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Idea transversal

Pacto de élites

El pacto de élites designa los acuerdos cupulares mediante los cuales las dirigencias bipartidistas, económicas y regionales colombianas han cerrado filas para estabilizar el régimen en momentos de crisis, distribuyendo el poder entre pocos y excluyendo a los actores ajenos al club. No es un episodio singular sino una gramática recurrente que atraviesa siglo y medio de vida republicana, desde la Regeneración de 1886 hasta el Frente Nacional y más allá.

4.450 palabras74 documentos80 fragmentos citados
Pacto de élites

Trayectoria de una idea

  1. 1886

    La Regeneración: el molde fundacional

  2. 1904

    Quinquenio de Reyes y Unión Republicana: primeros ensayos de gobierno compartido

  3. 1930

    Coalición de Olaya Herrera: gobierno de los dos partidos

  4. 1956

    Pacto de Benidorm: primer acuerdo contra la dictadura de Rojas

  5. 1957

    Pacto de Sitges y plebiscito: el reparto se eleva a rango constitucional

  6. 1958

    Inicio del Frente Nacional: la gramática del pacto se institucionaliza

  7. 1974

    Cierre formal del Frente Nacional y persistencia de su lógica

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La lectura

El pacto de élites no es en Colombia un recurso excepcional de crisis sino la forma normal mediante la cual las clases dominantes han reproducido su hegemonía a lo largo de siglo y medio: cada vez que el orden se fractura, la solución pasa por la mesa donde se sientan los notables. Su rasgo más persistente es la ecuación estabilidad-exclusión: el precio del orden interior del club es la expulsión forzada de quienes no pertenecen a él, desde el liberalismo radical expulsado por la Regeneración hasta las terceras fuerzas bloqueadas constitucionalmente por el Frente Nacional. La formalización más acabada del concepto fue el Frente Nacional (1958-1974), que elevó el reparto bipartidista a rango constitucional mediante plebiscito, pero sus arquitectos —Lleras Camargo y Gómez— reconocieron explícitamente que no inventaban nada: la Unión Republicana de 1910 y la coalición de Olaya Herrera en 1930 eran sus precedentes confesados. El efecto más duradero del pacto no fue la paz que prometía sino el clientelismo que produjo: al suspender la competencia ideológica, convirtió la burocracia estatal en el único mecanismo de reproducción electoral, asegurando la mala calidad de la administración pública y el aumento de la corrupción. La sombra del pacto —populismo bloqueado, guerrillas persistentes, reformas agrarias hundidas— es inseparable de sus logros: en Colombia, lo que estabiliza y lo que excluye han sido, históricamente, la misma operación.

En Colombia, "pacto de élites" es a la vez una categoría analítica y una experiencia histórica repetida: designa los acuerdos cupulares mediante los cuales las dirigencias bipartidistas, económicas y regionales han cerrado filas para estabilizar el régimen en momentos de crisis. No es un episodio —el Frente Nacional suele monopolizar la etiqueta— sino una gramática que atraviesa siglo y medio de vida republicana. De la Regeneración de 1886 al Acuerdo del Teatro Colón de 2016, la resolución de las crisis colombianas ha pasado, una y otra vez, por la mesa donde se sientan los notables: allí se reparten cargos, se acuerdan constituciones, se firman treguas y se desactivan competidores. La historia siguiente es la de esa gramática: sus reglas, sus productos y la sombra —populismo bloqueado, guerrillas persistentes, reformas agrarias hundidas— que sus repartos han proyectado.

La semblanza del concepto

Un pacto de élites, en el uso colombiano, es un acuerdo entre las cúpulas de los partidos tradicionales —a menudo con el respaldo activo de los gremios económicos y de sectores de la Iglesia— para distribuirse el poder político y clausurar, al menos por un tiempo, la competencia abierta. Su forma varía: puede ser una constitución, un concordato, un plebiscito, una ley de justicia transicional. Su función se repite: contener la violencia entre las propias élites, estabilizar la sucesión presidencial, dividir la administración pública y, en el mismo movimiento, mantener fuera del reparto a los actores que no pertenecen al club.

Esa recurrencia no es casual. El Estado colombiano no logró la autonomía característica del Estado burgués moderno: siguió siendo proyección directa de las capas dominantes de la sociedad civil, con escaso margen para arbitrar entre clases. Los gremios —ANDI, FENALCO, SAC, Federación Nacional de Cafeteros— no fueron interlocutores externos, sino instituciones interpenetradas con el aparato estatal. En ese esqueleto, el pacto de élites no es la excepción cuando las cosas se rompen: es la forma normal de gobernar cuando conviene formalizar lo que ya funciona por debajo.

De ahí la tensión que atraviesa el concepto. Puede leerse como respuesta adaptativa a crisis reales —la Guerra de los Mil Días, La Violencia, el narcotráfico, la presión guerrillera— frente a las cuales el país no encontró alternativa institucional. Puede leerse, con igual fundamento, como el mecanismo por el cual una clase dominante interpenetrada con el Estado reproduce su hegemonía cambiando lo necesario para que lo esencial no cambie. Ambas lecturas describen un mismo hecho: durante siglo y medio, las decisiones sobre qué es Colombia y quién manda en ella se han tomado, ante todo, entre pocos.

La Regeneración: el molde fundacional

El primer gran pacto de la historia republicana colombiana se llamó Regeneración y se firmó en piedra constitucional en 1886. Fue una alianza entre el partido conservador y una fracción del liberalismo que rompió con el radicalismo. Rafael Núñez, liberal independiente, llegó a la presidencia por segunda vez en 1884; durante su gobierno se elaboró la Constitución conservadora que reemplazaría la carta federal de Rionegro y organizaría el país sobre tres pilares: centralización política, restablecimiento del vínculo con la Iglesia y exclusión del liberalismo radical del ejercicio del poder.

La coyuntura la abrió la guerra civil de 1885, en la que el régimen liberal radical —ya erosionado por la guerra de 1876-1877— se derrumbó definitivamente. Sobre ese derrumbe se levantó el nuevo edificio. La Constitución de 1886 estableció una estructura política centralizada; el Concordato con la Santa Sede, firmado el año siguiente, devolvió a la Iglesia las propiedades confiscadas durante la desamortización, ató la educación pública a los preceptos católicos, abolió el divorcio civil, concedió autonomía de gobierno a la Iglesia, fuero eclesiástico y ventajas fiscales, e instituyó pagos anuales del Estado como indemnización por la desamortización. El catolicismo, en el marco jurídico regenerador, quedó como religión oficial. Paralelamente, la creación del Banco Nacional y el papel moneda de curso forzoso dieron a la centralización una base monetaria propia.

El precio del pacto lo pagó el liberalismo, expulsado del reparto. Durante toda la época regeneradora tuvo un único representante en la Cámara y ninguno en el Senado; el sistema electoral favorecía sistemáticamente el fraude en su contra. Miguel Antonio Caro, figura intelectual central del régimen y presidente en ejercicio, llegó a calificar en documento oficial al partido liberal de "banda de facciosos" que actuaba en "cuadrilla de malhechores". La Ley 61 de 1888, conocida como Ley de los Caballos, dio herramientas represivas que las administraciones regeneradoras usarían hasta 1904. El período abierto por la llegada de Núñez y la Constitución de 1886 fue de ultraintolerancia: el nexo entre Estado e Iglesia se estrechó hasta convertirse en instrumento de gobierno.

La Regeneración fijó tres rasgos que ninguno de los pactos posteriores lograría —o quiso— desmontar por completo. Primero, la lógica de resolver crisis mediante alianzas cupulares que fusionan dos fragmentos de las élites en un nuevo bloque hegemónico. Segundo, la ecuación estabilidad-exclusión: el precio del orden es la salida forzada del adversario. Tercero, la durabilidad de sus marcos jurídicos: la Constitución de 1886 sobrevivió, con reformas, hasta 1991, y el Concordato marcó la educación colombiana por más de un siglo. Cuando se habla de "pacto de élites" en Colombia, la matriz que evoca es esta.

Coaliciones tempranas: Quinquenio, Unión Republicana, Concordia Nacional

La Guerra de los Mil Días (1899-1902) y la pérdida de Panamá en 1903 dejaron a las élites colombianas frente a una constatación amarga: gobernar con exclusión absoluta del adversario era impracticable, y derrocarlo mediante sublevación armada, imposible. De esa doble imposibilidad nacieron los primeros ensayos de gobierno compartido del siglo XX.

Rafael Reyes llegó a la presidencia en 1904 con un programa de restauración nacional, aprovechando que la guerra había desacreditado a los conservadores y descompuesto al directorio liberal. Su Quinquenio (1904-1909) combinó métodos autoritarios —una dictadura, en propiedad— con un gesto novedoso: la incorporación de los partidos minoritarios al gobierno. Fue, en germen, la idea de que el reparto podía sustituir a la guerra.

Cuando el autoritarismo de Reyes desbordó el pacto tácito, la reacción vino desde Antioquia. Dirigentes encabezados por Carlos E. Restrepo, con respaldo de la familia Ospina, promovieron Juntas Republicanas en varias ciudades: liberales y conservadores históricos confluían por primera vez en una plataforma común. De ahí nació la Unión Republicana. Los Históricos convocaron una Asamblea Nacional Constituyente que eligió presidente a Restrepo para el período 1910-1914, con apoyo tanto de conservadores como Pedro Nel Ospina como de sectores liberales. El gobierno republicano promovió una visión abierta y tolerante que se declaraba por encima de los partidos y fomentó estándares cívicos que en Colombia eran, entonces, novedad.

La secuencia se prolongaría. En 1930, Enrique Olaya Herrera gobernó en nombre de los dos partidos con participación conservadora minoritaria en el gabinete: fue, otra vez, una coalición de crisis. Hacia 1945-1946, Alfonso López Pumarejo formularía propuestas de gobierno compartido que, aunque no cristalizaron, dejaron huella. Estas experiencias comparten un patrón: surgen tras crisis concretas —autoritarismo de Reyes, ascenso liberal tras la hegemonía conservadora, tensión de los años cuarenta— y funcionan como respuestas adaptativas de las élites, no como diseño sistémico. Pero acumulan un aprendizaje que sería explícitamente invocado décadas después: que las diferencias entre los partidos, en lo esencial, habían desaparecido, y que la fórmula del reparto ya tenía precedentes.

Mientras tanto, la economía cafetera reforzaba —sin transformarlo— el sistema político heredado del siglo XIX. La estabilidad conservadora hasta 1930 se combinó con una fase dinámica de desarrollo exportador que consolidó a las élites regionales cafeteras sin abrir el sistema a nuevas fuerzas. Los canales del pacto de élites no se ampliaron: se afianzaron sus bases materiales.

Del Bogotazo al Frente Nacional

La ruptura llegó en abril de 1948. Jorge Eliécer Gaitán, líder liberal disidente, había capturado la imaginación de campesinos y trabajadores urbanos con un discurso que prometía redistribución de tierras y fin de la dominación oligárquica. Era considerado candidato seguro a la presidencia liberal. Su asesinato en Bogotá el 9 de abril desencadenó disturbios en la capital y en todo el país, y marcó el inicio oficial del conflicto conocido como La Violencia, en el que guerrillas liberales se enfrentaron a vigilantes conservadores frecuentemente respaldados por las fuerzas de seguridad del Estado.

La eliminación de Gaitán bloqueó la vía populista en Colombia. En otros países latinoamericanos, figuras equivalentes canalizaron presiones campesinas y obreras hacia proyectos reformistas dentro del sistema; en Colombia, la puerta se cerró con un magnicidio. La memoria de Gaitán persistiría como agravio invocado por sectores populares en armas durante La Violencia, presentado en testimonios de la época como justificación de la lucha campesina.

Tras el asesinato, el presidente Mariano Ospina Pérez reactivó brevemente un gobierno de Unión Nacional con dirigentes liberales, excluyendo tanto al muerto como al conservador Laureano Gómez. Ese acuerdo duró poco más de un año —de abril de 1948 a noviembre de 1949— antes de la ruptura definitiva entre los partidos, que profundizó la espiral de violencia. La estabilidad se buscó, entonces, por otra vía: la del hombre fuerte. Gustavo Rojas Pinilla llegó al poder en 1953 y derivó pronto hacia una dictadura populista que amenazaba con desplazar a los dos partidos tradicionales. Al percibir que necesitaba apoyo más allá del bipartidismo, Rojas se orientó hacia la construcción de lo que sería la ANAPO, concebida como tercer partido para romper la hegemonía oligárquica. Fue esa amenaza —tanto o más que el hastío de La Violencia— la que empujó a las élites bipartidistas a rehacer el pacto.

Benidorm, Sitges y el Frente Nacional

El escenario fue España. Alberto Lleras Camargo, director del liberalismo tras renunciar a la Secretaría General de la OEA a fines de 1954, se reunió con Laureano Gómez —expresidente conservador exiliado y depuesto por el propio Rojas— en la localidad de Benidorm. El 24 de julio de 1956 firmaron el pacto que llevaría el nombre del lugar: acuerdo entre los dos partidos para propugnar el retorno a la normalidad jurídica e institucional y oponerse a la dictadura. Fue el primer paso.

Rojas Pinilla cayó el 10 de mayo de 1957 y una Junta Militar asumió la transición. En julio de ese año, Lleras Camargo y Gómez volvieron a encontrarse, esta vez en Sitges, para firmar el pacto que dio forma definitiva al Frente Nacional. Los términos: alternancia presidencial entre liberales y conservadores durante dieciséis años, en cuatro períodos de cuatro años cada uno, dos presidentes por partido, y reparto igualitario en gabinetes, gobernaciones, alcaldías y escaños en los cuerpos legislativos. La fórmula se sometió a plebiscito en diciembre de 1957. Sobre una población cedulada de 5.386.931, votaron 4.169.294 por el Sí y 206.864 por el No: participación del 81,93%, respaldo abrumador. Fue, además, la primera ocasión en que las mujeres colombianas ejercieron el derecho al voto, reconocido formalmente en 1954 bajo Rojas.

El 7 de agosto de 1958 tomó posesión Alberto Lleras Camargo como primer presidente del Frente Nacional. El acuerdo consociacional tenía antecedentes reconocidos —la Unión Republicana de 1910, la coalición de Olaya Herrera en 1930, la propuesta de López Pumarejo en los cuarenta—, pero su novedad estaba en la formalización: por primera vez el reparto se elevaba a rango constitucional mediante plebiscito, con reglas escritas y horizonte temporal de dieciséis años. La gramática del pacto de élites se hacía, literalmente, constitución.

Su diseño era coherente con el diagnóstico. Si las guerras habían nacido de la disputa violenta por el control local, había que eliminar los incentivos para esa disputa. Distribuir milimétricamente los cargos públicos entre los dos partidos —hasta la última alcaldía, la última notaría— desactivaba la razón bipartidista para combatirse. En el corto plazo, la fórmula mermó los sectarismos partidistas tradicionales. En el largo, produjo efectos que sus arquitectos no previeron o subestimaron.

La sombra del Frente: clientelismo, exclusión, guerrilla

El Frente Nacional funcionó bajo Lleras Camargo (1958-1962), Guillermo León Valencia (1962-1966), Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y Misael Pastrana Borrero (1970-1974); su prolongación institucional se extendió, con matices, hasta el gobierno de Julio César Turbay Ayala. En esos años ocurrieron tres desplazamientos que redefinirían la política colombiana.

El primero fue la mutación del bipartidismo hacia el clientelismo puro. Con los partidos formalmente en tregua y sus banderas ideológicas suspendidas, la militancia perdió sentido movilizador. Las candidaturas y los cargos se repartieron entre miembros de familia, subalternos políticos y cuadros partidistas; la burocracia estatal se convirtió en el mecanismo de reproducción electoral del sistema. El clientelismo —negociación mediante la cual las clases dominantes distribuyen bienes y servicios escasos a cambio de apoyo electoral— se alimentó del atraso, el desempleo de vastos sectores y el desarrollo desigual regional. La mala calidad de la administración pública y el aumento de la corrupción no fueron efectos colaterales del pacto: fueron su prolongación natural.

El segundo desplazamiento fue la exclusión constitucional de terceras fuerzas. Colombia habría sido, en su momento, uno de los pocos países de América Latina que perpetuaban con exclusividad el bipartidismo tradicional liberal-conservador; quienes no cabían en el reparto quedaban al margen: las terceras fuerzas desaparecían, se marginaban o eran cooptadas. La ANAPO, expresión política del rojismo, intentó competir dentro de las reglas del sistema en 1970, con resultados que la propia oposición consideró fraudulentos —hipótesis que alimentaría, después, el nacimiento del M-19.

El tercer desplazamiento fue el más pesado. El Frente Nacional inhibió toda expresión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordinadas. El tratamiento meramente militar de los reductos campesinos heredados de La Violencia contribuyó a la formación de nuevas guerrillas: la persecución a colonias agrícolas vinculadas al Partido Comunista precipitó el rearme campesino y, en ese proceso, el nacimiento de las FARC. El ELN, por su parte, surgió como parte del ciclo de insurgencias latinoamericanas impulsadas por la Revolución Cubana de 1959 y alimentadas por el descontento con el pacto bipartidista. El gobierno de Lleras Camargo intentó un Plan de Rehabilitación que redujo temporalmente la acción armada, pero los problemas agrarios de fondo persistieron. El uso casi permanente del estado de excepción cerró el sistema institucional sobre sí mismo y empujó el inconformismo hacia los márgenes.

La ironía es precisa. El Frente Nacional resolvió el conflicto entre las élites bipartidistas —el que había producido La Violencia— desactivando los incentivos para su confrontación. Pero al hacerlo bloqueó los canales institucionales para el conflicto entre las élites y todo lo demás: los campesinos sin tierra, los trabajadores urbanos, las regiones periféricas, los sectores medios ideologizados. El país en el que las élites dejaron de matarse fue también el país en el que emergieron y se consolidaron actores armados dispuestos a negar de raíz el orden así estabilizado.

La red del pacto: gremios, familias, regiones

La solidez del pacto de élites no se explica solo por las decisiones cupulares. Descansa en un tejido orgánico que las hace posibles, y ese tejido tiene tres capas superpuestas.

La primera es la de los gremios económicos, columna material del sistema. La ANDI, FENALCO, la SAC y sobre todo la Federación Nacional de Cafeteros nunca operaron como grupos de presión externos al Estado: fueron instituciones interpenetradas con él. Participaron en la fijación de precios internos, fueron consultados antes de ajustar retenciones, ocuparon asientos en juntas de política económica y sirvieron de reserva de cuadros para los partidos tradicionales. Los principales dirigentes del bipartidismo o sus familias —Mariano Ospina Pérez, Carlos Lleras Restrepo, Alberto Lleras Camargo, Alfonso López Pumarejo— ocuparon en distintos momentos cargos importantes en esos gremios, moviéndose entre la dirección económica y la dirección política sin cambiar de red. Cuando los partidos tradicionales quedaban formalmente suspendidos —el Quinquenio, la dictadura de Rojas—, eran los gremios quienes mantenían los canales de representación y señalaban el camino hacia el poder compartido bipartidista. En rigor, no eran actores externos al Estado que lo presionaban desde fuera: eran una de las formas en que el Estado colombiano estaba organizado.

La segunda capa es la de las familias, malla biológica del poder. Ospinas, Llerases, López, Pastranas, Gómez: pocas dinastías políticas atraviesan un siglo y medio de historia republicana con presencia continuada en la presidencia, los ministerios, la dirección partidista, los gremios y los grandes negocios. La sucesión no fue solo política: fue patrimonial. El poder se hereda en Colombia por vías que ninguna constitución mencionó.

La tercera es la de las regiones. Antioquia proveyó buena parte de la dirigencia republicana de comienzos del siglo XX y siguió pesando en el bipartidismo y en los gremios industriales. La Costa Caribe desarrolló clanes políticos que han controlado durante décadas el poder regional articulando criterios especulativos y endogámicos propios de las élites hacendiles tradicionales, y las élites emergentes de la región replicaron con éxito esas mismas estrategias. Cundinamarca y Boyacá se disputaron con Antioquia y el Valle los cargos nacionales durante el Frente Nacional. La dirigencia nacional colombiana gobierna, en la práctica, a través de redes clientelistas territoriales cuyo material de cambio es el acceso a rentas de corrupción, incluida la captura de la justicia desde despachos locales hasta altas cortes, lo que impide el control ciudadano sobre la clase política.

Ese tejido —gremios, familias, regiones— es lo que hace que los pactos formales de élites en Colombia no sean acontecimientos aislados, sino la formalización periódica de un poder que ya está organizado por debajo. Cuando Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez firmaron en Sitges, no inventaban un pacto: escribían las reglas visibles de uno que llevaba décadas funcionando.

La Constituyente de 1991: un pacto ampliado

Hacia finales de los años ochenta, el país estaba al borde del colapso. El narcotráfico había desatado una ofensiva terrorista sin precedentes contra el Estado; los carteles asesinaban candidatos presidenciales, magistrados, periodistas y ministros. La guerrilla se había expandido. El bipartidismo tradicional, agotado como fuente de legitimidad, era percibido como parte del problema. La reforma constitucional propuesta por el gobierno de Virgilio Barco fue hundida en el Congreso por mayorías liberales y conservadoras con influencia de la mafia, lo que llevó al M-19 —recién desmovilizado— a convocar a rehacer el pacto de paz directamente con el pueblo mediante una Asamblea Constituyente.

La convocatoria prosperó por vías que desbordaron el trámite parlamentario ordinario. La perspectiva de participar en la Constituyente aceleró las negociaciones y desmovilizaciones del Movimiento Armado Quintín Lame, el PRT y el EPL durante 1990 y 1991. La Asamblea se reunió durante el primer semestre de 1991 y sancionó la nueva Constitución el 4 de julio de ese año. Tuvo tres copresidentes que simbolizaban la apertura pactada: Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano y figura conservadora; Antonio Navarro Wolff, exguerrillero del M-19; y Horacio Serpa, liberal. La composición de esa mesa no tenía precedentes en la historia republicana.

La Constitución del 91 fue —y sigue siendo— celebrada como más pluralista y democrática que la de 1886. Consagró derechos fundamentales, mecanismos de participación, autonomía territorial, la acción de tutela, una Corte Constitucional independiente, y reconoció explícitamente la diversidad étnica y cultural del país. Representó, para sus contemporáneos, un paso inmenso hacia la modernización del Estado colombiano. Puede leerse, con toda propiedad, como una ampliación real del pacto: por primera vez actores antes excluidos —guerrillas desmovilizadas, movimientos indígenas, minorías religiosas— se sentaron en la mesa donde se escribieron las reglas.

Pero el pacto tuvo puertas cerradas. En octubre de 1990, el comandante de las FARC "Alfonso Cano" consideró necesaria la participación de las FARC, el ELN y la disidencia del EPL en la Constituyente. Pocas semanas después, la posibilidad de diálogo se frustró casi por completo. El bombardeo a Casa Verde, sede del secretariado de las FARC, coincidió con la elección de los constituyentes. Las dos guerrillas más grandes quedaron fuera. Y aunque la nueva Constitución abrió espacios políticos, no tocó las condiciones agrarias, económicas y regionales que sostenían la insurgencia. El M-19 se desmovilizó; su líder, Carlos Pizarro, fue asesinado siendo ya candidato presidencial. La violencia contra excombatientes reintegrados a la política —la Unión Patriótica había sido diezmada en la década anterior— envió una señal inequívoca sobre los costos reales de dejar las armas.

El pacto del 91 ilustra la paradoja que atraviesa toda la gramática colombiana: fue el más incluyente de la historia republicana y, sin embargo, dejó intactas las condiciones estructurales que producían actores excluidos. Amplió el club sin redistribuir la tierra.

Los pactos post-conflicto: Justicia y Paz, La Habana, Teatro Colón

Los años siguientes acumularon dos pactos más, muy distintos en su naturaleza, pero unidos por la misma gramática.

El primero fue la Ley de Justicia y Paz de 2005, marco bajo el cual el gobierno de Álvaro Uribe Vélez negoció la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia. El proceso desmovilizó decenas de miles de combatientes, pero derivó pronto en el escándalo de la parapolítica: múltiples políticos y allegados al presidente fueron procesados por colaboración con los paramilitares, lo que reveló la profundidad de la interpenetración entre élites regionales y estructuras armadas ilegales. Además, las AUC se rearticularon como bandas criminales —las llamadas Bacrim— que preservaron poder territorial, económico y político. El pacto con los paramilitares no fue un acuerdo entre adversarios, sino, en buena medida, la formalización de un vínculo previo entre sectores de la élite política regional y aparatos armados que operaban en su nombre.

El segundo fue el Acuerdo Final de La Habana con las FARC-EP, negociado bajo el gobierno de Juan Manuel Santos y sometido a plebiscito en octubre de 2016. Triunfó el No. Juan Carlos Vélez Uribe, gerente de la campaña del No del Centro Democrático, admitió después que la estrategia comunicativa se había apoyado deliberadamente en medias verdades y en la manipulación de la indignación pública para llevar al electorado a votar en contra. Álvaro Uribe y el Centro Democrático argumentaron que el acuerdo era inconstitucional, violaba normas internacionales como el Estatuto de la Corte Penal Internacional y la Convención Americana de Derechos Humanos, y equivalía a impunidad total. Los firmantes ajustaron el texto y suscribieron el Acuerdo del Teatro Colón el 24 de noviembre de 2016.

El punto más resistido fue el primero: reforma rural integral. Sectores poderosos organizados detrás del No consideraron intolerable un capítulo que apenas planteaba condiciones básicas de acceso a la tierra, formalización y desarrollo agrario. La pauta era vieja. La Ley 200 de 1936 bajo López Pumarejo, la reforma agraria de Lleras Restrepo en los años sesenta y el Pacto de Chicoral que la desmontó en los setenta trazan una línea continua de bloqueo a la redistribución rural. Cada intento reformista se enfrentó al mismo veto estructural. La Habana replicó el patrón: desde el inicio de la implementación, altos tomadores de decisiones dentro del Estado colombiano se arrogaron el derecho de cambiar unilateralmente lo acordado, contraviniendo el principio elemental de que lo firmado no podía modificarse por una sola de las partes.

El propio apoyo al Sí revela la gramática. Al menos un sector de las élites que respaldaron el acuerdo —representado por el entonces alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa— justificó su posición principalmente en términos de beneficios económicos: mayor infraestructura, inversión, turismo. La reducción de desigualdades y la inclusión de sectores vulnerables quedó en segundo plano. La paz, incluso vista desde el Sí, podía leerse como negocio antes que como redistribución.

La huella: qué queda del pacto

Cinco veces —1886, el Frente Nacional, la Constituyente, Justicia y Paz, La Habana— las cúpulas colombianas resolvieron crisis mayores mediante acuerdos entre sí, con distintos grados de apertura hacia actores nuevos y siempre con puntos innegociables en materia agraria y redistributiva. La forma cambió; la arquitectura, no.

Los pactos no fueron uniformes, y reducirlos a una sola lógica traicionaría su especificidad histórica. El Frente Nacional cerró el sistema mientras la Constituyente del 91 lo abrió parcialmente. La Habana negoció con un adversario armado real mientras Justicia y Paz formalizó vínculos previos entre política y paramilitarismo. La exclusión sistemática que producen no siempre es fruto de diseño consciente: opera también por la incapacidad del Estado, la violencia de actores no estatales y la fragilidad institucional que empuja a las élites a soluciones cupulares en ausencia de alternativas. Distinguir entre unos pactos y otros importa: no es lo mismo pactar para clausurar el sistema que pactar para ampliarlo, no es lo mismo pactar con adversarios armados que pactar con aliados encubiertos, no es lo mismo un acuerdo elevado a norma constitucional que una ley de sometimiento penal. Reconocer esas diferencias es la condición para que la categoría "pacto de élites" siga siendo útil como herramienta de análisis y no se degrade en consigna.

Pero la recurrencia estructural es innegable. El resultado agregado es un país en el que la estabilidad del régimen se ha logrado repetidamente sin resolver los conflictos que motivaron cada crisis. El liberalismo del siglo XIX fue derrotado antes que reconciliado. El gaitanismo fue asesinado antes que integrado. Las FARC fueron combatidas medio siglo antes de negociadas. Y una reforma agraria seria sigue pendiente. En cada uno de esos episodios, la mesa donde se cerró el conflicto fue más estrecha que el país al que ese conflicto atravesaba, y lo que no cupo en la mesa reapareció, décadas después, con otro nombre y otra bandera.

Hay también una dimensión temporal que conviene subrayar. Los pactos de élites en Colombia no solo repartieron poder en el momento en que se firmaron: fijaron marcos jurídicos e institucionales que sobrevivieron mucho más allá de sus firmantes. La Constitución de 1886 gobernó al país durante ciento cinco años. El Concordato marcó la educación durante más de un siglo. El Frente Nacional configuró la cultura política del clientelismo que aún hoy organiza buena parte de la representación territorial. La Constitución de 1991, con todas sus virtudes, no ha logrado sustituir esa cultura, y en algunos aspectos convive con ella. Los pactos, en Colombia, tienen la particularidad de durar más de lo que sus autores calcularon, y de proyectar efectos —queridos y no queridos— sobre generaciones que no participaron en ellos.

De ahí que el debate sobre el pacto de élites en Colombia sea, en el fondo, un debate sobre el país mismo. Quienes ven en la fórmula la única vía posible para un Estado frágil frente a crisis extremas subrayan la contención de la violencia y la estabilidad relativa que los pactos han producido en un contexto donde las alternativas eran peores. Quienes ven en ella el mecanismo de reproducción de una dominación estructural señalan que esa estabilidad se pagó —y se paga— con la exclusión sistemática de los actores populares, agrarios y armados que quedaron fuera del reparto, y que, sin resolver esa asimetría, los pactos siguientes reproducirán la lógica de los anteriores. Ambas lecturas describen algo cierto de Colombia. Y ambas coinciden en un punto: la historia del país no se entiende sin la mesa de los pocos, ni sin la sombra que esa mesa proyecta sobre todo lo demás.

04

En el archivo

78 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Pre-independencia1780–18093
  1. 1780Pacto colonialFicha
  2. 1781La traición a Galán y las Capitulaciones de ZipaquiráPregunta
  3. 1782Virreinato de Caballero y Góngora y pacificación reformista (1782–1789)Hecho
02Independencia1810–18313
  1. 1811José María García de ToledoFicha
  2. 1814Ley de Libertad de Vientres (1821)Hecho
  3. 1821El racismo republicano en la Gran ColombiaPregunta
03Regeneración1886–19296
  1. 1900Golpe palaciego de Marroquín contra Sanclemente (1900)Hecho
  2. 1904El Quinquenio de Rafael Reyes (1904–1909)Hecho
  3. 1909Jorge Holguín MallarinoFicha
  4. 1910La Reforma Constitucional de 1910 y la Unión RepublicanaHecho
  5. 1923Esteban JaramilloFicha
  6. 1930Fin de la Hegemonía Conservadora y ascenso de Olaya Herrera (1930)Hecho
04República Liberal1930–19464
  1. 1935Infraestructura y fragmentación territorial en la República LiberalPregunta
  2. 1938CooptaciónFicha
  3. 1938CorporativismoFicha
  4. 1946Gabriel Turbay AbunaderFicha
05La Violencia1946–195714
  1. 1946La Violencia (1946–1957)Época
  2. 1948Jorge Eliécer Gaitán y el populismo colombiano truncadoPregunta
  3. 1948Juntas revolucionarias provinciales y Junta Provisional Socialista del 9 de abrilHecho
  4. 1949Intento fallido de golpe parlamentario liberal de noviembre de 1949Hecho
  5. 1950Sectarismo bipartidistaFicha
  6. 1951Pacto de Sogamoso (1951)Hecho
  7. 1953Dictadura militarFicha
  8. 1953Golpe de Rojas Pinilla y amnistía a las guerrillas (1953)Hecho
  9. 1953La dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957)Pregunta
  10. 1953Tercera fuerzaFicha
  11. 1954El sufragio femenino en Colombia (1954)Pregunta
  12. 1954Josefina Valencia MuñozFicha
  13. 1956Pactos de Benidorm y Sitges: gestación del Frente NacionalHecho
  14. 1957Caída de Rojas Pinilla y Junta Militar (1957)Hecho
06Frente Nacional1958–197426
  1. 1956Pacto de Sitges y fundación del Frente Nacional (1957–1958)Hecho
  2. 1958Acción ComunalFicha
  3. 1958Alternancia bipartidistaFicha
  4. 1958Diego Montaña CuéllarFicha
  5. 1958El Frente NacionalÉpoca
  6. 1958Frente NacionalFicha
  7. 1958Gonzalo ArangoFicha
  8. 1958ModernizaciónFicha
  9. 1958Nadaísmo y arte moderno en Colombia (1958–1972)Hecho
  10. 1961DesarrollismoFicha
  11. 1962Germán Guzmán CamposFicha
  12. 1962La Violencia en Colombia (1962–1964)Hecho
  13. 1964El Frente Nacional y el origen de las guerrillas colombianasPregunta
  14. 1964Guillermo León ValenciaFicha
  15. 1964Las guerrillas colombianas y el Frente NacionalPregunta
  16. 1964Migración rural-urbanaFicha
  17. 1964Operación Marquetalia y el nacimiento de las guerrillas (FARC, ELN, EPL)Hecho
  18. 1967Realismo mágicoFicha
  19. 1968Alfonso López TrujilloFicha
  20. 1968Carlos Lleras RestrepoFicha
  21. 1969Domingo Laín SáenzFicha
  22. 1970ANAPO (Alianza Nacional Popular)Ficha
  23. 1970Fraude electoralFicha
  24. 1970Las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970 y el supuesto fraudeHecho
  25. 1970Misael Pastrana BorreroFicha
  26. 1974Cierre formal del Frente Nacional y elecciones presidenciales de 1974Hecho
07Constitución de 19911991–20021
  1. 1991La Constitución de 1991Pregunta
08Seguridad Democrática2002–20163
  1. 2006El escándalo de la parapolíticaHecho
  2. 2006La parapolíticaPregunta
  3. 2012Juan Manuel SantosFicha
09Posconflicto2016–presente2
  1. 2016Polarización política en ColombiaFicha
  2. 2022Triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez (2022)Hecho
10Transversal15
  1. 1810La discontinuidad entre 1781 y 1810Pregunta
  2. 1850Élites regionalesFicha
  3. 1886Modernización conservadoraFicha
  4. 1900ImpunidadFicha
  5. 1948La excepcionalidad colombiana ante el ciclo populista latinoamericanoPregunta
  6. 1948PopulismoFicha
  7. 1950Laureano GómezFicha
  8. 1954Sufragio femeninoFicha
  9. 1957PlebiscitoFicha
  10. 1958Alberto Lleras CamargoFicha
  11. 1958Democracia restringidaFicha
  12. 1974Alfonso López MichelsenFicha
  13. 1975Democracia paramilitar vs. dictadura: la Doctrina de Seguridad Nacional en Colombia y el Cono SurPregunta
  14. 1991Asamblea ConstituyenteFicha
  15. 1994ConvivirFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Rafael Núñez — arquitecto de la Regeneración, primer gran pacto de élites colombiano, que produjo la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887
  2. 02Miguel Antonio Caro — figura intelectual central de la Regeneración, presidente en ejercicio, expresión de la exclusión sistemática del liberalismo durante el pacto regenerador
  3. 03Alberto Lleras Camargo — principal promotor liberal de los pactos de Benidorm (1956) y Sitges (1957) y primer presidente del Frente Nacional (1958-1962)
  4. 04Laureano Gómez — interlocutor conservador clave en los pactos de Benidorm y Sitges, exiliado en España tras ser derrocado por Rojas Pinilla
  5. 05Gustavo Rojas Pinilla — dictador cuyo populismo amenazó con desplazar a los partidos tradicionales, detonante directo de los acuerdos de Benidorm y Sitges
  6. 06Frente Nacional — producto institucional más acabado del pacto de élites colombiano, que elevó el reparto bipartidista a rango constitucional entre 1958 y 1974
  7. 07Regeneración — primer molde fundacional del pacto de élites, que fijó la lógica de alianza cupular, exclusión del adversario y durabilidad de los marcos jurídicos resultantes
  8. 08Clientelismo — efecto estructural del Frente Nacional: la distribución burocrática de cargos sustituyó la movilización ideológica y convirtió la burocracia estatal en mecanismo de reproducción electoral
  9. 09Bipartidismo — estructura política que el pacto de élites reproduce y protege, excluyendo constitucionalmente a terceras fuerzas durante el Frente Nacional
  10. 10Sitges, España — lugar donde Lleras Camargo y Gómez firmaron en julio de 1957 el acuerdo que dio forma definitiva al Frente Nacional
06

Documentos y fragmentos citados

74 documentos · 80 fragmentos

01Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[1]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
02Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3201 cita
[2]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
03Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[3]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
04De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[4]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
05De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[5]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
06Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1151 cita
[6]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
07El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[7]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 481 cita
[8]

Papel Periddico Illustrado». Durante su mandato se firmé el concordato con el Vaticano, que ponia fin al largo litigio entre la Iglesia y el Estado, A la izquierda, entrada en Bogoté del arzobispo monsenor José Telesforo Patil. El arzobispo desempené un destacado papel en los anos iniciales del Movimiento de la…

p. 48
09Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 301 cita
[9]

borado y prefirié gobernar con un estatuto dema- siado represivo, la ley 61 de 1888, mejor conocida con el nombre de «ley de los caballos», que tantos males causé al pais, pues seguin ella gobernaron las administraciones «regeneradoras» hasta 1904. A tal grado lIlegé la animosidad de don Miguel Antonio Caro contra el…

p. 30
10La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[10]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
11Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 781 cita
[11]

elites sociales fre nte al ejército. D esde la atalaya de 1903, Jo s líder es conserv ador es parecieron co mprender cuán impracticable resultaba gobernar con excl usión absoluta de los liberales; y éstos, cuán imposible era d er rocar a sus adversarios mediante la sublevación armada. En 1903, cuando ya no había…

p. 78
12Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3571 cita
[12]

liberales que han guiado desde enton ces el desarrollo de la sociedad colombiana. Finalmente, luego de casi un siglo de guerra civil y de frustrado de sarrollo exportador, la sociedad colombiana se estabilizó politicamente f' inició la fase dinÁmica del desarrollo exportador que por tanto tiempo habia sido escamoteado…

p. 357
13Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 51 cita
[13]

had tried to put down the Panama revolt without success, was able to gain the presidency in 1904 by calling for a program of na- tional restoration. Once installed, he quickly adopted authoritarian meas- ures to create a dictatorship known as the Quinquenio that endured until 1909. 10 Historians find the Quinquenio a…

p. 5
14Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 181 cita
[14]

Panama’s declaration of independence sparked a protracted series of negotiations with the United States, for the latter at once signed a treaty with the infant republic that allowed it to begin construction of the long-delayed isthmian canal. The U.S. comple- tion of the canal in 1914 and its signing of the…

p. 18
15Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2341 cita
[15]

Sin embargo, en 1909, la protesta contra el tratado con los Estados Unidos y Panamá había quedado enmarcada en un esfuerzo bipartidista de resistencia al régimen reyista. Los liberales po- dían volver a la paz de la conciencia, a la coherencia política, sin temor de caer en manos de los regeneradores, de los…

p. 234
16Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 3161 cita
[16]

Antioqueño Liberal Carlos E. Restrepo summoned the Unión Republicana, backed by local Conservative leaders, among them Pedro Nel and Tulio Ospina, Miguel and Eduardo Vásquez, Alejandro Botero, Abraham Moreno, Carlos Vásquez Latorre, and Rafael Navarro y Eusse. With the aid of Juntas Republicanas set up in various…

p. 316
17Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 3161 cita
[17]

Antioqueño Liberal Carlos E. Restrepo summoned the Unión Republicana, backed by local Conservative leaders, among them Pedro Nel and Tulio Ospina, Miguel and Eduardo Vásquez, Alejandro Botero, Abraham Moreno, Carlos Vásquez Latorre, and Rafael Navarro y Eusse. With the aid of Juntas Republicanas set up in various…

p. 316
18Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 421 cita
[18]

del liberalismo del general Rafael Uribe y aquel de los núcleos duros del conservatismo, mientras pregonaba la inutilidad de los radicalismos extremos –guerras y exclusiones– y la obligatoriedad del entendimiento político. Carlos E. Restrepo fue el inspirador del republicanismo. Su denodada lucha política y el apoyo…

p. 42
19Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 701 cita
[19]

dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…

p. 70
20Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1781 cita
[20]

Reyes. Reconciliación Nacional. Apoyar candidatura de Carlos E. Restrepo. Participación liberal en el gabinete ministerial y el Congreso, Coalición de gobierno con mayoría conservadora. Respaldo a los candi- datos moderados del conservatismo. Apoyar candidatura del liberal En- rique Olaya Herrera. Gobierno de…

p. 178
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[21]

acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…

p. 60
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[22]

ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…

p. 78
23Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2271 cita
[23]

con el exiliado dirigente conservador Laureano Gómez. Con él firma, el 24 de julio de 1956, aniversario del natalicio del Libertador, el Pacto de Benidorm que ase- guró la unión de los dos partidos en contra de la administración militar imperante, que sería el primer paso que cristalizaría la no muy larga lucha al…

p. 227
24Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1811 cita
[24]

decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…

p. 181
2530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 2141 cita
[25]

de su presupuesto de gastos generales en educación pública. Artículo 13: En adelante las reformas constitucionales solo podrán hacerse por el Congreso. La Junta Militar siguió legislando: Artículo 2: En el plebiscito tendrán derecho a participar las mujeres y varones colombianos mayores de 21 años”. El resultado del…

p. 214
26De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 581 cita
[26]

Pacto de paz en Sitges 24 (Restrepo y Tamayo, s.f., página 8) entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, el gobierno de la Junta Militar provisional implementó un nuevo proceso de desmovilización que puso al Tolima, nuevamente, como uno de los escenarios de dejación de armas. En el sur del departamento la…

p. 58
27Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2401 cita
[27]

salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…

p. 240
28El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1021 cita
[28]

la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…

p. 102
29Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1191 cita
[29]

entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…

p. 119
30Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 321 cita
[30]

bipartidista ue some- proba copular mediante plebiscito de 1 de die 1957, En adelante, v hasta elañ las curules en las corporaciones pabli- serian repartidas por mitades propa bete ministerial, las diferentes Instan- das de gobierno, la administración publica y lamina judicial. Este sis 3 v fue aplicado Be o la dos…

p. 32
31Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 422 citas
[31]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
[32]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
32Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1411 cita
[33]

the rest. Altogether the urban population was now close to equaling that of the countryside. This shift meant that a greater percentage of Colom- bians would have access to education and social benefits and also that the pace of all sorts of change was likely to accelerate, with con- sequences difficult to foresee.…

p. 141
33El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[34]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
[35]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
34Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 362 citas
[36]

5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…

p. 36
[37]

5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…

p. 36
35La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3461 cita
[38]

(2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…

p. 346
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1371 cita
[39]

cerveza, decía: “es que a nosotros en la escuela de guerra nos enseñan que el comunismo hay que atacarlo porque es una plaga”» 385. El Frente Nacional produjo una abulia política manifestada en la abstención. Los partidos se fueron homogeneizando a tal punto que coloquialmente se decía que la diferencia entre…

p. 137
37Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 411 cita
[40]

del sentimiento de pertenencia al partido político, y la capacidad cohesionadora que ello implicaba, motivaron un cambio de estrategia en los partidos. La modorra de las ma- sas fue enfrentada con la proliferación de las viejas prácticas clientelistas. En estas nuevas circunstancias, la burocracia del Estado pasó a…

p. 41
38El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2491 cita
[41]

la siguiente manera: 256 a. El contenido de las transacciones pol í ticas en las sociedades divididas en clases, conduce a una instrumentalizaci ó n de quienes se hallan desprovistos del poder. b. El clientelismo es una forma de negociaci ó n, mediante la cual, las clases dominantes distribuyen los bienes y servicios…

p. 249
39La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 851 cita
[42]

embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…

p. 85
40Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 411 cita
[43]

Ia seriala el historiador A lvaro Tirado Mejia c u a n do se ref i e re a " s i glo y media d e bipartidismo " 1; I a historia del pals esta marcada par u na lucha entre elites para mantener el control del poder politico a traves de los partidos li beral y conservador 2 y en ella se han presenta do desde las mas…

p. 41
41Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 281 cita
[44]

de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…

p. 28
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 751 cita
[45]

exclusivamente en los lugares donde hasta mediados de la década de los sesenta persistía la acción de los bandoleros, sobre todo durante las cosechas cafeteras, y en las zonas de colonización donde el campesinado comunista había establecido colonias agrícolas. En estos primeros años del pacto bipartidista también hubo…

p. 75
43Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1181 cita
[46]

elite bipartisan agreement. How would the politically unaligned or disenchanted engage politically after the 1958 102 Chapter Five implementation of the National Front? Part of the answer came in the form of a revolution on the not- so- distant island of Cuba, months after implementation of the National Front. The…

p. 118
44Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 219, 2202 citas
[47]

la sociedad”. Más que bancarrota ética se trata de un proceso de exacerbación moral que sacrifica todo valor a un objetivo único y superior. De allí que algunos marxistas, católicos, liberales sociales, nacionalistas, siguiendo una veta moralista pudieran terminar convirtiéndose en apologistas de la violencia,…

p. 220
[48]

la sociedad”. Más que bancarrota ética se trata de un proceso de exacerbación moral que sacrifica todo valor a un objetivo único y superior. De allí que algunos marxistas, católicos, liberales sociales, nacionalistas, siguiendo una veta moralista pudieran terminar convirtiéndose en apologistas de la violencia,…

p. 219
45Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[49]

cuando la guerrilla, los grupos paramilitares y la fuerza pública fueron responsables del agravamiento de la crisis humanitaria que padeció el país durante más de sesenta años. Algunas guerrillas se desmovilizaron alrededor de la aprobación de la Constitución de 1991, como el Ejército Popular de Liberación (EPL), el…

p. 184
46Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2001 cita
[50]

M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…

p. 200
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[51]

crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…

p. 94
481989María Elvira Samper · 2019 · p. 1351 cita
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masacres, 1990 será el de los secuestros que ordena Escobar como seguro de vida y para presionar una negociación y el de la campaña presidencial más violenta de la historia, también será el de la desmovilización del M-19, el EPL y el Quintín Lame, y el de la Convocatoria de la Asamblea Constituyente, el sueño que el…

p. 135
49Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 1701 cita
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para que se privilegiaran las listas únicas. El M-19 pactó con el Gobierno que el acuerdo se volviera ley en el Congreso y que luego se convocaría a un referendo para reformar electoral- mente la Constitución del 86. Pero la mafia actuó por medio de sus congresistas y tumbó el acuerdo con mayorías parlamenta- rias…

p. 170
50Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1461 cita
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la cuestión ecológica promovida por Misael Pastrana; la Fiscalía de gran tamaño impulsada por Gómez Hurtado, tema en el cual derrotó al Gobierno, y la configuración del Consejo Superior de la Judicatura como un cuerpo de corte jurídico, una alta magistratura, la más importante de todas, me dijo alguna vez Gómez…

p. 146
51Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2061 cita
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necesidad de consolidar los acuerdos firmados con el M-19, abrieron la puer- ta a una reforma de la Constitución. Recién los narcotraficantes habían reconocido el triunfo del Estado, pero paradójicamente fue en buena medida la violencia generada por ellos lo que permitió el proceso que desembocó en la convocatoria de…

p. 206
52Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
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Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…

p. 85
53Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 711 cita
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en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…

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54Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 32 citas
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palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…

p. 3
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palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…

p. 3
55Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 cita
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a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…

p. 34
56Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1361 cita
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medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…

p. 136
57Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2591 cita
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the nation’s paramilitary forces, the AUC, which resulted in the 2005 “Ley de Justicia y Paz,” whereby the forces disbanded, publicly admitted to crimes, and received reduced sentences for their apparent transparency. The public airing of some of these crimes, massacres in many cases, shocked Colombians, and soon many…

p. 259
58Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1671 cita
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15-67. 10 Helena Alviar García y Karen Engle, “The distributive politics of impunity and anti-impunity: Lessons from four decades of colombian peace negotiations”, en Anti-Impunity and the Human Rights Agenda, ed. por Karen Engle, Zinaida Miller y D. M. Davis (New York: Cambridge University Press, 2016), 216-254,…

p. 167
59Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4371 cita
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point of the negotiation was to establish ground rules to guarantee land access for its members, as well as other conditions essential for their sustenance, without disputing the right of the business class to rural property. History seemed to be repeating itself, however, replicating what happened in 1936 when Law…

p. 437
60¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 691 cita
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sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…

p. 69
61Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 1891 cita
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no dejaba de resultarme problemático y paradójico ver a alguien como el alcalde de Bogotá, En- rique Peñalosa, apoyando el Sí a la paz, cuando por un lado sus acciones y decisiones en la ciudad han mostrado un trato totalmente inhumano y despótico al momento de atender problemas sociales; entonces me resultaba…

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62Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 1891 cita
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no dejaba de resultarme problemático y paradójico ver a alguien como el alcalde de Bogotá, En- rique Peñalosa, apoyando el Sí a la paz, cuando por un lado sus acciones y decisiones en la ciudad han mostrado un trato totalmente inhumano y despótico al momento de atender problemas sociales; entonces me resultaba…

p. 189
63Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3502 citas
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figura de la clase media, egresada de la pública Universidad Nacional y que de algún modo podía hacer una exitosa carrera profesional y política, como Jorge Eliécer Gaitán. Por tal ra- zón, y a ello contribuye en grado sumo la violencia que derrotó al movimiento democrático popular, el Estado no logrará has- ta…

p. 350
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figura de la clase media, egresada de la pública Universidad Nacional y que de algún modo podía hacer una exitosa carrera profesional y política, como Jorge Eliécer Gaitán. Por tal ra- zón, y a ello contribuye en grado sumo la violencia que derrotó al movimiento democrático popular, el Estado no logrará has- ta…

p. 350
64Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3581 cita
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action at a time when Colombia’s Liberal and Conservative Parties were in suspension and how they pointed the way toward bipartisan power sharing in the political realm. A fourth important function of the gremios lay in their helping insulate Colombia from the sort of populist excesses that troubled the postwar econo-…

p. 358
65Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2691 cita
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sistema de relaciones entre el Estado y los organismos corporativos tiene tres formas, según García: • La de representación gremial (que es corporativa, en última instancia) en consejos o cuerpos directivos del Estado; • La de representación gremial-corporativa en los mecanismos de regu lación de la vida económica y…

p. 269
66La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 1361 cita
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de pasilla y ripio (98). Además, su gerente general participa en la fij ación del precio interno del café y tiene que ser " oído su concepto" antes de fij ar el porcentaj e de la reten ción cafetera y la cuantía del reintegro (99). Los principales dirigentes de los partidos tradicionales o sus familias han te nido…

p. 136
67Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 721 cita
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their efforts to fortify their electoral bases and gain control of the government. The first stage of party development corresponds with the caucus- cadre model, which was embedded in what Katz and Mair refer to as '... the liberal regime censitaire ofthe late nineteenth and early twen- tieth centuries, with its…

p. 72
68Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 371 cita
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privileges to be accorded the Catholic Church. Persuasive as his argument is for the early and midnineteenth century, some historians (including myself) would argue that, by the late nineteenth century, economic differences between and within the elite leaderships of the parties had become more salient. Be that as it…

p. 37
69Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 61 cita
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prevent real reform. 14 Gaitán gained great national popularity, capturing the imagination of peasants and the urban working class by promising land redistribution and an end to the dominance of the oligarchy. He was considered a sure bet for Liberal presidential candidate, until he was assassinated in Bogotá in 1948…

p. 6
70Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
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políticos representan «esa rancia cúspide regional acos- tumbrada a manejar haciendas, predios, casas comerciales y oficinas públicas, con los mismos criterios especulativos y endogámicos» 60. Es un sistema que las nuevas élites políticas han replicado con cierto éxito 61. Cabe señalar también, como lo recuerda Fals…

p. 46
71Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2321 cita
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evidencia muestra es que la forma como la dirigencia nacional gobierna el país es a través de toda una red de intercambios clientelistas a lo largo del territorio nacional que tienen como material de cambio el acceso a las rentas de la corrupción. Los intercambios incluyen también a la justicia, a todo nivel, desde…

p. 232
72Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 781 cita
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pero la gente se acuerda de las cosas, las cosas. Y el pueblo lo que más recuerda del gobierno de Rojas fue lo que hizo su hija María Eugenia. Ella les repartía alimentos a los po bres, ropa, les regalaba en Navidad juguetes a los niños, ayudaba a los ancianos. Eso no iba a cambiar la estructura del Estado, obvio.…

p. 78
73Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 891 cita
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al gobierno. De todos modos, los dirigentes liberales intentaron convencer a Ospina Pérez de que cediera el poder, mientras que algunos militares sugirieron que se organizara una junta de gobierno provisional, con militares y dirigentes conservadores, para recuperar el orden. El presidente, acosado por multitudes…

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74La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4821 cita
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histerismo, los cráneos ensangrentados cruzaban el espacio, lanzados a puntapiés de uno a otro extremo, como sangrientos meteoros de un cielo bárbaro" (22) (22) Rafael Azula Barrera, De la Revolución al Orden Nuevo (Bogotá: Editorial Kelly, 1956), p. 416. ¿Quién podía prever las consecuencias de todos estos sucesos?…

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