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Biografía

Pedro Fernández de Lugo

Conquista

18 min de lectura20 documentos
NacimientoSin fecha registrada
Fallecimientooctubre de 1536
RolesAdelantado de Tenerife y La Palma (heredado de su padre Alonso Fernández de Lugo) · Gobernador de Santa Marta (1535-1536)
Lugar principalColombia
Período históricoConquista1499–1599
03

La biografía

En la larga fila de adelantados que la Corona española envió al Caribe continental durante la primera mitad del siglo XVI, Pedro Fernández de Lugo ocupa un lugar peculiar: no fue conquistador de terreno, ni fundador de ciudades célebres, ni figura de crónica heroica. Fue el eslabón institucional y financiero que hizo posible la conquista del altiplano muisca. Gobernador de Santa Marta entre 1535 y su muerte en octubre de 1536, organizó una armada de más de mil personas y al menos diez navíos, negoció con la Corona las capitulaciones que le concedían autoridad delegable sobre tierras, indios y oficios, y el 1 de abril de 1536 firmó la Instrucción y Memoria que nombró a Gonzalo Jiménez de Quesada general de la jornada al Río Grande. Sin ese acto administrativo —producto de una capitulación privada y de una empresa costeada por él mismo— la campaña que subyugó a los muiscas y fundó Santa Fe de Bogotá carece de origen jurídico. Que Lugo muriera antes del regreso de su general, sin haber podido reclamar los frutos de la empresa que había pagado, explica gran parte de la disputa política posterior por la gobernación del Nuevo Reino de Granada y la ambigüedad con que la memoria histórica lo ha tratado.

02

Línea de vida

  1. 1493

    Herencia del adelantazgo canario

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    Su padre, Alonso Fernández de Lugo, completó la conquista del archipiélago canario sometiendo La Palma en 1493 y Tenerife en 1496. Pedro heredó el título de adelantado de ambas islas, una red de relaciones comerciales, haciendas azucareras y la lógica empresarial de la conquista atlántica que intentaría reproducir en América.

  2. 1535

    Llegada a Santa Marta al frente de la gran armada

    Leer contexto

    Tras negociar capitulaciones con Carlos I que le concedían el título de adelantado, la facultad de nombrar regidores, jueces y notarios, y el poder de otorgar repartimientos y encomiendas de por vida, Fernández de Lugo llegó a Santa Marta al frente de una de las mayores armadas organizadas hasta entonces para el Caribe continental: al menos diez navíos y más de mil personas. Antón de Olalla se alistó ese año como alférez de infantería, testimonio de la magnitud del reclutamiento.

  3. 1536

    Expedición de La Ramada y traición de Alonso Luis

    Leer contexto

    Fernández de Lugo confió a su hijo Alonso Luis de Lugo el mando de una expedición hacia La Ramada y el Cabo de la Vela, en la que participó Jiménez de Quesada. La jornada regresó en marzo de 1536 con la pérdida de cerca de 250 hombres por flechas, hambre y disentería, aunque recogió más de 60.000 pesos de oro. Alonso Luis se embarcó hacia España sin repartir el botín con sus compañeros ni dejar recursos a su padre; el adelantado lo denunció formalmente a la Corona pidiendo castigo ejemplar.

  4. 1536

    Instrucción y Memoria del 1 de abril: origen jurídico de la conquista neogranadina

    Leer contexto

    El 1 de abril de 1536, desde Santa Marta, Fernández de Lugo firmó la Instrucción y Memoria que nombraba al licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada general de la jornada al Río Grande (Magdalena). El documento ordenaba pedir oro a los indios sin vejaciones, llevar un libro detallado del botín, fundar poblaciones en el camino y persuadir a los indios a aceptar la sujeción al rey antes de hacerles guerra. Sin ese acto administrativo, la campaña que subyugó a los muiscas y fundó Santa Fe de Bogotá carecería de origen jurídico.

  5. 1536

    Muerte en Santa Marta antes del regreso de Quesada

    Leer contexto

    Pedro Fernández de Lugo murió en Santa Marta en octubre de 1536, sin haber podido ver el regreso de Jiménez de Quesada ni reclamar los frutos de la empresa que había financiado. Su muerte dejó abierta la disputa política por la gobernación del Nuevo Reino de Granada y explica la ambigüedad con que la memoria histórica lo ha tratado.

El hombre canario

Pedro Fernández de Lugo pertenecía al mundo atlántico ibérico que enlazaba Andalucía, las islas Canarias y las Antillas: un espacio en el que la conquista se había vuelto oficio hereditario y en el que la hidalguía se traducía en capitulaciones, adelantazgos y encomiendas. Era hijo de Alonso Fernández de Lugo, el adelantado que había sometido La Palma en 1493 y Tenerife en 1496; es decir, el hombre que había cerrado la conquista del archipiélago canario para la Corona de Castilla. La biografía del hijo se entiende sólo a la luz de esa herencia: Pedro heredó no sólo el título de adelantado de Tenerife y La Palma, sino una red de relaciones comerciales, una lógica empresarial de la conquista y un capital simbólico que le permitió, ya maduro, ofrecerse a la Corona para una nueva empresa americana.

Como los otros hidalgos de su generación —los Ojeda, los Bastidas, los Ampíes—, Fernández de Lugo se movía por una mezcla característica de la nobleza menor peninsular: honra, honor y hidalguía trasladados desde la península a las Indias, en busca del ascenso social que en Castilla el orden estamentario les cerraba. Su condición no era la del soldado raso ni la del comerciante puro: era la del empresario noble, con nombre suficiente para negociar con el Consejo de Indias y con recursos suficientes —propios o de socios— para armar una flota. La conquista del archipiélago canario había enseñado a su familia que el modelo funcionaba: adelantar el capital, obtener del rey la merced, gobernar el territorio conquistado como cuasi-señorío. Ese fue el molde que Pedro Fernández de Lugo intentó reproducir en Santa Marta.

Al momento de negociar su gobernación indiana, Lugo era ya un hombre en la segunda mitad de la vida, dueño de un patrimonio insular consolidado, con haciendas azucareras en Tenerife y una clientela de deudores y allegados que confiaban en la próxima jornada como en una inversión de altísimo riesgo y muy alta rentabilidad esperada. El Caribe continental no era para él una aventura de juventud, sino la última carta con la que confirmar en América lo que su padre había ganado en el Atlántico oriental.

Las capitulaciones y el traslado atlántico

La Corona española no tenía, ni tuvo nunca en el siglo XVI, los recursos para financiar directamente la exploración y conquista del Nuevo Mundo. Su instrumento fue la capitulación: un contrato en el que un particular se comprometía a organizar, equipar y financiar una empresa a cambio de recompensas condicionadas al éxito. Entre 1492 y finales del siglo XVI, la monarquía firmó más de setenta de estos acuerdos. Cada uno constaba de tres partes: la licencia real para conquistar y descubrir, las obligaciones del capitulante y las mercedes regias, siempre condicionales al buen desempeño y a la conducta del titular. Desde 1526, tras las denuncias que habían culminado en las Leyes Nuevas y en la presión lascasiana, las capitulaciones incorporaron cláusulas expresas sobre el buen tratamiento de los indios, acentuando el carácter público del instrumento.

Las capitulaciones que Fernández de Lugo negoció con Carlos I para la gobernación de Santa Marta encajan en ese patrón, pero se sitúan en el extremo más ambicioso del abanico. Solicitó y obtuvo el título de adelantado, con la autoridad de nombrar regidores, jueces y notarios; pidió la facultad de otorgar repartimientos y encomiendas de indios, tierras y aguas de por vida; reclamó la potestad de emitir mercedes con la misma validez legal que si las hubiera concedido el propio monarca. Es la traducción jurídica exacta del modelo canario: un adelantazgo con capacidad de generar propiedad y jurisdicción derivadas. En un régimen donde toda propiedad de las Indias era jurídicamente regalía de la Corona y sólo podía nacer de una gracia real, esa delegación equivalía a un poder cuasi-señorial.

El repartimiento —el primer título de propiedad sobre la tierra en América— sería el instrumento con el que Lugo pretendía retribuir a los soldados y colonos que participaran en su empresa. La capitulación no era, pues, sólo un permiso para conquistar: era un pequeño Estado privado que la Corona autorizaba en territorio americano. Que a mediados del siglo XVI el monarca y el Consejo de Indias tomaran conciencia de esa "feudalización de América" y empezaran a limitar el alcance de las capitulaciones —un proceso que se aceleró tras la abdicación de 1556— confirma retrospectivamente hasta dónde llegaba el poder que hombres como Fernández de Lugo habían negociado.

Santa Marta antes de Lugo: la herencia envenenada

La gobernación que Pedro Fernández de Lugo recibió no era una tierra virgen. Santa Marta, fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas, había pasado en una década por una sucesión inestable y ruinosa de gobernadores. Muerto Bastidas, el común de vecinos había elegido a Rodrigo Álvarez Palomino, veterano de las guerras de México; la Real Audiencia de Santo Domingo, al enterarse, envió a Pedro de Vadillo a compartir el gobierno. Después llegó García de Lerma —de profesión banquero, con negocios en Santo Domingo desde 1514—, nombrado por la Corona en un movimiento que buscaba contrarrestar la autonomía de los conquistadores independientes: la misma lógica con que se había desplazado a Hernán Cortés en México o a Juan de Ampíes en Venezuela, reemplazándolos por autoridades o compañías comerciales más maleables.

Ese linaje de gobernantes no había logrado estabilizar la provincia. El oro accesible en la costa se había agotado con rapidez, y a diferencia de Cartagena —donde los entierros del Sinú prolongaron la fase del saqueo—, Santa Marta había pasado casi de inmediato a depender de la esclavización indígena como eje económico. Las poblaciones vecinas resistían, huían a las montañas de la Sierra Nevada, incendiaban sus propios sembrados al retirarse; a veces eran los mismos capitanes españoles quienes prendían fuego como escarmiento. El resultado era una guerra sin frente ni fin, que privaba a los invasores de alimentos —el maíz, sustento principal, escaseaba por la rebelión— y los mantenía en un estado de precariedad extrema.

A esta crisis se sumaba la geografía. La Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña litoral más alta del mundo, se levantaba desde el mar hasta las nieves perpetuas —el pico Bolívar a 5.775 metros, el pico Colón a 5.770— a pocos kilómetros del asentamiento español. Su vertiente septentrional, paralela al Caribe, ofrecía pendientes muy pronunciadas y ríos que bajaban por gargantas estrechas hasta la bahía. Ese macizo era el corazón del territorio tairona, una sociedad que había desarrollado sistemas sofisticados de irrigación en las tierras planas —hoy áridas— cercanas a la ciudad, cultivaba en terrazas de maíz y otros cultígenos, y sostenía redes de trueque con grupos del interior. Los cronistas admiraron la orfebrería tairona por su variedad de motivos. Pero admirar no era someter: los taironas resistieron desde la Sierra, y el litoral que Lugo iba a recibir era una franja pequeña entre el mar y una montaña hostil.

La armada de 1535: capital, hombres y expectativa

Fernández de Lugo llegó a Santa Marta en 1535 al frente de una de las armadas más grandes que se hubieran organizado hasta entonces desde puerto peninsular para el Caribe continental: al menos diez navíos y más de mil personas, entre hombres y mujeres europeos y africanos esclavizados. Antón de Olalla, que llegaría a ser uno de los encomenderos importantes del Nuevo Reino, se alistó ese año con el rango de alférez de infantería; su presencia da la medida de una expedición que buscaba oficiales de mediano rango y no sólo soldados rasos.

Financiar una empresa de esa magnitud excedía con creces los ingresos ordinarios de un adelantado canario. Las armas de fuego, la pólvora, los caballos, las armaduras y su transporte tenían precios tan altos que sólo pocos podían costearlos: en el Nuevo Mundo, los soldados llegaban a pagar cualquier suma por un arnés que les permitiera continuar en la hueste. Esa diferenciación material se traducía en diferencias de estatus dentro de la expedición y en la cuota de botín que correspondería a cada participante. La conquista del Nuevo Reino sería una empresa privada compartida. Lugo aportaba el marco jurídico y buena parte del capital inicial; los participantes aportaban su propio equipamiento y, con él, sus expectativas sobre el reparto. La lógica era especulativa de arriba abajo.

Lo que atraía a semejante inversión no era Santa Marta —ya se sabía pobre— sino la promesa borrosa del interior. Los relatos de bogas ribereños, los indicios de comercio de sal, oro y esmeraldas que descendía por el Magdalena, la fama de un altiplano habitado por sociedades densamente pobladas sugerían que en algún lugar de la cordillera había una segunda Tenochtitlán o un segundo Cuzco. Los muiscas, que habitaban las tierras altas de los actuales Cundinamarca y Boyacá, encajaban en ese imaginario: eran el grupo indígena más desarrollado del territorio que hoy es Colombia, con comunidades agrícolas densas, una organización política encabezada por el Zipa y el Zaque, y vastas redes comerciales de trueque en las que circulaban la sal de Zipaquirá y Nemocón, esmeraldas y el oro que —obtenido mediante intercambio desde zonas lejanas— se acumulaba en su orfebrería. Los muiscas no dominaban un imperio territorial como aztecas o incas, pero eran, para los cálculos de un adelantado, un objetivo posible y rentable.

El colapso de la costa: La Ramada y la traición del hijo

La gobernación empezó mal y empeoró rápido. Fernández de Lugo era un hombre ya entrado en años, y confió a su hijo Alonso Luis de Lugo el mando de una primera expedición de exploración por la parte oriental de la gobernación, hacia La Ramada. Participó en ella, entre otros oficiales, Gonzalo Jiménez de Quesada, letrado sevillano al que Lugo había traído como su hombre de confianza jurídica.

La jornada fue un desastre. Alonso Luis avanzó hasta el Cabo de la Vela; atacó tribus vecinas, entre ellas las de Bonda, y los pueblos de Coto y Valle Hermoso, por negarse a entregar oro. Las escaramuzas fueron victoriosas en el sentido táctico —los españoles se imponían—, pero no lograron la sumisión indígena ni aseguraron alimentos. En marzo de 1536, la expedición regresó a Santa Marta con la pérdida de cerca de 250 hombres por flechas, hambre y disentería. Traía, eso sí, más de 60.000 pesos de oro recogidos en el camino.

Lo que hizo entonces Alonso Luis de Lugo definió el resto de la gobernación de su padre. Se embarcó hacia España sin repartir el oro con sus compañeros y, según se rumoreaba en la crónica de Aguado, habría ocultado el metal para partir a escondidas, dejando a su anciano padre sin recursos. El adelantado denunció formalmente a España la conducta de su hijo y pidió para él un castigo ejemplar. La denuncia revela lo profundo del golpe: Pedro Fernández de Lugo, que había armado la expedición endeudándose y comprometiendo el capital de sus socios, se encontraba en Santa Marta con la tropa mermada por el fracaso de La Ramada, sin el oro que su propio hijo se llevaba y sin manera inmediata de responder a los inversores peninsulares.

La ciudad, entretanto, se hundía. El maíz seguía escaseando porque los indios estaban en guerra; según Aguado, no hallaban con dineros ni sin ellos qué comer. La mortalidad era muy alta. El ejército estaba diezmado por hambre, enfermedades, luchas con los indígenas y clima tropical. Cualquier gobernador en la situación de Lugo habría tenido que enviar una expedición al interior; el mérito específico de Lugo fue disponer del instrumento jurídico —sus capitulaciones— para hacerlo con forma legal, y del último capital de reputación para reclutar entre sus hombres una hueste que aceptara la apuesta.

La Instrucción y Memoria del 1 de abril de 1536

La expedición al Río Grande —el Magdalena— nació de esa desesperación tanto como de una estrategia. El 1 de abril de 1536, Pedro Fernández de Lugo firmó en Santa Marta la Instrucción y Memoria que nombraba al licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada general de la jornada. El documento es breve pero contiene el molde entero de la conquista neogranadina.

Lugo ordenaba a Quesada pedir oro a los indios que encontrase durante el viaje sin hacerles vejaciones; llevar un libro detallado del botín que entrase durante la expedición; fundar poblaciones en el camino; persuadir a los indios a aceptar voluntariamente la sujeción al rey de Castilla, y sólo hacerles guerra si negasen la obediencia. En esas cuatro líneas de mandato se condensa el vocabulario oficial de la conquista tras 1526: registro contable del botín, requerimiento previo, fundación de ciudades como acto jurídico de posesión, guerra justa como recurso subsidiario. Al menos una versión de la instrucción menciona, entre los objetivos remotos, buscar un camino terrestre hacia el Perú y el mar del Sur, señal del imaginario geográfico según el cual el altiplano andino de Nueva Granada podía comunicarse por tierra con el imperio de Pizarro.

La expedición partió en los primeros días de abril de 1536 —una fuente precisa el día 6—, siguiendo una ruta que circunvalaba la Sierra Nevada por sus sabanas suroccidentales y el valle del Cesar para alcanzar el río Magdalena, evitando los principales obstáculos geográficos del delta. Iba en simultáneo con una flotilla de bergantines que remontaría el río. Para entender la posición de Lugo, importa que la Instrucción delegaba el mando operativo en Quesada pero se reservaba la autoridad superior de la gobernación: el general era su brazo ejecutor, no su sucesor. Todo lo que la expedición conquistara, todo lo que fundara, toda la merced que repartiera, derivaba jurídicamente de la capitulación que Carlos I había firmado con Pedro Fernández de Lugo.

Esa cadena de derivación jurídica es el punto que la memoria del ciclo, seducida por la figura de Quesada, tiende a difuminar. La conquista del altiplano muisca fue, en términos institucionales, una operación de la gobernación de Santa Marta, cuyo jefe legal era el adelantado Fernández de Lugo y cuyo documento fundacional lleva su firma, no la del general.

El teatro de operaciones que Lugo no vería

La expedición emprendió una travesía por un mundo que Lugo, desde Santa Marta, sólo conocía por relatos fragmentarios. El Magdalena era entonces un corredor largo y desigual, disputado por pueblos hostiles a la penetración española y por los primeros brotes de tráfico esclavista que ya bajaban desde la costa. Muchos de los grupos ribereños eran de filiación caribe, y la práctica española de etiquetarlos genéricamente como "caribes" y "caníbales" para justificar su captura había convertido el río, ya en las primeras décadas del siglo XVI, en una ruta de saqueo antes que de conquista formal. Ambrosio Alfínger había sido el primero en penetrar más allá de Santa Marta, y de esas incursiones previas quedaba una nube de topónimos difíciles de fijar y descripciones donde se confundían aldeas y confederaciones.

Al final de ese corredor esperaban los muiscas, en las altiplanicies frías de Cundinamarca y Boyacá: una sociedad densa, jerarquizada bajo el Zipa y el Zaque, con salinas, minas de esmeralda, orfebres finos y un comercio de sal que la conectaba con las tierras bajas por caminos estrechos y vigilados. Los pueblos muiscas no habían edificado un imperio territorial al modo azteca o incaico, pero habían acumulado en el altiplano una riqueza portátil —oro batido, mantas, esmeraldas, cuentas— que, en manos de una hueste española, se convertiría rápidamente en botín. La expedición encontraría allí una segunda Perú relativa: el saqueo del altiplano hizo de la campaña de Quesada, probablemente, la segunda más rentable del siglo XVI, después de la de Francisco Pizarro. Pedro Fernández de Lugo no vivió para verlo, ni para recibir el quinto que le hubiera correspondido como titular de la capitulación.

La muerte en Santa Marta

El adelantado murió en Santa Marta en octubre de 1536, apenas seis meses después de firmar la Instrucción y Memoria, y mucho antes de que Quesada llegara al altiplano. La causa exacta se pierde en la crónica —la ciudad era, en esos meses, un cementerio de recién llegados—, pero el peso político de su muerte fue enorme. Lugo se llevó a la tumba las cuentas de la empresa, las promesas hechas a los inversores canarios y peninsulares que habían costeado la armada, la denuncia contra su hijo Alonso Luis, y sobre todo, la autoridad jurídica que hacía de la campaña del interior una operación gobernada desde Santa Marta.

La Real Audiencia de Santo Domingo reaccionó como solía hacerlo ante la muerte de un gobernador: envió a Jerónimo Lebrón como juez de residencia. Lebrón no lograría, sin embargo, consolidar su autoridad sobre el Nuevo Reino recién descubierto por Quesada. Cuando intentó ejercer jurisdicción sobre el altiplano fue rechazado por la población y obligado por Hernán Pérez de Quesada, hermano del general, a regresar a Santa Marta. Instauró entonces un juicio contra los dos hermanos —con muchos testimonios adversos a la fama de ambos—, pero la disputa por la herencia de Lugo ya se estaba jugando en otro tablero.

La disputa por la herencia

Gonzalo Jiménez de Quesada, al enterarse de la muerte de su mandante, apresuró su traslado a la Corte española. La lógica era transparente: si el principal había muerto sin sucesor claro, el general que había ejecutado la empresa y había fundado Santa Fe podía intentar convertirse en gobernador por derecho propio de conquistador. Ese cálculo lo llevó a desatender la organización de la naciente ciudad de Bogotá, un descuido que sus contemporáneos y los cronistas posteriores le reprocharían.

Carlos V, sin embargo, no aceptó el traspaso. La herencia de Pedro Fernández de Lugo correspondía a Alonso Luis de Lugo —el mismo hijo que había huido con los 60.000 pesos en 1536—, y a fines de 1542 éste se embarcó hacia América para hacerse cargo de la gobernación. Su ejercicio del cargo fue tan conflictivo como sugería su historial: se apoderó violentamente, pese a las protestas de los oficiales reales, de la doceava parte de las perlas depositadas en la Real Caja de Riohacha, alegando que le correspondían según la capitulación concedida por la Corona. El episodio dice mucho sobre la naturaleza patrimonial del cargo: el hijo cobraba con las manos lo que consideraba herencia. Su relación con los vecinos de Santa Marta fue tensa, y también terminaría dejando la gobernación para volver a la península.

Que Alonso Luis de Lugo pudiera reclamar y ejercer la gobernación —con todas las violencias que rodearon su gestión— muestra hasta qué punto la capitulación funcionaba como propiedad transmisible. Y muestra también cuál fue el fracaso institucional de Pedro Fernández de Lugo: haber invertido su capital y su reputación en una empresa cuyo mayor éxito —la conquista del altiplano muisca— se produjo tras su muerte y quedó, políticamente, disponible para otros.

Lo que Lugo fue

Reducir a Pedro Fernández de Lugo a "el adelantado que envió a Quesada" es empobrecer tanto al hombre como al proceso. Fue el punto en el que la lógica de conquista canaria —capital privado, capitulación con la Corona, mercedes derivadas, adelantazgo como cuasi-señorío— se trasladó al Caribe continental. Su armada de 1535, con más de mil personas y al menos diez navíos, es una de las inversiones privadas más ambiciosas que registró la conquista neogranadina, y descansaba sobre una red de socios y financistas que la historia ha olvidado nombrar pero cuya existencia se deduce del propio tamaño de la operación. Fue también el titular jurídico de la campaña que produjo Santa Fe, Tunja y las demás fundaciones del altiplano: sin su Instrucción y Memoria, la expedición de Quesada carece de base legal. Y fue el adelantado que en menos de dos años vio derrumbarse tanto su empresa como su patrimonio y su nombre: la traición de su hijo, el fracaso de la costa, la enfermedad y la muerte se encadenaron con rapidez.

Lugo no actuó desde una posición de fortaleza empresarial cuando envió a Quesada al interior: actuó desde el colapso. La Instrucción del 1 de abril de 1536 no es sólo el documento de un empresario que traslada su lógica canaria al altiplano; es también el acto de un gobernador sin recursos ni ejército suficiente, que apostó al interior porque la costa ya no daba más. Porque la fragilidad de Lugo era ya grande cuando lo firmó, su muerte seis meses después dejó un vacío institucional que Quesada intentó ocupar y que la Corona terminó rellenando con el hijo repudiado. La paradoja es que la empresa mejor concebida jurídicamente de cuantas se lanzaron desde Santa Marta se sostuvo, en su tramo decisivo, sobre un titular ya vencido: un adelantado endeudado, traicionado por su hijo y consumido por el clima de una ciudad que él mismo no había alcanzado a estabilizar.

Esa es, quizá, la razón última por la que Pedro Fernández de Lugo importa en la historia de Colombia. Su peso no reside en las armas, que manejó poco, ni en fundaciones que no dejó en pie, sino en el hueco que dejó al morir. Por ese hueco se coló toda la disputa posterior sobre a quién pertenecían jurídicamente las tierras muiscas. Y en ese hueco se decidió, sin que nadie lo formulara así, que la costa caribe y el altiplano andino serían dos mundos institucionalmente separados. El adelantado canario que quiso reproducir en Santa Marta el modelo de conquista de su padre terminó, sin proponérselo, siendo el arquitecto involuntario de la fractura territorial más duradera del país que un día se llamaría Colombia.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

20 documentos · 40 fragmentos
01Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Páginas 39, 432 citas
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the people, the arms, the pay, and the sustenance, and because of this, it is most important to be wealthy. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 2 Three Capitulaciones: d on Pedro Fernández de l…

p. 39
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lieutenant, because there will be much work and many risks, and such a person will be deserving of it. 7 That Your Majesty permit that during the adelantado ’s lifetime he be permitted to name and train regidores, 8 judges and public notaries and all other offices named later; he asks that Your Majesty grant him this…

p. 43
02Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 331 cita
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debate. Hoy sabemos, por ejemplo, que las economías agrarias de grupos indígenas que gozaban de una compleja organización social fueron suficientes para sustentar por más de una generación a los pequeños grupos urbanos de la sociedad conquistadora. Es importante advertir también un rasgo económico dominante en el…

p. 33
03Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Páginas 24, 272 citas
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cumplidas- del mandante (Ots Capdequi, 1946). Las capitulaciones tenían tres partes según el autor: la licencia del Rey para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias concedidas por la Corona, y el carácter condicional de las mercedes, supeditadas al éxito de la empresa y la…

p. 24
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se hiciera el reparto a los privilegiados, generándose un problema de tierras con los indígenas y los nuevos inmigran tes europeos, o los españoles pobres. Las capitulaciones daban al conquistador una especie de dominio emi nente, que se particularizó y concretó con la encomienda. La norma según la cual el territorio…

p. 27
04Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 51, 54, 613 citas
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así ex - poliar otros pueblos. Agotada esta segunda instancia, se hizo necesario “sistematizar la explotación de sociedades indígenas para mantener los frutos de la Conquista” (Colmenares, 1997 a, p. 4). La tesis, enmarcada 54 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 dentro de la lógica de una…

p. 54
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su costa donde padecieron muchos trabajos hambres y necesidades. (Yáñez, s. f.) La conquista de la Nueva Granada emerge entonces no solo como una aventura liderada por segundones y campesinos, sino también como una empresa familiar (Restall y Fernández-Armesto, 2013, p. 73). Como consecuencia de esto, dados los altos…

p. 51
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nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…

p. 61
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 69, 73, 783 citas
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que la muerte de Bastidas, entregó la provincia de Santa Marta a la desenfrenada conquista. Muerto aquél, el "común" eligió para go- bernar a Santa Marta a Rodrigo Alvarez Palomi- no, conquistador curtido en las guerras de Méxi- co, gobierno que fue luego compartido con Pedro de Vadillo, enviado por la Audiencia de…

p. 69
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destacamento de los recién llegados, entre los cuales se con- taba Jiménez de Quesada, emprendió una expe- dición a la parte oriental de la gobernación, La Ramada. Sostuvo algunos encuentros con los indios y recogió algún oro. Sin embargo, desi- lusionado de lo que esperaba fuera un paraíso, abandonó la empresa. Sin…

p. 73
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las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…

p. 78
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 123, 130, 1443 citas
[7]

Fue ya la é poca en la cual las autoridades espa ñ olas trataron de combatir la arrogancia de los “ americanos ” que orgullosos de haber con quistado un imperio para Espa ñ a, desafiaban cualesquiera leyes que trataban de limitar su libre acci ó n. En M é xico fue destituido por, aquel entonces el “ conquistador ”…

p. 123
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sus cosechas para alimentar la hambrienta poblaci ó n. La situaci ó n alimenticia se torn ó tan angustiosa que con la llegada del nuevo ej é rcito result ó insostenible. Fueron, atacad » MANUAL DE HISTORIA I 141 por la parte occidental de la gobernaci ó n las tribus vecinas de Bonda, lo cual, sin embargo, no dio…

p. 130
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colonizaci ó n que a la desenfre nada conquista, enganch ó otros vecinos e indios para la jornada. Luego se dirigi ó y atraves ó la Cordillera Oriental y siguiendo con ingentes penalidades las vertientes orientales de la cordillera hacia el sur, alcanz ó Mocoa, ascendi ó la cordillera y lleg ó a Pasto con su ej é…

p. 144
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 30, 40, 42, 454 citas
[8]

e riqueza. Puesto que en Santa M arta se agotó rá p id a m en te la fase de saqueo del oro, la esclavización llegó tem p ran o y fue m uy im p o rtan te en la econom ía de la C onquista. En contraste, en la zona de C artagena los d esc u brim ientos de los entierros de oro del Sinú retrasaron la transform ación d e…

p. 42
[24]

y la arahuac. Puesto que las m igraciones y el poblam iento fueron m oldeados por las condiciones geográficas alu d id as, estos tres grupos lingüísticos no constituyeron bloques territoriales cohesionados y m ás bien es tuvieron entrem ezclados y dispersos. A la llegada de los españoles, los chibchas, ligados…

p. 30
[26]

aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…

p. 40
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d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…

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08Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 79, 81, 1163 citas
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los pueblos de Bonda, Coto y Valle Hermoso por negarse a dar oro a los españoles. La expedición de Alonso Luis de Lugo tropezó con una resistencia firme y después de ir hasta el Cabo de la Vela regresó en marzo de 1536 a Santa Marta, disminuida en cerca de 250 hombres por las flechas, el hambre y una epidemia de…

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pesca fue moviéndose hacia el sur, hasta el momento en que los vecinos consideraron preferible trasladar la población al Río de la Hacha, lo que se hizo probablemente en los primeros meses de 1545. Durante todo este tiempo la población se mantuvo sujeta a Venezuela y algunos de sus gobernadores, como Jerónimo Dortal…

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sobre sus descubrimientos, se fue directamente a España. La conquista de los chibchas, sin embargo, fue conocida inmediatamente en Santa Marta, pues Federmán, Quesada y Belalcázar hicieron diversas declaraciones en Cartagena al respecto. El gobernador enviado por la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo Lebrón, decidió…

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09The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 37, 442 citas
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as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…

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dismounted, and placed guards on sentry duty in order to prevent the Indians from attacking again. That night the Christians seized close to 180,000 pesos of fine and low- grade gold, as well as a great number of emeralds. The sun had not been up for three hours when another group of Indians attacked; however, having…

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10Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Páginas 365, 3692 citas
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dad de su carne y su abundancia de sebo, indispensable entonces para la fabricación de velas. El fundador de esta importante hacienda, Antón de Olalla, tuvo un origen bas tante modesto. Fue un oscuro pero afortunado soldado que, llegado a Santa Marta en 1535, no sólo logró sobrevivir a los azares del dificilísimo…

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o ha cen posible el logro de un fin social. En este caso, “ethos empresarial” hace referencia precisa mente al conjunto de los valores que hacen que un individuo pueda desempeñarse exitosa mente como empresario. 2 Wallerstein (1979). Jairo Gutiérrez Ramos financistas y proveedores de los viajes- que dieron lugar a los…

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11Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 20, 1202 citas
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operaba no solamente en las especu laciones de los comerciantes establecidos en Sevilla o en las islas, sino que se reproducía, en escala más modesta, entre los soldados mismos. Después 1. Cf. Silvio Zavala, Las instituciones jurídicas en la conquista de América, Madrid, 1935. Un resumen de la tesis central en Ensayos…

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denominación de «caribes» y la reputación de «comedores de carne humana», convirtiéndose así en una mercancía fructuosa en los mercados de esclavos de las Antillas en las primeras décadas del siglo XVI. Los relatos de los cronistas y las relaciones oficiales revelan la existencia de una gran variedad de grupos…

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12Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Páginas 12, 17, 213 citas
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reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…

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noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…

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las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

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13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 22, 402 citas
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« The Conquerors of the New Kingdom of Granada », tesis de doctorado, University of Florida, Gainesville, págs. 114-120. 11 Los cronistas coloniales aquí considerados y sus obras son: fray Pedro Aguado, 1956, Recopilación historial, Bogotá; fray Juan de 23 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe sultaba apremiante…

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su resistencia, se deben consi- derar también las ventajas de la ruta que escogieron. Las sabanas de Fundación y las del suroeste y sur de la Sierra Nevada, el valle del Cesar que se extiende hasta el Magda- lena, el valle de este hasta su afluente, el Opón, todas eran tierras planas y conformaban las cuatro quintas…

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14Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 221 cita
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salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…

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15Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · Página 1451 cita
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litoral Atlántico. Se considera la montaña de litoral más elevada del mundo, y sus picos son los más altos del país: el Bolívar, de 5.775 m, y el Colón, de 5.770. Estas 118 ZONA ARQUEOLOGICA TAIRONA Ia Xm cumbres se levantan bruscamente desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas, a pocos kilómetros del litoral,…

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16Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 3591 cita
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cultivo del maíz y este, así como otros cultígenos y frutales, se sembra- ban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles que- daron admirados con el perfecto sistema de irrigación que 170 Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas…

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17Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · Página 741 cita
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Tras la fundación de Santa Marta, en el año 1525, se empezaron a descubrir en sus alrededores y en las estribaciones del inmenso ma- cizo montañoso de Sierra Nevada, gran cantidad de enterramientos indígenas que contenían ricas ofrendas funerarias en objetos de oro, piedras finas, conchas, hueso y cerámica. Algunos…

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18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 321 cita
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el canibalismo y su car á cter cruel y guerrero. A la llegada de los espa ñ oles estaban en buena parte de la llanu ra atl á ntica, con excepci ó n de lo ocupado por los grupos chibchas ya mencionados, de los sin ú y varios grupos cercanos a Cartagena, (como los calamar), y de otras tribus que parecen arawak, como los…

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19Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 322 citas
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to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

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to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

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20Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 631 cita
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la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…

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