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Idea · Conquista

Resistencia indígena

Largo proceso mediante el cual decenas de pueblos originarios del actual territorio colombiano —muiscas, taironas, pijaos, paeces, wayúu, caribes y otros— enfrentaron, absorbieron o eludieron la dominación europea entre 1499 y mediados del siglo XVII, proyectando esa capacidad de contestación hasta el presente. Fue armada, ritual, jurídica y cotidiana, y su gramática —cabildo, resguardo, minga, memoria de líderes— se forjó en la Conquista y la Colonia temprana.

3.951 palabras57 documentos73 fragmentos citados
Resistencia indígena

Trayectoria de una idea

  1. 1499

    Primer contacto y violencia inaugural en la costa caribeña

  2. 1534

    Resistencia en el Finzenú: el cacique Guley defiende el Panzenú

  3. 1537

    Caída de la Confederación Muisca y muerte de Tisquesusa

  4. 1537

    Fundación de Popayán y comienzo de un siglo de guerra en el Cauca

  5. 1542

    Leyes Nuevas: límites coloniales a la encomienda y su suspensión en la Nueva Granada

  6. 1556

    Revuelta general de pijaos y grupos del Cauca y alto Magdalena

  7. 1611

    Resguardo como escudo jurídico: concesión de San Andrés-Mexión, Chinú y Pinchorroy

03

La lectura

La resistencia indígena en el territorio colombiano no fue un episodio heroico ni una derrota total, sino un proceso de larga duración en el que la forma de la organización política prehispánica determinó las posibilidades de contestación: los pueblos con jerarquías consolidadas —como los muiscas— fueron sometidos más rápidamente porque los invasores pudieron decapitar su estructura, mientras que los grupos descentralizados —pijaos, wayúu, caribes— resultaron estructuralmente imposibles de someter de forma duradera. La paradoja central del proceso es que la fragmentación política, considerada una debilidad, fue en muchos casos el recurso más eficaz de supervivencia. Cuando la derrota militar llegó, la resistencia no desapareció sino que mutó: se volvió jurídica en los pleitos por resguardos, cotidiana en la huida a los montes y en la persistencia de la lengua, y ritual en la memoria de líderes como La Gaitana o el cacique Pipinta. La institución del resguardo, concebida por la Corona para preservar la base tributaria, fue apropiada por las comunidades como escudo colectivo, y su gramática —cabildo, minga, propiedad colectiva de la tierra— sigue operando en los territorios indígenas del Cauca y de la Guajira en el siglo XXI.

En el actual territorio colombiano, la resistencia indígena no fue un episodio: fue el largo proceso mediante el cual decenas de pueblos —muiscas, taironas, pijaos, paeces, yalcones, wayúu, cunas, caribes costeros, malibúes, panches— enfrentaron, absorbieron o eludieron la dominación europea entre 1499 y mediados del siglo XVII, y proyectaron esa capacidad de contestación hasta el presente. Fue armada en las cordilleras y las costas, ritual en los santuarios muiscas, jurídica en los pleitos por resguardos, cotidiana en la huida a los montes y en la persistencia de la lengua. Ni derrota total ni victoria heroica: una redefinición tensa, y todavía inconclusa, de qué significa habitar este territorio. Su gramática —cabildo, resguardo, minga, memoria de líderes— se forjó en la Conquista y en la Colonia temprana, y sigue operando en los cabildos del Cauca y en las mingas de la vía Panamericana.

Lo que estaba antes: sociedades desiguales y los márgenes de la resistencia

Cuando las naves de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa se acercaron a la costa caribeña en 1499, el territorio que hoy es Colombia albergaba un mosaico étnico y lingüístico de enorme complejidad, resultado de migraciones milenarias que habían depositado en ecosistemas radicalmente distintos a grupos de posible filiación caribe, chibcha y otras familias. Esa heterogeneidad, que los cronistas españoles nunca comprendieron del todo y que sus categorías convencionales de "provincias" y "valles" achataron, era la condición estructural que determinaría qué pueblos podían resistir cómo, y por cuánto tiempo.

En las tierras altas de Cundinamarca y Boyacá, la Confederación Muisca había desarrollado una organización sociopolítica relativamente avanzada, articulada por dos grandes señores —el Zipa de Bacatá y el Zaque de Hunza— y sostenida por caciques hereditarios y sistemas de tributo consolidados. La economía muisca aprovechaba distintos pisos térmicos y permitía obtener más de una cosecha anual, aunque productos como la coca y el algodón no se cultivaban en sus tierras y llegaban por intercambio. El Zipa ejercía una especie de monopolio sobre la sal de Zipaquirá, que se comerciaba hasta la región de Neiva y a lo largo del Magdalena, y los mercados muiscas —celebrados cada cuatro días en los principales centros— articulaban un sistema regional en el que circulaban sal, oro, esmeraldas, coca y algodón.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, los taironas habían levantado una economía basada en mercados activos, con una red de caminos de piedra, comercio de productos agrícolas, sal, pescado y manufacturas artesanales, sostenida por relaciones de trueque con grupos del interior que llegaban hasta el territorio muisca. Hacia comienzos del siglo XVI, sin embargo, entre las ciudades taironas y con sus vecinos inmediatos habían surgido luchas internas por el poder, y esa fisura anticipaba las condiciones que la invasión sabría explotar.

Muy distinto era el paisaje político de las tierras bajas y medias. Los pijaos de la cordillera Central, los caribes de la costa, los cunas del Darién, los pantágoras del oriente antioqueño y decenas de otros grupos no tenían cacicazgos hereditarios ni tributos obligatorios: sus liderazgos eran múltiples, locales, variables. El valle de Popayán, que Sebastián de Belalcázar encontraría en 1535, estaba densamente poblado, con grandes asentamientos, fuertes de madera bien construidos, puentes, prendas tejidas y adornos de oro, y una organización político-militar laxa donde más de un centenar de unidades tribales coordinaban actividades defensivas.

Esta diversidad fijaba los márgenes de la resistencia posible. Los pueblos con caciques reconocidos y tributación previa serían, paradójicamente, los más rápidamente sometidos, porque los invasores pudieron aprovechar sus jerarquías internas y usar a los propios caciques como intermediarios de su autoridad. Los pueblos fragmentados y móviles —sin cabeza que rendir, sin capital que tomar— resistirían durante décadas o siglos.

La Conquista: 1499-1550, o el choque desigual

La violencia inaugural fue temprana. En 1510, Juan de la Cosa murió en Turbaco a manos de indígenas: un episodio menor en la contabilidad militar española, pero un aviso del signo que tendría la relación con la costa caribeña. Dos décadas después, Pedro de Heredia avanzaba en 1534 desde Calamar por los montes de María hacia el Finzenú, presionando al cacique Guley, que debía defender el Panzenú simultáneamente por el lado del gran río —con apoyo malibú— y por el lado de las sabanas.

La campaña decisiva sobre el altiplano fue la de Gonzalo Jiménez de Quesada entre 1537 y 1538. Frente a un ejército muisca combinado que podía movilizar cerca de cien mil hombres, Quesada avanzaba con unos ciento sesenta españoles. El desequilibrio militar, sin embargo, no favoreció a la aritmética: el acero, los caballos y las enfermedades quebraron una y otra vez a los guerreros muiscas armados con escudos de madera y organizados como infantería. Tisquesusa, Zipa de Bacatá, murió en la retirada; Sagipa, su sucesor, fue apresado y sometido a tortura para arrancarle un tesoro que probablemente ya no existía. En pocos meses, la Confederación se descompuso. Los muiscas, mejor organizados que sus vecinos, ofrecieron precisamente el tipo de estructura piramidal que la Conquista sabía derribar de un golpe.

En el sur, Sebastián de Belalcázar fundó Popayán en 1537 sobre un territorio cuya ocupación estaba lejos de cerrarse. La guerra por el dominio efectivo del valle y de las cordilleras aledañas se prolongaría durante casi un siglo: los pijaos, los paeces y los yalcones opusieron una resistencia persistente que obligó a disputar el territorio generación tras generación. La revuelta general de 1556-1559, en la que pijaos y otros grupos del Cauca y del alto Magdalena destruyeron La Plata, no fue un alzamiento aislado sino la manifestación de una guerra que se extendería hasta bien entrado el siglo XVII, cuando el tránsito entre Santa Fe y Popayán seguía siendo peligroso por las incursiones de indígenas refugiados en la cordillera.

En el valle de Timaná, la memoria conservada por tradiciones y por la posterior reelaboración historiográfica sitúa a La Gaitana, cacica nasa que en el siglo XVI, tras el asesinato de su hijo a manos de los invasores, reunió fuerzas para combatirlos. La figura ha sido incorporada al imaginario nacional con contornos legendarios; su núcleo verificable —la existencia de una resistencia liderada por mujeres cacicas en la zona— señala una dimensión de la guerra que los cronistas rara vez supieron nombrar.

Más al norte, en el Cauca medio, los "indios armaos" bajo el mando del cacique Pipinta combatieron contra los españoles hasta su total extinción, y enterraron su tesoro antes o durante ese proceso final. Aguado, resumiendo la lógica de la represión, escribió que las rebeliones fueron tratadas "con poder de sangre vertida", pero anotó también que esa violencia no siempre lograba la sumisión de los indios.

La paradoja de los descentralizados

Aquí la historia se invierte. Los pueblos que carecían de las jerarquías que habrían permitido una guerra "clásica" —una capital, un rey, un ejército— resultaron ser los más difíciles de someter. Los pijaos mantuvieron una zona de resistencia activa en la sierra alta y los valles del alto Magdalena y el Cauca durante aproximadamente un siglo, con especial intensidad entre 1570 y 1620. Su descentralización política, con muchos caciques locales sin jefe superior, era simultáneamente causa de su fortaleza —no había cabeza que rendir, no había núcleo que tomar— y límite estratégico: no podían confederarse plenamente para expulsar al invasor.

Los cunas del Darién presentaron a Balboa y a sus sucesores un problema análogo: la fragmentación tribal permitió éxitos militares locales españoles, pero impidió una ocupación estable. Los caribes de la costa, los pantágoras del oriente antioqueño, los grupos que los españoles agrupaban indiscriminadamente bajo el rótulo de "caribes" —una categoría que en boca de los conquistadores significaba menos una filiación étnica que una constatación de belicosidad, uso de flechas envenenadas y práctica del canibalismo— retrasaron durante décadas la consolidación colonial.

En La Guajira, los wayúu convirtieron un ecosistema semiárido en zona de refugio, y desde ahí sostuvieron a lo largo de cinco siglos una autonomía práctica que ningún régimen —colonial, republicano, contemporáneo— ha logrado desmontar del todo. La geografía y la organización descentralizada operaron juntas: allí donde el terreno era hostil al asentamiento español y el liderazgo político era plural, el sometimiento fue estructuralmente imposible.

La respuesta más extrema de estos pueblos fue el suicidio colectivo. Los cronistas registran, con una mezcla de perplejidad y desdén, que grupos caribes y pijaos, cuando caían en servidumbre, preferían morir antes que aceptar la esclavitud. Ese acto —forma extrema de rechazo, no expresión de fatalismo— constituye uno de los signos más nítidos de que la sumisión no fue un destino de los pueblos originarios, sino el resultado contingente de una lucha desigual en la que algunos, obstinadamente, se negaron a perder.

Encomienda, mita y catástrofe demográfica

La derrota militar no era el fin de la historia sino su comienzo administrativo. Sobre los pueblos sometidos —o que los españoles creían haber sometido— se montó el sistema de la encomienda: la cesión de los tributos de un clan o una tribu a un español meritorio. No era, en su formulación original, una adjudicación de tierras: era una asignación de trabajo y de bienes. La unidad de encomienda no era el indígena individual, sino la comunidad, y el cacique quedaba convertido en engranaje del sistema colonial, responsable de que su gente pagara.

Este arreglo funcionó relativamente bien allí donde ya existían estructuras de tributación previa. En el territorio muisca, el reconocimiento de caciques importantes fue leído por los españoles como equivalente a admitir sujeción, y los testimonios indígenas —incluidos aquellos que afirmaban que los tributos existían "desde que dios creó el mundo"— fueron incorporados al andamiaje colonial como prueba de una continuidad que probablemente no existía en esos términos. La categoría misma de "tributo" cambió de sentido al pasar del intercambio recíproco prehispánico a la obligación unilateral colonial, pero en los papeles la traducción parecía natural.

Los efectos, en cambio, no fueron naturales sino catastróficos. Guerra, viruela, gripa, encomienda y mita se sumaron en un colapso demográfico que llevó a muchas sociedades al borde del aniquilamiento biológico. En la región costeña el desplome fue especialmente brutal: los malibúes de Tamalameque no eran, apenas unos años después de la invasión, ni la décima parte de lo que habían sido. En las encomiendas costeñas los tributarios se redujeron drásticamente por la suma de abusos de encomenderos, guerras, enfermedades, mestizaje, suicidio colectivo y fuga a montes lejanos. En Loba y en la depresión momposina se añadió el trabajo obligatorio de la mita de boga, que arrancaba a los hombres de sus comunidades para servir en los bogas del Magdalena.

Ese arranque produjo un efecto en cadena. Muchos mitayos no regresaban a sus resguardos: quedaban enfermos, incapacitados, o preferían continuar como asalariados en las ciudades y en las haciendas. Lo que empezaba como una ausencia estacional se prolongaba en despoblamiento definitivo, y las comunidades que perdían a sus hombres adultos veían quebrarse el ciclo de la reproducción doméstica. De esa desintegración, más que de cualquier proceso planeado, surgió la masa proletaria urbana y rural que definiría el rostro social de la Colonia tardía y del siglo XIX.

La Corona intentó, con inconsistencia crónica, poner límites. Las Leyes Nuevas de 1542, que limitaban el goce de las encomiendas a dos generaciones y buscaban un trato más benigno para los indios, provocaron una guerra civil en el Perú y llevaron a la Corona a suspender su aplicación en la Nueva Granada. Bajo los ropajes religiosos y humanistas de estas medidas latía un cálculo pragmático: preservar la fuerza de trabajo y la base tributaria era más rentable que permitir el exterminio. La tensión entre la Corona —interesada en la continuidad productiva— y los encomenderos —tentados por la explotación depredadora— fue una constante del período, y sobre ese pulso los indígenas aprendieron a maniobrar.

A partir de 1570 se multiplicaron las mercedes de tierras en el Nuevo Reino, tanto a encomenderos como a otros pobladores, en un contexto de conflictos por el monopolio de la mano de obra indígena. La ciudad encomendera —el modelo urbano dominante del primer siglo colonial— dependía del abastecimiento y la mano de obra que las comunidades sometidas aportaban, y su lento declive durante el siglo XVII se explica en buena medida por el colapso demográfico de esas mismas comunidades.

Resguardo, cabildo y la resistencia por otros medios

Fue en este agrietamiento del proyecto colonial donde apareció la institución que, sin pretenderlo, se convertiría en el escudo más duradero de la resistencia indígena: el resguardo. Concebido como mecanismo para agrupar y proteger a las comunidades sobrevivientes —y garantizar así el flujo tributario—, el resguardo tenía como característica esencial la propiedad colectiva de la tierra. Su venta fue prohibida en el siglo XVII incluso con el consentimiento de todo el común. El resguardo de San Andrés-Mexión, Chinú y Pinchorroy, concedido por el visitador Juan de Villabona y Zubiaurre en 1611 y confirmado en 1675 y 1773, ilustra la continuidad institucional que hizo posible que las comunidades usaran la figura como refugio jurídico a lo largo de toda la Colonia.

Los indígenas no aceptaron el resguardo como imposición externa: lo apropiaron. Empezaron a invocar leyes, ordenanzas y pleitos como instrumentos de resistencia frente a los opresores. La lucha de los resguardos por la retención de sus tierras se caracterizó por un recurso persistente a la legalidad indiana, hábito que se prolongó durante siglos.

El caso paez es paradigmático. Juan Tama, actuando como mediador entre los paeces y las autoridades coloniales a comienzos del siglo XVIII, persuadió a los indígenas para hacer ciertas concesiones, a cambio de las cuales fueron obteniendo los títulos de sus tierras en forma de resguardos. Esa negociación temprana —que hoy podría leerse superficialmente como capitulación— consolidó el territorio tradicional de los paeces y les entregó una herramienta que usarían durante los siguientes tres siglos.

Junto al resguardo, el cabildo indígena. Institución de raigambre ibérica, adaptada a las comunidades sometidas, fue integrándose como órgano de gobierno local reconocido por la Corona. Su capacidad para representar a la comunidad ante las autoridades coloniales lo convirtió en un espacio donde los propios indígenas —bajo formas heredadas del invasor— reproducían liderazgos y decisiones colectivas. La República, fundada bajo el signo del derecho individual, tensionaría más tarde ese principio: en la nueva legislación se perdía el concepto mismo de la colectividad y solo se reconocían individuos singulares y particulares. Pero los cabildos y los resguardos sobrevivirían a esa embestida.

La resistencia jurídica tenía sus límites, y la propia mentalidad indígena marcaba algunos. Los chibchas concebían la tierra como medio de producción comunitario y no como bien sujeto a transacciones, y raramente iniciaban pleitos para recuperar tierras arrebatadas que no fueran necesarias para sus labranzas, aunque formaran parte de su espacio vital. El derecho colonial y el derecho indígena chocaban no solo en las normas sino en las categorías; convertir la tierra en objeto de litigio suponía aceptar, siquiera parcialmente, una gramática ajena.

Los ídolos que no se rindieron

Paralela a la resistencia militar y a la jurídica corrió una resistencia menos visible pero más difundida: la de los cultos que no se dejaron extirpar. Las campañas de extirpación de idolatrías en la región muisca produjeron un efecto contraintuitivo: los indígenas no abandonaron sus prácticas, sino que las intensificaron. Cuando los españoles regresaban a pueblos ya inspeccionados, encontraban igual o mayor número de ídolos y ofrendas que antes.

El arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero lo comprobó años después de la campaña de 1594. En Fontibón confirmó la presencia de 82 chuques —oficiantes rituales— junto con más de tres mil ídolos escondidos en casas, cuevas y santuarios; en Bojacá, Cajicá, Chía, Serrezuela, Suba y Tuna decomisó cerca de diez mil piezas más. Las cifras, además de su literalidad, dibujan una escena: décadas después de la Conquista, en pleno esfuerzo de evangelización sistemática, el corazón del antiguo territorio muisca seguía siendo un tejido denso de prácticas rituales que los oficiantes reproducían y los fieles protegían. Los cultos prehispánicos no habían sido reemplazados por el cristianismo; habían aprendido a coexistir con él, a esconderse de él, a apropiarse de sus imágenes cuando convenía.

La permisividad de algunos curas y funcionarios contribuyó a esa continuidad. Andagoya, como otros, desestimó ciertas prácticas indígenas como meras supersticiones, y esa mirada distraída dejó pasar rituales que una vigilancia más celosa habría reprimido. Otros religiosos, en cambio, denunciaron el fenómeno ante la Corona: uno de ellos pidió que se nombrara un visitador para vigilar que los conversos vivieran como cristianos y fueran castigados por sus desviaciones, tras constatar que los indígenas bautizados retornaban a sus idolatrías y ritos.

La evangelización, conducida por las órdenes religiosas que fueron protagonistas de la cristianización de la Nueva Granada entre los siglos XVI y XVIII, trastocó no solo las nociones de lo sagrado y lo profano, sino la vida cotidiana entera: las imágenes en las casas, los horarios, las cargas materiales que la permanencia del doctrinero imponía en productos y servicios. Esa presión total explica que la resistencia religiosa fuera tan tenaz. No se trataba solo de defender dioses: se trataba de conservar un modo de habitar el tiempo.

Fronteras, refugios y territorios que nunca se rindieron

Bien entrado el siglo XVII, y en algunos casos hasta el siglo XVIII, existían en el actual territorio colombiano regiones enteras que el poder colonial no había logrado someter. En el alto Magdalena y en las estribaciones de la cordillera Central, los pijaos —o lo que quedaba de ellos tras las guerras de "pacificación"— seguían protagonizando incursiones desde refugios de altura. En el Chocó, la selva y el régimen de lluvias imponían un límite ecológico a la ocupación. En los Llanos Orientales, la extensión y la baja densidad demográfica frustraban cualquier ambición de control efectivo. En La Guajira, los wayúu convirtieron la aridez en soberanía.

Estas zonas configuraron una geografía política de fronteras activas. No eran vacíos: eran espacios donde la resistencia indígena, a veces sumada a la de cimarrones y arrochelados, presionaba sobre los dominios coloniales, obligaba a redirigir recursos militares y a otorgar mercedes de tierras extraordinariamente grandes —de hasta cuarenta mil hectáreas en la provincia de Popayán— a los pobladores dispuestos a participar en expediciones defensivas. La empresa colonial no avanzaba sobre espacios vírgenes: avanzaba, cuando avanzaba, sobre territorialidades indígenas superpuestas que jamás renunciaron a existir.

La distinción entre pueblos sedentarios y pueblos de organización móvil se refleja aquí con claridad. Los grupos con organización descentralizada que sostuvieron resistencia armada eludieron en mayor medida la encomienda y otras formas de servidumbre. No porque los mestizajes, las enfermedades o las presiones territoriales los preservaran mejor —muchos desaparecieron o se redujeron drásticamente—, sino porque en el corto y mediano plazo lograron mantener márgenes de autonomía que a los pueblos densos y jerárquicos les fueron negados desde el primer choque.

La sombra larga: de Quintín Lame al CRIC

La resistencia indígena, entendida como proceso, no terminó con la Colonia. En el siglo XX, Manuel Quintín Lame retomó y sistematizó lo que en cierto modo era la vieja plataforma que los cabildos y los resguardos habían defendido durante trescientos años: recuperar y ampliar las tierras de los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terrajes, dar a conocer las leyes sobre indígenas y defender la historia, la lengua y las costumbres. Lame, precursor del indigenismo contemporáneo, enunció esos puntos en sus escritos y prédicas décadas antes de que existiera una organización que los tomara como programa.

Esa organización llegó el 24 de febrero de 1971, con la fundación del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). La plataforma inicial reproducía casi textualmente la de Lame; solo los puntos 8, 9 y 10 fueron incorporados posteriormente por dinámicas locales. El CRIC hizo del fortalecimiento de los cabildos su eje político-organizativo, convirtiendo así una institución de origen colonial —al principio impuesta como mecanismo de intermediación— en el instrumento contemporáneo de la autonomía indígena. Que la resistencia moderna se articule alrededor del cabildo y no de una forma organizativa nueva confirma la continuidad del proceso.

La minga, palabra y práctica que originalmente designaba el trabajo colectivo comunitario, adquirió sentido político explícito en el Cauca por primera vez en noviembre de 1999, cuando los indígenas bloquearon durante 23 días la vía Panamericana entre Cali y Popayán hasta que el presidente Andrés Pastrana prometió atender la emergencia social, cultural y económica de los pueblos ancestrales mediante el Decreto 982. Desde entonces, las mingas han agrupado a comunidades indígenas y a otros sectores organizados en movilizaciones que hacen visible el reclamo. El 12 de noviembre de 2001, unos 4.500 indígenas paeces se concentraron en Caldono en una de las expresiones más contundentes de resistencia pacífica frente a la injerencia de grupos armados en el territorio.

La resistencia contemporánea del suroccidente colombiano se inscribe en un continuum histórico de violencias que va desde la invasión española hasta el conflicto armado actual, y su rasgo distintivo es que no se subordina a ningún actor externo. Es resistencia contra el Estado cuando el Estado despoja, contra la guerrilla cuando la guerrilla presiona, contra el paramilitarismo cuando el paramilitarismo asesina, contra el narcotráfico cuando el narcotráfico invade. Está profundamente anclada en tradiciones propias que le otorgan rasgos singulares dentro del panorama de las luchas sociales colombianas.

Los pueblos que más resistieron

El mapa de la resistencia está marcado por una asimetría entre lo ocurrido y lo contado. Los pueblos que más pelearon —pijaos, paeces, yalcones, wayúu, caribes, cunas— dejaron menos huella documental que muiscas y taironas, y los territorios donde la Corona nunca dominó del todo permanecieron largamente en los márgenes del interés archivístico. La aparente sumisión de los pueblos originarios no fue rasgo inherente sino resultado de una lucha desigual: inferioridad armamentística, fragmentación tribal, aniquilamiento durante la conquista. Donde la geografía y la organización política lo permitieron, la pelea se prolongó siglos; donde no, la resistencia cambió de forma —pleito, escondite, ritual clandestino— pero no cesó.

Popayán y el suroccidente fueron el gran teatro de esa guerra larga, y sus protagonistas —cacicas nasa como La Gaitana, mediadores como Juan Tama, comunidades paeces enteras— entregaron a la resistencia contemporánea del Cauca su repertorio de figuras y su continuidad de agravios. Los muiscas, en cambio, aportaron la lección inversa: la de una organización sofisticada que ofreció al invasor la palanca que necesitaba, y que solo pudo reconstruirse desde abajo, ritual y jurídicamente, después del colapso militar.

Un proceso, no un capítulo

Del asesinato de Juan de la Cosa en Turbaco en 1510 a la minga de la Panamericana en 1999, de los ídolos escondidos en Fontibón a los pleitos del CRIC por títulos de resguardo, la línea que atraviesa cinco siglos no es la de un rechazo puntual ni la de un fracaso disfrazado de leyenda. Es la de una acumulación de decisiones concretas —tomadas por pueblos con nombre, en territorios con nombre— que convirtió instituciones diseñadas para dominar en herramientas de permanencia.

El resguardo, pensado para agrupar tributarios, se hizo escudo de propiedad colectiva. El cabildo, importado como mecanismo de intermediación, se hizo órgano de autonomía. La ley indiana, redactada para regular la explotación, se hizo material de pleito. Incluso el vocabulario cristiano, impuesto para reemplazar los cultos, se hizo cobertura para la coexistencia ritual. Esa capacidad de reapropiación —ejercida de modo distinto por muiscas que negociaron desde el colapso, por pijaos que combatieron desde la sierra, por wayúu que hicieron de la aridez su soberanía, por paeces que aprendieron temprano el idioma del título de tierras— explica por qué la resistencia no fue un momento sino una duración.

Comienza cuando comienza la Conquista, y no ha terminado. Su gramática se forjó en los siglos XVI y XVII, y se sigue hablando en los cabildos del Cauca, en las rancherías de La Guajira, en los pueblos de la Sierra Nevada, cada vez que una comunidad decide, otra vez, que va a quedarse.

04

En el archivo

7 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

06

Documentos y fragmentos citados

57 documentos · 73 fragmentos

01Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[1]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[2]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
02Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 361 cita
[3]

un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 52, 772 citas
[4]

autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…

p. 52
[25]

el Nuevo Reino. Estas familias un í an la heren cia de la Conquista y la riqueza con el entronque con funcionarios reales y creaban redes muy amplias de consanguinidad, que perdu raron como una de las formas principales de poder en el siglo xix. As í, los criollos se blanqueaban al unirse con espa ñ oles sin sospecha…

p. 77
04Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1341 cita
[5]

¢ Caso de los muiscas. y que ir tan lejos: incluso en el caso de comunidades de conformado unidades territoriales que reconocieran ique, más allá de los estrechos límites de la comunidad. incia de Pamplona, ampliamente estudiada por Germán $, algunos indígenas atestiguaron a los españoles que “res- Señores en sus…

p. 134
05Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · p. 391 cita
[6]

de la dominación seño- rial de una población aborigen, ya desarrollada desde el punto de vista agrícola y previamente organizada en tor- no de sus jefes. Para que una tribu pueda ser derrotada se necesita, antes que todo, que esté unida y que tenga jefes. Los pijaos, por ejemplo, no podían ser derrotados porque sus…

p. 39
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 132, 1342 citas
[7]

activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…

p. 132
[16]

el tronco inicial, costa de Venezuela y norte de Co- lombia) y Caribe meridionales (algunos idiomas — RE i Grupos indígenas precolombinos Indígenas en la selva, óleo de la pintora del río Xingú y alto Ama- zonas colombiano, como el Carijona, el Hianakoto y el Umaua). En total, su- man 50 lenguas conocidas y está…

p. 134
07Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3591 cita
[8]

cultivo del maíz y este, así como otros cultígenos y frutales, se sembra- ban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles que- daron admirados con el perfecto sistema de irrigación que 170 Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas…

p. 359
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 37, 842 citas
[9]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
[51]

escritor criollo, atribuyó la p ro d u c tiv id ad y la p ro sp e rid ad de G uanentá a la parcelación de sus tierras en u n id ad es relativam ente pequeñas, algo que estaba dictado principalm ente por la topografía. V argas anotó que en esas com arcas la m ayoría de la población poseía pequeñas parcelas y, según la…

p. 84
09La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 54, 732 citas
[10]

de las sociedades anteriores a la Conquista. Mientras que tales escritos se utilizan para apoyar las afirmaciones del avanzado estado de desarrollo de los muiscas y taironas (Kroeber 1946: 887-909; Reichel-Dolmatoff 1965: 143-68), el uso académico de documentos similares para la región de Popayán parece insuficiente.…

p. 54
[44]

en mucho y creyeron ser gran cosa, y dende á otros cuatro ó cinco días hobo otros 300 que se les hizo la misma fiesta (Andagoya 1829: 440-442). EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 74 L a g e n t…

p. 73
10Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 161 cita
[11]

trueque y tributo. De otro lado, se ha procurado que la descripción sobre la circulación de cada producto vaya acompañada de referencias acerca de quién los hacía, el uso que se les daba, la técnica de producción, así como la ubicación de centros productores, distribuidores y consumidores involucrados en el…

p. 16
11Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35, 1212 citas
[12]

y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…

p. 35
[36]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
12Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 931 cita
[13]

anónimo, eran producto del trabajo indígena sometido. Sin embargo, Balboa dejó, como caso excepcional, que los indígenas convivieran en la ciudad con los es- pañoles. Así era más difícil que grupos rebeldes ata- caran Santa María la Antigua, por temor a matar a coterráneos suyos. Los éxitos militares de Balboa, a…

p. 93
13Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 1741 cita
[14]

la noche. Somos, los indios más que hombres, una decisión frente al mundo... Antecedentes históricos y descripción general de la región La Guajira como zona de refugio, región capitalista y posible espacio de diversidad étnica Fueron múltiples los factores que se conjugaron a lo largo de los últimos 500 años para dar…

p. 174
14Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1481 cita
[15]

la península que hoy llamamos Guajira era parte del continente de Gondwana y fue en sus costas en donde se abrió parte de la grieta que la separó de Norteamérica. En su viaje hacia el suroccidente esas costas afrontaron continuos embates de las aguas oceánicas y cuando la placa se detuvo, se inició un largo proceso de…

p. 148
15Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 231 cita
[17]

includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…

p. 23
16Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 271 cita
[18]

Nuñez de Balboa founded Santa Mar í a la Antigua del Darién in 1510. This was the first city in what today we call Colombia, and one of the first of Spanish origin on the American continent. However, the conquerors soon understood they were facing nations with different languages, customs, hierarchical regimes,…

p. 27
17Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1531 cita
[19]

denominador y principal movil de la conquista del territorio colombiano fue la busqueda del oro. La leyenda de El Dorado fue creada desde aquella época, parece que por los propios indige- nas, para despistar a los espanoles. La conquista fue una empresa cruenta. Muchas poblaciones nativas fueron arrasadas y los…

p. 153
18El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 59, 1542 citas
[20]

situa- ción están todas las minorías raciales o nacionales cuando 155 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa luchan contra un fuerte y bien armado opresor. Cierto es que algunas tribus recibieron a la llegada de los españoles a los hombres blancos como a semidioses. Pero esta ilu- sión no pudo durar mucho tiempo frente a los…

p. 154
[53]

posesión sin título y que sólo se apoya, entre otras cosas no menos ridículas, en que antes eran los san- juanes tributarios?». He aquí dos distintos principios de derecho de pro- piedad. Por una parte el concepto de un derecho colectivo como básico, consagrado por la historia y por las tradicio- nes y por las…

p. 59
19Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 631 cita
[21]

la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…

p. 63
20Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 27, 462 citas
[22]

quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…

p. 27
[41]

diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…

p. 46
21Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 106, 3582 citas
[23]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
[60]

terminaron siendo arrastradas hacia el conflicto por los bandos en pugna y en la práctica forzadas a tomar partido, con lo cual las viejas reivindicaciones autonómicas de las comunidades terminaron involucradas en la guerra entre revolucionarios y contrarrevolucionarios 491. En el caso colombia- no esta superposición…

p. 358
22Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 301 cita
[24]

argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…

p. 30
23Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 581 cita
[26]

amigos y detractores es que es una mujer valiente y aguerrida que hace recordar relatos de mujeres como La Gaitana, quien habitó estas tierras en el año 1500. Esa cacica fue una nasa que se opuso a la muerte y opresión que dejaban a su paso los españoles, y quien tras el asesinato de su hijo a manos de los invasores…

p. 58
24Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[27]

half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…

p. 101
25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2181 cita
[28]

Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…

p. 218
26Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 61, 692 citas
[29]

extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…

p. 69
[73]

tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…

p. 61
27Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2291 cita
[30]

desconcertantes. Siguiendo el curso del rio, nuevas tribus y nuevos régulos, hasta llegar a los dominios de un Cid cobrizo, incansable y denodado: Calarca, comparable a Caupolican, Cuau- htémoc, Atahualpa o Lautaro. Al frente de sus pijaos dio a los hombres barbados que manejaban el rayo y se desdo- blaban en hombre y…

p. 229
28Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 298, 3042 citas
[31]

y con ellos sus madres, desgastadas prematu- ramente por los múltiples partos y por el arduo trabajo de la casa y la parcela. La poca comida y las enfermedades hacen que el crecimiento de las poblaciones del Cauca indí- gena sea más lento que el de las poblaciones del Cauca campesino. La pausada expansión demográfica…

p. 298
[55]

desempeñaron en la lucha de los paeces por consolidar su territorio tradicional 34. Después de estudiar su desempeño en la defensa de los paeces, Roberto Pineda Camacho sugiere que Juan Tama probablemente fue un indígena tama de la selva tropical amazónica, arrancado por los españoles de su tierra natal y esclavizado.…

p. 304
29Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 232 citas
[32]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[33]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
30Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 791 cita
[34]

quedaban sino 10 indios capaces de pagar tributo, esto es, aproximada- m e n t e 60 personas entre chicos y grandes. Las 41 encomiendas costeñas habían bajado a 35, todas disminuidas de tributos y tributarios. A los malibúes de Tamalameque tampoco les había ido bien: una Relación geográfica escrita en 1579 sostenía…

p. 79
31La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 16, 212 citas
[35]

nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
[54]

se admite que el ocupante ad quiera su título de •propiedad mediante el pago de una suma a la Corona. Se autorizó la venta de tierra a bajo precio, por parte del Estado, con la finalidad de recavar fondos y atraer nue vos colonos a las tierras sin ocupar. Asimismo se autorizó otorgar tierras a los indios en forma de…

p. 16
32Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 42, 452 citas
[37]

y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

p. 42
[52]

acuerdo con las necesidades de cada familia indígena. La característica esencial era la propiedad colectiva sobre las tierras, las ventas, aún con el consentimiento de todo el común, se prohibieron en el siglo XVII. Según Friede, la conciencia de ser propietario no era igual en las comuni dades indígenas de América, y…

p. 45
33Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 69, 872 citas
[38]

otros muchos preferían continuar como asalariados, a la terminación de la mita. En suma, muy pocos regresaban y de ellos gran número volvían enfermos e incapacitados. Como el tributo de la encomienda era constante sobre el grupo, al disminuir por causa de la mita el número de sus componentes, el indígena se veía…

p. 87
[39]

explotación de los indígenas, pero por causa de esta tendencia adoptó instituciones que garantizaran a los conquistadores el no interferir su prejuicio con respecto al trabajo material y que les permitieran vivir de sus rentas a costa de los sometidos.⁷⁸ Pero esta tendencia no se hubiera concretado si no hubieran…

p. 69
34Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 481 cita
[40]

a generally accepted figure. By some estimates, sixty years after contact only 1.5 million indigenous people remained in Colombia— paradoxically, in the areas where most of the Spaniards lived. They also lived in the dense jungles, where no contact with Europeans had occurred. By the middle of the seventeenth century,…

p. 48
35Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1551 cita
[42]

de tomar posesión del territorio por parte de los españoles. Se fundaron ciudades-puerto, ciudades-centros adminis- trativos, ciudades mineras, ciudades de frontera y ciudades de abrigo y sustento en los largos valles. El tipo de ciudad que dominó el primer siglo colonial fue la ciudad enco- mendera, no sólo porque…

p. 155
36Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 561 cita
[43]

viviendas corrientes también encontrarían ofrendas. En total, los españoles decomisaron 1.041 pesos de ídolos de oro bajo y fino, doce pesos y tres tomines de esmeraldas (Eugenio 19). En casi todos los testimo- nios de las visitas a santuarios en el siglo XVI y XVII, los indígenas mestizos y españoles coincidían en…

p. 56
37The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1171 cita
[45]

as Christians. And so that this great malady and grave offense to God might be fixed, it is necessary that Your Royal High- Idolators and Encomenderos 103 ness appoint a person or declare that the high court appoint a person who, looking only to God and leaving behind all pretension for worldly gain or sinister…

p. 117
38Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 121 cita
[46]

las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…

p. 12
39Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 291 cita
[47]

de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…

p. 29
40Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 cita
[48]

57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
41Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 511 cita
[49]

por la resistencia indígena y por núcleos de negros y mulatos cimarrones, palenqueros y arrochelados [Zuluaga, 1993(a); Zuluaga y Bermúdez, 1997]. Por su parte, la periferia la constituyen la región del Pacífico y las cordilleras, donde se localizaban las explotaciones mineras. Del centro dependen las decisiones, el…

p. 51
42Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1821 cita
[50]

de Caji- bío -contiguas a Mojibío- entre los ríos Cajibío y Piendamó y entre el camino real y el río Cauca. Este otorgamiento casi decuplicaba el anterior de Mojibío: se trataba nada menos que de unas cuarenta mil hectáreas. El otorgamiento más tardío encontrado en los alrededores de Popayán data de 1650, y se refiere…

p. 182
43Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 501 cita
[56]

las encomiendas sucesivas de Rodrigo Méndez de Montalvo, su hijo Andrés y su nieta Ana Vitalina de Fuentes (1580-1649), hasta la última del marqués de Villa Alta en el siglo XVIII, cuando el pueblo se declaró de la Real Corona. El respectivo resguardo de tierras —para tres caseríos, de 56 a 85 mil hectáreas de…

p. 50
44Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1071 cita
[57]

la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…

p. 107
45Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 271 cita
[58]

proceso de!" años, con muchas di fi cultades y alti- bajos, y un futuro que de ningún modo está despejado. El proceso de los años $" comenzó con la lucha por la tierra y la utilización de un instrumento organizativo muy propio: los cabildos indígenas. 1. Los cabildos: eje político – organizativo La inclusión, a manera…

p. 27
46Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 1271 cita
[59]

Defensa de la Familia. 16 La ACIN agrupa a los cabildos del Norte del Cauca, todos pertenecientes al pueblo Nasa. A su vez, la ACIN hace parte del CRIC, por lo cual comparte su plataforma de lucha. 02. CONTEXTO REGIONAL DEL CAUCA INDÍGENA Estos puntos representan el proceso de lucha, de resistencia y de pervivencia de…

p. 127
47Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 316, 3192 citas
[61]

menos abiertos, tal como ha ocurrido en varios momentos a lo largo de las últimas décadas en el departamento del Cauca. No por casualidad el corazón de la resistencia indígena, bajo la modalidad de movilizaciones directas de la población para contener la acción de los grupos armados, está localizado en esta región,…

p. 319
[64]

impidió la reacción de la columna armada, sino que amplificó la reacción de la población ante la intromisión de un grupo armado en una acción de protesta civil. La distancia entre la violencia de las armas y la movilización social quedó claramente registrada. Esta acción, que hoy parece olvidada, dio inicio a la…

p. 316
48Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1741 cita
[62]

principales símbolos de la moviliza- ción y la resistencia. Desde sus orígenes, ha estado asociada con el trabajo colectivo y los aportes voluntarios de la comunidad para buscar el buen vivir común, pero ahora es también sinónimo de «caminar la palabra», es decir, de la movilización y protesta en pro de la…

p. 174
49Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[63]

época de la invasión, y plasmadas en el andamiaje jurídico– ha afectado profundamente a los pueblos étnicos. Estos, en sus relatos ante la Comisión de la Verdad, se han referido a aquellos momentos históricos de violencia que quebrantaron la continuidad de sus culturas, y configuraron un sistema de dominación,…

p. 45
50Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 2851 cita
[65]

para impedir su voladura definitiva. Comando del ELN desiste de la acción. Vigilancia permanente de jóvenes durante varias noches 12 de septiembre de 2000 Ortega Llano (Corregimiento de Cajibío, Cauca) 14 FARC Armada “Algunos grupos de la población” armados con “escopetas, machetes y cuchillos” repelen ataque por…

p. 285
51Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2061 cita
[66]

concerniente al problema indígena que recobraba actualidad. Entre los autores que desarrollan la Capítulo 8 207 temática indigenista en sentido histó- rico propiamente dicho sobresale Juan Friede con su libro El Indio en la lucha por la tierra (1944). A partir de enton- ces se abre la preocupación por re- construir la…

p. 206
52El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2241 cita
[67]

1979 14 Orlando Fals Borda, Mompox y Loba, Historia doble de la Costa, Carlos Valencia Editores, Bogot á, 1980. 15 Ignacio Torres Giraldo, La Cuesti ó n Ind í gena en Colombia, Segunda Edici ó n, 1975, Ediciones de La Rosca, Bogot á. Los estudios sobre los sectores particulares de la poblaci ó n rural dentro de la ó…

p. 224
53Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 171 cita
[68]

DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 61 sustituye a los estudios lingüísticos. Su objeto natural e inherente es la y no la regulación investigación. 47 Para Friede la tarea de los académicos solo se limitaba a una “ de los hechos —a interpretación veces incluso insuficientemente…

p. 17
54Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 991 cita
[69]

más comúnmente cita dos hasta ahora y contenidos en cronistas y relaciones de la Conquista. En este tipo de documentación suele encontrarse un recorte ficticio y general mente convencional en «provincias» y «valles». A pesar de esta preocupa ción de cronistas y observadores de la época de la Conquista para hacer una…

p. 99
55Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 341 cita
[70]

h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…

p. 34
56Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2931 cita
[71]

the peasants of Ayapel’’ in  and ‘‘the sedition of the ‘Indians’ of Jegua’’ in . Although these cases show the ability of two rural communities—one mostly of African de-  Notes to Pages – scent, the other, indigenous—to resist abuse by the representatives of Spain, Fals presents no evidence that they…

p. 293
57Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2931 cita
[72]

the peasants of Ayapel’’ in  and ‘‘the sedition of the ‘Indians’ of Jegua’’ in . Although these cases show the ability of two rural communities—one mostly of African de-  Notes to Pages – scent, the other, indigenous—to resist abuse by the representatives of Spain, Fals presents no evidence that they…

p. 293