Idea · Nueva Granada
Costumbrismo
El costumbrismo fue el género literario y pictórico con el que las élites letradas del siglo XIX colombiano se propusieron observar e inventar el país recién nacido, describiendo tipos sociales, costumbres regionales y paisajes mediante cuadros breves publicados en la prensa periódica entre 1830 y 1880.
Trayectoria de una idea
- 1791
Antecedente ilustrado: el Papel Periódico de Santafé
- 1837
Primeros cuadros de costumbres en Colombia
- 1848
Torres Méndez y el costumbrismo pictórico
- 1857
El niño Agapito y el tipo del pícaro urbano
- 1858
Fundación de El Mosaico: institucionalización del género
- 1866
El Mosaico como hito consolidado del género
- 1868
Olivos y aceitunos, todos son unos
La lectura
El costumbrismo colombiano no fue una moda pintoresca sino el dispositivo central con el que las élites letradas del siglo XIX decidieron, en tinta y acuarela, qué era el pueblo colombiano y qué merecía ser recordado u olvidado. Transnacional en su origen —practicado simultáneamente en Lima, Buenos Aires, Caracas y Ciudad de México—, adquirió en la Nueva Granada un uso singular: sirvió a liberales para desdeñar el pasado colonial y a conservadores para criticar las reformas modernas, y a ambos para contraponer lo nacional a la influencia extranjera. Su gramática de tipos —el boga, el artesano, la lavandera, el tolimense— dibujó el país popular tal como las élites criollas lo imaginaban, con todos los sesgos raciales y sociales de esa mirada. La institucionalización del género en El Mosaico (1858) y en el Museo de cuadros de costumbres convirtió esa gramática en archivo, y el archivo en canon: una colección deliberada de retratos donde ciertas élites quisieron que el país se reconociera para siempre.
El costumbrismo colombiano fue el género —literario y pictórico a la vez— con el que las élites letradas del siglo XIX se propusieron mirar el país que acababa de nacer y, mirándolo, inventarlo. Entre 1830 y 1880, en los años convulsos que van de la disolución de la Gran Colombia al final del Olimpo Radical, un puñado de escritores, dibujantes y publicistas convirtió la observación del vestido, el habla, los oficios y los caminos en materia prima de la nación. No fue un movimiento menor ni una curiosidad pintoresca: fue el dispositivo con el que se decidió, en tinta y acuarela, qué era el pueblo colombiano, qué merecía ser recordado del pasado colonial y qué había que temer del futuro moderno. De esa gramática —tipos, cuadros, paisajes, dichos— venimos todavía.
La semblanza del género
Costumbrismo es, en su acepción técnica, la práctica de describir tipos sociales y costumbres regionales mediante el "cuadro de costumbres": una pieza breve, en prosa o en imagen, que retrata una escena, un oficio o un personaje representativo. En Colombia, el género se despliega entre la década de 1830 y las últimas décadas del siglo, con una prolongación clara en la obra de Tomás Carrasquilla hasta bien entrado el XX. Su vehículo natural fue la prensa periódica; su formato canónico, el artículo corto ilustrado; su ambición mayor, funcionar como espejo y molde de una sociedad que apenas empezaba a saberse a sí misma.
Conviene deshacer de entrada un equívoco tenaz: el costumbrismo no fue invento colombiano ni el primer género literario nacional. Fue una corriente transnacional que se expandió por toda Hispanoamérica justo cuando las nuevas repúblicas se estaban formando. Los cuadros de costumbres se cultivaban en Lima, en Ciudad de México, en Buenos Aires y en Caracas; ya en la década de 1840 eran género muy practicado en todo el continente, con circulación paralela a la literatura de viajes europea y a la pintura de tipos que las academias del viejo mundo habían popularizado. Lo específicamente colombiano no fue el género, sino el uso que se le dio: la manera en que estos cuadros sirvieron simultáneamente a liberales y conservadores para disputar el sentido del pueblo, la tradición y la modernidad en un país que ensayaba, entre reforma y reforma, su forma definitiva.
Su rasgo formal es reconocible: descripción minuciosa de la naturaleza, del hogar, de la familia, de los objetos cotidianos, de las tradiciones y de los viajes, más el recuento pormenorizado de las acciones de un protagonista y de la escenografía donde su vida transcurre. Esa exigencia de observación metódica del vestido y las costumbres aproximó el costumbrismo al folclorismo naciente y lo hizo terreno fértil para la construcción de tipos: figuras genéricas —el boga, el artesano, la lavandera, el tolimense, el pícaro urbano— destinadas a condensar en un individuo imaginario a toda una clase, una raza o una región.
Los antecedentes ilustrados
El costumbrismo colombiano se manifiesta después de la Independencia, pero sus raíces son coloniales tardías y preindependentistas. Su humus fue la Ilustración neogranadina.
En 1761 llegó a la Nueva Granada José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta español, y a su alrededor comenzó a formarse una imagen nueva del territorio: no ya la tierra descrita por cronistas de Indias, sino un espacio rico en recursos naturales aprovechables mediante el conocimiento científico. La Expedición Botánica que Mutis dirigiría en las décadas siguientes acostumbró a una generación entera de criollos ilustrados a mirar con método —a nombrar, clasificar, dibujar— la flora, la fauna y las poblaciones del reino. Esa disciplina de la mirada fue el primer entrenamiento de lo que después sería el costumbrismo: describir para conocer, y conocer para gobernar.
El segundo entrenamiento fue periodístico. Entre 1791 y 1797, el cubano Manuel del Socorro Rodríguez dirigió en Bogotá el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, primer periódico de importancia en la Nueva Granada, que alcanzó 270 números y publicó ensayos de botánica, física, medicina, filosofía y escritos literarios de la ilustración local. Allí colaboraron Mutis, Francisco Antonio Zea, Salvador Rizo Matiz, Francisco José de Caldas y Pedro Fermín de Vargas, entre otros, y allí se ensayó por primera vez, en tinta impresa, la ilusión de una comunidad de lectores criollos que compartían intereses, referencias y, poco a poco, un vago sentido de pertenencia común. Los periódicos coloniales tardíos —entre 1791 y 1810— fueron formando ese sentimiento compartido entre las élites criollas de regiones distantes, sobre el que después descansaría cualquier proyecto de nación.
Caldas dio un paso más: propuso una expedición "geográfica o económica" con la cooperación simultánea de astrónomos, botánicos, mineralogistas, zoólogos, economistas y diseñadores, orientada a registrar sistemáticamente las realidades del territorio neogranadino. Su programa —observar el país entero con muchas manos y muchos ojos— quedaría como cifra de lo que la República intentaría hacer medio siglo después con la Comisión Corográfica, y como antecedente remoto de la mirada corográfica que el costumbrismo prolongaría en clave literaria.
Un último nombre cierra este linaje: José Fernández Madrid (1789-1830), autor de las tragedias Guatimoc y Atala, precursor del teatro en Colombia y, en un sentido más difuso, del costumbrismo. Su peso fue mayor en la política que en las letras, pero con El Argos Americano dejó huella en la prensa granadina y en la forma en que la escritura pública comenzaba a mezclar literatura, política y descripción de lo propio.
Los orígenes del cuadro
El costumbrismo colombiano propiamente dicho arranca en la década de 1830 y toma forma reconocible hacia finales de esa década. Los primeros cuadros de costumbres del país son los que Rufino Cuervo publicó en El Argos, semanario fundado en 1837 en Bogotá por Lino de Pombo y Juan de Dios Aranzazu. La cronología importa: en el mismo momento en que la Nueva Granada intentaba estabilizar su forma constitucional después de la disolución de la Gran Colombia, un semanario bogotano empezó a publicar retratos escritos de los tipos y las costumbres del país. La observación de lo propio fue, desde el primer día, una operación política.
Josefa Acevedo de Gómez (1803-1861) publicó por esos años sus Cuadros de la vida privada de algunos granadinos, con piezas como El soldado y Soledad, hambre y demencia: un costumbrismo de interiores, atento al hogar, a la vida privada y a los dramas domésticos, escrito por una mujer de la élite letrada en un campo dominado por hombres. Su presencia temprana en el género —a menudo olvidada en las genealogías canónicas— indica que el costumbrismo fue desde el comienzo un espacio más plural de lo que su recepción posterior sugeriría.
Hacia mediados del siglo, el costumbrismo halló su gran escenario: la prensa liberal de la era de las reformas. Manuel Ancízar, desde El Neogranadino, promovió el género al despertar entre los jóvenes escritores el interés por retratar el paisaje y las costumbres locales, combinando observación empírica con vuelo narrativo. Su Peregrinación de Alpha —crónica de viaje que hoy figura en el canon fijado por la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana— convirtió el recorrido por las provincias en un ejercicio de escritura corográfica de fuerte carga literaria. La influencia de Ancízar sobre los imaginarios populares y oficiales de las poblaciones locales no fue menor: las élites de pueblos como Zipaquirá percibieron con claridad que las descripciones del viajero podían tener efectos concretos sobre las decisiones del gobierno nacional, y reaccionaron en consecuencia. Escribir el territorio, entendieron, era ya intervenirlo.
El Mosaico: la institucionalización
El 24 de diciembre de 1858, en Bogotá, apareció el primer número de El Mosaico. La revista había nacido de una tertulia del mismo nombre, y aunque fue empresa colectiva, la figura central —su alma y su motor editorial— fue José María Vergara y Vergara (1831-1872). Con El Mosaico, el costumbrismo dejó de ser una práctica dispersa en semanarios diversos y ganó una institución propia: una miscelánea de literatura, ciencias y música que hizo de las costumbres y valores del país su enfoque distintivo.
La nómina fue notable. Junto a Vergara y Vergara colaboraron Ricardo Carrasquilla, José Caicedo Rojas, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Manuel Marroquín, José David Guarín, Rafael Pombo, Eugenio Díaz y Soledad Acosta de Samper, entre otros. La revista congregó a publicistas de la élite bogotana afines tanto al partido liberal como al conservador, al menos durante su primera época, y funcionó como espacio de encuentro entre escritores de ideas religiosas y políticas divergentes. Esa convivencia editorial —autores de trincheras opuestas publicando en las mismas páginas y las mismas antologías— fue uno de los rasgos más singulares del costumbrismo colombiano.
El Mosaico nació bajo el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, en vísperas de la guerra civil que llevaría al poder a Tomás Cipriano de Mosquera y abriría el ciclo del radicalismo liberal. Su fundación coincide, entonces, con el último gobierno conservador antes de casi dos décadas de hegemonía liberal, y la coincidencia no es indiferente: la revista se convertiría, con los años, en uno de los espacios donde la sensibilidad tradicionalista, hispánica y católica encontró refugio y voz, incluso cuando compartía páginas con liberales moderados. Vergara y Vergara fue también fundador de la Academia Colombiana de la Lengua, y esa doble condición —editor del costumbrismo y guardián institucional del idioma— condensa el proyecto de fondo: fijar una lengua, unos tipos y unas costumbres capaces de servir como sustrato de identidad nacional.
De El Mosaico y de sus alrededores surgió también el Museo de cuadros de costumbres, del que Vergara y Vergara fue editor y mayor impulsor. Con esa antología, el costumbrismo se dio a sí mismo un archivo: una colección deliberada de retratos donde el país podía reconocerse —o donde ciertas élites querían que el país se reconociera.
Los autores y sus tipos
El costumbrismo neogranadino se construyó sobre la invención de tipos. Cada escritor aportó los suyos, y en la suma emergió una galería —jerárquica, prejuiciosa, viva— que aún se cita.
Vergara y Vergara, "distinguido costumbrista", se autodenominaba "fotógrafo de la realidad" y afirmaba seguir únicamente las leyes de la vida, rompiendo con las normas retóricas tradicionales. Escribió cuadros y artículos abundantes, describió el camino del Quindío en una de las páginas más citadas sobre ese paisaje en épocas de colonización, y en 1868 publicó Olivos y aceitunos, todos son unos, novela ambientada en el pueblo imaginario de La Paz, capital de una provincia ficticia, cuyo tema es la corrupción y las intrigas políticas del país profundo. Sus tipos regionales tenían filo: al tolimense lo caracterizó como agricultor formal mezclado con tipo guerrero, poco apto para las ciencias y la intelectualidad por causa del clima. Bajo la pretensión fotográfica, la pluma decidía quién servía para qué en la República.
Eugenio Díaz Castro publicó Manuela, novela costumbrista sobre los sectores populares donde la "mujer del pueblo" se convirtió en símbolo nacional. La escena inaugural —Demóstenes, joven letrado bogotano, observa a Manuela, lavandera de pueblo, con los pies desnudos en el agua y el cabello suelto— condensa la operación entera del género: el letrado urbano mira, describe, ordena; la mujer popular es materia del relato, no su voz. Manuela ha sido leída como fuente histórica para entender la sociedad colombiana del siglo XIX, al modo en que se leen Balzac o Dickens para las suyas, y ese uso documental confirma la ambición del género de servir como espejo fiel de una sociedad.
Ricardo Silva —padre del poeta José Asunción Silva— aportó en 1857 uno de los primeros tipos del pícaro urbano en la narrativa neogranadina con El niño Agapito. José Manuel Marroquín, futuro presidente de la República, escribió cuadros de costumbres y la pieza En familia, y prolongó en su prosa un costumbrismo bogotano de tono ameno y conservador que llegaría al fin de siglo. Soledad Acosta de Samper colaboró en El Mosaico y aportó una escritura femenina notable dentro de un campo mayoritariamente masculino.
Del catálogo de tipos que estos escritores construyeron, uno reinó por décadas: el boga del Magdalena. Fue el tipo sine qua non de la literatura nacionalista del siglo XIX, protagonista obligado de los relatos de viaje por el gran río que era, en aquellos años sin ferrocarriles ni carreteras, la única vía real entre la costa y el altiplano. Los letrados colombianos escribieron decenas de páginas sobre su convivencia con los bogas durante meses en el agua, pero la etiqueta racial que definía las posibilidades de reconocimiento limitó siempre la individualización de los barqueros: eran figura, no rostro. Junto al boga desfilaron el artesano empobrecido, el indio aculturado, el contrabandista, la lavandera —una galería que dibujaba el país popular tal como las élites letradas, en su mayoría blancas y criollas, lo imaginaban.
Esa mirada tenía sesgo. Los ilustrados urbanos expresaban una imagen despreciativa de negros, mulatos e indígenas, tanto por su fenotipo como por sus costumbres, y enmarcaban esa visión en el gran binomio de la época: civilización contra barbarie. Contra esa gramática se alzó Candelario Obeso, "gigante solitario" de la expresión escrita y propia del negro en Colombia durante el último cuarto del siglo XIX. Su Canción del boga ausente lo inmortalizó como poeta y devolvió al boga, tópico central del costumbrismo, una voz propia que sus retratistas letrados nunca le habían concedido. Su eco fue tardío: el mundo ilustrado que lo rodeaba no lo escuchó.
La imagen: costumbrismo pictórico
El costumbrismo colombiano no fue solo cosa de escritores. Su otra mitad —a veces la más elocuente— fue pictórica.
Ramón Torres Méndez (1809-1885), nacido en Bogotá, es el maestro indiscutible del género en clave visual. Cultivó la miniatura y el retrato, pero fueron sus dibujos a lápiz y sus acuarelas de pequeño formato —30 por 20 centímetros— las que le dieron celebridad. A partir de 1848 viajó por Antioquia, y de esos recorridos surgió la serie costumbrista que lo consagró: escenas de mercado, tipos regionales, oficios, vestidos, gestos populares, capturados con humor y agudeza y sin espíritu académico. Sus láminas fueron reproducidas mediante grabado en la prensa nacional y extranjera, y contribuyeron decisivamente a fijar en el imaginario visual las figuras que la literatura describía.
José Manuel Groot (1800-1878) fue uno de los primeros costumbristas del país, figura importante en el entorno de la Comisión Corográfica y virtuoso de la acuarela y el pastel, con visiones caricaturescas de personajes callejeros. Varios artistas costumbristas colombianos conocían los estudios del fisonomista suizo Johann Kaspar Lavater sobre la relación entre lo físico y el carácter humano, y ese eco fisiognómico se filtró en las tipologías —cada rostro dibujado no era solo una cara, sino la ilustración de un temperamento y una condición social.
Al lado de estos pintores corrió la empresa más ambiciosa de la corografía colombiana: la Comisión Corográfica, cuyas acuarelas cubren el período 1850-1859 y fueron publicadas en edición facsimilar por Litografía Arco en 1986. La Comisión, promovida por el gobierno liberal, envió pintores y cronistas a recorrer el país entero para dejar constancia visual y escrita de sus provincias, sus habitantes y sus recursos. Su ejercicio no fue neutral: las representaciones de poblaciones y regiones podían ser leídas e instrumentalizadas de formas muy distintas por élites locales, funcionarios y publicistas. La corografía —como el costumbrismo con el que compartía sensibilidad— era una forma de disputa política por escrito y por acuarela sobre qué era cada rincón del país y qué podía esperarse de él.
Liberales y conservadores en el mismo cuadro
El equívoco más común sobre el costumbrismo colombiano es imaginarlo como género exclusivamente conservador. No lo fue, aunque terminara pesando más de ese lado.
Los cuadros de costumbres sirvieron a los dos partidos. A los liberales, para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos, presentados como rémora en el camino hacia la modernidad. A los conservadores, para criticar las ilusiones modernas y el menosprecio liberal por la tradición, presentada como sustancia irrenunciable del país. Y a unos y otros les sirvió para dos operaciones compartidas: contraponer lo nacional a la creciente influencia francesa e inglesa, y dar a conocer el país en el extranjero con el fin de atraer inmigrantes. En un momento en que el país se buscaba también fuera de sí mismo, el cuadro de costumbres era carta de presentación.
Que autores liberales y conservadores publicaran conjuntamente en los mismos semanarios y las mismas antologías, y compartieran tertulias, evidencia una coexistencia editorial notable. No conviene romantizarla como ejercicio deliberado de tolerancia: fue más bien la convivencia funcional de una élite letrada estrecha, que compartía origen social, formación clásica y ciudad, aunque discrepara en política. Esa élite bogotana —los publicistas de El Mosaico, los tertulianos del centro— era, antes que liberal o conservadora, una casta letrada consciente de su misión civilizatoria.
Sobre esa base común, el peso institucional y editorial del costumbrismo se inclinó con los años hacia el proyecto conservador. Desde mediados del siglo XIX tomó fuerza un proyecto de construcción nacional que promovía la homogeneidad basada en la religión y la revalorización del legado hispánico y colonial, incluyendo una reformulación de la historia del país. Ese proyecto hispano-católico encontró en el costumbrismo un instrumento privilegiado: los cuadros, con su ternura por lo antiguo, su desconfianza del cambio y su predilección por el pueblo devoto y ordenado, encajaban con naturalidad en un programa que quería fundar la nación en la tradición, no en la ruptura.
Eduardo Camacho Guizado caracterizó el costumbrismo colombiano como "casi siempre nostálgico y raramente crítico", y su fórmula pegó. Pero las agendas de liberales y conservadores dentro del género fueron diferenciadas, y su dimensión de crítica social —a la corrupción, a las ilusiones progresistas, a las jerarquías locales— es innegable. Las dos lecturas caben: la nostalgia dominó, pero no lo agotó, y en muchas de sus mejores páginas —Manuela entre ellas— el costumbrismo sirvió para entender un mundo urbano marcado por la tensión entre costumbres y leyes, superstición y fe, y el intento de imponer un espíritu racionalista republicano sobre prácticas y mentalidades heredadas.
Viaje, camino y territorio
Detrás del costumbrismo hubo una condición material sin la cual el género no habría existido: la dificultad del territorio.
Las penosas condiciones de los caminos colombianos del siglo XIX hacían del viaje una experiencia extraordinaria y sufrida. José Caicedo Rojas dejó testimonios de esa dificultad; el geógrafo alemán Alfred Hettner, que recorrió el país a fines de siglo, llegó a afirmar que el interés por viajar era algo ajeno a los colombianos. En un país sin ferrocarriles significativos hasta muy avanzado el XIX, con caminos de herradura por cordilleras verticales y ríos peligrosos, moverse era una hazaña; contarlo, casi una obligación literaria.
De ahí el vínculo estrecho —constitutivo— entre costumbrismo y literatura de viajes. Ancízar en El Neogranadino, Vergara y Vergara en su descripción del camino del Quindío, la Comisión Corográfica en sus recorridos por provincias enteras: la mirada del que llega a un lugar y lo describe para lectores que probablemente nunca lo verán fue el molde primero del cuadro de costumbres. El género se fue construyendo en la intersección entre la observación empírica del territorio, la escritura corográfica de la Comisión y la sensibilidad literaria que la prensa periódica pedía. Fue tanto un proyecto ideológico como un efecto contingente de las condiciones materiales de un país difícil de recorrer.
Carrasquilla y la prolongación antioqueña
El costumbrismo bogotano de mediados de siglo tuvo, tres décadas después, un heredero mayor en Antioquia: Tomás Carrasquilla (1858-1940). Su vida cubre el arco entero: nace el mismo año en que aparece El Mosaico y muere en diciembre de 1940, cuando el país ya vivía otra literatura.
Carrasquilla es cuentista y novelista, y su obra se sitúa principalmente en el entorno antioqueño y provincial, con rasgos regionalistas y antimodernos. Su lengua literaria incorpora el habla popular antioqueña, sus modalidades y dichos, sin recurrir a un habla gramaticalmente sofisticada separada de las formas lingüísticas del pueblo. Esa decisión de fondo lo distingue de sus contemporáneos y explica su autenticidad: la lengua no es adorno costumbrista, es sustancia narrativa.
El regionalismo de Carrasquilla tiene rasgos fuertemente antimodernos, comparables a los de las literaturas europeas regionalistas del siglo XIX que narrativizaban el pasado rural. Al descubrir la "otra sociedad" provincial colombiana —ni la Bogotá cachaca ni las haciendas neogranadinas de la Sabana, sino las provincias del país—, Carrasquilla se apartó del humanismo conservador santafereño, del cosmopolitismo de Guillermo Valencia y del neoencomenderismo sabanero de Tomás Rueda Vargas, y reveló que Colombia no se reducía a Santa Fe. La estructura económica de la pequeña parcela antioqueña —familia patriarcal, propiedad minifundista— resuena en la forma lingüística popular que su prosa recoge: lengua e identidad regional aparecen ancladas en un modo de vida.
En su narrativa, la sociedad se vuelve casi indistinguible de la naturaleza: la regularidad de la vida y lo inmutable de las costumbres asimilan lo social a lo natural. Solo a veces —en relatos como Luterito— afloran tensiones de clase que quiebran esa apariencia de eternidad. Estanislao Zuleta lo leyó con severidad: contrastó a Carrasquilla —hombre de aldeas— con los escritores urbanos que visitaban la selva como turistas, José Eustasio Rivera y su Vorágine a la cabeza, pero al mismo tiempo le negó la condición de novelista pleno y prefirió llamarlo cronista, porque en su obra todos los personajes están determinados directamente por su estatus social y por el ambiente que los produce, sin aventura individual ni autodefinición. Discutible o no, el juicio de Zuleta pone el dedo en la marca costumbrista de Carrasquilla: la primacía del tipo sobre el individuo, del medio sobre la voluntad.
Con él, el costumbrismo colombiano dio su cosecha más lograda, y también su despedida. La Antioquia literaria del último cuarto del XIX —cuentos, novelas, poesía, crónicas, ensayos críticos— fue el escenario donde el género hizo su síntesis final antes de ceder el paso a otras búsquedas narrativas.
La huella
El costumbrismo dejó al país tres legados durables, y una hipoteca.
El primer legado es una gramática de tipos. El boga del Magdalena, el tolimense guerrero, la lavandera del pueblo, el antioqueño trabajador, el bogotano cachaco, el llanero, el vallenato: la galería de figuras regionales con la que Colombia se piensa a sí misma —en la escuela, en la publicidad, en el chiste, en la política— tiene su matriz en los cuadros del XIX. No todos esos tipos nacieron allí, pero allí quedaron fijados con vocación de canon, con contornos tan nítidos que dos siglos después siguen sirviendo para reconocerse y para caricaturizar al vecino. La eficacia de esa taxonomía es también su límite: donde hay tipo suele no haber individuo, y el país que se reconoce en la galería es siempre un país abreviado.
El segundo legado es un archivo. El Mosaico, el Museo de cuadros de costumbres, las acuarelas de Torres Méndez, las láminas de la Comisión Corográfica, las novelas de Eugenio Díaz y de Carrasquilla, los cuadros de Josefa Acevedo de Gómez: la historia social del siglo XIX colombiano se lee, en buena medida, sobre ese corpus. Es fuente, no solo objeto: como Balzac o Dickens para sus sociedades, los costumbristas colombianos son documento imprescindible del país que fueron y describieron. En sus páginas caben los precios, los oficios olvidados, los caminos que ya no existen, las supersticiones domésticas, las jerarquías internas de la vida de aldea, y también el ritmo de las conversaciones y el temple de los desprecios que los censos no consignan. El historiador que hoy quiere entender la Colombia decimonónica pasa por allí necesariamente, aun sabiendo que cada cuadro le llega firmado por una mirada de clase.
El tercer legado es un proyecto de nación. El costumbrismo participó en la codificación de una imagen hispano-católica de Colombia que la Regeneración y el conservadurismo del cambio de siglo llevarían al plano institucional. La Academia Colombiana de la Lengua, fundada por el propio Vergara y Vergara, y la sensibilidad tradicionalista que dominaría la vida cultural oficial hasta bien entrado el siglo XX encuentran en el costumbrismo uno de sus pilares imaginativos. La operación es coherente: si la nación no podía asentarse sobre la ruptura revolucionaria ni sobre un pasado indígena que la élite letrada no reconocía como propio, quedaba fundarla sobre la continuidad hispánica y cristiana, sobre una lengua fijada por academia y sobre unas costumbres canonizadas por cuadro. El costumbrismo dio forma sensible a ese programa antes de que ninguna ley lo enunciara.
Queda la hipoteca. La gramática costumbrista subordinó dentro del relato nacional a negros, indígenas y mujeres del pueblo: los volvió tipos observables desde una mirada blanca, letrada y masculina, y limitó por décadas las posibilidades de que esas voces se contaran a sí mismas. Candelario Obeso fue la excepción que confirmó la regla, y su soledad en el último cuarto del XIX mide la extensión del silencio. Las mujeres del costumbrismo —Josefa Acevedo, Soledad Acosta— escribieron desde la élite y no desde el pueblo del que hablaban; los bogas fueron pintados durante meses de convivencia sin que uno solo llegara a firmar el retrato. La Colombia que aún hoy se debate entre reconocer la diversidad y administrarla desde el centro heredó del costumbrismo tanto su riqueza descriptiva como esa hipoteca representacional.
Pocas veces un género literario menor —así lo llamó siempre la alta crítica— hizo tanto para inventar un país. El costumbrismo colombiano fue el taller donde la nación aprendió a mirarse, y también donde aprendió qué partes de sí misma no iba a mirar. Que la imagen resultante fuera parcial, sesgada y tierna no es un defecto suyo: es su naturaleza, y sigue siendo, hoy, uno de los materiales con los que Colombia se sigue contando.
En el archivo
13 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Nueva Granada1831–18626
- 1841Introducción del daguerrotipo y la litografía moderna en la Nueva Granada (1841-1848)Hecho
- 1848Costumbrismo y república letrada del medio siglo (1848–1862)Hecho
- 1848Ramón Torres MéndezFicha
- 1850Publicación por entregas de la Peregrinación de Alpha en El Neogranadino (1850-1852)Hecho
- 1856La invención cartográfica y literaria de Colombia como 'país de regiones'Pregunta
- 1869José Manuel GrootFicha
02Estados Unidos de Colombia1863–18854
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01José María Vergara y Vergara — figura central del costumbrismo neogranadino, editor de El Mosaico y del Museo de cuadros de costumbres, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua
- 02El Mosaico — revista fundada en 1858 que institucionalizó el costumbrismo colombiano y reunió a sus principales cultivadores
- 03Prensa periódica — vehículo natural del costumbrismo desde el Papel Periódico (1791) hasta El Mosaico y El Neogranadino
- 04Tipos sociales — construcción central del género: el boga del Magdalena, el artesano empobrecido, el indio aculturado, el pícaro urbano, la mujer del pueblo
- 05Eugenio Díaz Castro — autor de Manuela, novela costumbrista que convirtió a la mujer del pueblo en símbolo nacional y fue usada como fuente histórica del siglo XIX
- 06Ramón Torres Méndez — maestro indiscutible del costumbrismo pictórico colombiano, autor de la serie de acuarelas sobre tipos y costumbres
- 07Ilustración neogranadina — antecedente directo del costumbrismo a través de la Expedición Botánica de Mutis y la prensa colonial tardía
- 08Josefa Acevedo de Gómez — autora de Cuadros de la vida privada de algunos granadinos, presencia femenina temprana y a menudo olvidada en el género
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
36 documentos · 47 fragmentos
01Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 200, 2062 citas
[1]aceptación e influencia en Francia. La obra de Jean Baptiste Siméon Chardin (1699-1779) es un buen ejem- plo de esta influencia. En Inglaterra, a mediados del siglo xviii las costumbres y la caricatura se fusionaron en las pinturas y grabados de William Hogarth (1697-1764), para relatar en sus series las historias…
p. 200
[29]cual la obra del artista «no puede excluir nada bajo ningún pretexto de nobleza o grosería […] lo abarca todo, las alegrías y las desgracias…» 161. José Manuel Groot (1800 - 1878), uno de los primeros costumbristas del país afirmó en una poesía, «que la belleza no pinto». Los artistas, con dedicación y agudeza y sin…
p. 206
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[2]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
[3]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5551 cita
[4]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
04Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1361 cita
[5]sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…
p. 136
05Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1101 cita
[6]de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…
p. 110
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 171, 1742 citas
[7]Fernández Madrid (1789- 1830), el Sensible, fue médico de profesión. Su importancia fue ma- yor en el ámbito político que en el literario, aunque influyó de manera decisiva en las letras granadinas con su obra El Argos Americano. Su intención lite- raria, que en la mayoría de los casos es el cantar de la gesta…
p. 171
[18]instigadores del movimiento, sino también una de sus figuras cen- trales. Este bogotano es autor de numerosos cua- dros y artículos de costumbres, así como de la no- vela Olivos y aceitunos, todos son unos (1868). El título de la novela remite a un viejo refrán popu- lar con el que se criticaba a quienes perdían el…
p. 174
07Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 236, 2392 citas
[8]del Mosaico en 1866. El costumbrismo no es el primer género literario nacional: es un género literario t r a n s n a c i o n a l, q u e s e e x p a n d e e n t o d a Hispanoamérica en el momento en que se están formando las naciones. Estrechamente relacionados con la literatura de viajes y con la pintura costumbrista,…
p. 236
[23]bajas, (cosa que hará magistralmente Eugenio Díaz en su Manuela quien hizo de la "mujer del pueblo" un símbolo nacional) éste escribe: "Y que parecerá un baile donde reina la franqueza [...] donde hay bocas frescas sin desdén, ojos quemadores sin altivez; fuego y dulzura, amabilidad y recato, sencillez y…
p. 239
08Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 1, 122 citas
[9]JOSÉ MANUEL MARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i J OSÉ M ANUEL M ARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia Marroquín, José Manuel, 1827-1908 Motivo por el cual [recurso…
p. 1
[10]los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…
p. 12
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 77, 802 citas
[11]lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…
p. 77
[19]y mucho tono. 20 El paternalismo político se quedaba sin piso porque la ciudad crecía y se expandía, al punto que sus habitantes dejaban de conocerse y se volvían extraños entre sí. De ahí que en varios cuadros de costumbres renaciera el género de la picaresca, netamente urbano. Uno de los primeros pícaros ci- tadinos…
p. 80
10Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 123, 1292 citas
[12]contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…
p. 129
[24]de la obra «En familia», de José Manuel Marroquin. Ala izquierda, monumento a Jorge Isaacs, en Cali, con la figuracién de Maria en primer término. El encuentro de Manuela y Deméstenes se des- cribe asi: «Vio que era una joven lavandera que di- vertia su soledad soltando sus pensamientos y su voz mientras concluia su…
p. 123
11Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 1091 cita
[13]Díaz, Eustacio Santamaría, José Caicedo' Rojas, Ricardo Carrasquilla, Rafael Pombo, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Manuel Marroquín, Dotares Calvo de Piñeres, Januario Salgar, José David Guarín y Doña Soledad Acosta de Samper. Organizaron 81 agencias en todo el país y 17 en el exterior. "EL MOSAICO"…
p. 109
12Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 30, 2382 citas
[14]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…
p. 238
[28]los bucles, la delicadeza en el manejo de las joyas y el exquisito contraste de colores seña- lado por un fondo gris de finas tonalidades, para resaltar el azul ultramar del vestido y el rosa naca- rado del cuello y del rostro de la hermosa mujer, retratada con la sabiduría de un verdadero maes- tro. Trabajó también…
p. 30
13Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 521 cita
[15]estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…
p. 52
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2751 cita
[16]lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…
p. 275
15Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 401 cita
[17]el papel de los sexos, «deshaciendo la obra de la Providencia y haciendo desatinos por enmendar a Dios la plana». Durante el período conocido en la historia del país como «la hegemonía conserva- dora» de 1886 a 1930 no se presen- taron cambios en el estatus político de la mujer. Voces de mujeres y en favor de la mujer…
p. 40
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 281 cita
[20]neivano era descrito como un tipo fruto de la diversidad productiva, las descripciones sobre los habitantes del Estado y del departamento del Tolima se concentraron en señalar un tipo dedicado a la agricultura y a la ganadería. La cría de ganados y caballos y el cultivo de cacao, de tabaco y, más adelante en forma…
p. 28
17Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 1, 232 citas
[21]JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ literatura C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS Acevedo de Gómez, Josefa, 1803-1861, autor Cuadros de la vida privada de algunos granadinos / Josefa Acevedo de Gómez;…
p. 1
[22]se enternezca profundamente con el capítulo de «Soledad, hambre y demencia» o con «El soldado», ha perdido su corazón. Bogotá, abril 22 de 1863. J. M. Vergara Vergara. 25 § Introducción y dedicatoria Una hermosa tarde del mes de marzo del año de 1849 me hallaba yo ocupada de mis quehaceres ordina- rios cuando entró en…
p. 23
18The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1321 cita
[25]the writings of José María Samper, Felipe Pérez, José Manuel Marroquín, and many others. The influence of Cuervo’s portrait reached even into governmental labor and commercial policies. 54 Those who followed Cuervo’s literary pursuits found outlets for their writing in numerous weekly newspapers and book anthologies,…
p. 132
19Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 251 cita
[26]al respecto, las cuales han sido retomadas por otras personas en diferentes formas.²⁶ Como frecuentemente se hace con Balzac para ilustrar aspectos de la vida burguesa, o con Charles Dickens para hacerlo sobre las miserias de la población en Inglaterra, acudí a un fragmento de Manuela, una novela costumbrista del…
p. 25
20Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1101 cita
[27]encargo), pues de esa €poca, y de anos posteriores, se conservan buenas muestras de su talento como caricaturista y dibujante. En este campo, como ya senalamos, reside la grandeza del pintor, intérprete avisado y tierno, burlén a veces, de la sociedad en que le tocé vivir. Ramé6n Torres Méndez (1809-1885) EI maestro…
p. 110
21Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 2361 cita
[30]“La Miseria en Bogotá,” 95. 73. Acuarelas de la Comisión Corográfica: Colombia 1850 – 1859 (Bogo- tá: Litografía Arco, 1986). 74. “Los Democráticos” (Bogotá, August 6, 1854), reprinted in Carmen Escobar, La Revolución Liberal y la Protesta del Artesanado (Bogotá: Fun- dación Universitaria Autónoma de Colombia, 1990),…
p. 236
22Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 207, 3602 citas
[31]first town the commission encountered on its way to the northeast provinces, upset local EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. P olitical Ethno graphy 189 elites for its suggestion that this…
p. 207
[34]by Eugenio Díaz Castro,” 73n28. 59. Escobar, “ Manuela, by Eugenio Díaz Castro,” 7. 60. Doris Sommer dismissed costumbrismo, citing how Eduardo Camacho Guizado, among others, characterized the genre as “almost always nostalgic and hardly ever socially critical.” Sommer, Foundational Fictions, 369n8. Camacho Guizado,…
p. 360
23Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 751 cita
[32]za- guanes en La s Nieves o Santa Dárbara, o en las piaras de cerdos que, con los perros callejeros, se alimentaban y retozaban en los ve rtedero s del río San Francisco o en los muladares de Las Cruces. M un do cercano a los sabores y olores, y al poder de los cinco senti- dos evocados en los cuadros de costumbres.…
p. 75
24Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[33]a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…
p. 63
25Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 368, 3942 citas
[35]los caminos no eran caminos y el viajero de los ríos debía disputar el espacio del champán con las cargas de tabaco de Ambalema y los géneros im- portados de Londres, viajar constituía no sólo un «mal necesario» sino un auténtico suplicio. Cuando por al- gún milagro inexplicable conseguía llegar a su destino, 395…
p. 394
[37]relación de la campaña del norte en 1885, Bogotá: Editorial Carlos Tanco. Sicard B., Pedro, 1925, Páginas para la historia militar de Colombia, guerra civil de 1885, Bogotá: Imprenta del Estado Mayor General. Valderrama A., Carlos (compilador), 1983, Epistolario del beato Ezequiel Moreno Díaz y otros agustinos…
p. 368
26Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 11 cita
[36]peregrinación de alpha M an U el anc ÍZ ar viajes M an U el anc ÍZ ar peregrinación de alpha viajes Ancízar, Manuel, 1812-1882, autor Peregrinación de Alpha [recurso electrónico] / Manuel Ancízar; [presentación, Verónica Uribe Hanabergh]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1…
p. 1
27La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1601 cita
[38]cuadros de costumbres, variedades y viajes, Bogotá: Banco Popular. 161 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí belleza incomparable, hagamos aquí una especie de pausa refrescante y cedámosle al poeta la palabra, para que nos cuente cosas admirables de esa naturaleza virgen, que fue el escenario de la colonización. Porque…
p. 160
28Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 3771 cita
[39]un excusao de tren! § De Carrasquilla a Montecristo Tristemente, este historiador y folclorista que publicó el más importante compendio folclórico de la paisolatría mereció apenas unas pocas líneas en la prensa de su ciudad cuando falleció el pasado 30 de diciembre. Víctima de un infarto, Jaramillo Londoño murió a los…
p. 377
29Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 211 cita
[40]María Rivas Groot, Lorenzo Marroquín; pero no puede afirmarse que sus esquemas novelísticos hayan perdurado. Y de las varias novelas es- critas por José Manuel Marroquín (Entre primos, Blas Gil, etc.) quizá la única que mantiene algún atractivo es El Moro, la autobiografía de un ca- ballo de la Sabana de Bogotá,…
p. 21
30Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6221 cita
[41]xix, que se dedic ó a la historizaci ó n narrativa del pasado rural y regional, creando con sus obras un monumento nost á lgico a la vieja sociedad que comen zaba a entrar en su per í odo de disoluci ó n 20. De esa caracter í stica participa la obra de Tom á s Carrasquilla. Como en las literaturas europeas de tipo…
p. 622
31Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · p. 341 cita
[42]entre otros, fueron gentes que escribieron con cierto orgullo de su propio lenguaje. Con Carrasquilla, el habla popular ingresa a la literatura, ya que no recurre a un habla gramaticalmente so¿sticada, separada de las formas lingüísticas del pueblo. Ven ustedes, pues, cómo 31 se expresa la estructura económica en la…
p. 34
32La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 1441 cita
[43]cambiado, penetra la conciencia de los personajes. Estos ya no se piensan a sí mismos como parte de una sociedad unificada sino como parte de un segmento social en pugna con otros segmentos (Howe, 1992, 18-20). En la obra narrativa de un autor como Carrasquilla, la sociedad, en su pequeñez, parece indistinguible de la…
p. 144
33Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · p. 481 cita
[44]llena de grandes ciudades. En las ciudades es donde se han formado todos esos escritores que van de turistas a las selvas, como un señor que escribió un libro lamentable que se llamaba La Vorágine, de cuyo nombre no quiero acordarme; pasó por allí, le pareció interesante la selva, y se puso a escribir sobre ella.…
p. 48
34Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2331 cita
[45]extol its ability to react to anti- clerical attacks. 11 In spite of their discrepancies, Liberals and Conservatives coincided in their fascination with European fashion, taste, and etiquette, and in sev- eral themes which they identified with culture: civic spirit, literary movements, temperance, social clubs, and…
p. 233
35Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 681 cita
[46]al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…
p. 68
36Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4211 cita
[47]la intelectualidad criolla de los salones santafereños. Allí en los saraos literarios se componían y recitaban versos en francés, se detectaban gazapos y se criticaba la pronunciación galicada de los ilustrados (Curcio 1975: 69). Infortunadamente en la historia de la expresión social escrita y propia del negro en…
p. 421