Idea · Nueva Granada
Navegación a vapor
La navegación a vapor en el río Magdalena fue el proceso —tres décadas fallido y luego bruscamente exitoso— de convertir el principal río de Colombia en columna vertebral de un país que la geografía había construido de espaldas a sí mismo, desde el privilegio exclusivo de 1823 hasta la consolidación del sistema hacia 1850.
Trayectoria de una idea
- 1823
Privilegio exclusivo de Elbers
- 1825
Primeros vapores en el Magdalena
- 1826
Servicio regular con averías frecuentes
- 1834
Nueva concesión de navegación a vapor
- 1841
Destrucción del vapor Unión
- 1850
Consolidación definitiva del sistema
- 1870
Decuplicación del tráfico fluvial
La lectura
La navegación a vapor en el Magdalena no fue simplemente la introducción de una tecnología: fue la expresión material de un proyecto de Estado que buscaba coser un país fragmentado por la geografía andina. Durante casi treinta años, entre 1823 y 1850, el esfuerzo legislativo de la Nueva Granada —decretos, privilegios, exenciones fiscales, concesiones renovadas— chocó contra la hidráulica hostil del río, la escasez estructural de carga exportable y la resistencia organizada de los bogas afrodescendientes que habían monopolizado la propulsión fluvial desde el colapso demográfico indígena del siglo XVI. El fracaso de Elbers y de la Compañía Anglo-Granadina no fue un fracaso técnico sino un fracaso de mercado: sin carga de retorno, ninguna máquina podía amortizarse. Fue la reforma liberal del tabaco, y no un decreto de transporte, la que desbloqueó el sistema al generar por primera vez un flujo exportador capaz de llenar las bodegas río abajo. La decuplicación del tráfico entre 1827 y 1870 convirtió al Magdalena en lo que siempre había prometido ser: la columna vertebral de una economía nacional que comenzaba, tardíamente, a integrarse.
La navegación a vapor en el río Magdalena
La navegación a vapor en la Nueva Granada fue el intento —tres décadas fallido y luego bruscamente exitoso— de convertir el río Magdalena en columna vertebral de un país que la geografía había construido de espaldas a sí mismo. Entre 1823, cuando Francisco de Paula Santander concedió a Juan Bernardo Elbers el privilegio exclusivo para introducir buques de vapor en el río, y 1858, cuando la Confederación Granadina heredó ya un sistema consolidado, se libró una batalla desigual entre la voluntad legislativa del Estado, la hidráulica hostil de un río andino, la escasez estructural de carga y la resistencia de los bogas afrodescendientes que hasta entonces habían monopolizado la propulsión fluvial. El resultado —una arteria de vapores que hacia 1870 movía diez veces más carga que en tiempos de Elbers— no fue producto de un decreto ni de una máquina, sino de la convergencia tardía de una reforma liberal, una exportación afortunada y un capital extranjero que aceptó jugarse en un río difícil.
Un río que era país
Antes que institución económica o empresa técnica, la navegación a vapor fue una respuesta a un problema geográfico específico. El Magdalena nace en el páramo de las Papas, a 3.600 metros sobre el nivel del mar, y corre 1.550 kilómetros hacia el norte hasta desembocar en Bocas de Ceniza, junto a Barranquilla. En un país cuyas cordilleras troceaban el territorio en microeconomías incomunicadas, ese río era la única vía continua entre el Caribe y el interior habitado. Lo era, sin embargo, de manera precaria: la Nueva Granada del siglo XIX funcionaba en la práctica como dos economías apenas conectadas —una costera, orientada a Cartagena y a los mercados externos; otra interior, centrada en Bogotá, Socorro y Popayán, volcada sobre sí misma— y el corredor fluvial que debía unirlas era, más que un enlace, un obstáculo administrado.
Los obstáculos empezaban en Honda, fundada por Gonzalo Jiménez de Quesada en 1539 y asentada justo encima de un tramo de rápidos que hacía imposible la navegación continua. Durante tres siglos Honda funcionó como el único punto de transbordo hacia Bogotá: cuanta mercancía subiera por el río debía descargarse allí y seguir por tierra en mula hasta la capital. Aguas abajo, la Depresión Momposina desdoblaba el cauce en dos brazos —el de Mompós al oriente y el de Loba al occidente— que enmarcaban una isla de casi noventa kilómetros de longitud rodeada por las ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal y Punta de Blanco, y recibía además los caudales del Cesar, el Cauca y el San Jorge. Entre Honda y Calamar, en el tramo de aproximadamente 130 leguas granadinas que constituía el trayecto útil, hacia la década de 1860 apenas se contaban 28 poblaciones ribereñas con menos de 16.000 habitantes en total. El río no atravesaba un país poblado: atravesaba un vacío.
A esa geografía se sumaban obstáculos hidráulicos severos. Los chorros —estrechamientos del cauce a 125 o 150 metros con corrientes de hasta 24 metros por segundo— exigían maniobras que ninguna embarcación mediana podía ejecutar sin averías, y los arrecifes reclamaban pilotos con conocimiento local. Cualquier tecnología que quisiera imponerse allí tendría que negociar con esa hidráulica antes que con ninguna otra cosa.
Los bogas y el sistema que el vapor pretendía sustituir
Durante los siglos coloniales, el Magdalena había sido navegado por champanes propulsados por bogas: originalmente indígenas encomendados y, tras una mortandad devastadora, hombres libres de ascendencia africana. La sustitución fue temprana y sangrienta. Una disposición real fechada hacia 1552, tres años después de la rebelión indígena de 1549, prohibió emplear a los encomendados en la boga; la prohibición se repitió infructuosamente en 1570, 1576 y 1598 mediante ordenanzas locales que nunca fueron respetadas. En la región de Mompox, los 120 lobanos desplazados a la boga no soportaron el ritmo: llenaron los cementerios indígenas y forzaron a los propietarios a recurrir a mano de obra africana. Para el siglo XVIII, y durante todo el período republicano temprano, los bogas eran predominantemente afrodescendientes libres.
El trabajo era brutal. Propulsaban las embarcaciones río arriba apoyando palancas contra el pecho hasta trece horas diarias en un ambiente caluroso y húmedo. Alexander von Humboldt, al observarlos, subrayó la resistencia, la fuerza muscular extraordinaria, el ritmo preciso y la coordinación que exigía la tarea. Los propietarios de embarcaciones, para asegurar el servicio, debían pagar el salario parcial o totalmente por adelantado y suministrar abundante licor y comida durante el viaje. Los bogas correspondían a esa relación con una autonomía que exasperaba a sus empleadores: algunos desaparecían con el pago adelantado, otros llegaban tarde e intoxicados, otros no terminaban el viaje, y muchos detenían la embarcación para pescar, recoger huevos o relacionarse con la población ribereña. Como empleados del servicio postal disfrutaban además de privilegios contenciosos que los ponían fuera de la jurisdicción política de los pueblos por los que pasaban, reforzando esa independencia.
Sobre este sistema —lento, caro, socialmente autónomo, pero funcional— iba a superponerse la máquina de vapor. La sustitución no sería técnica: sería, ante todo, política.
El privilegio de 1823 y las máquinas que no llegaron a rendir
El 3 de julio de 1823, Francisco de Paula Santander expidió el Decreto 1 por el cual concedió a Juan Bernardo Elbers, comerciante alemán nacionalizado colombiano, el privilegio exclusivo para establecer buques de vapor en el Magdalena. El propósito declarado era acortar y abaratar las comunicaciones entre las provincias interiores de Cundinamarca y Boyacá y las provincias marítimas del Magdalena: reducir los costos de transporte de los productos del interior hacia la costa y de los efectos extranjeros hacia el interior. En términos simbólicos, se trataba de inscribir a la joven república en la lista de naciones que la técnica moderna estaba redibujando: el privilegio se firmó pocos años después de Boyacá y en la antesala de Ayacucho, y los contemporáneos lo recibieron con un entusiasmo que equiparaba la máquina a las armas.
Elbers cumplió con la parte técnica. Trajo desde los Estados Unidos los primeros vapores de rueda del Magdalena, y desde 1825 dos embarcaciones —bautizadas Bolívar y Santander— surcaron la parte baja del río. Hacia septiembre de 1826, un vapor de ruedas prestaba servicio desde hacía aproximadamente un año, aunque las averías eran frecuentes y detenían el tráfico durante semanas: los viajeros que aguardaban en Cartagena para remontar el río podían perder allí buena parte del tiempo previsto para el viaje, encareciendo el pasaje con estadías forzosas en la ciudad y arruinando cualquier previsión mercantil. El propio Elbers habría introducido antes un vapor llamado Fidelidad, hacia 1824, del que apenas queda constancia posterior.
La empresa fracasó. Las razones fueron políticas —la inestabilidad de la Gran Colombia y luego de la naciente Nueva Granada— y técnicas —las innovaciones necesarias para vencer chorros y arrecifes—, pero sobre todo económicas: el volumen de carga y pasajeros no bastaba para sostener más de un barco, y no siempre había carga suficiente para la ruta de bajada. Los bogas, además, resistieron activamente la introducción del vapor, que empezaba a desplazarlos. En 1827 el propio Elbers estimaba el tráfico total del río en apenas 12.000 cargas anuales: un mercado demasiado estrecho para amortizar máquinas importadas, combustible y salarios.
La Compañía Anglo-Granadina de Navegación, que siguió el mismo camino, operó con un único barco, el Unión, y no duró: fue destruido durante la revolución de 1841, tras solo dos años en servicio. En 1834 se había otorgado una nueva concesión para la navegación a vapor en el Magdalena, sin que quede claro si se trataba de una renovación del privilegio de Elbers o de un intento paralelo. La cronología dibuja un cuadro nítido: durante el primer cuarto de siglo republicano, el Estado no dejó de legislar en favor del vapor, pero el vapor no logró sostenerse.
Un Estado que legisla y un mercado que no responde
Uno de los rasgos más llamativos del período 1823-1849 es la desproporción entre el esfuerzo jurídico estatal y sus resultados materiales. La Nueva Granada no fue un Estado indiferente al problema del transporte: fue un Estado que legisló obsesivamente sobre él, sin conseguir moverlo.
La lista de instrumentos es elocuente. El Decreto 1 de 1823 fijó el marco original del privilegio. Durante la década de 1830 se estableció una política de exención de derechos de importación, alcabala y comercio para los buques de vapor extranjeros que se nacionalizaran dentro de un plazo determinado, medida renovada en las discusiones fiscales sucesivas. La Ley del 11 de abril de 1843 reguló la situación de los barcos mercantes extranjeros durante la tramitación de su naturalización. Las Leyes del 18 de marzo de 1843 y del 23 de mayo de 1844 precisaron la extensión del privilegio de navegación sin poner en cuestión su legitimidad. El Decreto Legislativo del 28 de abril de 1844 apareció en las discusiones sobre las vías de comunicación y sobre la superación del Salto de Honda mediante ferrocarril o carretera.
Este andamiaje jurídico revela dos cosas. La primera es que la administración de Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849), heredera de las iniciativas anteriores, y las reformas de la primera mitad de la década de 1840 concebían la infraestructura de transporte como una prioridad de Estado. La segunda es que ninguna de estas normas bastó por sí sola para generar el flujo de carga necesario. El Estado podía crear incentivos, exonerar impuestos, garantizar exclusividades y regular naturalizaciones; no podía inventar la demanda de exportación que hiciera rentable subir un vapor por los chorros de Honda. La Constitución de la Confederación Granadina de 1858, que dividió la república en ocho estados federales, cerró el ciclo institucional de la Nueva Granada, pero para entonces la navegación a vapor ya funcionaba por razones ajenas al marco normativo.
El tabaco, la carga de retorno y el desbloqueo de 1850
El desbloqueo ocurrió alrededor de 1850, y su detonante fue una reforma liberal: la supresión del monopolio estatal del tabaco, concretada de forma gradual durante el gobierno de José Hilario López. La medida no era ideológicamente neutra. El sector comerciante neogranadino, alineado con la ideología liberal de vinculación al mercado mundial, había presionado por suprimir el estanco desde años antes, buscando abrir un producto exportable que generara divisas. Antes de la abolición definitiva, el monopolio fue cedido a firmas privadas, entre ellas Montoya & Sáenz, que controló la zona más productiva —Ambalema, en el valle medio del Magdalena— y que aportó capitales antioqueños decisivos para reactivar la producción. Los hermanos Samper y otros comerciantes participaron también activamente.
El efecto sobre la navegación fue inmediato. El tabaco proveyó por primera vez la carga de bajada que había sido crónicamente insuficiente en tiempos de Elbers. Se convirtió en la primera gran exportación del período nacional distinta del oro, y entre 1850 y 1875 se contó entre las más prometedoras de Colombia, con su mercado principal en Bremen. Al llenar las bodegas río abajo, hizo económicamente sostenible el viaje río arriba: los mismos vapores que descendían con tabaco podían subir con manufacturas importadas, y el abaratamiento del transporte estimuló a su vez el comercio de importación. El sistema, que durante tres décadas había carecido de la carga suficiente para sostener más de un barco, se articuló como circuito de doble dirección.
Las cifras del período son concluyentes. El tráfico total del Magdalena entre 1850 y 1870 se estimó en aproximadamente 65.000 cargas anuales de bajada, de 125 kilogramos cada una, y 40.000 de subida: al menos una decuplicación respecto a las 12.000 cargas que Elbers había calculado para 1827. El aumento se concentró en los veinte años posteriores a 1850. Aparecieron nuevas compañías —el periódico El Vapor mencionaba en septiembre de 1857 la existencia de una Compañía Unida operando en el río— y el auge atrajo a un pequeño grupo de inversionistas extranjeros, empresarios modestos en sus países de origen respaldados a veces por especuladores mayores, que se establecieron en la Nueva Granada y formaron asociaciones con capitalistas locales, especialmente con el grupo de Santa Marta.
Que la consolidación del vapor coincidiera con el auge tabacalero no fue casualidad ni simple correlación. Fue relación causal: sin la carga de exportación no había sistema fluvial rentable, y sin el sistema fluvial rentable la exportación no habría encontrado su vía de salida.
La vida a bordo: técnica, tripulación y clases
Los vapores del Magdalena eran embarcaciones de rueda de paletas —con la rueda en la popa— y quilla extremadamente plana y ancha, diseñada para navegar en tramos poco profundos y hacer las veces de primera cubierta. Sobre esa quilla se disponían la máquina, las provisiones de leña, los alimentos, la tripulación y los pasajeros de segunda clase. El Montoya —y probablemente otros vapores, con variaciones— tenía dos cubiertas principales: la inferior, con espacio para máquina, leña y pasajeros de segunda clase, y la superior, con una zona delantera abierta para pasajeros y un corredor de camarotes individuales que llevaban un recargo de diez pesos sobre el precio base del pasaje, fijado en cincuenta.
La eficiencia se medía en burros de leña —una unidad de carga— consumidos por día o por tramo. La mayor parte de los vapores gastaba unos tres burros por hora navegando río arriba y dos por hora río abajo. Algunos consumían alrededor de cincuenta burros al día, mientras que el vapor Antioquia requería el doble para cubrir la misma distancia, lo que le valió reputación de derrochador. Incluso los más eficientes debían detenerse tres o cuatro veces al día a reabastecerse, con paradas que implicaban al menos una hora de trabajo. Durante esas paradas, toda la tripulación —incluidos camareros y personal de cocina— bajaba a cargar la leña, no sin antes inspeccionar cada montón en busca de ranas venenosas, escorpiones o serpientes.
Los pasajeros viajaban en clases diferenciadas y en un calor sofocante. La segunda clase compartía cubierta con la máquina, la leña y la tripulación; los camarotes de la cubierta superior se pagaban aparte. El paso por los chorros exigía maniobras difíciles, y los itinerarios se sujetaban al régimen de aguas: subir en invierno o durante una guerra civil era otra empresa que subir en verano. Los fletes de mula, con los que competía el vapor, oscilaban a mediados de siglo entre 22 y 34 centavos por tonelada-kilómetro en verano, duplicándose en lluvias o conflicto —40 a 60 centavos—, frente a apenas 1,25 centavos por tonelada-kilómetro que costaban en la misma época los ferrocarriles y canales estadounidenses. La ventaja comparativa del vapor era real, pero insuficiente para colocar los productos colombianos en condiciones competitivas en el Atlántico.
Elbers, los comerciantes y las redes de capital
Juan Bernardo Elbers no fue solamente el titular de un privilegio: fue el prototipo del empresario extranjero-nacionalizado sobre el que se armaron los primeros circuitos de capital fluvial. Alemán de origen, colombiano por naturalización, había suministrado grandes auxilios de dinero al almirante José Padilla y al general Mariano Montilla para el equipo de una flotilla durante el período de la Independencia. Esa articulación entre financiación militar y concesión posterior sugiere que los privilegios de navegación no surgieron en el vacío técnico: fueron también reconocimientos políticos a redes de crédito y lealtad tejidas durante la guerra.
La política de exención arancelaria para buques nacionalizados y las sucesivas concesiones documentan una preferencia neogranadina por atraer capital extranjero al río cuando el capital nacional no podía o no quería asumir el riesgo. Elbers fue el primer caso; los inversionistas del auge tabacalero fueron el segundo. En Cartagena, comerciantes como Manuel Marcelino Núñez invirtieron en transporte fluvial y marítimo y llegaron a poseer al menos tres bergantines. Comerciantes alemanes dominaban el comercio en Barranquilla y en los Santanderes, vendiendo más barato incluso los productos ingleses. Los ingleses fueron menos visibles y algunos apellidos ya se habían neogranadinizado en generaciones anteriores. Esta composición cosmopolita de la élite mercantil fluvial contrasta con la retórica nacionalista del período y explica por qué la modernización de la infraestructura de transporte colombiana fue diseñada, en la práctica, en función del comercio exterior: para asegurar la ventaja comparativa internacional de los productos y facilitar las importaciones, principalmente británicas.
La escasez de capital local fue un obstáculo estructural. El comercio con Estados Unidos, para dar una medida, se quintuplicó en los veinte años posteriores a 1850, alcanzando a principios de la década de 1870 su nivel máximo del siglo XIX: unos tres millones de dólares anuales en importaciones colombianas y cinco millones en exportaciones estadounidenses hacia la Nueva Granada. Ese flujo requería infraestructura fluvial, y esa infraestructura requería capitales que el país no tenía.
Civilización, barbarie y las palabras del vapor
Pocas tecnologías del siglo XIX colombiano quedaron tan cargadas simbólicamente como el vapor. Para los letrados y políticos neogranadinos, la máquina fluvial no era solamente un medio de transporte: era una encarnación material del progreso, una prueba de pertenencia al concierto de las naciones modernas y, por contraste, una condena silenciosa contra todo lo que en el río se le resistía. La antinomia civilización/barbarie estructuró el liberalismo neogranadino de mediados de siglo, y tanto la primera administración de Mosquera (1844-1848) como la de López asociaron modernidad con buenos caminos, ferrocarriles y espíritu empresarial.
José María Samper, viajando en vapor en 1859, describió su embarcación como "el hijo de la república e instrumento de libertad", que parecía "protestar contra la barbarie" de su entorno tropical; al pasar junto a champanes tripulados por bogas, los llamó "una legión de salvajes". La misma antítesis reaparecía en Juan de Dios Restrepo, para quien el vapor encarnaba velocidad, comodidad, progreso y civilización, frente a unos champanes cuya incomodidad y lentitud, escribía, asustaban al viajero y hacían perder la esperanza al hombre de negocios. En la prensa liberal, el vapor, los ferrocarriles y el telégrafo se articulaban como manifestaciones del mismo espíritu inquieto y atrevido de la civilización moderna, un impulso que aspiraba a suprimir barreras y distancias hasta hacer del género humano una sola familia.
Detrás de esas frases se dibujaba un programa. El vapor y el ferrocarril fueron identificados como los medios que hacían viables las exportaciones y la integración económica nacional, siendo el Magdalena la arteria central del sistema. Un viajero observó que la civilización neogranadina estaba concentrada en las altiplanicies andinas, a trescientas leguas del mar, y que la raza europea necesitaba tiempo para aclimatarse en las orillas del Magdalena, cuyo ambiente describía como enervante y agobiador. Un letrado costeño se quejaba, por su parte, de que los pasajeros de vapores se sorprendieran al encontrar allí algo mejor que bogas negros y chozas cubiertas de palma.
No todos aceptaron la ecuación. Manuel Murillo Toro formuló críticas al laissez-faire y al discurso de progreso tecnológico asociado al vapor, posición secundada por muy pocos contemporáneos. Que la disidencia haya sido tan minoritaria confirma la fuerza con que el vapor había capturado la imaginación política del liberalismo neogranadino. Los bogas, que en la práctica sabían el río mejor que cualquier ingeniero importado, quedaron simbólicamente reducidos a supervivencias de un mundo por superar; y esa reducción retórica preparó, aunque no ejecutó por sí sola, su desplazamiento económico.
Lo que dejó el vapor de la Nueva Granada
Al cierre del período de la Confederación Granadina, en 1858, la navegación a vapor en el Magdalena había pasado de proyecto fallido a sistema consolidado. Los vapores subían y bajaban con regularidad entre Barranquilla y Honda; el tabaco de Ambalema —controlado en gran medida por Montoya & Sáenz y por capitales antioqueños— viajaba hacia Bremen; el interior recibía manufacturas europeas y estadounidenses con una fluidez desconocida en el período colonial. El tráfico multiplicado por diez, las nuevas compañías, la aparición de una infraestructura de puertos secundarios y la incorporación de Barranquilla como salida al Caribe reconfiguraron el mapa económico del país.
Los límites del sistema, sin embargo, estaban también dibujados. El tabaco, primera locomotora del vapor, empezó a deteriorarse en calidad hacia 1870, cuando el mercado de Bremen lo calificaba ya como "de tercera"; el colapso de precios de 1875 acabó con la industria tabacalera de exportación colombiana. Los costos de transporte, incluso con vapores, seguían siendo prohibitivos comparados con los europeos y estadounidenses. Hacia 1871, el flete de café desde Bucaramanga hasta Bremen representaba, en cálculos consulares británicos, entre el 55 y el 57% del precio CIF; en 1895, el flete de una tonelada de café desde el Tolima hasta la costa oscilaba entre 9 libras con 8 chelines y 14 libras, un costo demasiado elevado que equivalía a entre el 12 y el 18% del precio FOB en Barranquilla. Colombia intentaría vincularse al comercio internacional con tabaco, añil, algodón y quina, y cada uno de esos productos perdería rentabilidad tras breves auges por escasez de capital, deficiencias técnicas y altos fletes.
El vapor del Magdalena, mirado desde la distancia, fue menos una revolución que una tregua entre restricciones. Resolvió el problema de mover carga por un río hostil cuando la carga existió, y no antes; dependió más del capital extranjero que del nacional; benefició primero a las redes exportadoras y a los circuitos de importación británicos y alemanes, y solo indirectamente a los productores del interior. La integración nacional que su discurso prometía fue más simbólica que real: durante el siglo XIX, Bogotá siguió pesando el mismo lastre de tres jornadas de mula desde Honda que había pesado en tiempos coloniales, y las regiones que no daban al Magdalena —el Cauca, la costa Pacífica, los llanos— siguieron al margen del sistema.
Y sin embargo, el vapor cambió el país. Instaló una arteria que, con todos sus defectos, permitió que el café llegara a los puertos en la segunda mitad del siglo, que las manufacturas europeas transformaran el consumo urbano, que Barranquilla emergiera como ciudad de crecimiento acelerado, que la geografía dejara de ser un destino inapelable y se convirtiera en un problema técnico administrable. Fue la primera empresa moderna que la república intentó sostener con las herramientas conjuntas del privilegio estatal, el capital extranjero y la reforma liberal, y en la que ninguna de esas tres herramientas bastó por sí sola. La lección —que ni el decreto ni el mercado bastan cuando la geografía tiene la última palabra— quedó escrita en los chorros de Honda mucho después de que el último vapor de rueda hubiera desaparecido del río.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Estados Unidos de Colombia1863–18851
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Juan Bernardo Elbers — concesionario del privilegio exclusivo de 1823 y primer introductor de vapores de rueda en el Magdalena
- 02Francisco de Paula Santander — otorgó el Decreto 1 de 1823 que habilitó legalmente la navegación a vapor
- 03Río Magdalena — arteria fluvial de 1.550 km sobre la que se desarrolló todo el sistema de navegación a vapor
- 04Bogas afrodescendientes — trabajadores fluviales desplazados por el vapor, cuya resistencia activa condicionó la introducción de la nueva tecnología
- 05Tabaco de exportación — producto que proveyó la carga de bajada indispensable para la viabilidad económica del sistema tras 1850
- 06Honda — nodo de transbordo fundado en 1539 cuyos rápidos marcaban el límite de la navegación continua y condicionaban toda la logística fluvial
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
38 documentos · 48 fragmentos
01Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 170, 2002 citas
[1]y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…
p. 170
[16]la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…
p. 200
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1771 cita
[2]su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…
p. 177
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 146, 2992 citas
[3]stable, modern, pru- dently managed economy. The capital city of Bogot á, high up in the Andes and isolated from a major river- port system, influenced the subsequent trajectory of the colonial Colombian economy. Bogot á was firmly integrated into the local Andean economy, and trade in foodstuffs and other…
p. 146
[22]Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…
p. 299
04Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 119, 1482 citas
[4]divisoria entre las dos realidades del Magdalena: el Macizo Colombiano y las alturas del país que se explayan hacia el sur, y hacia el norte, la vasta planicie costera del Caribe, los humedales y las ciénagas, las interminables orillas del mar. El museo tenía que hacerse acá. Honda es el eje. Sus palabras tenían mucho…
p. 119
[32]se evaluaba contando los “burros de leña” que consumía. Así, los vapores se fueron granjeando distintas reputaciones, pues algunos consumían cincuenta “burros” al día, mientras que otros, como el famoso Vapor Antioquia, requerían el doble de leña para cubrir la misma distancia. Para los pasajeros, estas tasas de…
p. 148
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 982 citas
[5]de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…
p. 98
[6]de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…
p. 98
06Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 374, 3842 citas
[7]de ruta inevitable hacia y desde el exterior y, en forma concordante, aumentó progresivamente la navegación. Pero, no obstante su importancia histórica y el creciente tráfico en ambas direcciones, durante el largo periodo transcurrido desde la fundación por los españoles de los principales puertos ribereños y la…
p. 374
[33]llamativo aspecto exterior son la enorme rueda de paletas en la popa y su quilla extremadamente panda y ancha, que provee, a manera de primera cubierta, un espacio amplio para la máquina y las provisiones, tanto de leña como las alimenticias, dando al mismo tiempo cabida para la estada de la tripulación y los…
p. 384
07Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 791 cita
[8]around seventy days. 35 Travel from the Caribbean coast to the interior and the Pacific was lengthier. The Magdalena River was the main artery of movement between the Caribbean and the interior of the Viceroyalty. The river permitted mobility and relative freedom for people of colour in the eighteenth century. Bogas,…
p. 79
08Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 851 cita
[9]and large straw hats, propelled longboats upstream, with levers propped up against their chests, for up to thirteen hours a day in a hot and humid environ- ment—a task that required endurance, extraordinary muscular strength, precise rhythm, and coordination, as Alexander von Humboldt observed. 112 To secure the work…
p. 85
09Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 851 cita
[10]and large straw hats, propelled longboats upstream, with levers propped up against their chests, for up to thirteen hours a day in a hot and humid environ- ment—a task that required endurance, extraordinary muscular strength, precise rhythm, and coordination, as Alexander von Humboldt observed. 112 To secure the work…
p. 85
10Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 851 cita
[11]de puertos sobre el Magdalena, como Guataquí y luego Honda, obligó a realizar largos viajes por el río que requerían de un poco de sombra y comodidad para los pasajeros. A las canoas más grandes se les añadió un techo cóncavo de palmas, y se dispuso de algún espacio adicional para equipajes y carga. Pronto el champán…
p. 85
11Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1011 cita
[12]champan en el rio Magdalena. Acuarela de Edward Walhouse Mark, 1845. “> AES ‘on lo dicho sobre el ciclo hidrol toda la lluvia que cae se convierte en es arte es que una consumida por la transpiracion de las plantas y por superficial de todos los rios colombianos es del or- den de 65.892 m’/s, lo que equivale a una…
p. 101
12Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4101 cita
[13]de Mompox. En 1541, Pedro de Heredia había distribuido allí 22 encomiendas que producían ocho mil pesos de tributos, lo que signifi caba que existían por lo menos tres o cuatro mil indios que podían ser em pleados como remeros36. En 1549, los indígenas se rebelaron mientras la región era disputada por las provincias…
p. 410
13Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 161 cita
[14]tales que los propietarios de recuas no aceptaban carga en las épocas de crudo invierno debido al gran riesgo para los anim ales. A un d u ran te el verano, los fletes de m uía fueron relativam ente altos: de 22 a 34 centavos por tonelada-kilóm etro a m ediados del siglo xix. En estaciones de lluvia o cuando la guerra…
p. 16
14Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2381 cita
[15]destaca el Decreto 1 del 03 de julio de 1823, ex - pedido por Francisco de Paula Santander, mediante el cual se concedió un privilegio exclusivo a Juan Bernardo Elbers para establecer buques de vapor en el río Magdalena con el fin de hacer “más cortas y fáciles las comunicaciones de las provin - cias de los…
p. 238
15La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 1901 cita
[17]2 anpb /Colección Falck 75, De Stuers a Guillermo I, 25-9-1816. 3 anpb / sge, Verstolk a Guillermo I, 19-3-1826. De Stuers fue nombrado por Real Decreto del 29 de marzo 1826. 4 anpb / col 3793, solicitud de empleo en Curazao de R. F. van Lansberge y decisión favo - rable al respecto, 26-3-1823. 195 Sytze van der Veen…
p. 190
16Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 220, 2322 citas
[18]aguas del Magdalena. Esos eran días solemnes para Colombia. Pocos meses antes, la victoria de Ayacucho había asegu- rado la Independencia de las repúblicas hispanoamericanas, 12 En la interesante biografía del señor José María Pino afirma el señor J. T. Gaibrois que desde el año de 1824 había traído el señor Elbers el…
p. 220
[23]promedio de 86. 000 quintales por año. De ellos ha debido salir por el río Magdalena un 80 por 100, o sea, 68. 000 quintales, equivalentes a 27. 000 cargas anuales. Este guarismo puede aumentarse en un 50 por 100, por la exportación de quinas, café, algodón, maderas de construcción y de tinte, etcétera, y tendremos un…
p. 232
17Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 324, 3782 citas
[19]a los gustos de ciertas clases que las manufacturas les podían hacer competencia. El mercado era además muy reducido por lo bajo de los ingresos de la población, y el aumento que de estos se logró con la exportación apareció cuando ya los experimentos industriales habían fracasado. La empresa de navegación a vapor de…
p. 378
[24]y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…
p. 324
18Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 96, 2162 citas
[20]del Cesar, en 1831 / 5 /. Sus hijos se plegaron luego a las necesidades de los bogas del rio Magdalena que resistían la intrusión del buque de vapor, porque empezaba a desplazarlos económicamente. Eran los días de la Compañía Anglo-Granadina de Navegación, cuyo úni- co barco, el Unión, no duraría en servicio sino dos…
p. 96
[31]de 1848). Claro que ya se venía explotando por parti- culares (Montoya, Sáenz y Cía. conectada con una compañía inglesa) y su fomento había crecido en la región de Ambalema y Alto Magdalena (Luis F. Sierra, E l tabaco en la economía colombiana d e l siglo XIX, Bogotá, 1971, 42). El tabaco bajaba en barcos por el…
p. 216
19La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1351 cita
[21]m po a los colinos del tabaco. Fundan también en el cercano puerto de Ambalema una gran factoría, en la que se prepara el producto para la exportación (Díaz, 1889, II, cap. XX). Ya por el río corrían los primeros vapores de rueda traídos desde los Estados Unidos de América por Juan B. Elbers. Pero todo esto, en…
p. 135
20Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 3821 cita
[25]de estas y de las fuertes introducciones de ganado que se hacen de Venezuela, el precio de la carne en casi toda la República ha doblado, hecho que prueba un aumento considerable de consumo, lo que a su vez revela una extensa mejora en la condición de las clases pobres de la sociedad, puesto que la carne es un…
p. 382
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1471 cita
[26]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
22Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 991 cita
[27]por habitante es menor que el de 1800 calculado por nosotros en 27. 5 pesos. Para el mismo 1846 el cálculo nuestro es de 25 pesos plata por habitante. El crecimiento económico nos arroja el 1, 2 % anual, infe- rior al de población que fuera de 1, 6 % anual. Fue una fase en la cual cayeron sustancialmente los impuestos…
p. 99
23Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 471 cita
[28]de Independencia, influida por la ideología utilitarista, presionaba un ambicioso programa de reformas tendiente a vincular la economía colombiana al mercado mundial. Entre las reformas propuestas descollaban la supresión de algunos monopolios estatales --siendo el del tabaco el más importante--, la adopción formal…
p. 47
24The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 109, 2682 citas
[29]Cartagena, 28 October 1867, ibid., 4:328. 67. “Gran robo,” La Palestra, 5 April 1871; quoted from “El robo,” La Palestra, 5 May 1871. 68. Deas, “The Fiscal Problems of Nineteenth-Century Colombia,” 288–91. 69. Secretario General to Hacienda i Fomento, Santa Marta, 15 January 1869, AGN, Correspondencia (Magdalena),…
p. 268
[45]speed and com- fort, progress and civilization,” assured Juan de Dios Restrepo, whereas the “damned champanes, with their discomfort and slowness, frighten the traveler and cause the man of business to lose hope.” Traveling by steam in 1859, José María Samper called his boat “the child of the republic and instrument…
p. 109
25Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 871 cita
[30]como el mazamorreo, 0 con otras mas avan- zadas, como las empleadas en El Zancudo. El tabaco, 1850-1875 Las inversiones antioquefias, a través de Mon- toya y Saenz y de otros capitalistas, fueron decisivas en la reactivacién de la colonia Ambalema como primer productor de tabaco en las condiciones de la gradual…
p. 87
26El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 781 cita
[34]más alta; la vegetación, menos exuberante; la corriente, más rápida. Hacia el atardecer estamos en Nare, donde existe un tin- glado — bodega le llaman— para la descarga de mercan- cías con destino a Antioquia. Aquí descienden algunos de nuestros nuevos compañeros de viaje. Con espanto los veo desaparecer en la oscura…
p. 78
27The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5581 cita
[35]la Magdalena. Its large wheels turned rhythmically, propelled by the long, flat mass of “The Deep.” Left behind were the straw-colored houses of Barranquilla, the dead hours of Santa Marta, the long days of the journey from Europe. The dense, dis- tinctly green jungle on the riverbanks emanated a foul, hot stillness,…
p. 558
28Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 324, 4132 citas
[36]el Salto de Honda por medio de un ferrocarril o de una carretera 479. 16 de diciembre, 1852; 19 de marzo de 1857. Decreto Legislativo de 28 de abril de 1844. Véase también: J. F. Rippy (R-9), pág. 49. Como complemento, se pensó en abrir el canal de Boca Grande, y en la construcción de muelles en el puerto de…
p. 413
[37]los barcos mercantes mientras se tramitaba la petición de naturalización 354, y en los últimos tiem- pos, sobre todo, formaron la parte mayor de los que la solicitaban. La importación de barcos con el fin de nacionalizar- los fue favorecida por medio de exenciones de derechos 355. 352 Sobre esto se dictaron…
p. 324
29Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2381 cita
[38]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…
p. 238
30El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 561 cita
[39]las que éste se beneficiaría. Echemos una rápida ojeada al estado de la navegación fluvial y a los esquemas para mejorar y mantener las vías terrestres antes de esbozar el papel de los ferrocarriles en la primera expansión cafetera. En suma, la modernización de la infraestructura de transportes se diseñó en función…
p. 56
31Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 201 cita
[40]international advantage. But the geographical location of the centres of production still required social capital investments (for example 4 Coffee in Colombia, 1850-1970 in transport) before their products could become competitive. The problem was that the capital was not available locally. Partial solutions to this…
p. 20
32El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 951 cita
[41]de lo que generalmente se estima. Algunos cónsules británicos, escandaliza- dos por la carestía de los fletes y por la incomunicación de los principales distritos de producción de café, pintaron un cuadro terrible, aunque sus exageraciones reflejaban cabalmente la noción generalizada del bloqueo que padecían regiones…
p. 95
33Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 701 cita
[42]con los Estados Unidos fue activo en- tre 1825 y 1838, reducido entre 1839 y 1847, vigoroso en la década de 1850, y se mantuvo en un nivel alto, pero fluctuante, desde la mitad de la década de 1860 hasta el final de la década de 1880. El patrón cíclico muestra una duplicación aproximada del comercio (con amplias fluc-…
p. 70
34Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4181 cita
[43]r a e lmonto de l af a c t u r a. E l acceso a lCauca l o hacíanat r a v é sd e lr í oAt r a t oh a s t aQuibdóyN ó v i t a,internándoseporCalimayDagua, h a s t a C a l i.También u t i l i z a b a n l ar u t ad e lMagdalena h a s t a Honda. Losb i e n e sr a í c e syl a shaciendaserani n v e r s i o n e…
p. 418
35Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1661 cita
[44]de impor- tación quedaba en gran parte en ma- nos colombianas, y después de medio siglo de vida republicana independien- te no se distingue un grupo fuerte de comerciantes ingleses que se defina como tal, sino algunos apellidos ingle- ses ya «neogranadinizados». Fueron menos visibles que los alemanes. Los ingleses…
p. 166
36Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 441 cita
[46]el preambulo o anticipo de lo que ha de venir con las ideas radicales a las que el general José Hilario Lopez da prestigio desde la presidencia de la Republica. Pero para ello era preciso que se realizara antes el proyecto historico-politico modernizante de la pri- mera administracién del también general Tomas…
p. 44
37Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 551 cita
[47]pesar de los inconvenientes del polvo impalpable que se levanta en nubes. Todo el mundo anda en coche cuando se ve obligado a salir y la gente del pueblo tiene por vehículo un burrito microscópico, sobre el cual el jinete va sentado, con los pies apoyados sobre el pescuezo y animándolo con un pequeño palo cuya punta,…
p. 55
38Recuerdos de mis últimos viajes: JapónNicolás Tanco Armero · 2016 · p. 321 cita
[48]comodidad, regalo y lujo. De esa ley vino, en el siglo presente, la aplicación del vapor como fuerza motriz a la navegación y a los caminos de hierro, y la del fluido eléctrico a los telégrafos, que son los caminos acelerados del pensamiento, que lo transmiten instantáneamente a millares de leguas a través de bosques…
p. 32