Idea · Crisis y narcotráfico
Bonanza marimbera
Entre 1972 y 1985, la Sierra Nevada de Santa Marta y La Guajira protagonizaron el primer gran ciclo del narcotráfico colombiano moderno: la bonanza marimbera, que abasteció una porción decisiva del mercado estadounidense de marihuana, reconfiguró la economía y la política del Caribe colombiano y dejó la infraestructura sobre la que corrió el posterior ciclo cocalero.
Trayectoria de una idea
- 1640
Raíces del contrabando en La Guajira
- 1969
Destrucción de cultivos mexicanos y redirección del tráfico hacia Colombia
- 1972
Inicio del auge marimbero en la Sierra Nevada y La Guajira
- 1975
Operación Stopgap de la DEA
- 1978
Pico de divisas y política antidrogas de Turbay
- 1981
La Policía Nacional asume el combate al narcotráfico
- 1983
Derrumbe del ciclo marimbero
- 1985
Cierre del ciclo y herencia estructural
La lectura
La bonanza marimbera fue el primer negocio ilegal de escala verdaderamente internacional operado desde Colombia, articulado de manera sistemática con élites políticas locales y capaz de producir ejércitos privados con vocación territorial. Su motor no fue la iniciativa colombiana sino la demanda externa: extranjeros llegaban con dólares en efectivo a buscar la mercancía, y el 93% del valor de la cadena se quedaba en Estados Unidos. Para los colonos de la Sierra Nevada representó una riqueza efímera pero real —coronar en una cosecha lo que el maíz y el plátano no habían dado en toda una vida—, mientras que para el Estado colombiano fue un fenómeno que tardó en reconocer y que, cuando enfrentó, lo hizo con fumigaciones y militarización antes que con política social. Cuando el ciclo se agotó por la competencia de la sinsemilla y la producción doméstica estadounidense, no dejó prosperidad duradera en el campo caribeño, pero sí dejó las rutas, los capitales y las complicidades sobre las que corrió sin pausa el ciclo cocalero. La bonanza marimbera no fue, en definitiva, un episodio cerrado: fue el momento fundacional del narcotráfico colombiano moderno.
La bonanza marimbera
Entre 1972 y 1985, la Sierra Nevada de Santa Marta y La Guajira funcionaron como el primer gran laboratorio del narcotráfico colombiano moderno. Durante poco más de una década, la marihuana cultivada en las estribaciones húmedas de la Sierra y embarcada por las playas del Caribe abasteció una porción decisiva del mercado estadounidense, movió cifras que ningún renglón legal de la economía regional podía igualar y dejó en pie —cuando se derrumbó— una infraestructura de rutas, capitales y complicidades sobre la que corrió el ciclo cocalero. La bonanza marimbera, como se conoció el episodio, no fue solo una fiebre de riqueza rápida entre colonos y contrabandistas: fue el momento en que Colombia se integró de manera masiva a la cadena internacional de las drogas ilegales, y el país descubrió —tarde— que la geografía, la exclusión y la demanda del norte podían fundirse en una industria capaz de reconfigurar su siglo.
Un episodio y su nombre
La palabra "marimbera" nombra a los productores, transportadores y exportadores de marihuana que dominaron el Caribe colombiano durante los años setenta. La bonanza remite al ciclo económico corto y explosivo que vivió la región mientras la hierba de la Sierra —la célebre Colombian Gold— fue el producto de referencia en el mercado estadounidense. Su epicentro geográfico fue el triángulo entre La Guajira, el Magdalena y el Cesar, con extensiones hacia el Magdalena Medio. Su epicentro humano fueron los colonos que subieron a las laderas de la Sierra, los clanes guajiros con siglos de oficio contrabandista, los pilotos y capitanes que sacaban los cargamentos por playas y pistas clandestinas, y una constelación de intermediarios estadounidenses que llegaban con dólares en efectivo a buscar la mercancía.
Su relevancia desborda las cifras. Fue el primer negocio ilegal de escala verdaderamente internacional operado desde Colombia, el primero en articularse de manera sistemática con élites políticas locales, el primero en producir ejércitos privados con vocación territorial, y el primero en inundar la economía nacional con divisas que ni el gobierno ni las élites empresariales supieron o quisieron interpretar a tiempo. Cuando el ciclo se agotó, hacia comienzos de los ochenta, el país había cambiado de una manera que aún no terminaba de reconocer.
El sustrato: contrabando, geografía y ausencia
La bonanza no brotó de la nada. La Guajira era, desde el siglo XVII, un territorio con vocación de frontera comercial ilegal. La península ofrece un litoral extensísimo y de acceso relativamente fácil al mar, y las potencias europeas rivales de España —holandeses, ingleses— habían establecido bases cercanas en el Caribe entre 1640 y 1660, en un contexto en que las naves oficiales de la Corona escaseaban en Riohacha y en los puertos menores de la costa. El contrabando se impuso allí como alternativa económica antes de que existiera Colombia, y sobrevivió a todos los regímenes posteriores: whisky, cigarrillos y armas de fuego entraban en intercambio por café y ganado, y la actividad se interiorizó socialmente como legítima pese a ser ilegal, tolerada de manera intermitente por los gobernantes.
Los wayúu tuvieron un papel notable en ese entramado. Los puertos de la Alta Guajira forman parte de entidades territoriales indígenas con autonomía de operación, lo que impidió históricamente que el Estado nacional tomara control real de sus embarcaderos. Las mujeres wayúu cumplieron funciones económicas de primer orden: comerciantes, dueñas de establecimientos, propietarias de vehículos de transporte, arrendadoras de bodegas. Alrededor del contrabando también existieron bandas dedicadas al robo de cargamentos, un sustrato de violencia que precedió al narcotráfico y que se articularía con él sin costuras visibles.
La otra pieza del sustrato fue la geografía de la Sierra Nevada de Santa Marta. La montaña litoral más alta del mundo, con los picos Bolívar y Colón por encima de los 5.700 metros, se levanta bruscamente desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas a pocos kilómetros del Caribe. Concentra todos los pisos térmicos en menos de cincuenta kilómetros, lo que permite alternar cultivos y esconder laboratorios en la espesura. Su vertiente norte, húmeda porque los vientos alisios del nordeste depositan allí la carga que traen del mar, alimenta ríos torrenciales como el Palomino, el Cañas y el Buritaca, y desemboca en un litoral de playas, bahías y ensenadas donde la montaña se sumerge directamente en el agua. Esa combinación —relieve accidentado para esconderse, clima variado para cultivar, costa recortada para embarcar— fue leída sin dificultad por quienes conocían el oficio del contrabando.
A ello se sumó una constante estructural: la ausencia del Estado. La Guajira era, y siguió siendo, un departamento excluido económica, política y socialmente del centro del país. Santa Marta y los pueblos de la Sierra vivían en la periferia administrativa. Los colonos que subían a las laderas huyendo de la violencia bipartidista de los años sesenta encontraron tierras vírgenes, pocos títulos claros y ningún poder público con capacidad efectiva de mediación. Ese vacío no era un accidente: era la condición sobre la que se asentó todo lo que vino después.
El detonante externo: México, Vietnam y la demanda del norte
El ciclo marimbero fue, en su origen, un fenómeno de demanda estadounidense. A finales de los años sesenta, la irrupción de los movimientos juveniles pacifistas, la protesta contra la guerra de Vietnam y el retorno de soldados que habían conocido la marihuana en el sudeste asiático dispararon el consumo en Estados Unidos. El mercado se abastecía principalmente desde México, hasta que el gobierno mexicano, a instancias de Washington, fumigó las plantaciones con herbicidas tóxicos. La destrucción de la oferta mexicana redirigió a los traficantes hacia el sur.
Colombia ofrecía lo que México acababa de perder: clima, mano de obra abundante y barata, una costa Caribe con siglos de práctica en burlar aduanas y una proximidad razonable al mercado. Los primeros compradores fueron extranjeros —principalmente estadounidenses— que llegaron a buscar mercancía y a pagarla muy bien en efectivo. Ese detalle fija el carácter del negocio desde el inicio: la demanda venía de afuera, los precios se fijaban afuera, y la porción del valor que quedaba en el país era una fracción minúscula del total. De los aproximadamente 39.940 millones de dólares que producía la venta al detal de todas las drogas en Estados Unidos, los productores extranjeros recibían apenas 2.400 millones. El 93 por ciento del negocio se quedaba del otro lado de la frontera.
El auge: colonos, jornaleros y clanes
Hacia 1974, cerca del ochenta por ciento de los finqueros de La Guajira sembraban marihuana. La cifra da la medida del vuelco. Los cultivos desplazaron al café y a los cultivos tradicionales en La Guajira y en la Sierra Nevada, y transformaron la economía rural del Caribe colombiano en cuestión de dos o tres cosechas. La marihuana ofrecía ventajas comparativas irresistibles para la colonización de fronteras agrícolas rocosas como el sector de Pénjamo: un ciclo de cultivo cortísimo, de cinco a nueve meses entre siembra y cosecha; capacidad de preparar suelos vírgenes para plantaciones posteriores; y precios que ningún grano tradicional podía igualar.
Un estudio de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras estimó que en la Sierra Nevada había alrededor de 6.000 productores y unos 13.000 jornaleros rurales atraídos por salarios que duplicaban o triplicaban los del campo tradicional. El mismo estudio calculó que unas 30.000 familias dependían total o parcialmente de la marihuana, una cifra equivalente a cerca de un tercio de los hogares rurales registrados en los departamentos orientales según el censo de 1973. Un colono podía, como escribió Alfredo Molano, "coronar en una sola cosecha lo que no había podido hacer durante toda su vida con el maíz, el arroz, el plátano y los cerdos". La expansión se explica por esa aritmética elemental combinada con la ausencia casi total del Estado.
En el otro extremo de la cadena, un mayorista radicado en Miami, Donald Steinberg, recordó ante un tribunal en 1984 haber descargado un envío de 50.000 kilos de Colombian Gold que vendió por 25 millones de dólares y le dejó una utilidad de dos millones. Un solo cargamento. Esa desproporción entre las ganancias del intermediario estadounidense y la renta que recibían los productores colombianos definió la economía política del ciclo: una bonanza real para los colonos, medida contra la miseria previa; una bonanza minúscula frente a lo que se quedaba en Miami, Nueva York o Florida.
Los clanes guajiros —los Dávila, los Cárdenas, los Valdeblánquez y otros linajes con arraigo en Riohacha, Maicao, Manaure y las rancherías de la Alta Guajira— coparon el eslabón intermedio: acopio, transporte terrestre, control de pistas y embarcaderos, negociación con los compradores. Pistas clandestinas se multiplicaron por decenas en La Guajira. Las playas del Cabo de la Vela, Bahía Portete, Dibulla y Palomino se convirtieron en puntos de embarque hacia el norte. Santa Marta, favorecida por su posición entre las zonas productoras y el mercado estadounidense y por la infraestructura portuaria de la ciudad y sus alrededores, emergió como centro neurálgico del tráfico.
Riqueza visible, política sorda
Los beneficios económicos de la bonanza fueron visibles desde el comienzo. Aumentó la disponibilidad de divisas, se dispararon las inversiones en bienes raíces y la compra de artículos suntuarios, se levantaron mansiones y se importaron autos que ningún ingreso legal declarado podía justificar. Los costos políticos y sociales, en cambio, tardaron en percibirse. El gobierno colombiano y las élites empresariales manejaron durante años la idea cómoda de que "el problema de las drogas" era de Estados Unidos y no de Colombia. Esa lectura permitió que el fenómeno se consolidara antes de que existiera una respuesta institucional coherente.
La cifra macroeconómica es elocuente. Durante la administración de Julio César Turbay Ayala, entre 1978 y 1982, las reservas internacionales de Colombia crecieron hasta alcanzar 5.630 millones de dólares en 1981. La bonanza cafetera de 1976-1978 y la bonanza de narcóticos de 1978-1983 se superpusieron, sumadas a una política de endeudamiento externo, y produjeron un exceso de divisas que abarató las importaciones, encareció relativamente la producción nacional y afectó perversamente al conjunto de la economía. El período coincidió con una apertura comercial creciente que el país no debatió como tal.
El lavado de esos capitales tenía nombre en la jerga oficial estadounidense: la "ventanilla siniestra". Washington identificó tres mecanismos que facilitaban el reciclaje del dinero del narcotráfico en Colombia: esa ventanilla del Banco de la República que permitía cambiar dólares sin preguntar su origen, las amnistías tributarias sucesivas y la laxitud con prácticas de registro de exportaciones ficticias o sobrefacturadas. La presión diplomática de Estados Unidos para desmontar esos mecanismos fue creciente, junto con la exigencia de reformar los códigos penales y militarizar la lucha antidrogas. En ese ambiente Turbay negoció y concluyó un tratado de extradición con Washington, pieza que sería el pararrayos político de la década siguiente.
Turbay, el paraquat y el Estatuto
La respuesta del Estado colombiano al ciclo marimbero fue tardía, fragmentada y, cuando llegó, marcadamente militarizada. La DEA había iniciado ya en diciembre de 1975 la Operation Stopgap, con vuelos de agentes sobre la costa de La Guajira para reportar embarcaciones sospechosas y avisar a la Guardia Costera estadounidense; hacia 1978 la agencia calculaba haber reducido en un tercio el flujo de marihuana hacia Estados Unidos.
Pero fue con Turbay Ayala, presidente entre 1978 y 1982, cuando la ofensiva antinarcóticos tomó forma nacional. Su gobierno acogió la propuesta de Washington de fumigar con paraquat los cultivos de marihuana en la región Caribe, particularmente en la Sierra Nevada y en La Guajira. El herbicida no eliminó los cultivos: los desplazó, principalmente hacia el Cauca, donde se instalaría una segunda geografía marimbera de menor escala. Las aspersiones causaron protestas de cultivadores y de políticos regionales por los excesos de los operativos, y produjeron desplazamientos poblacionales no previstos.
Al interior de las Fuerzas Armadas hubo malestar creciente con la política antidrogas de Turbay. La conducción castrense consideraba que emplear militares en actividades de corte policíaco generaba corrupción en sus filas y desviaba a la institución de su misión principal. En 1981 los mandos consiguieron que la Policía Nacional, y no el Ejército, quedara al frente del combate al narcotráfico. La decisión marcaría por décadas el reparto de responsabilidades en la política de drogas.
El Estatuto de Seguridad, con el que Turbay pretendía enfrentar simultáneamente a la insurgencia y a la criminalidad, se aplicó en un contexto en el que la línea entre subversión, delincuencia y narcotráfico se difuminaba en el discurso oficial, aunque las tres categorías respondían a lógicas distintas. La militarización antidrogas se prolongó después de Turbay: las fumigaciones en la Sierra Nevada comenzaron a extenderse en 1984 y siguieron avanzando hacia el sur del país durante los años noventa, empujando cultivos y poblaciones —como ocurrió en Caquetá a comienzos de esa década— hacia nuevas fronteras internas.
El derrumbe: sinsemilla, sobreproducción, reconversión
A comienzos de los ochenta el precio de la marihuana colombiana comenzó a caer. El derrumbe tuvo tres componentes convergentes. Primero, la producción interna estadounidense se disparó: pasó de abastecer menos del diez por ciento del consumo en 1978 a cubrir alrededor del treinta por ciento pocos años después, con proyecciones —en algunos análisis del momento— de cubrir la totalidad del mercado en dos o tres años. Los cultivos se expandieron desde California y Oregón hacia West Virginia, Kentucky, Florida, Missouri y Hawái. Segundo, apareció en el mercado norteamericano la sinsemilla, una variedad cultivada en Estados Unidos, de mayor potencia y calidad que la Colombian Gold, que desplazó rápidamente a la hierba importada en las preferencias de los consumidores. Tercero, la sobreproducción colombiana, acumulada en años de cosechas incontroladas, saturó la oferta y presionó los precios a la baja.
El colapso reveló una debilidad estructural que las utilidades habían disimulado. La marihuana es cultivable en cualquier clima, lo que permitió que la competencia estadounidense la produjera dentro de su propio territorio y eliminara la ventaja comparativa colombiana. Su volumen —muchos kilos para relativamente poco valor— la hacía difícil de transportar y vulnerable a la interdicción. Y su cadena de producción y comercialización era relativamente simple, lo que reducía las barreras de entrada para nuevos competidores. La cocaína, en cambio, requería condiciones tropicales específicas, ofrecía un valor por unidad de peso muy superior y demandaba una cadena de procesamiento más compleja, lo que la protegía de la competencia y multiplicaba sus márgenes.
La reconversión fue rápida donde la geografía lo permitía. Los cultivos ilícitos se desplazaron: la marihuana del Caribe hacia el Cauca, la coca desde la Amazonia y la Orinoquía hacia la franja Pacífica. Muchos campesinos que habían sembrado marihuana pasaron a la coca o, más tarde, a la amapola. Los intermediarios y transportistas que habían aprendido a exportar hierba se reciclaron sin dificultad hacia el nuevo producto. Las rutas antiguas de contrabando de La Guajira y el Magdalena, usadas primero para whisky y cigarrillos, luego para marihuana, quedaron disponibles para la cocaína.
Violencia privada y política local: la Sierra de Giraldo
El legado más pesado de la bonanza no fue, sin embargo, económico ni logístico: fue político-territorial. Desde la década de los setenta, en la Sierra Nevada, la actividad marimbera generó la aparición de grupos ilegales vinculados a ejércitos privados que en ocasiones actuaron en conjunto con la fuerza pública. Playas, bahías y ensenadas eran activos estratégicos que había que controlar; los cargamentos eran vulnerables al robo; los rivales debían ser disciplinados; los cultivos y los laboratorios requerían protección. Esa demanda de violencia produjo su propia oferta.
Hernán Giraldo Serna, un colono llegado del interior del país en el marco de la violencia de los años sesenta, organizó hacia finales de esa década un grupo armado que se consolidaría como "Los Chamizos". Adán Rojas, también colono desplazado, siguió una trayectoria similar. Giraldo construyó una fortaleza territorial en la Sierra Nevada aprovechando la valorización estratégica de la vertiente costera y extendió su influencia hasta el Mercado de Santa Marta, donde operó una red ilegal de drogas y ordenó asesinatos selectivos. Su modelo no era solo militar: tejió alianzas con políticos locales determinando quién podía hacer política en su territorio. Los aliados le ofrecían votos y recursos; él les proveía bienes públicos que el Estado no llevaba, protección frente a las autoridades y mediación con los nuevos actores que llegaban al negocio.
La red política del narcotráfico marimbero fue amplia y dejó nombres reconocibles. Samuel Santander Lopesierra, conocido en La Guajira como "El Hombre Marlboro" por sus años en el contrabando de cigarrillos, llegó al Congreso y terminó extraditado a Estados Unidos. Alex Durán Fernández, representante a la Cámara, fue asesinado en 1994 en un episodio que ilustró los costos de esas alianzas. Jorge Gnecco Cerchar, exdiputado del Cesar, fue asesinado en 2001; había sido auspiciador de la Convivir Guaymaral, considerada célula madre del paramilitarismo en su departamento. El circuito conecta con nitidez los dos ciclos: la política clientelar de la bonanza marimbera fue la matriz de la política narcoparamilitar del ciclo cocalero.
La violencia asociada al tráfico también se derramó sobre la vida urbana. Los homicidios y la inseguridad crecieron en Santa Marta al ritmo del negocio, y el principal festival local de la ciudad tuvo que ser cancelado por las condiciones de orden público. La sociedad de La Guajira y del Magdalena se vio involucrada de manera directa e indirecta en prácticas ilegales interiorizadas como legítimas. Quienes dominaban el contrabando y luego el narcotráfico se perfilaron como figuras de poder local y encontraron pocas resistencias para incursionar en la política formal.
Presidentes en el marco
Cuatro presidentes definen el arco político del ciclo. Alfonso López Michelsen, en el poder entre 1974 y 1978, gobernó durante el auge y bajo el signo de la anterior bonanza cafetera; su administración reflejó la mezcla de perplejidad y tolerancia con que las élites nacionales miraron el nuevo fenómeno. Julio César Turbay Ayala, entre 1978 y 1982, fue el presidente de la respuesta estatal: fumigación con paraquat, Estatuto de Seguridad, presión estadounidense creciente, tratado de extradición. Belisario Betancur, entre 1982 y 1986, heredó un país en el que el ciclo marimbero se apagaba y el cocalero comenzaba a instalarse, y su gestión estuvo cruzada por las primeras muestras de lo que sería la guerra de los carteles.
Al otro lado del Caribe, la política estadounidense marcó el pulso. Richard Nixon había declarado la "guerra contra las drogas" a comienzos de los setenta y bajo su administración se iniciaron las fumigaciones en México que redirigieron el negocio a Colombia. Jimmy Carter, entre 1977 y 1981, mantuvo la presión y bajo su gobierno se profundizó la Operation Stopgap y la exigencia de acción colombiana. Sinaloa, en México, había sido el escenario original del negocio; su desmantelamiento parcial abrió el espacio que ocupó la Sierra Nevada.
Herencias: los rieles del ciclo siguiente
Cuando la bonanza marimbera terminó, dejó tras de sí un país cambiado en varias dimensiones simultáneas. La primera, económica: el país había aprendido —o, mejor, había practicado sin nombrarlo— el lavado de activos a gran escala, la evasión sistemática de controles cambiarios, la sobrefacturación de exportaciones y la integración de capitales ilegales al ciclo formal a través de amnistías y ventanillas complacientes. Los carteles cocaleros que emergieron a comienzos de los ochenta encontraron ese aprendizaje disponible.
La segunda, logística. Las rutas antiguas de contrabando de La Guajira y el Magdalena, recicladas primero para la marihuana, quedaron listas para exportar cocaína y, más tarde, heroína. Los carteles que se venían conformando alrededor del tráfico de marihuana a principios de los setenta lograron, en alianza con poderes locales, consolidarse territorialmente y establecer corredores para la cocaína. En 1984, Colombia ocupaba el tercer lugar mundial en área cultivada de coca pero el primero en exportaciones de cocaína: la ventaja no estaba en la producción primaria sino en el procesamiento y la exportación, es decir, en la parte de la cadena en la que la experiencia marimbera había especializado al país. Hacia 1997, Colombia había desplazado a Perú y a Bolivia como principal productor mundial de hoja de coca, impulsado por la interdicción en los países andinos vecinos y por la infraestructura de elaboración y exportación ya consolidada.
La tercera, política. Los grupos armados privados nacidos en la Sierra Nevada durante la bonanza no se disolvieron con el colapso del negocio marimbero. Se reconvirtieron. Los Chamizos de Giraldo y las estructuras similares que operaban en la región siguieron controlando territorio, cobrando por servicios de seguridad, articulándose con políticos locales y, más tarde, integrándose al proyecto paramilitar de los años noventa. La Convivir Guaymaral, auspiciada por Gnecco Cerchar en el Cesar, es el ejemplo más nítido de esa continuidad. Tras la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, grupos como Los Urabeños y el Bloque Contrainsurgencia Wayúu siguieron operando en La Guajira y la Sierra Nevada, manteniendo redes de contrabando y narcotráfico y vínculos con sectores de élite y con la fuerza pública. La cadena, aunque discontinua, es reconocible.
La cuarta, cultural. La bonanza marimbera consolidó una manera de estar en el mundo en la que la ilegalidad económica no era una excepción sino una infraestructura de la vida social. En La Guajira y en el Magdalena, dominar una economía ilegal se convirtió en una vía razonable de ascenso social y de acceso al poder político. Las canciones del vallenato de los años setenta y ochenta registraron sin pudor las figuras del marimbero, del piloto, del contrabandista rico; los apellidos que aparecen en la política regional del último medio siglo se cruzan con las genealogías del contrabando y del narcotráfico con una frecuencia que no admite ser leída como coincidencia.
Balance
La bonanza marimbera fue, en sentido estricto, corta. Poco más de una década separa el auge de los cultivos guajiros a comienzos de los setenta de la crisis de precios a comienzos de los ochenta. Fue efímera en el perfil económico colombiano, a diferencia de la industria de la cocaína, que se instaló como aspecto permanente por razones estructurales propias: mayor valor por unidad de peso, requerimientos climáticos específicos que impedían la competencia estadounidense, mayor complejidad de la cadena productiva.
Pero su brevedad como ciclo económico contrasta con la duración de sus efectos. La bonanza tendió los rieles —rutas, capitales, complicidades políticas, embriones paramilitares, prácticas culturales— sobre los que corrió el ciclo cocalero. Fue el momento en el que Colombia se integró de manera masiva al mercado internacional de las drogas ilegales, y ese ingreso fue irreversible. Los mecanismos financieros de lavado, las alianzas entre traficantes y políticos locales, los ejércitos privados con vocación territorial, la militarización de la respuesta antidrogas: todo eso, que definiría al país en las décadas siguientes, se ensayó primero en la Sierra Nevada y en La Guajira entre 1972 y 1985.
Leerla como una simple fiebre de riqueza rápida en un rincón periférico del país —como se la leyó en su momento desde Bogotá— es perder el punto. La bonanza fue el proceso por el cual la geografía del Caribe colombiano, con sus siglos de contrabando y su ausencia de Estado, se articuló con la demanda estadounidense y produjo la primera versión moderna del narcotráfico colombiano. Cuando la marihuana perdió su mercado, el andamiaje no se desmontó: cambió de producto. Ese es, más que las cifras de exportación o los nombres de los clanes, el peso histórico del episodio.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Sierra Nevada de Santa Marta
- 02La Guajira
- 03Contrabando
- 04Julio César Turbay Ayala
- 05Alfonso López Michelsen
- 06Extradición
- 07Estatuto de Seguridad
- 08Economía cocalera
- 09Lavado de activos
- 10Guerra contra las drogas
- 11Hernán Giraldo Serna
- 12Élites regionales
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 50 fragmentos
01La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 40, 432 citas
[1]menor a cincuenta kilómetros todos los pisos térmicos, lo que favorece la libre siembra y la producción de cultivos en laboratorios escondidos en la espesura de las montañas de la Sierra (Villarraga, 2009, p. 16). La SNSM se convirtió en un punto estratégico de disputa de los distintos actores armados para el control…
p. 40
[39]eliminación de la estirpe de los Cárdenas (Tribunal Superior de Bogotá. Sala de Justicia y Paz, 2015, pp. 565-566). Así mismo, desde la década de los setenta, sobre la media montaña de la Sie- rra Nevada de Santa Marta, tanto en su vertiente occidental como en la norte, y como consecuencia de la bonanza marimbera,…
p. 43
02La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3431 cita
[2]fue gobernador. Entonces… pero él se retiró, a él lo hicieron retirar. Entr.: ¿El grupo lo hizo retirar? Edo.: Sí. Entr.: ¿Y qué se escuchó? ¿Cómo fueron las amenazas a él? Edo.: No, si eso era a voz llena. Ese man no podía estar ahí. Todo mundo decía, todas las tropas… (…) [Decían:] que no, aquí el gobernador es Her-…
p. 343
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 971 cita
[3]ad a m e n te las necesidades de bienes im p o rtad o s ni com petía con los precios d e sus rivales europeos, que habían establecido sus bases en el C aribe en tre 1640 y 1660. Por consiguiente, el co n trab an d o fue d esp laz an d o cada vez m ás el com ercio legítim o, hecho q u e se reflejó en la dism inución de…
p. 97
04Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 1741 cita
[4]la noche. Somos, los indios más que hombres, una decisión frente al mundo... Antecedentes históricos y descripción general de la región La Guajira como zona de refugio, región capitalista y posible espacio de diversidad étnica Fueron múltiples los factores que se conjugaron a lo largo de los últimos 500 años para dar…
p. 174
05La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 1081 cita
[5]transporte. Otros con- formaron bandas dedicadas al robo de mercancía. Las mujeres Wayuu se relacionan y cumplen un papel importante dentro de la economía del contrabando en su rol de comerciantes, es decir como dueñas de establecimientos de venta de comida, víveres, li- cores y gasolina, como propietarias de…
p. 108
06Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1451 cita
[6]litoral Atlántico. Se considera la montaña de litoral más elevada del mundo, y sus picos son los más altos del país: el Bolívar, de 5.775 m, y el Colón, de 5.770. Estas 118 ZONA ARQUEOLOGICA TAIRONA Ia Xm cumbres se levantan bruscamente desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas, a pocos kilómetros del litoral,…
p. 145
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 452 citas
[7]han condicionado el desarrollo de acantilados de hasta 60 m de altura. La peculiar forma de la Sierra Nevada de Santa Marta hace que los vientos alisios del nordeste dejen en el flanco norte la mayor parte de su carga de hume- dad y, por tanto, que esta vertiente sea la más hú- meda. Dichas condiciones climáticas…
p. 45
[8]han condicionado el desarrollo de acantilados de hasta 60 m de altura. La peculiar forma de la Sierra Nevada de Santa Marta hace que los vientos alisios del nordeste dejen en el flanco norte la mayor parte de su carga de hume- dad y, por tanto, que esta vertiente sea la más hú- meda. Dichas condiciones climáticas…
p. 45
08Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 621 cita
[9]producción de la hoja de coca, de transformación de la pasta y de embarque del producto terminado. Esta última etapa del trá fi co les da un valor estratégico a las playas, bahías y ensenadas de la Sierra, en donde la montaña se sumerge en el mar, creando un medio geográ fi co idóneo para todas las formas del comercio…
p. 62
09At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2461 cita
[10]continuous evictions and land invasions. As we shall see, it was not until the entrance of coca production into the region that the balance of local power began to shift in favor of the settlers and the FARC. The Emergence of Coca Production in the Caguán Colombia ’ s involvement in the production of illegal narcotics…
p. 246
10El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 581 cita
[11]cafés y los hoteles de las playas de arena negra, que centellean en la noche y se extienden hacia el este unos ciento sesenta kilómetros hasta llegar a Guajira. Un barrio polvoriento se expande a un lado de la ciudad, sobre los muelles, y en el centro, a sólo cuatro cuadras del mar, hay una bella catedral con fama de…
p. 58
11Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 1941 cita
[12]of the drug business. In any case, many Colombians were persuaded and seduced by the allure of growing marijuana as a cash crop. To do so successfully, they relied on both the plant’s natural qualities and their own labor and agricultural traditions. Marijuana’s short growing cycle of five to nine months between…
p. 194
12The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 1571 cita
[13]The occupational impact of this bonanza must have been crucial throughout the Atlantic Coast, especially in the eastern regions. A study by the National Association of Financial Insti- tutions (ANIF) indicated that there were some 6,000 producers in the Sierra Nevada alone, and that an army of 13,000 rural laborers…
p. 157
13Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 67, 744 citas
[14]los botes de la guardia costera de Estados Unidos. 16 El vendedor al por mayor radicado en Miami, Donald Steinberg, recordó haber descargado un envío de 12 Francisco E. Thoumi, Political Economy and Illegal Drugs in Colombia (Boulder, Colorado: Lynne Rienner, 1995), 126. 13 Como lo relató a Robert Sabbag el antiguo…
p. 67
[15]los botes de la guardia costera de Estados Unidos. 16 El vendedor al por mayor radicado en Miami, Donald Steinberg, recordó haber descargado un envío de 12 Francisco E. Thoumi, Political Economy and Illegal Drugs in Colombia (Boulder, Colorado: Lynne Rienner, 1995), 126. 13 Como lo relató a Robert Sabbag el antiguo…
p. 67
[24]cocaína por la misma razón que había entrado en el negocio de la marihuana. Llegaron extranjeros que buscaban esta mercancía ilegal y ofrecían pagar muy bien por ella. Más allá de esto, ha- bía notables diferencias entre el negocio de la marihuana y el de la cocaína en Colombia, que conjuntamente explican por qué la…
p. 74
[25]cocaína por la misma razón que había entrado en el negocio de la marihuana. Llegaron extranjeros que buscaban esta mercancía ilegal y ofrecían pagar muy bien por ella. Más allá de esto, ha- bía notables diferencias entre el negocio de la marihuana y el de la cocaína en Colombia, que conjuntamente explican por qué la…
p. 74
14Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 791 cita
[16]Guajira, Cesar y el Magdalena Medio. En 1974, aproximadamente 80% de los finqueros en La Guajira sembraban marihuana. Esa bonanza eco- nómica pronto se vio afectada por una quiebra a comienzos de los años ochenta,. cuando el precio de la marihuana colombiana empezó a caer con el surgimiento de una variedad más potente…
p. 79
15¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 861 cita
[17]fue la aparición del narcotráfico. Los cultivos de mari- huana sustituyeron a los de café en La Guajira y en la Sierra Nevada de 63. Luis Alberto Restrepo, “Movimientos cívicos en la década de los ochenta”, en Al filo del caos. Crisis política en la Colombia de los años ochenta, eds. Francisco Leal Buitrago y León…
p. 86
16Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 571 cita
[18]necesito. Le dije: listo. Yo voy a trabajar con usted. De eso se trata, yo voy. Entonces [me dijo:] ya no me haga más servicios en la cocina. Usted aquí va a coger es… es manejar un radio, y me empezaron a poner de punto, vigilante. (CNMH, MNJCV, 2017, 5 de septiembre) En Vistahermosa –así como en las márgenes del…
p. 57
17Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 1951 cita
[19]del Mar,” or that of the Carnival in Barranquilla, attracted regional and international participation, reinforcing a pattern also apparent during La Violencia: while the interior of the country plunged into political and eco- nomic violence, most of the North Coast found refuge in relative peace and pageants.8 The…
p. 195
18Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1661 cita
[20]debajo de la mesa, evadiendo los altos gravámenes de importación que fijaba el gobierno, y creando así una ventana lucrativa para el mercado negro. Entonces surgió una nueva oportunidad. A finales de los sesenta, y a instancias de los Estados Unidos, el gobierno mexicano fumigó las plantaciones de marihuana con…
p. 166
19Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 1101 cita
[21]y Jorge Child, en su libro Narcotráfico, imperio de la cocaína, explican como una causal importante de ese fenómeno «la irrupción de los movimientos juve- niles pacifistas y de protesta contra la guerra de Vietnam y la sociedad de consumo», primero, por parte de hippies norteamericanos y luego por otros hippismos. El…
p. 110
20Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1541 cita
[22]planta sagrada de los pueblos nativos con cuya pasta se elabora el alcaloide, ningún país tenía como Colombia un potencial de pioneros industriales bloqueado por un modelo infame de exclusión y de privilegios. Porque con el fin de la guerra los soldados norteamericanos que volvían del infierno traían una enorme…
p. 154
21La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 1401 cita
[23]los 39. 940 millones de dólares que produce la venta al detal de todas las drogas en los Estados Unidos, los productores extranjeros solo reciben 2. 400 millo nes, y en dicho país se quedan con el 93 % restante. El fabuloso negocio que representa la cannabicultura ha llevado a que cada vez mayor cantidad de…
p. 140
22Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 571 cita
[26]no muy lejana de lo destruido y deco- misado en México en seis años, de 1970 a 1976. Hubo protestas de cultivadores y políticos de la región contra los excesos de los militares, casos de corrupción de estos e inconformidad al interior de las fuerzas armadas por emplear a sus miembros en actividades de corte policíaco.…
p. 57
23No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1611 cita
[27]abogados de Escobar los habían sacado de la cárcel. El expediente había desaparecido 472. Los cultivos declarados ilícitos fueron profusos desde mediados de la década. Primero estuvo en auge la marihuana en la Sierra Nevada de Santa Marta, desde allí era exportada por rutas antiguas de contrabando de La Guajira y…
p. 161
24Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 102, 105, 1143 citas
[28]varios ministros. En ese momento, Co lombia ya era conocida en Estados Unidos por la alta calidad de su marihuana gracias, en parte, al efecto “colchón de aire”, es decir, a la fuerte represión a los cultivos en México. Pese a todo esto, el gobierno y las élites empresariales colombianas no se percataron del cambio de…
p. 105
[29]en sus filas. De este modo, en 1981 las Fuerzas Armadas consiguieron que la Policía Na- cional fuese la fuerza encargada de combatir el narcotráfico. A partir de en- tonces esta hizo un complicado y costoso aprendizaje organizacional, cuyos hitos más importantes fueron la creación, en la División Operativa, de un…
p. 114
[32]propicios para los cultivos ilícitos. El territorio de 1142 000 km2, poco menos del 60% del mexicano, está dividi do en cinco grandes regiones naturales: Caribe, Andina, Pacífica, Orinoquia y Amazonia. Aunque de c. 1970 al presente en todas se cultivan, procesan y transportan drogas ilícitas, los principales centros…
p. 102
25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6701 cita
[30]nacionales y extranjeras como Cargill, Poligrow y Manuelita para explotarlas con proyectos de agroindustria 2239. En otras zonas, la reconfiguración ocurrió por las aspersiones con agentes químicos para erradicar cultivos de coca y marihuana. Las fumigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta habían comenzado desde…
p. 670
26Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2731 cita
[31]Con ad Durante los aftos 1987 y 1988, como consecuen- aTeSC or enta lan una ente relativa es entre 1982 y 1986 ngre n sen la nia di activi dificil dcaina ectivame Estas « $ contrastan ¢ me con el nivel minimo de los ingresos que por dicho concepto se recibieron en 1986: US $28 millones. Sin embargo, durante 1989 y…
p. 273
27Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4412 citas
[33]contracción de la economía internacional, por la vía de la demanda de exportaciones colombianas. Se registró también du- rante la década un cambio sustancial de orientación en las polí- ticas estatales, al reducirse la intervención pública en la econo- mía privada. Colombia se abrió bastante al comercio internacio-…
p. 441
[34]contracción de la economía internacional, por la vía de la demanda de exportaciones colombianas. Se registró también du- rante la década un cambio sustancial de orientación en las polí- ticas estatales, al reducirse la intervención pública en la econo- mía privada. Colombia se abrió bastante al comercio internacio-…
p. 441
28Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 239, 2412 citas
[35]del negocio, desde la adquisición de insumos hasta la venta al consumidor final. La otra diferencia, de magnitud, es colosal: los recursos generados por el narcotráfico fueron tan grandes que su mera presencia desestabilizó las estructuras sociales colombianas, basadas como estaban en actividades mucho menos…
p. 239
[36]la violencia para eliminar a la mafia cubana de la que entonces dependían y accedieron de manera directa al mercado estadounidense. De forma simultánea, y sin que hubieran podido preverlo, las preferencias de los consumidores estadounidenses cambiaron de forma súbita y la demanda de cocaína se disparó. Así, los…
p. 241
29Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 681 cita
[37]indi- cadores económicos: el año cerraba con un crecimiento de 8,9 % del PIB (Producto Interno Bruto) y con una tasa de inflación del 15 %. La administración Turbay Ayala (1978-1982) Ayudado por una nueva bonanza, esta vez de magnitudes muy inferiores a la de 1975, el café continuó durante 1978 y 1979 estimulando la…
p. 68
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 801 cita
[38]Marta desde los años cincuenta. Es claro que este narcotráfico seminal tejió fuertes redes con la política. Los casos más sobresalientes aparecerían más adelante, como el de Samuel Santander Lopesierra, más conocido como «El Hombre Marlboro», que ocupó curules en el Congreso y fue extraditado a los Estado Unidos,…
p. 80
31La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 1181 cita
[40]fue secuestrado por el frente "Gustavo Palmesano Ojeda" del ELN Y muerto en un combate con el Ejército en la Sierra Nevada de Santa Marta, lo entierran como NN guerrillero muerto en combate y apare- ce en la foto con un arma de combate; se trataba de un falso positivo. Su primo Juan Carlos Vives Menotti era el…
p. 118
32Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 2851 cita
[41]vías de penetración, electrificación, puentes, acueducto, puesto de salud, escuelas, comedores infantiles, pro- cesadoras de arroz e iglesias, entre otras” 88. Pero además de prestar estos servicios, ‘El Patrón’ se convirtió para algunos habitantes en el ‘salvador’, ya que daba soluciones económi- cas a partir de…
p. 285
33Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 3911 cita
[42]votes. According to one of the politicians in his payroll, Giraldo “determined who would be voted, community meet - ings were held but with the permission of Hernán Giraldo, so all those that acted politically in the region did so with the permission of mister Hernán Giraldo.” 60 It was not only votes, though, which…
p. 391
34Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 541 cita
[43]la puja, muchas veces exitosa, de conglomerados eco- nómicos no antioqueños para quedarse con empresas tradicionales, lo que condujo a la presencia de los grupos Santodomingo y Ardila Lulle en la región. Como reacción surgió un “sistema de propiedad cruzada” que mucho más tarde se conocería como Grupo de Empresas de…
p. 54
35Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1631 cita
[44]Granada (204 personas), Argelia (202 personas) y Cocorná (190 personas). 163 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio con alto potencial de explotación económica. En una época carac- terizada por el boom del narcotráfico, la población fue expulsada principalmente de regiones ubicadas en el norte del…
p. 163
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 921 cita
[45]coloni- zación campesina. En cambio, en las zonas dominadas por ejércitos de narcotraficantes, que fueron principalmente las zonas de sabana y los llanos orientales, en el Casanare y norte del Meta, se concentraron los laboratorios de procesamiento de cocaína y la infraestructura para su exportación. En 1984, Colombia…
p. 92
37Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 cita
[46]insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…
p. 220
38Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 751 cita
[47]in the 1980s and early 1990s; however, successful efforts in reducing supply in those countries pushed cocaine production to Colombia, which soon surpassed both its Andean neighbors (see Figure 1). Colombia emerged to dominate the global cocaine trade by the late 1990s. National concern about the crack cocaine…
p. 75
39Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3132 citas
[48]estableciendo alianzas con los grupos locales y propiciando un cruento enfren - tamiento entre 2008 y 2009, en disputa por control de territorios y negocios ilícitos (CNRR, 2010). En años posteriores consolidaron poder Los Urabeños lide - rados por alias Don Mario, con dominio sobre la Troncal del Caribe hacia…
p. 313
[49]estableciendo alianzas con los grupos locales y propiciando un cruento enfren - tamiento entre 2008 y 2009, en disputa por control de territorios y negocios ilícitos (CNRR, 2010). En años posteriores consolidaron poder Los Urabeños lide - rados por alias Don Mario, con dominio sobre la Troncal del Caribe hacia…
p. 313
40Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 471 cita
[50]algunos sectores de élites so - ciales, económicas y políticas, incluidos funcionarios, rasgos que muestran clara similitud al paramilitarismo. Estos grupos tam - bién tienen incidencia urbana, especialmente en Maicao y Rioha - cha. La influencia rural se concentra en Dibulla, corregimientos de Mingueo, Rioancho y…
p. 47