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Biografía

Hernán Giraldo Serna

Constitución de 1991

18 min de lectura27 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesColono armado y señor territorial en la Sierra Nevada de Santa Marta · Jefe de Los Chamizos, grupo armado familiar
Lugar principalColombia
Período históricoConstitución de 19911991–2002
03

La biografía

En la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde la montaña se sumerge en el Caribe entre playas y ensenadas, un colono antioqueño llegado en los años sesenta construyó durante cuatro décadas uno de los feudos más completos que produjo el conflicto colombiano. Hernán Giraldo Serna —conocido en la región como El Patrón— no fue un ideólogo contrainsurgente ni un comandante formado en la escuela de los hermanos Castaño. Fue algo distinto y en cierto modo más originario: un señor territorial que fundió en un mismo ejercicio de dominación el control de rutas del narcotráfico, la provisión de infraestructura básica a comunidades campesinas, la intermediación política con las élites regionales y una práctica sistemática de violación de niñas y adolescentes que operó no como exceso sino como método, como parte del modo en que reprodujo su poder. Comandante del Bloque Resistencia Tayrona en el ciclo final de las Autodefensas Unidas de Colombia, fue extraditado a Estados Unidos en 2008 por narcotráfico, y sus descendientes heredaron la estructura criminal que hoy se conoce como La Oficina Caribe o Los Pachencas. Su caso resume, mejor que casi cualquier otro, el paramilitarismo de segunda generación: patrimonial antes que militar, familiar antes que federado, arraigado en un territorio específico antes que desplegado por un proyecto nacional.

02

Línea de vida

  1. 1960

    Llegada a la Sierra Nevada como colono

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    Giraldo, antioqueño de origen, llegó a la Sierra Nevada de Santa Marta en el gran flujo migratorio de los años sesenta, cuando miles de campesinos desplazados por la violencia bipartidista buscaban tierra en las estribaciones de la cordillera.

  2. 1969

    Fundación de Los Chamizos

    Leer contexto

    Hacia finales de los años sesenta, en el contexto del mercado emergente de la marihuana, Giraldo organizó un grupo armado conformado esencialmente por miembros de su familia, denominado Los Chamizos, con base en la vertiente norte de la Sierra Nevada.

  3. 1978

    Control del tráfico de marihuana y desplazamiento de traficantes guajiros

    Leer contexto

    Durante la bonanza marimbera, Giraldo desplazó a los traficantes guajiros del negocio hasta Palomino, acaparó los contactos con compradores y controló el tráfico en su franja, acumulando recursos para comprar fincas, vehículos y rearmar su grupo.

  4. 1990

    Transición al narcotráfico de cocaína

    Leer contexto

    Para la primera mitad de los años noventa, Giraldo había transitado del negocio de la marihuana al de la cocaína, controlando rutas y laboratorios del boom cocalero junto con asociados como Jairo Musso Torres, y acumulando tierras por compra o despojo.

  5. 1994

    Aprovechamiento del marco legal de las Convivir

    Leer contexto

    Cuando el gobierno colombiano creó las cooperativas de vigilancia Convivir mediante el Decreto 356, Giraldo obtuvo un impulso extraordinario al poder establecer conexiones legales con élites económicas, hacendados, comerciantes y actores institucionales, consolidando su control territorial.

  6. 1997

    Existencia previa a la federación de las AUC

    Leer contexto

    Cuando se federaron las Autodefensas Unidas de Colombia en 1997, Giraldo era ya uno de los núcleos paramilitares locales con fuerzas propias en la Sierra Nevada, identificado como narcotraficante antioqueño con presencia en la vertiente norte, junto con Los Rojas y otras estructuras regionales.

  7. 2001

    Integración condicionada a la Coordinadora Nacional de Autodefensas

    Leer contexto

    En 2001 Giraldo accedió a formar parte de la Coordinadora Nacional de Autodefensas de Carlos Castaño, pero conservando amplia independencia operativa y económica sustentada en las rentas del narcotráfico que controlaba en la Sierra bajo la denominación Autodefensas Campesinas del Magdalena y La Guajira (ACMG).

  8. 2002

    Derrota militar y absorción por el Bloque Norte

    Leer contexto

    Tras una confrontación armada entre diciembre de 2001 y febrero de 2002 con el Bloque Norte de Jorge 40 (Rodrigo Tovar Pupo), Giraldo fue militarmente derrotado y llegó a un acuerdo en febrero de 2002. Sus estructuras fueron reorganizadas en el Frente Resistencia Tayrona y el Frente Contrainsurgencia Wayúu, quedando subordinado al Bloque Norte.

  9. 2008

    Extradición a Estados Unidos por narcotráfico

    Leer contexto

    Hernán Giraldo Serna fue extraditado a Estados Unidos en 2008 por cargos de narcotráfico, poniendo fin a su presencia directa en la Sierra Nevada. Sus descendientes heredaron la estructura criminal que continuó operando en la región.

El colono armado

Giraldo era antioqueño y venía del interior. Llegó a la Sierra Nevada en el gran flujo migratorio de los años sesenta, cuando miles de campesinos empujados por la violencia bipartidista buscaron tierra en las estribaciones de una cordillera que apenas empezaba a colonizarse. No fue un caso aislado: la Sierra se pobló en esos años con oleadas de colonos del interior que trepaban por sus laderas abriendo monte, sembrando café en las partes altas y disputando, sin títulos claros, un territorio históricamente habitado por koguis, arhuacos, wiwas y kankuamos. Adán Rojas, otro colono que también organizaría después su propio grupo armado familiar, llegó por caminos parecidos. La Sierra recibía gente que huía de una guerra y aprendía, casi al mismo tiempo, que el nuevo territorio no ofrecía Estado sino oportunidades y peligros propios.

Hacia finales de los años sesenta, en el clima de violencia asociado al mercado emergente de la marihuana, Giraldo organizó un grupo armado conformado esencialmente por miembros de su familia. Se llamaron Los Chamizos. El grupo se instaló en la vertiente norte de la Sierra —Guachaca, Buritaca, Don Diego, Mendihuaca—, la franja donde la cordillera baja hasta el mar y donde los cultivos podían encontrar salida por las mismas playas, bahías y ensenadas que durante siglos habían servido al contrabando. Ese acoplamiento entre geografía y negocio no fue incidental: definió todo lo que vendría después. La Sierra permitía sembrar en la parte alta, procesar en la media y embarcar en la baja, y quien controlara ese eje vertical controlaba una empresa completa.

Los Chamizos hicieron dos cosas simultáneas. Prestaron servicios de seguridad a grandes hacendados y a los primeros narcotraficantes que se movían por la región, y comenzaron a disputar el negocio mismo. La bonanza marimbera —corta, intensa, alimentada por la demanda estadounidense y golpeada a fines de los setenta por la fumigación con paraquat del gobierno Turbay— dejó a Giraldo en una posición inmejorable: había desplazado a los traficantes guajiros del negocio hasta Palomino, había acaparado los contactos con los compradores y controlaba el tráfico en su franja. Con esas ganancias compró fincas, adquirió vehículos y rearmó a su gente. Cuando en los años ochenta comenzó el ciclo de la cocaína, ya tenía tierra, hombres y rutas. La transición fue orgánica: la primera mitad de los noventa lo encontró convertido en actor clave del boom cocalero de la Sierra, controlando laboratorios y corredores de exportación, enriquecido junto con asociados como Jairo Musso Torres mediante la acumulación de tierras —por compra o por despojo— y la explotación de la nueva economía ilícita.

Ese paso de la marihuana a la cocaína lo separó definitivamente de las FARC, con quienes disputaba la vertiente norte, y lo acercó a las estructuras armadas de derecha que empezaban a articularse en el país. Pero incluso en esa aproximación Giraldo mantuvo una particularidad: no era un antisubversivo en sentido estricto, era un colono armado que había construido su propio dominio y que necesitaba defenderlo tanto de la guerrilla como de cualquier otro competidor. Cuando en 1997 se federaron las Autodefensas Unidas de Colombia, Giraldo ya era, junto con Los Rojas y algunos otros, uno de los núcleos paramilitares locales que existían con anterioridad y con fuerzas propias. No entró en las AUC por conversión ideológica sino porque el mapa nacional estaba cambiando y él necesitaba ubicarse en él sin perder lo suyo.

La Constitución del 91, las Convivir y el salto de escala

La década que siguió a la promulgación de la Constitución de 1991 fue la del gran ensanchamiento del poder de Giraldo. Tres procesos convergieron para hacerlo posible.

El primero fue económico. La cocaína consolidó una economía ilícita mucho más rentable y con cadenas de valor más complejas que la marihuana. Giraldo pasó de proteger a los narcotraficantes a serlo él mismo, y de cobrar impuestos por el uso de sus rutas a controlar directamente laboratorios y embarques. Sus fuentes de financiación se diversificaron: impuestos a tierras y ganado, extorsión a comerciantes, robo de mercancías, contrabando, y por encima de todo el narcotráfico como columna vertebral. Acumuló una masa de tierras considerable, en parte por compra a colonos empobrecidos, en parte por despojo abierto, y estableció con Jairo Musso y otros socios una red patrimonial que combinaba propiedad rural, movilidad de capital ilegal y control armado del corredor exportador.

El segundo proceso fue jurídico e institucional. En 1994, al final de la presidencia de César Gaviria, el Decreto 356 creó las cooperativas de vigilancia y seguridad privada conocidas como Convivir: un marco legal que permitía a organizaciones civiles armarse con armas cortas y coordinar con Policía y Ejército tareas de seguridad. Diseñadas como respuesta a la inseguridad rural y respaldadas con firmeza por la federación nacional de ganaderos, la asociación de bananeros y las principales agencias de seguridad del Estado, se convirtieron rápidamente en el vehículo por el cual grupos armados irregulares establecieron conexiones legales con actores institucionales. Se crearon más de cuatrocientas en el país, con especial arraigo en Santander y Antioquia. Cuando el gobierno Samper las ilegalizó en 1997-1998, el daño estaba hecho: el paramilitarismo había revivido con fuerza, oxigenado por tres o cuatro años de vinculación oficial.

Para Giraldo, las Convivir supusieron un impulso extraordinario. Le permitieron operar con mayor apertura, establecer relaciones con élites económicas y con oficinas del Estado, y presentarse ante la sociedad regional no como jefe de un grupo armado ilegal sino como empresario de la seguridad rural. En ese marco, sus vínculos con hacendados, comerciantes y políticos se hicieron menos clandestinos y más rutinarios. La legalidad —parcial, discutida, después revocada— fue una plataforma decisiva para pasar de señor local a poder regional articulado con la economía formal.

El tercer proceso fue político. Las investigaciones judiciales posteriores sobre sus aliados mostraron que Giraldo funcionó como broker electoral: intercambiaba los votos de los campesinos bajo su influencia por el apoyo de políticos regionales que, a cambio, le garantizaban tolerancia estatal, contratos y respaldo. Ese circuito clientelar no era un accesorio del poder armado sino su prolongación natural. Un hombre que controlaba corregimientos enteros de la Sierra —Guachaca, Buritaca, Mendihuaca, Palmor, San Pedro de la Sierra— controlaba también los votos de esos corregimientos, y ese control era mercancía valiosa en las elecciones locales y departamentales del Magdalena. Al mismo tiempo, Giraldo reconoció más tarde su participación en el asesinato de líderes políticos y comunitarios desde mediados de los años ochenta, cuando los partidos de izquierda y los movimientos de base empezaron a ser vistos como amenaza a la hegemonía política instalada. La violencia selectiva contra dirigentes sociales no fue, entonces, un episodio tardío sino una práctica sostenida durante dos décadas: la contracara sangrienta del clientelismo.

En el Mercado de Santa Marta —espacio civil, comercial, cotidiano— se registraron centenares de asesinatos selectivos, y en ese mismo lugar operaba una red humana vinculada a Giraldo dedicada al tráfico de drogas. Esa superposición entre el mercado como lugar de matanza y como lugar de negocio ilícito ilustra la textura del poder que se estaba construyendo: no un enclave militar aislado, sino una malla que atravesaba la vida cotidiana de la ciudad y de sus corregimientos.

El feudo: infraestructura, gratitud y depredación

Lo que hace de Giraldo un caso particular dentro del paramilitarismo colombiano es que su poder no descansó únicamente en la violencia. Con las ganancias del narcotráfico y una lectura fina del vacío estatal en la Sierra, financió obras que ningún gobierno había llevado a esos corregimientos: vías, redes de electrificación, puentes, acueductos, puestos de salud, escuelas, comedores infantiles, procesadoras de arroz, iglesias. Para buena parte de la población campesina de la vertiente norte, el hombre que decidía a quién se mataba era el mismo que había hecho posible que hubiera luz en la vereda o que los niños pudieran ir a una escuela. Se lo llamó patrón y salvador, y esas palabras no eran retórica: describían una relación efectiva de provisión y reciprocidad.

Esa combinación de coerción y prestación es lo que convierte al régimen de Giraldo en algo más denso que un simple aparato de terror. Los vínculos que estableció con las comunidades tenían una lógica de gratitud personal: quien recibía la ayuda —una operación médica, un puesto de trabajo, la mediación en un conflicto vecinal— quedaba amarrado a él por una deuda que no era económica sino moral. Sobre ese tejido de reciprocidad se apoyaba también el silencio ante lo que hacía. Porque al mismo tiempo que abría trochas y montaba escuelas, Giraldo ejercía sobre las mujeres y niñas de esos mismos territorios una violencia sistemática que no puede tratarse como un rasgo lateral de su biografía sin traicionar el material que la documenta.

Giraldo violaba exclusivamente niñas menores de quince años. En audiencia declaró que una mujer de veinte años era, para él, una anciana en la cama. El modus operandi es preciso y repetido: se mandaba buscar a las niñas en sus casas, se las subía a la Sierra hasta un lugar conocido como Machete Pelado, se las retenía hasta una semana y luego se las devolvía. Cuando en una familia había varias niñas menores de edad, no una sino todas podían ser requeridas. La práctica no era exceso individual sino patrón sostenido en el tiempo, ejecutado por hombres bajo su mando y tolerado —a veces protegido, a veces temido— por una comunidad que sabía lo que ocurría.

Alrededor de esa violencia se ha librado desde entonces una disputa de memoria. Hay versiones que insisten en la responsabilidad de las familias, en supuestos consentimientos, en la ambigüedad de las relaciones. La lideresa que testimonió sostuvo con claridad que las niñas eran requeridas y llevadas por la fuerza. El rango de edad, la reiteración, el confinamiento en Machete Pelado, el hecho de que varias hermanas pudieran ser tomadas de una misma casa configuran sin ambigüedad un régimen de esclavitud sexual y de violación sistemática de menores. En fincas de operación paramilitar de la región, además, se torturaba a mujeres y niñas; algunas eran desaparecidas, otras morían por no soportar los abusos. El sufrimiento desbordó lo individual: golpeó a familias enteras y comprometió el tejido social de veredas donde varias generaciones de niñas y adolescentes fueron marcadas por lo mismo.

Ese componente sexual del poder de Giraldo no puede aislarse del resto. Fue parte del modo en que se ejercía la soberanía sobre el territorio: si Giraldo proveía y castigaba, si repartía obras y ordenaba asesinatos, también se apropiaba de los cuerpos de las niñas de las comunidades que gobernaba, y ese acto era también, y sobre todo, una demostración de que en la Sierra su voluntad no tenía contrapeso. La depredación sexual funcionó como marcador de poder tanto como los puentes o los puestos de salud. Cualquier retrato honesto tiene que sostener esa asimetría: no se cancela lo uno con lo otro, y quien construye un colegio no queda absuelto de haber violado a sus alumnas.

De la coordinadora de Castaño al Bloque Norte

A finales de los años noventa, el mapa paramilitar nacional empezó a reordenarse. Las AUC, federadas en 1997 bajo el liderazgo de Carlos Castaño, buscaban articular en una confederación las distintas estructuras regionales que hasta entonces habían operado con lógicas propias. Giraldo aceptó en 2001 integrarse a la Coordinadora Nacional de Autodefensas, pero con una condición implícita y sostenida: conservar amplia independencia operativa y económica, sustentada en las rentas del narcotráfico que él mismo controlaba en la Sierra. Sus estructuras operaban en esa etapa como Autodefensas Campesinas del Magdalena y La Guajira (ACMG), denominación que reflejaba tanto la geografía como la pretensión de autonomía frente al aparato central.

Esa autonomía resultó incompatible con la lógica expansiva del Bloque Norte, comandado por Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40. El Bloque Norte se propuso dominar los cuatro departamentos del Caribe oriental —Cesar, Magdalena, Atlántico y La Guajira—, proyecto que suponía inevitablemente disputar a Giraldo el corredor exportador de la Sierra Nevada. En el fondo, la fricción no era ideológica sino económica: quien controlara la Sierra controlaba producción, procesamiento y exportación de cocaína en uno de los enclaves más lucrativos del Caribe colombiano.

El detonante llegó a finales de 2001. En noviembre y diciembre de ese año, por orden de Jairo Musso, fueron asesinados dos agentes de la DEA y tres policías de la Dirección Nacional Antinarcóticos en la región de Santa Marta. En el mismo período, Musso retuvo un cargamento de drogas con destino a Estados Unidos, se apoderó de él y lo entregó a la Policía. El escándalo internacional aportó munición política a la ofensiva. En diciembre de 2001 se registró una confrontación armada entre el grupo de Giraldo y las estructuras del Bloque Norte, que se extendió durante las semanas siguientes en la Sierra Nevada.

La derrota militar de Giraldo llegó en febrero de 2002. Fue absorbido por el Bloque Norte y quedó subordinado a Jorge 40. En el proceso, las antiguas ACMG fueron reorganizadas en dos frentes: el Frente Resistencia Tayrona, que mantuvo la base territorial de Giraldo en la Sierra Nevada y municipios aledaños como Santa Marta, Ciénaga y Zona Bananera, y el Frente Contrainsurgencia Wayúu, orientado hacia La Guajira, bajo el mando de Arnulfo Sánchez, alias Pablo. Giraldo quedó al frente del Frente Resistencia Tayrona, pero ya no como actor independiente que negociaba de igual a igual con Castaño: ahora era una pieza dentro de la arquitectura del Bloque Norte, con las obligaciones de coordinación, aportes y disciplina que eso implicaba.

Ese episodio de 2001-2002 es la clave para entender la naturaleza de su poder. El feudo que había construido durante tres décadas no era autosuficiente. Dependía de un equilibrio externo —la permisividad del Estado durante la etapa Convivir, la tolerancia de la coordinadora de Castaño mientras convenía— y cuando ese equilibrio se rompió, ni la infraestructura financiada ni la red de gratitud ni la reserva de hombres armados alcanzaron para resistir a una estructura paramilitar mayor decidida a integrarlo. La originalidad de Giraldo era genuina, pero no era soberana: era una forma local de acumulación de poder que el paramilitarismo nacional terminó por encuadrar sin destruirla.

La red

El poder de Giraldo se sostuvo en una red que combinaba familia, socios de negocio, aliados políticos y contactos institucionales. La familia fue el núcleo desde el comienzo: Los Chamizos se conformaron con parientes, y a lo largo de los años sus hijos y sobrinos ocuparon posiciones dentro de la estructura armada y de la administración patrimonial. Cuando Giraldo fue extraditado en 2008, la continuidad del negocio no requirió una refundación externa: sus descendientes tomaron el control y organizaron La Oficina Caribe, también conocida como Los Pachencas, que ha disputado desde entonces la economía ilícita del corredor Santa Marta–Sierra Nevada. Esa continuidad familiar es una firma del modelo Giraldo: no un aparato transferible a cualquier operador leal, sino un patrimonio con lógica sucesoria.

Junto a la familia, la asociación más significativa fue con Jairo Musso Torres, socio en la acumulación de tierras y en el control de laboratorios y rutas durante el ciclo cocalero. Musso fue quien ordenó el asesinato de los agentes de la DEA y de los policías antinarcóticos a finales de 2001, en el episodio que precipitó la ofensiva del Bloque Norte contra las ACMG. La relación con él muestra hasta qué punto la empresa de Giraldo era, en su núcleo económico, una empresa narcotraficante, y no un aparato contrainsurgente que se financiara accesoriamente con droga.

En el plano nacional, la relación con Carlos Castaño y con las AUC fue de coexistencia negociada mientras duró, y de sometimiento cuando el Bloque Norte impuso el nuevo orden. Con Salvatore Mancuso y con los cuadros militares del bloque central de las AUC, la relación fue siempre lateral: Giraldo no era de esa escuela ni compartía su discurso. Cuando en 2008 el gobierno de Álvaro Uribe ordenó la extradición masiva de jefes paramilitares a Estados Unidos, Giraldo hizo parte del grupo que salió en julio —Macaco había sido extraditado ya en mayo por continuar dirigiendo el narcotráfico desde la cárcel de Itagüí—, y desde entonces comparte con Mancuso, con Diego Fernando Murillo alias Don Berna y con los demás extraditados el mismo horizonte judicial dividido entre las cortes estadounidenses y los procesos incompletos de Justicia y Paz en Colombia.

En el plano regional, la red incluyó políticos del Magdalena beneficiados por el trasvase de votos campesinos, gremios que se apoyaron en las Convivir para consolidar su seguridad, hacendados que compraron protección o vendieron tierras bajo presión, y funcionarios que toleraron o facilitaron los movimientos del grupo. Las investigaciones de la parapolítica documentaron parte de esa maraña, aunque el mapa completo de los apoyos políticos de Giraldo probablemente exceda lo que llegó a los tribunales.

En el plano territorial, la red se enlazó con —y a veces se superpuso a— la de otros actores. Los Rojas operaban en zonas propias de la misma sierra desde antes de la conformación de las AUC. Los pueblos indígenas —koguis, arhuacos, wiwas, kankuamos— fueron objeto de presiones y desplazamientos en un territorio donde la disputa por la tenencia de la tierra involucraba también proyectos productivos legales y proyectos de infraestructura. La Sierra Nevada fue una zona de disputa, junto con los Montes de María, el oriente antioqueño o el occidente de Arauca; en su caso, la disputa se libró simultáneamente por el control de la producción, del procesamiento y de la exportación de drogas ilícitas, y por la posesión de un espacio de enorme valor simbólico y estratégico.

Extradición y huella

La negociación de las AUC con el gobierno de Álvaro Uribe entre 2003 y 2006 desembocó en desmovilizaciones colectivas y en el marco jurídico de Justicia y Paz, que ofrecía penas alternativas a cambio de verdad, justicia y reparación. Giraldo se acogió al proceso. Pero en 2008, ante la evidencia de que varios comandantes seguían dirigiendo negocios ilícitos desde prisión y ante la presión judicial estadounidense por narcotráfico, Uribe ordenó la extradición de la mayoría de los jefes paramilitares. Giraldo salió del país en julio de ese año.

La extradición partió en dos la posibilidad de completar los procesos internos. Al no existir un convenio de cooperación judicial pleno entre Colombia y Estados Unidos, las víctimas colombianas quedaron con acceso muy limitado a los procesos que se seguían en las cortes estadounidenses, donde el eje era el narcotráfico y no los crímenes de lesa humanidad. Organizaciones de derechos humanos y de víctimas se opusieron entonces a las extradiciones argumentando que reducían las posibilidades de hacer justicia sobre las masacres, los desplazamientos, los asesinatos selectivos y —en el caso de Giraldo con particular intensidad— la violencia sexual sistemática contra menores. La crítica de fondo era que el Estado colombiano estaba privilegiando las demandas penales de otro país por delitos comunes sobre los procesos internos donde se ventilaban crímenes de lesa humanidad confesados por los propios extraditados. Don Berna llegó a ofrecer, desde Estados Unidos, la colaboración de los exjefes paramilitares extraditados en los procesos de parapolítica a cambio de reducción de sus penas allá. Mancuso expresó en distintos momentos su intención de dejar de colaborar con la justicia colombiana.

En la Sierra Nevada, la ausencia física de Giraldo no supuso la desaparición de su estructura. La Oficina Caribe o Los Pachencas, comandada por sus descendientes, ha ocupado el espacio dejado por el Frente Resistencia Tayrona en la economía ilícita del corredor Santa Marta–Guachaca–Palomino. El Frente Contrainsurgencia Wayúu, bajo Arnulfo Sánchez, no cesó su actividad después de la desmovilización: para 2010 su poderío militar y su número de hombres habían aumentado respecto a 2004, lo que sugiere una continuidad operativa en La Guajira que confirma la solidez del modelo territorial construido en las décadas previas.

La huella de Giraldo en la memoria regional es tensa. Hay comunidades donde todavía se lo recuerda como el hombre que llevó la luz, la escuela y el puesto de salud; hay familias donde su nombre remite a la niña que se llevaron y no volvió a ser la misma, o a la hermana que murió, o al padre asesinado por hablar de más. Esa tensión es constitutiva del personaje y no debe resolverse en falso: la Sierra Nevada de los años ochenta y noventa era un territorio con vacío estatal profundo, donde la infraestructura mínima llegó por vías que también arrasaron con vidas y con cuerpos. Giraldo entendió esa vacancia y la ocupó, y en esa ocupación construyó al mismo tiempo un aparato de servicios y un aparato de terror, sin que lo uno cancele lo otro.

Su lugar en la historia del conflicto colombiano es el de un paramilitarismo distinto al que suele ocupar la primera línea del relato. No fue el hijo de un ganadero de Amalfi que juró vengar a su padre. No fue el estratega militar que soñaba con una confederación nacional de autodefensas. No fue el ideólogo que se sentaba a redactar estatutos. Fue un colono armado que en una geografía específica —la Sierra Nevada donde la montaña se hunde en el Caribe— fundió narcotráfico, gobierno paralelo, clientelismo político y depredación sexual en un mismo régimen. Ese régimen fue original y parasitario a la vez: original porque nadie más lo construyó exactamente así, parasitario porque solo pudo existir mientras la geografía exportadora, la permisividad estatal y la tolerancia paramilitar nacional se lo permitieron. Cuando esas condiciones cambiaron, primero fue absorbido y después extraditado. Pero la estructura que dejó sigue funcionando en la Sierra, con nuevos nombres y con sus mismos apellidos, y esa continuidad es quizá el dato más difícil de sostener sobre él: que el feudo no era, en el fondo, un exceso pasajero del conflicto colombiano, sino una forma de gobernar el territorio que le sobrevivió.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 36 fragmentos
01Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Páginas 62, 802 citas
[1]

producción de la hoja de coca, de transformación de la pasta y de embarque del producto terminado. Esta última etapa del trá fi co les da un valor estratégico a las playas, bahías y ensenadas de la Sierra, en donde la montaña se sumerge en el mar, creando un medio geográ fi co idóneo para todas las formas del comercio…

p. 62
[15]

de la acción colectiva; así, Sintrainagro, que contaba con 2600 a fi liados en 1994, ya para 2001 no tenía más de 900. Pero la ofensiva contra el sindicato incluía métodos alternativos. De acuerdo con Tijeras, después del asesinato de Güette, los paramilitares intervinieron para lograr la elección de dirigentes más…

p. 80
02Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 1471 cita
[2]

liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…

p. 147
03Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · Página 991 cita
[3]

Sierra Nevada de Santa Marta, en los depar- tamentos de Guajira, Magdalena y Cesar, reunió su importancia estratégica como ruta de salida del narcotráfico con la creación de un grupo paramilitar dirigido por un colono antioqueño, Hernán Giraldo Serna, que prestó servicios de seguridad para grandes ha- cendados y…

p. 99
04La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · Páginas 106, 1292 citas
[4]

un desfile de muer- tos, desfile de muertos, bajen muertos; [la gente decía:] que en tal parte hay tres personas muertas, y así. O sea, fue una época, de los noventa, por ejemplo, fue una época abso- lutamente violenta, pero violenta, violenta, que trajo muchísimos muer- tos. Pero Hernán Giraldo logró sacar a los…

p. 106
[13]

luego de derrotar al Clan Los Rojas en la confrontación. Domina estos territorios y adquiere fama de depredador sexual. 2001 Santa Marta, Magdalena Autodefensas Campesinas del Magdalena y La Guajira Hernán Giraldo accede a formar parte de la Coordinadora Nacional de Autodefensas de Carlos Castaño, aunque con amplia…

p. 129
05Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · Página 1941 cita
[5]

of the drug business. In any case, many Colombians were persuaded and seduced by the allure of growing marijuana as a cash crop. To do so successfully, they relied on both the plant’s natural qualities and their own labor and agricultural traditions. Marijuana’s short growing cycle of five to nine months between…

p. 194
06¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 921 cita
[6]

Cafetero, 1994), 45. 140 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica vos grupos en varias zonas del país: en Córdoba bajo el liderazgo de Fidel Castaño; en el Cesar, con los hermanos Prada; en la Sierra Nevada de Santa Marta, con Hernán Giraldo y Los Rojas; en Casanare, con Los Buitrago; y en los llanos…

p. 92
07El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 3211 cita
[7]

presento algunos ejempli > *, pero quedan todavía varios por fuera. 31 4 315 s o s * “ a e n p c s o e o c o l e s g a Estructura Coman dante Financiación Relación ganaderos Ubicación Fuente 1 Fuente 2 Bloque Resistencia Tayrona Sierra Ne vada de Santa Marta. Hernán Giraldo Serna. "Impuestos a las tierras y al ganado,…

p. 321
08Violence Entrepreneurs, Law and Authority in ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 41 cita
[8]

cocaine — boom, and established strong links with the economic and political elites of the province. Hern´ an Giraldo, the patriarch of one of these families, has acknowledged his participation in the murder of political and community leaders from the mid-1980s, a time when left-wing parties and grassroots movements…

p. 4
09La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 1181 cita
[9]

fue secuestrado por el frente "Gustavo Palmesano Ojeda" del ELN Y muerto en un combate con el Ejército en la Sierra Nevada de Santa Marta, lo entierran como NN guerrillero muerto en combate y apare- ce en la foto con un arma de combate; se trataba de un falso positivo. Su primo Juan Carlos Vives Menotti era el…

p. 118
10Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Páginas 385, 3882 citas
[10]

then returned to the SNSM, strengthen - ing his grip over his territory. By the first half of the 1990s, he and some of his closer associates, like Jairo Musso, had already become very rich, basically through two operations: land accumulation through purchase or grabbing, and control of routes and laboratories of the…

p. 388
[19]

armed group. They were displaying the most brutal forms of violence against civilians. In the 1990s, paramilitary activity and territorial presence escalated even further. For one, new paramilitary groups appeared. In 1994, the gov - ernment approved the creation of security cooperatives named Convivir, which allowed…

p. 385
11No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1611 cita
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abogados de Escobar los habían sacado de la cárcel. El expediente había desaparecido 472. Los cultivos declarados ilícitos fueron profusos desde mediados de la década. Primero estuvo en auge la marihuana en la Sierra Nevada de Santa Marta, desde allí era exportada por rutas antiguas de contrabando de La Guajira y…

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12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 801 cita
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Marta desde los años cincuenta. Es claro que este narcotráfico seminal tejió fuertes redes con la política. Los casos más sobresalientes aparecerían más adelante, como el de Samuel Santander Lopesierra, más conocido como «El Hombre Marlboro», que ocupó curules en el Congreso y fue extraditado a los Estado Unidos,…

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13La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · Páginas 108, 1112 citas
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Hernán Giraldo queda bajo el control del Frente Resis- tencia Tayrona y j orge 40 asume como comandante del Bloque n orte de las A u C que extendió su dominio en los departamentos de Cesar, Magdalena, Atlántico y Guajira. 175 Según Semana, el frente contrainsurgencia Wayuu se crea bajo una alianza en- tre j orge 40, j…

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transporte. Otros con- formaron bandas dedicadas al robo de mercancía. Las mujeres Wayuu se relacionan y cumplen un papel importante dentro de la economía del contrabando en su rol de comerciantes, es decir como dueñas de establecimientos de venta de comida, víveres, li- cores y gasolina, como propietarias de…

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14Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · Página 2851 cita
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vías de penetración, electrificación, puentes, acueducto, puesto de salud, escuelas, comedores infantiles, pro- cesadoras de arroz e iglesias, entre otras” 88. Pero además de prestar estos servicios, ‘El Patrón’ se convirtió para algunos habitantes en el ‘salvador’, ya que daba soluciones económi- cas a partir de…

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15Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Página 851 cita
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vorágine del Gran Magdalena El negocio de las drogas ilícitas En la lógica mafiosa de los hermanos Castaño Gil, las ACCU se apropiaron del control de los cultivos de coca, los centros de pro- ducción de la cocaína y las rutas del narcotráfico en el Magdalena Grande. Esto lo hicieron con alianzas, asesinatos de viejos…

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16Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · Página 271 cita
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Córdoba), Villanueva (Valencia, Córdoba) entre otros. En su avance el Bloque Norte se topó con estructuras paramili - tares locales tradicionales de la región que no compaginaron con su propio proyecto paramilitar y con las cuales se vio enfrentado. Es el caso del enfrentamiento entre las Autodefensas Campesinas de…

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17Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 1291 cita
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conglomerados empresariales, así como otras estructuras criminales. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, uno de los grandes hitos para el nuevo auge del paramilitarismo no se entiende sin la creación de las conocidas como Convivir. Las Convivir, creadas al final de la presidencia de César Gaviria —Decreto 356 de…

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18La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · Página 1061 cita
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inscrita en el cuerpo Reparación y Reconciliación, CNRR - Grupo de Memoria Históri- ca 2011 a; Corporación Humanas, 2013). Sobre este hecho, que ha sido ampliamente documentado, existen disputas por la memoria, relacionadas con las múltiples maneras en que se ha abordado el tema de la responsabilidad de las familias…

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19Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · Página 4992 citas
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las malas. ¿Estamos hablando de las fincas Arenal, de Las Mercedes, La Cristalina, La Arzola? La más, finca en que más se torturó mujeres fue ahí en Nápoles (…) ¿Y estas mujeres qui é- nes eran? Niñas que las llevaban y las desaparecían, unas que se aburrían, unas las mataban o no aguantaban, morían, entonces las…

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las malas. ¿Estamos hablando de las fincas Arenal, de Las Mercedes, La Cristalina, La Arzola? La más, finca en que más se torturó mujeres fue ahí en Nápoles (…) ¿Y estas mujeres qui é- nes eran? Niñas que las llevaban y las desaparecían, unas que se aburrían, unas las mataban o no aguantaban, morían, entonces las…

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20Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 3611 cita
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la ley por seguir delinquiendo e, incluso, fueron extraditados a los Esta- dos Unidos; algunos otros no se desmovilizaron y tampoco cumplieron penas de privación de la libertad; y unos últimos fueron asesinados por diferentes razones. La idea en esta sección es revisar el panorama de lo que pasó con los comandantes…

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21Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 166, 1742 citas
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ridades colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi- ción siempre ha sido temida por los narcotraficantes colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi- ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de…

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colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi ción siempre ha sido temida por los narcotraficantcs colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de lesa…

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22Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 2411 cita
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Luego de una negociación con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desmovilizaron cerca de 30 000 paramilitares y sus jefes. La base del acuerdo de sometimiento que se plasmó en la Ley de Justicia y Paz era que los paramilitares contribuirían con la verdad de lo sucedido, colaborarían con la justicia y repararían a…

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23Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Páginas 479, 4834 citas
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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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24La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · Página 5251 cita
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y Paz, por lo que reco- bró su libertad en 2016. Al salir de la cárcel habría conformado una orga- nización armada en el corregimiento El Palmor del municipio de Ciéna- ga, Magdalena. Esta organización ha sido reconocida por las autoridades como una de las que comanda el negocio del narcotráfico en esa región. Resulta…

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25La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · Página 541 cita
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54 La guerra escondida pios de San Vicente del Caguán y Puerto Rico), terminando en el suroccidente de Cundinamarca (mapa 5). Aparte de estos corredores existen otras zonas que han sido regiones en disputa por parte de las guerrillas, los grupos parami- litares y las Fuerzas Armadas. Estas zonas de disputa…

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26Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 2541 cita
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la desarticulación política entre indígenas y campesinos en la Sierra Nevada de Santa Marta. Este no es el único caso en Colombia ni en otros contextos mundiales, pero aquí expongo mi argumento en relación con este tema. El punto de entrada de dicha desarticulación es la reestructuración de la tenencia y del uso de la…

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27Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 2521 cita
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La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…

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