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Ensayo · Nueva Granada · 1831–1862

La Comisión Corográfica (1850-1859)

Entre 1850 y 1859, la Comisión Corográfica dirigida por Agustín Codazzi recorrió las provincias de la Nueva Granada produciendo los primeros mapas científicos del país, textos etnográficos y 151 láminas en acuarela. La pregunta es si esa empresa fue ciencia neutral, tecnología liberal de gobierno que fabricó una nación racializada y legible, o un proyecto tan frágil que su pretensión de dominar el territorio se desmentía en la práctica.

13 min de lectura2.860 palabras25 documentos34 fragmentos
La Comisión Corográfica (1850-1859)
Actualizado 23 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La Comisión Corográfica fue simultáneamente las tres cosas, y su interés histórico reside en esa tensión irresuelta. Fue ciencia real —mapas geodésicos, herbarios, mediciones altimétricas— producida bajo condiciones físicas atroces. Fue tecnología liberal de gobierno: contratada por el gobierno de José Hilario López mediante la Ley 29 de 1849, ligada a las reformas de Murillo Toro, a la apertura de baldíos y a los debates constitucionales de 1858, produjo categorías geográficas y raciales duraderas que organizan aún la imaginación nacional. Y fue proyecto frágil: Codazzi murió en el trabajo en 1859, más de la mitad del territorio quedó sin exploración intensiva, y los agrimensores formados en su estela fracasaron en privatizar resguardos donde cabildos e intereses locales bloquearon al Estado moderno. Su poder duradero no derivó de dominar el territorio —en eso fracasó— sino de fijar, a través de la red letrada criolla que la sostenía, las categorías estético-raciales con que Colombia se sigue imaginando.

La tensión

La tensión central enfrenta dos posiciones historiográficas irreconciliables en sus premisas. La lectura tradicional, todavía dominante en la memoria pública y en la geografía escolar, presenta la Comisión como gesta científica continuadora de Humboldt y Caldas: sus mapas como primer inventario riguroso de un país que se desconocía, sus textos como fuentes para reconstruir el siglo XIX. La lectura crítica más reciente invierte el signo: la Comisión no describió Colombia sino que la inventó, fijando tipos regionales —el santandereano igualitario, el antioqueño laborioso, el pastuso atrasado, el negro del Pacífico pobre y sin caminos— que no son hallazgos etnográficos sino construcciones discursivas que articulan poblaciones y medios físicos dentro de una jerarquía racial y civilizatoria; leer sus láminas y textos como 'fuentes neutrales' reproduce ese sesgo fundacional. Un tercer eje de debate, menos visible pero implacable, cuestiona la potencia real del proyecto: si el Estado apenas alcanzaba a pagar a sus científicos, dependía de baquianos locales para orientarse y excluyó por contrato los territorios amazónicos, hablar de 'tecnología de dominación' sobreestima una capacidad estatal que los hechos desmienten. El debate se complica por la pregunta sobre la agencia: los tipos regionales y los diagnósticos raciales no los puso Codazzi —el técnico italiano— sino Ancízar, Pérez, Paz y los pintores Fernández y Price, lo que sugiere que la operación fue de la red letrada criolla, anterior y más resiliente que el Estado liberal que la contrató, razón por la cual sus categorías sobrevivieron a la Regeneración, al conservadurismo y al siglo XX.

Temas
Saber geográfico y poder estatal en el siglo XIXConstrucción racial y regional de la nación colombianaLiberalismo, baldíos y reforma agraria en la Nueva GranadaFragilidad del Estado y límites de la soberanía territorialRed letrada criolla y continuidad ilustrada (Caldas, Acosta, Ancízar)Costumbrismo, pintura y fabricación del imaginario nacional
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Ensayo completo

La lectura

La Comisión Corográfica

Entre 1850 y 1859, un ingeniero italiano de cincuenta y ocho años y un puñado de letrados, dibujantes y baquianos recorrieron, expedición tras expedición, las provincias de la Nueva Granada con teodolitos, cuadernos de campo y cajas de acuarelas. La empresa, contratada por el gobierno de José Hilario López mediante la Ley 29 de 1849, se llamó Comisión Corográfica: un nombre técnico —del griego chōra, la descripción de regiones— que ocultaba una ambición mayor. Se trataba de levantar el primer mapa científico del país, redactar la geografía física y política de sus provincias, inventariar sus recursos y fijar sus tipos humanos. Nueve años después, Agustín Codazzi murió de fiebre amarilla en un caserío del Cesar que hoy lleva su nombre, dejando el trabajo inconcluso. Los mapas, informes, láminas y textos que produjo la Comisión —diseminados en periódicos como El Neogranadino, publicados póstumamente en volúmenes como la Geografía física y política de la Nueva Granada, guardados en carpetas que tardarían décadas en editarse— se convirtieron, sin embargo, en el archivo desde el cual Colombia aprendió a mirarse.

¿Qué fue exactamente esa empresa? ¿Un ejercicio de ciencia neutral, una tecnología liberal de gobierno, o un proyecto tan frágil que su pretensión de dominar el territorio se desmentía en cada silla de cargueros con la que atravesaba la cordillera? ¿Y por qué esa pregunta —aparentemente encerrada en la historia de la ciencia decimonónica— sigue determinando el modo en que Colombia se piensa a sí misma?

Por qué importa la pregunta

Discutir la naturaleza de la Comisión Corográfica no es un asunto interno de la historia de la ciencia. Es preguntar cómo se fabricó, en el siglo XIX, la imagen mental del territorio colombiano que todavía usamos: la que dice que hay una Colombia andina y una Colombia periférica, que los santandereanos son cívicos y republicanos, que el Pacífico es pobreza y ausencia de caminos, que el Caquetá y el Amazonas son un vacío. Nada de eso es evidente ni natural; todo eso fue producido —dibujado, escrito, medido y publicado— por un grupo de hombres específicos, en una coyuntura política específica, con instrumentos ideológicos específicos.

Lo que se juega es doble. Por un lado, entender la relación entre saber científico y proyecto estatal en un momento fundacional: la Comisión coincide con la abolición de la esclavitud en 1851, la reforma agraria liberal y la disputa entre centralismo y federalismo que desembocaría en la Constitución de 1858. Por otro, decidir si podemos seguir leyendo las 151 láminas del álbum, las descripciones de Ancízar sobre los campesinos veleños o los apuntes de Santiago Pérez sobre los negros del Chocó como fuentes de aquel país, o si son mejor entendidas como invención de ese país. La diferencia no es sutil: implica pensar si la Comisión describió lo que había o si produjo aquello que después creímos encontrar.

Las lecturas en pugna

Tres lecturas se disputan el sentido de la empresa. La primera, más antigua y todavía dominante en la memoria pública, la presenta como gesta científica: Codazzi como continuador de Humboldt y de Caldas, la Comisión como el primer inventario riguroso de un país que se desconocía a sí mismo, sus mapas como logro técnico que el Estado colombiano tardaría un siglo en igualar. Esta lectura tiene evidencia dura de su lado. Codazzi había dirigido antes la comisión corográfica de Venezuela; su equipo incluía a un botánico de la talla de José Jerónimo Triana, cuya Flora colombiana se construyó sobre materiales recogidos en esos años; los mapas producidos fueron los primeros levantados con criterio geodésico en el territorio; y la Sociedad Colombiana de Ingenieros, fundada en 1887, todavía otorga cada dos años el Premio Lorenzo Codazzi al mejor aporte al conocimiento geográfico del país. El Instituto Geográfico Agustín Codazzi, creado en el siglo XX, perpetúa el mismo linaje.

La segunda lectura, más reciente, invierte el signo. La Comisión, dice, no describió Colombia: la inventó. Y la inventó en términos que sirvieron al proyecto liberal específico que la había contratado. Los tipos regionales —el santandereano igualitario, el antioqueño laborioso, el pastuso devoto y atrasado, el negro del Pacífico pobre y sin educación, el llanero salvaje— no son hallazgos etnográficos: son construcciones discursivas que articulan poblaciones, medios físicos y actividades productivas dentro de una jerarquía racial y civilizatoria. Que esas categorías sobrevivieran a la caída del liberalismo radical, a la Regeneración, al Frente Nacional y al siglo XX, mostraría precisamente que su función nunca fue científica sino simbólica: darle al Estado una imagen legible del territorio que necesitaba gobernar y que las élites bogotanas apenas conocían.

La tercera lectura, menos ruidosa pero implacable, insiste en la fragilidad del proyecto. La Comisión operó bajo cuatro gobiernos distintos, sobrevivió a guerras civiles, dependió de fondos irregulares y de la voluntad política de cada administración sucesiva. Su director murió en el trabajo. Excluyó de exploración intensiva un área casi equivalente al resto del país —Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Putumayo, Arauca, parte del Caquetá— porque el contrato mismo estipulaba que allí solo penetraría hasta donde hubiera "autoridad o misiones granadinas". En los tramos más difíciles de la cordillera, los ingenieros europeos avanzaban en sillas cargadas por hombres. En cada nueva región dependían de baquianos locales para saber dónde estaban los caminos, qué ríos eran vadeables, qué plantas eran útiles. Bajo esta lectura, hablar de la Comisión como "tecnología de dominación" es sobreestimar la potencia real de un Estado que apenas alcanzaba a pagarle a sus propios científicos.

Qué dice la evidencia

En el frente institucional, la paradoja salta a la vista. La Ley 29 de 1849 fue firmada por el gobierno liberal de López, pero el contrato con Codazzi se ejecutó bajo su administración y las siguientes: los gobiernos que sucedieron a López —incluidos los de Mosquera y Ospina Rodríguez, políticamente opuestos entre sí— continuaron dotando de fondos a la Comisión y garantizando su permanencia. Sostener durante casi una década un proyecto científico costoso en una república fracturada por las guerras de 1851 y 1854, por las constituciones de 1853 y 1858, implica un consenso élite mayor del que la historiografía polarizada del período suele reconocer. Ahí aparece la primera clave: el bipartidismo del siglo XIX, tan sangriento en la superficie, compartía por debajo un consenso sobre la necesidad de imaginar el territorio como totalidad legible.

Ese consenso venía de más atrás. Venía de la red letrada anudada en torno al Semanario del Nuevo Reino de Granada de 1809, donde Francisco José de Caldas, Joaquín Camacho y José Manuel Restrepo habían inaugurado una tradición de ensayo geográfico patriótico. Venía del Instituto Caldas y de la reedición que Joaquín Acosta hizo del Semanario en 1848, junto con su Compendio histórico y su nuevo mapa de la República. La Comisión no surge del vacío: hereda un archivo, un lenguaje y un elenco. Manuel Ancízar, Manuel María Paz, Santiago Pérez, Triana: todos son figuras de esa red antes de ser miembros de la Comisión, y todos siguieron siéndolo después. Esa continuidad —más resiliente que cualquier gobierno particular— es lo que explica que el proyecto sobreviviera a la muerte de Codazzi y a la desaparición del liberalismo que lo había impulsado. La infraestructura era letrada, no estatal.

En el frente clasificatorio, la evidencia empuja hacia la segunda lectura. Cuando Ancízar publica en El Neogranadino, desde el 11 de enero de 1850, las entregas de lo que sería la Peregrinación de Alpha, no está describiendo neutralmente lo que ve. Está construyendo un dispositivo diagnóstico. La provincia de Vélez aparece como región de pequeños propietarios sin grandes capitalistas, donde la igualdad social y la dedicación agrícola producen ciudadanos aptos para la república; la homogeneidad se elogia y se convierte en modelo. La procesión religiosa en pueblos de Boyacá o del sur se lee como síntoma de atraso; el catolicismo popular, como obstáculo al progreso. El tono cambia según la región: entusiasta ante el altiplano cundiboyacense y santandereano, distanciado y reprobatorio en zonas de mayor población negra o indígena, entre nostálgico y colonizador ante el páramo. Que la publicación generara protestas de las regiones aludidas confirma que los contemporáneos entendieron perfectamente: no se estaba levantando un inventario, se estaba asignando lugares en una jerarquía nacional.

Lo mismo ocurre con los Apuntes de Viaje de Santiago Pérez sobre el Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto, publicados en El Neogranadino y El Tiempo en 1853. Pérez describe la pobreza de la población negra, la ausencia de caminos, la carencia de educación y —significativamente— "la falta de interés de los blancos hacia ellos". La descripción es lúcida y por momentos denuncia, pero la lógica del texto naturaliza una geografía moral: hay regiones que producen república y regiones que producen su ausencia. Esa dicotomía, refinada, es la que atraviesa toda la producción textual de la Comisión y la que, un siglo y medio después, sigue organizando la manera en que Colombia habla de su Pacífico, su Amazonía, sus llanos y su interior andino.

En el frente visual, las 151 láminas en acuarela realizadas por Carmelo Fernández y Henry Price —este último incorporado a la Comisión a finales de 1851— completan y a la vez complican el cuadro. Codazzi aspiraba a algo humboldtiano: registrar los elementos distintivos de cada región, articulando medio físico, actividades productivas y tipos humanos en una lógica de clasificación territorial. La idea humboldtiana de la unidad dentro de la multiplicidad organiza el acápite "Aspecto del país" y está presente en la selección de escenas. Pero las láminas hacen algo más que ilustrar: fijan íconos. El indígena guambiano con su ruana a rayas, los bogas del Magdalena, el minero antioqueño, el llanero a caballo, la campesina boyacense hilando: cada figura se vuelve tipo, y cada tipo se vuelve región. Leerlas hoy como "fuentes" para reconstruir el país de mediados del siglo XIX es reproducir su gesto fundacional. Son, más bien, la primera producción sistemática de un imaginario racial y regional que la fotografía costumbrista, el cine, la publicidad y el turismo del siglo XX heredarían casi sin modificaciones. El costumbrismo pictórico de Torres Méndez, coetáneo, funciona con la misma gramática.

Entonces, ¿qué fue la Comisión?

Ninguna de las tres lecturas basta por sí sola, y quizá sea esa insuficiencia recíproca lo más revelador. La Comisión Corográfica fue las tres cosas a la vez, y su interés histórico reside precisamente en esa simultaneidad tensa.

Fue empresa científica: los mapas de Codazzi, los herbarios de Triana, las mediciones altimétricas, los perfiles geológicos son ciencia real, hecha con el rigor que el estado del arte permitía y bajo condiciones físicas atroces. Reducirla a "dispositivo de poder" a secas ignora la calidad material de lo que produjo y borra el trabajo específico de sus practicantes.

Fue tecnología liberal de gobierno: el momento en que se contrata, los objetivos declarados —levantar el mapa, estudiar las provincias, identificar recursos, esclarecer el uso de baldíos—, el nexo con las reformas de Murillo Toro en Hacienda, la reutilización posterior de sus materiales en los debates constitucionales de 1858 muestran que la Comisión estuvo integrada a un proyecto político concreto: producir una imagen gobernable del territorio para un Estado que quería privatizar tierras eclesiásticas y comunales, abrir baldíos a la colonización, redistribuir el poder entre centro y regiones. La ciencia no fue coartada; fue palanca.

Y fue proyecto frágil: la muerte de Codazzi en 1859, la exclusión efectiva de más de la mitad del territorio nacional, la dependencia crónica de baquianos indígenas y campesinos para sostener las expediciones, la publicación póstuma y fragmentaria de la obra, el fracaso posterior de los agrimensores formados en su estela para privatizar los resguardos —donde cabildos indígenas e intereses locales bloquearon una y otra vez al Estado moderno pese a todo su aparato de ciencia europea— demuestran que la ambición estatal excedió con mucho su capacidad efectiva. La Comisión no gobernó el territorio; ni siquiera lo recorrió entero.

El poder duradero de la Comisión no derivó, entonces, de dominar el territorio que cartografiaba —en eso fracasó— sino de fijar las categorías estético-raciales con que Colombia se sigue imaginando, y esa fijación fue posible porque la red letrada que la sostenía era anterior, más resiliente y más autónoma que el Estado que la contrató. El liberalismo específico que financió la empresa perdió el poder en 1886; sus categorías, no. Sobrevivieron a la Regeneración, al pensamiento conservador, al catolicismo político, al Frente Nacional y a los ciclos de violencia del siglo XX, porque no dependían del liberalismo como partido sino de la red letrada como estructura de larga duración.

Sobre la agencia hay que ser específico. Codazzi era el técnico, el italiano contratado, el ingeniero del teodolito; pero los tipos regionales, los diagnósticos sobre las virtudes cívicas, la lectura de la procesión como síntoma de modernidad o atraso, la clasificación racial de los paisajes —todo eso lo pusieron Ancízar, Pérez, Triana, Paz y los pintores. Fue una operación de agencia letrada criolla que usó el paraguas estatal para producir su propia etnografía política. Por eso las categorías sobrevivieron al Estado que las encargó: pertenecían a la red, no al gobierno.

La consecuencia para la memoria disciplinar es incómoda. La geografía escolar colombiana, los manuales, los mapas turísticos, las divisiones administrativas mismas, y hasta buena parte del discurso sobre la "Otra Colombia" —esa fórmula recurrente para hablar de las periferias— repiten, refinadas, las particiones que la Comisión estableció entre 1850 y 1859. Cuando se dice que hay una Colombia andina y una Colombia periférica, cuando se distingue al pueblo antioqueño del pueblo pastuso, cuando se habla del "vacío" del oriente amazónico, se está usando, sin saberlo, el vocabulario que Ancízar y Codazzi acuñaron. El Amazonas no es un vacío geográfico: es un vacío cartográfico específico, producido por un contrato de 1849 que excluyó esa región de la exploración intensiva. Ese vacío se volvió naturaleza en el imaginario colombiano, y con él viajaron las políticas públicas —o su ausencia— hacia esos territorios durante siglo y medio.

Lo que queda abierto

La respuesta anterior deja varios flancos que la evidencia disponible no cierra del todo, y son ellos los que devuelven a la pregunta su filo.

Está, primero, el peso relativo de Codazzi frente a sus colaboradores criollos en la producción de las categorías clasificatorias. Codazzi era el director, firmaba los informes técnicos y provenía de una tradición humboldtiana europea; Ancízar, Pérez y Triana escribieron los textos más ideológicamente cargados. Pero la división del trabajo intelectual entre el italiano y el círculo letrado bogotano —quién sugirió qué, quién redactó qué, dónde termina la ciencia de campo y dónde empieza la etnografía política— requiere un estudio del corpus más fino que el disponible. La historiografía tiende a atribuir todo a Codazzi por comodidad nominal; la responsabilidad probablemente esté más repartida.

Está, en segundo lugar, la relación efectiva entre los materiales de la Comisión y las políticas públicas concretas del liberalismo radical. Que los trabajos fueron redesplegados para encajar en la transformación constitucional-territorial de 1858 es una afirmación plausible, pero el mecanismo preciso —qué mapas se usaron en qué debates del Congreso, qué informes citaron los reformadores, qué decisiones de deslinde de baldíos se basaron en qué levantamientos— está poco documentado en detalle. La historia administrativa de esa apropiación aún debe escribirse.

Está, en tercer lugar, el papel de los baquianos, guías, cargueros y colaboradores locales. Los diarios de campo mencionan su presencia, los cronistas los evocan como parte del paisaje humano de las expediciones, pero como sujetos de conocimiento son casi invisibles en el producto final. La Comisión no habría existido sin ellos —sin quienes cargaban las sillas en la cordillera, sin quienes conocían los caminos y los ríos, sin quienes tradujeron con los indígenas del sur y del oriente—, y sin embargo el archivo que produjo los borró como agentes epistémicos. Recuperar esa contribución subalterna es una tarea historiográfica pendiente, y no menor: implicaría reescribir la historia de la ciencia colombiana desde abajo.

Y está, por último, la cuestión más incómoda. Si aceptamos que las categorías de la Comisión aún organizan la imaginación territorial colombiana, ¿qué hacemos con ellas? Denunciarlas y proponer alternativas es insuficiente. Esas categorías están sedimentadas demasiado hondo: en la lengua cotidiana, en los currículos escolares, en las estadísticas oficiales, en la autoimagen regional de los colombianos. La crítica académica no basta. La Peregrinación de Alpha, el álbum de láminas y la Geografía física y política no son objetos muertos del siglo XIX: son operadores activos del siglo XXI. Leerlos como fuentes neutrales reproduce su sesgo; ignorarlos deja intactas sus consecuencias. La única salida honesta es leerlos como lo que fueron: un acto fundacional de soberanía simbólica, hecho por hombres específicos con intereses específicos, cuya autoridad estética sobrevivió a las políticas que lo engendraron. Reconocer ese origen no lo destruye; lo vuelve inteligible.

¿Y basta con volverlo inteligible? ¿Alcanza la lucidez retrospectiva para desactivar un imaginario que un puñado de hombres, en nueve años atravesados por guerras y penurias, logró incrustar tan hondo que hoy parece paisaje? La pregunta con que la Comisión Corográfica interpela a Colombia no es qué hizo entre 1850 y 1859, sino si es todavía posible pensar el país por fuera de las categorías que allí quedaron fijadas. La respuesta no está en el archivo.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

25 documentos · 34 fragmentos de referencia
01La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1, 1262 fragmentos
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mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

p. 126
[10]

SANTIAGO DÍAZ PIEDRAHITA botánica l A b OT á NI c A EN c O l O mb IA, HE c HOS NOTA bl ES EN S u DESARRO ll O SANTIAGO DÍAZ PIEDRAHITA l A b OT á NI c A EN c O l O mb IA, HE c HOS NOTA bl ES EN S u DESARRO ll O botánica Díaz Piedrahita, Santiago, 1944-2016, autor La botánica en Colombia [recurso electrónico] /…

p. 1
02Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 16, 242 fragmentos
[2]

Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
[19]

asociaciones cientificas o gremiales que fomentan y defienden el desarrollo profesional de la geografia en Colombia. Entre ellas, las mas impor- tantes son - La Sociedad Colombiana de Ingenieros, fund da en 1887, la cual otorga cada dos anos el Premio Lorenzo Codazzi a la mayor contribucion al conoci- miento…

p. 24
03Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 211 fragmento
[3]

tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

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04Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 791 fragmento
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que tanto bien hizo a la nación bajo la orienta- ción del italiano Agustín Codazzi; se firmó el contrato definitivo para la construcción del fe- rrocarril de Panamá. Como se indicó en otro lugar, el partido conservador, teniendo de fondo el disgusto por la autoderrota del 7 de marzo, decidió iniciar un movimiento…

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05Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 100, 1042 fragmentos
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im- puestos de aduanas, y, en menor medida, de mo- nopolios, como el del estanco del tabaco, cuya suerte en realidad ya estaba echada. Era, pues, imperativo identificar los recursos na- turales y facilitar los medios para su produccién y distribucién. A allanar esta nueva perspectiva se de- dicaron el presidente…

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econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

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06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1471 fragmento
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] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…

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07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1621 fragmento
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indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

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08Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 392, 3952 fragmentos
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50 Barranquilla, 115 Barriga, Joaquin, 93, 122, 123, 149, 151 Barriga, Sixto, 117, 118 Bello, Andrés, 219, 239–40, 247 Berguerón, Aime, 89, 93, 147 Bilbao, Francisco, 239, 309, 310 Boaz, Franz, 310 Bogotá: attempts to protect autonomy of, 34; Bolivar on, 57–58; Caldas’s hope to see as center of republic, 31, 44–45,…

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objects to Liberal creation of new provinces, 202–5; and Regener- ation government, 302–3; response to Peregrinación de Alpha, 189–90; role in federalism-centralism question, 5, 220, 251; in Soatá, 186; view of Church disen- tailment, 263, 266, 269, 272–73, 274, 276, 279–80, 281; view of constitutionalism, 216; view…

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09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 71, 772 fragmentos
[9]

apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…

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lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

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10Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 fragmento
[12]

adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…

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11La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 150, 1862 fragmentos
[13]

llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…

p. 186
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de los abismos y los despeñaderos; penetrar a los pantanos calculando los pasos menos profundos y peligrosos; detenerse oportuna- mente ante la roca que rueda intempestivamente; agarrarse rápidamente de los bejucos, las raíces y las lianas, para evi- tar deslizamientos y medir, minuto a minuto, la seguridad y la…

p. 150
12Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3941 fragmento
[15]

los caminos no eran caminos y el viajero de los ríos debía disputar el espacio del champán con las cargas de tabaco de Ambalema y los géneros im- portados de Londres, viajar constituía no sólo un «mal necesario» sino un auténtico suplicio. Cuando por al- gún milagro inexplicable conseguía llegar a su destino, 395…

p. 394
13¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 621 fragmento
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país a colaborar en la gu erra de independencia. Ahora, en tiempo de paz, Codazzi recorría el país acompañado de jóvenes neogranadinos para el levantamiento de mapas y la redacción de tratados de botánica, geografía, mineralogía y descripción de grupos humanos. Bajo esta empresa se desa rrollaron los primeros mapas…

p. 62
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2381 fragmento
[18]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
15Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 10, 132 fragmentos
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una visión amplia que supera la perspectiva de lugar, desde la óptica de ser parte de un algo mayor. Así, las regiones no introducen cualquier tipo de división: una clasificación regional teórica e ideal no plantea la existencia de un número infinito de espacios regionales que se sobreponen sin sentido. Las regiones…

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y determinar grandes principios homogeneizadores desde la distancia. Ello es evidente en el acápite “ Aspecto del país” de la Comisión,4 donde además está presente la idea de Von Humboldt sobre la unidad dentro de la multiplicidad en paisajes interrelacionados (Sánchez 1999: 6).5 La visión paisajística incidía en la…

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16Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 252, 2942 fragmentos
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de manera real más allá de la capital y participar en esa empresa de reconocimiento del terri- torio colombiano. La cátedra de paisaje que dictó indica que tenía expe- riencia en este género. El paisaje en Colombia había tenido una corta e interesante trayectoria. Los libros que Alexander von Humboldt había publicado…

p. 294
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Se estableció por algún tiempo en Venezuela (1840 - 1846) donde ejerció la docencia y formó parte del Liceo Venezolano, fundado para propagar las luces y fomentar el cultivo de la literatura y las bellas artes. Allí se relacionó con la élite intelectual de Caracas. A su regreso a la Nueva Gra- nada, en 1846, era…

p. 252
17Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1101 fragmento
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encargo), pues de esa €poca, y de anos posteriores, se conservan buenas muestras de su talento como caricaturista y dibujante. En este campo, como ya senalamos, reside la grandeza del pintor, intérprete avisado y tierno, burlén a veces, de la sociedad en que le tocé vivir. Ramé6n Torres Méndez (1809-1885) EI maestro…

p. 110
18Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 3581 fragmento
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aproximadamente nueve meses, hasta que Bennet regresó a Colombia y asumió nuevamente su papel como dueño del gabinete fotográfico⁸. A finales de 1851, justo después de entregar el estudio fotográfico, Codazzi invitó a Price a unirse a la Comisión Corográfica. Aunque resulta comprensible que la acuarela haya sido el…

p. 358
19Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 1, 122 fragmentos
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peregrinación de alpha M an U el anc ÍZ ar viajes M an U el anc ÍZ ar peregrinación de alpha viajes Ancízar, Manuel, 1812-1882, autor Peregrinación de Alpha [recurso electrónico] / Manuel Ancízar; [presentación, Verónica Uribe Hanabergh]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1…

p. 1
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cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…

p. 12
20Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 711 fragmento
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Aprile, Génesis de Barrancabermeja. (Cali: copia manuscrita, 1991), 10-26. 129 Manuel Ancizar, Peregrinación…, 63. Primera Parte. Origenes, fundamentos y pioneros 71 que facilitaron la labor de la conquista, todo porque estaban divididos y carecían de sentimientos humanitarios que los unieran entre ellos 130.…

p. 71
21Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1631 fragmento
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Santander and Boyacá, the economy was based on agriculture. Indigenous traditions were embedded in agrarian, textile, and com- mercial practices. Land was more equally distributed than in the rest of the country. The prevalence of small landholdings gave an image of equality and homogeneity, as in the following…

p. 163
22Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 11 fragmento
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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
23Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 11 fragmento
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ERNESTO GUHL geografía c OLO mbia: b OS q UE j O d E SU GEOGR afía TRO pica L v OL. i geografía ERNESTO GUHL c OLO mbia: b OS q UE j O d E SU GEOGR afía TRO pica L v OL. i Guhl, Ernesto, 1915-2000, autor Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. I [recurso electrónico] / Ernesto Guhl; presentación, Andrés Guhl.…

p. 1
24The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 6211 fragmento
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Timothy F. Johnson 599 Suggestions for Further Reading Part I. Human Geography Ángel, Marta Herrera. Ordenar para controlar: Ordenamiento espacial y control político en las Llanuras del Caribe y en los Andes Centrales Neogranadinos. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, Instituto Colombiano de Antropología y…

p. 621
25Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 3261 fragmento
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XIX)”. Historia Mexicana LIII, no. 002 (octubre-diciembre de 2003). Rausch, Jane. La frontera de los llanos en la historia de Colombia (1830-1930). Bogotá: Banco de la República, 1999. Renán, Ernest. ¿Qué es una nación? Cristianismo y judaísmo. Contemporáneos ilus- tres. Consejos del sabio. Buenos Aires: Elevación,…

p. 326