Aquiminzaque
Prehispánico
La biografía
Aquiminzaque fue el último zaque de Hunza, señor del segundo poder político de la Confederación Muisca al momento de la conquista española del altiplano cundiboyacense. Sucesor de Quemuenchatocha —el zaque despojado por Gonzalo Jiménez de Quesada en agosto de 1537—, gobernó en un intervalo brevísimo, marcado por el colapso del orden prehispánico y la instalación de la ciudad de Tunja sobre su capital en 1539. Murió ejecutado por Hernán Pérez de Quesada, hermano del conquistador, junto con todos los uzaques y capitanes viejos que lo acompañaban en la celebración de su matrimonio, hacia 1540. Con él se apagó, en el altiplano de Boyacá, la línea soberana del zaqueazgo y, de manera acaso más profunda, la memoria oral de un ordenamiento político que la conquista encontró todavía en formación.
La figura de Aquiminzaque es a la vez central y evanescente. Central, porque su ejecución cierra ritualmente la soberanía indígena en una de las dos capitales muiscas y clausura la posibilidad de una recomposición política del zaqueazgo. Evanescente, porque las crónicas españolas que lo mencionan lo hacen de pasada, sin fijar con claridad ni su nombre ni las circunstancias exactas de su muerte, atrapadas entre la prisa del despojo y el interés selectivo por Quemuenchatocha o por los zipas de Bacatá. Existe, en rigor, porque fue muerto: las palabras con que se le nombra son las de quienes lo mataron. Lo que conservamos de él son fragmentos —un matrimonio interrumpido, una matanza colectiva, la pérdida simultánea de un señor y de un archivo humano de tradiciones—, y su historia es, por eso, también la historia de una borradura.
Línea de vida
- 1537
Despojo de Quemuenchatocha y colapso del zaqueazgo
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El 20 de agosto de 1537, Gonzalo Jiménez de Quesada despojó al zaque Quemuenchatocha de 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas en Hunza. La muerte posterior de Quemuenchatocha abrió el hueco dinástico que Aquiminzaque ocupó, heredando un trono vaciado económica y militarmente.
- 1539
Fundación de Tunja española sobre la capital del zaqueazgo
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El 6 de agosto de 1539, Gonzalo Suárez Rendón fundó la ciudad española de Tunja en el sitio de la antigua capital del zaqueazgo, instalando físicamente el poder colonial en el corazón del territorio de Aquiminzaque y haciendo insostenible la coexistencia de dos soberanías en el mismo lugar.
- 1540
Ejecución de Aquiminzaque y matanza de los uzaques y capitanes viejos
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Hernán Pérez de Quesada aprovechó la reunión convocada por Aquiminzaque para celebrar su matrimonio —acto que congregaba a toda la clase política y ceremonial del zaqueazgo— para ejecutar al zaque y a la totalidad de los uzaques y capitanes viejos presentes, destruyendo en un solo acto la soberanía política y la memoria oral del zaqueazgo muisca.
El zaqueazgo de Hunza en vísperas de la conquista
Para entender qué era Aquiminzaque hay que entender qué era Hunza. La organización muisca se extendía por los altiplanos de los actuales Cundinamarca y Boyacá. La encabezaban dos señores principales: el zipa, con sede en Bacatá (Muequetá), y el zaque, con sede en Hunza. Bajo cada uno se agrupaba un conjunto de cacicazgos tributarios. Entre ambos se desplegaba una geografía política de límites porosos, con fronteras móviles y una competencia constante por incorporar comunidades independientes.
Esa imagen de dualidad ordenada es, sin embargo, engañosa. Cuando llegaron los españoles, subsistían señoríos autónomos cuyos jefes no obedecían ni al zipa ni al zaque, sobre todo en las comarcas montañosas del noroccidente de Tunja y en las hoyas del Suárez y del Moniquirá. La estructura muisca era incipiente e incompleta: los procesos de herencia de cargos eran aún flexibles, los tributarios cambiaban de señor según la coyuntura bélica, y en los grandes centros ceremoniales —singularmente Sugamuxi, sede del templo de Iraca— los "señores" no eran simples caciques sino sacerdotes de alto rango cuya sujeción a los poderes civiles no estaba del todo definida. Algunos historiadores han descrito esta arquitectura con la palabra "federal", casi siempre entrecomillada, para subrayar su carácter provisional. A diferencia de aztecas o incas, los muiscas no dominaron un vasto territorio ni construyeron un imperio: eran un mosaico en proceso de coalescencia, no un edificio terminado.
El zaqueazgo de Hunza participaba de esa misma ambigüedad. A él le daban obediencia pueblos como Beteitiva, Cerinza, Chitagoto, Gacha, Guacha, Ocavita, Onzaga, Paipa, Soatá y Tutasá, en una franja amplia del actual Boyacá. Los señoríos de Duitama y Sogamoso pagaban tributo a sus propios caciques y posiblemente reconocían también, en algún grado, la primacía del zaque, aunque nunca fueron plenamente absorbidos. Al oriente, la confederación de Sogamoso mantenía una lógica política propia, con un sistema de sucesión por elecciones que alternaba entre los pueblos de Tobasía y Firavitiva. Dentro del propio Tunja se ha propuesto la coexistencia de dos dinastías gobernantes —la de Tunja y la de Ramiriquí—, lo que sugiere que el trono al que llegaría Aquiminzaque no era un solio único sino un lugar disputado por linajes paralelos.
A este mundo interno se sumaba una heterogeneidad étnica y lingüística mayor de la que suele reconocerse. Bajo la lengua chibcha dominante persistían dialectos y rasgos físicos distintos. Eran herencia de pueblos previos a la expansión muisca, que conservaban su identidad al momento de la Conquista. El zaqueazgo no era, pues, la cabeza de una nación homogénea, sino el centro de un tejido en el que se superponían lealtades, linajes y lenguas.
En ese escenario debe situarse a Aquiminzaque: una autoridad de segundo rango dentro del universo muisca —después del zipa, cuyo señor de Bacatá era considerado el más poderoso del territorio— pero primer soberano en un espacio propio, todavía en expansión y todavía en litigio interno cuando los caballos de Quesada aparecieron por los caminos de la sabana.
El despojo de Quemuenchatocha (1537)
Aquiminzaque hereda un trono ya golpeado. Para trazar su trayectoria es preciso comenzar con la de su antecesor.
La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada había partido de Santa Marta el 6 de abril de 1536 con 705 hombres y una flotilla de bergantines al mando del capitán Gallego que remontarían el Magdalena. Once meses después, tras las serranías del Opón, tras enfermedades, ataques indígenas y hambres que redujeron el ejército a unos 166 a 170 hombres y 30 caballos, los sobrevivientes emergieron a las planicies andinas habitadas por los muiscas a principios de marzo de 1537. Gallego, sin noticias del contingente terrestre, había resuelto regresar a Santa Marta con los bergantines, dejando a los expedicionarios abandonados a su suerte. Quesada bautizó la tierra recién hallada como Nuevo Reino de Granada, en memoria de su ciudad natal.
Fue durante el avance sobre el valle norte del altiplano cuando la expedición supo del zaque. El 6 de agosto de 1537, acampado el ejército en el valle que llamaron de Murcia, Jiménez recibió noticias de la existencia de Quemuenchatocha, "cacique rico" que residía en el valle de Tunja. La marcha se orientó de inmediato hacia Hunza. El 20 de agosto, tras una entrada mezcla de embajada y asalto, los conquistadores despojaron al zaque de 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas. Aquella noche, con el saqueo en pleno curso, se acumularon en manos españolas cerca de 180.000 pesos de oro fino y de baja ley, además de un gran número de esmeraldas. Al amanecer se produjo un contraataque indígena que los españoles repelieron; luego negociaron con el propio cacique para arrancar más metal.
El botín de Tunja fue el hallazgo definitivo del Nuevo Reino. El oro y las esmeraldas obtenidos por Jiménez en las tierras altas convirtieron a esta expedición en la segunda más lucrativa del siglo XVI en Indias, apenas detrás de las conquistas de Francisco Pizarro en el Perú. Cuando el reparto se hizo en junio de 1538 —después de que solo seis españoles murieran en combate entre marzo de 1537 y esa fecha—, quedaron 173 hombres con derecho a participar de la distribución. Ninguno de ellos, en aquel momento, se ocupaba de la suerte del zaque.
Quemuenchatocha sobrevivió al despojo, pero como señor vaciado. Y en algún punto —no muy después—, murió. Es en ese hueco, en la sombra abierta por el saqueo, donde emerge el nombre de Aquiminzaque.
La sucesión: un zaque en tiempos imposibles
Aquiminzaque asume el zaqueazgo en el intervalo que va, aproximadamente, entre el saqueo de agosto de 1537 y la ejecución de 1540. Su ascensión ocurre cuando el orden muisca ya está roto por dentro: el zipa Tisquesusa ha caído bajo espada española en Bacatá, su sucesor Sagipa —también llamado Sajipa o Saxajipa— ha sido elegido por los muiscas para continuar la resistencia y terminará él mismo apresado, sometido a un proceso judicial español y muerto bajo custodia. El zipazgo, en el sur, está siendo demolido pieza por pieza. El zaqueazgo, en el norte, hereda un trono cuyo tesoro se ha ido y cuya población ha visto pasar los caballos.
La legitimidad misma de Aquiminzaque como zaque debe leerse en ese contexto. La hipótesis de las dos dinastías tunjanas —la de Tunja y la de Ramiriquí— sugiere que la sucesión al trono no era un procedimiento único ni pacífico, sino un espacio de negociación entre linajes que se alternaban o competían. Nada indica que el ascenso de Aquiminzaque hubiese seguido un curso ordinario en un tiempo ordinario. Cuando toma el cargo, el poder que recibe es doblemente frágil: por la disputa interna sobre a quién le corresponde, y porque ese poder mismo ha sido decapitado económica y militarmente por el paso de Quesada.
Su breve gobierno es, así, un ejercicio en el vacío. El territorio del zaqueazgo sigue existiendo geográficamente: los pueblos que obedecen al señor de Tunja siguen ahí, los uzaques y capitanes viejos aún se reúnen en torno a la figura del soberano, las ceremonias del linaje aún se convocan. Pero la soberanía material —el oro que sostenía las alianzas, la capacidad militar, la primacía frente a los cacicazgos periféricos— se ha esfumado. Aquiminzaque preside una cáscara.
Y sobre esa cáscara, en 1539, se levanta la ciudad española.
Tunja sobre Hunza (1539)
El 6 de agosto de 1539 —exactamente dos años después del día en que Jiménez de Quesada tuvo noticia por primera vez de la existencia del zaque, y un año exacto después de la primera fundación de Santafé el 6 de agosto de 1538—, Gonzalo Suárez Rendón fundó la ciudad española de Tunja en el sitio que ocupara la antigua capital del zaqueazgo. La coincidencia de fecha no es azarosa: la conquista escribía su calendario superponiéndolo al indígena, marcando con actos fundacionales los lugares del poder previo.
La fundación respondía, entre otras razones, a la necesidad de repartir indios entre los soldados. El sistema de encomiendas otorgado por Quesada estaba en el aire —había sido entregado en depósito, sin facultad plena para legalizarlo—, y la ciudad, con su cabildo y sus vecinos, daba estructura administrativa al despojo. Ese mismo año se fundó Vélez por orden de Quesada, ejecutada por Martín Galeano. Poco antes, en 1538, Jiménez había sido confrontado en el altiplano por dos expediciones rivales que convergían sobre el mismo territorio: la de Nikolaus Federmann, alemán al servicio español que llegaba desde el occidente de Venezuela, y la de Sebastián de Belalcázar, antiguo lugarteniente de Pizarro que había subido desde el sur, fundando Popayán y Cali en el camino. El Nuevo Reino se consolidaba, entonces, no solo contra los muiscas sino en negociación entre huestes castellanas.
Para Aquiminzaque, la fundación de Tunja significó la instalación física del ocupante en el corazón mismo de su capital. No se trataba ya de una hueste que atravesaba la sabana: era una ciudad, con solar, iglesia, cabildo y encomenderos, plantada sobre el lugar del zaque. La coexistencia de dos soberanías en un mismo sitio era materialmente imposible. Una tenía que ceder.
Es en esa coexistencia insostenible donde madura la decisión que segará al zaque.
La matanza nupcial
El episodio central de la trayectoria de Aquiminzaque —el que lo fija en la memoria histórica precisamente al ejecutarlo— ocurrió cuando, en su condición de señor, convocó a los uzaques y capitanes viejos del zaqueazgo para celebrar su matrimonio. La boda era, en las sociedades muiscas, mucho más que un acto privado: la unión del soberano ratificaba alianzas de linaje, redistribuía autoridades y consolidaba, por el rito, la continuidad del poder. Reunir a los uzaques —los caciques principales— y a los capitanes viejos —los ancianos custodios de las tradiciones, la genealogía y la memoria oral del reino— equivalía a congregar en un solo lugar a toda la clase política y ceremonial del zaqueazgo.
Hernán Pérez de Quesada, gobernando el Nuevo Reino en ausencia de su hermano Gonzalo —que había regresado a España a defender sus derechos—, aprovechó la reunión para ejecutar en un mismo acto al zaque y a la totalidad de los notables congregados. La operación combinaba dos objetivos: eliminar al último referente político soberano del norte muisca y aniquilar en bloque a los depositarios humanos de la tradición. No fue un accidente ni un desborde: fue una decapitación integral.
La fecha exacta no está fijada con precisión notarial, pero las referencias cronológicas sitúan el suceso hacia 1540. El episodio quedó consignado en verso por los primeros cronistas; cronistas posteriores como fray Pedro Simón, casi un siglo después, ya no compartirían la confianza jurídica con que los primeros conquistadores justificaban esta clase de violencia.
La matanza no fue percibida por sus autores como una atrocidad, sino como un acto de guerra legítimo. La doctrina jurídica y teológica sobre la que se asentaba la conquista permitía tratar a los indígenas de dos maneras muy distintas: como enemigos, sujetos a reglas de guerra, o como rebeldes, exentos de tales reglas. La resistencia armada a la prédica cristiana convertía a los indios en rebeldes y habilitaba la guerra justa sin cortapisas. En el caso paralelo de Sagipa —el zipa capturado, procesado y muerto bajo tortura española más o menos por los mismos años—, los participantes esgrimieron abiertamente el argumento de que no era necesario tener con un cacique indígena los mismos miramientos que con un cristiano. Bajo esa lógica, matar al zaque en su boda podía presentarse como una acción preventiva contra una rebelión latente, no como un crimen.
Las líneas más severas conservadas en las crónicas califican, sin embargo, la acción de Hernán Pérez de Quesada como bárbara y feroz, contrastándola con la pretensión española de civilizar las regiones en nombre de un rey cristiano. Y observan que los recuerdos y tradiciones que habrían podido suplir la pérdida de los archivos de Iraca desaparecieron esa misma noche con los capitanes viejos.
Esa observación es la clave para medir el alcance del acto.
Dos ruinas simultáneas: la política y la memoria
La ejecución de Aquiminzaque produjo dos vaciamientos en un solo golpe. El primero, evidente, fue político: sin zaque y sin uzaques principales, el zaqueazgo quedó sin cabeza ni consejo. La estructura confederal —ya de por sí incipiente, con fronteras móviles y jefaturas semiautónomas— perdió su punto de gravedad. Los cacicazgos que daban obediencia al señor de Tunja se dispersaron hacia lealtades locales o hacia el encomendero español recién establecido. La posibilidad de una recomposición soberana desde el norte muisca —análoga a la que Sagipa había intentado en el zipazgo con la elección posterior a la muerte de Tisquesusa— quedó clausurada. No había ya cuerpo colegiado que eligiera.
El segundo vaciamiento fue mnemónico, y quizá más hondo. Los archivos de Iraca, ese conjunto de saberes, genealogías y crónicas ceremoniales custodiados en el gran templo de Sogamoso, ya se habían perdido con anterioridad: Iraca había sido saqueado y su templo incendiado en un episodio previo de la conquista. Los uzaques y capitanes viejos reunidos en Tunja constituían la reserva humana capaz de reconstruir oralmente lo que las cenizas habían destruido. Eran los últimos que recordaban de primera mano el orden anterior. Al matarlos a todos en una misma noche, Hernán Pérez de Quesada no eliminó solamente a un cuerpo político: apagó a los últimos testigos de un mundo.
El efecto se aprecia siglos después. En el siglo XIX, cuando la joven República intentó construir un pasado indígena muisca comparable al azteca o al inca, el intento no llegó a materializarse con la fuerza necesaria. La representación del pasado muisca quedó como proyecto inconcluso, y piezas prehispánicas terminaron circulando como símbolos genéricos, desvinculados de la cultura de origen. En Sogamoso, ya para entonces no se podía determinar con seguridad el lugar exacto que había ocupado el templo de Iraca; solo quedaban conjeturas basadas en joyuelas y figuritas de oro extraídas del suelo. La esclavitud colonial había degradado a los indígenas de Sogamoso hasta el punto de hacerles perder la memoria de sí mismos, volviendo inútil interrogarlos sobre la Conquista o sobre el emplazamiento del templo famoso.
Aquella ausencia, ese silencio en el que se convirtió el pasado muisca cuando la nación quiso mirarlo, tiene entre sus raíces la noche en que Hernán Pérez de Quesada ejecutó a Aquiminzaque y a sus capitanes viejos.
Aquiminzaque en el mapa muisca: contemporáneos y espejos
Para dimensionar la figura, conviene situarla en el mosaico de sus contemporáneos.
En el zipazgo, al sur, la contraparte de Aquiminzaque es Sagipa. Ambos son sucesores tardíos, escogidos o entronizados después de que la conquista ya ha comenzado, ambos operan sobre un poder que ya no controla su propio oro, y ambos terminan muertos bajo custodia española tras un procedimiento formal —captura, acusación, aplicación de violencia justificada— que exhibe la misma lógica de decapitación sistemática. En el caso de Sagipa, las acusaciones formales incluyeron usurpar el cacicazgo de Bogotá —que, según la lógica sucesoria muisca, debía haber correspondido al cacique de Chía, sobrino de Tisquesusa—, rebelión contra los españoles y ocultamiento del tesoro del zipa. Jiménez de Quesada exigió al cacique que entregara el oro del difunto Tisquesusa, argumentando que, como bien del enemigo, pertenecía al rey y a los conquistadores. Sagipa habría prometido una entrega parcial si se le concedía plazo; al vencerse este, lo entregado fue muy inferior a lo prometido, y sobre esa desproporción se cargó la violencia.
El paralelo con Aquiminzaque no es exacto: el zaque no está acusado formalmente de usurpación ni sometido a un juicio con expediente. Pero comparte con Sagipa la misma condición estructural: es un soberano sobreviviente en una geografía política ya rota, y su muerte responde menos a un cargo específico que a una política deliberada de eliminación de las élites nativas. Donde Sagipa muere bajo el proceso, Aquiminzaque muere bajo la matanza colectiva. El resultado, en términos de vaciamiento del poder, es el mismo.
En los grandes centros ceremoniales, el equivalente es el Sugamuxi de Sogamoso, señor del templo de Iraca, cuyo poder era a la vez político y sacerdotal y cuyo destino —con el templo saqueado e incendiado— corrió paralelo al del zaqueazgo. En Duitama, el Tundama —cuya sujeción al zaque siempre fue ambigua— también fue eliminado por la conquista. En una sola generación, entre 1537 y 1543 aproximadamente, todas las cabezas visibles del universo muisca —zipa, zaque, Sugamuxi, Tundama, Sagipa, Aquiminzaque— fueron muertas, capturadas o desposeídas. La conquista del altiplano no fue un proceso lento de erosión: fue una decapitación coordinada.
Aquiminzaque es, en ese conjunto, la última figura del norte. Su ejecución cierra la serie.
Las crónicas: por qué sabemos tan poco de él
La escasez de datos sobre Aquiminzaque —su nombre incluso ha sido escrito de formas variantes en la historiografía, y algunos autores ni siquiera lo consignan, refiriéndose a él únicamente como el último zaque de Hunzahúa— refleja la naturaleza misma del corpus cronístico sobre la conquista muisca.
Las piezas más tempranas son obras en verso a medio camino entre historia y literatura, cuyo aparato retórico renacentista tiende a presentar a los conquistadores como héroes épicos al estilo de la Ilíada o la Odisea, idealizando su valentía aunque sin ocultar del todo su crueldad. Se escribe con voluntad de monumento, no de acta: los muiscas comparecen como telón de fondo del hecho épico castellano. Los cronistas religiosos que vinieron después —franciscanos y dominicos que recopilaron materiales décadas más tarde, ya bien entrado el siglo XVII— retomaron y ampliaron el relato incorporando distancias críticas ausentes en los primeros. Casi cien años después de los hechos, la confianza tranquila de los conquistadores en su derecho a ejercer toda violencia sobre los caciques ya no se comparte. Historiadores modernos, con acceso al Archivo General de Indias y a otras fuentes documentales, han refinado ese cuerpo.
Pero todo se escribe desde el lado castellano. No hay archivo muisca. Los archivos de Iraca se perdieron, la memoria oral se apagó con los capitanes viejos ejecutados en Tunja, y los descendientes del zaqueazgo entraron en el ciclo de la encomienda y el tributo colonial en condiciones que los llevaron a perder la memoria de sí mismos. La figura de Aquiminzaque llega, por tanto, en negativo: las palabras con que se le nombra son las de quienes lo mataron o las de sus descendientes ideológicos.
Eso obliga a una lectura doble. Por un lado, hay que restituirle su condición de soberano —era un zaque, no un simple cacique local— y su lugar en la historia política del altiplano. Por otro, hay que reconocer que casi todo lo que podríamos querer saber de él —su nombre completo, su edad, la identidad de su esposa, los detalles de la ceremonia interrumpida, la sucesión que habría podido intentarse tras su muerte— pertenece a un archivo que nunca existió o que se destruyó con él.
La huella y la ausencia
En la Colombia contemporánea, la memoria de Aquiminzaque no se ha convertido en monumento mayor. Tunja, ciudad fundada sobre Hunza, ha honrado sobre todo a sus fundadores españoles y a los próceres de la Independencia. Las obras conmemorativas del universo muisca, como el "Homenaje Muisca" instalado en Bogotá hacia comienzos del siglo XXI en el entorno de la biblioteca pública Virgilio Barco, aparecen a menudo asociadas más a proyectos de memoria criolla que a una recuperación centrada en las figuras indígenas mismas.
Y sin embargo, cuando se examina la conquista del altiplano cundiboyacense buscando el momento exacto en que un orden político se quiebra, la mirada se detiene en la boda interrumpida por Hernán Pérez de Quesada. No en el saqueo del oro de Quemuenchatocha, que fue el golpe económico. No en la fundación de Tunja sobre Hunza, que fue el golpe territorial. Sino en la matanza nupcial, que fue el golpe soberano y mnemónico: el que impidió toda continuidad.
Ahí se juega el lugar histórico de Aquiminzaque. No presidió una edad de oro del zaqueazgo; heredó un trono ya golpeado. No lideró una gran resistencia militar; su tiempo fue demasiado breve. No dejó obra ni sistema jurídico ni monumento a su nombre; la conquista se ocupó de que no los hubiera. Lo que le corresponde en la historia de Colombia es una posición de umbral: es la figura sobre la que cae el hacha, la bisagra en la que el orden muisca del norte se convierte en pasado. Después de él, no hay zaque. Después de él, los uzaques ya no se congregan. Después de él, la memoria del zaqueazgo entra en la neblina de la que solo saldrá, siglos más tarde, como ruina y como objeto de investigación.
Su historia funciona además como recordatorio de una verdad estructural sobre la conquista del Nuevo Reino de Granada. El altiplano muisca no fue tomado por una sola batalla ni por una sola matanza: fue desmontado señor por señor, entre 1537 y 1543 aproximadamente, con Tisquesusa muerto en combate, Quemuenchatocha despojado y fallecido poco después, Sagipa procesado hasta la muerte bajo custodia, el Tundama eliminado, el Sugamuxi despojado de su templo, y Aquiminzaque ejecutado con toda su corte en una misma noche. Esa serie no fue casual: fue la aplicación consistente de una lógica —eliminación de las élites, extracción del oro, imposición de la encomienda, fundación de ciudades sobre los sitios de poder previos— que operó en el altiplano con mayor rapidez y contundencia que en casi ninguna otra región de la América hispánica.
En esa serie, Aquiminzaque es el último nombre. Con él se cierra el ciclo del zaqueazgo y comienza otro: el del Nuevo Reino, la encomienda y la Audiencia.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
29 documentos · 47 fragmentos01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 28, 452 citas
[1]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…
p. 28
[31]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
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02Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 322 citas
[2]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
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[3]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
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03Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 3321 cita
[4]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
04Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 35, 452 citas
[5]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…
p. 35
[19]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
p. 45
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 52, 75, 763 citas
[6]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…
p. 52
[22]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…
p. 75
[37]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…
p. 76
06Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Páginas 4, 119, 125, 2134 citas
[7]por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…
p. 119
[9]a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…
p. 213
[12]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…
p. 125
[43]Prohibida la reproducción parcial o total de este material, sin autorización por escrito del Instituto de Estudios Sociales y Culturales -Pensar- Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoria / Carl Henrik Langebaek Rueda...[et al..]; editora Ana María Gómez Londoño. — Bogotá: Editorial…
p. 4
07Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · Páginas 33, 362 citas
[8]favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…
p. 33
[14]Paypativa, Saquencipá, Sativa, Sisa, Sisatunja, Socotá, Socha, Soquirá, Suitoto, Susa, Tagasa, Tasguato, Tuequito, Tibabita, Tibaco, Tibativa, Tirque, Tirasa, Tobana, Tocavita, Togabía, Tonnsa, Tuchaga, Turora y Tupachoque (Friede, 1974: 225 - 226) así como los de Beteitiva, Cerinza (o Ceniza), Chitagoto, Gacha,…
p. 36
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · Página 1301 cita
[10]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…
p. 130
09La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 631 cita
[11]de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…
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10Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · Página 1561 cita
[13]menos claro). En concretos, esto quiere decir que la sociedad se divide en “mitades”, cada una con su propio liderazgo. Por lo general nes entre esas mitades es asimétrica, de manera que una obre la otra, aunque las mitades suelen tener esferas de rentes, o complementarias: en algunos casos una mitad ás de lo secular…
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11Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · Página 241 cita
[15]su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…
p. 24
12The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 37, 44, 473 citas
[16]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
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[23]dismounted, and placed guards on sentry duty in order to prevent the Indians from attacking again. That night the Christians seized close to 180,000 pesos of fine and low- grade gold, as well as a great number of emeralds. The sun had not been up for three hours when another group of Indians attacked; however, having…
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[39]their friend, and he would accompany them. Lieutenant Jiménez accepted, and the Christians joined Sagipa. To- gether, they engaged the Panches in battle and killed many of them. They all then returned to where they had camped. Sagipa proceeded to flee from the Christians, moving stealthily about the region. The…
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13Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 221 cita
[17]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
p. 22
14Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Páginas 60, 632 citas
[18]remolinos tan llenos de peces que podían agarrarse con la mano o sacarse metiendo una cesta en el río. Había tantas tortugas en el Magdalena Bajo que viajeros posteriores las califican de obstáculos para la navegación. Un cronista, fray Pedro Simón, cuenta que en un trayecto de trece días por el río, el grupo que lo…
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[25]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…
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15Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 1341 cita
[20]la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…
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16Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1011 cita
[21]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
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17Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Páginas 105, 132, 1423 citas
[24]aside the royal fifth, Jiménez and his captains agreed that before they divided the remaining spoils, they needed to award compensation for certain goods and services, as well as for lost horses. They also decided to grant merit pay to individuals whose acts of bravery helped ensure the expedition’s success. Only then…
p. 105
[38]1 Heredia, Pedro de founder of Cartagena, 39 n. 9 governor of Cartagena, 9 n. 19, 29, 29 n. 17 Hernández, Gonzalo, 46 n. 25, 57 Hernández Gallegos, Diego, 42 n. 17, 49, 52 injured in battle, 57 Hierro Maldonado, Hernando, 96 n. 26 Hispaniola, 3, 32, 39 n. 8 horses, 21, 28, 29 n. 16, 35 n. 1, 72, 84, 88, 96, 97, 105,…
p. 142
[40]UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. bI bl I o G r AP hy Primary Archival Sources AGI Archivo General de…
p. 132
18Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 171 cita
[26]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
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19Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 3391 cita
[27]muchos respectos. Cinco años y medio después, Hernán Pérez de Quesada daba muerte violenta y alevosa al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uza - ques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su desventurado señor, matando en ellos de una vez los recuerdos y tradiciones que…
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20Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Páginas 21, 302 citas
[28]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…
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[29]España, pues el rey no era soberano temporal del mundo, ni ocuparse de la conversión de los indios lo convertía en soberano de ellos. Pero si los indios no se sometían y, en especial, si ofrecían alguna forma de resistencia armada a la prédica cristiana, era lícito atacarlos y someterlos a la fuerza. Era, entonces,…
p. 21
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 671 cita
[30]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…
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22Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 1341 cita
[32]Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…
p. 134
23Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 113, 116, 2133 citas
[33]sobre sus descubrimientos, se fue directamente a España. La conquista de los chibchas, sin embargo, fue conocida inmediatamente en Santa Marta, pues Federmán, Quesada y Belalcázar hicieron diversas declaraciones en Cartagena al respecto. El gobernador enviado por la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo Lebrón, decidió…
p. 116
[36]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
[41]estas rebeliones. 28. Castellanos, III, 421 y ss. 29. Id., III, 430 y ss. 30. DIHC, VIII, 173. 31. Id., VIII, 259. 32. Cieza de León, Crónica (Madrid, 1947), Cap. XXVI. 8 33. Ibid., Cap. XXVI. 34. Acosta (Descubrimiento y Conquista, 474) y otros afirman que Briceño se había casado con la viuda de Robledo, lo que…
p. 213
24Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · Página 3302 citas
[34]“El proceso contra el cacique de Ubaque en 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas.... [1563-1564]”, transcripción de Clara Inés Casilimas y Eduardo Londoño, Boletín Museo del Oro, núm. 49, julio-diciembre. Bogotá, Banco de la República. Castellanos, J. de ([1601] 1955). Elegías de varones ilustres…
p. 330
[35]“El proceso contra el cacique de Ubaque en 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas.... [1563-1564]”, transcripción de Clara Inés Casilimas y Eduardo Londoño, Boletín Museo del Oro, núm. 49, julio-diciembre. Bogotá, Banco de la República. Castellanos, J. de ([1601] 1955). Elegías de varones ilustres…
p. 330
25Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 351 cita
[42]poética del Renacimiento para pintar con tintes heroicos a los conquistadores de la zona equinoccial como héroes de la Ilíada o la Odisea, como varones ilustres que se aventuraban por un territorio selvático, con ríos y montañas enormes, que se enfrentaban a comunidades indígenas que no se caracterizaban por su…
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26Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1661 cita
[44]cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…
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27Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 3101 cita
[45]jerarquización de las narraciones históricas y de las imágenes que habían sido elaboradas en el trascurso del siglo XIX y que fueron compiladas, catalogadas y exhibidas por la generación de letrados de las últimas décadas de dicho siglo y la primera del XX. El pasado indígena, por su parte, se identificó con otra…
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28Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 491 cita
[46]civilizaciones anteriores sin ningún reconocimiento del pasado, el presente o el futuro de la cultura a la que pertenecen. La vasija de Chirajara, si bien responde a uno de los múltiples tipos de ofrendatarios o “alcancías” que se han encontrado de la cultura muisca, entró, a partir de 1882, a utilizarse como pieza…
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29Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicoPágina 3631 cita
[47]Además, forma parte de ocho esculturas que la administración del alcalde Enrique Peñalosa entregó a la ciudad para darle sentido de pertenencia a sus habitantes. 2 1. “Más esculturas para parques”, El Tiempo, año 90, núm. 31.464, domingo 24 de diciembre de 2000, pp. 1, 6. 2. “Monumentos para Bogotá”, El Tiempo, año…
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