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Idea · Estados Unidos de Colombia

Educación femenina

La educación femenina en Colombia es uno de los frentes donde se libraron, con más constancia y menos ruido, las disputas que definieron el país: del convento colonial al bachillerato de costura de los años cuarenta, la pregunta por qué debían saber las mujeres funcionó como termómetro exacto del pulso entre Iglesia y Estado, entre proyecto liberal y hegemonía conservadora.

3.676 palabras37 documentos51 fragmentos citados
Educación femenina

Trayectoria de una idea

  1. 1550

    Conventos autorizados para impartir enseñanza

  2. 1844

    Diagnóstico estadístico: una niña por cada dos y medio niños

  3. 1849

    Fundación del Colegio del Sagrado Corazón por Sixta Pontón

  4. 1850

    Libertad de enseñanza y aumento de la participación femenina

  5. 1870

    Decreto Orgánico de Instrucción Pública y las Normales femeninas

  6. 1876

    Guerra civil de 1876-1877: desastre para la reforma educativa

  7. 1886

    Constitución de 1886: reversión del proyecto laico

  8. 1930

    Fin de la Hegemonía Conservadora: inicio de la recuperación estatal

  9. 1940

    Bachillerato femenino con costura y economía doméstica

03

La lectura

La educación femenina en Colombia no fue un proceso lineal de progreso sino un campo de batalla donde cada avance fue contestado y frecuentemente revertido. Durante la Colonia, el convento y la casa familiar fueron los únicos espacios de instrucción para las mujeres, reservados a quienes podían pagar una dote o contar con padres ilustrados. La República heredó esa exclusión sin modificarla, y cuando el liberalismo radical intentó romperla con las Normales femeninas de 1870, la guerra civil y la Constitución de 1886 devolvieron la escuela a las órdenes religiosas por más de cuatro décadas. La tensión entre la formación doméstica —costura, economía del hogar, moral cristiana— y la formación intelectual —letras, ciencias, magisterio profesional— atravesó cada debate curricular desde el Colegio del Sagrado Corazón hasta el bachillerato femenino de los años cuarenta, revelando que la pregunta por qué debían saber las mujeres era siempre, también, una pregunta sobre qué lugar debían ocupar en la nación.

La educación femenina en Colombia

La educación femenina en Colombia no es un capítulo tardío ni menor de la historia nacional: es uno de los frentes donde se libraron, con más constancia y menos ruido, las guerras que definieron el país. Del convento colonial al bachillerato de costura de los años cuarenta, con el Decreto Orgánico de 1870 y las Normales femeninas del radicalismo como estaciones intermedias, la pregunta por qué debían saber las mujeres —y quién debía enseñárselo— funcionó como un termómetro exacto del pulso entre Iglesia y Estado, entre proyecto liberal y hegemonía conservadora, entre las letras y las hijas de la República.

El período de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886) concentró la disputa en su forma más nítida. Por primera vez el Estado laico intentó hacerse cargo, con maestras alemanas y escuelas normales, de una tarea que la Colonia había cedido al convento y que la Regeneración devolvería, por más de cuatro décadas, a las órdenes religiosas. Que esa reforma fracasara militarmente en la guerra civil de 1876-1877 y fuera revertida por la Constitución de 1886 no la vuelve irrelevante: sembró una disputa que cada generación posterior tendría que renegociar hasta abrir, ya avanzado el siglo XX, la universidad a las mujeres.

La herencia colonial: convento, casa y exclusión

Durante los tres siglos coloniales, la instrucción formal de las mujeres en el Nuevo Reino de Granada fue casi inexistente como sistema y azarosa como práctica. La mayoría no accedió jamás a colegios. Quienes aprendieron a leer y escribir lo hicieron en casa, gracias al interés particular de padres o hermanos, en lo que la propia sensibilidad de la época registraba como una fortuna excepcional.

Josefa Acevedo de Gómez, hija de la élite santafereña de comienzos del XIX, dejaría constancia de esa suerte al recordar que aprendió en su casa por voluntad de sus padres, en un contexto donde eso no era la norma sino la rareza. Décadas más tarde, Soledad Acosta de Samper —formada por su abuela inglesa en Halifax y luego en París— llevaría al extremo la misma lógica. La educación femenina ilustrada del XIX colombiano fue, ante todo, un fenómeno de élite sostenido por redes familiares y a menudo transnacionales, cuya existencia precedió y excedió cualquier política estatal.

El convento operó como la única institución con densidad intelectual disponible para algunas mujeres. Detrás de los muros de la clausura, ciertas religiosas del Nuevo Reino pudieron leer, aprender latín, componer poemas y pequeñas piezas teatrales, cultivar la música. La vida conventual femenina consolidó, en la Colonia neogranadina, un perfil social específico para las mujeres que quedaban fuera del matrimonio, dentro de un orden jerarquizado en torno a la esfera espiritual. Pero no era educación: era vocación, y estaba reservada a las hijas de familias que podían pagar la dote de ingreso.

Fuera del convento, la instrucción se distribuía según jerarquías rígidas de clase, casta y sexo. Las escuelas de primeras letras atendían prioritariamente a hijos de propietarios, administradores y funcionarios coloniales. Existían escuelas para indígenas en encomiendas, colegios en zonas mineras, escuelas públicas financiadas con rentas municipales. Los esclavos no tenían más derecho a instrucción que la evangelización. Las comunidades religiosas —autorizadas para impartir enseñanza tras la instalación de la Real Audiencia en 1550— tuvieron un papel destacado, aunque no exclusivo, en la enseñanza inicial. En ese mapa desigual, las niñas ocupaban el escalón más bajo: sin colegios, sin currículo, sin obligación legal ni familiar de alfabetizarlas.

Esa desigualdad estructural no se disolvió con la Independencia. En la República temprana, los padres seguían careciendo de medios o voluntad para enviar a sus hijas a la escuela, y la distancia a los poblados agravaba la exclusión. La instrucción femenina se pensaba, cuando se pensaba, como una función auxiliar del hogar. Se llegó a proponer distribuirla en tres clases o niveles según la condición social, rechazando explícitamente la igualdad democrática por considerarla impráctica. La lógica era transparente: cada mujer aprendería lo indispensable para el lugar que ya le estaba asignado.

Sixta Pontón, los colegios privados y la libertad de enseñanza (1820-1863)

La República heredó, sin modificarlo, el marco colonial de exclusión, pero introdujo un elemento nuevo: el debate público. Lo que en la Colonia había sido silencio administrativo se convirtió, hacia mediados del XIX, en disputa política abierta. Y esa disputa tuvo un episodio inaugural con nombre propio.

En 1849, Sixta Pontón, viuda del general Francisco de Paula Santander, abrió en Bogotá el Colegio del Sagrado Corazón junto con una de sus hijas. El primer movimiento significativo hacia una educación femenina de perfil ilustrado no vino del Estado sino de la iniciativa privada, y muy pronto quedó politizado.

El programa era, para la época y el país, ambicioso: moral cristiana, idioma patrio, francés, inglés, aritmética, teneduría de libros, geografía, piano, canto, nociones de geometría y —junto a todo eso— labores de mano y economía doméstica. La combinación era la fórmula de compromiso del siglo: se educaba a la señorita para el hogar, pero se le ofrecía un umbral de cultura letrada que la Colonia había reservado al convento.

La recepción del proyecto reveló que la educación femenina había dejado de ser un asunto doméstico para convertirse en una cuestión ideológica. La prensa liberal saludó el programa como "el cuadro más completo de educación de una señorita"; el periódico conservador El Siglo lo censuró amargamente. La misma malla curricular era, para unos, la promesa de una mujer republicana ilustrada; para otros, una desviación de la vocación natural femenina. Un colegio de niñas en el centro de Bogotá se había vuelto un frente de batalla entre dos maneras de imaginar la nación.

La libertad de enseñanza implantada en 1850 multiplicó las iniciativas. En Bogotá aparecieron nuevos colegios privados de categorías diversas. En el Estado de Antioquia se registró un notable aumento de la participación femenina, especialmente en las escuelas públicas. Hacia 1844, en el conjunto del país funcionaban 491 escuelas públicas y 712 privadas, con una población escolar de 26.924 alumnos en las públicas. De ellos, 19.161 eran varones y 7.763 niñas: una niña por cada dos y medio niños. La escolarización femenina existía, pero como fracción residual de un sistema pensado para hijos varones.

Los colegios provinciales creados durante la Gran Colombia y la Nueva Granada estaban orientados a formar abogados y sacerdotes, es decir, a varones. La educación de las mujeres de élite seguía dependiendo, para el nivel más alto, del capital cultural de la familia. En ese terreno se abrieron paso las primeras figuras que darían densidad literaria al siglo.

Josefa Acevedo de Gómez, formada en casa por el interés de sus padres, dejó al morir escritos inéditos que se publicarían póstumamente: una Biografía del doctor Diego Fernández Gómez (1854), un poemario titulado Poesías de una granadina (1854) y una pieza teatral, En busca de almas, estrenada en Bogotá en 1864. Cada uno de esos títulos es una anomalía en el mapa de una república donde las mujeres no publicaban.

Soledad Acosta de Samper llevó la anomalía a otra escala. Dominaba el inglés y el francés y escribió novela, cuento y periodismo con una prolijidad inusitada para cualquier autor de su tiempo, hombre o mujer: su obra narrativa se cuenta en decenas de novelas y cuentos, además de una producción periodística que atravesó varios géneros y varias décadas. En un ensayo de 1892 planteó, con ironía y ambigüedad calculadas, la disyuntiva entre la dependencia femenina tradicional y la posibilidad de que la mujer ocupara espacios reservados a los varones. Aun con ese capital cultural extraordinario, su voz quedaba en los márgenes de un campo letrado que construía nación con las mujeres excluidas. Que esa obra existiera, sin embargo, demostraba que la educación femenina ilustrada del XIX no era solo un proyecto estatal por hacerse: era también una práctica que ya se estaba haciendo, por vías paralelas.

El Decreto Orgánico de 1870: el Estado radical toma la escuela

Bajo los Estados Unidos de Colombia, y en el auge del programa del liberalismo radical, la educación se convirtió en el terreno donde el Estado laico intentó por primera vez desplazar a la Iglesia. La reforma educativa impulsada en 1870 bajo el gobierno del presidente Eustorgio Salgar estableció la enseñanza primaria obligatoria y con neutralidad religiosa, e impuso la intervención directa del Estado en la instrucción pública. Era una ruptura de fondo. El gobierno de la Unión, no la parroquia, se declaraba responsable de qué debía saber cada ciudadano —y, por primera vez con nombre propio, cada ciudadana.

La pieza más audaz de la reforma fue el sistema de escuelas normales, concebido para formar el cuerpo de maestros que el proyecto necesitaba. El gobierno radical contrató una misión pedagógica alemana, de confesión protestante, para dirigir las normales en los distintos estados. La decisión —propuesta por Eustacio Santamaría y aprobada por Salgar— era doblemente provocadora. Importaba pedagogos formados en la tradición de Pestalozzi y Herbart, pero además protestantes, con la intención declarada de garantizar rectitud moral y erradicar prácticas educativas vinculadas al catolicismo tradicional. Hacia fines de 1872, la misión alemana había organizado escuelas normales en la mayoría —quizá en la totalidad— de los estados, tanto masculinas como femeninas.

La Normal femenina fue el ariete simbólico del proyecto. Un observador contemporáneo dejó constancia de que la escuela normal femenina se distinguía por sus logros, y que a ella ingresaban jóvenes del pueblo y de la clase media que así mejoraban su posición social; los exámenes que presenció mostraban dominio en casi todas las alumnas. La composición social importaba tanto como los resultados. Por primera vez, mujeres que no eran hijas de la élite letrada accedían a una institución pública que las formaba para un oficio —el magisterio— con rango de profesión. La maestra normalista era una figura nueva en el mapa social del país: asalariada, urbana o semirrural, portadora de un saber certificado por el Estado.

Las cifras generales del período respaldan, aun con matices, el impulso. La matrícula en escuelas elementales creció de unos 60.000 alumnos en 1870 a aproximadamente 79.123 en 1876, cuando funcionaban 1.464 escuelas. En términos absolutos, el radicalismo escolarizó como nunca antes se había escolarizado en Colombia.

Pero la reforma cargaba desde el inicio con vulnerabilidades severas. Faltaban recursos económicos y maestros formados; la inestabilidad política era crónica; la oposición de la Iglesia católica y del Partido Conservador, frontal. La combinación de maestros protestantes alemanes, enseñanza laica y monopolio estatal de la instrucción resultaba, para el episcopado, una agresión doctrinal difícil de digerir sin respuesta política.

El conflicto estalló como guerra. La contienda civil de 1876-1877 tuvo, entre sus causas concurrentes, el rechazo del Partido Conservador y de la Iglesia católica a la reforma educativa. El gobierno radical la ganó militarmente, pero la victoria fue pírrica para el proyecto pedagógico: se suspendieron clases, se destruyeron libros de texto, las aulas fueron usadas como cuarteles. Cuando el país recuperó la paz, la reforma había perdido su impulso material aunque conservaba su forma legal. Faltaban menos de diez años para que la Regeneración la desmontara. El Estado abría normales, las escritoras publicaban desde el hogar o desde el extranjero, los colegios privados escolarizaban a las hijas de la élite. Ninguna de esas vías, por separado, alcanzaba a formar una tradición, pero empezaban a converger.

Regeneración, Concordato y devolución a la Iglesia (1886-1930)

La Constitución de 1886 desmontó, en cuestión de meses, el andamiaje laico del radicalismo. El Artículo 41 estableció que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la religión católica. El Concordato firmado por Rafael Núñez con la Santa Sede al año siguiente hizo del catolicismo la religión oficial del Estado, ató la educación pública a los preceptos de la Iglesia, abolió el divorcio y ordenó devolver o indemnizar bienes eclesiásticos desamortizados por gobiernos anteriores. El Artículo 12 dispuso que la educación e instrucción pública en universidades, colegios y escuelas se organizara conforme a los dogmas y a la moral católica, con enseñanza religiosa obligatoria.

La operación fue de una radicalidad simétrica a la de 1870. Donde el radicalismo había separado escuela e Iglesia, la Regeneración las fundió con rango constitucional; donde había importado maestros protestantes, ahora se entregaba a las órdenes religiosas el control de la enseñanza. Colombia siguió, en esto, un rumbo distinto al de otros países latinoamericanos. Mientras la región avanzaba hacia la independencia del Estado frente al poder eclesiástico durante el siglo XIX, la Regeneración supeditó lo civil a la Iglesia en áreas medulares —educación, estado civil, moral pública— por medio de un pacto que duraría, en lo esencial, hasta la Constitución de 1991.

Para la educación femenina, la reversión tuvo un efecto preciso: las Normales del radicalismo perdieron el sustento legal que las protegía de la desconfianza clerical, y las órdenes religiosas femeninas se convirtieron en las agentes principales de la escolarización de las niñas. Las Hermanas de la Caridad de la Presentación fueron la primera congregación en asumir funciones docentes en el Estado de Antioquia durante la segunda mitad del siglo XIX, con la apertura del Colegio de la Presentación en Medellín.

La expansión no tardó en volverse geográfica. En Bogotá, el Noviciado de la Presentación se convirtió en uno de los establecimientos educativos femeninos más grandes de la época, con 580 niñas matriculadas hacia 1906. En Antioquia, treinta y dos municipios contaban con al menos una comunidad religiosa docente; Jericó tenía tres, y Concordia, Marinilla y Yarumal dos cada uno. El mapa de la instrucción femenina se había reconfigurado: donde el radicalismo había pensado la Normal como núcleo, la Regeneración instaló al convento docente.

La cobertura fue real. Bajo la Regeneración se escolarizó a más niñas que bajo el radicalismo. Pero el currículo pagó el precio. Los colegios femeninos de las primeras décadas del siglo XX preparaban a las niñas para el hogar, no para una profesión. La formación religiosa, las labores domésticas y las materias consideradas propias de la feminidad ocupaban el centro; la ciencia y la humanidad clásica quedaban en la periferia o simplemente ausentes. Cuando Núñez ordenó abrir un colegio femenino público en Bogotá, anunció que contrataría profesoras extranjeras para enseñar a cocinar y lavar: incluso la iniciativa estatal de la Regeneración concebía la educación femenina pública como una escuela de oficios domésticos.

Los libros de texto empleados durante los primeros treinta años del siglo XX confirman el patrón. Inculcaban valores religiosos, roles sociales tradicionales y una jerarquía de género coherente con la doctrina de la Iglesia y la ideología del régimen. El Colegio Alemán de Bogotá figuró, en los años veinte, como una excepción capitalina que se describió entonces como una "revolución" en la educación femenina precisamente porque rompía con ese molde. La producción artística de las niñas —pintura de flores, acuarela, dibujo— se toleraba como pasatiempo doméstico, no como formación académica legítima.

La consecuencia más severa fue institucional. Los colegios femeninos nacionales creados en los años veinte todavía no otorgaban el título de bachillerato a las mujeres. Sin bachillerato, no había ingreso a la universidad. La educación secundaria pública de calidad seguía siendo un privilegio de varones, y las mujeres de sectores medios y populares que aspiraban a estudiar dependían de los colegios religiosos —que no las certificaban para la universidad— o de la iniciativa privada laica, minoritaria y urbana. El techo era jurídico antes que cultural, y estaba puesto con precisión de ingeniero: bastaba con no expedir un diploma para cerrar el paso a las facultades.

La reforma liberal y la apertura desigual (1930-1946)

Con el retorno del Partido Liberal al poder en 1930 comenzó la limitación del control católico sobre la educación pública y una lenta recuperación de las prerrogativas del Estado en materia educativa. La reforma constitucional de 1936 autorizó a las mujeres a ejercer cargos públicos por nombramiento, aunque el voto siguió reservado a los varones; la primera juez fue nombrada apenas en 1943. El nuevo Código Penal de 1936 equiparó formalmente a hombres y mujeres en responsabilidad delictiva, si bien los estatutos jurídicos continuaron discriminando a la mujer en materia moral, sexual y familiar.

El acceso femenino a la educación superior avanzó, pero sin la firmeza que la retórica liberal sugería. En 1935 la Escuela Normal Superior contaba con solo 14 mujeres entre 127 alumnos. La resistencia no venía únicamente de la Iglesia y del conservatismo: estaba también dentro del liberalismo. Germán Arciniegas intentó bloquear la admisión de mujeres a la Universidad Nacional argumentando que no serían competentes para ciertas ocupaciones y profesiones que corresponderían a los hombres. En 1944, el ministro de Educación Antonio Rocha, durante la segunda administración de Alfonso López Pumarejo, sostenía que había que mantener al campesino en su parcela y a la mujer en el hogar.

El caso más elocuente del freno interno fue el del ministro Guillermo Nanneti, durante el gobierno de Eduardo Santos. Tras la pausa que siguió a la primera oleada reformista de López Pumarejo, Nanneti implementó un programa especial de bachillerato femenino que incluía costura, economía doméstica, decoración de interiores y formación moral. Era, en la práctica, un retroceso: el bachillerato femenino se separaba del masculino y se rebajaba en su contenido intelectual, replicando bajo bandera liberal la lógica doméstica que la Regeneración había institucionalizado. Educadoras y activistas de izquierda de la segunda mitad del siglo XX denunciarían que incluso los modelos educativos revolucionarios propuestos por hombres de izquierda reproducían una estructura "católica, autoritaria y dogmática" que silenciaba a las mujeres.

El conflicto entre el Estado laico y la Iglesia estructuró la disputa formal sobre la educación femenina durante casi un siglo. Pero por debajo de esa polarización operaba una cultura patriarcal compartida por ambos bandos, que se expresó con la misma nitidez en el colegio de cocina de Núñez, en el bachillerato de costura de Nanneti y en la resistencia de Arciniegas al ingreso femenino a la Universidad Nacional. La restricción al avance intelectual femenino cruzaba liberales y conservadores.

Balance de una disputa irresuelta

Vista en conjunto, la historia de la educación femenina en Colombia entre finales del siglo XVIII y mediados del XX es la historia de dos proyectos irreconciliables que ninguno pudo consumar por su cuenta. El radicalismo de los Estados Unidos de Colombia produjo, con el Decreto Orgánico de 1870 y sus Normales femeninas, el primer intento serio de convertir la instrucción de las mujeres en tarea del Estado laico. Fracasó en la duración: careció de recursos, sufrió la guerra civil de 1876-1877, fue revertido por la Constitución de 1886. Pero sembró el principio normativo —la mujer como sujeto de educación pública, obligatoria y neutral en religión— que ningún régimen posterior pudo borrar del todo del vocabulario político.

La Regeneración y la República Conservadora garantizaron, en cambio, cobertura práctica a través de las órdenes religiosas femeninas —Presentación, Buen Pastor y otras— y de una red de colegios privados que escolarizaron a más niñas que el Estado radical. Ese avance material se pagó con un currículo doméstico-religioso que retrasó el acceso femenino a la universidad hasta bien entrado el siglo XX: sin bachillerato, no había ingreso; sin ingreso, no había profesión.

Fue la acumulación conflictiva de ambas tradiciones —y no el triunfo de ninguna— la que hizo posible, lenta y contradictoriamente, la apertura de la universidad a las mujeres. Cada momento se apoyó en el anterior de un modo que sus contemporáneos rara vez habrían admitido. Las Normales del radicalismo instalaron la figura de la maestra profesional. Los colegios religiosos formaron cohortes numerosas de mujeres alfabetizadas y disciplinadas. Las escritoras del XIX —Josefa Acevedo, Soledad Acosta— demostraron, desde el margen, que la capacidad intelectual femenina existía y podía sostener una obra. Sin cualquiera de esas piezas, la reforma liberal de los años treinta no habría tenido a quién dirigirse.

El pacto de 1886, por su parte, sobrevivió en lo esencial hasta 1991. La condena eclesiástica al liberalismo por defender la escuela laica y el monopolio estatal en educación seguía vigente todavía en 1955. Las mujeres colombianas obtuvieron el voto en 1954 y entraron masivamente a la universidad en las décadas siguientes, pero los términos de la disputa fundada en 1870 y refundada en 1886 —quién educa a la mujer, para qué, con qué contenido— no se cerraron con esos hitos. La incorporación femenina a la vida universitaria se produjo, en la práctica, en instituciones cuyo gobierno académico seguía siendo masculino, cuyos planes de estudio no habían sido revisados a la luz de la nueva composición de sus aulas y cuyos claustros católicos —Javeriana, Bolivariana, Rosario, Sabana— convivían con las universidades públicas laicas sin que la línea de fractura de 1886 se hubiera cancelado, apenas desplazado.

Esa geografía académica dual —confesional y laica, privada y pública— es la traducción contemporánea de la disputa. En ella se dirimen todavía asuntos que en el siglo XIX se planteaban con otro vocabulario: la enseñanza religiosa en los colegios, la educación sexual, la mixtura o segregación por sexos en el aula, la presencia femenina en las carreras científicas, el peso de la formación en labores domésticas dentro del currículo escolar. Ninguno de esos debates es hoy el mismo que en 1870 o 1886, pero todos remiten a la misma pregunta fundacional sobre quién tiene autoridad para definir qué aprende una mujer y con qué finalidad.

Los saldos numéricos que se acumularon en el largo plazo hablan por sí mismos. De las 7.763 niñas escolarizadas en las escuelas públicas de 1844 —una por cada dos y medio varones— a las cohortes universitarias femeninas de finales del siglo XX, la distancia recorrida es enorme y sin embargo cabe leerla como el desenlace previsible de dos siglos de tensión entre proyectos rivales que se necesitaron mutuamente para no cancelarse del todo. La maestra normalista formada por la misión alemana, la novicia de la Presentación que dictaba clase en Jericó, la bachillera de costura del programa Nanneti y la primera juez nombrada en 1943 pertenecen a la misma cadena, aunque respondieran a ideologías incompatibles.

Ese es el peso real del radicalismo en este campo: no la victoria de su modelo, que no la tuvo, sino la instalación de una disputa que todavía define lo que Colombia entiende por educar a una mujer.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Nueva Granada1831–18621
  1. 1848Josefa Acevedo de GómezFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Josefa Acevedo de Gómez — figura emblemática de la educación femenina de élite en la República temprana, formada en casa por voluntad de sus padres en una época en que eso era una rareza excepcional
  2. 02Soledad Acosta de Samper — escritora formada por redes familiares transnacionales, cuya prolífica obra literaria y periodística demostró que la educación femenina ilustrada del XIX era ya una práctica real, por vías paralelas al Estado
  3. 03Decreto Orgánico de 1870 — reforma que por primera vez intentó hacer del Estado laico el responsable de la instrucción femenina, creando las Normales femeninas y formando maestras del pueblo y la clase media
  4. 04Concordato de 1887 — pacto firmado por Rafael Núñez que entregó a la Iglesia católica el control de la educación pública, revirtiendo el proyecto laico radical y condicionando la educación femenina a los dogmas y la moral católica hasta 1930
  5. 05Sixta Pontón — fundadora del Colegio del Sagrado Corazón (1849), primer hito de la educación femenina privada de perfil ilustrado en Bogotá, cuyo programa desató una disputa política entre liberales y conservadores
  6. 06Federalismo radical — contexto político bajo el cual se impulsó la reforma educativa de 1870, que incluyó las Normales femeninas como pieza central del proyecto de instrucción pública laica y obligatoria
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Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 51 fragmentos

01Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 5111 cita
[1]

al tedio de la vida doméstica, o a un matrimonio impuesto por su familia, o buscando en el silencio y recogimiento de la 305 Mantilla, Luis Carlos, op. cit., pág. 43. 512 Bíndice Cnrdif Cnianonv vida conventual un espacio para desarrollar sus aptitudes intelectuales, ya fuese en la lectura, en el aprendizaje del…

p. 511
02Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · p. 11 cita
[2]

74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…

p. 1
03Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 2991 cita
[3]

que el régimen colonial preveía el establecimiento de escuelas para los indígenas que formaban parte de las "encomiendas" con el objetivo de enseñar- les el español, la religión y algunas actividades manuales, para los esclavos no existía ninguna obligación de parte de los amos en este sentido, salvo la evange-…

p. 299
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2021 cita
[4]

relación del virrey Ezpeleta. Sólo añadiré -dice el virrey después de referirse a la situación de los estudios superiores- que para la enseñanza de las primeras letras en esta capital se está tratando de poner escuelas públicas en los ba- rrios en donde hacen falta, y se halla este pro- yecto en buen estado,…

p. 202
05Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 121 cita
[5]

situado el Centro Cultural Gabriel García Márquez en un inmueble diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona. Pero la mayor parte de las mujeres no tu- vieron la oportunidad de formarse allí, este fue el caso de Josefa Acevedo, quien aprendió a leer y escribir en su casa gracias al interés de sus padres y en ese…

p. 12
06Nociones de urbanidad y buenas manerasManuel Antonio Carreño, Rufino Cuervo y Barreto · 2016 · p. 1451 cita
[6]

parte, los padres en lo gene- ral carecen de medios, y algunos hasta de voluntad, para enviar sus hijas a las escuelas, temerosos del riesgo siempre creciente a que están expuestas yendo quizá de grandes dis- tancias a los poblados, o estando recomendadas en ellos a personas desidiosas, todo lo cual presenta la…

p. 145
07Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 303, 463, 4673 citas
[7]

que es coser con perfección" 15. En 1849, la señora Sixta Pontón, viuda del general Santander, en compañía de una de sus hijas, abre el Cole- gio del Sagrado Corazón; su programa ofrece moral prác- tica cristiana, idioma patrio, francés e inglés, aritmética práctica, teneduría de libros, geografía, piano, canto, no-…

p. 303
[28]

sólo con 25 a l u m n a s, 5 de ellas internas y el resto exter- nas; el Colegio del S a g r a d o Corazón, con 80 niñas m a t r i c u l a d a s; el Noviciado de la Presentación, u n o de los m á s grandes de la época, con 580 n i ñ a s matriculadas, y el de M a r í a Auxiliadora con 120 8. Tal vez el p r i m e r…

p. 463
[34]

el año de 1918, cuando rompiendo con el querer de mi familia, me dediqué a la caridad. Del arro- yo recogí las niñas más desamparadas, seres hambrien- tos que no sabían ni el nombre de sus padres, y me las llevé al asilo de los señores Samper. Allí viví de enfer- mera, hasta que una fuerte epidemia de tifo me obligó a…

p. 467
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 254, 264, 2703 citas
[8]

sicas y naturales de una utilidad posl, ti va, seg ú n las circunstancias de cada provincia, y los idion^ vivos, la geograf í a y la historia, y que autoriz ó a las c á mara para traer de pa í ses extranjeros profesores, m á quinas, apara, tos y libros y lo dem á s que, se requiere para establecer en » ñ anza pr á…

p. 254
[13]

quejaba de no poder iniciar labores por falta de libras y de estudiantes. Pero Hotschic ’ í tuvo gran é xito en Cundinamarca; se residenci ó definitivamente en Colombia, edit ó libros y lleg ó a ser director de Educaci ó n pfl. blica en Santander. Para fines de 1872 la misi ó n hab í a organizado escuelas normales en…

p. 264
[24]

la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…

p. 270
09Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 4061 cita
[9]

para la conversión de los edificios de los conventos menores en sedes de los nuevos colegios provinciales, la República de Colombia legó a sus tres Estados derivados la tradición estatal de destinar fondos públicos para el funcionamiento de colegios provinciales o escuelas de primeras letras en las parroquias, donde…

p. 406
10Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 401 cita
[10]

Le it ai ie iH ee il i H a 7 Es $ if i escuelas primarias mas sobre las que ya existian, y de ellas cuarenta y cinco por el método de ense- flanza mutua; el numero de alumnos asciende a 20.931; se han abierto los colegios de Medellin y Vélez, se ha fomentado la casa de educacién de Buga, y se ha creado otro colegio en…

p. 40
11Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 308, 3122 citas
[11]

Spanish colonial-era obscurantism that had supposedly been fomented by the Catholic Church. Textbooks adapted for Colom- bian children were not enough, however. Santamaría proposed to the Colombian government the hiring of Protestant directors to run the normal schools that would teach teachers how to be teach- ers in…

p. 312
[17]

tenuous con- sensus agreements struck by national government authorities and state officials were strained to the breaking point. Ultimately, the success of a secular national education system would prove to be partly responsible for its unraveling. Conser- vative Party members began to fear how the new cadre of…

p. 308
12Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 64, 1042 citas
[12]

sus padres, re- ciban dicha instrucción de los párrocos o ministros», aunque no resultó esto en garantía suficiente para los sectores más tradicionalistas. Esta enérgica política instruccionis- ta que planteaba la reforma se reflejó no sólo en un amplio debate educativo sino, también, en un rápido y soste- nido…

p. 64
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las personal femenino. Todavía en 1935 su sucesora, la Escuela Normal Superior, sólo contaba con 14 mujeres entre 127 alumnos. En 1936 el Minis- terio de Educación quiso introducir el servicio voluntario escolar para las mujeres que hubieran cursado la es- cuela primaria que no fueran maestras profesionales y…

p. 104
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 124, 2252 citas
[14]

ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
[36]

Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…

p. 225
14Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1511 cita
[15]

period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

p. 151
15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 921 cita
[16]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2131 cita
[18]

la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
17El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 1951 cita
[19]

por sentido del deber siguieron trabajando en sus escuelas, se veían obligados a buscarse otras ocupa- ciones. Las letras de cambio con que se les pagaron algu- nos meses sólo podían hacerse efectivas acudiendo a los usureros. No puede sorprender, pues, que resultara difícil sostener los centros de formación de…

p. 195
18Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2791 cita
[20]

school of education were female. And by 1954, thirteen years after women were admitted to the School of Mines in Medellín, only four had graduated. 79 The hesitance of women to enter the professions was in large part a function of the near universal male prejudice against women entering the workforce. Even so, such an…

p. 279
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 184, 2972 citas
[21]

las ciudades la asistencia era de nueve a ñ os. La secundaria, en ciudades intermedias y grandes, qued ó en manos de colegios privados, usualmente religiosos, aunque edu cadores liberales abrieron instituciones privadas para los que no quer í an educaci ó n confesional. En Bogot á, Medell í n, Cali y otras ciudades,…

p. 184
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stica o Arte y Decorado, as í como carreras auxiliares de las profesiones “ masculinas ”, como Laboratorio Cl í nico, Enfermer í a o Dibujo Arquitect ó nico. Pero la presi ó n real de las mujeres hizo que esta transici ó n no durara: para 1950 la mayor í a segu í an carreras profesionales como Medicina, Derecho,…

p. 297
20Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 181, 1992 citas
[22]

de ellos es pensar el tema de la pintura de flores desde un enfoque de género, en lo cual se hace énfasis cuando pensamos en la historia de la educación artística en Colombia, la creación de escuelas para señoritas o el contexto de la Escuela de Bellas Artes. Podemos decir que cuando los hombres pintan paisajes o…

p. 199
[23]

del siglo XIX. Muy posiblemente se encuentran ahí como simples vestigios familiares y como un recuerdo de las hijas de Pineda. La calidad y el estado de conservación y el corte del papel permiten hablar de la manera en la que se guardan y cómo se estudia un siglo que, en buena medida, construimos con objetos,…

p. 181
21De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 632 citas
[25]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
[29]

Iglesia estaban dirigidas al de- sarrollo de la educación de la elite, en detrimento de las otras clases. Cárdenas, por el contrario, dice que la Iglesia realizó mejoras significati vas en el campo de la educación durante los primeros cuarenta años del siglo xx. a pesar de las hostilida- des presupuestales y ]a…

p. 63
22De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 632 citas
[26]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
[30]

las prioridades de la Iglesia estaban dirigidas al de- sarrollo de la educación de la elite, en detrimento de las otras clases. Cárdenas, por el contrario, dice que la Iglesia realizó mejoras significati vas en el campo de la educación durante los primeros cuarenta años del siglo xx. a pesar de las hostilida- des…

p. 63
23La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[27]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
24Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 cita
[31]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
25Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2121 cita
[32]

primaria y secundaria  –  ’, Historia de Medellín, vol. , (Medellín, ); ‘Hace  años llegaron a Antioquia las Salesianas’, El Colombiano (Medellín,  August ),  B; Instrucción Pública,  /  and  (Medellín, May ),  – ; Sor V. Parra Pérez, FMA, Memorias. Inspectoría San Pedro Claver, …

p. 212
26Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2121 cita
[33]

primaria y secundaria  –  ’, Historia de Medellín, vol. , (Medellín, ); ‘Hace  años llegaron a Antioquia las Salesianas’, El Colombiano (Medellín,  August ),  B; Instrucción Pública,  /  and  (Medellín, May ),  – ; Sor V. Parra Pérez, FMA, Memorias. Inspectoría San Pedro Claver, …

p. 212
27Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1141 cita
[35]

P E R The experience of Soledad Acosta de Samper, a creole woman mem- ber of the literati, differed from that of Candelario Obeso. Her voice, as that of a white woman, lay on the border between creole men, non- creole women, and subaltern men. Her writing reflects the dilemmas and ambiguities of being subordinated…

p. 114
28Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · p. 24, 41, 573 citas
[37]

(Gómez Jaime, 1884, p. 120). Es como si la otra tradición perdiera su peligro y su amenaza al ser reinsertada en el tronco correcto. Igualmente, Frinea redefine su belleza en otros términos: en las primeras páginas, el orgullo que asoma en sus ojos, se convierte en las últimas, en morada de paz y de arrobo ante el…

p. 41
[38]

estos interrogantes. Si partimos de una noción como la de campo literario descrita por Bourdieu (1995) en su obra Las Reglas del Arte, nos podemos preguntar si estas escritoras participaron activamente en el espacio literario o intelectual vigente en Colombia en los últimos años del siglo XIX: El campo literario es un…

p. 24
[46]

mantuvo en alerta frente a la discriminación luchando por conseguir siempre ser escuchadas y ser reconocidas en pie de igualdad con los varones. Uno de los campos en los que la lucha fue más ardua fue en todo lo relacionado con la educación. La herencia del período de La Regeneración; herencia que, como vemos en el…

p. 57
29Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2091 cita
[39]

were written from the perspective of strong female protagonists, and she generally tasked her female characters to “search for self- knowledge through experience.” 9 Acosta de Samper is considered a leading early pioneer in calling for equal treatment for women, and she insisted on the intellectual capacity of women…

p. 209
30Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2791 cita
[40]

en un grupo al que pertenece ella misma, que no es sólo de género sexual, sino también de acción: de acción situada. La fuerza del discurso patriarcal ha recibido mucha atención y ha sido estudiada en relación con las escritoras hispanoamericanas, en especial a partir de la década de 1980. Elizabeth Garrels, Lucia…

p. 279
31Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 891 cita
[41]

Flor María Rodríguez-Arenas, “Josefa Ace- vedo de Gómez, modelos iniciales de la escritura femenina en el siglo xix en Colombia: El soldado y Angelina”, op. cit., pp. 109-132. Por otra parte, Josefa Acevedo de Gómez dejó inéditos otros escritos que se publicaron póstumamente: la Biografía del doctor Diego Fernández…

p. 89
32Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 711 cita
[42]

1870s and then, short of money, took her notorious and aristocratic show to the stages of the United States in the early 1880s. Acosta de Samper commented on Langtry’s perva- sive popularity at social events, remarking on her perfect grace, elegant body, and singular features, but noted that her most powerful quality…

p. 71
33Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 48, 752 citas
[44]

ejemplo, de quienes se identificaban con el “feminismo”. Si, por una parte, la emancipa- ción de las mujeres se vio recompensada con el derecho que se les otorgó para ingresar a la universidad, así como con la eliminación de algunas cláusulas discriminatorias en las relaciones conyugales, los estatutos jurídicos…

p. 75
[47]

costura y la docencia en las escuelas eran las principales alternativas que tenían. En las primeras décadas del siglo xx, con el desarrollo de una economía más compleja, un número creciente de mujeres, un poco mejor preparadas gracias a los estudios técnicos, fue empleán- dose en el comercio y en la industria. Su vida…

p. 48
34La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 371 cita
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élite colombiana. Tomás Barrero 38 El modelo que ataca el republicanismo es el escolástico, funda- mentado en la autoridad y la memorización; es decir, el modelo en el que se educó Suárez. El nuevo sistema educativo se opone a la vieja rutina del miedo y la autoridad, pero, recuérdese, esa rutina ha estado…

p. 37
35Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1181 cita
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educación y la participación política, e incluso censuró y controló su forma d e vestir, entre muchos otros aspectos: «Si por aquella época monseñor Builes lanzó una pastoral contra la moda, condenando el uso de pantalones para la mujer [...], también es cierto que, en plena República Liberal, en Medellín, las…

p. 118
36La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1501 cita
[50]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
37Makers of Democracy: A Transnational History of the Middle Classes in ColombiaA. Ricardo López · 2019 · p. 2091 cita
[51]

- ence for the humble” that avoided needless theoretical sophistication and celebrated practical effectiveness. Such insurgent science sought to dis - cover the voices of the proletariat and the “culture of the people,” silenced by either the economic situation or the bourgeoisie, in order to recuperate critical…

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