Idea · Prehispánico
Urbanismo prehispánico
Conjunto de ordenamientos territoriales —camellones, terrazas, montículos, caminos y aldeas— que los pueblos del actual territorio colombiano desarrollaron durante al menos tres milenios antes de la Conquista, transformando paisajes inundables, montañosos y altoandinos en sistemas agrícolas, ceremoniales y habitacionales de gran escala.
Trayectoria de una idea
- -12000
Primeros pobladores del territorio colombiano
- -3000
Inicio de la etapa formativa en la llanura del Caribe
- -2000
Umbral agrícola: aprovechamiento sistemático de plantas
- -1000
Construcción del sistema hidráulico zenú en el San Jorge
- -400
Período Herrera en la Sabana de Bogotá
- 200
Transformación del paisaje tairona en la Sierra Nevada
- 1976
Descubrimiento arqueológico de Buritaca 200 (Ciudad Perdida)
La lectura
El urbanismo prehispánico en Colombia no fue un fenómeno único ni homogéneo, sino un abanico de soluciones espaciales adaptadas a ecologías radicalmente distintas: la ingeniería hidráulica zenú en las llanuras inundables del Caribe, las terrazas líticas tairona en las estribaciones montañosas de la Sierra Nevada, los paisajes ceremoniales de San Agustín y Tierradentro en el macizo colombiano, y el patrón de aldeas nucleadas con viviendas dispersas de los muisca en el altiplano cundiboyacense. Lo que unifica estas expresiones no es una forma urbana compartida sino un proceso milenario de domesticación del medio natural que transformó ecosistemas diversos en territorios habitados, cultivados y significados. La escala de algunas de estas intervenciones —cien mil hectáreas de camellones, quinientos kilómetros cuadrados de vestigios agustinianos— desafía cualquier jerarquía convencional de la ingeniería americana prehispánica. El debate sobre si estos ordenamientos merecen el nombre de 'urbanismo' es, en sí mismo, un problema historiográfico productivo: la elección terminológica revela los límites de las categorías heredadas de la tradición europea tanto como las características de las sociedades estudiadas. La arqueología colombiana del siglo XX, con figuras como Reichel-Dolmatoff, Langebaek, Boada y Cardale de Schrimpff, fue construyendo sitio a sitio una cronología que permite hoy leer estos ordenamientos en su propia lógica temporal y espacial.
Antes de que Gonzalo Jiménez de Quesada plantara el rollo de Santa Fe sobre Teusaquillo en 1538, el territorio que hoy llamamos Colombia había sido ordenado, cultivado, drenado y monumentalizado durante al menos tres milenios. No con la lógica de la polis mediterránea ni del altepetl mesoamericano, sino con un abanico de soluciones espaciales propias: camellones que domesticaban las inundaciones del San Jorge, terrazas líticas trepadas por las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, montículos funerarios en el macizo del Alto Magdalena, aldeas nucleadas y viviendas dispersas en el altiplano cundiboyacense. Llamar "urbanismo" a este conjunto es forzar una categoría europea sobre realidades que la desbordan; renunciar al término, en cambio, es dejar que la conquista siga ganando la batalla clasificatoria. Lo que sigue es un mapa de esos ordenamientos —sus fechas, sus escalas, sus técnicas y sus lógicas— antes de que la ciudad hispana viniera a superponerse sobre ellos.
Del sílex al surco: el largo camino hacia la vida sedentaria
El poblamiento del actual territorio colombiano es más antiguo de lo que suele reconocerse. Hacia el 12000 a.C., y quizá desde el 16000 a.C., grupos de cazadores-recolectores llegados por el estrecho de Bering ocupaban los valles interandinos y las llanuras costeras con un equipo técnico —herramientas de piedra, prácticas simbólicas, saberes acumulados— que les permitió leer ecologías tan distintas como el páramo, la selva húmeda y el litoral. En el Alto y Medio Cauca, entre el 10000 y el 3500 a.C., estas comunidades trabajaron cantos rodados de andesita, diorita y granito por desconchamiento intencional para armar el utillaje de la caza, la pesca y la recolección. La sistematización sucesiva de las fechas de radiocarbono ha ido afinando esta cronología profunda.
Hacia el 2000 a.C. la evidencia arqueológica muestra un aprovechamiento sistemático de plantas como complemento de la caza: no todavía la agricultura plena, pero sí el umbral que la anuncia. La etapa formativa se abre a comienzos del cuarto milenio a.C. y se extiende hasta cerca del 1000 a.C., con la cálida llanura del Caribe como escenario principal. De allí en adelante, y a lo largo de los siguientes dos milenios, los pueblos del territorio colombiano se convirtieron en agricultores eficientes: yuca, maíz y papa sostuvieron un crecimiento demográfico que hacia 1500 d.C. cubría casi la totalidad del país. La vida sedentaria y la agricultura intensiva nacieron en la selva amazónica y se difundieron hacia la costa atlántica colombiana y la costa pacífica ecuatoriana, influyendo desde allí sobre los desarrollos andinos, mesoamericanos y peruanos.
Sobre esta base agrícola se levantó todo lo demás. La Sabana de Bogotá, los altiplanos de Boyacá, la Sierra Nevada de Santa Marta y los valles inundables de Córdoba y Sucre fueron laboratorios de tecnologías agrícolas específicas durante milenios. En el valle del Cauca, hacia el 1000 a.C., ya hay comunidades agroalfareras plenamente establecidas. La domesticación del medio natural —esa expresión útil que Gerardo Reichel-Dolmatoff acuñó para no confundir agricultura con dominio— fue el suelo sobre el que crecieron todos los ordenamientos territoriales posteriores.
El agua ordenada: los camellones zenú
De todas las soluciones espaciales prehispánicas, ninguna alcanzó la escala ingenieril de la que los zenúes desplegaron en las tierras bajas del Caribe. En la cuenca media y baja del río Jegú —el actual San Jorge—, y a lo largo de siglos, construyeron un sistema de camellones elevados que hoy resulta difícil concebir. Extraían limos del fondo cenagoso, los acumulaban en diques alargados, y sobre esos lomos edificaban tanto sus viviendas como sus plantíos. Los canales intermedios cumplían doble función: desagüe durante las crecidas, irrigación durante los estiajes.
Cuando el geógrafo James Parsons sobrevoló la región y estudió las fotografías aéreas, localizó unas 100.000 hectáreas de tierras laborales en camellones, distribuidas en una comarca de aproximadamente 110 kilómetros de largo por 30 de ancho. La cifra sigue siendo desconcertante. El sistema hidráulico zenú desafía sin respuesta a la técnica holandesa: el hundimiento progresivo de los terraplenes ha vuelto irrecuperable buena parte del ingenio original, pero lo que queda basta para descolocar cualquier jerarquía convencional de la ingeniería prehispánica americana.
A comienzos del siglo XVI, cuando los españoles alcanzaron la región, encontraron el territorio dividido en tres cacicazgos: Fincenú, en el valle del Sinú, con centro ritual en la Laguna de Betancí; Pancenú, en la hoya del San Jorge; y Cenúfana, en el bajo Cauca y el Nechí. La sociedad zenú que había levantado esa obra hidráulica presentaba rangos bien definidos —los entierros diferenciados lo prueban—, pero no una estructura de poder centralizada evidente. Aquí está uno de los rompecabezas más productivos de la arqueología colombiana: cómo se coordinó, a lo largo de generaciones, un sistema de ingeniería territorial de esa magnitud sin que se detecte el rastro claro de un aparato estatal. Los dibujos tejidos en los textiles y redes de pesca, y grabados en la cerámica zenú, evocan patrones de tierra y agua que podrían leerse como una integración simbólica con el ecosistema, aunque establecer una traducción directa entre el diseño textil y el trazado de los canales sigue siendo más sugerencia que demostración.
Lo que importa retener: en el Caribe colombiano, siglos antes de la Conquista, una sociedad sin ciudades reconocibles al ojo europeo había transformado 100.000 hectáreas de llanura inundable en un paisaje agrícola gobernado por el agua. Que este ordenamiento no encajara con la idea hispana de "poblado" no lo hace menos urbanístico; lo hace, de hecho, más radical.
Piedra y culto: San Agustín y Tierradentro
En la cuenca alta del río Magdalena, entre los municipios de San Agustín e Isnos, en el actual departamento del Huila, se despliega uno de los complejos rituales más extensos del continente. Vestigios dispersos en aproximadamente 500 kilómetros cuadrados: más de 400 esculturas en piedra que representan felinos, monos, lagartos, serpientes, ranas, águilas y búhos, y junto a ellas montículos funerarios, terraplenes, terrazas de cultivo, caminos, petroglifos, templetes o dólmenes de lajas y sarcófagos tallados. San Agustín no es una ciudad; es un paisaje ceremonial, un ordenamiento del territorio a escala regional cuya lógica gira en torno a la muerte, el linaje y la fauna sagrada.
El motivo del animal monstruoso trepando hacia la cabeza de una figura antropomorfa se repite en San Agustín y en objetos del medio Magdalena, lo que sugiere un vocabulario simbólico compartido a lo largo del río. Hacia el 1200 a.C., cuando en la costa Atlántica y en Tumaco aparecen elementos de influencia mesoamericana —túmulos, espejos de obsidiana, el culto del jaguar—, se abre la posibilidad de que las esculturas agustinianas participaran de una koiné iconográfica continental. Pero el complejo se sostiene por sí mismo: sus jerarquías internas, su distribución de sepulturas monumentales y sus caminos hablan de una organización social capaz de movilizar trabajo colectivo durante siglos.
A unos pocos días de camino, en las montañas del norte del Cauca, la cultura de Tierradentro resolvió el problema del entierro de otro modo. Sus hipogeos —pozos con escalones que descienden hasta cámaras con nichos, talladas en la toba volcánica y decoradas con pinturas geométricas— constituyen una arquitectura funeraria subterránea sin equivalente en América. La toba, blanda al labrado y firme al reposo, parece haber invitado a esta solución específica: la geología del subsuelo se volvió arquitectura. San Agustín y Tierradentro estuvieron conectados por caminos prehispánicos y fueron contemporáneos; en las clasificaciones arqueológicas al uso, San Agustín se ubica en un período temprano y Tierradentro en el medio, junto con Quimbaya y Sinú. Comparten territorio, ritmo histórico y probablemente universo simbólico, pero cada uno resolvió la relación entre los vivos y los muertos —y por tanto entre la sociedad y el espacio— con gramáticas distintas.
Ni San Agustín ni Tierradentro fueron ciudades; ambos fueron, sin embargo, ordenamientos territoriales de gran escala, planeados sobre siglos, sostenidos por comunidades que entendieron el paisaje como texto ceremonial.
Terrazas que trepan: los tairona en la Sierra Nevada
Entre el 200 y el 1600 d.C., las estribaciones norte y occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta fueron transformadas por una actividad constructiva y agrícola de intensidad excepcional. Los tairona levantaron terrazas de cultivo, sistemas de irrigación y una red de caminos enlosados que conectaba poblados dispersos por la montaña. En 1976, la localización arqueológica de Buritaca 200 —hoy conocida como Teyuna o Ciudad Perdida— reveló al público lo que los guaqueros ya sabían: uno de los asentamientos prehispánicos más extensos del continente, con plazoletas circulares sostenidas por muros de contención sobre las cuchillas montañosas, escaleras de piedra, canales de riego y una lógica de trazado adaptada a las pendientes.
La cultura tairona alcanzó lo que la arqueología colombiana suele llamar un "nivel urbano incipiente", sostenido por obras públicas de notable perfección técnica. Pero aquí conviene detenerse. Los propios arqueólogos que han trabajado la Sierra advierten contra lo que James Scott llamó "la hipnosis arqueológicamente inducida de la noción de imperio": el reflejo de proyectar ciudades donde hay otra cosa. ¿Fueron Pueblito —también llamado Chairama— y Teyuna centros exclusivamente ceremoniales, ocupados por élites religiosas, o asentamientos con población residencial permanente? Las excavaciones sucesivas han cuestionado la hipótesis del centro ceremonial vacío, mostrando ocupación diversa y permanente, pero el debate no se cierra. Y quizá deba mantenerse abierto: la elección entre "templo" y "ciudad" puede ser, ella misma, un falso dilema heredado.
Al comienzo del siglo XVI, las poblaciones tairona se habían aglutinado en torno a dos centros principales: Bonda, en la parte plana cerca de Santa Marta, y Pocigueica, en las faldas abruptas que dominan las cabeceras de los ríos Frío y Don Diego. Dos federaciones antagónicas, dos estados incipientes cuyo comercio interior circulaba por los caminos de piedra: productos agrícolas, sal, pescado, objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas, esculturas en piedra. Ese comercio se extendía, mediante intermediarios, hasta el altiplano muisca, y los caracoles marinos de la costa se cruzaban en las rutas con las esmeraldas de la cordillera oriental.
La respuesta española a la Sierra Nevada, sobre la que se volverá más adelante, fue metódica y destructiva. Sus descendientes actuales —kogi, arhuaco, wiwa, kankuamo— sostienen todavía una relación con la Sierra que, leída con paciencia, permite iluminar aspectos del complejo ritual antiguo: las hachas monolíticas, las insignias en forma de espátula o tenedor, las placas sonajeras y las cuentas de collar cobran sentido cuando se leen a través de la etnografía viva.
Aldea, cercado, ceremonia: los muisca en el altiplano
Al sur, en los altiplanos que unen a Bogotá, Tunja y Sogamoso, se desarrolló otra solución espacial, radicalmente distinta. La cronología cerámica del altiplano cundiboyacense se ordena en tres períodos: Herrera, entre hace 2400 y 1000 años; Muisca Temprano, entre hace 1000 y 800 años; y Muisca Tardío, entre hace 800 y 500 años. La Sabana de Bogotá estuvo ocupada por gentes del período Herrera durante al menos cinco siglos, del siglo IV a.C. al I d.C., como muestran los hallazgos estratificados de Zipaquirá. Ana María Boada, Carl Henrik Langebaek, Álvaro Chaves Mendoza y Marianne Cardale de Schrimpff han ido armando, sitio a sitio, el rompecabezas del poblamiento.
En el sitio El Venado, en el valle de Fúquene, la trayectoria es diáfana: unas pocas familias en el Herrera —máximo 50 personas en 11 viviendas—, un crecimiento en el Muisca Temprano y una expansión mayor en el Muisca Tardío, cuando la ocupación llega a cubrir 14,4 hectáreas distribuidas en nueve zonas. En el valle de Leiva, durante el Muisca Temprano, la población se concentró en torno a dos comunidades principales: El Infiernito —algo mayor, con antecedentes Herrera y con sus característicos monolitos— y Suta. Durante el Muisca Tardío se conformaron comunidades bien definidas en todas las regiones, y en la mayoría de los casos algunas resultaron notablemente mayores que las demás. Buena parte de estas concentraciones puede identificarse con los "pueblos" que los cronistas españoles describieron en el siglo XVI.
El patrón muisca combinaba aldeas nucleadas con viviendas dispersas: las aldeas se ocupaban de forma más permanente; las viviendas dispersas, sobre todo durante las temporadas de siembra y recolección. Los grandes centros incluían bohíos y cercados —tanto de caciques vivos como de caciques muertos—, y cada nuevo cacique debía ganarse el derecho a construir su propio cercado, de modo que los asentamientos podían acumular capas de residencias señoriales a lo largo del tiempo. Las grandes aldeas funcionaban probablemente también como sitios ceremoniales: sacrificios, conmemoración de antepasados, unción de caciques, mercados. Lugares que convocaban periódicamente a grandes multitudes sin necesariamente sostener una densidad demográfica constante.
Aquí conviene ser exacto sobre una decepción arqueológica productiva. Los sitios con vestigios de casas muiscas han resultado, en términos de arquitectura conservada, magros: cimientos marcados con anillos de piedra, dataciones a veces insuficientes, ausencia de grandes poblados amurallados. Esta escasez de evidencia monumental llevó a algunos investigadores —Reichel-Dolmatoff entre ellos— a sugerir una ocupación relativamente tardía de las tierras altas y un patrón sistemáticamente disperso. La imagen que emerge no es la de una capital muisca en el sentido europeo, sino la de una constelación de aldeas de tamaño variable, cercados señoriales, sitios ceremoniales periódicos y viviendas estacionales, articulados por caminos, mercados y obligaciones tributarias.
A la llegada de los españoles subsistían todavía territorios independientes. Los cacicazgos de Duitama, Sogamoso, Sáchica, Tinjacá y Guachetá se mantenían fuera de la órbita del zipa y el zaque. Sumaban a ese mapa las jefaturas menores autónomas de las comarcas montañosas al noroccidente de Tunja, en las hoyas del Suárez y del Moniquirá. La "confederación muisca", entonces, nunca fue un estado plenamente unificado: su cohesión venía del altiplano como región nuclear, con una base amplia de recursos permanentes, pero su geografía política era rugosa, en permanente negociación.
El cielo como plano: astronomía y orientación ritual
Ningún ordenamiento territorial prehispánico se entiende sin el calendario que lo sostiene. Los sacerdotes tairona formulaban el calendario agrícola y ceremonial a partir del ciclo de solsticios y equinoccios, y construían sus templos y centros ceremoniales orientados a esos fenómenos astronómicos y meteorológicos. El Sol y la Luna eran concebidos como pareja sobrenatural, y sus linajes sacerdotales tenían asociaciones felinas: el jaguar y el puma simbolizaban tanto la energía solar como la lluvia fertilizadora. Fue dentro de este contexto de ideas donde la cultura tairona clásica cobró forma.
La hipótesis del arqueólogo Augusto Oyuela apunta a un momento decisivo: una pronunciada sequía ocurrida entre hace 1500 y 1350 años habría favorecido el surgimiento de un grupo sacerdotal institucionalizado que tomó control de las ofrendas y los templos. El clima empuja a la cosmología, la cosmología modela el asentamiento. La observación astronómica desde templos u otros puntos fijos parece confirmada por hallazgos arqueológicos e históricos, y la iconografía tairona en cerámica, piedra y metalurgia incluye figuras identificables con una divinidad solar o con chamanes ataviados, junto a animales totémicos.
Los muisca, por su parte, desarrollaron la astronomía y la meteorología a partir de su actividad agrícola, y con base en ellas formularon un calendario y estructuraron sus formas religiosas. Adoraban a Bochica —el sol— y a Bachué —la luna—, junto con Chiminigagua y Chibchacum, en un panteón donde el ciclo solar-lunar ocupaba lugar central. El Infiernito, en Villa de Leyva, con sus monolitos alineados, permanece como el testimonio más visible de esta astronomía práctica: no un observatorio en el sentido moderno, sino un dispositivo ritual que ordenaba el tiempo de la siembra y el ceremonial en un mismo gesto.
Este dato importa: la orientación de templos, plazas ceremoniales y montículos no era arbitraria. El espacio construido prehispánico era una traducción material del calendario, y por tanto no puede leerse solo con los ojos de la arquitectura secular. En Ciudad Perdida como en El Infiernito, la disposición de piedras y plazoletas responde a preguntas que el urbanismo europeo, guiado por otras prioridades, no suele hacer.
Caminos, sal y mantas: la circulación como estructura
Si algo articula estas soluciones espaciales tan distintas —camellones, terrazas, montículos, aldeas dispersas— es una red de intercambio que las une por encima de sus diferencias. Los tairona poseían una extensa red de caminos de piedra que conectaba los poblados de la Sierra Nevada y sostenía un mercado activo: productos agrícolas, sal, pescado, oro trabajado, mantas de algodón, plumas, esculturas. Ese comercio se prolongaba, mediante intermediarios, hasta el territorio muisca, con objetos de oro, collares de cuentas de concha o piedra, y caracoles marinos como principales artículos de trueque.
En la economía muisca, la manta de algodón funcionaba como principal patrón para medir valores: aceptada en múltiples intercambios, aunque no del todo homogénea en calidad ni en trabajo incorporado. La sal —producida en las salinas controladas por los muiscas, entre ellas Zipaquirá— y el oro circulaban ampliamente, pero no llegaron a ser medios generales de cambio: en las regiones donde se producían en abundancia, perdían su valor de intercambio. La economía muisca era fundamentalmente autosuficiente en bienes de subsistencia; cada cacicazgo podía abastecerse de lo esencial, y el intercambio interétnico se dedicaba sobre todo a bienes con carga simbólica: oro traído de zonas lejanas, coca, esmeraldas, alucinógenos rituales.
La cadena del yopo ilustra esta lógica con nitidez. Cazadores-recolectores nómades de los Llanos Orientales —antecesores de los actuales cuivas— proveían las semillas del alucinógeno a grupos arahuacos de selva tropical, y de allí, a través de sucesivos intermediarios, llegaba hasta los grandes cacicazgos laches y muiscas, donde tenía importancia ceremonial y religiosa. Grupos intermediarios circulaban artículos muiscas hacia los indígenas del Alto Magdalena, productores de coca, pita y maní. El territorio prehispánico colombiano funcionaba, en cierto modo, como una red antes que como una jerarquía de asentamientos: una malla de caminos, mercados y trueques donde los bienes rituales viajaban tanto o más que los alimentarios.
Este dato altera el ángulo de lectura. Buena parte del "urbanismo" prehispánico colombiano no consistía en concentrar población en un núcleo permanente, sino en articular el territorio mediante rutas, ferias periódicas y especialización productiva regional. La sal de Zipaquirá, el algodón del Cauca, el oro de las cordilleras, las esmeraldas de Muzo, la coca de los piedemontes, el pescado del Caribe: cada región especializada dependía y alimentaba a las otras. Los caminos precolombinos de piedra, sobre todo los tairona, sirvieron después de base para los caminos coloniales; algunos ascendieron al rango de Caminos Reales, con empedrado y manejo de aguas, aunque nunca fueron carreteables. La huella del ordenamiento indígena sobrevive todavía bajo el trazado que la Colonia se apropió.
Otros mundos: Quimbaya, Calima, Nariño, Popayán, el Cauca
El foco tradicional en muiscas y tairona ha dejado en la sombra otras tradiciones espaciales igualmente sofisticadas. La cultura Quimbaya se extendió por los actuales departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, con patrones de enterramiento que combinaban sepulturas dentro o cerca de las plataformas de habitación con grandes cementerios en las partes altas de las lomas. Las terrazas de cultivo prehispánicas del Quindío, documentadas a lo largo del camino Armenia-Ibagué, presentan rizados de aproximadamente 12 pulgadas de altura y casi cinco pies de anchura de cima a cima, bien preservados donde el pasto natural los ha protegido; la profundidad de los tiestos hallados sugiere cultivo de raíces comestibles más que de maíz.
En el Valle del Cauca, los pueblos vivían en aldeas rodeadas de grandes empalizadas, con casas de tamaño diferencial que denotaban jerarquía. La cultura Calima produjo una tradición metalúrgica y funeraria de largo aliento; la de Tumaco, en el Pacífico nariñense, alcanzó una escultura cerámica de las más finas del continente. Y en el valle de Popayán, hacia 1535, los cronistas describieron grandes asentamientos con fuertes de madera bien construidos, puentes elaborados y una organización político-militar laxa que coordinaba más de un centenar de unidades tribales. Que los documentos coloniales sobre esta región no hayan sido explotados con la misma intensidad que los referentes a muiscas y tairona ha contribuido probablemente a subvalorar su complejidad urbanística.
Malagana, en el valle del Cauca medio, cuya notoriedad llegó en la década de 1990 tras la depredación guaquera de un cacicazgo hasta entonces desconocido, es solo el recordatorio más reciente de cuánto queda por saber. Cada excavación sistemática vuelve a ampliar el catálogo de soluciones espaciales: hay más urbanismo prehispánico colombiano del que hemos aprendido a ver.
La superposición colonial: cómo se borró el sustrato
La invisibilización actual del urbanismo prehispánico no fue solo un efecto de los materiales perecederos ni del sesgo clasificatorio europeo. Fue, sobre todo, un producto histórico: la conquista y la colonización desmontaron activamente el ordenamiento territorial indígena y le impusieron encima otro. Las fundaciones coloniales en el Nuevo Reino de Granada respondieron a las necesidades de una minoría externa —comunicación con la Corona, defensa militar, extracción tributaria—, no a las de las poblaciones originarias.
Los ejemplos son geográficamente exactos. Santa Fe de Bogotá fue fundada por Jiménez de Quesada en Teusaquillo, lugar de esparcimiento del zipa muisca: un espacio de poder indígena preexistente reconvertido en centro colonial. Tunja fue fundada el 6 de agosto de 1539 por Gonzalo Suárez Rendón sobre Hunza, la antigua capital de los zaques, en un gesto de superposición literal sobre el principal centro político muisca de la región. La ciudad colonial funcionaba como núcleo de dominación política y militar que subordinaba el contorno rural indígena sin integrarlo mediante relaciones económicas normales: se afianzaba sobre el sistema económico preexistente por la vía de la coacción.
A los pueblos de indios se les impuso, además, un trazado urbano estandarizado: plaza mayor de 180 varas por lado, calles rectas de 14 varas, manzanas cuadradas de 80 varas. Una norma fija, ajena a las formas de asentamiento indígenas. Algunas interpretaciones historiográficas leen este damero como traducción espacial de una concepción cosmológica española que trataba al mundo indígena como caos primordial: la cuadrícula venía a poner orden donde, se suponía, no lo había. La Corona, respaldada por las bulas papales de 1493, se arrogó la propiedad de las tierras descubiertas y cedió a los conquistadores privilegios sobre la distribución del suelo y sus habitantes mediante mercedes y encomiendas.
En Santa Fe colonial, grupos numerosos de indígenas muiscas quedaron confinados en arrabales periféricos, segregados del espacio urbano central que ocupaba la élite dominante. Y la construcción y mantenimiento de los espacios urbanos coloniales —iglesias, conventos, puentes, acequias— se realizaron mediante el trabajo forzado de esos mismos indígenas, en la figura de la mita urbana: los desplazados de sus territorios edificaban con sus manos el nuevo ordenamiento espacial que los había despojado. La penetración colonial avanzó desde las costas —donde las primeras fundaciones garantizaban comunicación con España— hacia el interior, precisamente porque allí, en las tierras altas y en la Sierra Nevada, se encontraban las grandes culturas prehispánicas.
En la Sierra Nevada, la represión contra los tairona fue especialmente brutal: destrucción sistemática de aldeas y campos de maíz, captura y mutilación de jefes indígenas, dispersión forzada de las tribus. El ordenamiento territorial y social prehispánico de la región no se desvaneció por olvido: fue desarticulado por decisión política.
Lo que quedó, lo que se ve, lo que sigue en disputa
Los ordenamientos territoriales prehispánicos del actual territorio colombiano no fueron una única categoría en distintas etapas de madurez hacia la "ciudad", sino un conjunto de respuestas específicas a ecologías y cosmovisiones específicas. El agua se ordenó en camellones en el San Jorge; la montaña se ordenó en terrazas y caminos en la Sierra Nevada; el macizo se ordenó en montículos, esculturas y caminos rituales en el Alto Magdalena; el altiplano se ordenó en aldeas nucleadas y viviendas dispersas coordinadas por caciques y ferias en el país muisca. Cada solución tenía su ingeniería, su calendario, su iconografía y su red de intercambios.
Que buena parte de este ordenamiento sea hoy invisible al ojo no experto obedece a tres causas concurrentes, cuyo peso específico conviene no diluir. Primero, la fragilidad relativa de muchos materiales: los bohíos muiscas dejaron cimientos de piedra y poco más; los camellones zenú se hundieron; los caminos de tierra fueron cubiertos por selva secundaria. Segundo, un sesgo clasificatorio europeo que buscó equivalentes de la ciudad grecolatina y, al no hallarlos, decidió que no había urbanismo. Tercero, y sobre todo, la superposición colonial deliberada: Bogotá sobre Teusaquillo, Tunja sobre Hunza, la Sierra Nevada asolada, los pueblos de indios trazados en damero, la mita urbana convirtiendo a los desplazados en constructores de la borradura.
Reconocer estos ordenamientos no exige inflarlos a la categoría de "civilizaciones urbanas plenas" al estilo mediterráneo, mesoamericano o andino. Los tairona nunca alcanzaron la escala de Teotihuacán, ni los muisca la de Cuzco. Pero tampoco fueron menos: fueron otra cosa. Sus asentamientos de baja densidad, su preferencia por la dispersión estacional, sus grandes centros ceremoniales periódicos y sus redes de caminos e intercambio configuraban un modo de habitar el territorio coherente con sus ecologías, sostenible durante siglos y capaz de mover volúmenes de trabajo colectivo que todavía sorprenden.
La arqueología colombiana de las últimas cinco décadas —Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel abriendo el campo; Gonzalo Correal Urrego trabajando el poblamiento temprano; Luisa Fernanda Herrera, Ana María Boada, Carl Henrik Langebaek, Álvaro Chaves Mendoza y Marianne Cardale de Schrimpff refinando cronologías y patrones regionales— ha ido restituyendo un mapa cada vez más denso. Cada temporada de campo cuestiona algún consenso previo. Ciudad Perdida no era lo que se pensaba en 1976; el altiplano muisca no está tan tarde ni tan disperso como se dijo por décadas; los camellones del San Jorge son más extensos y antiguos que las primeras estimaciones.
La pregunta pendiente —si esto fue "urbanismo" o no— importa menos que el ejercicio de leer cada solución en sus propios términos. En Ciudad Perdida, en El Infiernito, en San Agustín, en los camellones del San Jorge, el territorio prehispánico colombiano habla todavía, en las tres o cuatro lenguas espaciales que se dio, de cómo habitar sin necesariamente construir ciudades. Aprender a escucharlo es, entre otras cosas, aprender a no dejar que la conquista siga escogiendo, cinco siglos después, cuáles fueron las formas legítimas de ordenar el mundo.
En el archivo
3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 14991
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Camellones zenú: tecnología hidráulica que transformó 100.000 hectáreas de llanura inundable del río San Jorge en paisaje agrícola gobernado por el agua, expresión más radical del urbanismo prehispánico colombiano
- 02Cultura Tairona: sociedad que alcanzó un nivel urbano incipiente en la Sierra Nevada de Santa Marta mediante terrazas, caminos enlosados y sistemas de irrigación, con debate abierto sobre el carácter ceremonial o residencial de sus asentamientos
- 03Período Herrera: fase cronológica del altiplano cundiboyacense (c. siglo IV a.C. – siglo I d.C.) que antecede y sienta las bases del patrón de asentamiento muisca
- 04Sabana de Bogotá: laboratorio de tecnologías agrícolas y escenario del poblamiento muisca, con trayectoria documentada desde el Período Herrera hasta el Muisca Tardío
- 05San Agustín y Tierradentro: complejos rituales del macizo colombiano que expresan el urbanismo prehispánico como ordenamiento ceremonial y funerario del territorio a escala regional
- 06Gerardo Reichel-Dolmatoff: arqueólogo que acuñó el concepto de domesticación del medio natural, herramienta conceptual central para entender el urbanismo prehispánico colombiano sin imponer categorías europeas
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
37 documentos · 75 fragmentos
01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 101 cita
[1]1500-1570. INTRODUCCI Ó N 13 dad para producir lo esencial cerca y las dificultades de transporte se reforzaron entre s í. Durante los ú ltimos tres siglos los dirigentes vieron esta diversidad natural como promesa de riquezas infinitas, en contraste con la pobreza de la poblaci ó n. Los pueblos que ocuparon la regi ó…
p. 10
02¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 8, 19, 223 citas
[2]la vida privada en Colombia (2009), y 50 días que cambiaron la histona de Colombia (2005) de la revista Semana. En series documentales hay un trabajo todavía por hacerse. Den tro de lo disponible en bibliotecas está Viqjes a la memoria: La huella. de una nación (Caracol Tv, 2010), y sobre temas novedosos de estudio se…
p. 8
[8]la po sibilidad de valorar el legado productivo de nuestra historia. Aquel proceso se remonta, por lo menos, a los últimos cuatro mil años, cuando, según el profesor Carl Langebaek, existen evidencias arqueológicas del aprovechamiento de plantas como complemento de la caza. En ese proceso tan prolongado en el tiempo,…
p. 19
[49]españoles, eso habría pasado en Antioquia con la llegada de los llamados quimbayas o también con los indígenas de las tierras cálidas de Cundinamarca y los Llanos, que aparentemente eran sacrificados por orden de los caciques muiscas. En contraste, hubo otras sociedades en las que la abundancia de su produc ción…
p. 22
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 271 cita
[3]Nuñez de Balboa founded Santa Mar í a la Antigua del Darién in 1510. This was the first city in what today we call Colombia, and one of the first of Spanish origin on the American continent. However, the conquerors soon understood they were facing nations with different languages, customs, hierarchical regimes,…
p. 27
04Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1481 cita
[4]predominio del elemento asiatico venido a través del estrecho de Bering durante la ultima glaciacion, hace unos 50 mil afos. De mucha menor importancia se consideran los aportes de los elementos australiano, malayo-polinesio y uraliano (esquimales) Arhuacos en lo Bell Fotografia de Fabian Alzate. Santa Rosa de Osos en…
p. 148
05Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 831 cita
[5]la tierra de aluvión (Chardon, 1930, p. 127). • En el marco de este ámbito natural del valle geográfico del río Cauca se produjeron los primeros asentamientos de grupos humanos, que dejaron una huella de menor impacto sobre el ecosistema. La investigación arqueológica (C. Rodríguez, 2002) ha logrado determinar tres…
p. 83
06Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 242, 247, 4166 citas
[6](2014), Análisis palinológico a partir de muestras de una columna de sedimentos del sitio 11 “El Mirador”, Bogotá: Proyecto de rescate y monitoreo arqueológico Aeropuerto del Café-Palestina. 1 2 1 2 1 Notas al pie PAISAJES Y ECONOMÍAS PREHISPÁNICAS EN EL ACTUAL TERRITORIO COLOMBIANO ANTES DEL 1500 D. C. Se refiere a…
p. 416
[7](2014), Análisis palinológico a partir de muestras de una columna de sedimentos del sitio 11 “El Mirador”, Bogotá: Proyecto de rescate y monitoreo arqueológico Aeropuerto del Café-Palestina. 1 2 1 2 1 Notas al pie PAISAJES Y ECONOMÍAS PREHISPÁNICAS EN EL ACTUAL TERRITORIO COLOMBIANO ANTES DEL 1500 D. C. Se refiere a…
p. 416
[28]viviendas habían sido construidas alrededor de dos grandes plazoletas centrales y dos estructuras que a todas luces parecían “templos”, motivó el argumento de que se trataba de complejos religiosos o centros ceremoniales, lo cual correspondía bastante bien con lo que para la época era tomado como seña de una secuencia…
p. 247
[29]viviendas habían sido construidas alrededor de dos grandes plazoletas centrales y dos estructuras que a todas luces parecían “templos”, motivó el argumento de que se trataba de complejos religiosos o centros ceremoniales, lo cual correspondía bastante bien con lo que para la época era tomado como seña de una secuencia…
p. 247
[31]Esto incluye el modo como se conceptualiza lo privado y lo público, los cambios en la forma de interactuar de sus habitantes y qué reglas se deben seguir para poder construir o no espacios como estos. Los nuevos análisis buscan alejarse de aproximaciones puramente funcionalistas y adaptativas, tales como la propuesta…
p. 242
[32]Esto incluye el modo como se conceptualiza lo privado y lo público, los cambios en la forma de interactuar de sus habitantes y qué reglas se deben seguir para poder construir o no espacios como estos. Los nuevos análisis buscan alejarse de aproximaciones puramente funcionalistas y adaptativas, tales como la propuesta…
p. 242
07Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 22, 46, 653 citas
[9]Carib Speaking Indians. Culture, Society and Language (E. Basso Ed.), Ari- zona, 1977. Rudle, K. y W. J. Los yupka, en Los aborígenes de Ve- nezuela, vol. ll, Caracas, 1983. Whithead, N. — Carib canibalism. The historical evi- dence, en «Journal de la Société des Américanistes», t. LXX, p. 69-98, Pa- rís, 1984. 133…
p. 22
[19]un desarrollo de cinco milenios. Es un arte con profundas raíces en nues- tra propia tierra, que se caracteriza por su creativi- dad y que muestra una gran variedad de técnicas, temas y estilos diferentes. Períodos culturales De acuerdo con las distintas regiones que in- tegran el territorio colombiano, con su…
p. 65
[20]más amplia del terri- torio colombiano. Se presenta una posibilidad de relación espacial dada por los caminos prehispánicos que unen am- bas regiones y sabemos que hubo contemporanei- dad en ambos pueblos. La diferencia principal se halla en el tipo de en- terramiento y en la forma de las tumbas, pero, si tenemos en…
p. 46
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 139, 196, 2196 citas
[10]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
[11]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
[62]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…
p. 196
[63]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…
p. 196
[69]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
[70]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
09Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 64, 4372 citas
[12]Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…
p. 64
[67]enco- miendas que se establecían en las estribaciones serranas del oriente y del norte. Para controlar a los rebeldes, el ejército español de Santa Marta recibió refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. Con la finalidad de desvertebrar la economía indígena, los europeos arrasaron las aldeas que suminis-…
p. 437
10Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1971 cita
[13]una variada disposición sobre una comarca de unos 110 km de largo por 30 km de ancho en las llanuras aluviales del río San Jorge. Asegura Parsons haber localizado en fotografías aé- reas unas 43 Parsons, James J. 1966, «Los campos de cultivo prehispánicos del bajo San Jorge», Revista de la Academia Colombiana de…
p. 197
11Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 611 cita
[14]tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…
p. 61
12Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 75, 2862 citas
[15]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
[17]en caso de que solo sus cementerios sobrevivieran al cataclismo de una guerra nuclear. En efecto, como Reichel-Dolmatoff lo mostró en sus estudios, solo tomando en cuenta un amplísimo contexto geográfico y cultural se puede comenzar a comprender lo que estas monumentales y enigmáticas estatuas pueden estar…
p. 75
13Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 47, 325, 3853 citas
[16]tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…
p. 325
[22]Agustín una posi- ción cronológica «temprana»; muisca y tairona y algunos materiales del alto Cauca se clasificaron como «tardíos», mientras que quimbaya, tierradentro y sinú se agruparon en un periodo «medio» 9. 9 Los principales autores que han postulado una división en «áreas arqueológicas» son, en orden…
p. 47
[47]td Ciciaófs Sobre las creencias religiosas tampoco hay datos deta- llados. La iconografía representada en cerámica, piedra y objetos metálicos, deja reconocer algunas figuras individua- lizadas que podrían identificarse con una divinidad solar o con chamanes ataviados. También hay series de figuras que parecen ser…
p. 385
14Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[18]Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…
p. 352
15La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 47, 51, 543 citas
[21]dicho cultivo facilitó las migraciones al sur. Influencias mesoamericanas aparecieron en la costa Atlántica y en la región de Tumaco en la costa Pacífica. Entre los elementos introducidos alrededor de 1200 a. C. se encuentran túmulos, espejos de 4 Fuentes principales que se ocupan de la arqueología del macizo…
p. 47
[46]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…
p. 51
[75]de las sociedades anteriores a la Conquista. Mientras que tales escritos se utilizan para apoyar las afirmaciones del avanzado estado de desarrollo de los muiscas y taironas (Kroeber 1946: 887-909; Reichel-Dolmatoff 1965: 143-68), el uso académico de documentos similares para la región de Popayán parece insuficiente.…
p. 54
16Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 481 cita
[23]mues- tran guerreros que llevan escudos redondos y cascos crestados. Están sentados en bancos ba- jos, de cuatro patas. Sobre la espalda de las figuras aparece un animal monstruoso que pa- rece trepar hacia la cabeza, motivo similar al que se puede observar en algunas esculturas de San Agustín. Junto con estos y otros…
p. 48
17Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 87, 91, 943 citas
[24]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…
p. 91
[34]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…
p. 94
[35]parece que ten í an en cada hoya hidrogr á fica varios centros de redistribuci ó n, en forma de ciudades. Cada ciudad rodeada de sus cultivos, y aun cada grupo de terrazas aisladas, formaba as í un ecosistema artificial. ‘ Al comienzo del siglo xvi gran n ú mero de poblaciones de los Tairona se hab í an aglutinado…
p. 87
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 1322 citas
[25]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…
p. 132
[44]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…
p. 129
19Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1701 cita
[26]y grados de desarro - llo. Los Guajiros, de lengua Arawak, nómadas y por ello con escasa agricultura. Más abajo se encontraban los Indios del Valle de Uupar que desaparecieron definitivamente y de cuya cultura se carece de datos. El grupo de los Indios Taironas, Melo los describe como el pueblo de más alto desarrollo…
p. 170
20Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 cita
[27]La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…
p. 252
21Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 133, 141, 1493 citas
[30]en la base de la estruc- tura social, estarían los especialistas de oficio, tales como agricultores, artesanos y mercaderes. Patrón de poblamiento La población indígena parece haber sido muy densa. En las fuentes históricas se mencionan cen- tenares de pueblos, localizados tanto en la «tierra» (como llamaban los…
p. 149
[38]laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…
p. 141
[42]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…
p. 133
22Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 22, 235, 366, 3764 citas
[33]que le antecedieron, pero en el imaginario esa idea de progreso es muy difícil de erradicar. Ciertamente, ese no fue el caso del trópico suramericano, y no hay nada malo en ello. Simplemente, nos permite renunciar a lo que James Scott ha llamado la “hipnosis arqueológicamente inducida de la noción de imperio”, ese…
p. 22
[36]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…
p. 376
[37]triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…
p. 235
[48]los procesos de cambio en la región sin tener que apelar a la llegada de pueblos desde afuera, aunque, lamentablemente, se ha acudido a cambios medioambientales. Augusto Oyuela, por ejemplo, propuso que las sociedades responsables de las fabulosas obras que encontraban los arqueólogos se podían explicar a partir de…
p. 366
23Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 181, 1922 citas
[39]disminuir, en Sogamoso aparecen algunas que son más grandes que otras, al igual que en Fúquene. En el valle de Leiva ocurre algo particular: se conforman dos comunidades donde se concentra la mayor parte de la población, y una de ellas (El Infier- mito) es algo más grande que la otra (Suta). El Infiernito parece tener…
p. 181
[41]sacrificios, donde 179 Los muiscas ge enterrabal y conmemoraban los antepasados, donde sc hacían samsara los caciques y donde se realizaban los mercados, Como s as eran lugares que probablemente tenían un significado muy he l, un lugar donde los muiscas, obsesionados con el orden de lase,! el equilibrio y e…
p. 192
24Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 12, 21, 294 citas
[40]© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…
p. 4
[51]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
[59]noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…
p. 21
[64]Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…
p. 29
25Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 19, 1462 citas
[43]medida este grupo pudo actuar como intermediario en la circulación de artículos muiscas, pero resulta interesante anotar la información de Friede (/1953/ 1974: 166) en cuanto a que sus miembros hacían trueques con los indígenas del Alto Magdalena, productores de coca, pita y maní. 146 CAPITULO V Consideraciones…
p. 146
[53]prudente entonces, reconocer la necesidad de imponer un límite cronológico a los documentos que pueden servir para interpretar los aspectos precolombinos del intercambio. En ese orden de ideas, el material de consulta de esta investigación se ha restringido hasta la visita de Luis Henriquez que marcó el fin del Siglo…
p. 19
26Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 351 cita
[45]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…
p. 35
27Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[50]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…
p. 43
[52]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…
p. 36
28Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 441 cita
[54]1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…
p. 44
29Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1951 cita
[55]y abismos que dieron lugar a distancias medidas en semanas y meses. En muchos lugares, sobre los caminos precolombinos se construyeron otros que permitieron el paso, ya no solo de seres humanos, sino también de mulas, caballos y bueyes. Algunos de ellos adquirieron el rango de Caminos Reales, pues, además de ser…
p. 195
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[56]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
31Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 24, 2212 citas
[57]APROPIACIÓN DE LA TIERRA La ocupación económica de la tierra por parte de los españoles debió ser forzosamente muy lenta en sus comienzos. Los primeros núcleos de la ocu pación española en América fueron las «ciudades». Este espacio primor dial obedecía a un concepto jurídico y político más bien que significar una…
p. 221
[61]civiliza ciones extrañas, el europeo sentía la necesidad de agruparse para subordi narlas y al mismo tiempo para preservar su «ser europeo». La afirmación de ciertos valores culturales sólo podía darse en ese contexto urbano, pues vivir en «república» equivalía a «... llevar una vida urbana bien arreglada y…
p. 24
32El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2881 cita
[58]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…
p. 288
33Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 38, 672 citas
[60]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…
p. 67
[71]similares a los que se observan en los torteros y volantes. Ade- más de los tejidos, desarrollaron la industria de las cortezas vegetales, que a manera de telas les servían de vestuario; éstas también fueron pintadas como los tejidos de algodón, que culti- varon tanto para la industria del hilado y tejido como para el…
p. 38
34Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1212 citas
[65]principal albergar a la élite dominante, primero a los conquistadores, luego a los sacerdotes y a la burocracia de las monarquías y finalmente a los servidores blancos e indígenas de las tres élites. Su localización en el territorio siguió primero la necesidad de ocupar las bahías más adecuadas para establecer puertos…
p. 121
[66]españoles tenían como objetivo principal albergar a la élite dominante, primero a los conquistadores, luego a los sacerdotes y a la burocracia de las monarquías y finalmente a los servidores blancos e indígenas de las tres élites. Su localización en el territorio siguió primero la necesidad de ocupar las bahías más…
p. 121
35Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1551 cita
[68]de tomar posesión del territorio por parte de los españoles. Se fundaron ciudades-puerto, ciudades-centros adminis- trativos, ciudades mineras, ciudades de frontera y ciudades de abrigo y sustento en los largos valles. El tipo de ciudad que dominó el primer siglo colonial fue la ciudad enco- mendera, no sólo porque…
p. 155
36Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[72]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
[73]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
37La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 331 cita
[74]en las parroquias de Los Cedros y San Salvador, cerca de Restrepo (Valle). 15. The Travels of Cieza de León, pág. 89. De esta evidencia muy sagazmente anota que debió transcurrir un período muy largo desde cuando los indígenas poblaron por primera vez las Indias. Los aborígenes 69 Quin dí o, en el camino Armenia- lb…
p. 33