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Idea · República Liberal

Colonato

El colonato fue la relación agraria estructural de Colombia entre finales del siglo XIX y mediados del XX, por la cual campesinos sin título accedían al uso de una parcela dentro de una hacienda o en tierras baldías a cambio de trabajo, entrega de producto o ambas cosas. Bajo sus variantes regionales —arrendatarios, aparceros, agregados, terrazgueros— organizó la vida rural andina y fue el nudo jurídico y social en torno al cual estalló la conflictividad agraria de la República Liberal.

4.171 palabras51 documentos85 fragmentos citados
Colonato

Trayectoria de una idea

  1. 1590

    Composiciones coloniales: origen del régimen hacendatario

  2. 1873

    Código Fiscal y obstáculos a la adjudicación campesina

  3. 1884

    Decreto 832: consolidación del latifundio y escala regresiva de obligaciones

  4. 1900

    Consolidación del colonato en la hacienda cafetera cundinamarquesa

  5. 1926

    Fallo de la Corte Suprema: la prueba diabólica

  6. 1928

    Decreto 1100: arrendatarios se proclaman colonos en Sumapaz

  7. 1930

    Epicentro del conflicto agrario: Cundinamarca y Tolima

  8. 1935

    Organización agraria y emergencia de Juan de la Cruz Varela en Sumapaz

  9. 1936

    Ley 200 de 1936: función social de la propiedad y fractura del colonato

03

La lectura

El colonato no fue una anomalía ni un rezago feudal: fue el mecanismo racional mediante el cual la gran propiedad colombiana resolvió su problema de mano de obra en ausencia de un mercado laboral libre y de un campesinado con acceso a la tierra. Su lógica era simple y brutal: quien no tenía tierra debía al que la tenía una porción de su tiempo y de su cosecha. Esa lógica se reprodujo con variantes —arrendatario, aparcero, agregado, terrazguero— en todas las regiones donde la hacienda dominó el paisaje agrario, desde los cafetales del Tequendama hasta los potreros del Bajo Cauca. Lo que lo hizo explosivo no fue su existencia, sino su encuentro con la valorización cafetera del siglo XX: cuando el café se volvió riqueza visible, la exclusión del arrendatario del mercado más lucrativo se tornó insostenible. La sentencia de 1926 le entregó un arma jurídica; la organización comunista y agraria le dio forma política; y la Ley 200 de 1936, al intentar resolver el problema sin redistribuir la tierra, aceleró la expulsión masiva de quienes habían sido la base del sistema. De esa paradoja —una reforma que desprotegió a los que pretendía proteger— nacen, en línea directa, buena parte de los conflictos que desembocaron en La Violencia y en las guerrillas agrarias del Sumapaz y el Tolima.

El colonato

En Colombia, el colonato nombra la relación agraria por la cual campesinos sin título de propiedad accedían al uso de una parcela dentro de una hacienda o en tierras baldías, a cambio de trabajo, entrega de una porción del producto o ambas cosas. Fue el mecanismo estructural mediante el cual la gran propiedad —cafetera en las vertientes andinas, ganadera en las llanuras, cañera y bananera en algunos valles— incorporó fuerza de trabajo sin ceder tierra ni pagar salario pleno. Bajo sus variantes regionales —arrendatarios en Cundinamarca, aparceros en Santander, agregados en Antioquia, terrazgueros en el sur de Córdoba— se organizó buena parte de la vida rural entre finales del siglo XIX y mediados del XX, y en su nudo jurídico se jugó, una y otra vez, la frontera móvil entre baldíos, hacienda y pequeña propiedad. Cuando la República Liberal intentó institucionalizarlo mediante la Ley 200 de 1936, no lo redistribuyó: lo hizo estallar. De esa fractura nacen, en línea directa, buena parte de los conflictos que desembocaron en La Violencia y en las guerrillas agrarias.

Anatomía de la relación: qué era un arrendatario en la hacienda cafetera

En el suroriente de Cundinamarca —Tequendama, Sumapaz, Viotá— el trabajador permanente de la hacienda cafetera recibía el nombre de arrendatario o estanciero. La hacienda le concedía el uso de una parcela, casi siempre en las tierras altas de la finca, donde él y su familia levantaban una vivienda de bahareque y cultivaban lo necesario para vivir: maíz, plátano, yuca, caña de azúcar, con aves de corral y a veces algún animal mayor. Sobre ese pedazo de tierra el arrendatario tenía usufructo, no dominio; la casa era suya en cuanto obra, no en cuanto asiento jurídico.

La contraprestación era el trabajo. Un número determinado de días al mes —variable según el tamaño y la calidad de la parcela y según la costumbre de cada hacienda— debía dedicarlos el arrendatario al cafetal del patrón: recolección, desyerbe, beneficio. En algunas haciendas cundinamarquesas ese trabajo no se remuneraba en absoluto; en otras se pagaba un jornal. A esa obligación central se sumaban cargas subsidiarias: reparar caminos, hacer las veces de policía rural, aceptar las multas que el hacendado imponía por infracciones a las disposiciones internas de la finca.

La pieza decisiva del arreglo era una prohibición: el arrendatario no podía sembrar café en su parcela y no podía comerciar café. La primera restricción impedía que la parcela se convirtiera en competencia productiva de la hacienda; la segunda cerraba al arrendatario la puerta al mercado más lucrativo de la región. Lo que producía la parcela tampoco estaba bajo su libre disposición: se destinaba primero a la subsistencia familiar y a las obligaciones con el patrón. Sin acceso al mercado del café, sin propiedad sobre la tierra, con su tiempo laboral fuertemente comprometido, el arrendatario quedaba prendido a la hacienda por una malla de dependencias que hacían de su libertad formal una ficción práctica.

En Santander el arreglo tomó otra forma. Sobre medianas y pequeñas propiedades cafeteras se generalizó la aparcería: el campesino entregaba al propietario hasta un tercio de la cosecha de café —o hasta un cuarto de los cultivos de pancoger— y trabajaba además cierto número de días en la finca del dueño. En Antioquia, donde la colonización había abierto tierras con otro ritmo, la relación equivalente se llamó agregado. En el sur de Córdoba, el bajo Cauca y Urabá antioqueño, el hacendado ganadero recibió el trabajo del terrazguero: campesinos que tumbaban y quemaban el bosque, sembraban pancoger durante unos años y, cuando el potrero estaba hecho, entregaban la tierra empastada al patrón y se corrían un poco más hacia la frontera. Todas estas variantes compartían un principio: el acceso a la tierra se pagaba con producto, con trabajo o con ambos, y casi nunca daba lugar a un título.

Los acuerdos eran, hasta los años cuarenta, verbales. Incluían pactos sobre el uso del beneficiadero de café, el acceso a pastizales, los anticipos crediticios del hacendado, y descansaban sobre un supuesto tácito y férreo: quien no era dueño, debía al dueño una porción del fruto de su trabajo. Ese principio, más que cualquier ley, gobernaba la vida agraria colombiana.

Genealogía: de las composiciones coloniales al latifundio republicano

La hacienda —matriz del colonato— tiene raíces coloniales precisas. Entre 1590 y 1620, la Corona española adjudicó al mejor postor las tierras llamadas realengas mediante el mecanismo de las composiciones, y en ese proceso quedó configurado el régimen hacendatario: grandes extensiones de propiedad privada, campesinado excluido del dominio, incorporado únicamente como mano de obra sin derechos sobre el suelo. Esa arquitectura sobrevivió intacta a la Independencia. La república conservó el régimen colonial de propiedad y empleó los baldíos —las tierras del dominio público— como moneda: los cedió para pagar bonos de deuda, para compensar servicios militares, para financiar la construcción de caminos, para promover colonizaciones empresariales.

El intento reformista más notable del siglo XIX fue la Ley 61 de 1874, que admitió el principio de adjudicar baldíos a los cultivadores. Pretendía corregir los obstáculos que había levantado el Código Fiscal de 1873, el cual fijó un precio mínimo de cincuenta centavos por hectárea y estableció que los baldíos se compraran con bonos territoriales antes que en subasta pública, cerrando así el acceso al campesinado sin capital. Una ley de 1868 había erigido otra barrera práctica: los altos gastos de deslinde. El Decreto 832 de 1884 compiló la legislación posterior, entre ella la Ley 48 de 1882, y bajo ese marco se adjudicaron predios de hasta cinco mil hectáreas.

La legislación de la segunda mitad del XIX contenía una regresión característica: las obligaciones de explotación productiva se aliviaban a medida que crecía la concesión. Según registró el Ministerio de Industrias en 1931, quien recibía menos de doscientas hectáreas debía explotar el cuarenta por ciento; quien obtenía entre tres mil y cinco mil hectáreas, apenas el diez. La ley favorecía así el latifundio improductivo, y en los hechos las adjudicaciones de baldíos beneficiaron principalmente a grandes hacendados. El principio de que la tierra debe pertenecer a quien la trabaja quedó consignado en algunos textos y prácticamente ausente de la realidad.

Sobre ese trasfondo se desplegó la colonización campesina que abrió, entre el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la mayor parte del territorio andino cultivable. El motor fue doble: el minifundio de los altiplanos orientales había llegado a los límites de su capacidad productiva, y el crecimiento demográfico —agravado por la violencia política del siglo— empujaba a las familias hacia el Tequendama, Sumapaz y la cordillera Central tolimense. La colonización antioqueña funcionó por grupos de pocas familias emparentadas que partían de poblados existentes con hachas, machetes, azadones, animales de carga, semillas y ganado; a las poblaciones antioqueñas fundadas entre 1835 y 1914 se les otorgaron al menos veintiséis concesiones de baldíos, con un promedio de doce mil hectáreas cada una. El café, contra la imagen épica, no formó parte del sistema inicial: llegó después, cuando los suelos ya habían dado maíz y frijol y los desmontes habían asentado la finca.

Pero el desenlace de esa colonización rara vez fue la pequeña propiedad estable. Operó, con variantes regionales, lo que la memoria campesina llamó la ley de tres pasos: el colono tumbaba el monte y habilitaba la tierra; luego, apremiado por deudas o por debilidad jurídica, vendía sus mejoras a un contratista o finquero a bajo precio; finalmente, un gran terrateniente exigía esas mejoras para ampliar su hacienda. El campesino abría el bosque; el latifundio recogía la tierra abierta. En las tierras bajas —los Llanos Orientales, sobre todo— el proceso consolidó la ganadería de gran propiedad mediante el desplazamiento del colono. En las vertientes cafeteras —Caldas, Tolima, Quindío— predominó, en cambio, la pequeña propiedad familiar. Esa divergencia regional definió el mapa social del país en el siglo XX.

1926: la prueba diabólica

En la década de 1920, mientras el café convertía a Colombia en un exportador de peso mundial y la valorización de las tierras cafeteras del centro se disparaba, un fallo judicial sacudió los cimientos jurídicos del latifundio. La Corte Suprema de Justicia estableció en 1926 —y reiteró en 1934— que quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a la concesión original de la Corona o de la República: el acto original de enajenación del dominio público. Sin ese título, no había propiedad demostrable frente al Estado.

Los terratenientes calificaron el requisito de diabólico, y con razón desde su punto de vista: probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaba en usurpaciones ilegales de baldíos, no en adjudicaciones formales. La sentencia amenazaba con reabrir la historia entera de la propiedad agraria colombiana.

Sus consecuencias se sintieron pronto y con violencia. En 1928, un decreto del Ministerio de Industrias reservó tierras para una colonia en los municipios de Icononzo y Cunday, y estipuló que todo el territorio dentro de sus límites se consideraría baldío salvo que los propietarios exhibieran títulos originales conforme al fallo de la Corte. La medida —el Decreto 1100 de 1928— tuvo un efecto que sus autores no habían previsto: en varias fincas cafeteras del Tequendama y Sumapaz los arrendatarios se proclamaron colonos, argumentando que la tierra que labraban había sido usurpada al dominio público, y ocuparon las tierras altas inexploradas de las haciendas. La sentencia de 1926 les había entregado un arma jurídica; el decreto de 1928 les dijo cómo usarla.

Entre 1875 y 1930 quedaron registrados numerosos enfrentamientos entre colonos y terratenientes, distribuidos por región y por número de colonos implicados. Ese acumulado desmiente cualquier lectura de la conflictividad agraria como fenómeno posterior a la República Liberal: cuando Alfonso López Pumarejo llegó al poder en 1934, el campo colombiano llevaba décadas en tensión.

Cundinamarca y Tolima: el epicentro

Los conflictos agrarios de los años veinte y treinta tuvieron su epicentro en la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima, donde desde fines del siglo XIX se había desarrollado una economía cafetera de hacienda. La cifra fija la escala: esos dos departamentos concentraron 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica hasta 1939, la mitad exacta de la organización agraria formal del país.

Las reivindicaciones eran claras y coincidentes de finca a finca: derecho a sembrar café en la parcela, libre movilidad de los productos de la parcela, sustitución del trabajo obligatorio por renta en dinero o especie, reducción de multas y obligaciones, y fijación de condiciones para el desalojo con pago de mejoras. No pedían la tierra en abstracto: pedían recomponer, en su favor, cada uno de los mecanismos concretos por los cuales la hacienda extraía trabajo y bloqueaba el acceso al mercado.

La valorización del café desde comienzos de los años veinte había vuelto insostenible la relación clásica. El trabajador rural no se consideraba propietario legítimo de la tierra —los títulos, cuando existían, estaban en manos del hacendado—, pero tampoco veía razón para quedar excluido del auge cuando su trabajo estaba en el origen de esa riqueza. A ese descontento se sumó la experiencia de los campesinos que habían trabajado en los campos petroleros de Barrancabermeja, en la zona bananera de Ciénaga y en la construcción de ferrocarriles: al regresar al campo rechazaban la arcaica relación arrendatario-terrateniente que habían dejado atrás.

Los agitadores comunistas y los cuadros del Partido Agrario Nacional —el PAN de Erasmo Valencia, con bases entre los colonos de Sumapaz— dieron a esa insatisfacción forma organizada. Se constituyeron ligas en Cundinamarca, Tolima y Valle del Cauca; en algunos casos se invadieron haciendas no cultivadas y se las defendió por la fuerza. El ejemplo más famoso fue la ocupación de las haciendas de Viotá, donde los socialistas revolucionarios —precursores del comunismo colombiano— establecieron una presencia duradera. En octubre de 1935 el PAN eligió concejales en Fusagasugá, Pasca, San Bernardo y Pandi, y Valencia obtuvo un escaño en la Asamblea de Cundinamarca para el período 1935-1936. En la región del Sumapaz, en torno a un litigio por unas trescientas mil hectáreas entre herederos de títulos coloniales y colonos que las reclamaban como baldías, apareció como dirigente un hombre joven llamado Juan de la Cruz Varela.

La República Liberal: función social y expulsión

Alfonso López Pumarejo llegó a la presidencia en 1934 con la promesa de una Revolución en Marcha. La reforma constitucional de 1936 consagró la función social de la propiedad y del trabajo, habilitó la intervención del Estado en la economía y garantizó el derecho de huelga salvo en los servicios públicos. Sobre ese marco descansó la pieza agraria del programa: la Ley 200 de 1936.

La ley intentó resolver dos problemas a la vez. Al terrateniente le ofreció una salida de la prueba diabólica: en adelante, la propiedad se demostraría no exhibiendo el título original de la Corona o la República, sino acreditando la destinación económica del predio, su explotación productiva. La sentencia de 1926 quedaba, en la práctica, neutralizada. Al colono y al arrendatario les ofreció, en principio, una protección: se introdujeron trabas para el lanzamiento de ocupantes, se estableció que el dominio sobre predios rurales revertería al Estado si permanecían sin destinación económica durante diez años continuos —la extinción del dominio como sanción a la incultura—, y se abrió a los colonos la posibilidad de adquirir el dominio de las tierras que labraban tras cierto plazo. La función social de la propiedad, principio abstracto, se materializaba en esa reversión.

En el papel era una reforma sustancial. En la práctica produjo un efecto paradójico y devastador. Los terratenientes, temerosos de que arrendatarios y aparceros invocaran su condición de colonos para disputarles la propiedad, procedieron en muchos casos a expulsarlos preventivamente de las haciendas antes o después de la entrada en vigor de la ley. No en todas partes: en algunas fincas se optó por mantener el arreglo. Pero en las zonas donde la conflictividad ya estaba encendida —el Tequendama, Sumapaz, el centro del Tolima— la Ley 200 aceleró el desmonte del sistema de hacienda por la vía de la expulsión, no por la vía de la redistribución.

Y donde no hubo expulsión, hubo elusión. Los terratenientes locales controlaban los gobiernos municipales, la policía y los jueces de distrito. Podían aplicar la ley cuando les convenía, ignorarla cuando no, ofrecer interpretaciones alternativas de sus disposiciones. El Estado central legislaba en Bogotá; el Estado real, en el campo, seguía siendo el patrón. La incapacidad institucional de hacer cumplir la Ley 200 quedó en evidencia desde el primer momento.

El gobierno de Eduardo Santos, entre 1938 y 1942, decretó la llamada pausa a la Revolución en Marcha y frenó los avances reformistas. Pero el golpe definitivo llegó con el propio López Pumarejo en su segundo mandato: la Ley 100 de 1944, impulsada por la Sociedad de Agricultores de Colombia y la Federación Nacional de Cafeteros, amplió de diez a quince años el plazo para la extinción del dominio sobre predios incultos y reglamentó el contrato de aparcería en términos favorables a los propietarios. Cuando en el papel la reversión de tierras improductivas debía empezar a materializarse, ya la ley se había reescrito para posponerla. Y cuando el nuevo plazo se cumpliera, no habría medidas efectivas para hacerla efectiva.

El balance no admite matices piadosos. La Ley 200 tuvo efectos prácticos más orientados a resolver el problema de los títulos a los terratenientes, a incentivar la productividad y a frenar temporalmente el malestar social, que a redistribuir la tierra. La retórica de la función social convivió, sin contradicción visible para sus autores, con una arquitectura jurídica que dejó intacto al latifundio. La República Liberal quiso institucionalizar el colonato como sujeto de reforma; terminó dándole al colonato la señal de que la reforma no vendría desde arriba.

Del colonato a La Violencia

Los años que siguieron a 1944 vieron cómo la contradicción irresuelta se armaba. La expulsión de arrendatarios había creado una masa de campesinos sin tierra en las zonas cafeteras del centro; la organización agraria de los años treinta había dejado ligas, personerías jurídicas, cuadros locales; el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en abril de 1948 desató la conflagración política que se llamaría La Violencia.

Dos semanas después de que fuera evidente que Laureano Gómez ganaría las elecciones presidenciales de 1949, el Partido Comunista Colombiano anunció una política de autodefensa armada de masas contra la violencia conservadora. Los enclaves se establecieron en tres puntos que no fueron elegidos al azar: Viotá, en el Tequendama; la región del Sumapaz, sur de Cundinamarca en su frontera con Tolima; y el extremo sur del Tolima. Los tres eran territorios de vieja conflictividad agraria, donde las ligas de los años treinta habían dejado sedimento organizativo. Juan de la Cruz Varela dirigió el enclave del Sumapaz e imprimió a la resistencia el carácter de guerra campesina contra la revancha terrateniente. Jacobo Prías Alape, conocido como Charronegro, encabezó el enclave del sur del Tolima.

Las zonas cafeteras del centro del país —Tequendama, Rionegro, Sumapaz en Cundinamarca; centro y norte del Tolima; Viejo Caldas— figuran entre las más afectadas por La Violencia, y en ellas se expresó de manera reconocible un ánimo revanchista de terratenientes contra campesinos colonos. La Violencia no fue solo, ni principalmente, un conflicto bipartidista entre liberales y conservadores; fue también, y en muchas regiones sobre todo, el ajuste de cuentas del latifundio con el colonato que había pretendido convertirse en propietario.

La tregua que siguió al golpe de Gustavo Rojas Pinilla en 1953 no cerró el ciclo. Para los terratenientes del Sumapaz, la paz significaba el retorno a sus propiedades y el desalojo de los campesinos; para los campesinos, significaba el reconocimiento como ocupantes legítimos de las tierras ganadas con décadas de lucha. La contradicción derivó en una ofensiva que puede describirse con propiedad como terrateniente-militar, convirtiendo el período de Rojas en un capítulo más de La Violencia antes que en una verdadera transición.

Fue en ese continuum donde se fraguaron las bases organizativas de las guerrillas agrarias. El PCC dio a los campesinos gaitanistas tácticas de autodefensa, pautas de organización y, a la larga, los elementos que contribuirían a la fundación de las FARC una década más tarde. Los cuadros comunistas y liberales que conformaron el grupo clandestino conocido como Los Treinta —núcleo precursor de las FARC— se establecieron como colonos en Gaitania y San Miguel, en el sur del Tolima, abriendo tierras, sembrando café y obteniendo préstamos de la Caja Agraria. Reproducían, ahora armados, el patrón de la colonización de posviolencia. El arraigo campesino, las reivindicaciones agrarias, la cercanía con el Partido Comunista, el liderazgo de Manuel Marulanda Vélez y, finalmente, la agresión estatal contra Marquetalia en 1964, aparecen como los eslabones de una continuidad que va del colonato de los años veinte a la guerrilla campesina de los años sesenta. No es una línea recta ni una causalidad mecánica; es una acumulación histórica que hunde sus raíces en cada finca donde un arrendatario fue expulsado y en cada baldío donde un colono no obtuvo título.

Ley 135 de 1961: la reforma que no fue

Cuando en 1961 el Congreso aprobó una nueva ley de reforma agraria —la Ley 135, firmada por Alberto Lleras Camargo en diciembre de ese año—, el problema del colonato ya no podía ignorarse. La primera misión de cooperación estadounidense enviada al país, integrada por militares y civiles de la CIA con acompañamiento de las secretarías de Estado y Defensa, había recomendado explícitamente adelantar una reforma agraria; la Embajada respaldó la propuesta. Carlos Lleras Restrepo fue la figura central en la redacción de la ley, junto con delegados de los partidos Liberal y Conservador y de la Iglesia Católica.

La Ley 135 contemplaba formalmente la expropiación de tierras ociosas y creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, Incora, como su ejecutor. Pero las élites terratenientes lograron aumentar las barreras legales para su aplicación —mediante representación directa en el Congreso, captura de funcionarios del Incora y uso del clientelismo— y consiguieron que la agencia concentrara su actividad en proyectos que no perturbaran la tenencia existente. La expropiación quedó como figura marginal. La acción principal del Incora fue la colonización dirigida fuera de la frontera agrícola: piedemonte oriental, Magdalena Medio, altillanura Meta-Vichada, sur de Córdoba, Urabá, bajo Cauca, nordeste antioqueño. En el Meta, el programa había comenzado con la Caja Agraria en 1958-1959, y la Ley 135 solo empezó a implementarse allí en julio de 1964, en los municipios de Acacías, Guamal, San Luis de Cubarral, Norte de Granada, San Martín y Fuente de Oro.

La colonización dirigida sustituyó a la redistribución. En vez de tocar el latifundio de las zonas agrícolas centrales, el Estado envió a los campesinos sin tierra a habilitar baldíos en la periferia. Muchas de esas zonas escogidas ya estaban ocupadas por oleadas anteriores de colonización espontánea, y la superposición generó nuevas tensiones. Los resultados agregados fueron elocuentes: entre 1960 y 1970 la concentración de la propiedad aumentó, las explotaciones menores de diez hectáreas disminuyeron en número y superficie, y el estrato de más de cincuenta hectáreas creció en ambas dimensiones. La Ley 135 fue, en la práctica, una reforma legal sin aplicación real.

El desenlace del ciclo llegó en 1972. El Pacto de Chicoral y las leyes 4ª y 5ª de 1973 pusieron fin a las amenazas de reforma agraria redistributiva. La tierra de las zonas agrícolas centrales quedó a salvo. Los campesinos sin tierra fueron desplazados hacia la colonización periférica informal, hacia los barrios subnormales de las grandes ciudades o hacia parcelas de pancoger insuficientes. En el Valle del Cauca, donde el desarrollo capitalista agrario avanzaba con mayor decisión, el colonato pasó del 3,36% de las explotaciones y el 3,04% de la superficie en 1960 al 1,15% y el 0,82% respectivamente en 1977: la modernización lo estaba borrando por reducción, no por promoción a la propiedad.

Huella

El colonato como institución agraria vigente prácticamente se extinguió en la segunda mitad del siglo XX. La expulsión de arrendatarios durante los años treinta y cuarenta, el desplazamiento por la Violencia, la modernización capitalista de las zonas cafeteras hacia la finca familiar y la mecanización de los valles hicieron desaparecer las formas clásicas del arriendo por trabajo y de la aparcería obligatoria. Pero su huella marcó el país de manera duradera.

En lo estructural, dejó el problema irresuelto de la concentración de la tierra, que ninguna de las reformas legales del siglo —la Ley 61 de 1874, la Ley 200 de 1936, la Ley 135 de 1961— logró modificar sustancialmente. Colombia nunca experimentó propiamente una revolución burguesa agraria; solo hacia los años cincuenta comenzó a adoptar el llamado camino junker del desarrollo capitalista desde arriba, con el latifundio ganadero como principal artífice de la resistencia a la reforma. La estructura agraria heterogénea —minifundio en las tierras altas, sistema mixto en las laderas, latifundio en las llanuras— sobrevivió a todos los intentos de racionalización, y su geografía es todavía reconocible en los mapas contemporáneos de propiedad rural.

En lo político, dejó los repertorios de resistencia que fundaron el sindicalismo agrario colombiano y, en línea directa, dieron origen a las guerrillas campesinas. La cadena que va de las ligas de Viotá y Sumapaz de los años veinte, al PAN de Erasmo Valencia, a los enclaves de autodefensa comunista de 1949, a las FARC de 1964, no es lineal ni tiene un solo autor; pero está hecha, en sus eslabones concretos, de gente que aprendió a organizarse discutiendo con el hacendado sobre días de trabajo obligatorio, multas por infracción, prohibición de sembrar café en la parcela y condiciones de desalojo. Cada acta de liga, cada memorial de agravios, cada asamblea en un rancho de bahareque, fue una escuela política antes de ser cualquier otra cosa.

En lo historiográfico, el colonato terminó imponiéndose como uno de los grandes objetos de la investigación agraria colombiana. La documentación de los enfrentamientos entre colonos y terratenientes entre 1875 y 1930, el mapeo de las ligas agrarias de los años treinta, el análisis regional de las variantes del arriendo, restituyeron al campesinado como sujeto histórico activo, no como masa pasiva a la que las élites hicieron y deshicieron a su antojo. La imagen de una primera mitad del siglo XX sin conflicto campesino sustancial —cómoda para ciertas versiones oficiales— no resistió el escrutinio de los archivos notariales, los expedientes judiciales y las hojas municipales.

Queda, sobre todo, una lección que la historia agraria colombiana repite con insistencia. Cada vez que el Estado intentó reformar el colonato sin tocar la estructura terrateniente que lo sostenía —en 1874, en 1936, en 1961— el resultado no fue la redistribución sino la aceleración del conflicto. La función social de la propiedad quedó consignada en la Constitución de 1936 como principio; casi un siglo después, sigue siendo, en amplias zonas del país, una promesa incumplida. El colono, aquel campesino que abrió el bosque, sembró la parcela ajena y esperó del Estado un título que nunca terminó de llegar, fue el protagonista silencioso del siglo XX colombiano. Su historia explica, mejor que ninguna otra, por qué la violencia en Colombia ha tenido tan a menudo la geografía exacta de las viejas haciendas.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Alfonso López Pumarejo: presidente que impulsó la Ley 200 de 1936, que intentó institucionalizar y terminó fracturando el colonato al consagrar la función social de la propiedad.
  2. 02Juan de la Cruz Varela: dirigente agrario del Sumapaz que encabezó la resistencia de colonos y arrendatarios frente a los hacendados en el litigio por trescientas mil hectáreas reclamadas como baldías.
  3. 03Sumapaz: epicentro geográfico de los conflictos entre arrendatarios-colonos y terratenientes cafeteros, donde el colonato derivó en organización agraria y luego en guerrilla.
  4. 04Hacienda cafetera: institución económica y social que dio forma concreta al colonato en Cundinamarca y Tolima mediante la relación arrendatario-hacendado.
  5. 05Baldíos: tierras del dominio público cuya disputa jurídica —entre colonos que las reclamaban como tales y terratenientes sin títulos originales— fue el eje del conflicto agrario ligado al colonato.
  6. 06Aparcería: variante del colonato predominante en Santander, donde el campesino entregaba hasta un tercio de la cosecha de café y trabajaba días adicionales en la finca del propietario.
  7. 07Reforma agraria: horizonte político al que apuntaban las reivindicaciones de los colonatos organizados y que la Ley 200 de 1936 intentó parcialmente satisfacer sin redistribuir la tierra.
  8. 08Violencia bipartidista: proceso histórico al que el colonato contribuyó estructuralmente al dejar sin resolver la cuestión de la tierra tras la fractura de 1936, alimentando los conflictos que desembocaron en La Violencia y las guerrillas agrarias.
06

Documentos y fragmentos citados

51 documentos · 85 fragmentos

01Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 380, 3832 citas
[1]

de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…

p. 380
[8]

a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…

p. 383
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 cita
[2]

medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…

p. 31
03Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1741 cita
[3]

in this case, puritan habits of the owner. The arrendatarios grew their own food crops, but not coffee; the latter was planted under the administrator’s direction. One source of difficulty was the administrator’s rule that obliged the arrendata- rios to do unpaid work on the hacienda. Another source of difficulty was…

p. 174
04El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 265, 3182 citas
[4]

una vez apropiada y limpiada la tierra. La hacienda tendió a la autosuficiencia en alimentos y pagó parte del salario total de las cosechas en comida de los trabajadores permanentes y en tierra para cultivos de pan coger, y les permitió la realización comercial de estos productos dentro o fuera de la hacienda. La…

p. 318
[26]

los mercados cercanos con herramientas tradicionales y primitivas quedaron atrapadas en rendi- mientos decrecientes, sin posibilidades de expandir la frontera agrícola y restringidas culturalmente al hábitat de la vereda y el municipio. El cre- cimiento demográfico, además de la diferenciación, generaba desempleo y…

p. 265
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1742 citas
[5]

sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental. La producción evolucionó con cierta rapidez, porque en los años setentas se exportaron hasta 10.000 toneladas (en 1873), cuando en 1834 prácticamente no figuran más de 150 toneladas. 8 "En 1874, se cultivaba en Santander el 90% del café colombiano". 9 El deterioro…

p. 174
[6]

sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental. La producción evolucionó con cierta rapidez, porque en los años setentas se exportaron hasta 10.000 toneladas (en 1873), cuando en 1834 prácticamente no figuran más de 150 toneladas. 8 "En 1874, se cultivaba en Santander el 90% del café colombiano". 9 El deterioro…

p. 174
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 34, 372 citas
[7]

ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…

p. 37
[57]

logr ó igualar las cifras de kil ó metros en uso, de equipo rodante y de inversi ó n, con las de los ferrocarriles de las zonas cafeteras desarrollados durante m á s de seis d é cadas. Con el auge de las inversiones p ú blicas en v í as de comunicaci ó n se resolvi ó, pues, una de las limitaciones para el…

p. 34
07Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 68, 2392 citas
[9]

de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…

p. 239
[51]

que, como Cundinamarca y Tolima, habían sido beneficiadas por los ferrocarriles. A ello se sumó la valorización de la co- secha cafetera gracias al aumento de los precios internacionales del grano, lo que pondría la cuestión de la utili- zación económica del suelo en el cen- tro de las discusiones sobre el proble- ma…

p. 68
08Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 171 cita
[10]

CNMH, 2016, página 47), pues ya se apreciaba entre 1590 y 1620, como resul- tado de la política de composiciones de tierras al mejor postor, que la Corona española empleó para titular las tierras llamadas realengas, o del rey de España, y que originó el régimen de las haciendas, concebidas como un sistema social,…

p. 17
09Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 54, 4552 citas
[11]

McBride « The Land Systems of México », American Geographical Society Research Series, n.º 12. (New York, 1912). 55 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 más común parece que valiera algo más de 423 hectáreas 20; y no se trataba de tierras alejadas de los poblados, como son hoy las baldías, sino antes…

p. 54
[15]

Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…

p. 455
10Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 279, 4452 citas
[12]

los primitivos fundadores de poblados y por los beneficiados por los empresarios de colonización capitalista, todos en trance de ensanchamiento de sus propiedades. Propiedades más reducidas, derivadas de adjudicaciones de baldíos y de ocupación de colonos en tierras no adjudicadas, presionados hacia el minifundio; y…

p. 279
[30]

situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…

p. 445
11El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 270, 3182 citas
[13]

presentados por Curry en un seminario privado que se realizó en Bogotá en 1975. 268 LA APROPIACIÓN DE LA TIERRA: LA LETRA MUERTA DE LA LEY las sociedades rurales y se enclava en una visión racionalista, urbana y esencialmente políti- ca de la historia: las «medidas» que vienen de arriba y de rudo golpe cambian,…

p. 270
[60]

haciendas cafeteras. LOS ARRENDATARIOS, ¿KULAKS?, ¿PROLETARIOS? En esta sección sobre la estructura interna de las haciendas se discuten algunos aspectos que condujeron a la destrucción del sistema o a su desestructuración, para dar paso a formas de tenencia y propiedad centradas sobre la finca familiar y el…

p. 318
12La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 75, 2672 citas
[14]

poner a funcionar la Nueva República. 3. Adjudicación de tierras baldías a los inmigrantes eu- ropeos y norteamericanos que quisieran venir a la Nueva República, en su condición de agricultores o artesanos, y con el fin de estimular el poblamiento de una nación diez- mada por la guerra. 4. Adjudicación de baldíos a…

p. 75
[22]

de que la empresa colonizadora de los antioqueños constituyó un sistema de notable fluidez y dinamismo está en la misma homogeneidad de propósitos, de procedimientos, de costumbres, de cultivos, de formas arquitectónicas, de configuraciones rurales y urbanas. 268 Eíndiíc Sdead § Un desfilar permanente Como si se…

p. 267
13Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1981 cita
[16]

haciendo legalmente difícil la adquisición de tierras. La política agraria, por lo tanto, estuvo en- caminada a desincentivar la fuga de la barata mano de obra rural. La adquisición de baldíos por parte de individuos de escasos medios fue obstaculizada por una ley de 1868 que establecía como requisito de compra una…

p. 198
14Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 40, 622 citas
[17]

mayor la porción de explotación en cul- tivo o ganados que el adjudicatario debía demostrar para adquirir el título de propiedad. Así pues, mientras los adjudicatarios de bal- díos inferiores a 200 hectáreas debían explotar el 40 por ciento del terreno, los concesionarios de 3.001 hasta 5.000 hectáreas estaban…

p. 40
[34]

el total de adjudicaciones y la superficie adjudicada a estos pasó de 1,3 por ciento a 10 por ciento (Tablas 1 y 2). Tabla 2. Adjudicación de baldíos a particulares según rangos de tamaño. Colombia, 1901-1931 Rangos Adjudicaciones % Hectáreas % 1-20 2.789 57,0 41.897 4,2 21-100 979 20,0 55.689 5,6 101-500 671 13,7…

p. 62
15El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 36, 1142 citas
[18]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
[42]

la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…

p. 36
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 233, 4102 citas
[19]

de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…

p. 233
[36]

a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…

p. 410
17Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 761 cita
[20]

las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…

p. 76
18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 153, 2012 citas
[21]

las reivindicaciones de negros y mulatos. Por esto, las formas de discriminaci ó n racial, mantenidas con severidad en la “ sociedad ci vil ” — no hab í a curas negros, ni estaban en los colegios elegantes, ni pod í an entrar a los clubes sociales, ni eran admisibles como pareja matrimonial de los blancos — se…

p. 153
[55]

cam bios no fueron muy dr á sticos. Entre é stos estuvieron una reforma constitucional que dio otra vez el voto a pobres y analfabetos. El sufragio universal estuvo acompa ñ ado de la movilizaci ó n del elec torado, que se acostumbr ó a hacer manifestaciones callejeras para respaldar un gobierno que promet í a educaci…

p. 201
19La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 76, 1042 citas
[23]

enajenadas por re- galo, o por venta a herederos y nuevos colonos, de ordinario a precios razonables. La introducción del café, un cultivo que se adapta a las empresas familiares en pequeña escala, ha contribuido de manera importante a la formación de esta sociedad de propietarios en las tierras volcá- nicas del sur…

p. 76
[24]

suelos pedregosos de la región de Fredonia, rápidamente se convirtieron en el centro de la industria cafetera de Antioquia. En 1888 la producción de café en el municipio de Fredonia era de 13.000 arrobas. Ningún otro municipio producía más de 2.000 arrobas. En contraste con los otros distritos antioqueños, el cultivo…

p. 104
20Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 89, 172, 2243 citas
[25]

Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…

p. 89
[33]

programa de colonización patrocinado por el Gobierno, el Ministerio de Industrias reservó varios miles de hectáreas para una colonia en los municipios de Icononzo.y Cunday. En el decreto por medio del cual se estableció la colonia, el Ministerio estipulaba que todo el territorio dentro de los límites establecidos para…

p. 224
[38]

compraron las mejoras hechas por 57 Véanse Catherine LeGrand <<From Public Lands. ··''• pp. 500-503, y ANCB vol. 20, f. 131, vol. 36, f. 233, vol. 41, f. 208, vol. 43, ff. 121, 123, 208 y 440, vol. 49, f. 194 yvol. 68, f. 168. 58 Véase Catherine LeGrand, <<From Public Lands...,, pp. 495-499. 59 Véanse ANCB vol. 31, f.…

p. 172
21Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 315, 337, 3723 citas
[27]

y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…

p. 372
[39]

liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…

p. 315
[48]

esfuerzos El 18 de julio de 1944 se produce la tentativa de golpe militar contra Ló- pez, conocido como el golpe de Pasto. El presidente recibió un respaldo po- pular considerable, que lo llevó a ope- rar con un giro a la izquierda en su go- bierno. No olvidemos, además de los hechos internos, el avance de los alia-…

p. 337
22Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 921 cita
[28]

return to analyse in some greater detail the social structure of the regions which in the twentieth century would be the 'traditional' coffee cultivators of the country. 16 Coffee in Colombia, 1850-1970 In summary, we can say that the minifundio in the altiplano reached the limits of its productive capacity: the…

p. 92
23Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[29]

total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…

p. 66
24Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1001 cita
[31]

factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…

p. 100
25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1531 cita
[32]

sociales seguían apoyándose en el trípode formado por ha - ciendas, plantaciones y unidades campesinas, con sus acentuadas variaciones comarcales. '' La protesta campesina se había convertido en uno de los ele- mentos centrales de la politización urbana. En este contexto de- ben entenderse los cambios en la…

p. 153
26Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 177, 183, 2183 citas
[35]

en los años cuarenta. 4.3. Los conflictos sobre tierras Según Tovar, en el siglo XIX el proceso de organización y movilización de los campesinos adquirió la forma del bandidismo, especialmente por su parti cipación en las guerras civiles, movidos por la lealtad local hacia los caciques y caudillos que los enrolaron en…

p. 177
[50]

los esfuerzos económicos de toda la comunidad, haciendo más profunda la crisis nacional de materias primas y alimentos. Este era un proceso de fraude a la reforma agraria y a la ancestral aspiración del campesinado a la tierra, ya que el esquema liberal-burgués se orientaba en otra dirección: la incorporación de la…

p. 218
[56]

Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…

p. 183
27Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 21, 242 citas
[37]

de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…

p. 21
[45]

lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…

p. 24
28Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 364, 4012 citas
[40]

I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…

p. 364
[49]

de 1944, que significó un cambio de orientación buscando obtener la asociación de propietarios y cultivadores mediante el establecimiento de los contratos de «aparcería», de celebración forzosa, que amparan al dueño de las tierras contra los tenedores que establezcan mejoras de carácter permanente. Me- diante esa ley,…

p. 401
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 50, 592 citas
[41]

jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…

p. 50
[62]

campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…

p. 59
30Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2041 cita
[43]

López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…

p. 204
31Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 91 cita
[44]

encaminadas a fortalecer meca- nismos y un nuevo derecho interamericano. En la reforma constitucional de 1936 se con- sagraron, entre otras materias, la funcién social de Ja propiedad, se abrid el camino de la intervencién del Estado «en la explotacién de industrias o em- presas publicas y privadas, con el fin de…

p. 9
32Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 541 cita
[46]

200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…

p. 54
33Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 497, 5012 citas
[47]

conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
[75]

élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…

p. 501
34Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[52]

de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…

p. 76
35When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 791 cita
[53]

radicals were intimidating those who refused to join them) inter- fering with police) destroying property) and traveling through the EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:58 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 Chapter 3 cordillera…

p. 79
36Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 164, 2822 citas
[54]

entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…

p. 282
[69]

jas: la ofensiva terrateniente-militar contra el Sumapaz. Fue esta acción la que más que ninguna otra hizo del pe- ríodo de Rojas, no una simple transi- ción o tregua, sino un capítulo más de la Violencia. El Sumapaz —se señaló al comienzo de este ensayo— había quedado desde fines de 1953 en suspenso, pero vigi- lado…

p. 164
37El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 341 cita
[58]

en los años 20, Absalón Machado y otros afirman que Colombia nunca realmente ha tenido una revolución burguesa (únicamente en los años cincuenta, el país comenzó a adoptar el llamado camino junker del desarrollo agrario capitalista desde arriba)"'. En los años 30, apunra Gómez, el latifundio ganadero estaba al frente…

p. 34
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 39, 462 citas
[59]

con el Estado nación. De esta forma garantiza diseños institucionales funcionales a sus intereses al tiempo que, deliberadamente, aplaza indefinidamente la respuesta a las demandas de los sectores populares. Las haciendas del sur de Córdoba, del bajo Cauca y del Urabá antioqueño se fueron formando mediante la tumba y…

p. 39
[76]

Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
39"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 761 cita
[61]

a la del colonato. Respecto de la aparcería, en 1960 se contaban 7. 938 aparceros mientras que el 1977 sólo estaban registrados 452. Estas formas precarias de tenencia eran marginales, en virtud po- tencialmente del desarrollo capitalista en el campo vallecaucano (ver Tablas No. 9 y 10). Tabla 9. Valle del Cauca:…

p. 76
40Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 612 citas
[63]

a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…

p. 61
[64]

a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…

p. 61
41When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 1603 citas
[65]

Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…

p. 160
[66]

Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…

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[67]

Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…

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42Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1771 cita
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durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…

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43Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 26, 294 citas
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prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…

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prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…

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36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

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36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

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44Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 2281 cita
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reformmonger.” 29 Carlos’s major role directing land reform came in the drafting process, where delegates from the Liberal and Conservative parties, along with the Catholic Church, committed to a program that mixed the two approaches to agrarian reform seen in earlier measures: a new legal regime for frontier…

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45Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
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Fondo Nacional Agrario; la clarificación desde el punto de vista jurídico de la situación de las tierras rurales del país, incluso las de carácter -privado; la promoción y la ejecución de labores de recuperación de tierras; y la promoción de la colonización, a través de la prestación de ayuda técnica y financiera en…

p. 9
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Fondo Nacional Agrario; la clarificación desde el punto de vista jurídico de la situación de las tierras rurales del país, incluso las de carácter -privado; la promoción y la ejecución de labores de recuperación de tierras; y la promoción de la colonización, a través de la prestación de ayuda técnica y financiera en…

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46Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
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puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…

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47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
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El llanto del arpa», 25. 125 Molano, Fragmentos de la historia del conflicto armado, 38. 126 Medina Gallego, FARC-EP y ELN. 127 Entrevista 150-PR-03306. Compareciente. Bloque Sur FARC, Columna Teófilo Forero. 58 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj Tercera oleada: colonización dirigida o institucional Un tercer tipo de…

p. 57
48Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 421 cita
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El programa de apoyo a la colonización en el Meta contemplaba tambien el apoyo al crédito supervisado a partir de la “Titulación, asistencia técnica y crédito a colonos del Valle del Ariari, municipios de Granada, Fuente de Oro, Acacías, Guamal, San Martín y San Luis de Cubarral. Y construcción CAPÍTULO I ANTECEDENTES…

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49No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 911 cita
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selectivamente, según las redes de poder preexistentes y el tipo de lazos políticos tejidos con sus pobladores» 215. Esto implicó la exclusión de quienes no formaban parte de esas redes, como les ocurrió a los comunistas en algunas regiones. La primera misión de cooperación que envió Estados Unidos, conformada por…

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50Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 291 cita
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1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…

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51A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 262 citas
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la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…

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la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…

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