Idea · Regeneración
Guerra civil
La guerra civil no fue en Colombia un accidente ni una excepción: fue una institución. Entre 1811 y 1902 el país registró ocho guerras civiles generales y entre once y catorce locales, convirtiendo el conflicto armado en la gramática política por excelencia de la formación del Estado republicano.
Trayectoria de una idea
- 1820
Tratado de Regularización de la Guerra
- 1854
Revuelta artesanal: excepción intraclase
- 1861
Acuerdos de la guerra de 1860-1861
- 1876
Guerra civil contra el gobierno de Aquileo Parra
- 1886
Constitución de 1886: clausura política y semilla de guerra
- 1895
Primera rebelión liberal contra la Regeneración
- 1899
Inicio de la Guerra de los Mil Días
- 1900
Batalla de Palonegro: derrota decisiva del liberalismo
- 1902
Tratados de paz: Neerlandia y Wisconsin
- 1903
Pérdida de Panamá: saldo geopolítico de la guerra
- 1903
Clausura de la guerra civil y desplazamiento de la violencia
La lectura
En Colombia la guerra civil no fue una ruptura del orden político sino su mecanismo constitutivo: las identidades partidistas, las constituciones y los rituales de socialización política se forjaron en el campo de batalla más que en las urnas. Los conflictos del siglo XIX fueron predominantemente intraélite —disputas entre facciones de la clase dominante sobre la organización del Estado republicano— lo que explica que nunca llegaran al aniquilamiento del vencido y que coexistieran con una notable vocación por reglamentarlos jurídicamente, desde el Tratado de Regularización de la Guerra de 1820 hasta los pactos de la guerra de 1860-1861. La Regeneración transformó esta dinámica al clausurar institucionalmente al liberalismo radical, convirtiendo la exclusión política en la causa estructural de la última y más devastadora de las guerras civiles, la de los Mil Días (1899-1902), cuya derrota liberal y cuyo corolario —la pérdida de Panamá en 1903— rediseñaron el mapa político y territorial del país. La decisión de las élites de no repetir el experimento no eliminó la violencia: la desplazó hacia formas larvadas que, con las mismas banderas bipartidistas, reaparecerían en 1948 y se prolongarían durante décadas, confirmando que la guerra civil había sido menos un episodio que una estructura de larga duración.
La guerra civil en Colombia
La guerra civil no fue en Colombia un accidente ni una excepción: fue una institución. Entre 1811 y 1902 el país registró ocho guerras civiles generales, entre once y catorce guerras civiles locales, incontables levantamientos menores, dos guerras internacionales con el Ecuador y tres golpes de Estado. En ese siglo largo, la política se inventó desde la guerra: las identidades partidistas, la construcción del territorio nacional, las constituciones sucesivas y hasta los rituales de socialización política se formaron en el campo de batalla más que en las urnas. Bajo la Regeneración y la Hegemonía Conservadora —el ciclo que se extiende de 1886 a 1930— la guerra civil alcanzó su forma más acabada como mecanismo de reproducción del orden: primero como recurso al que empujó al liberalismo excluido, luego como amenaza cuya clausura permitió consolidar tres décadas de estabilidad conservadora. Cuando la República decidió, tras 1902, que ya no habría más guerras sino apenas "violencia", no cerró el problema: lo desplazó hacia formas larvadas que reaparecerían, con las mismas banderas partidistas, el 9 de abril de 1948.
Qué era una guerra civil colombiana
Antes de la Regeneración, la guerra civil ya se había vuelto en Colombia una gramática política reconocible. Los ejes cambiaban —centralistas contra federalistas, conservadores contra liberales, clericales contra anticlericales—, pero la matriz permanecía: conflictos intraélite en los que facciones de la misma clase dominante disputaban la organización del Estado republicano sin poner nunca en cuestión las relaciones de clase existentes. Con la notable excepción de la revuelta artesanal de 1854, las guerras del siglo XIX fueron formas privilegiadas de reproducción de las élites, de sus partidos, de sus anacronismos religiosos y de las jerarquías sociales.
Esa naturaleza intraclase explica una paradoja: los conflictos casi interminables nunca alcanzaron el aniquilamiento del vencido. La alta participación directa de la oligarquía en las contiendas convertía los triunfos militares, casi de inmediato, en victorias políticas efímeras. Se combatía duro, pero dentro del marco de procedimientos constitucionales; se mataba con saña en el campo de batalla, pero los vencedores terminaban abrazándose con los derrotados. Comparado con el México de Santa Anna o la Argentina de Rosas, el conflicto político colombiano fue menos brutal y más ritualizado: más una liturgia de reparto que una guerra de exterminio.
Ese carácter de liturgia produjo, muy temprano, un impulso singular: reglamentar jurídica y éticamente la guerra. El 26 de noviembre de 1820, Simón Bolívar y Pablo Morillo firmaron el Tratado de Regularización de la Guerra, considerado el primero de su género en la historia. Contemplaba el cese de hostilidades, el canje obligatorio de prisioneros y protecciones para los habitantes de los pueblos. Durante la guerra de 1860-1861 entre los rebeldes liberales de Tomás Cipriano de Mosquera y el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez se suscribieron otros acuerdos en la misma línea: el Pacto de Chinchiná, la Esponsión de Manizales y, presumiblemente, el Armisticio de Chaguaní. El carácter potencialmente destructivo de las guerras suscitó, paradójicamente, la preocupación por darles cauce jurídico: donde no había paz posible, al menos habría reglas.
Sobre la población civil, en cambio, no había reglas. Los hogares colombianos se estremecían con el aviso de una leva tanto como con la noticia de una epidemia de fiebre amarilla, viruela o tifo negro. El reclutamiento forzoso no respetaba edad ni condición: niños de doce a catorce años marchaban entre las tropas arrastrando fusiles que superaban su estatura o corrían entre las líneas de combate llevando órdenes y cartuchos. Enfermos, incapacitados, viciosos y dementes llegaban a las trincheras porque quienes reclutaban no hacían preguntas. Cuando la leva ocurría en despoblado, la gente simplemente desaparecía, y sus familias quedaban condenadas a rezar novenarios y a buscarlos entre los muertos. Del lado gubernamental los uniformes eran heterogéneos; del lado revolucionario, la vestimenta era campesina. Predominaban la pasión, el sectarismo y el arrojo sobre la habilidad táctica.
El camino a 1886: crisis del federalismo y ascenso de Núñez
La Constitución federalista de 1863, expresión del liberalismo radical triunfante, había establecido un país descentralizado, anticlerical y de libertades amplias. Su equilibrio era frágil. En 1876, los conservadores se alzaron contra el gobierno del liberal Aquileo Parra para frenar su proyecto de educación laica: la guerra civil de ese año expuso las grietas del régimen federal y la incapacidad del radicalismo para gestionar el pluralismo religioso del país. A ese conflicto se sumaron las fracturas internas del propio liberalismo, entre radicales e independientes, que allanaron el camino al ascenso de Rafael Núñez.
Núñez, liberal independiente, construyó una coalición insólita al aliarse con los conservadores contra sus antiguos correligionarios radicales. De esa coalición nació la Regeneración: un régimen autoritario, confesional y centralista cuyos pilares institucionales serían la Constitución de 1886 y el Concordato con la Santa Sede, firmado en 1887. La Constitución fue en gran medida obra de Miguel Antonio Caro, el principal pensador conservador de la época y firme defensor de la Iglesia católica, quien elaboró una carta destinada a rehacer al país sobre premisas opuestas a las de 1863.
El nuevo texto estableció un sistema centralista y confesional que restringió severamente las libertades de expresión, imprenta, pensamiento y movimiento, aunque mantuvo la libertad de prensa "en tiempo de paz" y reconoció a los no católicos el derecho a no ser molestados por sus creencias. Introdujo, además, disposiciones que definirían la vida política del siglo siguiente. El artículo 28 permitía retener personas por orden del gobierno; el artículo 121 regulaba el estado de sitio; una tercera cláusula habilitaba la aplicación de justicia militar a civiles. Ese diseño perpetuó el autoritarismo ejecutivo y la debilidad del legislativo. En el "tiempo de paz" cabía todo lo que el gobierno declarara paz; en el estado de sitio, prácticamente todo.
La Constitución regiría durante más de un siglo, hasta 1991, con sucesivas reformas. Reflejaba la influencia de la Iglesia católica y la convicción de las élites dirigentes de que el orden requería reforzar el poder central. No trajo, sin embargo, la paz que prometía. Al contrario: al excluir sistemáticamente al liberalismo radical del acceso al poder nacional y al hostigar a la oposición mediante el estado de sitio y el cierre de sus periódicos, dejó abierta una sola vía a los excluidos. Esa vía era la de siempre.
Los preludios armados: 1895 y las causas profundas
En 1895 los liberales se levantaron por primera vez contra el régimen regeneracionista. La rebelión fue rápidamente sofocada, pero dejó una lección para ambos bandos: la exclusión no se resolvería sola. El gobierno de Miguel Antonio Caro, que había asumido el peso doctrinal e institucional del régimen tras la retirada política de Núñez, insistió en la línea dura. Su gestión combinó la clausura política con un manejo deficiente de las finanzas públicas: hubo peculados frecuentes, incapacidad para pagar la propia nómina y quiebra generalizada de negocios.
A la crisis política se sumó, hacia fines de la década de 1890, una crisis económica de gran calado. La baja en las cotizaciones internacionales del café —el producto sobre el cual las élites cafeteras habían apostado el destino económico del país— generó una situación difícil que el gobierno agravó al imponer un impuesto a la exportación, despertando la activa oposición del gremio. Al mismo tiempo, el Banco Nacional, creado en 1880 bajo iniciativa de Núñez con la función nominal de agente fiscal, se había convertido en un mecanismo para financiar el creciente déficit del Estado mediante la emisión desaforada de papel moneda. Ya en 1894 era evidente, por el deterioro de la tasa de cambio y la inflación creciente, que el Banco había sobrepasado sistemáticamente sus planes públicos de emisión. La inflación galopante encareció las importaciones, estimuló la especulación y complicó el mal estado económico del país.
Esa combinación de crisis cafetera, emisión desbordada, corrupción administrativa y desgobierno fue el trasfondo material sobre el cual la exclusión política liberal se hizo insoportable. No fue una causa única lo que desencadenó la guerra, sino una convergencia de fracasos. El régimen regeneracionista no supo gestionar ni la economía ni el pluralismo político que su propia Constitución había clausurado.
La Guerra de los Mil Días
El 18 de octubre de 1899, el ala belicista o radical del Partido Liberal se levantó en armas contra el gobierno conservador de Manuel Antonio Sanclemente y su vicepresidente José Manuel Marroquín. Empezaba así la Guerra de los Mil Días, el conflicto que definiría el destino del régimen y, con él, del siglo XX colombiano.
El departamento de Santander fue el escenario inicial, en parte por ser un fortín tradicional del liberalismo radical. Allí, el 15 y 16 de diciembre de 1899, los liberales obtuvieron en Peralonso una victoria táctica que llenó de esperanza a la revolución. El general Gabriel Vargas Santos fue designado director supremo de las fuerzas revolucionarias, y bajo su autoridad nominal operaron los dos jefes militares que la guerra convertiría en figuras míticas del liberalismo colombiano: Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera. Frente a ellos, el ejército gubernamental fue conducido por generales como Próspero Pinzón, Ramón González Valencia y Pedro Nel Ospina.
La ilusión liberal duró seis meses. Entre el 11 y el 26 de mayo de 1900, en las mesetas de Palonegro cerca de Bucaramanga, se libró la batalla más larga y mortífera de toda la guerra: dieciséis días de combate que dejaron aproximadamente cinco mil muertos liberales, tres mil conservadores y cerca de siete mil heridos. Palonegro fue una derrota decisiva e irreversible para la revolución. A partir de allí, la guerra dejó de ser un choque de ejércitos y se fragmentó en guerrillas regionales autónomas: la dirección centralizada se hizo imposible por falta de comunicaciones, rivalidades entre jefes y la geografía misma. Uribe Uribe terminó operando en la Costa Atlántica; en el Tolima, la lucha guerrillera fue liderada por Tulio Varón; en otras regiones surgieron fuerzas de pequeña escala que evitaban el combate frontal y aprovechaban el conocimiento del terreno.
La guerra tuvo dimensión internacional. Venezuela, Ecuador y Nicaragua prestaron apoyo a los revolucionarios liberales; el presidente venezolano Cipriano Castro envió unos doscientos combatientes al mando del general Rufo Nieves al departamento del Magdalena. Del lado gubernamental, la financiación combinó emisión de papel moneda, empréstitos externos, impuestos y contribuciones forzosas impuestas a los enemigos. Los liberales recurrieron a contribuciones obligadas, requisiciones, saqueos, aportes de gobiernos simpatizantes y emisiones especiales de reducida circulación. La emisión desaforada del gobierno produjo una inflación que no empezaría a ser controlada sino a partir de 1907 y que golpeó a todas las capas de la población.
Mientras la guerra se hundía en la lógica guerrillera, el régimen se resquebrajaba por dentro. En julio de 1900, los conservadores históricos depusieron al presidente Sanclemente en favor del vicepresidente Marroquín, quien ejercería el poder hasta el término del conflicto y continuaría en el gobierno hasta las siguientes elecciones. El acto reveló que ni siquiera el conservatismo mantenía cohesión frente a la magnitud del desastre.
El fin llegó por dos vías paralelas. Rafael Uribe Uribe firmó la paz en la hacienda Neerlandia, en la Costa Atlántica. Poco después, Benjamín Herrera suscribió su rendición a bordo del acorazado estadounidense Wisconsin, fondeado frente a la costa panameña. La presencia del buque no era casualidad: en el istmo se jugaba ya otra partida.
La pérdida de Panamá
El 3 de noviembre de 1903, apenas un año después del cese de hostilidades, Panamá se separó de Colombia. El contexto había sido preparado por la guerra y sus secuelas: un país exhausto, un ejército desmoralizado, una élite fragmentada. Sobre ese cuerpo debilitado convergieron dos fuerzas. Por dentro, el rechazo del Congreso colombiano al tratado Herrán-Hay, que habría entregado a Estados Unidos los derechos sobre la construcción del canal interoceánico en condiciones consideradas lesivas. Por fuera, el apoyo activo de Estados Unidos a la independencia panameña, buscando asegurar el control estratégico de la vía. Barcos de guerra estadounidenses impidieron el avance de las tropas colombianas al istmo, y Washington reconoció a la nueva república con notable rapidez.
La pérdida de Panamá fue el saldo geopolítico más visible de la Regeneración y de la guerra que su exclusión había alimentado. Un régimen que había gastado su capital político en clausurar al liberalismo, sus recursos económicos en financiar la guerra y su prestigio internacional en un manejo diplomático torpe, no estaba en condiciones de defender el istmo cuando los intereses del imperio emergente decidieron actuar.
Los veintisiete años sin pólvora
Tras 1903, algo cambió en la lógica política colombiana. La derrota liberal había sido tan completa —el Partido Liberal debilitado como nunca antes— y la pérdida de Panamá tan traumática, que la oligarquía llegó finalmente a un consenso sobre el modelo de desarrollo económico y las formas de organización estatal. Ese consenso, empujado por la necesidad de emprender un camino de crecimiento, inauguró lo que se conoce como la Hegemonía Conservadora: veintisiete años de gobierno ininterrumpido del Partido Conservador, entre 1903 y 1930.
El primer tramo fue autoritario. El general Rafael Reyes, presidente entre 1904 y 1909 en lo que se llamó el Quinquenio, gobernó con mano dura pero incluyó ministros liberales en su gabinete, buscando una base bipartidista para sus reformas. Impulsó una modernización a marchas forzadas —fomento a la industria, ampliación del ferrocarril, reorganización fiscal— y, sobre todo, ensayó una fórmula política novedosa: gobernar por encima de los partidos, con hombres de ambos, en nombre de la reconstrucción nacional. La cerrada oposición conservadora terminó por derribarlo, pero su experimento dejó en la mesa una intuición que sus sucesores no olvidaron: la estabilidad exigía dar cabida al adversario antes que aplastarlo.
A partir de 1910, con la reforma constitucional de ese año, se inauguró una era de estabilidad política relativa. La reforma introdujo elección directa del presidente, redujo su mandato a cuatro años, prohibió su reelección inmediata y garantizó la representación de las minorías, en un intento consciente de desactivar los resortes que habían empujado al liberalismo a las armas en 1895 y 1899. Presidentes como Carlos E. Restrepo —que llegó al poder al frente de la Unión Republicana, coalición bipartidista de circunstancia—, José Vicente Concha, Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía Méndez encarnaron variantes de una misma fórmula: hegemonía conservadora sin persecución sistemática al liberalismo. Se mantuvo el orden público, se respetaron en términos generales las libertades civiles de las clases altas y el Partido Conservador entregó pacíficamente el poder al liberalismo en 1930.
La estabilidad descansó, sobre todo, en un cambio de doctrina: la rebelión armada fue criminalizada. Quienes tomaran las armas contra el Estado dejarían de ser beligerantes con dignidad política para pasar al ámbito de la ilegalidad común, junto con los criminales. Sobre ese pilar se apoyaron los otros ingredientes. Los nuevos diseños institucionales atrajeron al Partido Liberal hacia la legalidad constitucional, aunque con matices: líderes escaldados por la catástrofe de los Mil Días —Uribe Uribe entre ellos, hasta su asesinato en 1914— habían pronunciado su particular "adiós a las armas", si bien el liberalismo mantuvo una puerta discretamente abierta a la opción armada como última instancia, cada vez más remota y teórica. La rebelión no se olvidó: se archivó. Los cuarenta y tres años siguientes, entre 1903 y 1946, constituyeron la fase más pacífica de la historia colombiana.
El período coincidió, además, con transformaciones materiales profundas que la memoria política suele pasar por alto. La indemnización de veinticinco millones de dólares que Estados Unidos pagó por Panamá en virtud del tratado Urrutia-Thomson, ratificado en 1922, irrigó las arcas públicas en un momento decisivo. El café consolidó su primacía como producto de exportación, la economía cafetera del occidente antioqueño y del Viejo Caldas creó una burguesía nueva, se tendieron carreteras y ferrocarriles, y hacia el final de la década de los veinte el país conoció una expansión crediticia que la historiografía llamaría "la danza de los millones". La paz política fue también la condición y el fruto de esa modernización desigual.
En los años veinte, el Partido Liberal —liderado ahora por el mismo Benjamín Herrera que había firmado en el Wisconsin— impulsó una maniobra política de largo aliento: cooptar al naciente movimiento socialista y devolver a los artesanos y sectores populares a la órbita liberal. La operación tuvo éxito. Cuando en 1930, aprovechando la división conservadora entre los partidarios de Alfredo Vásquez Cobo y de Guillermo Valencia, Enrique Olaya Herrera ganó la presidencia, el país había cambiado de signo político sin disparar un tiro.
La memoria dividida
Ese tránsito pacífico ocultaba, sin embargo, un desacuerdo profundo sobre qué había significado la guerra que lo había hecho posible. La Guerra de los Mil Días fue apropiada de forma opuesta por cada partido, y esa apropiación disímil moldeó la política colombiana durante décadas. Para los conservadores, la contienda era la última convulsión antes de la obra civilizadora y pacificadora que el régimen había desplegado entre 1903 y 1930. Habían salvado al país del caos liberal, restaurado el orden y entregado el poder pacíficamente en el momento oportuno, invocando el espíritu mismo de la Constitución de 1886.
Para los liberales, la guerra era otra cosa: la oportunidad perdida de los sectores populares contra una oligarquía corrupta e incompetente. Esa mitología —el pueblo liberal traicionado por sus propios jefes, aplastado por la maquinaria conservadora, condenado a treinta años de exclusión— sirvió admirablemente para cortejar a las masas y cooptar a los socialistas en los años veinte. Las batallas se convirtieron en polos de lealtades opuestas: Peralonso y Palonegro no fueron solo topónimos, sino contraseñas de identidad que ahondaron el antagonismo y la sospecha entre los partidos, en lugar de reconciliarlos.
La memoria dividida operó, además, en registros distintos según el estamento. En las élites letradas, el debate se dio por las vías reconocibles del ensayo político, la biografía justificatoria y la historia partidista escrita por veteranos y descendientes de veteranos. En la cultura popular, en cambio, los Mil Días quedaron fijados en coplas, corridos y relatos orales que circularon por las veredas cafeteras, los pueblos santandereanos y las sabanas costeñas durante generaciones. Ese sedimento oral, más difícil de rastrear pero más tenaz que cualquier tratado, fue el que preservó las identidades partidistas populares en su forma más pura: el conservador y el liberal como categorías heredadas, casi étnicas, transmitidas con la misma naturalidad que el apellido y la parroquia.
Fue también la última guerra colombiana en que ambos bandos se reconocieron mutuamente como beligerantes con igual estatus político y dignidad, en la que los vencedores fueron capaces de abrazarse con los derrotados. Después de Neerlandia y el Wisconsin, ese reconocimiento se acabó.
La guerra desplazada
La Regeneración había convertido la guerra civil en el único mecanismo de acceso político disponible para el liberalismo excluido; el orden regeneracionista funcionó, en la práctica, sobre el supuesto de que la oposición podía ser derrotada militarmente cada vez que se levantara. Cuando en 1902 esa apuesta se completó de manera aplastante y en 1903 se pagó su precio geopolítico con la pérdida de Panamá, la élite conservadora entendió que el mecanismo se había agotado. Pero no resolvió el problema de fondo: redefinió sus términos.
Por un lado, integró parcialmente al liberalismo a la legalidad constitucional, dándole espacios de oposición y, eventualmente, la presidencia. Por otro, criminalizó cualquier rebelión que no viniera de las cúpulas partidistas reconocidas. El resultado fue una paz oligárquica: los dos partidos aceptaban compartir el sistema, pero ninguna insurgencia popular podría ya reclamar el estatus político que Uribe Uribe y Herrera habían disfrutado en Neerlandia y el Wisconsin.
Ese arreglo duró lo que dura una tregua sostenida sobre agravios pendientes. La orientación bipartidista, apoyada en clientelas populares movilizadas más por lealtad heredada que por deliberación programática, había ampliado desde los inicios de la República la distancia entre el país político y el país nacional, haciendo pagar al campesinado inerme los costos de las contiendas civiles. Las identidades partidistas populares, formadas durante todo el siglo XIX en el clima de las guerras sucesivas, no se disolvieron con la firma de la paz. Quedaron latentes, transmitidas de padres a hijos, entretejidas con las estructuras rurales de propiedad, patronazgo y lealtad.
Cuando el 9 de abril de 1948 fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, esas identidades explotaron. La llamada Gran Violencia, cuya primera fase entre 1947 y 1953 estuvo marcada por la hegemonía política del conservatismo, replicó el patrón antiguo bajo formas nuevas: los colombianos volvieron a luchar bajo las banderas del Partido Liberal y del Conservador, formados un siglo atrás, pero esta vez el enfrentamiento no fue reconocido como guerra. Se lo llamó "Violencia" —con o sin mayúscula— y el nombre no era inocente: eludía reconocer a los contendores como actores políticos legítimos con igualdad de derechos, tal como se los había reconocido en 1902. La doctrina de criminalización de la rebelión, inaugurada tras los Mil Días, mostró en ese momento su función más profunda.
La historia oficial interpretó La Violencia como producto de pasiones desbordadas y odios heredados, eludiendo su análisis en el marco de las costumbres políticas desde los orígenes de la República. Esa lectura simplista e interesada permitió que el conflicto —hasta doscientos mil muertos, tan destructivo como la Revolución Mexicana en el hemisferio— se resolviera, como se habían resuelto todas las guerras del siglo XIX: mediante un acuerdo entre los líderes de los dos partidos para compartir el poder político. El Frente Nacional heredó, por esa vía, el reparto sin reforma social. Las clases dominantes colombianas nunca fueron derrotadas políticamente: del fin de los Mil Días y la pérdida de Panamá al 9 de abril, se limitaron a actualizar el modelo republicano heredado, logrando reformarlo en la década de 1930.
Un ciclo que no termina de cerrarse
En Colombia, a diferencia de los vecinos andinos donde el referente dominante es la institucionalidad, la guerra civil no fue un asunto concluido en el siglo XIX sino un hecho central del siglo XX, prolongado hasta entrado el siglo XXI. En el medio siglo que va de 1886 a 1930 se decidieron las claves institucionales, ideológicas y culturales que darían forma a todo lo que vino después, y conviene distinguir con precisión qué quedó en pie tras ese ciclo.
En el plano institucional, la Regeneración construyó un aparato jurídico —estado de sitio, retención administrativa, justicia militar para civiles, centralismo férreo— que no fue desmontado con la salida del conservatismo en 1930, sino heredado por los gobiernos liberales posteriores y, más tarde, por todos los que consideraron amenazado el orden. El Concordato de 1887 convirtió a la Iglesia católica en socia estable del Estado, y esa alianza sobrevivió a la Constitución de 1886 hasta bien entrado el siglo XX. Los instrumentos que Caro pensó para clausurar el liberalismo radical terminaron sirviendo a gobiernos de todos los signos para clausurar cualquier disidencia incómoda.
Como estabilización institucional, el ciclo funcionó: el régimen conservador colombiano fue atípicamente perdurable en el contexto latinoamericano, una de las hegemonías partidistas más largas de la región. Como pacificación fracasó a medias: la paz de 1902-1946 fue real, pero se sostuvo sobre la criminalización de toda rebelión popular y sobre la latencia irresuelta de las identidades partidistas heredadas. Como proyecto nacional pagó un precio irreversible: Panamá.
La guerra civil, en el fondo, cumplió durante todo el ciclo una función conservadora más que transformadora. Ninguna de las guerras del siglo XIX produjo reformas económicas o sociales explícitas; los conflictos bipartidistas se cerraban típicamente con acuerdos entre líderes para repartirse el poder. La Regeneración añadió un giro decisivo: convirtió esa dinámica en régimen, la codificó en una Constitución, la respaldó con un Concordato y la equipó con un arsenal jurídico que sobreviviría a la Constitución que le dio origen.
Que la violencia colombiana siga siendo interpretada, en amplios sectores de la memoria colectiva, como una violencia de raíz liberal-conservadora es el mejor testimonio de la persistencia del ciclo. Esa raíz se fue complejizando con el tiempo hasta incorporar guerrillas, paramilitares y narcotráfico, pero el suelo del que emerge lo pusieron las guerras del siglo XIX y, sobre todo, la última que aún tuvo derecho al nombre: los Mil Días.
Después vino otra cosa. También fue guerra. El poder se negó a llamarla así.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Regeneración
- 02Hegemonía conservadora
- 03Bipartidismo
- 04Federalismo
- 05Centralismo
- 06Exclusión política
- 07Estado de sitio
- 08Violencia bipartidista
- 09Bogotazo
- 10Caudillismo
- 11Gamonalismo
- 12Rafael Núñez
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
55 documentos · 71 fragmentos
01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1681 cita
[1]p í tulo sobre derechos del hombre y el ciudadano — desaparecieron las libertades de expresi ó n, imprenta, pensamiento y movimiento,, ¡ aunque se mantuvo la libertad de prensa “ en tiempo de paz ” y se concedi ó a los no cat ó licos el derecho a “ no ser molestados ” por ’ sus creencias — y lo reemplaz ó con f ó…
p. 168
02Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[2]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
03Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1141 cita
[3]el restablecimiento de la pena de muerte, el fortalecimiento del Ejecuti- vo, el confesionaliemo, la eduración organizada conforme alos dogmas de la religión católica. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 con frguraron el neevo arden, El liberalismo empezó a padecer los rigores de la discriminación; desespe…
p. 114
04Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3201 cita
[4]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
05De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 44, 472 citas
[5]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
[7]o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una completa exclusión de…
p. 47
06De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 44, 472 citas
[6]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
[8]los casos de México o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una…
p. 47
07El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[9]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
08Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1151 cita
[10]no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…
p. 115
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 68, 712 citas
[11]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
p. 68
[27]la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…
p. 71
10Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 26, 332 citas
[12]de mayor de- sarrollo y mas completa exposici6n. Por lo mismo, ya al final de estas breves anotaciones sobre el curso histérico del ordenamiento juridico superior del estado colombiano a partir de 1886, apenas si es posible sentar la afirmacién de que hay en él avances positivos (identificables en normas de las…
p. 26
[21]y con el fin de obtener ayuda de algunos gobiernos liberales de otros paises, como Venezuela, Ecuador y Nicaragua, varios jefes prominentes, como Rafael Uribe y Focién Soto, via- jaron a dichos paises. La situacién vino a agravarse en grado sumo cuando, el 28 de julio de 1899, los ministros resi- dentes en Bogota,…
p. 33
11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 48, 682 citas
[13]Papel Periddico Illustrado». Durante su mandato se firmé el concordato con el Vaticano, que ponia fin al largo litigio entre la Iglesia y el Estado, A la izquierda, entrada en Bogoté del arzobispo monsenor José Telesforo Patil. El arzobispo desempené un destacado papel en los anos iniciales del Movimiento de la…
p. 48
[14]cuencia ldgica, una inflacién que encarecié las im- portaciones y estimuld la especulacion, factores que complicaron todavia mas el mal estado del pais. En estas circunstancias, el grupo liberal llamado «autonomista», encabezado por el general Rafael Uribe Uribe, promovid la guerra contra los conser- vadores, la cual…
p. 68
12Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 291 cita
[15]de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…
p. 29
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 94, 982 citas
[16]ejecutar hazañas sino de vencer […] Pero hemos llegado a un punto en que se impone la cesación de la lucha. El Gobierno es impotente para debelar la revolución, pero la revolución es impotente para derribar al Gobierno […] envainemos los aceros para que el pueblo no diga que los contendores son cuadrillas de locos,…
p. 98
[52]el trato respetuoso que se debía dar a los prisioneros de guerra, asistencia a los heridos y enfermos y respeto a la población civil. El 26 de noviembre de 1820 se suscribió entre Simón Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Pablo Morillo, comandante español del Ejército de…
p. 94
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 176, 1782 citas
[17]en la Cá- mara, el general Rafael Uribe Uri- be, que sentenció: «O nos dais la li- bertad o nos la tomamos». En 1897 la convención nacional liberal le otorgó credencial a Uribe, a Foción Soto y a Luis A. Robles para que en representa- ción del liberalismo buscaran auxilios económicos ante los partidos liberales de…
p. 176
[24]ba- tallas de Cuchilla del Ramo y San Cristóbal, aunque en la provincia del Guavio su ejército fue derrotado en Gachalá y El Amoladero, en marzo de 1902. Retornó a los Llanos, y de allí partió nue- vamente hacia el departamento del Magdalena, en donde, desde mediados de 1901, Clodomiro Cas- tillo había logrado formar…
p. 178
15Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 831 cita
[18]Si el Ejército peleaba al lado de los liberales, los conservadores luchaban contra los dos. Se iniciaban guerras por las razones más absurdas. En 1885 hubo una pequeña, pero sangrienta confrontación denominada la batalla de la Humareda, que empezó simplemente porque el presidente del momento había nombrado a un…
p. 83
16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2192 citas
[19]las cotizaciones internacionales. La difícil situación venía siendo confrontada con desacierto y arbi- trariedad por el gobierno que, al imponer en tales momentos un impuesto a la exportación, despertó la activa oposición del gre- mio cafetero. El gobierno se hallaba hundido, además, en una desmedida corrupción…
p. 219
[20]las cotizaciones internacionales. La difícil situación venía siendo confrontada con desacierto y arbi- trariedad por el gobierno que, al imponer en tales momentos un impuesto a la exportación, despertó la activa oposición del gre- mio cafetero. El gobierno se hallaba hundido, además, en una desmedida corrupción…
p. 219
17Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 1071 cita
[22]despacharon a los campamentos. Los niños también fueron a la gue- rra: unos desfilando en grupos desde las propias aulas de la escuela, otros fugados de la casa, atraídos por los «héroes» militares que encarnaban los ideales de la juventud, y los más atra- pados a la fuerza entre los bandos con- tendientes y obligados…
p. 107
18Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 281 cita
[23]cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…
p. 28
19Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 295, 3062 citas
[25]Palonegro, del grupo de "Zapadores" conformado en Pamplona por el capitán Teodoro Ramírez, en un campamento en la Concesión Barco, en las selvas del Catatumbo. fraccionó en cuerpos virtualmente au- tónomos, por cuanto una dirección centralizada se hacía imposible, sin co- municaciones distintas a la red tele- gráfica…
p. 306
[63]y desorganizado de muchedumbres solía caracterizar la «batalla», diferen- ciada por uniformes heterogéneos del lado gubernamental y vestimenta cam- pesina por el de la revolución, cual- quiera que fuese el color político de uno y otro. El valor, el arrojo suicida, la fiebre del combate, la vocación he- roica, el…
p. 295
20The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 2141 cita
[26]in Santander in May 1900, after which the incipient national movement dissolved into small-scale, localized, and autonomous guerrilla forces. In the Caribbean region, rural warfare had held sway since the war’s commencement, with small units confronting much larger, albeit not necessarily better pre- pared, government…
p. 214
21Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 201 cita
[28]requisitos para ser elector, permitió una alianza fugaz entre históricos conser- vadores y liberales. Cuando en noviembre de 1898 fracasó el intento de hacer aprobar una reforma electoral en el Congreso, los guerreristas liberales desple- garon sus velas y se hicieron a la mar. Entre tanto, en el conservatismo la…
p. 20
22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 71, 782 citas
[29]elites sociales fre nte al ejército. D esde la atalaya de 1903, Jo s líder es conserv ador es parecieron co mprender cuán impracticable resultaba gobernar con excl usión absoluta de los liberales; y éstos, cuán imposible era d er rocar a sus adversarios mediante la sublevación armada. En 1903, cuando ya no había…
p. 78
[33]las mito- logías partidista s.' Los Mil Días tocaron la t1bra sentimental po pu - lar. «Peralonso •> y <c Rion eg ro •>, l os do s po los de la s lealtades de los co lombiano s, má s qu e r eco nciliar, ahondarían el antagonismo y la sospec ha. Los conservadores vic torio sos pod rí an de c ir que entre 1903 y 1930…
p. 71
23Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1271 cita
[30]La expansión norteamericana afec- tó también a Colombia, al estimular la escisión de Panamá, con la finalidad de apoderarse del Canal. La interven- ción norteamericana fue el resultado del fracaso de sus gestiones con Co- lombia para construir un canal. Al ser rechazado por el Congreso colombia- no el tratado…
p. 127
24Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 1031 cita
[31]Panamá ” y con sus asesores y los abo- gados de la Compañía del Canal, organizó la compra de autoridades panameñas para la secesión». Los Estados Unidos, «aliado eventual y egoísta», como lo califica Bolívar, que se habían opuesto desde el Congreso de Pa- namá planeado por el Libertador en 1826, a toda posible…
p. 103
25El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 851 cita
[32]del Estado colombia- no se desenvolvió la lucha política de la segunda mitad del siglo XIX. El equilibrio de las fuerzas hacía inevitables las guerras. Como éstas nunca se llevaban hasta sus últimas conse- cuencias --el aniquilamiento del vencido, debido, entre otras cosas, al alto grado de partici- pación directa de…
p. 85
26Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 11 cita
[34]ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…
p. 1
27El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 931 cita
[35]protestado abiertamente contra las ilegalidades de la Hegemonía y su intento de excluir al adversario; en esto no estuvo solo). Y en efecto los nuevos diseños tuvieron al menos dos consecuencias positivas e importantes. Primero, atrajeron al Parti do l iberal al camino de la legalidad. Aquí es necesario ser un poco…
p. 93
28Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 151 cita
[36]enemigos internos. Cuando la última guerra del siglo X I X terminó —la Guerra de los Mil Días, en 1903—, la doctrina dominante cerró toda posibilidad al reconocimiento del carácter político de la rebelión armada y envió a los rebeldes a las tinieblas del mundo ilegal, junto con los criminales y con los exaltados que…
p. 15
29Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 35, 44, 513 citas
[37]Y L U G A R E S D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O Oligarquía, populismo, clientelismo Interesa constatar que en Colombia nunca han sido derrotadas políticamente las clases dominantes y diligentes de la "república oligárquica”.28 Civilistas y antimilitaristas —desde la década de 1810 hasta fines…
p. 44
[66]de protesta social fue recibida con recelo, desconfianza, miedo y, como al final de la década de 1920, las respuestas primordiales volvieron a ser poli- civas, penales, militares. En un país cuyas clases dirigentes se precian de legalistas y civilistas, las situaciones extremas de la época de la Violencia pusieron en…
p. 51
[71]y de seguridad, al fin y al cabo versiones más refinadas del Estatuto de Seguridad de las ad- ministraciones López Michelsen (1974-1978) y Turbay Ayala (1978-1982). La violencia y las guerras civiles del siglo XIX Es posible, además, que la descripción descarnada de acciones violentas y la estrategia narrativa del…
p. 35
30Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 62, 2952 citas
[38]vida social. 8 Lejos de ello, las guerras civiles colombianas del siglo XIX eran, con excepciones notables (la de los artesanos en 1854), formas privilegiadas de reproducción de las élites, de sus partidos, de sus anacronismos religiosos y de las jerarquías sociales. En el límite eran más empresas colectivas y…
p. 295
[45]democráticas contenidas en la Constitución, especialmente las relacionadas con los procesos de descentralización económica y administrativa. 22 Continuando con el ejercicio comparativo de Marie Danielle Démelas, que excluye a Colombia dada su atipicidad, y en el ejercicio de caracterizar el contraejemplo, se podría…
p. 62
31Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 881 cita
[39]armed groups to intimidate and terrorize the peasants, and imprisoned peasant leaders on false charges. Even though the bloody struggle over Colombia’s agricultural frontier had begun (Pearce 1990), the conflict over land had not reached an acute stage yet because there were no major popular uprisings or serious…
p. 88
32Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 392 citas
[40]the fascinating ironies that emerges when considering Colombia’s nineteenth- and twentieth- century history: violent conflict has tended to occur within the strictures of constitutional procedure and process.” While violence in the nineteenth century seemed interminable, it never reached the levels that it did in…
p. 39
[41]the fascinating ironies that emerges when considering Colombia’s nineteenth- and twentieth- century history: violent conflict has tended to occur within the strictures of constitutional procedure and process.” While violence in the nineteenth century seemed interminable, it never reached the levels that it did in…
p. 39
33La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 321 cita
[42]el Tolima, operaban guerrillas liberales, varias de ellas convertidas en simples grupos de bandoleros, comandadas por hombres recios y crueles cuyos alias —Sangrenegra, Chispas, Desquite, Tarzán— formaban parte de la leyenda popular. Así supe, desde cuando tuve conciencia, que no vivía en un país normal. Que la guerra…
p. 32
34Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1792 citas
[43]cual la presencia del Gobierno nunca había sido muy efectiva, ofrecía atractivo refugio a las fuerzas revolucionarias contraelitistas. Esta fue una de las razones fundamentales por las cuales el país experimentó sublevaciones armadas durante todo el siglo XIX, muchas de las cuales adoptaron el carácter de insurgencias…
p. 179
[44]cual la presencia del Gobierno nunca había sido muy efectiva, ofrecía atractivo refugio a las fuerzas revolucionarias contraelitistas. Esta fue una de las razones fundamentales por las cuales el país experimentó sublevaciones armadas durante todo el siglo XIX, muchas de las cuales adoptaron el carácter de insurgencias…
p. 179
35Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1041 cita
[46]for generations. The political excesses and conflict of the fifty-year period from about 1830 to 1880—marked by confusion, Conservative rule, a Liberal politi- cal reaction, the emergence of Mosquera as regional ruler, civil wars, and revolts—all happened within the framework of a written, acknowledged constitution…
p. 104
36Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1391 cita
[47]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
37El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4551 cita
[48]los créditos de la deuda exterior y en la reducción del tipo de interés de los bancos. La escuela primaria su- frió también en esta revolución profundas heridas, todavía no curadas por entero. Frente a las guerrillas conservado- ras surgidas en casi todos los estados, el Gobierno de la Unión juntó un ejército de 25.…
p. 455
38Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1401 cita
[49]del poder urbano hasta saturar poco a poco la campiña, la sabana y el playón. De manera muchas veces irracional, los facciosos quisieron abrir aún más la distancia entre el país político y el país nacional, y hacer pagar a justos por pecadores —el campesinado inerme— en la refriega bipartidista. Esto lo veremos…
p. 140
39¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 901 cita
[50]continuar, estallaron guerras intestinas que han marcado la pauta de la vida nacional hasta el presente. No eran propiamente guerras regionales, sino intrarregionales, entre las élites y los grupos campesinos, entre una mayoría conservadora y una minoría liberal que pretendía, al menos en el papel, a punta de leyes,…
p. 90
40Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3351 cita
[51]LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA Revolución Mexicana de 1910-1917. Empero, a düerencia de aquella otra gran guerra civil de la historia latinoamericana del presente siglo, el con flicto colombiano se resiste a ser comprendido como una revolución so cial. Los colombianos lucharon entre si bajo las banderas de dos…
p. 335
41Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 95, 1462 citas
[53]dirigida por el exdictador Rojas Pinilla, un fraude del que ya nadie duda y que muchos justifican, exasperó a los jóvenes anapistas de la clase media, que decidieron fundar la primera guerrilla urbana de Colombia, el M19. La vieja Colombia murió el 9 de abril de 1948: la nueva no ha nacido todavía. Todos sabemos que…
p. 146
[68]ilustres y más influyentes se regó como pólvora, y así se instaló lo que los historiadores llamarían la Violencia en Colombia. Habían terminado los tiempos en que al pueblo colombiano se lo podía dominar por el discurso; a partir de entonces sólo se lo pudo dominar por la violencia. Los estudiosos de ese período nunca…
p. 95
42Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 4271 cita
[54]una investigación que hace uso de herramientas ana- líticas y de medición para estudiar la guerra civil y la violencia de la guerra civil en la ciudad de Barrancabermeja, Santander. En este apartado, se pre- sentan los conceptos y planteamientos claves que sustentan teóricamente la investigación, con el fin de definir…
p. 427
43Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1231 cita
[55]los billetes. El Banco era independiente en su diseño institucional y al secreta- rio de Hacienda se le prohibía asistir a su junta directiva. Sin embargo, sus compromisos de emisión moderada no fueron creíbles, en especial el de no superar el límite de los 12 millones de pesos, que era en ese entonces el presu-…
p. 123
44Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 281 cita
[56]la baja oferta agraria, los precios tendían a subir. Para la época se aducían como causas del atraso de la agricultura las siguientes: la concen- tración de la propiedad del suelo en pocas manos, el ausentismo, la inse- guridad en la vida campestre (por las guerras civiles, las expropiaciones y confiscaciones de…
p. 28
45Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 2231 cita
[57]cerca de un 25% y el de las importaciones en más de un 35% (véase el Cuadro 6.1 y la Figura 6.1). En términos de volumen, el comportamiento fue favorable a las exportaciones durante todo el periodo, a pesar de la caída que se registró en el segundo ciclo. Esta caída puede ser explicada por el descenso de los precios…
p. 223
46Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 161 cita
[58]tales que los propietarios de recuas no aceptaban carga en las épocas de crudo invierno debido al gran riesgo para los anim ales. A un d u ran te el verano, los fletes de m uía fueron relativam ente altos: de 22 a 34 centavos por tonelada-kilóm etro a m ediados del siglo xix. En estaciones de lluvia o cuando la guerra…
p. 16
47Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2851 cita
[59]30 a 60 centavos; y el almud de maíz, de 80 centavos a $1,50. Los alquileres han subido por lo menos en un 100 % excepto el de las casas pequeñas; los materiales de construcción se han doblado y aun cuadruplicado de precio, y en cuanto a las telas de consumo popular, cuando el precio no se ha triplicado, es cuando la…
p. 285
48La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 11 cita
[60]b i b l i o t e c a a b i e r t a c o l e c c i ó n g e n e r a l e s t u d i o s i n t e r d i s c i p l a n a r i o s La hegemonía conservadora La hegemonía conservadora Rubén Sierra Mejía editor 2018 catalogación en la publicación universidad nacional de colombia La hegemonía conservadora / Rubén Sierra Mejía,…
p. 1
49Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[61]gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…
p. 49
50Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3511 cita
[62]entre las gentes. Los ho - gares se estremecían tanto con el aviso de una leva, como con la noticia de una epidemia de fiebre amarilla, viruela o tifo negro. Las urgencias de las guerras hicieron corriente el re- clutamiento inmediato, sin que pudiera mediar muchas veces un aviso a sus familiares. La lista de los…
p. 351
51Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 961 cita
[64]se fue complicando, complicando, hasta que en lugar de ser un caldo de costilla o de gallina, se convirtió en un sancocho. Así es la violencia colombiana. Eso es la memoria histórica. La memoria histórica es que la violencia colombiana es de origen partidista. Los dos partidos de Colombia, liberal y conservador, son…
p. 96
52Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 481 cita
[65]por parte de Espana. Sin embargo, en este estudio sdlo se senalaron las caracteristicas mas importantes del periodo que se inicia en nuestro pais con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitan, hecho que establece un puente de continuidad de la llamada «Gran Violencia». Fue éste un fendmeno alucinante que ha sido objeto de…
p. 48
53When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[67]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…
p. 1
54Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1621 cita
[69]how the democratic promise of their struggle was distorted, transformed, and subsequently ignored can be an important first step toward its realization in the future. Page 73 PART II THE VIOLENCE Page 75 5 The Violence: An Interpretative Synthesis Gonzalo Sánchez Gonzalo Sánchez was born and raised in El Líbano,…
p. 162
55¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 671 cita
[70]acelerada urbanización que no pudo ver o que quizás optó por ver solo lo que le era próximo y más llamativo. En este sentido, la nuestra es una violencia con mucho impacto en lo local y lo regional, pero con muy poca resonancia en lo nacional. A eso quizás se deban la sensación generalizada de habituación al conflicto…
p. 67