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
16
Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 369
1 cita
[19]

dad de su carne y su abundancia de sebo, indispensable entonces para la fabricación de velas. El fundador de esta importante hacienda, Antón de Olalla, tuvo un origen bas tante modesto. Fue un oscuro pero afortunado soldado que, llegado a Santa Marta en 1535, no sólo logró sobrevivir a los azares del dificilísimo…

p. 369
17
Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 51
1 cita
[20]

Francisco Pizarro para fundar ciudades y la había ejercido al esta- blecer Quito, Cali, Popayán y luego Timaná. Él mismo, Belalcázar, también había estado presente cuando en 1519 Pedrarias Dávila fundó Panamá y quizás conocía las ins- trucciones reales que este había recibido para efectuar tal fundación, y hasta las…

p. 51
18
Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 210
1 cita
[21]

en el actual territorio de Colombia, se concentraba en el altiplano cundiboyacense y en Santander, en tanto que, por ejemplo, en el Magdalena Medio donde históricamente se han dado las condiciones más duras para la supervi- vencia del Hombre, se encontraba poco menos que deshabitada, con algunos lugares de carácter…

p. 210
19
Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 158
2 citas
[22]

grande de las comunidades religiosas dedicadas a la conversión de los muiscas; dominicos, franciscanos, jesuitas y agustinos construyeron bellas iglesias y monasterios; los jesuitas además organizaron grandes haciendas siguiendo su ilusión de conformación de nuevos sistemas socioeconómicos. J ulio C arrizosa u maña…

p. 158
[23]

objeto de una actividad muy grande de las comunidades religiosas dedicadas a la conversión de los muiscas; dominicos, franciscanos, jesuitas y agustinos construyeron bellas iglesias y monasterios; los jesuitas además organizaron grandes haciendas siguiendo su ilusión de conformación de nuevos sistemas socioeconómicos.…

p. 158
20
Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 361
1 cita
[24]

1870, la mitad de la población residía en el oriente colombiano (Santanderes, Bo- yacá y Cundinamarca); el 30 % en el sur-occidente, en lo que hoy son los departamentos de Antioquia, antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nari- ño; el 8 % en el centro (Tolima y Hui- la) y el 12 % en la costa atlántica. Pese al notorio…

p. 361
21
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 170
1 cita
[25]

por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…

p. 170
22
Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 16
1 cita
[26]

de Pamplona, Guanentá y el sur de la de García Rovira, con los conservadores. El 12 de abril de 1861 el Estado de Santander se convirtió en el Estado Introducción Soberano de Santander y se trasladó por 25 años la capital de Bu- caramanga a El Socorro. Sólo hasta el decreto del 7 de septiembre de 1886, la primera…

p. 16
23
Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 458
1 cita
[27]

quedando atrás de todo el mundo…». A mediados del siglo pasado, las distintas vías de comu- nicación al río Magdalena eran las siguientes: el camino del Carare, que unía el pequeño río del mismo nombre con la ciudad de Vélez y tenía una extensión de 20 leguas; el de Barrancabermeja, que unía el puerto de idéntico nom-…

p. 458
24
El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 156
1 cita
[28]

1880, y, para todo este período, las agudas observaciones de los costumbristas José María Cordovez Maure, Eugenio Díaz y del escritor José María Vergara y Vergara, entre otros, hacen pensar que el volumen e intensidad de los tráficos comerciales entre las tierras templadas y el altiplano mostraron una tendencia al…

p. 156
25
El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 239
1 cita
[29]

Mesa, desde 1885 hasta 1935) es notorio el contraste con la ausencia de éstos en los municipios del altiplano. Quizás haya que dar razón a Medardo Rivas cuando saludaba entusiasmado el arribo de la imprenta, "la luz de la civilización", a estos remotos pueblos de tratantes de la tierra caliente. "LA FRONTERA…

p. 239
26
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 123
1 cita
[30]

de hacerse célebres por su partici- pación en la campaña libertadora, tales como José Antonio Anzoátegui, Carlos Soublette, Juan José Rondón, Leonardo Infante y Jaime Rook. El 15 de junio comenzó la campaña, con la vanguardia al mando de Santander y la retaguardia dirigida por Anzoátegui. De acuerdo con las órdenes…

p. 123
27
Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 146
1 cita
[31]

great feats of will, courage and discipline. His senior officers, Soublette, Anzoátegui, Rooke, were ardent young men ready to follow Bolívar to the end, and all his junior officers were eager for action under his command. They crossed the Arauca and the savannahs of Casanare just as the season of torrential rain was…

p. 146
28
Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 372
1 cita
[32]

la acción de este día sobre el puente de Gámeza, de los cuerpos de la división» da un total de 114 heridos y 16 muertos, (Los ejércitos del rey, op. cit., II, p. 274). 50. Según los patriotas. Cf. Camilo RIAÑO, La campaña libertadora de 1819, op. cit., p. 192. 370 51. Barreiro a Sámano, Molinos, 10 de julio, 1819, Los…

p. 372
29
Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 372
1 cita
[33]

la acción de este día sobre el puente de Gámeza, de los cuerpos de la división» da un total de 114 heridos y 16 muertos, (Los ejércitos del rey, op. cit., II, p. 274). 50. Según los patriotas. Cf. Camilo RIAÑO, La campaña libertadora de 1819, op. cit., p. 192. 370 51. Barreiro a Sámano, Molinos, 10 de julio, 1819, Los…

p. 372
30
Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 32
1 cita
[34]

protegiendo el camino real de Santa Fe, linea de comunicaci6n que la fraccion realista quiso siempre mantener a toda costa, pues implicaba la unica via de escape hacia la capital. Santander ordené la ejecucién de la maniobra de flanqueo que, en combinacién con el paso del Puente, tenazmente defendido por el enemigo,…

p. 32
31
Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 104
1 cita
[35]

econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

p. 104
32
La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 126
1 cita
[36]

mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

p. 126
33
Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 252
1 cita
[37]

Se estableció por algún tiempo en Venezuela (1840 - 1846) donde ejerció la docencia y formó parte del Liceo Venezolano, fundado para propagar las luces y fomentar el cultivo de la literatura y las bellas artes. Allí se relacionó con la élite intelectual de Caracas. A su regreso a la Nueva Gra- nada, en 1846, era…

p. 252
34
Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 12
1 cita
[38]

cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…

p. 12
35
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 68
1 cita
[39]

en viajeros como Manuel Ancízar, los sentidos comienzan a tomar un nuevo significado, y en medio de las sensaciones, percepciones y emociones que acusa el viajero en contacto con la naturaleza, esta última toma su valor estético. Veamos entonces cuál es esa sensitividad que descuaja a lo largo de L a P eregrinación d…

p. 68
36
La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 186
1 cita
[40]

llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…

p. 186
37
En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 24
1 cita
[41]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24
38
Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 79
1 cita
[42]

medio de un esquema de sub-regiones, presentamos un bosquejo de como estos lugares de “frontera” asociados a poblaciones de jaguares fueron ocupados a lo largo de nuestro periodo de estudio. 218 Esteban Payán, Comunicación personal. 18 de marzo de 2014 80 Figura No. 9 Mapa de fundaciones en la Región Andina (Siglo…

p. 79
39
Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 43
1 cita
[43]

arawak, huitoto y piapoco, articulados a la nación achagua, sáliva y a otros pueblos caribes, como los guahi- bos o los guayupe. Durante la República, el control territorial del Estado sobre esta porción del país fue bajo y su administración se trasladó varias veces entre provincias. Diferentes políticas le otorgaron…

p. 43
40
Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 63
1 cita
[44]

distintas en años recientes y en nuevas regiones fronterizas. Contribuyó, por ejemplo, a La Violencia, esa guerra civil anárquica que costó 200 000 vidas en los años cincuenta, y dio pábulo a los movimientos guerrilleros que actúan hoy en las zonas fronterizas de Colombia. La interpretación del desarrollo de la…

p. 63
41
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 111
1 cita
[45]

Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…

p. 111
42
Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 172
1 cita
[46]

materialice el proyecto de — 171 — í la gran carretera que va paralela a la base de la cordillera Oriental y que ha de unir a Florencia, en el Caquetá, con Vi- llavicencio, en el Meta, o avance hasta el Arauca, el abasteci- miento de carne del país quedará asegurado para siempre y la integración de los Llanos será una…

p. 172
43
Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 63
1 cita
[47]

fuerza pública, correspondiente con las definiciones estratégicas surgidas en 1993 durante su VIII Conferen- cia. En ella, se direccionó la estructura y el desdoblamiento de frentes con el objetivo de consolidarse política y militarmente en zonas del país donde el grupo guerrillero había tenido influencia,…

p. 63
44
Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 182
1 cita
[48]

los franceses fue el mismo donde derrotaron a los americanos, la batalla de Dien Bien Phu. Anécdota más cercana al tiempo actual, si usted me pregunta por el páramo del Sumapaz, que conocí cuando era capitán, y luego de teniente coronel fui comandante ahí, y luego en la brigada me tocó crear un batallón de alta…

p. 182
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Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 40
1 cita
[49]

décadas an- teriores. La violencia mutó a una forma bandoleril, que en la región próxima a Cundinamarca encontró lugar en la zona esmeraldera de Boyacá y la figura de Efraín Guzmán (Sánchez, Meertens y Hobsbawm, 1985). La paz duró poco en el país. La confrontación se reactivó en 1955 con la guerra de Villarrica…

p. 40
46
Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 192
1 cita
[50]

tuvo mayor presencia en los municipios de Tame, Saravena, Arauquita y Fortul, en la región del Sarare. 243 El Parque Nacional Natural El Cocuy está ubicado entre los departamentos de Arauca, Boyacá y Casanare, con una extensión de 306.000 ha y tiene jurisdicción principalmente en los municipios de Chiscas, Cubará,…

p. 192
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Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 86
1 cita
[51]

Águilas Negras y, sobre todo, Los Paisas, al menos hasta 2014, lo cual ha consolidado la continuidad de un escenario de violencia y asesinatos selectivos, especialmente por la disputa de un control de salida del narcotráfico. Un control principalmente dominado por el ELN, en connivencia con grupos criminales, y…

p. 86
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Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 48
1 cita
[52]

estatales 14. En relación con la expansión territorial de las auc, esta tuvo su princi- pal epicentro en el norte del país, donde se empeñaron en la construcción de un corredor “antisubversivo, que va de la frontera con Panamá (selva del Darién) hasta los límites con Venezuela, y pasa por el norte de Antioquia,…

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La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 59
1 cita
[53]

atacar las bases de la economía na- cional, especialmente la infraestructura petrolera y la eléc- trica (Echandía, 2013, página 8). Para la consecución de este propósito, el peso de las operaciones armadas realizadas por este grupo recayó especialmente sobre los frentes de guerra nororiental y noroccidental. El…

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Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 14
2 citas
[54]

del con - flicto armado en Colombia, Francisco Leal lo resume claramente afirmando que: En Colombia el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado ha sido inexistente. Entre los factores estructurales que ayudan a explicar la recurrencia de las guerras civiles y los conflictos armados a lo largo de nuestra…

p. 14
[55]

del con - flicto armado en Colombia, Francisco Leal lo resume claramente afirmando que: En Colombia el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado ha sido inexistente. Entre los factores estructurales que ayudan a explicar la recurrencia de las guerras civiles y los conflictos armados a lo largo de nuestra…

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