Idea · Posconflicto
Polarización
La polarización política en Colombia designa la fractura persistente por la cual la sociedad se organiza en torno a dos bloques antagónicos que se disputan no solo el poder sino la definición misma de la nación. Es una gramática heredada del bipartidismo armado del siglo XIX, refactorizada por el uribismo desde 2002 y cristalizada públicamente en el plebiscito del 2 de octubre de 2016.
Trayectoria de una idea
- 1831
Inicio del ciclo de guerras civiles bipartidistas
- 1946
Inicio de La Violencia y deterioro interpartidista
- 1948
Asesinato de Gaitán y el Bogotazo
- 1956
Pacto de Benidorm y origen del Frente Nacional
- 1964
Surgimiento de las FARC en el marco del Frente Nacional
- 1984
Exterminio de la Unión Patriótica
- 2002
Ascenso de Uribe y refactorización de la polarización
- 2010
Cierre de la reelección de Uribe y continuidad del eje polarizador
- 2014
Elecciones presidenciales: primer referendo sobre la paz
- 2016
Plebiscito del 2 de octubre: cristalización pública de la polarización
La lectura
La polarización política en Colombia no es un fenómeno importado ni reciente: es la forma que adoptó históricamente la disputa por el poder en un país donde las diferencias programáticas entre los dos partidos dominantes eran escasas y las lealtades se transmitían como herencia familiar. Su rasgo más perturbador es la recurrencia con que el adversario político ha sido tratado como enemigo a combatir por medios distintos a las urnas: desde las guerras civiles del siglo XIX hasta el exterminio de la Unión Patriótica en las décadas de 1980 y 1990, pasando por La Violencia que dejó hasta 200.000 muertos. El Frente Nacional no resolvió esa fractura sino que la congeló, desplazando el conflicto desde el centro del sistema hacia sus márgenes guerrilleros. La era uribista refactorizó el eje de la polarización —de liberal/conservador a uribismo/antiuribismo— y la dotó de una gramática afectiva que superó cualquier diferencia programática. El plebiscito del 2 de octubre de 2016 fue la cristalización más visible de ese proceso: una sociedad que votó no tanto sobre un acuerdo de paz como sobre identidades irreconciliables, en una contienda donde la desinformación deliberada operó como arma política.
La polarización política en Colombia designa la fractura persistente por la cual la sociedad se organiza en torno a dos bloques antagónicos que se disputan no solo el poder sino la definición misma de la nación. No es un fenómeno del posconflicto ni una importación del debate global sobre democracias erosionadas: es una gramática heredada del bipartidismo armado del siglo XIX, congelada por el Frente Nacional, refactorizada por el uribismo desde 2002 en clave paz/guerra, cristalizada públicamente en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y consolidada en la era digital como identidad afectiva antes que como diferencia programática. Entenderla exige rastrear una línea de más de siglo y medio en la que las lealtades se heredan como se heredaba el apellido, y donde el adversario político ha sido, con recurrencia, un enemigo al que se combate por medios distintos a las urnas.
La matriz bipartidista: guerras civiles y lealtades heredadas
Álvaro Tirado Mejía ha caracterizado siglo y medio de vida republicana colombiana como la historia de un bipartidismo entre liberales y conservadores. Entre 1831 y 1902 se libraron sucesivas guerras civiles de distinta escala e intensidad —con antecedentes en las guerras de Independencia entre 1811 y 1816— que forjaron las adscripciones partidistas no como opciones programáticas sino como identidades transmitidas de generación en generación. En un país donde las diferencias sustantivas entre los dos partidos eran escasas —la relación con la Iglesia Católica fue de las pocas nítidas: los conservadores defendían sus privilegios legales, económicos y su control del currículo educativo público, mientras los liberales inclinaban hacia el anticlericalismo—, la militancia se sostuvo gracias a redes clientelistas verticales que conectaban veredas remotas con la política nacional mediante cadenas de patronazgo.
Esa arquitectura produjo una paradoja duradera: las clases populares y rurales se identificaban intensamente con partidos que no representaban sus intereses de clase, y el debate político tenía un carácter predominantemente simbólico, débilmente articulado a los conflictos sociales que decía representar. Lo social quedaba mediatizado por la lógica del juego político, y ese juego era binario. Las terceras fuerzas —socialistas, comunistas, movimientos independientes— nunca lograron perdurar ni horadar el monopolio bipartidista sobre la opinión pública y las urnas.
La Violencia y el asesinato de Gaitán
La década de 1930 muestra ya un deterioro de las relaciones interpartidistas que anticipa lo que vendría. La retórica de intolerancia impulsada por líderes como Laureano Gómez —desde el Congreso y la prensa— alentó la idea de que el problema del poder no se dirimiría en las urnas sino por otros medios. Las frases desafiantes desde esos espacios operaban como habilitación cotidiana de la violencia.
El retorno conservador al poder en 1946 con Mariano Ospina Pérez, facilitado por la división liberal entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, coincidió con el inicio del período convencionalmente llamado La Violencia. El 9 de abril de 1948, el asesinato de Gaitán en Bogotá desencadenó el Bogotazo: disturbios masivos, saqueos e incendios en el centro capitalino y en otras ciudades. La significación del magnicidio trasciende la coyuntura. Gaitán fue el único de los grandes líderes populistas latinoamericanos de su generación —junto a Lázaro Cárdenas, Juan Domingo Perón, Getúlio Vargas y Víctor Raúl Haya de la Torre— que murió asesinado, y con él quedó abortado un proyecto populista que ofrecía, al menos discursivamente, una salida distinta a la binariedad partidista.
Lo que siguió fue una guerra rural. Guerrillas liberales organizadas por caudillos locales se enfrentaron a lo largo del país con vigilantes conservadores, respaldados con frecuencia por las fuerzas de seguridad estatales. La cifra convencional habla de hasta 200.000 muertos. El conflicto tuvo dos olas principales: la primera entre 1946 y 1953, bajo el gobierno y la dictadura conservadora —con 1949 como año particularmente crítico en el agudizamiento del enfrentamiento entre los jefes de ambos partidos—; la segunda entre 1953 y 1957, bajo la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla. En el campo, las lealtades partidistas eran tan densas que el vecino de otro color podía convertirse en enemigo mortal.
El Frente Nacional: congelar sin resolver
El Pacto de Benidorm, firmado el 24 de julio de 1956 por Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, y ratificado luego en plebiscito, dio origen al Frente Nacional. El acuerdo estableció la alternancia presidencial entre liberales y conservadores y el reparto paritario de curules en corporaciones públicas, ministerios, administración pública y rama judicial. Formalmente rigió hasta 1974, aunque sus dinámicas de reparto burocrático y de baja competencia entre los partidos tradicionales se prolongaron hasta finales de la década de 1970. Su duración fue comparable a la de la primera República Liberal del siglo XIX, y equivalente al doble del tiempo que rigieron la Regeneración o la segunda República Liberal: uno de los sistemas políticos más largos de la vida republicana colombiana.
El pacto tuvo un mérito indiscutible: redujo la violencia bipartidista que había desangrado al país. Pero lo hizo al costo de convertir a la democracia en un club cerrado. Al distribuir institucionalmente el poder solo entre liberales y conservadores, cerró las puertas a cualquier fuerza política que no fuera una de las dos ramas del árbol tradicional. Esa exclusión estructural fue la partera de las guerrillas que definirían las décadas siguientes. Las FARC surgieron precisamente en el marco del Frente Nacional: la ofensiva militar del Estado contra grupos armados vinculados al Partido Comunista precipitó su transformación en guerrilla revolucionaria, en un contexto donde las estrategias de contención al comunismo no cesaron pese al pacto bipartidista. El ELN y, más tarde, el M-19 completarían el catálogo.
El Frente Nacional, así, no resolvió la polarización: la congeló. Sacó la violencia interpartidista del centro del sistema y la desplazó hacia sus márgenes, donde el conflicto se reconfiguró como guerra entre el Estado y las insurgencias armadas. La fractura, entretanto, se refugió en las estructuras clientelistas y en una cultura política que seguía pensando el poder como una torta a repartir entre dos.
El exterminio de las terceras fuerzas
Cuando en los años ochenta se intentó abrir el sistema —con la desmovilización parcial de guerrillas y la incorporación de nuevas fuerzas a la competencia electoral—, la respuesta fue la violencia selectiva. La Unión Patriótica es el caso paradigmático. Entre 1984 y 2002, la violencia contra la UP se extendió a uno de cada tres municipios del país y produjo, además de miles de homicidios, miles de víctimas de desplazamiento forzado —la segunda violación de derechos humanos más frecuente contra sus militantes—, junto a amenazas, atentados, detenciones arbitrarias, torturas y secuestros. La persecución se concentró geográficamente: cerca de la mitad de las víctimas se acumuló en tres subregiones —Ariari-Guayabero, Magdalena Medio y Urabá—, una distribución territorial lejos de ser aleatoria.
El desplazamiento forzado operó como mecanismo de expulsión territorial de la militancia y de los líderes, desarticulando la dinámica social del movimiento y siendo, para muchos sobrevivientes, el primer trayecto hacia el exilio. Candidatos presidenciales de terceras fuerzas fueron asesinados. La causa exacta de esa violencia —la intolerancia de sectores dominantes, la connivencia estatal, la falta de cohesión popular o las prácticas políticas deficientes de los propios movimientos— sigue siendo objeto de disputa, pero el efecto es inequívoco: la aritmética del bipartidismo se protegió eliminando físicamente a quienes intentaron introducir un tercer término.
Ese exterminio tuvo también su justificación pública desde el paramilitarismo, articulada sobre la retórica del vacío estatal. Salvatore Mancuso, líder paramilitar acusado en 2003 de 21 homicidios y complicidad en tres masacres, defendió el accionar de sus grupos apelando a una supuesta ausencia del Estado que la organización habría venido a suplir. La fórmula ilustra un mecanismo recurrente: la percepción de vacío institucional —así sea invocada de manera espuria— sirvió para legitimar la violencia paraestatal contra las alternativas al bipartidismo, mientras la impunidad operaba como habilitador de la "justicia por propia mano" y retroalimentaba el conflicto armado.
El resultado fue una polarización cuya profundidad se explica, en parte, porque las opciones intermedias fueron eliminadas físicamente. El país no se fracturó solo porque heredara una cultura política binaria: también porque quienes intentaron ofrecer alternativas por fuera del bipartidismo fueron sistemáticamente asesinados, desplazados o silenciados.
2002: la refactorización uribista
El fin del siglo XX encontró al bipartidismo debilitado. Los jefes naturales de los partidos tradicionales habían perdido influencia, y el fracaso del proceso de paz de Andrés Pastrana con las FARC —roto en febrero de 2002— dejó a la opinión pública receptiva a un discurso que rompiera con el statu quo. Álvaro Uribe Vélez, candidato disidente del Partido Liberal tras rechazar la consulta interna que favorecía a Horacio Serpa, se presentó bajo el movimiento Primero Colombia y capitalizó ese vacío.
Su llegada al poder marca una refactorización de la polarización colombiana. El eje ya no será liberal/conservador —esa distinción se había vaciado desde el Frente Nacional— sino uribismo/antiuribismo, articulado en torno a la posición frente a las FARC. La Política de Seguridad Democrática involucró por primera vez al conjunto del aparato estatal —no solo a las fuerzas militares— en el combate a los grupos armados ilegales, en una diferencia sustantiva respecto a administraciones anteriores. Parte del proceso de modernización militar había arrancado en 1999 bajo Pastrana con el Plan Colombia, aunque el crédito por los resultados quedó adherido, en la memoria pública, a Uribe.
Uribe utilizó un lenguaje agresivo y pendenciero como estrategia política deliberada, orientada a construir consenso en torno a la guerra contra las FARC y al proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia. Su candidatura y su gobierno fueron objeto de acusaciones sobre nexos con el paramilitarismo —vinculadas a la promoción de las cooperativas Convivir durante su gobernación de Antioquia— y sobre relaciones con el narcotráfico. La polarización que produjeron sus dos presidencias fue de tal intensidad que arrastró a medios, analistas y formadores de opinión a los extremos del espectro, con pérdida de racionalidad y coherencia en la evaluación del desempeño de la dirigencia nacional. La contienda dejó de ser sobre políticas para volverse sobre lealtades.
El 26 de febrero de 2010, la Corte Constitucional cerró por siete votos contra dos la puerta a una segunda reelección, al rechazar el plebiscito que la habría habilitado. Uribe salió del poder pero no del centro del sistema: se convirtió en el eje en torno al cual se ordenaría la política colombiana durante la siguiente década.
Santos, la paz y la ruptura
Juan Manuel Santos fue protegido político de Uribe y su ministro de Defensa antes de ser elegido presidente en 2010. La ruptura fue casi inmediata. Al iniciar Santos el proceso de paz con las FARC, Uribe se convirtió en su crítico más vocal, atacándolo en redes sociales y acusándolo de ceder ante los terroristas. Un aparato de comunicación construido durante ocho años en la Casa de Nariño se volcó contra el sucesor. La grieta uribismo/santismo reorganizó el mapa político.
Las elecciones presidenciales de 2014 fueron el primer termómetro. En primera vuelta, Óscar Iván Zuluaga —candidato del Centro Democrático, el partido que Uribe había fundado tras salir del gobierno— obtuvo el 29,3% frente al 25,7% de Santos. En junio, Santos fue reelegido con el 51% de los votos frente al 45% de Zuluaga, en una contienda que muchos analistas interpretaron como un referendo sobre la paz más que como la consolidación de una base política propia. El eje discursivo se estructuró en torno a la oposición guerra/paz por el lado de Santos y justicia/impunidad por el lado uribista: una fractura que se trasladaría intacta al plebiscito dos años después.
El plebiscito de 2016: la cristalización pública
El domingo 2 de octubre de 2016, los colombianos fueron convocados a las urnas para responder a una pregunta: "¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". La Ley 1806 —la ley estatutaria del plebiscito— había fijado un umbral aprobatorio superior al 13% del censo electoral: un mínimo de 4.536.992 votos para que ganara el Sí.
El No ganó. La sorpresa fue mayúscula. Encuestadoras, partidarios del acuerdo y buena parte del comentariado internacional habían dado por descontada la victoria del Sí. El Instituto Kroc había calificado al acuerdo colombiano como el más integral del mundo y como el que mayores probabilidades tenía de gestar un posconflicto pacífico y sostenible. El resultado sorprendió también a quienes defendían el Sí: la magnitud del rechazo hacia las FARC en amplios sectores del país no había sido suficientemente anticipada.
El Centro Democrático, el sector pastranista del Partido Conservador y organizaciones gremiales como Fedegán habían llamado a oponerse al acuerdo, por convicciones ideológicas, cálculos electorales o agravios políticos. Uribe había declarado que el acuerdo era de impunidad total y que violaba la Constitución y las normas internacionales. Meses después, el coordinador de la campaña por el No admitiría explícitamente el uso de medias verdades y falsas noticias para confundir a la opinión pública durante la campaña: un reconocimiento que reconfiguró retrospectivamente la lectura del plebiscito e inauguró en Colombia el vocabulario de la desinformación como práctica electoral asumida.
La geografía del voto trazó su propio mapa: algunas regiones históricamente golpeadas por el conflicto —el Cauca a través de sus autoridades, el Valle en las urnas— expresaron esperanza en el acuerdo, mientras que zonas urbanas alejadas de la guerra se inclinaron por el No. Una voz cercana al proceso reconocería después que convocar el plebiscito pudo haber sido un error: le daba legitimidad democrática al acuerdo, sí, pero lo exponía a un resultado adverso con lógica de todo o nada.
Tras la derrota, el Gobierno introdujo ajustes al acuerdo respondiendo a críticas planteadas por sectores del No. El nuevo texto fue firmado en el Teatro Colón el 24 de noviembre de 2016 y ratificado por el Congreso. Pero la fractura ya estaba a la vista de todos. El plebiscito no había creado la polarización: la había cristalizado públicamente, obligando a cada colombiano a marcar una casilla y quedar clasificado. Lo que hasta entonces había sido una disputa de élites y una fractura latente se convirtió en identidad afectiva masiva.
Duque: la polarización como gobierno
Iván Duque llegó a la presidencia en 2018 como candidato del Centro Democrático y expresión del uribismo institucional. Su gobierno operó bajo una lógica de bloqueo hacia el legado de Santos. La cooperación entre expresidente y presidente en ejercicio —parte del pacto tácito de la vida republicana colombiana— fue sistemáticamente rechazada. Santos ofreció colaboración en múltiples coyunturas: el paro estudiantil de 2018, las protestas de 2019, la pandemia, el huracán Iota que devastó Providencia en noviembre de 2020, el paro nacional de 2021. Ninguna de esas ofertas obtuvo respuesta. Duque evitó pronunciar el nombre de su antecesor.
En el caso de Providencia, Santos gestionó ante la Fundación Rockefeller —de cuya junta directiva forma parte— algún tipo de apoyo para la isla arrasada, sin que el gobierno respondiera al ofrecimiento. La pauta era consistente: la grieta se había vuelto lógica de Estado.
Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial —los PDET, uno de los pilares transformadores del acuerdo— no alcanzaron la transformación participativa regional prevista y quedaron limitados a proyectos demostrativos validados por la Misión de Verificación de la ONU. Fueron valorados como punto de partida por quienes participaron del proceso, pero la implementación integral del acuerdo se vio ralentizada. La polarización institucional tenía costos materiales.
Petro y el nuevo eje
En diciembre de 2013, el procurador general de la nación había destituido e inhabilitado por quince años a Gustavo Petro, alcalde de Bogotá, por el caos generado en la reforma al sistema de recolección de basuras y el detrimento patrimonial causado. La decisión sería posteriormente revertida, pero prefiguraba una constante en su trayectoria: Petro como figura de disputa institucional intensa. Frente al proceso de paz, mantuvo una posición matizada. Planteó una distinción entre "paz pequeña" —el acuerdo entre el Estado y las FARC— y "paz grande", y expresó desconfianza inicial hacia el proceso dadas las condiciones en que se encontraban las FARC.
Su triunfo en la primera vuelta presidencial de 2022 —y luego en la segunda, que lo convirtió en el primer presidente de izquierda en la historia moderna del país, con Francia Márquez como vicepresidenta— reordenó el eje de la fractura. El clivaje que hasta entonces había sido uribismo/antiuribismo, articulado sobre el conflicto armado, se desplazó hacia un eje centro/periferia con contenido más marcadamente ideológico. El análisis electoral de 2022 identificó ese clivaje en los comportamientos de voto: Bogotá se alineó con los patrones de la periferia durante los últimos diez años, a diferencia de los municipios del centro. La geografía electoral cambió sin que la lógica binaria de la política colombiana se transformara.
La polarización no desapareció con la salida del uribismo del poder ejecutivo: mutó. El nuevo antagonismo enfrentó al petrismo con una oposición heterogénea en la que el uribismo seguía siendo referencia, pero ya no monopolio. La gramática seguía siendo la misma.
La era digital: identidad afectiva y desinformación
La forma contemporánea del fenómeno no puede entenderse sin las redes sociales. Uribe y Petro son casos paradigmáticos de políticos que convirtieron sus cuentas de Twitter en medios en sí mismos, referentes que las campañas intentan replicar. La comunicación directa —sin filtro periodístico, sin mediación institucional— permite a los líderes construir marcos interpretativos que se propagan a velocidad viral y refuerzan las identidades de los seguidores.
A ese poder de amplificación se han sumado prácticas de manipulación. En Colombia existen indicios de un mercado negro de Twitter orientado a crear apoyos artificiales a candidatos, con mecanismos que van desde cuentas automatizadas hasta operaciones más sofisticadas de amplificación. La campaña por el No en 2016 dejó documentado el uso deliberado de medias verdades y falsas noticias. La polarización afectiva encuentra en estas herramientas su combustible ideal: no importa tanto la verdad del contenido cuanto el afecto que moviliza contra el adversario.
El ecosistema mediático tradicional no ha sido contrapeso suficiente. Los medios locales y regionales han estado condicionados en sus narrativas sobre el conflicto por la dependencia de la pauta publicitaria y el sistema de "cupos", lo que genera autocensura y subordinación a los poderes que financian la información. La independencia de las agendas informativas frente a intereses de financiadores se ha visto erosionada, afectando la representación del conflicto armado y, con ella, la conversación pública sobre las opciones políticas.
La memoria misma quedó atrapada en esa dinámica. Los ensayos de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en lugar de decantarse en un relato compartido sobre los orígenes y responsabilidades de la guerra, reforzaron la grieta existente: cada bando encontró en aquellos textos el marco que confirmaba su propia versión del pasado, y el debate sobre lo ocurrido pasó a operar con la misma lógica de bloques con que se discutía el presente.
Estructura y contingencia del fenómeno
La ciencia política ofrece varias claves para pensar lo colombiano, y ninguna basta por sí sola. El modelo espacial clásico —que asume un electorado con distribución centrista y políticos racionales incentivados a moderarse, porque desplazarse hacia los extremos implica perder más votantes de los que se ganan— predeciría una convergencia hacia el centro que Colombia no ha vivido. La persistencia de dinámicas polarizadoras sugiere entonces que otros incentivos dominan: la lealtad clientelista, la movilización afectiva y el control territorial armado. Medir la distancia ideológica entre bloques, como propone la literatura sobre calidad de las democracias, importa menos aquí que entender por qué esa distancia se sostiene incluso cuando los programas convergen.
El clientelismo es una de esas piezas explicativas. Ha operado históricamente como un sistema de negociación mediante el cual las clases dominantes distribuyen bienes y servicios escasos a cambio de apoyo electoral, funcionando como un sistema de seguridad social deformado que se alimenta del atraso y el desempleo. Se articula, así, una economía de prestaciones y contraprestaciones que sostuvo la adscripción partidista más allá de los intereses de clase, y que sigue operando bajo formas modernizadas en la política contemporánea. El voto se ancla en la red de favores, no en la evaluación programática, y el sistema binario se reproduce a sí mismo desde abajo.
Una tercera clave viene de la literatura comparada sobre desigualdades horizontales, que ha mostrado la asociación empírica entre polarización social, exclusión intergrupal y conflicto violento. Los conflictos basados en exclusión grupal se vuelven violentos cuando las instituciones de resolución de conflictos, disuasión o coerción fallan. Aplicado a Colombia, el argumento permite entender por qué los efectos civilizadores y pacificadores usualmente atribuidos a la democracia pueden resultar neutralizados: la democracia no basta por sí sola y puede convivir con altos niveles de violencia política si las instituciones que deberían procesar el disenso están capturadas, son débiles o resultan cómplices.
Estas tres claves —incentivos partidistas, lealtades ancladas por debajo del programa, conexión entre exclusión y violencia— no son competitivas sino complementarias. Cada una ilumina una capa distinta del mismo fenómeno, y juntas permiten entender por qué la polarización colombiana no admite una explicación monocausal.
Sus raíces estructurales son innegables: siglo y medio de bipartidismo armado, un Frente Nacional que cerró institucionalmente el sistema durante casi dos décadas, un aparato clientelista que ancló las lealtades por debajo de las diferencias programáticas, y un exterminio sistemático de terceras fuerzas que eliminó físicamente las alternativas al binarismo. Esa herencia explica la profundidad de la grieta y su capacidad de reactivarse ante cada coyuntura.
Pero la forma contemporánea del fenómeno —identidad afectiva más que ideológica, amplificada digitalmente, articulada en torno al eje uribismo/antiuribismo primero y centro/periferia después— es también producto de contingencias. Uribe llegó al poder como candidato disidente que capitalizó el fracaso de Pastrana en un momento de debilitamiento de los partidos tradicionales. El plebiscito de 2016 fue una decisión estratégica cuyo diseño —umbral aprobatorio bajo, pregunta única, lógica de todo o nada— expuso el acuerdo a un resultado adverso que no era inevitable. La captura del discurso por redes sociales sin filtros institucionales es un fenómeno tecnológico de las últimas dos décadas, no una constante histórica.
La estructura explica la disposición del terreno; la contingencia explica la forma y el momento del incendio. Los grandes rasgos —lealtades transmitidas, adversarios convertidos en enemigos, terceras opciones ahogadas— vienen del siglo XIX; la textura afectiva del presente, con sus tuits al alba y sus campañas de desinformación industriales, es del siglo XXI.
Los balances del acuerdo de paz muestran ese doble movimiento. La reincorporación de exguerrilleros de las FARC avanzó pese a un contexto adverso; los PDET produjeron proyectos demostrativos aunque no la transformación regional esperada; la Jurisdicción Especial para la Paz consolidó sus procesos de esclarecimiento en medio del cuestionamiento permanente desde el uribismo. Colombia salió del episodio armado más largo del hemisferio occidental sin salir de la fractura que lo alimentaba. Cada intento de reforma democrática —desde la apertura constitucional de 1991 hasta el acuerdo de La Habana— opera contra una inercia histórica que empuja hacia el binarismo. La salida no es solo institucional: requiere transformar los mecanismos que reproducen la lógica de bloques, desde el clientelismo hasta la desinformación digital, desde la captura mediática hasta las estructuras de violencia que castigan a quien se sale del guion.
La grieta sigue ahí. Cambia de ejes, muta en su vocabulario, migra de plataformas. Pero permanece como estructura de fondo, recordando que la historia colombiana ha sido, con pocas interrupciones, la historia de dos bandos que se disputan no solo el gobierno sino el país. El desafío contemporáneo consiste en construir, de manera sostenida, un espacio político en el que la diferencia no dependa de la producción constante de enemigos.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Bipartidismo
- 02Violencia bipartidista
- 03Frente Nacional
- 04Bogotazo
- 05Seguridad Democrática
- 06Enemigo interno
- 07Exclusión política
- 08Pacto de élites
- 09Populismo
- 10Clientelismo
- 11Jorge Eliécer Gaitán
- 12Laureano Gómez
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
59 documentos · 69 fragmentos
01Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 411 cita
[1]Ia seriala el historiador A lvaro Tirado Mejia c u a n do se ref i e re a " s i glo y media d e bipartidismo " 1; I a historia del pals esta marcada par u na lucha entre elites para mantener el control del poder politico a traves de los partidos li beral y conservador 2 y en ella se han presenta do desde las mas…
p. 41
02Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3501 cita
[2]del crecimie nto económico y con la s demandas de una sociedad cada vez más moderna y secular. Pro- blema que surge en el siglo XIX pero que estalla en la segunda mi- tad del xx cuando la "exp losi ón demográfica" y la urbanización acelerada empezaron a erosionar órdenes sociales basados en la fa - milia patriarcal…
p. 350
03When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[3]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…
p. 1
04La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 321 cita
[4]el Tolima, operaban guerrillas liberales, varias de ellas convertidas en simples grupos de bandoleros, comandadas por hombres recios y crueles cuyos alias —Sangrenegra, Chispas, Desquite, Tarzán— formaban parte de la leyenda popular. Así supe, desde cuando tuve conciencia, que no vivía en un país normal. Que la guerra…
p. 32
05Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 551 cita
[5]generation to the next. Strong clientalist relationships led to intense rural and lower-class identi- fication with parties, as the vertically linked networks of privilege and patronage were the only channel connecting remote rural regions to national politics. One of the few significant differences between the two…
p. 55
06Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[6]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
07Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4881 cita
[7]1933) de Jorge Eliécer Gaitán, la Asocia- ción Patriótica de Empresarios Nacionales (Apen, 1931- 35) de inspiración derechista, la Liga de Acción Política (Lap, 1934-35) de orientación socialista. Ninguna de estas fuerzas logró perdurar -excepto el partido comunista- ni alterar el monopolio que sobre la opinión…
p. 488
08Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 341 cita
[8]of a Thousand Days (1899-1902) between Liberals and Con- servatives devastated the country. Panama declared its independence in 1903. xxx In 1948 the assassination of popular Liberal leader Jorge Eliecer Gai- tan instigated major political rioting in Bogota (the Bogotazo). Coun- trywide violence, known as La…
p. 34
09Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 61 cita
[9]prevent real reform. 14 Gaitán gained great national popularity, capturing the imagination of peasants and the urban working class by promising land redistribution and an end to the dominance of the oligarchy. He was considered a sure bet for Liberal presidential candidate, until he was assassinated in Bogotá in 1948…
p. 6
10Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1111 cita
[10]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…
p. 111
11Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 281 cita
[11]de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…
p. 28
12Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 961 cita
[12]se fue complicando, complicando, hasta que en lugar de ser un caldo de costilla o de gallina, se convirtió en un sancocho. Así es la violencia colombiana. Eso es la memoria histórica. La memoria histórica es que la violencia colombiana es de origen partidista. Los dos partidos de Colombia, liberal y conservador, son…
p. 96
13Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 582 citas
[13]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…
p. 58
[14]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…
p. 58
14No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 56, 5552 citas
[15]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…
p. 56
[37]Uribe, se veía ahora dividida en torno al apoyo al proceso de paz, en medio de un gobierno que no lograba consolidar una narrativa clara que involucrara a los colombianos. La división de la sociedad se hizo evidente en las elecciones presidenciales del año 2014. En estas, Santos buscó su reelección y para ello se…
p. 555
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[16]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
16Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 701 cita
[17]dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…
p. 70
17Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 321 cita
[18]bipartidista ue some- proba copular mediante plebiscito de 1 de die 1957, En adelante, v hasta elañ las curules en las corporaciones pabli- serian repartidas por mitades propa bete ministerial, las diferentes Instan- das de gobierno, la administración publica y lamina judicial. Este sis 3 v fue aplicado Be o la dos…
p. 32
18La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3461 cita
[19](2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…
p. 346
19Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3961 cita
[20]y por eso, muchas veces, no alcanzamos a percibir la permanencia de los aconte- cimientos en el transcurso del tiempo. Tal vez por ello, los colombianos no hemos reparado suficientemente en que el sistema del Frente Nacional es uno de los que más ha durado en nuestra vida republicana. Tuvo la duración aproximada de la…
p. 396
20Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 621 cita
[21]del aparente fracaso de la reforma pro- puesta por Andrés Pastrana. Uribe era uno de los precandidatos del Partido Liberal, enfrentándose principalmente a Horacio Serpa Uribe, quien había per- dido en la contienda electoral de 1998, representando el ala más tradicional del partido. Cuando el partido decidió utilizar…
p. 62
21A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 791 cita
[22]seguridad privada, Convivir 127 • 125 El/ j/ll/io de 2007, Jaime Maroso fue aCl/sado po,. el /1arcotraficalltc Fabio Ochoa de ser testtiferro }' colahorador del j~fe paramilitar Salvatore Ma/1wso. Revista Sell1al/a, "El hombre del cartel", 16 de jl/I/io de 2007. UI/ lIIio después de esta a(//sación, seglÍn lo il!formó…
p. 79
22A Gringa in Bogotá: Living Colombia's Invisible WarJune Carolyn Erlick · 2010 · p. 1811 cita
[23]in Carlos Gaviria’s closing campaign rally in the packed Plaza de Bolívar, I had stood amidst a sea of yellow T-shirts, the Polo Party color, and watched as raindrops fell and umbrellas came out and ralliers continued to chant. I had felt the energy of the chants—“El pueblo unido jamás será vencido,” a traditional…
p. 181
23Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 204, 2232 citas
[24]el poder alcanzado por los políticos regionales y porque el liderazgo de los jefes naturales de los partidos tradicionales comenzó a decaer. En las elecciones presidenciales de 1998, al final del período de gobierno de Samper, el Partido Liberal estaba quebrado por dentro. Su candidato era el ex ministro del Interior…
p. 204
[27]directa a través de las regalías que obtenía la nación por la explotación de sus recursos naturales, de modo que la clase política quedaba a cargo de unos recursos que no eran función del desempeño general de la economía sino de una actividad de enclave. R EELECCIÓN Una de las peores consecuencias de la polarización…
p. 223
24Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2681 cita
[25]Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…
p. 268
25Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1821 cita
[26]las repercusiones del 11 de septiembre en el planeta. Sin esta constelación de factores es probable que Uribe no hubiera llegado a ser presidente. A diferencia de los gobiernos anteriores, Uribe y su equipo elaboraron, antes de la posesión presidencial, un documento sobre su estrategia de seguridad; no obstante,…
p. 182
26Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1922 citas
[28]electoral council invali- dated the petition because of irregularities in signatures on it, but another petition was put forward. This was when some Uribe supporters started dis- cussing a “Plan B” should the Constitutional Court rule against the plebi- scite; others had begun that consideration earlier. On February…
p. 192
[29]electoral council invali- dated the petition because of irregularities in signatures on it, but another petition was put forward. This was when some Uribe supporters started dis- cussing a “Plan B” should the Constitutional Court rule against the plebi- scite; others had begun that consideration earlier. On February…
p. 192
27Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1821 cita
[30]las dos administraciones de Álvaro Página 182 Uribe se deben en gran parte al proceso de modernización y trasformación que él inició en 1999, aunque otros opinan que estos logros se deben exclusivamente a la administración Uribe. Aquí la respuesta es que fue un proceso de transformación del aparato militar que si bien…
p. 182
28Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 2261 cita
[31]la elección más importante de la historia contemporánea del país, que buscaba refrendar con una pregunta directa los acuerdos de paz iniciados en 2012 por el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tenía no solo la meteorología en contra, sino una serie de hechos que…
p. 226
29Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1421 cita
[32]the ELN’s options dramatically diminished, as they became the sole military target of the Colombian armed forces. However, the ELN leadership does not exert complete control over midlevel field commanders, and this has led to erratic and unpredictable decisions/actions. Finally, it is inevitable to assume that any…
p. 142
30Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 8431 cita
[33]julio de 2016, había declarado exequible la ley estatutaria de plebiscito, aprobada en diciembre pasado por el Congreso y sancionada por el Presidente el 24 de agosto, con el número 1806, “Por medio de la cual se regula el plebiscito para la refrendación del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la…
p. 843
31Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 374, 3822 citas
[34]Instituto, el que mayor probabilidades tenía — de acuerdo con 51 variables consideradas— de gestar un posconflicto pacífico y sostenible, es decir, una “paz de calidad” (< quality peace)M S. ¿Cómo explicar, en tonces, este resultado que sorprendió a tirios y a troyanos, tanto a los partidarios del Sí como a los…
p. 374
[40]fa r c al parecer lograron evitar un reciclamiento significativo de miembros de su movimiento en redes criminales317 y no se produjo ninguna disidencia de carácter político, no lograron que el e l n participara de manera conjunta en las negociaciones o, al menos, en negociaciones paralelas. En el caso del equipo…
p. 382
32Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 385, 4102 citas
[35]yo escrutaba, por lo menos, el Sí había barrido sobre el No. Yo sentía que ese día estábamos ratificando un sueño, que era el de terminar esa guerra con la guerrilla y empezar a aprender a convivir en paz en medio de todas nuestras diferencias. Por eso, cuando comenzaron a llegar los resultados —que fueron…
p. 385
[46]importa desde el punto de vista personal, pero se han perdido oportunidades de lograr posiciones conjuntas que congreguen al país. He hecho este ofrecimiento en varias ocasiones: desde el momento mismo del empalme; cuando el paro estudiantil de 2018, y luego en las protestas de 2019; cuando comenzó la pandemia, pues…
p. 410
33Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1361 cita
[36]medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…
p. 136
34Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1671 cita
[38]15-67. 10 Helena Alviar García y Karen Engle, “The distributive politics of impunity and anti-impunity: Lessons from four decades of colombian peace negotiations”, en Anti-Impunity and the Human Rights Agenda, ed. por Karen Engle, Zinaida Miller y D. M. Davis (New York: Cambridge University Press, 2016), 216-254,…
p. 167
35Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2841 cita
[39]sostenidos durante dos a ñ os con recursos p ú blicos, as í como a que las farc siguieran present á ndose ante la opini ó n, con algo de prepotencia, como un movimiento que hizo una guerra justa, que era la respuesta inevitable a la opresi ó n del sistema, lo que justificaba que las v í ctimas de estas d é cadas de…
p. 284
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1811 cita
[41]guerra. Al respecto, Oscar Rodrigo Campo, gobernador del Cauca de la época, expresó en una entrevista a la prensa: Como demócratas entendemos lo que el país de una u otra manera se ha pro- nunciado referente a la desaprobación al acuerdo de paz a través del plebiscito y esperamos que las voces oficiales se pronuncien…
p. 181
37Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 141 cita
[42]the right, such as the Conservative Party, that contained both Uribe and Santos supporters. In a tight but decisive contest, President Santos won reelection in a June 2014 runoff with 51% of the vote to his CD opponent’s 45%, with about 4% of voters casting blank ballots, suggesting some disillusionment with both…
p. 14
38Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1781 cita
[43]diversos y preparar los encuentros. Pero la crítica aludida se centra más en el llamado Grupo de Juristas conformado por las partes para contribuir con nuevos caminos en la difícil cuestión de la Justicia Transicional. También en el empujón a las conversaciones en lo que se llamó el Conclave y, con menor intensidad,…
p. 178
39Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 511 cita
[44]during the period when Juan Manuel Santos was defense minister in the Uribe government. More than two years later, shortly after his inauguration, President Santos approved a raid in September 2010 that resulted in another government victory over the FARC, the killing of Commander Jorge Briceño (or “Mono Jojoy”), a…
p. 51
40Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2141 cita
[45]358. 357 E n julio de 2014 un estudio del PNUD sobre los mayores registros de la desigualdad en el mundo registra a Colombia en el vergonzoso puesto 12, entre 168 países, en consideración del Índice de Desarrollo Humano y con apoyo en datos oficiales del DANE. 358 La inconformidad social se manifiesta en las encuestas…
p. 214
41Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 161 cita
[47]desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…
p. 16
42Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1032 citas
[48]cidh incluyó en su reglamento una disposición que trata específicamente de las maneras en que los Estados pueden dejar de ser ob - jeto del escrutinio del capítulo iv. Una de ellas es que el Estado en cuestión invite a la Comisión a realizar una visita in loco. En cumplimiento de esa nueva dispo - sición, en el…
p. 103
[49]cidh incluyó en su reglamento una disposición que trata específicamente de las maneras en que los Estados pueden dejar de ser ob - jeto del escrutinio del capítulo iv. Una de ellas es que el Estado en cuestión invite a la Comisión a realizar una visita in loco. En cumplimiento de esa nueva dispo - sición, en el…
p. 103
43Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 3051 cita
[50]salvar la paz de Colombia. El presidente que- ría pasar a la historia por haber acabado la guerra con las FARC, que en el fondo implicaba acabar con este grupo guerrillero. No necesariamente era lo mismo, pero, desde una visión del esta- blecimiento, de tcidas formas era un gran triunfo. La responsa- bilidad, sin…
p. 305
44Elecciones presidenciales y legislativas en Colombia en 2022Juan Carlos Escobar, Bibiana Ortega, Laura Wills-Otero · 2023 · p. 4, 222 citas
[51]“El clivaje centro-periferia en las elecciones colombianas: una estructura y sus matices (2014-2022)”, de Yann Basset, se centra en la configuración de patrones geográficos que oponen compor- tamientos electorales recurrentes entre municipios del centro y de la periferia, a 1 Para conocer otros análisis electorales…
p. 4
[53]aunque no es nueva en el país, se expresó fuertemente en la coyuntura política del acuerdo y posteriormente es un fenómeno de gran interés, no solo en el país sino en el ámbito global. El impacto de las movilizaciones sociales sobre los resultados electorales, el surgimiento de candidaturas personalistas o populistas,…
p. 22
45El dulce poder: Así funciona la política en ColombiaLa Silla Vacía · 2018 · p. 521 cita
[52]o del político antes, durante y después de la época electoral, y también para atacar o minimizar al candidato o político contradictor. Estas estrategias, sin embargo, tenían un impacto mayor antes de la irrupción de internet. Con el auge de las redes sociales, las estrategias para ganar y reproducir el poder son muy…
p. 52
46Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 901 cita
[54]Esta conflagración estructural no puede seguir siendo motivo de debate. Exige un consenso sobre los hechos y una verdad que ahora por fin podemos empezar a encontrar. Para cortar el ciclo de las nuevas afrentas necesitamos claridad sobre muchas ya cometidas. Zanjar nuestra polarización y empezar a cerrar por fin su…
p. 90
47Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 251 cita
[55]las FARC y el Gobierno colombiano, en la que se rea- lizaron 12 ensayos y dos relatorías. 5 Vistos en su conjunto, es claro que estos ensayos produjeron narrativas divergentes sobre el conflicto armado, que refuerzan la polarización existente en torno a orígenes, factores de persis- tencia e impactos del conflicto…
p. 25
48La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · p. 1161 cita
[56]quincenal o mensual, o hacen un noticiero en alguna emisora de radio o ca- nal local de televisión. En este caso opera el sistema de “cupos pu- blicitarios”, o arrendamiento de espacios, que obliga al periodista a conseguir y contratar la pauta, al mismo tiempo que escribe y realiza sus informaciones. “En una mano uno…
p. 116
49Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 281 cita
[57]parte de esas raíces sociales; sin embargo, muchos de ellos todavía mantienen algo de esa conexión con los inte- reses sociales. 11 En América Latina, en cambio, la relación entre el debate político y las clases sociales siempre ha sido débil (Touraine 1988, Zermeño 1978). Los conflictos políticos sólo tienen que ver…
p. 28
50El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 341, 4782 citas
[58]de votantes, mientras que en los extremos será baja. En la medida en que los políticos prácticos quieren ganar las elecciones, y por con siguiente buscan los nichos más poblados electoralmente, seguirán a sus electores y se ubicarán en la posición sobre el eje de las X que maximice sus votos. Es decir, con votantes…
p. 341
[62]de preferencias. Un efecto lateral inmediato de reformas en tales terrenos ha de ser el debilitamiento cualitativo del poder político de élites agrarias extremadamente violentas y agresivas y a la vez vulnerables, algo fundamental para la construcción democrática.3 9 1 En cuanto a las teorías internacionales sobre la…
p. 478
51El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2491 cita
[59]la siguiente manera: 256 a. El contenido de las transacciones pol í ticas en las sociedades divididas en clases, conduce a una instrumentalizaci ó n de quienes se hallan desprovistos del poder. b. El clientelismo es una forma de negociaci ó n, mediante la cual, las clases dominantes distribuyen los bienes y servicios…
p. 249
52Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 5521 cita
[60]assembly have now been added to these. While the government-opposition dialectic is trying to break through the confines of the National Front and work toward the revitalization of the parties and the congress, the popular election of mayors opens a space for the emergence of new political forces and thus stimulates…
p. 552
53Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3231 cita
[61]resultados los obtienen, también, Elbadawi (1992), Fearon y Laitin (2003) y Sambanis (2004), por ejemplo. 322 Guerra y violencias en Colombia están asociadas con altos niveles de conflictividad social. Aunque conflictos basados en la exclusión grupal son comunes en las sociedades, los conflictos sólo se vuelven…
p. 323
54Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7051 cita
[63]armado 2414. Además de las violencias letales, los integrantes de la UP y las personas relacio- nadas con ella sufrieron otros tipos de violaciones de derechos humanos que, si bien 2413 JEP-CEV-HRDAG, «Proyecto conjunto de integración de datos y estimaciones estadísticas sobre violaciones ocurridas en el marco del…
p. 705
55Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 1151 cita
[64]la violencia, es im- portante constatar los patrones de concentración y si hubo simulta- neidad en la perpetración de la violencia en más de un territorio. Centrados en las víctimas de los homicidios y las desapari- ciones forzadas documentadas por el Observatorio de Memo- ria y Conflicto del CNMH, la violencia contra…
p. 115
56Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 641 cita
[65]y en el menor de los casos, maquillados por capricho presidencial. 65 Los intentos casi individuales de parte de candidatos presidenciales diferentes a los dos partidos tradicionales, prestos a recuperar el honor de la república y la dignidad nacional en representación de todos aquellos que hemos creído y seguiremos…
p. 64
57Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 641 cita
[66]y en el menor de los casos, maquillados por capricho presidencial. 65 Los intentos casi individuales de parte de candidatos presidenciales diferentes a los dos partidos tradicionales, prestos a recuperar el honor de la república y la dignidad nacional en representación de todos aquellos que hemos creído y seguiremos…
p. 64
58Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2852 citas
[67]AUC y de las fuerzas afiliadas a ellas, así como personas que sostenían tener vínculos con estos grupos, se rindieron a las autoridades colombianas. 142 La historia de los paramilitares colombianos es una advertencia para los gobiernos. Enseña que cuando los Estados no hacen cumplir las leyes, es pro- bable que los…
p. 285
[68]AUC y de las fuerzas afiliadas a ellas, así como personas que sostenían tener vínculos con estos grupos, se rindieron a las autoridades colombianas. 142 La historia de los paramilitares colombianos es una advertencia para los gobiernos. Enseña que cuando los Estados no hacen cumplir las leyes, es pro- bable que los…
p. 285
59Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 611 cita
[69]forma de retaliación, de canalización de la rabia o el odio, de respuesta a la impunidad y la desprotección. La falta de justicia ha operado en muchos casos como un factor de justificación para tomarse la violencia como si fuera «justicia por propia mano», realimentando las venganzas y las interacciones violentas de…
p. 61