Córdoba (Colombia)
“Córdoba es uno de los territorios colombianos donde la larga duración se hace más visible: los camellones zenúes que transformaron la llanura inundable hace más de dos mil años son el antecedente directo de los conflictos por el agua y la tierra que…”
Departamento del Caribe colombiano, formalizado como entidad territorial el 18 de junio de 1952, cuya historia larga desmiente su juventud administrativa. Entre las cuencas del Sinú y el San Jorge, en el ángulo que forman el golfo de Morrosquillo y el Nudo de Paramillo, se superponen la ingeniería hidráulica zenú, la hacienda ganadera colonial, la colonización antioqueña del siglo XX, tres enclaves extractivos de importancia nacional —Cerromatoso, Urrá y Coveñas— y uno de los ciclos más densos de violencia paramilitar del país. Córdoba es, a la vez, despensa ganadera nacional, cuna reconocida del porro y territorio donde la debilidad del Estado central permitió que élites regionales, empresas transnacionales y ejércitos privados disputaran las rentas de un suelo excepcionalmente rico. Comprenderlo obliga a mirar cuatro milenios de ocupación humana en las mismas ciénagas.
Un territorio entre dos ríos
La geografía cordobesa se organiza alrededor de dos cuencas paralelas que descienden del Nudo de Paramillo, en el extremo norte de la cordillera Central. El Sinú nace en el cerro de León, a 3.200 metros de altitud, recibe en su curso alto los aportes del Verde y el Esmeralda antes de la Cerrazón de Urrá, y se divide luego en dos tramos de fisonomía opuesta: un alto Sinú montañoso, encajonado entre las serranías de Abibe y San Jerónimo, y un bajo Sinú de planicie que se extiende hasta el mar. El San Jorge, más al oriente, desciende del mismo nudo y desemboca en la llanura inundable del Caribe, donde se ensanchan las ciénagas de Ayapel y Punta de Blanco.
El bajo Sinú es un paisaje de agua tanto como de tierra. Las ciénagas de Betancí, Ciénaga Grande y Tinajones se dilatan y contraen con las lluvias, y los pueblos ribereños han vivido durante siglos de esa oscilación: pesca, cultivos de vega, ganado que sube y baja según la creciente. A lo largo del curso fluvial, entre haciendas ganaderas y ciudades-puerto, la vida lacustre define lo que se come, se canta y se cuenta. El alto Sinú, por su parte, presenta condiciones óptimas para el represamiento hidroeléctrico en el sitio de Urrá, un dato geográfico que se convertiría, andando el siglo XX, en detonante político.
Los valles inundables de Córdoba y Sucre figuran entre los territorios colombianos con evidencias más antiguas de domesticación del medio: al menos cuatro mil años de aumento poblacional y control territorial, comparables en densidad arqueológica a la Sabana de Bogotá o la Sierra Nevada de Santa Marta. Aquí la historia empieza antes de la palabra escrita, en los diques que aún se adivinan bajo el agua.
El mundo zenú y la ingeniería del agua
Cuando los españoles llegaron en 1534, encontraron los restos de una civilización que había resuelto el problema de vivir en una llanura que se inunda. Los panzenúes construyeron en la depresión del bajo San Jorge un sistema hidráulico monumental: canales, camellones, terraplenes y represas que extraían limos del fondo cenagoso para acumularlos en diques alargados, elevados sobre el nivel de la creciente. Sobre esos camellones se levantaban viviendas y se sembraban cultivos, a salvo del agua pero alimentados por ella. La escala del trabajo bastó para transformar el paisaje: kilómetros y kilómetros de campos elevados, orientados perpendicularmente al flujo de los caños, que hoy los sobrevuelos aéreos siguen revelando bajo el manto de las sabanas inundables.
La sociedad zenú tenía especialización regional y comercio activo entre sus zonas. Su orfebrería —anillos nasales, collares, filigranas en espiral, aleaciones de oro con plata descritas por Martín Fernández de Enciso— no representaba el oro como moneda sino como sustancia numinosa, ligada a la energía solar y a la eternidad. Los diseños que hoy se leen en filigrana aparecen también en textiles y en las redes de pesca de sus descendientes: un lenguaje visual que atravesaba oficios.
La organización política que hizo posible los camellones oscila, en las reconstrucciones disponibles, entre jerarquías centralizadas fuertes y una sociedad más igualitaria, sin el aparato de mando que se atribuye a otras culturas precolombinas del norte suramericano. Hacia 1534, cuando Pedro de Heredia avanzó desde Calamar por los Montes de María hacia el Finzenú buscando el oro de las tumbas, la población ya había caído respecto a su apogeo, y los propios indígenas hablaban de epidemias recientes. Gordon estimó que en su máximo la población pudo acercarse al millón de habitantes; trabajaba, evidentemente, sobre una demografía ya diezmada por enfermedades que se adelantaron a los caballos.
Los zenúes no fueron exterminados. Sobrevivieron a la conquista y a la colonia, y hoy siguen siendo una de las etnias más numerosas del Caribe colombiano, con decenas de miles de miembros concentrados sobre todo en el resguardo de San Andrés de Sotavento, en el norte del departamento. Ese resguardo tiene una genealogía jurídica precisa: el visitador Juan de Villabona y Zubiaurre lo concedió en 1611, combinando San Andrés con Chinú y Chima —el sitio de Pinchorroy—, y las autoridades coloniales lo confirmaron en 1675 y 1773, con una extensión entre 56.000 y 85.000 hectáreas según los títulos coloniales. Sobre esa base, y con siglos de recortes de por medio, se sostiene la reivindicación territorial contemporánea.
De provincia colonial a departamento tardío
Durante la Colonia y el largo siglo XIX republicano, el territorio que hoy es Córdoba fue una porción del enorme espacio caribeño gobernado desde Cartagena. La inestabilidad de la división político-administrativa colombiana —provincias, estados, distritos y departamentos que cambiaban al ritmo de las conveniencias políticas más que de los criterios geográficos— hizo que la región del Sinú y el San Jorge pasara por sucesivas dependencias sin identidad institucional propia. La creación del departamento el 18 de junio de 1952 llegó cuando ya existía una estructura hacendil consolidada, un flujo migratorio sostenido y una diferenciación sociodemográfica que reclamaba autonomía.
El nombre del departamento honra, en la lectura regional más extendida, al héroe de la independencia de origen antioqueño José María Córdova, marca simbólica de la colonización paisa sobre la nueva entidad. Lo que sí está documentado es que la creación implicó una segregación respecto a una entidad preexistente y que consolidó administrativamente una diferencia real: Córdoba no era, para entonces, ni Bolívar ni Sucre.
Esa diferencia venía de tres décadas de transformación acelerada. Desde comienzos del siglo XX, la región recibió compañías extranjeras dedicadas a la explotación de bosques, maderas finas y oro, que abrieron caminos, montaron aserraderos y prepararon el terreno para una segunda ola: la de los colonizadores antioqueños. La familia Ospina Vásquez compró la hacienda Marta Magdalena a los franceses en una fecha situada entre 1913 y 1920, y con ella inauguró lo que se ha descrito sin eufemismo como una "toma" de la región por familias antioqueñas enriquecidas en la minería y el comercio. Santa Helena, Cañaflecha y otras haciendas del alto Sinú pasaron por procesos similares. La llegada paisa introdujo capital, modernizó parcialmente la estructura hacendil tradicional y trastocó las relaciones sociales previas.
A ese vector se sumó la migración de otras zonas de la Costa Caribe, y Córdoba adquirió una composición humana distinta a la de sus vecinos: menos plenamente costeña que Sucre o Bolívar, atravesada por una capa dirigente de origen antioqueño instalada sobre una base campesina, indígena y afrodescendiente. En esa mezcla —y en la tensión que generó— se juega buena parte de la historia contemporánea del departamento.
La hacienda ganadera como estructura
Si un paisaje agrario define a Córdoba es el de la gran hacienda ganadera. A lo largo del curso del Sinú y en las sabanas del San Jorge, la ganadería extensiva ocupó el suelo con una lógica de acumulación de tierra más que de intensificación productiva. Una cabeza de ganado dispone, en promedio, de más tierra que una familia campesina en la misma región: la desproporción es el corazón del asunto.
El mecanismo clásico para expandir el hato sin asumir los costos del desmonte fue la aparcería llamada "pasto por tierra". El campesino recibía un lote de monte, lo tumbaba, sembraba maíz y plátano durante dos años, cosechaba, y al término del segundo año entregaba la parcela sembrada en pastos al terrateniente. Este último ampliaba su hacienda gratis; el aparcero recomenzaba en otro lote más adentro. A ese esquema se sumaban los "avances" —préstamos que el patrón otorgaba al colono y que rara vez podían pagarse—, y con ellos una servidumbre por deuda que ataba a familias enteras al ciclo de abrir tierra para otros.
Desde los años veinte, las haciendas tabacaleras y ganaderas de Córdoba y Sucre aglutinaron a la población campesina e indígena como terrajeros o arrendatarios. Cuando parte de esa población salió a colonizar tierras marginales —bosques del alto Sinú, orillas de ciénagas, laderas del Paramillo—, se abrió el conflicto agrario largo que atravesaría todo el siglo. La expansión ganadera fue impresionante: entre 1950 y 1976, la población bovina de la zona norte del país —que incluye a Córdoba junto con Urabá y los valles del Sinú y el San Jorge— casi se duplicó, de 6,8 a 12 millones de cabezas, un crecimiento anual del 2,8% que fue el más alto del país.
Ese crecimiento fue, al mismo tiempo, calamidad histórica que quitó tierras al campesinado e impidió el desarrollo agrícola, y principal elemento dinámico de la evolución agrícola nacional: la hacienda cordobesa funcionó como motor de acumulación privada y como freno de desarrollo territorial. De ella se derivó, además, la trama del poder local. En la Costa Caribe, el control político regional se originaba en redes de base hacendil que articulaban a terratenientes, letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y que servían para preservar el acceso privilegiado a la tierra y el agua. El Estado departamental, cuando llegó en 1952, se instaló sobre esa red preexistente en vez de sustituirla.
Los tres enclaves y el peso extractivo
Del subsuelo y de los ríos de Córdoba salen bienes que el país considera estratégicos. Tres nombres condensan esa dimensión: Cerromatoso, la mayor mina de ferroníquel del país; Urrá, la hidroeléctrica del alto Sinú; y Coveñas, el terminal caribeño del oleoducto que trae el crudo del pozo Caño Limón, en Arauca, y lo embarca hacia los mercados internacionales. A ellos hay que sumar, como coordenadas de importancia estratégica, el Nudo de Paramillo, los Montes de María, la Mojana y la franja costera. Ese mapa no es solo económico: es también militar. El control de esos puntos motivó, durante décadas, dinámicas de guerra que la sección siguiente aborda.
La construcción de Urrá I, en el alto Sinú, condensó los conflictos de la última generación. El proyecto inundó territorios ancestrales embera katío y afectó gravemente la vida acuática del río. La represa, sumada a la pesca indiscriminada, bloqueó los desoves aguas arriba y comprometió el potencial reproductivo de especies reofílicas como el Brycon sinuensis, el bocachico endémico del Sinú. El Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura, mediante el Acuerdo 013 de diciembre de 1999, estableció un área de reserva pesquera entre la presa y Pasacaballos —doce kilómetros aguas abajo—, prohibiendo todo aprovechamiento en ese tramo. La medida reconocía el daño, sin repararlo.
Más grave fue el tratamiento de las comunidades. La Ley 99 de 1993, en su artículo 76, establece que la integridad cultural, social y económica de las comunidades indígenas y negras no puede ser afectada por la explotación de recursos naturales sin consulta previa. En el caso Urrá, el Estado colombiano —ejecutivo y rama judicial— avaló el desconocimiento de esa protección e impuso, en lugar de reparación colectiva, una indemnización monetaria otorgada familia por familia. Los sistemas embera katío de propiedad y producción son colectivos; trocarlos por giros individuales fracturó la cohesión política y cultural de la comunidad, hasta el punto de que las nuevas generaciones ignoran ya los sistemas originales, con el riesgo cierto de la extinción cultural que la propia ley pretendía impedir.
Pese a la violencia y el desarraigo, las comunidades campesinas y pescadoras de la zona impulsaron formas de recomposición como los Agrosistemas Biodiversos Familiares —los ABIF—, iniciativas para permanecer en el territorio combinando pesca, huertos, cría menor y agroforestería. La resistencia adoptó, como en los tiempos zenúes, la forma de aprender a vivir con el agua alterada.
Guerrillas, paramilitares y captura del Estado
El conflicto armado en Córdoba se asentó sobre el conflicto agrario. El Ejército Popular de Liberación —EPL— hizo presencia en la región sinuana desde 1965 y apareció formalmente en el departamento en 1967. En los sesenta y setenta llegaron también las FARC, y ambos grupos se expandieron aprovechando el reservorio de agravios acumulado: campesinos sin tierra, aparceros endeudados, indígenas cercados por la hacienda. La extorsión y el secuestro guerrilleros contra hacendados y ganaderos alimentaron, a su vez, un rechazo de las élites regionales que a fines de los ochenta encontraría salida armada propia.
Ese rol lo asumió Fidel Castaño Gil. Vinculado al narcotráfico y con respaldo activo de sectores hacendiles del sur de Córdoba y Urabá, organizó a fines de los ochenta grupos paramilitares que propinaron masacres sucesivas contra campesinos y trabajadores agrícolas señalados como base social de la guerrilla. El terror alcanzó también a movimientos políticos de izquierda —la Unión Patriótica, el Frente Popular— justamente en las regiones donde habían obtenido sus mejores resultados electorales. Tres factores dieron a ese primer paramilitarismo su base social y su impunidad operativa: la ofensiva contraguerrillera de las Fuerzas Militares, la expansión del narcotráfico y el respaldo de élites locales resentidas con la actuación guerrillera.
En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá —ACCU—, con protagonismo central de los hermanos Castaño, sobre todo Carlos y Vicente, y sobre la experiencia acumulada durante casi una década. Las ACCU se convirtieron en la columna vertebral del proyecto paramilitar nacional. En 1997, nueve organizaciones paramilitares regionales se reunieron en la zona y crearon las Autodefensas Unidas de Colombia —AUC—, definidas como movimiento político-militar antisubversivo con dirección única y estado mayor conjunto. Carlos Castaño fue actor decisivo de esa reconfiguración, especialmente en el frente mediático: instaló en amplios sectores de la opinión pública el discurso contrainsurgente como causa legítima.
Desde mediados de los noventa, las ACCU-AUC se expandieron desde Córdoba y Urabá hacia el sur del Chocó y toda la Costa Caribe, consolidando corredores estratégicos que conectaban el bajo Cauca y el Magdalena Medio con salidas al mar por el Golfo de Urabá y la costa cordobesa. El Nudo de Paramillo funcionó como bisagra: sin presencia estatal significativa, articulaba Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar mediante rutas fluviales y terrestres útiles tanto para el tráfico de cocaína como para el desplazamiento de tropas. El narcotráfico fue fuente central de financiación.
La expansión contó con colaboración de militares activos. Un oficial retirado ha testimoniado que hubo un engranaje sistemático entre unidades del Ejército y las estructuras paramilitares en Córdoba, y algunos excombatientes del EPL desmovilizado terminaron integrando las filas de las ACCU. El Ejército ha negado que esa colaboración tuviera carácter sistemático.
Las declaraciones judiciales de Salvatore Mancuso confirmaron después patrones específicos de articulación entre tropa oficial y proyecto paramilitar. Jefe paramilitar de origen italiano y uno de los rostros más visibles de las AUC hacia 2002, Mancuso relató con particular detalle el escenario de Urrá. Allí, según su testimonio, el Ejército Nacional acusó de guerrilleros a miembros de comunidades indígenas opositoras a la represa y compartió con las AUC censos poblacionales, a partir de los cuales se elaboraron listados de personas señaladas. El objetivo, siempre según su versión, era debilitar los procesos organizativos indígenas y facilitar los espacios de negociación y consulta previa con la empresa Urrá y el Estado.
Sobre esa infraestructura de terror se cometieron los asesinatos que hoy simbolizan la resistencia embera katío. Cayó primero el profesor Alberto Alzate Patiño, de la Universidad de Córdoba, en 1997. Dos años después, en 1999, fue asesinado el profesor embera Lucindo Domicó. Y el 2 de junio de 2001 desapareció y fue asesinado el líder Kimy Pernía Domicó, cuya figura terminaría por condensar el precio humano de Urrá. Mancuso confesaría más tarde que el Bloque Catatumbo, bajo su mando, fue responsable de la muerte de cinco mil civiles, y que las autodefensas habían infiltrado todas las ramas del poder público.
La política departamental no quedó al margen. Mancuso declaró en al menos dos ocasiones objetivo militar a Juan Manuel López Cabrales, uno de los caciques políticos tradicionales de Córdoba; la segunda vez, por incumplimiento de compromisos sobre las secretarías de salud y educación. Juan Manuel López y su hermano Libardo habían ofrecido esas dos carteras a cambio de que Mancuso no apoyara al candidato rival, Juan Carlos Aldana, en la elección para gobernador. Un grupo de congresistas conocido como "El Sindicato" buscó al jefe paramilitar para proponerle precisamente lo contrario: que respaldara a Aldana y acabara con la hegemonía López. La escena describe con crudeza el mecanismo: los paramilitares no reemplazaron a la clase política tradicional, negociaron con ella. La familia López Cabrales conservó mayorías electorales pese a la fuerza militar y económica de Mancuso, y por eso mismo la clase política afín al jefe paramilitar tuvo que pactar el reparto de la burocracia pública. La justicia encarceló después a Juan Manuel López Cabrales en el marco de las investigaciones sobre esas negociaciones. Alias "El Alemán" señaló en varias versiones a Mara Bechara, excandidata a la Gobernación, de haber recibido apoyo paramilitar, y la investigación la vinculó al homicidio de Hugo Iguarán Cotes, candidato a la rectoría de la Universidad de Córdoba, en septiembre de 2000.
En Córdoba, el poder político regional se había originado en redes hacendiles; el paramilitarismo no vino a inventar la estructura de captura del Estado, sino a intensificarla y armarla.
Sinuanismo: la fuerza cultural
Sería un error leer a Córdoba solo por sus violencias. El departamento es también la matriz de una parte central de la música colombiana. San Pelayo, municipio cercano a Cereté, es reconocido como cuna del porro, y sus bandas de viento —herederas de una tradición local profundamente arraigada— fueron referencia obligada para músicos que, mediado el siglo XX, orquestaron la costeña para el país y el mundo. Lucho Bermúdez y Pacho Galán se inspiraron en las bandas del Valle del Sinú para sus arreglos de big band, situando su música a medio camino entre el jazz orquestal norteamericano y el mambo de las orquestas latinoamericanas.
El porro, según las reconstrucciones más aceptadas, nació en las sabanas y se expandió luego por los pueblos del río Magdalena y hacia el sur con los colonos del Sinú, encontrando en San Pelayo su gran capital. El Festival Nacional del Porro, celebrado allí cada mes de junio desde 1977, ha institucionalizado la rivalidad amistosa entre bandas municipales y ha preservado una tradición interpretativa que descansa en clarinetes, trompetas, trombones, bombardino, redoblante, tambora y platillos. El repertorio distingue entre el porro palitiao, más lento y ceremonial, con un pasaje central en que los músicos golpean rítmicamente el aro del tambor con palillos, y el porro tapao o puya, más rápido y de sonoridad cerrada. Compositores como Pablo Flórez, Rafael Campo Miranda o el propio Alejandro Ramírez Ayazo dieron cuerpo a un canon que atraviesa fiestas patronales, corralejas y salones de baile de todo el país.
El poeta momposino Candelario Obeso mencionaba ya el porro en 1869, bailado en rueda, al estilo de la cumbia. La cumbia, por su parte, es un aire fundamentalmente mulato y zambo; sus tambores —tambora o bombo—, el guache, la maraca y la caña de millo componen su instrumentación característica, y su baile con velas encendidas prescinde habitualmente de letra cantada. Géneros próximos como el mapalé remiten explícitamente a raíces africanas. La costa Caribe, y Córdoba dentro de ella, produjo así una parte sustancial del abanico cultural colombiano: una música que, después de las violencias, siguió llenando la vida nacional.
Al lado del sonido, la cocina también aporta signos de identidad. El calor sinuano tiene su respuesta doméstica en el minguí, bebida helada preparada con plátanos maduros asados y machacados, mezclados con agua, azúcar y hielo picado: uno de esos detalles menores que definen un territorio y que se toma en la misma esquina donde se baila el porro. A su alrededor gira una gastronomía anfibia que combina el bocachico frito o en cabeza salada, el mote de queso —sopa espesa de ñame blanco y queso costeño—, la carne asada al humo del monte y el suero atollabuey, crema ácida que acompaña casi todo lo que sale de la brasa. El plátano, en sus variantes verde y maduro, y el maíz, en bollos, arepas y peto, sostienen la base cotidiana; el arroz con coco marca la frontera festiva con la cocina más plenamente cartagenera.
La cultura material tiene también su capital en el sombrero vueltiao, tejido en caña flecha por artesanos zenúes de Tuchín y de las veredas del resguardo de San Andrés de Sotavento. El grado del sombrero —quinceano, diecinueveano, veintiuno, veintisieteano— se mide por el número de fibras entrelazadas en cada trenza; a mayor número, mayor finura, flexibilidad y precio, hasta el punto de que un sombrero de veintisiete fibras puede tomar meses de trabajo y pasarse enrollado por el ojo de un anillo. La Ley 908 de 2004 declaró al sombrero vueltiao símbolo cultural de la nación, sanción tardía de un oficio que sostiene económicamente a miles de familias indígenas y que reproduce, en cada pieza, los mismos motivos geométricos —el diente de ñeque, la flor de azahar, la cruz— que aparecen en la orfebrería precolombina. La caña flecha, planta silvestre convertida en cultivo doméstico, exige un proceso paciente de raspado, tinturado con barro y bija, y secado al sol antes de llegar al telar de dedos con que trabajan las tejedoras.
El sinuanismo, como categoría, no es una etiqueta folclórica sino la suma decantada de esos oficios: la ingeniería del agua heredada de los zenúes, la banda de viento en la plaza del pueblo, el sombrero que sale del resguardo, la comida que se cocina con lo que da la ciénaga. Todo eso resistió a la hacienda, a Urrá y al paramilitarismo, y sigue siendo lo primero que un cordobés reconoce como suyo cuando se lo pregunta lejos de casa.
Persistencia de las resistencias
En los primeros años de los setenta, los indígenas zenúes del norte de Córdoba protagonizaron una activa movilización junto con organizaciones campesinas, sindicales y estudiantiles. La Doctrina de la Seguridad Nacional estigmatizó y persiguió ese ciclo en el marco más amplio de la radicalización del movimiento campesino colombiano. La respuesta institucional y armada al reclamo agrario preparó, sin saberlo, el terreno para la escalada de los ochenta y noventa. Pero la movilización no desapareció: se transformó, cambió de nombre, buscó otras formas.
El resguardo de San Andrés de Sotavento sigue siendo el eje territorial de los zenúes contemporáneos, con Tuchín como centro visible del oficio del sombrero vueltiao. La cultura embera katío, herida por Urrá, sigue disputando el reconocimiento efectivo de sus derechos colectivos. Y las comunidades campesinas y pescadoras del bajo Sinú, con sus ABIF y sus organizaciones locales, ensayan formas de permanecer en un territorio que las grandes obras y la ganadería extensiva tienden a expulsar.
Córdoba entra al siglo XXI con la marca de todos sus estratos: los camellones zenúes bajo el agua, los cascos de hacienda antioqueña, los pueblos de porro, las torres de Cerromatoso, la presa de Urrá, el terminal de Coveñas, las fosas de la parapolítica. Su capital, Montería, ha crecido como ciudad ganadera y de servicios; Lorica conserva la arquitectura del comercio ribereño; Cereté, Sahagún, Tierralta, Valencia y San Antero organizan el mapa municipal alrededor del Sinú y del golfo de Morrosquillo. La juventud institucional del departamento —apenas más de siete décadas— convive con una densidad histórica que precede en milenios a la creación de Colombia. Esa asimetría entre historia larga y Estado tardío es, en el fondo, la clave del sujeto: un territorio que existió mucho antes de tener nombre administrativo y que, por eso mismo, ha resistido con recursos propios el intento reiterado de reducirlo a sus rentas.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
58 documentos · 67 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 94, 1394 citas
[1]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[2]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[6]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
[7]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 40, 492 citas
[3]campesinado. En las sabanas del departamento de Sucre, su capital, Sincelejo, es un balcón anclado en la Sierra Flor, desde donde mira al mar Caribe y a la Serranía de Coraza. En los días descapotados, Coveñas, Tolú y toda la línea costanera del golfo de Morrosquillo y el archipiélago de San Bernardo parecen al…
p. 40
[21]gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…
p. 49
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1301 cita
[4]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…
p. 130
04Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 351 cita
[5]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…
p. 35
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 191 cita
[8]la po sibilidad de valorar el legado productivo de nuestra historia. Aquel proceso se remonta, por lo menos, a los últimos cuatro mil años, cuando, según el profesor Carl Langebaek, existen evidencias arqueológicas del aprovechamiento de plantas como complemento de la caza. En ese proceso tan prolongado en el tiempo,…
p. 19
06Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 641 cita
[9]Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…
p. 64
07Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
[10]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
08Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 50, 1572 citas
[11]las encomiendas sucesivas de Rodrigo Méndez de Montalvo, su hijo Andrés y su nieta Ana Vitalina de Fuentes (1580-1649), hasta la última del marqués de Villa Alta en el siglo XVIII, cuando el pueblo se declaró de la Real Corona. El respectivo resguardo de tierras —para tres caseríos, de 56 a 85 mil hectáreas de…
p. 50
[19]recogido por Antolín Díaz, y de seguro don Francisco tuvo centenares de compadres y ahijados (rechazó la compra de doncellas). Pero en muchas partes los colonos pobres llegaron a "temerle más a los hombres que a las fieras del monte". Se sabe que, como Berástegui, en la plantación francesa de Tucura, en el Este…
p. 157
09Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 371 cita
[12]riego, lo que indica la presión de una densa población; la existencia de especialistas orfebres —que mezclaban, según Fernández de Enciso, el oro con plata—, la presencia de especialización regional y de un activo comercio sugieren un desarrollo económico notable. El más importante especialista, Gordon, sostiene con…
p. 37
10Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 271 cita
[13]agotado21. El episodio de las sepulturas fue la primera ocasión que se ofreció a los españoles de montarjina.explotació:n_.econó.mica-que.no. estuviera fundada enJa-japiña_de los combates. Se trataba, en escala muy modesta, de un preludio de la futura economía minera. La explotación se desenvolvía en los límites…
p. 27
11Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 691 cita
[14]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…
p. 69
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2871 cita
[15]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
13Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2871 cita
[16]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
14Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 2141 cita
[17]Sin duda, se supone, fue una sociedad más igualitaria que no desarrolló una centralización política comparable a la de sus predecesores, ni una orfebrería tan notable. Suena fascinante, pero hay algo paradójico en la argumentación. Por un lado, se supone que la región inundable del bajo San Jorge fue, según los…
p. 214
15La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 34, 942 citas
[18]armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…
p. 34
[38]de María a inicios de los años ochenta, y el paramilitarismo apareció a me- diados de los años noventa para disputar el territorio. Presencia guerrillera en Córdoba Las subregiones del Alto Sinú y San Jorge en el departamento de Córdoba han sido una histórica zona de asentamiento de grupos insurgentes; fueron…
p. 94
16Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 361 cita
[20]a esta norma que nos ha trazado la naturaleza, la fa- cilidad para la vida del país sería enorme; todo sería sencillo y lógico. Pero la naturaleza anda por un lado y el hombre por otro. Viene así un desorden del cual se cree salir variando la anterior división y haciendo otra que se acomode a las nuevas ideas po-…
p. 36
17El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1201 cita
[22]que a la conquista de importantes regiones al Norte de Antioquia y en el departamento de Córdoba. Dentro de esta 118 región están comprendidas las zonas de Urabá, los Valles de los Ríos San Jorge, Atrato, Sinú y Bajo Cauca. La población estimada para la zona pasó de 6.8 millones de cabezas en 1950 a 12.0 millones en…
p. 120
18Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1612 citas
[23]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
[24]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
19La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2641 cita
[25]ilegítimas o éticamente censurables. Algunos empresarios también están aprovechando el contexto de violencia para especular con el precio de la tierra o 482 CNMH, Buenaventura: Un puerto sin comunidad, 235. 265 C AP Í TU LO 3. Auschwitz como impulso para pensar el caso colombiano acceder a los territorios adecuados…
p. 264
20Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1431 cita
[26]con la actividad ganadera, apreciaba su naturaleza y, sobre todo, su importancia central en el pasado nacional. Para Ospina Vásquez, “la extensión de la ganadería [...] fue el principal elemento dinámico de nuestra evolución agrícola desde el fin del período colonial hasta la gran expansión del café”1 2. Esta…
p. 143
21Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1601 cita
[27]unidades sociales, pero sobre todo económicas, caracterizadas por ser latifundistas y poco productivas, ya que una cabeza de ganado puede llegar a disponer de más tierras que una familia de esta región. De esta afirmación, un entrevistado relata: La mayor parte de las haciendas, así como se conocen ahora […], con…
p. 160
22El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2531 cita
[28]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…
p. 253
23El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2531 cita
[29]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…
p. 253
24Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3131 cita
[30]s olidarios y sostenibles, bancos de semillas y acopios de alimentos, en contextos en los que la confrontación armada sitúa a las diversas formas de organización comunitaria en el centro de la sospecha, no ha sido fácil, pero sí definitivo para recomponer la forma de vida campesina. Durante la construcción de la…
p. 313
25Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5541 cita
[31]responsabilidad en la desaparición forzada y el homicidio del líder indígena Kimy Pernía Domicó. Mancuso señaló en su testimonio que los ataques dirigidos contra las comunidades indígenas estuvieron orientados a debilitar los procesos organizati - vos y facilitar los espacios de negociación y de consulta previa con la…
p. 554
26Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012José Iván Mojica, José Saulo Usma, Ricardo Álvarez-León, Carlos A. Lasso (Eds.) · 2012 · p. 1061 cita
[32]pérdida de los desoves aguas arriba (Atencio-García 2000) y la pesca indiscriminada de peces reofílicos con capacidad de reproducirse, se traducen en pérdida de su potencial re- productivo como consecuencia de la cons- trucción de la hidroeléctrica Urrá. Medidas de conservación tomadas El Acuerdo 013 del 14 diciembre…
p. 106
27Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia. Peces. Volumen 2Luis Alonso Zapata Padilla, José Saulo Usma Oviedo (Editores) · 2013 · p. 2511 cita
[33]río San Jorge (mu- nicipio de Ayapel), excepto en ambientes torrenciales (Maldonado-Ocampo et al., 2005). Categoría de residencia en Colombia Migrante Local (RNI). C ARTOGRA fí A Sinonimia Othonophanes bolivariensis, Dahl, 1943. Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia 250 Familia Orden…
p. 251
28Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
[34]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…
p. 9
[35]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…
p. 9
29Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2121 cita
[36]en el tiempo y la confianza en el tradicional respeto de Colombia a los contratos, han conducido al pais a una importantisima activacion en la produccién de petréleo, carbon y niquel. Con la explotacién de estos productos cambié el panorama minero de Colombia y el pais se convirtié en exportador neto de energia. El…
p. 212
30Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[37]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57
31Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[39]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
p. 24
32¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1071 cita
[40]de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…
p. 107
33La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[41]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…
p. 43
34Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 1171 cita
[42]en el cual cada grupo involucró a sus bases. Además, le permitió a la Casa Castaño, de la mano de las élites económicas y políticas de la zona (Carroll, 2011), terciar en ese escenario con- troversial y convertirse en un actor central, lo que aprovechó para moldear las percepciones de algunas personas desmovilizadas e…
p. 117
35Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 311 cita
[43]aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…
p. 31
36Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2631 cita
[44]Esperanza, Paz y Libertad, con sus familias. Los hombres armados masacraron a 35 personas, entre ellos una mujer y dos niños. Fue la peor de las 18 masacres que, según una investigación del Centro de Memoria Histórica, hubo en el Urabá en esos años, cuando la disidencia del EPL que no se había desmovilizado se unió a…
p. 263
37Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 1521 cita
[45]informó a los asistentes, entre los cuales se encontraba Javier Montañéz, que en virtud de la ordenada vinculación a las ACCU, a partir de ese momento quedábamos bajo las órdenes de Carlos Castaño Gil. (FGN, 2007b, p. 11) A principios del año 1997, el señor VICENTE CASTAÑO citó a los líderes y comandantes de estas…
p. 152
38Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1471 cita
[46]liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…
p. 147
39La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[47]ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…
p. 68
40Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2431 cita
[48]de la coca en un momento en el que el cultivo se había generalizado y estaba controlado por el grupo guerrillero; y ii) consolidar un corredor estratégico que comunicara el bajo Cauca, parte del Magdalena Medio e, incluso, el Catatumbo, con las salidas al mar por el Golfo de Urabá y la zona costanera de Córdoba. Como…
p. 243
41Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9181 cita
[49]porque yo veía a mis superiores comandantes que estaban también reunidos en la misma mesa y [yo] decía: “esto es necesario para poder neutralizar a un enemigo que está creciendo, que es enemigo”» 3305. Este oficial retirado explicó que la logística de este movimiento de tropas de las ACCU fue posible por el papel de…
p. 918
42Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 1762 citas
[50]ribera izquierda del río San Jorge y en la 303 Informe 1898825-FS-19. Fiscalía General de la Nación. «Estructuras del Bloque Occidental de las FARC EP», 239. 304 Ibíd., 142. 305 Ibíd., 241. 306 Informe 1898825-FS-12. Fiscalía General de la Nación, «Caracterización del Bloque Oriental», 142. parte iii: violencias,…
p. 176
[51]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…
p. 72
43Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 381 cita
[52]décadas de violencia que requieren ser esclarecidas por las instituciones y la sociedad en su conjunto. La memoria es un derecho de las víctimas y un deber del Estado y de la sociedad, y como derecho o como deber la tarea de la memoria es hoy en Colombia inaplazable. Este texto es un reconocimiento no sólo a los que…
p. 38
44Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1681 cita
[53]a su candidato, Juan Carlos Aldana, y así acabar con la hegemonía que ostentaba el grupo de los López Cabrales. Aunque en un principio Mancuso accedió a colaborarles, el ofrecimien- to de Juan Manuel López y su hermano, Libardo López, quien entonces aspiraba a este cargo, de las secretarías de salud y de educación, a…
p. 168
45Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 571 cita
[54]ofrecer suficiente resistencia para que sus fuentes de poder no fueran rebasadas. El principal grupo político de la región, la familia López Cabrales, mantuvo las mayorías electorales a pesar de la fortaleza militar y económica de Mancuso. Tan pode rosos eran los López (Abrales en las elecciones que la clase política…
p. 57
46Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2081 cita
[55]una situación crítica para el partido. Es, por el contrario, parte misma de la lógica de cómo funciona el partido dentro del sistema político actual. La U se creó como un partido que aglutinaba una coalición de políticos disidentes de los dos partidos tradicionales, principalmente liberales, con el propósito de…
p. 208
47Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2391 cita
[56](63 %) (Arias & Acevedo, 2010a, p. 82). El gráfico 26 muestra la votación de Eleonora Pineda por concentración y dominio para el año 2002. Los municipios se discriminan por presencia armada de GAI. Resulta notorio cómo cinco de los municipios donde se presentó una votación alta tipifican como localidad sin presencia…
p. 239
48El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3151 cita
[57]la dirección paramilitar es tomar 2002 como punió de referencia.262 Para obtener información de esta “foto” particulai sobre la composición del liderazgo paramilitar, usemos como fuentr a la revista Semana y la página web Verdad Abierta. Contemos como jefes paramilitares a aquellos que llenan los siguientes criterios:…
p. 315
49Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1551 cita
[58]comprender, puesto que ellos estuvieron en la primera línea de enfrentamiento con la guerrilla, y fueron desde el principio una de las principales víctimas del secuestro, un crimen que en Colombia adquirió proporciones industriales. Un importante porcentaje de los líderes paramilitares (véanse tablas 2, 3 y 4), y de…
p. 155
50Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · p. 671 cita
[59]Sinu, institucion universitaria con gran incidencia en la region. La actividad politica de su familia ha sido permanente, y se destaca Mara Bechara, excandidata ala Gobernacion de Cordoba, vinculada a una investigacion que adelanta la fiscalia seccional de Cartagena por el homicidio del candidato a la rectoria de la…
p. 67
51A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 151 cita
[60]más de 100 personas y es considerada una de las acciones más sanguinarias de las AUe. Mancuso confesó que el Bloque Catatumbo que él comandaba fue responsable de la muerte de cinco mil civiles y que las autodefensas habían infiltrado todas las ramas del poder público"2. Pero ese no era tema de conversación en una…
p. 15
52Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 741 cita
[61]cuando se desató la violencia política y se aprovechó este contexto para la apropiación violenta de tierras; iv. La segunda mitad de la década de los años sesenta, cuando se consolidaron varias organizaciones campesinas, al tiempo que surgió el EPL en este territorio; v. Los primeros años de la dé- cada de los…
p. 74
53Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2261 cita
[62]Apenas se conocen algunas de sus características técnicas y un esbozo de su origen. Un paso en la dirección adecuada es el artículo de Ciro A. Quiroz, "El porro pelayero", Coralibe (Bogotá), No. 29 (junio, 1981), en el que se consignan algunos derroteros para seguir profundi- zando sobre el tema. Entre otros datos…
p. 226
54Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 481 cita
[63]Eduardo Ber- múdez, 1912–94) and “Pacho” Galán (Francisco Galán, 1904–88).22 Both had come to the regional music tradition of the coast to give stylized orchestral arrangements and big band sound to the music. Their music was halfway between the big band jazz style of Benny Goodman and the mambo of the Pérez Prado,…
p. 48
55Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1541 cita
[64]cución se utiliza una tambora o bombo, un guache, una maraca y una caña de millo; es un aire básica- mente mulato y zambo, cuyo baile típico se danza con velas encendidas y usualmente no es cantada. El bullerengue y el chandé se interpretan con tambores y batir de palmas de las manos; a dife- rencia de la cumbia, sí…
p. 154
56Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1221 cita
[65]La gota fría, que Carlos Vives echó a volar por el mundo, pero que ya conmovía a Colombia hace más de medio siglo, cuando en la voz de Buitrago nos contaba cómo eran las discordias ingenuas de las gentes de Urumita, que peleaban con música, y que cuando querían herirse no pasaban de decir: tengo un reca’o grosero a…
p. 122
57Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 151 cita
[66]aplausos y vítores de un público embriagado de sangre y sangría es bárbaro, tal vez usted nunca haya ido a una corraleja. Gran parte de ese abanico cultural, que hace que en otros países tengamos el alivio de que muchas veces nos reconozcan no por el endiosado narcotraficante y terrorista Pablo Escobar, ni por nuestra…
p. 15
58Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 1461 cita
[67]introductorio Biblioteca básica de cocinas tradicionales de Colombia 146 millo · morrocoy gruesas, generalmente desmigajadas, fritas en manteca con cebolla larga, picada. También se hacen con plátanos verdes, machacados. millo. Grano arracimado o enmazorcado, de tallo herbáceo parecido al del maíz, poco más alto que…
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