Rafael Uribe Uribe
Regeneración
1859–1914
La biografía
Rafael Uribe Uribe (Valparaíso, Antioquia, 1859 – Bogotá, 1914) fue el general, jurista, parlamentario, diplomático y publicista que encarnó, más que ningún otro liberal de su generación, la travesía del radicalismo decimonónico hacia el liberalismo social del siglo XX. Combatió en cuatro guerras civiles, dirigió con Benjamín Herrera el ala más aguerrida del liberalismo en los Mil Días, firmó la paz de Neerlandia, formuló un programa proteccionista e intervencionista que anticipó por tres décadas el ideario de la República Liberal y murió a hachazos en las gradas del Capitolio Nacional, en octubre de 1914, en un magnicidio que clausuró violentamente una época. Su vida inspiró al coronel Aureliano Buendía de Cien años de soledad; su obra escrita alimentó, con más discreción, buena parte del reformismo colombiano posterior.
Línea de vida
- 1876
Primera campaña militar: Los Chancos
Leer contexto
A los diecisiete años combatió del lado del gobierno liberal contra los insurrectos conservadores. Fue herido en la rodilla en la batalla de Los Chancos y cayó enfermo de fiebre, recuperándose solo después de terminada la guerra.
- 1885
Coronel en la revolución liberal derrotada
Leer contexto
Sirvió como coronel en el ejército revolucionario liberal en una campaña que terminó en derrota. Ante la insubordinación de sus tropas, disparó y hirió mortalmente al líder del motín. Fue encarcelado por los conservadores victoriosos y exonerado al año siguiente.
- 1897
Misión internacional para preparar la guerra
Leer contexto
La convención nacional liberal le otorgó credencial, junto a Foción Soto y Luis A. Robles, para buscar auxilios económicos ante los partidos liberales de Centroamérica y contratar empréstitos en Francia con miras a una acción bélica contra el gobierno conservador.
- 1899
Jefe liberal en la Guerra de los Mil Días
Leer contexto
Desde el inicio del conflicto el 18 de octubre de 1899, emergió como uno de los jefes liberales más sobresalientes junto a Benjamín Herrera, bajo el mando supremo del general Gabriel Vargas Santos. Tras la derrota de Palonegro, improvisó guerrillas en la costa atlántica (Sincelejo, Corozal, Magangué, Lorica, entre otros puntos) y viajó a Nueva York a comprar armas y recolectar fondos.
- 1902
Firma del Tratado de Neerlandia
Leer contexto
Asumió el mando de las fuerzas liberales en la región de la Guajira y firmó con el Gobierno el tratado de paz en la hacienda Neerlandia, en el Magdalena, poniendo fin a las hostilidades en su frente y cerrando el ciclo de las guerras civiles como forma ordinaria de dirimir el conflicto político colombiano.
- 1910
Congreso Nacional de Industriales y Obreros
Leer contexto
Participó en Bogotá (4 de diciembre) en el Congreso Nacional de Industriales y Obreros, donde promovió el estudio del 'problema fabril' vinculado al proteccionismo racional, articulando manufactureros, artesanos y trabajadores urbanos en torno a un programa de intervención estatal moderada que rompía con el dogma librecambista del liberalismo decimonónico.
- 1914
Asesinato en las gradas del Capitolio
Leer contexto
Murió a hachazos en las gradas del Capitolio Nacional en Bogotá, en octubre de 1914, en un magnicidio que clausuró violentamente una época del liberalismo colombiano. Su vida inspiró al coronel Aureliano Buendía de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.
La semblanza
Uribe Uribe fue, ante todo, un hombre de contradicciones sostenidas. General en cuatro guerras y jurista de formación, ideólogo del liberalismo y católico incómodo que se apoyaba en las encíclicas de León XIII para combatir a la Iglesia conservadora, radical belicista que gritó desde la Cámara «O nos dais la libertad o nos la tomamos» y firmante de la paz que puso fin a la más sangrienta de las guerras civiles colombianas. Se declaraba tomar sus ideas «en las canteras del socialismo moderno», pero pactaba con el conservador José Vicente Concha contra un candidato republicano; defendía la protección racional a la industria nacional y arremetía contra los latifundistas «parásitos», pero operaba como jefe de facción capaz de negociar dos ministerios menores para los suyos.
Esa densidad ideológica y esa habilidad faccional no se anulaban entre sí: convivían. Uribe Uribe fue, a la vez, el último gran caudillo militar del liberalismo decimonónico y el primer legislador programático del liberalismo moderno. Formuló las preguntas —intervención del Estado, protección industrial, ruptura del pacto clerical-conservador, crítica al orden oligárquico— que la República Liberal respondería a partir de 1930, aunque él nunca alcanzó a verlas contestadas ni resolvió del todo la tensión entre esa visión programática y una práctica política todavía anclada en la lógica de facción.
Los orígenes: Valparaíso, El Palmar y la guerra a los diecisiete años
Nació en 1859 en el sur de Antioquia, hijo de Tomás Uribe Toro y María Luisa Uribe Uribe, un matrimonio entre parientes que marca de entrada el rasgo endogámico de las élites antioqueñas del XIX. De esa unión nacieron ocho hijos; uno de ellos fue Rafael; otro, su hermano Tomás Uribe Uribe, estudiante de medicina que acompañaría al viajero suizo Ernst Röthlisberger en su recorrido por Colombia, testimonio menor pero revelador de las redes intelectuales en las que se movía la familia. Los Uribe pertenecían a esa capa antioqueña de propietarios rurales medianos, letrados y católicos, que combinaba la hacienda con la vocación por las armas y la palabra pública.
La biografía militar comenzó pronto. A los diecisiete años, en la guerra civil de 1876, tomó las armas del lado del gobierno liberal contra los insurrectos conservadores. En la batalla de Los Chancos fue herido en la rodilla, cayó enfermo de fiebre y solo se recuperó cuando la guerra ya había terminado: una entrada sacrificada al oficio de las armas, del que ya no saldría. Nueve años después, en 1885, servía como coronel en el ejército revolucionario liberal, campaña desafortunada que terminó en derrota. Cuando la insubordinación estalló entre sus propias tropas al desmoronarse las esperanzas de victoria, Uribe Uribe no dudó: disparó y hirió mortalmente al líder del motín. El gesto, brutal y disciplinado, prefigura toda su carrera. Encarcelado por los conservadores victoriosos, fue exonerado al año siguiente y volvió a la vida privada.
En 1886 se casó con Sixta Tulia Gaviria. De esa unión nacería, entre otros, el capitán Julián Uribe Gaviria. La reconstrucción de la vida familiar coincidió con los años de la Regeneración de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, el orden centralista, católico y proteccionista que la Constitución de 1886 impuso sobre las ruinas del federalismo radical. Para un liberal antioqueño formado en la fe federal y en el laicismo, aquellos fueron los años de la exclusión: el liberalismo desplazado del poder, la Iglesia aliada del gobierno, el fraude electoral y el estado de sitio como mecanismos ordinarios de gobierno.
La trayectoria: del parlamento a la guerra, de la guerra a la paz
En la última década del siglo, Uribe Uribe se había convertido en una de las voces más audibles del liberalismo. Desde la Cámara pronunció la frase que lo definiría en el imaginario radical —«O nos dais la libertad o nos la tomamos»—, síntesis del ala belicista que consideraba agotada la vía electoral bajo la Regeneración. En 1897, la convención nacional liberal le otorgó, junto a Foción Soto y Luis A. Robles, la credencial para gestionar auxilios económicos ante los partidos liberales de Centroamérica y contratar empréstitos en Francia con miras a una guerra que ya se contemplaba abiertamente. La misión unía dos objetivos que serían recurrentes en su carrera: la solidaridad política internacional y el financiamiento externo del proyecto liberal.
El fracaso del intento de reforma electoral en el Congreso, en noviembre de 1898, terminó de empujar a los guerreristas a la preparación abierta del conflicto. El 18 de octubre de 1899 estalló la Guerra de los Mil Días. El mando supremo recayó en el general Gabriel Vargas Santos; entre los jefes que emergieron figuraron Uribe Uribe y Benjamín Herrera, además de otros comandantes regionales. Peralonso —victoria liberal en Norte de Santander— y Palonegro —derrota decisiva en Santander— marcaron los dos polos de la guerra convencional. Después de Palonegro, con el ejército liberal quebrado, Uribe Uribe intentó revivir la revolución en la costa atlántica: improvisó pequeñas guerrillas en Sincelejo, Juan Gordo, Corozal, Magangué, Sampués, Chinú, Ciénaga de Oro y Lorica, una geografía de sabana y ciénaga que se convertiría en el escenario de su última campaña. Hacia 1901 viajó a Nueva York a comprar armas y recolectar fondos para la causa liberal, misión que probablemente lo puso en contacto con Rafael Reyes, entonces también en la ciudad, en un encuentro que tendría consecuencias en la política de la posguerra.
Llegó a Riohacha y asumió el mando de las fuerzas que Clodomiro Castillo había logrado consolidar en la Guajira. La guerra ya no podía ganarse. En la hacienda Neerlandia, en el Magdalena bananero, firmó con el Gobierno el tratado de paz que lleva ese nombre. Poco después, Benjamín Herrera firmaría a bordo del acorazado estadounidense Wisconsin, frente a la costa panameña, el acuerdo que cerró las hostilidades en el frente del Pacífico. Con Neerlandia y Wisconsin terminaba la guerra civil más larga y sangrienta del siglo XIX colombiano; terminaba también el ciclo de las guerras civiles como forma ordinaria de dirimir el conflicto político nacional. Un año después, en 1903, Panamá se separaría de Colombia.
Uribe Uribe cumplió lo pactado. Se desmovilizó, entregó las armas, fue amnistiado y declaró en el Congreso haber renunciado a ser un revolucionario con las armas —pero no, subrayó, a ser un revolucionario y agitador en el campo de las ideas. Esa distinción define la segunda mitad de su vida y define, en buena medida, el liberalismo colombiano del siglo XX: la aceptación de la vía parlamentaria como único terreno legítimo de la reforma, con el precio implícito de dejar la guerra —y, con ella, la posibilidad revolucionaria— en manos de quienes no aceptaran el pacto.
Las ideas: proteccionismo, «socialismo moderno» y país nacional
La producción intelectual de Uribe Uribe en la posguerra no fue una nota al pie de su carrera militar: fue su obra principal. En un país donde el liberalismo económico decimonónico —el laissez-faire, el librecambismo, la desconfianza al Estado— seguía siendo dogma partidista, hizo lo que ningún jefe liberal se había atrevido a hacer: romper con él en voz alta.
Declaró tomar sus ideas «en las canteras del socialismo moderno». La frase, más gesto retórico que adscripción doctrinaria, servía para dramatizar la ruptura con el viejo liberalismo económico. No era socialista en sentido estricto; era intervencionista moderado. Rechazaba tanto el Estado espectador del laissez-faire como el Estado omnipotente y monopolizador, y proponía una posición intermedia: la del Estado que interviene racionalmente para promover el desarrollo, proteger la industria y arbitrar entre intereses. La postura era heterodoxa dentro de su partido y provocativa fuera de él.
De esa matriz salía la defensa de la «protección racional» a las industrias nacionales, con objetivos ambiciosos aunque no siempre precisos en sus condiciones. En diciembre de 1910 participó en el Congreso Nacional de Industriales y Obreros en Bogotá, donde promovió el estudio del «problema fabril» vinculado al proteccionismo racional. Aquella asamblea, temprana en la historia de la política industrial colombiana, reveló su capacidad de articular sectores que el liberalismo tradicional había ignorado: manufactureros, artesanos y trabajadores urbanos. La encuesta interna que el Partido Liberal organizaría en 1924, una década después de su muerte, mostraría hasta qué punto el proteccionismo había ganado terreno dentro de la colectividad, en un desplazamiento cuyo antecedente doctrinal más nítido era Uribe Uribe.
Su crítica al orden social fue igualmente frontal. Llamó «palaciegos» a los hombres del Gobierno, intrigantes y desfalcadores del Tesoro, dueños de fortunas mal habidas. Arremetió contra los latifundistas de tierra fría, a quienes calificó de «parásitos» aferrados a métodos arcaicos —agricultores que ignoraban el uso de abonos para el trigo—. Contra ellos alzó, como símbolo del bien productivo frente al mal político, la figura del cafetero: el pequeño y mediano productor exportador, la Colombia laboriosa que trabajaba mientras la Colombia política intrigaba en los palacios. En esa oposición retórica —el cafetero contra el palaciego, los productores contra los ideólogos, abogados y políticos de profesión— hay ya el germen de una dicotomía que Jorge Eliécer Gaitán volvería explosiva tres décadas más tarde con su distinción entre «país nacional» y «país político». La conexión es una lectura retrospectiva, no una filiación declarada, pero la resonancia es indudable: Uribe Uribe estaba formulando, en el vocabulario de comienzos del siglo XX, la queja que atravesaría el resto de la centuria colombiana.
La cuestión religiosa: León XIII contra la Iglesia conservadora
En un país donde la Iglesia católica, aliada del Partido Conservador, condenaba desde el púlpito al liberalismo, orientaba el voto de sus feligreses y apoyaba abiertamente candidatos, la crítica al poder eclesiástico era un campo minado. Uribe Uribe entró en él con una estrategia inusual: no atacó a la Iglesia desde el laicismo militante decimonónico, sino desde el interior mismo del catolicismo, apelando al lenguaje de las encíclicas papales de León XIII.
Su argumento era sofisticado. No estaba contra la Iglesia como institución, insistía, sino contra la alianza de la Iglesia colombiana con el Partido Conservador. Reconocía a la Iglesia el derecho a la acción política directa; lo que denunciaba era que la Iglesia colombiana estaba actuando en contra de las propias advertencias de León XIII sobre los peligros de mezclar religión y política. La operación retórica era doble: por un lado, apelaba a una autoridad —la del pontífice— que el clero y sus feligreses no podían rechazar; por otro, deslegitimaba la ecuación establecida entre catolicismo y conservatismo. La alianza clerical-conservadora, argumentaba, había impedido al liberalismo adelantar su programa de desarrollo social y económico; era, en términos prácticos, un obstáculo al progreso del país.
La estrategia lo distinguió de un anticlericalismo liberal más rudo y lo emparentó con la crítica que sectores del republicanismo —Carlos E. Restrepo entre ellos— hacían al poder desmedido de la Iglesia en la vida política colombiana, aunque desde ángulos y con instrumentos distintos. Fue una de las líneas más fértiles de su pensamiento y una de las menos comprendidas por sus contemporáneos: años antes de que el catolicismo social se generalizara en América Latina, Uribe Uribe estaba usando el lenguaje pontificio para combatir la instrumentalización política de la fe.
La red: Antioquia, el liberalismo y la política de la posguerra
La red de Uribe Uribe fue simultáneamente familiar, partidista y diplomática. En Antioquia, los Uribe pertenecían a una capa de propietarios letrados vinculados por endogamia y por el ejercicio conjunto del comercio, la hacienda y la política; su carrera pública estuvo sostenida por esa base regional que le daba tropa, financiamiento y legitimidad. Su hermano Tomás Uribe Uribe, estudiante de medicina, encarnaba la vocación intelectual de la familia; el capitán Julián Uribe Gaviria, su hijo, la continuidad militar.
En el liberalismo, su compañero de trayectoria fue Benjamín Herrera, con quien compartió el mando en los Mil Días y con quien coincidiría después en la lectura de la posguerra: la aceptación del pacto, la crítica interna al partido, la búsqueda de un liberalismo con base social más amplia. Vargas Santos había ejercido el mando supremo durante la guerra; los tres formaban el triángulo del liberalismo bélico. Del lado opuesto, sus adversarios fueron los presidentes de la Regeneración y sus sucesores —Núñez, Caro, Manuel Antonio Sanclemente, José Manuel Marroquín—, y luego los operadores del republicanismo posterior a la caída de Reyes.
La red internacional fue igualmente activa. La misión de 1897 lo había llevado a Centroamérica y a gestiones europeas; el viaje a Nueva York en 1901, en plena guerra, para comprar armas y recolectar fondos, lo puso en contacto con Rafael Reyes en circunstancias verosímiles dada la ulterior actitud conciliadora de Reyes hacia los jefes liberales derrotados una vez alcanzada la presidencia.
En la posguerra colombiana, dos figuras marcaron el horizonte político: Rafael Reyes, presidente de 1904 a 1909, y Carlos E. Restrepo, inspirador del republicanismo y presidente de 1910 a 1914 por elección de la Asamblea Nacional Constituyente. La Unión Republicana, plataforma que proclamaba la inutilidad de los radicalismos —guerras y exclusiones— y la necesidad del entendimiento entre liberales y conservadores, agrupó a conservadores históricos como Pedro Nel Ospina y a sectores liberales orientados por Benjamín Herrera, Eduardo Santos y Luis Cano. Uribe Uribe quedó fuera de esa coalición. En 1914 apoyó la candidatura del conservador José Vicente Concha frente al republicano Nicolás Esguerra, decisión que le granjeó la enemistad frontal de los republicanos y de la prensa afín —Gil Blas, La Tribuna, El Republicano, El Tiempo, La Patria—, que desataron una vigorosa campaña contra él en los meses previos y posteriores a la elección.
La recompensa por el apoyo a Concha fue modesta y reveladora: el nombramiento de dos liberales uribistas en cargos menores del gabinete —Aurelio Rueda en Obras Públicas y Jorge Enrique Delgado en Comercio y Agricultura— y la promesa personal de una misión diplomática ante Gran Bretaña. La promesa quedaría sin efecto: Uribe Uribe sería asesinado antes de asumir.
El asesinato: octubre de 1914
En octubre de 1914, en las gradas del Capitolio Nacional, sobre la Plaza de Bolívar de Bogotá, dos artesanos —Jorge Moya Vásquez y Leovigildo Galarza— agredieron a Uribe Uribe con hachuelas de carpintero. Las heridas fueron mortales.
El magnicidio ocurrió en un momento crítico para Colombia y para el gobierno de Concha. Europa había entrado en la Primera Guerra Mundial pocos meses antes; las dislocaciones económicas del conflicto habían golpeado con dureza el fisco colombiano, dependiente de las aduanas y del comercio exterior. Marco Fidel Suárez, canciller de Concha, negociaba la difícil normalización de relaciones con Estados Unidos tras la separación de Panamá; el Tratado Thomson-Urrutia, que habría zanjado la disputa, no logró ser ratificado por el Senado estadounidense, aunque el comercio bilateral se intensificaba con creciente interés en el petróleo y los bananos. En medio de esa crisis fiscal y diplomática, la eliminación del principal puente liberal del gobierno conservador fue una complicación mayor: el régimen de Concha perdía a su interlocutor privilegiado con el liberalismo, y el liberalismo perdía al jefe que había apostado por la cooperación interpartidista.
El país mantuvo, durante la guerra europea, una estricta neutralidad y participó en la Segunda Conferencia Financiera Panamericana. Pero el vacío político que dejó el asesinato no se llenó. Uribe Uribe murió, además, en el momento de mayor madurez de su pensamiento: dueño ya del programa proteccionista e intervencionista que solo décadas más tarde encontraría vía de ejecución, y con la práctica parlamentaria como único horizonte declarado tras su renuncia formal a la revolución armada. El hachazo en las gradas del Capitolio —el arma primitiva, el lugar simbólico, los ejecutores artesanos— cargó al magnicidio de una densidad que rebasó desde el primer momento a sus autores materiales y que la historia colombiana no ha terminado de interpretar.
La huella: mito literario, legado ideológico y disputa por la memoria
La huella de Uribe Uribe se ramificó por al menos tres cauces distintos: el literario, el programático y el mítico-popular.
En la literatura, Gabriel García Márquez tomó su vida y sus batallas como materia prima para el coronel Aureliano Buendía de Cien años de soledad. El personaje —que llevó a cabo treinta y dos guerras civiles y las perdió todas— recogió del general histórico los rasgos exteriores del guerrero liberal derrotado, pero recibió del novelista una lectura amarga: en la primera mitad de la novela, García Márquez retrató al joven Aureliano como un guerrero indignado por la injusticia que termina asesinando y expulsando del pueblo a sus antiguos vecinos y amigos, condenado por su propia madre y admitiendo finalmente que luchaba solo por orgullo, sin ideales. Es un retrato despiadado del guerrero romántico sin causa, y sin embargo no impidió que el propio García Márquez aplaudiera en 1974 a la guerrilla como «el hecho más espectacular, el más heroico y generoso de nuestra historia reciente», antes de condenarla en años posteriores. La ficción del coronel derrotado —construida sobre el molde de Uribe Uribe— no funcionó, ni en su autor ni en sus lectores, como advertencia efectiva contra la romantización de la lucha armada. El personaje literario y el general histórico terminaron alimentándose recíprocamente en el imaginario nacional.
En lo programático, el legado fue más silencioso pero más consecuente. La República Liberal instalada en 1930 con Enrique Olaya Herrera, y sobre todo la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo a partir de 1934, ejecutarían un programa —intervención estatal en la economía, reforma agraria, legislación laboral, cuestionamiento del poder clerical-conservador, protección industrial— cuyas piezas centrales Uribe Uribe había formulado a comienzos del siglo. La conexión no fue una línea recta de discípulos; fue una difusión más lenta, mediada por los debates internos del liberalismo, por la encuesta de 1924, por la generación de Herrera, Santos y Cano, por el ascenso de Gaitán. Pero la genealogía es reconocible: cuando el liberalismo colombiano dejó de ser librecambista y clerical-tolerante para volverse intervencionista y anticlerical moderado, estaba realizando —treinta años tarde— el programa que Uribe Uribe había esbozado.
En la memoria popular, el legado fue disputa. Conservadores y liberales elaboraron memorias distintas de los Mil Días y de la posguerra. Los conservadores podían reivindicar que entre 1903 y 1930 habían construido paz y progreso y entregado el poder pacíficamente. Los liberales, en cambio, y sobre todo los artesanos y sectores populares urbanos, retomaron —en los años veinte, en el marco de la maniobra de cooptación de los socialistas auspiciada por Benjamín Herrera— la leyenda de los Mil Días como la oportunidad perdida por los de abajo frente a una oligarquía corrupta e incompetente. Uribe Uribe entró en esa leyenda no como el negociador de Neerlandia sino como el general traicionado, el reformador asesinado, el jefe popular cuyo programa se les había arrebatado. Los dos artesanos que lo mataron con hachuelas, en ese relato, no eran del pueblo: eran instrumentos de un poder oculto contra el pueblo. La leyenda simplificaba y a la vez producía verdad política: el asesinato no resuelto en su fondo, la ausencia de justicia satisfactoria, la sensación de que había sido eliminado el hombre que podía haber cambiado el país, alimentaron durante el siglo XX una desconfianza estructural hacia los pactos de las élites.
Uribe Uribe murió antes de ver ratificado el Tratado Thomson-Urrutia, antes de ver la caída del régimen conservador en 1930, antes de la reforma constitucional de 1936, antes del Bogotazo. Pero cada uno de esos episodios llevaba, de algún modo, su marca. Formuló las preguntas —cómo se protege una industria naciente, cómo se limita el poder clerical sin declararle la guerra a la fe popular, cómo se rompe la subordinación de la política a las oligarquías palaciegas, cómo se pasa de la guerra civil a la reforma parlamentaria— que la Colombia del siglo XX intentaría, con éxito parcial y a veces sangriento, responder. Su asesinato en 1914 no cerró esas preguntas; las dejó abiertas y sin autor visible, disponibles para que otros las heredaran, las traicionaran o las radicalizaran.
El general Rafael Uribe Uribe entró en la historia colombiana como el último caudillo liberal del siglo XIX y salió de ella como el primer legislador programático del liberalismo del siglo XX. Entre esas dos identidades transcurrió una vida de guerra, negociación, pensamiento y facción, atravesada por una coherencia mayor de la que sus contradicciones puntuales dejan ver: la convicción de que la reforma social era posible sin la revolución armada, si el liberalismo se atrevía a romper con sus dogmas y a abrirse a las mayorías. Que esa convicción no lo protegiera de las hachuelas del Capitolio es, quizá, el dato más desolador de su biografía y el más elocuente sobre el país que dejó al morir.
Conexiones del archivo
Red histórica
Ver las 58 restantes
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
20 documentos · 25 fragmentos01El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5031 cita
[1]de medicina 280, nuestro camarada de viaje, posee en un bosque una granja 277 Charles Saffray (1833-1890), médico y botánico francés que circuló por Colombia entre 1861 y 1862. Autor del Voyage à la Nouvelle Grenade, publicado en París por entregas en los años 1869-1870. 278 Véase: André, 2013, Ibidem, tomo i, pág.…
p. 503
02Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Página 1011 cita
[2]the sea for the first time." Waiting for boats to cross the Cauca River, Rafael recklessly threw himself into the water in an attempt to swim to the other side. Unable to continue after reaching mid-stream, he very nearly drowned before he was rescued by a boatman.f At the age of seventeen, Uribe Uribe began his…
p. 101
03Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 681 cita
[3]cuencia ldgica, una inflacién que encarecié las im- portaciones y estimuld la especulacion, factores que complicaron todavia mas el mal estado del pais. En estas circunstancias, el grupo liberal llamado «autonomista», encabezado por el general Rafael Uribe Uribe, promovid la guerra contra los conser- vadores, la cual…
p. 68
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 176, 1782 citas
[4]ba- tallas de Cuchilla del Ramo y San Cristóbal, aunque en la provincia del Guavio su ejército fue derrotado en Gachalá y El Amoladero, en marzo de 1902. Retornó a los Llanos, y de allí partió nue- vamente hacia el departamento del Magdalena, en donde, desde mediados de 1901, Clodomiro Cas- tillo había logrado formar…
p. 178
[7]en la Cá- mara, el general Rafael Uribe Uri- be, que sentenció: «O nos dais la li- bertad o nos la tomamos». En 1897 la convención nacional liberal le otorgó credencial a Uribe, a Foción Soto y a Luis A. Robles para que en representa- ción del liberalismo buscaran auxilios económicos ante los partidos liberales de…
p. 176
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 711 cita
[5]la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…
p. 71
06Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 421 cita
[6]tantos heridos sobre la tierra calcinada, ambos ejércitos quedaron tan exhaustos que desde entonces la guerra se redujo a guerrillas. Un combate en Venezuela y el tratado de Neerlandia La camparia de Santander ha quedado termi- nada, y la revolucién, desde entonces, reducida en todo el pais a una angustiosa guerra de…
p. 42
07Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 20, 422 citas
[8]requisitos para ser elector, permitió una alianza fugaz entre históricos conser- vadores y liberales. Cuando en noviembre de 1898 fracasó el intento de hacer aprobar una reforma electoral en el Congreso, los guerreristas liberales desple- garon sus velas y se hicieron a la mar. Entre tanto, en el conservatismo la…
p. 20
[23]del liberalismo del general Rafael Uribe y aquel de los núcleos duros del conservatismo, mientras pregonaba la inutilidad de los radicalismos extremos –guerras y exclusiones– y la obligatoriedad del entendimiento político. Carlos E. Restrepo fue el inspirador del republicanismo. Su denodada lucha política y el apoyo…
p. 42
08Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 291 cita
[9]de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…
p. 29
09Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 281 cita
[10]for transforming the conditions of the country. It was in this spirit that he supported the election of Concha in 1914 against the Repub- lican candidate, Nicolás Esguerra, and was duly rewarded for his efforts by the appointment of two Liberals to minor cabinet positions, Aurelio Rueda for Public Works and Jorge…
p. 28
10El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Páginas 107, 2422 citas
[11]sus principios y sus dirigentes; describe a los hombres del Gobierno como «palaciegos», intrigantes, desfalcadores del Tesoro Público, duefíos de fortunas mal habidas que por lo mismo no pasarán, como reza el proverbio «a la segunda generación»; arremete contra los latifundistas «parásitos» que tienen sus negocios de…
p. 107
[17]a raíz de la primera guerra mundial, acentuó la dependencia cafetera colombiana del mercado de Estados Unidos. La descripción sucinta y el análisis de estos aspectos de la transición hacia el segun- do ciclo expansivo, que se prolongará por cuatro décadas, es el objeto de este capítulo. EL ACUERDO DE T AUBATÉ:…
p. 242
11Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Páginas 607, 6692 citas
[12]ideas «en las canteras del socia- lismo moderno». No era socialista. Era un intervencionista moderado 795. Simplemente quería dramatizar su rompi- miento con las normas del viejo liberalismo en materias económicas. Era partidario de la «protección racional» a las industrias. No se cuidó mucho de precisar cómo fuera…
p. 607
[13]Nacional de Industriales y Obre- ros, en Bogotá, el 4 de diciembre de 1910 —reproducida en Pro- blemas Nacionales, Bogotá, 1910— avanzaba, entre los puntos de estudio «el del problema fabril, que envuelve el del proteccionismo racio- nal, para establecer fábricas de tejidos de algodón y lana, beneficio de plantas…
p. 669
12De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 541 cita
[14]54 Colombia 'durante este período -y que fue expresada de manera tan clara en las palabras del obispo de Pasto, citadas anteriormente-. Uribe Uribe trató de usar un lenguaje que el clero y sus feligreses pudieran entender, específicamente el lenguaje de la encíclica papal, no sólo para defender al liberalismo sino…
p. 54
13De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 541 cita
[15]período -y que fue expresada de manera tan clara en las palabras del obispo de Pasto, citadas anteriormente-. Uribe Uribe trató de usar un lenguaje que el clero y sus feligreses pudieran entender, específicamente el lenguaje de la encíclica papal, no sólo para defender al liberalismo sino para demostrar los posibles…
p. 54
14Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 441 cita
[16]dación de un régimen confesional. Las disposiciones constitucionales y concordatarias hicieron del catolicismo una pieza fundamental del andamiaje del Estado colombiano, lo que se vio reflejado de inme- diato en los planos educativo, moral, social y cultural. Además de su influencia en la sociedad y en el individuo,…
p. 44
15Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 531 cita
[18]strict neutrality regarding the belligerents on both sides and at the same time to support ongoing efforts of hemispheric cooperation through participation in the Second Pan-American Financial Conference. The economic dislocations caused by the war plunged the country into a fiscal crisis that was further complicated…
p. 53
16Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1131 cita
[19]vez y por todas y para siempre, a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas”, dijo en uno de sus enérgicos discursos en el Congreso 113. Uribe Uribe fue un general insurgente, se desmovilizó y dejó las armas después de la Guerra de los Mil…
p. 113
17Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Páginas 168, 1692 citas
[20]una muestra de este último tipo fue la gestión del escritor Julio Cortázar para conseguir que seiscientos intelectuales de todo Occidente le exigieran al gobierno democrático de Fernando Belaúnde Terry la libertad del líder de Sendero Luminoso, Maximiliano Durand, en 1982 252. La magnífica imaginación de Gabriel…
p. 168
[21]una muestra de este último tipo fue la gestión del escritor Julio Cortázar para conseguir que seiscientos intelectuales de todo Occidente le exigieran al gobierno democrático de Fernando Belaúnde Terry la libertad del líder de Sendero Luminoso, Maximiliano Durand, en 1982 252. La magnífica imaginación de Gabriel…
p. 169
18Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 711 cita
[22]las mito- logías partidista s.' Los Mil Días tocaron la t1bra sentimental po pu - lar. «Peralonso •> y <c Rion eg ro •>, l os do s po los de la s lealtades de los co lombiano s, má s qu e r eco nciliar, ahondarían el antagonismo y la sospec ha. Los conservadores vic torio sos pod rí an de c ir que entre 1903 y 1930…
p. 71
19Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 3161 cita
[24]Antioqueño Liberal Carlos E. Restrepo summoned the Unión Republicana, backed by local Conservative leaders, among them Pedro Nel and Tulio Ospina, Miguel and Eduardo Vásquez, Alejandro Botero, Abraham Moreno, Carlos Vásquez Latorre, and Rafael Navarro y Eusse. With the aid of Juntas Republicanas set up in various…
p. 316
20Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 3161 cita
[25]Antioqueño Liberal Carlos E. Restrepo summoned the Unión Republicana, backed by local Conservative leaders, among them Pedro Nel and Tulio Ospina, Miguel and Eduardo Vásquez, Alejandro Botero, Abraham Moreno, Carlos Vásquez Latorre, and Rafael Navarro y Eusse. With the aid of Juntas Republicanas set up in various…
p. 316