Idea transversal
Frontera porosa
En la historia de Colombia, 'frontera porosa' designa las franjas —internacionales e internas— donde la línea cartográfica no coincide con el control efectivo del Estado, donde las prácticas cotidianas disuelven las divisiones oficiales y donde actores no estatales han construido órdenes propios. Es a la vez diagnóstico de debilidad estatal y descripción de una condición estructural del ordenamiento territorial republicano colombiano.
Trayectoria de una idea
- 1810
Uti possidetis juris: fronteras heredadas sin líneas reales
- 1832
Fracaso de las primeras negociaciones de límites con Ecuador
- 1850
Fronteras interiores: baldíos, colonización y latifundio
- 1916
Tratados con Ecuador y Venezuela: intentos de fijar la línea
- 1922
Tratado Lozano-Salomón: cierre formal del litigio colombo-peruano
- 1975
Operation Stopgap: la frontera porosa como corredor del narcotráfico
- 2008
Bombardeo a Raúl Reyes: crisis diplomática y porosidad de facto
La lectura
La frontera porosa no es una anomalía colombiana sino su norma histórica profunda: nació con la república, cuando el uti possidetis juris de 1810 pretendió heredar líneas coloniales que en gran parte nunca existieron, y se reprodujo en cada oleada de colonización agraria que empujó a los 'hombres sin tierra' hacia las 'tierras sin hombres'. Su doble naturaleza —debilidad estatal diagnosticable y condición estructural del ordenamiento territorial— la convierte en clave interpretativa del conflicto colombiano: donde el Estado no llegó con escuela, juez ni carretera, llegaron otros con cobro, orden y justicia sumaria. Las economías ilegales encontraron en esa porosidad no un obstáculo sino un activo, transformando las franjas fronterizas en corredores rentables de contrabando, narcotráfico y tráfico de armas. La Comisión de la Verdad y la sociología histórica coinciden en que la frontera porosa no es solo el escenario del conflicto colombiano: es una de sus condiciones de posibilidad, el rastro mal enterrado de territorios humanos que las líneas republicanas atravesaron sin abolir.
En la historia de Colombia, la expresión frontera porosa nombra menos un defecto que un régimen: el modo particular en que el país ha vivido, administrado e imaginado sus bordes. Designa esas franjas —internacionales e internas— donde la línea cartográfica no coincide con el control efectivo del Estado, donde las prácticas cotidianas disuelven las divisiones oficiales y donde otros actores —comunidades indígenas binacionales, colonos, contrabandistas, guerrillas, paramilitares, empresas del narcotráfico— han construido órdenes propios. La noción se ha usado con dos sentidos que conviven mal: como diagnóstico de una debilidad estatal a corregir y como descripción de una condición estructural del ordenamiento territorial republicano. Este artículo la traza como concepto y como proceso: qué se ha querido decir con ella y qué historia larga —de límites coloniales imprecisos, uti possidetis inaplicable, colonización agraria sin Estado, economías ilegales, éxodos y soberanías disputadas— la vuelve una clave para entender por qué en Colombia los bordes son también un centro de gravedad.
De la línea a la faja: qué se nombra cuando se dice "frontera porosa"
En la tradición geográfica moderna, el vocabulario oscila entre dos figuras. Una es la línea: el trazo cartográfico, jurídicamente definido, que separa dos soberanías. Otra es la faja: una zona de espesor, un espacio de contacto donde las poblaciones, las economías y las lealtades se traslapan. La literatura sobre fronteras americanas invoca en este punto una distinción atribuida a Friedrich Ratzel para señalar que ciertos tramos fronterizos, más que líneas, son fajas. Un mismo país —Colombia lo ejemplifica con nitidez— puede tener las dos naturalezas al tiempo: línea allí donde el territorio está despoblado y el mapa alcanza; faja donde hay pueblos, ríos comunes, familias repartidas, comercio informal y actores armados que cruzan a discreción.
La expresión frontera porosa pertenece a la segunda familia. Funciona como término de época, popularizado en las últimas décadas del siglo XX en el cruce del análisis diplomático, la sociología del conflicto y los estudios sobre narcotráfico y migración. En su uso más común remite a franjas donde la soberanía estatal es débil o fragmentada y donde personas, mercancías, armas y capitales circulan al margen del control oficial. La Comisión de la Verdad, al describir la frontera nororiental colombiana como un territorio donde las líneas divisorias imaginarias se disuelven en las prácticas cotidianas de sus habitantes, ofrece una versión sobria del mismo fenómeno: la porosidad no es un agujero, es un modo de vivir el territorio.
Ese modo tiene un pariente conceptual en la sociología histórica. Hasta finales del siglo XIX, y en algunas regiones bien entrado el siglo XX, Colombia carecía de fronteras internas y externas bien definidas: en su lugar existían vastas áreas de estatus transitorio a las que se llama, simplemente, fronteras. Se distinguen allí dos tipos: las fronteras abiertas, que daban acceso a los baldíos —tierras estatales sin cultivar—, y las fronteras cerradas, generalmente grandes latifundios improductivos. Margarita Serje, en El revés de la nación, propuso leer estas regiones periféricas como fronteras internas: territorios habitados por poblaciones consideradas salvajes, imaginadas como tierras de nadie por el discurso central. La frontera porosa internacional y la frontera interior agraria no son fenómenos separados, sino dos caras de un mismo patrón: un país cuyo Estado no llegó, o llegó tarde, a definir dónde empezaba y dónde terminaba su poder efectivo.
La herencia colonial: particularismo urbano y confines sin control
Para entender por qué las fronteras colombianas nacieron porosas hay que retroceder al orden colonial. En el sistema hispanoamericano, los límites entre provincias no se decretaban desde arriba: dependían del control efectivo que un núcleo urbano ejercía sobre su contorno rural y sobre las ciudades que él mismo había fundado. Cada villa afirmaba su autonomía sobre la base de sus propios recursos, y los espacios alejados de esa influencia quedaban fuera de gobierno real. El resultado fue un particularismo urbano que articulaba mal el territorio: ciudades relativamente autosuficientes en el centro de sus jurisdicciones y confines difusos donde la corona reinaba solo de nombre.
El caso de Popayán lo ilustra bien. Durante buena parte del período colonial, su epicentro efectivo se redujo al valle de Pubenza; solo a finales del siglo XVIII extendió su poder sobre territorios fronterizos como el valle del Patía y la banda occidental del río Cauca. El aislamiento físico de las ciudades se traducía en aislamiento económico y en una fuerte tendencia a la autonomía política de cada una. Las empresas mineras, con sus cuadrillas de esclavos y su necesidad de circulación de bastimentos, fueron uno de los pocos factores que rompieron esa rígida estructura de jurisdicciones urbanas y forzaron formas de integración entre centros lejanos.
Este orden legó al momento independentista una geografía política de contornos ambiguos. Cuando la Gran Colombia —denominación propuesta por Simón Bolívar en el Congreso de Angostura en 1819— comprendió todo el territorio del antiguo Virreinato de la Nueva Granada, del alto Amazonas al norte de Veraguas, unificó bajo una sola bandera espacios que nunca habían estado plenamente articulados. Su disolución tras la muerte del Libertador abrió el problema en toda su crudeza: había que trazar fronteras nacionales sobre un mapa que nunca había tenido fronteras internas nítidas.
El uti possidetis y sus vacíos: fronteras que nacen litigadas
El principio invocado para resolver el problema fue el uti possidetis juris de 1810: cada nueva república heredaría los límites que las jurisdicciones coloniales tenían al momento de la independencia. La fórmula era elegante en abstracto y desesperante en la práctica, porque suponía la existencia de líneas coloniales precisas que en muchos tramos no existían.
Las negociaciones de límites entre la Nueva Granada y el Ecuador tras la disolución grancolombiana, iniciadas en mayo de 1832, mostraron enseguida la dificultad. El desacuerdo sobre cuál era el río limítrofe —el Carchi o el Juanambú— y sobre el destino de los cantones de Pasto y Túquerres derivó en hostilidades militares antes de que pudiera firmarse tratado alguno. La delimitación con el antiguo Virreinato del Perú fue aún más enrevesada, en parte por la complejidad de las reorganizaciones administrativas coloniales tardías, que dejaron a la Amazonia como un espacio donde varias potencias coloniales habían tenido pretensiones simultáneas sin ejercicio real.
La región amazónica es el caso extremo de esta indefinición: sus límites solo terminaron de definirse en la década de 1940-1950. Durante más de un siglo fue tierra de todos y tierra de nadie, con Venezuela, Perú, Brasil y Ecuador reivindicando porciones del territorio en interminables rondas diplomáticas que solo una guerra —la de 1932-1933 con el Perú— logró desenredar en parte. En 1917 el Perú controlaba el tramo del Putumayo desde la frontera brasileña hasta el estratégico asentamiento de Güeppí, escenario de las batallas decisivas. Las dos primeras décadas del siglo XX registraron un conflicto diplomático permanente entre Bogotá y Lima por la indefinición fronteriza, con acusaciones cruzadas de invasión y de cesiones territoriales indebidas. El Tratado Lozano-Salomón, firmado el 24 de marzo de 1922, cerró formalmente ese litigio: Colombia cedió las extensiones comprendidas entre los ríos Putumayo y Napo, en una negociación históricamente asociada con la consolidación colombiana del trapecio amazónico y Leticia.
Con Ecuador, el Tratado de 1916 garantizó la libre navegación de ríos compartidos y creó una comisión mixta para delimitar la frontera amazónica. Con Venezuela, el Tratado Suárez-Losada Díaz de 1916 fue el último de una serie de acuerdos previos fallidos durante el siglo XIX; la frontera colombo-venezolana, que se extiende 2.219 kilómetros desde la Península de la Guajira hasta el Amazonas, resultó considerablemente más contenciosa que las negociaciones con Ecuador, y su porosidad ulterior tiene raíces en esa dificultad histórica para acordar y luego custodiar la línea.
Hay una lectura menos ortodoxa de esta historia. Orlando Fals Borda destacó que en 1821 Bolívar había propuesto la conformación de un departamento Pamplona-Mérida-Maracaibo que trascendía las formalidades del uti possidetis. Fals leía en esa propuesta una visión sociogeográfica basada en cuencas hidrográficas compartidas, que reconocía comunidades reales de vida no coincidentes con las divisiones administrativas coloniales. En esa clave, la porosidad no es solo problema: es también el rastro, mal enterrado, de territorios humanos que las líneas republicanas atravesaron sin abolir.
La frontera interior: baldíos, colonización y latifundio
Mientras las cancillerías negociaban límites externos, adentro se libraba otra batalla. Hacia 1850, buena parte de América Latina —Colombia incluida— no había sido penetrada por la economía colonial: sus tierras eran baldíos o tierras públicas pertenecientes al gobierno nacional o local. Estas zonas de frontera interior funcionaban con lógicas propias y se clasificaban en fronteras de recursos abiertos —tierras baldías sin ocupante— y fronteras de recursos cerrados —terrenos con título de propiedad pero sin población ni explotación económica, en su mayoría latifundios improductivos.
En estas zonas los núcleos urbanos dispersos raramente pagaban impuestos ni recibían servicios de la administración pública. El Estado existía en el papel; el orden lo ponían los grandes propietarios, los comerciantes locales, los curas de misión o, simplemente, la costumbre. Alfredo Molano Bravo dedicó buena parte de su obra a documentar la textura humana de estas fronteras: colonos que llegaban huyendo de la violencia o del hambre, familias que abrían monte a punta de hacha y luego eran desalojadas por títulos que aparecían de repente, veredas donde la ley que se acataba era la del más armado.
El motor de esa colonización tuvo dos combustibles constantes. Uno, la estrechez territorial en el interior de las fronteras económicas: una estructura agraria concentrada que expulsaba población hacia los márgenes. Otro, la violencia. La lógica venía de lejos: el poblamiento de las "tierras sin hombres" en las regiones santandereana y de la Costa Caribe desde el siglo XVIII había respondido a la presión de los "hombres sin tierra", y esa dialéctica siguió operando en el período poscolonial mientras hubo frontera disponible. Hacia 1890, el Estado adjudicó baldíos en el sur del Meta, entre el Ariari y otros ríos de la Orinoquia, iniciando una avanzada oficial que en la práctica fue montada sobre el trabajo previo de colonos anónimos.
El problema es que estas fronteras no producían pequeños propietarios: producían latifundios. Los estudios del INCORA en la década de 1960 vincularon directamente el problema de la concentración de la tierra con la dinámica misma de la colonización. El colono desbrozaba, sembraba, arriesgaba la vida en la malaria y el pantano; luego llegaba el título, el abogado, el capataz, y el monte abierto se volvía potrero de otro. Esa expulsión sucesiva empujó a nuevas oleadas hacia nuevos baldíos, en un movimiento que atravesó todo el siglo XX. Camilo Torres Restrepo, en su corta trayectoria como sociólogo y sacerdote, hizo de esa injusticia estructural el nudo de su crítica al orden social colombiano; Fernando González Ochoa, desde otro registro, había visto ya en los años treinta a un país cuyo interior era más un archipiélago de comarcas que una nación.
La inserción posterior de las guerrillas en estos territorios periféricos, y los niveles de legitimidad que alcanzaron durante la segunda mitad del siglo XX, se explican en parte por esas condiciones. Donde el Estado no puso escuela, hospital, juez ni carretera, otros pusieron cobro, orden y justicia sumaria. La frontera interior no fue solo el escenario del conflicto: fue una de sus condiciones de posibilidad.
La frontera como corredor: contrabando y narcotráfico
Si la colonización pobló las fronteras, las economías ilegales las volvieron rentables. Desde bien entrado el siglo XX, y con particular intensidad desde 1970, las franjas fronterizas colombianas se convirtieron en corredores de tráfico donde la porosidad no era un obstáculo sino un activo económico.
La Guajira ofrece el caso más pedagógico. El contrabando —whisky, cigarrillos, armas, café, ganado— fue allí una práctica económica parcialmente tolerada por las autoridades locales, tan incrustada en la vida cotidiana que dejó huellas culturales visibles: la popularización del acordeón y del whisky en la costa Caribe se cuentan entre ellas. La marihuana llegó en los años setenta como el eslabón siguiente de esa cadena: la geografía y las redes ya estaban. La DEA ejecutó desde diciembre de 1975 la Operation Stopgap, con vuelos sobre la costa guajira para detectar embarcaciones sospechosas; hacia 1978 calculaba haber reducido en un tercio el flujo de marihuana hacia Estados Unidos. La bonanza cambió luego de mata: la hoja de coca se desplazó desde la Amazonia y la Orinoquia hacia la franja Pacífica, mientras la marihuana se movía del Caribe hacia el Cauca. Cada desplazamiento reactivaba nuevos tramos de frontera.
Cada frontera tuvo su especialización. La colombo-panameña, con la selva del Darién como espesura casi intransitable, se volvió corredor de armas provenientes de Centroamérica y vía de salida de droga; grupos guerrilleros —FARC incluidas— y paramilitares se disputaron sus vías fluviales, con ataques que se incrementaron desde mediados de los años noventa. El corredor Guaviare-Vaupés, hacia Brasil y Surinam, sirvió para el tráfico de armas y municiones. El Medio Atrato y el Pacífico chocoano funcionaron como corredor de tránsito y exportación de la cocaína producida en Valle, Caldas, Risaralda y el occidente de Antioquia, en un contexto de precariedad estatal que facilitó todo tipo de economías ilegales.
Norte de Santander concentra hoy quizá la síntesis más nítida de esa lógica. Por su frontera con Venezuela la cocaína colombiana sale hacia Europa, mientras entran clandestinamente ganado, café, cigarrillos y gasolina venezolana subsidiada —hasta once veces más barata que en Colombia—. La instalación del centro productor de cocaína de La Gabarra, en el Catatumbo, fue el detonante explícito de la entrada paramilitar a la región a partir de 1999, en un territorio donde el contrabando fronterizo ya era una disputa histórica entre criminales comunes. La debilidad estructural del Estado colombiano en el Catatumbo —falta de infraestructura vial, baja inversión social, ausencia institucional— ha coexistido allí con flujos transfronterizos ilegales y migración no regulada, configurando lo que puede llamarse con propiedad una territorialidad difusa.
Esa territorialidad tiene, además, un mecanismo económico que la retroalimenta. El contrabando está estructuralmente vinculado al lavado de activos del narcotráfico: los excedentes del tráfico de drogas se transforman en mercancías de consumo masivo importadas sin pagar impuestos, redistribuyendo recursos ilegales por toda la sociedad. La frontera porosa no solo deja pasar la droga hacia afuera; también irriga la economía formal del interior con capitales que la ley no ve.
Guerra en los bordes: guerrillas, paramilitares y santuarios transfronterizos
La segunda mitad del siglo XX terminó de convertir las fronteras colombianas en teatro de guerra. Las FARC utilizaron zonas de la frontera colombo-venezolana —al menos en el sector norte, hacia Majayura y Paraguaipoa— como santuario, adaptando esa función a los cambios del contexto político, incluidas las negociaciones de paz. Las FARC y el ELN emplearon las áreas rurales de la Serranía del Perijá, limítrofes con Venezuela, como corredores de movilidad y zonas de retaguardia, e incentivaron cultivos de coca en esas zonas, facilitando el ingreso de insumos por los mismos corredores. El ELN, cuyo asentamiento predominante estuvo en Arauca, vio disputadas sus posiciones cuando las FARC incursionaron en el departamento durante los años noventa y la primera década del siglo XXI, atraídas por los recursos petroleros y por la posición estratégica frente a Venezuela.
Los paramilitares hicieron un uso simétrico de la porosidad. El Bloque Catatumbo de las AUC inició en 1999 una arremetida en la región con el objetivo declarado de confrontar al ELN, apoyada por sectores militares y civiles, e incluyó masacres como la de La Gabarra en agosto de ese año. Testimonios del general venezolano López Hidalgo señalaron que paramilitares cruzaban la frontera hacia Venezuela para agredir ciudadanos venezolanos y cometer actos delictivos; el gobernador del estado Amazonas describía, en cambio, que los guerrilleros cruzaban desarmados para hacer compras. La asimetría del testimonio importa menos que el hecho subyacente: la línea era irrelevante para las lógicas operativas de ambos bandos.
La ofensiva militar del Estado colombiano bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez replegó a las FARC hacia las fronteras nacionales, lo que puso de manifiesto la amenaza real de una propagación continental del conflicto. El episodio emblemático fue el ataque al líder de las FARC Raúl Reyes el 1 de marzo de 2008, ejecutado una milla dentro del territorio ecuatoriano al sur del río Putumayo. La operación desencadenó una crisis diplomática con Ecuador y Venezuela —bajo el gobierno de Hugo Chávez— que dejó al desnudo tanto la porosidad de facto de esa frontera como la fragilidad de la política exterior colombiana para gestionarla. Durante décadas esa política había sido diseñada principalmente para atender necesidades locales impuestas por el narcotráfico y el conflicto armado, configurando una identidad internacional de país problema o ojo del huracán.
El diagnóstico ya había sido formulado antes por los propios legisladores colombianos, en un informe al Presidente de la República que advertía que en las regiones fronterizas la soberanía colombiana está amenazada. La expresión describía con exactitud la situación: la mayor parte de la frontera sur-oriental colombiana —salvo franjas urbanas en Cúcuta e Ipiales— funcionaba como tierra de nadie, por la que circulaban armas, cocaína y dinero ilegal a discreción. La territorialidad difusa del Estado colombiano no era un accidente reciente ni una omisión temporal: hacía imposible la soberanía efectiva sobre el territorio y garantizaba, en cambio, la operación de intermediarios entre lo legal y lo ilegal.
Pueblos que preexisten a la frontera
Contra la imagen de la frontera porosa como vacío, hay un contrapunto imprescindible: en muchas de esas franjas viven, desde antes de que hubiera repúblicas, pueblos que consideran una sola cosa lo que los mapas dividen. Numerosos pueblos indígenas habitan a ambos lados de las cinco fronteras internacionales de Colombia, constituyendo comunidades binacionales con visión integradora del territorio y con formas de organización social y política que trascienden las divisiones estatales.
En la frontera colombo-ecuatoriana coexisten los Inkal Awá, Pastos, Kofan, Siona, Huitoto (Murui), Kamëntsa, Kechwa, Emberá Chamí, Koreguajes, Misak, Inga y Nasa, todos con presencia binacional. El pueblo Awá, con un territorio de aproximadamente 610.000 hectáreas repartidas entre Colombia y Ecuador, ha llegado a formalizar esa unidad en la Gran Familia Awá Binacional (GFAB), que integra cuatro organizaciones —GONAE en Ecuador; UNIPA, CAMAWARI y ACIPAP en Colombia— como estrategia política de pervivencia cultural en el territorio. En la frontera con Venezuela habitan, entre otros, la Nación Wayúu en La Guajira, la Nación Barí en Norte de Santander, y comunidades U'wa, Sikuani, Yukpa, Kurripaco, Puinave, Piapoco, Piaroa y Amorua. Los Sikuani en Arauca son otro caso de pueblo reconocido como binacional con Venezuela.
Estas comunidades no padecen la frontera: la habitan de otro modo. Sus rutas comerciales, sus circuitos rituales, sus vínculos de parentesco atraviesan la línea sin que la línea signifique gran cosa. La porosidad, leída desde ellas, deja de ser un déficit administrativo para volverse la evidencia de que la geografía real precedía —y sobrevive— a la geografía política.
El precio, sin embargo, ha sido brutal. La crisis humanitaria producto de la violencia territorial ha propiciado en las zonas fronterizas el éxodo masivo de población indígena, especialmente hacia Ecuador y Venezuela. El pueblo Awá se vio forzado a desplazarse hacia territorio ecuatoriano como consecuencia del conflicto armado, en éxodos que implicaron la pérdida de tierras, bienes y condiciones de vida digna. Lo que para ellos siempre había sido un solo territorio se convirtió, en el peor momento, en una única ruta de fuga.
La frontera porosa como éxodo
Porque la porosidad, además de dejar entrar armas y salir droga, deja pasar personas. Los desplazamientos forzados y las migraciones transfronterizas son quizá el rostro más doloroso —y más olvidado en los balances oficiales— de la frontera colombiana.
El Darién es hoy el símbolo de esa realidad: quienes lo han cruzado describen caminatas de hasta doce horas diarias, días sin acceso a agua y el hallazgo de restos humanos en la selva. Panamá enfrenta el desplazamiento de poblaciones colombianas que huyen de las persecuciones de distintos actores armados. En el Putumayo, indígenas colombianos han cruzado hacia Ecuador huyendo de paramilitares y de las FARC. El municipio de Agustín Codazzi, en el Cesar, es señalado como el de mayor expulsión y recepción de población desplazada en la Serranía del Perijá, y su proximidad a Machiques, en el Zulia, lo constituye en paso estratégico hacia Venezuela.
La dirección del flujo se ha invertido en los últimos años. Los departamentos fronterizos con Venezuela recibieron, según el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos con corte a junio de 2018, más de 100.000 familias venezolanas: 49.000 en Norte de Santander, 39.000 en La Guajira, 16.000 en Arauca. La frontera porosa, que durante décadas fue puerta de salida de colombianos, se convirtió en puerta de entrada de venezolanos. La condición porosa no cambia con el sentido del tránsito; solo cambia quién huye.
Una condición constitutiva, no una anomalía
Vista en conjunto, la historia larga de la frontera porosa colombiana desmiente dos relatos que suelen contarla mal. El primero es el relato heroico del Estado que fracasa por causas externas: potencias vecinas ambiciosas, geografía imposible, mala suerte diplomática. La geografía pesa —el Darién no es un accidente semántico— y Colombia perdió territorio en negociaciones desventajosas, como la separación de Panamá en 1903 durante la presidencia de José Manuel Marroquín, o las cesiones amazónicas por incapacidad militar. Pero esas pérdidas no fueron suficientes para que Colombia corrigiera su histórica indiferencia hacia la defensa nacional y la custodia de la soberanía territorial. Presidentes como Rafael Reyes o Tomás Cipriano de Mosquera intentaron, en momentos distintos, articulaciones territoriales más ambiciosas; el patrón general, sin embargo, fue el desinterés del centro por lo que quedaba lejos.
El segundo relato mal contado es el opuesto: la porosidad como puro producto reciente del narcotráfico y las guerrillas, como si antes de 1970 la frontera hubiera sido nítida. La historia de los baldíos, del uti possidetis inaplicable, de las ciudades coloniales replegadas sobre sus valles, muestra que la porosidad es una herencia estructural muy anterior al conflicto armado contemporáneo.
Lo que emerge, entonces, es una condición constitutiva. Los vacíos coloniales fijaron el punto de partida; las élites republicanas, los latifundistas, los actores armados y los sucesivos gobiernos, al no construir presencia estatal efectiva ni redistribuir la tierra, convirtieron esa herencia en un ordenamiento territorial donde las soberanías locales, las economías ilegales y los territorios indígenas transfronterizos no son excepciones sino la norma constitutiva de los bordes. La territorialidad difusa no es la enfermedad del Estado colombiano: es una de las formas históricas de su existencia.
Esto no es una absolución. Que la porosidad sea estructural no la vuelve inevitable ni exime de responsabilidad a quienes, teniendo poder para transformarla, prefirieron administrarla. Cada decisión de no invertir en Catatumbo, de no titular baldíos con criterio distributivo, de subordinar la política exterior al problema del día, ha reforzado la condición heredada. La frontera porosa es a la vez legado y elección: se recibió, pero también se hizo, y se sigue haciendo.
Huella y disputa
Como concepto, frontera porosa se ha vuelto herramienta de trabajo transversal en Colombia: la usa la Comisión de la Verdad para nombrar los territorios donde el conflicto se enredó con la vida cotidiana; la usan las Naciones Unidas para hablar de trata y migración; la usan analistas de seguridad para describir el santuario transfronterizo de grupos armados; la usan investigadores como Margarita Serje —en clave más crítica— para mostrar que el discurso central sobre las "zonas rojas" o los "territorios de nadie" es también una manera de mantener a esas regiones fuera de la nación mientras se extraen sus recursos.
Su huella intelectual es doble. Por un lado, permitió pasar de un vocabulario obsesionado con la soberanía —entendida como control estatal exclusivo— a un vocabulario más matizado que reconoce la coexistencia de órdenes en el mismo territorio. Por otro, corre el riesgo permanente de esencializar la frontera como zona irreductiblemente violenta y salvaje, congelando lo que fue construcción histórica en destino geográfico.
Su huella práctica es visible en cada intento de política de fronteras del último medio siglo: en los planes de desarrollo fronterizo, en los acuerdos de paz que incluyen los territorios fronterizos como prioridad, en la creación de zonas de integración con países vecinos, en la respuesta —tardía y desigual— a la migración venezolana. Cada uno de esos intentos reconoce, aunque no siempre lo diga, que gobernar los bordes de Colombia exige antes entender qué han sido: no una línea que faltó por trazar, sino una faja que se pobló con vidas, economías y pueblos que el centro no quiso ver.
Por eso, quizá, la frontera porosa termine siendo menos un objeto que un espejo. Miras hacia La Guajira, hacia el Putumayo, hacia el Catatumbo, hacia el trapecio amazónico, y ves lo que Colombia decidió no hacer con sus márgenes. Ves también lo que otros hicieron con ellos, en su ausencia. Y ves, si se mira bien, que buena parte de lo que hoy se llama Colombia se decidió allí, en los bordes, y no en el centro que se creía dueño del mapa.
En el archivo
35 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 14991
02Colonia1600–17801
03Independencia1810–18311
04República Liberal1930–19461
05Crisis y narcotráfico1974–19904
06Seguridad Democrática2002–20164
07Posconflicto2016–presente1
08Transversal—21
- 1499La GuajiraFicha
- 1510DariénFicha
- 1510UrabáFicha
- 1545RiohachaFicha
- 1700ContrabandoFicha
- 1821CúcutaFicha
- 1828OcañaFicha
- 1830La frontera colombo-venezolanaPregunta
- 1904NariñoFicha
- 1907BrasilFicha
- 1910Norte de SantanderFicha
- 1927MaicaoFicha
- 1932AmazonasFicha
- 1967ValleduparFicha
- 1976SaravenaFicha
- 1980TibúFicha
- 1983AraucaFicha
- 1990Bajo CaucaFicha
- 1991Soberanía territorialFicha
- 1999El PlacerFicha
- 2000Bajo AtratoFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Margarita Serje — teorizó las regiones periféricas colombianas como 'fronteras internas' en El revés de la nación, aportando el marco conceptual más influyente para entender la porosidad interior
- 02Alfredo Molano Bravo — documentó la textura humana de las fronteras interiores: colonos, desplazados y órdenes armados en los márgenes del Estado
- 03Comisión de la Verdad (CEV) — describió la frontera nororiental como territorio donde las líneas divisorias se disuelven en las prácticas cotidianas, validando institucionalmente la noción de frontera porosa
- 04Simón Bolívar — propuso en 1821 un departamento Pamplona-Mérida-Maracaibo que trascendía el uti possidetis, reconociendo implícitamente comunidades de vida que las líneas republicanas no podían contener
- 05La Guajira — región paradigmática donde el contrabando histórico (whisky, cigarrillos, armas, café, ganado, marihuana) convirtió la porosidad fronteriza en economía y cultura
- 06Putumayo — corredor fronterizo colombo-ecuatoriano donde la porosidad se manifestó en desplazamiento indígena, economía cocalera y operaciones militares transfronterizas
- 07Soberanía territorial — concepto en tensión permanente con la frontera porosa; la porosidad es precisamente la distancia entre la soberanía jurídica proclamada y el control efectivo ejercido
- 08Colonización — proceso histórico que pobló las fronteras interiores y reprodujo la porosidad al expulsar sucesivamente a los colonos hacia nuevos baldíos
Personas
Lugares
Ideas
- Extractivismo21 piezas compartidas
- Contrabando20 piezas compartidas
- Colonización18 piezas compartidas
- Soberanía territorial16 piezas compartidas
- Desplazamiento forzado15 piezas compartidas
- Economía cocalera15 piezas compartidas
- Élites regionales14 piezas compartidas
- Paramilitarismo13 piezas compartidas
- Geografía del conflicto10 piezas compartidas
- Frontera interna8 piezas compartidas
Documentos y fragmentos citados
52 documentos · 55 fragmentos
01Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 771 cita
[1]un tanto en esta materia, vemos que en América cesa toda discusión sobre si la frontera es una línea o una faja, conceptos que tanto han confundido a los conocedores de estas materias internacionales, porque aquí hay grandes tre- chos en donde la frontera es una línea y algunos en donde ad- quiere naturaleza de faja.…
p. 77
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 351 cita
[2]la verdad y avanzar hacia la convivencia y la no repetición en esta región del país. proyectos de investigación, debates, cátedras formales y publicaciones con la participación del sector académico y de las organizaciones sociales». Saúl Franco en Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No…
p. 35
03Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 471 cita
[3]mestizos), mestizo and native peasants (the latter from individual communities or property-owners), and slaves from the mines, plantations and great estates, and rural and urban do- mestic service. Social order was also conditioned by territory. Up until the end of the nineteenth century, and in some areas until well…
p. 47
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 201 cita
[4]revés de la historia de la guerra» 4. Como el mismo Molano escribió: La historia no es algo que ya pasó y, sobre todo, que ya les pasó a hombres nota- bles y célebres. Es mucho más. Es lo que le sucede al pueblo común y corriente todos los días, desde que se levanta lleno de ilusiones hasta que cae rendido en la noche…
p. 20
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 421 cita
[5]los límites reales entre las provincias no podían ser fijados por una simple decisión administrativa. Los territorios conquistados de pendían de la influencia dé un núcleo urbano y de su control sobre el con torno rural o sobre otras ciudades que le habían debido su fundación. Esta dependencia tendía a debilitarse a…
p. 42
06Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 421 cita
[6]de campo mano de obra indígena. g) Que “el elemento más seguro de identificación era el alcance del poblamiento espa- ñol, la zona de influencia de un centro urbano”, pero que en todo, “los confines de una jurisdicción podían resultar demasiado remotos”; en el caso de la ciudad de Popayán, su “epicentro real” se…
p. 42
07El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 441 cita
[7]la Gran Colombia bolivariana /// Orlando Fals Borda 44 guerra y la ocupación desordenada y explotación ilegal de la tierra. Colombia carga con buena parte de la culpa porque todas esas aguas se originan en los Andes colombianos. No sería difícil pensar en corporaciones ambientales binacionales autónomas en esos…
p. 44
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 172 citas
[8]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
[9]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
09Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 5911 cita
[10]por límites a los departamentos confinantes con el Cauca y Boyacá, los ríos Carchi y Táchira. Venezuela, sujetándose a esta demarcación, ha fijado este límite a su nuevo Estado. ¿Qué razón hay para que el Ecuador pretenda eximirse de igual fijación en el Carchi para su nuevo Estado? 105 En las negociaciones que desde…
p. 591
10Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 cita
[11]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
11Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 621 cita
[12]a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…
p. 62
12Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 781 cita
[13]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
13Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 cita
[14]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
14Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 41 cita
[15]region floundered by the late 1910s, Peru’s and Colombia’s continued to grow. By 1917 the Peruvians were reported to control the portion of the Putumayo from the Brazilian border to the strategic settlement of Güeppí,19 later the site of a key battle during the 1932/33 Peruvian-Colombian war which broke out over the…
p. 4
15Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 561 cita
[16]treaty also guaranteed in perpetuity free navigation of jointly held rivers and created a mixed commission to settle the boundary in the Amazon region, an area further complicated by Peruvian encroachment. Both governments praised the Treaty of 1916 as a positive outcome of the traditionally cordial relations between…
p. 56
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1861 cita
[17]del Estado en la econo- mía y en los antiguos estados soberanos, los cuales en 1904 fueron completamente subyugados para evitar que se formaran, en Antioquia, Santander y Cauca, fuertes centros de presión regionalista que alimentaran brotes separatistas, como el que con- cluyó con la separación de Panamá. Más…
p. 186
17Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 551 cita
[18]ampliar su propietdad privada contra comunidades Sobre este enfoque, véase Robert Brenner, «Agracian Class Structure and Economic Deve- lopment in Pre-Industrial Europe••, Past and Present, 70 (febrero de 1976), pp. 30-75. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-1950) indígenas campesinas resueltas a…
p. 55
18El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 631 cita
[19]orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…
p. 63
19Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3721 cita
[20]y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…
p. 372
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[21]la guerra insurgente-contrainsurgente, cuyo objetivo central es la búsqueda y elimi- nación del enemigo, al que se asimilan las poblaciones y territorios en los nacieron y se insertaron las guerrillas o aquellos que se oponen a la lógica de acumulación de riqueza y poder hegemónicos. La paradoja es que la inserción de…
p. 27
21El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[22]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
22El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[23]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
23Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 431 cita
[24]arawak, huitoto y piapoco, articulados a la nación achagua, sáliva y a otros pueblos caribes, como los guahi- bos o los guayupe. Durante la República, el control territorial del Estado sobre esta porción del país fue bajo y su administración se trasladó varias veces entre provincias. Diferentes políticas le otorgaron…
p. 43
24Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 881 cita
[25]violenta de nuestro país. En Maracaibo, por ejemplo, hay situaciones específicas en que es necesario amar demasiado a la patria para aceptar que uno es colombiano. Nuestra frontera con Venezuela es extensa y abandonada: 2.219 kilómetros sin dueño. En puntos como Santa Cruz no se encuentra una sola autoridad. Por allí,…
p. 88
25Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1021 cita
[26]propicios para los cultivos ilícitos. El territorio de 1142 000 km2, poco menos del 60% del mexicano, está dividi do en cinco grandes regiones naturales: Caribe, Andina, Pacífica, Orinoquia y Amazonia. Aunque de c. 1970 al presente en todas se cultivan, procesan y transportan drogas ilícitas, los principales centros…
p. 102
26La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 401 cita
[27]menor a cincuenta kilómetros todos los pisos térmicos, lo que favorece la libre siembra y la producción de cultivos en laboratorios escondidos en la espesura de las montañas de la Sierra (Villarraga, 2009, p. 16). La SNSM se convirtió en un punto estratégico de disputa de los distintos actores armados para el control…
p. 40
27Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1651 cita
[28]en busca de marihuana. Allí aterrizan, desembarcan la mercancía que traen de contrabando —casi todo aparatos eléctricos—, y cargan la avioneta con paquetes de la yerba que llevan a la pista algunos vecinos cultivadores. Muchos se enriquecen de la noche a la mañana y no saben qué hacer con la piara. Por aqui todos nos…
p. 165
28Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 571 cita
[29]no muy lejana de lo destruido y deco- misado en México en seis años, de 1970 a 1976. Hubo protestas de cultivadores y políticos de la región contra los excesos de los militares, casos de corrupción de estos e inconformidad al interior de las fuerzas armadas por emplear a sus miembros en actividades de corte policíaco.…
p. 57
29Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 801 cita
[30]armas y municiones de Surinam y Brasil a Colombia por el corredor Guaviare-Vaupés. La cuarta frontera en número absoluto de acciones contra un país vecino o de interacciones con el conflicto ha sido la colombo-panameña. Panamá ha tenido que hacerles frente a operaciones guerrilleras, paramilitares y del narcotráfico,…
p. 80
30Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3681 cita
[31]está, por ser Norte de Santander un departamento fronterizo donde los criminales comunes se habían disputado desde siempre el control de los contrabandos varios, las tasas de homicidios doblaban las del promedio nacional. 60 Por esa frontera salía cocaína colombiana a Europa vía Venezuela y también entraban…
p. 368
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 781 cita
[32]de predios, la construcción de balnearios y el crecimiento de los locales comerciales en Juradó y otras zonas del litoral estuvo íntimamente relacionada con el testaferrato de las mafias que, ante los ojos de la fuerza pública, movían libremente sus avionetas cargadas de droga a cambio de sobornos 200. Muchos de los…
p. 78
32Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1621 cita
[33]la Ciénaga de Bojayá, lo cual ha generado preocupación entre los habitantes del Medio Atrato y sus organizaciones. 215 La precariedad del Estado en su ejercicio de control en esta región ha creado condiciones para la conversión del territorio en zona de ilegalidad y refugio. La ilegalidad se presenta en una do- ble…
p. 162
33Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 651 cita
[34]precio con aquellos bienes que pagan impuestos de importación. El contrabando, además, está muy relacionado con el proceso de lavado de activos del narcotráfico. Los medios de cambio producidos en el mercado internacional por el tráfico de drogas se transforman en mercancías de consumo masivo que son traídas a…
p. 65
34Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 3281 cita
[35]distance from state centers of borderlands intensify the logics of violent non- state group interactions and the respective insecurities that result from them (see chapter 7). Increased Exposure to Violence. In the region comprising Colombian Majayura and Venezuelan Paraguaipoa in the northern part of the Colombia-…
p. 328
35¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1251 cita
[36]Marulanda Vélez, presuntamente por causas naturales, en mayo del mismo año. A estas se sumaron las de Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy, co- mandante militar de las FARC, en septiembre del 2010, y la de Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano, máximo comandante de las FARC tras la muerte de Manuel…
p. 125
36Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 241 cita
[37]franja en Cúcuta y otra en Ipiales, el resto de la frontera sur-oriental ha sido tierra de nadie, por la que circulan armas, cocaína y di- nero ilegal a discreción. 7 La territorialidad difusa hace imposi- ble la soberanía del Estado sobre su territorio y es una garantía para que los intermediarios operen en la…
p. 24
37La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 351 cita
[38]investigaciones de la Unidad de Restitución de Tierras, la creación del Frente 41 le permitió a las FARC com- partir territorios con el ELN entre las planicies y las montañas, límitrofes con Venezuela, en las que incentivaron los cultivos de coca. “Las áreas rurales ubicadas en la Serranía del Perijá fue- ron…
p. 35
38El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 3042 citas
[39]Occidental Petroleum en Saravena, departamento colombiano de Arauca, frontera con el estado venezolano de Apure. Ahí estaban asentados, para febrero de 2005, unos 400 soldados de las fuerzas especiales estadounidenses y contratistas militares privados. “Nosotros sabemos que ellos no solo están entrenando al ejército…
p. 304
[40]Occidental Petroleum en Saravena, departamento colombiano de Arauca, frontera con el estado venezolano de Apure. Ahí estaban asentados, para febrero de 2005, unos 400 soldados de las fuerzas especiales estadounidenses y contratistas militares privados. “Nosotros sabemos que ellos no solo están entrenando al ejército…
p. 304
39Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 471 cita
[41]de su dominio en zonas y rutas a partir de 1999, tras una arremetida 15 Si bien se dice que el primer narcotraficante que llegó al Catatumbo fue Pab- lo Escobar, la magnitud de la presencia de los carteles de la droga en Norte de Santander se haría evidente con la captura en San Cristóbal, capital del estado Táchira…
p. 47
40Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 931 cita
[42]una región periférica, atada a distintos ciclos de colonización espontánea, en el marco del desarrollo de diferentes tipos de economía extractiva (petróleo y posteriormente coca), favore- ció la inserción y consolidación del ELN, el EPL y las FARC. Por eso, los grupos paramilitares implementaron un modelo intensivo en…
p. 93
41Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 771 cita
[43]cuna de asentamiento predo- minantemente del ELN, pero las FARC incursionaron en la zona en los años noventa y en la primera década de este siglo con el interés de entrar en disputa por la apropiación de los recursos derivados de su inmensa riqueza petrolera y de afincarse en la estratégica frontera con Venezuela. Es…
p. 77
42Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1201 cita
[44]binacionales que habitan en las cinco fronteras de Colombia. Así: frontera colombo-brasileña: Pueblos Inga y Uitoto (Muruy-Muina); frontera colombo-ecuatoriana: pueblos indígenas Inkal, Awa, Pastos, Kofan, Siona, Huitoto (Murui), Kamëntsa, Kechwa, Emberá Chamí, Koreguajes, Misak, Inga y Nasa; frontera…
p. 120
43Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2661 cita
[45]en Ecuador, donde vivó dos años. Esta mujer rememoró así este hecho de violencia: «Sí, sí, ya nos salimos, ya salimos, dejamos botado nuestra finca, dejamos botado la marranera, dejamos bo.... dejamos ¡todo, todo! Perdimos todo eso, los motores, la finca, todo dejamos botado, nos salimos con una ropita que tenemos…
p. 266
44Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 491 cita
[46]Cultivos de coca. Estadísticas municipales. censo 31 de diciembre de 2011. Bogotá. - UNODC, Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, junio de 2013, Colombia, Censo de Cultivos de Coca, 2012. Bogotá. El Pueblo Awá 01 José Aristizabal G. Fotografía: Conchita Guerra C. 01. EL PUEBLO AWÁ 01. El pueblo Awá…
p. 49
45Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2921 cita
[47]ENFOQUE DIFERENCIAL Tipo Serie CNMH Título Autor Año Descripción Categorías temáticas Link Producción audiovisual Proceso de memoria con comunidades étnicas Ñankara: tras la mirada Awá Gran Familia Awá binacional 2015 El proceso de memoria histórica desarrollado con el Pueblo Awá se sitúa en una dinámica de largo…
p. 292
46Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 501 cita
[48]Guajira] 23 del Zulia” (Testimonio de hombre Wayúu en GMH, 2010, página 65). Por otro lado, en la Serranía del Perijá 24, cuya población es ma- yoritariamente campesina, el municipio Agustín Codazzi se destaca como el de mayor expulsión y recepción de población desplazada 25. A pesar de que el cruce de frontera en…
p. 50
47La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2481 cita
[49]su hija y matemos a su hija?”. Así que no me quedó de otra y me tocó seguir caminando. Y caminábamos y caminábamos, de seis de la mañana a seis de la tarde. Duramos dos días, sin agua, no encontrábamos un río, andábamos perdidas por esa selva. Yo lo que cogía era el rocío de las hojas y se lo daba a mi niña [llanto].…
p. 248
48Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazoPaula A. Rossiasco, Ana Aguilera, Germán Caruso, Rosa María Martínez, Cristina Savescu · 2018 · p. 611 cita
[50]y Norte de Santander (5,6%), respectivamente. En términos absolutos, estos departamentos han recibido a más de 100 mil familias provenientes de Venezuela: Arauca (16 mil), La Guajira (39 mil) y Norte de Santander (49 mil). 47 44 Datos del RAMV (Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos), informe al 12 de junio…
p. 61
49Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 321 cita
[51]región del Catatumbo, con hitos de movilización y protesta social 10, resultaron favorables para que los partidos de izquierda asentaran allí su trabajo político. Este fue el escenario en donde tanto Tirso Vélez como Carlos Bernal recibieron apoyo inicial a su actividad política. La subregión central se configura a…
p. 32
50Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 581 cita
[52]Derecho local. II. EL PROCESO DE DDR EN NORTE DE SANTANDER 2.1 Contexto 2008-2009. La frontera: entre las econo - mías ilícitas y el conflicto ininterrumpido 2.1.1 Norte de Santander: la importancia de la frontera El departamento de Norte de Santander limita al norte y oriente con la República Bolivariana de…
p. 58
51Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 731 cita
[53]uneven development stems from – and intersects with – the centralist tendencies of the Colombian state (González, 2014). Located approximately 16 hours from Bogotá by road, Catatumbo is even far from Cucutá, the capital of Norte de Santander, the department to which the region’s municipalities belong. However, while…
p. 73
52Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 902 citas
[54]el tradicional discurso negacionista y la actitud defensiva en esta materia y se ha transitado hacia un reconocimiento explícito del problema y la formulación de salidas institucionales concretas, aún hay vestigios de la vieja estrategia que pretende minar y debilitar a aquellos organismos internacionales encargados…
p. 90
[55]el tradicional discurso negacionista y la actitud defensiva en esta materia y se ha transitado hacia un reconocimiento explícito del problema y la formulación de salidas institucionales concretas, aún hay vestigios de la vieja estrategia que pretende minar y debilitar a aquellos organismos internacionales encargados…
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