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Biografía

Rufino José Cuervo

Transversal

1844–1911

16 min de lectura24 documentos
Nacimiento1 de septiembre de 1844
Fallecimiento1911
RolesFilólogo · Lexicógrafo
Lugar principalColombia
Período históricoTransversal
03

La biografía

Rufino José Cuervo Urisarri (Bogotá, 1 de septiembre de 1844 – París, 1911) es el filólogo más importante que ha producido Colombia y una de las figuras cimeras de la lingüística en lengua castellana del siglo XIX. Autor de las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (1872) y del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana —empresa monumental que dejó inconclusa a su muerte—, construyó desde el exilio parisino la obra que la Bogotá conservadora de la Regeneración reclamaría después como emblema de su autoproclamada condición de "Atenas Suramericana". Su nombre, unido al de Miguel Antonio Caro en el Instituto Caro y Cuervo fundado en 1942, quedó fijado en la memoria pública como cimiento simbólico de un país que se pensó a sí mismo, más que ninguna otra república americana, desde la gramática.

02

Línea de vida

  1. 1844

    Nacimiento en Bogotá

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    Nace el 1 de septiembre de 1844 en Bogotá, hijo de Rufino Cuervo Barreto, quien prefería para él una vida rural antes que una dedicada a la gramática o la vida urbana. Su formación intelectual fue moldeada por los jesuitas y por maestros como Lorenzo Lleras, Mariano Ortega, Ricardo Carrasquilla y Santiago Pérez.

  2. 1872

    Publicación de las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano

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    Publica en Bogotá sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, obra que examina el habla capitalina con rigor metodológico inédito en el país. El mismo año se funda la Academia Colombiana de la Lengua, primera correspondiente de la Real Academia Española en América, marcando la institucionalización del campo filológico colombiano.

  3. 1872

    Cofundación del campo filológico colombiano

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    La coincidencia en 1872 de las Apuntaciones y la fundación de la Academia Colombiana de la Lengua sitúa a Cuervo en el centro del momento en que el campo filológico colombiano se institucionaliza y produce su primer libro mayor, inscribiendo su obra en el proyecto de una filología hispanoamericana capaz de pensarse desde América.

  4. 1882

    Traslado definitivo a París

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    Junto a su hermano Ángel, liquida la cervecería familiar en Bogotá —negocio que había financiado su independencia intelectual— y se instala en París, donde residirá hasta su muerte. Desde la rue de Siam emprende la construcción del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana y establece correspondencia con filólogos románicos europeos como Gaston Paris.

  5. 1911

    Muerte en París y obra inconclusa

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    Muere en París en 1911, dejando inconcluso el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, del que solo había alcanzado las letras iniciales tras treinta años de trabajo casi solitario. La conclusión de la obra quedaría en manos del Instituto Caro y Cuervo, fundado en 1942 con su nombre unido al de Miguel Antonio Caro.

  6. 1942

    Fundación del Instituto Caro y Cuervo

    Leer contexto

    Su nombre es unido póstumamente al de Miguel Antonio Caro en el Instituto Caro y Cuervo, fundado en Bogotá en 1942. La operación simbólica convirtió al filólogo distante en compañero institucional del ideólogo conservador que había gobernado el país que Cuervo había dejado, fijando su figura como cimiento simbólico de una nación que se pensó a sí misma desde la gramática.

La paradoja bogotana

Cuervo encarna una paradoja precisa: el sabio que necesitó irse de Bogotá para completar la obra que Bogotá le encargaba. Formado en la ciudad letrada por antonomasia del continente, financiado por una cervecería familiar levantada con su hermano Ángel, exiliado voluntariamente en París desde 1882 hasta su muerte, hizo desde el barrio séptimo de la capital francesa una filología descriptiva del castellano hablado en América que era, a la vez, radicalmente moderna en su método y profundamente arraigada en el mundo criollo que la había hecho posible.

Ese doble anclaje explica por qué su figura resulta luminosa e incómoda. Cuervo compartió maestros con liberales que morirían perseguidos —Santiago Pérez expiró en solitario exilio en 1900, tras tres guerras civiles—, pero fue apropiado póstumamente por el régimen conservador de la Regeneración, que en 1914 le levantó un monumento en Bogotá y en 1942 le prestó su apellido a un instituto cuyo otro epónimo, Miguel Antonio Caro, había sido el arquitecto de la Constitución de 1886. Ni la hagiografía patriótica ni la fiscalía retrospectiva alcanzan a explicar a este hombre: hay que verlo en las tensiones que lo hicieron.

Los orígenes: la Bogotá letrada y la casa Cuervo

Cuervo nace en el corazón de la ciudad letrada. Bogotá, hacia 1844, era ya lo que Ángel Rama llamaría después una ciudad letrada en sentido estricto: un centro donde eclesiásticos, educadores, administradores e intelectuales operaban como una clase sagrada encargada de la misión civilizadora. La primera imprenta había llegado en 1738 de la mano de los jesuitas; el Papel Periódico de Santafé, dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez, había empezado a circular el 9 de febrero de 1791. Cuando nace Rufino José, la capital arrastra ya más de un siglo de vida impresa, y una minoría criolla se define por su inclinación a los estudios y las artes, con preferencia por las ciencias especulativas donde hallaban mayor posibilidad de lucimiento.

Su padre, Rufino Cuervo Barreto, hombre de vida pública, quería para su hijo una existencia rural, no urbana ni gramatical. La vocación se le impuso a Rufino José en contra de ese deseo paterno, y aquí conviene desmentir un mito piadoso: no fue un niño prodigio inclinado desde la cuna hacia la lengua. La afición se le fue formando por acumulación de maestros. Los jesuitas —esos "viejos aficionados a la filología", como los describe el material que él y su hermano Ángel dejaron sobre sí mismos— fueron el primer sedimento. Luego vinieron Lorenzo Lleras, Mariano Ortega, Ricardo Carrasquilla y Santiago Pérez: cuatro nombres del campo letrado bogotano de mediados del siglo XIX, cuatro escritores y educadores que sembraron en el muchacho la certeza de que la gramática podía ser una vocación.

La coincidencia de esa red no es casual. Bogotá parecía predispuesta al oficio: sus hermanas hispanoamericanas comenzarían a llamarla "Atenas Suramericana", denominación que solo empezaría a resquebrajarse con la modernización urbana del siglo XX. Los criollos —según describían con ironía Ángel y Rufino José en la Vida de Rufino Cuervo— sentían por la gramática algo parecido a lo que los escoceses sentían por el whisky. La afición a la lengua no era un capricho individual: era un rasgo de clase, un marcador de distinción y, muy pronto, un instrumento de poder.

En ese entorno se produjo el hecho decisivo de la infancia intelectual de Cuervo: la temprana asociación con su hermano Ángel. Los dos hermanos —mayor Ángel, menor Rufino José— construirían a lo largo de la vida un dúo prácticamente inseparable, con una división del trabajo que combinó el instinto comercial del primero con la vocación erudita del segundo. Esa sociedad hizo posible todo lo demás. Sin Ángel no hay Rufino José; conviene repetirlo, porque la historiografía suele borrarlo, y porque el propio filólogo, en la escritura conjunta de la Vida paterna, se cuidó de dejar constancia de esa deuda gemelar.

La trayectoria: de la cervecería al Diccionario

El año 1872 concentra la primera fase pública de la trayectoria. Rufino José publica en Bogotá sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, obra que examina el habla capitalina con un rigor metodológico inédito en el país, señalando errores y usos, contrastándolos con la norma peninsular pero sin adoptar la actitud de fiscal purista que dominaba entonces la lexicografía hispana. Ese mismo año se funda la Academia Colombiana de la Lengua, primera correspondiente de la Real Academia Española en América. La coincidencia de fechas no es anecdótica: marca el momento en que el campo filológico colombiano se institucionaliza al tiempo que produce su primer libro mayor. La Universidad Nacional, fundada en Bogotá en 1867, había establecido cinco años antes el otro polo de la vida académica de la ciudad.

El otro pilar de esa fase fueron las cervecerías. Ángel y Rufino José, con el sentido comercial pragmático que los dos hermanos compartían, establecieron un negocio cervecero en Bogotá que produjo la fortuna material sobre la cual descansaría toda la obra filológica posterior. La cervecería es un dato indispensable para entender a Cuervo, porque explica algo que la iconografía patriótica prefiere silenciar: el Diccionario de construcción y régimen no fue financiado por el Estado colombiano ni por mecenas de la élite política, sino por el capital acumulado en un negocio familiar. La independencia intelectual de Cuervo respecto de los gobiernos de la Regeneración —que hubiera sido su patrocinador natural— tuvo esa base concreta. El sabio consagrado en bronce fue, primero, un empresario que malteaba cebada.

En 1882 los hermanos liquidan la cervecería y se instalan en París. La ciudad era entonces, para la élite hispanoamericana, lo que Baldomero Sanín Cano describió como el lugar que "concentraba en sí las maravillas, todas las amenidades y adelantos de la civilización". Haber estado en París otorgaba en Bogotá un prestigio social casi automático; algunos círculos de la clase alta colombiana hablaban y leían en francés, inglés y alemán, y el francés era el modelo dominante para pensamiento, gusto y costumbres. Pero Cuervo no viajó a París por moda: fue a instalarse cerca de las grandes bibliotecas europeas y de los filólogos románicos que podían ofrecerle interlocución. Su decisión inscribe la biografía en la corriente más amplia de la europeización de las élites intelectuales latinoamericanas —Ignacio Torres Giraldo diría después que las mentes avanzadas del país llegaron al siglo XX dilucidando todavía los acontecimientos de la Revolución francesa—, pero con una diferencia decisiva: la mayoría iba a admirar; Cuervo fue a trabajar.

En la rue de Siam, en un París donde vivió el resto de sus días, emprendió la construcción del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, obra concebida no como un diccionario de significados sino de sintaxis: registro exhaustivo de cómo se construían los verbos, qué preposiciones regían, qué combinaciones autorizaba la lengua en su despliegue histórico. Era una empresa que exigía leer siglos de castellano y fichar cada ocurrencia relevante. Cuervo la concibió con la escala de una obra colectiva y la ejecutó, sin embargo, como un empeño casi solitario. A su muerte en 1911 había alcanzado las letras iniciales; la conclusión tardaría décadas y quedaría en manos, precisamente, del Instituto que llevaría su nombre.

Entre la partida a París en 1882 y la muerte en 1911 —treinta años de trabajo continuado— Cuervo se convirtió en un interlocutor reconocido de la filología románica europea. La correspondencia con figuras como Gaston Paris lo situó en un circuito que ningún otro colombiano de su generación logró habitar con esa naturalidad. Y sin embargo nunca dejó de ser bogotano: en la escritura de la Vida de Rufino Cuervo —biografía de su padre que Ángel y Rufino José redactaron a cuatro manos, publicada en dos volúmenes— siguieron narrando el país que habían dejado, con una atención al detalle político y social del siglo XIX colombiano que revela hasta qué punto la distancia no había producido desapego. La Vida no es solo memoria familiar: aborda la educación universitaria en tiempos de la dictadura del general Urdaneta —cuando el Batallón Callao acuartelado en San Bartolomé destruyó instrumentos de física y parte de la biblioteca—, discute el eco que hacia 1848 tuvo en la Nueva Granada la idea de los talleres nacionales inspirada en Louis Blanc, y describe con tono irónico a los artesanos que se imaginaban "catedráticos de sastrería". Los hermanos no eran cronistas neutrales; opinaban sobre lo que narraban, y su distancia de la política colombiana no cortó el nervio del juicio.

La red: maestros, pares, adversarios silenciosos

Comprender a Cuervo exige reconstruir la trama humana en la que se hizo. En el nivel de la formación, la lista de maestros ya nombrados —Lleras, Ortega, Carrasquilla, Pérez, más el sedimento jesuita— define un campo particular: educadores criollos que combinaban vocación pedagógica, obra literaria y compromiso público. Santiago Pérez, específicamente, no era una figura menor en la formación de Cuervo: fue escritor, educador y político de primera línea del liberalismo radical, presidente de la República entre 1874 y 1876. Su destino final —el exilio solitario y la muerte en 1900, tras tres guerras civiles— traza el contraste más elocuente con el destino simbólico de su antiguo alumno: el maestro liberal murió proscrito por el orden que después consagraría al discípulo filólogo.

En el nivel de los pares, la referencia decisiva es Ezequiel Uricoechea (1834-1880). Científico y filólogo bogotano, autor de una Gramática de la lengua chibcha y de unos Elementos de mineralogía publicados hacia 1860, Uricoechea representa la generación inmediatamente anterior de la ciudad letrada bogotana, aquella que combinaba erudición humanística con curiosidad científica en un mismo cerebro. Su temprana muerte en 1880 —dos años antes del traslado definitivo de Cuervo a París— dejó al filólogo joven sin el interlocutor colombiano que hubiera podido acompañarlo en el trabajo europeo. Buena parte de la soledad intelectual de Cuervo en Francia se explica por esa ausencia.

Y luego está la sombra tutelar de Andrés Bello, muerto en 1865, cuya Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847) había fundado el proyecto de una filología hispanoamericana capaz de pensarse desde este lado del Atlántico sin someterse al dictado peninsular. Cuervo se inscribe en esa filiación y la lleva más lejos: donde Bello había normado, él describió; donde Bello había prescrito el uso correcto, él documentó el uso vivo.

El caso más delicado de la red es la relación con Miguel Antonio Caro. Coetáneo de Cuervo, principal pensador conservador de la época, autor principal de la Constitución de 1886, vicepresidente bajo Rafael Núñez y jefe efectivo del gobierno tras la muerte de este en 1894, Caro fue todo lo que Cuervo no quiso ser: político militante, hispanófilo militante, católico ultramontano, tradicionalista. De Caro se decía —y él mismo lo confirmaba— que por principio no viajaba más allá de los confines de la Sabana de Bogotá; el general Rafael Uribe Uribe lo atacó por ser un "académico" que, sin salir del área urbana capitalina, pretendía legislar sobre un país cuya geografía y realidad práctica desconocía. Caro fundó y dirigió el periódico El Tradicionista; sus contemporáneos lo llamaron "místico de la autoridad" y "obsesivo religioso". El período de su ascendencia política —entre 1886 y 1903— fue uno de los más intransigentes de la historia colombiana: tres guerras civiles, cierre de la Universidad Nacional, censura sobre intelectuales liberales, y al final la guerra de los Mil Días (1899-1902) y la pérdida de Panamá en 1903.

Cuervo y Caro compartían gramática y no compartían política. No hay ruptura pública explícita entre ambos, pero la sola geografía habla: mientras Caro no salía de la Sabana, Cuervo vivía desde hacía años en París; mientras Caro construía la Constitución que abolió el federalismo y ató la educación pública a la Iglesia mediante el concordato de 1887, Cuervo se ocupaba de las preposiciones. La distancia era también método: la filología descriptiva de Cuervo, atenta al lenguaje bogotano como habla real con sus giros y desvíos, era conceptualmente incompatible con el purismo hispanista que Caro convirtió en política de Estado. Que la posteridad los haya unido en un instituto bautizado con sus dos apellidos es la operación póstuma más lograda de la Regeneración: hizo del filólogo distante un compañero simbólico del ideólogo que gobernó, desde Bogotá, el país que Cuervo había dejado.

El exilio parisino: la obra desde afuera

Hay que insistir en el hecho geográfico porque explica al intelectual. París, entre 1882 y 1911, fue para Cuervo taller y refugio. Taller porque le ofreció las bibliotecas, los archivos y los interlocutores románicos que la Bogotá de los años 80 y 90 —con la Universidad Nacional intermitentemente cerrada y la vida intelectual sometida a la ortodoxia católica— no podía darle. Refugio porque lo puso a salvo de un país que entre 1886 y 1903 vivió su temporada de mayor intransigencia y oscurantismo.

Y sin embargo, ese exilio no fue percibido como fuga. Ni sus contemporáneos ni él mismo lo experimentaron así: era el patrón de época llevado al extremo. La élite intelectual colombiana miraba a París como modelo de todo, y quien viajaba adquiría prestigio automático al regreso; Cuervo se limitó a no regresar. Su casa parisina se convirtió, con los años, en una estación remota pero permanente de la vida letrada bogotana; por allí pasaban colombianos, se enviaban libros, se sostenía correspondencia. Marco Fidel Suárez —quien años después sería presidente y quien estaría entre los promotores del monumento— fue uno de los interlocutores que mantuvo viva la relación con la lengua desde este lado del océano.

Cuando Ángel murió en 1896, Rufino José quedó verdaderamente solo. Los quince años finales fueron los más intensos y los más aislados del trabajo sobre el Diccionario. Se lo imagina en la rue de Siam, viudo del hermano, fichando verbos, cotejando siglos, sin la voz cómplice que había firmado con él la biografía paterna y llevado las cuentas de la cerveza. La muerte del filólogo, en 1911, lo encontró en París, donde fue enterrado en el cementerio de Père-Lachaise: emblema exacto de una biografía que se hizo entre dos ciudades y quedó, físicamente, del lado europeo. Su cuerpo no volvió a Bogotá. Su nombre, en cambio, sí.

La huella: el monumento, el Instituto, la memoria disputada

La reabsorción simbólica empezó de inmediato. En 1914, apenas tres años después de la muerte, una junta oficial presidida por el Ministro de Obras Públicas y en la que figuraban, entre otros, Marco Fidel Suárez y Rafael Pombo, impulsó la construcción de un monumento bogotano al filólogo. La obra fue encargada al escultor francés Charles Raoul Verlet y se inauguró el viernes 17 de julio de 1914. En la cara frontal, una placa de bronce con la inscripción latina Rufino Josepho Cuervo, rodeada de cintas, libros, ramajes y dos plumas. La iconografía es explícita: el sabio consagrado por la República, fijado en la pose que la Regeneración necesitaba.

Que fuera Marco Fidel Suárez uno de los promotores es significativo. Suárez, filólogo él mismo, conservador hasta la médula, encarnaba la continuidad del régimen de la Regeneración en el terreno cultural. La ceremonia de 1914 se hizo, así, bajo un doble signo: rendir tributo a un compatriota universal y afirmar, en el mismo gesto, que la tradición filológica bogotana era una empresa de Estado y de partido.

El paso decisivo, sin embargo, vendría en 1942 con la fundación del Instituto Caro y Cuervo. La operación nominal es transparente: al unir a Cuervo con Caro se establecía una equivalencia entre el filólogo europeo y el ideólogo regenerador, se sugería que ambos formaban parte de una misma tradición intelectual y se hacía del Instituto el heredero legítimo de una doble genealogía. Que la obra de Caro y la de Cuervo tuvieran, en rigor, poco en común más allá del interés por el idioma —el primero fue un latinista hispanista al servicio del proyecto político conservador, el segundo un gramático descriptivo al servicio del conocimiento del español americano— no importó para el gesto institucional.

El Instituto, con todo, cumplió y sigue cumpliendo un papel decisivo. Completó el Diccionario de construcción y régimen que Cuervo había dejado inacabado. Publicó ediciones críticas de obras literarias coloniales colombianas —las Obras de Hernando Domínguez Camargo en 1960, El desierto prodigioso de Pedro de Solís y Valenzuela en 1977—, sostuvo desde 1949 la revista Thesaurus, que acogió estudios filológicos e histórico-literarios sobre Colombia, y montó un Departamento de Dialectología que emprendió el Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC), proyecto pionero en un continente donde los atlas lingüísticos acusaban considerable retraso respecto de Europa. La obra del Instituto, en su mejor rendimiento, es fiel al Cuervo real —el filólogo descriptivo, atento a la variación regional y al detalle textual— más que al Cuervo emblemático que se le superpuso.

La Vida de Rufino Cuervo, escrita a cuatro manos con Ángel y publicada en dos volúmenes (la edición consultada por generaciones de investigadores es la bogotana de 1946), sobrevivió como fuente histórica de consulta permanente para la Colombia decimonónica. Los estudiosos del siglo XIX colombiano citan sus páginas para reconstruir el ambiente universitario, el movimiento artesanal, las corrientes ideológicas del período; los hermanos Cuervo produjeron, sin proponérselo del todo, uno de los testimonios más ricos que la élite letrada bogotana dejó sobre sí misma. La Selección Samper Ortega de literatura colombiana, canon del siglo XX, incorporó obra de Rufino J. Cuervo, sellando su lugar en la tradición.

Sombra y luz de una figura

La figura de Cuervo no cabe en el bronce de 1914. El monumento lo fija en la pose del sabio nacional que la Regeneración necesitaba; el hombre real fue más complicado, más silencioso políticamente y más independiente materialmente. Fue cervecero antes que gramático de tiempo completo, exiliado por elección antes que embajador cultural, hermano de Ángel antes que autor individual, europeo por residencia antes que colombiano por afiliación institucional. Y sin embargo lo que produjo desde París pertenece, en un sentido irreductible, al proyecto letrado bogotano que lo formó: sin los jesuitas del siglo XVIII que trajeron la primera imprenta, sin los cuatro maestros criollos que le enseñaron gramática, sin la Academia Colombiana de la Lengua fundada el mismo año que sus Apuntaciones, sin la ciudad letrada que llamaba a la gramática una vocación digna, no habría habido Cuervo.

R. H. Moreno-Durán, al historiar la irrupción del modernismo en la literatura colombiana, habló de una revolución filológica como una de las coordenadas del período. La expresión, pensada para otros fines, describe con exactitud lo que Cuervo hizo: y describe también, con precisión involuntaria, la operación mediante la cual la Colombia conservadora convirtió esa revolución en un monumento. Cuervo había pasado treinta años en París documentando el uso vivo del castellano americano, es decir, minando por la vía descriptiva el hispanismo purista que dominaba el campo intelectual bogotano. La Regeneración, con talento póstumo, lo devolvió al altar de ese mismo hispanismo. El gramático que había hecho geografía de la variación se convirtió en columna de una nación que negaba la variación en nombre de la unidad católica del idioma.

Ahí está la vuelta última. No basta con decir que Cuervo escapó del país para hacer la obra que el país le pedía; hay que añadir que el país, después, se apropió de esa obra invirtiéndole el signo. La memoria pública colombiana rara vez ha reparado en la maniobra. Ha preferido al Cuervo del bronce: el niño prodigio que no fue, el patriota inmaculado que fue solo a medias, el compañero simbólico de Caro que en rigor nunca lo acompañó. La ficha honesta del filólogo debe restituir las dos caras: la del gramático que produjo, desde el exilio y con capital de cerveza, el mayor monumento léxico-sintáctico de la lengua castellana en su tiempo; y la del hombre a quien la posteridad, con eficacia póstuma admirable, convirtió en cimiento de un orden del que él había preferido, discretamente, mantenerse a distancia oceánica. El Père-Lachaise, y no el Cementerio Central de Bogotá, guarda todavía esa última palabra suya: la de no volver.

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Conexiones del archivo

Red histórica

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

24 documentos · 27 fragmentos
01Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 1321 cita
[1]

los requisitos que se recomiendan a quien quiera consagrar la vida a la gramática es que sea bogotano. A los bogotanos les atrae la gramática como a los escoce- ses el whisky. Cuervo era bogotanísimo. Había nacido en la capital el 1 de septiembre de 1844. Los responsables de haberle inculcado la goma de la gramática…

p. 132
02Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 241 cita
[2]

Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…

p. 24
03Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 501 cita
[3]

Bogotá in 1884 and reprinted in their literature texts for many years after- ward: “Be happy then, Athenians, even when we old ones vainly strain against the rocks to which we’re chained! New Promethians are stealing fire from the gods. Each new conquest of science invigorates the spirits of Colombians. Thus will our…

p. 50
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3501 cita
[4]

Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…

p. 350
05El Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC). Cuestionario preliminarTomás Buesa Oliver, Luis Flórez · 1954 · Páginas 1, 102 citas
[5]

EL ATLAS LINGÜISTICO-ETNOGRAFICO DE COLOMBIA (ALEC) CUESTIONARIO PRELIMINAR INTRODUCCIÓN "Ethnographie et linguistique ne vont point l'une sans l'autrc" (FERDINAND BRUNOT). "Palabras, sí, palabras, pero enlazadas a la cosa" (MA- NUEL ALVAR). I. PROPÓSITO. El Instituto Caro y Cuervo, a través de su Departamento de…

p. 1
[22]

por Rufino José Cuervo 3i, Luis Flórez 3r> y Francisco Sánchez Aréva- 3 0 POP, RPF, I, 290-291. 3 1 Qiiestionnaire linguistique, O m i t e International Permanent de Linguistcs, Mácon, 1951 (dos cuadernos); consta de 570 preguntas. SE%'ER POP está publicando u n a e x h a u s t i v a Bibliographie des questionnaires…

p. 10
06Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 115, 1192 citas
[6]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
[17]

nosotros por la inmensidad de las soledades del océano. 4 El general Uribe Uribe se preguntó cómo podía ser presidente de Co- lombia el “académico” Miguel Antonio Caro, quien, por no haber salido del área urbana de Bogotá, no había “podido aprender en Virgilio lo que son las fatigas de una trocha o la navegación en…

p. 119
07La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 1651 cita
[7]

Cuentos de Perrault • Cuentos de Schmid • Aventuras del barón de Münchhausen • Aventuras de Till • Fábulas de Samaniego • Historias de Sófocles • La tienda del anticuario • Historias de Corneille • Entremeses de Cervantes • Historias de Aristófanes • Historias de Lord Byron • Historias de Tennyson • Leyendas de…

p. 165
08El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 2881 cita
[8]

establecimiento de los talleres industriales», dicen Ángel y Rufino J. Cuervo en su Vida de Rufino Cuervo, ed. cit., vol. ii. pág. 188. Refiriéndose al eco que tuvo en la Nueva Granada la idea de los talleres nacionales como solución al problema social del proletariado, que entonces (1848) predicaba en Francia Louis…

p. 288
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2931 cita
[9]

su situa- É n era lamentable. '"Si en la educaci ó n primaria se mostraban las huellas de los ■ú ltimos sucesos de Colombia [dicen Á ngel y Rufino J. Cuervo jen su Vida de Rufino Cuervo, refiri é ndose a la proclamaci ó n de l á dictadura del general Urdaneta] la Universidad, madre de • tantos hombres preclaros, no…

p. 293
10The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 3451 cita
[10]

de don José Ignacio de París." Boletín de Historia y Antigüedades 33, nos. 377-379 (March, April, May 1946): 222-238., ed. Epistolario del Doctor Rufino Cuervo. 3 vols. Biblioteca de Historia Nacional, vols. 22-24. Bogotá: Imprenta Nacional, 1918-1922. Cuervo Márquez, Carlos. Vida del Doctor José Ignacio Márquez. 2…

p. 345
11De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
[11]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
12De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 442 citas
[12]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
[14]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
13Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 261 cita
[13]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
14El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1301 cita
[15]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
15Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 391 cita
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el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
16Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2751 cita
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lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…

p. 275
17Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · Página 11 cita
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EZEQUIEL URICOECHEA antropología filología g RA mát ICA d E LA LE ng UA CHI b CHA antropología EZEQUIEL URICOECHEA g RA mát ICA d E LA LE ng UA CHI b CHA filología Uricoechea, Ezequiel, 1834-1880, autor Gramática de la lengua chibcha / Ezequiel Uricoechea [presentación, María Stella González de Pérez]. – Bogotá:…

p. 1
18El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 1881 cita
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resultaba siempre, si se sabía dar con las personas apropia- das, un vivo intercambio de ideas sobre lo leído. Esta vida cultural es tanto más notable por cuanto que hasta 1738 no se estableció en Bogotá la primera imprenta, llevada allí por los jesuitas, y hasta 1789 no apareció el pri- mer periódico colombiano 57.…

p. 188
19Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3141 cita
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los dictados de París Lo francés, elemento deslumbrante del ostentoso cosmopolitismo euro- Capítulo 15 315 peo, es el modelo para el pensamien- to, el gusto y las costumbres sociales desde el siglo XIX. «A las mentes avan- zadas de Colombia —escribió Ignacio Torres Giraldo— las encontró el si- glo xx dilucidando…

p. 314
20Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicoPágina 591 cita
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José Cuervo fue elaborada por el escultor francés Charles Raoul Verlet. El pedestal fue ejecutado, mediante contrato firmado el 4 de abril de 1914, por Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano, quien fue contratado el día 20 de mayo de 1914 “para relabrar la loza 1. Pedro María Ibáñez, Crónicas de Bogotá, tomo I, 2ª ed.,…

p. 59
21Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 4651 cita
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por medio de vicepresidentes. En 1993, manejaba el país como vicepresidente, el parnasiano Miguel Antonio Caro. 361 En la actualidad se llama Rufino Cuervo y se colocó una escultura del filólogo colombiano. 466 B índic Gercst c Adíraí Figura 42. Andrés de Santa María Hurtado (1860-1945). El lavadero sobre el Sena,…

p. 465
22Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2841 cita
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tituto Caro y Cuervo, 1949, págs. 77-82. 24. Guillermo Hernández de Alba, "La biblioteca del canó- nigo don Fernando de Castro y Vargas", en Thesaurus, XIV, 1959, págs. 111-140. Rafael Martínez Briceño. "Un bibliófilo de Santafé de Bogotá en el siglo XVII". en Thesaurus, XIV. 1959, págs. 141-160. La literatura en la…

p. 284
23Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1761 cita
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Academia Colombiana de Historia.” Boletín de Historia y Antigüedades (456). Lo muisca: el diseño de una cartografía de centro. Chigys Mie: el mundo de los muiscas recreado por la condesa alemana Gertrud von Podewils Dürniz 265 “Atenas suramericana” “por parte de sus hermanas hispanoamericanas” (Rincón 2) comienza a…

p. 176
24Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 831 cita
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the Fatherland.” 13 By seeing everything from one position, the literati were able to exclude other fields of vision. Their position, however, was a weak and fragmentary one. To understand why, we should map the positions from where literati spoke. B o g o t á, a L e t t e re d C i t y As Michael Shapiro has pointed…

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