Idea · Regeneración
Respice polum
Doctrina de política exterior colombiana acuñada por Marco Fidel Suárez, cuya expresión latina significa 'mira al norte' y postulaba que Colombia debía orientar sus vínculos hacia Estados Unidos como potencia hemisférica dominante. Formulada en 'Sueño y Ensueño' y asociada a su presidencia (1918-1922), fue a la vez herencia del pragmatismo geopolítico de la Regeneración y ruptura con su hispanismo católico.
Trayectoria de una idea
- 1880
Semilla intelectual: el pragmatismo de Núñez
- 1903
Trauma fundacional: la pérdida de Panamá
- 1905
Primeros intentos de normalización bajo Reyes
- 1914
El Tratado Urrutia-Thomson y la campaña de Suárez como canciller
- 1918
Formulación canónica de Respice Polum y presidencia de Suárez
- 1921
Caída de Suárez y costo político de la doctrina
La lectura
Respice Polum no nació como doctrina de Estado sino como recomendación filosófica de un presidente ensayista: una frase condicional en latín que nombraba con precisión una tendencia que ya existía. Su poder residió en hacer lo que suelen hacer las fórmulas felices: dotar de aparente necesidad a lo que era contingencia histórica y envolver en dignidad clásica lo que era negociación penosa con el poder. La elección del latín fue un gesto ambiguo propio de la Regeneración: revestía de solemnidad clásica una decisión que podía parecer capitulación, e importaba al vocabulario católico e hispanófilo del conservatismo la orientación hacia una potencia protestante y anglosajona. La doctrina condensó la disonancia central de la política exterior colombiana del siglo XX: odiar al norte y necesitarlo, resistir su gravitación y rendirse a ella, formular en la lengua de Roma la aceptación del destino anglosajón. Fue herencia del centralismo regenerador y traición de su hispanismo, síntesis de dos brújulas que apuntaban en direcciones opuestas dentro de un mismo pecho político.
En 1918, al asumir la presidencia de Colombia, Marco Fidel Suárez dio nombre latino a un giro diplomático que llevaba dos décadas insinuándose: Respice Polum, "mira al polo", "mira al norte". La expresión, acuñada por él mismo en las páginas de Sueño y Ensueño, condensaba en dos palabras la idea de que Colombia debía orientar su política exterior hacia Estados Unidos, la nueva potencia hegemónica del hemisferio, "en razón de las masas y de las distancias". Aunque la fórmula suena a principio inmutable —una brújula geopolítica grabada en piedra latina—, fue la formulación tardía de una reorientación gestada en la Regeneración, forzada por la pérdida de Panamá y consolidada bajo la presión del capital norteamericano de posguerra. Es a la vez herencia y traición del proyecto ideológico de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro: hereda su centralismo y su desconfianza al federalismo liberal, pero traiciona su hispanismo católico al aceptar la gravitación anglosajona como destino inevitable.
La doctrina y su formulación
En un pasaje del segundo tomo de Sueño y Ensueño, Suárez escribió con la cautela condicional del hombre acostumbrado a medir cada palabra: "Si algún día hubiera de cifrar Colombia en una letra la sustancia de su política exterior, ese lema debería ser Réspice Polum". No era imposición sino recomendación, sugerencia programática que aludía a la atracción que Estados Unidos debía ejercer sobre el pueblo colombiano "en razón de las masas y de las distancias". La imagen es de física newtoniana antes que de derecho internacional: los cuerpos pequeños son atraídos por los grandes, y las naciones débiles por las potencias que las rodean.
La elección del latín no fue accesoria. Suárez, hijo natural de una lavandera de Bello, se había formado en el seminario, y ese latín —el que había aprendido leyendo a los Padres de la Iglesia y los tratados de gramática de su maestro Caro— era la lengua en la que un colombiano culto de la Regeneración vestía sus ideas para hacerlas respetables. Bautizar en latín una política de acercamiento a Estados Unidos era un gesto ambiguo: por un lado, revestía de dignidad clásica una decisión que podía parecer capitulación; por otro, importaba al vocabulario católico e hispanófilo del conservatismo la orientación hacia una potencia protestante y anglosajona. La contradicción está inscrita en la propia elección de la palabra.
La caracterización de Respice Polum como "lema oficial" del gobierno de Suárez proviene sobre todo de la historiografía posterior, que la fijó como categoría analítica. En el momento de su formulación era menos una doctrina de Estado que una recomendación filosófica de un presidente ensayista. Pero su suerte fue la de las expresiones felices: nombró con precisión una tendencia que ya existía y que le sobrevivió. La palabra latina hizo lo que suelen hacer las fórmulas: dotar de aparente necesidad a lo que era contingencia histórica, envolver en dignidad clásica lo que era negociación penosa con el poder.
La Regeneración y su hispanismo de principio
Para entender por qué el gesto de Suárez fue a la vez continuidad y ruptura, hay que volver al régimen del que era heredero. La Regeneración, iniciada por Rafael Núñez alrededor de 1878 y consolidada con la Constitución de 1886, fue un proyecto de restauración: restauración del centralismo político frente al federalismo radical, del catolicismo como columna del orden social frente al laicismo liberal, y de la tradición hispánica como identidad nacional frente a las influencias anglosajonas y francesas que habían dominado el pensamiento republicano.
El arquitecto intelectual del régimen fue Miguel Antonio Caro, gramático, latinista y católico ultramontano que raramente salía de la Sabana de Bogotá. Caro fue el redactor principal de la Constitución de 1886, que declaró el catolicismo religión de la nación, condicionó la libertad de cultos a la moral cristiana y dispuso que la educación pública se organizara en concordancia con la Iglesia. Un año después, el Concordato firmado con la Santa Sede en 1887 le devolvió al clero la incidencia en la educación pública, otorgó efectos civiles al matrimonio católico y consagró la protección estatal de la religión. La Constitución extinguió la forma federal y trasladó la decisión al poder central, poniendo fin al régimen de estados soberanos que, según los regeneradores, se interferían mutuamente, implantaban aduanas internas que frenaban el comercio y generaban inseguridad de la vida y la propiedad.
El proyecto cultural era coherente con el político. Caro fue uno de los críticos más feroces del utilitarismo —esa filosofía anglosajona que reducía la moral al cálculo del placer— porque lo consideraba contrario a las raíces católicas que debían fundamentar el proyecto social colombiano. La Regeneración pintó la historia del país como el contraste entre la paz colonial y el desorden republicano, y propuso un retorno al orden comunitario, jerárquico y católico. Caro construyó desde la gramática y el latín, sin conocer el territorio nacional, instituciones que invisibilizaban la diversidad étnica y geográfica del país. Bogotá dictaba a las tierras calientes una lengua que muchas de ellas no hablaban, y una fe que en la Sabana adquiría formas doctrinarias muy distintas a las del culto popular caribeño o pacífico. La Colombia imaginada por los regeneradores era una península desplazada, un archipiélago de parroquias castellanas suspendido entre dos océanos.
En ese marco ideológico, cualquier acercamiento a Estados Unidos era doblemente sospechoso: la potencia del norte era protestante, utilitaria, anglosajona y republicana en el sentido jacobino que la Regeneración detestaba. Y sin embargo, fue desde el corazón mismo de ese régimen que empezó a articularse la idea del norte como destino inevitable.
Núñez y el reconocimiento del hecho consumado
La grieta se abrió con el propio Rafael Núñez. El presidente cartagenero, arquitecto de la alianza con los conservadores y del programa de retorno a la autoridad que lo llevó al poder en 1880, no compartía el hispanismo de principio de Caro. Núñez venía del liberalismo, había vivido en el extranjero, conocía el peso económico y militar creciente de Estados Unidos, y observaba con lucidez fatalista la relación de fuerzas en el hemisferio.
En sus escritos consideraba inevitable el dominio estadounidense sobre el istmo de Panamá y sobre toda América. Las naciones débiles, argumentaba, no podían resistirlo, y Europa —a la que algunos suramericanos apelaban como contrapeso— rehusaba garantizar la neutralidad del istmo. La Doctrina Monroe, formulada como principio de exclusión europea del hemisferio occidental, nunca había sido aceptada universalmente: desde su enunciación hasta principios del siglo XX, Inglaterra y las potencias continentales protestaron contra ella, y algunas voces suramericanas de finales del XIX argumentaban que carecía del rango de principio de derecho público. Pero el hecho, más allá del derecho, era que Estados Unidos actuaba como si Monroe fuese ley: y ni Europa ni las repúblicas suramericanas tenían capacidad para impedirlo.
Núñez llegó a la conclusión pragmática de que resistir a Estados Unidos era inútil. Esa aceptación resignada —muy distinta del entusiasmo pronorteamericano que vendría después— fue la primera semilla intelectual del Respice Polum. Coexistió, sin resolver la tensión, con el hispanismo militante de Caro, que veía en Estados Unidos la antítesis civilizacional de todo aquello que la Regeneración quería preservar. El régimen de 1886 fue, en ese sentido, doble: culturalmente español y católico, geopolíticamente resignado a la órbita del norte. Dos brújulas dentro de un mismo pecho, apuntando en direcciones opuestas.
La pérdida de Panamá y el trauma diplomático
Lo que en Núñez era premonición se convirtió en trauma en la generación siguiente. La insistencia de Caro en mantener políticas excluyentes hacia los liberales contribuyó a agravar las tensiones que desembocaron en la Guerra de los Mil Días, que entre 1899 y 1902 desangró al país y lo dejó exhausto en un momento crítico. Cuando en agosto de 1903 el Congreso colombiano rechazó el Tratado Herrán-Hay, que habría autorizado la construcción del canal interoceánico por Estados Unidos, alegando violación de la soberanía nacional, la respuesta de Theodore Roosevelt fue fulminante. El 3 de noviembre de 1903 se proclamó la independencia de Panamá con el respaldo de buques de guerra estadounidenses que impidieron el desembarco de tropas colombianas para sofocar la revuelta. Quince días después, el 18 de noviembre, Philippe Buneau-Varilla —un francés investido apresuradamente de la representación diplomática panameña— firmó en Washington el Tratado Hay-Buneau-Varilla, que otorgó a Estados Unidos todos los derechos, poderes y autoridad sobre la zona del canal como si fuera el país soberano, excluyendo el ejercicio de esos derechos por parte del propio Panamá.
Los intentos colombianos de recuperar el istmo por la fuerza fracasaron frente a las unidades navales estadounidenses y a los responsables de política en Washington. Roosevelt calificó a los colombianos de contemptible little creatures —despreciables criaturitas— y actuó con desdén abierto por los procedimientos diplomáticos. Estados Unidos reconoció la independencia panameña con extrema rapidez y ratificó el tratado canalero en 1904. Las relaciones entre Bogotá y Washington quedaron congeladas por más de una década.
El trauma fue doble. Territorialmente, Colombia perdió su departamento más rico y su proyección interoceánica. Simbólicamente, el país quedó marcado por una humillación que se cebó contra Estados Unidos y contra sus propios gobernantes: el sentimiento antinorteamericano fue tan intenso en las dos décadas siguientes que el solo intento de normalizar relaciones diplomáticas bastó para forzar la caída política de más de un presidente. La pérdida de Panamá cristalizó lo que Núñez ya había intuido: Colombia era demasiado débil para resistir al norte. Pero cristalizó también, paradójicamente, una animosidad profunda contra la potencia cuya gravitación era inevitable. Los mismos publicistas que denunciaban a Roosevelt reconocían, entre líneas, que sin dólares no habría ferrocarriles, ni exportación cafetera, ni presupuesto que alcanzara. Esa disonancia —odiar al norte y necesitarlo— definiría la política exterior colombiana durante todo el siglo.
Reyes y los primeros intentos de normalización
El primero en intentar recomponer la relación fue Rafael Reyes, presidente entre 1904 y 1909. Reyes nombró representantes diplomáticos ante Washington desde 1905 y ensayó una política de acercamiento con la potencia responsable, en última instancia, de la desmembración del país. Los cálculos eran pragmáticos: Colombia necesitaba capital, mercados y estabilidad, y ninguna de esas cosas se conseguía manteniendo congelada la relación con la potencia hemisférica dominante. Pero la política de Reyes chocó contra la resistencia interna: cualquier negociación con Estados Unidos era políticamente muy costosa, y sus esfuerzos contribuyeron a la caída de su gobierno.
La lección fue que la normalización con Washington era necesaria pero políticamente suicida. Los presidentes posteriores lo sabían y avanzaron con cautela. Cuando el gobierno de José Vicente Concha designó a Marco Fidel Suárez como canciller, la tarea que se le encomendó fue precisamente esa: negociar y hacer aprobar por el Congreso un tratado que permitiera restablecer las relaciones y obtener alguna forma de compensación por la pérdida del istmo.
Suárez canciller y el Tratado Urrutia-Thomson
El Tratado Urrutia-Thomson fue firmado en Bogotá en abril de 1914. Estipulaba que Estados Unidos pagaría a Colombia una indemnización de veinticinco millones de dólares por la pérdida de Panamá, que Colombia reconocería la soberanía panameña y que se fijarían los límites entre ambos países. Incluía originalmente una cláusula de sincere regret —"sincero pesar"— por los acontecimientos de noviembre de 1903, interpretada por ambas partes como una confesión de culpa moral por parte de Washington.
Suárez lideró la campaña para lograr la aprobación del tratado en el Congreso colombiano en abril y mayo de 1914. La resistencia interna fue feroz. Los conservadores históricos, encabezados por Laureano Gómez, se opusieron con vehemencia: bajo su régimen se había perdido Panamá, y aceptar una indemnización a cambio del reconocimiento de la separación les parecía envilecer el patriotismo nacional. Los liberales, con Alfonso López entre ellos, también objetaron. Fue en ese debate cuando la animosidad entre Gómez y Suárez se tornó abierta y acrimoniosa, una hostilidad que marcaría toda la trayectoria política de ambos hombres y que culminaría, siete años después, en la caída del propio Suárez.
El tratado fue aprobado por el Congreso colombiano, pero el Senado de Estados Unidos —donde los partidarios de Roosevelt objetaban la cláusula de "sincero pesar" como una confesión de culpa inaceptable— no lo ratificó entonces. La ruptura diplomática iniciada en 1903 no se cerró en 1914. Ese mismo año, mientras el canal de Panamá se abría al tráfico marítimo, Colombia quedó a la espera. La ratificación estadounidense llegaría años después, en el contexto ya distinto que reconfiguró la Primera Guerra Mundial.
Durante esos años intermedios se consolidó la reorientación económica. Al finalizar la Guerra en 1918, el principal mercado exterior de Colombia ya no era Inglaterra sino Estados Unidos, y los principales inversionistas extranjeros eran norteamericanos, con intereses en banano y en petróleo. El eje financiero se había desplazado de Londres a Nueva York, y el país tenía urgente necesidad de crédito externo para superar la crisis económica de posguerra. Cuando Suárez asumió la presidencia en 1918, la orientación pronorteamericana ya no era una opción entre otras: era el reconocimiento de una dependencia estructural.
La presidencia de Suárez y la formulación explícita
Fue durante su cuatrienio 1918-1922 cuando Suárez le puso nombre latino al giro. La adopción de Respice Polum respondió a tres presiones convergentes. La primera, geopolítica: la hegemonía económica de Estados Unidos, acentuada tras la Primera Guerra Mundial, hacía inevitable la gravitación hacia el norte que Núñez había profetizado. La segunda, diplomática: la necesidad de conseguir finalmente la ratificación del tratado, la indemnización y la normalización plena de relaciones. La tercera, económica: la explotación petrolera colombiana se encontraba en un punto decisivo, con varias empresas norteamericanas e inglesas compitiendo por concesiones, y algunas norteamericanas ya formalizadas. La situación del petróleo y el conflicto con empresarios ingleses habrían servido como argumentos para acelerar la aprobación del tratado por el Congreso estadounidense.
Suárez formuló la doctrina, entonces, en un momento en que el país buscaba activamente crédito e inversión norteamericana. La dollar diplomacy que William Howard Taft había teorizado en 1912 —sustituto más eficiente, decía, del Gran Garrote de Roosevelt— encontraba en Colombia un terreno receptivo: la penetración económica reemplazaba a la intervención militar directa, aunque los marines seguían desembarcando en el Caribe y Centroamérica ante cualquier riesgo para los intereses estadounidenses.
La doctrina, sin embargo, no se reducía al cálculo económico. Su fundamento explícito era geopolítico: la atracción gravitacional de las masas y las distancias, la lucidez de reconocer que Colombia, pequeño país tropical, no podía sino orbitar alrededor de la potencia hemisférica. Era la versión sofisticada del fatalismo de Núñez: si el dominio del norte es inevitable, mejor buscar activamente su favor que padecer pasivamente su indiferencia.
Pero la coherencia intelectual de la doctrina no la protegió de sus contradicciones prácticas. El gobierno de Suárez enfrentó una crisis económica de posguerra, tensiones sociales agudizadas por el encarecimiento de la vida y una oposición congresional plural que reunía a liberales como López y a conservadores históricos como Gómez. En 1919 estallaron conflictos sociales serios ligados a la situación económica derivada de la guerra. Suárez, hombre de gabinete y estudioso, no tenía el temperamento político para navegar esas tempestades. Su fuerza estaba en la página; su debilidad, en el hemiciclo. Escribía como quien esculpe una inscripción y gobernaba como quien redacta un dictamen: con escrúpulo semántico y sin instinto de combate.
La caída y el golpe de Gómez
El desenlace vino en octubre de 1921. El 26 de ese mes, Laureano Gómez acusó a Suárez en la Cámara de Representantes con una virulencia que trascendía la crítica política. Al día siguiente, el propio presidente concurrió a la Cámara a contestar las imputaciones —gesto insólito que revelaba tanto su decoro personal como el debilitamiento de su posición—. Pocos días después, entre los últimos de octubre y los primeros de noviembre, Suárez renunció a la presidencia.
Su caída fue el desenlace inmediato de una hostilidad que había comenzado siete años antes en el debate del Tratado Urrutia-Thomson, y en la que Gómez veía en Suárez al hombre que había aceptado la humillación de Panamá a cambio de dólares. Hay una paradoja doctrinaria en esta historia: Gómez, opositor implacable de Suárez y crítico feroz del Respice Polum en 1921, terminaría décadas más tarde, como presidente, siendo uno de los aliados más incondicionales de Washington en el hemisferio, enviando el Batallón Colombia a la Guerra de Corea. El giro pronorteamericano que Gómez atacó como oportunismo terminó por imponerse como sentido común de la política exterior colombiana, incluidos sus antiguos detractores. Quien acusaba a Suárez de vender la dignidad nacional acabaría firmando el cheque más alto que ningún colombiano firmaría antes: soldados en Corea para probar la lealtad al polo.
La renuncia de Suárez cierra una cultura y un estilo político: el del político-letrado formado en el seminario, el gramático y ensayista que gobierna con la pluma tanto como con el poder, el heredero puro del proyecto cultural de la Regeneración. Después de Suárez, la política colombiana entraría en manos de generaciones más pragmáticas, menos preocupadas por la elegancia latina de sus fórmulas y más atentas a la mecánica del capital extranjero. Jorge Holguín completó el mandato, y en 1922 comenzó la transición hacia el liberalismo que culminaría en 1930.
La red: hombres, partidos y lugares
Respice Polum no puede pensarse aisladamente. Es el vértice de una red que atraviesa cinco décadas y varios continentes. En Bogotá, la cadena de responsables comienza con Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro —los fundadores del régimen que dio marco ideológico al giro—, sigue con José Manuel Marroquín, bajo cuyo mandato se perdió Panamá; pasa por Rafael Reyes, el primer intento de recomposición; por Carlos Martínez Silva, diplomático de la Regeneración; por José Vicente Concha, presidente que colocó a Suárez en la cancillería; culmina en el propio Suárez y sobrevive en Jorge Holguín y en el liberal Enrique Olaya Herrera, quien ganaría las elecciones de 1930 conocido por su contacto íntimo con banqueros norteamericanos, con la esperanza —fundada— de que lograría reabrir las compuertas de la inversión estadounidense.
En Washington, la figura decisiva es Theodore Roosevelt: el hombre que orquestó la separación de Panamá, congeló las relaciones y despreció a los diplomáticos colombianos. Su sombra persistió incluso después de dejar la Casa Blanca, en los senadores republicanos que bloquearon la ratificación del Tratado Urrutia-Thomson por objetar la cláusula del "sincero pesar". Roosevelt operó como personaje colectivo: no un individuo, sino un temperamento imperial que sobrevivió al hombre y siguió modelando la mirada estadounidense sobre el hemisferio mucho después de 1919.
Los lugares dibujan un mapa preciso. Bogotá y su Sabana, altiplano donde Caro escribía en latín sin bajar a la tierra caliente. Cartagena y el Caribe colombiano, la región de Núñez, la única con contacto vivo con el mundo atlántico y con la conciencia práctica de la fuerza estadounidense. Panamá, la herida abierta y el catalizador. Washington, el polo cuya atracción se pretendía disciplinar en fórmula latina. El río Magdalena, arteria por la que subieron los primeros dólares y las primeras concesiones petroleras. Y Estados Unidos como concepto: la potencia protestante que la Regeneración había querido conjurar y que terminó rigiendo su destino.
Los partidos completan el tejido. La Regeneración fue obra del Partido Nacionalista, la formación híbrida que aliaba liberales independientes con conservadores tradicionales y que Núñez organizó como instrumento del retorno al orden. Suárez fue político nacionalista antes que conservador histórico, y esa filiación explica en parte su distancia con Gómez, que representaba el ala más doctrinaria y europeísta del conservatismo. El liberalismo, aunque opositor de la Regeneración, terminaría con Olaya Herrera continuando y profundizando la orientación pronorteamericana, prueba de que Respice Polum trascendía los partidos. La doctrina no era propiedad conservadora ni traición liberal: era un piso común, invisible a fuerza de compartido, sobre el que discutían las dos colectividades.
Herencia: la doctrina como estructura
La huella de Respice Polum sobre la política exterior colombiana ha sido de tal profundidad que es difícil separarla de la identidad internacional del país. Tras la elección de Olaya Herrera en 1930, la continuidad pronorteamericana se hizo bipartidista: los liberales heredaron y ampliaron la orientación que Suárez había formulado, atrayendo empréstitos, misiones técnicas y capital para las obras públicas que definirían la modernización de los años treinta y cuarenta. Las carreteras que empezaron a surcar las cordilleras, los primeros ferrocarriles ampliados, los puertos modernizados, todo llevaba el sello discreto del dólar y de las misiones Kemmerer que reorganizaron la hacienda pública y el sistema bancario según moldes estadounidenses.
En la larga duración, la doctrina ha operado como uno de los dos grandes principios en tensión de la política exterior colombiana, en debate implícito con su alternativa —el Respice Similia, mirar a los semejantes latinoamericanos—, aunque su aplicación no ha sido uniforme ni exenta de contradicciones. Colombia adoptó, tras la pérdida de Panamá, una postura introvertida y aislada frente al mundo, y su inserción en las relaciones internacionales quedó fuertemente condicionada por sus vínculos con Washington: más receptor pasivo de la política estadounidense que actor autónomo con proyecto propio. Esa dependencia estructural se profundizó a lo largo del siglo XX.
Un ejemplo particularmente denso de esa profundización es el tránsito diplomático operado bajo el gobierno de Julio César Turbay Ayala. La gestión de su canciller Carlos Lemos Simmonds administró un giro que va de la colaboración pragmática con la administración Carter —marcada por la agenda de derechos humanos y ciertas fricciones bilaterales— a una alianza incondicional con la administración de Ronald Reagan, cuya prioridad hemisférica pasó a ser la contención anticomunista y la incipiente guerra contra las drogas. Ese realineamiento reprodujo, en clave de guerra fría tardía, la lógica gravitacional que Suárez había formulado sesenta años antes: cuando cambia el polo político en Washington, la brújula bogotana gira sin resistencia. El funcionario del Departamento de Estado James Bell llegó a valorar la disposición colombiana como cooperación ejemplar, elogio que en boca norteamericana se parece siempre demasiado a un certificado de subordinación. La distancia entre Respice Polum como doctrina y Respice Polum como reflejo condicionado se había cerrado del todo.
Durante décadas, la identidad internacional colombiana estuvo definida por el narcotráfico y el conflicto armado interno, y buena parte de la política exterior se diseñó para satisfacer las necesidades locales impuestas por esas dos problemáticas, en un marco donde el vínculo con Washington seguía siendo el eje. Respice Polum pasó de recomendación filosófica en una obra literaria a estructura profunda del comportamiento internacional del país. Lo que Suárez había insinuado en potencial condicional —"si algún día hubiera de cifrar"— se había convertido en indicativo permanente, en gramática sin conjugación posible.
Su valoración crítica ha sido persistente. Se le ha reprochado convertir a Colombia en receptor pasivo, subordinar los intereses nacionales a la agenda estadounidense, y renunciar a una vocación latinoamericana que estaba inscrita, al menos retóricamente, en la memoria bolivariana. Y aquí aparece uno de los pliegues más agudos de toda la historia: Simón Bolívar, cuya sombra fundacional presidía la iconografía de la Regeneración, había advertido contra el poder estadounidense en el famoso apotegma de que Estados Unidos parecían destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad. Suárez, latinista y erudito, no podía ignorar esa advertencia. Que la formulara en latín, con la cautela condicional de un hombre que sabía lo que estaba haciendo, sugiere que era plenamente consciente de la magnitud de su gesto. El Libertador había señalado hacia el sur y hacia adentro; el latinista de Bello señaló hacia el norte y hacia afuera. Entre esos dos gestos cabe la historia entera de la política exterior colombiana.
La contradicción que atraviesa toda la historia colombiana desde 1886 sigue sin resolverse: entre la identidad cultural que la Regeneración quiso fijar —española, católica, mediterránea, jerárquica— y la geografía geopolítica que impuso el siglo XX —caribeña, hemisférica, dependiente del norte anglosajón—. Respice Polum fue el nombre latino de esa capitulación necesaria. Núñez la había intuido, Caro se habría negado a firmarla, Suárez la escribió en la lengua de ambos. La brújula que él instaló sigue apuntando hacia el mismo polo, y cada nuevo canciller colombiano descubre, tarde o temprano, que gobernar la política exterior del país es sobre todo administrar el peso específico de esa aguja.
En el archivo
5 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Marco Fidel Suárez — acuñador de la expresión y presidente que la convirtió en orientación programática de la política exterior colombiana (1918-1922)
- 02Rafael Núñez — precursor intelectual: reconoció la inevitabilidad del dominio estadounidense y sembró el pragmatismo geopolítico que Suárez formularía décadas después
- 03Miguel Antonio Caro — contrapunto ideológico: su hispanismo católico ultramontano representaba la antítesis civilizacional de la orientación anglosajona que Respice Polum consagraba
- 04Tratado Urrutia-Thomson — manifestación diplomática concreta de la doctrina, negociado por Suárez como canciller y como presidente para normalizar relaciones con Estados Unidos tras la pérdida de Panamá
- 05Panamá — trauma geopolítico que hizo inevitable la reorientación: la separación de 1903 demostró la incapacidad colombiana de resistir la gravitación estadounidense
- 06Laureano Gómez — principal opositor político de Suárez, cuya hostilidad a la normalización con Estados Unidos contribuyó a la caída del presidente y al debate sobre los límites de la doctrina
- 07Doctrina Monroe — marco hemisférico dentro del cual Respice Polum operaba: Suárez aceptaba como hecho consumado la hegemonía que Monroe proclamaba como principio
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
37 documentos · 51 fragmentos
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 186, 1892 citas
[1]transporte aéreo en América Latina. El gobierno de Suárez definió una política exterior colombiana abiertamente pronorteamericana (su lema: respice polum, mirar al norte), lo que correspondió en par- te a la nueva situación creada por la posguerra, cuando se acentuó la hegemonía económica de los Estados Unidos, y en…
p. 189
[31]del Estado en la econo- mía y en los antiguos estados soberanos, los cuales en 1904 fueron completamente subyugados para evitar que se formaran, en Antioquia, Santander y Cauca, fuertes centros de presión regionalista que alimentaran brotes separatistas, como el que con- cluyó con la separación de Panamá. Más…
p. 186
02Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 15, 34, 1743 citas
[2]entre 1918 y 1922, buscó la normalización en las relaciones con Washington y la consi- guiente apertura de créditos y de in- versión norteamericana para Colom- bia. La eventual explotación de petró- leos se encontraba en un momento de- cisorio a la cual aspiraban varias em- presas norteamericanas e inglesas, teniendo…
p. 15
[44]ineludible tal desenlace, lo mismo que Núñez. Un vicecónsul inglés en Cartagena repor- tó una conversación con él a principios de 1893, en que le preguntaba si no te- mía que un día los Estados Unidos to- maran el Istmo. «Eso es inevitable —fue la respuesta de Núñez—, ellos tienen que dominar a toda la América, y en…
p. 174
[47]Jorge Eliécer Gaitán y por los disturbios al orden público que le siguieron, se observó el enfrenta- miento de intereses entre Estados Unidos y los países situados al sur del río Grande: para éstos, el punto prin- cipal en la agenda de las relaciones era el económico, mientras para aquél era el de defensa. La América…
p. 34
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 1691 cita
[3]micos. Uribe lo hubiese dicho: no se trataba de sufrir los hechos de la geograf í a f í sica, sino de crear a base de ellos concen traciones de fuerza que modificaran el equilibrio. El general Ospina no lo sabr í a muy bien en la teor í a, pero iba a iniciar el proceso en la pr á ctica. 175 En "Sue ñ o y Ensue ñ o ”,…
p. 169
04Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 150, 1772 citas
[4]esta elecci ó n (un candidato disidente tuvo unos pocos votos), aun que muchos, como los liberales Benjam í n Herrera y Alfonso L ó pez l ’ umarejo y los republicanos Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto t Caballero, apoyaron a un conservador disidente, el poeta Guillermo Valencia. Al terminar la Primera Guerra…
p. 177
[19]social y pol í tico e ilusionaron a las masas urbanas con una “ ciudadan í a ” irresponsable, con el sue ñ o de la igualdad civil y pol í tica de todos, con la utop í a de un Estado que distribuyera beneficios a los pobres y de una sociedad sin ricos, y hab í an convertido a los esclavos y a sus descendientes…
p. 150
05Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 1131 cita
[5]Colegio de San Bartolomé, el Instituto Técnico Cen- tral, el Observatorio Meteorolégico y una fabrica de municiones. Se firm6 también un convenio especial para la erradicacién de la anemia tropical, se inten- sificd la explotacién de las salinas maritimas y se puso en servicio el muelle de Buenaventura. Ade- mas, por…
p. 113
06Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1131 cita
[6]vez y por todas y para siempre, a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas”, dijo en uno de sus enérgicos discursos en el Congreso 113. Uribe Uribe fue un general insurgente, se desmovilizó y dejó las armas después de la Guerra de los Mil…
p. 113
07Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 117, 1202 citas
[7]in their fight against Conservatism. On the twenty-sixth of January, and unbeknownst to Conservatives, Bogotá’s Ma- sonic lodge rewarded one Antonio Rincón Gálvis for saving the life of Gómez, who was at the point of drowning in a river near the resort town of Ana- poima. 65 Animosity between Gómez and Suárez became…
p. 120
[8]Spanish grammar. Embarrassed when called forward to accept the award for his “Essay sobre la gramática de Andrés Bello,” he responded with the outward humility that characterized him: “I receive this award not so much as a prize, but rather as a challenge to make me worthy of it.” 58 The political fortunes of Marco…
p. 117
08Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 501 cita
[9]principales instituciones financieras del país y que negociaban en la época con Pedro A. López y compañía. Laureano Gómez se casó con María Hurtado, la sexta de once hijos de Simón Hurtado, un humilde nativo de Popayán quien mediante trabajo y suerte se convirtió en un rico hombre de negocios. Don Simón se vino a…
p. 50
09La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1631 cita
[10]esto no pudo ser intencional. Los grupos dominan- tes, aún con su admirable inteligencia, no podían anticipar las consecuencias inherentes al proceso tecnológico y eco- nómico que propiciaban, sino en la forma lejana y teórica como lo hacía Galindo, para quien los efectos de semejan- te «revol u ción» no podían llegar…
p. 163
10De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[11]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
11De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[12]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
12Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 26, 812 citas
[13]Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…
p. 26
[23]de Suez, fracasó en su intento ¥ tras sucesivas prórrogas del gobierno colombiano para la entrega de la obra, fue disuelta en 1899. Los franceses, que trataben de proteger su inver sión, constituyeron la Nueva Compa- si de Canal de Paraea: que. permiso esten los traba- hasta e pytera dé cinco mi- Hors de francos. En…
p. 81
13El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[14]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
14Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[15]el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…
p. 39
15Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 265, 2702 citas
[16]el inicio de una guerra civil, en 1899. La “regeneración” política de Colombia inauguró un periodo de hegemonía conservadora durante la presidencia de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Caro, quien como vicepresidente estuvo al mando durante las ausencias frecuentes de Núñez, y hubo de reemplazarlo cuando enfermó, en…
p. 270
[41]serían capaces de lograrla. “Me temo”, escribió el estadista al respecto, “que la degradante ignorancia en la que sus curas y reyes los han hundido, los ha descalificado para el mantenimiento o incluso el conocimiento de sus derechos, y que mucha sangre será derramada a cambio de una mínima mejoría en su condición”.…
p. 265
16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 cita
[17]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
17Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[18]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
18A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 261 cita
[20]faith. As the educational process aims to educate rational individuals, it should be free from the influence of religion, and in no way should it impose or weaken the private individual’s faith. The debate con - ltinued throughout the 19th century, alternating between the official endorse - ment of the books and their…
p. 26
19Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[21]a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…
p. 63
20Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 271 cita
[22]of sovereignty in the department, rejected a treaty that would have allowed the United States to build the passageway. The following year, a second agreement faltered in the U.S. Senate, which was busy investigating allegations of corruption surrounding the Ulysses S. Grant administration. When Americans turned their…
p. 27
21Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2421 cita
[24]though technologically com- plex, was already 40 percent completed thanks to the prior efforts of Lesseps. The Hay- Herr á n Treaty was ratified in early 1903 by the United States Sen- ate but was rejected by the Colombian Senate. Colombians worried about the loss of sovereignty over Panama, as their nation was…
p. 242
22¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 711 cita
[25]la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…
p. 71
23Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 1031 cita
[26]Panamá ” y con sus asesores y los abo- gados de la Compañía del Canal, organizó la compra de autoridades panameñas para la secesión». Los Estados Unidos, «aliado eventual y egoísta», como lo califica Bolívar, que se habían opuesto desde el Congreso de Pa- namá planeado por el Libertador en 1826, a toda posible…
p. 103
24Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 281 cita
[27]cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…
p. 28
25Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 23, 26, 483 citas
[28]Su pasado. Su presente. Su Porvenir: Deseaba evitar toda participación de soberanía en la zona del canal […] Esa partici- pación era la debilidad del Tratado Herrán-Hay. Hice entonces una innovación en el derecho internacional. Decidí conceder a los Estados Unidos, en el interior de la zona, todos los derechos,…
p. 26
[34]y comercio, en septiembre de 1849, y además obtuvieron la cesión provi- sional de la isla. Previamente el país del norte había logrado firmar con Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, de amistad, comercio y navegación, el 12 de diciembre de 1846, mediante el cual se aseguraban ventajas en la eventual cons- trucción y…
p. 23
[38]suficiente, o mejor, se avanzó a pesar de los obstáculos puestos desde el ejecutivo o el legislativo, órganos que veían en las tendencias modernizantes un atentado contra la moral, las buenas costumbres y el futuro nacional, y de contera, las propias percepciones de los mandatarios acerca de lo que debería ser la…
p. 48
26Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2151 cita
[29]was written and signed by both parties. Philippe Buneau-Varilla, the French promoter of the Panama Canal project, was credentialed as the official minister in Panama, and the Panama- U.S. Canal Treaty was ratified in early 1904. Work on the project ensued immediately thereafter, and the canal was opened to traffic in…
p. 215
27Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 169, 1762 citas
[30]desastres que hicieron cun- dir el pesimismo en sucesivas genera- ciones de colombianos, abrumados ante nuestra capacidad de autodes- trucción. La más cruenta de las gue- rras, la llamada de los Mil Días, dejó al país en ruinas, con una moneda en- vilecida y un estancamiento económi- co general, como consecuencia de…
p. 169
[35]no se estableciera un lazo en- tre los dos tratados: el que se iba a ce- lebrar con los Estados Unidos y el que se celebrara con Panamá, para garan- tizarle a Colombia sus derechos, en el caso de que en un futuro remoto pa- sara la Zona a ser propiedad de Pa- namá. Cuanto se decía en el tratado Cortés-Arosemena, del…
p. 176
28Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1751 cita
[32]norteamericanas. Lo que vino lue- go, la pérdida de Panamá, tuvo suficiente elo- cuencia para hablar por sí mismo. Dicho sector del territorio patrio había hecho parte desde los tiempos del virreinato de la Nueva Granada y se había integrado voluntariamente a Colombia desde la tercera década del siglo XIX. Tras la…
p. 175
29Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2361 cita
[33]the New Panama Canal Com- pany and the backing of the United States government. Colombian military and diplomatic efforts to recover the lost department ended in failure, thwarted by United States naval units and Washington policy makers. The loss of Panama was partly a consequence of the War of the Thousand Days, for…
p. 236
30Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 41, 462 citas
[36]all persons whether they be nationals or foreigners living in that territory. 5. Every nation that rules according to international laws can de- mand that other nations protect and respect this right. To this document Dr. Urrutia proposed an additional statement which recommended that nations use arbitration to settle…
p. 46
[37]SUCESOS, 195. 53. Ibid., 46–47. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:01 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:01 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 41
31Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1041 cita
[39]terrestres internos, en el arancel aduanero y en la tasa de interés bancaria. A la rigidez de la oferta de dinero se añadía la falta de unidad monetaria: de un circulante de 24 millones de pesos oro, en 1918, el42 % todavía co nsistía del papel moneda regenerador -que cier- tamente se había cambiado por billetes…
p. 104
32Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 281, 2862 citas
[40]frente a Inglaterra y a la Unión, manifestando, por lo demás, mer- ced a la voz de su prensa y a la palabra de sus oradores en el Congreso, sus simpatías indudables por la garantía unida, propuesta por Inglaterra. En el fondo, la doctrina Monroe no es sino una opi- nión, un desideratum, el anhelo de un pueblo, que…
p. 281
[45]del canal de Suez y en obsequio de una operación militar interrumpe el tránsito, no a la bandera insurreccional de Arabí, sino al comercio universal. Echar mano y luego cambiar notas, he ahí toda la política. ¿Es la buena, es la moral, es la justa? No lo sé, pero es la única que da resultados y por lo tanto todo…
p. 286
33El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 352 citas
[42]Taft, se sentía con derecho a expresar en 1912: “Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad de raza, ya es nuestro moralmente”. Taft supo entender que la política del “Gran Garrote”, que había adelantado Roosevelt, no era tan necesaria, que iguales resultados daba la del dollar…
p. 35
[43]Taft, se sentía con derecho a expresar en 1912: “Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad de raza, ya es nuestro moralmente”. Taft supo entender que la política del “Gran Garrote”, que había adelantado Roosevelt, no era tan necesaria, que iguales resultados daba la del dollar…
p. 35
34Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3591 cita
[46]objectives through a close affiliation with the United States. In addition to becoming a passive recipient of U.S. policy, the country's insertion into broader international relations became strongly conditioned by its links with Washington. 265 Colombia: A Country Study The lack of public input and interest in…
p. 359
35Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 571 cita
[48]respaldo. Un ejemplo ya olvidado tuvo lugar en la isla caribeña de Granada. El 13 de marzo de 1979 había triunfado en las elecciones el Movimiento New Jewel liderado por el líder de izquierda moderada, Maurice Bishop. El gobierno de Reagan intervino mediante una invasión militar (llamada la “Operación Furia Urgente”),…
p. 57
36Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 902 citas
[49]el tradicional discurso negacionista y la actitud defensiva en esta materia y se ha transitado hacia un reconocimiento explícito del problema y la formulación de salidas institucionales concretas, aún hay vestigios de la vieja estrategia que pretende minar y debilitar a aquellos organismos internacionales encargados…
p. 90
[50]el tradicional discurso negacionista y la actitud defensiva en esta materia y se ha transitado hacia un reconocimiento explícito del problema y la formulación de salidas institucionales concretas, aún hay vestigios de la vieja estrategia que pretende minar y debilitar a aquellos organismos internacionales encargados…
p. 90
37Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4151 cita
[51]dividió por causa del doble desafio a su hegemonía política, y las elecciones de 1930 fueron ganadas por una coaliciónbipar tidista dominada pOr los liberales y dirigida por los principales arquitec tos del orden institucional establecido en 1910. La plataforma del Partido Liberal victorioso proclamaba "puertas…
p. 415