Golpe palaciego de Marroquín contra Sanclemente (1900)
El 31 de julio de 1900, en plena Guerra de los Mil Días, una coalición de conservadores históricos liderada por Carlos Martínez Silva y apoyada por el jefe de policía Arístides Fernández depuso al presidente Manuel Antonio Sanclemente y entregó el ejecutivo al vicepresidente José Manuel Marroquín, fracturando públicamente el Partido Conservador y traicionando la promesa de paz que había legitimado el pronunciamiento.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 31 de julio de 1900
- Dónde
- Bogotá, Cundinamarca, Panamá, Colombia, Santander, Villeta
- Protagonistas
- José Manuel Marroquín, Manuel Antonio Sanclemente, Miguel Antonio Caro, Aquileo Parra, Pedro Nel Ospina, Rafael Uribe Uribe, Carlos Martínez Silva, Aristides Fernández, Marceliano Vélez, Ramón González Valencia, Partido Conservador (facción histórica), Partido Conservador (facción nacionalista)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La fractura del Partido Conservador entre históricos y nacionalistas, abierta desde 1896 con el Manifiesto de los 21, que enfrentó a quienes pedían reformas y apertura política con quienes defendían la ortodoxia regeneracionista de Caro.
- La grave crisis fiscal del Estado colombiano hacia 1898-1899: tesoro vacío, ingresos de aduana embargados por 600.000 pesos, deuda exigible de unos siete millones y atraso en el pago a empleados y militares, que erosionó la legitimidad del régimen nacionalista.
- La postulación de Sanclemente —83 años— y Marroquín —72 años— como fórmula presidencial en 1898, concebida en parte para mantener la influencia de Caro, que dejó el ejecutivo en manos de un titular imposibilitado y creó un vacío de poder aprovechable.
- La victoria conservadora en la batalla de Palonegro (11-26 de mayo de 1900), que los históricos interpretaron como el momento óptimo para negociar la paz desde una posición de fuerza, mientras los nacionalistas preferían continuar la ofensiva militar.
- La negativa del gobierno de Sanclemente a negociar una salida política al conflicto, que convenció a los históricos de que solo mediante las vías de hecho podían imponer la paz prometida al liberalismo pacifista de Aquileo Parra.
Consecuencias
- Marroquín incumplió de inmediato las promesas hechas a Aquileo Parra: nombró a Fernández gobernador de Cundinamarca y desautorizó las conversaciones de paz que sus ministros históricos habían abierto con Rafael Uribe Uribe, prolongando la guerra en su fase más sanguinaria.
- El fracaso del contragolpe de Pedro Nel Ospina el 31 de agosto de 1901 consolidó el control del ala extremista del conservatismo sobre el gobierno, con Fernández como figura dominante desde el ministerio de Guerra.
- Fernández ordenó en 1902 aplicar justicia sumaria a los prisioneros liberales; cuando Martínez Silva protestó, fue encarcelado en el Panóptico, convirtiendo al principal artífice del golpe en víctima del régimen que había creado.
- El gobierno de Marroquín incurrió en emisión desaforada de papel moneda para financiar el déficit fiscal de guerra, generando una inflación galopante que no comenzó a controlarse sino hasta 1907.
- La parálisis política y la conducción errática del conflicto bajo Marroquín debilitaron la capacidad negociadora de Colombia frente a Estados Unidos, contribuyendo a la separación de Panamá en noviembre de 1903 sin que el gobierno pudiera oponer resistencia diplomática efectiva.
- Carlos Martínez Silva, organizador del golpe, terminó preso en el Panóptico en septiembre de 1902, ilustrando la dinámica por la cual el pronunciamiento fue capturado por fuerzas distintas a las que lo habían fraguado.
La clave interpretativa
Por qué importa
El golpe del 31 de julio de 1900 revela que la Guerra de los Mil Días no fue solo un conflicto bipartidista sino también una guerra civil dentro del propio conservatismo, cuya fractura interna determinó la conducción errática del conflicto y la imposibilidad de una paz temprana. La traición a las promesas hechas al liberalismo pacifista prolongó innecesariamente el derramamiento de sangre y entregó el poder a los sectores más intransigentes del partido gobernante, creando las condiciones de debilidad institucional y fiscal que en 1903 facilitaron la pérdida de Panamá. Sin comprender este episodio, la hegemonía conservadora del siglo XX aparece como un bloque monolítico cuando en realidad nació de una fractura que nunca cicatrizó del todo.
Desarrollo histórico
La historia completa
El golpe palaciego del 31 de julio de 1900
En la madrugada del 31 de julio de 1900, mientras la Guerra de los Mil Días entraba en su décimo mes y los muertos de Palonegro apenas terminaban de enterrarse, un grupo de conservadores históricos aliados con el jefe de policía Arístides Fernández y respaldados en silencio por el liberalismo pacifista de Aquileo Parra depuso al presidente Manuel Antonio Sanclemente y entregó el ejecutivo al vicepresidente José Manuel Marroquín. El octogenario titular se hallaba ausente de Bogotá —convaleciente en tierra caliente— y el golpe se consumó sin sangre, en cuestión de horas, mediante el control de la fuerza pública en la plaza y la coordinación política de la facción histórica del Partido Conservador. No fue un cambio de guardia protocolario ni la sustitución de un anciano imposibilitado por su reemplazo natural: fue la victoria interna de una coalición que prometió paz para acceder al poder y que, una vez instalada, negó esa paz. De ese incumplimiento se derivan la fase más sanguinaria de la guerra, la radicalización del régimen conservador entre 1901 y 1902, y la parálisis diplomática que en noviembre de 1903 permitió la separación de Panamá. El golpe palaciego de julio de 1900 es la bisagra oculta de aquel cuatrienio: sin él no se entiende ni la conducción errática del conflicto ni la debilidad con que Colombia enfrentó al gobierno de Theodore Roosevelt.
La fractura conservadora antes del golpe
La grieta que hizo posible el 31 de julio venía abriéndose desde mediados de la década de 1890. Muerto Rafael Núñez en 1894, Miguel Antonio Caro quedó al mando pleno del gobierno y el proyecto de la Regeneración perdió a su articulador político mayor: donde Núñez había sabido combinar autoridad y transacción, Caro impuso una línea de exclusión doctrinaria que fue agriando incluso al propio conservatismo. En 1896 el partido se dividió en dos alas nítidas. Los nacionalistas, encabezados por Caro, defendían la ortodoxia regeneracionista, el control férreo sobre la prensa mediante la llamada Ley de los Caballos y la marginación política sistemática del liberalismo. Los históricos, con Carlos Martínez Silva a la cabeza, publicaron ese mismo año el Manifiesto de los 21 —también conocido como Motivos de disidencia—, en el que pedían reformas a la Constitución de 1886, apertura hacia posiciones más liberales, participación de la oposición en el gobierno y abolición de las restricciones a la prensa.
En las elecciones de 1898 los nacionalistas se impusieron con una fórmula deliberadamente concebida como transitoria: Manuel Antonio Sanclemente, de 83 años, para presidente, y José Manuel Marroquín, de 72, para vicepresidente. La suma de 155 años entre ambos candidatos fue objeto de burla pública bajo la etiqueta de paleontología política, y varios contemporáneos leyeron la maniobra como un mecanismo para que Caro conservara el poder efectivo detrás del trono, ya fuera haciéndose elegir designado o gobernando de facto sobre un titular imposibilitado. El Consejo Electoral proclamó la victoria de Sanclemente y Marroquín el 4 de julio de 1898 sobre la fórmula liberal de Miguel Samper y el general Foción Soto.
En noviembre de ese año fracasó en el Congreso el intento de aprobar una reforma electoral que habría abierto un canal institucional a la oposición. Ese fracaso rompió la alianza fugaz que los históricos habían tanteado con los liberales guerreristas y clausuró la última vía política antes de las armas. Al mismo tiempo el Estado se hundía en una crisis fiscal sin precedentes: hacia mediados de 1898 el tesoro estaba vacío, los ingresos de aduana embargados por 600.000 pesos, la deuda exigible ascendía a unos siete millones, las obras públicas paralizadas y el pago a empleados y militares atrasado meses. En 1899 Colombia ocupaba el último lugar entre las veinte naciones latinoamericanas en exportaciones per cápita. La caída de los precios internacionales del café —agravada por un impuesto interno a la exportación que enfureció al gremio— cerró las puertas del crédito externo. En junio de 1899 el gobierno tuvo que licenciar a mil hombres del ejército y vender dos cruceros de la armada, precisamente cuando la guerra se anunciaba inevitable.
Los liberales belicistas proclamaron el conflicto el 30 de septiembre de 1899. El desgobierno bajo Caro y sus aliados —incapacidad para pagar la nómina, campos desolados, negocios en quiebra— les había dado la razón sobre la ineficacia del régimen. Pero el golpe interno vendría no de la oposición armada sino del propio conservatismo, cuando el ala histórica comprendió que Sanclemente, aunque nominalmente presidente, era manipulado por el círculo de Caro para prolongar la guerra en lugar de negociarla.
Palonegro y el momento oportuno
La batalla de Palonegro, librada entre el 11 y el 26 de mayo de 1900 en las cercanías de Bucaramanga, cambió la ecuación política. Fue el combate más largo y mortífero de la Guerra de los Mil Días: dieciséis días de fuego continuo, con un saldo aproximado de cinco mil muertos liberales, tres mil conservadores y casi siete mil heridos. La revolución liberal salió de allí quebrada como fuerza convencional; en adelante la guerra se fragmentaría en guerrillas dispersas por la geografía y las rivalidades entre jefes, incapaces de sostener una dirección centralizada.
Palonegro dejó al conservatismo con una victoria militar clara pero con un problema político mayor. Para los históricos, era el momento de negociar desde una posición de fuerza: una paz honrosa con reformas moderadas podía consolidar la hegemonía conservadora sin desangrar más al país. Para los nacionalistas más duros, la victoria pedía ser completada mediante el aniquilamiento de la resistencia liberal. Sanclemente, o quienes hablaban en su nombre desde Anapoima y Villeta —los pueblos de clima templado donde el presidente pasaba largas temporadas por prescripción médica—, se inclinaban por prolongar la ofensiva. Los históricos entendieron que si querían imponer la salida negociada tenían que tomar el poder.
La conspiración se fraguó durante junio y julio en Bogotá. Los conjurados contaban con que la salud precaria del octogenario terminaría por retirarlo del cargo, pero, ante la situación estacionaria del presidente, optaron por las vías de hecho. Carlos Martínez Silva —firmante en 1896 del Manifiesto de los 21— fue el principal organizador. Desde Antioquia respaldaba la operación Marceliano Vélez, y desde Santander el general Ramón González Valencia aportaba su influencia entre los mandos militares. Aquileo Parra, jefe del liberalismo de paz, fue informado en secreto y dio su aprobación plena: los negociadores históricos le prometieron una paz honrosa sin represalias, la convocatoria de un congreso constituyente, la participación liberal en las juntas electorales y la liberación de los presos políticos.
La pieza decisiva, sin embargo, no estaba en la cúpula sino en la calle. Arístides Fernández, jefe de policía con cerca de cuatrocientos hombres bajo su mando, controlaba la fuerza pública inmediata en Bogotá. Sin él no había golpe posible; con él, era prácticamente imposible fracasar. Fernández, calculador, demoró deliberadamente su toma de partido durante las horas críticas del 31 de julio, dejando que la incertidumbre se alargara lo suficiente para que nadie pudiera después dudar de que él había sido el factor determinante. Cuando finalmente inclinó su fuerza hacia los conspiradores, el golpe estaba consumado.
El 31 de julio en el Palacio de San Carlos
La jornada se desarrolló en un clima de tensión considerable, con tropas y policía desplegadas en la plaza de Bolívar y en las inmediaciones del Palacio de San Carlos, pero sin combate. Sanclemente no estaba en Bogotá: convaleciente en Villeta, gobernaba a través de comunicaciones intermitentes y ministros interpuestos, situación que los conspiradores conocían al detalle y habían calculado. La ausencia física del presidente titular hacía innecesaria cualquier confrontación armada y permitía que el vicepresidente Marroquín asumiera el ejecutivo con apariencia de continuidad institucional.
Marroquín firmó los decretos que lo instalaban en el poder y anunció el propósito declarado del nuevo gobierno: buscar una paz negociada con el liberalismo revolucionario. Varios ministerios pasaron a manos de los históricos —era la contraparte política del apoyo militar recibido— y en las semanas siguientes ministros como Martínez Silva abrieron canales de conversación con Rafael Uribe Uribe y otros jefes liberales. Sanclemente, informado del golpe, protestó formalmente y se negó a reconocer la legitimidad de la sustitución, pero, aislado en Villeta y sin control sobre la fuerza pública, careció de medios para revertirla. Marroquín ejercería las funciones ejecutivas plenas desde ese 31 de julio hasta el fin de su período en 1904, reconocido como presidente de facto pese al carácter irregular de su llegada al poder.
Detrás de la fachada de transición institucional, la operación había sido un pronunciamiento en toda forma. Un vicepresidente septuagenario, un hombre de letras sin base militar propia ni control real sobre las facciones que lo habían encumbrado, se convertía en la figura nominal de una coalición cuyos verdaderos centros de gravedad estaban en otra parte: en Fernández y su policía, en los mandos militares alineados con los históricos, y en el ala guerrerista que muy pronto se impondría sobre los propios promotores del golpe.
El presidente accidental y la traición a la paz prometida
Marroquín tenía 72 años, pertenecía a una ilustre familia terrateniente de la Sabana de Bogotá y era, ante todo, un hombre de letras: fundador y primer director de la Academia Colombiana de la Lengua, rector del Colegio Mayor del Rosario, novelista costumbrista, agricultor y maestro reconocido por su facilidad para el magisterio y su sentido del humor. Nada en su biografía lo preparaba para dirigir un país en guerra civil ni para arbitrar entre facciones militarizadas. En un discurso célebre reconoció con lucidez el diagnóstico —que los males del país no eran menores que los de una invasión extranjera, que se originaban en odios, envidias y ambiciones, y que en política se luchaba más por hundir o levantar personas que por principios— pero no pasó del registro. Las instituciones del Estado se hallaban deshechas y él no tenía ni la fuerza ni la voluntad para reconstruirlas.
La primera cesión llegó pronto. Marroquín cedió a la presión de los guerreristas y nombró a Fernández gobernador de Cundinamarca, en flagrante contravención de lo prometido a Parra. Simultáneamente desautorizó las conversaciones de paz que sus propios ministros históricos —Martínez Silva entre ellos— habían adelantado con Uribe Uribe y otros jefes liberales. La promesa que había legitimado el golpe se rompía en cuestión de meses; la guerra, lejos de negociarse, se recrudecía.
En la fase guerrillera posterior a Palonegro, los liberales recuperaron iniciativa en el centro del país y hacia 1902 amenazaban con dominar Panamá. En la región Caribe la contienda había sido guerrillera desde el principio: pequeñas unidades insurgentes hostigaban tropas gubernamentales más numerosas en circuitos de ataque y retirada, apoyándose en el conocimiento del terreno y en redes locales de campesinos e indígenas que servían como exploradores. La incapacidad del general liberal Gabriel Vargas Santos —que tras la victoria liberal en Peralonso había permanecido inmóvil en Cúcuta en lugar de perseguir al ejército derrotado y marchar sobre Bogotá— había impedido antes de Palonegro que aquella victoria táctica se convirtiera en triunfo estratégico. Después de Palonegro, la guerra no tenía ya una salida militar limpia para ninguno de los dos bandos, pero sí una salida política: la que Marroquín acababa de cerrar.
El contragolpe fallido y la captura del régimen por los extremistas
En agosto y septiembre de 1901 se produjo lo que solo puede llamarse un contragolpe. Pedro Nel Ospina, entonces ministro de Guerra, y su pariente Mariano Ospina Chaparro encabezaron una conspiración que reunía a históricos descontentos con el rumbo bélico y a nacionalistas deseosos de recuperar posiciones tras el desplazamiento de Sanclemente. La maniobra replicaba, en versión invertida, la fórmula del 31 de julio: aprovechar la debilidad del titular para sustituirlo por una figura que reabriera las negociaciones. El intento fracasó el 31 de agosto de 1901 y cerró en definitiva la posibilidad de una salida política al conflicto.
El efecto paradójico del golpe fallido fue colocar el gobierno de Marroquín firmemente en manos de los conservadores extremistas. Arístides Fernández, ya gobernador de Cundinamarca, se convirtió en la figura dominante del gabinete al asumir el ministerio de Guerra y en el principal beneficiario político del descalabro de Ospina. Su influencia y su prestigio —construidos sobre la implacabilidad más que sobre victorias militares propias— crecieron a medida que la guerra se prolongaba. Desde 1902 y hasta el fin del cuatrienio, el poder político formal en Colombia quedó monopolizado por los elementos más intransigentes del Partido Conservador.
En 1902 Fernández declaró públicamente en Bogotá su intención de llevar a cabo una cauterización rápida de la herida infligida por el liberalismo, al que describió como una enfermedad endémica que corroe y envenena el organismo social. La retórica se tradujo en órdenes concretas: a mediados de ese año instruyó a los comandantes gubernamentales para que administraran justicia sumaria a los prisioneros liberales, es decir, para que los fusilaran sin juicio. Cuando Carlos Martínez Silva —el hombre que había organizado el golpe de julio de 1900 con la promesa de paz— protestó estas ejecuciones ante Marroquín en septiembre de 1902, Fernández lo encarceló en el Panóptico de Bogotá. El principal artífice del pronunciamiento terminaba preso por orden del hombre que él mismo había ayudado a encumbrar.
Marroquín, entretanto, ejercía una presidencia que no controlaba. El 12 de junio de 1902, transcurridos 32 meses de guerra, el gobierno emitió el Decreto 933 concediendo indulto condicionado a quienes entregaran las armas, con excepción de los responsables de delitos comunes y de los cabecillas de expediciones organizadas en el extranjero. Fue una concesión a la lógica de agotamiento generalizado, no un giro estratégico. Las paces que pondrían fin a la guerra se firmarían pocos meses después: la de Neerlandia, en octubre de 1902, entre Uribe Uribe y los delegados gubernamentales; y la del acorazado estadounidense Wisconsin, anclado frente a la costa panameña, entre el general Benjamín Herrera y el gobierno colombiano, en noviembre de ese año. Se atribuye al propio Marroquín la frase que resumía el desenlace con humor amargo bogotano: La paz llegó con todos sus horrores.
Ruina fiscal, corrupción y descomposición del Estado
Mientras la guerra se libraba en el campo, en el gobierno se desataba otra clase de descomposición. La emisión de papel moneda de curso forzoso, iniciada bajo Caro para cubrir el déficit fiscal, se disparó bajo Marroquín hasta niveles catastróficos. La inflación galopante que resultó no comenzaría a controlarse sino a partir de 1907 y golpeó a todas las capas de la población, incluido el gremio cafetero que ya soportaba precios internacionales deprimidos y un impuesto interno a la exportación. Durante la guerra el gobierno confiscó fondos municipales, exigió préstamos forzosos al Banco de Barranquilla —único banco privado que había sobrevivido a la inflación de los años noventa— y recurrió a toda forma de expediente fiscal de emergencia.
A la ruina económica se sumó una corrupción administrativa desmedida. En 1907, Lorenzo Marroquín —hijo del expresidente— publicaría la novela Pax, cuya venta alcanzó dos ediciones en poco más de un mes y desató un escándalo social. La obra, aunque sostenía un punto de vista gobiernista, describía con crudeza el saqueo de los fondos públicos, la venalidad de los funcionarios y la impunidad de los negocios protegidos por el régimen. Que fuera precisamente el hijo del presidente quien retratara aquel saqueo —protegido de la censura de Rafael Reyes por esa misma condición filial— cierra el retrato del cuatrienio con más nitidez que cualquier requisitoria liberal.
Este colapso simultáneo de las finanzas, las instituciones y la fuerza militar reduciría a Colombia, hacia 1903, a una posición internacional de mendicidad frente a Washington. Ningún gobierno que no pagara a su ejército, que no pudiera sostener el crédito de su moneda y que hubiera desperdigado a los mandos moderados de su propio partido podía negociar de igual a igual el tratado sobre el canal.
Panamá como consecuencia derivada
La conexión entre el golpe del 31 de julio de 1900 y la separación de Panamá el 3 de noviembre de 1903 no es lineal ni mecánica, pero sí lo suficientemente estrecha para no ser accidental. Al derrocar a Sanclemente, la coalición histórica había prometido una salida negociada al conflicto; al cederle el poder efectivo a Fernández tras el contragolpe fallido de 1901, esa salida quedó cerrada y la guerra se prolongó dos años más, agravando el desprestigio internacional del país y la debilidad de su Estado. La firma de la paz en 1902 dejaba un gobierno exhausto, sin recursos y sin margen político para maniobrar en el momento preciso en que la administración de Theodore Roosevelt exigía condiciones definitivas sobre el canal interoceánico.
En agosto de 1903 el Senado colombiano rechazó unánimemente —24 votos contra 0— el Tratado Herrán-Hay, que autorizaba a Estados Unidos la construcción y explotación del canal en términos que la opinión colombiana consideraba lesivos de la soberanía. Marroquín, consciente de su vulnerabilidad política y de la impopularidad del tratado, se había negado a asumir personalmente la responsabilidad de aceptarlo o rechazarlo pese a que ejercía plenos poderes ejecutivos desde julio de 1900. Temía —con razón— que aprobar el tratado en nombre del pueblo colombiano le costaría la supervivencia política. La debilidad institucional del régimen se traducía así en incapacidad de decisión soberana en el momento decisivo.
El rechazo del Senado fue el detonante inmediato. Panamá, aislada geográficamente de Bogotá, sin servicios sociales básicos pese al pago de impuestos, con una guerra guerrillera reciente en su territorio y con antiguos vínculos económicos con Estados Unidos, encontró en la crisis la oportunidad separatista. El 3 de noviembre de 1903 se proclamó la independencia del istmo. Estados Unidos impidió el desembarco de tropas colombianas en Colón y Ciudad de Panamá amparándose en la defensa de la Panama Railroad Company y del libre tránsito. El 6 de noviembre —el mismo día en que la noticia llegó a Bogotá— Washington reconoció formalmente al nuevo Estado; Roosevelt declararía que Colombia había firmado su propia sentencia de muerte por su mala fe respecto al tratado. El 18 de noviembre se firmó el Tratado Hay-Bunau-Varilla, que concedió a Estados Unidos todos los derechos, poderes y autoridad sobre la zona del canal como si fuera el soberano del territorio.
Ningún gobierno colombiano habría negociado el canal desde una posición cómoda, dada la asimetría estructural con Washington. Pero sí habría podido negociarlo desde una posición menos débil sin tres años adicionales de guerra, sin el desplome de la moneda por las emisiones forzosas, sin una administración encabezada por un hombre incapaz de asumir responsabilidad política y sin un presidente que debía su cargo a un pronunciamiento cuya frágil legitimidad lo mantenía como rehén de las facciones que lo habían impuesto.
Balance: la fractura como motor del desastre
Sería un error atribuir todo el desenlace al golpe del 31 de julio. La crisis fiscal de 1898-1899, el modelo económico primario-exportador dependiente de un café en descenso, la exclusión política que la Regeneración había practicado durante quince años y la asimetría militar y diplomática con Estados Unidos son causas estructurales que ningún cambio de gobierno habría revertido en unos meses. Ninguna facción conservadora podía sostener el Estado ni resistir a Washington desde una posición de solvencia que no existía.
Pero atribuir todo a las estructuras borra la bisagra política que cerró la salida negociada. El golpe de 1900 fue condición necesaria del desastre por tres razones concatenadas. Primero: legitimó una fórmula de gobierno —el pronunciamiento intra-partidario— que sería imitada por el contragolpe fallido de 1901, generando una espiral de inestabilidad interna en el conservatismo. Segundo: encumbró a un presidente sin base propia, dependiente de la facción que lo había impuesto, lo que garantizaba que el poder real terminaría capturado por la más agresiva de esas facciones. Así ocurrió con Fernández tras 1901. Tercero: quemó las promesas de paz que habían justificado el golpe, deslegitimando al ala negociadora del propio conservatismo y dejando el terreno libre a los guerreristas.
La agencia decisiva no estuvo en Marroquín ni siquiera en Martínez Silva o los otros históricos que fraguaron la conspiración: estuvo en los mandos militares y policiales intermedios que impusieron la línea dura desde abajo. Fernández es el verdadero protagonista político del cuatrienio: con sus cuatrocientos policías el 31 de julio de 1900, con sus órdenes de justicia sumaria en 1902, con su encarcelamiento de Martínez Silva en septiembre de ese año. Marroquín y los históricos son actores subordinados que prestaron nombre e investidura a un poder que no controlaban.
La guerra dejó, además de la separación de Panamá, una red telegráfica y telefónica destruida, miles de muertos, heridos y lisiados, una inflación que tardaría un lustro en dominarse y un desprestigio internacional que distanciaría a Colombia de varios países vecinos. Los veteranos del conflicto —liberales y conservadores— nutrirían la clase política durante más de tres décadas, perpetuando rivalidades y reputaciones forjadas en el barro. Tras 1903, empujada por la necesidad de estabilidad y por el desastre común, la oligarquía colombiana llegó a un consenso relativo sobre el modelo económico y las formas de organización estatal que abriría el camino a la administración de Rafael Reyes y al Quinquenio.
El 31 de julio de 1900 no aparece en las efemérides mayores del país. Fue, sin embargo, el día en que el conservatismo se derrotó a sí mismo prometiendo una paz que estaba decidido a no cumplir, y selló con esa mentira el peor cuatrienio de la Regeneración.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 20, 262 citas
[1]requisitos para ser elector, permitió una alianza fugaz entre históricos conser- vadores y liberales. Cuando en noviembre de 1898 fracasó el intento de hacer aprobar una reforma electoral en el Congreso, los guerreristas liberales desple- garon sus velas y se hicieron a la mar. Entre tanto, en el conservatismo la…p. 20
[40]Su pasado. Su presente. Su Porvenir: Deseaba evitar toda participación de soberanía en la zona del canal […] Esa partici- pación era la debilidad del Tratado Herrán-Hay. Hice entonces una innovación en el derecho internacional. Decidí conceder a los Estados Unidos, en el interior de la zona, todos los derechos,…p. 26
0230 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1511 cita
[2]división entre los conservadores, los históricos y los nacionalistas. Carlos Martínez Silva quedó a la cabeza de los conservadores históricos y Miguel Antonio Caro de los nacionalistas. Los históricos propugnaban por darles participación a los liberales y abolir la llamada Ley de Caballos, que incluía fuertes…p. 151
03Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 162, 3022 citas
[3]Rubio to R. Herrera, Sasaima, 11 October 1898. 20 A great deal has been written on this period. Good bibliographies are provided by C. Bergquist, 'Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1904: Origins and Outcome of the War of the Thousand Days', unpublished Ph.D. thesis, Stanford University, 1973, and by L. Martinez…p. 302
[26]did not disappear. It simply shifted its ground from production to commerce; capital no longer went to control land and labour, but to control the internal coffee market. This fascinating process, marked by advances and retreats, spectacular bankruptcies, and solid and discreet consolidation, will be discussed later…p. 162
04Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 65, 68, 713 citas
[4]de la nu eva soc iedad industri a l. Pero Co- lombia distaba de ser una sociedad industrial. Las ten siones socia- les, especia lm ente en las regione s rura les, seguían mediadas por el ga monali smo, el paternali s mo, el secta rismo partidista. De la paz ci mtífi ca a los desast,·es de la guerra La Reg en er ación…p. 65
[12]de aliento. En la fase guerrillera los liberales ganaron fuerza en el centro del país y en 1902 amenazaron dominar Panamá. Pero su princi- pal efecto quizás haya sido en el largo plazo. Acaso fueron sem- bradas las semillas del radica li smo popular que germinarían en el primer tercio del siglo xx en regiones…p. 68
[42]las mito- logías partidista s.' Los Mil Días tocaron la t1bra sentimental po pu - lar. «Peralonso •> y <c Rion eg ro •>, l os do s po los de la s lealtades de los co lombiano s, má s qu e r eco nciliar, ahondarían el antagonismo y la sospec ha. Los conservadores vic torio sos pod rí an de c ir que entre 1903 y 1930…p. 71
05De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[5]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…p. 44
06De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[6]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…p. 44
07Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 341 cita
[7]que suscitó agudas críticas. Hacia mediados de 1898, el Estado en- traba en plena crisis fiscal: el tesoro se hallaba vacío, los ingresos de aduana estaban embargados por $ 600.000, y la deuda exigible ascendía a unos $ 7 millones. Las obras públicas se ha- llaban paralizadas, los ingresos no al- canzaban para cubrir…p. 34
08Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 80, 171, 1953 citas
[8]chosen. Critics immediately emphasized the immoderate age of the Nationalist candidates and one pundit described their choice as an example of "political paleontol- ogy."22 Sanclemente, a native of Buga, Cauca, was eighty-three years old in 1897. Given his age and poor health (critics said he was senile), it was…p. 80
[14]headed by Carlos Martinez Silva, had been signers of the famous "Motives of Dissi- dence" in 1896 or supporters of the reform movement in the Chamber of Representatives in 1898. 65 Backing the coup outside Bogota were Marceliano Velez and the bulk of the antioqueiio Conservatives and the prestigious military leader…p. 171
[22]the Historical Conservatives.P" Coupled with the growing military threat of the Liberal guerrillas in late 1901, the attempted coup headed by Pedro Nel Ospina had the effect of placing Marroquin's government securely in the hands of the Conservative extremists. Beginning in 1902 and for the remainder of the war the…p. 195
09Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 170, 1732 citas
[9]la presidencia de don Mariano Ospina Rodríguez y otros encargos durante la adminis- tración de Miguel Antonio Caro. Su paso por esas posiciones le permitió pro- yectar un sentido de fervor partidista y alimentar sus apetencias de llegar más lejos. Así, es pos- tulado como candidato a la primera magistratura de la…p. 170
[20]del poder, dentro de los cuales sucedie- ron hechos tan significativos para el país como la terminación de la Guerra de los Mil Días y la irreparable separación de Panamá. Marroquín nació en la capital colombiana el 6 de agosto de 1827 y murió allí mismo el 19 de septiembre de 1908, a los 81 años. Cursó literatura y…p. 173
10Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 59, 63, 663 citas
[10]tional scene was the ongoing poverty of the central government. That was in turn rooted in the undeveloped character of the economy. The rise of coffee notwithstanding, Colombia’s economy was one of Latin America’s least pro- ductive in 1899. In per capita exports and foreign investment, to cite but two indicators,…p. 59
[18]ringleader of both the successful and illegal coup of July 31, 1900, and of the unsuccessful and also illegal coup attempt of August 31, 1901. In spite of all that, Marroquín had the forbearance and good sense to make Martínez Silva head of the diplomatic mission charged with negotiating a Panama canal treaty with the…p. 66
[23]ex- tremism, saturated with the phraseology of papal encyclicals and given imme- diate reality and urgency by the Liberal foe. As he kept ferocious pressure on Liberal guerrillas in early 1902, Fernández told enthusiastic supporters in Bogotá that he intended to carry out a “prompt cauterizing of the wound” inflicted…p. 63
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1711 cita
[11]gobern ó desde un pueblo remoto, pues ■ ai salud le imped í a subir a las alturas de Bogot á. Durante los gobiernos de 1886 a 1898 el gobierno, para obte ner recursos, cre ó un Banco Nacional al que dio el derecho de emi- lir billetes de curso forzoso. Su manejo fue descuidado o ilegal, pero la expansi ó n monetaria…p. 171
12Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 96, 100, 1033 citas
[13]los conservadores, sin distingo de grupo, empezaron a hacer planes con miras a su próxima desaparición o relevo del mando. Los históricos, que antes se habían opuesto a la posesión de Sanclemente y que durante el breve período de Ma- rroquín habían encontrado en él una actitud favorable a sus propósitos, consideraban…p. 96
[15]del 2.° de Artillería, la tensión vuelve a llegar a sus límites máximos cuando al otro lado de la plaza, en inu- sitado despliegue de fuerza, toman po- sición los 400 policías que comandaba Arístides Fernández. Era Fernández el más odiado de todos los conserva- dores por lo violento y sanguinario que se había mostrado…p. 100
[19]que habían caracterizado la administración de Sanclemente. Los guerreristas impo- nen su línea: Fernández, contra lo prometido a Parra, es nombrado go- bernador de Cundinamarca; Marro- quín, presionado, desautoriza las con- versaciones de paz adelantadas por varios de sus ahora ministros; y la gue- rra, haciéndose más…p. 103
13¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 711 cita
[16]la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…p. 71
14Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · p. 37, 44, 513 citas
[17]no power to give, and if these concessions are not granted and the North Americans determine to open the canal, and to open it without being bothered by triffles, then we will lose more sovereignty than that which we would lose if we make the concessions that they ask. Of me history will say that I ruined the isthmus…p. 37
[38]modifications withdrew their support altogether when informed of the legation's Page 10 response. As a result, on 12 August the Senate voted 24 to 0 to reject the unamended Hay-Herrán Treaty. 36 Within twenty-four hours, Rico cabled Herrán, citing the issue of sovereignty over the isthmus and Beaupré's impolitic…p. 44
[39]had given the president a rather pleasant alternative. In fact, by 6 November, the date Colombian leaders in Bogotá first learned of the revolution, Roosevelt had determined his course of action. "Colombia," he wrote, "signed [its] death warrant when [it] acted in such infamous bad faith about the signing of the…p. 51
15Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 781 cita
[21]odo de seis a ñ os, indicaba as í, a la ligera, como sol í a, que “ el comercio y todas las industrias echan menos el sosiego que han menester para ir adelante ”, y ello despu é s de asegurar que “ los males que amenazan a Colombia y q ü e ya la afligen, n ó son de mucha menor cuenta que los consiguientes a una invasi…p. 78
16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2192 citas
[24]las cotizaciones internacionales. La difícil situación venía siendo confrontada con desacierto y arbi- trariedad por el gobierno que, al imponer en tales momentos un impuesto a la exportación, despertó la activa oposición del gre- mio cafetero. El gobierno se hallaba hundido, además, en una desmedida corrupción…p. 219
[25]las cotizaciones internacionales. La difícil situación venía siendo confrontada con desacierto y arbi- trariedad por el gobierno que, al imponer en tales momentos un impuesto a la exportación, despertó la activa oposición del gre- mio cafetero. El gobierno se hallaba hundido, además, en una desmedida corrupción…p. 219
17Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 281 cita
[27]cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…p. 28
18Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 302, 3062 citas
[28]cheramientos enemigos. Aquello fue el desastre, el pánico, la fuga, con abandono de armas, equi- pos, fornituras para quienes ganaban la batalla que hubiese definido la gue- rra. El. entusiasmo súbito, el enarde- cimiento, la recuperación del aliento para quienes la perdían y, saliendo del abismo, se lanzaban en pos…p. 302
[30]Palonegro, del grupo de "Zapadores" conformado en Pamplona por el capitán Teodoro Ramírez, en un campamento en la Concesión Barco, en las selvas del Catatumbo. fraccionó en cuerpos virtualmente au- tónomos, por cuanto una dirección centralizada se hacía imposible, sin co- municaciones distintas a la red tele- gráfica…p. 306
19The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 214, 2212 citas
[29]in Santander in May 1900, after which the incipient national movement dissolved into small-scale, localized, and autonomous guerrilla forces. In the Caribbean region, rural warfare had held sway since the war’s commencement, with small units confronting much larger, albeit not necessarily better pre- pared, government…p. 214
[33]transport companies were fined up to 100,000 pesos for employing individuals accused of aiding insurgents. A U.S. mili- tary officer who observed the early stages of the war commented that Colombians “suddenly awaken to the fact that the normal modicum of civil procedure has been supplanted by martial law.” 47…p. 221
20Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 981 cita
[31]ejecutar hazañas sino de vencer […] Pero hemos llegado a un punto en que se impone la cesación de la lucha. El Gobierno es impotente para debelar la revolución, pero la revolución es impotente para derribar al Gobierno […] envainemos los aceros para que el pueblo no diga que los contendores son cuadrillas de locos,…p. 98
21Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 191 cita
[32]de su indumentaria, cualquier indicación de cómo pensaron y cómo sintieron. Y hay que releer todas las memorias, y leer los nuevos fondos que recientemente han sido donados al Archivo General de la Nación, como las treinta mil hojas de vida con las que los veteranos de la guerra, liberales y conservadores, apoyaban…p. 19
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1761 cita
[34]en la Cá- mara, el general Rafael Uribe Uri- be, que sentenció: «O nos dais la li- bertad o nos la tomamos». En 1897 la convención nacional liberal le otorgó credencial a Uribe, a Foción Soto y a Luis A. Robles para que en representa- ción del liberalismo buscaran auxilios económicos ante los partidos liberales de…p. 176
23Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 271 cita
[35]of sovereignty in the department, rejected a treaty that would have allowed the United States to build the passageway. The following year, a second agreement faltered in the U.S. Senate, which was busy investigating allegations of corruption surrounding the Ulysses S. Grant administration. When Americans turned their…p. 27
24Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1121 cita
[36]Conservative elite who looked derisively on the culture, traditions, and political affiliations of the coastal residents, who gravitated toward Liberal Party principles and priorities. Panamanians had never felt fully integrated into the Colombian national ethos. The capital city of Colombia was distant and foreign to…p. 112
25Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1441 cita
[37]casi nada de Bogotá en servicios sociales que mejoraran la vida de la gente (hospitales, escuelas, vías e infraestructura básica). Por lo tanto, en agosto de 1903, cuando el Senado colombiano rechazó unánimemente el Tratado Herrán-Hay y los planes para la construcción del canal se derrumbaron, algunos panameños se…p. 144
26Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1451 cita
[41]Retratar el ambiente político e intelectual de la capital colombiana después de la Guerra de Los Mil Días no era una empresa fácil en medio de las censuras del gobierno de Rafael Reyes. Una novela como Pax (1907), que desató un escándalo social y de la que se vendieron dos ediciones en poco más de un mes, solo podía…p. 145
27El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 851 cita
[43]del Estado colombia- no se desenvolvió la lucha política de la segunda mitad del siglo XIX. El equilibrio de las fuerzas hacía inevitables las guerras. Como éstas nunca se llevaban hasta sus últimas conse- cuencias --el aniquilamiento del vencido, debido, entre otras cosas, al alto grado de partici- pación directa de…p. 85
28Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 4191 cita
[44]la tropa oficial un trecho en Cundinamarca hacia Palonegro. De nuevo se dirigió hacia Bogotá y captó el golpe de Estado. En el conjunto de fotografías de la Guerra de los Mil Días que han llegado hasta el presente, se observa una ausencia del tema de la muerte. Excepto por el registro de la Loma de los Muertos en…p. 419