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Ensayo · Conquista · 1499–1599

La conquista de la Nueva Granada como empresa mercantil

La expedición de Jiménez de Quesada (1536–1538) fue una sociedad mercantil-militar privada, financiada a crédito y regulada por capitulación, cuya racionalidad financiera —no una épica cruzadista— explica la violencia sistemática contra los muiscas y el reparto piramidal del botín del 6 de junio de 1538, acto fundacional de la jerarquía agraria neogranadina.

17 min de lectura3.609 palabras37 documentos67 fragmentos
La conquista de la Nueva Granada como empresa mercantil
Actualizado 29 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La conquista neogranadina fue estructuralmente una empresa privada de capital de riesgo: la Corona licenciaba y cobraba el quinto real (20%), pero la financiación, los pertrechos y el riesgo recaían en particulares endeudados que necesitaban producir botín para recuperar su inversión. El reparto formal del 6 de junio de 1538 —191.274 pesos de oro fino y 37.288 de oro bajo distribuidos de forma estamental y proporcional a la inversión, con diez partes para el adelantado Fernández de Lugo y cinco para Quesada— fue el acto contable que codificó la pirámide social de la Nueva Granada antes de que existiera ninguna institución colonial consolidada. La violencia contra los muiscas, incluido el juicio formal a Sagipa y el saqueo de Quemuenchatocha en Tunja (136.500 pesos de oro fino en un solo golpe), respondió a esa lógica financiera estructural, aunque operó siempre dentro del marco jurídico de la capitulación y de un código cultural de honra que le imprimieron formas específicas.

La tensión

La historiografía hispanizante tradicional interpretó la conquista como prolongación de la Reconquista: cruzada evangelizadora, gesta de hidalgos, empresa de la Corona católica, con la violencia como accidente de una misión mayor y las instituciones coloniales como dispositivos de protección paternal del indígena. La lectura mercantil-estructural invierte los términos: la Corona carecía de recursos para una conquista estatal y delegó en particulares mediante capitulaciones que eran ante todo contratos bilaterales con obligaciones y mercedes condicionales; la financiación privada a crédito creó una presión de retorno que explica el saqueo sistemático mejor que cualquier épica. Una posición intermedia reconoce la racionalidad financiera como estructura dominante pero señala que las capitulaciones incorporaron desde 1526 cláusulas de buen tratamiento indígena, que la Corona reservaba la jurisdicción penal —visible en el juicio formal a Sagipa con cargos de usurpación, rebelión y ocultamiento del tesoro— y que los conquistadores actuaban también dentro de un código de honra e hidalguía irreducible al puro cálculo. El punto de mayor tensión es si el reparto de 1538 fue el acto fundacional de la estratificación agraria colonial de larga duración o si esa estructura fue determinada principalmente por el colapso demográfico posterior y las instituciones de encomienda y resguardo.

Temas
Capitulación y marco jurídico de la conquistaEconomía y sociedad muisca prehispánicaEncomienda, resguardo y estratificación colonialExtractivismo y ciclos de acumulación en ColombiaReparto del botín y fundación de la jerarquía agraria neogranadina
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Ensayo completo

La lectura

La expedición de Jiménez de Quesada como empresa mercantil

En abril de 1536, mil personas y al menos diez navíos zarparon de Santa Marta rumbo al interior de un continente que apenas se sospechaba. La empresa la había organizado Pedro Fernández de Lugo, adelantado de Santa Marta, y la comandaba en tierra un abogado granadino sin experiencia militar previa: Gonzalo Jiménez de Quesada. Tres años después, el 6 de agosto de 1538, ese abogado arrancaba unas hierbas del suelo del altiplano en gesto de posesión y fundaba la ciudad de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada. Entre una fecha y otra ocurrió la operación económica más rentable del siglo XVI americano después de la de Pizarro en el Perú: la incautación del tesoro muisca. Y ocurrió también algo más silencioso pero más duradero: el 6 de junio de 1538, en un acto notarial de reparto, quedó fijada la pirámide de acceso a la renta que ordenaría los siglos siguientes de vida agraria en el altiplano cundiboyacense.

¿Puede esa operación leerse, con propiedad, como una cruzada al servicio de la Cristiandad y la Corona? ¿O su naturaleza fue otra: la de una sociedad mercantil-militar privada, financiada con capital de riesgo, regulada por contrato, cuya racionalidad financiera —el endeudamiento previo, la exigencia de recuperar la inversión, el reparto proporcional a los aportes— explica mejor que cualquier épica la violencia sistemática ejercida sobre los muiscas y la jerarquía extractiva que dejó como herencia?

Qué se juega en la respuesta

No se trata de un debate erudito sobre etiquetas. ¿Qué consecuencias tiene sostener la lectura heroica de la conquista —la del conquistador como cruzado, hidalgo o brazo armado de una civilización— sobre la manera de pensar la fundación del país? Convierte el saqueo en gesta, la extracción en fundación, la exclusión en orden natural. Y desplaza el foco: donde había un contrato mercantil con acreedores, deudores, partes proporcionales y cláusulas notariales, la épica ve banderas, cruces y espadas.

La lectura mercantil obliga a otra cosa: a rastrear la genealogía material de la desigualdad neogranadina hasta un acto contable concreto —el reparto de 1538— y a preguntarse si los ciclos extractivos posteriores no son variaciones sobre una misma estructura de periferia exportadora fundada entonces. La conquista fue empresa privada de racionalidad financiera, pero esa racionalidad operó siempre dentro de un marco jurídico-político de la Corona y de un código cultural de honor que le imprimieron formas específicas; y la propia narrativa heroica fue, y sigue siendo, un instrumento funcional a ese sistema.

Los términos del debate

Una lectura antigua interpretó la conquista como prolongación de la Reconquista peninsular: cruzada evangelizadora, gesta de hidalgos, empresa de la Corona católica. En esa clave, los conquistadores son agentes de un proyecto imperial y religioso; la violencia, un accidente lamentable de una misión mayor; las instituciones coloniales —encomienda, resguardo, mita— dispositivos de protección paternal del indígena bautizado.

La lectura contraria invierte los términos. La Corona española carecía de recursos fiscales para sostener la conquista como monopolio estatal y delegó la empresa en particulares mediante un instrumento jurídico específico —la capitulación— que era ante todo un contrato. El conquistador ponía el capital, el riesgo y la vida; la Corona ponía la licencia y se reservaba el quinto real —un 20% del botín— más la suprema jurisdicción civil y criminal. Qué se saqueaba, cómo se repartía, a qué precio humano: asunto de la sociedad mercantil.

Entre ambas hay una tercera posición, más matizada, que reconoce la racionalidad financiera como estructura dominante pero insiste en que las capitulaciones incorporaban desde 1526 cláusulas de buen tratamiento indígena, que la Corona reservaba la jurisdicción penal, y que los conquistadores actuaban también dentro de un código de honra e hidalguía irreducible al puro cálculo. Es la posición que este artículo hace suya: la lógica mercantil estructuró la violencia, pero no operó en el vacío jurídico ni cultural.

La capitulación como contrato

¿Qué era, en rigor, una capitulación? Un contrato de tres partes. Primera: la licencia real para descubrir y conquistar un territorio determinado. Segunda: las obligaciones del capitulante —fundar ciudades, evangelizar, respetar ciertos parámetros de trato a los indígenas después de 1526, entregar el quinto real—. Tercera: las mercedes reales, otorgadas por la Corona con carácter condicional, sujetas al cumplimiento de las obligaciones y bajo amonestación de castigo en caso de incumplimiento. En la forma y en el fondo, un contrato mercantil con obligaciones bilaterales y ejecución condicionada.

Lo decisivo es lo que la capitulación no incluía: financiación. La Corona no aportaba capital. Los pertrechos —armas de fuego, pólvora, caballos, armaduras— y el transporte transatlántico corrían por cuenta del capitulante y de sus socios. Los costos eran altísimos; tanto, que restringían la participación a quienes podían costearse el equipo o endeudarse para conseguirlo. Cada conquistador se vestía, armaba y montaba con recursos propios o prestados. No había ejército estatal ni logística imperial: había una sociedad de accionistas armados.

De aquí surge el punto decisivo. Si los medios los ponían los particulares y la Corona apenas licenciaba y cobraba impuesto sobre el resultado, la conquista fue, en su dimensión económica, una empresa privada. El descubrimiento y la ocupación del Nuevo Mundo no fueron proyectos estatales delegados en ejecutores: fueron proyectos privados autorizados por el Estado a cambio de una participación en las ganancias.

Los pertrechos, la deuda, la presión del retorno

Pedro Fernández de Lugo había comprado —comprado, no heredado ni recibido por merced— el adelantazgo de Santa Marta con la expectativa de recuperar la inversión mediante la conquista del interior. La expedición que organizó en 1536, con al menos diez navíos y más de mil personas, requirió un desembolso que solo la promesa de un botín extraordinario podía justificar. Financiarla implicó comprometer crédito, prendas familiares, alianzas mercantiles en Sevilla y Santo Domingo.

Esa estructura financiera determinó lo que vino después. Una empresa financiada a crédito no puede volver con las manos vacías. Cada mes que la expedición pasaba en el Bajo Magdalena sin producir botín aumentaba la presión sobre los acreedores; cada muerto por enfermedad, hambre o insecto era capital humano y logístico perdido; cada caballo ahogado, una unidad de combate irrecuperable a precio de oro. La flota de apoyo fluvial al mando de Gallego zarpó de la costa a comienzos de abril de 1536 y no alcanzó Tamalameque hasta julio; no llegó a La Tora —el poblado en el actual sitio de Barrancabermeja— hasta octubre. Siete meses para remontar un río. Las pérdidas fueron catastróficas: naufragios, fiebres, plagas, hambre. Se perdió cerca de la mitad de los efectivos.

Cuando en marzo de 1537, once meses después de la partida, los sobrevivientes —alrededor de 170 hombres— emergieron a las planicies del altiplano muisca, no eran una hueste triunfal: eran los restos de una inversión al borde de la ruina, con acreedores esperando en la costa y en Sevilla, y sin más salida que producir botín. La densidad de población, la abundancia de alimentos y el clima fresco los recibieron como una bendición climática y calórica. Pero lo que importaba era otra cosa: qué se podía extraer.

La economía muisca como objetivo

El altiplano muisca no era un vacío ni una selva de tribus dispersas: era una densa red de cacicazgos sedentarios con economía diversificada. Agricultura de varios pisos térmicos, con dos cosechas anuales en las vertientes templadas. Explotación de minas de sal en Zipaquirá, de esmeraldas en Somondoco, de carbón y cobre. Producción textil —las mantas de algodón funcionaban como patrón de medida del valor en una economía todavía no monetaria—. Mercados periódicos cada cuatro días en los principales centros. Comercio a larga distancia: la sal de Zipaquirá alcanzaba Neiva y bajaba por el Magdalena; las esmeraldas del Zaque circulaban hasta la costa; el oro entraba desde Neiva y el valle del Magdalena, ya que en el territorio del Zipa no se producía.

Esta última precisión es capital. El oro que los muiscas acumulaban no era producto de sus minas —no las tenían en cantidad— sino resultado de siglos de intercambio: mantas, sal, esmeraldas y coca por oro traído de otras regiones. La orfebrería muisca, sofisticadísima, procesaba metal importado. Lo que los españoles hallaron en el altiplano no fue una mina a cielo abierto: fue una acumulación centenaria de excedente comercial, concentrada en tesoros cacicales, ofrendas rituales y objetos suntuarios. Era, para efectos prácticos, una caja fuerte llena.

Esa caja fuerte estaba, además, jerárquicamente distribuida. Los caciques principales —el Zipa de Bacatá, el Zaque de Hunza— concentraban la mayor parte del oro y las esmeraldas por su posición en las redes tributarias y comerciales. Saquearlos significaba, con relativamente pocas incursiones, acceder al capital acumulado de todo un sistema regional. La lógica financiera de la expedición se acopló, casi geométricamente, a la estructura política muisca: bastaba con capturar a unos cuantos cabezas del sistema para obtener el retorno esperado por los acreedores.

Tunja, Sagipa y la lógica del saqueo

El 20 de agosto de 1537, apenas cinco meses después de emerger al altiplano, los hombres de Quesada saquearon al Zaque Quemuenchatocha en Hunza. Resultado inmediato: 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas. La operación única más rentable de toda la campaña, y da la medida de lo que estaba en juego. Un solo golpe contra un solo cacique produjo más oro fino que cualquier expedición previa en el territorio de la actual Colombia.

El caso de Sagipa —sucesor irregular en el cacicazgo de Bogotá tras la muerte de Tisquesusa— muestra la otra cara del sistema. Sagipa fue arrestado y sometido a juicio formal, con cargos de usurpación del cacicazgo (que debía corresponder al sobrino de Tisquesusa, cacique de Chía), rebelión contra los españoles y negativa a revelar el tesoro oculto. Los expedicionarios consideraban que no era necesario tener con él los mismos "miramientos" que con un cristiano. Fue presionado para entregar el oro de Bogotá.

Que se le hiciera juicio formal con cargos —usurpación, rebelión, ocultamiento— indica que la operación no fue puro pillaje ni acto arbitrario de una banda armada: hubo forma jurídica, expediente, sentencia. Y esa forma jurídica no es un detalle accesorio: es la evidencia de que la sociedad mercantil-militar operaba dentro de un marco de legalidad —el de la Corona— que le imponía formas específicas. La violencia contra Sagipa no fue solo económicamente racional; fue también jurídicamente construida, con cargos que precisaban de cierta lógica de legitimidad para funcionar. La pura codicia no habría requerido semejante liturgia procesal.

Pero la liturgia, precisamente, era funcional al negocio. Formalizar el despojo con lenguaje penal permitía convertir el saqueo en cumplimiento de la ley y presentar el resultado —el oro— como recuperación de bienes debidos a un cacique culpable, no como botín arrancado a un pueblo entero. La forma jurídica no atenuaba la racionalidad financiera: la traducía a un lenguaje presentable ante la Corona, que era, al fin y al cabo, socia del negocio en un 20%.

El reparto de 1538: el acto fundacional

¿Cuál fue el acto que fundó jurídicamente el nuevo orden? El 6 de junio de 1538 se realizó el reparto formal del botín. El monto acumulado ascendía a 191.274 pesos de oro fino y 37.288 pesos de oro bajo, más otras categorías de oro y esmeraldas. Antes de repartir, se dedujeron compensaciones: 2.500 pesos por caballos perdidos, al menos 7.315 pesos por bienes y servicios varios, más pagos por méritos de guerra. El resto se distribuyó proporcionalmente.

El principio de reparto lo dice todo. Gonzalo Jiménez de Quesada recibió cinco partes; el gobernador Pedro Fernández de Lugo —que ni siquiera estuvo en el altiplano— se reservó diez. La proporción es reveladora: quien había puesto el capital y el título de adelantado obtenía el doble que quien había dirigido la campaña, sufrido la marcha por el Magdalena y capturado los tesoros. Y ambos, capitán y adelantado, se llevaban muchísimo más que cualquier soldado raso. El reparto no era igualitario ni meritocrático: era estamental y proporcional a la inversión.

Este es el acto fundacional. No una batalla, no una ceremonia religiosa, no la fundación de una ciudad: un procedimiento contable notariado en el altiplano en el que se estableció, con precisión aritmética, quién tenía derecho a cuánto en el nuevo orden. La pirámide social de la Nueva Granada quedó allí codificada en pesos de oro fino: adelantado en la cima, capitán inmediatamente debajo, oficiales según partes, soldados con partes menores, y en la base —no como beneficiarios sino como fuente de la riqueza repartida— los muiscas y sus caciques.

Que la estratificación posterior tuviera esta partida contable como acto de origen no es una metáfora: es un dato. La distribución piramidal del capital inicial —oro y esmeraldas convertibles inmediatamente en poder, prestigio, matrimonios ventajosos, acceso a mercedes— fijó desde el arranque las posiciones desde las cuales cada participante negociaría con la Corona sus recompensas siguientes: encomiendas, títulos, cargos capitulares.

De la partida contable a la jerarquía agraria

¿No es exagerado atribuir al reparto de 1538 la estructura agraria colonial de larga duración? Podría objetarse que esa estructura fue producto del colapso demográfico posterior. Los datos son elocuentes: en la provincia de Tunja, la población indígena pasó de cerca de 215.000 personas en 1537 a unas 25.000 en 1757, una reducción del 90% en dos siglos, con un 25% de caída solo en los primeros 25 años. En Popayán, 90% en 68 años. En Cartago, 97% en 50 años. Los Quimbaya pasaron de 100.000 a 40 individuos en 40 años. Fue la catástrofe demográfica —no el reparto del botín— la que creó la escasez extrema de mano de obra, derrumbó la producción aurífera y forzó la reconversión de encomenderos en terratenientes.

La objeción tiene fuerza pero no derriba la tesis. Lo que hizo el reparto de 1538 fue definir quién estaba en posición de aprovechar las oportunidades siguientes. De los 265 conquistadores que participaron en las expediciones al Nuevo Reino entre 1537 y 1543, solo 90 conservaron o ganaron encomienda hacia 1550-1560. Los restantes quedaron reducidos a la condición de simples vecinos de las nuevas ciudades, con la insatisfacción política que ese descarte generaba. La pirámide del botín se prolongó como pirámide de acceso a la encomienda: los que habían recibido más partes en 1538 estaban mejor situados para reclamar y conservar el control sobre la fuerza laboral indígena, y desde allí, más tarde, sobre la tierra.

La encomienda era, jurídicamente, control de trabajo, no dominio territorial. Pero en la práctica, muchos títulos mencionaban ambiguamente "las labranzas de los indios" como parte de lo concedido, generando una fusión de facto entre encomienda y propiedad. La legislación de composiciones de 1591 remató el proceso: permitía legalizar ocupaciones de hecho de tierras indígenas mediante el pago de una suma a la administración real. El encomendero se convirtió así en terrateniente, aprovechando una posición inicial que se remontaba —en las familias que lograron mantener continuidad— al reparto de 1538. El colapso demográfico creó las condiciones para la reconversión; la jerarquía fijada en 1538 determinó quién pudo aprovecharlas. La catástrofe fue el escenario; el reparto, el guion previo.

La agencia muisca y la forma de la dominación

¿Se impuso la dominación colonial sobre un vacío? Los muiscas tenían clanes, caciques, jerarquías tributarias, redes comerciales. La encomienda fue posible precisamente porque encontró esas estructuras y las parasitó. El repartimiento de indios en la sabana de Bogotá no era un reparto de individuos sueltos sino de clanes y tribus preexistentes, siendo el cacique el representante que pagaba el tributo a nombre del grupo.

La jerarquía extractiva colonial no fue, entonces, una imposición desde cero sino una articulación con —y en parte una captura de— una estructura de poder indígena anterior. El cacique, que antes concentraba tributo para su propia élite y sus rituales, siguió concentrándolo, pero ahora para entregarlo al encomendero. La forma cambió; la función tributaria se mantuvo. La encomienda fue viable en el antiguo territorio muisca justamente porque existían allí sociedades sedentarias con excedentes y jerarquías políticas que podían servir de intermediarias, cosa que no ocurría en zonas de tribus dispersas o nómadas.

De ahí que la tesis financiera deba matizarse: la lógica mercantil no diseñó la dominación desde afuera sobre un lienzo en blanco; se acopló a estructuras existentes, y el resultado fue una forma híbrida en la que el poder indígena preexistente sobrevivió transformado en correa de transmisión del tributo colonial durante generaciones.

La disputa jurisdiccional y el cierre del ciclo

La conquista neogranadina tuvo un cierre revelador. Casi al mismo tiempo que Quesada fundaba Santafé, dos expediciones más llegaron al altiplano: Nikolaus Federmann desde el occidente de Venezuela, tras cruzar los Llanos y remontar la cordillera —había perdido 70 europeos, 40 caballos y una cantidad enorme de cargueros indígenas en el trayecto—, y Sebastián de Belalcázar desde Quito, antiguo lugarteniente de Pizarro, tras fundar Popayán y Cali en el camino. Tres huestes convergiendo, cada una con su capitulación, sobre el mismo territorio.

¿Cómo se resolvió la disputa? No hubo batalla entre ellas: hubo pleito. Los tres viajaron a España a presentar sus derechos ante la Corona. Ninguno obtuvo el control inmediato del Nuevo Reino. Federmann murió en 1542 cuando una tormenta hundió su barco. Belalcázar fue acusado, encarcelado y murió en Cartagena en 1551, quebrado y humillado. Antes de partir a España, los tres dejaron en Bogotá aproximadamente 400 hombres, 150 caballos y 300 marranas preñadas —el capital pecuario que fundaría la ganadería del altiplano—.

Esto también forma parte del retrato mercantil: cuando la disputa se resolvió, no fue en el altiplano con espadas, sino en tribunales peninsulares con documentos y abogados. La conquista, hasta en su epílogo, se comportó como un negocio con socios en desacuerdo: se pleiteó ante el tribunal común, que era la Corona.

La función estructural de la épica

Antes de responder qué fue la conquista, conviene detenerse en aquello que permitió que fuera lo que fue sin parecerlo. La racionalidad mercantil no operó sola. Estuvo enmarcada por un orden jurídico-político —el de la Corona con sus cláusulas de buen tratamiento desde 1526, sus juicios formales, su quinto real— y por un código cultural de honor e hidalguía que dio a la violencia formas específicas irreducibles al puro cálculo. La narrativa heroica construida después no fue una simple mistificación posterior ni un ornamento retórico añadido por los cronistas: fue parte operativa del sistema.

Los hombres que arrancaban oro a Quemuenchatocha necesitaban una imagen de sí mismos que no era la del cobrador armado; los notarios que redactaban el reparto de 1538 necesitaban una liturgia que no fuera la de la partición mercantil; los encomenderos que dos generaciones después heredaban las tierras necesitaban una genealogía que no fuera la del acta contable. Y la Corona, socia en un 20%, necesitaba que sus concesionarios se representaran como agentes de una misión y no como accionistas de un negocio, porque de lo contrario el vínculo político con la metrópoli se habría reducido a lo que en el fondo era: una participación fiscal en el retorno.

La épica cumplía función estructural: sostenía lo que el contrato no podía sostener a solas. Ninguna sociedad mercantil-militar puede fundar un orden político duradero declarándose sociedad mercantil-militar. Necesita un relato que traduzca sus operaciones al lenguaje de la legitimidad —de la fe, del honor, de la civilización— y que ese relato circule hacia arriba, hacia la Corona, y hacia abajo, hacia los propios ejecutores, con la misma eficacia. El contrato define quién cobra qué; la épica define por qué cobrarlo es justo. Sin lo primero, no hay negocio; sin lo segundo, el negocio no se convierte en Estado.

Esa doble arquitectura —contrato y épica, cálculo y honor, notario y cronista— es lo que explica que el reparto del 6 de junio de 1538 haya podido prolongarse durante siglos sin ser leído como lo que era. La violencia se hizo estructura porque el relato hizo natural la estructura. Y desmontar el relato no es una operación estética: es la condición para leer la partida contable original.

La respuesta

Qué fue, entonces, la conquista neogranadina. En su racionalidad económica dominante, una empresa mercantil privada. Financiada con capital de riesgo desde Sevilla y Santo Domingo. Autorizada por contrato —la capitulación— con la Corona, que se limitaba a licenciar, cobrar impuesto y reservarse la jurisdicción. Organizada como sociedad de accionistas armados, cada uno con su aporte de pertrechos y su expectativa de participación proporcional. Presionada por el endeudamiento previo a producir retorno rápido, lo que estructuró la violencia contra los muiscas como necesidad financiera antes que como accidente. Cerrada, en 1538, con un reparto notariado que distribuyó piramidalmente el capital inicial de la nueva sociedad colonial. Prolongada, en las décadas siguientes, en una encomienda que convirtió a los mejor situados en el reparto en controladores de la fuerza laboral indígena, y luego en terratenientes.

Sobre esa base, la genealogía extractiva de la historia colombiana posterior —el oro colonial extraído con trabajo esclavo en el Cauca, la Flota de los Galeones que sacó metal por Cartagena entre 1550 y 1650, el contrabando aurífero muy superior a las cifras oficiales, y los ciclos que vinieron después— no es una repetición mecánica del patrón de 1538, pero tampoco es su negación. Cada ciclo tuvo actores y lógicas propios. Lo que persiste es la posición de periferia exportadora con acumulación interna limitada por la salida neta de recursos, cuyo primer capítulo fue el saqueo del altiplano muisca y cuyo primer acto contable fue el reparto del 6 de junio de 1538.

Llamar cruzada a lo que fue negocio, gesta a lo que fue contrato, y accidente a lo que fue estructura, no describe la conquista neogranadina: la disfraza. Y el disfraz mismo forma parte de la operación.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

37 documentos · 67 fragmentos de referencia
01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 33, 53, 723 fragmentos
[1]

debate. Hoy sabemos, por ejemplo, que las economías agrarias de grupos indígenas que gozaban de una compleja organización social fueron suficientes para sustentar por más de una generación a los pequeños grupos urbanos de la sociedad conquistadora. Es importante advertir también un rasgo económico dominante en el…

p. 33
[50]

historia posterior de los resguardos y poblamientos muestra cómo los propósitos iniciales fueron deformados por los hechos históricos. Probablemente en ningún otro país de América hispana se llevó a cabo un proceso de mestización tan integral como en la Nueva Granada. En la segunda mitad del siglo xvII1, los…

p. 53
[62]

única mano de obra disponible. El régimen del trabajo evolucionó de una coerción absoluta, que resultaba de transformar en servicios personales la obligación de pagar un tributo, hacia un sistema de conciertos. Como se ha visto, la distribución de la mano de obra disponible se realizaba en los conciertos mediante…

p. 72
02Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 51, 542 fragmentos
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su costa donde padecieron muchos trabajos hambres y necesidades. (Yáñez, s. f.) La conquista de la Nueva Granada emerge entonces no solo como una aventura liderada por segundones y campesinos, sino también como una empresa familiar (Restall y Fernández-Armesto, 2013, p. 73). Como consecuencia de esto, dados los altos…

p. 51
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así ex - poliar otros pueblos. Agotada esta segunda instancia, se hizo necesario “sistematizar la explotación de sociedades indígenas para mantener los frutos de la Conquista” (Colmenares, 1997 a, p. 4). La tesis, enmarcada 54 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 dentro de la lógica de una…

p. 54
03Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 24, 423 fragmentos
[4]

cumplidas- del mandante (Ots Capdequi, 1946). Las capitulaciones tenían tres partes según el autor: la licencia del Rey para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias concedidas por la Corona, y el carácter condicional de las mercedes, supeditadas al éxito de la empresa y la…

p. 24
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y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

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y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…

p. 21
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 114, 1372 fragmentos
[5]

ello en deudas y gastos, pero los medios financieros de que dispon í a no eran suficientes para continuarla como tal monopolio. En 1495, la Real C é dula del 19 de abril abri ó las puertas de Am é rica a la emigraci ó n general mediante aquellas “ capitulaciones * con personas particulares. En estas se otorgaban…

p. 114
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cabo la expedici ó n; cl á usula que merece destacarse por ins ó lita. Pues si bien exist í a un derecho consagrado de aprovecharse de los bienes del enemigo, no as í de quienes se somet í an voluntariamente, sin hacer la guerra. Se exig í a pues de los indios pac í ficos, su apoyo a la invasi ó n. El 6 de junio de…

p. 137
05The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 37, 47, 4563 fragmentos
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as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…

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their friend, and he would accompany them. Lieutenant Jiménez accepted, and the Christians joined Sagipa. To- gether, they engaged the Panches in battle and killed many of them. They all then returned to where they had camped. Sagipa proceeded to flee from the Christians, moving stealthily about the region. The…

p. 47
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Caguán, Caquetá, 1999. The negotiations ended unsuccessfully in 2002. Photograph by Ricardo Mazalán. In Eduardo Serrano, Historia de la fotografía en Colombia 1950–2000 (Bogotá: Editorial Planeta Colombiana, 2006), 226. Used by permission of the Associated Press. 435 VI Change and Continuity in the Colombian Economy…

p. 456
06Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 113, 171, 2133 fragmentos
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estas rebeliones. 28. Castellanos, III, 421 y ss. 29. Id., III, 430 y ss. 30. DIHC, VIII, 173. 31. Id., VIII, 259. 32. Cieza de León, Crónica (Madrid, 1947), Cap. XXVI. 8 33. Ibid., Cap. XXVI. 34. Acosta (Descubrimiento y Conquista, 474) y otros afirman que Briceño se había casado con la viuda de Robledo, lo que…

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a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…

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menos de los comerciantes europeos; los intercambios regionales o locales suplantan a los intercontinentales, el oro entra a desempeñar —así sea débilmente— un papel como moneda local, y posiblemente el nivel de vida de los encomenderos, que han visto desaparecer el espejismo de una rápida fortuna en América y…

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07El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2871 fragmento
[8]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
08El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2871 fragmento
[9]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
09Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 60, 672 fragmentos
[10]

remolinos tan llenos de peces que podían agarrarse con la mano o sacarse metiendo una cesta en el río. Había tantas tortugas en el Magdalena Bajo que viajeros posteriores las califican de obstáculos para la navegación. Un cronista, fray Pedro Simón, cuenta que en un trayecto de trece días por el río, el grupo que lo…

p. 60
[33]

conspiración de implacables rivales. Terminó arrojado a un calabozo español y para cuando pudo retornar a América, estaba quebrado y humillado, abrumado por el sufrimiento, y murió en Cartagena en 1551. Federmán fue el primero de ellos en morir, en 1542, en una tormenta que hundió su barco. Ninguno de ellos cumplió…

p. 67
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 fragmento
[11]

half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…

p. 101
11Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 341 fragmento
[12]

llegan debajo de la rodilla o a la pantorrilla, estofados todos de alto, abajo de algodón, de grueso de tres dedos… y de esta suerte y por esta orden hacen las mangas del sayo y su babera… los arneses o coseletes, y los morriones o celadas… y testera para el caballo que le cubre rostro y pescuezo, y pecho… y faldas……

p. 34
12Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 37, 45, 473 fragmentos
[13]

d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…

p. 45
[16]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
[30]

bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…

p. 47
13Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3691 fragmento
[14]

dad de su carne y su abundancia de sebo, indispensable entonces para la fabricación de velas. El fundador de esta importante hacienda, Antón de Olalla, tuvo un origen bas tante modesto. Fue un oscuro pero afortunado soldado que, llegado a Santa Marta en 1535, no sólo logró sobrevivir a los azares del dificilísimo…

p. 369
14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 43, 503 fragmentos
[15]

un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
[19]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
[49]

determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
15Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 fragmento
[17]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
16Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3321 fragmento
[18]

true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
17Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 1822 fragmentos
[20]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
[21]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
18Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 161 fragmento
[22]

trueque y tributo. De otro lado, se ha procurado que la descripción sobre la circulación de cada producto vaya acompañada de referencias acerca de quién los hacía, el uso que se les daba, la técnica de producción, así como la ubicación de centros productores, distribuidores y consumidores involucrados en el…

p. 16
19Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 751 fragmento
[24]

y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…

p. 75
20Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1051 fragmento
[25]

aside the royal fifth, Jiménez and his captains agreed that before they divided the remaining spoils, they needed to award compensation for certain goods and services, as well as for lost horses. They also decided to grant merit pay to individuals whose acts of bravery helped ensure the expedition’s success. Only then…

p. 105
21Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 24, 302 fragmentos
[27]

argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…

p. 30
[52]

ordenar formas serviles de trabajo. Los debates sobre estos temas fueron interminables y de gran riqueza, y en ellos aparece el rechazo de los colonos a los alegatos de los curas y a las normas reales que los obligaban a moderar la explotación del indio. Los nuevos pobladores de las Indias argumentaban la necesidad de…

p. 24
22El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288, 2942 fragmentos
[29]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
[31]

y hombre de gran tacto político y agudeza de observación, el de más talento de aquellos tres conquistadores. Federmann, cuyo lugar de nacimiento no es conocido, era también de aventajada estatura y rostro blanco y bello, orlado de rojiza barba, muy diestro en toda clase de ejer- cicios, tan cortés y suave que jamás se…

p. 294
23Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 42, 452 fragmentos
[32]

tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…

p. 45
[45]

de varios “ regidores ”, que asum í a la autoridad sobre la ciudad y su entorno rural. El con quistador principal “ encomendaba ” o repart í a entonces los indios a los conquistadores, que trataban de intercambiar por oro productos atractivos para los indios (hachas y cuchillos, tijeras, cuentas, aba lorios) y los…

p. 42
24Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 fragmento
[34]

y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

p. 13
25Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 23, 274 fragmentos
[36]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[37]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[39]

abierto" —abolición de las cercas que protegían los cultivos—, con perjuicio de los agricultores. 24 En tales circunstancias es probable que parte de los encomenderos fueron simultáneamente terratenientes, con la ventaja de poseer durante un cierto tiempo el monopolio de la mano de obra indígena. No había dificultad…

p. 27
[40]

abierto" —abolición de las cercas que protegían los cultivos—, con perjuicio de los agricultores. 24 En tales circunstancias es probable que parte de los encomenderos fueron simultáneamente terratenientes, con la ventaja de poseer durante un cierto tiempo el monopolio de la mano de obra indígena. No había dificultad…

p. 27
26Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 134, 218, 289, 3994 fragmentos
[41]

Hernán Pérez de Quesada. chas de las atribuciones de tierras que contienen los títulos de encomienda de la Nueva Granada pueden tener este origen. Posteriormente a los trabajos del historiador mexicano Silvio Zavala, se suele hacer una cuidadosa distinción entre los orígenes de la propiedad territorial y el sistema de…

p. 218
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Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…

p. 134
[43]

al conquistador como empresario. Él no conocía una especialización que lo confinara dentro de una actividad eco nómico-profesional demasiado rígida. Con una encomienda disponía de mano de obra que podía dedicar indiferentemente a las labores agrícolas o la minería. La producción agrícola lo inducía a un comercio muy…

p. 289
[67]

la,<ibula de la cruzada». Sus cuentas y los envíos a España figuraban por separado de las rentas llamadas ordinarias o anti guas rentas (quintos, tributos, diezmos, etc.). Para los gastos de la adminis- 48 AGI. Cont. L. 1353. 49 Ibid. L. 1548. 50 AGI. Santa Fe L. 17 r. 2 Doc. 51 f. 2 v. Cont. L. 1294 A y 1294 B. Las…

p. 399
27Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 4381 fragmento
[44]

describir como el rápido despojo de lo ajeno, permitió que un puñado de conquistadores se enriqueciera, pero fue más la excepción que la regla. La segunda opción, establecer encomiendas, tenía un problema, y es que solo era posible cuando se trataba de sociedades más o menos sedentarias que producían excedentes y…

p. 438
28Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 fragmentos
[46]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
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de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
29Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 28, 662 fragmentos
[48]

colombianos. En cierta medida, las tres clases de problemas definen un conjunto de igual número de periodos de la historia económica del país e indican la organización general de la obra. A. Supervivencias coloniales El área que se conoce hoy como Colombia fue ocupada por los españoles en la tercera década del siglo…

p. 28
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los datos del cuadro 1 se observa que las exportaciones netas de las colonias ($9,3 millones) compensan casi exactamente el monto de las transferencias ($8,4 millones). Estas cifras confirman, para las colonias como un todo, los comentarios que se han venido haciendo sobre Colombia. No obstante, para el Virreinato de…

p. 66
30La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 191 fragmento
[53]

de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…

p. 19
31Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3441 fragmento
[54]

como la cantidad de capital invertido y el número de trabaja dores enrolados en la producción del metal, eran escasos en compara ción con las grandes colonias productoras de plata de Nueva E1ipaña y Perú. Los depósitos colombianos de oro en el alto y medio Valle del Cau ca fueron explotados durante los períodos de la…

p. 344
32Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1012 fragmentos
[56]

ha ocasionado que en algunos momentos los minerales hayan constituido una solución 29 Don Luis López de Mesa (1970) hace un recuento de las posibles riquezas mineras: platino, esmeraldas, rubíes, zafiros, granates, amatistas, diamantes (en el Riogrande antioqueño) sal, carbón, petróleo, hierro, cobre, mercurio, plomo,…

p. 101
[57]

mala distribución del ingreso ha ocasionado que en algunos momentos los minerales hayan constituido una solución 29 Don Luis López de Mesa (1970) hace un recuento de las posibles riquezas mineras: platino, esmeraldas, rubíes, zafiros, granates, amatistas, diamantes (en el Riogrande antioqueño) sal, carbón, petróleo,…

p. 101
33Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6411 fragmento
[58]

cualquiera de las localidades de la región. La lógica de la inversión del Estado en infraestructura logra crear un efecto de “inaccesibilidad” para sus habitantes que se percibe, paradójicamente, como ausencia del Estado. Extracción y explotación El aprovechamiento de las legendarias riquezas de estas regiones ha…

p. 641
34Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2211 fragmento
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Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…

p. 221
35Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 44, 49, 603 fragmentos
[61]

sentido cultural—, o para fines de utilidad general: mitas para el transporte de leña, para obras públicas; y —lo que en un tiempo fue particularmente opresivo— para el transporte de perso- nas y mercancías a hombros, para la boga en el Magdalena 5, y para el trabajo de las minas de plata de propiedad fiscal de Las…

p. 44
[65]

del Valle de Suaza —Bogotá, 1943, 1944, 1948, respectivamente—, aunque se refie- ren a regiones excéntricas, y principalmente a la época postcolonial, dan luz sobre la naturaleza y la marcha de esta pugna. 13 «Otra clase hay de gentes que se llaman blancos… Unos, entre ellos son labradores, que en el Reino se llaman…

p. 49
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comúnmente órdenes religiosas. No parece que el latifundio se estuviera extendiendo en forma muy notoria. En ciertas regiones de las tierras calientes ocupaba una porción importante de las tierras. Se trataba principalmente de haciendas ganaderas, más raramente, de haciendas de caña y de cacao. * El latifundio era de…

p. 60
36El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 401 fragmento
[63]

nombre y de sus afluentes (todos ellos ricos en alu- viones de oro). Sin embargo, a pesar de ser estos últimos indios «pacíficos y humanos», Ampudia y Añasco, que 41 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa años después, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magdalena, «… incendiaron cuantos pueblos y…

p. 40
37Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2541 fragmento
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pueblos de indios que les permitieron a los españoles usurparles a los habitantes del valle su oro, sus cosechas y su trabajo. La explotación desmedida colocó a los sibun- doyes en el umbral del aniquilamiento. Para proteger a la población, la Corona española introdujo resguardos y cabildos de indios. Combinadas con…

p. 254