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Ensayo · Transversal · —

Las periferias colombianas y la exclusión territorial deliberada

Los 229 municipios periféricos que concentran más del 60% del territorio nacional y apenas el 14% de la población no son producto de un Estado ausente, sino el sedimento de decisiones positivas de exclusión territorial tomadas entre 1850 y 1950. El desplazamiento forzado y la frontera inacabada son componentes constitutivos —no excepcionales— del orden territorial colombiano.

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Las periferias colombianas y la exclusión territorial deliberada
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

Las periferias colombianas no son residuo del subdesarrollo institucional sino producto de decisiones activas de exclusión: adjudicaciones de baldíos que favorecieron a empresarios sobre colonos, infraestructuras diseñadas para extraer recursos sin integrar poblaciones, y una arquitectura administrativa que sustituyó la policía civil por el ejército en regiones enteras. El mapa del minado antipersonal, el del secuestro, el de las regalías disputadas y el del corredor de exilio del Darién se superponen con precisión sobre las fronteras históricas de colonización, revelando una continuidad estructural entre la formación territorial republicana y la violencia contemporánea. El desplazamiento forzado —que a comienzos de 2022 acumulaba más de ocho millones y medio de personas en el Registro Único de Víctimas— no es el saldo de una guerra sino el saldo de un orden territorial. La marginalidad estatal en regiones como el Carare o el Magdalena Medio produjo simultáneamente victimización extrema y autogobierno comunitario, como ilustra la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), lo que cuestiona el 'Estado débil' como único determinante.

La tensión

La interpretación dominante hasta bien entrado el siglo XX —y aún viva en el sentido común oficial— presenta las periferias como geografías de carencia donde el Estado simplemente no llegó, y prescribe más presencia estatal como solución. La historiografía crítica, representada entre otros por Marco Palacios, Catherine LeGrand, Alfredo Molano, Margarita Serje y Darío Fajardo, argumenta en cambio que la ausencia fue diseño: el Estado y las élites agrarias tomaron decisiones positivas de exclusión que convirtieron las fronteras internas en zonas de extracción serial —quina, caucho, platino, petróleo, coca— sin acumulación local, como ilustra la Chocó Pacífico operando sin pagar impuestos entre 1916 y 1930. Una tercera posición sostiene que la marginalidad fue simultáneamente resultado de decisiones y de incapacidad real, y que ese carácter mixto es lo que la hizo irreversible: hubo impulsos estatales de colonización planificada —colonias agrícolas, colonias penales— pero se ejecutaron sobre la matriz previa de exclusión, reproduciendo el problema. El caso del Darién concentra la tensión: su intransitabilidad se presenta como fatalidad geográfica, pero fue mantenida como frontera política mientras resultaba perfectamente transitable para el narcotráfico, los grupos armados y hoy los flujos migratorios forzados, lo que evidencia que la 'inaccesibilidad' fue producida, no heredada.

Temas
Colonización y frontera agrariaDesplazamiento forzadoExtractivismo y bonanzas serialesGeografía del conflicto armadoTapón del DariénMagdalena MedioDespojo y estructura agrariaAutogobierno comunitario en periferias
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Ensayo completo

La lectura

¿Son las periferias colombianas producto de un Estado ausente o de una exclusión territorial deliberada?

La pregunta parece técnica pero es política de raíz. Colombia tiene hoy un mapa que se lee dos veces: en la primera lectura, cerca de dos centenares de municipios concentran más del 60% del territorio nacional y apenas una fracción menor de la población; en la segunda, ese mismo trazado coincide con las fronteras de colonización que la república fue empujando entre 1850 y 1950 hacia el Magdalena Medio, el Carare, el Caquetá, Urabá y el Darién. Sobre ese calco se superponen los mapas del país contemporáneo: el del minado antipersonal, el del secuestro, el de los desplazados que llegan a Ciudad Bolívar y Bosa, el de las regalías petroleras y auríferas, el del corredor de exilio que hoy atraviesa el Tapón del Darién hacia Panamá. Sobre esta coincidencia se juega la pregunta: la respuesta cómoda desde el centro —"el Estado no llegó"— presenta como fatalidad geográfica lo que fue, en buena parte, arquitectura política. La periferia colombiana no es un residuo pasivo del subdesarrollo institucional sino el sedimento de decisiones positivas de exclusión territorial, tomadas y reiteradas durante un siglo largo, que hicieron del desplazamiento y de la frontera inacabada componentes constitutivos —no excepcionales— del orden nacional.

La pregunta y por qué importa

Lo que está en juego al responder no es la historia sino el presente. Si las periferias son abandono, la política pública procede por adición: llevar carreteras, jueces, escuelas, catastro, batallones. Si son producto de una exclusión activa, entonces las mismas rutas, catastros y batallones han sido, en distintas coyunturas, instrumentos del problema. La diferencia entre las dos hipótesis se juega en la vida cotidiana de más de ocho millones y medio de personas que a comienzos de 2022 figuraban en el Registro Único de Víctimas como desplazadas forzosamente, una cifra comparable a la población total de Suiza y más del doble de la de Panamá. Se juega también en la manera de interpretar los mapas de la Unidad de Restitución de Tierras, los del minado, los de las disputas por regalías y los del corredor Chocó-Urabá-Darién, donde conviven más de un centenar de consejos comunitarios afro y más de un centenar y medio de resguardos indígenas de los pueblos Wounaan, Embera Dobidá, Chamí, Katío, Eyabida y Eperara Siapidara con economías extractivas seriales y con actores armados que llevan décadas operando.

No es una disputa académica: es la disputa por el significado del país.

Los términos del debate

La primera lectura, dominante hasta bien entrado el siglo XX y todavía viva en el sentido común oficial, es la del Estado ausente. Colombia, según esta versión, no logró proyectar sus instituciones sobre un territorio quebrado por tres cordilleras y dos selvas; allí donde el centro no llegó prosperaron colonos, guerrillas, paramilitares y narcotraficantes. La periferia sería entonces una geografía de la carencia: falta de vías, falta de catastro, falta de jueces, falta de escuelas. La violencia contemporánea derivaría casi mecánicamente de esa ausencia. La receta, en consecuencia, es más Estado.

La segunda lectura, más reciente y más incómoda, plantea que la ausencia no fue negligencia sino diseño. El Estado colombiano —y las élites agrarias que lo instrumentalizaron— tomaron entre 1850 y 1950 decisiones positivas de exclusión: rutas de poblamiento que descargaron población excedente de las cordilleras hacia las tierras bajas, adjudicaciones de baldíos que favorecieron a empresarios y compañías sobre los colonos que habían abierto la selva, infraestructuras diseñadas para extraer recursos sin integrar a los habitantes, y una arquitectura administrativa que en regiones enteras sustituyó la policía civil por el ejército. La Constitución de Rionegro de 1863 llegó al extremo de legislar formalmente esa impotencia: prescindió del ejército nacional, negó al gobierno central el derecho a intervenir en asuntos departamentales y, unos años después, obligó a la Unión a observar "estricta neutralidad" entre bandos beligerantes en conflictos internos. La periferia, en esta lectura, no es lo que quedó afuera del Estado; es aquello que el Estado produjo al configurarse.

Entre ambas hipótesis se abre paso una tercera vía: la marginalidad estatal fue simultáneamente resultado de decisiones y de incapacidad, y ese carácter mixto es lo que la hizo irreversible. Ni omisión pura ni conspiración coherente: un orden territorial que se sedimentó a fuerza de repetirse.

La evidencia: cómo se hizo la periferia

La colonización antioqueña, en la segunda mitad del siglo XIX, avanzó sobre la Cordillera Central hacia el sur y quedó fijada en la historiografía como epopeya de la pequeña propiedad cafetera. Pero fue solo una de las rutas. En paralelo, entre 1860 y 1925, el Magdalena Medio santandereano vivió un despoblamiento indígena catastrófico: los Yariguíes pasaron de 15.000 personas en 1860 a apenas 500 en 1920, y a dos docenas cinco años después. La fiebre de la quina, primero, y las compañías de colonización armadas después, condujeron ese exterminio. Hacia 1920-1930 el mismo Magdalena Medio contaba con unos 100.000 habitantes campesinos que habían llegado a ocupar el vacío dejado por el despojo previo. La región no se pobló porque el Estado llegara; se pobló porque el Estado permitió, y en muchos casos amparó, que otros llegaran primero.

El Caquetá y el piedemonte llanero repiten la fórmula con variantes. Campesinos pobres sin tierra fundaban pequeñas fincas, tumbaban monte, sembraban, y luego —por endeude, por presión, por violencia— transferían sus mejoras a comerciantes, prestamistas o ganaderos. La economía de esas zonas quedó dominada por la ganadería y el latifundio; en Amazonas y Putumayo predominaron, en cambio, la explotación cauchera y de quina. Una segunda oleada colonizadora, iniciada en los años cincuenta, llevó al piedemonte oriental y al sur del Meta a núcleos de campesinos comunistas y liberales que huían de la violencia bipartidista en Huila, Cundinamarca y Tolima. Se organizaron en las llamadas "columnas de marcha" bajo esquemas de autodefensa influenciados por el Partido Comunista, y de esas comunidades armadas surgirían las FARC tras la Operación Marquetalia en 1964.

Urabá se pobló también por descarga: campesinos desplazados de zonas de latifundio del interior antioqueño y del Caribe abrieron tierras en la selva buscando propiedad. Sobre esa colonización popular se montó, desde la segunda mitad del siglo XX, la economía de enclave bananero de Turbo, Apartadó, Carepa, Chigorodó y Mutatá, orientada a la exportación. La región se proyectó además como corredor estratégico continental —vía panamericana, puente interoceánico entre el Pacífico y el Caribe—, lo que convirtió la tierra en activo geopolítico antes de que fuera activo agrario para los colonos. La colisión entre frontera abierta por campesinos, agricultura de enclave y ambición estratégica del centro dejó a Urabá como uno de los epicentros del conflicto armado de las últimas cuatro décadas.

El Chocó ofrece la evidencia más nítida del enclave extractivo puro. Entre 1916 y 1930, la Chocó Pacífico, compañía minera norteamericana, fue la principal beneficiaria del auge del platino en Colombia y operó sin pagar impuestos al gobierno colombiano. La secuencia posterior —maderas, oro, coca, narcotráfico— repitió el patrón: bonanzas seriales, extracción intensiva, ninguna acumulación local significativa. El Estado central mantuvo con el Chocó y el Medio Atrato una lógica de absentismo combinada con extractivismo: ausencia de servicios sociales equivalentes a otras regiones, presencia sostenida de explotaciones intensivas. La infraestructura estatal en estas regiones —carreteras, ferrocarriles, concesiones— fue diseñada para facilitar la salida de recursos, no para integrar a las poblaciones locales, generando la paradoja de una inaccesibilidad producida por la inversión misma.

El patrón se replica en las periferias internas: Caquetá, Putumayo, Vichada, Magdalena Medio han sostenido economías centradas en la extracción serial de quina, caucho, zarzaparrilla, maderas, metales preciosos, petróleo, coca y amapola. Es la lógica de la bonanza que llega, arrasa y se retira. Y es también la explicación de por qué el mapa de las regalías petroleras, mineras y auríferas del país reproduce, con precisión inquietante, el mapa de las viejas fronteras de colonización: los departamentos que hoy discuten con el centro cuánto les toca del subsuelo son los mismos que fueron colonizados sobre despojo indígena y campesino, y son los mismos que reciben ahora la mayor parte del minado antipersonal y de las masacres.

Cuando el Estado sí llegó, llegó armado

La lectura del "Estado ausente" tropieza con un hecho persistente: en las periferias el Estado sí estuvo, pero llegó en su forma más estrecha. En el Magdalena Medio, la ausencia jurisdiccional se tradujo en una presencia reducida al ámbito militar, con una sustitución funcional de la policía por el ejército. La consecuencia fue que el conflicto entre terratenientes y campesinos, en lugar de tramitarse por vía judicial y policial, degeneró en violencia armada; el vacío de regulación civil abrió la puerta a organizaciones irregulares que intervinieron en las disputas por la tierra. La región adquirió su identidad territorial precisamente por la dinámica de estos conflictos, y la movilización social se desplegó al margen del bipartidismo, con la excepción de La Dorada y Puerto Salgar.

El Estado también llegó como colonizador planificado. Desde mediados del siglo XX promovió colonias agrícolas planificadas y colonias penales agrícolas para poblar territorios periféricos, canalizando migración hacia zonas consideradas disponibles —una manera oblicua de decir cómo veía el centro a la población preexistente en esas tierras. Estas iniciativas complican la tesis de la exclusión puramente intencional: hubo impulsos estatales de ocupación, pero se ejecutaron sobre la matriz previa de exclusión, es decir, sobre territorios ya representados como vacíos o salvajes.

Esa representación fue el trabajo cultural que hizo posible todo lo demás. Las fronteras internas colombianas —Caquetá, Putumayo, Magdalena Medio, Darién, Chocó, Llanos— fueron construidas discursivamente desde el centro como espacios vacíos, tierras de nadie o territorios salvajes. Sobre esa cartografía imaginaria se autorizaron acciones civilizatorias, colonizadoras y pacificadoras basadas en la violencia. No es casualidad que los cultivos de coca hayan prosperado precisamente en los territorios sobre los cuales se ejercieron durante un siglo esas acciones civilizatorias: el discurso de la marginalidad produjo las condiciones para la ilegalidad futura.

Los mapas superpuestos

Cuando se coloca el mapa de los municipios periféricos sobre el de las regiones de colonización histórica, la superposición es casi total. Cuando encima se coloca el mapa del minado antipersonal, aparece la misma geografía: piedemonte oriental, Magdalena Medio, Catatumbo, Urabá, Nariño, Chocó. Cuando se añade el mapa de los 56 municipios donde se concentró históricamente el secuestro, la mancha coincide de nuevo. Y cuando se agrega el mapa de la restitución de tierras —con cerca de doce mil solicitudes concentradas solo entre Meta, Guaviare, Casanare, Boyacá y Cundinamarca—, la superposición se completa.

La coincidencia no prueba una relación causal simple entre pasado y presente, pero sí una continuidad estructural. El minado no aparece donde hay Estado ausente; aparece donde hubo, durante un siglo, exclusión activa: adjudicaciones favorables al gran propietario, extracción serial, sustitución del monopolio civil de la fuerza por su expresión militar. El secuestro, entendido como economía de guerra, se instaló en los mismos corredores por donde circularon primero la quina y el caucho, después el ganado, y hoy la coca. El Estado colombiano nunca ha tenido el monopolio de la fuerza a diferencia de otros países latinoamericanos, y esa carencia —histórica, no coyuntural— es lo que ha permitido el florecimiento sucesivo de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes en zonas alejadas del centro institucional. Entre 1958 y 2012 el conflicto armado produjo aproximadamente 220.000 personas muertas, especialmente en masacres perpetradas por guerrillas y paramilitares, y más de seis millones de desplazados. Esa cifra no es el saldo de una guerra: es el saldo de un orden territorial.

El Darién: una frontera que fue decidida

El Tapón del Darién es el caso extremo. Su intransitabilidad se presenta habitualmente como fatalidad geográfica: selva impenetrable, ciénagas, fauna hostil. Pero es también resultado de decisiones políticas que lo mantuvieron como frontera y no como corredor. La región del Darién y del bajo Atrato se convirtió, a lo largo del siglo XX, en zona de disputa estratégica para actores armados y en enclave de extracción de oro, platino, madera y narcotráfico. Hoy funciona además como ruta de exilio forzado hacia Panamá para poblaciones colombianas que huyen de la violencia. Los testimonios recogidos por la Comisión de la Verdad documentan travesías de días sin agua, restos humanos en la selva y amenazas directas de muerte por parte de actores armados. En 1999, Carlos Castaño envió una carta a la presidenta panameña Mireya Moscoso acusando a la policía de ese país de permitir a la guerrilla consolidarse en territorio panameño y exigiéndole mayor seguridad en la frontera: un jefe paramilitar dictando la política fronteriza de dos Estados, en el mismo territorio que la geografía oficial declaraba impenetrable.

El Darién muestra la paradoja completa. Impenetrable para el Estado y para la carretera panamericana; transitable, en cambio, para el narcotráfico, las armas, los paramilitares, la guerrilla y ahora los migrantes africanos, haitianos, venezolanos y cubanos que lo cruzan hacia el norte. La intransitabilidad no fue una condición natural: fue una decisión sostenida durante décadas por dos Estados, decisión que canaliza flujos forzados sin regularlos.

La respuesta: exclusión positiva, no ausencia

Las periferias colombianas no son producto de un abandono pasivo. Son el sedimento de decisiones positivas de exclusión territorial tomadas entre 1850 y 1950 y reiteradas durante otro medio siglo: rutas de poblamiento que descargaron población excedente hacia tierras bajas, adjudicaciones de baldíos favorables al gran propietario, infraestructuras extractivas que no integraron a los habitantes, sustitución militar de la policía civil, representación cultural de vastas regiones como espacios vacíos que autorizó su ocupación violenta. El desplazamiento forzado, en consecuencia, no es una anomalía del orden nacional: es uno de sus componentes constitutivos, presente desde el exterminio de los Yariguíes hasta los millones de desplazados contemporáneos.

Esa continuidad estructural, sin embargo, no debe leerse como conspiración coherente. El Estado colombiano no fue un agente planificador único capaz de ejecutar un proyecto de exclusión durante siglo y medio. Fue, más bien, un centro institucionalmente débil que —por incapacidad, por decisión, o por ambas cosas en distintos momentos— consolidó un orden territorial en el que la exclusión se reprodujo por inercia y por sedimentación. La Rionegro de 1863 es evidencia de debilidad legislada; las colonias planificadas y penales son evidencia de impulsos de ocupación. Lo que quedó no fue negligencia pura ni conspiración pura, sino algo peor y más difícil de desmontar: una arquitectura de la exclusión que se volvió autosostenida, alimentada por las bonanzas seriales, por la violencia paramilitar y guerrillera, y por la propia forma en que el centro imaginó el territorio.

Ese orden produjo dos cosas simultáneamente. Produjo victimización extrema: los muertos del conflicto, los desplazados, la cadena documentada de despojo que va del acto de violencia al abandono del predio, de allí a la apropiación por terceros y finalmente a la concentración de tierras en pocas manos. Pero produjo también, como respuesta adaptativa, formas de autogobierno comunitario que no habrían existido sin esa exclusión: la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), que instauró la neutralidad activa como principio de organización social frente a la presión simultánea de paramilitares, ejército y guerrillas en los años ochenta; los consejos comunitarios afro y los resguardos indígenas del corredor Chocó-Urabá-Darién; las columnas de marcha que se convirtieron en autodefensas campesinas antes de convertirse en insurgencia. La periferia colombiana es también, entonces, espacio donde comunidades enteras produjeron territorialidades propias, precisamente porque el centro nunca terminó de cerrarles el paso ni de integrarlas.

Bogotá: la periferia también se produce dentro

La misma lógica se reproduce en la escala urbana. La periferia sur de Bogotá —Ciudad Bolívar, Soacha, Bosa, Usme, Kennedy— se pobló en tres oleadas de migración forzada superpuestas: la de la Violencia bipartidista de mediados del siglo XX, que llevó a los desplazados a asentamientos de invasión; la del conflicto armado de los años ochenta y noventa, que trajo a familias enteras del Magdalena Medio, Urabá y el piedemonte; y la de la crisis rural continuada del siglo XXI. En 2005, el 76% de los hogares de Ciudad Bolívar estaba en situación de pobreza y el 25% en pobreza extrema. Los desplazados llegaban primero donde familiares o conocidos y en poco tiempo se instalaban en zonas periféricas o de invasión, trabajando como vendedores ambulantes, en construcción o en servicio doméstico.

En 1998 aparecieron grafitis en Usme anunciando la llegada de paramilitares provenientes de Urabá y Córdoba —uno de los primeros registros documentados de esa presencia en la periferia sur de Bogotá—. En 2004, en Ciudad Bolívar y Altos de Cazucá, los paramilitares cobraban "cuotas de seguridad", amenazaban de muerte a jóvenes señalados como "mariguaneros, sapos y guerrilleros" y asesinaban a líderes de organizaciones de desplazados, produciendo un segundo desplazamiento de decenas de familias. Tras la desmovilización de las AUC, estructuras herederas mantuvieron presencia urbana con tráfico de estupefacientes, extorsiones y amenazas a líderes sociales.

La aparente pacificación de Bogotá en las últimas dos décadas oculta, en su periferia, una reconfiguración del régimen de violencia hacia formas más difusas y capilares que las métricas cuantitativas de homicidio no siempre capturan. La conflictividad de Bosa, Ciudad Bolívar y Soacha no es solo herencia del conflicto rural: es sedimentación de tres oleadas de poblamiento informal donde el Estado llegó tarde, cuando llegó, y donde el patrón de exclusión territorial del Magdalena Medio y de Urabá se replicó a escala metropolitana. El 40% de los predios de las grandes ciudades colombianas carece de títulos de propiedad: la territorialidad difusa no es exclusiva de la selva.

La fórmula de "más Estado" tomada como remedio universal desconoce que en la periferia colombiana el Estado ya estuvo, muchas veces, en su forma más excluyente: como adjudicador de baldíos al gran propietario, como concesionario de extracción sin impuestos, como ejército sin policía, como carretera que saca recursos y no integra habitantes. Cerrar la frontera inacabada no consiste en llevar a la periferia el Estado que tuvo el centro. Consiste en reconocer que la periferia y el centro se produjeron mutuamente, y que rehacer uno exige rehacer al otro.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

53 documentos · 55 fragmentos de referencia
01Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 211 fragmento
[1]

de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…

p. 21
02Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1831 fragmento
[2]

Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…

p. 183
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1531 fragmento
[3]

las reivindicaciones de negros y mulatos. Por esto, las formas de discriminaci ó n racial, mantenidas con severidad en la “ sociedad ci vil ” — no hab í a curas negros, ni estaban en los colegios elegantes, ni pod í an entrar a los clubes sociales, ni eran admisibles como pareja matrimonial de los blancos — se…

p. 153
04El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 fragmento
[4]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
05El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 fragmento
[5]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
06Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 361 fragmento
[6]

Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…

p. 36
07En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 241 fragmento
[7]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 241 fragmento
[8]

resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…

p. 24
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3941 fragmento
[9]

1985), 85. 33. Malcolm Deas, "El rompecabezas de la paz," El Tiempo, Lecturas Dominicales, April 19, 1986. 34. Arturo Alape, La Paz, la violencia: Testigos de excepción (Bogotá, 1985), p. 367. 35. Ricardo Santamaría and Gabriel Silva, Proceso político en Colombia (Bogotá, 1984), 69. 36. Zabala, "La toma del Palacio de…

p. 394
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 fragmento
[10]

con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

p. 48
11El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 631 fragmento
[11]

orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…

p. 63
12La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2581 fragmento
[12]

Bolívar (San Pablo, Morales y Simití) y Cesar (Gamarra y San Alberto). La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia 260 en la segunda estos provinieron principalmente del Bajo Magdale- na, Bolívar y las sabanas de Sucre y Córdoba. 3 Es imprescindible señalar que el Magdalena Medio adquirió su identidad por la…

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13Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1441 fragmento
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La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…

p. 144
14El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1092 fragmentos
[14]

Porque es que eso no se borra nunca. Era gente de la misma re- gión, campesinos que cogieron el camino de ser del MAS. Entonces, tenían I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 111 una lista muy grande en cuadernos. Sabían por quién venían, a quién iban a eliminar. Ellos sí tomaron la determinación de que entraban ese día,…

p. 109
[15]

Porque es que eso no se borra nunca. Era gente de la misma re- gión, campesinos que cogieron el camino de ser del MAS. Entonces, tenían I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 111 una lista muy grande en cuadernos. Sabían por quién venían, a quién iban a eliminar. Ellos sí tomaron la determinación de que entraban ese día,…

p. 109
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 fragmento
[16]

aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…

p. 38
16¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2741 fragmento
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es Rosas— me dijo: “Rosas, está verraca la comisión, qué tal que nos encuentren con gusanos de a metro”. 110 5.3.1.2 Los refugios y subterfugios A lo largo de la década de 1980, la población campesina de La India y Cimitarra en el Magdalena medio, vivía en zozobra constante por la presencia continua de paramilitares,…

p. 274
17Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 361 fragmento
[18]

presenta el mayor dinamismo económico y sobre la cual se ha proyectado, desde la segunda mitad del siglo XX, la construcción de infraestructuras portuarias y de comunicación entre el norte y sur del continente, tales como la vía panamericana y el puente interoceánico para la conexión entre el litoral Pacífico y el mar…

p. 36
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 fragmento
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económicas que se dieron desde finales del siglo XIX; la más conocida es la del café, que se concentró en los pueblos del Suroeste antioqueño. En otras subregiones ocurrieron: la explotación del fruto de la palma de tagua, también llamado el «marfil vegetal», que se usaba para la elaboración de botones y artículos…

p. 44
19Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 811 fragmento
[20]

128 consejos comunitarios de comunidades negras y más de 169 resguardos de los pueblos indígenas Wounaan, Embera Dobidá, Chamí, Katío y Eyabida, y Eperara Siapidara 112. Geográficamente, el corredor está conformado por selva, serranías, montañas, planicies, cañones y ríos, y su conexión con el océano Pacífico lo ha…

p. 81
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 781 fragmento
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de predios, la construcción de balnearios y el crecimiento de los locales comerciales en Juradó y otras zonas del litoral estuvo íntimamente relacionada con el testaferrato de las mafias que, ante los ojos de la fuerza pública, movían libremente sus avionetas cargadas de droga a cambio de sobornos 200. Muchos de los…

p. 78
21Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 291 fragmento
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año, algo más de 250 mil hectáreas de bosques. El resto de la historia no se ha escrito aún, pero ya comenzó con el empobrecimiento de unas tierras en las cuales, a medida que caen los árboles, comienza a avanzar la gangrena del desierto. Entonces los colonos, desterrados de los mejores suelos —sobre el lomo de las…

p. 29
22Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1661 fragmento
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“Eso no le conviene a nadie. A Panamá, porque se puede contagiar de esta guerra que sufrimos nosotros y que nos toca pelear. Y a Colombia, porque los facinerosos se esconden y se protegen allá sabiendo que no los podemos tocar” (teniente, Infantería de Marina de Juradó, testimonio para el diario El País, 2006, 17 de…

p. 166
23La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2481 fragmento
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su hija y matemos a su hija?”. Así que no me quedó de otra y me tocó seguir caminando. Y caminábamos y caminábamos, de seis de la mañana a seis de la tarde. Duramos dos días, sin agua, no encontrábamos un río, andábamos perdidas por esa selva. Yo lo que cogía era el rocío de las hojas y se lo daba a mi niña [llanto].…

p. 248
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 541 fragmento
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Canal Encuentro». 107 Semana, «El Tinigua». 108 Molano et al., Yo le digo una de las cosas: la colonización de la Reserva La Macarena. colonización, poblamiento e ímpetu organizativo (1953-1977) 55 Segunda oleada: las columnas de marcha La segunda oleada de poblamiento, iniciada también en los cincuenta, fue prota-…

p. 54
25Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 11 fragmento
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ALCALDÍA DE FLORENCIA Caquetá: conflicto y memoria Caquetá: conflicto y memoria CAQUETÁ: CONFLICTO Y MEMORIA Director General Centro Nacional de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez Director Museo Caquetá ® William Wilches Sánchez Investigadores Museo Caquetá Harley Enrique Gutiérrez Ñustez Rubén Darío Polo Sierra…

p. 1
26Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 391 fragmento
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que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…

p. 39
27Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1661 fragmento
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territo- rial signada por la marginalidad y por formas hegemónicas de representación de aquellos territorios donde ha prosperado el narcotráfico. Normalmente los cultivos de uso ilícito se explican por la crisis del sector agropecuario, la expulsión de sectores rurales de determinadas áreas que se ven obligados a…

p. 166
28Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6411 fragmento
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cualquiera de las localidades de la región. La lógica de la inversión del Estado en infraestructura logra crear un efecto de “inaccesibilidad” para sus habitantes que se percibe, paradójicamente, como ausencia del Estado. Extracción y explotación El aprovechamiento de las legendarias riquezas de estas regiones ha…

p. 641
29Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 1101 fragmento
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de las empresas subcontratadas por la Texaco (Geophysical Survey International-GSI) y en 1970 colonizó tierras en el lado ecuatoriano. En Puerto Asís yo estuve hasta el setenta trabajando por allá. De ahí me vine pa’cá, pa’ San Antonio del Guamuez. A cortar madera a San Antonio del Guamuez. Ahí durábamos algunos días.…

p. 110
30Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 551 fragmento
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el uso de la tierra, así como nuevas manifestaciones de violencia por motivaciones puramente económicas (violencia socioeconómica) entre distintos actores en la disputa por el control de recursos y territorios. La nueva lógica del narcotráfico marcó por lo tanto una nueva era de desplazamientos forzados,…

p. 55
31Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 501 fragmento
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clientelismo, colonizaciones inte riores y contrabando) que contribuyeron a mantener y enredar el conflicto. A mediados de 1980 se había formado el tejido apropiado para que el despe gue de la economía de la droga implicara grandes dosis de violencia; ofrecía oportunidades a las farc, el m -19, el e pl y el e l n, a…

p. 50
32Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4462 fragmentos
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se presentó por diversas razones. Entre ellas resaltan la expansión te- rritorial de los grupos paramilitares como castigo a la transgresión del orden impuesto y el despojo de tierras para fines económicos. El desplazamiento por expansión territorial de los paramilitares implicó el constante quebrantamiento de las…

p. 446
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se presentó por diversas razones. Entre ellas resaltan la expansión te- rritorial de los grupos paramilitares como castigo a la transgresión del orden impuesto y el despojo de tierras para fines económicos. El desplazamiento por expansión territorial de los paramilitares implicó el constante quebrantamiento de las…

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33La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 691 fragmento
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5.000 0 Suma de la Guajira Suma de Magdalena Etiquetas de fila Suma de Cesar Suma de Atlántico 70 LA TIERRA SE QUEDÓ SIN SU CANTO Tabla 1. Tipos de desplazamiento y momentos de la estructura Periodo e intenciones de operación Tipo de desplazamiento Descripción Mecanismos Incursión 1997-2001 Estratégico En este periodo…

p. 69
34El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2501 fragmento
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La vinculación del país a los mercados globales de sustancias ilícitas, el aumento de la autonomía militar a medida que se profun dizaba la amenaza subversiva, el triunfo de las fuerzas centrífugas dentro del sistema político colombiano (Gutiérrez, 2007), permitie- r< > n una alineación de intereses alrededor de…

p. 250
35Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3921 fragmento
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abordar este tema se tomaron como fuente las Sentencias de Restitución de Tierras en los departamentos de Meta, Guaviare, Casanare, Boyacá y Cundinamarca, de donde se desprende la siguiente tabla, actualizada hasta marzo de 2020, que muestra la solicitud de 11.990 sentencias de despojo y restitución de tierras…

p. 392
36La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 541 fragmento
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Social. Procesado: Programa Presidencial de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Tabla: Desplazamiento forzado por recepción en los departamentos de Córdoba, Sucre y Bolívar-Montes de María. Da- tos Tabulados por Cifras & Conceptos, Grupo de Memoria Histórica, CNRR, 2010. Grupo de Memoria Histórica de…

p. 54
37Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 2411 fragmento
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tráfico de pasta de coca desde los Llanos Orientales (Verdad Abierta, 22 de febrero de 2011, La oficina de los paras en Bogotá). En 2004 la acción paramilitar se manifestó en Ciudad Bolívar y Altos de Cazucá por medio del cobro de extorsiones por con - cepto de “cuotas de seguridad”, hechos que fueron denunciados por…

p. 241
38Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 901 fragmento
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cuando empezó el registro oficial. Una nación desplazada periodiza el desplazamiento contemporá- neo en cuatro periodos: • 1980-1988: desplazamiento silencioso en el escalamiento del con- flicto armado. • 1989-1996: continuidad del desplazamiento en el nuevo pacto social. • 1997-2004: gran éxodo forzado en la Colombia…

p. 90
39Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 871 fragmento
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mayores, el desplazamiento forzado i mplicó dejar su historia atrás, enfrentarse con la sensación de haber perdido el tiempo, de no tener la capacidad de volver a empezar, la dificultad de conseguir alguna actividad productiva y de generación de ingresos, de vivir en dependencia de los hijos y otros familiares y…

p. 87
40La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3371 fragmento
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que en otros países de América Latina, y no tiene, ni jamás ha tenido, el monopolio de la fuerza; por ello, en las zonas alejadas del centro institucional han surgido y florecen los grupos guerrilleros de izquierda, los grupos paramilitares y los narcotraficantes. Al no haber monopolio de la fuerza por parte del…

p. 337
41Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4381 fragmento
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ha visto forzada a migrar dentro del territorio nacional, abandonando su localidad de residencia o actividades económicas habituales, porque su vida, su integridad física, su seguridad o libertades personales han sido vulnerados o se encuentran amenazados, con ocasión de cualquiera de las siguientes situaciones:…

p. 438
42Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 901 fragmento
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2004 se incrementaron los desplazamientos masivos en la Sierra Nevada de Santa Marta, la Ciénaga Grande y la Serranía del Perijá (Gráfica 4). En ese perío- do esas tres subregiones del Magdalena Grande, según el CNMH se encontraban entre las once regiones del país con mayor pobla- ción expulsada por la violencia…

p. 90
43La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 3171 fragmento
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Orientales 15. A los seis meses de cumplir con su misión, la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro había auxiliado a 11.622 exilados en Bogotá y 20.949 en otras pobla- ciones y ciudades, y habían regresado a sus hogares bajo el am- paro de las Fuerzas Armadas, 4.722 personas 16. Otra fuente 11 Colección Guzmán,…

p. 317
44Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 261 fragmento
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que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…

p. 26
45Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 2581 fragmento
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la aparición de la Fudra (Fuerza de Despliegue Rápido) para contener las operaciones de las FARC. 35- La ofensiva de las FARC como consecuencia de su proyecto, estipulado en las VII y VIII Conferen- cias, la ejecutaron varios frentes: en el occidente operaron los Frentes 22, 25, 42, 52 y 55 y el Abelardo Romero. Por…

p. 258
46The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2371 fragmento
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basic services and urban infrastruc- ture. Like other neighborhoods that receive desplazados in Bogotá, such as Usme, Soacha, Tunjuelito, Bosa, or Kennedy, or Aguablanca in Cali and the comunas of Medellín, Ciudad Bolívar remains poorer than the rest of the city. In 2005, census takers categorized 76 percent of its…

p. 237
47Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2641 fragmento
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defensa de los pr ensa de los pr ensa de los pr ensa de los pr ensa de los predios y la conf edios y la conf edios y la conf edios y la conf edios y la confor or or or or mación del Ca mación del Ca mación del Ca mación del Ca mación del Cabildo bildo bildo bildo bildo Indígena Muisca Indígena Muisca Indígena Muisca…

p. 264
48La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 371 fragmento
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de que sería bueno tener este monopolio. Esto no siempre ha sido así. Después de la Constitución de Rionegro de 1863, no había un ejército nacional y el Estado nacional no tenía el derecho de intervenir en las cuestiones de los departa- mentos que lo constituían. De hecho, la Ley 20 de 1867 declaraba: Artículo 1.…

p. 37
49Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 241 fragmento
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franja en Cúcuta y otra en Ipiales, el resto de la frontera sur-oriental ha sido tierra de nadie, por la que circulan armas, cocaína y di- nero ilegal a discreción. 7 La territorialidad difusa hace imposi- ble la soberanía del Estado sobre su territorio y es una garantía para que los intermediarios operen en la…

p. 24
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 211 fragmento
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Como lo indica el documento de lineamientos metodológicos, «Escuchar, reconocer y comprender para transformar», para la Comisión lo territorial aúna lo social, el espacio compartido por poblaciones y las distintas formas de vida de la naturaleza. El territorio se refiere a la historia social de un lugar, y en ese…

p. 21
51Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1381 fragmento
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Camilo. (Ed.) 1994 La política social en los 90: análisis desde la universidad. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Trabajo Social; Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - Indepaz -, p. 92. iii. Memorias de la exclusión: Lógicas en tensión en chocó y el medio atrato 139 El Estado…

p. 138
52Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 721 fragmento
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dos estudios que han construido series estadísticas y también en las bases de datos 3 que incluyen este período previo a la agudización del conflicto colombiano. Una primera ubicación de los municipios fronterizos puede hacerse a partir del análisis del período 1980-1997 (Cubides, Olaya y Ortiz, 1998), que clasificó a…

p. 72
53Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 621 fragmento
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see attitude, hoping that after five years, they would receive titles. 57 While scattered evidence suggests that the land judges tended to side with large proprietors, according to the Ministry of Industries more than 80 percent of existing suits over public lands, title disagreements, and conflicts of interests were…

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