Soledad Acosta de Samper
Transversal
1833–1913
La biografía
Soledad Acosta de Samper (Bogotá, 1833 — 1913) fue la escritora más prolífica que produjo la Colombia del siglo XIX y la primera mujer del país que hizo de la vida letrada un oficio de tiempo completo: novelista, cuentista, biógrafa, historiadora, cronista, periodista, editora y fundadora de revistas. Su obra —al menos diecisiete novelas, decenas de cuentos, monografías históricas, biografías de próceres y millares de páginas periodísticas— cubre casi medio siglo de producción sostenida, entre 1858 y 1910. Su lugar en la historia cultural del país, sin embargo, no se explica por volumen. Acosta de Samper construyó, con método, un espacio para la escritura femenina dentro del orden intelectual bogotano. Lo hizo en un país donde las mujeres no votaban ni bajo la Constitución radical de 1863 ni bajo la conservadora de 1886, y donde el modelo social ofrecía tres futuros posibles a las hijas de la élite: religiosa, casada o célibe. Ella eligió el segundo y, desde ahí, se abrió los otros dos. Fue esposa del escritor más publicado del siglo, y fue también, en la práctica, célibe de la vida doméstica ordinaria, entregada a un trabajo intelectual que sus contemporáneos hombres reservaban para sí. Esa doble condición —conservadora en la forma, radicalmente moderna en el hecho— es lo que la vuelve inclasificable.
Línea de vida
- 1854
Diario íntimo durante la guerra civil
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A los veintiún años llevaba un diario íntimo en el que registraba movimientos de tropas y la vida cotidiana en Bogotá durante el conflicto contra el general José María Melo, primer taller de su escritura entre lo íntimo y lo público.
- 1858
Colaboración en El Mosaico y Biblioteca para Señoritas
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Ingresó al circuito letrado bogotano como colaboradora de El Mosaico —cuyo primer número data del 24 de diciembre de 1858— y de Biblioteca para Señoritas, publicaciones centrales de la vida intelectual de la época.
- 1869
Publicación de Novelas y cuadros de la vida suramericana
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Considerado su primer libro de narrativa, participaba del género costumbrista desde la posición insólita de una autora criolla, bilingüe y católica que miraba su continente.
- 1883
Biografías de hombres ilustres relativas al descubrimiento y colonización de Colombia
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Publicó un tratado biográfico erudito sobre los siglos fundacionales del país, exactamente el tipo de obra que en otras culturas letradas del XIX escribían académicos varones vinculados al aparato oficial de la historia.
- 1892
Monografía Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones y el periodismo en Hispanoamérica
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Defendió con nitidez la capacidad profesional femenina desde un marco moral católico-conservador; la crítica ha caracterizado el texto como irónico y ambiguo, situado en la tensión entre reivindicación femenina y reproducción del discurso patriarcal.
- 1905
Biografía del general Joaquín Acosta
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Publicó la biografía de su padre, el general y geógrafo Joaquín Acosta, afirmando que la memoria del prócer de la Independencia pasaba ahora por la pluma de su hija.
- 1910
Biografía del general Antonio Nariño
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A los setenta y siete años cerró su carrera con la biografía del prócer canónico de la Independencia, colocándose simbólicamente en el corazón del panteón patrio en el año del centenario.
Una escritora hecha en tres continentes
Nació en 1833, hija del general Joaquín Acosta —militar de la Independencia, geógrafo y autor en 1846 de las Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada, uno de los libros fundacionales sobre las culturas precolombinas del territorio— y de Carolina Kemble Rou, una mujer educada de origen escocés cuya presencia inglesa en la casa marcó desde el principio la lengua y la biblioteca de la niña. Ese linaje importa. Acosta creció en el centro del patriciado criollo, con acceso al archivo paterno, a la conversación con próceres vivos y a una madre que abría hacia el mundo anglosajón una casa por lo demás profundamente bogotana.
Su formación fue excepcional para cualquier neogranadino de la época, y desde luego inaudita para una mujer. Vivió en Halifax, Nueva Escocia, con su abuela inglesa, donde recibió su educación temprana; luego completó estudios en París. De ese periplo salió fluida en inglés y francés, con lecturas y códigos que en Bogotá casi nadie manejaba de primera mano. Cuando volvió a la Nueva Granada, era una joven capaz de leer directamente a los románticos europeos, de seguir la prensa francesa e inglesa y de sostener una correspondencia culta en tres idiomas. Ese capital lingüístico —heredado por sangre, refinado por biografía— se convertiría después en su ventaja competitiva dentro del pequeño mercado letrado bogotano.
A los veintiún años, hacia 1854, ya escribía. Llevaba un diario íntimo en el que registraba, con detalle de cronista y con la ansiedad de quien vive en una capital sitiada, los movimientos de tropas durante la guerra civil contra el general José María Melo. La joven Soledad tomaba partido con claridad. Era partidaria del bando constitucional, describía a los melistas como "salvajes" que no pertenecían a una nación civilizada, transcribía rumores sobre intentos de envenenar soldados con aguardiente, chocolate y pan, y anotaba lo que la guerra dejaba oír desde la casa familiar. Ese diario es un documento doble, fuente histórica de primer orden sobre la vida civil en Bogotá durante una guerra civil y primer taller de una escritora que aprendería a moverse toda la vida entre lo íntimo y lo público.
En Bogotá conoció y se casó con José María Samper Agudelo, uno de los intelectuales más visibles del siglo. Samper fue el escritor colombiano que más publicó en la segunda mitad del siglo XIX, con una producción de ensayo e ideas que superaba en cantidad, y probablemente en calidad, a su ficción. Fue también una figura ideológicamente móvil. Antiguo furibundo anticlerical y liberal, evolucionó con los años hacia el conservatismo, hasta convertirse en uno de los capitanes visibles del acercamiento entre los dos partidos que preparó, hacia fines de siglo, la Regeneración. Casarse con Samper era casarse con un centro del campo intelectual bogotano. Y aquí opera una de las claves de la trayectoria de Soledad. En vez de disolverse en el matrimonio, como habría sido lo esperable, lo usó como plataforma. Compartió la mesa de trabajo con su esposo, publicó a su lado, dirigió revistas propias, y al final —cuando él murió antes— quedó como la voz sobreviviente y la administradora del legado intelectual de una pareja letrada única en el país.
Fundar los espacios: revistas, tertulias, imprenta
Bogotá, en la segunda mitad del siglo XIX, era una ciudad donde la vida intelectual se organizaba en tertulias, mosaicos y publicaciones periódicas de corta vida. El Mosaico, cuyo primer número apareció el 24 de diciembre de 1858, es el ejemplo canónico. Nació de una reunión de publicistas de la élite bogotana afines a los partidos liberal y conservador incipientes, animada sobre todo por José María Vergara y Vergara —fundador después de la Academia Colombiana— y dedicada a las discusiones literarias, a la conformación de una biblioteca nacional, a publicar autores contemporáneos y coloniales, biografías de neogranadinos ilustres y documentos históricos. Era, en la práctica, el laboratorio del cuadro de costumbres y de la escritura nacional. Liberales y conservadores lo usaban con fines opuestos —los primeros para desdeñar el pasado colonial, los segundos para criticar las reformas modernas—, y ambos, y esto es lo notable, para contraponer lo nacional a la influencia francesa e inglesa y para dar a conocer el país en el exterior.
Acosta de Samper entró en ese circuito como colaboradora de El Mosaico y de Biblioteca para Señoritas. Pero muy pronto entendió que colaborar no bastaba; había que fundar. Su gesto fundamental fue crear y dirigir La Mujer, revista redactada exclusivamente por señoras y señoritas. La fórmula es más audaz de lo que parece a primera vista. En un país donde el campo literario funcionaba con una lógica de reconocimiento entre pares hombres, abrir una publicación que excluyera formalmente a los hombres invertía la regla del juego. La ausencia era ahora del otro lado. En torno a La Mujer orbitó también La Familia: Lecturas para el hogar, otra publicación asociada a su entorno editorial.
Lo que Acosta escribió y encargó en La Mujer revela una posición ideológica de matices. Trató temas de moda y moral femenina, criticó las modas francesas como extravagantes y de mal gusto, señaló el daño social de hacer de la imagen una preocupación central, y distinguió con precisión conceptual entre vanidad —que, escribió, "reina despóticamente sobre el corazón"— y modestia y orgullo, que consideraba valores compatibles. Es fácil leer esas páginas como un manual de moral conservadora, y en parte lo son. Pero la maniobra es más fina. Al escribir sobre moda, moral, hogar y educación de las mujeres, Acosta convertía esos temas —tradicionalmente asignados a la conversación privada femenina— en objetos de discurso público impreso, firmado y editado por mujeres. La revista era el espacio doméstico llevado a la esfera pública, y en ese traslado los papeles cambiaban aunque el vocabulario permaneciera.
La monografía y la biografía: entrar en el terreno del hombre
Si La Mujer fue su experimento de expandir el espacio femenino, la escritura histórica fue su incursión abierta en territorio ajeno. En la segunda mitad del siglo XIX colombiano, la escritura de la historia y del ensayo era un oficio prácticamente monopolizado por hombres. José Manuel Groot, José María y Miguel Samper, Manuel Ancízar, Salvador Camacho Roldán, Vergara y Vergara. La biografía de próceres, la crónica de la conquista, la monografía documental: eso lo hacían señores. Acosta de Samper entró ahí sin pedir permiso.
En 1869 publicó Novelas y cuadros de la vida suramericana, considerado su primer libro de narrativa. Aparecía cuando el romanticismo llevaba ya cuatro décadas instalado en la Nueva Granada. Sus cuadros de la vida suramericana, del mismo año, participaban del género costumbrista que era la lengua franca de la época, pero desde una posición insólita, la de una autora criolla, bilingüe, católica y casada, mirando su continente.
Después vino la obra de fondo. En 1883 publicó las Biografías de hombres ilustres o notables relativas a la época del descubrimiento, conquista y colonización de la parte de América denominada actualmente EE. UU. de Colombia, título que dice todo lo que hay que decir. Un tratado biográfico erudito, con marco geográfico político preciso, sobre los siglos fundacionales del país. Exactamente el tipo de libro que en otras culturas letradas del XIX escribían académicos varones vinculados al aparato oficial de la historia. En Colombia lo escribió una mujer.
En 1905 apareció la Biografía del general Joaquín Acosta, su padre. El gesto no es solo filial; es también la afirmación de que la memoria del general de la Independencia y autor de las Consideraciones sobre la historia del descubrimiento pasaba, ahora, por la pluma de su hija. Y en 1910 —a los setenta y siete años— publicó la Biografía del general Antonio Nariño, uno de los próceres canónicos de la Independencia. Cerrar su carrera con una biografía de Nariño, en el año del centenario, era colocarse simbólicamente en el corazón del panteón patrio, con un libro sobre el traductor de los Derechos del Hombre. Ninguna otra mujer colombiana del siglo XIX terminó su vida haciendo semejante gesto.
Existe además un dato revelador de sus vínculos con el poder político finisecular. Acosta dedicó un libro al presidente Rafael Núñez. En una autora que también era intelectual pública y editora, esa dedicatoria no es un ornamento; es un posicionamiento. Núñez era el arquitecto de la Regeneración y de la Constitución de 1886, y con Miguel Antonio Caro había cerrado el espacio del disenso liberal escudándose en el principio de "responsabilidad de la prensa", sustituyendo el ultra-individualismo liberal por valores autoritarios de raíz católica. Bajo su gobierno decayó el número y la vitalidad de los periódicos. Dedicarle un libro a Núñez era, para una escritora, un signo de alineación con el orden regenerador. Ese mismo orden, en materia de mujer, no ofrecía nada. Ni la Constitución de 1863 ni la de 1886 le dieron derecho al voto, y la herencia educativa de la Regeneración la relegó a formas educativas consideradas menores, situación que se prolongaría hasta bien avanzada la década de 1920. Núñez llegó incluso a ordenar la apertura de un colegio femenino público en Bogotá anunciando que vendrían profesoras del exterior para enseñar a cocinar y lavar.
Ser la mujer más ilustre del país letrado en un orden que confinaba a las demás mujeres a la aguja y el fogón: esa contradicción es constitutiva de la trayectoria de Acosta de Samper. No la resolvió; la habitó.
La pregunta directa: 1892
En 1892 escribió la monografía Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones y el periodismo en Hispanoamérica. El título es programático. Pone sobre la mesa, en cuatro palabras clave —aptitud, profesiones, periodismo, Hispanoamérica—, una agenda que ninguna otra escritora colombiana estaba defendiendo con esa nitidez. Pero el texto, leído con atención, es todo menos un manifiesto lineal. La crítica lo ha caracterizado como particularmente irónico y ambiguo, situado en la tensión entre reivindicación femenina y reproducción del discurso patriarcal. Acosta argumentaba la aptitud, sí, pero desde adentro de un marco moral que seguía siendo el del catolicismo conservador que estructuraba la Regeneración.
Esa ambigüedad no es un defecto de su pensamiento; es su estrategia. Acosta operaba en la frontera entre los hombres criollos letrados, las mujeres no criollas y los hombres subalternos, reflejando las contradicciones de estar subordinada dentro de un proceso de construcción nacional del que las mujeres estaban formalmente excluidas. Argumentar la aptitud profesional de la mujer con lenguaje frontal habría cerrado la conversación; argumentarla desde dentro del vocabulario católico y patriarcal la mantenía abierta, aun al precio de reproducir buena parte de lo que pretendía cuestionar.
Escribir así era la única forma viable en la Bogotá de Caro y Núñez. Las escritoras hispanoamericanas del XIX enfrentaban una enorme ansiedad al abandonar el espacio doméstico, y un rechazo social intenso cuando optaban por un destino no exclusivamente hogareño. Acosta conocía ese rechazo y lo neutralizaba con la única moneda de curso legal en el orden regenerador: la piedad, la moral, el hogar. Con ese salvoconducto fundaba revistas, escribía biografías de próceres y sostenía, sin descanso, que la mujer podía ejercer todas las profesiones.
Ficción, romanticismo y el problema de decir la mujer
Su obra narrativa —diecisiete novelas según unas cuentas, veintiuna novelas y cuarenta y ocho cuentos según otras— fue el otro frente. Y ahí también trabajó consciente de las trampas del lenguaje disponible. Acosta era plenamente consciente de que el discurso romántico dominante, que había idealizado a la mujer como ángel del hogar o musa etérea, hacía casi imposible representar a las mujeres como seres de carne y hueso. Ese diagnóstico es de una lucidez notable para su tiempo. No bastaba con escribir sobre mujeres; había que desmontar el idioma en que se las escribía.
Sus personajes femeninos, por eso, se leen con una ambigüedad que ha desconcertado a lectores tanto conservadores como feministas. Hay reivindicación pero también repliegue, deseo de autonomía y aceptación del deber, crítica de las modas francesas y adhesión sincera al orden católico. Esa oscilación —que en un escritor menor sería debilidad— en ella funciona como método: dibujar mujeres verosímiles en una lengua diseñada para hacerlas invisibles.
Los cuadros de costumbres, género en el que también se movió, tenían una función política reconocible en el XIX colombiano. Liberales y conservadores los usaron según su conveniencia —los primeros para desdeñar el pasado colonial, los segundos para criticar las reformas modernas—, pero ambos para contraponer lo nacional frente a la influencia extranjera y para presentar el país al mundo. Acosta escribió cuadros que hacían ese trabajo de construcción nacional desde una perspectiva femenina, algo que introducía en el género una torsión que sus contemporáneos varones no le habían dado ni podían darle.
La red: familia, iglesia, capital letrado
La trayectoria de Acosta de Samper es inseparable de una red de vínculos que combinaba linaje patriótico, alianza matrimonial, sociabilidad tertuliana y cercanía a la Iglesia. Del padre heredó archivo, prestigio y una relación directa con la memoria de la Independencia. De la madre heredó la lengua inglesa y la apertura al mundo protestante y anglosajón. En la casa convivían la biblioteca europea y la conversación bogotana. El matrimonio con José María Samper Agudelo le dio copertenencia al centro del campo intelectual y acceso directo a los circuitos de imprenta, en una época en que publicar dependía menos del mercado que de la pertenencia a una red.
En torno a la pareja Samper-Acosta y a los mosaicos literarios bogotanos circularon las figuras que definieron la cultura del siglo. Vergara y Vergara, fundador de El Mosaico y de la Academia Colombiana. Rafael Pombo, el poeta canónico. Miguel Antonio Caro, gramático, filólogo, presidente y coautor jurídico de la Regeneración. Rufino José Cuervo, el filólogo mayor del castellano americano. Jorge Isaacs, autor de María. Esas tertulias funcionaron también como espacios de sociabilidad intelectual internacional. El argentino Miguel Cané presenció varios de esos encuentros y quedó sorprendido por la viveza intelectual de los capitalinos. Acosta no era una figura marginal de esas reuniones; era una interlocutora reconocida por hombres que, en su mayoría, no reconocían a mujeres. Sostener esa posición requería un capital simbólico que muy pocas contemporáneas suyas tenían: el apellido paterno, el matrimonio con Samper, el trilingüismo, el archivo, la biblioteca.
La dimensión religiosa de esa red merece detenerse. Una de las hijas de la pareja, María Ignacia Bertilda Samper Acosta, se hizo religiosa y participó en el viaje desde el convento de Bogotá para fundar el convento de Medellín. Ese detalle —la hija monja fundadora— ilumina la textura católica real, no meramente táctica, de la casa Samper-Acosta. La escritura de Soledad sobre moral femenina y modestia no era pose ni cálculo; era la lengua en que efectivamente pensaba y vivía. Y esa misma piedad la conectaba con la Iglesia como institución cultural, que bajo la Regeneración recuperó el control de la educación y de buena parte de la vida pública. Lo notable es que esa lengua, en sus manos, pudiera producir simultáneamente una monografía sobre la aptitud profesional de la mujer y una biografía erudita del general Nariño, y que la ortodoxia doméstica y la ambición intelectual convivieran sin que ninguna anulara a la otra.
Lo que la Regeneración le dio y le quitó
Los años centrales de la producción de Acosta —de los setenta a la primera década del siglo XX— coincidieron casi punto por punto con el ascenso, consolidación y prolongación de la hegemonía conservadora. La Regeneración, iniciada por Núñez y jurídicamente cristalizada en la Constitución de 1886, definió el marco en que trabajó, un régimen católico, centralista, autoritario en materia de prensa, que restauró la Iglesia como poder cultural y educativo.
Ese régimen le fue, en cierto sentido, propicio. La cultura oficial de la Regeneración valoraba la piedad, la moral doméstica, la biografía patriótica y la escritura histórica edificante, todos géneros que Acosta cultivaba. Su cercanía a Núñez y su producción sobre próceres encajaban en el proyecto regenerador de fabricar un panteón nacional católico. Y en un país donde bajo la Regeneración decayeron los periódicos, y donde Caro y Núñez cerraron el espacio a los liberales disidentes, Acosta escribió, publicó y dirigió revistas sin obstáculos.
Pero ese mismo régimen fue estructuralmente hostil a las mujeres. Durante toda la Hegemonía Conservadora (1886–1930) no se produjeron cambios en el estatus político de la mujer. La educación femenina siguió relegada a formas menores. En los colegios femeninos nacionales creados en los años veinte todavía no se otorgaba el título de bachillerato a las mujeres. Las principales alternativas laborales seguían siendo la costura y la docencia en escuelas, y solo con el desarrollo de una economía más compleja empezaron algunas a emplearse en el comercio y la industria. El modelo social ofrecía tres futuros —religiosa, casada, célibe— y las madres aconsejaban a las hijas desde niñas en ese sentido, esposas abnegadas, complacientes, preparadas para el hogar, los enfermos y los niños.
Acosta escribió toda su vida contra ese horizonte y a la vez desde dentro de él. Argumentó la aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones en un país que no le daba ni el voto ni el bachillerato. Fundó una revista de mujeres en un régimen que redujo el número general de publicaciones. Escribió biografías de próceres bajo un orden que definía a la mujer por el fogón. La verdadera medida de su obra está en esa asimetría entre lo que produjo y las condiciones que la rodeaban.
No estaba sola, aunque el canon la dejó sola
En la Colombia de la segunda mitad del siglo XIX hubo otras escritoras cuya obra fue sistemáticamente borrada por la crítica hegemónica masculina del siglo XX. Las mujeres artistas e intelectuales activas en ese período y en las primeras décadas del XX desaparecieron de los relatos canónicos de la historiografía cultural colombiana no porque no existieran, sino porque el canon, construido por hombres, no las registró.
Acosta sobrevivió a ese borrado por razones que no conviene idealizar. Por linaje, era hija del general Acosta. Por matrimonio, era esposa de Samper. Por volumen, escribió demasiado para ignorarla del todo. Por longevidad, produjo casi cincuenta años continuos. Por ideología, su catolicismo conservador la volvía asimilable al canon patriótico dominante. Sobrevivió por privilegios y por alineaciones que las otras escritoras del país no tuvieron o no quisieron tener. Reconocerlo no la disminuye; aclara el mecanismo por el cual una mujer, y no otras, pudo pasar el filtro del olvido.
La recuperación crítica plena de Acosta empezó en los años ochenta, cuando la crítica feminista latinoamericana releyó el siglo XIX con otras preguntas, y se consolidó ya en el siglo XXI con el trabajo editorial y académico de Carolina Alzate en torno a su diario íntimo y otros escritos. El centenario de su muerte, en 2013, marcó el momento en que el Estado colombiano reconoció oficialmente lo que la historiografía cultural había demorado un siglo en registrar.
Huella
Acosta de Samper murió en 1913, apenas tres años después de publicar la biografía de Nariño. Sobrevivió a su marido, sobrevivió a la generación de Vergara y Vergara y de Núñez, y alcanzó a ver el comienzo de una Colombia distinta, aunque no llegó a ver a las mujeres votar ni bachillerarse. Dejó un corpus que ningún colombiano del siglo XIX iguala en variedad de géneros: novelas, cuentos, cuadros de costumbres, crónicas de viaje, diarios, monografías históricas, biografías, ensayos y miles de páginas periodísticas dispersas en El Mosaico, Biblioteca para Señoritas, La Mujer y La Familia.
Su lugar en la historia cultural colombiana se ha reformulado varias veces. Fue leída en vida como una escritora notable dentro del canon regenerador. Fue casi borrada por la crítica del siglo XX, que la redujo a esposa ilustre y a autora menor. Fue rescatada por la crítica feminista latinoamericana desde los ochenta y canonizada finalmente en el siglo XXI como precursora de la escritura femenina profesional en Colombia. Fue notable, fue esposa, fue precursora, y fue también, sobre todo, algo que no encaja fácilmente en ninguna de esas etiquetas: una intelectual católica conservadora que dedicó cincuenta años a expandir los límites de lo que una mujer podía escribir, publicar, dirigir y firmar en Colombia, usando los materiales del orden que quería ampliar.
En una Colombia donde el liberalismo radical había prometido derechos que no incluyeron a las mujeres, y donde el conservatismo regenerador había restaurado un orden que tampoco las incluía, Acosta encontró una tercera vía. No confrontar el marco, sino ocuparlo entero. Escribir tanto y en tantos géneros que la exclusión formal se volviera, en su caso, materialmente imposible. Al final de su vida, cuando publicó la biografía de Nariño en 1910, estaba haciendo lo mismo que había hecho a los veintiún años en el diario, contar el país. Solo que ahora el país no podía contarse sin ella.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 31 fragmentos01Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1141 cita
[1]P E R The experience of Soledad Acosta de Samper, a creole woman mem- ber of the literati, differed from that of Candelario Obeso. Her voice, as that of a white woman, lay on the border between creole men, non- creole women, and subaltern men. Her writing reflects the dilemmas and ambiguities of being subordinated…
p. 114
02The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 353, 3602 citas
[2]will be sufficient to oblige us to violate our offer, however extraordinary and extreme the occasion you may give to provoke our wrath. Spaniards and Canary Islanders, you will die, though you be neutral, un- less you actively espouse the cause of America’s liberation. Americans, you will live, even if you have…
p. 353
[6]any care. Victory is certain, and the courage of our soldiers is admirable! Farewell! Fear not and trust Providence, the just cause, and our revolution. —S.” All day long we had peace. Melo did not dare to attack López again. We sent thread and bandages for the wounded. 338 Soledad Acosta de Samper On the 25th we also…
p. 360
03Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 1061 cita
[3]in Barcelona sent three well-trained nuns in . They were joined by five nuns from the convent in Bogotá, among them María Ignacia Bertilda, daughter of the politician José María Samper and his wife, the writer Towards a Greater Presence of the Church Asociación del Sagrado Corazón de Jesús’, Familia Cristiana,…
p. 106
04Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 1061 cita
[4]in Barcelona sent three well-trained nuns in . They were joined by five nuns from the convent in Bogotá, among them María Ignacia Bertilda, daughter of the politician José María Samper and his wife, the writer Towards a Greater Presence of the Church Asociación del Sagrado Corazón de Jesús’, Familia Cristiana,…
p. 106
05Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 89, 922 citas
[5]por último, narra cómo la marina de Inglaterra, 36 Soledad Acosta de Samper, Diario íntimo y otros escritos de Soledad Acosta de Samper, ed. de Carolina Alzate, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 2004, p. 562. 98 Sebastián Pineda Buitrago al mando del pirata Vernon, fue vencida por el malherido capitán…
p. 92
[8]Flor María Rodríguez-Arenas, “Josefa Ace- vedo de Gómez, modelos iniciales de la escritura femenina en el siglo xix en Colombia: El soldado y Angelina”, op. cit., pp. 109-132. Por otra parte, Josefa Acevedo de Gómez dejó inéditos otros escritos que se publicaron póstumamente: la Biografía del doctor Diego Fernández…
p. 89
06Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Páginas 7, 402 citas
[7]el papel de los sexos, «deshaciendo la obra de la Providencia y haciendo desatinos por enmendar a Dios la plana». Durante el período conocido en la historia del país como «la hegemonía conserva- dora» de 1886 a 1930 no se presen- taron cambios en el estatus político de la mujer. Voces de mujeres y en favor de la mujer…
p. 40
[22]educación. Recreación, vida diaria y feminismo En 1893 decía don José Manuel Ma- rroquín que ya no satisfacía a los lecto- res de libros de historia «la relación de fundaciones de imperios, de conquistas, de guerras, de cambios de gobierno y dinastía, y de sucesión de soberanos, que han solido ser única materia de la…
p. 7
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2251 cita
[9]Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…
p. 225
08Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Páginas 71, 2552 citas
[10]“Condición jurídica” en Nueva Historia de Colombia, vol. 4, pp. 40–41. 84. La Mujer, no. 10 (Feb. 5, 1879), p. 240. 85. Ibid., no. 2 (Sept. 18, 1878), p. 47; for background on Langtry, see Banner, American Beauty, pp. 136–139. 86. Ibid., no. 15 (May 5, 1879), p. 76; no. 21 (Aug. 5 1879), p. 220; no. 23 (Sept. 5,…
p. 255
[11]1870s and then, short of money, took her notorious and aristocratic show to the stages of the United States in the early 1880s. Acosta de Samper commented on Langtry’s perva- sive popularity at social events, remarking on her perfect grace, elegant body, and singular features, but noted that her most powerful quality…
p. 71
09Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 1291 cita
[12]contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…
p. 129
10Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 1041 cita
[13]" P A P E L P E R IO D IC O IL U S T R A D O " - " L A A B EJA " Y " L A F A M IL IA "— " L A M IC E L A N E A " - " C O R R E O DE LAS A LD E A S " - "CO LOM BIA IL U S T R A D A " - " R E V IS T A L IT E R A R IA " - " R E V IS T A G R IS " - " E L R E P E R T O R IO " - " E L R A Y O X" - " R E V IS T A IL U S T R…
p. 104
11El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2191 cita
[14]cuadros de la vida suramericana (1869), sus Biografías de hombres ilustres o notables relativas a la época del descubrimiento, conquista y coloni- zación de la parte de América denominada actualmente EE. UU. de Colombia (1883), la Biografía del general Joaquín Acosta (1905) y la Biografía del general Antonio Nariño…
p. 219
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 162, 1842 citas
[15]indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…
p. 162
[27]las ciudades la asistencia era de nueve a ñ os. La secundaria, en ciudades intermedias y grandes, qued ó en manos de colegios privados, usualmente religiosos, aunque edu cadores liberales abrieron instituciones privadas para los que no quer í an educaci ó n confesional. En Bogot á, Medell í n, Cali y otras ciudades,…
p. 184
13Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3701 cita
[16]American His- tory. New York: Routledge, 1999. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Biblio graphy 352 Afanador, María José. “Political Economy, Geographical Imagination, and Territory in the…
p. 370
14Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2791 cita
[17]en un grupo al que pertenece ella misma, que no es sólo de género sexual, sino también de acción: de acción situada. La fuerza del discurso patriarcal ha recibido mucha atención y ha sido estudiada en relación con las escritoras hispanoamericanas, en especial a partir de la década de 1980. Elizabeth Garrels, Lucia…
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15Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Páginas 24, 572 citas
[18]estos interrogantes. Si partimos de una noción como la de campo literario descrita por Bourdieu (1995) en su obra Las Reglas del Arte, nos podemos preguntar si estas escritoras participaron activamente en el espacio literario o intelectual vigente en Colombia en los últimos años del siglo XIX: El campo literario es un…
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[26]mantuvo en alerta frente a la discriminación luchando por conseguir siempre ser escuchadas y ser reconocidas en pie de igualdad con los varones. Uno de los campos en los que la lucha fue más ardua fue en todo lo relacionado con la educación. La herencia del período de La Regeneración; herencia que, como vemos en el…
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16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 521 cita
[19]estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…
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17Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Página 121 cita
[20]los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…
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18Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1771 cita
[21]mismo sentido, quienes la protagonizan, encarnan en sí mismos los ideales del héroe romántico. Quizás por es- ta razón y por las características ex- huberantes de nuestra geografía, el romanticismo se instaló de manera contundente en la Nueva Granada, generando un inusitado aumento en la producción literaria. Los…
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19Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · Página 111 cita
[23]rima y la velocidad de creación de los capitalinos, que presenció en varios de los mosaicos literarios a los que fue invitado, donde quedó gratamente sorprendido por la «viveza de inteligencia, sorprendente, eléctrica en su rapidez de percepción». Otro de los repre- sentantes de esta generación de poetas que dejó una…
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20Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 481 cita
[24]costura y la docencia en las escuelas eran las principales alternativas que tenían. En las primeras décadas del siglo xx, con el desarrollo de una economía más compleja, un número creciente de mujeres, un poco mejor preparadas gracias a los estudios técnicos, fue empleán- dose en el comercio y en la industria. Su vida…
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21Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 561 cita
[25]as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…
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22Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 303, 4752 citas
[28]r a aten- d e r los enfermos, p a r a c u i d a r a los niños y a los viejos; p a r a ser a b n e g a d a s esposas q u e c o m p l a c i e r a n p l e n a m e n t e a sus esposos y les a y u d a r a n en m o m e n t o s de necesidad; p a r a q u e d e s e m p e ñ a r a n la noble t a r e a de religiosa a cargo de la…
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[29]que es coser con perfección" 15. En 1849, la señora Sixta Pontón, viuda del general Santander, en compañía de una de sus hijas, abre el Cole- gio del Sagrado Corazón; su programa ofrece moral prác- tica cristiana, idioma patrio, francés e inglés, aritmética práctica, teneduría de libros, geografía, piano, canto, no-…
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23Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · Página 2551 cita
[30]the earth. 14. In this context it is important to mention that women in Colombia were only granted the right to vote in 1956. The 1930s had gradually opened spaces for women in universities, and in the field of art, it was only in that decade that artists such as Hena Rodríguez, Josefina Albarracín, Carolina Cárdenas…
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24La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1461 cita
[31]decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…
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