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Hecho histórico · Conquista · 1499–1599

Represión final tairona y descuartizamiento del cacique Cuchacique (1599-1600)

Entre 1599 y 1600, el gobernador Juan Guiral Velón condujo una campaña militar que destruyó la resistencia tairona en la Sierra Nevada de Santa Marta, culminó con el descuartizamiento del cacique Cuchacique y la prohibición de repoblar las ciudades indígenas devastadas, clausurando el ciclo de la sociedad más urbana del Caribe neogranadino.

Represión final tairona y descuartizamiento del cacique Cuchacique (1599-1600)
1599-1600
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1599-1600
Dónde
Sierra Nevada de Santa Marta, Valledupar, Nueva Granada, Santa Marta, Cartagena de Indias
Protagonistas
Rodrigo de Bastidas, Gonzalo Jiménez de Quesada, Juan Guiral Velón, Cacique Cuchacique, Fray Pedro Simón, Alonso Luis de Lugo, Gobernación de Santa Marta
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La presión de las encomiendas establecidas en las estribaciones serranas del oriente y del norte sobre las comunidades taironas generó una rebelión de escala mayor que puso en jaque a la gobernación entera de Santa Marta.
  2. La persistencia de una organización política propia en el interior de la Sierra Nevada —con caciques, linajes de mando y una clase sacerdotal rival— mantuvo durante casi un siglo la capacidad de resistencia tairona frente a los intentos españoles de sometimiento.
  3. La fragmentación política tairona, dividida entre las federaciones antagónicas de Bonda y Pocigueica y atravesada por la pugna interna entre jefes civiles y sacerdotes, impidió una respuesta unificada y prolongó el conflicto hasta su resolución violenta.
  4. El estado permanente de guerra con las poblaciones vecinas a Santa Marta suspendía los tributos alimenticios que sostenían a los colonos españoles, lo que hacía imperativa, desde la lógica colonial, la destrucción definitiva de la capacidad militar indígena.
1599-1600Represión final tairona y descuartizamiento del cacique Cuchacique (1599-1600)

Consecuencias

  1. El descuartizamiento del cacique Cuchacique y la exhibición de miembros de jefes indígenas en jaulas repartidas por las aldeas produjeron, según Reichel-Dolmatoff, la dispersión, desorganización y aislamiento de las tribus taironas, que perdieron la noción de haber sido poderosas.
  2. La orden de no repoblar las ciudades taironas destruidas transformó la Sierra Nevada, uno de los espacios más densamente urbanizados del norte suramericano, en un vacío territorial deliberado: las terrazas de cultivo, los caminos enlosados y las plazoletas circulares quedaron abandonados a la vegetación.
  3. La población tairona de la región pasó de aproximadamente 70.000 habitantes a apenas 800, como resultado acumulado de la campaña militar, la destrucción de la base económica, las epidemias y la desintegración comunitaria.
  4. El colapso demográfico y el abandono forzado generaron el vacío arqueológico que explica por qué los sitios taironas —incluida Buritaca-200, la Ciudad Perdida, descubierta en 1976— permanecieron ocultos bajo la selva durante casi cuatro siglos.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La represión de 1599-1600 no fue un episodio más de violencia colonial sino la operación que convirtió deliberadamente la sociedad urbana más compleja del Caribe neogranadino en un vacío demográfico y arqueológico: la prohibición de repoblar las ciudades destruidas transformó una victoria militar en una decisión territorial de largo plazo. El descuartizamiento de Cuchacique ilustra además la continuidad del dispositivo jurídico-punitivo del imperio hispánico, el mismo que se aplicaría dos siglos después a los líderes comuneros, revelando que la violencia colonial era un lenguaje estable transmitido como parte del oficio de gobernar. Entender este episodio es condición para explicar tanto el silencio arqueológico de la Sierra Nevada como la transformación de una civilización urbana en las comunidades serranas aisladas que la etnografía encontraría en el siglo XX.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Represión final tairona y descuartizamiento del cacique Cuchacique (1599-1600)

Entre los últimos meses de 1599 y los primeros de 1600, el gobernador de Santa Marta Juan Guiral Velón condujo una campaña militar contra las poblaciones taironas de la Sierra Nevada que terminó con el descuartizamiento del cacique Cuchacique, la exhibición de miembros de jefes indígenas en jaulas repartidas por las aldeas, la destrucción de campos de maíz y caseríos de pescadores, y la orden de que las ciudades taironas devastadas no volvieran a ser habitadas. Fue el acto de cierre de un ciclo largo: la sociedad más urbana del Caribe neogranadino —la única de la actual Colombia que había desarrollado terrazas de cultivo, redes de caminos enlosados, sistemas de irrigación y una densidad demográfica de centenares de pueblos— dejó de existir como orden político. En su lugar quedó un silencio que la arqueología solo empezaría a leer casi cuatro siglos después, cuando en 1976 apareció Buritaca-200, la Ciudad Perdida, oculta bajo la selva de la Sierra. La represión de 1599-1600 no fue un episodio más de crueldad colonial: fue la operación que convirtió una civilización urbana en un vacío arqueológico.

La sociedad que iba a ser destruida

Al comenzar el siglo XVI, la Sierra Nevada de Santa Marta y sus estribaciones estaban ocupadas por poblaciones agrupadas en torno a dos centros principales. Bonda, en la parte plana cercana a la actual Santa Marta, dominaba las tierras bajas. Pocigueica, encaramada en las faldas abruptas, controlaba las cabeceras de los ríos Frío y Don Diego. Cada uno funcionaba como núcleo de una federación incipiente, y las dos federaciones eran antagónicas entre sí. La rivalidad no había cristalizado en un gobierno centralizado capaz de responder de forma unificada a un enemigo externo: los taironas eran una sociedad urbana sin Estado consolidado.

A esa fragmentación externa se sumaba otra interna. Dentro de los cacicazgos existía una pugna más o menos abierta entre los jefes civiles y una clase poderosa de sacerdotes que controlaba el calendario agrícola y ceremonial, construía templos orientados según fenómenos astronómicos y meteorológicos, y ejercía una influencia paralela —a ratos rival— a la de los caciques. La sociedad tairona funcionaba con un doble mando cuya tensión atravesaba las decisiones colectivas.

Lo que compensaba esa fragilidad política era la densidad material del territorio. Fray Pedro Simón, cuyas Noticias historiales recogieron información de primera mano sobre la región, describía que "hervía la tierra de estos naturales" y consignaba, al recorrer el Valle de la Caldera, pueblos con aproximadamente mil casas cada uno visibles desde las laderas. La cultura tairona se distinguía, en el conjunto del actual territorio colombiano, por haber alcanzado un incipiente nivel urbano sostenido por grandes obras públicas: terrazas escalonadas que ganaban al monte tierra cultivable, canales que conducían el agua de las cumbres a las plazoletas circulares de los poblados, y una red de caminos enlosados que enlazaba caseríos a lo largo de las cuencas fluviales. La distribución de sitios con estas características arquitectónicas cubre más de 5.000 kilómetros cuadrados a lo largo de las vertientes occidental y norte de la Sierra Nevada, en un sistema de asentamientos que se asemeja a conurbaciones: redes de poblados de distintos tamaños y funciones a lo largo de cuencas, cuyos límites sociopolíticos precisos aún se discuten.

Sobre esa densidad iba a caer, primero, un siglo de acoso español, y luego una campaña deliberada de aniquilación.

Un siglo de intentos: la resistencia tairona antes de 1599

Santa Marta había sido fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas como cabeza de puente en la costa Caribe. Desde ella salieron las primeras expediciones que penetraron el interior neogranadino —la de Ambrosio Alfínger hacia el oriente, la de Gonzalo Jiménez de Quesada hacia el altiplano muisca en 1536-1538—, pero la propia hinterland de la gobernación resultó, paradójicamente, más difícil de someter que las tierras lejanas. Mientras Quesada avanzaba hacia lo que sería Santa Fe, las estribaciones de la Sierra permanecían en pie de guerra.

La expedición de Alonso Luis de Lugo a la región de Santa Marta chocó con esa resistencia y regresó en marzo de 1536 disminuida en cerca de 250 hombres, muertos por flechas, hambre y disentería. Los pueblos de Bonda, Coto y Valle Hermoso se negaban a entregar oro. El estado permanente de guerra con las poblaciones vecinas suspendía los tributos alimenticios que sostenían a la ciudad, y hacia 1536 los colonos españoles de Santa Marta padecían hambre extrema. La lógica del sistema colonial temprano —una minoría armada dependiente del trabajo y los alimentos indígenas— se rompía cada vez que las comunidades se levantaban o simplemente se retiraban al monte.

Durante la segunda mitad del siglo XVI, las estribaciones serranas del oriente y del norte se fueron organizando en encomiendas. La categoría misma con que los cronistas y funcionarios españoles nombraban a los grupos rebeldes revela el circuito en el que se inscribía la violencia: se llamaba "caribes" a los que ofrecían mucha resistencia armada y practicaban —o se les atribuía— el canibalismo, y esa clasificación los convertía en mercancía legítima en los mercados de esclavos de las Antillas durante las primeras décadas del siglo. La resistencia indígena era, en la contabilidad colonial, un recurso extractivo más.

Hacia fines del XVI, sin embargo, algo cambió. La presión de las encomiendas sobre las comunidades serranas, sumada a la persistencia de una organización política propia en el interior de la Sierra, produjo una rebelión de escala mayor. Las poblaciones taironas se alzaron de forma coordinada en un movimiento que puso en jaque a la gobernación entera de Santa Marta y que obligó a la Corona, a través del gobernador Juan Guiral Velón, a solicitar refuerzos extraordinarios. Al ejército de Santa Marta llegaron contingentes desde Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. La operación que se preparaba no era una expedición punitiva provincial: era la concentración de fuerzas de cuatro ciudades para clausurar, de una vez, la capacidad militar tairona.

La campaña de Guiral Velón: cronología de una operación de terror

La campaña dirigida por Juan Guiral Velón entre 1599 y 1600 combinó tres líneas de acción cuya simultaneidad —más que su secuencia— explica su eficacia: destrucción de la base económica, decapitación política y terror ejemplar.

La primera línea fue el arrasamiento sistemático de la economía indígena. Los españoles quemaron las aldeas que suministraban pescado en la costa y destruyeron los campos de maíz de las estribaciones. El objetivo, declarado por la propia oficialidad, era desvertebrar la economía que sostenía la resistencia: sin pescado, sin maíz y sin caseríos donde almacenarlos, los combatientes taironas quedaban forzados a la dispersión o a la rendición. Esta táctica reproducía, a escala de una provincia, un procedimiento antiguo de guerra colonial: privar al enemigo del sustrato material de la vida antes que perseguirlo en el terreno.

La segunda línea fue la decapitación política. Guiral Velón ordenó que todos los jefes indígenas fueran capturados, torturados, mutilados y desmembrados. A los que no eran ejecutados de inmediato se les arrancaban los labios y las orejas antes de devolverlos a sus comunidades. Los miembros de los caciques desmembrados fueron colocados en jaulas y distribuidos por distintas aldeas para ser exhibidos. La orden respondía a una lectura precisa —aunque brutal— de la sociedad tairona: si el orden político descansaba sobre linajes de caciques y jefes locales, la eliminación física y ostensible de esos linajes producía, en el corto plazo, el colapso de la capacidad de mando.

La tercera línea, íntimamente ligada a la segunda, fue el terror ejemplar aplicado según la codificación jurídica colonial. La violencia pública en la América hispánica no era caótica: estaba minuciosamente reglada. Los delitos considerados más graves —homicidio, rebelión, fuga armada de esclavos— se castigaban con la muerte, y la muerte se administraba mediante fórmulas destinadas a producir efecto sobre los vivos. El descuartizamiento y la exhibición de trozos del cuerpo en la picota pública o en jaulas eran parte del catálogo. Los pedazos del ejecutado podían ser arrojados a los ríos. La sentencia declaraba la infamia perpetua de la descendencia, confiscaba los bienes para el fisco real, y ordenaba demoler la casa del condenado y sembrar sal sobre sus cimientos. La fórmula era explícita: se ordenaba dar "olvido a su infame nombre" y conservar solo "la memoria del odio y espanto que inspira la fealdad del delito". Guiral Velón aplicó, en la Sierra Nevada, este repertorio codificado no a un rebelde individual sino a una sociedad entera.

En ese marco se sitúa el descuartizamiento del cacique Cuchacique, figura que la memoria colonial fijó como el nombre del último gran jefe de la resistencia tairona. Su cuerpo, siguiendo la sentencia, fue dividido y sus partes distribuidas por distintas localidades de la gobernación. La operación cumplía dos funciones simultáneas: castigar al individuo y borrar su memoria. El descuartizamiento no era una crueldad accesoria; era la técnica jurídica precisa para conseguir que un rebelde dejara de existir como referente político para los vivos.

La fórmula tenía una vida larga y una geografía extensa dentro del orden colonial. Casi dos siglos más tarde, en 1781, los líderes de la insurrección comunera de Nueva GranadaJosé Antonio Galán a la cabeza— serían ejecutados en Santa Fe con el mismo repertorio: ahorcamiento, descuartizamiento, exposición de la cabeza y de las extremidades en los caminos que unían las villas donde había prendido la revuelta, confiscación de bienes, declaración de infamia perpetua para la descendencia y demolición de la casa con siembra de sal. Entre Cuchacique y Galán mediaron el cambio de dinastía, las reformas borbónicas y una transformación completa de la administración virreinal, pero la coreografía punitiva permaneció idéntica. Lo que se ejecutaba en la Sierra Nevada a fines del XVI no era un exceso de un gobernador de frontera: era el mismo dispositivo que la Real Audiencia aplicaría, con protocolo escrito, contra rebeldes criollos y mestizos del interior andino. La continuidad revela hasta qué punto la violencia jurídica del imperio era un lenguaje estable, transmitido de un siglo a otro como parte del oficio de gobernar.

Al terminar la campaña, la fuerza militar tairona había sido rota. Los caciques ejecutados no podían ser reemplazados en el corto plazo, porque los linajes de mando habían sido diezmados y los sacerdotes —la otra clase de poder— no controlaban el aparato guerrero. Los cronistas de la época consignaron el resultado con frialdad: los templos taironas fueron destruidos, las mujeres violadas, los niños arrojados a los perros. La derrota militar fue completa.

La prohibición: convertir la Sierra en un vacío

Lo que distingue la operación de 1599-1600 de otras campañas coloniales contemporáneas no es solo la intensidad de la violencia, sino su corolario administrativo: la orden de que las ciudades taironas destruidas no volvieran a ser repobladas. La medida transformaba una victoria militar en una decisión territorial de largo plazo. La Sierra Nevada, que había sido durante siglos uno de los espacios más densamente urbanizados del norte suramericano, quedaba deliberadamente sustraída al asentamiento colonial. Las terrazas se abandonaban al monte, los caminos enlosados se cubrían de vegetación, las plazoletas circulares dejaban de tener función.

La consecuencia demográfica fue devastadora. La población tairona en la región de la Sierra pasó, en el curso de las décadas circundantes, de aproximadamente 70.000 habitantes a apenas 800. La cifra recoge el efecto acumulado de abusos, fiebres, esclavitud y desintegración comunitaria, factores que operaban simultáneamente y que la campaña de Guiral Velón intensificó hasta el colapso. No fue solo la guerra directa: fue la ruptura del sistema económico —terrazas sin cultivadores, canales sin mantenimiento, poblados sin habitantes— lo que hizo imposible la reproducción de la sociedad tairona.

El colapso tairona no fue una anomalía regional, aunque su forma sí lo fue. En el altiplano central, la provincia de Tunja ofrece el contraste más elocuente. Cuando Jiménez de Quesada entró al territorio muisca en 1537, la región alojaba alrededor de 215.000 habitantes distribuidos en cacicazgos densamente poblados, con una agricultura de tubérculos y maíz que sostenía tributos regulares al zaque. La conquista no arrasó ese tejido: lo capturó. Las jerarquías indígenas fueron refuncionalizadas como maquinaria de recaudo, los caciques se convirtieron en intermediarios del tributo colonial, los pueblos se reorganizaron en resguardos y doctrinas. Y sin embargo, el descenso demográfico fue igualmente brutal: hacia 1757, dos siglos después, quedaban apenas 25.000 habitantes en la provincia. La caída del noventa por ciento se concentró de manera especialmente aguda en el primer cuarto de siglo, cuando el impacto epidémico se sumó a las mitas mineras y al desplazamiento forzoso. Tunja no fue clausurada como territorio; fue vaciada por dentro, mientras las estructuras coloniales seguían operando sobre una base humana que se reducía cada década.

En el occidente, los Quimbaya del valle medio del Cauca ilustran una tercera variante. Habían desarrollado una metalurgia del oro de altísima sofisticación técnica, con piezas de tumbaga y aleaciones que hicieron de la región uno de los focos orfebres más notables del continente. Contaban con una organización cacical compleja y con una economía agrícola basada en el maíz, el frijol y la coca. La conquista y las encomiendas los redujeron de cerca de 100.000 individuos a solo 40 en un lapso de apenas cuarenta años. La combinación de guerra, epidemias, trabajo forzado en minas y encomiendas y desestructuración de los linajes produjo una extinción prácticamente completa como grupo diferenciado. Donde los muiscas fueron absorbidos y los taironas fueron expulsados hacia las alturas de la Sierra, los Quimbaya simplemente desaparecieron del mapa étnico en el curso de dos generaciones.

En la escala continental que engloba estos tres casos, un estimativo medio situaba la población indígena de Colombia hacia 1500 en torno a los cinco millones de personas, con la mayor densidad repartida en tres cinturones —la región Caribe, la Andina oriental y la Andina occidental— en proporciones cercanas a un tercio cada uno; otros autores han elevado la cifra a más de ocho millones. Hacia finales del siglo XVI, la población indígena global apenas alcanzaba una décima parte de su volumen inicial. En ese arco, los taironas ocupan un lugar particular por la ubicación y por la intensidad de la respuesta militar que provocaron.

Cuanto más avanzada era la organización social aborigen —como en el caso muisca—, más fácil resultaba la dominación española y la extracción de tributos, porque el aparato jerárquico indígena podía ser reciclado como maquinaria de recaudo. La paradoja tairona es que su alta organización no se tradujo en dominación tributaria sino en resistencia armada prolongada, precisamente porque su fragmentación política interna —Bonda contra Pocigueica, caciques contra sacerdotes— impedía a los españoles capturar un aparato central con el cual gobernar indirectamente. Sin cabeza única que someter, la Corona optó por eliminar todas las cabezas y clausurar el territorio.

Donde la resistencia fue más intensa, la despoblación estuvo más ligada a la guerra directa; donde el dominio se implantó rápidamente, predominaron los efectos del trabajo servil y la desintegración comunitaria. La Sierra Nevada tairona pertenece al primer caso: una despoblación por vía militar directa que dejó, tras de sí, un territorio con potencial agrícola enorme pero sin población capaz de operarlo.

Lo que quedó: dispersión, supervivencia, silencio

La consecuencia inmediata de la campaña la registró Fray Pedro Simón en una fórmula que se ha vuelto canónica: las tribus, escribió, se dispersaron en todas partes, se desorganizaron y aislaron hasta que por fin ellas mismas perdieron la noción de haber sido poderosas. El descuartizamiento aplicado al cuerpo del cacique se prolongaba, así, en el cuerpo social del pueblo entero. Las poblaciones sobrevivientes no reconstruyeron los grandes poblados; se retiraron hacia el interior de la Sierra, hacia los pisos altos, y organizaron su vida en unidades más pequeñas, móviles entre distintas alturas ecológicas.

La aniquilación política no fue, sin embargo, aniquilación cultural completa. Existe una continuidad histórica fundamental entre los antiguos taironas y los grupos indígenas actuales de la Sierra: los kogui, los ijka (arhuacos) y los wiwa. La continuidad se aprecia en varios registros. Los kogui y los otros grupos serranos organizaban gran parte de su vida social alrededor de templos, con una simbología materna asociada al espacio ceremonial. El jaguar y el puma seguían operando como símbolos vinculados a la energía solar y a la lluvia fertilizadora, dentro del mismo marco cosmológico en que se había desarrollado la cultura tairona. Los arhuacos del siglo XIX, documentados por viajeros, seguían utilizando los caminos enlosados construidos por sus antepasados prehispánicos. Y el patrón de poblamiento móvil entre distintas alturas ecológicas conservaba una lógica de aprovechamiento vertical del territorio que la arqueología reconoce como propiamente tairona.

Desde la Conquista se organizó, en los kogui y sus vecinos, una resistencia cultural orientada a conservar tradiciones de origen prehispánico. La supervivencia se produjo, paradójicamente, gracias al éxito de la propia represión: al haber convertido la Sierra en un territorio clausurado —sin repoblación española efectiva del interior montañoso—, la Corona dejó un espacio en el que los grupos dispersos pudieron continuar, en menor escala y con la memoria política borrada, formas de vida heredadas. El vacío creado por la aniquilación se convirtió, para los sobrevivientes, en escudo.

Mientras la Conquista muisca y la fundación del altiplano oriental de Nueva Granada quedaron minuciosamente documentadas —porque la sociedad conquistada fue reciclada como tributaria y sus estructuras se integraron al orden colonial—, la Sierra Nevada tairona quedó fuera del registro. No había encomiendas florecientes que documentar, no había pueblos de indios organizados que administrar, no había caciques mediadores que fungieran como interlocutores. Solo quedaba el monte cubriendo lo que había sido una civilización urbana. Ese silencio administrativo se prolongó durante los siglos XVII, XVIII y XIX, y explica por qué la historia colombiana centrada en el altiplano tardó tanto en incorporar plenamente el episodio.

El redescubrimiento arqueológico y la relectura del silencio

En 1976, la arqueología colombiana documentó el sitio Buritaca-200 en la Sierra Nevada de Santa Marta. Rápidamente conocido como Ciudad Perdida —Teyuna, en la nomenclatura indígena—, el yacimiento reveló una de las mayores ciudades prehispánicas del continente americano: una intrincada red de caminos enlosados que ascendía por las cuchillas de las montañas, canales de riego que conducían el agua desde las alturas, terrazas escalonadas de piedra y plazoletas circulares sostenidas por muros de contención sobre los filos de las cordilleras. La evidencia arqueológica y paleoambiental permitió inferir que la actividad constructiva y agrícola tairona, entre el año 200 y 1600 d. C., había producido transformaciones profundas en el paisaje de las zonas norte y occidental de la Sierra.

El descubrimiento cambió la escala del problema. La distribución de sitios con arquitectura tairona cubría más de 5.000 kilómetros cuadrados. Investigaciones posteriores sobre Pueblito —el poblado más cercano a la costa— mostraron que su ocupación había comenzado hace unos 1.400 años, cuando unas pocas familias se instalaron en un lugar de tres o cuatro hectáreas iniciales que crecería después de forma sostenida. Lo que al principio pareció un fenómeno puntual y espacialmente restringido reveló ser un sistema mucho más amplio y complejo, cuyos límites y funcionamiento interno aún se investigan.

La interpretación misma de los poblados taironas ha ido cambiando. Las primeras lecturas los describían como complejos puramente religiosos o ceremoniales, bajo la categoría de "ceremonial-temple complex". Una segunda ola de interpretaciones leyó la configuración urbana de Teyuna-Ciudad Perdida como una respuesta adaptativa al medio ambiente. Las investigaciones más recientes han cuestionado ambos enfoques —el puramente religioso y el puramente funcionalista—, subrayando que se trataba de asentamientos urbanos plenos, con densidad poblacional, especialización productiva y jerarquías internas.

Este trabajo arqueológico permite hoy leer con más precisión lo que la campaña de Guiral Velón destruyó. No fue un puñado de aldeas ceremoniales dispersas en la selva: fue un sistema urbano articulado sobre miles de kilómetros cuadrados, que había desarrollado, en el curso de más de un milenio, una relación específica con el territorio de la Sierra. La represión final tairona no clausuró un conjunto de tribus; clausuró una organización territorial de escala comparable —en su lógica de red urbana, aunque no en su escala imperial— a la que los españoles habían encontrado en el altiplano muisca. La diferencia fue que en el altiplano el aparato indígena fue capturado y refuncionalizado, y en la Sierra fue exterminado y prohibido.

El peso del episodio

La represión final tairona de 1599-1600 cerró el ciclo de las sociedades urbanas complejas del Caribe neogranadino: después de esa fecha, ninguna sociedad indígena del norte del país volvió a operar como orden político autónomo con capacidad urbana. Dejó también una anomalía territorial que se prolongaría durante siglos: el interior de la Sierra Nevada permaneció fuera del sistema colonial y republicano hasta muy avanzado el siglo XX, no por dificultades logísticas sino porque una decisión política de fines del XVI lo había clausurado como espacio de asentamiento. Y expuso, con nitidez pocas veces igualada, que la violencia colonial no era un desborde de crueldad individual sino la aplicación de un repertorio jurídico codificado —descuartizamiento, exhibición, infamia de la descendencia, siembra de sal— cuya lógica era producir olvido tanto como muerte.

El nombre de Cuchacique quedó como marca de ese punto de inflexión: un cacique del que se sabe, sobre todo, que su cuerpo fue dividido y distribuido para que la memoria de su rebelión no encontrara dónde asentarse. La ironía es que la propia campaña que lo ejecutó dejó, al clausurar la Sierra, el espacio en que los descendientes lejanos de su pueblo —kogui, wiwa, arhuaco— pudieron continuar formas de vida que la historiografía centrada en el altiplano tardaría casi cuatro siglos en volver a leer. Cuando en 1976 los arqueólogos subieron por los caminos enlosados de Buritaca y encontraron las plazoletas circulares cubiertas de monte, lo que estaban desenterrando no era una ciudad olvidada por accidente: era una ciudad a la que se le había prohibido, por decreto, seguir existiendo.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 37 fragmentos
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 87, 912 citas
[1]parece que ten í an en cada hoya hidrogr á fica varios centros de redistribuci ó n, en forma de ciudades. Cada ciudad rodeada de sus cultivos, y aun cada grupo de terrazas aisladas, formaba as í un ecosistema artificial. ‘ Al comienzo del siglo xvi gran n ú mero de poblaciones de los Tairona se hab í an aglutinado…p. 87
[5]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…p. 91
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1321 cita
[2]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…p. 132
03Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 359, 3852 citas
[3]cultivo del maíz y este, así como otros cultígenos y frutales, se sembra- ban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles que- daron admirados con el perfecto sistema de irrigación que 170 Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas…p. 359
[37]td Ciciaófs Sobre las creencias religiosas tampoco hay datos deta- llados. La iconografía representada en cerámica, piedra y objetos metálicos, deja reconocer algunas figuras individua- lizadas que podrían identificarse con una divinidad solar o con chamanes ataviados. También hay series de figuras que parecen ser…p. 385
04Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1491 cita
[4]en la base de la estruc- tura social, estarían los especialistas de oficio, tales como agricultores, artesanos y mercaderes. Patrón de poblamiento La población indígena parece haber sido muy densa. En las fuentes históricas se mencionan cen- tenares de pueblos, localizados tanto en la «tierra» (como llamaban los…p. 149
05Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35, 54, 793 citas
[6]los pueblos de Bonda, Coto y Valle Hermoso por negarse a dar oro a los españoles. La expedición de Alonso Luis de Lugo tropezó con una resistencia firme y después de ir hasta el Cabo de la Vela regresó en marzo de 1536 a Santa Marta, disminuida en cerca de 250 hombres por las flechas, el hambre y una epidemia de…p. 79
[8]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…p. 35
[16]a Armendáriz al poco tiempo de la conquista. Estas causas operaron en grados muy diversos según el carácter de cada grupo indígena y las condiciones de su conquista. Donde la población activa resistió con vigor a los españoles, la disminución estuvo más ligada a la guerra misma; donde el dominio español se implantó…p. 54
06Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 4371 cita
[7]enco- miendas que se establecían en las estribaciones serranas del oriente y del norte. Para controlar a los rebeldes, el ejército español de Santa Marta recibió refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. Con la finalidad de desvertebrar la economía indígena, los europeos arrasaron las aldeas que suminis-…p. 437
07Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 92, 1202 citas
[9]denominación de «caribes» y la reputación de «comedores de carne humana», convirtiéndose así en una mercancía fructuosa en los mercados de esclavos de las Antillas en las primeras décadas del siglo XVI. Los relatos de los cronistas y las relaciones oficiales revelan la existencia de una gran variedad de grupos…p. 120
[32]no puede reducirse a una rígida jerarquización causal, en la cual se correría el riesgo de introducir prefe rencias subjetivas respecto.a tal o cual teoría sobre este fenómeno. Baste saber que hoy está suficientemente probado que la ocupación europea del 101 AGI. Quito L. 16. Despacho de 1564. 102 Cf. Juan Friede,…p. 92
08Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 30, 382 citas
[10]todo, entre los más prósperos y educados, algunas formas de pensamiento que señalan restricciones a lo que puede considerarse normal, “civilizado” 29. Pero mientras la violencia privada solo se admite contra personas vistas como inferiores (indios, campesinos forajidos, mujeres, niños), la violencia pública de las…p. 38
[11]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…p. 30
09Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2901 cita
[12]llamaban los cronistas a los nativos— se había reducido en la región de una población de setenta mil a apenas ochocientos, debido a una combinación de abusos, fiebres y esclavitud. En las islas del Caribe, unos tres millones de arahuacos murieron entre 1494 y 1508. Transcurridos apenas 150 años desde la llegada de…p. 290
10Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 cita
[13]su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…p. 405
11Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 187, 1904 citas
[14]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[15]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[17]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…p. 187
[18]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…p. 187
12Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 541 cita
[19]de los animales, las piezas de cacería y determinaba en gran medida la disponibilidad de los recursos y sus usos. Su intervención era (y es) fundamental — mediante salmos y rezos, ritos y otras ceremonias— para la reproducción de los mismos animales: recogía el “alma” de la presa y la remitía a su lugar de origen, a…p. 54
13Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 351 cita
[20]rescate de las formas de ver el mundo, distintas a la dominante, pues, de otro modo, desaparecerían en el curso de pocas generaciones. Es sorprenden- te encontrar que incluso criollos de fines del siglo XVIII planteaban la urgencia de un trabajo de rescate para saber cómo eran las sociedades indígenas que pronto…p. 35
14Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1871 cita
[21]los barí, de la serranía de Perija. Ellos viven en grandes casas comunales, habitadas por cerca de 50 personas. Pero no tienen una, sino varias de esas grandes casas, las cuales ocupan de manera estacional. Ni los kogi, ni los u'wa, ni los barí son casos únicos: de hecho, ninguno de los grupos indigenas que habitaban…p. 187
15Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 2481 cita
[22]velo de vapor azulado. En fin, llegamos a la garganta de Caracasaca, siguiendo un antiguo camino enlozado con baldosas de granito, resto de la perdida civilización de los taironas; atravesamos el torrente Chiruá por un puente suspendido que constru - yeron los arhuacos, y llegamos al pedregoso terraplén en que se…p. 248
16Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 cita
[23]La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…p. 252
17Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 242, 247, 2606 citas
[24]viviendas habían sido construidas alrededor de dos grandes plazoletas centrales y dos estructuras que a todas luces parecían “templos”, motivó el argumento de que se trataba de complejos religiosos o centros ceremoniales, lo cual correspondía bastante bien con lo que para la época era tomado como seña de una secuencia…p. 247
[25]viviendas habían sido construidas alrededor de dos grandes plazoletas centrales y dos estructuras que a todas luces parecían “templos”, motivó el argumento de que se trataba de complejos religiosos o centros ceremoniales, lo cual correspondía bastante bien con lo que para la época era tomado como seña de una secuencia…p. 247
[26]Esto incluye el modo como se conceptualiza lo privado y lo público, los cambios en la forma de interactuar de sus habitantes y qué reglas se deben seguir para poder construir o no espacios como estos. Los nuevos análisis buscan alejarse de aproximaciones puramente funcionalistas y adaptativas, tales como la propuesta…p. 242
[27]Esto incluye el modo como se conceptualiza lo privado y lo público, los cambios en la forma de interactuar de sus habitantes y qué reglas se deben seguir para poder construir o no espacios como estos. Los nuevos análisis buscan alejarse de aproximaciones puramente funcionalistas y adaptativas, tales como la propuesta…p. 242
[28]sobre las secuencias de construcción, nuestro conocimiento mejoró de manera sustancial. Lo que al inicio era considerado un fenómeno puntual y relativamente restringido en su escala espacial, ha comprobado ser mucho más amplio y complejo de lo que se pensaba. La distribución de sitios taironas con características…p. 260
[29]sobre las secuencias de construcción, nuestro conocimiento mejoró de manera sustancial. Lo que al inicio era considerado un fenómeno puntual y relativamente restringido en su escala espacial, ha comprobado ser mucho más amplio y complejo de lo que se pensaba. La distribución de sitios taironas con características…p. 260
18Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 3711 cita
[30]Buritaca por parte de unas comunidades muy pequeñas probablemente autosuficientes, y el intercambio y producción de objetos suntuarios fue crecientemente importante. Hay que tener en cuenta que Chenge fue una pequeña aldea al lado de sitios como Pueblito y Buritaca-200. Es decir, lo que ocurrió en ese sitio no se…p. 371
19Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1581 cita
[31]valles fértiles y tierras ribere- has, y las tribus se internaron en las partes altas de las cordilleras y en el interior de las selvas. El contacto con los espatioles caus6 un impacto de- vastador sobre la poblacion nativa, tanto por las pér- didas en las acciones militares, como por las muertes causadas por grandes…p. 158
20Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 192 citas
[33]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…p. 19
[34]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…p. 19
21Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1371 cita
[35]Eugelio de las Heras, 1929. Rodríguez Freyle, Juan. Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. Edited by Jaime Delgado. Madrid: Historia 16, 1986. Rosa, Moisés de la. “Los Conquistadores de los Chibchas.” Boletín de Histo- ria y Antigüedades 22 (1935): 225 – 53. Rosa Olivera, Leopoldo de la. “Don Pedro…p. 137
22Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 1641 cita
[36]resumen en español). PUERTO ALEGRE, Fray Gaspar de. /1571/ 1983 "Nuevo Reino de Granada-1571" En: Cespedecia 45-46: 105-112, Cali. RAMOS, Demetrio. 1972 Ximénez de Quesada - Cronista. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, Madrid. R.A.N. 1944 (Revista de Archivo Nacional) 59 y 60.…p. 164