Idea transversal
Soberanía territorial
La soberanía territorial en Colombia es la potestad jurídico-política que el Estado ejerce sobre su espacio geográfico —suelo, subsuelo, mares, espacio aéreo y órbita geoestacionaria— reconocida constitucionalmente desde 1991, pero históricamente marcada por litigios internacionales, fronteras sin presencia estatal y periferias donde el dominio efectivo ha sido tardío, precario o delegado en poderes locales.
Trayectoria de una idea
- 1810
Uti possidetis juris como fundamento fronterizo
- 1821
Propuesta bolivariana de organización sociogeográfica
- 1886
Constitución de 1886 y restricción del derecho de gentes
- 1903
Separación de Panamá y pérdida del istmo
- 1932
Invasión de Leticia y guerra colombo-peruana
- 1934
Protocolo de Río de Janeiro y soberanía sobre Leticia
- 1991
Constitución de 1991 y definición ampliada del territorio soberano
- 2012
Fallo de La Haya sobre el archipiélago de San Andrés
La lectura
La soberanía territorial colombiana nació marcada por la paradoja de un Estado que heredó un vasto territorio sin los medios para habitarlo ni defenderlo. Fundada sobre el principio del uti possidetis juris, que sacralizó como fronteras internacionales las divisiones administrativas coloniales, Colombia debió aprender a defender sus márgenes mediante litigios, guerras y tratados que en más de una ocasión terminaron en cesión o derrota. La pérdida de Panamá en 1903 y la invasión de Leticia en 1932 no fueron accidentes sino consecuencias de un patrón estructural: el Estado gobernaba desde el altiplano andino un país cuyas periferias —amazónicas, caribeñas, fronterizas— permanecían desconectadas, sin guarniciones, sin funcionarios, sin carreteras. Donde el centro no llegó, llegaron los poderes locales —el cauchero, el ganadero, el cocalero, el contrabandista— que sustituyeron la autoridad estatal con formas propias de orden y justicia privada. La Constitución de 1991 amplió la definición jurídica del territorio soberano hasta la órbita geoestacionaria, pero la brecha entre la soberanía proclamada en el texto constitucional y la soberanía ejercida en las fronteras porosas y las tierras de nadie sigue siendo, en el siglo XXI, la herida más persistente de la historia política colombiana.
En Colombia, la soberanía territorial es menos un atributo estable que una promesa desigualmente cumplida. La Constitución de 1991 la define con generosidad —suelo, subsuelo, mar territorial, plataforma continental, espacio aéreo, órbita geoestacionaria, espectro electromagnético— y la jurisprudencia la respalda con la figura del dominio eminente, esa facultad jurídico-política que el Estado ejerce sobre el territorio sin ser su propietario. Pero entre la definición y el ejercicio se abre un espacio que la historia colombiana ha llenado de litigios internacionales perdidos, fronteras sin funcionario, comunidades que llegan primero que el Estado y potencias que se sientan a redibujar el mapa. La soberanía territorial no es aquí un dato heredado de la independencia sino un campo de disputa permanente entre un centro andino que legisla y unas periferias —amazónicas, caribeñas, pacíficas, fronterizas— donde la presencia estatal se ha ejercido tarde, mal o por interpuestas manos.
Qué se entiende por soberanía territorial
El concepto tiene raíces westfalianas: es la potestad exclusiva y suprema que un Estado ejerce sobre el espacio geográfico donde asienta su población y aplica sus normas. En la tradición jurídica colombiana esa potestad se ha condensado en la fórmula del dominio eminente, que la Corte Constitucional caracterizó en 1998 como el conjunto de facultades inherentes a la soberanía que el Estado despliega sobre su territorio y los bienes en él contenidos, con el fin de conservar el orden jurídico y cumplir sus funciones constitucionales. La distinción es fina pero decisiva: la Nación no es dueña del territorio a la manera de un propietario, sino que ejerce sobre él una autoridad de naturaleza jurídico-política. El suelo, en ese esquema, es apenas uno de los componentes; el que se demarca físicamente y donde operan las nociones de límite y frontera.
El artículo 101 de la Constitución de 1991, ubicado en el Título I, Capítulo 4, amplía el inventario de lo que integra el territorio soberano hasta límites que las cartas anteriores no habían contemplado: además del suelo, el subsuelo, el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental, la zona económica exclusiva y el espacio aéreo, incorpora el segmento de la órbita geoestacionaria y el espectro electromagnético, conforme al derecho internacional o, a falta de normas internacionales, a las leyes colombianas. Que un país ecuatorial reclame porciones de la órbita geoestacionaria —franja privilegiada para las telecomunicaciones satelitales— no es un capricho constitucional: es la traducción, en clave contemporánea, del viejo principio de que la soberanía se extiende hasta donde la técnica y el derecho permiten proyectarla.
Ese armazón conceptual arrastra, sin embargo, una historia colonial que no puede omitirse. Las capitulaciones de la Conquista concedían al adelantado una especie de dominio eminente que se particularizó luego en la encomienda; la administración española organizó el continente en audiencias, virreinatos y capitanías, y las reformas borbónicas del siglo XVIII rediseñaron por última vez ese entramado antes de la independencia. Cuando las repúblicas nacieron no lo hicieron sobre un mapa en blanco: heredaron límites administrativos, instituciones fiscales, rentas estancadas y una manera de concebir la relación entre soberano y territorio que solo cambió de titular.
La herencia colonial y el uti possidetis juris
El principio con el que Hispanoamérica organizó sus fronteras al independizarse fue el uti possidetis juris de 1810: cada nuevo Estado sucedería a la jurisdicción territorial de la unidad administrativa colonial en la que había estado inscrito al momento de la crisis de la monarquía. Fórmula elegante y peligrosa a la vez. Elegante porque evitaba el vacío jurídico entre dos soberanías; peligrosa porque congelaba, como fronteras internacionales, líneas que la administración colonial había trazado sin pensar jamás que separarían países.
Bolívar la asumió como norma vinculante. Cuando en 1825 Sucre dispuso políticamente del Alto Perú y facilitó su constitución como república independiente, el Libertador lo reprendió con dureza: había violado el uti possidetis al arrogarse facultades políticas que como comandante militar no le correspondían, pues aquel territorio, según la lógica colonial, pertenecía al ámbito del Río de la Plata. El episodio es revelador porque muestra que ya en la fundación misma el principio era más ambiguo de lo que su formulación sugería: las provincias del Alto Perú reclamaban decidir su gobierno, Buenos Aires y Lima disputaban su pertenencia, y el criterio jurídico chocaba con la voluntad de las poblaciones.
Bolívar, además, había ensayado otras lógicas territoriales. En carta del 18 de mayo de 1821 propuso organizar un departamento que reuniera Pamplona, Mérida y Maracaibo bajo un criterio sociogeográfico de cuencas compartidas, una visión de espacio integrado por relaciones reales antes que por herencias administrativas. La propuesta se refería a la organización interna de la Gran Colombia, no a la impugnación del principio en las fronteras externas, pero anunciaba una tensión que atravesaría el siglo XIX: la de un Estado que debía sostener límites internacionales heredados sobre territorios que la lógica del intercambio unía a los vecinos.
Al uti possidetis se sumó otra doctrina heredada de la coyuntura independentista: la reasunción de la soberanía por los pueblos americanos, fundada en la caducidad del poder español tras la crisis dinástica napoleónica. El cabildo de Buenos Aires del 25 de mayo de 1810, el acta del 20 de julio en el Nuevo Reino de Granada y la Constitución de Cundinamarca de 1811 la articularon como fundamento jurídico-político. Esa doble matriz —fronteras coloniales sacralizadas por el uti possidetis, soberanía interna reasumida por los pueblos— fue el terreno sobre el cual Colombia debió aprender a defender, y perder, sus márgenes.
Panamá, 1903: la herida fundacional
Ninguna pérdida territorial marcó tan hondo la conciencia colombiana como la separación de Panamá en noviembre de 1903. El movimiento separatista contó con el apoyo militar y diplomático de Estados Unidos, y fue seguido casi de inmediato por la firma de un tratado que otorgó a Washington control exclusivo y a perpetuidad sobre la Zona del Canal. No fue una derrota militar: fue la constatación de que una potencia externa podía redefinir el territorio colombiano mediante la ingeniería diplomática, y que el Estado carecía de los medios —militares, políticos, logísticos— para impedirlo. Los 25 millones de dólares que Estados Unidos pagó años después como compensación no apaciguaron el resentimiento nacional ni restauraron las relaciones bilaterales; quedaron, más bien, como recordatorio del precio al que se cotizaba una soberanía deficitaria.
La pérdida de Panamá reveló algo estructural: el Estado colombiano gobernaba desde el altiplano un país cuya geografía nunca había integrado. El istmo se había separado en la práctica mucho antes de 1903; el 3 de noviembre solo formalizó una desconexión que décadas de abandono habían incubado. Panamá había sido, durante todo el siglo XIX, más una ruta que una provincia: enlace del comercio interoceánico, ferrocarril transístmico desde 1855, puerto obligado del Pacífico sudamericano hacia el Atlántico. Bogotá cobraba impuestos y libraba disputas jurisdiccionales, pero rara vez llegaba con carreteras, escuelas o guarniciones. Cuando la coyuntura del Canal ofreció a las élites istmeñas una alternativa mejor pagada, la lealtad territorial se disolvió con la rapidez con la que se disuelven las adhesiones que nunca fueron cultivadas. Esa lección —que las periferias sin Estado se pierden— tardaría en aprenderse, y volvería a impartirse en la Amazonía.
Leticia, 1932: la soberanía como improvisación
El 1° de septiembre de 1932, un grupo armado de unos 250 peruanos ocupó Leticia e izó la bandera peruana. Detonaba así el conflicto colombo-peruano, tras dos décadas de fricción diplomática permanente por la indefinición de la frontera amazónica, tensiones que el Tratado Salomón-Lozano de 1922 había pretendido cerrar sin lograrlo del todo. La respuesta colombiana desnudó la precariedad del Estado en sus fronteras. La guarnición más cercana se hallaba en Caucaya, Putumayo, a mil millas de Leticia; los métodos para llevar soldados hasta la frontera eran, en palabras que la época repetía, más imaginarios que efectivos; el ejército y la aviación arrastraban años de indiferencia política.
La solución fue improvisada y reveladora. Por primera vez en la historia colombiana, el gobierno de Enrique Olaya Herrera recurrió a los aviones de la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos —SCADTA—, empresa fundada trece años antes por pilotos colombianos y alemanes, para transportar tropas y suministros al frente amazónico. Una compañía comercial, con capital mixto y tripulaciones binacionales, se convirtió en el brazo logístico de una guerra por soberanía. El conflicto terminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro el 24 de mayo de 1934, que otorgó plena soberanía a Colombia sobre Leticia. Pero la lección quedó grabada: había hecho falta una invasión para que Bogotá descubriera hasta dónde llegaba, en el mapa y en la práctica, su propio territorio.
De ahí en adelante, la política de fronteras cambió de escala. Olaya Herrera, cuya administración entre 1930 y 1934 rompió con la tradición de abandono mediante reformas administrativas, subsidios financieros y promoción de la colonización, impulsó medidas como la creación de la Intendencia del Amazonas y la negociación de límites con Venezuela y Brasil antes incluso del estallido bélico. La Ley 10 de octubre de 1930 reorganizó la estructura financiera de los territorios nacionales. La guerra con Perú avivó el nacionalismo y consolidó el compromiso de las élites con la integración territorial, pero no fue su causa: fue la validación traumática de un giro que ya estaba en marcha.
San Andrés y el meridiano en disputa
Si la Amazonía puso a prueba la soberanía continental, el Caribe insular hizo lo propio con la marítima. El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina apenas suma 44 kilómetros cuadrados de territorio emergido, incluidos los bancos y cayos de Roncador, Serrana, Bolívar y Quitasueño, y se encuentra a unos 750 kilómetros de Cartagena, entre los meridianos 78° y 82° de longitud oeste y los paralelos 12° y 16° de latitud norte. Alrededor de esa exigüidad emergida se extiende, no obstante, una superficie marina considerable: 1.614 kilómetros de zona económica exclusiva, hasta sumar cerca de 300.000 kilómetros cuadrados de extensión total.
Esa desproporción entre tierra y agua explica la pugna. Colombia limita marítimamente con nueve países —Venezuela, Haití, República Dominicana, Jamaica, Islas Caimán, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Ecuador— y en cada uno de esos límites hay historia de negociación, tratado o litigio. Nicaragua intentó modificar los límites históricos colombianos sobre las islas de San Andrés y Providencia, en una reclamación sobre jurisdicción que Bogotá consideraba consolidada por tratados anteriores. El fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en 2012, que redibujó parte de las áreas marítimas del archipiélago, se inscribió en esa larga disputa y reactivó, con enorme carga simbólica, la vieja pregunta de si los tribunales internacionales pueden alterar soberanías que los mapas escolares habían dado por firmes.
El marco jurídico en que esa disputa se libra es la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, adoptada en Montego Bay, Jamaica, en 1982, tras la Tercera Conferencia sobre la materia. Es el instrumento internacional que fija las categorías —mar territorial, zona contigua, plataforma continental, zona económica exclusiva— con las que hoy se pleitea la soberanía marítima. Pero en San Andrés la soberanía no se disputa solo con Nicaragua. La dimensión marítima del archipiélago quedó atravesada por dinámicas de conflicto armado y narcotráfico que llevaron a que los años 2010 y 2011 registraran los picos más altos de homicidios en las islas, atribuidos a la llegada de bandas criminales vinculadas al conflicto armado continental. La soberanía marítima se erosiona así por dos vías: la del litigio internacional y la de los actores ilegales que ocupan el espacio que el Estado no llena.
Fronteras porosas y tierras de nadie
El caso paradigmático del déficit soberano interno se juega en las fronteras terrestres. Los 2.219 kilómetros de límite con Venezuela han sido descritos históricamente como una línea extensa y abandonada, más línea de tinta que barrera institucional. Un informe de congresistas al Presidente de la República registró zonas como Santa Cruz donde no había autoridad estatal alguna —ni cuarteles ni inspecciones de policía— y por donde circulaban personas y mercancías de contrabando con el conocimiento tácito de los funcionarios locales. Salvo franjas como Cúcuta e Ipiales, la mayor parte de la frontera suroriental ha funcionado como tierra de nadie por la que transitan armas, cocaína y dinero ilegal.
Ese vacío no es un accidente sino la consecuencia de una manera de gobernar. El Estado colombiano no ha logrado monopolizar el uso legítimo de la violencia ni ejercer dominio directo sobre vastas áreas de su territorio; para llegar a las periferias ha dependido de poderes locales generalmente vinculados a la actividad económica dominante en cada región: el ganadero en los Llanos, el cauchero y luego el cocalero en la Amazonía, el comerciante de contrabando en la Guajira, el minero en el Bajo Cauca. En ausencia del centro, esos poderes sustituyeron su autoridad e implementaron formas propias de justicia privada. La presencia del Estado quedó subordinada a la presencia de los partidos políticos y sus facciones, y la inversión pública se orientó por rentabilidad electoral, profundizando las brechas entre el centro urbano y la periferia rural.
El paisaje fronterizo lo confirma con una elocuencia que las estadísticas no alcanzan. En sectores vacíos nada indica la proximidad de la línea divisoria; en zonas como la frontera ecuatoriana central, la mezcla de habitantes de ambos países y la proliferación de comercios especiales difuminan la distinción entre uno y otro lado. La frontera existe en el mapa, no en el territorio. Y ese desfase tiene raíces largas: todavía en los años treinta, cuando el Estado reconoció la necesidad de atender sus territorios nacionales, la presencia colombiana en esas regiones siguió siendo precaria. Los Llanos permanecieron como tierras misteriosas y peligrosas para la población andina; en Leticia, a mediados del siglo XX, la vida institucional oscilaba entre la ausencia de teléfonos, unos pocos radios, electricidad limitada a ciertas horas y un río que era el eje real del abastecimiento. El Estado llegaba, cuando llegaba, con menos peso que el comerciante y menos regularidad que la creciente.
El conflicto armado desborda las fronteras
Cuando el conflicto armado interno se prolongó e intensificó a partir de los años ochenta, esas fronteras porosas se convirtieron en su prolongación natural. Los grupos armados ilegales colombianos usaron el límite con Venezuela como espacio de refugio y operaciones defensivas; la presión militar del Plan Colombia produjo desplazamiento guerrillero hacia territorios venezolanos, ecuatorianos, panameños, brasileños y peruanos. La correlación entre coca y frontera se hizo geográficamente nítida: entre 1999 y 2002, casi un tercio de los cultivos nacionales —186.496 de 568.971 hectáreas— se concentraba en municipios fronterizos, aprovechando precisamente que allí el brazo del Estado se acortaba y el del vecino no alcanzaba. El Catatumbo y el Sarare, en el corredor colombo-venezolano, se convirtieron en focos constantes de confrontación armada, con guerrillas, paramilitares y ejército disputándose corredores de exportación y rutas de retaguardia.
El punto de quiebre diplomático llegó el 1 de marzo de 2008, cuando el ejército colombiano mató al alto mando de las FARC Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, aproximadamente a una milla dentro de la frontera, sobre la ribera sur del río Putumayo. La operación precipitó una crisis con Ecuador y Venezuela y reveló hasta qué punto la guerra interna había dejado de ser interna: el ejército de un país persiguiendo a un guerrillero en el de otro reabría, en clave contemporánea, la pregunta sobre qué significa soberanía cuando actores no estatales operan a caballo entre jurisdicciones.
El mismo año se agudizó la controversia por el acuerdo de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos para el uso de bases colombianas, negociado por el gobierno de Álvaro Uribe con Washington en 2009. El acuerdo fue rechazado regionalmente por sus implicaciones para la estabilidad continental, en particular en relación con Venezuela y Ecuador. La Corte Constitucional colombiana lo declaró en agosto de 2010 sin efecto por tratarse de un tratado que requería aprobación del Congreso, y Juan Manuel Santos, al asumir la presidencia ese mismo mes, no continuó el proyecto y restableció relaciones con Caracas, desactivando las tensiones. Fue una demostración de que la política exterior podía reordenar tan rápido como había desordenado.
Plan Colombia: soberanía condicionada
El Plan Colombia condensa como pocos hitos la ambigüedad de la soberanía territorial contemporánea. Andrés Pastrana lo anunció en septiembre de 1999 como una especie de Plan Marshall orientado a complementar el proceso de paz con las FARC; lo habían redactado principalmente funcionarios civiles del Departamento de Planeación Nacional, con participación de civiles del Ministerio de Defensa. Bill Clinton ya lo respaldaba desde diciembre de 1998, con la promesa de mayor ayuda militar a Colombia para combatir las drogas y fortalecer la democracia.
Entre la presentación y la ejecución, sin embargo, el Plan mudó de piel. A lo largo de 1999, en el vaivén de las consultas con Washington y bajo la presión de un proceso de paz que se descomponía, la iniciativa se fue reescribiendo hasta convertirse en un programa predominantemente militar y antinarcótico. La lógica contrainsurgente que allí se decantó no era menor: quedó prevista para ser coordinada por el Comando Sur de Estados Unidos, con sede en Florida, a través de un grupo militar encargado de acompañar, formar, asesorar y fortalecer a las Fuerzas Armadas colombianas. La cadena de mando doméstica dejó de agotarse en Bogotá. En 2002, George W. Bush firmó una directiva —la NSPD-18— que amplió explícitamente la misión estadounidense en Colombia más allá de las operaciones antidrogas para incluir acciones contra organizaciones terroristas, con lo cual el uso de recursos militares para fines contrainsurgentes quedó formalmente autorizado.
Lo que estaba en juego no era solo una política de seguridad: era la definición misma de qué significa soberanía territorial cuando la estrategia militar del país se coordina desde el extranjero y la modernización de las Fuerzas Armadas depende de la asistencia condicionada de una potencia. Y esa condicionalidad no ocurría en el vacío: Estados Unidos, en el marco de esa arquitectura, instaló bases o presencia militar en Manta (Ecuador), Aruba, Curazao, Comalapa (El Salvador), Liberia (Costa Rica), Vieques (Puerto Rico) y en las bases peruanas de Nanai, en el Loreto, y del Alto Huallaga. Colombia no era un caso aislado sino la pieza más grande de un tablero regional. El territorio soberano se convertía, en la práctica, en función de una lógica cuya última palabra ya no se pronunciaba en el altiplano.
La soberanía indígena y afrocolombiana
Mientras el Estado libraba sus batallas por soberanía externa, en el interior otra concepción del territorio disputaba silenciosamente su reconocimiento. Para los pueblos indígenas y para las comunidades negras del Pacífico, el territorio no es la superficie explotable que dibuja el catastro sino una categoría integral que incluye bosque, ríos, quebradas, personas, subsuelo y espacio superior en una interconexión vital. El pueblo Awá lo articula así; también las comunidades negras que colonizaron los manglares del litoral. Esa concepción no cabe en el molde jurídico del dominio eminente: donde el Estado ve capas separadas —suelo aprovechable, subsuelo reservado, aguas navegables—, las comunidades ven un tejido continuo cuya ruptura las mutila.
La Constitución de 1991 intentó incorporar esa visión, y lo hizo por varias vías que se traban entre sí. Reconoció la autonomía administrativa de los pueblos indígenas en sus territorios y previó las Entidades Territoriales Indígenas, las ETI, como figuras del ordenamiento; blindó los territorios indígenas bajo el artículo 63, que los declara inalienables, imprescriptibles e inembargables; y en su artículo transitorio 55 abrió el camino a la Ley 70 de 1993, que extendió esa misma protección a la propiedad comunitaria de las comunidades negras. Sobre el papel, el reconocimiento fue ambicioso; en el terreno, se tradujo en una geografía de resguardos titulados que hoy dibuja un mapa paralelo al del Estado departamental. Son 710 resguardos, repartidos en 27 departamentos y 228 municipios, que suman 34 millones de hectáreas: el 29,8% del territorio nacional. La cifra impresiona hasta que uno advierte dónde cae: la mayor parte corresponde a selvas vírgenes o zonas alejadas de los polos de desarrollo, es decir, precisamente aquellas áreas que el Estado nunca supo o quiso integrar. El reconocimiento coincidió, no por azar, con las regiones donde el dominio eminente había sido siempre más nominal que real.
El reconocimiento formal, además, se detuvo en la superficie, literalmente. El Estado se arrogó la potestad de explotar el subsuelo —hidrocarburos, minerales— en territorios indígenas, y limitó la autonomía a la capa visible de los resguardos. Las ETI, treinta años después de la promulgación de la Constitución, seguían sin reglamentar: figura constitucional sin desarrollo legislativo. Y donde el reconocimiento se detenía, la reglamentación posterior avanzó en sentido contrario: el Decreto 1122 de 1999 dio al gobierno un mecanismo para redefinir las funciones de las tierras asignadas a comunidades indígenas, con implicaciones directas para casos como el del pueblo U'wa, que resistía la explotación petrolera de Occidental Petroleum en zonas adyacentes a su resguardo.
La Corte Constitucional avanzó doctrinariamente: en materia de planes de desarrollo, inversión y explotación de recursos naturales en territorios indígenas, no bastaría con la consulta previa sino que debería obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades según sus usos y costumbres. Al inicio del gobierno Santos, cuando los indígenas exigieron consulta previa para la aprobación del Plan de Desarrollo, la Presidencia propuso crear una comisión para el esclarecimiento de títulos de resguardos coloniales y republicanos con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones; el acuerdo no produjo resultados concretos.
A esa tensión interna se suma la binacional. Los pueblos indígenas que habitan en las cinco fronteras de Colombia mantienen una visión integradora del territorio en la que el intercambio es una constante; sus territorios ancestrales se extienden a ambos lados de las líneas estatales, indiferentes a las coordenadas del uti possidetis. Las formulaciones de reordenamiento territorial excluyen a comunidades negras e indígenas, no reconocen sus territorios ni los mecanismos tradicionales de apropiación colectiva de la tierra, ni el carácter simbólico y ritual de los territorios ancestrales. La soberanía territorial del Estado y la soberanía territorial de los pueblos siguen conviviendo en un pacto incompleto, donde el reconocimiento superficial coexiste con la reserva del subsuelo y donde el título colectivo se otorga en las zonas que el mercado y el fisco menos codician.
La integración inconclusa
Hilar los episodios anteriores permite ver el patrón. Entre 1870 y 1930, la colonización de las vertientes andinas impulsada por la expansión cafetera contribuyó a unificar el espacio y a crear un mercado nacional incipiente, reduciendo vacíos entre regiones y ciudades. El período liberal, desde Olaya Herrera hasta 1948, ensayó reformas administrativas y subsidios que buscaban extender soberanía efectiva a las fronteras. La Constitución de 1886, redactada bajo el impulso de Rafael Núñez y con participación destacada de Miguel Antonio Caro, había consolidado un centralismo que tendió a ignorar la diversidad geográfica y étnica del país; el proyecto liberal intentó corregirlo, sin conseguirlo del todo. Los Llanos siguieron siendo tierras misteriosas para el andino; la Amazonía, un mapa por poblar.
La violencia del conflicto armado interno no cubrió homogéneamente el territorio: se manifestó en períodos diferentes, ligados a los distintos momentos de integración gradual de las regiones a la vida económica nacional y a la difícil articulación de las poblaciones en la configuración política del país. En Putumayo, la ineficiencia del Estado para cumplir sus funciones y la colonización amazónica descontrolada —acelerada por el cultivo de coca desde los años setenta— generaron vacíos de soberanía que fueron llenados por contrapoderes paramilitares y guerrilleros. La regla se repitió en el Catatumbo, en el Chocó, en el Bajo Cauca: donde el Estado no llegaba, alguien más gobernaba.
Y sin embargo, momentos puntuales demostraron que el destino no era ineludible. Olaya Herrera probó que un gobierno decidido podía extender presencia estatal en cuatro años. Santos probó que reorientar la política exterior podía desactivar en semanas tensiones que llevaban años acumulándose. La estructura pesa —geografía difícil, herencia centralista, subsuelo reservado, fronteras heredadas del uti possidetis—, pero no clausura la agencia política. Lo que se ha impuesto, con recurrencia, es la decisión de no sostener los esfuerzos: los ciclos de integración han sido seguidos por ciclos de repliegue, y las periferias han vuelto a quedar en manos de los poderes sustitutos.
La disputa que continúa
Hoy la soberanía territorial colombiana se juega en frentes simultáneos. En el Caribe, tras el fallo de La Haya de 2012, el país sigue arbitrando qué significa el meridiano 82 y hasta dónde llegan las aguas de San Andrés. En la frontera con Venezuela, los 2.219 kilómetros oscilan entre el cierre diplomático y la porosidad efectiva, con corredores de contrabando, migración y economías ilegales que ninguna cancillería controla. En la Amazonía, las Entidades Territoriales Indígenas siguen sin reglamentar y la colonización avanza sobre resguardos y parques nacionales. En el subsuelo, los conflictos por licencias extractivas en territorios étnicos reeditan la vieja tensión entre dominio eminente estatal y autonomía comunitaria. En la órbita geoestacionaria, la reivindicación constitucional de 1991 espera aún desarrollos técnicos y diplomáticos consistentes.
Vista desde esos frentes, la soberanía territorial colombiana no se parece a un patrimonio recibido sino a un pulso cotidiano. Se conquistó jurídicamente en Río de Janeiro en 1934 y se cedió simbólicamente en Panamá en 1903; medio siglo lleva disputándose marítimamente frente a Managua, y otro tanto tomará negociarla con los pueblos que ya estaban antes del Estado, mientras por dentro se erosiona allí donde el conflicto armado y las economías ilegales ocupan los intersticios que el Estado no llena. Cada generación republicana ha heredado un perímetro más ambicioso y una capacidad más limitada de sostenerlo: la Constitución de 1991 lo dibujó con máxima extensión —suelo, subsuelo, mar, aire, órbita, espectro—, precisamente en el momento en que las fuerzas capaces de disputarle ese perímetro —guerrillas, paramilitares, potencias extranjeras, cortes internacionales, empresas transnacionales, pueblos originarios— se hacían más numerosas y más articuladas que nunca. La distancia entre el mapa que se reclama y el territorio donde se manda no es, en Colombia, un accidente coyuntural; es la forma histórica en que la república ha existido. Cerrarla, ya no reiterarla, es lo que sigue pendiente.
En el archivo
119 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 14991
02Conquista1499–15994
03Colonia1600–178011
- 1600Cimarronaje y formación de palenques en el Caribe neogranadino (1600–1700)Hecho
- 1605Benkos BiohóFicha
- 1650PalenqueFicha
- 1713Pacto del obispo Cassiani con los palenques de los Montes de MaríaHecho
- 1715Las misiones jesuitas del Orinoco (1715–1742)Hecho
- 1728Insurrección de Barule en el Chocó (1728)Hecho
- 1739Restablecimiento del Virreinato de la Nueva Granada y gobierno de Eslava (1739–1750)Hecho
- 1741Blas de LezoFicha
- 1741Sebastián de EslavaFicha
- 1745Derrota del palenque de El Castigo y fundación de San Miguel de Patía (1745–1749)Hecho
- 1750Rochelas del Caribe interior neogranadino (1750–1780)Hecho
04Independencia1810–18313
05Nueva Granada1831–18628
06Estados Unidos de Colombia1863–18857
- 1863Artículo 78 de Rionegro y el régimen de territorios nacionales (1863)Hecho
- 1863Estados SoberanosFicha
- 1863Estados Unidos de ColombiaÉpoca
- 1863Federalismo istmeño y la cuestión de Panamá (Arosemena)Hecho
- 1863Guerras civilesFicha
- 1863Justo ArosemenaFicha
- 1874Ley 66 de 1874 y delegación misional del gobierno de indígenasHecho
07Regeneración1886–192913
- 1886Canal interoceánico por el Istmo de PanamáFicha
- 1899Guerra de los Mil Días (1899–1902)Hecho
- 1900Economía de enclaveFicha
- 1902El Convenio de Misiones de 1902Hecho
- 1902José Manuel MarroquínFicha
- 1903ImperialismoFicha
- 1903Separación de Panamá (1903)Hecho
- 1905Fragmentación territorial en 34 departamentos bajo el Quinquenio de Reyes (1905-1908)Hecho
- 1907El escándalo del caucho del PutumayoHecho
- 1907Julio César AranaFicha
- 1909Walter Ernest HardenburgFicha
- 1911Roger CasementFicha
- 1924José Eustasio RiveraFicha
08República Liberal1930–19463
09La Violencia1946–19571
10Frente Nacional1958–19744
11Crisis y narcotráfico1974–19902
12Constitución de 19911991–20026
- 1991Autonomía indígenaFicha
- 1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoPregunta
- 1991Soberanía fragmentadaFicha
- 1996Soberanía limitadaFicha
- 1997Sevicia ritual paramilitar y violencia sexual escenificada en masacres (1997–2002)Hecho
- 1998Diálogos del Caguán y zona de despeje (1998–2002)Hecho
13Seguridad Democrática2002–20166
- 2002Control territorialFicha
- 2002El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)Hecho
- 2002Guardia Indígena Nasa y Comunidades de Paz como soberanías civiles desarmadas (2002–2015)Hecho
- 2004Bahía PorteteFicha
- 2008Operación Fénix y la crisis diplomática andina de 2008Hecho
- 2008Raúl ReyesFicha
14Posconflicto2016–presente3
15Transversal—46
- 500San AgustínFicha
- 600TierradentroFicha
- 1000Sierra Nevada de Santa MartaFicha
- 1499La GuajiraFicha
- 1510DariénFicha
- 1537Cordillera OrientalFicha
- 1538Nueva GranadaFicha
- 1545RiohachaFicha
- 1700ContrabandoFicha
- 1767Fronteras coloniales y marginalidad periférica en ColombiaPregunta
- 1800Río MagdalenaFicha
- 1810SoberaníaFicha
- 1828OcañaFicha
- 1830La frontera colombo-venezolanaPregunta
- 1886CentralismoFicha
- 1900Frontera porosaFicha
- 1900MocoaFicha
- 1900PutumayoFicha
- 1902El Concordato de 1887 y el Convenio de Misiones de 1902Pregunta
- 1903La pérdida de Panamá (1903)Pregunta
- 1903Panamá en la historia de ColombiaFicha
- 1907BrasilFicha
- 1910AmazoníaFicha
- 1912San AndrésFicha
- 1913Enclave bananeroFicha
- 1927MaicaoFicha
- 1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasPregunta
- 1932AmazonasFicha
- 1932LeticiaFicha
- 1950CaquetáFicha
- 1954Fuerte Militar de TolemaidaFicha
- 1960FlorenciaFicha
- 1970Magdalena MedioFicha
- 1975El CaguánFicha
- 1983AraucaFicha
- 1990Impunidad estructuralFicha
- 1990Víctor CarranzaFicha
- 1991El reconocimiento indígena en la Constitución de 1991Pregunta
- 1991VaupésFicha
- 1994El viraje del paramilitarismo colombianoPregunta
- 1995Alto SinúFicha
- 1995ToribíoFicha
- 1998MitúFicha
- 1998Zona de despejeFicha
- 2000Estado paraleloFicha
- 2000GlifosatoFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Simón Bolívar: invocó el uti possidetis juris como norma vinculante de derecho internacional y propuso una organización territorial alternativa basada en cuencas sociogeográficas compartidas
- 02Enrique Olaya Herrera: durante su gobierno (1930-1934) enfrentó la invasión de Leticia, impulsó la colonización amazónica, reorganizó los territorios nacionales y utilizó por primera vez aviones de SCADTA para operaciones militares
- 03Leticia: epicentro del conflicto colombo-peruano de 1932-1934 y símbolo de la soberanía amazónica disputada y finalmente consolidada mediante el Protocolo de Río de Janeiro
- 04Panamá: pérdida territorial de 1903 que evidenció la incapacidad del Estado colombiano para sostener su dominio sobre periferias abandonadas y marcó la conciencia nacional sobre los costos del déficit soberano
- 05Constitución de 1991: instrumento que amplió la definición jurídica del territorio soberano colombiano hasta incluir la órbita geoestacionaria y el espectro electromagnético, y consagró el dominio eminente del Estado
- 06Uti possidetis juris: principio de derecho internacional que organizó las fronteras hispanoamericanas al independizarse, congelando como límites internacionales las divisiones administrativas coloniales de 1810
- 07San Andrés, Providencia y Santa Catalina: archipiélago cuya soberanía marítima ha sido disputada por Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia y erosionada internamente por el narcotráfico y el conflicto armado
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
60 documentos · 66 fragmentos
01Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 711 cita
[1]mar territorial y la plataforma submarina, la Constitución co- lombiana de 1991, artículo 101, pre- ceptúa en el título 1, capítulo 4, que junto con el suelo «también son parte de Colombia, el subsuelo, el mar terri torial, la zona contigua, la Forma continental, la zona exclusi- vi, el espacio aéreo, el segmento de…
p. 71
02Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 271 cita
[2]se hiciera el reparto a los privilegiados, generándose un problema de tierras con los indígenas y los nuevos inmigran tes europeos, o los españoles pobres. Las capitulaciones daban al conquistador una especie de dominio emi nente, que se particularizó y concretó con la encomienda. La norma según la cual el territorio…
p. 27
03El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 441 cita
[3]la Gran Colombia bolivariana /// Orlando Fals Borda 44 guerra y la ocupación desordenada y explotación ilegal de la tierra. Colombia carga con buena parte de la culpa porque todas esas aguas se originan en los Andes colombianos. No sería difícil pensar en corporaciones ambientales binacionales autónomas en esos…
p. 44
04Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 2251 cita
[4]a government legally representing these provinces; the ultimate solution would have to be based upon a decision of the provinces and an agreement between Peru and Buenos Aires. Meanwhile, Upper Peru would continue under the authority of the commander of the liberating army until a general assembly decided the form of…
p. 225
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1681 cita
[5]fundación de las primeras audien- cias y la promulgación de las primeras Leyes de Indias, particularmente con las de 1542, ex- pendidas por Carlos V, en la Ciudad de Burgos. En este momento es la monarquía, el Estado español, el que asume el control y ejercita sus plenos derechos soberanos sobre los nuevos te-…
p. 168
06Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 631 cita
[6]convincentes razones jurídicas. En el cabildo del 25 de mayo en Buenos Aires, declaró Juan José Castelli: «La España ha caducado en su poder para con la América, y con ella las autoridades que son su emanación. Al pueblo corresponde reasumir la sobe- ranía del monarca, e instituir en representación suya, un gobierno…
p. 63
07La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 731 cita
[7]su soberanía. Reser- vándose “la soberanía en toda su plenitud para las cosas y casos propios de la provincia en particular, y el derecho de negociar o tratar con las otras provincias o con otros Estados”. 24 En la Constitución de Antioquia de 1812, ante la mis- ma inquietud, los constitucionalistas decidieron que…
p. 73
08Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 851 cita
[8]patria (…) De aquí se sigue, primero: que la legislación de un Esta - do no puede alterar el derecho de gentes, de manera que las alteraciones obliguen a los súbditos de otros estados; y, segundo, que las reglas establecidas por la razón y por el consentimiento mutuo, son las únicas que sirven, no sólo para el ajuste…
p. 85
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1071 cita
[9]texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…
p. 107
10Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 781 cita
[10]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 cita
[11]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4191 cita
[12]Washington permission to construct a canal across the isthmus and to gain effective authority over the territory surround- ing the canal, President Theodore Roosevelt took advantage of both the insurrection and the Colombian government's weakness in the aftermath of the War of the Thousand Days to intervene. Having…
p. 419
13Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[13]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
14Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 912 citas
[14]funds for basic economic reforms, received pledges of ten million pesos to buy war bonds. 37 Energized by the outpouring of popular support, Olaya Herrera mobilized the army to confront the Peruvians, but the difficulties of fighting a war in remote Amazonas were soon apparent. Reports from Leticia took Page 41…
p. 91
[29]Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…
p. 1
15Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[15]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
p. 318
16Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11, 202 citas
[16]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
[30]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
17La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 1121 cita
[17]los procesos de distribución de la propiedad rural son bastante inequitativos. Vemos que las adjudicaciones en los rangos de 501-1.000 hectáreas y de 1.001-2.500 hectáreas con- trolan el 93,10 % de la superficie asignada y representan sólo el 26 % del total de adjudicaciones, mientras que los predios de peque- ña…
p. 112
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1861 cita
[18]del Estado en la econo- mía y en los antiguos estados soberanos, los cuales en 1904 fueron completamente subyugados para evitar que se formaran, en Antioquia, Santander y Cauca, fuertes centros de presión regionalista que alimentaran brotes separatistas, como el que con- cluyó con la separación de Panamá. Más…
p. 186
19Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 311 cita
[19]mayo de 23 de 1903. 31 Informe sobre la situación en la frontera Colombo-peruana, en la parte del Putumayo Por Pedro Antonio Pizarro Mayo 23 de 1903 Señor Ministro de Relaciones Exteriores Por insinuación de Su Señoría tengo el honor de suministrarle algunos datos que conozco en relación con la verificación de al-…
p. 31
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3551 cita
[20]que contribuyen a controlar y securitizar los territorios. Región Archipiélago El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina comprende una extensión de 44 km2 de territorio emergido, incluyendo los bancos y cayos de Roncador, Serrana, Bolívar y Quitasueño, rodeados por una gran extensión marina que…
p. 355
21Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 401 cita
[21]se muestran en el mapa de la siguiente pagina. En total, Colombia limita con 11 paises (4 suramericanos, 4 centroamericanos y 3 del Caribe). La frontera terrestre la comparte con 5 pai- ses (Venezuela, Brasil, Peru, Ecuador y Panama); y la maritima, con 9 (Venezuela, Haiti, Republica Do- minicana, Jamaica, Islas…
p. 40
22Intereses de Colombia en el Mar: Reflexiones y Propuestas para la Construcción de País MarítimoSamuel Rivera-Páez (Editor), Daniel Alfonso Rojas Sánchez, Héctor Mauricio Rodríguez Ruiz, Sergio Uribe Cáceres, Luis H. Osorio Dussán, Paola Marcela Iregui Parra, Natalia Pérez Amaya, William Pedroza Nieto, Giovanny Vega-Barbosa, Hermann León Rincón, Julio Monroy Silvera, César Grisales López, Natalí Delgado Orozco, Oscar Medina Mora · 2018 · p. 1361 cita
[22]Derecho del Mar: origen, organización y competencia. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba, Córdoba. Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Gómez-Robledo, A. (2016) En Tratado de Derecho del Mar. Prólogo. Bogotá: Universidad del Rosario. Kohh, T. (1982). Declaraciones fi nales.…
p. 136
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1471 cita
[23]raizal asume que por esa vía el archipiélago quedó ligado al conflicto armado, aunque las dinámicas confrontacio- nales derivadas de este estuvieran referidas al territorio continental. Así lo manifestó a la Comisión de la Verdad un líder raizal de San Andrés: «Las bandas criminales 335 Entrevista 241-PR-00336.…
p. 147
24Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 881 cita
[24]violenta de nuestro país. En Maracaibo, por ejemplo, hay situaciones específicas en que es necesario amar demasiado a la patria para aceptar que uno es colombiano. Nuestra frontera con Venezuela es extensa y abandonada: 2.219 kilómetros sin dueño. En puntos como Santa Cruz no se encuentra una sola autoridad. Por allí,…
p. 88
25Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 241 cita
[25]franja en Cúcuta y otra en Ipiales, el resto de la frontera sur-oriental ha sido tierra de nadie, por la que circulan armas, cocaína y di- nero ilegal a discreción. 7 La territorialidad difusa hace imposi- ble la soberanía del Estado sobre su territorio y es una garantía para que los intermediarios operen en la…
p. 24
26Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6351 cita
[26]e incluso la imprecisión, en las definiciones de los Estados fallidos, hay dos rasgos centrales que los definen: el no tener un control efectivo sobre el territorio y la pérdida del monopolio de la fuerza. De hecho, en Colombia la “ausencia del Estado” ha sido considerada como una de las características centrales de…
p. 635
27¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1631 cita
[27]la presencia estatal en las regiones. La "presen- cia del Estado" en las regiones se subordinó a la "presencia de los partidos" (González, 2014), más concretamente de los políticos y facciones partidistas representadas en el Congreso y el Ejecutivo nacional. Segundo, una subordinación de las prioridades del gasto…
p. 163
28Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 771 cita
[28]un tanto en esta materia, vemos que en América cesa toda discusión sobre si la frontera es una línea o una faja, conceptos que tanto han confundido a los conocedores de estas materias internacionales, porque aquí hay grandes tre- chos en donde la frontera es una línea y algunos en donde ad- quiere naturaleza de faja.…
p. 77
29El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 6331 cita
[31]estaba funcionando la planta de energía, como a veces sucedía, había luz todas las noches entre las seis y las diez, justo la suficiente para encender los bombillos del asta de la bandera frente a la modesta oficina de madera del comisario. No había teléfo- nos, y sólo unos pocos radios. La noche, en general, todavía…
p. 633
30Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 41 cita
[32]region floundered by the late 1910s, Peru’s and Colombia’s continued to grow. By 1917 the Peruvians were reported to control the portion of the Putumayo from the Brazilian border to the strategic settlement of Güeppí,19 later the site of a key battle during the 1932/33 Peruvian-Colombian war which broke out over the…
p. 4
31Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 91 cita
[33]Democratic Pole party. Juan Manuel Santos Santos was elected President on June 20, 2010, and inaugurated on August 7. He had served as defense minister under President Uribe (2006- 2009) and in two previous governments as finance minister and minister of trade. As Uribe’s defense minister, he oversaw some of the…
p. 9
32Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 771 cita
[34]presencia militar por ambos Estados y “el repliegue de la guerrilla, (…) [han] con fi gurando una crisis humanitaria en [la] Orinoquía y Amazonía” afectando a sus habitantes, campesinos e indígenas (CODHES, 2005, página 15). De acuerdo con la geografía de la intensidad de la confronta- ción elaborada por el…
p. 77
33Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4581 cita
[35]las Fuerzas Armadas se involucran en cuestiones policivas, sus funciones tradicionales se ven menos- cabadas, con un evidente perjuicio para la institución en el corto, mediano y largo plazo. De otra parte, en la medida en que el conflicto interno colombiano se ha internacionalizado por distintos factores, endógenos y…
p. 458
34Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 741 cita
[36]en los municipios fronterizos; seguido por Norte de Santander, con 19,78%, y La Guajira, con 16,06%. El resto de fronteras —Ecuador (6,22%), Brasil (2,54%), Perú (2,43%) y Panamá (0,63%)— sigue un comportamiento similar al de la fase previa a la agudización del conflicto. Desde 2001 comienza una fuerte caída de los…
p. 74
35Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 3072 citas
[37]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
[38]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
36Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3661 cita
[39]pocos días de la posesión del nuevo mandatario—, facilitó la supe ración de las tensiones con muchas naciones de América Latina. Ese día la Corte declaró el “Acuerdo complementario para la cooperación y asistencia técnica en defensa y seguridad entre los gobiernos de la República de Colombia y de los Estados Unidos de…
p. 366
37Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 1071 cita
[40]the same quality as that offered by countries such as the United States and United Kingdom.” 26 The locations of U.S. troops on bases named in the agreement also would have been more oriented toward the Ca rib bean and Venezuelan side of Colombia, instead of the south, where U.S. aid to date had been concentrated.…
p. 107
38Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 651 cita
[41]concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…
p. 65
39Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1421 cita
[42]end the country’s internal conflict involved not only negotiations with the insurgency but also the development of a massive $7.5 billion development plan that would be financed by the Colombian government and international contributors. The original proposal in the fall of 1998 focused upon social redistribution and…
p. 142
40No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4171 cita
[43]narrativa puede ser rastreada en diversas fuentes secundarias que ya han sido mencionadas y corroboradas con los testimonios dados por altos funcionarios estadounidenses en el marco de los seminarios web, organizados por la Embajada de Colombia en Estados Unidos: Embajada de Colombia en EE. UU. («Plan Colombia: Una…
p. 417
41War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 1751 cita
[44]our sister republic of Colombia. It is very true that the United States can operate 174 War in Colombia from the high seas, as they have done in the Middle East, from the Persian Gulf. But not only was this far more costly, but the results of direct control would be less effective, as they would be using the base at…
p. 175
42Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 231 cita
[45]más que todo los límites. La tierra es lo palpable, lo que se puede ver, coger, sembrar, donde hacemos casa, echamos semilla, eso es la tierra. El territorio es un todo, el conjunto de tierra que incluye bosque, río, quebrada, personas, todo” (Actualización Plan de Salvaguarda étnica del pueblo Awá: 60). En ese orden…
p. 23
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 921 cita
[46]pluricultural: «El Estado reconoce y protege la diversidad étnica de la nación colom- biana» 219. También dispuso la creación de los departamentos, distritos y municipios, estos últimos definidos como la «entidad fundamental de la división político-admi- nistrativa del Estado» 220. Respecto de los territorios…
p. 92
44Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 481 cita
[47]de Páez. La misma Beatriz asegu ra que a partir de allí “la vara es la que manda”. Con esa expresión indica que los indígenas que viven en este territorio obedecen las leyes de sus gobernadores, máximas autoridades de sus resguardos, quienes cargan un bastón de madera como símbolo de su poder. Las tierras habitadas…
p. 48
45Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 3351 cita
[48]democracia, terrenos en los que estamos avanzando muy lentamente 459. b) Los avances del movimiento indígena Contra toda previsión, como lo hemos reiterado, el movi miento indígena colombiano resultó ser uno de los más forta le cidos en las últimas décadas 460. En efecto, pese a sus dife ren cias, los pueblos…
p. 335
46Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 711 cita
[49]particularly in rural areas. Given the perceived efficiency and le - gitimacy of small- scale, pueblo- based juridical systems, it was even suggested prior to the ANC proceedings that indigenous participatory norms might serve as a model for state democratization. These systems were perceived as more efficient and…
p. 71
47Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 371 cita
[50]/mejoras en la producción en el año 2000 y las importaciones se redttieron, es prematuro concluir que la tendencia fue revertida. Tendencias similares en el incremento de las importaciones se observan en productos como algodón, azúcar y leche. Véase Ol~yza Market Rejwrt, Colombia, 13 de marzo de 2000. 57. A Occidental…
p. 37
48Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1541 cita
[51]2009. Sobre el despojo de tierras, ver: Machado, Absalón, et al. 2009. El Despojo de Tierras y Territorios: aproximación conceptual. Bogotá D.C.: Línea de Investigación Tierra y Conflicto, Área de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación - CNRR -. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones…
p. 154
49Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4331 cita
[52]relaciones laborales paraestatales que allí se establecen. La postmodernidad cogió al país sumido en el desorden te- rritorial. La precariedad administrativa del territorio dificulta la gestión pública y ciudadana, permitiendo la colisión de fun- ciones y competencias. La sociedad colombiana se enfrenta a la…
p. 433
50Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 192 citas
[53]de la Corte Constitucional, que determinan que más que una consulta, en materia de planes de desarrollo de inversión y de explotación de recursos naturales, debe obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades indígenas según sus usos, costumbres y tradiciones. A las comunidades indígenas,…
p. 19
[54]de la Corte Constitucional, que determinan que más que una consulta, en materia de planes de desarrollo de inversión y de explotación de recursos naturales, debe obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades indígenas según sus usos, costumbres y tradiciones. A las comunidades indígenas,…
p. 19
51Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2281 cita
[55]es posible establecer una equiparación entre tierra y territorio porque este último es una categoría no sólo fisiográfica sino también, y básicamente, cultural y política. Así, por ejemplo, en una publicación de las organizaciones se afirma: “El territorio es el lugar donde se hace posible la construcción de un…
p. 228
52Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1201 cita
[56]binacionales que habitan en las cinco fronteras de Colombia. Así: frontera colombo-brasileña: Pueblos Inga y Uitoto (Muruy-Muina); frontera colombo-ecuatoriana: pueblos indígenas Inkal, Awa, Pastos, Kofan, Siona, Huitoto (Murui), Kamëntsa, Kechwa, Emberá Chamí, Koreguajes, Misak, Inga y Nasa; frontera…
p. 120
53A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 1022 citas
[57]eran campesinos rasos, para mi sorpresa se levantó un personaje y muy solemne pidió la palabra no para aclararme a mí su punto de vista, sino para hacer una sonora declaración pública. Dijo así: “Lo que pasa, doctor, es que sobre estas tierras hay un título colonial que está por encima de todos los demás que, sin ser…
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[58]eran campesinos rasos, para mi sorpresa se levantó un personaje y muy solemne pidió la palabra no para aclararme a mí su punto de vista, sino para hacer una sonora declaración pública. Dijo así: “Lo que pasa, doctor, es que sobre estas tierras hay un título colonial que está por encima de todos los demás que, sin ser…
p. 102
54Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[59]simultánea en la totalidad del territorio, sino en períodos diferentes, ligados a los diferentes momentos de la integración gradual de las regiones en la vida económica del conjunto de la nación y de la difícil articulación de las poblaciones en la configuración política del país. De esta manera, se definieron once…
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55Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 211 cita
[60]Como lo indica el documento de lineamientos metodológicos, «Escuchar, reconocer y comprender para transformar», para la Comisión lo territorial aúna lo social, el espacio compartido por poblaciones y las distintas formas de vida de la naturaleza. El territorio se refiere a la historia social de un lugar, y en ese…
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56Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 151 cita
[61]s 150 kil ó metros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros) era una proe za de ingenier í a. Las v í as de comunicaci ó n — los mejores caminos de mu í as y los ferrocarriles — redujeron poco a poco los costos del transporte y permitieron un comercio interregional m á s activo, as í como la exportaci ó n de…
p. 15
57Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
[62]lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…
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58Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[63]el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…
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59El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1432 citas
[64]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
[65]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
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60"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 571 cita
[66]Bush firmó una directiva que de forma explícita amplió la misión de Estados Unidos en Colombia más allá de las operacio- nes antidrogas, para incluir operaciones dirigidas a las organizaciones terroristas, expandiendo así el uso de los recursos (capacitación, equipo, helicópteros) para fines contrainsurgentes. La…
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