Institución · Prehispánico
Cacicazgo muisca
Forma política compleja que se consolidó en el altiplano cundiboyacense entre los siglos VIII y XVI, articulada en jerarquías escalonadas de grandes señores, jefes intermedios, capitanes, sacerdotes y guerreros de frontera, con tributación en trabajo y sucesión hereditaria matrilineal. Su densidad organizativa explica tanto la rapidez de la conquista militar española como la lentitud de la transformación institucional posterior.
Trayectoria de una idea
- -1000
Transición hacia el cacicazgo
- -400
Período Herrera: matriz cultural del altiplano
- 1000
Consolidación del cacicazgo muisca
- 1490
Expansión y guerras entre confederaciones
- 1537
Conquista española e inicio del gobierno indirecto
- 1560
Política de congregación y desarticulación del patrón de asentamiento
- 1590
Descomposición de la institución cacical
La lectura
El cacicazgo muisca no fue una forma política estática sino el resultado de un proceso de milenios: desde las aldeas ribereñas del período Herrera hasta las confederaciones del zipa y el zaque, la institución fue acumulando capas de complejidad —jerarquías nominales, obligaciones de trabajo, legitimidades ceremoniales, redes de parentesco— que la hacían al mismo tiempo sólida y difícil de descifrar para ojos ajenos. Su poder descansaba menos en una burocracia extractiva que en la convergencia de autoridad militar, religiosa y judicial en la figura del cacique, respaldada por sacerdotes-jeques cuya influencia política era comparable a la de los propios señores. La ambigüedad entre tributación y reciprocidad asimétrica, entre propiedad y usufructo, entre confederación y red de alianzas familiares, no era una debilidad del sistema sino su lógica profunda: una economía moral que los españoles heredaron en sus formas pero no pudieron reproducir en sus contenidos. Esa misma ambigüedad explica por qué la institución sobrevivió décadas a la Conquista como engranaje del gobierno colonial, y por qué su descomposición fue lenta, gradual y nunca del todo completa.
El cacicazgo muisca
En el altiplano cundiboyacense, entre los siglos VIII y XVI de nuestra era, se consolidó una de las formas políticas más articuladas del territorio que hoy es Colombia: el cacicazgo muisca. No fue un reino en el sentido europeo, ni un imperio como los del Cuzco o Tenochtitlán, ni tampoco una tribu igualitaria. Fue una institución intermedia y compleja, con jerarquías escalonadas —grandes señores, jefes intermedios, capitanes, sacerdotes y guerreros de frontera—, tributación en trabajo, sucesión hereditaria por línea materna y una red de dependencias que iba desde el cercado del cacique hasta las labranzas dispersas en las laderas andinas. Su densidad organizativa explica que la conquista española de 1537 fuera al mismo tiempo veloz en lo militar y morosa en lo institucional: los invasores derrotaron a los guerreros en pocos años, pero durante décadas siguieron apoyándose en los propios caciques y capitanes muiscas para gobernar, tributar y catequizar. La institución cacical no se extinguió con la Conquista: fue capturada, redirigida y, hacia fines del siglo XVI, empezó a descomponerse bajo el peso del resguardo, la mita y la presión latifundista.
Los antecedentes: del período Herrera a la aldea jerarquizada
La secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano cundiboyacense se inició hace unos doce mil años y no se ha interrumpido desde entonces. Sobre ese fondo largo, entre aproximadamente el 400 a.C. y el 1000 d.C., se desplegó lo que la arqueología llama el período Herrera, la matriz cultural sobre la que crecerá lo muisca. En el abrigo rocoso de Zipacón, un estrato datado en 3.270 años antes del presente entregó los registros cerámicos más antiguos conocidos en la cordillera oriental, junto con evidencias de una agricultura ya diversificada: raquis de maíz, semillas de cerezo criollo, tubérculos desecados de batata, endocarpos de aguacate. En Zipaquirá, los estratos muestran una ocupación Herrera sostenida durante no menos de cinco siglos, desde el siglo IV a.C. hasta finales del siglo I d.C. La cerámica del período aparece dispersa en un arco que incluye la laguna de La Herrera, Tequendama, Sopó, Nemocón y los alrededores de Tunja: un poblamiento denso y en comunicación.
La clave de la transformación fue el maíz. Cuando el cultivo se consolidó, los grupos ribereños pudieron abandonar la orilla de los ríos y trepar por las laderas del sistema andino, reordenándose en unidades más pequeñas y dispersas. En vez de aldeas nucleadas junto al agua, aparecieron centros poblados con aldeas satélites en las zonas más productivas, un patrón que aprovechaba la diversidad ecológica vertical del altiplano —páramos, valles fríos, tierras templadas— y que exigía áreas de captación mucho más amplias que las de las llanuras. Ese reordenamiento empujó y a la vez fue empujado por un crecimiento demográfico sostenido: cada nuevo hijo pedía más ladera cultivada, y cada ladera cultivada permitía sostener a más hijos. En el sitio El Venado, la población Herrera probablemente no pasaba de unas cincuenta personas repartidas en once viviendas; el mismo lugar creció durante el Muisca temprano y aún más durante el Muisca tardío, en un patrón que se repite en otros yacimientos.
Ese aumento de población, en un paisaje de gran diversidad fisiográfica y biótica, empujó hacia la complejidad social. La transición desde formas tribales hacia el cacicazgo se operó en el territorio colombiano en el milenio anterior al comienzo de la era cristiana, y posiblemente antes en algunas zonas. Lo que distingue al cacicazgo de la tribu no es solo el número de habitantes sino la aparición de una desigualdad estructural: el señorío como institución, los linajes con prerrogativas hereditarias, la diferencia estable entre individuos y grupos enteros. El altiplano de Bogotá-Tunja-Sogamoso ofrecía una base de recursos permanentes y de fácil aprovechamiento que otros cacicazgos de las vertientes cordilleranas no tenían, y esa ventaja ecológica dio cohesión y continuidad a lo muisca. Si la relación entre las poblaciones Herrera y las muiscas fue de evolución directa, de conquista o de sustitución poblacional sigue abierto; lo claro es que hacia el año 1000 d.C. una nueva configuración cultural y política ocupaba los mismos suelos, con evidencias arqueológicas ininterrumpidas desde entonces hasta la Conquista y aún, en algunas regiones, durante toda la Colonia.
La arquitectura del poder: psihipqua, zaque, uzaques, capitanes
En su cúspide, el mundo muisca estaba organizado en torno a dos grandes señoríos que suelen llamarse confederaciones, aunque el término no es del todo preciso. Uno tenía su sede en Bacatá —la actual Funza, en la sabana de Bogotá— y era encabezado por el psihipqua, castellanizado como zipa; el otro, con sede en Hunza —Tunja—, era encabezado por el zaque. Debajo de ellos, en un segundo nivel, se hallaban los uzaques, jefes de tribus intermedias que reconocían la preeminencia del gran señor pero mantenían amplios márgenes de autonomía. Y en la base de la pirámide política, encabezando las unidades sociales y territoriales fundamentales, estaban los capitanes al frente de las capitanías, ligados a las uta y sybyn, las agrupaciones de linaje que estructuraban la vida cotidiana.
La capitanía era la célula real de la organización muisca. Los documentos coloniales la mencionan a veces como parte o parcialidad, y sobre ella se apoyó todo el intento posterior de gobierno indirecto español. Cada capitanía tenía sus propias tierras de labranza y se situaba a cierta distancia del cercado del cacique principal, en una tensión permanente entre la fuerza centrípeta que atraía a la gente hacia el centro ceremonial y la fuerza centrífuga que la mantenía en sus terrenos productivos. Los caciques y jefes principales habitaban en aldeas cercadas; los capitanes tendían a residir a campo abierto con sus vecinos, en cercanía a los cultivos, con viviendas dispersas en pequeñas planadas artificiales que se ocupaban sobre todo en época de siembra y cosecha. Esa combinación de aldea nucleada y hábitat disperso desconcertó a los españoles cuando llegaron: veían un núcleo con casas y templos, pero la mayor parte de la población parecía vivir en el campo, en un patrón que no encajaba con el ideal ibérico de la villa concentrada.
Junto a caciques y capitanes había otras figuras cruciales. Los jeques o chuques eran sacerdotes formados en largos años de reclusión, ayuno y estudio en algo que las crónicas llamaron seminarios; ejercían influencia política directa, comparable a la de los propios señores. Los quechas o guechas eran guerreros reclutados entre los indígenas más valientes y prestigiosos, y se los ubicaba en sitios fronterizos: en la confederación de Bogotá aparecen en Cáqueza, Ciénaga, Chinga, Fosca, Guasca, Luchuta, Pacho, Pasca, Simijaca, Subachoque, Subia, Teusacá y Tibacuy, un arco defensivo que rodeaba el corazón del psihipqua por sus contactos con los pueblos vecinos, sobre todo los Panches del valle del Magdalena. Los pregoneros, por último, servían de intérpretes y mensajeros, transmitiendo la voz del cacique.
La sucesión no seguía la línea patrilineal europea. Al psihipqua lo sucedía su sobrino, hijo de su hermana; al zaque también. Este principio matrilineal daba al cacicazgo una estabilidad particular y explica varios episodios políticos que las crónicas registran sin comprender del todo. Cuando Nemequene, psihipqua de Bogotá, murió herido en Funza tras recibir un flechazo durante una campaña contra Tunja, quien lo sucedió no fue un hijo suyo sino su sobrino Tisquesusa, hasta entonces cacique de Chía —un cargo que funcionaba como paso previo obligatorio para heredar la capital. Los vínculos de parentesco entre caciques eran, en realidad, uno de los mecanismos estructurales de cohesión de las confederaciones: los caciques de Bogotá y Chía se llamaban tío y sobrino, y lo mismo ocurría entre los de Tunja y Ramiriquí, entre los de Guatavita y Teusacá, entre los de Duitama y Tobasía. La política supralocal muisca era, en buena medida, una red de familias entrelazadas por matrimonios y herencias oblicuas.
Legitimidad, tributo y el debate sobre la explotación
¿En qué se sostenía el poder del cacique? Las crónicas coloniales lo presentan como un señor que acumulaba funciones militares, judiciales y religiosas, con potestad para castigar delitos gravísimos según un código conocido por todos: homicidio, rapto, incesto, impago de deudas, adulterio. Ese poder coercitivo se apoyaba en una legitimidad hereditaria y en el respaldo del sacerdocio, cuyos pronunciamientos —sobre todo en materia de naturaleza, cosecha y ecología— quedaban revestidos de sanciones sobrenaturales. La jerarquía se justificaba, además, apelando a una profundidad temporal casi mítica: siempre había sido así. Varios de los sitios más importantes del altiplano a la llegada de los españoles habían sido ocupados durante siglos o milenios, dato compatible con una larga continuidad de las élites en los mismos lugares de poder.
La economía cacical funcionaba sobre un mecanismo de tributo en trabajo. Los indígenas cultivaban las sementeras del cacique, sostenían al sacerdocio con parte de su producción y participaban en obras comunes como los canales de desecación que atravesaban la sabana. El cacique concentraba ese excedente y lo redistribuía en momentos concretos: guerra, hambruna, festejo. Sobre este esquema clásico se ha abierto en las últimas décadas una discusión de fondo. Se ha propuesto que lo que los cronistas describieron como tributación era, en rigor, un intercambio asimétrico de regalos, cargado de generosidad, desprendimiento y exhibición de prestigio, más que una extracción sistemática de excedentes; en materia de tierras, habría que distinguir entre propiedad plena y usufructo. El examen de la orfebrería refuerza ese ángulo: más de la mitad de los objetos de oro no se usaba para exhibición personal, y el oro guardado en los cercados se distribuía en festejos y guerra o permanecía oculto para cubrir santuarios. Difícil, entonces, considerar al cacique propietario pleno de esa riqueza o suponer que dispusiera de ella a su antojo.
Entre las dos posiciones extremas —cacique como jefe extractivo con dominio real sobre trabajo y excedentes, o cacique como figura redistributiva y ceremonial que articulaba unidades autónomas mediante reciprocidades desiguales— cabe una lectura de matices. La arquitectura formal existía y era reconocida: capitanías, jerarquías nominales, obligaciones de trabajo. Pero descansaba menos en una burocracia extractiva que en legitimidades ceremoniales y vínculos de parentesco. Esta ambigüedad es decisiva para entender lo que vendría después: los españoles heredaron formas —los nombres de los cargos, los mapas de las capitanías, los rituales de obediencia— cuyos contenidos originales dependían de una economía moral que ellos no compartían ni podían reproducir.
Los grandes centros ceremoniales complican todavía más el cuadro. Los señores de sitios como Sogamoso no eran simples caciques tributarios sino sacerdotes de alto rango, y por eso mismo no se sometían al poder civil o militar del psihipqua o del zaque. La astronomía muisca, ligada a un calendario agrícola de fina precisión, estructuraba la vida ritual y era administrada por los jeques, cuya autoridad se cruzaba con la de los caciques sin fundirse del todo con ella. En muchos casos el cacique cumplía él mismo funciones religiosas, y el símbolo compartido del poporo y la mochila de coca circulaba entre chuques y caciques como signo convergente de autoridad. Las crónicas, atrapadas en su propio esquema de separación entre lo civil y lo eclesiástico, no lograron nunca describir con precisión esa fusión funcional.
Confederaciones, fronteras y guerras
Los territorios del psihipqua y del zaque no eran bloques estables. Cada gran señor trataba de expandir su influencia incorporando comunidades antes independientes, y las fronteras entre ambas confederaciones —en la zona de Chocontá, Turmequé y Suesca— eran objeto de campañas recurrentes. La muerte de Nemequene ocurrió precisamente en una de esas expediciones contra Tunja, y su sucesor Tisquesusa heredó la tensión abierta con el zaque Quemuenchatocha.
Pero la geografía política muisca era mucho más plural que ese eje bipolar. Al norte del zaque, los cacicazgos de Sogamoso —el Iraca o Sugamuxi— y Duitama —el Tundama— eran semi-independientes; algunos indicios sugieren que aceptaban cierta preeminencia del zaque, pero ambos tenían sus propios feudatarios, sus propias reglas de sucesión y su propio prestigio ceremonial. La sucesión del cacicazgo de Sogamoso, por ejemplo, se hacía por elección alternada entre los pueblos de Tobasía y Firavitiva, con cuatro caciques electores —Busbanzá, Gámeza, Toca y Pesca— y con arbitraje del Tundama en caso de discordia. Una arquitectura constitucional refinada, muy distinta de la sucesión matrilineal directa del psihipqua. En las comarcas montañosas del noroccidente de Tunja, sobre las hoyas del Suárez y del Moniquirá, subsistían además jefaturas menores independientes —Sáchica, Tinjacá, Guachetá entre las documentadas— que no habían sido plenamente absorbidas por ninguna de las confederaciones. La absorción de esos pequeños señoríos por los grandes era un proceso histórico en curso que la irrupción española de 1537 vino a interrumpir.
Sobre la vieja idea de que la Conquista se benefició de una guerra civil entre el psihipqua y el zaque conviene ser cauto. La alianza táctica del psihipqua con Gonzalo Jiménez de Quesada apuntaba a combatir a los Panches del Magdalena —enemigos reales y antiguos del cacicazgo de Bogotá— antes que a atacar Tunja. El psihipqua buscaba en los invasores un aliado circunstancial contra un adversario tradicional, sin sospechar hasta muy tarde la naturaleza de lo que se le venía encima. La fragmentación política muisca no era una guerra civil que los españoles supieran capitalizar, sino una situación estructural de pluralismo cacical que hacía imposible una respuesta coordinada al desembarco de una fuerza extraña.
En Tunja, además, la relación entre el cacicazgo principal y el vecino de Ramiriquí ha sido interpretada como una estructura dual, con dos dinastías coexistentes que se alternaban o compartían prerrogativas, apelando a un principio de mitades común en las cosmologías andinas. La evidencia documental es sugerente sin ser concluyente, pero abre otra ventana sobre la complejidad interna del poder muisca: incluso las supuestas capitales tenían, quizás, un liderazgo bicéfalo que las crónicas españolas —acostumbradas al monarca único— redujeron a una sola figura.
Economía: sal, esmeraldas, oro y mantas
La economía muisca era no monetaria y descansaba en el trueque y el intercambio, con una densa red de mercados locales y de conexiones interregionales. En los principales centros comerciales había reuniones cada cuatro días, y por esos mercados circulaban sal, mantas de algodón, coca, esmeraldas, oro, plumas, aves y yopo. Ninguna mercancía llegó a funcionar como verdadero patrón monetario, pero las mantas fueron la que más se aproximó: servían como unidad de referencia, aunque su valor variaba con la calidad del tejido —las mantas chingas, más toscas, valían menos que las finas.
Dos monopolios estratégicos vertebraban el poder económico de los grandes señores. La sal de Zipaquirá estaba bajo control del psihipqua y se comerciaba a enormes distancias, llegando hasta la región de Neiva y descendiendo por las cuencas del Magdalena hacia poblaciones que no producían el mineral. Las esmeraldas de Somondoco, en cambio, estaban bajo la jurisdicción del zaque, y desde allí salían hacia las redes de intercambio que las llevaban a la Sierra Nevada, a la costa Caribe y a los cacicazgos del sur. Ese acceso diferencial a recursos escasos e imprescindibles daba a los dos grandes señoríos una capacidad negociadora que ningún otro grupo del área podía igualar.
Los muiscas, sin embargo, no tenían oro en su propio territorio. Todo el oro que circulaba en el altiplano —el que se guardaba en cercados, el que se ofrendaba en las lagunas, el que orfebres consumados transformaban en tunjos, poporos y pectorales— venía de afuera: de la región de Neiva, del valle del Magdalena, de las tierras auríferas del occidente. Lo obtenían intercambiándolo por sal, mantas y esmeraldas, en una integración comercial que abarcaba desde los cazadores-recolectores de la sabana amazónica —que traían yopo y otros alucinógenos— hasta los caciques laches del norte de Boyacá. La riqueza aurífera muisca, esa que deslumbraría a Jiménez de Quesada, no era producto de minas locales sino de una posición central en las redes de intercambio de la cordillera oriental.
El excedente concentrado por los caciques se destinaba a tres fines complementarios: sostener al sacerdocio, financiar la guerra y montar los grandes festejos ceremoniales en los que se afirmaba públicamente la jerarquía. Los tres devolvían valor a la comunidad, aunque de maneras distintas y bajo la firma del cacique. Ahí es donde extracción y ceremonia dejan de oponerse limpiamente: el cacique era, quizás, menos un propietario que un administrador ritual del excedente colectivo, y su capacidad de disponer del oro y de las mantas se medía menos en lo que podía guardar que en lo que estaba obligado a repartir.
El colapso: Jiménez de Quesada y la conquista
Gonzalo Jiménez de Quesada partió de Santa Marta en los primeros días de abril de 1536, al mando de una expedición organizada por el gobernador Pedro Fernández de Lugo, que lo había nombrado general de una jornada dirigida al Río Grande. Once meses después, tras una travesía atroz por selvas, ríos crecidos y sierras, hacia principios de marzo de 1537 un contingente muy reducido —unos ciento setenta hombres y treinta caballos, restos de una hueste mucho mayor— emergió a las planicies del altiplano cundiboyacense. Lo que vieron los dejó atónitos: una sabana densamente poblada, cercados de gran tamaño, cultivos ordenados, caminos, mercados. La llamaron el Valle de los Alcázares.
La conquista de esa sabana fue militarmente rápida. Todo jugaba a favor de los invasores: el terreno abierto permitía usar la caballería, los muiscas carecían de armas de proyectil comparables a las de otros grupos indígenas que los españoles habían enfrentado, y el armamento de acero y las cabalgaduras hicieron una diferencia decisiva contra guerreros de a pie. Contó también el desconcierto. Los muiscas llamaron a los recién llegados uchies —una palabra que juntaba sol y luna—, en un primer momento de asombro que los identificó como enviados del creador. Cuando la naturaleza real de la irrupción se hizo evidente, la resistencia fue tardía y fragmentada. Tisquesusa, el psihipqua que había sucedido a Nemequene, murió en circunstancias oscuras; su hermano Sagipa asumió el poder y terminó también capturado.
El 20 de agosto de 1537, en Tunja, el zaque Quemuenchatocha fue despojado de un botín que las crónicas cifran en 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas. Las cifras merecen ser leídas despacio. El oro fino equivalía a los tesoros acumulados durante generaciones en el cercado del gran señor del norte, un capital ceremonial que servía para vestir santuarios, para las ofrendas de las lagunas y para el intercambio con los cacicazgos vecinos; las esmeraldas venían de Somondoco, del monopolio mismo del zaque. En una tarde cambiaron de manos siglos de acumulación ritual. Y sin embargo, para los expedicionarios el botín resultó decepcionante: no era el oro de Atahualpa ni el de Moctezuma. Esa desilusión —el hecho de que el cacicazgo más rico del altiplano no diera lo que los invasores creían merecer— explica en parte la voracidad con que se lanzaron enseguida sobre los demás señoríos y sobre los caminos que se rumoreaba llevaban a El Dorado.
El 6 de agosto de 1538, en el sitio de esparcimiento del psihipqua al pie de los cerros orientales, Jiménez de Quesada fundó Santa Fe —bautizada así por semejanza con la villa que los Reyes Católicos habían levantado cerca de Granada durante la guerra contra los moros—, y al conjunto del territorio le puso Nuevo Reino de Granada. Poco después llegaron dos expediciones más —la de Sebastián de Belalcázar desde el sur y la de Nicolás de Federmann desde los Llanos— y la disputa de jurisdicciones se resolvió con el compromiso de que los tres capitanes viajarían juntos a España a alegar sus derechos, dejando en Bogotá una guarnición de unos cuatrocientos hombres y ciento cincuenta caballos.
La resistencia armada continuó un tiempo. El último levantamiento de entidad promovido por caciques muiscas fue el de los uzaques de Tundama y Sugamuxi, hacia 1540, en la parte norte del territorio chibcha. Después no hubo ya acciones bélicas de envergadura. El colapso militar no obedeció a ninguna deficiencia estructural del cacicazgo: obedeció a la conjunción de una superioridad tecnológica, una fragmentación política que impedía la coordinación entre confederaciones rivales y comunidades sin lengua común, y una serie de contingencias —la muerte de Nemequene, la alianza malograda con Quesada contra los Panches— que dejaron a las jerarquías cacicales sin tiempo ni margen para articular una respuesta unificada.
Reciclaje colonial: encomienda, capitanía y cabildo indígena
Lo que sucedió después es quizá lo más revelador. En vez de arrasar la institución cacical, los españoles la utilizaron. La encomienda, tal como se organizó en la sabana de Bogotá, se montó sobre las unidades sociales preexistentes: clanes, tribus, capitanías. Se encomendaba un grupo colectivo, no individuos sueltos, y el cacique era su representante ante el encomendero. La tasación del tributo recaía sobre la colectividad, y él debía responder por el pago a nombre de su gente. Caciques y capitanes se convirtieron así en agentes locales de la Corona, y a cambio recibieron privilegios, tierras, títulos y responsabilidades organizativas; algunos incluso obtuvieron encomiendas propias sobre otros indígenas.
La Corona, en un primer momento, intentó limitar la tributación colonial a lo que los indios ya reconocían a sus propios señores, sustituyendo simplemente al beneficiario: donde antes el trabajo se destinaba al cacique, ahora se destinaría al encomendero. Fue una ficción jurídica imposible de sostener, porque el sistema previo era más ceremonial y redistributivo que extractivo, y no producía los excedentes estables que la economía colonial requería. Los encomenderos exigieron cada vez más, superando los límites legales, y la relación de dominación se volvió irreconocible frente a la que había existido antes de 1537.
Hacia 1560 comenzó el primer intento sistemático de reorganizar territorialmente a los muiscas mediante la política de congregación: aglutinar las capitanías en pueblos al modo peninsular. El resultado fue paradójico. En lugar de concentrarse, muchos indígenas abandonaron sus núcleos habituales de habitación y se dispersaron por el campo o por sus labranzas antiguas. Las ordenanzas de Tunja de 1575 dejaron por escrito la queja: los indios se resistían a la concentración forzada y se fugaban hacia el hábitat disperso, más compatible con el patrón muisca prehispánico de aldea nucleada más viviendas satélites en las cercanías de los cultivos. La política de poblamiento se sistematizó a partir de 1602, ya en el marco de la creación de los resguardos.
El resguardo, establecido especialmente entre 1595 y 1642, remató la reconfiguración colonial del cacicazgo. En teoría organizaba a los nativos dentro de un territorio de propiedad comunitaria y buscaba protegerlos frente a los abusos de los encomenderos que la Corona no lograba controlar. En la práctica cumplió también funciones fiscales y de reclutamiento de mano de obra, y sirvió para liberar tierras: las que quedaban por fuera podían declararse vacas y otorgarse como mercedes a españoles. Dentro del resguardo, una cuarta parte de los indios útiles era alquilada mediante mita o concierto a estancieros, mineros y comerciantes; los salarios los cobraba el cacique o capitán, no los mitayos individualmente, y servían sobre todo para pagar el tributo colectivo del pueblo. Por encima, el corregidor de indios sustituyó al encomendero como receptor del tributo destinado a la Corona, y repartía los impuestos entre la administración real, la Iglesia y los gastos administrativos.
En ese engranaje, el cacique y el capitán seguían siendo piezas centrales, pero su papel había cambiado por completo. De señores rituales, jueces y guerreros pasaron a ser cobradores de tributo, gestores de mano de obra y representantes de la comunidad ante una burocracia extraña. Ya a fines del siglo XVI, cuando aún vivía la generación que había presenciado la Conquista, era visible una gran transformación en su posición: intermediarios imprescindibles al comienzo, se volvieron después figuras cada vez más subordinadas al corregidor, al cura doctrinero y al encomendero. Los vínculos externos de cohesión de la sociedad chibcha —las alianzas de parentesco entre confederaciones, las redes ceremoniales supralocales— fueron los primeros en romperse en provecho de la encomienda, mientras las capitanías locales sobrevivieron un tiempo más porque servían al aparato tributario.
La huella larga
La descomposición del cacicazgo se aceleró en el siglo XVII y culminó en el XIX. La voracidad latifundista, la presión de mestizos y colonos pobres con ansias de tierra y un Estado con criterio fiscalista fueron erosionando los resguardos, empujando a los indígenas hacia los centros urbanos o hacia las haciendas como trabajadores asalariados y aparceros. A mediados del siglo XIX, la disolución legal de los resguardos consumó un proceso que venía de mucho antes. El altiplano cundiboyacense, corazón del antiguo mundo muisca, se convirtió en tierra de haciendas, minifundios campesinos y ciudades intermedias donde la memoria de los caciques quedó reducida a nombres de pueblos —Bacatá, Hunza, Sugamuxi, Tundama— y a fragmentos arqueológicos.
Y sin embargo, la huella institucional del cacicazgo es más profunda de lo que sugiere esa disolución. La estructura del gobierno colonial en el Nuevo Reino de Granada se levantó, en su base local, sobre las capitanías muiscas; el patrón de poblamiento del altiplano oriental —esa combinación de pueblo con iglesia y plaza central rodeado de veredas dispersas— conserva algo del viejo esquema muisca de cercado nucleado más labranzas satélites; los caminos, las salinas y hasta los sitios de mercado siguieron durante siglos las rutas antiguas. La rapidez con que la Colonia se consolidó en el altiplano, en contraste con la larga guerra por otras regiones del actual territorio colombiano, no se explica solo por la superioridad militar española sino por el hecho de que aquí había una institución política previa —el cacicazgo— suficientemente articulada para ser capturada y redirigida.
Esa captura tuvo un costo humano y cultural inmenso. Reciclar las formas sin respetar los contenidos significó convertir la reciprocidad asimétrica en extracción, la legitimidad ceremonial en autoridad delegada, el señor ritual en cobrador de tributos. La misma densidad organizativa que había hecho del cacicazgo una institución exitosa antes de 1537 fue la que permitió su integración veloz en un sistema colonial que la vaciaba por dentro. Al cabo de un siglo, el psihipqua había desaparecido, pero seguía habiendo quien cobrara el tributo en su antigua capitanía; los jeques habían muerto, pero el calendario del cura doctrinero se acoplaba a los ciclos agrícolas de siempre; el cercado ya no existía, pero la vereda dispersa seguía sembrando maíz en las mismas laderas. Quedaron las palabras —uta, sybyn, chuque, psihipqua— sueltas en la lengua de los documentos coloniales, desprendidas de las relaciones que las habían sostenido. La forma sobrevivió al mundo que la explicaba, y en esa sobrevivencia desajustada se cifra buena parte de la historia larga del altiplano.
En el archivo
12 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 14997
- 1000Cosmovisión muiscaFicha
- 1000El DoradoFicha
- 1300El cacicazgo muisca de TibanicaPregunta
- 1300Paradoja salinera de Zipaquirá, Tausa y Nemocón: centralidad económica sin hegemonía políticaHecho
- 1400Bioarqueología de Tibanica y el debate sobre la desigualdad muiscaHecho
- 1480SaguanmachicaFicha
- 1539TundamaFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Psihipqua (zipa) de Bacatá — cabeza de la confederación del sur, con sede en Bacatá/Funza
- 02Zaque de Hunza/Tunja — cabeza de la confederación del norte, rival y contrapeso del zipa
- 03Nemequene — psihipqua de Bogotá cuya muerte en campaña contra Tunja ilustra la dinámica expansiva del cacicazgo
- 04Tisquesusa — sucesor matrilineal de Nemequene, cacique de Chía antes de heredar Bacatá
- 05Tundama — cacique semi-independiente de Duitama, con sus propios feudatarios y reglas de sucesión
- 06Gonzalo Jiménez de Quesada — conquistador que derrotó militarmente al cacicazgo en 1537 y luego se apoyó en sus estructuras para gobernar
- 07Altiplano cundiboyacense — territorio nuclear del cacicazgo, con base de recursos permanentes que favoreció su cohesión
- 08Período Herrera — matriz cultural (c. 400 a.C.–1000 d.C.) sobre la que creció la organización muisca
- 09Capitanía — célula territorial y social fundamental del cacicazgo, base del gobierno indirecto colonial
- 10Sucesión matrilineal — principio hereditario que estructuraba la transmisión del poder y la red de parentesco entre caciques
- 11Resguardo y encomienda — instituciones coloniales que capturaron y finalmente descompusieron la institución cacical
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 79 fragmentos
01Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 235, 376, 398, 4034 citas
[1]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…
p. 376
[2]triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…
p. 235
[33]cosa que los españoles atribuyeron al poder de los caciques muiscas, pero olvidando que simplemente se trataba de ofrendas. Finalmente, unas palabras sobre el oro, un metal que en nuestra sociedad se vincula estrechamente con el poder y con la riqueza. Se sabe que los caciques muiscas lo guardaban en sus cercados, con…
p. 403
[34]igualdad les parecería una tontería, pero las relaciones entre individuos no se basan en apropiarse del trabajo ajeno. El mundo de muchas sociedades indígenas suele ser profundamente jerarquizado. A modo de ejemplo, en algunas sociedades indígenas se afirma que hombres y mujeres no comparten un origen común. Y no solo…
p. 398
02Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 119, 130, 133, 137, 1415 citas
[3]que, durante el citado período, hicieron su aparición en la sabana de Bogotá las primeras ma- nifestaciones agro-alfareras. En los abrigos roco- sos de Zipacón (Cundinamarca), en una capa que data de 3.270 años antes del presente, aparecen los registros cerámicos más antiguos que se conocen en la altiplanicie…
p. 119
[4]laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…
p. 141
[16]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…
p. 130
[24]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…
p. 133
[50]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…
p. 137
03Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 36, 38, 52, 75, 1395 citas
[5]desarrollo del cultivo del maíz permitió a los pobladores Colombia indígena, período prehispánico 43 -hasta entonces ribereños y dependientes de una combinación de recursos acuáticos y de su agri- cultura de raíces- retirarse de los ríos y exten- derse sobre las laderas del sistema andino. Al ocupar tierras tan…
p. 36
[6]de los vestigios arqueológicos, dejan apreciar la eficiencia con que ciertas sociedades supieron adaptarse a aquellos lugares que pro- metían más, como tierras productivas de maíz. Colombia indígena, período prehispánico 45 La primera fase de este movimiento repre- senta evidentemente, un proceso de descentrali-…
p. 38
[38]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…
p. 52
[58]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…
p. 75
[73]los esfuerzos de la casta de los encomenderos por mantener las prerrogativas que se derivaban de la conquista. Dentro de este marco tan amplio de interpretación se inscriben las particularidades de una historia social en la que los encomenderos se enfrentaban a menudo con funcionarios del Estado español, por un…
p. 139
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 61, 64, 943 citas
[7]riables pod í an afectar la producci ó n o recolecci ó n de los alimentos necesarios. El r é gimen de lluvias era, por lo general, predecible, y las diversas zonas de abastecimiento, o sean las playas, esteros, lagu nas, pantanos, r í os, sabanas, colinas, bosques, etc., eran contiguas y ofrec í an una amplia y muy…
p. 64
[8]caracter í sticas espec í ficas de esta etapa culturar constituyen un aspecto te ó rico sumamente interesante en la prehistoria colombiana. El modelo del cacicazgo muestra una combinaci ó n de ciertos rasgos que hacen de las sociedades de esta etapa un conjunto f á cil mente diferenciable, tanto del nivel tribal que…
p. 61
[9]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…
p. 94
05Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 1824 citas
[10]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[11]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[28]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…
p. 158
[29]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…
p. 158
06Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28, 45, 52, 554 citas
[12]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…
p. 28
[55]autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…
p. 52
[63]a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…
p. 55
[65]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
p. 45
07La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 59, 63, 713 citas
[13]de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…
p. 63
[57]“Occidental” para referirse al orden señorial, así perdiéndose en el océano de sentidos que tiene la compleja entidad cu l tural de Europa y América. Estudiaremos aquí someramente los componentes del orden áylico: sus valores, normas, org a nización social y técnicas. Sacralidad y Tolerancia En la época de llegada de…
p. 59
[64]total entre los Chibchas. Hubo grupos que huyeron a los mo n tes; otros realizaron suicidios colectivos; aún otros ejecutaron el retraimiento anímico, alejándose socialmente de los esp a ñoles (Aguado, 1906, p. 207). Epidemias de en- fermedades nuevas como las venéreas y las viruelas, fueron aniquilantes. La anomia…
p. 71
08Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 44, 119, 125, 2134 citas
[14]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…
p. 125
[15]a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…
p. 213
[35]que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…
p. 44
[40]por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…
p. 119
09Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 30, 33, 36, 39, 675 citas
[17]por tiestos que debió representar el lugar de habitación "de unos centenares de personas" y, en la vereda Pueblo Viejo de Cogua, Cárdale (1981: 41) señala que hay fragmentos de loza muisca dispersos de tal forma que sugieren "una agrupación de casas en número suficiente para poder denominarlo pueblo". Según los…
p. 39
[20]aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo…
p. 30
[21]favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…
p. 33
[27]Paypativa, Saquencipá, Sativa, Sisa, Sisatunja, Socotá, Socha, Soquirá, Suitoto, Susa, Tagasa, Tasguato, Tuequito, Tibabita, Tibaco, Tibativa, Tirque, Tirasa, Tobana, Tocavita, Togabía, Tonnsa, Tuchaga, Turora y Tupachoque (Friede, 1974: 225 - 226) así como los de Beteitiva, Cerinza (o Ceniza), Chitagoto, Gacha,…
p. 36
[49]tierra (cf. Reichel- Dolmatoff /1978/, 1982: 100) así como la presencia de fuentes de aguasal tan ricas como las que se encontraban en ciertas partes de la Sabana. Subsisten, por cierto, muchos aspectos del control de pisos térmicos que no se conocen apropiadamente. Por ejemplo, requiere mayor investigación saber de…
p. 67
10Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 84, 134, 139, 156, 1695 citas
[18]la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…
p. 84
[25]menos; en unas sociedades donde las élites pudieron ejercer cierto control económico, y en otras donde ese no era el caso. No fueron las nociones de “casa” o de “cercado” las que le dieron sentido a las relaciones políticas y sociales, sino lo contrario: fueron éstas las que les otorgaron un sentido específico a…
p. 169
[26]menos claro). En concretos, esto quiere decir que la sociedad se divide en “mitades”, cada una con su propio liderazgo. Por lo general nes entre esas mitades es asimétrica, de manera que una obre la otra, aunque las mitades suelen tener esferas de rentes, o complementarias: en algunos casos una mitad ás de lo secular…
p. 156
[32]en lo que los españoles llamaron “reconocimiento”, o deberes de los miembros de las comunidades supuestamente suje- tas al poder de un cacique de afuera, sino más importante aún, en obligaciones y relaciones jerárquicas entre caciques. Hay, por cierto, testimonios en los que parece que los indígenas trataron de hacer…
p. 139
[48]¢ Caso de los muiscas. y que ir tan lejos: incluso en el caso de comunidades de conformado unidades territoriales que reconocieran ique, más allá de los estrechos límites de la comunidad. incia de Pamplona, ampliamente estudiada por Germán $, algunos indígenas atestiguaron a los españoles que “res- Señores en sus…
p. 134
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 cita
[19]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…
p. 129
12Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 55, 58, 623 citas
[22]los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…
p. 58
[23]Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…
p. 62
[39]de Ramiriquí-Tunja, fue el primero en desintegrarse debido a la fundación de la ciudad en el sitio mismo que ocupaba su cen tro. Hacia 1562, ei grupo indígena de Ramiriquí apenas era una encomien da mediana (de 500 tributarios), a comienzos del siglo xvn hacía parte del corregimiento más diezmado en población, el…
p. 55
13Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 45, 121, 1383 citas
[30]casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…
p. 45
[68]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…
p. 121
[69]otro lado la utilización continua de los indios, por medio de la encomienda, en el remo de canoas en el Magdalena y en el transporte de carga, está plenamente documentada. La norma ya señalada de ajustar los tributos a lo que pagaban antes los indios, para que la sujeción a los nuevos conquistadores no fuera a…
p. 138
14Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 361 cita
[31]aniversarios en los cuales repetían, cantando tristemente, la vida y las acciones del finado. El homicidio, el rapto y el incesto eran castigados con pena de muerte y el incestuoso la sufría por hambre en un subterráneo en medio de reptiles venenosos. Al que no pagaba sus contribuciones o sus deudas enviaba el uzaque…
p. 36
15Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 269, 332, 3493 citas
[36]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
[46]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…
p. 349
[51]eficaces, emerge un sacerdocio como un factor poderoso en la toma de decisiones. Para reforzar sus pronunciamientos, que princi- palmente se referían a la naturaleza y la ecología, su poder tenía que ser legitimizado por sanciones sobrenaturales. 270 Gffínídi Rffcerffs-Distnaióó No obstante el énfasis dado a la…
p. 269
16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 37, 45, 714 citas
[37]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…
p. 35
[45]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…
p. 37
[54]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
p. 45
[70]Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…
p. 71
17Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 341 cita
[41]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…
p. 34
18Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 12, 172 citas
[42]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
[53]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
p. 17
19Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[43]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…
p. 43
[44]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…
p. 36
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 441 cita
[47]1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…
p. 44
21The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 371 cita
[52]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
22Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 631 cita
[56]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…
p. 63
23El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2881 cita
[59]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…
p. 288
24Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 19, 23, 316 citas
[60]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…
p. 19
[61]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…
p. 19
[66]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[67]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[71]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…
p. 31
[72]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…
p. 31
25El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 1541 cita
[62]situa- ción están todas las minorías raciales o nacionales cuando 155 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa luchan contra un fuerte y bien armado opresor. Cierto es que algunas tribus recibieron a la llegada de los españoles a los hombres blancos como a semidioses. Pero esta ilu- sión no pudo durar mucho tiempo frente a los…
p. 154
26Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2282 citas
[74]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…
p. 228
[75]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…
p. 228
27Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
[76]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…
p. 3
[77]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…
p. 3
28Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 45, 482 citas
[78]acuerdo con las necesidades de cada familia indígena. La característica esencial era la propiedad colectiva sobre las tierras, las ventas, aún con el consentimiento de todo el común, se prohibieron en el siglo XVII. Según Friede, la conciencia de ser propietario no era igual en las comuni dades indígenas de América, y…
p. 45
[79]indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…
p. 48