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Biografía

Esteban Jaramillo

Regeneración

N. 1874

16 min de lectura29 documentos
Nacimiento1874
FallecimientoSin fecha registrada
RolesOficial mayor del Ministerio de Gobierno · Ministro de Hacienda
Lugar principalAbejorral, Antioquia
Período históricoRegeneración1886–1929
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La biografía

Esteban Jaramillo fue el hacendista que hizo posible, desde el Ministerio de Hacienda y desde el andamiaje técnico del Estado, la modernización fiscal y monetaria de Colombia entre los sucesos de Panamá y la llegada del liberalismo al poder en 1934. Jurista de formación y financista por vocación, atravesó ministerios conservadores y liberales sin salirse del gabinete: fue el operador indispensable de la Misión Kemmerer, el arquitecto administrativo de la "danza de los millones" y, más tarde, el hombre que debió firmar el abandono del patrón oro que él mismo había defendido con celo. Su trayectoria condensa, mejor que la de casi ningún otro funcionario del período, la lógica de un consenso de élites capaz de sobrevivir a los partidos: la de una tecnocracia hacendista que modernizó al Estado sin democratizarlo, y que hizo del Ministerio de Hacienda el verdadero centro de gravedad de la República durante veinte años.

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Línea de vida

  1. 1903

    Los sucesos de Panamá y el debut nacional

    Leer contexto

    Siendo oficial mayor del Ministerio de Gobierno, tuvo que hacerse cargo del despacho ante la ausencia de los prohombres del gobierno durante la separación de Panamá. Fue señalado, junto con el general Alfredo Vásquez Cobo, como uno de los dos protagonistas que se salvaron moralmente de aquel naufragio institucional, lo que disparó su ascenso meteórico en el panorama nacional.

  2. 1921

    Crisis fiscal de posguerra

    Leer contexto

    Actuó en el ámbito hacendístico durante la crisis de posguerra, cuando las rentas nacionales ordinarias cayeron a 19 millones de pesos en 1921 y a cerca de 21 millones en 1922. La eliminación de la renta de aduanas afectó obras públicas, empleo, crédito y el pago de maestros, jueces y policías, consolidando su papel de 'superministro' indispensable en todas las crisis fiscales.

  3. 1923

    Misión Kemmerer y fundación del Banco de la República

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    Fue el operador técnico y político que tradujo al lenguaje del Estado colombiano las recomendaciones de Edwin Walter Kemmerer, defendiéndolas en el Congreso y administrándolas desde el Ministerio de Hacienda. De ese proceso nació el Banco de la República, la Superintendencia Bancaria y la adscripción de Colombia al patrón oro. Integró la Junta Directiva del Banco en distintos períodos, junto con Jesús María Marulanda.

  4. 1923

    Inicio de la 'danza de los millones'

    Leer contexto

    Con el primer desembolso de la indemnización norteamericana por Panamá (25 millones de dólares) y la apertura del crédito externo, Jaramillo presidió desde el Ministerio de Hacienda la expansión fiscal más acelerada de la historia republicana hasta entonces: las rentas nacionales crecieron de 33 millones en 1923-24 a más de 75 millones en 1929, mientras entraban al país aproximadamente 200 millones de dólares entre 1923 y 1928.

  5. 1928

    Corte del crédito externo y fin de la prosperidad

    Leer contexto

    Los intereses norteamericanos suspendieron los créditos antes del crack de Wall Street de 1929, en parte por los conflictos del gobierno de Abadía Méndez con las explotaciones petroleras. Jaramillo debió gestionar el tránsito de la abundancia a la escasez, atado al patrón oro que él mismo había defendido y que ahora amplificaba la contracción con tasas de interés reales de entre 30 y 40%.

  6. 1934

    Fin del ciclo conservador y retiro del poder

    Leer contexto

    Ejerció como ministro de Hacienda en todas las crisis y bajo todos los gobiernos conservadores hasta 1934, cuando el Partido Liberal llegó al poder con Alfonso López Pumarejo. Fue considerado el financista más influyente de los años veinte y treinta en Colombia, sin haber ambicionado nunca la presidencia de la República.

La estirpe del hacendista-jurista

Jaramillo pertenece a una estirpe muy colombiana: la del hacendista-jurista, esa figura de doble jurisdicción que combinó el derecho público con la administración de las rentas del Estado y que, desde el siglo XIX, moldeó el aparato fiscal del país. Es la misma tradición que produjo, más tarde, a Carlos Lleras Restrepo, a Alfonso Palacio Rudas y, en otra clave, a Enrique Low Murtra: hombres formados en códigos y en balances, capaces de redactar una ley orgánica de presupuesto y de negociar un empréstito con banqueros de Nueva York en la misma semana. En esta genealogía Jaramillo ocupa un lugar fundacional. Antes de él, la hacienda pública colombiana había sido, en buena medida, terreno de improvisación y emisión desordenada; después de él, quedó atada a un aparato normativo cuya arquitectura básica sobreviviría décadas.

Nacido en Abejorral, en el sur de Antioquia, en 1874, y formado entre Medellín y Bogotá, llegó muy joven al centro del poder. Cuando ocurrieron los sucesos de 1903 —la separación de Panamá, la humillación diplomática, el vacío moral del gobierno de José Manuel Marroquín— era oficial mayor del Ministerio de Gobierno y tuvo que hacerse cargo del despacho ante la ausencia de los prohombres que debían responder por la República. Fue, en la lectura de sus contemporáneos, uno de los dos únicos protagonistas que se salvaron moralmente de aquel naufragio, junto con el general Alfredo Vásquez Cobo. Ese pequeño episodio, casi administrativo, lo colocó en el radar del país en el momento en que el país necesitaba nombres nuevos: desde entonces, su ascenso fue meteórico, sostenido, sin pausas y —notablemente— sin ambición presidencial. Jaramillo nunca aspiró a la primera magistratura. Prefirió, siempre, el ministerio.

La República que heredó: caja vacía y moneda enferma

Para entender qué clase de problema resolvía Jaramillo, hay que mirar la casa fiscal que heredó la generación que llegó al poder tras la Guerra de los Mil Días. El conflicto de 1899-1902 había dejado una de las hiperinflaciones más severas registradas en Colombia, producto de las emisiones irresponsables con que el gobierno de la Regeneración tardía intentó financiarlo. El Banco Nacional, creado en 1880 bajo Rafael Núñez con curso forzoso de papel moneda y convertido en agente fiscal del gobierno, había terminado su ciclo en 1896 en medio de emisiones ilegales y déficit creciente. No había sido, técnicamente, un antecedente de banca central: no monopolizaba la emisión ni actuaba como prestamista de última instancia. Había sido, más bien, un dispositivo del Ejecutivo para cubrir sus propios huecos.

De ese trauma nació una convicción que Jaramillo hizo suya y que estructuró toda su carrera: el Estado no debía emitir moneda directamente, porque siempre que lo había hecho la había usado para tapar déficit, en detrimento de la estabilidad. La Junta de Conversión, creada en 1909 para amortizar el papel moneda de la Regeneración —cambiado por billetes nuevos fabricados primero en Inglaterra y luego en Estados Unidos—, había reducido el circulante a diez millones de pesos oro en 1914, cifra insuficiente para mover la economía. En 1918 el circulante total rondaba los veinticuatro millones de pesos oro, de los cuales el 42% era todavía papel moneda regenerador y otro 40% consistía en monedas de plata y divisas —dólares y libras—. La Primera Guerra Mundial había estrangulado aún más el sistema: las exportaciones caían, el oro amonedado no entraba, los comerciantes remesaban metal al exterior para saldar créditos y la especulación cambiaria drenaba lo que quedaba. En 1919 las importaciones se duplicaron respecto al año anterior, y el desequilibrio se hizo insostenible.

Este es el país que forjó al ministro que Jaramillo llegaría a ser: un país con la moneda enferma, sin banco central, con varios bancos privados emitiendo simultáneamente billetes que nadie coordinaba, y con rentas nacionales que en 1921 apenas llegaban a diecinueve millones y en 1922 a veintiuno. La crisis fiscal de posguerra —agravada por la eliminación de la renta de aduanas— afectaba obras públicas, empleo, crédito y hasta el pago de maestros, jueces y policías. La generación de Jaramillo entendió que sin una arquitectura monetaria estable no habría Estado moderno posible. Y entendió también, con realismo casi cínico, que esa arquitectura tendría que importarse.

Kemmerer: la ortodoxia como decisión política

En 1923, bajo la presidencia de Pedro Nel Ospina, Colombia contrató a Edwin Walter Kemmerer, joven profesor de Princeton especializado en cuestiones económicas y administración, para que dirigiera una misión de expertos financieros. El resultado —publicado ese mismo año bajo el título Leyes presentadas al gobierno de Colombia por la misión de expertos financieros y exposición de motivos de estas— rediseñó de un golpe el aparato monetario, bancario y fiscal del país. De ahí salió el Banco de la República, la Superintendencia Bancaria, una nueva ley orgánica del presupuesto y la definición de Colombia como seguidora fiel del patrón oro, en un momento en que la mayoría de los países capitalistas ya lo habían abandonado tras los desequilibrios de la Gran Guerra.

Que Colombia adoptara el patrón oro en 1923 fue una decisión política, no técnica. Era la ortodoxia más pura del liberalismo monetario internacional: la creencia, sostenida por el cuantitativismo, de que bajo el patrón oro y en economía abierta la oferta monetaria se autorregulaba, y de que el papel del banco emisor consistía sobre todo en manejar la tasa de descuento como "el arma más poderosa que el Banco pueda tener para proteger el mercado monetario del país, prevenir el éxodo considerable de oro, contener las especulaciones peligrosas y conservar sus reservas metálicas". Esa era la doctrina que Jaramillo abrazó y ejecutó. No fue, en rigor, coautor intelectual de las recomendaciones Kemmerer —esas venían con el sello de Princeton—, pero fue el hombre que las tradujo al lenguaje del Estado colombiano, que las defendió en el Congreso, que las administró desde el ministerio y que, hasta el último momento, creyó en ellas.

El Banco de la República nació con una junta directiva diseñada para conjurar el fantasma del Banco Nacional. Tenía representantes del gobierno, de los bancos nacionales y de los bancos extranjeros; el 55% de sus miembros eran ex funcionarios o accionistas de bancos privados. Jaramillo se sentó en esa junta en distintos períodos, junto con figuras como Jesús María Marulanda y con el propio Walter Van Dusen, asesor de Kemmerer y banquero norteamericano incorporado en calidad de hombre de negocios. La legislación bancaria previa exigía un encaje del 25%; la nueva se presentó como garantía superior de solvencia. Todo el edificio estaba pensado para que la política monetaria fuera insensible a la presión política inmediata. Todo estaba pensado, en el fondo, para que ningún gobierno futuro pudiera hacer lo que había hecho la Regeneración.

El "superministro" y el bloque financiero antioqueño

De 1923 en adelante, Jaramillo se instaló en el centro de la escena hacendística con una permanencia que no tiene equivalente en la historia republicana. Fue ministro de Hacienda en múltiples crisis y bajo diversos gobiernos, hasta 1934. Un observador de la época, con dosis obvia de exageración pero sin faltar demasiado a la verdad, lo llamó el "superministro" que actuaba en todas las crisis fiscales y bajo todos los gabinetes. Los diplomáticos británicos, más agudos y más nerviosos, lo clasificaron con una etiqueta reveladora: "peligrosamente pro-norteamericano". Consideraban, en sus despachos a Londres, que actuaba más o menos como agente de los bancos norteamericanos.

Esa lectura inglesa tenía fundamento. Jaramillo integraba con Jesús María Marulanda —ex ministro de Hacienda de Pedro Nel Ospina— el grupo financiero antioqueño conocido como el "Leviatán", un núcleo que la legación británica no incluía entre las entidades amigas de Inglaterra. En los años en que Londres y Nueva York competían ferozmente por los mercados financieros latinoamericanos, la orientación de Jaramillo y de los suyos no era ambigua: los intereses ingleses aún intentaban persuadir a Bogotá de las ventajas de un banco inglés como agente fiscal, pero ya no podían enfrentar la competencia norteamericana. Pedro Nel Ospina se inclinaba hacia Estados Unidos, y Jaramillo era el instrumento técnico de esa inclinación. El Banco de la República, en su composición y su doctrina, era un dispositivo alineado con la banca de Nueva York; y Jaramillo, en su relación con Wall Street, era la bisagra colombiana del sistema.

Esta alineación no era simple servilismo. Respondía a un cálculo estratégico compartido por buena parte de la élite conservadora antioqueña y bogotana: sin capital externo, la modernización era imposible; el único capital externo disponible en volumen era el norteamericano; luego la política monetaria y fiscal debía ser legible y creíble para los banqueros de Nueva York. Toda la arquitectura Kemmerer —el patrón oro, la independencia del Banco de la República, la disciplina presupuestal, la Superintendencia Bancaria— era, entre otras cosas, un mensaje: Colombia era un país en el que se podía prestar. Jaramillo entendió antes que nadie que las instituciones financieras son también actos de diplomacia.

La danza de los millones

Entre 1923 y 1928 entraron al país aproximadamente doscientos millones de dólares en forma de créditos externos y de la indemnización norteamericana por Panamá. El primer desembolso de esa indemnización —veinticinco millones de dólares en total, negociados como compensación por la intervención de 1903— llegó en 1923, en simultáneo con la instalación del Banco de la República y con las reformas Kemmerer. Fue el pistoletazo de salida de la "danza de los millones" o "prosperidad a debe": una avalancha crediticia sin precedentes que se volcó, ante todo, sobre las obras públicas —ferrocarriles, carreteras, cables aéreos, adecuación de puertos— y sobre el endeudamiento de departamentos y municipios para construir servicios básicos.

Fue el momento en que Jaramillo llegó a la cúspide de su influencia. Las rentas nacionales ordinarias, que apenas superaban los veinte millones a comienzos de la década, crecieron sostenidamente: pasaron de treinta y tres millones en 1923-24 a más de setenta y cinco millones en 1929. El Estado colombiano, que dos décadas antes no podía pagar a sus jueces, era ahora un contratante voraz. Y buena parte del prestigio de esa expansión —de su legitimidad técnica, de su respaldo internacional— pasaba por el nombre del ministro.

Pero la danza tenía patologías desde adentro. Los fondos se usaron sin planes previos y con irregularidades notorias: el caso de la casa Berger, encargada de canalizar el río Magdalena y que dilapidó recursos sin completar la obra, fue solo el más citado. El presidente Miguel Abadía Méndez, que gobernó entre 1926 y 1930, era reticente al programa: no compartía el entusiasmo desarrollista de Ospina ni el de Rafael Reyes, y su conservadurismo lo llevaba a medir con desconfianza las consecuencias sociales de un plan tan vasto. Voces tan disímiles como las de Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo empezaron a cuestionar el crecimiento desmedido de las inversiones sostenidas con crédito externo, advirtiendo sobre la vulnerabilidad ante un cambio de ciclo. Gómez, en su tono habitual, denunciaba el "extraordinario fenómeno de valorización" que en pocos años —y a veces en meses— experimentaban propiedades inmuebles y valores, señal inequívoca de especulación.

En 1928, el flujo se cortó. Los intereses norteamericanos, preocupados por los intentos del gobierno de Abadía de controlar las explotaciones petroleras, suspendieron los créditos incluso antes de que estallara la crisis de Wall Street en octubre de 1929. Los conflictos con departamentos excluidos de la bonanza —Boyacá entre ellos— emergieron con fuerza; las movilizaciones obreras se multiplicaron; el gobierno de Abadía debió afrontar el decaimiento de la República conservadora en un clima de tensión creciente. La danza había terminado, y sus resacas iban a ser largas.

El derrumbe y la segunda misión

Entre 1929 y 1931 se juntaron todos los golpes. Los precios del café cayeron de veintitrés a dieciséis centavos de dólar por libra entre septiembre y noviembre de 1929. El ingreso nacional se contrajo de 75,2 millones de dólares en 1929 a 54,3 millones en 1930. Y sin embargo, atado al patrón oro, el país no podía usar la política monetaria para amortiguar la caída: las políticas económicas colombianas fueron procíclicas, con tasas de interés reales que alcanzaron entre 30 y 40% en esos años. El mismo dispositivo Kemmerer que había disciplinado la abundancia amplificó la escasez.

Enrique Olaya Herrera llegó a la presidencia en 1930 en medio de este derrumbe, favorecido por la división conservadora y por su propia trayectoria: había sido canciller de Jorge Holguín y jefe de la misión colombiana en Washington, y encarnaba, en línea con la doctrina Suárez, la convicción de que solo a través de una estrecha relación con Estados Unidos podría Colombia acceder a los recursos financieros y comerciales que necesitaba. Formó un gabinete de Unidad Nacional con participación conservadora en Gobierno, Guerra y Hacienda. Y allí, en Hacienda, siguió Jaramillo. Que un ministro conservador continuara en la cartera decisiva bajo el primer presidente liberal en cuarenta y cinco años dice más sobre la naturaleza del régimen que muchos análisis: la transición de 1930 fue un cambio de partido sin ruptura del modelo económico. El bloque financiero antioqueño y su ministro seguían operando.

En 1931, Kemmerer fue convocado de nuevo. La segunda misión buscó refinar el andamiaje anterior en el contexto de la recesión mundial. Su fruto legislativo más notable fue la Ley 64 de mayo de 1931, una nueva ley orgánica de presupuesto que limitó aún más la capacidad del Congreso para aumentar el gasto y fortaleció la autoridad del ministro de Hacienda: cualquier nuevo gasto requeriría su aprobación previa antes de ser incluido en el presupuesto. Es difícil no leer esa ley como el sello personal de Jaramillo: cristalizaba en norma su propia visión del cargo, y le entregaba al ministro las llaves fiscales del Estado. En el mismo año, Colombia abandonó el patrón oro y adoptó un sistema de flotación controlada de la tasa de cambio. La ortodoxia que Jaramillo había defendido durante ocho años cayó por la fuerza de la crisis; y sin embargo, quien firmó el abandono fue él mismo, con el pragmatismo de un hombre que entendía que las doctrinas se sostienen mientras funcionan.

El gobierno de Olaya, obligado por las circunstancias, empezó a abandonar el esquema ortodoxo librecambista sin una orientación ideológica previa: no había una nueva concepción del Estado en lo económico, sino una respuesta reactiva a la Depresión. Se introdujo alguna intervención estatal en materia laboral, empujada también por el conflicto con Perú. Pero el clero se mostró decidido a impedir modificaciones al Estado confesional, los conservadores controlaban todas las instancias del poder salvo el Ejecutivo, y el propio Olaya era moderado por temperamento. Las reformas profundas quedaron para después. Mientras tanto, el liberalismo consolidaba su base electoral: pasó del 53,8% del electorado en febrero de 1931 al 61,6% en febrero de 1933.

La red: hacendistas, banqueros y diplomáticos

La biografía de Jaramillo no se explica sin la red densa en la que actuó. Con Jesús María Marulanda formó el núcleo antioqueño del "Leviatán", una comunidad de intereses y de doctrina que atravesó gabinetes conservadores y sobrevivió al giro liberal. Con Pedro Nel Ospina compartió la apuesta por la modernización financiera y la alineación con Estados Unidos; con Miguel Abadía Méndez negoció los límites de una política de obras públicas que el presidente ejecutaba a regañadientes. Con Marco Fidel Suárez —de quien había sido subordinado años antes— compartió la doctrina de la mirada norte. Con Carlos E. Restrepo y con José Vicente Concha convivió en gobiernos que buscaban salir del trauma de Panamá reconstruyendo la legitimidad institucional del país.

Del otro lado del océano, su interlocutor decisivo fue Kemmerer, y a través suyo la banca de Nueva York. En Bogotá, Walter Van Dusen —asesor y banquero norteamericano— encarnaba esa conexión directa. Los diplomáticos ingleses lo miraban con desconfianza precisamente porque entendían que el eje Jaramillo-Kemmerer-Nueva York había desplazado a Londres del sistema financiero colombiano en una década.

Y luego estaban las voces críticas que iban a definir el ciclo siguiente: Laureano Gómez, cuyas denuncias sobre la especulación anticipaban el discurso conservador contra la "prosperidad a debe"; y Alfonso López Pumarejo, que llegaría al poder en 1934 con un proyecto —la Revolución en Marcha— que sí buscaba reformas estructurales y que, no por casualidad, marcó el fin del ciclo de Jaramillo en el ministerio. Con la llegada de López terminó también la larga travesía del "superministro" por los gabinetes: 1934 fue su punto final como pieza central del poder ejecutivo.

La doctrina en la prosa

Jaramillo dejó obra escrita y un cuerpo doctrinal que circuló en manuales, memorias y exposiciones de motivos. Las Memorias de Hacienda de comienzos del siglo XX son parte del linaje textual en el que se inscribió; la Memoria de 1916 aparece citada en la bibliografía canónica del período. Su pensamiento —conservador en lo político, ortodoxo en lo monetario, liberal en lo comercial hasta que la crisis lo obligó a modularlo— se articulaba en torno a algunas ideas simples y firmes: el presupuesto debe estar equilibrado; la emisión monetaria no puede estar en manos del Ejecutivo; el banco emisor debe ser independiente y disciplinado; el crédito externo es indispensable pero debe administrarse con rigor; la tasa de descuento es el instrumento por excelencia de defensa de la moneda.

Es una doctrina de época, importada en buena parte del pensamiento monetarista anglosajón y ajustada a la realidad de un país de exportaciones primarias. Su fuerza no estaba en la originalidad sino en la coherencia con la que Jaramillo la sostuvo y la administró. Su límite se hizo evidente en 1929: la misma ortodoxia que había estabilizado la moneda en los veinte convirtió al patrón oro en una trampa procíclica cuando el mundo se derrumbó. Jaramillo no era un doctrinario ciego —lo probó al firmar el abandono del patrón oro en 1931—, pero tampoco fue un innovador. Fue, hasta el final, un ejecutor disciplinado de la ortodoxia de su tiempo.

Huella

Jaramillo murió en 1947, ya fuera del centro del poder, en un país que había cambiado de fisonomía política más de una vez desde que él dejó el ministerio. Su huella, sin embargo, sobrevivió a todos los gobiernos posteriores. El Banco de la República —cuya arquitectura ayudó a construir y en cuya junta se sentó— sigue siendo, un siglo después, la institución económica más estable del Estado colombiano. La ley orgánica del presupuesto que cristalizó en 1931 fortaleció al Ministerio de Hacienda como el verdadero centro de gravedad del Ejecutivo, un rasgo que la administración pública colombiana no ha perdido. La disciplina técnica que él encarnó —esa fusión entre derecho y hacienda, entre despacho ministerial y aritmética fiscal— inauguró una tradición que llegaría hasta Lleras Restrepo y más allá.

Y sin embargo, su figura no admite ser simplemente celebrada. Jaramillo fue el operador técnico de un consenso de élites que modernizó al Estado sin democratizarlo; hizo de la ortodoxia monetaria un blindaje contra la presión redistributiva; alineó las finanzas del país con la banca de Nueva York en términos que a los ingleses les parecían excesivos y que a la generación siguiente le parecerían insuficientes en soberanía. La "danza de los millones", que administró desde la cúspide de su prestigio, dejó un país más moderno pero más endeudado, con obras a medias, con departamentos enfrentados y con una crisis social a la que la República conservadora ya no supo responder. El patrón oro, que defendió con celo, amplificó el impacto de la Gran Depresión antes de que él mismo debiera enterrarlo.

Es esa combinación —éxito institucional duradero y costos estructurales visibles— la que hace de Jaramillo una figura central y no un mero funcionario ilustre. Ninguna historia seria de la Hegemonía Conservadora se sostiene sin él, porque él fue el nombre técnico de esa hegemonía en su fase modernizadora. Y ninguna lectura de la transición de 1930 se completa sin explicar por qué el primer presidente liberal en cuarenta y cinco años conservó en Hacienda al hombre del "Leviatán": la respuesta es que en Colombia, entre 1923 y 1934, había un modelo económico compartido por las élites que iba más allá de los partidos, y que Jaramillo era su gerente. Su continuidad no fue neutralidad ni azar. Fue la firma silenciosa de un pacto.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 38 fragmentos
01Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · Página 231 cita
[1]

homenaje con motivo de los treinta años de la desaparición violenta de Enrique Low. Su asesinato, a tres décadas de distancia, aún resuena en la conciencia avergonzada de Colombia. Enrique Low fue ante todo un gran jurista, un hacendista de fuste, y un hombre bueno que le hizo bien a Colombia y hace una falta inmensa.…

p. 23
02Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 1721 cita
[2]

de su carrera Capítulo 6 157 puede servirnos tanto para calibrar la entereza moral y la inteligencia de los protagonistas. Sólo se salvan, en mi opinión, el general Alfredo Vásquez Cobo, quien debía ser después y en varias ocasiones candidato a la presi- dencia de la República y el doctor Es- teban Jaramillo, figura…

p. 172
03Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Páginas 18, 1772 citas
[3]

rio, trataban de persuadir al gobierno sobre las ventajas de tener los servi- cios de un banco inglés de primera ca- tegoría como agente fiscal y coordi- nador de préstamos, pero ya nunca podrían enfrentar la competencia fi- nanciera de los Estados Unidos. Los diplomáticos de la legación inglesa empezaron a clasificar…

p. 177
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Suárez». Tanto en sus actitudes personales, como en las cir- cunstancias que existían en el momen- to de llegar a la presidencia y en sus antecedentes, sobresalían su inclina- ción hacia los Estados Unidos y su creencia en la idea de que, solamente con una relación con los Estados Uni- dos semejante a la planteada por…

p. 18
04Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 104, 1272 citas
[4]

terrestres internos, en el arancel aduanero y en la tasa de interés bancaria. A la rigidez de la oferta de dinero se añadía la falta de unidad monetaria: de un circulante de 24 millones de pesos oro, en 1918, el42 % todavía co nsistía del papel moneda regenerador -que cier- tamente se había cambiado por billetes…

p. 104
[25]

Me- dellín. En 1928 el gobierno central, presionado por instituciones gubernamentales norteamericanas, trató de controlar la situación. Cas i simultáneamente cesó el flujo de fondos externos. Entonces salió a luz el conflicto entre los conservadores de los departamen- tos excluidos de la bonanza, que representaban…

p. 127
05Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 381 cita
[5]

ster- ling (more or less its traditional value of parity with the dollar.) 49 In 1909 the Junta de Conversión was created with specific funds to retire the paper money by burning it. As a result in 1914, only ten million pesos oro were circulating within Colombia, which was insufficient for the national economy. The…

p. 38
06Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Páginas 44, 902 citas
[6]

exportar cacao para destinarlo a dicho consumo; el tabaco duplicó su producción entre 1915 y 1919; incrementos apreciables se pre- sentaron en el trigo y en el algodón, pero este último no lograba copar la demanda interna. No obstante estos incrementos, la producción agrícola no respondía plenamente a la llamada del…

p. 44
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o principios de 1931, en términos de una concepción ideológi- ca del gobierno conservador de Mi- guel Abadía Méndez (7 de agosto de 1926 - 7 de agosto de 1930) sobre lo económico, diferente de aquella que exhibió el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (7 de agosto de 1930 - 7 de agosto de 1934) durante el primer…

p. 90
07Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · Página 2131 cita
[7]

Perú (1993), México (1993), Costa Rica (1995), Bolivia (1995), Uruguay (1995) y Paraguay (1995). La única excepción ha sido Brasil (Carstens y Jácome 2005: 43). 213 La independencia del Banco de la República y la reelección presidencial emisión, y el gobierno tenía la facultad de ejercer inspección y vigilancia sobre…

p. 213
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 921 cita
[8]

fue bruscamente eliminado cuando en 1887 se decidió suspender el derecho a emisión de los bancos privados. La obligatorie- dad en la recepción de los billetes del Banco Na- cional creado en 1880, mediante la figura del cur- so forzoso de papel moneda, el gobierno de Rafael Núñez logró convertir al Banco Nacional en su…

p. 92
09Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Páginas 20, 332 citas
[9]

en 1919. La escases de dinero que entonces se dejé sentir en el pais impulsé al gobiermo a tomar esas medidas. Arriba, a la derecha, billete de diez pesos emitido por el Banco Central en 1907. A la derecha, billete de cien pesos emitido por el mismo banco y en la misma fecha. Con la emisién de esos billetes se…

p. 20
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ademas de los beneficios de mercado. En el plano de las consideraciones la cuestién parecia presentarse como una especie de alternativa entre la negativa a la negociacion o la aceptacién de ésta con el riesgo de caer en la politica de protectorado. Pero frente a estas alternativas se crefa posible llegar a un acuerdo…

p. 33
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 1631 cita
[10]

mundial de la post guerra (las rentas nacionales bajan a 19 millones en 1921 y a cerca de 21 en 1922, y la balanza comercial exhibe d é ficit de cerca de 42 millones en 1920), la ofensiva de los voceros pol í ticos de la bur gues í a industrial y financiera y su “ estar vuelto hacia el pasado ” 165. 183 Orro B ü rgeb,…

p. 163
11Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 6431 cita
[11]

de 1918 a 28 de febrero de 1919 — el recaudo efectivo fue de poco más de doce millones. En 1920 hubo un aumento extraordinario —a veintinueve millones y medio—. Se trataba de la corta bonanza que siguió a la 845 Memoria de Hacienda de 1911, pág. xxv. 846 Memoria de Hacienda de 1912, pág. iii. 847 Memoria de Hacienda…

p. 643
12Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 52, 592 citas
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dirección de un joven profesor de Princeton, Edwin Walter Kemmerer, experto en 60. Kalmanovitz, Salomón, López Enciso, Enrique, La agricultura colombiana en el siglo XX, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, Banco de la República, 2006, p. 73. historia de colombia contemporánea (1920-2010) 52 cuestiones económicas y en…

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lanzarse a una política novedosa, como no tardaría en comprobarlo su sucesor. Más allá de la moderación del nuevo mandatario, las circunstancias hacían difícil dar timonazos bruscos. Con excepción de la rama ejecutiva, los conservadores contro- laban todas las instancias del poder. El clero se mostraba resuelto a…

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13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Páginas 272, 2764 citas
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en equilibrio con la de otros países de patrón monetario de oro y dicho patrón se conserva". 77 75 Leyes presentadas al gobierno de Colombia por la misión de expertos financieros y exposición de motivos de estas, Bogotá, 1923. 76 Palacios, op. cit., p. 293. 77 Leyes presentadas... p. 55. 278 ECONOMÍA Y NACIÓN A pesar…

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en equilibrio con la de otros países de patrón monetario de oro y dicho patrón se conserva". 77 75 Leyes presentadas al gobierno de Colombia por la misión de expertos financieros y exposición de motivos de estas, Bogotá, 1923. 76 Palacios, op. cit., p. 293. 77 Leyes presentadas... p. 55. 278 ECONOMÍA Y NACIÓN A pesar…

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garantía de solvencia y pago, sobre todo si se lo compara con la legislación bancaria del pasado que exigía tan sólo un encaje del 2 5 %. La tasa de descuento impuesta por el banco emisor a los ban- cos socios por sus fondos sería, según Kemmerer, "el arma más poderosa que el Banco pueda tener para proteger el mercado…

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garantía de solvencia y pago, sobre todo si se lo compara con la legislación bancaria del pasado que exigía tan sólo un encaje del 2 5 %. La tasa de descuento impuesta por el banco emisor a los ban- cos socios por sus fondos sería, según Kemmerer, "el arma más poderosa que el Banco pueda tener para proteger el mercado…

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14A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 2531 cita
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Esteban Jaramillo and Jesús M. Marulanda for different periods. Domestic and foreign banks appointed Sam Koppel, Luis Williamson, and Manuel Escobar. Government and foreign banks appointed Simón Araujo. Manuel V. Ortíz was appointed by the govern - ment and the domestic banks, and Otto Gerding twice by the foreign…

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15Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 2201 cita
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a recent study, imports as a percentage of domestic demand were in 1927—8 as follows: textiles, 81; paper, 81; rubber, 99; chemicals, 52; non-metallic minerals, 75; basic metals, 97; metal products, 82; non-electrical machinery, 88; electrical machinery and transport equipment, 100. 22 The Kemmerer Mission of 1923,…

p. 220
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 368, 3722 citas
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así una de las presidencias más letradas, pero más erráticas que haya tenido el país. "La danza, de los millones", pero al debe... En las elecciones de 1922 el país se debatió entre dos figuras que encarnaban los ideales políticos del momento: el general Benjamín Herrera, adalid radical, y el también - general Pedro…

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Con el agravan- ~ te de que en Colombia comenzó antes, pues los intereses 1 norteamericanos, preocupados por los intentos oficiales ' de control de las explotaciones petroleras, decidieron cor- tar los créditos internacionales. El New York Times atribu- yó esa política oficial al "deseo de la administración del…

p. 372
17Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 601 cita
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los llamados “barrios residenciales” en donde algunos cambiaron sus casas coloniales por imitaciones de los palacetes de la “ Belle Époque ”. En esa década, como lo sintetiza Jorge Orlando Melo (2003): “ solo el 12 % vivía en las ciudades de más de 10.000 habitantes. El analfabetismo superaba el 75 % y solo uno de…

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18Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 551 cita
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tres décadas bajo el control de los comunistas, y las tres grandes huelgas de los años veinte fueron dirigidas por el comunista Raúl Eduardo Mahecha, vicepresidente del Congreso Socialista de 1924. PROSPERIDAD ECONÓMICA Pero antes de analizar las grandes huelgas comunistas es necesario discutir el estado de la…

p. 55
19Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 1531 cita
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múltiples proyectos de infraestructura para abaratar costos de exportación e integrar las regiones. Abrió un programa de obras públicas que tendría fuertes incidencias en la hasta entonces inmóvil mano de obra rural, en los índices de inflación y en movilizaciones sociales y conflictos obreros. Los departamentos y…

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20Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3331 cita
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«danza de los millones» tiene va- rios contrapuntos que frenan la eufo- ria de las gentes. Un prolongado ve- rano entre 1925 y 1926 paraliza las obras públicas ante la suspensión del tráfico fluvial que impide la llegada de los materiales; las siembras se pier- den, el agua escasea, la carne y los ví- veres suben…

p. 333
21Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 1221 cita
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La red de cable telefónico aumentó de 5.094 millas en 1913, a 34.680 en 1927 y el número de aparatos telefónicos pasó de 3.177, a 21.110 en el mismo tiempo. » El número de automóviles pasó de unos 100 en 1913, a 15.350 en 1929. Todos estos desarrollos, aunque tardíos en comparación con otros países de América Latina,…

p. 122
22Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 2561 cita
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Apertura by law when the current expenditures exceeded total revenues. Kemmerer was recalled in 1931 to lead another mission to advise the government on financial and monetary affairs, when Colombia was suffering from the effects of the 1929 Wall Street crash and the world recession. Coffee prices had fallen…

p. 256
23Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1421 cita
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más discreción en sus decisiones de permitir la devaluación del peso, de emitir para contrarrestar la contracción monetaria, de prestarle al Gobierno sin contraprestación o el declarar una moratoria general para los agentes endeudados que no pudieron honrar sus obligaciones, hasta que se logró salir de la depresión…

p. 142
24De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 801 cita
[30]

de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948, cuando la Iglesia Católica se…

p. 80
25De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 801 cita
[31]

reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…

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26Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1981 cita
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en medio de una ola latinoamericana de golpes y gobiernos militares. Junto al sufragio manejado por caciques de ambos partidos, hubo nume rosos votos influidos por el debate pol í tico, estimulado por diarios cada vez m á s le í dos, por sus comentarios y sus caricaturas. Adem á s, sac ó la pol í tica de clubes y…

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27Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 2651 cita
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preocupados por los últimos intentos nacionalistas conservadores en materia petrolera. Actuando bajo presión --primero por las difíciles condiciones económicas, fruto de la Gran Depresión, y segundo por el conflicto limítrofe con Perú--, Olaya hizo realidad cierta intervención del Estado en aspectos no sólo económicos…

p. 265
28El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 4051 cita
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después de la primera gue- rra21, el incremento de la demanda agregada como consecuencia de la extraordinaria expan- sión de las exportaciones cafeteras se pudo satisfacer básicamente con importaciones. Según un estudio reciente, en 1927-1928 las importaciones como porcentaje de la demanda interna fueron: textiles,…

p. 405
29Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 6291 cita
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Memoria de Hacienda. 2 Con el fin de no ampliar desmesuradamente la presente bibliogra- fía, se ha prescindido de hacer figurar en ella las obras europeas, en las cuales se encuentran aquellas teorías generales que se han utilizado para la redacción de la obra. 630 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc Bagú, Sergio, 1939, Mariano…

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