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Biografía

Manuel Antonio Sanclemente

Regeneración

1813–1902

16 min de lectura26 documentos
Nacimiento1813
Fallecimiento1902
RolesJurista · Político conservador
Lugar principalBuga
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

Manuel Antonio Sanclemente (Buga, 1813 — 1902) fue el último presidente titular de la Regeneración: jurista y diplomático caucano elegido a los 83 años como candidato de los conservadores nacionalistas para el período 1898-1904, sustituido de facto por su vicepresidente José Manuel Marroquín antes de cumplir dos años en el cargo, y depuesto formalmente mediante un golpe ilegal el 31 de julio de 1900. Su presidencia, gobernada a distancia desde el pueblo de Anapoima porque su salud le impedía subir a la altura de Bogotá, cristalizó la contradicción terminal de un régimen que ya no podía sostenerse por sus propios méritos institucionales: la Constitución de 1886, el Concordato de 1887 y la hegemonía conservadora que Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro habían levantado sobre la crítica al federalismo radical entraron con Sanclemente en su fase de agotamiento visible. Bajo su mandato estalló la Guerra de los Mil Días y se preparó, sin él saberlo, la pérdida de Panamá. La historia lo recuerda menos por lo que hizo que por lo que su figura permitió: un presidente-pantalla en una hora en que la pantalla se rasgó.

02

Línea de vida

  1. 1857

    Vinculación a la administración de Ospina Rodríguez

    Leer contexto

    Sanclemente aparece ligado a la administración de Mariano Ospina Rodríguez (1857-1861), consolidando su pertenencia a la tradición conservadora caucana en el período previo a la hegemonía liberal-radical, aunque la naturaleza precisa del cargo no ha quedado fijada con claridad.

  2. 1896

    Encargos bajo Miguel Antonio Caro

    Leer contexto

    Desempeñó funciones bajo la administración de Caro, quien lo consideró un hombre de confianza del proyecto nacionalista: prestigio moral conservador, formación jurídica y ausencia de facción propia dentro del partido lo convirtieron en candidato idóneo para la sucesión.

  3. 1897

    Postulación como candidato presidencial

    Leer contexto

    A los 83 años fue postulado por los conservadores nacionalistas como candidato a la presidencia, con el pleno respaldo de Miguel Antonio Caro, quien había quedado inhabilitado para reelegirse tras regresar a la presidencia cinco días después de haberse retirado. La fórmula Sanclemente-Marroquín fue calificada por sus críticos como 'paleontología política'.

  4. 1898

    Victoria electoral y declaración del Consejo Electoral

    Leer contexto

    El 4 de julio de 1898 el Consejo Electoral declaró la victoria de la fórmula conservadora Sanclemente-Marroquín sobre los candidatos liberales Miguel Samper y el general Foción Soto. Sanclemente tenía entre 83 y 84 años al asumir el cargo. Una caricatura del 27 de marzo de 1898 lo había representado como 'el monstruo de la Regeneración'.

  5. 1899

    Crisis fiscal y estallido de la Guerra de los Mil Días

    Leer contexto

    Gobernando desde Anapoima —su salud le impedía residir en la altura de Bogotá— Sanclemente heredó un tesoro vacío, ingresos de aduana embargados por $600.000 y una deuda exigible de unos $7 millones. En junio de 1899 el gobierno despidió a mil soldados y vendió dos cruceros. El 17 o 18 de octubre de 1899 sectores del liberalismo se pronunciaron en Santander, dando inicio a la Guerra de los Mil Días.

  6. 1900

    Golpe de Estado del 31 de julio

    Leer contexto

    Los conservadores históricos ejecutaron un golpe ilegal que depuso a Sanclemente y llevó al poder al vicepresidente Marroquín. El acto aprovechó la incapacidad ejecutiva del presidente ausente para transferir el mando sin destitución constitucional ni renuncia negociada, poniendo fin a la presidencia más simbólica de la Regeneración.

Un caucano de Buga en la política de la Regeneración

Sanclemente nació en 1813 en Buga, en el entonces vasto Estado del Cauca, tres años después del grito de independencia y cuando la guerra por la emancipación aún no llegaba a su desenlace. Vino al mundo en la generación que aprendió la política republicana sobre la marcha, entre constituciones fallidas, guerras civiles endémicas y la disputa incesante entre centralismo y federalismo. Del detalle íntimo de su formación queda menos rastro que del arco público de su vida: hacia mediados del siglo aparece ya como figura del conservatismo caucano vinculada a la administración de Mariano Ospina Rodríguez (1857-1861), cuya presidencia representó el proyecto conservador previo a la larga hegemonía liberal-radical y al régimen olímpico. La naturaleza precisa de aquel encargo no ha quedado fijada con claridad, pero sí el signo político: Sanclemente pertenecía, desde temprano, a la tradición conservadora que sería derrotada por el mosquerismo y el federalismo radical, y que solo con Núñez, dos décadas después, encontraría vía de retorno al poder.

Esa lealtad de largo aliento lo colocó, años más tarde, en la órbita de Miguel Antonio Caro. Cuando Caro asumió el gobierno tras la ausencia y muerte de Núñez, Sanclemente desempeñó encargos bajo su administración: no aparece nunca en la primera línea del debate público —no escribió como Caro, no gobernó como Núñez, no combatió como Reyes—, pero se consolidó como uno de esos hombres de segunda fila cuya utilidad para el régimen crecía en proporción inversa a su ambición personal. Prestigio moral conservador, formación jurídica, ausencia de facción propia dentro del partido, edad avanzada que sugería temperancia: cuando Caro debió elegir sucesor en 1897, buscó exactamente ese perfil.

La Regeneración: el marco que hizo posible a Sanclemente

Sin entender la Regeneración no se entiende a Sanclemente, porque su figura solo cobra sentido dentro de ella. El proyecto había nacido en 1886, cuando Rafael Núñez —cuatro veces elegido presidente (1880, 1884, 1886 y 1892)— rompió con el liberalismo radical y construyó, en alianza con el Partido Conservador y con Caro como principal ideólogo, un orden nuevo. La Constitución de 1886 fue en gran medida obra de Caro: extinguió la forma federal, estableció un sistema centralista, dividió el territorio en departamentos y trasladó la decisión política al poder central. Al año siguiente, el Concordato con la Santa Sede, firmado por Núñez en 1887 y aprobado en 1888, restableció al catolicismo como religión oficial, entregó a la Iglesia el control de la educación pública, abolió el divorcio civil, concedió al clero autonomía plena de gobierno, restituyó el fuero eclesiástico y estipuló pagos anuales ab aeternitatem como indemnización por la desamortización de bienes eclesiásticos consumada en el período radical.

Este doble pilar —Constitución centralista y Concordato— fue el marco institucional bajo el cual Sanclemente accedió al poder, y el marco que su presidencia debía preservar. Que ese orden se sostendría hasta 1991, más de un siglo después, da la medida de lo que estaba en juego: no una administración cualquiera, sino la custodia de un pacto fundacional que Núñez había firmado con la Iglesia y con el Partido Conservador. Cuando Núñez murió en 1894, durante un cuarto período presidencial que en realidad no ejerció, Caro asumió el control efectivo del gobierno. Y cuando llegó el momento de suceder a Caro, la elección del candidato no podía leerse como un acto meramente electoral: era la elección del guardián del legado.

La candidatura de 1898: la lógica de la fórmula Sanclemente-Marroquín

Caro había quedado inhabilitado para reelegirse por una circunstancia peculiar: al retirarse de la presidencia en 1896 —dejando el mando al designado, general Guillermo Quintero Calderón— y regresar apenas cinco días después, consumó el período constitucional que le impedía presentarse como candidato en 1898. La breve intermezzo de Quintero Calderón había sido, para Caro, una traición: en lugar de gobernar como instrumento, el designado incluyó en su gabinete a Abraham Moreno, del ala histórica del conservatismo, propuso eliminar la Ley de los Caballos y ofreció cabida política a los liberales. Caro consideró aquel gesto de independencia incompatible con el proyecto nacionalista y regresó al poder de inmediato, aun al costo de inhabilitarse.

El acto tuvo consecuencia decisiva sobre 1898: los nacionalistas ya no podían proponer a Caro y debían buscar a alguien que continuara su línea sin abrir la puerta a los históricos, encabezados por Carlos Martínez Silva, quienes desde el Manifiesto de los 21 y Las Bases —publicados en 1896— habían criticado abiertamente la Regeneración y exigido reformar la Constitución de 1886. La fórmula que emergió fue Manuel Antonio Sanclemente para presidente y José Manuel Marroquín, de 72 años, para vicepresidente: sumando aproximadamente 155 años entre ambos candidatos, era una tarjeta pensada para tranquilizar al conservatismo tradicional, atar la sucesión al legado nuñista-cariano y desactivar cualquier veleidad reformista. Que Marroquín fuera profundamente religioso, prototipo del hidalgo castellano, maestro y novelista costumbrista antes que político activo, fundador y primer director de la Academia Colombiana de la Lengua, exministro de Instrucción Pública y rector del Colegio Mayor del Rosario, añadía prestigio moral y sabor eclesiástico a la fórmula. Que Sanclemente fuera oriundo de Buga aportaba conexión regional con el Cauca, bastión clave del conservatismo.

La crítica fue inmediata y feroz. Los comentaristas hablaron de paleontología política, señalando que la fórmula parecía diseñada más para un museo que para gobernar un país en crisis. Una caricatura del 27 de marzo de 1898, "El monstruo de la Regeneración", representó a Sanclemente como un dragón que sostenía una cuerda de la que pendía ahorcada una mujer que representaba a Colombia; en su pecho figuraban las cabezas de Marroquín y de otro personaje, y las de Núñez y otros aparecían como escamas en su cuerpo. La lectura circulante entre críticos era transparente: Caro había promovido candidatos de avanzada edad y frágil salud para retomar el ejecutivo mediante la designatura cuando el titular no pudiera ejercer. La sospecha bastó para deslegitimar la fórmula desde antes de la elección.

Los liberales presentaron a Miguel Samper para la presidencia y al general Foción Soto para la vicepresidencia. Fueron derrotados. El 4 de julio de 1898 el Consejo Electoral declaró la victoria conservadora. Con ella se consolidaba, al menos formalmente, el proyecto nacionalista; en el mismo movimiento se sellaba la exclusión política del liberalismo, cuya derrota electoral —sumada al fracaso, en noviembre de ese año, de una reforma electoral que había generado una alianza fugaz entre históricos y liberales— empujaría a los sectores belicistas del partido derrotado hacia la vía armada.

Un tesoro vacío, una deuda impagable

Sanclemente iba a heredar un Estado en quiebra. Hacia mediados de 1898, cuando su nombre se confirmaba como el del próximo presidente, el tesoro colombiano estaba vacío: los ingresos de aduana se encontraban embargados por 600.000 pesos, la deuda exigible ascendía a unos 7 millones, las obras públicas estaban paralizadas, los ingresos ordinarios no alcanzaban a cubrir los gastos corrientes de funcionamiento y se acumulaba el atraso en el pago a empleados públicos, especialmente grave entre telegrafistas y personal militar. El Banco Nacional, creado durante la Regeneración precisamente para financiar el gasto público mediante emisión de billetes de curso forzoso, había superado sistemáticamente sus límites legales; ya en 1894 el deterioro de la tasa de cambio y la inflación creciente evidenciaban un manejo calificado por sus críticos de descuidado o abiertamente ilegal.

El cuadro internacional agravaba el interno. La caída de los precios del café y los efectos de la guerra civil de 1895 habían provocado el incumplimiento en el pago de la deuda externa, y los esfuerzos por obtener nuevos préstamos en el exterior fueron infructuosos. Colombia ocupaba el último lugar entre las veinte naciones latinoamericanas en exportaciones per cápita y el penúltimo en inversión extranjera. Entre 1879 y 1899, los costos de productores y exportadores de café habían subido más rápido que la devaluación, de modo que el peso papel se volvió desventajoso incluso para el exportador —salvo por un breve período de costos laborales reales bajos entre 1888 y 1893—. Un impuesto a la exportación de café, aplicado en un momento de cotizaciones internacionales desfavorables, despertó la oposición activa del gremio cafetero.

Para enfrentar el hueco fiscal, el Senado aprobó en 1898 una emisión de 10 millones de pesos en papel moneda. La medida no impidió que la crisis asumiera proporciones catastróficas al año siguiente. La inflación galopante generada por las emisiones forzosas no empezaría a controlarse hasta 1907, y golpearía rudamente a todas las capas de la población.

La presidencia desde Anapoima

Sanclemente asumió el poder en 1898 —tenía, para entonces, entre 83 y 84 años— con una limitación física insalvable: su salud no le permitía residir en la altura de Bogotá. Estableció su gobierno en Anapoima, pueblo remoto de tierra caliente al occidente de Cundinamarca, y desde allí, a través de despachos, correspondencia y visitas ocasionales de ministros, intentó ejercer la presidencia. Marroquín, en Bogotá, se ocupaba de las funciones ejecutivas que el titular no podía atender.

Esta arquitectura del poder tenía consecuencias que ninguna prosa reglamentaria puede disimular. Un presidente octogenario, gobernando por escrito desde un pueblo distante, en medio de una crisis fiscal catastrófica, con un partido oficial fracturado entre nacionalistas e históricos y un partido liberal empujado hacia la insurgencia, era un centro de decisión que no podía funcionar. En 1899 se hizo evidente la incapacidad del Estado para manejar la crisis económica y mantener el orden. Las críticas crecieron. La emisión aprobada el año anterior había sido un paliativo insuficiente; el gobierno se veía obligado a expedientes desesperados: en junio de 1899 despidió a mil hombres de su ya escaso ejército y vendió dos cruceros de la marina, precisamente cuando la guerra se consideraba inevitable.

Y la guerra vino. El 28 de julio de 1899, en un gesto que la opinión pública consideró torpe e innecesario, los ministros del gobierno detuvieron y condujeron a la cárcel a los jefes liberales Rafael Uribe Uribe, José María Ruiz, Pedro Soler Martínez, Zenén Figueredo y Roberto Suárez, acusados de promover la guerra. La medida no la evitó: la aceleró. El 17 o 18 de octubre de 1899 sectores del liberalismo se pronunciaron en Santander contra el gobierno de Sanclemente, y con ese pronunciamiento arrancó la Guerra de los Mil Días. El epicentro inicial fue Santander, región de tradición liberal radical, fronteriza con Venezuela, de donde se esperaban abastecimientos de armas.

Circuló entonces —y ha sobrevivido en la interpretación historiográfica— la hipótesis de que sectores del propio gobierno regenerador estimularon de soslayo la revolución para justificar nuevas emisiones forzosas que aliviaran la crisis económica, confiados en aplastarla rápidamente como se había hecho con la revolución de 1895. Fuera o no cierto ese cálculo, el resultado desmintió el pronóstico: la guerra no fue breve, y las razones que empujaron al levantamiento eran más profundas de lo que la lectura conspirativa sugería. El liberalismo había sido excluido de todo espacio político bajo la Constitución de la Regeneración, cuyos rígidos preceptos impedían cualquier reforma desde dentro; el fracaso de la reforma electoral en noviembre de 1898 había eliminado el último incentivo para permanecer en la vía política.

Sanclemente, entretanto, seguía en Anapoima.

El golpe del 31 de julio de 1900

La guerra tenía menos de un año de andadura cuando el propio conservatismo decidió que no podía seguir sosteniendo la ficción de un presidente ausente. El 31 de julio de 1900, los conservadores históricos ejecutaron un golpe de Estado que depuso a Sanclemente y llevó al poder al vicepresidente Marroquín, cabecilla del movimiento. El acto fue ilegal y quedaría descrito en la historiografía como una oscura treta: no una destitución constitucional, no una renuncia negociada, sino una maniobra que aprovechó la incapacidad ejecutiva del titular para transferir el mando.

El objetivo político de los históricos al deponer a Sanclemente no era, como podría suponerse, terminar la guerra civil: era recuperar el poder que la fractura de 1896 les había arrebatado dentro del partido. Sanclemente encarnaba al nacionalismo cariano; su caída significaba que, tras casi cuatro años de exclusión, el ala histórica regresaba al ejecutivo. Pero esa recuperación duraría poco. Un año después, el 31 de agosto de 1901, Pedro Nel Ospina encabezó un segundo intento de golpe, también ilegal, esta vez contra Marroquín y esta vez fallido. Carlos Martínez Silva estuvo vinculado tanto al golpe exitoso de julio de 1900 como al intento fallido de agosto de 1901. El fracaso de este segundo movimiento, junto con la creciente amenaza militar liberal a fines de 1901, tuvo un efecto que sus autores no previeron: consolidó el gobierno de Marroquín en manos de los elementos más intransigentes del Partido Conservador. Desde 1902 hasta el fin de la guerra y en el período de posguerra inmediato, el poder político formal fue monopolizado por esos extremistas, cuyo principal líder y beneficiario fue Arístides Fernández.

Sanclemente, mientras tanto, se había retirado por completo de la escena pública. Murió en 1902, el mismo año en que la guerra concluyó con los tratados de paz de Neerlandia (24 de octubre) y Wisconsin (21 de noviembre). No vivió para presenciar la pérdida de Panamá, consumada el 3 de noviembre de 1903 bajo el gobierno de Marroquín.

Red de figuras: Caro, Marroquín, Núñez, la sombra del historicismo

La biografía política de Sanclemente es indisociable de tres nombres. Rafael Núñez fue el arquitecto original del régimen bajo el cual Sanclemente ascendió: la Regeneración era su obra, y el pacto con la Iglesia y con el conservatismo, su firma. Cuando Núñez murió en 1894, dejó a Caro como heredero intelectual y político. Miguel Antonio Caro fue el patrón directo de Sanclemente: bajo su administración desempeñó encargos, con su plena aquiescencia se construyó la candidatura de 1898 y, según la interpretación crítica dominante, a su servicio se ofreció como presidente-pantalla. La relación no fue de subordinación humillante sino de continuidad ideológica: Sanclemente creía en la Regeneración, en el centralismo, en el Concordato, en la autoridad conservadora. Su docilidad presunta era también convicción compartida.

José Manuel Marroquín fue la figura paralela, la sombra que se volvió sustancia. Descendiente de una ilustre familia terrateniente de la Sabana de Bogotá, nunca salió del interior de Colombia a lo largo de su vida. Su perfil era el de un intelectual y educador antes que el de un político: maestro, novelista costumbrista, hacendado, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua. Fue elegido vicepresidente en 1898 y ejerció funciones presidenciales en ausencia del titular desde el comienzo. En 1900 encabezó el golpe; entre 1900 y 1904 gobernó Colombia en uno de los cuatrienios más sanguinarios de su historia, que culminó con la pérdida de Panamá. Una novela publicada en 1907, Pax, escrita por su hijo Lorenzo Marroquín bajo el gobierno de Rafael Reyes, describiría con extensa acidez la desmedida corrupción administrativa del gobierno durante la Guerra de los Mil Días, pese a que su autor sostenía —paradoja no menor— un punto de vista gobiernista. Lorenzo Marroquín se consideraba inmune a la censura por ser hijo del expresidente; escribió, en cierto modo, la crónica interna de un régimen del que su familia había sido pieza central.

Detrás de estas figuras se movió el historicismo: Carlos Martínez Silva, Abraham Moreno, más tarde Pedro Nel Ospina, encarnaron el ala reformista del conservatismo que desde 1896 impugnaba la Regeneración desde adentro. Su Manifiesto de los 21 y Las Bases pedían reforma constitucional, apertura al liberalismo y abolición de la Ley de los Caballos. La fractura entre históricos y nacionalistas fue el hecho decisivo del período: Sanclemente fue elegido para conjurarla y terminó siendo derribado por ella.

La huella: presidente-símbolo, presidente-síntoma

La historia colombiana no ha sido generosa con Manuel Antonio Sanclemente. La imagen dominante —el anciano de 83 años que gobernaba desde Anapoima porque no podía subir a Bogotá, mientras el país se hundía en la guerra civil y el tesoro se vaciaba— tiene la contundencia de la caricatura contemporánea: el monstruo de la Regeneración, la paleontología política, el títere de Caro. Y sin embargo esa imagen, aunque no falsa, es insuficiente. Sanclemente no fue el causante del desastre que su presidencia dejó ver; fue su intérprete involuntario.

La crisis fiscal era estructural y venía de la propia Regeneración: la emisión desaforada del Banco Nacional, el incumplimiento de la deuda externa, la caída de los precios del café, la precariedad productiva de una economía que ocupaba el último lugar de la región en exportaciones per cápita. La exclusión liberal era constitucional: la Carta de 1886, obra de Caro, había cerrado las vías de reforma desde dentro. La fractura conservadora era anterior a su gobierno: venía de 1896 y del choque entre nacionalistas e históricos, agravado por la muerte de Núñez y por el retorno anticipado de Caro tras la designatura de Quintero Calderón. Cualquier presidente, joven o anciano, habría heredado un Estado al borde del colapso.

Lo específico de Sanclemente fue haber convertido esa herencia en imagen visible: su incapacidad física para gobernar hizo tangible una incapacidad política que llevaba años acumulándose. Al elegirlo, la Regeneración eligió también su propia figura terminal: un presidente cuya condición corporal reflejaba la condición institucional del régimen que representaba. Y cuando los históricos lo derribaron el 31 de julio de 1900, no derrumbaban a un anciano: derrumbaban la ficción de que la hegemonía conservadora podía seguir gobernando bajo las formas nuñistas-carianas de la década anterior.

Por eso su lugar en la historia es doble. Como personaje, Sanclemente es una nota al pie: pocos discursos memorables, ninguna doctrina propia, un cuerpo enfermo y una firma que otros usaban. Como síntoma, en cambio, es central: sin él no se entiende cómo la Regeneración pasó del proyecto triunfante de 1886 al desastre múltiple de 1900-1903 —guerra civil, quiebra fiscal, pérdida de Panamá—. La Constitución que él debía custodiar sobrevivió, en efecto, hasta 1991; el Concordato, con reformas, aún más. Pero el modelo político que los había producido —la alianza nuñista-cariana, la exclusión liberal, la unidad conservadora ficticia, el financiamiento por emisión forzosa— se rompió durante su presidencia y no volvió a rearmarse.

Manuel Antonio Sanclemente murió en 1902, a los 88 o 89 años, sin ver el final de la guerra que había estallado bajo su mandato y sin conocer la magnitud del descalabro que se avecinaba en el istmo. Su nombre quedó asociado, en la memoria histórica, al desgobierno y a la ancianidad. Es una injusticia parcial: no fue mejor presidente que su leyenda, pero tampoco fue solo el problema. Fue, más exactamente, la forma humana que asumió una crisis mayor —la de un régimen entero llegando a su fin— en el cuerpo enfermo de un anciano jurista de Buga que había creído toda su vida en la autoridad, en la Iglesia y en el orden conservador, y que aceptó gobernar cuando ya era tarde para gobernar nada.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

26 documentos · 35 fragmentos
01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 170, 1732 citas
[1]

la presidencia de don Mariano Ospina Rodríguez y otros encargos durante la adminis- tración de Miguel Antonio Caro. Su paso por esas posiciones le permitió pro- yectar un sentido de fervor partidista y alimentar sus apetencias de llegar más lejos. Así, es pos- tulado como candidato a la primera magistratura de la…

p. 170
[35]

del poder, dentro de los cuales sucedie- ron hechos tan significativos para el país como la terminación de la Guerra de los Mil Días y la irreparable separación de Panamá. Marroquín nació en la capital colombiana el 6 de agosto de 1827 y murió allí mismo el 19 de septiembre de 1908, a los 81 años. Cursó literatura y…

p. 173
02Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Páginas 80, 1952 citas
[2]

chosen. Critics immediately emphasized the immoderate age of the Nationalist candidates and one pundit described their choice as an example of "political paleontol- ogy."22 Sanclemente, a native of Buga, Cauca, was eighty-three years old in 1897. Given his age and poor health (critics said he was senile), it was…

p. 80
[28]

the Historical Conservatives.P" Coupled with the growing military threat of the Liberal guerrillas in late 1901, the attempted coup headed by Pedro Nel Ospina had the effect of placing Marroquin's government securely in the hands of the Conservative extremists. Beginning in 1902 and for the remainder of the war the…

p. 195
03Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 3761 cita
[3]

entre sus ministros y se mostraba condescendiente con los liberales, reasumió el poder. Al fracasar en su intento, Caro se preocupó por elegir unos candidatos débiles. Tampoco es un secreto que una de sus grandes ambiciones fue fortalecer el ejército; por eso las bayonetas sostienen la urna. El 27 de marzo de 1898 se…

p. 376
0430 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1511 cita
[4]

división entre los conservadores, los históricos y los nacionalistas. Carlos Martínez Silva quedó a la cabeza de los conservadores históricos y Miguel Antonio Caro de los nacionalistas. Los históricos propugnaban por darles participación a los liberales y abolir la llamada Ley de Caballos, que incluía fuertes…

p. 151
05Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 201 cita
[5]

requisitos para ser elector, permitió una alianza fugaz entre históricos conser- vadores y liberales. Cuando en noviembre de 1898 fracasó el intento de hacer aprobar una reforma electoral en el Congreso, los guerreristas liberales desple- garon sus velas y se hicieron a la mar. Entre tanto, en el conservatismo la…

p. 20
06Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 861 cita
[6]

y la cercanía de las elecciones presi- denciales del año 1898 fue su objetivo inmediato. No queriendo inhabilitar- se, puesto que la reelección era in- constitucional, escoge ese difícil año de 1896 para retirarse de la presiden- cia, dejando en ella al designado, ge- neral Guillermo Quintero Calderón; pensaba así…

p. 86
07De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 442 citas
[7]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[11]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
08De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 442 citas
[8]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[12]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
09Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 261 cita
[9]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1701 cita
[10]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
11La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1501 cita
[13]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
12Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 114, 1232 citas
[14]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
[17]

los billetes. El Banco era independiente en su diseño institucional y al secreta- rio de Hacienda se le prohibía asistir a su junta directiva. Sin embargo, sus compromisos de emisión moderada no fueron creíbles, en especial el de no superar el límite de los 12 millones de pesos, que era en ese entonces el presu-…

p. 123
13Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 341 cita
[15]

que suscitó agudas críticas. Hacia mediados de 1898, el Estado en- traba en plena crisis fiscal: el tesoro se hallaba vacío, los ingresos de aduana estaban embargados por $ 600.000, y la deuda exigible ascendía a unos $ 7 millones. Las obras públicas se ha- llaban paralizadas, los ingresos no al- canzaban para cubrir…

p. 34
14Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1711 cita
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gobern ó desde un pueblo remoto, pues ■ ai salud le imped í a subir a las alturas de Bogot á. Durante los gobiernos de 1886 a 1898 el gobierno, para obte ner recursos, cre ó un Banco Nacional al que dio el derecho de emi- lir billetes de curso forzoso. Su manejo fue descuidado o ilegal, pero la expansi ó n monetaria…

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15Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 2192 citas
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las cotizaciones internacionales. La difícil situación venía siendo confrontada con desacierto y arbi- trariedad por el gobierno que, al imponer en tales momentos un impuesto a la exportación, despertó la activa oposición del gre- mio cafetero. El gobierno se hallaba hundido, además, en una desmedida corrupción…

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las cotizaciones internacionales. La difícil situación venía siendo confrontada con desacierto y arbi- trariedad por el gobierno que, al imponer en tales momentos un impuesto a la exportación, despertó la activa oposición del gre- mio cafetero. El gobierno se hallaba hundido, además, en una desmedida corrupción…

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16Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Páginas 59, 662 citas
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tional scene was the ongoing poverty of the central government. That was in turn rooted in the undeveloped character of the economy. The rise of coffee notwithstanding, Colombia’s economy was one of Latin America’s least pro- ductive in 1899. In per capita exports and foreign investment, to cite but two indicators,…

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ringleader of both the successful and illegal coup of July 31, 1900, and of the unsuccessful and also illegal coup attempt of August 31, 1901. In spite of all that, Marroquín had the forbearance and good sense to make Martínez Silva head of the diplomatic mission charged with negotiating a Panama canal treaty with the…

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17Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Páginas 145, 3022 citas
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only from 98 to 163.1 refer to a composite cost in which the two elements are the cost of wages on the hacienda and transport costs. The ratio of labour costs to the final peso price (column 6) remained at its lowest level between 1888 and 1893, but after 1894 it rose much more rapidly than the rate of depreciation.…

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Rubio to R. Herrera, Sasaima, 11 October 1898. 20 A great deal has been written on this period. Good bibliographies are provided by C. Bergquist, 'Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1904: Origins and Outcome of the War of the Thousand Days', unpublished Ph.D. thesis, Stanford University, 1973, and by L. Martinez…

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18Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 651 cita
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de la nu eva soc iedad industri a l. Pero Co- lombia distaba de ser una sociedad industrial. Las ten siones socia- les, especia lm ente en las regione s rura les, seguían mediadas por el ga monali smo, el paternali s mo, el secta rismo partidista. De la paz ci mtífi ca a los desast,·es de la guerra La Reg en er ación…

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19Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1451 cita
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Retratar el ambiente político e intelectual de la capital colombiana después de la Guerra de Los Mil Días no era una empresa fácil en medio de las censuras del gobierno de Rafael Reyes. Una novela como Pax (1907), que desató un escándalo social y de la que se vendieron dos ediciones en poco más de un mes, solo podía…

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20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 711 cita
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la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…

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21Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 681 cita
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cuencia ldgica, una inflacién que encarecié las im- portaciones y estimuld la especulacion, factores que complicaron todavia mas el mal estado del pais. En estas circunstancias, el grupo liberal llamado «autonomista», encabezado por el general Rafael Uribe Uribe, promovid la guerra contra los conser- vadores, la cual…

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22Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 291 cita
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de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…

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23Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 3861 cita
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una Colombia enfrentada con siniestra regula- I ridad. Una Colombia que, en lugar de ir mitigando sus pa- siones con el paso de los años, va refinando con ellos el • ejercicio de la violencia, con el apoyo del avance técnico y / científico del armamento y con un hombre colombiano s cada vez más amañado con la aventura…

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24Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2991 cita
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fugaz e inmaduro intento revolucio- nario del 95 no fue sino antesala de la más terrible, prolongada y destructora de las contiendas civiles del siglo XIX, proyectada hacia los albores del xx con efectos desastrosos. Originada, como las anteriores, en razones polí- ticas, se tradujo en levantamiento ge- neral de las…

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25Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 281 cita
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cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…

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26Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Páginas 33, 352 citas
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que no obstante esto, si se presentare ocasi6n de reparar entuertos, siempre estoy listo a cumplir mi palabra». Al recibir este mensaje, el general Uribe le expres6 a Lucas Caballero: «Ya no hay objeto en inquirir si tales promesas fueron leales 0 mas bien una emboscada; hoy no tenemos que preocupar- nos sino de…

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y con el fin de obtener ayuda de algunos gobiernos liberales de otros paises, como Venezuela, Ecuador y Nicaragua, varios jefes prominentes, como Rafael Uribe y Focién Soto, via- jaron a dichos paises. La situacién vino a agravarse en grado sumo cuando, el 28 de julio de 1899, los ministros resi- dentes en Bogota,…

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