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Idea · Regeneración

Misión Kemmerer

Cuerpo de asesores financieros estadounidenses contratado por el gobierno de Pedro Nel Ospina en 1923 para reorganizar el sistema monetario, bancario y fiscal de Colombia, cuyo principal producto fue la creación del Banco de la República mediante la Ley 25 de 1923.

3.960 palabras33 documentos52 fragmentos citados
Misión Kemmerer

Trayectoria de una idea

  1. 1887

    Antecedente: monopolio de emisión del Banco Nacional

  2. 1896

    Antecedente: cierre del Banco Nacional por emisiones ilegales

  3. 1902

    Antecedente: hiperinflación de la Guerra de los Mil Días

  4. 1910

    Antecedente: prohibición constitucional del papel moneda de curso forzoso

  5. 1918

    Antecedente: circulante fragmentado y doctrina del Respice polum

  6. 1922

    Contexto inmediato: danza de los millones y elección de Ospina

  7. 1923

    Llegada de la misión y trabajo legislativo

  8. 1923

    Aprobación de la Ley 25: creación del Banco de la República

  9. 1923

    Ley bancaria y patrón oro

  10. 1930

    Segunda misión Kemmerer

03

La lectura

La Misión Kemmerer no fue un simple ejercicio de consultoría técnica sino el acto fundacional de la arquitectura financiera colombiana moderna, en el que confluyeron el saber experto anglosajón, el capital estadounidense y la voluntad reformadora del conservatismo antioqueño. Su eficacia diferencial respecto a otras misiones extranjeras de la época —como la educativa de 1924, que fracasó— revela que su éxito descansó en una triple coincidencia de intereses: el gobierno Ospina necesitaba credibilidad ante Wall Street para acceder al crédito externo, la élite bancaria colombiana quería reglas modernas que ordenaran el mercado, y la potencia financiera estadounidense estaba colocando capital masivo en el continente y requería instituciones confiables donde anclarlo. La misión resolvió un problema real —treinta años de desorden monetario que arrancaba en las emisiones ilegales del Banco Nacional y se agudizaba con la hiperinflación de la Guerra de los Mil Días— pero al hacerlo instaló también una dependencia estructural: el nuevo sistema bancario quedó parcialmente gobernado por representantes de la banca extranjera, y la credibilidad de las instituciones colombianas pasó a medirse, desde entonces, por su alineación con los estándares de Nueva York. La Misión Kemmerer inauguró así un modelo de reforma por delegación experta que Colombia repetiría a lo largo del siglo XX con la misión Currie del BIRF en 1949 y otras, convirtiendo la asesoría técnica extranjera en instrumento recurrente de modernización estatal.

En marzo de 1923 desembarcó en Bogotá un profesor de Princeton con un maletín de proyectos de ley y una reputación de sanador de monedas. Se llamaba Edwin Walter Kemmerer, tenía cuarenta y siete años y venía a diagnosticar las finanzas de un país que arrastraba dos décadas de desorden monetario, una prohibición constitucional de emitir papel moneda y la promesa fresca de veinticinco millones de dólares en indemnización por Panamá. La misión que presidió trabajó cinco meses y dejó tras de sí un banco central, una ley bancaria, un patrón monetario y un método: el de convocar expertos extranjeros para legitimar reformas internas. La Misión Kemmerer —así se la conocería, aunque volvería en 1930— no fue un simple ejercicio de asesoría técnica. Fue el acto fundacional de la arquitectura financiera colombiana moderna, el punto donde el saber experto anglosajón, el capital estadounidense y la voluntad reformadora del conservatismo antioqueño se cruzaron para producir instituciones que aún hoy —el Banco de la República entre ellas— gobiernan la vida económica del país.

La semblanza: qué fue y por qué pesa

La Misión Kemmerer fue un cuerpo de asesores financieros estadounidenses contratado por el gobierno de Pedro Nel Ospina para reorganizar el sistema monetario, bancario y fiscal de Colombia. Trabajó entre marzo y agosto de 1923 y produjo un paquete legislativo que el Congreso adoptó casi íntegramente en julio de ese año, con la Ley 25 de 1923 —que creó el Banco de la República— como pieza central. A ella se sumaron una ley bancaria que reguló los establecimientos de crédito y que todavía rige en su estructura básica, y una serie de proyectos sobre presupuesto y administración fiscal presentados en un documento titulado Leyes presentadas al gobierno de Colombia por la misión de expertos financieros.

Su peso histórico se mide en tres planos. En el técnico, resolvió un problema real: puso fin a un régimen circulatorio caótico en el que convivían papel moneda regenerador, monedas de plata, dólares y libras esterlinas, y estableció una moneda única respaldada por oro. En el político, importó una arquitectura institucional cuyo prestigio residía en la firma extranjera que la avalaba, lo que permitió al gobierno Ospina hacer viable en el Congreso una reforma que ningún cuerpo local hubiera podido imponer con la misma autoridad. En el geopolítico, ancló al país al sistema financiero estadounidense en el momento preciso en que Estados Unidos desplazaba a Gran Bretaña como potencia acreedora del continente. Todo lo que vino después —la danza de los millones, el crack de 1929, la segunda misión de 1930— se jugó dentro del tablero que Kemmerer instaló.

Los orígenes: un caos monetario de treinta años

La historia empieza mucho antes de 1923. Durante buena parte del siglo XIX, varios bancos privados colombianos emitían papel moneda propio, con una circulación fragmentada pero relativamente funcional. La Regeneración cambió las reglas: en 1887, mediante la Ley 57, el gobierno de Rafael Núñez suspendió el derecho de emisión de la banca privada y otorgó el privilegio exclusivo al Banco Nacional, creado hacia 1880-1881. El Banco Nacional funcionó menos como emisor prudente que como agente fiscal del gobierno, y bajo el sucesor de Núñez, Miguel Antonio Caro, emitió ilegalmente más de nueve millones de pesos por encima del límite que había fijado el Congreso. Una comisión investigadora comprobó el desfalco, el Congreso ordenó su liquidación mediante la Ley 70 de 1894 y el cierre se hizo efectivo en 1896.

Pero lo peor estaba por venir. La Guerra de los Mil Días (1899-1902) fue financiada, del lado del gobierno, con emisiones masivas de papel moneda que produjeron la única hiperinflación de la historia colombiana. En los momentos de mayor incertidumbre sobre la paz negociada, la tasa de cambio llegó a oscilar entre 4.000% y 20.000% de un día para otro, generando pánico y especulación. La lección quedó grabada en la memoria política del país: la reforma constitucional de 1910 prohibió expresamente el régimen de papel moneda de curso forzoso, cerrando por vía constitucional la puerta a nuevas emisiones irresponsables.

El remedio resultó casi tan pernicioso como la enfermedad. En 1909 se creó la Junta de Conversión, con la misión de retirar el papel moneda quemándolo. Para 1914 solo circulaban diez millones de pesos oro, cantidad insuficiente para una economía que empezaba a modernizarse. En 1918 el circulante total llegaba a veinticuatro millones de pesos oro, pero la fragmentación era grave: el 42% era papel moneda regenerador remanente, el 40% consistía en monedas de plata, dólares y libras esterlinas, y no había unidad monetaria efectiva. El propio gobierno reconocía que en regiones fronterizas como Cúcuta, Nariño y Chocó, los sueldos de los empleados públicos sufrían descuentos al ser cambiados de una denominación a otra. Colombia tenía una constitución que le prohibía emitir, una circulación insuficiente y fragmentada, y ninguna institución con autoridad para poner orden. Ese era el problema que esperaba a Kemmerer.

La coyuntura: la danza de los millones y el respice polum

A comienzos de la década de 1920 confluyeron cuatro circunstancias que hicieron posible —y necesaria— la misión. La primera fue política: en 1918, el presidente Marco Fidel Suárez formuló la doctrina del respice polum —mirar al Norte—, que orientaba la política exterior hacia Estados Unidos y buscaba atraer capital e inversión norteamericana. Suárez combinaba esa apertura con un escepticismo cultural hacia el modelo capitalista-protestante, pero su fórmula abrió el terreno diplomático sobre el que después se construiría todo lo demás. La segunda fue la firma del tratado Urrutia-Thomson, que normalizó las relaciones con Washington y estableció el pago de una indemnización de veinticinco millones de dólares por la pérdida de Panamá; el interés petrolero estadounidense, en competencia con empresas inglesas que también aspiraban a concesiones, fue un argumento decisivo para su aprobación en el Congreso norteamericano.

La tercera fue estructural: después de la Primera Guerra Mundial, el principal mercado de Colombia dejó de ser Inglaterra y pasó a ser Estados Unidos, del que llegaba también el grueso de la inversión extranjera. Los bancos estadounidenses, que antes de la guerra no podían siquiera establecer sucursales en el exterior por prohibición legal, quedaron tras el conflicto rebosantes de capital y ansiosos de colocarlo en América Latina. La dollar diplomacy impulsada desde la presidencia de Taft había convertido la penetración financiera en instrumento preferido de influencia continental. La cuarta fue coyuntural: el gobierno de Pedro Nel Ospina —conservador y empresario antioqueño que había derrotado al general Benjamín Herrera en las polarizadas elecciones de 1922— disponía simultáneamente de la indemnización de Panamá, cuyos pagos empezaron a llegar en 1922, del acceso al crédito externo estadounidense y de un auge sostenido de los precios del café que elevaba con rapidez los ingresos fiscales. Este conjunto —indemnización, empréstitos y bonanza cafetera— produjo lo que después se conocería como la danza de los millones y financió un ambicioso programa de obras públicas: ferrocarriles, carreteras, cables aéreos, puertos. Fue el período en que se sitúa el punto de partida del moderno proceso de industrialización colombiano, con inversiones extranjeras que alcanzaron 235 millones de dólares.

Ospina necesitaba un sistema financiero capaz de canalizar toda esa liquidez sin que el país se despedazara en el intento. Y necesitaba que el Congreso lo aprobara. Contratar a un experto extranjero de prestigio resolvía las dos cosas a la vez: aportaba el saber técnico y proveía la autoridad que ninguna comisión doméstica podía ostentar.

El money doctor y el operativo de 1923

Kemmerer venía preparado para el trabajo. Profesor de economía en Princeton, especializado en administración monetaria, había recorrido buena parte de la primera cuarta parte del siglo diseñando sistemas bancarios para países que buscaban modernizar sus finanzas y, no menos importante, hacerse creíbles ante los mercados de Nueva York. Colombia sería una de sus primeras grandes intervenciones en Sudamérica, pero no la última: en los años siguientes su equipo trabajaría también en Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y Guatemala. El apodo con que la historiografía lo designa —the money doctor— captura la naturaleza del oficio: un especialista itinerante que diagnosticaba economías nacionales, prescribía patrón oro y banca central, y firmaba recetas que después funcionaban también como certificados de solvencia ante los prestamistas neoyorquinos.

La misión que llegó a Bogotá era un equipo pequeño de asesores estadounidenses: Howard M. Jefferson, Frederick Bliss Luquiens, Fred Rogers Fairchild, Thomas Russell Lill y Joseph T. Byrne, entre otros, cubriendo especialidades que iban desde la banca y la moneda hasta el presupuesto, la contabilidad pública y los sistemas de aduanas. Trabajaron con celeridad. Redactaron proyectos de ley, discutieron con funcionarios colombianos, escucharon a banqueros locales y en pocos meses entregaron un paquete completo. El Congreso lo tramitó con inusitada rapidez y aprobó las piezas centrales en julio de 1923.

La doctrina que Kemmerer traía era la ortodoxia liberal y monetarista de su tiempo: teoría cuantitativa del dinero, patrón oro como ancla, banca central independiente como reguladora de la circulación y del crédito. Bajo ese esquema se asumía que, en una economía abierta anclada al oro, la oferta monetaria se regulaba prácticamente por sí misma: cuando salía oro, la base monetaria se contraía y las tasas de interés subían, atrayendo capital de regreso; cuando entraba, se expandía. El banco central operaba como afinador fino de ese mecanismo, y la tasa de descuento era, en palabras del propio Kemmerer, el arma más poderosa para proteger el mercado monetario, prevenir el éxodo de oro, contener especulaciones y conservar reservas metálicas. Para que el mecanismo funcionara, el banco emisor debía tener negocios con el público y operar en el mercado abierto con bonos y otros documentos, influyendo sobre los tipos de interés en una dirección u otra.

Lo notable del paquete es que Colombia adoptaba el patrón oro justo cuando la mayoría de países capitalistas lo estaba abandonando, agobiados por los desequilibrios de la posguerra y las reparaciones alemanas. La ortodoxia que Kemmerer prescribía era, en 1923, ya una ortodoxia en retirada.

Los productos: el Banco de la República y la ley bancaria

La Ley 25 de julio de 1923 creó el Banco de la República como banco central de emisión, con el mandato de centralizar las reservas de oro, emitir billetes convertibles, reglamentar el crédito y la circulación monetaria, y vigilar el mercado cambiario. Su fundación cerró de un golpe la historia de treinta años de desorden monetario que arrancaba en el Banco Nacional caído en 1896. Por primera vez, Colombia tuvo una moneda única, una autoridad monetaria centralizada y un sistema bancario ordenado bajo reglas homogéneas.

La estructura de gobierno del nuevo banco reveló, sin embargo, la naturaleza mixta —técnica y política, nacional y extranjera— del arreglo. Su junta directiva integró representantes designados por el gobierno, por los bancos nacionales y por los bancos extranjeros. Estos últimos nombraron nueve miembros: tres nacionales y seis extranjeros. Sam Koppel, Luis Williamson y Manuel Escobar fueron designados conjuntamente por bancos nacionales y extranjeros; Simón Araujo lo fue por el gobierno y los bancos extranjeros. Walter Van Dusen, asesor de Kemmerer y banquero norteamericano, obtuvo un puesto en la junta, aunque formalmente en calidad de hombre de negocios y no como representante designado por la banca extranjera. En total, el 55% de los miembros de la junta eran ex funcionarios o accionistas de bancos privados. La composición dejaba clara la primera contradicción del diseño: un banco público al que se le asignaba una misión soberana —regular la moneda de la nación— pero cuya conducción quedaba en manos mayoritariamente privadas, con presencia notable del capital extranjero interesado precisamente en que las cosas funcionaran a su favor.

La ley bancaria complementaria estableció las reglas para los establecimientos de crédito, con exigencias de capital, encaje, contabilidad y supervisión que profesionalizaron el oficio en Colombia. Su solidez fue tal que su estructura básica sobrevivió durante décadas. La misión trabajó también en un proyecto de reforma del impuesto sobre la renta —con tarifa progresiva, renta global y mecanismos de control para evitar la evasión— que resultó demasiado audaz para el Congreso y no encontró acogida alguna. Las recomendaciones sobre presupuesto y administración fiscal tampoco tuvieron el mismo destino que las bancarias: se aplicaron parcialmente y con menos convicción. El corazón del legado kemmereriano de 1923 fue, en efecto, monetario y bancario.

Otras misiones extranjeras que llegaron por esos mismos años corrieron peor suerte, entre ellas una misión educativa que arribó al país en 1924 y cuyas propuestas fueron ahogadas por las ambigüedades del gobierno. La eficacia diferencial de la Misión Kemmerer confirma que su éxito no fue solo el de un buen equipo técnico: fue el éxito de una coincidencia entre el interés de un gobierno que necesitaba credibilidad ante Wall Street, el interés de una élite bancaria que quería reglas modernas y el interés de una potencia financiera que estaba colocando capital masivo en el continente.

La red: hombres, bancos y una potencia acreedora

La misión no operó en el vacío. En Bogotá, sus interlocutores centrales fueron Pedro Nel Ospina, presidente y garante político de la reforma, y el ministro de Hacienda que gestionó la relación con los expertos y defendió el paquete en el Congreso. Alrededor de esos nombres se movieron los banqueros locales que habían insistido durante años en la necesidad de una autoridad monetaria y que, en varios casos, terminaron sentados en la junta del nuevo Banco de la República. Del lado colombiano, la reforma representaba la victoria de una alianza entre el conservatismo antioqueño empresarial —modernizador, orientado a la industria y al café— y una tecnocracia financiera incipiente que veía en la ortodoxia norteamericana el camino más corto al progreso.

Del lado estadounidense, la red era más densa. Los grandes bancos de Nueva York seguían con atención los movimientos de la misión: el paquete Kemmerer era, entre otras cosas, un aval para futuros empréstitos. Un país que adoptaba patrón oro y creaba un banco central bajo diseño norteamericano se convertía en un deudor confiable. Y en el trasfondo estaba el interés petrolero: las compañías estadounidenses competían con firmas inglesas por las concesiones colombianas, y la estabilidad financiera —además de la buena disposición diplomática— formaba parte de las condiciones bajo las cuales estaban dispuestas a invertir. La creciente influencia norteamericana en Colombia durante los años veinte tejió una densa red de intereses económicos que generó respuestas ambiguas: por un lado el capitalismo norteamericano se presentaba como paradigma inevitable del progreso; por otro, sus exigencias suscitaban recelos, incluso entre los mismos formuladores del respice polum.

Kemmerer también hizo, en esos años, la misma cirugía en varios países vecinos. Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y Guatemala recibieron misiones suyas, con paquetes similares —banco central, patrón oro, ley bancaria, reforma fiscal— que produjeron una arquitectura financiera regional relativamente homogénea. En la práctica, el money doctoring funcionó como una tecnología política de integración financiera del hemisferio bajo hegemonía norteamericana, con Kemmerer en el papel de traductor entre las necesidades de los gobiernos andinos y los estándares del capital de Nueva York.

La huella inmediata: prosperidad a debe y colapso

La arquitectura kemmereriana entró en funcionamiento en un momento de bonanza que la hizo lucir infalible. Entre 1923 y 1928 el país se endeudó agresivamente en el mercado norteamericano, alimentado por la buena reputación que el paquete institucional le confería, por la indemnización de Panamá que servía de colateral implícito y por el auge cafetero que hacía verosímil cualquier proyección de ingresos futuros. Las obras públicas se multiplicaron, las inversiones extranjeras crecieron, la industria empezó a organizarse. La liquidez fue tal que el propio endeudamiento externo, contratado sobre todo durante el gobierno de Miguel Abadía Méndez (1926-1930), superó ampliamente el límite de 17,5 millones de dólares anuales que la propia misión Kemmerer había estimado como razonable.

En el Congreso, el senador liberal Alfonso López Pumarejo acuñó una expresión que quedaría para siempre asociada a esos años: prosperidad a debe. El diagnóstico era duro: el país gastaba lo que no tenía y confundía el flujo de crédito externo con crecimiento genuino. La crítica encontró oídos limitados en un ambiente político dominado por la euforia, pero el tiempo le daría la razón con brutalidad.

El desenlace fue rápido y desconcertante. Los intereses petroleros norteamericanos, preocupados por los intentos del gobierno de Abadía Méndez de controlar las concesiones, decidieron cortar los créditos internacionales a Colombia incluso antes del crack de Wall Street. Aunque la propuesta gubernamental sobre petróleo se retiró en junio de 1928, los créditos ya no volvieron a fluir con la misma facilidad. Entre septiembre y noviembre de 1929, los precios del café cayeron de 23 a 16 centavos de dólar por libra. Cuando el crack estalló en octubre de 1929, Colombia ya llevaba meses en dificultades. La deuda externa, que antes de la crisis representaba el 12,9% del PIB y el 244,2% de los ingresos fiscales, pasó en el período 1929-1933 al 36,8% del PIB y al 642,8% de los ingresos fiscales. El país había quedado atrapado en su propio andamiaje.

La respuesta del gobierno reveló hasta qué punto la ortodoxia kemmereriana había definido el marco de lo posible. En vez de devaluar, suspender pagos o abandonar el patrón oro —opciones que otros países estaban tomando—, Colombia optó por el ajuste: redujo el presupuesto público en 66% y el gasto en obras públicas cayó de 83,9 millones en 1928 a 58 millones en 1929, mientras se seguía pagando puntualmente la deuda externa. La economía colombiana, en la fórmula que acuñaría después el jurista y hacendista Patiño Roselli, fue sacrificada en los altares del patrón oro y la libertad cambiaria.

La segunda misión: Kemmerer regresa en 1930

En 1930, con la crisis mundial en pleno despliegue y el país incapaz de servir los préstamos contratados durante el auge, el gobierno colombiano —ya en manos del liberal Enrique Olaya Herrera, primer presidente de esa colectividad tras cuatro décadas de hegemonía conservadora— convocó de nuevo a Kemmerer. La segunda misión trabajó entre 1930 y 1931 y su producto principal fue la Ley 64 de mayo de 1931, una nueva ley orgánica de presupuesto que profundizaba la disciplina fiscal en lugar de aliviarla. La norma limitó aún más la capacidad del Congreso para aumentar los gastos, fortaleció la autoridad del Ministro de Hacienda —exigiendo su aprobación previa para cualquier nuevo gasto antes de ser incluido en el presupuesto— y consolidó un esquema centralizador de las finanzas públicas.

La segunda misión Kemmerer no fue corrección del rumbo sino profundización de la ortodoxia. Frente a una crisis que exigía respuestas heterodoxas —devaluación, control de cambios, moratoria—, la receta siguió siendo el ajuste, la disciplina fiscal y el respeto al patrón oro. El propio Kemmerer no era ajeno al agotamiento del modelo, pero la doctrina sostenía que la salida era resistir, no cambiar de esquema. Sólo bajo la presión de los hechos —y ya con Alfonso López Pumarejo en la presidencia desde 1934— Colombia terminaría instaurando controles cambiarios, cuyo origen se remonta precisamente a la caída de los ingresos por exportaciones y de los desembolsos de crédito externo durante la gran crisis. Hasta 1967 las políticas cambiaria y comercial se caracterizaron por un continuo pare y siga según la situación de liquidez internacional, señal de que el mecanismo automático que Kemmerer había prometido nunca funcionó como estaba escrito en la teoría.

El legado: un banco central que sobrevivió a su fundador

Pese a todo, el Banco de la República no cayó con el modelo. Sobrevivió a la crisis de 1929, a la depresión de los años treinta, al abandono del patrón oro, a los controles cambiarios, a la sustitución de importaciones, a la apertura de los años noventa. Cambió de doctrina y de instrumentos, pero conservó la personalidad institucional que la Ley 25 de 1923 le había otorgado. Es una de las instituciones más longevas y respetadas del Estado colombiano, y su continuidad centenaria es el argumento más fuerte a favor de la eficacia técnica de la Misión Kemmerer, más allá de las críticas que merezcan su ortodoxia doctrinaria y sus efectos coyunturales.

La transformación decisiva vino con la Constitución de 1991, que erigió al Banco de la República como órgano público autónomo e independiente, con el objetivo principal de preservar el poder adquisitivo de la moneda —artículo 373—, obligándolo al mismo tiempo a coordinar con el gobierno sus políticas monetarias y cambiarias. La reforma se inscribió en una ola latinoamericana de adopción de banca central independiente que se consolidó en los años noventa. Su Junta Directiva quedó conformada por siete miembros: cinco codirectores nombrados por el presidente para períodos escalonados de cuatro años, el gerente elegido por la propia Junta, y el ministro de Hacienda, que la preside con un voto entre siete. La reforma también prohibió al Banco prestarle dinero al gobierno salvo por consenso de su junta directiva, cerrando la fuente estructural de emisión inflacionaria que había marcado buena parte del siglo XX.

Los resultados se hicieron ver: sólo a partir de esa reforma la inflación colombiana descendió de cifras de dos dígitos a una sola cifra, y siguió bajando durante los años noventa y la década siguiente. La Corte Constitucional matizó el diseño en 1999, cuando reconoció que si bien el objetivo principal del Banco es preservar el poder adquisitivo de la moneda, no puede ser indiferente a los efectos de sus decisiones sobre el empleo y el crecimiento. La reelección presidencial, introducida más tarde por reforma constitucional, alteró tácitamente el diseño original: el esquema de 1991 limitaba al presidente a cambiar sólo dos de los cinco codirectores durante su período, restricción que un mandato adicional podía modificar sustancialmente.

La huella honda: el patrón de las misiones

Más allá del Banco, la Misión Kemmerer dejó un patrón: el de convocar misiones extranjeras para legitimar reformas domésticas. La lista es larga y conocida. En 1949 llegó la Misión Currie del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, encabezada por el canadiense Lauchlin Currie, que produjo un diagnóstico integral del desarrollo colombiano. En los años cincuenta operó la CEPAL con su propio marco de análisis estructuralista. Después vinieron misiones sobre empleo, sobre educación, sobre finanzas públicas, sobre el mercado de capitales. Cada gobierno importante convocó a la suya. En cada caso, la misión hizo dos cosas simultáneas: aportó un diagnóstico técnico y dio autoridad externa a decisiones que el gobierno de turno no podía justificar por sí solo.

Kemmerer inauguró algo más que un banco central: inauguró una gramática. La reforma institucional colombiana del siglo XX y del siglo XXI se ha realizado, una y otra vez, mediante el rodeo del experto extranjero. La razón es doble. Por un lado, hay una genuina asimetría de conocimiento: los grandes desafíos técnicos requieren experiencia comparada que a veces no existe internamente. Por otro, hay una necesidad política: en un país con instituciones frágiles y consensos difíciles, la firma extranjera —Princeton, el BIRF, el FMI, la OCDE— proporciona la coartada que permite superar los vetos internos. La Misión Kemmerer es el arquetipo de esa operación, y su éxito relativo —Banco de la República incluido— explica por qué el patrón se repitió tantas veces.

Queda, sin embargo, la lección incómoda que la propia crisis de 1929 dejó grabada. La misma arquitectura que resolvió el caos monetario heredado de la Guerra de los Mil Días y que fundó una institución centenaria produjo también la rigidez que hizo el ajuste inevitable cuando la bonanza acabó. La eficacia técnica y la vulnerabilidad estructural fueron, en el caso Kemmerer, dos caras del mismo acto. El país ganó un banco central y perdió, durante casi una década, la posibilidad de responder con autonomía a un shock externo devastador. Ese doble filo —modernización institucional que llega acompañada de dependencia financiera— es la marca que la Misión Kemmerer dejó impresa en la historia económica colombiana, y que ninguna reforma posterior, ni siquiera la del banco independiente de 1991, ha terminado de resolver.

04

En el archivo

7 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Edwin Walter Kemmerer — jefe y figura central de la misión, profesor de Princeton especializado en administración monetaria y patrón oro
  2. 02Pedro Nel Ospina — presidente de Colombia (1922-1926) que contrató la misión y garantizó políticamente la aprobación de sus reformas
  3. 03Banco de la República — institución creada por la Ley 25 de 1923 como producto central de la misión, aún vigente como banco central de Colombia
  4. 04Danza de los millones — contexto de abundancia financiera (indemnización por Panamá, empréstitos externos, auge cafetero) que hizo posible y necesaria la misión
  5. 05Patrón oro — doctrina monetaria prescrita por Kemmerer como ancla del nuevo sistema, adoptada por Colombia en 1923 cuando la mayoría de países capitalistas la abandonaba
  6. 06Walter Van Dusen — asesor de Kemmerer y banquero norteamericano que obtuvo un puesto en la junta del Banco de la República
  7. 07Hegemonía conservadora — marco político en que se inscribió la misión, con el conservatismo antioqueño de Ospina como impulsor de la modernización financiera
  8. 08Respice polum — doctrina de política exterior formulada por Marco Fidel Suárez que orientó a Colombia hacia Estados Unidos y creó el trasfondo diplomático de la misión
06

Documentos y fragmentos citados

33 documentos · 52 fragmentos

01Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 209, 213, 2173 citas
[1]

Perú (1993), México (1993), Costa Rica (1995), Bolivia (1995), Uruguay (1995) y Paraguay (1995). La única excepción ha sido Brasil (Carstens y Jácome 2005: 43). 213 La independencia del Banco de la República y la reelección presidencial emisión, y el gobierno tenía la facultad de ejercer inspección y vigilancia sobre…

p. 213
[41]

preservar el poder adquisitivo de la moneda (CP, art. 373), no puede, sin embargo, ser indiferente a los resultados de sus decisiones sobre el empleo y el crecimiento, que explícitamente debe tomar en consideración” Corte Constitucional, sentencia C-481 de 1999, M. P. Alejandro Martínez Caballero. En adelante…

p. 217
[51]

que éstos no cedan ante esas presiones. Si al tomar decisiones los bancos centrales cedieran ante el gobierno o el sector privado, se estarían validando ex- 2 Este concepto fue introducido por los premios Nobel de Econo- mía Kydland y Prescott (1977). Acá empleo simplemente una aplica - ción del mismo a las políticas…

p. 209
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 921 cita
[2]

fue bruscamente eliminado cuando en 1887 se decidió suspender el derecho a emisión de los bancos privados. La obligatorie- dad en la recepción de los billetes del Banco Na- cional creado en 1880, mediante la figura del cur- so forzoso de papel moneda, el gobierno de Rafael Núñez logró convertir al Banco Nacional en su…

p. 92
03Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 170, 1892 citas
[3]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
[20]

transporte aéreo en América Latina. El gobierno de Suárez definió una política exterior colombiana abiertamente pronorteamericana (su lema: respice polum, mirar al norte), lo que correspondió en par- te a la nueva situación creada por la posguerra, cuando se acentuó la hegemonía económica de los Estados Unidos, y en…

p. 189
04Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 661 cita
[4]

of at- tempts to buy up the public debt outright or through the practice of secret emissions.P The split in the Nationalist party widened during the next few months, exacerbated by stormy congressional sessions and polemics in the press. Critics attacked many aspects of Care's government, but debate centered on the…

p. 66
05Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4111 cita
[5]

a esa suma las emisiones del Banco Nacional. Al comprobar una comisión investigadora que se había emitido moneda en forma ilegal, por más de 9 millones de pesos, fue dictada la Ley 70 de 1894, la cual ordenó la liquidación del Banco Nacional. En 1883 se fundó el Banco de Crédito Territorial Hipotecario, mas a pesar…

p. 411
06El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 380, 4122 citas
[6]

surgía en el horizonte político algún síntoma de paz negocia- da, los comerciantes enfrentaban súbitamente el problema de hallarle so- lución a la devaluación: ¿de qué manera se arreglarían las relaciones entre deudores y acreedores? ¿Se volvería al patrón oro? ¿Cómo se redimirán los billetes devaluados? ¿A qué tasa…

p. 380
[31]

el primer trimestre de 1919 el precio se mantuvo alto: en el semestre que va de abril del mismo año a agosto vuelve a subir 21 % y empieza allí una baja gradual y sostenida: en junio de 1920 está casi de nuevo en el mismo nivel de abril de 1919, pero en los cuatro meses siguientes baja en un 45%: para esta emergencia…

p. 412
07Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1041 cita
[7]

terrestres internos, en el arancel aduanero y en la tasa de interés bancaria. A la rigidez de la oferta de dinero se añadía la falta de unidad monetaria: de un circulante de 24 millones de pesos oro, en 1918, el42 % todavía co nsistía del papel moneda regenerador -que cier- tamente se había cambiado por billetes…

p. 104
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2431 cita
[8]

el designado Jorge Holguín retira los tratados del debate del Congreso y Reyes reasume el mando. Reyes se embarca hacia Santa Marta y abandona el país. El Congreso elige a Ramón González Valencia para terminar el sexenio, y restablece la división del país en departamentos. 1910 Reforma Constitucional: abolición de la…

p. 243
09Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 381 cita
[9]

ster- ling (more or less its traditional value of parity with the dollar.) 49 In 1909 the Junta de Conversión was created with specific funds to retire the paper money by burning it. As a result in 1914, only ten million pesos oro were circulating within Colombia, which was insufficient for the national economy. The…

p. 38
10Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 368, 3722 citas
[10]

así una de las presidencias más letradas, pero más erráticas que haya tenido el país. "La danza, de los millones", pero al debe... En las elecciones de 1922 el país se debatió entre dos figuras que encarnaban los ideales políticos del momento: el general Benjamín Herrera, adalid radical, y el también - general Pedro…

p. 368
[44]

Con el agravan- ~ te de que en Colombia comenzó antes, pues los intereses 1 norteamericanos, preocupados por los intentos oficiales ' de control de las explotaciones petroleras, decidieron cor- tar los créditos internacionales. El New York Times atribu- yó esa política oficial al "deseo de la administración del…

p. 372
11Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 1161 cita
[11]

mas de su fabulosa e in- creible actividad, se dedicé a la siembra y cultivo de café y a ganar terreno a la selva. Entre 1890 y 1894 hace sus primeras aparicio- nes en politica, siendo diputado en la Asamblea de Antioquia y en la Camara de Representantes, pero sin dejar por ello de atender a sus numerosas em- presas…

p. 116
12Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2041 cita
[12]

forma hacer por el nom- bre de su familia lo que su progenitor no había podido realizar frente a los destinos patrios. Se podría decir, en resumen, que el triunfa- dor tomaba en sus manos un país con un pere- zoso ánimo progresista, y abierto a las posibili- dades que ofrecía el dinero que recibiría de los Estados…

p. 204
13Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 133, 1962 citas
[13]

presiden- tial chair at the precise instant when his entrepreneurial skills could be of Money Comes to Colombia | 115 greatest benefit to the country. Ospina belonged to that generation of Colom- bians imbued with the certainty that progress was inevitable and that they knew exactly how to achieve it. And as a man of…

p. 133
[48]

crimes and abuses, such as those we are presently seeing attempted in the Chamber of Representatives.” 67 Major strides were made in the area of transportation policy during Olaya’s presidency. In May 1931, a law was passed by which national transportation policy shifted from railroad building to the construction of…

p. 196
14Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 274, 3202 citas
[14]

p á g. 148. H.. HWM/W'O DE LA ESCUELA NUEVA El per í odo de gobierno del general Pedro Nel Ospina (1922. 1926) ha sido considerado como punto de partida del moderno proceso de industrializaci ó n de Colombia y como una etapa da notables cambios en la vida social y pol í tica del pa í s. É ste recibe la indemnizaci ó n…

p. 274
[15]

unidad acad é mica. Cada una de las escuelas fue colocada baj ó la ' direcci ó n del ministerio correspondiente. En esa forma funcionaron sus diferentes facultades hasta que se produjo la reforma de 1935, J. LA REFORMA DE 1935 Pasada la Primera Guerra Mundial, el pa í s entr ó en una nueva? etapa de desarrollo econ ó…

p. 320
15Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 602 citas
[16]

los llamados “barrios residenciales” en donde algunos cambiaron sus casas coloniales por imitaciones de los palacetes de la “ Belle Époque ”. En esa década, como lo sintetiza Jorge Orlando Melo (2003): “ solo el 12 % vivía en las ciudades de más de 10.000 habitantes. El analfabetismo superaba el 75 % y solo uno de…

p. 60
[17]

ricos urbanos, los llamados “barrios residenciales” en donde algunos cambiaron sus casas coloniales por imitaciones de los palacetes de la “ Belle Époque ”. En esa década, como lo sintetiza Jorge Orlando Melo (2003): “ solo el 12 % vivía en las ciudades de más de 10.000 habitantes. El analfabetismo superaba el 75 % y…

p. 60
16Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 245, 2762 citas
[18]

elimi- nación de las «industrias exóticas», aunque en forma no muy doctrinaria. La situación económica, apoyada en un auge cafetero de magnitudes insó- litas, fue elevando rápidamente los in- gresos fiscales, de manera que el go- bierno no debió enfrentar déficits rea- les serios, aunque los presupuestos ex- pedidos…

p. 245
[26]

de las presiones políticas y diplomáticas, sino que estas relaciones abarcaban necesidades tecnológicas y la intrusión de misiones de todo tipo con las cuales el sistema político tradicional parecía mal preparado para negociar. Las respuestas posibles estaban lle- nas de ambigüedades. Por un lado, las exigencias del…

p. 276
17Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 151 cita
[19]

entre 1918 y 1922, buscó la normalización en las relaciones con Washington y la consi- guiente apertura de créditos y de in- versión norteamericana para Colom- bia. La eventual explotación de petró- leos se encontraba en un momento de- cisorio a la cual aspiraban varias em- presas norteamericanas e inglesas, teniendo…

p. 15
18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1771 cita
[21]

esta elecci ó n (un candidato disidente tuvo unos pocos votos), aun que muchos, como los liberales Benjam í n Herrera y Alfonso L ó pez l ’ umarejo y los republicanos Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto t Caballero, apoyaron a un conservador disidente, el poeta Guillermo Valencia. Al terminar la Primera Guerra…

p. 177
19Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1791 cita
[22]

la economía colombiana era limitada. Por el otro lado, los créditos y las inversiones fluían hacia Colombia desde los Estados Unidos durante la década de 1920, cuando los bancos estadounidenses, rebosantes de capital de inversión después de la Primera Guerra Mundial, estaban ansiosos de ofrecer préstamos y créditos a…

p. 179
20El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 352 citas
[23]

Taft, se sentía con derecho a expresar en 1912: “Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad de raza, ya es nuestro moralmente”. Taft supo entender que la política del “Gran Garrote”, que había adelantado Roosevelt, no era tan necesaria, que iguales resultados daba la del dollar…

p. 35
[24]

Taft, se sentía con derecho a expresar en 1912: “Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad de raza, ya es nuestro moralmente”. Taft supo entender que la política del “Gran Garrote”, que había adelantado Roosevelt, no era tan necesaria, que iguales resultados daba la del dollar…

p. 35
21Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · p. 3001 cita
[25]

to spend their money." 7 To take permanent advantage of these new markets, the U.S. government would have to do more than increase the number of ships plying international waters; it also would have to adapt its banking system more closely to the needs of its businessmen and their Latin American customers. The U.S.…

p. 300
22A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 177, 2532 citas
[27]

the case of the 1949 IBRD mission, which came just after the outbreak of social unrest that followed the assassination of a presidential candidate with significant popular support. Finally, it is also important to point out that the scope of the first missions (Kemmerer, Currie, CEPAL) was more extensive, including…

p. 177
[30]

Esteban Jaramillo and Jesús M. Marulanda for different periods. Domestic and foreign banks appointed Sam Koppel, Luis Williamson, and Manuel Escobar. Government and foreign banks appointed Simón Araujo. Manuel V. Ortíz was appointed by the govern - ment and the domestic banks, and Otto Gerding twice by the foreign…

p. 253
23Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 521 cita
[28]

dirección de un joven profesor de Princeton, Edwin Walter Kemmerer, experto en 60. Kalmanovitz, Salomón, López Enciso, Enrique, La agricultura colombiana en el siglo XX, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, Banco de la República, 2006, p. 73. historia de colombia contemporánea (1920-2010) 52 cuestiones económicas y en…

p. 52
24Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 220, 3352 citas
[29]

a la Asamblea, 1896, Bogota, 1896. 'Informe relativo a la topografia general de la Provincia del Quindib', Z)wzn<9 Oficial, 24 August 1896. Visita del Gobernador de Cundinamarca a las Provincids de Sumapaz, Girar- doty Tequendama, Facatativa, 1906. Informe del Secretario General al Gobernador de Caldas, Manizales,…

p. 335
[33]

a recent study, imports as a percentage of domestic demand were in 1927—8 as follows: textiles, 81; paper, 81; rubber, 99; chemicals, 52; non-metallic minerals, 75; basic metals, 97; metal products, 82; non-electrical machinery, 88; electrical machinery and transport equipment, 100. 22 The Kemmerer Mission of 1923,…

p. 220
25Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 350, 3842 citas
[32]

se encargara de reorganizar las finanzas públicas en franco deterioro, del sistema monetario y bancario y, sobre todo, de la promoción del desarrollo económico desde el Estado. En julio de 1923 se expidió la Ley 5, que creaba el Banco de la República, el cual se encargó inicialmente del reordenamiento del caótico…

p. 350
[36]

capítulo v de esta historia. El experimento terminó en la única inflación galopante de la historia colombiana, durante la Guerra de los Mil Días, que dejó un profundo sello conservador en las costumbres monetarias del país y una norma constitucional de 1910 que prohibía dicho régimen monetario. Finalmente, con la…

p. 384
26Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 272, 276, 2856 citas
[34]

en equilibrio con la de otros países de patrón monetario de oro y dicho patrón se conserva". 77 75 Leyes presentadas al gobierno de Colombia por la misión de expertos financieros y exposición de motivos de estas, Bogotá, 1923. 76 Palacios, op. cit., p. 293. 77 Leyes presentadas... p. 55. 278 ECONOMÍA Y NACIÓN A pesar…

p. 272
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en equilibrio con la de otros países de patrón monetario de oro y dicho patrón se conserva". 77 75 Leyes presentadas al gobierno de Colombia por la misión de expertos financieros y exposición de motivos de estas, Bogotá, 1923. 76 Palacios, op. cit., p. 293. 77 Leyes presentadas... p. 55. 278 ECONOMÍA Y NACIÓN A pesar…

p. 272
[37]

garantía de solvencia y pago, sobre todo si se lo compara con la legislación bancaria del pasado que exigía tan sólo un encaje del 2 5 %. La tasa de descuento impuesta por el banco emisor a los ban- cos socios por sus fondos sería, según Kemmerer, "el arma más poderosa que el Banco pueda tener para proteger el mercado…

p. 276
[38]

garantía de solvencia y pago, sobre todo si se lo compara con la legislación bancaria del pasado que exigía tan sólo un encaje del 2 5 %. La tasa de descuento impuesta por el banco emisor a los ban- cos socios por sus fondos sería, según Kemmerer, "el arma más poderosa que el Banco pueda tener para proteger el mercado…

p. 276
[45]

de notables, redujo el presupuesto público en el 660/0, mientras que el gasto en obras públicas se rebajaba de 83.9 millones en 1928 a $ 58 millones en 1929. Al mismo tiem- po se seguía pagando puntualmente la deuda externa recién con- 89 I bídem,p. 112. ORÍGENES DE LA INDUSTRIALIZACIÓN 291 traída, lo que terminaba de…

p. 285
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de notables, redujo el presupuesto público en el 660/0, mientras que el gasto en obras públicas se rebajaba de 83.9 millones en 1928 a $ 58 millones en 1929. Al mismo tiem- po se seguía pagando puntualmente la deuda externa recién con- 89 I bídem,p. 112. ORÍGENES DE LA INDUSTRIALIZACIÓN 291 traída, lo que terminaba de…

p. 285
27Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 411 cita
[39]

riqueza escapaba facilmente al pago del mismo, que el principio de la progresién no se contenia en la ley vigente y que no existian mecanismos efec- tivos de informacién y de control sobre los contri- buyentes. El proyecto de reforma elaborado por la misi6n introducia cambios sustanciales, tales como los siguientes:…

p. 41
28Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 2841 cita
[40]

distintivo fue la indepen- dencia que le garantizó al Banco de la República. De allí en adelante comenzó a reducirse poco a poco la emisión pri- maria que redujo sistemáticamente la inflación. § La refundación de la independencia del Banco de la República La nueva carta de 1991 le otorgó un buen grado de inde-…

p. 284
29Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 181 cita
[42]

dos responsabilidades quedaron en manos de la Junta Directiva del Banco de la Republica, ahora con una composicién que no dependia en su totalidad del gobierno de turno, para garantizar mayor independencia. La existencia de los controles arriba mencionados se remonta a la caida de los ingresos por exportacio- nes y de…

p. 18
30Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 551 cita
[43]

total representaba el 12.9 % del Producto Interno Bruto, el 99.4 % de las ex- portaciones, el 226.1 % de las reser- vas internacionales y el 244.2 % de los ingresos fiscales del país, y para el pe- ríodo 1929-1933 las proporciones con respecto a estas mismas variables eran en su orden el 36.8 %, el 277 %, el 1.264 % y…

p. 55
31Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 241, 2562 citas
[47]

Apertura by law when the current expenditures exceeded total revenues. Kemmerer was recalled in 1931 to lead another mission to advise the government on financial and monetary affairs, when Colombia was suffering from the effects of the 1929 Wall Street crash and the world recession. Coffee prices had fallen…

p. 256
[52]

serving the Bank, and even their work after they complete their tenure. Sec- ondly, the reforms established severe limitations on the Bank's financial dealings with the government. Loans for the Treasury - one of the causes of macroeconomic instability in the early 1980s - can now only be approved by a consensus of…

p. 241
32Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 751 cita
[49]

tradicionales la aceptaban. El debate de los años treinta radicaba en la forma de la intervención, en su intensidad, su sentido y su función. De modo que el resultado de la década fue un Estado con mayores funciones económicas. Frente a la crisis intervino con instrumentos de regu- lación, macroeconómica, en un primer…

p. 75
33Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1351 cita
[50]

General dela República, los cua- les ejercen el control adminestrativo y el control fscal sobre da administra- ción pública y sobre la inversión de los fondos provenientes del Tesoro Nacional, Tales entidades están con- sagradas en el artículo 117 de la Cons- titución y sus funciones están defini- dee em los artículos…

p. 135