Neiva
“Neiva no creció como una capital que irradia hacia su hinterland sino como un cruce de caminos que fue absorbiendo funciones a medida que las rutas se consolidaban: mercado ganadero, sede administrativa, escala fluvial, terminal de carreteras,…”
Neiva es la capital del departamento del Huila y el principal centro urbano del alto valle del río Magdalena. Se asienta a 472 metros sobre el nivel del mar, en una llanura semiárida por donde el río todavía corre encañonado antes de abrirse hacia las tierras cálidas del Tolima. Su condición geográfica define su historia: es un umbral entre el Magdalena navegable que desciende hacia el Caribe, el Macizo Colombiano donde nacen los grandes ríos del país y las tierras bajas amazónicas que se extienden hacia el Caquetá y el Putumayo. Esa posición de bisagra explica sus fundaciones repetidas en los siglos XVI y XVII, su rol subordinado en las disputas jurisdiccionales entre Popayán y Santa Fe, su función como retaguardia militar en cada ciclo de violencia colombiana y, al mismo tiempo, su vocación de nodo comercial que articuló circuitos ganaderos, arroceros y de pieles con el interior andino. Fundada de manera definitiva en 1612 por Diego de Ospina y Medinilla, hoy alberga alrededor de seiscientos mil habitantes y sigue siendo lo que fue desde el principio: una frontera interior activa, más zona de paso y de control que centro de acumulación, pero por eso mismo indispensable para entender cómo se articuló —y se rompió— el territorio colombiano.
La semblanza: una ciudad umbral
El río Magdalena nace en el páramo de Las Papas, a 3.600 metros de altura, y en sus primeros tramos baja encajonado entre las cordilleras. Pasado el estrecho de Pericongo pierde velocidad y entra al alto valle llano de Garzón, ya en el Huila. Allí el paisaje se vuelve semihúmedo a semiárido, con alturas que descienden de los 1.000 a los 500 metros, llanuras onduladas, erosión intensa y aprovechamiento agrícola concentrado en las vegas fluviales. Neiva se ubica en el corazón de esa franja. Al norte, el clima es francamente seco y semiestepario, con el desierto de la Tatacoa —también llamado de Las Tristezas— como su expresión más notable: un semidesierto de pocos kilómetros cuadrados formado por la erosión de sedimentos blandos del Terciario y del Cuaternario que los ríos, muy encañonados, drenan a alta velocidad, agotando el agua en superficie. Al sur y en los alrededores inmediatos, donde el riego es posible, el paisaje cambia radicalmente: se convierte en la región arrocera más importante de Colombia.
Esa doble cara —semidesierto ganadero al norte, vega arrocera al sur, cordilleras erosionadas a los lados— no es solo geografía. Es la matriz económica y cultural sobre la que se construyó la ciudad. Neiva nunca fue un centro de acumulación equivalente a Cali, Medellín o Popayán; fue el punto donde convergían las rutas del ganado, del tabaco colonial, del arroz republicano y, en el siglo XX, de las pieles y las mercancías que subían del Putumayo rumbo a Bogotá. Su función histórica ha sido la de articular, no la de concentrar. Por eso el peso demográfico y económico de la ciudad ha estado siempre por debajo de lo que su antigüedad sugeriría: en 1912, con 21.852 habitantes, la superaban Manizales, Pasto, Aguadas e Ibagué, y en la jerarquía urbana contemporánea no alcanza los dos niveles superiores ocupados por Bogotá y por Medellín, Cali y Barranquilla.
La forma de la ciudad depende de esa condición intermedia. Neiva no creció como una capital que irradia hacia su hinterland, sino como un cruce de caminos que fue absorbiendo funciones a medida que las rutas se iban consolidando: mercado ganadero, sede administrativa, escala fluvial, terminal de carreteras, guarnición militar. Cada capa quedó encima de la anterior sin borrarla del todo, y esa acumulación explica la fisonomía discreta del centro histórico frente a la extensión creciente de los barrios de expansión hacia el norte y el sur del casco urbano.
Los orígenes: tres fundaciones y una devastación previa
La historia colonial de Neiva empieza con violencia, no con fundación. En 1538, en el marco del avance del capitán Sebastián de Belalcázar por el valle del alto Magdalena, sus subordinados Juan de Ampudia y Pedro de Añasco recorrieron la región incendiando pueblos y talando campos. Belalcázar hizo fundar Timaná —con el nombre original de Guacallo o Guacacallo— por medio de esos mismos capitanes, probablemente en diciembre de 1538. Cuando hacia enero o febrero de 1539 Belalcázar entró en contacto, en la sabana de Bogotá, con los soldados de la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada que venía subiendo por el Magdalena desde Santa Marta, el valle ya había sido despoblado por la campaña de Ampudia y Añasco. La primera huella española en la región de la que sería Neiva fue, entonces, una tierra arrasada.
Sobre ese vacío, la fundación de una ciudad respondió a la lógica ordinaria del proceso colonizador: las ciudades españolas no se levantaban para servir a las poblaciones originarias sino como instrumentos de posesión del territorio y de sujeción de los indígenas. En el alto Magdalena esa función fue especialmente conflictiva y por eso Neiva tuvo que ser fundada varias veces. La versión que se estabilizó, y a la que se remite la memoria oficial de la ciudad, es la de Diego de Ospina y Medinilla en 1612. Hubo intentos anteriores fallidos, sofocados por la resistencia indígena y por la propia hostilidad del medio. La coexistencia de los resguardos —que en el macizo colombiano y su piedemonte no eran concentraciones naturales de tribus originarias sino núcleos artificiales resultado del despojo— con las nacientes haciendas ganaderas y tabacaleras marcó el siglo XVII y buena parte del XVIII.
La sequedad del clima y la estrechez del valle aluvial condicionaron desde el principio la vocación agrícola. A diferencia del Valle del Cauca, donde la abundancia hídrica permitió una agricultura diversa y extensiva, en el alto Magdalena la actividad colonial se concentró en el tabaco y en la ganadería. Los hatos de Popayán debían reconstituirse permanentemente con novillos traídos de Neiva y Timaná, y ese comercio ganadero se convirtió en el hilo económico que sostuvo a la ciudad durante siglos. La disputa por controlarlo fue temprana: Santa Fe alegaba jurisdicción sobre el valle del Magdalena para monopolizar la fuente de abastecimiento, pero Popayán logró atraer durante mucho tiempo esos ganados porque pagaba mejores precios. Neiva, entre ambas, aprendió pronto a ser objeto y no sujeto de esas negociaciones.
La trayectoria: de provincia colonial a capital departamental
El 27 de julio de 1810, cuando la ola de pronunciamientos autonomistas se extendía por las principales ciudades de la Nueva Granada, en Neiva se creó una Junta de Gobierno. Fue un gesto simultáneo al de otras capitales provinciales, aunque en la memoria nacional quedó opacado por el pronunciamiento bogotano del 20 de julio. Ese primer pulso independentista instaló a Neiva en el mapa político de la nación naciente, pero no le confirió peso propio: durante las décadas siguientes la provincia quedó administrativamente subordinada a decisiones tomadas en el centro.
La Ley del 25 de junio de 1824 organizó el territorio de la actual Colombia en cuatro departamentos y quince provincias. Neiva quedó integrada como provincia al Departamento de Cundinamarca, junto con Bogotá, Antioquia y Mariquita. La arquitectura administrativa republicana heredó en parte disposiciones coloniales: encadenaba gobernadores que presidían los cabildos y cantones administrados por un juez político. En esa jerarquía descendente, Neiva era cabecera, sí, pero pieza subalterna dentro de un departamento gigantesco dominado por Bogotá. Entre 1778 y 1851, Cundinamarca pasó del 27% al 37% de la población colombiana. La provincia de Neiva participó de ese salto como una porción menor y agrícola.
La región del alto Magdalena formó parte, en la geografía cultural colonial, de lo que se conocía como El Reino: la zona de la Cordillera Oriental que incluía Cundinamarca, Boyacá, los Santanderes y el corredor del Magdalena. Durante el siglo XIX fue un espacio de tránsito entre el interior andino y las tierras bajas. La conversión definitiva de Neiva en capital del departamento del Huila, ya en el siglo XX, consolidó una identidad regional que hasta entonces había oscilado entre el Tolima Grande y las lealtades más locales del Huila propiamente dicho.
En el censo de 1912 Neiva tenía 21.852 habitantes. La cifra es reveladora: la superaban Manizales, con 34.730, y también Pasto, Aguadas e Ibagué, aunque estaba por encima de Pereira, Popayán y Armenia. Que una ciudad de más reciente fundación como Manizales —con apenas algo más de sesenta años de existencia entonces— superara demográficamente a una urbe de tradición colonial como Neiva revela cuánto pesaba la economía cafetera de la colonización antioqueña frente a la ganadería tradicional del alto Magdalena. La jerarquía urbana no era, ni sería, estática. Hacia 1938, cuando apenas el 31% de la población colombiana habitaba en cabeceras municipales, Neiva todavía era una ciudad pequeña en un país predominantemente rural. Para 2005, con una población conciliada de 601.429 habitantes al 30 de junio de ese año, se había convertido en una capital mediana consolidada, aunque siempre por debajo de los cuatro grandes centros metropolitanos.
Los circuitos: ganado, arroz, tabaco y pieles
Si algo hizo posible que Neiva sostuviera su función articuladora fue la sucesión de circuitos comerciales que la atravesaron, y el primero, el más largo, fue el del ganado. Desde la temprana Colonia, los novillos criados en el valle del alto Magdalena alimentaron los hatos de Popayán y las carnicerías de Santa Fe. Quien controlara ese comercio controlaba una parte esencial del abastecimiento del suroccidente y del altiplano, y por eso la región se convirtió en disputa entre ambos polos: Popayán ofreció durante mucho tiempo mejores precios y logró canalizar los rebaños hacia el sur; Santa Fe presionó jurisdiccionalmente hasta imponerse. Neiva, entre las dos, prosperó modestamente como punto de acopio y de tránsito.
El tabaco entró como segundo hilo económico por la misma puerta que le abrió el clima. La sequedad y la estrechez del valle aluvial, que limitaban otras opciones agrícolas, favorecieron un cultivo que alimentó por un tiempo el estanco colonial y luego el comercio internacional del siglo XIX, en el arco que unió al alto Magdalena con Ambalema y con los puertos exportadores. Sobre las haciendas tabacaleras se montó también un tejido de peonaje estacional que trasladaba brazos entre el cultivo, el desmonte y la ganadería según las temporadas, y que dejó una huella persistente en la organización del trabajo rural huilense.
El arroz llegó después, ya en el siglo XX, y transformó el paisaje al sur de la ciudad. Con la introducción del riego en las vegas del Magdalena y de sus afluentes, la región se convirtió en la principal productora del país, condición que conserva y que la ató, tardíamente, al circuito nacional del abastecimiento alimentario y a la economía agroindustrial moderna. El cultivo trajo consigo molinos, cooperativas, gremios organizados y una capa empresarial local que no había existido en las etapas ganadera y tabacalera, y que dio a la ciudad una fisonomía distinta a partir de la segunda mitad del siglo XX.
El cuarto circuito fue el más singular y, en cierto modo, el más azaroso: el de las pieles y las mercancías amazónicas. La carretera Neiva–Florencia se construyó entera durante el Conflicto Colombo-peruano de 1932-1933, cuando el gobierno nacional se vio obligado a habilitar rutas rápidas hacia el sur amazónico para sostener el esfuerzo militar. Esa vía integró a Neiva en uno de los dos grandes ejes del mercadeo de pieles que conectaban el Putumayo con el interior andino: la ruta Puerto Asís–Puerto Leguízamo–La Tagua–Florencia–Neiva–Bogotá. Desde 1934, la naviera estatal Navesur —luego Navenal— prestó servicio fluvial por los ríos Putumayo y Caquetá, alimentando ese corredor con carga que terminaba subiendo por la carretera hasta Neiva. La ruta alternativa por Mocoa y Pasto, con infraestructura menos completa, quedó rezagada, y durante décadas el eje Florencia–Neiva concentró más actividad comercial y mayor flujo de población que su competencia sureña. Neiva se afirmó así como el principal centro comercial y de comunicaciones del alto valle del Magdalena, conectada al norte por ferrocarril y carreteras, al sur por carretera y hacia el oriente amazónico por la vía a Florencia. La comunicación efectiva con Nariño, en cambio, siguió siendo una asignatura pendiente durante buena parte del siglo XX.
El tipo humano: el neivano según los cronistas
Sobre esa trama de circuitos se formó también un modo de habitar el territorio, y los cronistas del siglo XIX intentaron fijarlo en un tipo. Cuando los intelectuales colombianos empezaron a construir tipologías regionales para explicar el país a sí mismo, el neivano recibió un retrato particular. José María Samper lo describió como un tipo humano definido por la alternabilidad laboral: pastor, agricultor, pescador, tratante y peón asalariado o a destajo, capaz de ejercer sucesivamente todos esos oficios según la temporada. El campesino neivano, según Samper, bajaba al valle a trabajar como peón en las haciendas durante dos o tres meses —para desmontes y otras operaciones agrícolas— y regresaba a su hogar con dinero, herramientas y regalos. Esa movilidad estacional era, a juicio del cronista, su "sello particular y simpático".
Detrás del retrato romántico se adivina un núcleo verosímil: la diversidad productiva de la región —ganadería extensiva al norte, arroz y tabaco al sur, pesca en el Magdalena, comercio en la ciudad— hizo del neivano un tipo pluriactivo, distinto del agricultor formal que Vergara y Vergara retrató para el tolimense. A este último lo describió como agricultor mezclado con un tipo guerrero que lo había "maleado", poco apto para las ciencias intelectuales y las artes a causa del recio clima; una caracterización que reproducía prejuicios climatológicos comunes en la etnografía romántica del siglo XIX.
La distinción entre neivano y tolimense —dos tipos hermanos y sin embargo diferenciados— sobrevivió a las categorías del siglo XIX y se prolongó en la música. El bambuco, el género de mayor dispersión en la zona andina colombiana, cubre trece departamentos entre los que se cuentan Tolima y Huila, y conjuga melodías de tradición indígena con ritmos varios. El sanjuanero, una de las once tonadas y cantos mestizos de la zona andina, se convirtió en la expresión musical más identificada con el Huila y con Neiva en particular. La ciudad celebra cada año, hacia finales de junio, sus fiestas de San Pedro y San Juan, en las que el sanjuanero, el bambuco y las variantes locales del rajaleña ocupan el centro de la escenografía cultural.
La red: personas, lugares e ideas que la constituyen
La ciudad no se explica sin la nómina de figuras y lugares que fueron dándole forma, y esa nómina se lee mejor como una trama que como un catálogo. En el centro está Diego de Ospina y Medinilla, el fundador definitivo de 1612, cuya figura pesa menos por sí misma que por lo que representa: el momento en que la administración colonial logró estabilizar un asentamiento en un territorio que había resistido dos fundaciones previas. Antes que él, los capitanes Juan de Ampudia y Pedro de Añasco habían pasado por el valle dejando devastación, y Belalcázar había hecho fundar la vecina Timaná como cabeza de puente hacia el sur. Los tres nombres marcan las tres modalidades del arribo español a la región: la depredación militar, la fundación fallida y la fundación estable.
Esa trama fundacional se prolongó en la geografía urbana contemporánea, organizada en torno al río Magdalena y a la desembocadura del río Las Ceibas, que atraviesa la ciudad. El Malecón sobre el Magdalena, la Plaza —o Parque— de Santander y las principales arterias que conectan el centro histórico con los barrios de expansión configuran una ciudad que ha crecido a lo largo del río más que a partir de un núcleo radial. En el entorno regional, municipios como Villavieja —puerta del desierto de la Tatacoa—, Campoalegre, Rivera, Yaguará y, más al sur, Timaná, funcionan como satélites productivos y culturales de la capital. La represa de Betania, construida entre finales de los años setenta y comienzos de los ochenta sobre el río Magdalena, transformó el paisaje del centro del departamento y añadió la producción hidroeléctrica y la piscicultura a la matriz económica regional.
Sobre esa geografía se movió una política que unió a Neiva con la escena nacional en momentos precisos. José Hilario López —presidente de Colombia entre 1849 y 1853, nacido en Popayán pero con vínculos militares y políticos con la región del alto Magdalena— aparece en la primera de esas conexiones. Ya en el siglo XX, Guillermo León Valencia —presidente entre 1962 y 1966, hijo del poeta payanés Guillermo Valencia, cuya administración marcó un capítulo clave en el conflicto interno colombiano— tendió el segundo puente. Entre ambos, la política regional del alto Magdalena se cruzó una y otra vez con las decisiones tomadas en Bogotá, sin que la ciudad llegara nunca a producir un mandatario propio de peso equivalente.
En el terreno cultural, la figura que condensa las tensiones del Huila contemporáneo es Jorge Villamil Cordovez, médico de profesión y compositor de la voz musical más reconocida del departamento. Su asignación como médico al puesto de salud en El Pato, en el marco de los procesos de rehabilitación de los años sesenta, lo reconectó con el campesinado fronterizo y con recuerdos de su infancia, experiencia que tuvo dividendos para su vocación de compositor de sanjuaneros y bambucos. El vínculo entre Villamil y El Pato anticipa, en clave biográfica, la geografía que Neiva no pudo elegir: la del piedemonte armado.
La huella oscura: violencia y frontera armada
La condición de umbral tuvo también su costo. Desde la devastación inicial de Ampudia y Añasco en 1539, el alto Magdalena ha sido zona de disputa armada recurrente. La Violencia bipartidista de 1946 a 1966 golpeó al Huila con particular dureza. Ya en abril de 1949, una comunicación del Ministerio de Gobierno reconocía que las guarniciones del ejército se hallaban situadas en Neiva y en Florencia, puntos distantes desde donde no podían prestar oportuna ayuda en momentos de peligro en las zonas rurales del departamento. Esa lejanía estructural del Estado en las áreas rurales del Huila —agravada por la extensión territorial y por la difícil topografía del piedemonte amazónico— fue el caldo de cultivo para lo que vendría después.
En las zonas limítrofes entre Huila, Tolima, Cundinamarca y Caquetá, el Partido Comunista Colombiano organizó desde mediados del siglo XX comunidades campesinas con estructuras sociales independientes del Estado central. El Pato, en la frontera entre Huila y Caquetá, articuló una de las primeras experiencias de ese tipo, junto con El Davis en Tolima, Riochiquito en Cauca, Guayabero en Meta y Marquetalia en el sur del Tolima. Esas fueron las llamadas "repúblicas independientes" que el gobierno de Guillermo León Valencia se propuso desmantelar militarmente en 1964, con la Operación Marquetalia como episodio emblemático. En Riochiquito, en 1965, la I Conferencia del Bloque Sur unificó los destacamentos de Riochiquito, Natagaima, El Pato, Guayabero y Marquetalia, concentrando unos cien combatientes. En la II Conferencia, en 1967, adoptaron el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia con trescientos hombres en seis frentes. La guerrilla de esas primeras décadas funcionó como estructura de tipo familiar y comunitario; hacia 1962 contaba con cerca de trescientos combatientes jóvenes campesinos, sin incluir colaboradores ni familiares.
Neiva, en esa geografía, fue retaguardia y no frente. Su función durante décadas fue la de base logística del ejército y de puerto administrativo del conflicto: allí se organizaron los operativos hacia El Pato y hacia el piedemonte, allí llegaron los desplazados de las veredas de Algeciras, Tesalia y otros municipios afectados. Algeciras, ubicado al oriente del Huila a unos 52 kilómetros de la capital, figura entre los municipios colombianos con tasas de desplazamiento forzado superiores al 100%, junto con Tesalia; una cifra que refleja el impacto acumulativo del conflicto en el departamento. En ese mismo municipio se ejecutó la operación Candado, en la que, según testimonios de víctimas, al menos 87 personas fueron detenidas arbitrariamente acusadas de rebelión y terrorismo y trasladadas a instalaciones militares. La cercanía de Neiva a ese teatro de operaciones convirtió a la ciudad en receptora de desplazados, en escenario judicial de procesos ligados al conflicto y en objetivo simbólico de ataques guerrilleros durante las décadas más intensas de la confrontación.
En medio de ese cuadro hubo momentos de tentativa civil. El proceso de rehabilitación de la frontera Huila-Caquetá durante los años sesenta incluyó la extensión de servicios médicos a El Pato. Para dotar el puesto de salud, el gobernador Andrade recurrió a su copartidario Jorge Villamil, no solo por sus credenciales profesionales sino porque sus vínculos con el oriente del Huila podían contribuir a humanizar la presencia del gobierno en esa zona limítrofe con influencia guerrillera. Fue uno de los muchos gestos —parciales, insuficientes, a veces contradictorios— con los que el Estado intentó construir presencia en la frontera interior que rodeaba a Neiva.
La huella arqueológica: San Agustín y el pasado profundo
A 227 kilómetros al sur de Neiva, en la cuenca alta del río Magdalena y en jurisdicción de los municipios de San Agustín e Isnos, se encuentra el complejo arqueológico más importante del país. El Parque Arqueológico de San Agustín se considera la necrópolis de mayor extensión a escala mundial con vestigios monumentales. Sus más de cuatrocientas esculturas en piedra, dispersas en un área de aproximadamente 500 kilómetros cuadrados, representan bestias y deidades mitológicas: felinos, monos, lagartos, serpientes, ranas, águilas y búhos. Junto a las estatuas hay relieves y sarcófagos tallados en piedra, templetes o dólmenes de lajas, montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de tierra, así como petroglifos. Los trabajos de Robert Drennan sobre las sociedades prehispánicas del alto Magdalena, entre otros, han reconstruido una cronología compleja de cacicazgos que ocuparon la región durante siglos antes de la llegada española.
Aunque el parque no está en jurisdicción del municipio de Neiva, la capital funciona como puerta de acceso al circuito arqueológico. Todos los itinerarios hacia San Agustín pasan por Neiva; el flujo turístico, la infraestructura hotelera y los servicios logísticos se concentran allí antes de continuar hacia el sur. La existencia de ese legado prehispánico, contemporáneo del vaciamiento colonial que sufrió la región en el siglo XVI, añade una capa temporal profunda al paisaje del alto Magdalena y le da a Neiva un anclaje patrimonial que trasciende su historia urbana propiamente colonial y republicana.
La memoria y el presente
Hoy Neiva es una ciudad de poco más de seiscientos mil habitantes, capital departamental de un Huila con una identidad regional más consolidada que en el siglo XIX. Su economía combina la agroindustria arrocera —todavía la primera del país en su especialidad—, la ganadería, la actividad petrolera del sur del departamento, el comercio minorista, los servicios y un turismo creciente vinculado al desierto de la Tatacoa, a San Agustín, a la represa de Betania y a las fiestas de San Pedro. El centro histórico es modesto en comparación con Popayán o Cartagena, pero conserva la Catedral, el Parque de Santander y varias edificaciones republicanas. El Malecón sobre el Magdalena, remodelado en las últimas décadas, ha convertido al río en frente urbano visible después de décadas de espaldas.
La memoria de la ciudad guarda las capas superpuestas de su historia. La devastación de 1539 y las fundaciones sucesivas de los siglos XVI y XVII sentaron el molde colonial; sobre él se depositaron la modesta prosperidad ligada al ganado y al tabaco, la Junta de 1810 y la subordinación a Cundinamarca en 1824. Vino después el rezago demográfico frente a las ciudades cafeteras, y luego la explosión de la carretera a Florencia durante el conflicto colombo-peruano, que reorientó los flujos hacia el sur amazónico. La Violencia bipartidista, el surgimiento de las FARC en El Pato y Marquetalia, las décadas de conflicto interno, el desplazamiento forzado de los municipios vecinos y el proceso de paz de 2016 constituyen el estrato más reciente. Todas esas capas conviven en una ciudad que ha aprendido a ser umbral sin dejar de reclamar centralidad para sí misma.
Esa reclamación no es retórica. Neiva articula tres Colombias que sin ella se comunican con dificultad: la andina de Bogotá, la amazónica de Florencia y el Putumayo, y la del Macizo, el sur del Huila y el norte del Cauca. Ser bisagra le costó fundaciones repetidas, subordinación jurisdiccional y vulnerabilidad ante cada oleada de violencia. Pero también le confirió una función que ningún centro consolidado podía cumplir desde fuera: sostener, con su modesta escala urbana, un corredor que atraviesa buena parte de la geografía colombiana. Cinco siglos después de la primera devastación, la ciudad sigue haciendo lo mismo que hizo siempre, sin haberlo elegido: cargar sobre sus hombros el peso de un país que se mira a sí mismo por partes y encuentra en ella el único lugar donde esas partes se rozan.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
32 documentos · 34 fragmentos01Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1411 cita
[1]y |; as. Este cambio a reduccién de la partici- ual de las actividades agropecuarias, se vio acom pacion pore los servicios y la industria. El area en cultivos se ha reducido en 15% con 1 1991, y el area en tos lo ha heche abid: enla abetismo, pero la pc manecido estable. Se observa un leve mejoramiento en los…
p. 141
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[2]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
03Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1001 cita
[3]poblaciones al comenzar el descenso al Magdalena 14. Este río fue recorrido inicialmente por el lado oriental, por unas ochenta leguas; luego lo atravesaron y siguieron por la ribera izquierda hasta llegar a la desembocadura del Sabandija. Antes de la región de Neiva anduvieron entre poblaciones indígenas que luchaban…
p. 100
04El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 401 cita
[4]nombre y de sus afluentes (todos ellos ricos en alu- viones de oro). Sin embargo, a pesar de ser estos últimos indios «pacíficos y humanos», Ampudia y Añasco, que 41 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa años después, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magdalena, «… incendiaron cuantos pueblos y…
p. 40
05Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2251 cita
[5]ganados, quedaban sólo 1.698 novillos al norte del río Molino. En 1786 se contaron 3.308 cabezas al sur de la ciudad, hasta el valle del Patía. Y en 1789 sólo había allí 2.953 novillos, contra 1.375 entre el río Molino y el Palacé. El contraste entre las dos regiones subraya el desfase de su poblamien- to, más tardío…
p. 225
06Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 277, 3072 citas
[6]de Neiva. El valle del Magdalena al norte de Neiva (472 msnm), es seco y semiestepario, y se dedica en buena parte a la ganadería extensiva. Las cordilleras —especialmente la Oriental— mues- tran una intensa erosión en este trayecto. En los alrededores de Neiva y al sur de la misma cambia el ambiente, y aparecen…
p. 307
[7]del río en las siguientes regiones: 1. La región de la montaña. Desde sus cabeceras en el páramo de Las Papas, a 3. 600 msnm, el río baja rápidamente a través de estrechos valles con bien formadas terrazas y del clima húmedo entre frío y templado hasta Pericongo, donde el río entra al alto valle llano de Garzón.…
p. 277
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1482 citas
[8]antropomorfas y zoomorfas. Pasado el estrecho de Pericongo, el río pierde velocidad y entra en el valle alto del Magdalena. Estamos en el departamento del Huila, donde los ríos llegan a erosionar profundamente los se- dimentos del Terciario y del Cuaternario, muy blandos, creando zonas extensas, especialmente en la…
p. 148
[9]antropomorfas y zoomorfas. Pasado el estrecho de Pericongo, el río pierde velocidad y entra en el valle alto del Magdalena. Estamos en el departamento del Huila, donde los ríos llegan a erosionar profundamente los se- dimentos del Terciario y del Cuaternario, muy blandos, creando zonas extensas, especialmente en la…
p. 148
08Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1771 cita
[10]su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…
p. 177
09Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1821 cita
[11]sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para sostener la vida humana. La…
p. 182
10Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 601 cita
[12]ruta Puerto Asís - Mocoa - Pasto - Bogotá; el segundo, la ruta Puerto Asís - Puerto Leguízamo - La Tagua - Florencia - Neiva - Bogotá. A diferencia de la vía Puerto Asís - Mocoa, la vía Neiva - Flo- rencia había sido construida en su totalidad durante el Con- flicto Colombo-peruano. Esto hizo que el segundo circuito…
p. 60
11Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 431 cita
[13]intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…
p. 43
12Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1941 cita
[14]guarda su dinero y se contrata como peón en alguna hacienda de la parte inferior del valle, trabaja allí durante dos o tres meses en desmontes y otras operaciones agrícolas, y luego regresa al hogar a continuar sus faenas habituales, llevando buena provisión de patacones (piezas de cinco francos), herramientas y…
p. 194
13Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 281 cita
[15]neivano era descrito como un tipo fruto de la diversidad productiva, las descripciones sobre los habitantes del Estado y del departamento del Tolima se concentraron en señalar un tipo dedicado a la agricultura y a la ganadería. La cría de ganados y caballos y el cultivo de cacao, de tabaco y, más adelante en forma…
p. 28
14El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 3871 cita
[16]tierra apropiada para cada clase, y en canridad que exceda de cinco mil de cada fruto, adquirirá derecho a que la Nación le pague veinte centavos oro por cada uno de los mencionados árboles que presente a la autoridad competente, en la cantidad expresada, en estado de producción cuando se esté recolectando la primera…
p. 387
15Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 1271 cita
[17]127 Tabla No. 3 Población de Departamentos según el censo de 1921 Fuente: Censo de población de 1921 En 1912 ese número de población se había más que duplicado y rondaba los 34.730. Con algo más de 60 años de existencia aventajaba en población a otras ciudades de más larga tradición como Ibagué (24.693), Pasto…
p. 127
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1531 cita
[18]651.714 768.847 27 37 Totales 786.983 1.129.174 1.570.859 1.812.582 2.105.622 100 100 FUENTES: El presente cuadro se ha levantado siguiendo la división territorial establecida por la Ley 25 de junio de 1824, que creó para la actual Colombia 4 departamentos y 15 provincias así: depto. de Boyacá, constituido por las…
p. 153
17Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2781 cita
[19]de las capitales de- partamentales. - El segundo nivel (1) en la jerarquia urbana esté conformado por los centros regionales de im- portancia nacional, que concentran la mayorfa de los servicios financieros de su region y son sede de importantes empresas comerciales e industriales. Ofrecen todos los bienes y servicios…
p. 278
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 721 cita
[20]fue la relación entre lo urbano y lo rural: en 1938, el 31% de la población habitaba en las cabeceras municipales, lo que representa que para entonces unos 2.700.000 habitantes vivían en condiciones más cercanas a la vida urbana que a la rural, mientras que los restantes 6.000.000 estaban dedicados a las faenas del…
p. 72
19Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[21]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
20Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 2321 cita
[22]había sido dada en Madrid el 15 de mayo de 1788. Los cantones eran administrados por un juez político, encargado del orden público y de la seguridad de las personas y bienes, actuando como subalterno de los gobernadores. Estos presidían los ca - bildos y donde no hubiese alcaldes ordinarios podían ejercer la…
p. 232
21The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 261 cita
[23]Colombia’s unique interrelation of climate, elevation, and topography creates sharply distinct regional and cultural dif- ferentiation. One way to sketch a simplified map of regions and subregions is to trace five broad areas: 1. Colombia’s Caribbean: This is bisected by the Magdalena River; it extends westward to…
p. 26
22Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 3561 cita
[24]a la re- levancia de ese episodio, este no generó un sistemático proceso de memoria ni siquiera en el ámbito local quizá porque la zona se ha- lla ubicada en proximidades a territorios con una relativa influen- cia de las FARC. Con todo, como mostraremos aquí, la memoria del episodio ha tenido otras formas…
p. 356
23Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 671 cita
[25]joven de 15 años. (…) me dice: Este muchacho y yo hemos decidido que él se va con ustedes, (…). Recordé en seguida (…) que era hermano de un guerrillero muerto (…), -¿Por qué causa te vas con nosotros? –le pregunté–. La explicación, (…): Quiero ser hombre respetado y querido por todos como mi her- mano. Él sabía…
p. 67
24¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 771 cita
[26]34 31. Véanse: Pizarro Leongómez, Las F ARC (1949-1966), 188-189; y Pizarro Leongómez, Una democracia asediada, 168. 32. Manuel Bonnet Locarno, “Operación Marquetalia. Surgen las FARC ”, en Hablan los generales. Las grandes batallas del conflicto colombiano contadas por sus protagonistas, comp. Glenda Martínez…
p. 77
25Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 101 cita
[27]All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. AN OVERVIEW OF THE FARC-EP 11 social structures independent of centralized state powers (Simons, 2004: 42; Ramírez Tobón, 1981; Gilhodés, 1970; Guzmán Campos, Fals Borda, Umaña Luna, 1964; 1962). At the beginning of the 1950s, increased migrations of peasants and…
p. 10
26Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 3461 cita
[28]Más de 100% Peñol Antioquia Más de 100% Suratá Santander Más de 100% Simacota Santander Más de 100% Bugalagrande Valle del Cauca Más de 100% 346 Pueblos arrasados San Jacinto Bolívar Más de 100% Salamina Caldas Más de 100% Chima Santander Más de 100% San Rafael Antioquia Más de 100% Granada Antioquia Más de 100%…
p. 346
27Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8561 cita
[29]pueblo, sellan, pues, en eso que denominan la operación Candado, y cuando la gente empieza a moverse tiene que pasar por el medio de los retenes militares y a los que van a capturar o los personajes que están encapuchados ahí en esos sitios van seña- lando a las personas y sencillamente los van llamando, los capturan…
p. 856
28El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1451 cita
[30]l ic ía n o g a r a n t iz a a s o c ia d o s y g u a r n ic io n e s e jé r c i t o ENCUÉNTRANSE SITUADAS NEIVA FLORENCIA PUNTOS DISTANTES DESDE DONDE NO PUEDEN PRESTAR OPORTUNA AYUDA MOMENTOS PELIGRO. (MINISTERIO DE GOBIER NO, 25 DE ABRIL DE 1 949). Y, correlativamente, encontramos comunicaciones de los conser…
p. 145
29Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 1731 cita
[31]CREOLE PEACE AND THE MAKING OF REGIONAL IDENTITY In addition to a school and roads, the rehabilitation of the Huila-Caquetá border required—as settlers there made clear to both Andrade Manrique and the Peace Commission —the extension of medical services to the area’s hundreds of inhabitatnts. To sta ff the health post…
p. 173
30Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[32]Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…
p. 352
31Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 4551 cita
[33]of American Geographers, 82 (3). Diamond, Jared. 2003. “Farmers and their Languages: The First Expansions”. Science, 300: 597-603. Dillehay, Tom. 2000. The Settlement of the Americas. A New Prehistory. Nueva York: Basic Books. Drennan, Robert. 2000. Las sociedades prehispánicas del Alto Magdalena. Bogotá: Instituto…
p. 455
32Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1511 cita
[34]de la zona andina Las tonadas y cantos mestizos de la zona andina o cordillerana son on- ce: bambuco, torbellino, guabina, rajaleña, sanjuanero, guaneña, bun- de tolimense, caña y cañabrava, vueltas antioqueñas y fandanguillo criollo, pasillo y danza criolla. El de mayor dispersión es el bam- buco, que cubre trece…
p. 151