Conquista del altiplano muisca y encuentro de las tres huestes (1536–1539)
Entre abril de 1536 y mayo de 1539, tres huestes españolas partidas de Santa Marta, Coro y Quito convergieron sobre el altiplano cundiboyacense sin saber las unas de las otras, sometieron a los muiscas y fundaron el Nuevo Reino de Granada. De esa triple colisión —con una sociedad indígena compleja y fragmentada— nació la matriz política y territorial de lo que sería Colombia.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 6 de abril de 1536 – mayo de 1539
- Dónde
- Sabana de Bogotá, Santafé, Tunja, Cundinamarca, Boyacá, Quito, Popayán, Santa Marta, Río Magdalena, Barrancabermeja (La Tora), Serranías del Opón, Nuevo Reino de Granada
- Protagonistas
- Gonzalo Jiménez de Quesada, Pedro Fernández de Lugo, Nicolás de Federmán, Sebastián de Belalcázar, Hernán Pérez de Quesada, Tisquesusa, Sagipa, Quemuenchatocha, Gonzalo Suárez Rendón, Juan de San Martín, Antonio de Lebrija
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La gobernación de Santa Marta era improductiva y la Corona capitulaba con Pedro Fernández de Lugo la conquista del interior, impulsando la búsqueda del nacimiento del río Magdalena y de poblaciones más ricas.
- La sospecha fundada de que el Magdalena conducía hacia territorios densamente poblados motivó el giro hacia el oriente desde La Tora y el ascenso por las serranías del Opón.
- La organización política muisca era descentralizada —dos señores mayores en tensión, cacicazgos semi-independientes— e impidió una respuesta coordinada frente a la irrupción española.
- La guerra muisca (guazábaras) era ritualizada y no buscaba la subordinación del vencido, lo que la hacía estructuralmente incapaz de contener una campaña de dominio territorial como la española.
- La convergencia simultánea de tres huestes con jurisdicciones incompatibles (Santa Marta, Coro y Quito) aceleró la necesidad de resolver la posesión del territorio mediante fundaciones urbanas y repartos formales.
Consecuencias
- Fundación de Santafé (6 de agosto de 1538) y de Tunja y Vélez, que establecieron la red urbana colonial inicial del altiplano y fijaron los ejes del futuro Nuevo Reino de Granada.
- Reparto del botín el 6 de junio de 1538 —191.274 pesos de oro fino y 37.288 pesos de oro bajo, más esmeraldas— que institucionalizó la extracción de la riqueza acumulada por los muiscas durante siglos.
- Muerte de Tisquesusa y suplicio judicial de Sagipa, que destruyeron la cúpula política muisca y abrieron el camino al sistema de encomiendas sobre la población del altiplano.
- El encuentro de las tres huestes planteó desde el origen la fragmentación jurisdiccional del territorio: disputas entre Quesada, Federmann y Belalcázar prefiguraron la pluralidad regional que marcaría la historia colombiana.
- El altiplano cundiboyacense quedó constituido como núcleo demográfico, político y económico del Nuevo Reino de Granada, condición que conservaría durante toda la época colonial y más allá.
La clave interpretativa
Por qué importa
La conquista del altiplano muisca es el hecho fundacional del Nuevo Reino de Granada: en esos treinta y siete meses se fijaron la geografía política, la lógica extractiva y la fragmentación regional que estructurarían a Colombia durante siglos. La triple convergencia de huestes sin coordinación previa y el choque con una sociedad indígena compleja pero descentralizada no produjeron una conquista limpia sino una colisión de lógicas incompatibles —la guerra ritual muisca frente a la guerra de dominio europea, las jurisdicciones superpuestas de tres gobernaciones— cuyas tensiones no resueltas reaparecen en debates historiográficos y políticos hasta hoy.
Desarrollo histórico
La historia completa
Conquista del altiplano muisca y encuentro de las tres huestes
Entre abril de 1536 y mayo de 1539, tres ejércitos españoles partidos de puntos separados por cientos de leguas convergieron, casi al mismo tiempo, sobre el altiplano cundiboyacense. Ninguno sabía de los otros dos cuando emprendió la marcha. Ninguno buscaba a los muiscas. De esa triple llegada —desde Santa Marta, desde Coro y desde Quito— y del choque con la sociedad más densamente organizada del interior neogranadino nació lo que Gonzalo Jiménez de Quesada llamaría Nuevo Reino de Granada. La conquista del altiplano no fue una campaña planeada sino una colisión: entre huestes con jurisdicciones incompatibles, entre una geografía muisca fragmentada en cacicazgos semi-autónomos y una lógica invasora que descubría el país al mismo tiempo que lo repartía. La forma quebrada del territorio que después se llamaría Colombia asoma ya, entera, en esos treinta y siete meses.
El mundo del que brota el hecho
La expedición que remontaría el Magdalena hasta el altiplano nació en Santa Marta, la gobernación más precaria y menos productiva del Caribe hispánico de los años treinta. En 1535 la Corona capituló con Pedro Fernández de Lugo, adelantado de las Canarias, la conquista y poblamiento de esa gobernación arruinada, que hasta entonces había consumido gobernadores sin producir riqueza. Fernández de Lugo llegó con una hueste considerable y con la ambición explícita de descubrir el nacimiento del Río Grande de la Magdalena, del que se sospechaba —correctamente— que llevaba tierra adentro, hacia poblaciones más ricas que las que la costa había ofrecido.
El 1 de abril de 1536, en su Instrucción y Memoria, el gobernador nombró general de la jornada a Gonzalo Jiménez de Quesada, letrado granadino sin experiencia militar comparable a la de otros capitanes disponibles, pero hombre de confianza del adelantado. El plan tenía dos brazos: una columna de tierra que marcharía por la margen del río y una flota de bergantines que la acompañaría por el agua, cargando bastimentos y enfermos, encontrándose periódicamente en puntos convenidos.
Fuera de Santa Marta, la geografía política del interior era, para los españoles, una conjetura. Se sabía que hacia el sur, siguiendo el Magdalena, había poblaciones densas; se ignoraba dónde y de qué tipo. Los muiscas ocupaban entonces los altiplanos de las actuales Cundinamarca y Boyacá con una organización que ninguna hueste había siquiera intuido. En el vértice de una jerarquía piramidal se hallaban dos grandes líderes, el zipa y el zaque, con dominios distintos y rivales. Bajo ellos, cacicazgos como Duitama, Sogamoso y Guatavita conservaban grados variables de autonomía: su sumisión a los dos señores mayores no estaba plenamente establecida y quedaba, más bien, sometida a disputa permanente. El sistema no constituía un Estado consolidado, sino una constelación en tensión.
La sociedad muisca alcanzaba una complejidad considerable. Cultivaban maíz, papa, arracacha y algodón en tierras altas, y obtenían por comercio guayaba, piña y coca. La papa parece haber sido el alimento básico del común, con rendimientos por hectárea superiores al maíz. La economía, no monetaria, funcionaba por trueque e intercambio de excedentes entre cacicazgos, con un fuerte componente simbólico-religioso. Las minas de sal de Zipaquirá daban al zipa una suerte de monopolio sobre un producto que viajaba en redes larguísimas: hasta Neiva por el sur, hasta las cercanías de Barrancabermeja por el norte, y hasta unos ochocientos kilómetros hacia el oriente. Las esmeraldas de Somondoco, en cambio, estaban bajo control del zaque; el zipa las obtenía por comercio, del mismo modo que obtenía el oro, del que sus dominios carecían y que llegaba sobre todo desde el valle del Magdalena. Cada cuatro días se celebraban mercados en los grandes centros, donde circulaban mantas y algodón. La astronomía, la meteorología y el calendario, hijos de la agricultura, estructuraban también las formas religiosas.
Con los vecinos, la relación era mixta. Con panches, muzos y calimas —caribes del occidente— había guerras frecuentes. Con los grupos del valle del Magdalena, comercio de coca y oro. Un mundo cerrado sobre sí mismo pero no aislado; plural pero no fracturado en el sentido que después le atribuiría la leyenda de la guerra civil aprovechada por los conquistadores. En vísperas de 1537 atravesaba un momento particular: Nemequene, zipa de Bacatá, había caído herido de flecha en la batalla del Arroyo de las Vueltas contra el zaque Minchatocha de Tunja, y había ido a morir a Funza atendido por sus jeques. Le sucedió su sobrino Tisquesusa, hasta entonces cacique de Chía, que habría reunido sesenta mil guerreros para vengar a su tío y proseguir la guerra contra los zaques. Fue en ese momento de preparación bélica, con la confrontación interna suspendida antes de resolverse, cuando emergieron los españoles.
La subida por el Magdalena
La expedición salió de Santa Marta el 6 de abril de 1536 con un contingente de setecientos cincuenta hombres. La columna fluvial se rezagó de inmediato. Los bergantines tardaron meses en remontar el Bajo Magdalena: partidos en abril, solo alcanzaron Tamalameque en julio y La Tora —la actual Barrancabermeja— en octubre. Mientras tanto, la columna de tierra avanzaba por márgenes anegadas, con calor tropical, enfermedades y hambre; la resistencia indígena fue escasa. Los expedicionarios encontraron oposición solo en pocos puntos y sin consecuencias graves. Lo que los diezmaba no era la flecha sino la disentería, la fiebre, la fatiga.
En La Tora, en octubre de 1536, Quesada reunió lo que quedaba de sus dos brazos e incorporó a la mayoría de los sobrevivientes de la flota. El destino de los bergantines quedó como una de las zonas grises de la expedición: según algunas versiones, Quesada los despachó de regreso; según otras, fue el capitán Gallego —o Gutiérrez Gallego— quien decidió por su cuenta volver a Santa Marta, sea por falta de noticias, por enfermedades a bordo o por ataques indígenas. La vía fluvial quedó cerrada y el ejército, atado a la tierra.
Fue en La Tora donde la expedición dejó de seguir el río. La vanguardia enviada a explorar hacia el oriente, por el camino del Opón, regresó con noticia de que más adelante, subiendo la cordillera, había población densa. Ese informe reorientó la campaña. Quesada abandonó la ruta del Magdalena y ordenó atacar el ascenso por las serranías del Opón, hacia lo que sería la cordillera Oriental. Emergiendo del monte, ya sobre las planicies andinas, el ejército quedaba reducido a una sombra: entre ciento sesenta y seis y unos ciento setenta hombres, y unos treinta caballos, tras once meses de marcha desde Santa Marta. A comienzos de marzo de 1537 pisaron el altiplano muisca.
Con ese contingente diezmado —menos de una cuarta parte de los que habían salido de la costa— Quesada iba a someter a los muiscas. Que lo lograra tiene explicaciones concretas: el clima templado del altiplano, después del infierno tropical de la ribera; la abundancia de alimentos que los indígenas dejaban al huir; y el hecho de que los muiscas combatían con espadas y lanzas de madera, no con las flechas envenenadas de los caribes. La expedición había perdido a la mayor parte de sus hombres, pero llegaba armada con acero, montada en caballos y sin haber gastado, todavía, un enfrentamiento a fondo.
Guazábaras: la caída de zipas y zaques
Los muiscas llamaron a los recién llegados uchies, palabra que unía usa (sol) y chía (luna): los suponían inicialmente hijos del sol y la luna, enviados por el creador para castigarlos. La designación captaba el desconcierto de la primera hora, pero también un rasgo estructural de la relación indígena con los invasores que ninguna variable táctica basta para explicar.
Militarmente, la desproporción numérica resultaba abismal. Frente a los aproximadamente ciento sesenta hombres de Quesada —ocho veintenas, más algunos reclutas locales—, los ejércitos muiscas combinados llegaban a decenas de miles de guerreros. La ventaja española inmediata residía en el acero y los caballos acorazados, cuya sola presencia generó pánico y sorpresa. Pero esa superioridad no basta para explicar el éxito de largo plazo. Lo que se dirimía sobre el altiplano no era solo una asimetría de armas.
Los muiscas hacían la guerra —guazábaras— con un propósito radicalmente distinto al europeo. No aniquilaban al enemigo: exhibían públicamente el valor. Los caciques más importantes no combatían; observaban desde lejos. Los guerreros avisaban al enemigo antes del ataque con gritos e instrumentos musicales. La guerra no buscaba la subordinación económica del vencido ni la incorporación de su mano de obra al circuito productivo del vencedor: quedaba fuera de la lógica de conquista tal como los europeos la practicaban. Cuando los españoles desbarataban una guazábara —con rapidez que dejaba a los muiscas en fuga—, no había marco cultural para procesar lo que acababa de ocurrir. La guerra ritual chocó con la guerra de dominio.
Los cacicazgos, además, no lograron articular una respuesta unificada. Duitama y Sogamoso mantenían ligas o confederaciones militares, aunque nada indica que esas ligas se hubieran formado como reacción específica a la irrupción española. La rivalidad entre el zipa y el zaque no funcionaba, como después se dijo, a la manera de una guerra civil aprovechable. Cuando Tisquesusa contempló la posibilidad de aliarse con Quesada, no fue para atacar a Tunja: buscaba combatir a los panches, enemigos tradicionales de Bogotá. La idea de que la conquista prosperó porque los muiscas se estaban destrozando entre sí es una simplificación. Lo que sí ocurrió fue que la pluralidad política —cacicazgos semi-independientes, dos señores mayores en tensión sin resolución, ligas locales de alcance limitado— impidió una respuesta coordinada. No hubo guerra civil: hubo arquitectura descentralizada sorprendida en un mal momento.
Tisquesusa, que se preparaba para vengar a Nemequene, murió en el enfrentamiento con los españoles. Le siguió Sagipa —también llamado Sajipa o Saxajipa—, elegido para continuar la resistencia. En Tunja, el zaque Quemuenchatocha cayó bajo el saqueo. Los grandes cacicazgos, uno tras otro, fueron reducidos por ese ejército mínimo. La resistencia se articuló en guazábaras que los españoles desbarataban con presteza, sin que en ningún momento se produjera la batalla decisiva que la tradición épica prefiere.
El botín y el proceso a Sagipa
El altiplano no era El Dorado, pero tenía oro y esmeraldas suficientes para que la hueste, tras dos años en el país, exigiera cuentas. El reparto formal del botín se hizo el 6 de junio de 1538. Las cifras totales alcanzaron los 191.274 pesos de oro fino y 37.288 pesos de oro bajo, más un lote de esmeraldas. Del despojo del zaque Quemuenchatocha en Tunja se extrajeron 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas: por sí sola, la caja del zaque suministraba una fracción decisiva del botín.
Tras descontar el quinto real y los gastos comunes —compensaciones por caballos muertos, medicinas, herramientas, méritos particulares—, el residuo se dividió en partes. El gobernador Pedro Fernández de Lugo, ausente y en la costa, recibió diez partes; Jiménez de Quesada, cinco. Los soldados —unos ciento setenta y tres, con variantes según la fuente— se repartieron el resto. La paradoja del altiplano se hizo entonces visible: había tanto oro y tan pocos artículos españoles —caballos, armas, herraduras— que los precios de estos últimos se dispararon a niveles absurdos. Se llegó a decir que salía más a cuenta usar oro bajo que hierro para herrar los caballos. Riqueza sin mercado, escasez sin sustituto.
Antes del reparto se había producido el episodio judicial que resume la lógica de la primera hora colonial. Sagipa, elevado al cacicazgo tras la muerte de Tisquesusa, fue llevado al campamento español —no del todo voluntariamente, según algunas versiones— y sometido a un proceso formal. Quesada lo acusó de tres cargos: usurpar el cacicazgo de Bogotá, que debía corresponder al sobrino de Tisquesusa, cacique de Chía; rebelarse contra los españoles; y ocultar el tesoro del zipa. Sagipa prometió entregar el oro si se le concedía plazo, pero no cumplió. El proceso incluyó argumentos jurídicos para justificar el uso de la violencia sobre su persona: por ser infiel, se sostuvo, no le correspondían los mismos miramientos que a un cristiano. Fue torturado para forzarlo a revelar el tesoro. Murió a consecuencia de los tormentos, y el tesoro nunca apareció. La escena es inequívoca en su significado: la Corona había producido, sobre el altiplano recién sometido, una legalidad que autorizaba el suplicio judicial del vencido como técnica de extracción.
El saqueo no se limitó a los caciques vivos. Se extorsionaron poblaciones, se abrieron tumbas, se robaron santuarios. La totalidad del oro y las esmeraldas de los muiscas —producto de siglos de intercambio con el valle del Magdalena y con las tierras del sur— cambió de manos en el curso de dos años.
Santafé, Tunja, Vélez: la ciudad como instrumento
El 6 de agosto de 1538, según la tradición histórica, Quesada fundó Santafé. El sitio elegido fue —probablemente— Teusaquillo, lugar de esparcimiento del zipa muisca en la sabana. El ritual fue el de la posesión: Quesada y sus hombres descendieron de los caballos, él arrancó algunas hierbas, se dijo la primera misa y se levantaron doce cabañas de paja alrededor de una iglesia también de paja, número que la interpretación tradicional lee como referencia a los doce apóstoles. La nueva ciudad se llamó Santa Fe por su semejanza con la villa homónima fundada por los Reyes Católicos cerca de Granada durante las guerras contra los moros; y al conjunto del territorio Quesada lo bautizó Nuevo Reino de Granada, tomando el nombre de su lugar de origen.
Bogotá parece haber tenido dos actos fundacionales: el ritual del 6 de agosto de 1538 y una fundación más oficial en 1539. Pocos días después de la primera, el 13 de agosto, Quesada estuvo en Vélez y recibió, junto con Juan de San Martín, un poder del cabildo para representar a esa villa ante la Corona, señal inequívoca de que existía allí una fundación en regla, aunque otra referencia sitúa la fundación formal de Vélez en 1539 a manos de Martín Galeano. El 6 de agosto de 1539, Gonzalo Suárez Rendón fundó Tunja sobre el sitio de Hunza, antigua capital de los zaques.
La fundación de ciudades no era un adorno de la conquista: era su instrumento jurídico central. Los criterios exigidos —lugar protegido, tierra fértil, agua, cercanía a fuentes de trabajo indígena, lotes rectangulares, plaza bien delineada— no eran meros manuales técnicos, sino la forma en que la civilización urbana mediterránea se transplantaba al Nuevo Mundo. El cabildo aseguraba la conquista del mismo modo en que había sostenido la reconquista peninsular: concentraba fuerza suficiente para subordinar el entorno indígena, distribuía encomiendas, administraba justicia, garantizaba continuidad. Al fundar Santafé, Tunja y Vélez —y poco después Tocaima, Pamplona, Mariquita e Ibagué—, Quesada y sus tenientes no estaban celebrando su victoria: la estaban inscribiendo en un régimen de derecho que la haría reversible solo mediante otro acto de derecho.
La triple llegada
Mientras Quesada fundaba, se acercaban por el occidente y por el oriente otras dos huestes cuya aparición nadie en Santafé podía prever. Sebastián de Belalcázar, desde Quito, subía por el sur remontando el valle del Magdalena. Nikolaus Federmann —Nicolás Federmán en la castellanización— avanzaba desde Coro, en la Venezuela concedida a los banqueros alemanes Welser por Carlos V, cruzando los Llanos Orientales y remontando la cordillera. Ninguno de los dos buscaba a Quesada, cuya expedición era, hasta ese momento, un rumor lejano. Cada uno perseguía su propio norte, y cada uno se sentía con derecho de conquista sobre el territorio que hallara.
Federmann había partido de Venezuela con ciento treinta caballos. La travesía por los Llanos y el ascenso a la cordillera lo dejaron mutilado: perdió setenta europeos, cuarenta caballos e innumerables cargueros indígenas antes de llegar al altiplano. Siguió inicialmente los pasos de Georg von Speyer —Espira— y luego desvió su ruta hacia la cordillera, llegando a Pasca en marzo de 1539, cuando el territorio ya estaba ocupado por la hueste de Quesada. Su irrupción se produjo aproximadamente un mes antes de que Quesada emprendiera el viaje a España: los ciento treinta caballos iniciales se habían reducido a un contingente extenuado que apareció por el sur del altiplano como un espectro.
Belalcázar había hecho contacto en la región de Timaná y Neiva con soldados de la expedición de Quesada hacia enero o febrero de 1539, antes de completar su ascenso. Venía de Quito con hombres experimentados y con la certeza de que el norte de su gobernación podía extenderse indefinidamente. Al llegar al altiplano se encontró con que los alemanes estaban allí, y con que un tercer conquistador, salido de Santa Marta hacía tres años, había fundado ya una ciudad.
La simultaneidad fue lo extraordinario. Tres huestes, procedentes de tres puntos separados por miles de kilómetros y por tres jurisdicciones distintas —Santa Marta al norte, Venezuela al oriente, Quito al sur—, coincidieron en el altiplano en pocas semanas, sin coordinación previa, sin conocimiento recíproco hasta el último momento. El encuentro pudo terminar en batalla campal entre europeos, pero no ocurrió. Los tres capitanes reclamaron cada uno sus derechos, alegando que el territorio quedaba dentro de su jurisdicción respectiva, y acordaron —en lugar de dirimirlo por las armas— viajar juntos a España para que la Corona lo resolviera. Fue una decisión que ahorró sangre europea y que trasladó a la Península la disputa por el reino recién nacido.
Los tres ejércitos llegaron al mismo lugar y al mismo tiempo por caminos independientes, y el Nuevo Reino nació de esa coincidencia irrepetible.
La partida y las primeras encomiendas
Antes de embarcarse hacia España, los tres caudillos dejaron en Bogotá aproximadamente cuatrocientos hombres, ciento cincuenta caballos y trescientas marranas preñadas. La cifra de las marranas es más elocuente que las otras dos: marcaba el comienzo de la ganadería europea sobre el altiplano, la infraestructura biológica de la colonización.
Quesada dejó como su lugarteniente a su hermano Hernán Pérez de Quesada, con el cargo de teniente y capitán general. Ordenó construir nuevos bergantines junto al Río Grande para hallar una ruta fluvial de salida que evitara volver a cruzar las montañas del Opón. La muerte de Pedro Fernández de Lugo había alterado el mapa institucional: sin su patrono en la costa, Quesada necesitaba llegar a la Corte cuanto antes para asegurar la conquista frente a los otros dos reclamantes y frente a lo que la Corona pudiera decidir por su cuenta.
Los tres viajaron juntos hacia la costa y de ahí a España. Fue un viaje sin precedentes: tres capitanes rivales, con jurisdicciones incompatibles sobre un mismo territorio, embarcados en la misma nave para pleitear ante el mismo tribunal. La conquista del altiplano quedaba jurídicamente abierta.
En su ausencia, Hernán Pérez de Quesada tomó decisiones que profundizarían el conflicto. Para dar indios a los muchos soldados que reclamaban recompensa, se fundaron pronto Tunja y Vélez, y poco después Tocaima, Pamplona, Mariquita e Ibagué. Cada nueva ciudad implicaba también una nueva distribución de encomiendas. Pero Hernán Pérez adjudicó encomiendas a soldados de las huestes de Federmán y de Belalcázar, en detrimento de los antiguos conquistadores que habían subido con su hermano desde Santa Marta. Se abría así la primera de las guerras internas del Nuevo Reino, en forma administrativa: los que habían llegado primero contra los que habían llegado después, todos ellos contra los muiscas cuyo trabajo sostenía el edificio.
La llegada de Jerónimo Lebrón como juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo Domingo, tras conocerse la muerte de Fernández de Lugo, cerró el ciclo con una nota más de disputa: una parte de la población lo aceptó, otra lo rechazó, y Hernán Pérez de Quesada terminó obligándolo a regresar a Santa Marta. El Nuevo Reino apenas nacido ya generaba, por su cuenta, los conflictos jurisdiccionales que lo definirían.
Balance de un trienio
En apenas treinta y siete meses se produjo la reducción militar de la sociedad indígena más organizada del interior, la fundación de las primeras ciudades españolas, el reparto formal del botín, el proceso judicial y tortura del último zipa que resistió, y el encuentro simultáneo de tres huestes cuyas jurisdicciones incompatibles quedaron sin resolver sobre el terreno.
Nada de eso estaba previsto. Madrid no orquestó la confluencia: la sufrió. Los ciento setenta hombres de Quesada no habrían sometido a decenas de miles de guerreros muiscas si estos hubieran hecho la guerra a la manera europea, buscando aniquilar al invasor; y la alianza que Tisquesusa ofreció apuntaba contra los panches, no contra Tunja. El altiplano cayó por una combinación de acero, caballo, fragmentación política preexistente y una asimetría cultural sobre el sentido mismo de la guerra.
Lo que quedó como herencia fue la colisión entre dos pluralidades. Una pluralidad indígena preexistente y una pluralidad invasora que se producía sobre la marcha: la hueste de Federmán operaba bajo capitulación con los Welser alemanes, la de Belalcázar bajo la gobernación de Quito, la de Quesada bajo la de Santa Marta. Que las tres coincidieran en el mismo altiplano, en el mismo momento, y que resolvieran su disputa viajando juntas a España, no simplificó el mapa: lo complicó desde el nacimiento. El Nuevo Reino de Granada empezó con tres reclamantes y con siete ciudades. Nunca dejó del todo de tener múltiples centros, múltiples jurisdicciones, múltiples lealtades. Un país descubierto y dividido al mismo tiempo, en el mismo trienio.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 12, 17, 213 citas
[1]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…p. 17
[12]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12
[42]noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…p. 21
02Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 cita
[2]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…p. 22
03The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 37, 44, 473 citas
[3]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…p. 37
[33]their friend, and he would accompany them. Lieutenant Jiménez accepted, and the Christians joined Sagipa. To- gether, they engaged the Panches in battle and killed many of them. They all then returned to where they had camped. Sagipa proceeded to flee from the Christians, moving stealthily about the region. The…p. 47
[35]dismounted, and placed guards on sentry duty in order to prevent the Indians from attacking again. That night the Christians seized close to 180,000 pesos of fine and low- grade gold, as well as a great number of emeralds. The sun had not been up for three hours when another group of Indians attacked; however, having…p. 44
04Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 79, 100, 113, 2134 citas
[4]los pueblos de Bonda, Coto y Valle Hermoso por negarse a dar oro a los españoles. La expedición de Alonso Luis de Lugo tropezó con una resistencia firme y después de ir hasta el Cabo de la Vela regresó en marzo de 1536 a Santa Marta, disminuida en cerca de 250 hombres por las flechas, el hambre y una epidemia de…p. 79
[31]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…p. 113
[48]poblaciones al comenzar el descenso al Magdalena 14. Este río fue recorrido inicialmente por el lado oriental, por unas ochenta leguas; luego lo atravesaron y siguieron por la ribera izquierda hasta llegar a la desembocadura del Sabandija. Antes de la región de Neiva anduvieron entre poblaciones indígenas que luchaban…p. 100
[53]estas rebeliones. 28. Castellanos, III, 421 y ss. 29. Id., III, 430 y ss. 30. DIHC, VIII, 173. 31. Id., VIII, 259. 32. Cieza de León, Crónica (Madrid, 1947), Cap. XXVI. 8 33. Ibid., Cap. XXVI. 34. Acosta (Descubrimiento y Conquista, 474) y otros afirman que Briceño se había casado con la viuda de Robledo, lo que…p. 213
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 73, 75, 76, 785 citas
[5]destacamento de los recién llegados, entre los cuales se con- taba Jiménez de Quesada, emprendió una expe- dición a la parte oriental de la gobernación, La Ramada. Sostuvo algunos encuentros con los indios y recogió algún oro. Sin embargo, desi- lusionado de lo que esperaba fuera un paraíso, abandonó la empresa. Sin…p. 73
[17]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…p. 52
[28]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…p. 75
[32]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…p. 76
[52]las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…p. 78
06Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 60, 632 citas
[6]remolinos tan llenos de peces que podían agarrarse con la mano o sacarse metiendo una cesta en el río. Había tantas tortugas en el Magdalena Bajo que viajeros posteriores las califican de obstáculos para la navegación. Un cronista, fray Pedro Simón, cuenta que en un trayecto de trece días por el río, el grupo que lo…p. 60
[21]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…p. 63
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 94, 134, 137, 1414 citas
[7]la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…p. 134
[15]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…p. 94
[29]cabo la expedici ó n; cl á usula que merece destacarse por ins ó lita. Pues si bien exist í a un derecho consagrado de aprovecharse de los bienes del enemigo, no as í de quienes se somet í an voluntariamente, sin hacer la guerra. Se exig í a pues de los indios pac í ficos, su apoyo a la invasi ó n. El 6 de junio de…p. 137
[45]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…p. 141
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 37, 45, 473 citas
[8]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…p. 45
[19]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…p. 37
[47]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…p. 47
09Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 45, 512 citas
[9]capitanes y soldados, caballos de guerra, arcabuces, ballestas, espadas, lanzas y otras armas. Sin embargo, si se estudian las crónicas y las relaciones sobre la expedición del licenciado Jiménez, se concluye que otra fue la realidad: los indígenas constitu- yeron una ayuda para el progreso de la expedición y no un…p. 45
[43]Francisco Pizarro para fundar ciudades y la había ejercido al esta- blecer Quito, Cali, Popayán y luego Timaná. Él mismo, Belalcázar, también había estado presente cuando en 1519 Pedrarias Dávila fundó Panamá y quizás conocía las ins- trucciones reales que este había recibido para efectuar tal fundación, y hasta las…p. 51
10Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[10]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…p. 32
[11]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…p. 32
11Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 116, 119, 1253 citas
[13]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…p. 125
[23]relaciones siempre fueron reducidos a guazabaras, las cuales eran rápida- mente ‘desbaratadas’ por los hispanos, lo que obligaba a la huida de los muiscas. Refiriéndose a estas batallas, Aguado dice que los cacicazgos se apoyaban en ligas o confederaciones militares, como la de Duitama y Sogamoso (1: 297-8), o la que…p. 116
[26]por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…p. 119
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28, 452 citas
[14]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…p. 28
[49]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…p. 45
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 cita
[16]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
14Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 561 cita
[18]cosecha por heladas, fueron las condiciones que debió soportar el agricultor de maiz en los altiplanos. Por el contrario la agricultura de la papa de altura tiene un rendimiento por hectáreas muchas veces superior al maiz y fue, con seguridad, el alimento básico del pueblo raso, teniendo el maiz carácter de alimento…p. 56
15Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 3031 cita
[20]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…p. 303
16Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 292, 297, 376, 4294 citas
[22]pequeño de recién llegados? Las hipótesis han sido muy variadas, pero las dos más comunes que se han repetido con insistencia durante los últimos años son la superioridad militar de los europeos y sus enfermedades. Tengo dudas sobre que cualquiera de ellas fuera la variable definitiva, aunque vale la pena describirlas…p. 429
[24]es el caso de los muiscas, los caciques más importantes, algunos de ellos entrados en años, no combatían, sino que observaban desde lejos. Muchas veces, los indígenas salían a pelear disfrazados de animales, con oro reluciente en sus pechos y, antes de atacar, gritaban y hacían tocar sus instrumentos musicales, para…p. 292
[25]una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…p. 297
[55]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…p. 376
17Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 34, 105, 1223 citas
[27]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…p. 34
[30]aside the royal fifth, Jiménez and his captains agreed that before they divided the remaining spoils, they needed to award compensation for certain goods and services, as well as for lost horses. They also decided to grant merit pay to individuals whose acts of bravery helped ensure the expedition’s success. Only then…p. 105
[46]person. He left his brother, Hernán Pérez de Quesada, behind as his lieutenant. In preparation for his journey, Jiménez EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 1 0 | I n v A d I n G C o l o M b I A…p. 122
18Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 301 cita
[34]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…p. 30
19Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 351 cita
[36]de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…p. 35
20Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[37]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…p. 101
21El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288, 2942 citas
[38]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…p. 288
[50]y hombre de gran tacto político y agudeza de observación, el de más talento de aquellos tres conquistadores. Federmann, cuyo lugar de nacimiento no es conocido, era también de aventajada estatura y rostro blanco y bello, orlado de rojiza barba, muy diestro en toda clase de ejer- cicios, tan cortés y suave que jamás se…p. 294
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 671 cita
[39]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…p. 67
23Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2192 citas
[40]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…p. 219
[41]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…p. 219
24Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 24, 1342 citas
[44]civiliza ciones extrañas, el europeo sentía la necesidad de agruparse para subordi narlas y al mismo tiempo para preservar su «ser europeo». La afirmación de ciertos valores culturales sólo podía darse en ese contexto urbano, pues vivir en «república» equivalía a «... llevar una vida urbana bien arreglada y…p. 24
[51]Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…p. 134
25Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 321 cita
[54]el poder, la institución de la Real Audiencia prefirió guarecerse en el altiplano, entre Tunja y Bogotá, ciudades alejadísimas del mar y de la metrópoli. Naturalmente, allí se acen- tuó el formalismo de la ley y la escritura, y bajo aquella atmósfera mestiza encontramos los primeros textos narrativos. xxvi. De acuerdo…p. 32