Idea transversal
Identidad nacional
La identidad nacional colombiana es una construcción histórica deliberada y nunca concluida, edificada por élites letradas, cartógrafos, constituyentes y autores de manuales escolares, mientras desde las provincias, los resguardos y los palenques se opusieron o negociaron versiones alternativas del ser colombiano.
Trayectoria de una idea
- 1810
Juntas revolucionarias y la figura del ciudadano
- 1831
Disolución de la Gran Colombia y fractura fundacional
- 1850
Comisión Corográfica: la nación levantada con teodolito
- 1886
Regeneración y la Constitución de 1886: la nación hispano-católica
- 1910
Manual de Henao y Arrubla: la nación aprendida de memoria
- 1930
Fin de la hegemonía conservadora y debates raciales del siglo XX
La lectura
La identidad nacional colombiana no emergió de un sustrato étnico o geográfico compartido, sino de sucesivas operaciones intelectuales y políticas que intentaron imponer una síntesis sobre un país radicalmente diverso. Desde las juntas de 1810 hasta la Regeneración de 1886, las élites letradas bogotanas fabricaron un relato mestizo, católico e hispánico que el territorio caribeño, pacífico, llanero y amazónico desmentía en cada esquina. La Comisión Corográfica dibujó una nación andina y de vertientes, amputando mentalmente la mitad oriental del país; la Constitución de 1886 y el manual de Henao y Arrubla la enseñaron de memoria durante generaciones. Bajo esa superficie oficial latió durante casi un siglo una obsesión racial que oscilaba entre el elogio del mestizaje y el proyecto de blanqueamiento, mientras negros, indígenas y mulatos eran encuadrados en el molde liberal de civilización contra barbarie. El resultado fue una identidad nacional en permanente tensión entre el relato centralista que la proclamaba y las voces regionales, étnicas y culturales que la impugnaban desde los márgenes del mapa.
Identidad nacional colombiana
Hablar de identidad nacional en Colombia es hablar de un artefacto en obra permanente, nunca terminado. No es un dato heredado del suelo ni una esencia que emerja de la sangre mestiza, sino una construcción deliberada: la fabricaron gramáticos bogotanos, cartógrafos italianos al servicio del Estado, presidentes filólogos, autores de manuales escolares y constituyentes, mientras desde las provincias, los resguardos, los palenques y los ríos se opusieron o se negociaron otras versiones del ser colombiano. Su historia es la de un país andino que intentó imaginarse mestizo, católico e hispánico mientras su territorio —caribeño, pacífico, llanero, amazónico— y sus gentes desmentían esa síntesis. Entender la identidad nacional colombiana exige, por eso, reconstruir dos siglos de discursos, leyes, mapas, músicas y resistencias que se disputaron el derecho a definir quiénes somos.
La fractura fundacional: de la Gran Colombia a la lealtad provincial
El primer hecho estructurante es un fracaso. La Gran Colombia, el proyecto bolivariano que reunió entre 1819 y 1831 a Venezuela, la Nueva Granada y Ecuador, se disolvió en tres Estados soberanos alrededor de la muerte de Simón Bolívar en Santa Marta, en diciembre de 1830. Aquella ruptura no fue solo el desenlace de un pulso entre caudillos ni el saldo del abuso gubernamental y la represión militar que habían minado la legitimidad del gobierno central: constató, sobre todo, que las identidades regionales —granadina, venezolana, ecuatoriana— pesaban más que la voluntad política de construir una sola nación. La divergencia identitaria no fue la causa única ni la más profunda, pero sí una fuerza que resistió toda tentativa de suturarla.
Lo que quedó del lado neogranadino fue un país sin nación. La lealtad política de sus habitantes no recayó sobre una entidad abstracta llamada Nueva Granada, sino sobre las provincias y regiones concretas donde se vivía, se comerciaba y se moría. El provincialismo operó como fuerza centrífuga durante toda la primera mitad del siglo XIX y explica en buena parte las turbulencias de las provincias limítrofes. Las provincias caribeñas —con la excepción notable de Riohacha— mostraron incluso una tolerancia mayor al abuso gubernamental y se rebelaron más tarde que Venezuela o el interior andino, un comportamiento político diferenciado que anticipa la larga historia de desencuentro entre la Costa y el altiplano.
En este vacío, la figura del ciudadano comenzó a delinearse en las juntas revolucionarias de 1810, cuando el pueblo asumió la soberanía. Pero los publicistas de la época fijaron sus atributos con criterio restrictivo: el ciudadano era el padre de familia, y quedaban por fuera esclavos, indígenas y mujeres. La república nacía con una ciudadanía recortada, y esa exclusión fundacional sería el molde sobre el cual las élites letradas edificarían, décadas después, un relato de nación que naturalizaría la desigualdad.
Ancízar y Codazzi: la nación levantada con teodolito
Hacia mediados del siglo, con el liberalismo en el poder y la administración de José Hilario López empeñada en modernizar el Estado, se emprendió el primer intento científico institucional de alcance global para conocer el país. La Ley 29 de 1849 estableció la Comisión Corográfica, que operó entre 1850 y 1859 bajo la dirección del coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi (1792-1859). Nada semejante se había intentado antes: el Estado asumía la responsabilidad de financiar y sostener un levantamiento cartográfico integral, un inventario de recursos naturales y una descripción de los grupos humanos que habitaban el territorio.
Codazzi recorrió el país acompañado de jóvenes neogranadinos —entre ellos Manuel Ancízar, José Jerónimo Triana y Manuel María Paz y Pérez— y de pintores encargados de registrar los tipos regionales. La Comisión produjo mapas de rigor científico, tratados de botánica, geografía y mineralogía, y una galería de acuarelas que fijaron la imagen visual de la nación: el bogano de tierra fría, el bogantador del Magdalena, la mulata de la Costa, el minero antioqueño. Codazzi murió en 1859 de fiebre amarilla en el pueblo de Espíritu Santo, que después llevaría su nombre.
Lo importante de la Comisión no está solo en lo que hizo, sino en lo que decidió no hacer. Quedaron fuera de la exploración intensiva el Caquetá y los territorios que hoy corresponden a Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Putumayo y Arauca: casi la mitad oriental del país. La nación imaginada por la Comisión fue andina y de vertientes, con extensiones caribeñas y pacíficas, pero sin selva. Esa amputación cartográfica se volvería una amputación mental: durante más de un siglo, los Llanos y la Amazonía existirían apenas como blancos en el mapa del imaginario nacional.
La Comisión hizo más que dibujar el país: lo clasificó. Articulando el medio físico —paisaje, clima, geografía— con las actividades productivas y extractivas, elaboró una taxonomía de tipos regionales que retomó la idea humboldtiana de la unidad dentro de la multiplicidad. El paisaje explicaba la gente; la gente encajaba en el paisaje. Una operación intelectual poderosa y, a la vez, una trampa: fijó estereotipos regionales que sobrevivirían al siglo y ancló la diferencia humana en la determinación geográfica.
La Regeneración: la nación hispano-católica de Miguel Antonio Caro
Si la Comisión Corográfica había intentado conocer la nación, la Regeneración se propuso fundarla de nuevo. Rafael Núñez lideró desde 1880 el giro que culminaría con la Constitución de 1886, redactada en gran medida por Miguel Antonio Caro, el gramático que sería el principal pensador conservador del período. El proyecto era claro: centralizar la política, la administración y la economía; formar un ejército nacional; restablecer la relación armónica entre la Iglesia y el Estado que el liberalismo radical había roto. El Concordato negociado por Núñez con la Santa Sede, cuyas instrucciones él mismo redactó, reflejaría ese espíritu: auxilios presupuestales para misiones, seminarios y diócesis pobres, y el reconocimiento de una deuda histórica del Estado con la institución eclesiástica.
El Partido Nacional que impulsó la Regeneración, coalición inicial de conservadores y liberales moderados, se volvió rápidamente solo conservador. Con la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 como pilares, el conservatismo gobernaría Colombia sin interrupción hasta 1930. Ese régimen no fue solo político: fue identitario. Restituyó la educación confesional, revirtió las medidas laicizantes del liberalismo radical y reforzó el papel de la religión católica en la vida pública como cemento de la nacionalidad.
La operación intelectual de fondo cavó más hondo que la constitucional. Encabezada por José Manuel Groot y consolidada en las décadas siguientes, la Regeneración reformuló la valoración del período colonial hispánico: donde el liberalismo radical había visto tres siglos de oscurantismo, el nuevo relato vio un modelo de orden y gobierno gradual frente al desorden republicano. España dejaba de ser la madrastra tiránica y volvía a ser la madre civilizadora. La nación se reimaginaba en continuidad con la Conquista y la Colonia, no en ruptura con ellas.
Caro encarnó esta visión hasta la caricatura. Como cuestión de principio, no solía viajar más allá de la Sabana de Bogotá y nunca salió del altiplano: el hombre que le daba forma institucional a un país tropical, bioceánico y multirracial no conocía sino su meseta fría. Su insistencia en políticas conservadoras que excluían a los liberales de los puestos de mando alimentó las tensiones que estallaron en la Guerra de los Mil Días (1899-1903), la más devastadora guerra civil colombiana. El armazón regeneracionista construyó una nación que tendía a invisibilizar a las comunidades indígenas y afrodescendientes y a borrar la diversidad geográfica y cultural bajo una síntesis centralista de raigambre hispano-católica.
Henao y Arrubla: la nación aprendida de memoria
En 1910, cuando Colombia celebró el Centenario de la Independencia, un manual escolar ganó el premio de historia. Se llamaba Historia de Colombia, y lo firmaban Jesús María Henao y Gerardo Arrubla. Durante los siguientes tres cuartos de siglo, los colombianos aprenderían el pasado de su país por sus páginas. Pocos libros han hecho más para fijar una identidad nacional.
El manual trazó una línea de continuidad con el proyecto regeneracionista y no repudió el legado español de la Conquista y la Colonia. Cohesionó en una sola narrativa lo que el liberalismo radical había presentado como opuesto: las desavenencias con España y la epopeya de la Independencia se integraron en un relato donde lo hispánico dejaba de ser el enemigo y pasaba a ser el sustrato. Los héroes epónimos —Bolívar, Francisco de Paula Santander, Antonio Nariño— ocuparon la trama, y la diacronía escolar quedó organizada en cortes temporales que se mantendrían durante todo el siglo XX: descubrimiento, conquista, colonia, independencia, república.
Nada de esto fue neutro. Henao y Arrubla no inventaban un molde: heredaban uno. A lo largo del siglo XIX, quienes escribieron historia lo hicieron desde la política y para la política, dándoles carácter fundacional a las acciones de los próceres y sistematizando una linealidad heroica que los manuales posteriores no harían sino pulir. Las convenciones pedagógicas acuñadas a fines de ese siglo encajaban con el proyecto de la Academia Colombiana de Historia, que se erigió en instancia canónica de validación del pasado y en aduana de lo que podía y no podía enseñarse como nuestro.
Aprender historia patria en Colombia durante el siglo XX significó, entonces, aprender una nación mestiza-católica-centralista sin fisuras aparentes: una república que se remontaba a Bolívar y encontraba en la Regeneración la restauración del orden. La empresa letrada consiguió, al menos en el aula, imponer su versión.
Razas, blanqueamiento y el fantasma de la inferioridad
Bajo la superficie de la nación católica y centralista latió, durante casi un siglo, una obsesión con la sangre. Las élites intelectuales colombianas —herederas del pensamiento liberal decimonónico y del racialismo europeo— debatieron con extraordinaria intensidad cómo era, y cómo debía ser, la composición étnica del país.
Manuel Uribe defendió en su Compendio histórico del departamento de Antioquia la inferioridad de la raza indígena y la superioridad del elemento mestizo como predominante en la nación colombiana. Años después, en 1895, Vicente Restrepo atacó la exaltación de la cultura muisca: no podía ser pilar de la nacionalidad, argumentaba, porque los muiscas eran solo uno más entre los innumerables grupos que los españoles hallaron a su llegada, y su sociedad —insistía— era relativamente pobre. El legado intelectual del siglo XIX fue precisamente ese: establecer jerarquías entre razas y grados de civilización, y atribuir a los grupos indígenas distintos niveles de desarrollo cultural para poder ordenarlos.
En ese marco, las élites católico-liberales cultivaron una imagen despreciativa de negros, mulatos e indígenas —por su fenotipo y por sus costumbres— y la encuadraron en el molde liberal de civilización contra barbarie. La pregunta que se hacían no era si esas poblaciones debían integrarse a la nación como iguales, sino cómo hacer para que la nación se pareciera menos a ellas.
La respuesta del siglo XX se llamó blanqueamiento. Luis López de Mesa, uno de los pensadores más influyentes del debate racial, sostuvo que la mezcla producía una raza transición, inacabada, indefinida, y aunque reconocía la superioridad biológica de la raza blanca, vislumbraba la posibilidad de estabilización mediante políticas deliberadas. Llevó la lógica más lejos: propuso blanquear al país trayendo arios del norte, un proyecto que nunca se concretó. Sí se concretó, en cambio, su propuesta de poblamiento intenso de las vertientes, que el censo de 2005 confirmaría al mostrar que más del 70% de la población colombiana vive en la cuenca Magdalena-Cauca.
Textos de mediados del siglo XX reprodujeron el discurso: el mestizaje se describía como una tendencia hacia la consolidación de la raza blanca como elemento biológicamente dominante, en un país donde el indio se veía en retroceso y la población negra como minoría contable. El pensamiento racial de la Colombia burguesa incorporó incluso un antisemitismo casual, con referencias a los judíos en conexión con la Crucifixión y el control bancario internacional. Y la categoría trigueño operó como un dispositivo lingüístico ingenioso: permitía inscribir a personas de piel morena dentro de la raza blanca local, revelando las fronteras flexibles y negociables de la blancura colombiana.
A diferencia de Brasil, donde la democracia racial fue institucionalizada por un Estado autoritario poderoso, en Colombia el mestizaje se desarrolló en condiciones demográficas y políticas distintas: con la población africana esclavizada concentrada en regiones mineras aisladas —el Cauca, el Pacífico, el sur de Bolívar— y sin una institucionalización estatal comparable. El resultado fue una geografía racial de la negridad que se sedimentó durante el siglo XX en el imaginario colombiano: ciertas regiones se imaginan más negras que otras, y la diferencia racial se articula con la diferencia territorial.
Regiones: las lealtades que la nación no logró disolver
Que la diferencia racial se pensara como diferencia territorial no era una coincidencia: en Colombia, el mapa siempre le ha ganado la partida a la sangre. Donde las élites bogotanas cifraban la nación en un tipo humano, la geografía imponía muchos; donde el discurso proponía una síntesis, la cordillera devolvía fragmentos. La geografía colombiana es fragmentaria por dentro: tres cordilleras que separan valles y altiplanos, un Caribe vuelto al mar, un Pacífico selvático, unos Llanos que son otro mundo, una Amazonía que apenas figura. El 65% de la población se concentra en el núcleo andino, el 19,8% en la Costa Caribe, apenas el 2,8% en los Llanos Orientales. Esa distribución desigual favoreció el desarrollo de identidades regionales fuertes, con rasgos culturales propios que contrastaban abiertamente con los de Bogotá.
Los antioqueños, con centro en Medellín, cultivaron una reputación de ser más modernos, independientes, industriosos e igualitarios que sus competidores bogotanos por el liderazgo nacional. La identidad paisa se construyó como rival de la capitalina, con un ethos que reivindicaba el trabajo, la pequeña propiedad familiar y el temperamento emprendedor. Cuando Tomás Carrasquilla escribió sus novelas, el habla popular ingresó a la literatura colombiana: no recurrió a un lenguaje gramaticalmente sofisticado separado de las formas lingüísticas del pueblo, y ese gesto se vinculaba directamente a la estructura económica antioqueña de pequeña propiedad familiar.
El Caribe, por su parte, cargó desde la Conquista con lo que se ha llamado la mirada de ojos imperiales desde el mundo andino. Esa mirada guarda correspondencia con el rezago económico relativo de la región frente al resto de la nación, y también con la sobrerrepresentación de sus víctimas en el conflicto armado: el Caribe concentra el 22,75% de la población, pero suma el 28,38% del total nacional del Registro Único de Víctimas. La región que dio a Gabriel García Márquez ha sido también la que ha padecido con mayor intensidad la desigualdad de la nación que la mira desde arriba.
Los Llanos Orientales quedaron históricamente marginados. Ya en 1935, observadores como Luis Eduardo Nieto Caballero documentaban la falta de atención estatal a la región, un problema estructural de larga data que las políticas del centro nunca terminaron de resolver. Y las tres vertientes principales del humor colombiano —la paisa, la costeña atlántica y la bogotana— se mantuvieron como esquemas narrativos y modos de ser irreductibles entre sí: cada uno con su lógica, sus tiempos, su manera de nombrar el mundo.
La música como frontera: bambuco, cumbia y vallenato
La cultura popular tomó nota de estas tensiones antes que la política, y lo hizo con instrumentos, no con leyes. En el siglo XIX, el bambuco fue celebrado como aire nacional de carácter antiguo y siempre renovado, con una popularidad que sus divulgadores comparaban con la de la Ilíada; se afirmaba que, como La Marsellesa, no moriría aunque las costumbres colombianas se afrancesaran. Pero el bambuco era andino, y en su elección como emblema estaba escrita, de antemano, la geografía cultural que la Regeneración quería consagrar: cuerdas, salón, tierra fría, guitarra.
La cumbia rompió ese marco desde otro lugar. Articuló desde sus orígenes la presencia de diversos grupos sociales y étnicos —costeños, afro, indígenas— y su historia polisémica, cargada de fisuras, reflejó las tensiones entre las culturas periféricas y los discursos identitarios dominantes. Cada uno de sus componentes —tambores, gaitas, cantos— remitía a un linaje distinto, y el conjunto no cabía en la síntesis hispano-católica del interior. En la década de 1940, la música de acordeón era todavía una rareza en la radio colombiana, donde dominaban los géneros mexicanos y cubanos; las élites regionales preferían música clásica, pianos y guitarras. El vallenato y la cumbia tardarían décadas en imponerse como sonidos nacionales, y su ascenso fue también una reconfiguración del mapa simbólico del país: el centro musical se desplazó, en la segunda mitad del siglo XX, del altiplano a la Costa.
Ese desplazamiento tuvo consecuencias identitarias que superan lo estético. Reconocerse en un ritmo caribeño era admitir, aunque fuera oblicuamente, que la nación no sonaba como Bogotá se había imaginado. La música fue así uno de los vectores por los cuales la periferia entró en la definición de lo colombiano antes de que el derecho constitucional lo permitiera.
Las voces que no cabían: Quintín Lame y los cimarrones
La empresa letrada andina tenía un problema: no contemplaba a quienes venía a nombrar. Los pueblos indígenas y afrodescendientes no fueron objetos pasivos del discurso nacional; produjeron sus propias respuestas, sus propias movilizaciones, sus propias versiones del ser colombiano.
Manuel Quintín Lame, líder indígena del Cauca y del Tolima, se puso a comienzos del siglo XX al frente de los reclamos por la recuperación del gran resguardo indígena de Ortega y Chaparral, disuelto por la presión de los latifundistas del sur del Tolima. Su programa de lucha incluyó puntos que décadas después adoptaría el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) como programa propio: recuperar y ampliar las tierras de los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terrajes. Fue una plataforma política sofisticada, formulada por un pensador indígena, que puso en cuestión el molde de la nación mestiza al reivindicar la existencia y los derechos colectivos de los pueblos originarios.
Del lado afrocolombiano, la historia fue de despojo prolongado. Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, los cimarrones asentados en el valle del río Cauca fueron desposeídos de sus tierras y quedaron vinculados a la historia de la caña de azúcar, en precarias condiciones laborales. En el Pacífico, donde cerca del 85% de la población es afrodescendiente, las comunidades organizadas en el Proceso de Comunidades Negras (PCN) denunciarían décadas más tarde que el Valle del Cauca había sido presentado como departamento de blancos y paisas, invisibilizando la presencia y los derechos territoriales afros.
Estos no fueron márgenes: fueron territorios enteros, poblaciones enteras, historias enteras que el relato nacional dominante prefería no ver. Cuando comenzaron a hacerse visibles en la política, hacia el último tercio del siglo XX, la nación entera tuvo que reformularse.
El conflicto armado como reconfiguración identitaria
Esa reformulación no ocurrió en el vacío. Ocurrió mientras el país se desangraba. El conflicto armado interno, con su geografía específica de guerrillas, paramilitares, ejército y narcotráfico, redibujó el mapa simbólico de la nación desde una violencia que golpeó de manera desigual: donde el molde nacional había puesto sus zonas de sombra —el Pacífico, el Caribe rural, los Llanos, el sur amazónico— la guerra puso sus muertos. La sobrerrepresentación caribeña en el Registro Único de Víctimas no es un accidente estadístico: es la traducción en cuerpos de una desigualdad territorial de larga duración.
El conflicto expulsó de sus territorios a comunidades indígenas y afrocolombianas cuya relación con la tierra era, precisamente, la base de su identidad colectiva. El desplazamiento forzado no fue solo una tragedia humanitaria: fue una reconfiguración identitaria masiva que arrancó a poblaciones enteras de los ríos, los resguardos y las veredas que las nombraban. En las ciudades del interior, los desplazados afro y los desplazados indígenas se volvieron visibles como nunca antes lo habían sido, y esa visibilidad forzada obligó al país andino a mirar de frente lo que había preferido dejar en la periferia.
También en sentido contrario, el conflicto produjo identidades. Las comunidades de paz, los consejos comunitarios del Pacífico, las guardias indígenas del Cauca, los procesos organizativos campesinos: todos se articularon en respuesta a la violencia y produjeron formas de pertenencia que no dependían del molde nacional para existir. La guardia indígena, con su bastón de mando, se volvió una figura política reconocible; el consejo comunitario, con su titulación colectiva, adquirió estatuto jurídico. La guerra, paradójicamente, aceleró procesos de subjetivación política que las élites letradas del centro nunca habían previsto y que la Constitución de 1991 apenas alcanzó a nombrar.
1991: la nación se declara diversa
El giro llegó tarde y llegó incompleto, pero llegó. La Constitución Política de 1991 declaró a Colombia como nación pluriétnica y multicultural, y reconoció y protegió su diversidad étnica y cultural. Fue una ruptura formal con el molde regeneracionista: por primera vez, la Constitución dejaba de imaginar al país como una unidad homogénea y admitía que lo negro y lo indígena eran referentes constitutivos de la nación.
Los delegados indígenas en la Asamblea Constituyente llegaron con un pliego amplio: demandaron que se declarara al Estado colombiano como plurinacional, que la propiedad del subsuelo en territorios indígenas perteneciera a las comunidades y que la circunscripción especial indígena contara con cuatro senadores y ocho representantes. No lograron todo. Consiguieron el reconocimiento constitucional de la diversidad étnica, el carácter inalienable, imprescriptible e inembargable de las tierras de resguardo y la concepción de las Entidades Territoriales Indígenas (ETI) como figura de autonomía territorial y presupuestal. La plurinacionalidad quedó por fuera.
El Artículo Transitorio 55 abrió, para las comunidades afrocolombianas, una puerta histórica: ordenó al Congreso expedir, en un plazo de dos años, una ley que reconociera a las comunidades negras de las riberas de los ríos de la cuenca del Pacífico el derecho de propiedad colectiva sobre los territorios baldíos que habían ocupado según sus prácticas tradicionales de producción. Ese mandato se materializó en la Ley 70 de 1993, que reconoció la propiedad colectiva y estableció disposiciones para la protección de la identidad étnica y cultural afrocolombiana. Por primera vez en la historia republicana, la población afrocolombiana era reconocida jurídicamente como sujeto colectivo de derechos.
Después de 1991: la letra y la lentitud
El giro fue enorme y a la vez frágil. Tres décadas después, las Entidades Territoriales Indígenas siguen sin ser reglamentadas: la autonomía territorial y presupuestal prometida por la Constitución permanece como promesa incumplida, dependiente de una ley orgánica que nunca ha llegado al final del trámite legislativo. Los pueblos indígenas administran territorios extensos —cerca de la tercera parte del país está bajo alguna figura de resguardo— pero lo hacen sin el marco institucional pleno que la Constitución les prometió.
La Ley 70 corrió una suerte pareja. Sus capítulos sobre titulación colectiva se aplicaron con relativa eficacia en el Pacífico, donde se titularon millones de hectáreas a los consejos comunitarios; pero las medidas dirigidas a garantizar los derechos culturales, a atacar el rezago histórico y a proteger la propiedad colectiva frente a la expansión agroindustrial, minera y del conflicto armado se implementaron de forma parcial. La eficacia del derecho a la igualdad y el principio de no discriminación, en la práctica, ha sido muy baja: los indicadores de pobreza, mortalidad infantil, acceso educativo y esperanza de vida siguen mostrando brechas racializadas que la ley no ha logrado cerrar.
A esa lentitud reglamentaria se sumó, además, la presión del conflicto sobre los territorios recién reconocidos. La titulación colectiva del Pacífico coincidió temporalmente con la expansión paramilitar y con la llegada de cultivos de palma, minería ilegal y economías del narcotráfico a la región. El derecho ganado en el papel se cruzó, en el terreno, con un desplazamiento forzado que en algunos municipios pacíficos alcanzó proporciones dramáticas. Reconocerse pluriétnicos no bastó para proteger a los pueblos étnicos.
Colombia se reconoció diversa en 1991, pero se resistió a serlo del todo. El molde andino, mestizo y centralista no desapareció con el nuevo texto constitucional: se retiró a las prácticas administrativas, a los presupuestos, a la lentitud reglamentaria, a las omisiones cotidianas. La nación pluriétnica es, en muchos sentidos, una nación de papel que sigue esperando su versión encarnada.
Una identidad que se escribe desde abajo
Frente a la empresa letrada que construyó la nación desde arriba —Comisiones Corográficas, Constituciones, manuales escolares avalados por la Academia—, existió siempre otra vía. La identidad colombiana también se hizo desde abajo, desde las periferias culturales, desde las voces que no cabían en el molde. La cumbia fue una de esas voces: madre autoproclamada de todos los ritmos caribeños colombianos, articuladora de la diversidad étnica y social del país, expresión de una nación distinta a la que dibujaban los constitucionalistas. Con Tomás Carrasquilla, el habla popular entró a la literatura. Con Gabriel García Márquez, la riqueza cultural del Caribe encontró su forma universal: quienes leyeron Cien años de soledad en la Costa reconocieron en la novela no una invención mágica sino una descripción reconocible.
Ese desplazamiento del centro al margen tuvo también su correlato en la escritura de la historia. Germán Arciniegas, adscribiéndose a la tendencia decimonónica de popularización del pasado, desarrolló un estilo ameno de divulgación orientado a un público amplio, principalmente a través del periódico y las revistas; sus libros nacieron de la compilación de artículos periodísticos sobre temas colombianos y latinoamericanos, y contribuyeron a que la historia dejara de ser patrimonio exclusivo de la Academia. Fue una forma menor de disputar el monopolio letrado, pero disputa al fin.
La historia del arte colombiano promulgada desde el siglo XIX ignoró manifestaciones de muchas regiones del territorio e impuso una adjetivación nacional que privilegiaba ciertos contextos geográficos sobre otros. La reparación de esa ceguera —como la reparación de tantas otras cegueras del proyecto nacional— sigue en curso.
Coda: la pregunta que queda abierta
Al final del recorrido, la identidad nacional colombiana se deja describir mejor por lo que no consiguió ser que por lo que sus arquitectos quisieron. No consiguió ser una síntesis hispano-católica sin resistencias, porque las regiones no se dejaron disolver. No consiguió blanquearse por decreto, porque los cuerpos y los ríos siguieron siendo los que eran. No consiguió enseñarse en los manuales como una línea recta de próceres, porque los pueblos indígenas y afrocolombianos escribieron, con sus movilizaciones, un contrarrelato que la Constitución de 1991 tuvo que registrar. Y no consiguió, tampoco, que ese reconocimiento constitucional se tradujera en una redistribución efectiva del poder de definir el país.
Lo que hay, después de dos siglos, no es una síntesis sino una acumulación de pendientes. La ETI sin reglamentar, la Ley 70 aplicada a medias, el Registro Único de Víctimas leído como un mapa de la desigualdad, el léxico racial —trigueño, moreno, blanco— circulando intacto en la conversación cotidiana, el catolicismo de Estado erosionándose sin acabar de retirarse: cada uno de estos residuos es una decisión aplazada. La pregunta por lo colombiano no admite hoy una respuesta que la clausure; admite, en cambio, un inventario cada vez más largo de quienes han tenido derecho a formularla.
Preguntar hoy qué es la identidad nacional colombiana es preguntar quién tiene el poder de definirla y quién queda por fuera de la definición. Es una pregunta política antes que cultural. Y es, sobre todo, una pregunta que se responde en las prácticas cotidianas del Estado y de la calle: en un juzgado que reconoce o niega un territorio colectivo, en un currículo escolar que decide a quién enseña, en una emisora que elige qué suena a las ocho de la noche. Un país que aún se está imaginando, y que todavía discute, en voz alta, con qué materiales quiere hacerse.
En el archivo
4 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Independencia1810–18311
02República Liberal1930–19462
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Comisión Corográfica — instrumento estatal que cartografió y clasificó el territorio y sus tipos humanos, construyendo la imagen visual de la nación mestiza y andina
- 02Regeneración — proyecto político-cultural de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro que refundó la identidad nacional sobre bases hispano-católicas y centralistas mediante la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887
- 03Mestizaje — concepto central en los debates identitarios colombianos del siglo XIX y XX, disputado entre quienes lo valoraban como síntesis nacional y quienes lo veían como etapa transitoria hacia el blanqueamiento
- 04Centralismo — principio político que articuló la construcción identitaria desde Bogotá, oponiéndose a las lealtades provinciales y regionales que fragmentaban la nación
- 05Multiculturalismo — horizonte alternativo que emergió frente al relato mestizo-católico, visibilizando a las comunidades indígenas y afrodescendientes históricamente excluidas del proyecto nacional dominante
- 06Gran Colombia — experimento político (1819-1831) cuya disolución constituyó la fractura fundacional que condicionó toda la construcción posterior de la identidad nacional colombiana
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
58 documentos · 62 fragmentos
01Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 341 cita
[1]mutación de las naturalezas diferenciadoras antiguas 29 Zea, “Manifiesto a los Pueblos de Colombia”. xxxv Introducción en tres identidades nacionales distintas, lo cual significaba la formación de tres Estados soberanos distintos. El resultado de esta tensión de identidades contrapuestas es bien conocido, pues tras…
p. 34
02Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 10, 133 citas
[2]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…
p. 1
[23]hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…
p. 13
[61]propio Vargas Vila, José Asunción Silva, José Eustasio Rivera y Baldomero Sanín Cano. Sus libros se publicaron en las principales editoriales de América Latina y se tradujeron a varias lenguas. Los temas predilectos y recurrentes fueron Colombia y el mundo latinoamericano. Su método de trabajo lo llevó a conformar un…
p. 10
03Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 cita
[3]Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…
p. 33
04Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2511 cita
[4]in- tolerable for everyone. Similar to the Comunero Revolt, people had a sense of what represented a just burden of recruitment, taxes, and po- litical control and what required protest. Yet, with the exception of Rio- hacha, whose inhabitants showed their democratic spirit as early as Sep- tember , Caribbean…
p. 251
05Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2511 cita
[5]in- tolerable for everyone. Similar to the Comunero Revolt, people had a sense of what represented a just burden of recruitment, taxes, and po- litical control and what required protest. Yet, with the exception of Rio- hacha, whose inhabitants showed their democratic spirit as early as Sep- tember , Caribbean…
p. 251
06Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 971 cita
[6]Libertador. El uniforme es de gala y destinado a la representación, no es un uniforme funcional de guerra y fue parte de una iconografía constante de la primera mitad del siglo xix que los pintores de la na - ciente república resaltaron y, con esto, hicieron imposible que pudiera pensarse en el héroe de otro modo. El…
p. 97
07Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 181 cita
[7]se manifestó en la empresa construc- xl tora de la nacionalidad, que fue su fruto inmediato; se hizo patente en la lucha por defender nuestras fronteras y conservar la integridad del territorio; se mostró en los enfrentamientos partidistas y en la sangría de las guerras civiles; se tradujo en más de una inestabilidad…
p. 18
08La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 1081 cita
[8]S. Wood, La création de la République américaine, 1776-1787 La construcción del ciudadano en Colombia, como categoría política y social, fue el resultado de un proceso que comenzó a delinearse en las juntas revolucio- narias de 1810, cuando el pueblo asumió la soberanía. Los colegios electorales y las constituciones…
p. 108
09Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 2441 cita
[9]Albert Museum, Londres) de Millet, cada uno de los oficios representados muestra a sus actores en posición de trabajo, en la sencillez y humildad de sus atuen- dos, y en la necesidad de ser rescatados y dignificados por la mano del artista. Verónica Uribe Hanabergh 245 § vii. La Comisión Corográfica Hay un acuerdo con…
p. 244
10La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1261 cita
[10]mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…
p. 126
11Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 161 cita
[11]Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…
p. 16
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 621 cita
[12]país a colaborar en la gu erra de independencia. Ahora, en tiempo de paz, Codazzi recorría el país acompañado de jóvenes neogranadinos para el levantamiento de mapas y la redacción de tratados de botánica, geografía, mineralogía y descripción de grupos humanos. Bajo esta empresa se desa rrollaron los primeros mapas…
p. 62
13La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1861 cita
[13]llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…
p. 186
14Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1041 cita
[14]econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…
p. 104
15Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 131 cita
[15]y determinar grandes principios homogeneizadores desde la distancia. Ello es evidente en el acápite “ Aspecto del país” de la Comisión,4 donde además está presente la idea de Von Humboldt sobre la unidad dentro de la multiplicidad en paisajes interrelacionados (Sánchez 1999: 6).5 La visión paisajística incidía en la…
p. 13
1630 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1411 cita
[16]que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…
p. 141
17De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[17]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
18De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[18]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
19Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[19]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
20Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[20]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
21Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3481 cita
[21]el Concordato es una consecuencia lógica de lo estatuido por la Constitución. Joaquín Fernan- do Vélez había sido nombrado repre- sentante del gobierno de José Eusebio Otálora ante la Santa Sede, pero sin ins- trucciones. Regresa al país para par- ticipar en la defensa del gobierno de Núñez en la guerra civil (1885) y…
p. 348
22Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 801 cita
[22]chosen. Critics immediately emphasized the immoderate age of the Nationalist candidates and one pundit described their choice as an example of "political paleontol- ogy."22 Sanclemente, a native of Buga, Cauca, was eighty-three years old in 1897. Given his age and poor health (critics said he was senile), it was…
p. 80
23Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[24]el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…
p. 39
24Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2301 cita
[25]1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…
p. 230
25Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[26]a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…
p. 63
26El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[27]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
27Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1041 cita
[28]superior anterior a la muisca. Otros intelectuales de la época llegaron a sostener ideas muy diferentes a las de Zerda. Manuel Uribe, en Compendio histórico del departamento de Antioquia, defendió la idea de que los habitantes de Antioquia no habían alcanzado un grado de desarrollo nota- ble. Este autor planteó,…
p. 104
28Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2941 cita
[29]a las específicas sedimentaciones de la alteridad. Y esto no es un asunto únicamente del presente. Para poner un ejemplo, las disímiles maneras en que el racismo científico se materializa en debates y medidas eugenésicas en Argentina o Colombia se comprenden en relación con el lugar de la diferencia en las dos…
p. 294
29Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 531 cita
[30]to conclude, “Very few countries give less impor- tance to race than this one. Whites, blacks and Indians live together and mix without any fuss; and this indifference has been and continues to be so much the case that in the national statistics gathering these [ethno-racial] questions have been totally ignored.” 27…
p. 53
30Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 961 cita
[31]a veces. Así lo son también en su carácter, en su sensibilidad, en su idiología, por donde nos viene el que aún no hayamos concebido cultura propia, seamos tan difíciles de gobernar, tan escépticos, tan crí- ticos e individualistas. Anarquía biológica en que los elementos, como las matrices en que se va a fundir y…
p. 96
31Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1142 citas
[32]suelos fueron preservados gracias al complejo modo de producción bajo sombrío; la introducción de una nueva variedad hizo creer que era posible simplificar la producción evitando la plantación de los árboles para el sombrío, pero hoy, para poder competir internacionalmente algunos propietarios han retornado a esta…
p. 114
[33]al complejo modo de producción bajo sombrío; la introducción de una nueva variedad hizo creer que era posible simplificar la producción evitando la plantación de los árboles para el sombrío, pero hoy, para poder competir internacionalmente algunos propietarios han retornado a esta solución, más compleja y menos…
p. 114
32Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 681 cita
[34]al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…
p. 68
33Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 1051 cita
[35]immigration of Chinese, Hindus, and Turks (Otomanos), but encouraging European immigration. That same year a writer for El Tiempo protested Tropical Oil’s use of Jamaican guest workers in its Colombian fields, a charge the company “enthusiastically denied.” Still, the editorialist concluded, “we hope the government…
p. 105
34Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 921 cita
[36]racialización de la persona a quien sea atribuido. La posibilidad de intercambiar “trigueño” y “blanco” hace que una persona que sea descrita (o se descri ba a sí misma) como tal, pueda ser inscrita en esa “raza”, como comprueba el uso de expresiones como “blanco/a, trigueño/a” utilizadas en algunos anuncios de…
p. 92
35Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 51 cita
[37]these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…
p. 5
36Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 291 cita
[38]a hot spot of the Pacific Ring of Fire. Medellín, north of the main coffee zone, is an important commercial and industrial hub of west-central Colombia, serving as a marketplace for coffee from the south and mineral wealth from surrounding Antioquia and the Chocó. It is also the most developed industrial and…
p. 29
37Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · p. 341 cita
[39]entre otros, fueron gentes que escribieron con cierto orgullo de su propio lenguaje. Con Carrasquilla, el habla popular ingresa a la literatura, ya que no recurre a un habla gramaticalmente so¿sticada, separada de las formas lingüísticas del pueblo. Ven ustedes, pues, cómo 31 se expresa la estructura económica en la…
p. 34
38Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11 cita
[40]1 The Llanos Frontier on the Eve of La Violencia The attraction of the Llano is irresistible. It can happen that it may produce a de- formation of the spirit and that men, accustomed to the comforts and advantages of what is called civilization, will become fond of what there is in the plains, in the hatos, in the…
p. 1
39Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 2581 cita
[41]caveats regarding the analytical declaration of counterpublics, see Briggs (2004). 13. As should be clear, I also want to suggest that the inverse is true: scholars of language will often find in popular music a highly fertile terrain for the cultivation of language ideologies. 11. On Music and Colombianness Toward a…
p. 258
40Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3011 cita
[42]que alcanzan lo más recóndito del alma y despiertan pasiones profundas, conectando el espíritu con la tierra de su nación. Al final todos quedan no bañados en sudor, sino humedecidos por la pureza de la lluvia, la promesa de los ríos, empapados por las posibilidades infinitas de un nuevo día. La mañana siguiente al…
p. 301
41Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3291 cita
[43]vertiente mayor en el humor regional colombiano. Considero como vertiente mayor a aquella que, por el entorno cultural que revela, por la forma peculiar como se expresa (no sólo el lenguaje, sino el esquema narrativo) y por la particularidad de estas características (no se parecen a las de otros tipos, no podrían…
p. 329
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[44]políticos representan «esa rancia cúspide regional acos- tumbrada a manejar haciendas, predios, casas comerciales y oficinas públicas, con los mismos criterios especulativos y endogámicos» 60. Es un sistema que las nuevas élites políticas han replicado con cierto éxito 61. Cabe señalar también, como lo recuerda Fals…
p. 46
43Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 121 cita
[45]los estig- mas a nuestro mundo desde el país andino. En 2005 tuve la fortuna de dirigir la vii Cátedra Ernesto Restrepo Tirado del Museo Nacional de Colombia sobre «El Caribe en la nación colombiana», y allí, como se lee en sus memorias, el antropólogo Carl Langebaek confirma cómo desde la Conquista hasta nuestros…
p. 12
44A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 112 citas
[46]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[47]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
45Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1071 cita
[48]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…
p. 107
46Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 3171 cita
[49]sancione los actos de discriminación racial y que cumpla con los estándares internacionales en la materia. Por otro lado, la legislación que se dirige a la población afrocolombiana intenta de- sarrollar y garantizar los derechos culturales de dicha población y atacar algunos as- pectos puntuales en los que las…
p. 317
47"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 4881 cita
[50]del Cauca ha sido visto como un departamento habitado por blancos y paisas. A juicio de los dirigentes afros, se ha querido mostrar que lo “afro se origina a partir del desplazamiento, presentándose a los negros como ve- nideros en el Valle” 325. A juicio de los dirigentes afrocolombianos, se considera que en el Paci…
p. 488
48Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 1571 cita
[51]se considera- ran nacionalidades distintas y por tanto se declarara al Estado co- lombiano como plurinacional, (() que la propiedad del subsuelo en los territorios indígenas perteneciera a las comunidades asen- tadas en ellos, (') que se concediera nacionalidad colombiana por nacimiento a todos los miembros de pueblos…
p. 157
49Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 3671 cita
[52]Restrepo, 1997]. Después de la Constitución de 1991 se instituyó el carácter pluriétnico y multicultural de la nación, lo negro y lo indígena son el referente de lo diferente en relación con dicha sociedad. Ahora bien, nosotros partimos de la hipótesis de que existen diversas etnicidades (este caso negras) y que…
p. 367
50Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 341 cita
[53]étnicos afectados por el conflicto armado que aborda el capítulo tres. Los siguientes tres anexos presentan diferentes casos de profundización específicos documentados por la Comisión para cada pueblo étnico en el marco del conflicto armado: el anexo 4, de los pueblos indí- genas; el anexo 5, de los pueblos negro,…
p. 34
51Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 681 cita
[54]parque naturales, las tierras comunales de grupos étnicos, las tierras de resguardo, el patrimonio arqueológico de la nación y los demás bienes que determine la ley, son inalienables, imprescriptibles e inembargables. Artículo 70. El estado tiene el deber de promover y fomentar el acceso a la cultura de todos los…
p. 68
52Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 921 cita
[55]pluricultural: «El Estado reconoce y protege la diversidad étnica de la nación colom- biana» 219. También dispuso la creación de los departamentos, distritos y municipios, estos últimos definidos como la «entidad fundamental de la división político-admi- nistrativa del Estado» 220. Respecto de los territorios…
p. 92
53Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1461 cita
[56]la cuestión ecológica promovida por Misael Pastrana; la Fiscalía de gran tamaño impulsada por Gómez Hurtado, tema en el cual derrotó al Gobierno, y la configuración del Consejo Superior de la Judicatura como un cuerpo de corte jurídico, una alta magistratura, la más importante de todas, me dijo alguna vez Gómez…
p. 146
54La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[57]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
55Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 2171 cita
[58]in parrandas animated them with sounds other than accordion music, and when they played regional folklore, it was on guitars and during the earliest stages of the parranda, rarely at prime time. 19 The elites’ preferences for classical music, pianos, and guitars defined the contours of regional mass culture,…
p. 217
56Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 1761 cita
[59]por mitades el verso, empezaron a cantar el estribillo de «que se quema el monte, déjalo quemar, que la misma cepa vuelve a retoñar». Yo no sé qué calificativo darle a este baile; si airoso, elegante o arrebatador; apenas oye uno su música, quisiera bailar o gritar y, ¡cosa extraña!, es triste el bambuco también…
p. 176
57Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 311 cita
[60]desco- nocida para mí, gracias en parte a la cantidad de culturas presentes, a la inmigración de árabes y europeos que se habían mezclado con lo indígena y con lo afro. Esa exuberancia me con- quistó enseguida. Aprendí a bailar, a reladonarme con mucha- chas muy francas, a enamorarme. Toda mi formación académica, 35…
p. 31
58Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 5501 cita
[62]por ejemplo, al arte prehispánico o colonial colombiano para mencionar manifestaciones y producciones artísticas del pasado en cartografías nacionales que le fueron ajenas. ¿Qué hace al arte “colombiano”? ¿Su origen local, la nacionalidad de sus artífices, su permanencia en el país? Parecieran más los límites que las…
p. 550