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Biografía

Saguanmachica

Prehispánico

18 min de lectura20 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesZipa de Bacatá · Jefe militar del zipazgo
Lugar principalColombia
Período históricoPrehispánicoantes de 1499
03

La biografía

Saguanmachica fue el zipa de Bacatá que la tradición cronística sitúa en la segunda mitad del siglo XV, gobernando desde Muequetá —la actual Funza— sobre el conjunto de cacicazgos del altiplano sur del territorio muisca. Los cronistas de los siglos XVI y XVII lo recordaron como el iniciador de la expansión militar del zipazgo hacia Fusagasugá, Ubaque y el valle de Tenza, y como el hombre que enfrentó al zaque de Hunza en una guerra prolongada que sus sucesores —Nemequene y Tisquesusa— habrían continuado hasta que la llegada de los españoles interrumpió el proceso. Esa versión, sin embargo, se apoya casi por completo en las crónicas coloniales y no encuentra soporte independiente ni en la documentación de archivo ni en la arqueología del altiplano. De ahí la dificultad y el interés de la figura: Saguanmachica es menos un personaje del que conozcamos hechos concretos que un nombre en el que se condensan preguntas centrales sobre la política muisca previa a 1537 —si existió un proyecto de centralización estatal en el altiplano cundiboyacense, qué mecanismos lo sostenían y cuán consolidado estaba cuando Jiménez de Quesada apareció por el norte con su hueste. Discutir a Saguanmachica es, en la práctica, discutir el zipazgo mismo en el momento en que empezó a comportarse como algo más que una confederación de vecinos emparentados.

02

Línea de vida

  1. 1450

    Asunción del zipazgo de Bacatá

    Leer contexto

    Según la cadena dinástica construida por los cronistas coloniales, Saguanmachica asumió el gobierno del zipazgo de Bacatá desde Muequetá (actual Funza) en la segunda mitad del siglo XV, heredando un núcleo territorial que se extendía desde las cercanías de Facatativá hasta el río Tunjuelo y desde Zipaquirá al norte hasta los límites con los panches al suroccidente.

  2. 1460

    Inicio de la expansión hacia Fusagasugá, Ubaque y el valle de Tenza

    Leer contexto

    Las crónicas de Castellanos, Pedro Simón y Piedrahíta le atribuyen campañas de expansión que llevaron la influencia del zipazgo hacia Fusagasugá al suroccidente, Ubaque al oriente y el valle de Tenza al nororiente. La documentación colonial del siglo XVI no registra ecos de conquista territorial directa ni protestas de comunidades sometidas, lo que sugiere que el proceso operó más por alianza, presión competitiva y redes de parentesco que por imposición militar sistemática.

  3. 1470

    Guerra prolongada contra Michuá, zaque de Hunza

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    Los cronistas describen un conflicto sostenido entre Saguanmachica y Michuá, zaque de Hunza, por la hegemonía del altiplano. Este enfrentamiento habría marcado su gobierno y sería heredado por sus sucesores Nemequene y Tisquesusa. La historiografía moderna advierte que la guerra muisca tenía un carácter predominantemente ceremonial y competitivo, y que el principal enemigo externo real del zipazgo eran los panches, no el zaque.

  4. 1480

    Consolidación del monopolio salino de Zipaquirá

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    Bajo el zipazgo de Saguanmachica, el control de las minas de sal de Zipaquirá constituyó la palanca económica central del poder de Bacatá. Esa sal viajaba hasta la región de Neiva y a lo largo de las cuencas del Magdalena, otorgando al zipa una posición estratégica que ningún otro cacicazgo del altiplano poseía en el mismo grado y que sostenía materialmente el proyecto de hegemonía regional.

  5. 1490

    Institucionalización de los guechas en las fronteras del zipazgo

    Leer contexto

    Durante su gobierno se consolida la figura de los guechas, guerreros de élite reclutados entre los más valientes de los dominios del cacique de Bogotá y asentados en sitios fronterizos como Cáqueza, Ciénaga, Chinga, Fosca, Guasca y Luchuza. Su existencia indica que el zipazgo había desarrollado un aparato militar diferenciado, orientado a proteger fronteras y marcar presencia en cacicazgos periféricos, más allá de las guasábaras rituales.

La figura y su problema

El nombre de Saguanmachica aparece en la cadena dinástica que construyeron los cronistas para dar forma inteligible al gobierno de Bacatá. En esa cadena, Saguanmachica precede a Nemequene, quien murió herido de un flechazo en batalla y fue sucedido por su sobrino Tisquesusa, cacique de Chía; a Tisquesusa lo mató la conquista, y tras él los muiscas eligieron a Sagipa para resistir a los españoles. Es una secuencia limpia, casi genealógica en el sentido bíblico, y esa limpieza es sospechosa. Las crónicas de Juan de Castellanos, Pedro Simón y Lucas Fernández de Piedrahíta —los tres pilares narrativos sobre los que se reconstruyó el zipazgo en la historiografía posterior— fueron escritas décadas después de la conquista, sobre informaciones de segunda o tercera mano, y proyectaron sobre el mundo muisca categorías de señorío europeo: reyes, linajes nobles, guerras dinásticas, campañas de conquista. La documentación de archivo del siglo XVI —visitas, pleitos, informaciones de encomienda— no registra ningún eco de las campañas expansionistas que los cronistas atribuyeron a Saguanmachica: ninguna comunidad muisca protestó ante los españoles porque su cacique hubiera sido impuesto por Bacatá o por Hunza, ni conservó memoria litigable de haber sido sometida por conquista.

Esto obliga a un doble movimiento. Por un lado, hay que tomar en serio lo que las crónicas transmiten, porque son la única voz que registró una tradición dinástica muisca antes de que se apagara. Por otro, hay que leer esa voz con la conciencia de que sus autores necesitaban rey donde tal vez hubo primus inter pares, y guerra de conquista donde tal vez hubo competencia ceremonial. Saguanmachica funciona entonces como bisagra historiográfica: es la figura sobre la que se decide si el zipazgo de Bacatá era un proto-Estado en formación, con voluntad expansiva y aparato coercitivo, o una confederación de cacicazgos articulada por parentesco, prestigio y control de recursos estratégicos, cuya cohesión era más ritual que política. Ninguna de las dos lecturas se sostiene entera: la evidencia disponible obliga a algo intermedio, y ese intermedio es lo que hace a Saguanmachica un personaje difícil pero inevitable en cualquier historia del altiplano prehispánico tardío.

El altiplano que heredó

El territorio que Saguanmachica gobernó desde Muequetá se asentaba sobre el altiplano cundiboyacense, una región de tierras frías de la cordillera Oriental cuya diversidad agroclimática —de páramo a tierra templada en pocos kilómetros— sostenía una densidad de población alta para los estándares andinos septentrionales. El país chibcha originario, antes de que los zipas comenzaran su expansión, se extendía entre las estribaciones de la cordillera hacia el occidente hasta las cercanías de Facatativá, y desde Zipaquirá al norte hasta el río Tunjuelo al sur. Era un núcleo compacto, articulado por la sabana de Bogotá, con Muequetá como centro político y con Chía como asiento de un linaje del que, según Castellanos, procedía la propia dinastía de los zipas —una tradición que hacía del cacicazgo de Chía el punto de origen simbólico del poder de Bacatá.

Ese núcleo no estaba solo. Al nororiente, sobre el altiplano de Tunja, se levantaba el otro polo político muisca: el zacazgo de Hunza, con sus propios cacicazgos satélites y con centros religiosos de peso —Sogamoso sobre todo— cuyos señores no eran simples caciques tributarios sino sacerdotes de alto rango, cuya autoridad no se dejaba subsumir fácilmente en la jerarquía política. Entre Bacatá y Hunza, en la línea del valle de Tenza y las tierras de Guatavita y Chocontá, se extendía una zona intermedia de cacicazgos articulados por vínculos de parentesco con las cabezas dinásticas: los caciques de Bogotá y Chía eran parientes, como lo eran los de Suba y Tuna, los de Tunja y Ramiriquí, los de Guatavita y Teusacá, los de Duitama y Tobasía. Esa red de parentescos es la textura política real del altiplano prehispánico: menos una pirámide administrativa que un tejido de linajes cuya jerarquía se negociaba permanentemente.

Al oriente del núcleo del zipa, descendiendo hacia el piedemonte llanero, quedaban Ubaque y los cacicazgos de la cordillera; al suroriente, el valle de Tenza; al suroccidente, Fusagasugá y las tierras que descendían hacia el Magdalena, frontera caliente con los panches, enemigos hereditarios del zipazgo. Los panches —no el zaque de Hunza— eran el adversario externo real y permanente de Bacatá, y contra ellos se organizaba el aparato militar del cacicazgo. Los guerreros capturados en esas guerras eran sacrificados ritualmente: subidos a un poste a la entrada del cercado del cacique y flechados hasta desangrarse. Ese detalle, aparentemente marginal, importa porque revela una lógica de la guerra muisca que no cabe en el molde de la conquista territorial con vistas a explotación económica: los cuerpos enemigos servían al ritual, no al trabajo.

La economía del altiplano que heredó Saguanmachica giraba en torno a tres ejes. El primero, la agricultura de tubérculos, maíz y quinua sobre las tierras frías, sostenida por una densidad de población que hacía del altiplano una región nuclear con excedentes permanentes. El segundo, las salinas: el zipa controlaba las minas de sal de Zipaquirá, y esa sal viajaba a gran distancia, hasta la región de Neiva y a lo largo de las cuencas del Magdalena, convertida en la mercancía estratégica del zipazgo. El tercero, el intercambio interregional: como el altiplano no producía oro, ni esmeraldas —que salían de Somondoco, en el dominio del zaque—, ni algodón, ni coca, todos esos bienes debían obtenerse por comercio. Las mantas de algodón funcionaban como referente aproximado de valor, aunque no llegaron a ser moneda; en los mercados que se celebraban cada cuatro días circulaban sal, esmeraldas, coca, telas, oro, plumas, aves y yopo, en un sistema de trueque asimétrico donde el prestigio de quien daba y de quien recibía importaba tanto como el valor material del intercambio.

Esa economía es lo que Saguanmachica encontró al asumir el zipazgo. Y es también lo que hizo posible pensar en expansión: el control de la sal daba a Bacatá una palanca que ningún otro cacicazgo del altiplano tenía en el mismo grado.

La expansión atribuida

Las crónicas coinciden en atribuir a Saguanmachica el inicio de una política deliberada de expansión militar del zipazgo. Bajo su gobierno, según esa tradición, Bacatá extendió su influencia hacia Fusagasugá al suroccidente, hacia Ubaque al oriente, y hacia el valle de Tenza al nororiente, incorporando cacicazgos que hasta entonces habían operado con autonomía. Se le atribuye también el enfrentamiento sostenido con Michuá, zaque de Hunza, en un conflicto que las crónicas describen como una guerra dinástica prolongada por la hegemonía del altiplano. Ese conflicto habría marcado el gobierno de Saguanmachica y habría sido heredado por sus sucesores: Nemequene lo continuó hasta morir en batalla, y Tisquesusa, sobrino de Nemequene y cacique de Chía antes de asumir el zipazgo, se preparaba para vengarlo cuando llegaron los españoles. Castellanos llegó a escribir que Tisquesusa reunió hasta sesenta mil guerreros para esa venganza.

Sobre este relato caen varias sospechas serias. La primera, la de las cifras: sesenta mil guerreros es una escala que los estudios de demografía y capacidad logística del altiplano no sostienen, y forma parte del inventario de exageraciones cronísticas que magnifican la resistencia indígena para engrandecer la conquista. La segunda, más de fondo, la de la naturaleza misma de la guerra descrita. Las guasábaras muiscas —los combates abiertos que los cronistas registraron— no tenían por objeto aniquilar al enemigo sino exhibir valor públicamente; los caciques principales no combatían, sino que observaban desde lejos. Existían además combates rituales formalizados en los que jóvenes se enfrentaban entre sí como exhibición de coraje, y esos combates eran una costumbre bastante extendida. Todo apunta a una guerra que operaba en un registro competitivo y ceremonial más que en el de la subordinación territorial.

La tercera sospecha, la más decisiva, es la del silencio documental. Si Saguanmachica y sus sucesores hubieran sometido cacicazgos enteros e impuesto caciques en ellos, la documentación colonial del siglo XVI debería contener ecos de esa sujeción: pleitos, protestas, memorias de comunidades que reclamaran su condición previa de autonomía. No hay tales ecos. Ninguna comunidad muisca, después de la conquista, se quejó ante los españoles de que su cacique hubiera sido impuesto por voluntad de Bacatá o de Hunza. Ese silencio es elocuente. Sugiere que la expansión atribuida a Saguanmachica y a Nemequene, si existió, no operó por conquista territorial con imposición de autoridades, sino por otros mecanismos: influencia, alianza matrimonial, presión competitiva, absorción de cacicazgos vecinos mediante redes de parentesco y prestigio.

Hay que tomarse en serio esta lectura sin abandonar del todo la otra. Que la conquista territorial sistemática no encuentre soporte no significa que no hubiera un proceso real de centralización política en curso. Los propios cronistas describen una situación fluida: los capitanes podían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensiones internas, trasladándose con todos sus indios a otro repartimiento; las fronteras de autoridad entre señoríos no eran estáticas; cada señor trataba de expandir su territorio a costa de otro e incorporar comunidades previamente independientes; a la llegada de los españoles subsistían todavía muchas jefaturas menores e independientes, particularmente en las comarcas montañosas del noroccidente de Tunja, en las hoyas del Suárez y del Moniquirá, y en las zonas limítrofes entre grandes señores. Esa fluidez es la del proceso, no la del equilibrio. Algo estaba pasando en el altiplano cundiboyacense en el siglo XV, y ese algo se parecía menos a una monarquía consolidada que a un sistema de cacicazgos empujado hacia mayor integración por la presión combinada del control de recursos estratégicos —la sal de Zipaquirá, sobre todo— y la competencia ritual y militar entre los grandes señores.

Saguanmachica, en esa lectura, no fue un conquistador al modo de Pachacútec, ni tampoco un rey ceremonial estático. Fue, más probablemente, el zipa bajo cuyo gobierno el zipazgo de Bacatá pasó de operar como cabeza de una confederación de cacicazgos emparentados a operar como núcleo de un proyecto de hegemonía sobre el altiplano sur —proyecto cuyos mecanismos concretos, mucho más que la conquista militar directa, incluían la institucionalización de guerreros fronterizos, la consolidación del monopolio salino y una presión política y ceremonial creciente sobre los cacicazgos de la periferia. Un proyecto real, pero asimétrico, incompleto y sujeto a reversos.

Los mecanismos del poder

Para entender qué podía significar concretamente la centralización del zipazgo bajo Saguanmachica, hay que mirar los instrumentos con que el zipa ejercía y proyectaba su autoridad. El primero era el propio cargo: el zipa concentraba funciones de jefe militar, jefe religioso y administrador del excedente económico producido por sus comunidades. Los cronistas le atribuyeron privilegios suntuarios y una legislación reguladora de la vida social, aunque algunos detalles específicos que aparecen en la literatura tardía —la prohibición de mirarlo a la cara, monopolios sobre determinados alimentos— pertenecen más a la imaginación cronística sobre lo que un rey debía ser que a la evidencia sólida.

El segundo instrumento eran los guechas, los guerreros de élite. Simón y Piedrahíta los describieron como reclutados entre los indígenas más valientes y prestigiosos de los dominios del cacique de Bogotá, y localizados en sitios fronterizos de la confederación, distribuidos a lo largo de los bordes del núcleo bacataense, en especial las zonas de contacto con los panches al occidente y suroccidente, y con los cacicazgos de la cordillera al oriente. La existencia misma de un cuerpo de guerreros institucionalizados, asentados en fronteras, indica que el zipazgo había desarrollado un aparato militar diferenciado de la simple leva de comuneros, y que ese aparato se orientaba hacia una lógica territorial —proteger fronteras, marcar presencia en cacicazgos periféricos— más allá de las guasábaras rituales. Los guechas son, quizá, la pieza más tangible del proyecto de estatalidad emergente que se atribuye al zipazgo.

El tercer instrumento era económico. La sal de Zipaquirá otorgaba al zipa una posición nodal en las redes de intercambio del altiplano y de sus vertientes. Sin sal, ningún cacicazgo del altiplano podía funcionar; con sal, Bacatá podía atraer bienes que su territorio no producía —oro del Magdalena, esmeraldas de Somondoco, coca y algodón de las tierras bajas— y redistribuirlos entre sus caciques subordinados y aliados. Ese circuito de redistribución, más que la coerción directa, pudo ser el mecanismo real por el cual el zipazgo tejió su hegemonía sobre cacicazgos vecinos. Se discute si lo que los cronistas describieron como tributación era en sentido estricto una extracción de excedente, o si operaba más bien como un intercambio asimétrico de regalos entre caciques y comunidades, en el que la lógica del prestigio pesaba tanto como la del cálculo material. Ambas interpretaciones capturan algo del sistema; el sistema mismo estaba, probablemente, en tránsito entre las dos.

El cuarto instrumento era el parentesco. Las alianzas matrimoniales entre linajes de caciques articulaban las confederaciones y hacían de la política muisca, en gran medida, una política de familia extensa. Que los caciques de Bogotá y Chía fueran parientes no era un dato genealógico secundario: era el fundamento mismo de la legitimidad del zipa. Cuando Nemequene murió, lo sucedió su sobrino Tisquesusa, cacique de Chía —y esa sucesión no es un accidente. Castellanos registró una tradición según la cual la dinastía de los zipas procedía de Chía, y el señorío de ese cacicazgo era el origen del poder de Bogotá. No hay evidencia sólida de que haber sido cacique de Chía fuera un requisito formal e institucionalizado para acceder al zipazgo, pero la sucesión Nemequene-Tisquesusa sugiere al menos una preferencia dinástica marcada. El zipazgo era, en ese sentido, tanto un cargo político como un patrimonio de linaje.

Y estaba, finalmente, el instrumento ritual. Los jeques —los sacerdotes-chamanes muiscas— ocupaban un lugar elevado en la sociedad y probablemente ejercieron influencia política de primer orden. Aguado atribuyó a mohanes y jeques la instigación de intentos de revuelta de los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles, y aunque esa atribución debe leerse con las cautelas propias de las fuentes coloniales, apunta a una realidad más amplia: el poder del zipa no era solo militar y económico, sino también sagrado, y esa dimensión sagrada se sostenía en un cuerpo sacerdotal cuya lealtad y colaboración eran indispensables. La existencia de los llamados moxas —jóvenes adquiridos no en guerra sino en la Casa del Sol, en el piedemonte llanero, con el único propósito de ser sacrificados ritualmente— muestra hasta qué punto el ritual y el sacrificio ocupaban un lugar central en la reproducción del orden político muisca, ajeno a las lógicas de explotación económica que las categorías europeas tienden a suponer.

La red y sus tensiones

En torno a Saguanmachica se ordena un mapa humano y territorial que conviene nombrar. Al norte de su dominio, sobre el altiplano de Tunja, gobernaba Michuá, zaque de Hunza, con quien las crónicas lo enfrentaron en guerra prolongada. Al oriente inmediato, en el eje que conducía al piedemonte, el cacicazgo de Guatavita —con su laguna sagrada y su ceremonia dorada— era una potencia ceremonial y política de primer orden, articulada con Bacatá por parentesco y competencia. Al suroriente, Ubaque; al suroccidente, Fusagasugá, en la bajada hacia tierras calientes y hacia la frontera panche. Al norte inmediato, dentro del propio núcleo bacataense, Chía —el cacicazgo de origen dinástico del que saldrían Tisquesusa y probablemente varios zipas anteriores.

En el linaje mismo del zipazgo, Saguanmachica precede en la tradición cronística a Nemequene, y a través de Nemequene a Tisquesusa y a Sagipa. Antes de él, algunas versiones tardías mencionaron a Meicuchuca, pero la solidez de esa atribución es aún más frágil que la del propio Saguanmachica. La cadena dinástica que la historiografía manejó durante siglos —Meicuchuca, Saguanmachica, Nemequene, Tisquesusa, Sagipa— tiene la limpieza propia de las reconstrucciones ex post: cinco nombres para cubrir aproximadamente un siglo, con transiciones de tío a sobrino que se ajustan bien a los patrones de sucesión muisca pero también a las necesidades narrativas de los cronistas.

En el plano interpretativo, la figura de Saguanmachica está tejida sobre las lecturas encontradas de tres tradiciones. La primera, la cronística clásica —Castellanos, Simón, Piedrahíta—, que lo presentó como rey guerrero e inaugurador de una dinastía expansiva. La segunda, la historiografía nacional del siglo XIX y buena parte del XX, que aceptó esa imagen y la incorporó a la narrativa fundacional del altiplano, buscando en el zipazgo un antecedente prehispánico digno de la nación. La tercera, la revisión etnohistórica y arqueológica de las últimas décadas, que ha desmontado sistemáticamente la lectura tributaria y expansionista de las crónicas, insistiendo en el carácter ceremonial de la guerra muisca, en la ausencia de evidencia documental para las conquistas dinásticas, en el peso de las categorías europeas en la construcción cronística de la política indígena y en la naturaleza incompleta e inestable del proceso de centralización. Esa revisión no restaura una imagen alternativa acabada de Saguanmachica: lo deja, más bien, como pregunta abierta —y esa apertura es su virtud historiográfica.

Un proyecto interrumpido

Lo que ocurrió después de Saguanmachica es lo que hace que su figura importe. Nemequene, su sucesor, murió herido de un flechazo en batalla, retirándose a Funza a morir atendido por sus jeques. Tisquesusa, cacique de Chía y sobrino de Nemequene, asumió el zipazgo y —según las crónicas— se preparaba para continuar la guerra que había matado a su tío. En ese momento, en 1537, llegó al altiplano la hueste de Jiménez de Quesada, que había partido de Santa Marta en los primeros días de abril de 1536. Tisquesusa murió durante la conquista. Los muiscas eligieron entonces a Sagipa —también llamado Sajipa o Saxagipa—, un cacique aguerrido, para proseguir la resistencia. Quesada lo apresó, lo sometió a juicio acusándolo de usurpar el cacicazgo de Bogotá —que debía corresponder al cacique de Chía, sobrino de Tisquesusa—, de rebelión y de ocultar el tesoro del zipa, y lo hizo torturar para forzarlo a revelar dónde estaba ese tesoro; los conquistadores justificaron el trato argumentando que no era necesario tener con Sagipa los mismos miramientos que con un cristiano, por ser infiel. Sagipa murió bajo el sometimiento.

Esa cadena de acontecimientos —Nemequene muerto, Tisquesusa preparando venganza, la conquista irrumpiendo, Sagipa resistiendo y siendo destruido— fija el sentido histórico de Saguanmachica. Bajo su gobierno, si las crónicas capturan algo de real, comenzó un proceso: la mutación del zipazgo de Bacatá de confederación de cacicazgos vecinos a proyecto activo de hegemonía territorial. Ese proyecto no había llegado a consolidarse cuando los españoles aparecieron. La percepción, largamente repetida, de que la conquista fue facilitada por una guerra civil interna entre el zipa y el zaque debe verse con profunda sospecha: la alianza de Sagipa con Quesada fue para combatir a los panches, enemigos tradicionales de Bogotá, no al zaque de Hunza. El altiplano que Quesada encontró no era un imperio en descomposición, sino un sistema político heterogéneo, con dos polos hegemónicos —Bacatá y Hunza—, con centros ceremoniales de peso propio como Sogamoso y con jefaturas menores todavía independientes en zonas montañosas. Un sistema en tránsito, no en crisis.

Saguanmachica, si se le atribuye alguna centralidad histórica real, es la figura en cuyo gobierno ese tránsito se aceleró. La consolidación del monopolio salino, la institucionalización de los guechas en las fronteras, la presión sostenida sobre los cacicazgos periféricos, la competencia agonística con el zacazgo de Hunza —todo eso, sin necesidad de suponer campañas de conquista al modo europeo, pudo constituir un proyecto político de largo aliento que la conquista interrumpió antes de que fuera visible en su forma acabada. Que ese proyecto no dejara huella arqueológica clara —la arqueología muisca carece de excavaciones sistemáticas y la mayor parte de los materiales conocidos proviene de guaquería sin contexto estratigráfico— y que no dejara huella documental posterior a 1537 no significa que no existiera: significa que sus mecanismos operaban en registros —parentesco, prestigio, redistribución ritualizada, control asimétrico de recursos— que la arqueología del guaquero y el archivo del pleitista capturan mal.

La huella

Saguanmachica no dejó monumentos identificables ni objetos atribuibles con certeza. Muequetá, su capital, fue arrasada por los ciclos de reconstrucción coloniales; Funza es hoy una cabecera municipal de la sabana de Bogotá sin memoria física del zipazgo. Su nombre sobrevivió en los cronistas, y de los cronistas pasó a la historiografía patria del siglo XIX, que lo incorporó a las galerías de próceres prehispánicos junto a Nemequene y Tisquesusa. En el siglo XX, la etnohistoria fue vaciando esa imagen hagiográfica: primero la mesura documental, después la crítica arqueológica, finalmente la revisión que cuestionó de raíz la lectura expansionista de la política muisca.

Lo que queda hoy es una figura útil precisamente por su fragilidad. Saguanmachica es el nombre en el que se juega la pregunta por el proyecto político muisca inacabado: si el altiplano cundiboyacense estaba desarrollando, en el siglo XV, un proceso de estatalidad emergente comparable a los que en otras partes de los Andes produjeron los grandes señoríos y confederaciones; si ese proceso operaba por mecanismos distintos a los europeos —redistribución ritualizada, prestigio dinástico, control de recursos estratégicos, guerra ceremonial de reconocimiento— y por eso resulta difícil de leer con las categorías cronísticas heredadas; si la conquista española encontró en 1537 un sistema en tránsito y no un sistema en equilibrio, y por tanto interrumpió no solo un mundo indígena sino una trayectoria política concreta que iba a alguna parte.

A esas preguntas Saguanmachica no responde; las plantea. Se le atribuye haber empezado a mover el zipazgo hacia Fusagasugá, Ubaque y el valle de Tenza. Que ese movimiento fuera conquista militar, presión hegemónica, alianza matrimonial o competencia ritual es algo que la evidencia disponible no permite resolver con precisión, y que quizá ninguna evidencia futura permita resolver del todo. Pero el hecho mismo de que la pregunta sea legítima —que discutir a Saguanmachica sea discutir la posibilidad de un proyecto político muisca autónomo, con sus tiempos, sus formas y sus límites— fija su lugar en la historia de Colombia. No como héroe ni como rey, sino como bisagra: la figura desde la cual se puede ver que el altiplano cundiboyacense, antes de 1537, no estaba quieto.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

20 documentos · 40 fragmentos
01Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Páginas 119, 125, 131, 2134 citas
[1]

Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…

p. 125
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por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…

p. 119
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los conquistadores hallaron en las proximidades de los cercados fueron señaladas como almacenes para los pertrechos de guerra. Además de los destacamentos militares en los territorios sometidos, otros guerreros se apostaban en las fronteras para defen- der el imperio. Se trataba de parientes del ‘rey’ y se insistía en…

p. 131
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a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…

p. 213
02Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · Páginas 19, 30, 333 citas
[4]

favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…

p. 33
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aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo…

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[39]

prudente entonces, reconocer la necesidad de imponer un límite cronológico a los documentos que pueden servir para interpretar los aspectos precolombinos del intercambio. En ese orden de ideas, el material de consulta de esta investigación se ha restringido hasta la visita de Luis Henriquez que marcó el fin del Siglo…

p. 19
03Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 52, 54, 763 citas
[5]

en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

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el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…

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cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…

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04Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 25, 282 citas
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El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

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lenguas a su mando, como algunos panches. Algo similar tal vez empezaba a pasar entre los cat í os de Antioquia o entre los grupos ind í genas del Cauca de la zona quimbaya, pero los relatos de los espa ñ oles no permiten saberlo con certeza. En el territorio colombiano no hubo imperios fuertes como los de Per ú o M é…

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05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 581 cita
[7]

los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…

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06Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · Páginas 84, 1092 citas
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la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…

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y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…

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07Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 45, 1132 citas
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casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…

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a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…

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08Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · Páginas 292, 297, 3763 citas
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una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…

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es el caso de los muiscas, los caciques más importantes, algunos de ellos entrados en años, no combatían, sino que observaban desde lejos. Muchas veces, los indígenas salían a pelear disfrazados de animales, con oro reluciente en sus pechos y, antes de atacar, gritaban y hacían tocar sus instrumentos musicales, para…

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de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

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09Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 35, 372 citas
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u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…

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vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

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10Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Página 341 cita
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h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…

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11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Páginas 4, 12, 17, 214 citas
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© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

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las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

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reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…

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noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…

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12Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 94, 982 citas
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perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

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escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…

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13Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · Página 241 cita
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su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…

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14Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 3321 cita
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true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

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15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 36, 432 citas
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un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

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que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

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16La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Páginas 59, 632 citas
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de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…

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“Occidental” para referirse al orden señorial, así perdiéndose en el océano de sentidos que tiene la compleja entidad cu l tural de Europa y América. Estudiaremos aquí someramente los componentes del orden áylico: sus valores, normas, org a nización social y técnicas. Sacralidad y Tolerancia En la época de llegada de…

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17Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1291 cita
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en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

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18Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · Página 3702 citas
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de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…

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de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…

p. 370
19Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2181 cita
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Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…

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20Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 301 cita
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argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…

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