Idea · Constitución de 1991
Soberanía fragmentada
La soberanía fragmentada es la condición histórica del Estado colombiano por la cual el monopolio de la violencia legítima, el control efectivo del territorio y la aplicación uniforme de la ley nunca se consolidaron plenamente, sino que quedaron repartidos entre el Estado central, los poderes regionales, las clases dominantes locales y, en las últimas décadas del siglo XX, guerrillas, paramilitares y carteles del narcotráfico. No es vacío ni anomalía transitoria: es la forma particular que ha tomado la construcción estatal en Colombia.
Trayectoria de una idea
- 1863
Constitución federalista: soberanía fragmentada de derecho
- 1886
La Regeneración y el centralismo de papel
- 1989
Colapso visible del monopolio estatal
- 1991
Constitución de 1991: refundación con silencios
- 1991
Pico de incursiones guerrilleras y feudalización territorial
- 1998
Zona de despeje del Caguán: soberanía dual formalizada
- 2002
Expansión paramilitar y despojo institucionalizado
La lectura
La soberanía fragmentada no es un accidente de la historia colombiana sino su arquitectura profunda: el Estado nunca fue el único soberano en su territorio, y esa condición estructural atraviesa dos siglos de vida republicana. Nació en el siglo XIX como disputa entre federalistas y centralistas, se reprodujo en el XX como coexistencia entre el Estado formal y los poderes armados que llenaron sus vacíos, y llegó al siglo XXI como herencia no resuelta de la Constitución de 1991. Lo que hace singular al caso colombiano no es la debilidad estatal en sí —común a muchos países poscoloniales— sino la persistencia de esa debilidad como forma funcional: útil para las élites que capturaron el Estado, para los actores armados que lo sustituyeron y para los poderes locales que negociaron con ambos. La Constitución de 1991 amplió derechos y capacidades institucionales, pero no tocó los arreglos que sostenían la fragmentación: la autonomía militar, la prohibición de extradición y la supervivencia paramilitar. Comprender la soberanía fragmentada es comprender por qué en Colombia la ley y la violencia han coexistido durante tanto tiempo sin que ninguna de las dos logre imponerse definitivamente a la otra.
La soberanía fragmentada es la condición histórica del Estado colombiano por la cual el monopolio de la violencia legítima, el control efectivo del territorio y la aplicación uniforme de la ley nunca se consolidaron plenamente, sino que quedaron repartidos —de hecho, y a veces de derecho— entre el Estado central, los poderes regionales, las clases dominantes locales y, en las últimas décadas del siglo XX, guerrillas, paramilitares y carteles del narcotráfico. No es vacío ni anomalía transitoria: es la forma particular que ha tomado la construcción estatal en Colombia, hecha de coexistencias, delegaciones tácitas y sustituciones territoriales que la Constitución de 1991 intentó a la vez reconocer y encauzar. Pesa en la historia del país porque explica, sin reducirlas a una sola causa, la persistencia de las guerras civiles, la eficacia limitada de las reformas y la coexistencia, en un mismo Estado, de zonas donde la ley opera y zonas donde otros dictan las normas.
Lo que nombra el concepto
Hablar de soberanía fragmentada en Colombia no es aplicar mecánicamente una categoría de teoría política pensada para el Estado moderno europeo. Es nombrar un rasgo estructural: la debilidad histórica del Estado para controlar su territorio y monopolizar el uso legítimo de la violencia, que se vuelve especialmente notoria tras la independencia y atraviesa el país hasta hoy. Esa debilidad no debe leerse como fracaso frente a un modelo ideal, sino como expresión de un proceso conflictivo de construcción estatal en el que la configuración regional, el problema agrario y la integración territorial pesaron más que cualquier decreto centralizador. El conflicto armado colombiano se desarrolló, además, en un marco duradero de precariedad estatal, debilidad de las regulaciones sociales y fragmentación territorial.
La fragmentación tiene dos caras. Una es la incapacidad —o el desinterés persistente de las élites— para producir un Estado con autonomía e imparcialidad frente a la sociedad civil: el Estado colombiano ha operado más bien como proyección directa de las capas dominantes, excluyendo a las clases dominadas. La otra es la ocupación efectiva de ese espacio soberano vacante por otros actores: poderes locales vinculados a la actividad económica dominante, que imponen formas propias de justicia privada, y más tarde grupos armados que legislan, tributan y castigan en sus territorios. El Estado no está ausente: su presencia es heterogénea, y la ausencia relativa es también una forma de presencia, funcional a determinados intereses.
Las raíces del siglo XIX
El punto de partida son las guerras y los códigos. La Constitución federalista de 1863 dividió el país en nueve estados soberanos, redujo el poder del Ejecutivo, otorgó amplias libertades individuales y dejó a cada región adoptar sus propios códigos —minero, de tierras, electoral, civil—. El resultado fue un país que operó casi como nueve países superpuestos, con soberanía fragmentada no ya de hecho sino de derecho, aunque la fórmula no estuvo exenta de oposiciones conservadoras ni de tensiones internas. La abundancia de constituciones y reformas, la sucesión de códigos penales y la reiteración de guerras civiles entre liberales y conservadores marcan un siglo XIX en el que las clases dominantes se dividieron en dos orientaciones ideológicas que se alternaron en el poder y dificultaron la consolidación de un Estado nacional estable.
La Regeneración, liderada por Rafael Núñez y consagrada en la Constitución de 1886, buscó revertir esa dispersión con un régimen centralista que rigió la vida política hasta 1930. No resolvió las tensiones: la Guerra de los Mil Días (1899-1903) fue precisamente la respuesta armada a sus medidas. Y aunque el centralismo se impuso en el papel, la geografía del país —su territorio quebrado por tres cordilleras, sus vastas llanuras, sus selvas— siguió imponiendo su lógica. La presencia estatal continuó siendo desigual: intensa en las ciudades andinas y en los enclaves de exportación, tenue o nula en las periferias.
Ese diseño heredado no es folclor institucional. Es la matriz en la que germinará, un siglo después, la crisis de los años ochenta. La territorialidad difusa de franjas fronterizas descritas como tierra de nadie, por donde circulan armas, cocaína y dinero ilegal, y el hecho de que hoy cerca del 40% de los predios de las grandes ciudades carezca de títulos de propiedad, no son excepciones. Son la traducción contemporánea de un problema con dos siglos de espesor.
La crisis del monopolio: 1986-1991
En la segunda mitad de los años ochenta, la debilidad estructural se convirtió en colapso visible. Los datos del propio gobierno de Virgilio Barco eran devastadores: solo el 20% de los crímenes llegaba al conocimiento de las autoridades, y de esos apenas el 4% obtenía sentencia. Entre 1979 y 1991, 290 funcionarios judiciales fueron asesinados en el ejercicio de sus funciones. Una encuesta de 1987 estableció que la cuarta parte de los jueces y juezas del país había recibido amenazas directas o contra sus familiares por su trabajo jurisdiccional. La justicia, columna vertebral del monopolio de la violencia legítima, estaba siendo desmontada por goteo.
Álvaro Camacho Guizado describió por entonces, con cautela retórica, un proceso en marcha: el Estado colombiano estaba perdiendo el monopolio del poder coercitivo, fragmentándose territorialmente ante la emergencia de zonas controladas por guerrillas, grupos de autodefensa y el MAS, en lo que llamó una "feudalización" del poder aún en curso. Las incursiones guerrilleras en cabeceras municipales y centros poblados, que entre 1965 y 1978 habían sumado 95 acciones, saltaron a 628 entre 1979 y 1991, con 250 tomas y 378 ataques. La curva era la de un Estado en repliegue.
La respuesta oficial fue ambigua. El presupuesto del Ministerio de Defensa se quintuplicó en términos reales entre 1985 y 1990, y el pie de fuerza del ejército se duplicó en ese lapso; al mismo tiempo se renunció a construir una policía moderna, desmilitarizada estatutariamente y con suficiente cobertura, confiando en una reforma interna y en la expansión de servicios privados de seguridad. Se militarizó la respuesta y se privatizó la seguridad, dos movimientos que profundizaron la fragmentación en lugar de revertirla. El estado de sitio se usó de manera reiterada y abusiva como instrumento de gobierno, sin que ningún presidente fuera sometido a juicio de responsabilidad por esas violaciones constitucionales.
En medio de esa erosión, el narcotráfico funcionó como disolvente institucional. Los carteles de Medellín y Cali —el primero encabezado por Pablo Escobar— construyeron una empresa sofisticada que enviaba anualmente millares de kilos de cocaína a Estados Unidos casi sin ser detectada antes de mediados de los ochenta. Desde las elecciones de 1982, el narcotráfico buscó extender su influencia en la política, hecho denunciado por Luis Carlos Galán y por Rodrigo Lara Bonilla, cuyo asesinato como ministro de Justicia inauguró una campaña de violencia contra el Estado. El cartel de Cali logró desarrollar vínculos con fuerzas de seguridad y con sectores de la élite política, extendiendo una red de corrupción que hizo del monopolio de la violencia una ficción legal. La hacienda El Martillo, adquirida por Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha en diciembre de 1988 entre Canaletes y Puerto Escondido, con su pista de aterrizaje, sus caletas y su flota de embarcaciones, fue el punto de entrada de 600 fusiles R-15 ese mismo mes. Soberanía privada armada, geografía paralela.
La masacre de La Rochela, el 18 de enero de 1989, mostró hasta dónde había llegado el proceso. Una comisión de funcionarios judiciales que investigaba, entre otros hechos, la desaparición forzada de 19 comerciantes fue exterminada en el Magdalena Medio, región donde ya se documentaban vínculos entre miembros de las Fuerzas Militares y grupos paramilitares. La violencia sistemática contra el sistema judicial no era un efecto secundario del conflicto: era el mecanismo por el cual se producía la fragmentación soberana en tiempo real.
La Constitución de 1991: refundación y silencio
En ese cuadro se convocó la Asamblea Nacional Constituyente, elegida el 9 de diciembre de 1990 —el mismo día del bombardeo a Casa Verde, sede del secretariado de las FARC, episodio que frustró casi por completo la posibilidad de que las FARC y el ELN participaran en la Constituyente—. La convocatoria se había apoyado en decretos expedidos al amparo del estado de sitio y en un fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró constitucional el decreto 927, a pesar de que el procurador general había solicitado su inconstitucionalidad por falta de conexidad con el orden público. El movimiento estudiantil presionó la apertura; los asesinatos de tres candidatos presidenciales —Luis Carlos Galán en 1989, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez en 1990— habían dejado al país sin figuras de recambio y sin ilusiones sobre la vía electoral ordinaria.
La Asamblea se instaló el 4 de febrero de 1991 con tres copresidentes que encarnaban una fórmula inédita: Álvaro Gómez Hurtado por la derecha del Movimiento de Salvación Nacional, Antonio Navarro Wolff por la Alianza Democrática M-19 —el M-19 se había desmovilizado el 9 de marzo de 1990 mediante el Acuerdo de Corinto, con 900 guerrilleros— y Horacio Serpa Uribe por el Partido Liberal. La composición fue plural: liberales, salvacionistas, el M-19 reconvertido, minorías indígenas y negras. Pero la guerrilla activa —las FARC, el ELN— no participó. Ese es el hecho central. La Constitución proclamada el 4 de julio de 1991 fue un pacto entre quienes ya habían aceptado las reglas del juego institucional. Dejó por fuera a los actores armados con mayor capacidad de disputar la soberanía en el terreno.
El texto fue, sin embargo, transformador. Reconoció un amplio catálogo de derechos fundamentales, introdujo la acción de tutela como instrumento de reclamación ciudadana directa, y creó la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Reconoció por primera vez el carácter multiétnico y pluricultural de la nación, creó una circunscripción especial indígena en el Senado y devolvió estatuto público a pueblos que habían sido marginados institucionalmente desde el siglo XIX. Descentralizó el gasto y la política, abrió mecanismos de participación. Dotó al país de capacidades estatales que antes no existían, especialmente en territorios donde el Estado había sido más un rumor que una presencia.
Y sin embargo, la Carta guardó silencio sobre dos asuntos decisivos. El primero: el estatuto de los militares y la policía, y sus relaciones con el poder civil. Después de una década en que el presupuesto de Defensa se había quintuplicado y el ejército se había duplicado, el nuevo pacto no reguló ese poder. Las tensiones civil-militares se estabilizaron mediante un arreglo en el que el poder civil conservó una interpretación militarista y criminalizante del conflicto y convino una amplia autonomía operativa del poder militar, incluida la aceptación de su propia lectura del orden público. El segundo silencio: la Constitución prohibió la extradición de colombianos, medida que el gobierno de César Gaviria aceptó como alternativa a la confrontación terrorista del cartel de Medellín liderado por Escobar. La refundación democrática incorporó, en su texto mismo, una concesión al narcoterrorismo. La soberanía se rehacía formalmente al tiempo que negociaba sus renuncias.
La proscripción formal de las autodefensas fue igualmente elocuente. La Constitución las prohibió, pero varias estructuras paramilitares sobrevivieron intactas: las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) de Fidel Castaño Gil, las fuerzas de Hernán Giraldo en la Sierra Nevada de Santa Marta, las de Ramón Isaza en el Magdalena Medio. La legalidad refundada no alcanzaba a tocarlas. Fragmentación arriba codificada, fragmentación abajo intacta.
Soberanías de facto: leyes, tributos, castigos
Mientras se redactaba y proclamaba la Constitución, en amplias zonas del país operaban ya soberanías paralelas. Las FARC-EP ejercían funciones de regulación social y orden moral en sus territorios: imponían normas sobre consumo de drogas, robos, violencia y circulación nocturna, bajo amenaza de sanciones que podían llegar a la muerte, aunque en algunos casos la comunidad intervino para evitar ejecuciones. Los grupos paramilitares regulaban el uso de recursos naturales —pesca, tala de árboles—, la ocupación de menores y el comportamiento cotidiano, incluidas obligaciones tan minuciosas como la decoración y pintura de las casas bajo amenaza de castigo. En El Placer, Putumayo, los paramilitares llegaron a exigir que las calles y las casas se decoraran en Navidad. La soberanía se ejercía hasta en el detalle doméstico.
La tributación de facto era el otro pilar. La extorsión o "vacuna" fue un mecanismo sistemático ejercido tanto por guerrillas como por paramilitares sobre ganaderos, transportadores, comerciantes y otros sectores económicos, con tarifas diferenciadas y amenaza de muerte ante el incumplimiento. Los paramilitares extendieron ese cobro a los sectores urbanos, consolidando fuentes de financiamiento y poder local paralelo. En la cadena productiva del narcotráfico, los grupos armados controlaban cultivos, procesamiento en laboratorios y comercialización local, cobrando el impuesto conocido como "gramaje" en cada eslabón. Lo que operaba no era simple criminalidad sino fiscalidad: un Estado paralelo que recauda, protege y castiga.
En la zona de despeje del Caguán —concedida por el gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y 2002, más de 42.000 kilómetros cuadrados según una de las estimaciones—, las FARC-EP promulgaron leyes formales con las que buscaban mostrar que legislaban no solo para la zona sino para todo el país, acumulando elementos para dualizar el poder estatal o evidenciar la gestación de un nuevo Estado. Cinco municipios contiguos —La Macarena, Mesetas, San Vicente del Caguán, Uribe y Vista Hermosa—, representativos del hábitat característico de las FARC, funcionaron durante más de tres años como territorio con soberanía compartida o suplantada: la soberanía fragmentada en su expresión más literal.
Los paramilitares, por su parte, no solo sustituyeron al Estado: lo cooptaron. Las Autodefensas Unidas de Colombia, cuya expansión entre mediados de los noventa y 2002 tuvo su principal epicentro en el norte del país —con un corredor desde el Darién hasta Venezuela— y se proyectó hacia el suroccidente (Valle, Cauca, Nariño, Putumayo), utilizaron la complicidad de servidores públicos y notarías para registrar legalmente miles de hectáreas despojadas. Impulsaron la creación de empresas e inversiones en agroindustria, minería e infraestructura sobre tierras usurpadas, configurando un despojo sofisticado con cobertura institucional. En regiones como Urabá-Darién y Cesar, el control territorial pasó de las guerrillas a los paramilitares mediante pacto directo con la fuerza pública. En Buenaventura se configuró una reconfiguración cooptada del Estado local, con narco-para-política, constreñimiento electoral y corrupción armada. La provincia de Medina, en Cundinamarca, ofreció un caso didáctico: nuevos compradores de tierra financiaron y facilitaron la instalación de paramilitares en la región, beneficiándose de la depreciación causada por la violencia en zonas que luego se valorizarían por su proximidad a Bogotá. La violencia como mecanismo de mercado.
El escalamiento: 1996-2002
La segunda mitad de los noventa desmintió la esperanza de que la Constitución del 91 hubiese cerrado el ciclo. Las FARC y el ELN, que habían rechazado los acuerdos de paz y no participado en la Constituyente, estaban en pleno crecimiento militar y financiero. Las FARC seguían los lineamientos de su Séptima Conferencia, que fijaba fechas y metas de crecimiento y opciones para llegar al "gran cataclismo revolucionario". La zona de despeje del Caguán, concebida como escenario de negociación bajo el gobierno de Pastrana, se convirtió en marco de expansión militar simultánea. Los diálogos se extendieron por más de dos años sin resultados; el secuestro del senador Jorge Eduardo Gechem Turbay, el 20 de febrero de 2002, precipitó la ruptura definitiva, aunque el deterioro acumulado ya hacía muy difícil la continuación.
El paramilitarismo alcanzó en esos años su pico expansivo, y con él la victimización de civiles: el máximo global se registró en 2001, correspondiendo a la época más funesta de las masacres perpetradas por grupos paramilitares que desplegaron una estrategia contrainsurgente cuyo principal instrumento fue la violencia contra la población civil. El ELN, que había expandido su presencia territorial hacia Arauca, el norte de Casanare y el sur del Cesar tras el descubrimiento de los yacimientos petroleros de Caño Limón, hizo de la renta extractiva su base económica y territorial.
La respuesta institucional fue el Plan Colombia, presentado en su primera versión en septiembre de 1999 como proyecto de lucha exclusiva contra el narcotráfico y que en el fondo era una respuesta a las derrotas del Ejército colombiano frente a la guerrilla: más de 3.000 millones de dólares en cuatro años y medio. La soberanía se recomponía con ayuda externa, en clave militar, sobre un texto constitucional que había querido ser democrático y participativo. La brecha entre la Carta y el país que pretendía gobernar se había ensanchado en lugar de cerrarse.
Geografías concretas de la fragmentación
La soberanía fragmentada tiene mapa. Se despliega en corredores estratégicos, en fronteras porosas, en regiones donde la geografía facilita la sustracción al control central, y en cada zona la ecuación entre economía ilegal, actor armado dominante y forma particular de relación con el Estado adopta una configuración propia. En Urabá, corredor principal para el tráfico de armas y drogas, la disputa entre paramilitares y guerrillas generó altos niveles de desplazamiento forzado; en el Magdalena Medio, laboratorio del paramilitarismo desde los ochenta, quedaron documentados los vínculos entre Fuerzas Militares y grupos armados ilegales. El Catatumbo, la Sierra Nevada de Santa Marta, el Putumayo, el Chocó, los llanos del Meta y del Caquetá, los Montes de María, el occidente de Arauca, el oriente antioqueño y el nororiente del Valle del Cauca completan un archipiélago de excepciones territoriales que en conjunto dibujan la regla.
Gran parte de la frontera con Venezuela, salvo franjas alrededor de Cúcuta e Ipiales —esta última en la frontera con Ecuador—, ha sido descrita como tierra de nadie por la que circulan armas, cocaína y dinero ilegal, condición que la territorialidad difusa hace difícil de revertir mediante soberanía estatal efectiva. Y la fragmentación no es solo rural: casi la mitad de los predios de las grandes ciudades carece de títulos de propiedad. Bogotá, Medellín y las ciudades intermedias también albergan formas de heterogeneidad institucional —barrios sin catastro, transporte informal regulado por mafias, extorsión sistemática al pequeño comercio— que reproducen en escala urbana la lógica que en las periferias adopta forma armada.
Posacuerdo: la fragmentación que persiste
Tras la desmovilización de las AUC, las estructuras que no se acogieron al proceso se reorganizaron como herederas del paramilitarismo, reforzando su carácter de empresarios de la coerción con un énfasis central en el narcotráfico. Los grupos armados posdesmovilización —las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como Urabeños o Clan del Golfo; Los Rastrojos, que llegaron a operar en al menos un tercio de los departamentos del país hacia 2010, extendiendo sus actividades a Venezuela y Ecuador— cambiaron su relación con el Estado. Mientras entre 1997 y 2005 los paramilitares mantenían alianzas con sectores estatales por objetivos contrainsurgentes, en la etapa posterior los grupos armados son enemigos formales del Estado, pero lo infiltran y pagan protección a miembros de la fuerza pública. La forma de la relación cambió; la fragmentación siguió.
Las FARC-EP se redujeron a unos 8.000 hombres hacia 2012, por bajas en combate y desmovilizaciones, y se replegaron estratégicamente hacia zonas de frontera y territorios económicamente estratégicos, internándose más profundamente en la manigua. Tras la firma del acuerdo de paz, una disidencia comandada por Gentil Duarte buscó reintegrar el Bloque Occidental bajo el nombre Comando Coordinador de Occidente, expandiéndose desde Cauca hacia Nariño. En 2017 el Clan del Golfo llegó a la región del Pacífico norte de Nariño mediante una alianza con esa disidencia, controlando puntos estratégicos de minería ilegal y producción de pasta de coca. El mapa se reconfiguró, no se disolvió.
El posacuerdo produjo también un desplazamiento del problema hacia el terreno judicial y administrativo, donde la fragmentación cambia de rostro pero no de fondo. La judicialización de los responsables civiles e institucionales del paramilitarismo lo muestra: en el caso del Bloque Tolima, el 86% de las 285 compulsas realizadas por la Fiscalía permanecía en fase inicial de investigación previa, con solo el 9% llegando a proceso judicial y el 1% a recursos de apelación. El aparato de justicia que la Constitución del 91 quiso fortalecer sigue sin poder alcanzar la profundidad institucional donde la fragmentación se anida: donde el despojo se legalizó por notaría, donde el testaferrato blindó capitales, donde funcionarios locales pactaron con las armas. A esto se suma la lentitud de la implementación territorial del acuerdo —los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial en las zonas más golpeadas, la sustitución de cultivos, la reforma rural—, cuyos ritmos no han competido con la velocidad con que las economías ilegales han reocupado los territorios vacíos dejados por las FARC. Con la nueva ecuación —menos guerrilla histórica, más disidencias, ELN en expansión, herederos del paramilitarismo capitalizando corredores—, el mapa del conflicto se reordenó. La soberanía no volvió al Estado: se redistribuyó entre nuevos actores.
Genealogía de un problema
El diagnóstico compartido apunta a un Estado que no logra la autonomía e imparcialidad propias del modelo burgués moderno y que ha sido históricamente proyección directa de las capas dominantes. La soberanía fragmentada no es fracaso frente a un modelo ideal sino forma particular de construcción estatal, articulada a la configuración regional, al problema agrario y a la integración territorial. El marco de precariedad estatal, debilidad de regulaciones sociales y fragmentación territorial ha sido persistente, y el conflicto operó en buena medida al servicio del statu quo social y político. La exclusión ciudadana se anudó a la disputa territorial; la Violencia de mediados del siglo XX se articuló con configuraciones regionales específicas, imposibles de reducir a la dicotomía nacional liberal-conservador; y ya en los años ochenta se nombraba la feudalización del poder que se estaba produciendo bajo las narices del Estado central. La cuestión no es cuándo empezó, sino por qué no ha terminado.
La huella
La Constitución de 1991 fue, mirada con distancia, un acto ambivalente. Reconoció por escrito una realidad —la pluralidad étnica, la diversidad regional, la exigencia de derechos— que el país no había logrado tramitar en más de un siglo de institucionalidad centralista, y en ese reconocimiento hay una ganancia civilizatoria innegable: la tutela transformó la relación cotidiana del ciudadano con el Estado, la Fiscalía y la Defensoría crearon capacidades antes inexistentes, los pueblos indígenas obtuvieron por primera vez estatuto constitucional. Al mismo tiempo, esa Carta legalizó por arriba una fragmentación que por abajo continuó profundizándose: dejó fuera a las principales fuerzas armadas ilegales, silenció el estatuto militar, cedió en la extradición, proscribió formalmente unas autodefensas que sobrevivieron intactas.
Cualquier proyecto de construcción estatal que aspire a durar tendrá que partir del país heterogéneo, disputado y con soberanías superpuestas que efectivamente existe, y no del que las constituciones han querido decretar.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Rafael Núñez: lideró la Regeneración y la Constitución de 1886, que intentó revertir la fragmentación federalista sin lograrlo plenamente
- 02Colombia: territorio en el que la soberanía fragmentada se manifiesta como rasgo estructural persistente desde la independencia
- 03Constitución de 1991: intento de refundación estatal que reconoció y encauzó la fragmentación pero reprodujo silencios decisivos sobre el poder militar y el narcotráfico
- 04Paramilitarismo: expresión armada de la soberanía fragmentada que ejerció tributación, justicia y regulación social en territorios donde el Estado era nominal
- 05FARC-EP: actor que ocupó el espacio soberano vacante en periferias rurales, legislando, cobrando impuestos y castigando como Estado paralelo
- 06Narcotráfico: disolvente institucional que corrompió la justicia, armó actores privados y negoció concesiones en el texto constitucional mismo
- 07Magdalena Medio: región emblemática donde la fragmentación soberana se expresó en vínculos documentados entre militares, paramilitares y poderes locales
- 08Daniel Pécaut: analista que conceptualizó el conflicto colombiano en el marco de la precariedad estatal, la debilidad de regulaciones sociales y la fragmentación territorial
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
76 documentos · 85 fragmentos
01Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 241 cita
[1]franja en Cúcuta y otra en Ipiales, el resto de la frontera sur-oriental ha sido tierra de nadie, por la que circulan armas, cocaína y di- nero ilegal a discreción. 7 La territorialidad difusa hace imposi- ble la soberanía del Estado sobre su territorio y es una garantía para que los intermediarios operen en la…
p. 24
02Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 171 cita
[2]de largo plazo, lejana a enfoques normativos y teleológicos, González propone ver la violencia en relación con el conflictivo proceso de construcción del Estado. Esto, desde un enfoque que combina la necesidad de considerar los problemas estructurales de la vida colombiana y sus transfor- maciones en el tiempo y en el…
p. 17
03La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 651 cita
[3]es un Estado “fallido”, como Irak o Somalia, pero tampoco es uno muy exitoso. Durante gran parte de sus casi doscientos años de independencia, la vasta mayoría de su población ha vivido en la pobreza o la miseria y ha sufrido las consecuencias de la violencia y la opresión. Durante este tiempo el desempeño económico…
p. 65
04Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 cita
[4]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
05Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 961 cita
[5]primera Colombia fue precisamente el rechazo de venezolanos y quiteños a un gobierno centralizado en la Nueva Granada. Luego de la disolución, el régimen a que dio lugar la República de la Nueva Granada en 1832 fue, además de unitario –esto es, centralista–, favorecedor del poder ejecutivo: en otras palabras,…
p. 96
06Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[6]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
07Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 731 cita
[7]it requires the majority of the members of each chamber (not merely the majority of participants in the debate). This, of course, increases the veto power of the opposition. a b rief H istory of C olombia ’ s s ubnational i ssues Since the independence from Spain in 1810, the (re) design of subnational institutions…
p. 73
08¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[8]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
p. 68
09El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[9]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
10Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3502 citas
[10]figura de la clase media, egresada de la pública Universidad Nacional y que de algún modo podía hacer una exitosa carrera profesional y política, como Jorge Eliécer Gaitán. Por tal ra- zón, y a ello contribuye en grado sumo la violencia que derrotó al movimiento democrático popular, el Estado no logrará has- ta…
p. 350
[11]figura de la clase media, egresada de la pública Universidad Nacional y que de algún modo podía hacer una exitosa carrera profesional y política, como Jorge Eliécer Gaitán. Por tal ra- zón, y a ello contribuye en grado sumo la violencia que derrotó al movimiento democrático popular, el Estado no logrará has- ta…
p. 350
11El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 851 cita
[12]del Estado colombia- no se desenvolvió la lucha política de la segunda mitad del siglo XIX. El equilibrio de las fuerzas hacía inevitables las guerras. Como éstas nunca se llevaban hasta sus últimas conse- cuencias --el aniquilamiento del vencido, debido, entre otras cosas, al alto grado de partici- pación directa de…
p. 85
12Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6351 cita
[13]e incluso la imprecisión, en las definiciones de los Estados fallidos, hay dos rasgos centrales que los definen: el no tener un control efectivo sobre el territorio y la pérdida del monopolio de la fuerza. De hecho, en Colombia la “ausencia del Estado” ha sido considerada como una de las características centrales de…
p. 635
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[14]la guerra insurgente-contrainsurgente, cuyo objetivo central es la búsqueda y elimi- nación del enemigo, al que se asimilan las poblaciones y territorios en los nacieron y se insertaron las guerrillas o aquellos que se oponen a la lógica de acumulación de riqueza y poder hegemónicos. La paradoja es que la inserción de…
p. 27
14El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 162 citas
[15]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
[16]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
15Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 4031 cita
[17]perdió el monopolio del poder coerci- tivo que caracteriza al Estado moderno. El poder se fragmentó y, forzando los términos, podríamos decir que vamos en vía de feudalización, pues ante la quiebra del Estado van apareciendo los señores que controlan el poder dentro de su propio feudo. Dispersión que se va imponiendo…
p. 403
16Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2231 cita
[18]se estabilizaron con los arreglos políticos e institucionales derivados de la promulgación de la nueva Constitución Política de 1991. Los militares aceptaron un control administrativo más fuerte y la sanción de miembros de la fuerza por la justicia civil en casos individualizados. En contrapartida, el poder civil…
p. 223
17¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1161 cita
[19]marcos interpreta- tivos democráticos que reconozcan en el contradictor un adversario y no un enemigo que es necesario eliminar (Wills, pp. 38-40). DANIEL PÉCAUT, UN CONFLICTO ARMADO AL Sb'RVJCIO DEL STATU QUO SOCIAL Y POLÍTTCO En este informe el acento ha sido puesto en las discontinuidades: discontinuidades entre…
p. 116
18Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3361 cita
[20]política, creó una circunscripción nacional para elegir un senado de numerus clausus: 100 miembros, más dos indígenas. Antes de esbozar las grandes líneas de la constitución de 1991, conviene subrayar el silencio en relación con el estatuto de los mi- litares y de la policía y sus relaciones con el poder civil. Las…
p. 336
19Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 891 cita
[21]sus medidas, el incre- mento de acciones militares contra las guerrillas como parte de la persecución al comunismo. En contraste con esto, la Consti- tuyente de 1991 abrió canales institucionales para la apertura y la descentralización democrática que fueron bien recibidos por grupos como el M-19 y el EPL, y por otros…
p. 89
20Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1731 cita
[22]que sirviera para implantar la paz y afrontar el estudio de temas tan críticos como la reforma a la justicia. El estado de sitio dio para todo. Según Alfonso Gómez Méndez, fue reiterado el abuso que se hizo de la figura y “nunca se adelantó juicio de responsabilidad a presidente alguno por esa violación manifiesta y…
p. 173
21La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2621 cita
[23]el gobierno cen- tral, también estuvieron determinados por la creciente importan- cia atribuida al respeto y a la defensa de los derechos humanos. En efecto, dentro del marco de la revolución humanitaria mundial que apenas despuntaba en el horizonte de la vida nacional, algu- nos aparatos del Estado central como la…
p. 262
22Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1102 citas
[24]que hubiera comenzado. Para entonces, los grupos de traficantes 1 Mark Bowden, Killing Pablo, 51. 2 Gabriel Murillo, “Narcotráfico”, 223; Stephen Dudley, Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia (Nueva York: Routledge, 2004), 98. 110 James D. Henderson de Medellín y de Cali habían construido una…
p. 110
[25]que hubiera comenzado. Para entonces, los grupos de traficantes 1 Mark Bowden, Killing Pablo, 51. 2 Gabriel Murillo, “Narcotráfico”, 223; Stephen Dudley, Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia (Nueva York: Routledge, 2004), 98. 110 James D. Henderson de Medellín y de Cali habían construido una…
p. 110
23Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1941 cita
[26]como se analizará en la siguiente sección. L OS CAMBIOS EN EL NARCOTRÁFICO Y EN EL CONFLICTO La guerra del Estado contra Escobar se hizo en alianza con sus competidores en el narcotráfico. Desde finales de los años ochenta Escobar había agregado dentro de su lista de enemigos al Cartel de Cali y del Norte del Valle y…
p. 194
24Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1551 cita
[27]Su tratamiento se volvió de competencia de diferentes profesionales de la seguridad, sobre todo de la Policía y el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), para quienes la lucha contra las drogas constituía un vector de autonomía con respecto al Ejército. A pesar de que no es oportuno retomar aquí los detalles…
p. 155
25Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4121 cita
[28]y redes 412 de firmas como Laboratorios Kressfor, Drogas La Rebaja, Grupo Radial Colom- biano y Corporación Financiera de Boyacá, los hermanos Rodríguez intentaron penetrar el mundo legal del capital como acaudalados inversionistas. A mediados de los años setenta, Gilberto Rodríguez se convirtió en el prin- cipal…
p. 412
26Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 751 cita
[29]in the 1980s and early 1990s; however, successful efforts in reducing supply in those countries pushed cocaine production to Colombia, which soon surpassed both its Andean neighbors (see Figure 1). Colombia emerged to dominate the global cocaine trade by the late 1990s. National concern about the crack cocaine…
p. 75
27Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 6811 cita
[30]presidente Uribe. Las negociaciones de paz con las FARC iniciadas por la administración Santos en el 2012 y los diálogos con el ELN en el 2014 son una nueva apuesta a la solución política del largo conflicto interno colombiano. Violencia y narcotráfico La radiografía de la violencia colombiana desde los años ochenta…
p. 681
28El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1402 citas
[31]mayor retirado del Ejército nacional apodado Gabino, comandaban alrededor de cin- cuenta hombres, que tenían como base la hacienda El Martillo entre Canaletes y Puerto Escondido (DAS, 1989, 16 de marzo, página 30). En este último mu- nicipio contaban con una pequeña flota de embarcaciones que llevaba droga a Panamá y…
p. 140
[32]mayor retirado del Ejército nacional apodado Gabino, comandaban alrededor de cin- cuenta hombres, que tenían como base la hacienda El Martillo entre Canaletes y Puerto Escondido (DAS, 1989, 16 de marzo, página 30). En este último mu- nicipio contaban con una pequeña flota de embarcaciones que llevaba droga a Panamá y…
p. 140
29Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 191 cita
[33]muy beneficiosos para el pueblo: usted no veía viciosos, como le digo; no veía gente después de las diez de la noche por ahí sentada en los andenes, ni g ente tomando; no veía ladrones, porque el tipo que se dejaba pillar robando lo sacaban. En ese tiempo, yo me acuerdo de que trajeron un muchacho y lo pasearon por…
p. 19
30Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 2481 cita
[34]responsable del patrullaje de esa población. Además del poder armado, la guerrilla contaba con una emisora en la zona que funcionaba con cierta regularidad y que formaba 124 “Acuerdo sobre campamentos epl-Gobierno Nacional”, firmado por Bernardo Jaramillo y Jesús Antonio Bejarano, s.f. 125 “‘No se puede ceder más…
p. 248
31Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 4451 cita
[35]porque sacara los pescados, sino por seguridad de que no se hiciera pegar por ahí un tiro del vigilante, en- tonces era así más o menos. La pesca, la madera, pues… si la madera, digamos… para tumbar un árbol, pues, eso como era con permiso del… Los manes actuaban casi… como ley. Entr.: ¿Y esa era la ley? Edo.: Sí, era…
p. 445
32El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 2732 citas
[36]crisis económi- ca, generada por las fumigaciones aéreas con glifosato y por los constantes enfrentamientos armados que rodeaban e impacta- ban el pueblo, los paramilitares forzaron a la población a pagar con plata de su propio bolsillo los adornos y arreglos del pobla- do. Recuerda una habitante, “[en diciembre la…
p. 273
[37]crisis económi- ca, generada por las fumigaciones aéreas con glifosato y por los constantes enfrentamientos armados que rodeaban e impacta- ban el pueblo, los paramilitares forzaron a la población a pagar con plata de su propio bolsillo los adornos y arreglos del pobla- do. Recuerda una habitante, “[en diciembre la…
p. 273
33Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5191 cita
[38]veo muy muy angustiado cuando ya empezaron a llamar a mi señora… ahí ya se volvió un conflicto más grave porque ya le decían que me la iban a devolver en costales Ganadero 1629 Con esta narración, un ganadero de la región del Ariari, Villavicencio, Meta, describió la violencia cotidiana, el miedo y el agotamiento…
p. 519
34Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 2051 cita
[39]un medio de prensa: “[Cuando los paramilitares hacen sus rondas por los barrios llegan] entre las 3 y 4 de la tarde o muy de mañana, en ca- mionetas cuatro puertas de vidrios polarizados. Suben, hacen un recorrido de diez minutos y vuelven a salir. Al otro día aparecen los muertos” (El Tiempo, 2002, marzo 30). Por…
p. 205
35El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 1912 citas
[40]había que pagar los 12.000 pesos anuales. Había que llevarlos a La Rochela. (CNMH, CV, A. Sánchez, 2017, 27 de junio) Pues, el que estaba de malas pagaba era con el cuero, porque no ve que lo mataban, lo desaparecían. El transportador de madera pagaba un precio, el de ganado pagaba otro. Eso era de contado. En…
p. 191
[41]había que pagar los 12.000 pesos anuales. Había que llevarlos a La Rochela. (CNMH, CV, A. Sánchez, 2017, 27 de junio) Pues, el que estaba de malas pagaba era con el cuero, porque no ve que lo mataban, lo desaparecían. El transportador de madera pagaba un precio, el de ganado pagaba otro. Eso era de contado. En…
p. 191
36Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3662 citas
[42]ambas organizaciones paramilitares: A ver, allá se les cobraba un impuesto al cultivador (…) No por hectárea sino por lo que ya sacara en sí. En pasta. Es que ellos mismos tenían allá su chagra (…) Entonces, ahí se iban sacando dos impuestos. Quien iba com- 368 DOBLE DISCURSO, MÚLTIPLES CRÍMENES prar, por meterse a la…
p. 366
[43]ambas organizaciones paramilitares: A ver, allá se les cobraba un impuesto al cultivador (…) No por hectárea sino por lo que ya sacara en sí. En pasta. Es que ellos mismos tenían allá su chagra (…) Entonces, ahí se iban sacando dos impuestos. Quien iba com- 368 DOBLE DISCURSO, MÚLTIPLES CRÍMENES prar, por meterse a la…
p. 366
37Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 1621 cita
[44]del control guerrillero al paramilitar: —Entr.: ¿Cuando llegaron los paras cambió eso o cómo fue…? — Edo. 5: Cambió el negocio, ya no le pagábamos… Nosotros ya no le pagá- bamos a la guerrilla, sino tocaba… — Edo. 1: A los paras. — Edo. 5: Y tenía que pagarles dos impuestos, uno allá y otro acá… Ellos ya se tenían sus…
p. 162
38Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2252 citas
[45]legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…
p. 225
[46]legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…
p. 225
39Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 461 cita
[47]violencia que aumentó de manera significativa la intensidad del conflicto, en especial la victimización de la po - blación civil. En efecto, el máximo global en la victimización de civiles ocurre en 2001 (gráfico 2) y corresponde a la época más funesta de las masacres perpetradas por grupos paramilitares. Estos…
p. 46
40No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4001 cita
[48]ellas a través de mecanismos ilegales o aparentemente legales. La Comisión de la Verdad ha documentado que las AUC se caracterizaron por un despojo sofisticado al contar con la complicidad de servidores públicos para registrar en notarías las miles de hectáreas usurpadas e impulsar la creación de empresas y la llegada…
p. 400
41Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 481 cita
[49]estatales 14. En relación con la expansión territorial de las auc, esta tuvo su princi- pal epicentro en el norte del país, donde se empeñaron en la construcción de un corredor “antisubversivo, que va de la frontera con Panamá (selva del Darién) hasta los límites con Venezuela, y pasa por el norte de Antioquia,…
p. 48
42Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1041 cita
[50]grupos armados bien constituidos 24. Sin embargo, el alcance de estas acciones se limitaba a sus zonas de influencia. Esta característica cambió con la aparición de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá) en la región de los Llanos Orientales. En 1996 las ACCU, surgidas en 1994, emprendieron la ins-…
p. 104
43¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1211 cita
[51]habían superado ya su versión vigilan- te —con su énfasis en el ámbito militar y territorial—, para convertirse entonces en un proyecto social, económico, muchas veces enfrentado al Estado central, ya fuera por reticencia y desconfianza frente a procesos de modernización institucional no “consultados con las…
p. 121
44La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1071 cita
[52]áreas montañosas de la Costa Caribe donde se consolida- ron comunidades campesinas marginadas: el hacendado podía ser comprador, vendedor y/o prestamista del campesino, o su principal fuente de trabajo, y de ese modo, como amo y señor de un corregi- miento o municipio, manejaba los hilos de la actividad estatal a su…
p. 107
45Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 471 cita
[53]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
p. 47
46Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 1701 cita
[54]para que se privilegiaran las listas únicas. El M-19 pactó con el Gobierno que el acuerdo se volviera ley en el Congreso y que luego se convocaría a un referendo para reformar electoral- mente la Constitución del 86. Pero la mafia actuó por medio de sus congresistas y tumbó el acuerdo con mayorías parlamenta- rias…
p. 170
47Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 32 citas
[55]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
[56]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
48Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 2261 cita
[57]Uribe, y sus efectos (2003-2005). Mapa 1. Bloques y frentes de grupos armados ilegales (1980-2006) Fuente: Julio Cortés para MH. 226 Mujeres y guerra - Víctimas y resistentes en el Caribe colombiano Línea de tiempo Fuente: Línea de Género, MH. PERÍODOS MH CONFLICTO ARMADO GOBIERNOS Virigilio Barco Vargas César Gaviria…
p. 226
49Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[58]elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…
p. 283
50Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[59]Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…
p. 85
51Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2641 cita
[60]y judiciales tales como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Además, se puso en marcha la acción de tutela, mecanismo de protección de los derechos funda- mentales. Gobiernos posteriores al Frente Nacional EN Proclamación de la Constitución de 1991. En Pese…
p. 264
52El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[61]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
53Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1471 cita
[62]liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…
p. 147
54Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[63]a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…
p. 271
55Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 351 cita
[64]elección de presidente de República. Este decreto se explicó amparado en el decreto 1038 do 1984, que dechró turbadoel orden público y en estado de sitio todo el territorio nacional, Su finalidad era facilitar el pronancamiento popular sobre el de- sE0- de comvecar una assmblen consti: tuyente para reformar la…
p. 35
56Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1151 cita
[65]institucionalidad se pretendió dar respuesta. En efecto, Colombia padecía desde hacía varios lustros de una larvada guerra civil que en los años ochenta y noventa tomó inusitado vigor. Diversos procesos de pacificación han logrado que algunos de los grupos armados se integren al sistema. No obstante, la guerra civil…
p. 115
57Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 821 cita
[66]pude. No me percaté de que alguien dentro del público filmaba la escena. Por ese tiempo, había ocurrido el estallido de una bomba en Bogotá. El noticiero dedicó 29 minutos a desmenuzar esa noticia. En el minuto final, la presentadora dijo: “Mientras los bogotanos sufrían las consecuencias de las bombas, el candidato…
p. 82
58Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[67]simultánea en la totalidad del territorio, sino en períodos diferentes, ligados a los diferentes momentos de la integración gradual de las regiones en la vida económica del conjunto de la nación y de la difícil articulación de las poblaciones en la configuración política del país. De esta manera, se definieron once…
p. 31
59Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1201 cita
[68]inep, (1990); Medina Gallego & Téllez Ardila, (1994); Medina Gallego, (1990, pp. 127-231). 128 GUERRA A LAS DROGAS, ESCALAMIENTO Y GUERRA SUCIA La zona de despeje del Caguán, ¿una radiografía territorial de las FARC? La imagen fabricada y autofabricada de unas farc poderosas militarmente, entreverada con los vaivenes…
p. 120
60Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2141 cita
[69]llamada “zona de distensión”, un territorio de más de 42 mil kilómetros que el gobierno cedió al control de la guerrilla. El gobierno y las FARC se reunieron durante más de dos años sin obtener ningún resultado concreto, hasta que en febrero de 2002, pocos meses antes de culminar su gobierno, Pastrana declaró el fin…
p. 214
61Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1931 cita
[70]ejemplo, tienen en común su ubicación geográfica y el uso intensivo de la precaria red vial nacional, que fue fácil presa de la interferencia violenta de los distintos grupos armados ilegales. 207 A finales de la década de 1990 y comienzos de la de 2000, en el contexto de los diálogos del Caguán, mientras el Gobierno…
p. 193
62Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1551 cita
[71]saldo la muerte de 30 militares y 26 guerrilleros 612. El acuerdo para el cese al fuego de San Francisco de la Sombra, firmado el 5 de octubre de 2001, intentó superar las tensiones generadas tras el secuestro y asesi- nato de Consuelo Araujo, sucedido el 29 de septiembre en la región Caribe 613. El 7 de octubre, al…
p. 155
63Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2501 cita
[72]versión, en septiembre de 1999, el Plan Colombia fue presentado siempre como un proyecto de ayuda exclusiva a la lucha contra el narcotráfico (García, 2001), aunque es claro que en su origen estaba la preocupación por las derrotas sufridas por el Ejército a manos de la guerrilla. Como en aquel momento el gobierno…
p. 250
64Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1521 cita
[73]1985-2005, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Proyecciones de población municipal por área 2005-2020, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. 602 Entrevista 208-PR-02012. Testigo, mujer, religiosa. 153 fiflćffć́Th́ El repliegue de la insurgencia, los herederos del paramilitarismo y la…
p. 152
65La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 541 cita
[74]54 La guerra escondida pios de San Vicente del Caguán y Puerto Rico), terminando en el suroccidente de Cundinamarca (mapa 5). Aparte de estos corredores existen otras zonas que han sido regiones en disputa por parte de las guerrillas, los grupos parami- litares y las Fuerzas Armadas. Estas zonas de disputa…
p. 54
66Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1531 cita
[75]el banano, por ejemplo, y economías ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y la trata y tráfico de personas. Durante décadas se ha planteado la construcción de una carretera que atraviese el Tapón del Darién y un nuevo puerto para facilitar la comunicación con el Pacífico; sin embargo, se han quedado…
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67Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[76]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
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68Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1971 cita
[77]como en todo un universo de representacio- nes y conocimientos. 1990 -2013 Década de 1990 hasta hoy: In- tervencionismo económico desde el centro nacional con una economía de enclave por- tuario y de rela- ción instrumental, megaproyectos 2000 – 2013 Ciudad – “puerto sin comuni- dad” y orden de violencia de la…
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69Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 1051 cita
[78]narcotrá fi co 49. En la nueva etapa se refuerza el carácter de “empresarios de la coerción” que tuvieron en sus orígenes (Romero, Mauricio, 2003), pero con una diferencia central: una cosa era ejercer violencia para mantener un orden social y político, buscar captar el Estado local y regional, y así reforzar la…
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70Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1741 cita
[79]se vistieran porque nos teníamos que ir de la finca. [...] Salimos volados en un camión que pasaba en ese momento. Al volver a pasar por La Horqueta ya no había ni sombra de los otros paramilitares, solo quedaban los muertos 575. Unas 200 personas se desplazaron a Bogotá y a otros municipios de la región 576. Este…
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71De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 4121 cita
[80]te- nían mayor responsabilidad frente a la población por sus roles públicos y de poder e influjo social. Respecto del estado de la investigación de las compulsas a ter- ceros realizadas por la Fiscalía en el caso del Bloque Tolima, es destacable que, pese a esfuerzos de esta, es preocupante conocer que la gran mayoría…
p. 412
72¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 431 cita
[81]economías fueron utilizadas para la expansión vigorosa de los respectivos grupos. Tercero, en el caso del ELN, la relación con las economías ilícitas fue bastante más complicada, aunque desde finales de la década de 1990 ellos también se integraron plenamente a ellas. Antes extraían pingües rentas del sector minero.…
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73Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1581 cita
[82]cia de la Alcaldía de Medellín, quien actuó de manera independiente. Esta comisión logró un cese de los enfrentamientos entre estos bandos, pero esto no significó el fin de las acciones armadas de la disputa. Pocos meses después se reiniciaron los enfrentamientos, con el agravante del ingreso de un actor armado…
p. 158
74Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1721 cita
[83]FARC 490. El Clan del Golfo llegó a la región en 2017 gracias a una alianza con la disidencia de Gentil Duarte –presuntamente asesinado en Venezuela en el 2022–. Esta disiden- cia venía expandiéndose desde Cauca hacia Nariño y buscaba reintegrar el Bloque Occidental de las FARC-EP bajo el nombre de Comando Coordinador…
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75Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1641 cita
[84]en las áreas urbanas. La rápida expansión del grupo fue facilitada por sus alianzas con el ELN y las FARC-EP en torno al narcotráfico. En 2010, Los Rastrojos eran el grupo narcotraficante más fuerte y operaba por lo 391 Entrevista 582-VI-00052. Víctima, norte del Valle del Cauca. 392 El Espectador, «‘Los Rastrojos’…
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76Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 3551 cita
[85]de secues- tro cayó desde su pico de 3. 550 en el año 2000 a 1. 500 en 2010, reflejando los éxitos de la política de seguridad de la administración Uribe, pero siendo todavía bastante con- siderable. La cifra bajó radicalmente a sólo 188 en 2016, gran logro del proceso de paz del presidente Santos. Como ministro de…
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