Institución · Prehispánico
Confederación muisca
La Confederación Muisca nombra el orden político que los conquistadores españoles encontraron en 1537 en los altiplanos de Cundinamarca y Boyacá: un sistema jerárquico y tributario articulado por parentesco, tributo y ritual, dominado por el Zipa y el Zaque, estructuralmente inconcluso y en transición hacia un estado central cuando la Conquista lo interrumpió.
Trayectoria de una idea
- -400
Período Herrera en el altiplano
- 900
Intensificación Muisca temprana
- 1200
Consolidación del Muisca tardío
- 1490
Nemequene y la expansión del Zipa
- 1537
Llegada de Jiménez de Quesada y colapso de los grandes señores
- 1539
Sometimiento de Aquiminzaque y fin del orden prehispánico
La lectura
La Confederación Muisca no fue un imperio ni una simple suma de aldeas, sino un sistema político en construcción sostenido por la ecología excepcional del altiplano cundiboyacense y por una densa red de intercambios cuya pieza maestra era la sal de Zipaquirá, que viajaba hasta 800 kilómetros. Su arquitectura política descansaba en vínculos de parentesco entre caciques —Bogotá y Chía, Tunja y Ramiriquí, Guatavita y Teusacá— más que en instituciones administrativas formales, lo que le daba cohesión funcional pero también límites estructurales. La guerra entre grandes cacicazgos tenía carácter primordialmente ceremonial: afirmaba jerarquías y cobraba tributos sin reemplazar gobernantes locales ni unificar el territorio bajo una sola autoridad. A la llegada de los españoles en 1537, señoríos como Tundama, Sogamoso y Guachetá seguían siendo independientes, testimonio de un proceso de integración que la Conquista interrumpió a mitad de camino. La historiografía ha debatido durante décadas si llamarla Estado, confederación o cacicazgos en expansión; el debate mismo revela que los muiscas estaban, precisamente, en el umbral entre esas categorías.
La expresión "Confederación Muisca" nombra menos una entidad política que un problema histórico: cómo llamar al orden que los conquistadores españoles encontraron en marzo de 1537 en los altiplanos de Cundinamarca y Boyacá, cuando los ciento sesenta y tantos supervivientes de la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada emergieron de la serranía del Opón y descubrieron un mosaico de cacicazgos densamente poblados, articulados por parentesco, tributo y ritual, y dominados en sus polos por dos grandes señores —el Zipa y el Zaque— cuya rivalidad no había cristalizado todavía en unidad. Ni imperio a la manera azteca o incaica, ni simple archipiélago de aldeas, la organización muisca fue un proceso interrumpido: un sistema jerárquico y tributario con coherencia funcional real, sostenido por la ecología excepcional del altiplano y por una densa red de intercambios, pero estructuralmente inconcluso. Los cronistas del siglo XVI —Pedro Simón, Juan de Castellanos, más tarde Lucas Fernández de Piedrahíta— proyectaron sobre él las categorías europeas de reino, corte y monarca; la historiografía posterior heredó esa gramática y consolidó la imagen de una "nación chibcha" que el propio registro colonial, con sus señoríos independientes y sus identidades locales fragmentadas, desmiente. Entender la Confederación Muisca es, en buena medida, aprender a leerla contra ese vidrio deformante.
Qué era el mundo muisca
Los muiscas —del chibcha muexca, "persona" o "gente"— fueron la agrupación indígena más numerosa del territorio que hoy es Colombia. Hacia 1560, apenas dos décadas después de la Conquista y ya con la catástrofe demográfica en curso, sumaban unos 400.000 habitantes; sus parientes lingüísticos de la cordillera oriental —guanes, chitareros, laches y u'was— no llegaban en conjunto a 100.000. Habitaban las altiplanicies de la Cordillera Oriental entre los 2.500 y los 2.600 metros de altura, con proyecciones hacia los páramos y los valles templados adyacentes. Su región nuclear se extendía sobre la sabana de Bogotá —4.250 kilómetros cuadrados, de los cuales 1.200 son perfectamente planos, con temperatura media de 13,5 °C y precipitación de 850 milímetros anuales—, el altiplano de Tunja y Sogamoso, y las cuencas intermedias que enlazaban ambos polos.
Esa base ecológica no fue telón de fondo sino condición material de todo lo demás. La diversidad agroclimática del altiplano permitía una agricultura sedentaria de amplios excedentes —tubérculos como hibias, cubios, chuguas y arracachas; granos como maíz, frijol y quinoa; yuca, ahuyama y frutas—, complementada con productos obtenidos por intercambio de otros pisos térmicos. Sobre esa base descansaban una densidad demográfica muy superior a la de las vertientes y los valles interandinos, una especialización artesanal notable —mantas de algodón, cerámica utilitaria, orfebrería— y una red de mercados que se reunían cada cuatro días en los principales centros. La existencia de esa región nuclear continua, de la que carecían por ejemplo los taironas de la Sierra Nevada, fue el factor que empujó a los muiscas hacia formas incipientes de integración política.
Ese empuje, sin embargo, no terminó de completarse. A la llegada de los españoles, el mundo muisca era un sistema en tensión: dos grandes señoríos que se disputaban la primacía, media docena de cacicazgos independientes que aún no se habían plegado, jefaturas menores con distintos grados de autonomía y unos linderos de autoridad que cada señor trataba de correr a costa del vecino. El altiplano estaba lleno de nombres, poderes locales y ceremonias; lo que no había, todavía, era Estado.
De Herrera a los muiscas: doce mil años de altiplano
La ocupación humana del altiplano cundiboyacense se remonta a unos 12.000 años. Sobre esa larguísima línea, los muiscas son un capítulo tardío. Antes que ellos, en los mismos sitios, vivió el grupo del llamado período Herrera, cuya cronología se ha datado en el yacimiento de El Venado entre hace 2.400 y 1.000 años —del siglo IV a.C. al año 1000 d.C., aproximadamente—, y cuya presencia en la sabana de Bogotá está documentada durante al menos cinco siglos por los trabajos estratigráficos de Marianne Cardale en Zipaquirá. Los sitios de la laguna de la Herrera, Zipacón, Tequendama, Sopó, Nemocón, Tunja y sus alrededores marcan las huellas de ese poblamiento previo, con una cerámica de decoración predominantemente incisa y una subsistencia ya basada en la agricultura.
La relación entre los pueblos Herrera y los muiscas fue durante mucho tiempo objeto de conjetura. Los materiales de museo, casi todos de fases recientes, dieron la impresión de una ocupación breve y homogénea; solo la arqueología estratigráfica reciente ha permitido asomarse a la profundidad temporal del altiplano. En sitios como El Venado, la secuencia reconoce tres momentos: Herrera (hace 2.400-1.000 años), Muisca temprano (hace 1.000-800) y Muisca tardío (hace 800-500). Los trabajos de José Luis Socarras y José Vicente Rodríguez han mostrado evidencia de continuidad entre ocupaciones, lo que cuestiona la vieja idea de reemplazos poblacionales tajantes: los muiscas no aparecieron un día en el altiplano; se fueron formando allí, sobre poblaciones anteriores, en un proceso lento del que los siglos VI a X d.C. representan una fase de intensificación.
Ese proceso incluyó un crecimiento demográfico paulatino. En El Venado, la aldea Herrera no superaba las 50 personas repartidas en unas once viviendas agrupadas en dos zonas; en el Muisca tardío, el mismo sitio ocupaba 14,4 hectáreas en nueve conjuntos residenciales. Multiplicado por los cientos de sitios del altiplano, ese crecimiento explica la densidad muisca a la llegada de los españoles y, con ella, la posibilidad misma de una organización política que trascendiera el vecindario.
Zipas y Zaques: la geografía del poder
En la superficie, el mundo muisca aparece dominado por dos figuras. El Zipa era el gran señor del sur, con sede en Bacatá —el actual municipio de Funza, en la sabana de Bogotá—; el Zaque gobernaba desde Hunza, la actual Tunja, sobre las tierras altas de Boyacá. Los cronistas hablan de ellos como reyes rivales de dos reinos contiguos y de sus disputas como guerras de expansión al modo europeo. La realidad, tal como puede reconstruirse hoy, era más matizada.
Por debajo de los dos grandes señores existía una jerarquía escalonada. En la base, los capitanes, que residían con sus vecinos a campo abierto y encabezaban las unidades menores, las llamadas capitanías —parcialidades familiares que serían más tarde la base de las encomiendas coloniales. Por encima, los uzaques, caciques de unidades mayores que vivían en aldeas cercadas y regían tribus enteras. Y sobre ellos, los grandes señores. Las crónicas apenas alcanzan a distinguir las gradaciones intermedias entre los uzaques y el Zipa o el Zaque, lo que sugiere que la estratificación seguía siendo relativamente flexible y que los procesos de herencia de cargos no estaban plenamente consolidados.
Junto a esos dos polos coexistían, sin someterse plenamente a ninguno, otros centros de autoridad de peso mayor. Sugamuxi —Sogamoso, en la cabecera del valle del mismo nombre— era el más célebre santuario del sol y sede de un señor que era, ante todo, sacerdote de alto rango; por esa condición ritual no se sujetaba plenamente al poder civil o militar del Zaque, del que geográficamente dependía. Tundama —Duitama— resistió con particular obstinación tanto al Zaque como, después, a los españoles. Sáchica, Tinjacá y Guachetá aparecen en el registro colonial como cacicazgos cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba clara. Guatavita, con su laguna sagrada, mantenía una posición ambigua entre la órbita del Zipa y la autonomía religiosa. Tenza, en su valle homónimo, era otro de los umbrales donde el mapa se difuminaba.
La articulación entre estos centros era en parte de parentesco. Los caciques de Bogotá y Chía eran parientes; también los de Suba y Tuna, los de Tunja y Ramiriquí, los de Guatavita y Teusacá, los de Duitama y Tobasía. Ese entramado familiar cumplía funciones que en otras culturas habrían recaído en instituciones administrativas: aseguraba lealtades, ordenaba sucesiones, tejía alianzas. Pero también fijaba límites, porque un sistema sostenido en el parentesco es un sistema en el que la expansión no se hace por conquista territorial burocrática sino por matrimonio, tributo y reconocimiento ritual.
La guerra ceremonial y sus límites
Los cronistas describen guerras muiscas de conquista territorial, campañas del Zipa contra el Zaque, batallas grandes en los linderos de Chocontá. La literatura posterior amplificó esas escenas hasta convertirlas en el equivalente andino de las guerras entre reinos medievales. Pero hay un dato del registro colonial que obliga a reconsiderar el asunto: en los abundantes pleitos y visitas del siglo XVI, los indígenas del altiplano no protestan por caciques que Bogotá o Tunja les hubieran impuesto por conquista. Si las guerras hubieran sido de dominación territorial efectiva, tales protestas —o al menos su rastro— deberían aparecer.
Su ausencia sugiere otra lectura: la guerra entre grandes cacicazgos tenía carácter primordialmente ceremonial y de reconocimiento de jerarquía. Las campañas afirmaban prestigio, cobraban tributos, imponían símbolos de vasallaje, pero no reemplazaban gobernantes locales ni reorganizaban administrativamente los territorios sometidos. La "expansión" del Zipa y el Zaque debe entenderse, entonces, como afirmación ritual y política, no como construcción de un dominio unificado.
Esa clave explica varias piezas del rompecabezas. Explica que a la llegada de los españoles siguieran existiendo señoríos independientes en el corazón mismo del mundo muisca. Explica que las fronteras de autoridad fueran variables, según con quién se midiera cada señor. Explica que el sistema sea al mismo tiempo reconocible como una organización política y resistente a ser calificado sin más de Estado. Los términos que la historiografía ha usado —"estados incipientes", "estados mayores", "supremacías bélicas", "confederación"— tantean todos alrededor de un objeto que no encaja en ninguno.
Los muiscas estaban, en suma, en transición desde un orden basado en vecindarios hacia un estado central incipiente. No lo terminaron. La Conquista los alcanzó a mitad de camino.
Nemequene, Tisquesusa, Quemuenchatocha: los grandes señores del último medio siglo
De la larga historia de los cacicazgos muiscas antes del siglo XVI queda poco más que el eco de algunas dinastías y la arqueología del altiplano. En las últimas décadas antes de la Conquista, sin embargo, las tradiciones recogidas por los cronistas dejan entrever a un puñado de figuras. Nemequene, Zipa de Bacatá a finales del siglo XV y comienzos del XVI, aparece como el gran ordenador de las leyes del sur y el impulsor decisivo de la expansión frente al Zaque; en algún momento de las primeras décadas del XVI le sucedió Tisquesusa, que gobernaba Bacatá cuando llegaron los españoles y que morirá en 1537 durante la Conquista. En Hunza, Quemuenchatocha era el Zaque a la llegada de Jiménez de Quesada; su tesoro —el saqueado en agosto de 1537— sostendrá buena parte del botín inicial de la expedición. Aquiminzaque, el último Zaque, quedará como figura crepuscular de la resistencia y del sometimiento inicial.
Ninguno de estos nombres, sin embargo, gobernaba una entidad unificada. Tisquesusa era el señor más poderoso de la sabana, pero los sacerdotes de Sugamuxi no le rendían obediencia; Quemuenchatocha era el señor mayor del norte, pero Tundama seguía siendo un problema en su propio flanco. La memoria colonial de estas figuras las magnificó a la medida de las categorías europeas —"emperadores", "reyes", "monarcas"— y borró la textura irregular de sus poderes.
La economía como andamio: sal, mantas, oro que no había
Nada de esto habría sido posible sin la maquinaria económica que sostenía al altiplano. Los muiscas practicaban una agricultura extensiva de técnicas rudimentarias —quema de rastrojo, roza, siembra con palos aguzados y hachuelas de piedra, largos períodos de descanso—, pero sobre esa base producían excedentes suficientes para sostener una densa población, alimentar una especialización artesanal creciente y nutrir circuitos de intercambio de largo alcance.
La sal fue el gran activo estratégico. Las minas de Zipaquirá eran controladas directamente por el Zipa y constituían uno de sus principales recursos productivos y comerciales; Nemocón aparece también asociada al comercio de sal. Desde el altiplano, esa sal viajaba distancias considerables: llegaba a la región de Neiva por el sur, a los alrededores de Barrancabermeja por el norte y, según un documento colonial, hasta 800 kilómetros al oriente. Ese alcance da la medida de la centralidad económica del núcleo muisca en el norte de Suramérica.
Las mantas de algodón funcionaban como el bien de intercambio más generalizado, sin llegar a constituir un patrón monetario homogéneo: eran unidad de medida, tributo, ofrenda ritual y bien de prestigio a la vez. La cerámica utilitaria —ollas, tinajas, gachas para cocer sal— se producía en cacicazgos como Tocancipá y Gachancipá, y posiblemente Cogua, y se distribuía en los mercados de Santafé, Zipaquirá y Nemocón. Los mercados se celebraban cada cuatro días en los principales centros; el intercambio era por trueque, en una economía sin moneda pero con equivalencias reconocidas.
La particularidad más reveladora de esta economía tiene que ver con el oro. No había depósitos auríferos en territorio muisca. Todo el oro que alimentaba la orfebrería del altiplano —los tunjos, las figurinas planas, las coronas, los cetros— llegaba por intercambio desde la región de Neiva y otros puntos del Magdalena. Las esmeraldas, por su parte, provenían de las minas de Somondoco, controladas por el Zaque, y desde allí circulaban al resto del territorio muisca, incluido el dominio del Zipa. Los artículos que los muiscas exportaban a cambio eran sal, esmeraldas, coca y mantas; los que recibían, oro, plumas, aves y yopo. Un cacicazgo que producía símbolos de estatus con materia prima ajena da la medida del grado de integración que sus redes habían alcanzado, y también de la dimensión simbólica y ritual —no solo material— del intercambio.
Los taironas de la Sierra Nevada sostenían, por su parte, un mercado activo que llegaba mediante intermediarios hasta el territorio muisca; los objetos de oro, los collares de cuentas y los caracoles marinos eran los artículos de mayor trueque en esa larga cadena. La densidad de esos contactos con las tierras bajas y con la costa caribe rebate cualquier imagen del altiplano como mundo cerrado.
Los vecinos inmediatos —los grupos caribes de los valles intermedios del Magdalena y la tierra caliente: panches, muzos y calimas— eran adversarios frecuentes. Los muiscas peleaban contra ellos con macanas y lanzas de madera, y recibían arcos y flechas envenenadas. Esas guerras de frontera aparecen en las crónicas como un rasgo permanente del mundo muisca, y explican en parte la militarización simbólica de algunos cacicazgos limítrofes.
Jeques, lagunas, calendario: la textura religiosa del poder
La religión no era en el mundo muisca una esfera separada de la política sino una de sus dimensiones constitutivas. Los jeques —sacerdotes— pasaban años de reclusión en casas especiales que los cronistas llamaron "seminarios", practicaban ayunos rigurosos y llevaban vidas dedicadas al estudio de la religión y a sus ejercicios esotéricos. Ese aprendizaje los habilitaba para oficiar en los santuarios, interpretar signos, ordenar ceremonias y —en los grandes centros— ejercer una autoridad que competía con la de los caciques civiles.
El panteón era denso. Chibchacum aparece como dios protector de la nación chibcha, patrón de labradores, mercaderes y plateros, y vinculado con el mito de la inundación primordial. Bachué, diosa de la fertilidad, había emergido de la laguna de Iguaque, al norte de Tunja, y de ella nació —según el mito— el primer hombre. Divinidades menores gobernaban gremios: Chaquen protegía los linderos de las sementeras y las fiestas; Nemcatacoa, representado como un oso con manta, era el dios de los pintores de mantas y los tejedores. La distribución del panteón revela una sociedad de oficios: cada actividad productiva tenía su patrón divino, y los intercambios rituales acompañaban a los materiales.
El culto se centraba en lugares naturales —lagunas, cascadas, cuevas, cumbres de cerros— más que en templos construidos. La laguna de Iguaque era el lugar del origen mítico; la laguna de Guatavita era el escenario ceremonial donde el cacique del mismo nombre, cubierto de polvo de oro, ofrendaba a las aguas. La laguna de Fúquene, en el norte del altiplano, era otro de los grandes centros rituales. En todos ellos se ofrendaban oro, cuentas y esmeraldas: el intercambio con las tierras bajas para conseguir la materia prima aurífera se cerraba, así, arrojando esa misma materia al fondo de las aguas sagradas.
La agricultura y la astronomía se enlazaban en el calendario. Los nombres de los números en lengua chibcha correspondían a las fases lunares y estaban vinculados con las faenas agrícolas y el culto: contar era, para un muisca, medir el tiempo del cultivo y de la ceremonia. Los sacerdotes de Sugamuxi y de otros grandes santuarios eran custodios de ese saber. Que los mayores centros ceremoniales estuvieran habitados por señores que eran sacerdotes de alto rango, y que por esa condición no se sujetaran plenamente al Zipa o al Zaque, es una clave central para entender la organización política muisca: la religión funcionaba como contrapeso estructural al poder civil, e impedía que la integración territorial se completara.
La orfebrería y las jerarquías materiales
La cultura material muisca es tecnológicamente competente y estéticamente sobria. La orfebrería trabajaba oro y tumbaga —aleación de oro y cobre— con la mayoría de las técnicas de los quimbayas, pero con menor elaboración: las figurinas humanas son planas, la calidad es marcadamente bidimensional, las coronas, cetros y figuras huecas siguen convenciones repetidas. La cerámica, adecuada para sus funciones utilitarias y rituales, no alcanza la elaboración artística de otros grupos. Esa sobriedad no es pobreza técnica sino elección cultural: en un cacicazgo donde el oro se importaba y donde su destino era en gran medida ritual —ofrendas a las lagunas, ajuares funerarios, insignias de cargo—, la producción se orientó a la reproducción de tipos consagrados más que a la innovación.
En los sitios excavados, la distribución de la cerámica decorada revela estratificación. En Suta, las unidades residenciales con mayor concentración de cerámica decorada en el período Muisca temprano mantuvieron esa concentración durante el Muisca tardío: la diferenciación de estatus se heredaba. Los grupos con marcadores especiales —objetos de metal, huesos de animales exóticos— aparecen asociados a consumo conspicuo, festejos y exhibición de fauna traída de otros pisos térmicos, aunque esa ventaja simbólica no siempre se traducía en mejores ajuares funerarios ni en indicadores claros de mejor nutrición o longevidad.
El oro, en todos los cacicazgos colombianos, alcanzó el significado de símbolo de estatus y privilegio en sociedades de gran movilidad vertical. Ese es un dato central para entender por qué el oro muisca fue, hasta bien entrada la época colonial, objeto de persecución y expolio por parte de los españoles: no era solo un metal precioso sino la materialización visible del orden social indígena, y su destrucción o apropiación implicaba desmantelar ese orden.
Marzo de 1537: la Conquista
En los primeros días de abril de 1536 partió de Santa Marta la expedición que Pedro Fernández de Lugo, gobernador de la provincia, había organizado bajo el mando de Gonzalo Jiménez de Quesada: 705 hombres al iniciarse la marcha. Once meses después, tras atravesar la serranía del Opón y remontar el río Carare por rutas de un rigor devastador, en marzo de 1537 unos 166 a 170 hombres y 30 caballos emergieron a las planicies del altiplano. Las enfermedades y las penalidades habían diezmado a la tropa; el propio Quesada había enfermado gravemente en el Carare y había ordenado a Juan Gallegos regresar a Santa Marta con los enfermos.
Lo que encontraron los sobrevivientes fue el mosaico muisca. Quesada bautizó el nuevo territorio Nuevo Reino de Granada y llamó Valle de los Alcázares de Bogotá al lugar del primer asentamiento. La campaña avanzó del sur hacia el norte, siguiendo el corredor del altiplano. En agosto de 1537, el saqueo del valle de Tunja —la sede del Zaque Quemuenchatocha— produjo, según el libro de registro oficial de la expedición, 136.000 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas. El 4 de septiembre del mismo año, el registro anotó los bienes obtenidos en el valle de Sogamoso. Algunos historiadores han estimado que las ganancias de la expedición de Quesada en el altiplano muisca fueron, quizá, las segundas más lucrativas de todas las conquistas americanas, superadas solo por las de Pizarro en Perú.
La resistencia muisca existió, pero fue fragmentaria. Tisquesusa murió en el curso de la campaña sobre Bacatá. Su sucesor, Sagipa, fue apresado por los españoles y sometido a juicio, acusado, entre otros cargos, de ocultar el tesoro de Tisquesusa. Quemuenchatocha fue capturado y despojado. Aquiminzaque, el último Zaque, ocupó brevemente la sede de Hunza bajo tutela española.
La tesis de que la conquista fue facilitada por una guerra civil entre el Zipa y el Zaque, difundida por algunos cronistas, carece de evidencia convincente y debe verse con profunda sospecha. Aunque hay al menos un caso documentado de grupos muiscas que buscaron alianza con los españoles para combatir a los Panches —viejos enemigos de la frontera occidental—, no puede afirmarse en general que las rivalidades internas hubieran allanado el camino de los invasores. Lo que sí es cierto es que la escala misma del mundo muisca —cientos de miles de habitantes distribuidos en una geografía continua, con jerarquías cacicales hereditarias y sistemas de tributo preexistentes— resultó, paradójicamente, un factor que facilitó su dominación: los españoles pudieron usar a los caciques como intermediarios, apropiarse de las capitanías como unidades de encomienda y aprovechar el tributo indígena como base fiscal desde el primer día.
Tres expediciones convergieron casi simultáneamente sobre el altiplano: la de Quesada desde Santa Marta, la de Sebastián de Belalcázar desde Quito por Popayán y Cali, y la de Nicolás de Federmán desde Venezuela cruzando los Llanos Orientales. En lugar de combatirse por el botín, los tres capitanes acordaron someter el litigio de jurisdicción a las autoridades peninsulares. El 6 de agosto de 1538, Quesada fundó Santafé —la actual Bogotá— como capital del Nuevo Reino de Granada.
El desmantelamiento: encomiendas, resguardos, confesionarios
El aparato colonial se montó sobre las estructuras muiscas y, al hacerlo, las descoyuntó. La encomienda en la sabana de Bogotá se organizó a partir de las unidades preexistentes —clanes, tribus, capitanías—; el cacique se convirtió en el representante que pagaba el tributo a nombre de su grupo, no de individuos aislados. Esa aparente continuidad institucional —los mismos jefes, las mismas parcialidades— era en realidad una transformación radical: los caciques quedaron atrapados entre las exigencias españolas y sus propias comunidades, y los vínculos externos de cohesión que articulaban la sociedad chibcha fueron rompiéndose bajo el peso del tributo y del trabajo obligatorio.
Las Leyes Nuevas de 1542, reafirmadas en 1546, que buscaban limitar la explotación del trabajo indígena y prohibir la esclavitud, fueron formalmente acatadas por el Cabildo de Bogotá desde 1546, pero deliberadamente incumplidas bajo la vieja fórmula colonial: "se obedece, pero no se cumple". La apropiación del trabajo indígena, tanto dentro de los pueblos como bajo la supervisión de encomenderos y sus delegados, continuó como práctica corriente durante el siglo XVI y buena parte del XVII.
Contra la religión muisca se desplegó una ofensiva de dos frentes. Los santuarios naturales fueron destruidos o "extirpados", y las ofrendas —oro, esmeraldas, mantas, moque— acabaron en las arcas españolas. El confesionario en lengua muisca-chibcha, herramienta de la llamada "policía cristiana", registraba preguntas específicas sobre adoración de santuarios y ofrendas realizadas; junto con la tortura, sirvió como mecanismo sistemático para identificar los sitios sagrados y despojarlos. Los jeques, custodios del calendario y del ritual, fueron perseguidos como idólatras.
La respuesta muisca ante la dominación tomó formas diversas. Grupos enteros huyeron a los montes; hubo casos de suicidios colectivos y de repliegue social. Se registró un último levantamiento de entidad, promovido por los uzaques de Tundama y Sugamuxi, que fracasó. Los resguardos indígenas —tierras comunales protegidas por la Corona— fueron creados en el altiplano, pero en su mayoría desarticulados durante la Colonia: sus habitantes fueron agrupados con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles, o simplemente disueltos.
La supervivencia demográfica muisca fue, proporcionalmente, mayor que la de varios otros grupos indígenas colombianos, lo que se explica en parte por la eficiencia misma del sistema colonial montado sobre las jerarquías cacicales. Donde había caciques hereditarios y tributos preexistentes, los españoles podían gobernar con menor violencia directa. Donde no los había, la resistencia y la extinción fueron más rápidas y más brutales. La coherencia funcional del sistema muisca —lo que le habría permitido, en otras condiciones, cristalizar en Estado— se convirtió, en la coyuntura de la Conquista, en el mecanismo de su propio desmantelamiento.
El altiplano cundiboyacense, por concentrar la mayor cantidad de mano de obra indígena y por su clima favorable a los europeos, se convirtió desde el siglo XVI en el núcleo de las encomiendas, los latifundios y las haciendas de órdenes religiosas y de descendientes de españoles. Sobre las capitanías muiscas se dibujaron los términos de las parroquias y los distritos municipales; sobre los caminos rituales del mundo chibcha se trazaron los ejes del Nuevo Reino de Granada. La geografía persistía; la sociedad que la había habitado, no.
Qué queda, qué se disputa
De la Confederación Muisca —si aceptamos, con reservas, seguir llamándola así— quedan tres capas superpuestas, y ninguna es simple.
Queda, en primer lugar, la arqueología, que en las últimas décadas ha transformado radicalmente lo que se sabía. Las excavaciones estratigráficas de El Venado, Suta, Zipaquirá y otros sitios han desmontado la imagen homogénea que ofrecían los materiales de museo. Hoy se sabe que la formación muisca fue un proceso lento sobre poblaciones Herrera anteriores, que la estratificación social se hereda visiblemente en los sitios excavados, que la densidad demográfica y la especialización artesanal crecieron paulatinamente entre los siglos VIII y XV.
Queda, en segundo lugar, la lengua y el paisaje. El chibcha muisca dejó de hablarse en las primeras décadas del período colonial, pero sobrevivió en la toponimia —Bacatá, Sugamuxi, Guatavita, Chocontá, Zipaquirá, Fúquene, Tenza— y en los vocabularios recopilados por gramáticos coloniales como los que sirvieron a José Domingo Duquesne para intentar reconstruir el calendario chibcha a finales del siglo XVIII. Los grandes santuarios naturales —las lagunas de Iguaque, Guatavita, Fúquene— siguen siendo referentes de peso simbólico en la geografía nacional.
Queda, finalmente, la disputa historiográfica sobre qué fue exactamente el mundo muisca. La palabra "confederación" es una etiqueta cómoda que resuelve mal el problema: sugiere unidad donde había tensión, formalidad donde había ambigüedad, un pacto entre iguales donde había jerarquía escalonada e integración incompleta. Los cronistas del siglo XVI —Pedro Simón, Juan de Castellanos, más tarde Lucas Fernández de Piedrahíta en su Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada de 1688— proyectaron sobre los muiscas categorías de reino y monarquía que la evidencia colonial más fina no sostiene. La historiografía del siglo XIX, imbuida de nacionalismo, magnificó a la "nación chibcha" como antecedente prestigioso de la República; buena parte del siglo XX heredó esa imagen sin someterla a crítica.
La arqueología reciente, la antropología histórica y la lectura crítica de los documentos coloniales han ido corrigiendo el cuadro. Los muiscas no fueron un imperio; tampoco fueron una simple suma de aldeas. Fueron una sociedad compleja, densamente poblada, económicamente articulada y ritualmente sofisticada, en la que dos grandes cacicazgos —Bacatá y Hunza— disputaban una primacía que ninguno de los dos alcanzó a consolidar. La Conquista los interrumpió en un momento de transición hacia formas estatales que quizá habrían cuajado, y quizá no. Esa incompletud —esa condición de proceso interrumpido— es, paradójicamente, lo más específico de la Confederación Muisca: no una entidad terminada que los españoles destruyeron, sino un movimiento histórico al que la Conquista cerró el futuro.
En el altiplano cundiboyacense, sobre los mismos suelos que sostuvieron a los muiscas, se levantó luego el corazón político, económico y cultural del país que los llamaría, cinco siglos después, sus antepasados. Que ese país siga discutiendo qué fueron exactamente es prueba, más que del carácter esquivo de la evidencia, del peso real que el mundo muisca tuvo en el largo tiempo de los altiplanos.
En el archivo
8 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 14995
02Conquista1499–15991
03Pre-independencia1780–18091
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Zipa (señor del sur, sede en Bacatá/Funza, controlaba las minas de sal de Zipaquirá y dominaba la sabana de Bogotá)
- 02Zaque (señor del norte, sede en Hunza/Tunja, gobernaba los altiplanos de Boyacá)
- 03Nemequene (Zipa expansionista de finales del siglo XV y comienzos del XVI, impulsor de la integración política del sur)
- 04Tisquesusa (último Zipa, gobernaba Bacatá a la llegada de los españoles, murió en 1537)
- 05Quemuenchatocha (Zaque a la llegada de Jiménez de Quesada, su tesoro fue saqueado en agosto de 1537)
- 06Gonzalo Jiménez de Quesada (conquistador español que encontró y destruyó el orden muisca en 1537)
- 07Altiplano Cundiboyacense (base ecológica y territorial de la Confederación, entre 2500 y 2600 m de altitud)
- 08Sabana de Bogotá (región nuclear del Zipa, 4250 km² con temperatura media de 13,5 °C)
- 09Sogamoso/Sugamuxi (gran santuario del sol, sede de un señor-sacerdote que no se sujetaba plenamente al Zaque)
- 10Zipaquirá (sede de las minas de sal controladas por el Zipa, nodo central del comercio de largo alcance)
- 11Sistema tributario prehispánico (mecanismo articulador de la jerarquía política muisca mediante mantas, sal y reconocimiento ritual)
- 12Cacicazgo (unidad política básica del sistema muisca, con gradaciones entre capitanes, uzaques y grandes señores)
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
32 documentos · 73 fragmentos
01Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 235, 376, 3833 citas
[1]triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…
p. 235
[2]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…
p. 376
[47]y contradicen la idea de que se pueda hablar tan fácilmente de un proceso ordenado y lineal, mediante el cual una abusiva élite fue cada vez más exitosa en controlar más y más al resto de la población. En un lugar no muy lejano a El Venado, en Suta (valle de Leiva), Hope Henderson encontró que desde la ocupación…
p. 383
02Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 303, 309, 3706 citas
[3]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[4]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[33]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…
p. 303
[35]fue la forma de preparación aquí. Los muiscas usaban dos palabras para el rojo, traducidas al español como “colorado” y “colorado fino” (González de Pérez, 1987: 214. heczen mague [o] hiso para el primero y heczen quyhyquine, heczen ynpuyca para el colorado fino). En aras de aclarar las diferencias, González de Pérez…
p. 309
[48]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…
p. 370
[49]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…
p. 370
03Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 127, 130, 137, 1414 citas
[5]laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…
p. 141
[9]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…
p. 130
[21]en las que se producía abundante comida, que estaban densamente pobladas. Más adelante, la expedición encontró, en las me- setas y sabanas de Cundinamarca y Boyacá (nom- bres de la actual distribución administrativa de Co- lombia), una agrupación indígena numerosa que fue llamada de los muexas o muiscas desde los pri-…
p. 127
[37]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…
p. 137
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 91, 94, 983 citas
[6]escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…
p. 98
[12]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…
p. 94
[42]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…
p. 91
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 22, 25, 28, 524 citas
[7]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…
p. 28
[19]lenguas a su mando, como algunos panches. Algo similar tal vez empezaba a pasar entre los cat í os de Antioquia o entre los grupos ind í genas del Cauca de la zona quimbaya, pero los relatos de los espa ñ oles no permiten saberlo con certeza. En el territorio colombiano no hubo imperios fuertes como los de Per ú o M é…
p. 25
[28]pi ñ a, guayaba, aguacate, tomate, guan á bana, granadilla, curaba, uchuva), verduras y tub é rculos (ahuyama, achira, cubios, arracachas, hibias y ullucos o chuguas), legumbres y semillas (frijol y quinoa) y anima les dom é sticos, ofrec í an una alimentaci ó n adecuada, sin las ham brunas peri ó dicas comunes en…
p. 22
[68]autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…
p. 52
06La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 63, 712 citas
[8]de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…
p. 63
[66]total entre los Chibchas. Hubo grupos que huyeron a los mo n tes; otros realizaron suicidios colectivos; aún otros ejecutaron el retraimiento anímico, alejándose socialmente de los esp a ñoles (Aguado, 1906, p. 207). Epidemias de en- fermedades nuevas como las venéreas y las viruelas, fueron aniquilantes. La anomia…
p. 71
07Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[10]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
[11]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
08Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 332, 3493 citas
[13]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
[45]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…
p. 349
[50]adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…
p. 262
09Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2131 cita
[14]a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…
p. 213
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 37, 453 citas
[15]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…
p. 35
[29]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…
p. 37
[54]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
p. 45
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 542 citas
[16]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…
p. 52
[44]cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…
p. 54
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 132, 1343 citas
[17]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…
p. 129
[69]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…
p. 132
[70]el tronco inicial, costa de Venezuela y norte de Co- lombia) y Caribe meridionales (algunos idiomas — RE i Grupos indígenas precolombinos Indígenas en la selva, óleo de la pintora del río Xingú y alto Ama- zonas colombiano, como el Carijona, el Hianakoto y el Umaua). En total, su- man 50 lenguas conocidas y está…
p. 134
13Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 33, 932 citas
[18]favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…
p. 33
[36]los miembros del cacicazgo de Cogua conocían y explotaban las fuentes de barro. En el documento, se lee que los indios iban, "...al sitio antiguo donde estaba para traer el barro... aunque están poblados en Nemocón vienen desde allí por el barro y la arena p.a hacer ollas" (A.N.C. C+I XX f 726r, en Broadbent, 1964a:…
p. 93
14Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 33, 1092 citas
[20]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…
p. 109
[72]de los Andes orientales existiera un nombre en común que los identificara, un gentilicio inconfundible, equivalente, por ejemplo, a “colombianos”. Como pasaré a proponer, eso tampoco quiere decir que las comunidades indígenas de los Andes orientales no tuvieran nada en común, y que ¡e en una especie de vacío cultural,…
p. 33
15Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 12, 17, 214 citas
[22]© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…
p. 4
[32]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
[53]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
p. 17
[55]noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…
p. 21
16Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3151 cita
[23]y 2. 600 msnm, es decir, en la tierra fría. Existen en la Cordillera Oriental tres grandes altiplanicies y numerosas pequeñas; la de Bogotá es la más meridional, y la más extensa, lin- dando con el macizo de Sumapaz en el sur. Abarca ella la parte alta de la cuenca del río Bogotá con un total de 4. 250 km 2, de los…
p. 315
17Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 19, 23, 356 citas
[24]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…
p. 19
[25]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…
p. 19
[30]de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…
p. 35
[31]de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…
p. 35
[62]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[63]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 37, 402 citas
[26]nieves perpetuas y páramos interminables a la vista, conviven el frailejón, el cañizo y el romero en absoluta quietud y en un silencio que solo se altera con el sobrevuelo del águila. Allí, colchones de musgo, que actúan como esponjas de la naturaleza, gota a gota forman los ríos que marcan la geografía y la historia…
p. 37
[67]lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…
p. 40
19Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[27]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…
p. 36
[34]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…
p. 43
20El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 294, 3002 citas
[38]hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…
p. 300
[61]y hombre de gran tacto político y agudeza de observación, el de más talento de aquellos tres conquistadores. Federmann, cuyo lugar de nacimiento no es conocido, era también de aventajada estatura y rostro blanco y bello, orlado de rojiza barba, muy diestro en toda clase de ejer- cicios, tan cortés y suave que jamás se…
p. 294
21Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 1231 cita
[39]como el Amazonas, Orinoco, Paraná y Mag- dalena, eran asiento de pueblos riquísimos y fabu- losos. Su cauce (se pensaba) guardaba ingentes te- soros auríferos, al igual que los lagos y lagunas del interior. Al tenerse conocimiento de la ceremonia de su- cesión del mando en la laguna de Guatavita, se co- rroboró la…
p. 123
22Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 24, 28, 323 citas
[40]inundación a Chibchacum como veremos enseguida. Entre sus deidades estaban Bochica, dios bienhechor y protector especial de los uzaques y de los capitanes de sus familias; Chibcha- cum, dios encargado especialmente de la nación chibcha y de ayudar a los labradores, mercaderes y plateros; Chaquen, dios encargado de los…
p. 28
[41]las fases de la luna en creciente o en menguante, con las faenas agrícolas o con el culto. Humboldt, que ignoraba la existencia de un diccionario chibcha, dudaba de la relación entre los nombres de los números y las fases lunares, y dice que sería uno de los hechos más notables que pudiera presentar la historia…
p. 32
[71]su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…
p. 24
23Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 931 cita
[43]Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…
p. 93
24La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[46]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…
p. 51
25The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 371 cita
[51]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
26Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 cita
[52]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
p. 22
27Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 34, 1082 citas
[56]the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…
p. 108
[60]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…
p. 34
28Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1131 cita
[57]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
29Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 631 cita
[58]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…
p. 63
30Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[59]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
31Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 51, 582 citas
[64]los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…
p. 58
[73]que en el occidente colombia no no sólo coexistían diferentes estados de evolución sino que muchos gru pos apuntaban hacia formas de cohesión suprafamiliar o intertribal. En la base de esta evolución,.Trimborn afirma una unidad original de todos los grupos que habitaban las márgenes del Cauca. Esta unidad étnica…
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32Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 241 cita
[65]ordenar formas serviles de trabajo. Los debates sobre estos temas fueron interminables y de gran riqueza, y en ellos aparece el rechazo de los colonos a los alegatos de los curas y a las normas reales que los obligaban a moderar la explotación del indio. Los nuevos pobladores de las Indias argumentaban la necesidad de…
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