Idea transversal
Asamblea Constituyente
En Colombia, la Asamblea Constituyente ha sido el mecanismo de refundación política por excelencia: un dispositivo que las élites en crisis convocan para liquidar un orden agotado y fundar otro, casi siempre bajo la presión de una violencia que las desborda. Su historia oscila entre la reforma pactada por arriba y la promesa de una soberanía popular que rara vez se cumple del todo.
Trayectoria de una idea
- 1821
Congreso de Cúcuta: primera Constitución nacional
- 1863
Convención de Rionegro: la utopía radical federalista
- 1886
Consejo Nacional Constituyente de la Regeneración: la Carta de 1886
- 1952
Convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente (ANAC) de Laureano Gómez
- 1957
Plebiscito del Frente Nacional: clausura de la vía constituyente
- 1988
Propuesta Barco y fracasos de la reforma constitucional ordinaria
- 1990
La Séptima Papeleta y la convocatoria por decreto de estado de sitio
- 1991
Asamblea Nacional Constituyente de 1991: la Constitución del Estado social de derecho
La lectura
La Asamblea Constituyente en Colombia no ha sido un procedimiento técnico sino un acto político de ruptura: cada vez que el país la ha convocado, lo ha hecho porque el orden vigente había perdido la capacidad de repararse a sí mismo. Desde Cúcuta hasta 1991, el patrón se repite con variaciones: una coalición dominante que necesita refundar el pacto, una violencia que la desborda y un texto constitucional que traduce la nueva correlación de fuerzas en norma suprema. La paradoja más aguda del ciclo constituyente colombiano es que el proceso más democrático de su historia —la Constituyente de 1991— nació de decretos de estado de sitio, el mismo mecanismo de excepción que la nueva Carta se propuso limitar. Esa tensión entre la legitimidad popular invocada y los medios de excepción utilizados para convocarla atraviesa toda la historia del constitucionalismo colombiano y revela el límite estructural de un país que ha necesitado refundarse varias veces sin terminar de resolver quién tiene la última palabra sobre las reglas del juego.
En Colombia, la Asamblea Constituyente ha sido menos un procedimiento neutro que un dispositivo de refundación política: un mecanismo que las élites en crisis convocan para liquidar un orden agotado y fundar otro a su medida, casi siempre bajo la presión de una violencia que las desborda. Desde la Convención de Rionegro hasta la de 1991, cada gran asamblea colombiana ha respondido a una coalición dominante que necesitaba refundar el pacto —los liberales radicales tras la guerra de 1860, los regeneradores tras el agotamiento del federalismo, los partidos tradicionales junto a las guerrillas desmovilizadas y el movimiento estudiantil a comienzos de los noventa— y ha usado el voto popular como legitimación de una operación que las cúpulas ya habían decidido, o que se habían visto obligadas a abrir. Su historia oscila entre la reforma pactada por arriba y la promesa siempre incumplida de una soberanía por abajo.
Qué es una Asamblea Constituyente
Una Asamblea Constituyente es el cuerpo, elegido por voto popular o convocado por una autoridad de facto, que asume el poder de redactar una nueva Constitución o reemplazar la vigente sin someterse a los procedimientos ordinarios de reforma. Es, por definición, un acto de discontinuidad: no reforma dentro del orden existente, sino que produce uno nuevo. De ahí que su convocatoria haya sido en Colombia un asunto casi siempre litigioso, envuelto en decretos de excepción, fallos judiciales y disputas sobre quién tiene la potestad de refundar la República.
Su distinción respecto de una reforma parlamentaria es capital. Cuando el Congreso reforma la Carta, lo hace desde adentro y respetando sus propios límites; cuando una Constituyente actúa, se sitúa por encima de los poderes constituidos y puede reorganizarlos por completo. Esa capacidad de trascender el orden vigente explica por qué, en la historia colombiana, la vía constituyente ha aparecido siempre en momentos en que el sistema parecía incapaz de repararse: el bloqueo del Congreso, la parálisis del Ejecutivo, la deslegitimación de los partidos tradicionales.
Las constituciones fundacionales y el ciclo republicano
Los primeros textos constitucionales colombianos fueron obra de asambleas provinciales tras el Grito de Independencia: Cundinamarca, Tunja, Antioquia, Cartagena y Mariquita redactaron cada una su carta local entre 1811 y 1815, en un mosaico que reflejaba la fragmentación política del momento. Ninguna de esas cartas fundó una república: eran actos constituyentes de provincias que apenas empezaban a discutir si formarían un pacto común. Discutían fronteras, jurisdicciones, la relación con la Iglesia, el peso de las capitales provinciales frente a Santafé; cada carta era, en el fondo, una apuesta sobre la escala misma de la política.
La primera Constitución nacional propiamente dicha vino con el Congreso reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta en 1821. Bajo la conducción política de Simón Bolívar y con Francisco de Paula Santander asumiendo la vicepresidencia, aquella asamblea proclamó la Constitución de la República de Colombia, un texto que consagraba una república centralista y que, en su artículo 156, reconocía la libertad de imprenta sin censura previa, con responsabilidad posterior conforme a las leyes. Cúcuta fijó una gramática que se repetiría durante el siglo: el constituyente como espacio donde una élite triunfante escribe las reglas del país que ha logrado unificar por las armas.
Ese ciclo se prolongó con la Convención de Ocaña de 1828 —fallida— y con las cartas sucesivas de la Nueva Granada, cada una traducción jurídica de una nueva correlación de fuerzas entre bolivarianos y santanderistas, centralistas y federalistas, curas y militares. Pero el momento verdaderamente refundacional del siglo XIX no llegó hasta que el general Tomás Cipriano de Mosquera y los liberales radicales, tras derrotar al gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez en la guerra civil de 1860-1862, convocaron la Convención de Rionegro.
Rionegro, 1863: la utopía radical
La Convención abrió sesiones en febrero de 1863 en aquel pueblo antioqueño y proclamó la Constitución Política de los Estados Unidos de Colombia. Fue el gesto constituyente más audaz del siglo XIX colombiano: dividió el país en nueve estados soberanos, redujo drásticamente el poder del Ejecutivo nacional, fijó períodos presidenciales de dos años sin reelección inmediata y consagró un catálogo amplio de libertades individuales.
Rionegro abolió por completo la pena de muerte, gesto que le valió el elogio de Víctor Hugo desde París. Fue también la primera Carta colombiana que no comenzó con la invocación En nombre de Dios, en un contexto donde las relaciones entre la Iglesia y el Estado eran uno de los temas centrales del debate. Los radicales no solo escribían una Constitución: escribían el proyecto de una república laica, federal y libertaria, en abierta ruptura con el orden confesional heredado de la Colonia. Detrás del texto había una generación entera —Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Salvador Camacho Roldán— convencida de que la libertad individual y la desamortización de bienes de manos muertas bastarían para modernizar al país por decreto.
El costo de esa audacia fue la debilidad estructural del Estado que fundó. Con un Ejecutivo maniatado, estados soberanos con sus propias milicias y períodos presidenciales tan cortos que apenas permitían gobernar, los Estados Unidos de Colombia quedaron a merced de las guerras civiles regionales y de las facciones armadas. La Constitución más liberal de América Latina en su época fue también la que menos duró en pie sin ser sacudida por el conflicto: entre 1863 y 1886, más de cuarenta insurrecciones locales pusieron a prueba un pacto que había confiado en la buena fe de sus firmantes.
La Regeneración y la Carta de 1886
Rafael Núñez llegó a la presidencia en 1880 con un programa explícito de retorno a la autoridad y fortalecimiento del gobierno central. Reelegido en 1884, se alió con el Partido Conservador y con Miguel Antonio Caro, el más lúcido pensador conservador de su generación y un defensor irrestricto de la Iglesia católica. La Regeneración se propuso, en palabras del propio Núñez, sustituir el federalismo agónico por un orden nacional capaz de gobernar. La consigna que resumía el programa —regeneración administrativa fundamental o catástrofe— hablaba menos de reforma que de rescate.
El 4 de agosto de 1886, el Consejo Nacional Constituyente —integrado por delegatarios designados por los estados, no elegidos por voto popular— sancionó la nueva Constitución. La firmaron representantes del Cauca, Cundinamarca, Antioquia, Bolívar y Boyacá, y su redactor intelectual fue Caro. La Carta de 1886 revirtió el modelo de Rionegro casi punto por punto: recentralizó el país, restauró el vínculo entre Iglesia y Estado, alargó los períodos presidenciales y devolvió al Ejecutivo los amplios poderes que los radicales le habían arrebatado.
La de 1886 no fue el fruto de una Asamblea elegida por el pueblo, sino de un cuerpo delegatario reunido bajo el ala del gobierno. Ahí reside una de las claves del constitucionalismo colombiano del siglo XIX: la refundación se hizo por arriba, sin apelar a la soberanía popular directa, y su legitimidad descansaba en la victoria política y militar del bando regenerador más que en un mandato de las urnas. Esa Carta rigió al país durante 105 años, atravesando la Guerra de los Mil Días, la pérdida de Panamá, la República Liberal, la Violencia y el Frente Nacional, adaptada a golpe de reformas parciales pero nunca sustituida.
El intento frustrado de Laureano Gómez y el bloqueo del Frente Nacional
A comienzos de los años cincuenta, en plena Violencia bipartidista, Laureano Gómez impulsó la sustitución de la Constitución de 1886 por un estatuto con rasgos corporativistas, en un período en que fue visible la influencia que ejerció sobre él la organización del Estado español. El Congreso de 1951 aprobó en primera legislatura el proyecto de acto legislativo que convocaba una Asamblea Nacional Constituyente. El 9 de diciembre de 1952, con Roberto Urdaneta Arbeláez encargado de la presidencia, la convocatoria recibió sanción tras su aprobación en segunda legislatura.
La ANAC de 1953 nunca produjo la Carta corporativista con la que Gómez había soñado. El golpe de Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de aquel año, interrumpió el proyecto original y transformó por completo la función del cuerpo. En lugar de disolverla, el nuevo régimen la absorbió y la convirtió en su principal órgano de legitimación jurídica.
Rojas la utilizó para ratificar su propio nombramiento como presidente, primero para completar el período de Gómez y luego, en 1954, para extenderlo hasta 1958. Bajo el régimen militar, la ANAC reconoció el voto de las mujeres en 1954 y sirvió de escenario a la reorganización de las relaciones entre el Ejecutivo y una oposición bipartidista cada vez más incómoda con la deriva personalista del gobierno.
Lo que había nacido como instrumento del proyecto conservador terminó siendo, sucesivamente, herramienta de un régimen militar y, en su fase final, escenario de la conjura que lo derribó: en 1957, con Rojas ya debilitado, los partidos tradicionales reformaron la propia ANAC para convocar el Plebiscito y allanar el camino al Frente Nacional. Su disolución posterior clausuró el episodio con una lección incómoda: un cuerpo constituyente sin arraigo en el voto popular podía mudar de amo tantas veces como cambiara la coalición dominante.
La caída de Rojas en 1957 y el pacto entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez —el Frente Nacional— desplazaron cualquier proyecto de refundación por otra ruta: la alternancia pactada entre liberales y conservadores. El Plebiscito de 1957, que dio origen al Frente Nacional, blindó ese arreglo con una cláusula decisiva: la única forma de reformar la Constitución sería en adelante el Congreso de la República. El propósito, explícito, era evitar caudillismos que apelaran a la opinión de las masas. Lo que quedaba clausurado, en la práctica, era la vía constituyente. La reforma quedaba en manos de quienes se beneficiaban de las prácticas políticas que cualquier reforma profunda debería tocar.
Ese bloqueo produjo, durante tres décadas, un régimen paradójico. Entre 1958 y 1990, alguna forma de estado de sitio estuvo vigente en más del 80% del tiempo. La Constitución de 1886 concedía al Ejecutivo poderes de emergencia amplios y poco restringidos, y los presidentes liberales y conservadores del Frente Nacional los usaron con tal regularidad que la excepción se volvió norma. Colombia era, formalmente, una democracia constitucional; en la práctica, un país gobernado por decreto, donde el Congreso se limitaba a ratificar lo que el Ejecutivo ya había resuelto bajo el amparo del artículo 121.
Los años ochenta: la crisis que empujó hacia la Constituyente
La década de los ochenta consumó el divorcio entre una sociedad dinámica y violenta y una clase política fosilizada. La población había dejado de confiar en sus jueces y en sus policías. Tres frentes convergieron para empujar al país hacia una salida constituyente.
El primero fue el narcotráfico. Los carteles asesinaron a periodistas críticos como Guillermo Cano y Jorge Enrique Pulido. Hicieron explotar las sedes de El Espectador y Vanguardia y el edificio de la inteligencia estatal. Acumularon más de seiscientos atentados en diez años. En el período electoral de 1989-1990 cayeron tres candidatos presidenciales: Luis Carlos Galán en agosto de 1989, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez en 1990. Antes había sido asesinado Jaime Pardo Leal, candidato de la Unión Patriótica. El narcotráfico actuaba en alianza con sectores políticos y con estructuras paramilitares que la propia contrainsurgencia estatal había alimentado.
El segundo frente fue el de las guerrillas. El M-19 declaró un cese unilateral del fuego el 2 de abril de 1988 y se desmovilizó el 9 de marzo de 1990 mediante el Acuerdo de Corinto, entregando las armas con 900 combatientes. El EPL, el PRT y el Movimiento Armado Quintín Lame aceleraron sus negociaciones en 1990, convencidos de la futilidad de su proyecto militar. Las FARC y el ELN, en cambio, rechazaron los acuerdos. Las FARC ampliaban su presencia en nuevas zonas y veían crecer los ingresos derivados de la protección a los cultivos de coca; el ELN también estaba en expansión.
El tercer frente fue el fracaso de la reforma constitucional por vía ordinaria. En enero de 1988, el presidente Virgilio Barco propuso una consulta popular para derogar el artículo 13 del Plebiscito de 1957, que impedía reformar a fondo la Carta. Los intentos posteriores de su gobierno naufragaron entre decisiones judiciales y la actitud de un Congreso que intentaba introducir en las cláusulas de reforma disposiciones sobre la prohibición de la extradición, sabotaje que hundió el trámite. La vía parlamentaria estaba cerrada precisamente porque los actores llamados a abrirla eran los que menos deseaban hacerlo.
La Séptima Papeleta y la convocatoria por decreto
Fue el movimiento estudiantil el que rompió el bloqueo. Una marcha del silencio en Bogotá, tras el asesinato de Galán, movilizó a más de 15.000 jóvenes de universidades públicas y privadas. De allí surgieron dos colectivos —Todavía Podemos Salvar a Colombia y el Movimiento Estudiantil por la Constituyente— que impulsaron la iniciativa conocida como Séptima Papeleta: una votación adicional, ciudadana e informal, incluida en las elecciones legislativas de marzo de 1990 —en las que se elegía Senado, Cámara, asambleas departamentales, concejos municipales, alcaldes y consultas de los partidos— para apoyar la convocatoria a una Asamblea Constituyente. De ahí el nombre: una séptima papeleta sumada a las seis oficiales, que los ciudadanos debían depositar por su cuenta porque la organización electoral no la reconocía. Los dos grupos estudiantiles se distinguieron en composición y actividades, y sobre todo en su postura frente a participar directamente en la Asamblea; cuando esa participación se concretó meses después en las elecciones para constituyentes de diciembre de 1990, su presencia electoral fue marginal: apenas el 2,5% de la votación por listas para elegir a los 70 delegatarios.
La Séptima Papeleta no tenía valor jurídico, pero produjo un hecho político incontestable: la ciudadanía había pedido lo que el Congreso no había querido dar. El presidente Barco, primero, y César Gaviria, después, se apoyaron en esa señal para emitir decretos de estado de sitio que convocaron formalmente la Asamblea. Gaviria utilizó las facultades del artículo 121 de la Constitución de 1886 y el Decreto 1038 de 1984 —que había declarado turbado el orden público seis años antes— como base jurídica. Los dos decretos fueron avalados por la Corte Suprema de Justicia, que ejercía entonces el control constitucional.
Aquí se instala una de las paradojas más agudas del constitucionalismo colombiano, señalada por Alfonso Gómez Méndez: la Constitución que vendría a frenar los abusos del estado de sitio nació precisamente a través de decretos de estado de sitio. El expresidente Alfonso López Michelsen criticó el fallo judicial que habilitó el proceso y expresó reservas sobre el movimiento estudiantil que lo había presionado.
La Asamblea de 1991
La Asamblea Nacional Constituyente se instaló el 4 de febrero de 1991 en el salón Elíptico del Congreso, con 70 miembros elegidos por voto directo: fue el primer cuerpo constituyente en la historia de Colombia elegido de esa forma. Sus tres copresidentes encarnaban la coalición imposible que la había convocado: Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano y líder del Movimiento de Salvación Nacional, de estirpe conservadora; Antonio Navarro Wolff, exguerrillero del M-19; y Horacio Serpa Uribe, de filiación liberal. Que Navarro compartiera la presidencia con Álvaro Gómez —quien años atrás había sido secuestrado precisamente por el M-19— era, en sí mismo, una declaración sobre la naturaleza refundacional del momento.
La Asamblea integró al Partido Liberal, al Movimiento de Salvación Nacional, al M-19 desmovilizado, a representantes de minorías indígenas y afrodescendientes, y a delegados de la izquierda civil. La perspectiva de participar en ese cuerpo había funcionado como incentivo decisivo de desmovilización: el EPL, el PRT y el Quintín Lame aceleraron sus negociaciones y entregaron las armas en 1991 con el propósito explícito de participar en la formulación de la nueva Carta. Las FARC y el ELN, que rechazaban el desarme como condición previa, quedaron por fuera.
La Constitución fue proclamada el 4 de julio de 1991. Su contenido rediseñó el orden institucional. Creó la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Estableció la acción de tutela como mecanismo ágil de protección de derechos fundamentales —que se convertiría, con el tiempo, en la herramienta constitucional más usada por los ciudadanos colombianos—. Consolidó la descentralización política y administrativa iniciada en 1986 con la elección popular de alcaldes. Definió un catálogo amplio de derechos civiles, económicos y sociales, y dotó a los ciudadanos de acciones populares para reclamarlos ante los jueces. Estableció una circunscripción nacional para la elección de senadores, medida que debilitó a los partidos tradicionales y facilitó la representación de nuevos grupos políticos.
Sobre todo, restringió los poderes presidenciales de emergencia. Después de tres décadas en que el estado de sitio había sido la norma antes que la excepción, los constituyentes impusieron límites temporales, materiales y de control judicial al uso de los poderes de excepción. La misma figura que había convocado la Asamblea quedaba, por decisión de esta, sometida a bridas más estrictas.
Las sombras de la Asamblea
Ningún relato honesto de 1991 puede omitir su zona oscura. La discusión sobre la extradición no llegó tarde ni por sorpresa a la Asamblea: acompañó todo su recorrido. Desde las primeras semanas de sesiones, en febrero y marzo, la comisión encargada de derechos y garantías incorporó la propuesta de prohibir la extradición de nacionales, y a lo largo de abril y mayo el debate se desplegó en dos planos simultáneos que resultan hoy difíciles de separar. Uno era el argumento soberanista, con genealogía propia: la extradición de nacionales había sido rechazada en distintos momentos del constitucionalismo latinoamericano como una cesión intolerable de jurisdicción, y varios constituyentes —liberales tradicionales, exguerrilleros del M-19, delegados regionales— la defendían desde esa convicción, agravada por el argumento pragmático de que la extradición había sido combustible del narcoterrorismo y que prohibirla podía apagar la guerra en las ciudades. El otro plano, oculto pero eficaz, era la operación de soborno organizada por los llamados Extraditables bajo la dirección de Pablo Escobar, que canalizó dinero hacia varios delegatarios a través de intermediarios y buscó garantizar el resultado con antelación al voto.
El 19 de junio de 1991 la Asamblea aprobó el artículo 35, que prohibía la extradición de colombianos por nacimiento, con 51 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Al día siguiente, Pablo Escobar se entregó a las autoridades y fue recluido en una prisión especialmente construida para él en lo alto de una montaña de Envigado, cerca de Medellín. Sería, sin embargo, simplificador atribuir el resultado únicamente al soborno: varios constituyentes que rechazaron el dinero votaron también a favor, convencidos por argumentos de soberanía nacional o por el cálculo de que prohibir la extradición podía desactivar el narcoterrorismo. La paradoja permanece: la Asamblea que se convocó, entre otras razones, para responder a la violencia del narcotráfico, terminó aprobando la reforma que ese narcotráfico exigía.
Esa contradicción se inscribe en una más amplia. Un sector del Estado combatía a los narcotraficantes mientras otro sector era su aliado bajo la justificación de la lucha contrainsurgente; a la vez, un sector de los narcos combatía al Estado para forzar un cambio en la política de extradición. La propia posibilidad de extraditar nacionales había orillado a los capos a pagar protección a autoridades civiles y militares, consolidando el sistema de complicidades entre mandos del Ejército y la Policía y las estructuras narcoparamilitares. La Constituyente no inventó esa maraña, pero tampoco la desanudó: en un punto neurálgico, la ratificó.
Poco más de un año antes, el gobierno y la prensa habían puesto en la picota a la Cámara de Representantes por haber intentado introducir la extradición en un referendo. Cuando la Constituyente hizo algo similar, el escrutinio fue notablemente más benévolo, protegido por la aureola refundacional del momento.
Coalición de élites y presión desde abajo
Es tentador leer 1991 como la primera constituyente auténticamente popular de la historia colombiana. La imagen tiene fundamento —el voto directo, la Séptima Papeleta, la inclusión de exguerrilleros e indígenas— pero conviene sostenerla con matices. El proceso fue convocado por decreto presidencial, negociado entre las cúpulas de los partidos tradicionales, el M-19 desmovilizado y el gobierno de Gaviria; su marco jurídico se construyó sobre el estado de sitio; y su composición numérica final estuvo dominada por los partidos que ya existían.
Al mismo tiempo, sería injusto reducirla a una operación de élites. La copresidencia de Navarro, la circunscripción indígena, la restricción de los poderes presidenciales de emergencia, la tutela como derecho de todos —estas piezas difícilmente habrían salido de una reforma pactada solo por las cúpulas liberal y conservadora en el Congreso—. La presión estudiantil, la desmovilización guerrillera como condición negociada y la crisis de legitimidad que desbordó a los partidos tradicionales forzaron a las élites a abrir un proceso que no controlaban del todo.
La lectura más honesta es dual: la Constituyente de 1991 fue un dispositivo de refundación activado por una coalición de élites en crisis, cuyo resultado quedó determinado por la amplitud y heterogeneidad de la coalición que lograron —o se vieron obligadas a— construir. Fue más inclusiva que cualquier reforma parlamentaria habría permitido, y también más contaminada de lo que la narrativa refundacional admite.
La constituyente como trampa de paz selectiva
Hay una lectura adicional que ilumina por qué el conflicto armado no terminó en 1991. La Asamblea funcionó como incentivo de desmovilización para unos grupos y como umbral inalcanzable para otros. Al M-19, al EPL, al PRT y al Quintín Lame se les ofreció amnistía, circunscripción electoral especial, ministerios y un lugar en la mesa constituyente. A las FARC y al ELN se les exigió el desarme sin el mismo marco de garantías. Desde la perspectiva fariana, el trato dado al M-19 fue cualitativamente superior al marco jurídico que se les ofrecía, que suponía penas de cárcel. Ese contraste alimentó su rechazo a desmovilizarse.
El gobierno lanzó un ataque militar masivo contra Casa Verde, en La Uribe, cuartel general de las FARC, en un momento que coincidió con el proceso constituyente. El Ejército ocupó la zona, pero los dirigentes de las FARC lograron escapar y lo interpretaron como una nueva prueba de la perfidia estatal, elemento que se sumó al relato con el que justificaron continuar la lucha armada. En regiones como el Magdalena, los territorios que habían ocupado el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame fueron ocupados por las FARC y el ELN tras la desmovilización de aquellos. La paz selectiva de 1991 no cerró el conflicto: reorganizó a sus actores.
El asesinato de Carlos Pizarro, ya candidato presidencial después de la desmovilización, no descarriló el proceso —el M-19 lo mantuvo—, pero recordó que el pacto constituyente convivía con estructuras de violencia que la Carta no bastaba para desmontar.
Los ecos posteriores
La Constitución de 1991 ha acumulado cerca de cuarenta reformas desde su promulgación. La transformación más profunda de su contenido, sin embargo, no ha provenido de esas modificaciones explícitas. Ha venido de la labor interpretativa de la Corte Constitucional. Esa Corte —creación de la propia Carta— convirtió la tutela en una herramienta cotidiana y desarrolló jurisprudencialmente derechos que el texto apenas esbozaba. Ante la ausencia de un Estado de bienestar capaz de garantizar administrativamente la salud, la educación o la seguridad social, los ciudadanos han terminado reclamándolos ante los jueces vía tutela. La consecuencia es una arquitectura de poder singular. La Carta de 1991 desplazó el centro de gravedad. Antes estaba en el Ejecutivo, que legislaba por decreto bajo el 121. Ahora está en una Corte Constitucional que legisla por sentencia. El país cambió de amo institucional sin cambiar del todo la costumbre de ser gobernado desde una sola oficina.
La cuestión de una nueva Asamblea Constituyente ha reaparecido varias veces en las dos décadas siguientes, y casi siempre asociada al problema de la reelección presidencial. Los seguidores de Álvaro Uribe Vélez discutieron al menos tres variantes de un Plan B ante la posibilidad de que la Corte Constitucional bloqueara el plebiscito reeleccionista. El 26 de febrero de 2010, la Corte falló 7 a 2 en contra de esa segunda reelección. La figura constituyente aparecía allí no como refundación sino como coartada: la vía para saltar por encima del control judicial cuando este cerraba el paso a una ambición política concreta.
Juan Manuel Santos presentó en 2014 una reforma constitucional —aprobada en 2015— que eliminó la reelección presidencial y la blindó: solo podría reintroducirse mediante referendo de iniciativa popular o Asamblea Constituyente, no por el Congreso. Santos argumentó luego que la Corte había salvado a Colombia del contagio regional del caudillismo.
Las FARC-EP plantearon en las negociaciones de La Habana, al menos hasta julio de 2014, la convocatoria de una Asamblea Constituyente para sellar los acuerdos de paz. La propuesta fue calificada por algunos sectores como riesgo para el proceso, aunque otras voces defendieron que apelar a la figura constituyente era invocar un mecanismo que había sido pieza decisiva en anteriores procesos de paz colombianos y en negociaciones de otros continentes. El acuerdo final, firmado en 2016, no pasó por una nueva Asamblea. Que la guerrilla más antigua del continente pidiera una Constituyente veinticinco años después de haberla desdeñado —cuando el M-19 sí la usó como plataforma de retorno a la vida civil— es, en cierto modo, una confesión tardía de que en 1991 se habían quedado en el lado equivocado del umbral.
Durante el gobierno de Gustavo Petro, la posibilidad de convocar una Asamblea reapareció en el discurso presidencial como respuesta a los bloqueos legislativos y judiciales a su programa de reformas. El planteamiento reactivó de inmediato la vieja discusión sobre si la figura constituyente es un instrumento legítimo de renovación o un recurso al que apelan gobernantes atrapados por las reglas que ellos mismos juraron cumplir.
Balance
Tres momentos y tres coaliciones. Rionegro fue la victoria de los radicales sobre el orden confesional heredado, y produjo una Constitución que casi mató al Estado que la escribió. La Regeneración fue la revancha centralista y católica de un liberalismo desengañado que se alió con el conservatismo, y produjo una Carta escrita por delegados designados que sobrevivió 105 años sin haber pasado nunca por las urnas. La de 1991 fue la respuesta a una crisis que ninguna cúpula podía resolver sola, y produjo el primer texto constitucional colombiano elegido por voto directo, con exguerrilleros e indígenas en la mesa.
De los tres, solo el último sigue en pie. Y sigue en pie no porque haya cerrado la disputa por el pacto, sino porque ha logrado albergarla dentro de sí: cuarenta reformas encima, una Corte Constitucional que reescribe su alcance sentencia a sentencia, un conflicto armado que se prolongó veinticinco años más y una izquierda que llegó al poder por las urnas y ahora invoca la misma figura que refundó al país en el que ganó.
En Colombia, cuando alguien piensa en convocar una nueva Asamblea Constituyente, no está pensando en un mecanismo jurídico. Está admitiendo que la Carta vigente ya no le alcanza, o que quienes gobiernan bajo ella no encuentran cómo hacerlo dentro de sus reglas. Cada convocatoria ha necesitado una coalición capaz de imponerse por las armas, por los votos o por la crisis; y cada Constitución resultante ha reflejado la correlación de fuerzas del momento en que fue escrita. La historia colombiana de las Constituyentes no es la historia de un ideal jurídico. Es la historia de quién, en cada crisis, tuvo la fuerza suficiente para escribir las reglas que los demás tendrían que obedecer.
En el archivo
107 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Pre-independencia1780–18091
02Independencia1810–18311
03Regeneración1886–19292
04República Liberal1930–19461
05La Violencia1946–19576
06Frente Nacional1958–19742
07Crisis y narcotráfico1974–199019
- 1974Crisis y narcotráfico (1974–1990)Época
- 1974Jaime Bateman CayónFicha
- 1979El M-19Pregunta
- 1983Investigación Acción ParticipativaFicha
- 1984Apertura democráticaFicha
- 1984Casa VerdeFicha
- 1984Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL)Hecho
- 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
- 1985Derechos humanosFicha
- 1985Guerrilla urbanaFicha
- 1986Estado de excepciónFicha
- 1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Pregunta
- 1988Virgilio Barco VargasFicha
- 1989La guerra contra la justicia en Colombia (1984–1991)Pregunta
- 1989Luis Carlos GalánFicha
- 1989MagnicidioFicha
- 1989Magnicidios y crisis del bipartidismo (1989–1990)Hecho
- 1989X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilizaciónHecho
- 1991Apertura económicaFicha
08Constitución de 19911991–200243
- 1982Ley 70 de 1993 y el Proceso de Comunidades NegrasHecho
- 1989Desmovilización del M-19 y conversión política (1989–1990)Hecho
- 1989La Constitución de 1991 y su décadaÉpoca
- 1989Muerte de Pablo Escobar y reconfiguración del narcotráfico (1993)Hecho
- 1990Apertura económica y reformas neoliberales en Colombia (1990–1993)Hecho
- 1990Carlos Pizarro LeongómezFicha
- 1990La Asamblea Nacional Constituyente y la Constitución de 1991Hecho
- 1991Acción de tutelaFicha
- 1991Antonio Navarro WolffFicha
- 1991Augusto Ramírez OcampoFicha
- 1991Autonomía indígenaFicha
- 1991Autonomía territorialFicha
- 1991César GaviriaFicha
- 1991El multiculturalismo de la Constitución de 1991Pregunta
- 1991EtnocidioFicha
- 1991Francisco CaraballoFicha
- 1991Fuero militarFicha
- 1991Juan de Dios Mosquera MosqueraFicha
- 1991La Constitución de 1991Pregunta
- 1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoPregunta
- 1991Lorenzo MuelasFicha
- 1991Monopolio de la violenciaFicha
- 1991Multiculturalismo constitucional y derechos étnicos en Colombia (1991–1997)Hecho
- 1991Pluralismo jurídicoFicha
- 1991Sistema Interamericano de Derechos HumanosFicha
- 1991Soberanía fragmentadaFicha
- 1992Rudolf HommesFicha
- 1993Carlos RoseroFicha
- 1993Ley 70 de 1993Ficha
- 1993Titulación colectivaFicha
- 1993Zulia Mena GarcíaFicha
- 1994Nicolás Rodríguez BautistaFicha
- 1995Cultura ciudadana y transformación de Bogotá (1995–2003)Hecho
- 1996Eduardo Cifuentes MuñozFicha
- 1996Soberanía limitadaFicha
- 1996Yolanda Becerra VegaFicha
- 1997Floro TunubaláFicha
- 1997Harold Bedoya PizarroFicha
- 1997Javier Giraldo MorenoFicha
- 1997Urbanización forzadaFicha
- 1998La paradoja del 91: Constitución garantista y expansión paramilitar en ColombiaPregunta
- 2001Kimy Pernía DomicóFicha
- 2003Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresasPregunta
09Seguridad Democrática2002–20163
10Posconflicto2016–presente2
11Transversal—26
- 1886CentralismoFicha
- 1886Identidad nacionalFicha
- 1886Modernización conservadoraFicha
- 1886Pacto de élitesFicha
- 1940IndigenismoFicha
- 1949Estado de sitioFicha
- 1954Sufragio femeninoFicha
- 1957Álvaro Gómez HurtadoFicha
- 1957PlebiscitoFicha
- 1958Democracia restringidaFicha
- 1959Orlando Fals BordaFicha
- 1982Vera GrabeFicha
- 1984Extradición en ColombiaFicha
- 1991Consulta previaFicha
- 1991DescentralizaciónFicha
- 1991El reconocimiento indígena en la Constitución de 1991Pregunta
- 1991Estado social de derechoFicha
- 1991Horacio SerpaFicha
- 1991MulticulturalismoFicha
- 1991Multiculturalismo constitucionalFicha
- 1991Rafael Pardo RuedaFicha
- 1991Resguardo indígena en ColombiaFicha
- 1993Carlos Gaviria DíazFicha
- 1994ConvivirFicha
- 1995Bloque de constitucionalidadFicha
- 2022Gustavo PetroFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Simón Bolívar — presidió el proceso que culminó en la Constitución de Cúcuta de 1821, primera Carta nacional
- 02Rafael Núñez — impulsó la Regeneración y la convocatoria del Consejo Constituyente que produjo la Carta de 1886
- 03Miguel Antonio Caro — redactor intelectual principal de la Constitución de 1886, defensor del centralismo y la Iglesia
- 04Tomás Cipriano de Mosquera — caudillo liberal que convocó la Convención de Rionegro tras la guerra civil de 1860-1862
- 05Laureano Gómez — impulsó la ANAC de 1952-1953 con proyecto corporativista, luego pactó el Frente Nacional que clausuró la vía constituyente
- 06Gustavo Rojas Pinilla — absorbió y transformó la ANAC en instrumento de legitimación de su régimen militar
- 07Virgilio Barco — inició en 1988 el camino hacia la Constituyente con la propuesta de consulta popular y los primeros decretos
- 08César Gaviria — convocó formalmente la Asamblea Constituyente de 1991 mediante decretos de estado de sitio avalados por la Corte Suprema
- 09Frente Nacional — pacto que bloqueó la vía constituyente entre 1957 y 1990 al reservar la reforma constitucional al Congreso
- 10Estado social de derecho — concepto central consagrado por la Constitución de 1991, producto de la última gran Asamblea Constituyente
- 11Rionegro — sede de la Convención de 1863 que produjo la Constitución federalista más audaz del siglo XIX colombiano
- 12Cúcuta — sede del Congreso de 1821 que proclamó la primera Constitución nacional de Colombia
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
56 documentos · 61 fragmentos
01Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 3261 cita
[1]y soberano. En la Constitución de 1821 (Cúcuta) — la primera Carta fundamental de la República de Colombia, pues las anteriores habían sido Constituciones locales como las de Cundí- namarca, Tunja, Antioquia, Cartagena, Mariquita, etcétera—, se consignó la siguiente disposición* que consagra, como las anteriores, la…
p. 326
02Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 631 cita
[2]organizado el Congreso se Mapa de Colombia, trazado en 1828 por H. S, Tanner y que se conserva en el Archivo Nacional. Todas las provincias que constituéan la Republica enviaron, en 1821, sus delegados al Congreso de Cticuta. procedié a elegir al presidente y al vicepresidente del mismo; la eleccién recay6 en José…
p. 63
03Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 351 cita
[3]convirtió en la única posible. El segundo rasgo dominante de la Constitución era el amplio reconoci- miento de los derechos y garantías in- dividuales. Abolía por completo la pena de muerte —esto fue lo que mo- tivó los elogios de Victor Hugo— y garantizaba los derechos a la propie- dad, las libertades de pensamiento,…
p. 35
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1391 cita
[4]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2381 cita
[5]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…
p. 238
06Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 cita
[6]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
07Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 cita
[7]acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…
p. 73
08La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1391 cita
[8]auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…
p. 139
0930 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1411 cita
[9]que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…
p. 141
10Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[10]el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…
p. 10
11De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[11]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
12De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[12]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
13Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[13]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
14Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 861 cita
[14]embajada, el 25 de febre- ro de 1950, y para ocupar el cargo nombró a Roberto Urdaneta Arbe- láez. Durante este período fue más clara la influencia que ejerció la or- ganización del estado español en el pensamiento de Laureano Gómez, hasta el punto que uno de sus propó- sitos de gobierno fue la sustitución de la…
p. 86
15¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1561 cita
[15]apoyo, aprobó la idea siempre que se resolviera una cuestión jurídica elemental: para que el decreto pasara la revisión de la Corte, las medidas tomadas debían estar claramente conectadas con los motivos que llevaron al presidente a decretar el estado de sitio. 61. Desde el Plebiscito de 1957 que dio origen al Frente…
p. 156
16Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[16]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
p. 49
17Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 671 cita
[17]posterior, y la segunda es integral, e intenta responder a los tres déficits de manera conjunta, lo cual no es otra cosa que una respuesta de tipo constitucional. Esta última solución tuvo un gran impulso a principios de la década de los noventa, pero ha perdido mucha fuerza duran- te los últimos años. Pero…
p. 67
18¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1011 cita
[18]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
p. 101
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[19]a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…
p. 271
20El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[20]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
211989María Elvira Samper · 2019 · p. 271 cita
[21]procurador Carlos Mauro Hoyos, abruman a los colombianos que se sienten acorralados, amedrentados, y ponen al Gobierno contra la pared. Este no parece tener los instrumentos necesarios para frenar la oleada violenta, y su credibilidad y legitimidad están por el suelo. Ante la crisis, El Espectador, crítico del…
p. 27
22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3301 cita
[22]más de medio sig lo transitando esta espiral de cri men-mo vimiento de opinión-represión-crimen. Pero, ya vi- mos, la repr esión no ha funcionado y ello obedece en alguna me- dida a que la población no confia en sus jueces y menos aún en sus po li cías. Si alguna conclusión se deriva de este último medio sig lo, es el…
p. 330
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1111 cita
[23]de desarrollo de carácter extractivista y que diezmaban la posibilidad de tener derechos sociales y territoriales. Y en buena parte de la región la defensa de la vida, la memoria y los derechos humanos cobró fuerza ante la arremetida de la violencia política. La denuncia de las desapariciones forzadas, las detenciones…
p. 111
24Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1671 cita
[24]de la sociedad colombiana. La represión hizo del negocio de las drogas una actividad enormemente lucrativa, sólo comparable al tráfico de armas y de rentas petroleras, y sus astronómicos ingresos alimentaron la violencia, aumentaron la corrupción, exten- dieron los cultivos ilícitos y provocaron mayores daños…
p. 167
25Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 128, 1292 citas
[25]1991 y abrió un periodo de reformas en todos los órdenes del sistema político y socioeconómico. La Constitución disolvió los bloqueos que desde 1976 habían impedido reformar el régimen político; de manera tácita pero contundente, respondió a las demandas de “apertura democrática” que algunos sectores políticos y…
p. 129
[26]1991 y abrió un periodo de reformas en todos los órdenes del sistema político y socioeconómico. La Constitución disolvió los bloqueos que desde 1976 habían impedido reformar el régimen político; de manera tácita pero contundente, respondió a las demandas de “apertura democrática” que algunos sectores políticos y…
p. 128
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1151 cita
[27]institucionalidad se pretendió dar respuesta. En efecto, Colombia padecía desde hacía varios lustros de una larvada guerra civil que en los años ochenta y noventa tomó inusitado vigor. Diversos procesos de pacificación han logrado que algunos de los grupos armados se integren al sistema. No obstante, la guerra civil…
p. 115
27Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[28]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
p. 1
[29]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
p. 1
28Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1931 cita
[30]el país. A pesar de lo corto del tiempo, su coordinador, Ricardo Santamaría, sostiene que hubo mucho interés, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en el Una de las mayores paradojas de la Constitución de 1991 fue que esta nació con base en la controvertida figura del “estado de sitio”. En efecto, el presidente…
p. 193
29Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1731 cita
[31]que sirviera para implantar la paz y afrontar el estudio de temas tan críticos como la reforma a la justicia. El estado de sitio dio para todo. Según Alfonso Gómez Méndez, fue reiterado el abuso que se hizo de la figura y “nunca se adelantó juicio de responsabilidad a presidente alguno por esa violación manifiesta y…
p. 173
30No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2321 cita
[32]con la marcha del silencio titulada «Por todo lo que nos une y contra todo lo que nos separa». Una 685 El Tiempo, «Estuvo 53 días en manos de la guerrilla», El Tiempo. 686 Comisión de la Verdad, Insumo sobre los procesos de paz. 687 Entrevista 456-PR-03576. Hombre, líder político. la búsqueda de la democracia y la…
p. 232
3125 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1871 cita
[33]a Colombia". que impulsó, a partir de octubre del mismo año, la campaña "Plebiscito para el plebiscito" con el fin de que se decidiera la reforma a la Constitu- ción de 1886 y la propuesta de la Séptima Papeleta para las elecciones de marzo de 1990. En ese mes el grupo se escindió y surgió el "Movimiento Estudiantil…
p. 187
32Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 711 cita
[34]en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…
p. 71
33Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[35]elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…
p. 283
34Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[36]Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…
p. 85
359 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 401 cita
[37]que restableció un nuevo aire para un proyecto de paz con un renovado interés, pero también le dio a la paz, por el momento, un cierto sesgo de oposición. Para algunos, el secuestro había tenido el doble efecto de reavivar la vigencia de Álvaro Gómez, muy venido a menos desde el punto de vista político por la derrota…
p. 40
36Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1602 citas
[38]samente a miembros de la Asamblea Constituyente para asegurarse de que aprobaran el artículo 35 del nuevo documento, que prohibía la extradición. El artículo fue aprobado con facilidad, con 51 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Los colombianos estaban tan hastiados del problema de la extradición y de la…
p. 160
[39]samente a miembros de la Asamblea Constituyente para asegurarse de que aprobaran el artículo 35 del nuevo documento, que prohibía la extradición. El artículo fue aprobado con facilidad, con 51 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Los colombianos estaban tan hastiados del problema de la extradición y de la…
p. 160
37Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2061 cita
[40]necesidad de consolidar los acuerdos firmados con el M-19, abrieron la puer- ta a una reforma de la Constitución. Recién los narcotraficantes habían reconocido el triunfo del Estado, pero paradójicamente fue en buena medida la violencia generada por ellos lo que permitió el proceso que desembocó en la convocatoria de…
p. 206
38Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2641 cita
[41]y judiciales tales como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Además, se puso en marcha la acción de tutela, mecanismo de protección de los derechos funda- mentales. Gobiernos posteriores al Frente Nacional EN Proclamación de la Constitución de 1991. En Pese…
p. 264
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[42]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94
40El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 2692 citas
[43]Democracia, la ANAPO y algunas vertientes liberales pro- gresistas, a la vez que ingresaron los colectivos de excombatientes de los acuerdos de paz del M19, el EPL y el PRT. 25 Landazábal quien llegó a ser ministro de Defensa fue asesinado en mayo 1998. Polanía quien también fue gobernador del Huila fue asesinado en…
p. 269
[44]Democracia, la ANAPO y algunas vertientes liberales pro- gresistas, a la vez que ingresaron los colectivos de excombatientes de los acuerdos de paz del M19, el EPL y el PRT. 25 Landazábal quien llegó a ser ministro de Defensa fue asesinado en mayo 1998. Polanía quien también fue gobernador del Huila fue asesinado en…
p. 269
41Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 471 cita
[45]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
p. 47
42Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1471 cita
[46]los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…
p. 147
43¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3151 cita
[47]expresión la circunscripción nacional en la lla- mada reforma de "equilibrio de poderes". La propuesta original del Gobierno fue volver a la circunscripción departamental que existía antes de 1991, para que cada departamento eligiera dos senadores, con lo cual de los ciento dos Senadores actuales sesenta y cuatro…
p. 315
44Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1451 cita
[48]tinos del país hacia la paz mediante la profundización de meca- nismos democráticos de participación ciudadana. Paralelos a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constitu- yente, se reinician diálogos entre el Gobierno y el M-19, el EPL, el MRQL y el PRT, que bajo ese marco impulsan su transición a partido político.…
p. 145
45Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 1701 cita
[49]para que se privilegiaran las listas únicas. El M-19 pactó con el Gobierno que el acuerdo se volviera ley en el Congreso y que luego se convocaría a un referendo para reformar electoral- mente la Constitución del 86. Pero la mafia actuó por medio de sus congresistas y tumbó el acuerdo con mayorías parlamenta- rias…
p. 170
46Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 cita
[50]a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…
p. 34
47Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1541 cita
[51]que se interpretó como triunfalista, trató de golpear al comando de las FARC con un ataque militar masivo a los cuarteles de La Uribe. Aunque el gobierno ocupó la zona, los dirigentes de las FARC, como había ocurrido en 1955 y 1964, lograron escapar y tuvieron una nueva prueba de la perfidia del gobierno. Este ataque…
p. 154
48Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 3171 cita
[52]los cambios ocurridos en la sociedad frente a la insurgencia, a las condiciones que regulan los procesos de paz y a las circunstancias que motivaron ciertos instrumentos legales que acompañaron las negociaciones con las guerrillas de finales de los ochenta. Pablo Catatumbo argumenta: El m-19 obtuvo amnistía,…
p. 317
49Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 701 cita
[53]Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…
p. 70
50Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 701 cita
[54]Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…
p. 70
51Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1161 cita
[55]Beatriz Villamizar y Diana Turbay –asesinada en la operación de rescate–; entre muchos otros. La paradoja de estos años fue que, si bien un sector del Estado combatió a los narcotraficantes, otro sector era su aliado con la justificación de los «fines superiores» en la lucha contrainsurgente. Y del mismo modo, un…
p. 116
52Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1922 citas
[56]electoral council invali- dated the petition because of irregularities in signatures on it, but another petition was put forward. This was when some Uribe supporters started dis- cussing a “Plan B” should the Constitutional Court rule against the plebi- scite; others had begun that consideration earlier. On February…
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[57]electoral council invali- dated the petition because of irregularities in signatures on it, but another petition was put forward. This was when some Uribe supporters started dis- cussing a “Plan B” should the Constitutional Court rule against the plebi- scite; others had begun that consideration earlier. On February…
p. 192
53La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 1421 cita
[58]se arrogue excesivas atribuciones y ponga en peligro el indispensable balance democrático. La Corte Constitucional, por fortuna, salvó a Colombia de caer en el contagio regional del caudillismo. En el año 2014 presenté una reforma constitucional —que fue aprobada en el 2015— para eliminar de nuevo la reelección…
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54Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1441 cita
[59]fondo y reformas a la carta magna, logrando uno de los golpes más certeros contra los intereses del pueblo colombiano y la democracia, su reelección. También mediante puestos burocráticos, embajadas y auxilios de decenas de millones de pesos, lograría convencer a los escasos parlamentarios indecisos, pertenecientes a…
p. 144
55Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1441 cita
[60]fondo y reformas a la carta magna, logrando uno de los golpes más certeros contra los intereses del pueblo colombiano y la democracia, su reelección. También mediante puestos burocráticos, embajadas y auxilios de decenas de millones de pesos, lograría convencer a los escasos parlamentarios indecisos, pertenecientes a…
p. 144
56Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2381 cita
[61]tras la presentación por parte del gobierno de la iniciativa, a tono con lo convenido en las meses de negociación con las guerrillas. Sin embargo, hay quienes, antes que percibir esta legítima e importante discusión de opciones como un aporte valioso al proceso de paz, leen con prevención y descalificación la…
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