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Ensayo · Transversal · —

Representación del territorio colombiano en el siglo XIX

Entre 1801 y comienzos del siglo XX, expediciones científicas, comisiones cartográficas, cuadros de costumbres y relatos de viaje produjeron la imagen dominante que Colombia tuvo de sí misma. La pregunta es si ese archivo fue dependencia cultural europea que preparó el despojo extractivista y naturalizó jerarquías raciales, o una operación local con autonomía y función política propia que suplía la debilidad del Estado.

17 min de lectura3.522 palabras48 documentos56 fragmentos
Representación del territorio colombiano en el siglo XIX
Actualizado 23 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La representación decimonónica del territorio colombiano fue simultáneamente dependiente y autónoma: operó dentro de gramáticas formales europeas —el paradigma humboldtiano de pisos térmicos, la fisiognomía de Lavater, el costumbrismo transnacional hispanoamericano— pero las desplegó para fines internos que ninguna institución estatal producía. La Comisión Corográfica (1850-1859) y El Mosaico (desde 1858) no solo validaban el territorio ante la mirada europea, sino que codificaban moralmente provincias y tipos para decisiones de gobierno y disputas políticas locales. El resultado fue un nacionalismo estructuralmente heterónomo en sus códigos pero funcionalmente autónomo en sus usos: fijó tipos regionales y jerarquías raciales que persisten, preparó imaginariamente el territorio para el extractivismo, y al mismo tiempo fue el único campo donde liberales y conservadores pelearon por definir al pueblo en ausencia de escuela pública, ejército cohesionado o mercado editorial propio.

La tensión

La tensión central enfrenta dos interpretaciones incompatibles del mismo archivo. La primera, de corte poscolonial, sostiene que los intelectuales criollos interiorizaron la gramática humboldtiana y la aplicaron hacia adentro produciendo un colonialismo epistémico autoaplicado: los mapas se publicaban en París, las láminas circulaban en revistas europeas, el general Acosta dedicó su mapa de 1847 al barón de Humboldt, y los costumbristas que se inspiraron en Lavater traducían a lápiz y acuarela una tipología racial elaborada en Zúrich; los relatos de viajeros como Reclus, Röthlisberger, Saffray o André orientalizaron el territorio —describiendo costas como 'enervantes', comparables a colonias africanas, y sierras como 'salvajes'— preparando el imaginario para la penetración extractivista de quina, caucho y banano. La segunda posición, de corte funcionalista-político, replica que en un país sin escuela pública consolidada, sin ferrocarril y con caminos dependientes de cargueros humanos, la prensa y la literatura hicieron las veces de infraestructura simbólica: El Argos (1837), El Mosaico (1858) y la Comisión Corográfica fueron sustitutos de instituciones nacionalizantes cuya función fue más intensa que en otros costumbrismos hispanoamericanos; los artículos de costumbres servían a liberales para desdeñar el pasado colonial y a conservadores para criticar las reformas modernas, y la indistinción de géneros del letrado —Ancízar como etnógrafo, político y periodista; Vergara y Vergara como editor, historiador y fundador de la Academia— no era amateurismo sino estrategia obligada por la ausencia de instituciones especializadas. El nudo irresoluble es que ambas operaciones ocurrieron al mismo tiempo sobre los mismos textos e imágenes: la construcción del tipo antioqueño como 'el más bello tipo de la República' fue simultáneamente blanqueamiento simbólico con gramática racial europea y producción de un archivo identitario regional que el Estado no habría podido generar.

Temas
Comisión CorográficaCostumbrismo colombianoColonialismo epistémico y representación del territorioExtractivismo y narrativas de viajeros en el siglo XIXTipos regionales y jerarquías raciales decimonónicasÉlisée Reclus y la Sierra Nevada de Santa Marta
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue la representación decimonónica del territorio colombiano una dependencia cultural europea disfrazada de nación, o una operación local con función política propia?

Entre la llegada de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al virreinato de la Nueva Granada en 1801 y la consolidación del enclave bananero de la United Fruit Company en la primera década del siglo XX, un conjunto de dispositivos —expediciones científicas, comisiones cartográficas, cuadros de costumbres, relatos de viaje, láminas y grabados— produjo la imagen dominante que Colombia tuvo de sí misma. Ese archivo visual y textual no fue accesorio: en un país donde el Estado apenas alcanzaba a los caminos y donde el mercado editorial dependía de imprentas parisinas, la representación hizo el trabajo que las instituciones no hacían. Fijó tipos regionales que aún operan, jerarquizó razas y climas, codificó moralmente el territorio y —quizá lo más pesado— preparó la mirada con que se explotarían la quina, la tagua, el caucho y el banano.

Por qué la pregunta importa

Preguntar cómo se representó el territorio colombiano en el siglo XIX no es curiosidad de historia del arte ni de historia literaria. Se juega, en primer lugar, la genealogía de las jerarquías raciales-regionales que todavía estructuran el sentido común nacional: la idea del antioqueño laborioso y blanco, del costeño enervado por el trópico, del indígena guajiro indómito frente al arhuaco dócil, del Chocó y el Putumayo como reversos oscuros de una nación andina. Se juega también la prehistoria del extractivismo: si los relatos que fijaron los paisajes de la Sierra Nevada, del Magdalena Medio santandereano o de la Ciénaga Grande como espacios exóticos y vacíos allanaron el terreno imaginario para las compañías quineras, caucheras y bananeras que llegaron después. Y se juega la naturaleza misma del proyecto nacional decimonónico: si Colombia se pensó dentro de códigos formales importados —humboldtianos, fisiognómicos, costumbristas— hasta el punto de que su nacionalismo fue estructuralmente heterónomo, o si la periferia produjo, con esos materiales, algo propio.

La pregunta importa porque la respuesta afecta cómo leemos hoy la persistencia del despojo en el Putumayo o en el Chocó, la naturalización de la superioridad económica antioqueña, la desconfianza estatal ante la costa y la Guajira, y hasta las postales turísticas del país. El material del XIX no está muerto: sigue clasificando.

Los términos del debate

Dos posiciones se disputan el sentido de este archivo. Ambas tienen fuerza; ninguna, por sí sola, alcanza.

La primera sostiene que la representación visual y literaria del territorio fue estructuralmente dependiente de códigos europeos, y que esa dependencia hizo del arte nacional un espejo colonial. Humboldt y Bonpland habrían fijado desde 1799-1804 la gramática con la que después se vería el paisaje neogranadino: cortes verticales por pisos térmicos, jerarquías climático-morales, exotismo cuantificable. Los intelectuales criollos —Caldas primero, Ancízar y la Comisión Corográfica después, los costumbristas de El Mosaico al medio siglo— habrían interiorizado esa gramática y la habrían aplicado hacia adentro, produciendo un colonialismo epistémico autoaplicado. En esta clave, los pintores costumbristas que se inspiraron en el fisonomista suizo Johann K. Lavater —Ramón Torres Méndez entre ellos— no hacían más que traducir a lápiz y acuarela una tipología racial elaborada en Zúrich. Los mapas se publicaban en París; las láminas circulaban en revistas europeas; el crédito y la validación venían de fuera. El Mapa de la República de Nueva Granada que el general Joaquín Acosta dedicó al barón de Humboldt en 1847 sella el gesto: la nación se ofrece a la mirada europea para existir.

La misma posición añade un segundo tornillo: los relatos de los viajeros europeos que recorrieron el país a lo largo del siglo —de Mollien a Reclus, pasando por Le Moyne, Hamilton, Holton, Saffray, André y Röthlisberger— no fueron descripciones neutras sino vectores epistémicos que orientalizaron el territorio y prepararon su penetración extractivista. Al describir la Sierra Nevada, el Magdalena o el Putumayo como espacios enervantes, vacíos o salvajes, produjeron un imaginario de disponibilidad que resultó rentable cuando llegaron las compañías. El despoblamiento indígena del Magdalena Medio santandereano —de 15.000 personas en 1860 a apenas dos docenas en 1925— sugiere que el vaciamiento simbólico y el material se acompañaron. Todavía en 1924 El Tiempo reseñaba una masacre de indígenas en el Opón perpetrada por una compañía de colonización. La representación, así entendida, mató.

La segunda posición invierte el énfasis. Sostiene que el costumbrismo y la crónica de viajes fueron, en las condiciones periféricas de la Nueva Granada, sustitutos funcionales de instituciones nacionalizantes ausentes y campo de batalla ideológico entre proyectos rivales. Donde no había escuela pública consolidada, ni ejército nacional cohesionado, ni ferrocarril que uniera el país —los caminos de herradura seguían dependiendo de cargueros humanos, como José Caicedo Rojas evocó con resignada ironía dando gracias a Dios por conseguir un carguero robusto mientras esperaba los ferrocarriles—, la prensa y la literatura hicieron las veces de infraestructura simbólica. El Argos, semanario fundado en Bogotá en 1837 por Lino de Pombo y Juan de Dios Aranzazu, publicó los primeros cuadros de costumbres colombianos, firmados por Rufino Cuervo. El Mosaico, cuyo primer número apareció el 24 de diciembre de 1858 bajo el impulso de José María Vergara y Vergara, agrupó a una élite letrada bogotana afín a los nacientes partidos liberal y conservador en un proyecto que reunía tertulia, publicación periódica, biografías de neogranadinos ilustres y esfuerzo por construir una biblioteca nacional y un pasado común.

Desde este ángulo, el costumbrismo no fue género neutro sino campo de disputa política. Los artículos servían a liberales y conservadores en direcciones opuestas: a los primeros para desdeñar el pasado colonial, a los segundos para criticar las reformas modernas; pero ambos coincidían en contraponer lo nacional a la creciente influencia francesa e inglesa. La indistinción entre géneros —el letrado que era simultáneamente científico, político, poeta y editor— no habría sido un defecto de amateurismo sino una estrategia obligada por la ausencia de instituciones especializadas. Ancízar escribió etnografía política en El Neogranadino antes de sumarse a la Comisión Corográfica; sus descripciones de pueblos y provincias informaban las decisiones de inversión del gobierno nacional, y sus contemporáneos entendían perfectamente esa dimensión política. Vergara y Vergara fue editor, historiador de la literatura, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua. Nariño, Núñez, Caro y Samper encontraron en las letras de molde su medio de influencia política.

La evidencia

El pulso entre ambas posiciones se dirime, primero, en el archivo humboldtiano y su descendencia local. La expedición de Humboldt y Bonpland produjo dibujos y láminas del paisaje neogranadino que pusieron el territorio a disposición de apropiaciones nacionalistas surgidas de la Ilustración. Un mapa vinculado a ese trabajo se publicó luego en París con crédito para Caldas. La Comisión Corográfica, establecida por la Ley 29 de 1849 durante la administración de José Hilario López y operativa entre 1850 y 1859 bajo la dirección del coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi, constituyó el primer intento científico institucional de alcance global en Colombia. Su mandato era levantar la cartografía general de la República y estudiar sus provincias. Ancízar la acompañó y escribió Peregrinación de Alpha. Los registros producidos en el contexto de la Expedición Botánica, y algunos escritos asociados a Caldas, combinaban observación científica con ambición literaria y con el esfuerzo artístico de dibujar y pintar el paisaje: el letrado neogranadino no separaba lo que en Europa ya se separaba.

Aquí la primera posición tiene un punto sólido. La Comisión no operó en un vacío formal: heredaba de Humboldt la cuadrícula de pisos térmicos, la observación cuantitativa, la reducción del habitante a tipo asociado a una altitud y un clima. Y el mercado editorial que daba visibilidad internacional a esos trabajos era europeo: Acosta dedica su mapa de 1847 al barón alemán como parte de un esfuerzo por dar a conocer a Colombia en Europa. La validez del proyecto pasaba por la aprobación foránea.

Pero el mismo archivo muestra otra cosa. Los escritos de Ancízar tuvieron efectos internos inmediatos, no destinados a París: sus caracterizaciones de pueblos y regiones informaban decisiones de inversión del gobierno nacional. Sus contemporáneos leían esas descripciones sabiendo que había recursos, caminos y prioridades en juego, y no todos las aceptaron sin objeción. El dispositivo funcionaba, por dentro, como una tecnología de gobierno: codificaba moralmente el territorio para efectos administrativos concretos.

La misma tensión se repite en el costumbrismo. La influencia de Lavater —que en Emiro Kastos, autor de los Artículos escogidos, es referencia explícita al describir la fisonomía de una mujer, y que reaparece en Torres Méndez sin fuente confesada— confirma la dependencia formal del código europeo: el cuerpo se lee según una gramática venida de Zúrich. Kant, en el trasfondo filosófico del racialismo decimonónico, había establecido que el clima y el color de piel jerarquizaban moralmente a la humanidad. Los costumbristas colombianos operaban dentro de ese marco. Y sin embargo, lo que hicieron con él fue local. La serie de dibujos a lápiz y acuarelas de pequeño formato —30 por 20 centímetros— que Torres Méndez (1809-1885) realizó desde 1848 durante viajes repetidos por Antioquia, y que aparecieron grabados en la prensa nacional y extranjera, no era una simple aplicación de Lavater al trópico: era la producción de un archivo iconográfico regional que ninguna institución estatal producía.

El Mosaico es el caso paradigmático de esa doble condición. Sus colaboradores —Caicedo Rojas, Pombo, Marroquín, Madiedo, Soledad Acosta de Samper, entre otros— usaban formatos europeos, el cuadro de costumbres importado del costumbrismo español y transnacional hispanoamericano, en el momento mismo en que se estaban formando las naciones; pero los usaban para pelear una batalla interna. Josefa Acevedo de Gómez firmó Cuadros de la vida privada de algunos granadinos. La Manuela de Eugenio Díaz Castro se presentó en la tertulia de Vergara y Vergara en diciembre de 1858, coincidiendo con la aparición de la revista. Los artículos criticaban la irrupción de modas europeas —el afrancesamiento en particular—; el gesto era simultáneamente dependiente del código europeo del costumbrismo y crítico de la influencia francesa e inglesa en las costumbres locales. Los cuadros servían a los liberales para desdeñar el pasado colonial y a los conservadores para criticar las reformas: el mismo formato, dos usos políticos opuestos, un consenso nacionalista defensivo por debajo.

El segundo terreno de evidencia son los viajeros. Élisée Reclus llegó a la Nueva Granada en 1855, a los veinticinco años, después de recorrer Texas, Nuevo México y bajar por el Golfo de México hasta Veracruz. Su proyecto agrícola en la Sierra Nevada de Santa Marta fracasó y regresó a Europa. De esa experiencia salió Viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta, obra formativa para el geógrafo anarquista que Reclus llegaría a ser: la periferia colombiana no solo fue pasivamente representada por Europa; también, en un movimiento inverso menos atendido, formó a algunos de sus representadores. Röthlisberger firmó El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana. Carnegie-Williams publicó Un año en los Andes, o Aventuras de una Lady en Bogotá. Le Moyne, Mollien, Hamilton y Holton dejaron testimonios sobre la navegación por el Magdalena, sus champanes y sus bogas.

El río fue escenario privilegiado de esa mirada. La navegación a vapor había empezado en 1825 con el Bolívar y el Santander, bajo el privilegio otorgado al empresario Juan Bernardo Elbers, pero solo se consolidó hacia 1850, al eliminarse los monopolios y expandirse la economía exportadora. Los champanes compartían espacio con el tabaco de Ambalema y con géneros importados desde Londres. Un viajero europeo describió una ciudad costera con una "influencia enervante y agobiadora", comparándola con las colonias europeas en las costas africanas, y señaló como anomalía que la civilización colombiana se hubiera concentrado en las altiplanicies andinas, a trescientas leguas del mar; la raza europea, sostenía, necesitaba tiempo para aclimatarse en las riberas. En esa frase se ve el mecanismo entero: el trópico bajo se lee como enervante, la altiplanicie andina como civilizada, la costa como frontera racial. Aquí la posición que enfatiza la dependencia epistémica gana la partida: el discurso viajero fijaba jerarquías climático-morales que quedarían adheridas al territorio.

La construcción del tipo antioqueño es el tercer terreno de evidencia, y quizá el más productivo. El antioqueño fue descrito reiteradamente como "el más bello tipo de la República", en una fórmula que unía belleza corporal, virtud moral y capacidad de trabajo. La operación tenía tres movimientos. Primero, un blanqueamiento simbólico: los componentes indios y negros del pueblo antioqueño quedaban en segundo plano frente a la exaltación de rasgos españoles y blancos, y el propio pueblo se autodenominó "raza antioqueña" —herejía etnológica, dada la composición triétnica real—. Segundo, una inversión de la relación medio-tipo: mientras en otros tipos regionales el paisaje moldeaba al habitante, en Antioquia el habitante transformaba el paisaje mediante su trabajo, y las montañas cultivadas eran presentadas como reflejo de su laboriosidad. Tercero, un proyecto expansivo: Libardo López, en la revista Voces de Barranquilla, declaró la superioridad racial del pueblo antioqueño y anunció la futura "antioqueñización" del país, incluida la asimilación de los extranjeros que ingresaran a su territorio. El paisaje del Quindío, descrito por Vergara y Vergara como naturaleza virgen y majestuosa, se ofrecía como escenario a esa transformación.

Salvador Camacho Roldán introdujo, sin embargo, una grieta interesante: el tipo físico antioqueño se comparaba con el de las provincias vascongadas, pero los apellidos dominantes —Restrepos, Uribes, Hoyos, Ochoas— no eran los del señorío de Vizcaya. La equivalencia europea era pura leyenda genealógica. Eso no debilitó su eficacia; al contrario, la construcción funcionó porque no necesitaba ser cierta.

El cuarto terreno es la frontera salvaje. El Putumayo fue representado en la literatura de viajes de fin de siglo como espacio vacío, susceptible de recibir tanto deseos de prosperidad no explotada como temores raciales sobre las zonas no reguladas de la nación. Los grandes espacios naturales de Colombia —Putumayo incluido— fueron concebidos como el reverso de la nación, un subsuelo topográfico sobre el que se proyectan miedos y deseos. El Chocó fue construido como pobre, negro e indígena, virgen y atrasado. Los escritos de cronistas y viajeros sobre el Pacífico, desde Cieza de León y Las Casas hasta Saffray y Miguel Triana, produjeron un ordenamiento simbólico, político y moral del espacio y de los sujetos coloniales, mezclando visiones medievales de lo monstruoso con parámetros europeos. El padre Gumilla, en El Orinoco ilustrado, había establecido tempranamente el vocabulario colonial que distinguía entre pueblos bárbaros y gentiles según su cercanía a la civilización europea. Esas periferias operaron como espacios vaciados históricamente, cunas de la colonialidad del poder.

El quinto terreno es el enclave extractivo, donde los hilos anteriores convergen. La quina fue conocida y valorada desde la Colonia; un texto de fines del XVIII calculaba que en todo el universo se consumían cerca de 16.000 arrobas al año, con la arroba puesta en Cartagena valiendo 62,5 pesos, y advertía que la lógica del comerciante privado podría agotar el recurso. El auge quinero de fines del XIX en el Magdalena Medio santandereano se acompañó de un despoblamiento indígena catastrófico —de 15.000 personas en 1860 a dos docenas en 1925— atribuido a quineros y cazadores, y todavía en 1924 El Tiempo documentaba masacres. La producción bananera se multiplicó por más de quince entre 1902 y 1911, pasando de poco más de trescientos mil racimos exportados al comienzo del siglo a cerca de cinco millones una década después; ese último año más de doscientas embarcaciones, entre vapores y veleros, recalaron en Santa Marta. La United Fruit Company controló el ferrocarril de Santa Marta, transformó a Ciénaga en un centro económico floreciente y, a diferencia de Guatemala y Costa Rica, además de operar plantaciones propias compraba fruta a productores locales, matizando el modelo de enclave puro pero no su lógica.

El vínculo entre representación y despojo no es de causalidad simple, pero es rastreable. Los territorios que las narrativas de viajeros y comisiones habían fijado como vacíos, salvajes o disponibles fueron precisamente los que la economía extractiva penetró con menor resistencia simbólica.

La respuesta

Ninguna de las dos posiciones, tomada sola, hace justicia al material. La respuesta que la evidencia mejor sostiene es más incómoda que cualquiera de las dos: el costumbrismo y la iconografía del viajero en la Colombia del siglo largo XIX operaron simultáneamente como dependencia formal de códigos europeos y como sustituto funcional de instituciones nacionalizantes ausentes, y fue esa doble condición —no una u otra— la que definió sus efectos.

Hubo dependencia formal: el aparato conceptual con que se pensó el territorio —los pisos térmicos de Humboldt, la fisiognomía de Lavater, la jerarquía climático-racial de raíz kantiana, el género mismo del cuadro de costumbres importado del costumbrismo transnacional hispanoamericano, el circuito editorial parisino que validaba mapas y láminas— era europeo. Nada en el archivo neogranadino se piensa fuera de esa gramática. Los propios criollos, cuando se pintaban o se describían, se comparaban con vascos, con andaluces, con habitantes de las provincias vascongadas; se hacían inteligibles hacia afuera antes que hacia adentro.

Y al mismo tiempo, sin contradicción, esa gramática importada hizo un trabajo local que ninguna otra instancia hacía. En la ausencia de un Estado capaz de censar, educar e integrar, y de un mercado editorial autónomo, la Comisión Corográfica, El Argos, El Neogranadino, El Mosaico y las láminas de Torres Méndez fueron la infraestructura simbólica que produjo la imagen de una nación. Vergara y Vergara editando el Museo de cuadros de costumbres y fundando la Academia Colombiana; Ancízar sembrando el interés por el paisaje y las costumbres en los jóvenes desde las páginas de El Neogranadino; los colaboradores de El Mosaico discutiendo si el pueblo colombiano debía definirse contra el pasado colonial o contra las reformas modernas: todo ese trabajo llenaba el hueco que dejaban las instituciones. La indistinción de géneros en el letrado del XIX —científico, político, poeta, cartógrafo, editor a la vez— no fue defecto sino condición: el país no tenía todavía instituciones especializadas que permitieran la división del trabajo intelectual.

Ambas dimensiones se refuerzan mutuamente. Precisamente porque el aparato era europeo y confería legitimidad exterior, servía para la disputa interna entre proyectos rivales; y precisamente porque la disputa interna era intensa y sin árbitro institucional, los contendientes se apoyaban en la autoridad del código europeo para pesar más que el adversario. Una nacionalidad imaginada estructuralmente subordinada al mercado editorial extranjero y, a la vez, un campo de batalla ideológico propio con efectos internos duraderos.

Los efectos han sido duraderos y desiguales. La construcción del tipo antioqueño —blanco, laborioso, expansivo— fue el núcleo ideológico más eficaz del período, porque articuló en un solo gesto blanqueamiento racial, ética capitalista y legitimación de la colonización de territorios representados como vacíos. Preparó el terreno cultural para el auge cafetero y para la imagen que Antioquia dio de sí misma en la revista Voces y en la producción literaria abundante del último cuarto del XIX. La representación de las periferias —Putumayo, Chocó, Sierra Nevada, Guajira— como reverso de la nación fue el mecanismo más duradero, porque no requería ni Estado fuerte ni mercado editorial propio: bastaba con el silencio, con la ausencia de representación positiva, para producir el vaciamiento simbólico que habilitó el despojo material que las cifras del Magdalena Medio documentan. La imagen de la costa como enervante, africana, anómala frente a la civilización andina, sedimentó una desconfianza estatal hacia el litoral cuyos ecos siguen operando.

Lo que queda abierto

Hasta qué punto la formación colombiana de Reclus alimentó específicamente su geografía anarquista posterior, y cuánto de esas matrices críticas migraron hacia intelectuales colombianos del siglo XX, es una pregunta viva: el vínculo es plausible por la biografía —el fracaso agrícola en la Sierra Nevada, el regreso a Europa, la obra publicada sobre el viaje— pero la filiación intelectual está por trazarse.

Tampoco está demostrado que las jerarquías raciales de los viajeros entre arhuacos —presentados como dóciles y receptivos— y guajiros —presentados como indómitos— hayan modelado directamente las políticas indigenistas del siglo XX, aunque los estereotipos regionales sobre la Sierra y la Guajira muestran una notable continuidad con esas caracterizaciones decimonónicas.

Otro nudo pendiente es el vínculo entre el paso del paradigma miasmático al microbiológico —central para entender la reconfiguración del poder estatal sobre las poblaciones costeñas de fines del XIX y principios del XX— y la representación literaria del clima costero como enervante. Que ambos discursos convergían es evidente; su articulación institucional está por escribirse.

Y en el fondo late una pregunta más difícil: cuánto de la construcción imaginaria del país descansa sobre el silencio y no sobre la representación positiva. El Chocó, el Putumayo y buena parte de la Amazonía aparecen en el archivo del XIX menos por lo que se dice de ellos que por lo que no se dice. Ese vacío también significa, y significa en dirección al despojo.

La nación imaginada por la Comisión Corográfica, por El Mosaico y por los viajeros europeos —esa nación jerarquizada por climas y razas, expansiva desde Antioquia, sospechosa de sus costas, indiferente a sus periferias— sigue siendo, con desplazamientos y resistencias, la nación con la que Colombia opera. Que haya sido producida con herramientas ajenas no la hace menos propia; que haya sido campo de batalla interno no la hace menos legítima ante la mirada exterior. Fue las dos cosas a la vez, y por eso pesa.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

48 documentos · 56 fragmentos de referencia
01Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 161 fragmento
[1]

Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

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02La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1261 fragmento
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mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

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04Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 71, 772 fragmentos
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apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…

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lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

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05The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5411 fragmento
[5]

map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…

p. 541
06Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 1831 fragmento
[6]

164 tions of two different religious processions through narrative description: the San Isidro Labrador procession in Charalá, which Ancízar identified as a useful celebration that reenforced a positive work ethic among villagers, and the Octava de Cor- pus procession in Soatá, which Ancízar considered the epit- ome…

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07Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 1, 122 fragmentos
[7]

podrán sobrevivir gracias al mestizaje, y es acerbo crítico de la colonización española, que denomina autoritaria y clerical. 13 Píndnicersti § La Sierra Nevada de Santa Marta Los Estados Unidos serán entonces para el viajero un lu - gar de paso. ¿Por qué no continuar hacia la Nueva Gra - nada? En 1855 Reclus no posee…

p. 12
[8]

ÉLISÉE RECLUS v I aj E a L a SIERR a n E vada d E S anta ma R ta viajes ÉLISÉE RECLUS v I aj E a L a SIERR a n E vada d E S anta ma R ta viajes Reclus, Élisée, 1830-1905, autor Viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta [recurso electrónico] / Élisée Reclus; [presentación, Ernesto Mächler Tobar]. – Bogotá: Ministerio de…

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08Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 331 fragmento
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on a tropical agriculture project he described as a “great whirlwind of work and commerce” involving a “brave people who live without preoccupation for the future.” 10 Although Reclus’s project failed and he returned to Europe empty-handed —to become the father of comparative geography—others followed his example and…

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09Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 451 fragmento
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beyond documented the potential of this ‘empty’ frontier zone for exploitation and development and surrounding nations scrambled for control of its wealth of tropical products. As mentioned in the introduction, Serje has argued that Colombia’s wild natural expanses, including the Putumayo, have often been conceived of…

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10Indómita: Colombia según el cine extranjeroPaula Andrea Barreiro Posada · 2019 · p. 561 fragmento
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la inmensidad de la selva y las escenas pintorescas de la vida han fascinado al mundo desde que los viajeros europeos de los siglos xviii y xix mostraban exóticos parajes desconoci- dos. 1 De forma similar, el paisaje colombiano representado por el cine extranjero 1 Inicialmente los relatos de los viajeros eran menos…

p. 56
11Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 591 fragmento
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marocéano. José de Acosta, Pedro Cieza de León, Pascual de Andagoya, Fray Bartolomé de Las Casas, Pedro Ordoñez de Ceballos y otros como Gaspar Theodore Mollien, Charles Saffray y Miguel Triana, han descrito parte de la zona del Pacífico desde su descubrimiento hasta bien entrada la colonia y aun durante el periodo…

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12The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 2651 fragmento
[13]

The Colombian Caribbean, 20. For the colonial bogas, see Friede, Fuentes docu- mentales para la historia del Nuevo Reino de Granada, 8:155–57. 8. José María Samper, Viajes de un colombiano en Europa, 11; Poveda Ramos, Va- pores fluviales en Colombia, 10–13; Rafael Gómez Picón, Magdalena, río de Colombia, 345. 9. Le…

p. 265
13El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 11 fragmento
[14]

el dorado er NST r ÖTH l ISB er G er viajes er NST r ÖTH l ISB er G er el dorado viajes Rothlisberger, Ernst, 1858-1926, autor El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana. / Ernst Röthlisberger; presentación, Gustavo Silva. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Bibliote- ca Nacional de Colombia,…

p. 1
14Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · p. 11 fragmento
[15]

ROSA CARNEGIE-WILLIAMS viajes u N A ñ O EN LOS AN d ES O A v EN tu RAS d E u NA LA dy EN b OGO tá ROSA CARNEGIE - WILLIAMS u N A ñ O EN LOS AN d ES O A v EN tu RAS d E u NA LA dy EN b OGO tá viajes Carnegie-Williams, Rosa, autor Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en Bogotá / Rosa Carnegie- Williams;…

p. 1
15Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 551 fragmento
[16]

pesar de los inconvenientes del polvo impalpable que se levanta en nubes. Todo el mundo anda en coche cuando se ve obligado a salir y la gente del pueblo tiene por vehículo un burrito microscópico, sobre el cual el jinete va sentado, con los pies apoyados sobre el pescuezo y animándolo con un pequeño palo cuya punta,…

p. 55
16Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 374, 3942 fragmentos
[17]

los caminos no eran caminos y el viajero de los ríos debía disputar el espacio del champán con las cargas de tabaco de Ambalema y los géneros im- portados de Londres, viajar constituía no sólo un «mal necesario» sino un auténtico suplicio. Cuando por al- gún milagro inexplicable conseguía llegar a su destino, 395…

p. 394
[44]

de ruta inevitable hacia y desde el exterior y, en forma concordante, aumentó progresivamente la navegación. Pero, no obstante su importancia histórica y el creciente tráfico en ambas direcciones, durante el largo periodo transcurrido desde la fundación por los españoles de los principales puertos ribereños y la…

p. 374
17Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 236, 2392 fragmentos
[18]

del Mosaico en 1866. El costumbrismo no es el primer género literario nacional: es un género literario t r a n s n a c i o n a l, q u e s e e x p a n d e e n t o d a Hispanoamérica en el momento en que se están formando las naciones. Estrechamente relacionados con la literatura de viajes y con la pintura costumbrista,…

p. 236
[27]

bajas, (cosa que hará magistralmente Eugenio Díaz en su Manuela quien hizo de la "mujer del pueblo" un símbolo nacional) éste escribe: "Y que parecerá un baile donde reina la franqueza [...] donde hay bocas frescas sin desdén, ojos quemadores sin altivez; fuego y dulzura, amabilidad y recato, sencillez y…

p. 239
18Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 1, 122 fragmentos
[19]

JOSÉ MANUEL MARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i J OSÉ M ANUEL M ARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia Marroquín, José Manuel, 1827-1908 Motivo por el cual [recurso…

p. 1
[20]

los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
19Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 11 fragmento
[21]

JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ literatura C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS Acevedo de Gómez, Josefa, 1803-1861, autor Cuadros de la vida privada de algunos granadinos / Josefa Acevedo de Gómez;…

p. 1
20Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 1291 fragmento
[22]

contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

p. 129
21Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 1091 fragmento
[23]

Díaz, Eustacio Santamaría, José Caicedo' Rojas, Ricardo Carrasquilla, Rafael Pombo, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Manuel Marroquín, Dotares Calvo de Piñeres, Januario Salgar, José David Guarín y Doña Soledad Acosta de Samper. Organizaron 81 agencias en todo el país y 17 en el exterior. "EL MOSAICO"…

p. 109
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1741 fragmento
[25]

instigadores del movimiento, sino también una de sus figuras cen- trales. Este bogotano es autor de numerosos cua- dros y artículos de costumbres, así como de la no- vela Olivos y aceitunos, todos son unos (1868). El título de la novela remite a un viejo refrán popu- lar con el que se criticaba a quienes perdían el…

p. 174
23Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 521 fragmento
[26]

estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…

p. 52
24Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1101 fragmento
[28]

encargo), pues de esa €poca, y de anos posteriores, se conservan buenas muestras de su talento como caricaturista y dibujante. En este campo, como ya senalamos, reside la grandeza del pintor, intérprete avisado y tierno, burlén a veces, de la sociedad en que le tocé vivir. Ramé6n Torres Méndez (1809-1885) EI maestro…

p. 110
25Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 206, 2362 fragmentos
[29]

cual la obra del artista «no puede excluir nada bajo ningún pretexto de nobleza o grosería […] lo abarca todo, las alegrías y las desgracias…» 161. José Manuel Groot (1800 - 1878), uno de los primeros costumbristas del país afirmó en una poesía, «que la belleza no pinto». Los artistas, con dedicación y agudeza y sin…

p. 206
[30]

aquella linda muchacha de pelo rubio, ojos azules y dormidos, fisonomía cándida? parece la estatua de la inocencia. —La vales para fisono - mista: te hubiera tenido envidia Lavater» 181. El pintor bogotano debió encontrar en Lavater inspiración para 181 Kastos, Emiro. Artículos escogidos. Bogotá: Biblioteca Banco…

p. 236
26Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 751 fragmento
[31]

za- guanes en La s Nieves o Santa Dárbara, o en las piaras de cerdos que, con los perros callejeros, se alimentaban y retozaban en los ve rtedero s del río San Francisco o en los muladares de Las Cruces. M un do cercano a los sabores y olores, y al poder de los cinco senti- dos evocados en los cuadros de costumbres.…

p. 75
27Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 211 fragmento
[32]

María Rivas Groot, Lorenzo Marroquín; pero no puede afirmarse que sus esquemas novelísticos hayan perdurado. Y de las varias novelas es- critas por José Manuel Marroquín (Entre primos, Blas Gil, etc.) quizá la única que mantiene algún atractivo es El Moro, la autobiografía de un ca- ballo de la Sabana de Bogotá,…

p. 21
28Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 16, 192 fragmentos
[33]

ser un pueblo campesino, comerciante, próspero y moral, frente a un pueblo considerado mayoritariamente contrario a estas características. La fuerza de la descripción alabadora y positiva del tipo antioqueño obedeció, en gran medida, a la construcción de una imagen poderosa de la población y el paisaje antioqueño…

p. 16
[34]

más que la visión de colonos, fue la de comerciantes andariegos la que primó en torno a lo antioqueño.1 2 Después de la minería, y gracias al capital acumulado con ésta, fue el comercio una actividad privilegiada para las élites antioqueñas. El espíritu comerciante y capitalista adjudicado a los antioqueños fue…

p. 19
29La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 101 fragmento
[35]

XVIII, cuando tuvo lugar un cambio de las antiguas y ardientes tierras 24 La colonización antioqueña de Santa Fe hacia la nueva villa de Medellín. El conquistador Jorge Robledo había sentado el precedente de regresar de su visita a España con su esposa y un séquito de dieciséis señoritas. U na de éstas, doña Mencia de…

p. 10
30La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3551 fragmento
[36]

católico, antes separados, porque «Barranquilla está llamada a ser […] la patria común de familias de distintas nacionalidades y por consiguiente de distintas creencias religiosas» 34. El cementerio, creado por iniciativa de los masones, es universal por el espíritu cosmopolita que lo anima. Contrario a este espíritu…

p. 355
31Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2071 fragmento
[37]

ge- neral esta sección es la segunda en la República. Bastará decir, en relación con este asunto, que en diez años fueron fundados allí, de 1871 a 1881, trece o catorce bancos de circulación, establecimientos que hasta entonces eran del todo desconocidos, no sólo en ese estado, sino en la Na- ción. Su tipo físico…

p. 207
32La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1, 1602 fragmentos
[38]

cuadros de costumbres, variedades y viajes, Bogotá: Banco Popular. 161 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí belleza incomparable, hagamos aquí una especie de pausa refrescante y cedámosle al poeta la palabra, para que nos cuente cosas admirables de esa naturaleza virgen, que fue el escenario de la colonización. Porque…

p. 160
[39]

EDUARDO SANTA l A c O l ON iz A ció N ANT i O q UE ñ A: UNA E mp RESA DE c A mi NOS historia EDUARDO SANTA l A c O l ON iz A ció N ANT i O q UE ñ A: UNA E mp RESA DE c A mi NOS historia Santa, Eduardo, 1927-, autor La colonización antioqueña [recurso electrónico] / Eduardo Santa. – Bogotá: Ministerio de Cultura:…

p. 1
33Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2331 fragmento
[40]

extol its ability to react to anti- clerical attacks. 11 In spite of their discrepancies, Liberals and Conservatives coincided in their fascination with European fashion, taste, and etiquette, and in sev- eral themes which they identified with culture: civic spirit, literary movements, temperance, social clubs, and…

p. 233
34Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2331 fragmento
[41]

extol its ability to react to anti- clerical attacks. 11 In spite of their discrepancies, Liberals and Conservatives coincided in their fascination with European fashion, taste, and etiquette, and in sev- eral themes which they identified with culture: civic spirit, literary movements, temperance, social clubs, and…

p. 233
35Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2001 fragmento
[42]

la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…

p. 200
36En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 241 fragmento
[43]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 fragmento
[45]

aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…

p. 38
38Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 631 fragmento
[46]

y en cercanías del río de la Magdalena, debería ser para el Reino una fuente inagotable de bienes. Calcúlese que en todo el universo se consumen anualmente cerca de 16. 000 arrobas de este género. Cada arroba puesta en Cartagena importa a razón de 20 reales de plata la libra — 62 ½ pesos—, ganando el Erario inmensas…

p. 63
39El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 531 fragmento
[47]

ÜTROS AGROPECUARIOS1 17,8 15,9 10,3 7,1 14,5 12,9 18,6 17,6 18,0 16,2 34,9 23,9 ÜTRos 2 1,8 4,1 14,9 6,9 8,5 8,6 7,5 14,5 12,5 8,7 8,0 15,4 TOTAL EN PESOS ORO (PROMEDIO ANUAL 3 262 3 307 6353 7394 9988 10106 13 689 15 431 12165 19154 17 216 15 542 EN MILES) 1 Incluye pieles, animales vivos, maderas, añil, caucho,…

p. 53
40Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 141 fragmento
[48]

He also gained control of the Santa Marta Railway which connected his newly acquired property with the port. Unlike the situation in Guatemala and Costa Rica, in Co- lombia United Fruit, in addition to operating its own plantations, bought a significant amount of fruit grown by local planters, and shipped the bananas…

p. 14
41Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 281 fragmento
[49]

bananas on the railroad to Santa Marta. The presence of this multination- al enterprise which operated its own transportation system and market- ing networks quickly transformed the town of Ciénaga in Magdalena into a flourishing economic center. 45 Production grew by leaps and bounds. In 1902, 314,006 bunches were…

p. 28
42Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 611 fragmento
[50]

deracination, politics for development, and contestation for liberation coexist and are covered by the mantle of the narratives of underdevelopment, marginal- ity, and barbarity. Regions such as the Chocó have been represented eco- nomically as poor, racially as black and Indigenous, gendered as ‘virgin’ territories;…

p. 61
43El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 1851 fragmento
[51]

da a los indios guaraúnos, da todavía más a los isleños de las Maldivas, que algunos autores juzgan ser once mil islas pequeñas, que desde diecisiete leguas del promon- torio de Comorín entran mar adentro hacia el oriente e islas de Java, Borneo, etcétera. Son bárbaros todavía los moradores de aquella multitud de…

p. 185
44Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 831 fragmento
[52]

the Fatherland.” 13 By seeing everything from one position, the literati were able to exclude other fields of vision. Their position, however, was a weak and fragmentary one. To understand why, we should map the positions from where literati spoke. B o g o t á, a L e t t e re d C i t y As Michael Shapiro has pointed…

p. 83
45El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 141 fragmento
[53]

Nariño con La Bagatela (1811), pasando por Sergio Arboleda y su periódico La Voz Nacional (1884 - 1885), Rafael Núñez y su periódico La Luz (1881 - 1882), Miguel Antonio Caro con El Tradicionista (1871 - 1872), o José María Samper desde El Tiempo (1855 - 1872), cada uno de ellos, por nom- brar algunas de las figuras…

p. 14
46Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 1811 fragmento
[54]

se ha articulado estrechamente a la etnización de ‘comunidades negras’ reordenando una serie de imágenes que se remontan al periodo colonial. Tropicalismo, región y racialización El antropólogo brasileño Gustavo Lins Ribeiro ([2002] 2004) establece una comparación sobre los modos de representar a Brasil y a Argentina…

p. 181
47Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 711 fragmento
[55]

Aprile, Génesis de Barrancabermeja. (Cali: copia manuscrita, 1991), 10-26. 129 Manuel Ancizar, Peregrinación…, 63. Primera Parte. Origenes, fundamentos y pioneros 71 que facilitaron la labor de la conquista, todo porque estaban divididos y carecían de sentimientos humanitarios que los unieran entre ellos 130.…

p. 71
48Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 781 fragmento
[56]

hombres basada en el clima y el color de la piel […] Kant niega la simultaneidad de las formas culturales al establecer una jerarquía moral que privilegia los usos y costumbres de la raza blanca como modelo único de ‘humanidad’” (2010, pp. 41-42). 6 El concepto de “tardío colonial” o “tardocolonial” ha sido empleado…

p. 78