Idea transversal
Hacienda cafetera
La hacienda cafetera fue la institución que articuló a Colombia con el mercado mundial entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, combinando una orientación capitalista exportadora con relaciones internas de trabajo de raíz colonial, y cuya descomposición redibujó el mapa social del país.
Trayectoria de una idea
- 1834
Primeras exportaciones cafeteras santandereanas
- 1870
Expansión de la hacienda cafetera en Cundinamarca
- 1874
Santander concentra el 90% de la producción nacional
- 1896
Reglamento de la Hacienda El Chocho
- 1898
El café representa la mitad de las exportaciones colombianas
- 1917
Hacienda Fagua: modelo documentado de trabajo mixto
- 1920
El café alcanza el 70% de las exportaciones y la producción se desplaza al occidente
- 1920
Tecnificación, concentración y desalojo campesino
La lectura
La hacienda cafetera colombiana no fue una institución uniforme sino un campo de tensiones: hacia afuera proyectaba la imagen del capitalismo exportador —propietarios liberales, precios de Nueva York, sacos de sesenta kilos rumbo al Caribe—, pero hacia adentro reproducía estructuras coloniales de control sobre la tierra, el trabajo y los cuerpos. Su rasgo más revelador fue precisamente esa doble naturaleza: el mismo hacendado que afirmaba su fe en el mercado mundial mantenía al arrendatario sujeto a días de trabajo obligatorio, le prohibía plantar café en su parcela y financiaba al cura para que predicara la obediencia desde la capilla de la finca. Existieron al menos dos grandes modelos regionales —la gran hacienda cundiboyacense y tolimense, con arrendamiento precapitalista y asentamiento difuso, y la finca antioqueña y caldense, con sistema de agregados, asentamiento concentrado y control del excedente vía intermediación comercial— cuya coexistencia y desigual desenlace explican tanto el ascenso del café como eje exportador cuanto los conflictos agrarios que sacudieron el siglo XX. La hacienda fue, en suma, la bisagra entre la Colombia colonial que se resistía a morir y la Colombia exportadora que se abría paso, y su lenta descomposición —acelerada por los despojos de la década de 1920 y los conflictos de arrendatarios que siguieron— dejó una herida agraria cuyas cicatrices el país aún carga.
La hacienda cafetera colombiana
La hacienda cafetera fue, entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la institución que articuló a Colombia con el mercado mundial y la que, al descomponerse, redibujó el mapa social del país. No fue un modelo único ni una estampa uniforme: bajo el mismo nombre convivieron dos criaturas distintas —la gran hacienda cundiboyacense y tolimense, apuntalada sobre arrendamientos precapitalistas y capillas propias, y la finca familiar antioqueña, hija de la colonización y del control comercial de los intermediarios— cuya coexistencia tensa y su desenlace desigual explican tanto el ascenso del café como eje exportador cuanto los conflictos agrarios que marcaron el siglo XX. Comprender la hacienda cafetera es entender la bisagra entre la Colombia colonial que se resistía a morir y la Colombia exportadora que se abría paso a fuerza de mulas, ferrocarriles y sacos de sesenta kilos.
Qué era una hacienda cafetera
En su definición más útil —la que propusieron Eric Wolf y Sidney Mintz en 1957 y que sigue ordenando el debate—, la hacienda es una finca agrícola operada por un propietario dominante y una fuerza laboral dependiente, organizada para abastecer un mercado reducido con capital escaso, donde los factores de producción sirven tanto a la acumulación como a las aspiraciones de estatus del propietario. La definición captura una tensión que la hacienda cafetera colombiana llevó al extremo: hacia afuera, mercado internacional, precios de Nueva York, propietarios liberales que rebautizaban sus predios con nombres de países cafetaleros y afirmaban su fe en el capitalismo mundial; hacia adentro, arrendatarios sujetos a días de trabajo, curas en la nómina del hacendado, cepos y azotes. Un armazón nuevo, apuntalado con cimientos de estirpe colonial.
Esa doble naturaleza no era simple hipocresía. Era la forma concreta que asumió el capitalismo agrario en un país donde la tierra abundaba, el capital escaseaba y la mano de obra debía ser retenida por medios extraeconómicos. El hacendado invertía poco dinero líquido y mucha tierra: entregaba parcelas de subsistencia a los arrendatarios —maíz, plátano, yuca, caña— a cambio de días de trabajo en el cafetal, y complementaba con jornaleros temporales durante la cosecha y las limpias. El café salía al mundo por el Magdalena; el trabajo se pagaba, sobre todo, en especie y en permiso para sembrar la propia comida.
La hacienda tampoco fue nunca una unidad monoproductora. Combinaba café con caña de azúcar, maíz, pastos para ganado vacuno y mulas de carga; incorporaba plátano, arroz, cacao, ganado ovino y caballar. Esa diversificación no era arcaísmo: servía de amortiguador ante los ciclos de precios internacionales —un mercado dominado por Brasil hasta 1906 y caracterizado por bruscas alternancias de depresión y bonanza— y sostenía empleo permanente en años flojos. Una hacienda alejada de un ferrocarril o puerto fluvial requería, además, una gran manada de mulas para transporte y grandes extensiones de pastos para sostenerlas; la infraestructura de comunicaciones no era decorado, sino variable interna que definía el uso del suelo.
Los orígenes santandereanos
El café colombiano no nació en el eje que hoy asociamos con él. En 1874, Santander producía aproximadamente el 90% de la cosecha nacional, calculada en unos 114.000 sacos de 60 kilos. Entre 1834 y 1873 las exportaciones de la región —las estribaciones de la Cordillera Oriental— habían pasado de unas 150 toneladas a cerca de 10.000: cuatro décadas de aprendizaje silencioso mientras el país se ocupaba de sus guerras civiles.
El caso santandereano importa porque desmiente por sí solo la imagen de una caficultura colombiana homogénea. Allí no dominaron las grandes haciendas con sus estructuras semi-serviles, sino formas de aparcería sobre medianas y pequeñas propiedades. La región tuvo su propio pasado colonial —distinto del cundiboyacense— y ese pasado moldeó unas relaciones de trabajo menos coercitivas, aunque tampoco idílicas. Fue el primer laboratorio nacional del grano, y también el primero en ceder terreno: hacia 1900, cuando las viejas zonas cafeteras de Norte de Santander, Santander y Cundinamarca todavía controlaban el 82% de la producción nacional, la primacía santandereana ya había cedido su lugar dentro de ese bloque a Cundinamarca. Para 1932, la participación de las tres regiones tradicionales se había desplomado al 24%. El café se movía hacia el occidente.
La gran hacienda cundiboyacense y tolimense
El desarrollo cafetero en Cundinamarca comenzó en la década de 1870 y se desplazó, a fines del siglo XIX, hacia el Tequendama y —en menor medida— hacia el Sumapaz. Allí floreció la forma más pura, y también la más frágil, de hacienda cafetera. El cultivo se hacía en las vertientes andinas de tierra templada, entre los mil y los dos mil metros de altitud, hábitat natural del cafeto, franja que representa apenas el 9% del territorio colombiano y que concentraba los suelos más buscados de la Cordillera Oriental.
El régimen laboral que definió a estas haciendas fue el arrendamiento precapitalista. Los trabajadores permanentes —arrendatarios o estancieros— recibían el uso de una parcela para cultivar alimentos de subsistencia y construir vivienda, a cambio de trabajar un número determinado de días en los cafetales del patrón. El Reglamento de la Hacienda El Chocho, de 1896, codificaba por escrito estas obligaciones, aunque la inmensa mayoría de los acuerdos —hasta bien entrados los años cuarenta— fueron verbales, y por eso mismo maleables en manos del propietario. Incluían cláusulas sobre procesamiento del café, acceso a pastizales, anticipos crediticios y otras estipulaciones específicas de cada finca.
La regla que mejor retrata la lógica del sistema era esta: los arrendatarios tenían prohibido plantar café en sus propias parcelas. Podían sembrar maíz, plátano, yuca, caña —todo lo que alimentara a su familia—, pero el cafeto quedaba reservado al hacendado, plantado bajo dirección del administrador. La prohibición no fue universal ni permanente, pero funcionaba como cerrojo del sistema: impedía que los arrendatarios acumularan un capital productivo propio, que consolidaran derechos sobre la tierra y que compitieran en el mercado. Sumada a la prohibición de comerciar café, esa cláusula convertía al arrendatario en un trabajador dependiente que no controlaba ni su tiempo pleno, ni el producto de su parcela, ni el acceso al mercado. Su remuneración era mayoritariamente en especie —el pan coger, las raciones— con algún metálico para compras básicas en el mercado del pueblo.
Dos rasgos coloniales completaban el cuadro. Primero, la disparidad étnica y cultural entre propietarios "blancos" y jornaleros "indios" reforzaba actitudes e ideologías racistas entre hacendados, administradores y capataces, importadas casi intactas del orden virreinal. Segundo, la Iglesia católica operaba como brazo del hacendado: numerosas haciendas tenían capilla propia y el cura figuraba en la nómina; las que carecían de ella enviaban a sus dependientes a la misa del pueblo como obligación. El discurso religioso se instrumentalizaba con franqueza: ante robos en haciendas vecinas, el párroco amenazaba con castigos ultraterrenos y reconocía sin rodeos que "a donde la ley no alcanza, alcanza la religión". El clero educaba a los arrendatarios en la actitud servil. Cuando la palabra del cura no bastaba, quedaban el cepo —presente en la mayoría de las haciendas colombianas— y los azotes. La Hacienda El Hato, en el valle del Chisacá, llegó al extremo de mantener milicia propia y un cuarto de torturas para disciplinar a los arrendatarios díscolos. Los hacendados sostenían, además, relación estrecha con las autoridades municipales, tercera capa del andamiaje de control.
Este era el modelo cundiboyacense y tolimense: nombre extranjero en el portón, capital foráneo en la contabilidad, misa obligatoria los domingos, cepo detrás de la casa grande. Cimientos coloniales bajo un tejado exportador.
La colonización antioqueña y el modelo alterno
Al mismo tiempo que Cundinamarca desarrollaba su gran hacienda, del otro lado de la cordillera se armaba una historia distinta. En Antioquia, el café empezó en los años setenta cerca de Medellín, y la expansión de fines de siglo se concentró en el sudeste antioqueño, especialmente en el distrito de Fredonia. Pero la sustancia del proceso no ocurrió allí, sino más al sur.
Desde la segunda mitad del siglo XIX, oleadas de colonos antioqueños —mineros desilusionados y agricultores en busca de tierras— avanzaron sobre las laderas medianas de la Cordillera Central, y también sobre las orientales de la Cordillera Occidental, empujando la frontera hacia el sur en un movimiento que fundaría lo que después se llamaría el Viejo Caldas. Entre 1847 y 1914, el Congreso trató de regularizar ese poblamiento mediante concesiones de tierras, por lo regular de 12.000 hectáreas, a diversas poblaciones. La política de baldíos estimuló a la vez la inversión capitalista y la colonización campesina, y muchas áreas de frontera se convirtieron a fines de siglo en centros de actividad económica.
La imagen democrática de esa colonización —el mito del pequeño propietario libre que labra su parcela— se ha matizado profundamente. Comerciantes medellinenses organizados en compañías colonizadoras y constructoras de caminos impulsaron el poblamiento con un objetivo explícito: fomentar productos de exportación, empezando por el café. Los dueños del territorio de Caramanta en 1835 fueron un ejemplo temprano. En lo que luego sería el departamento de Caldas, familias prominentes y compañías comerciales con títulos coloniales de grandes extensiones fundaron poblaciones, construyeron caminos y promovieron la colonización de sus tierras, buscando valorizarlas. La Concesión Burila, con sede en Manizales y encabezada por la familia Caicedo, se basaba en una merced real de 1641 y reclamaba unas 130.000 hectáreas que cubrían la mitad del sur del Quindío y parte del norte del Valle del Cauca; su litigio con los colonos antioqueños se hizo célebre.
Bajo esa apariencia de reparto operaba lo que se conoció como la "ley de tres pasos": el colono campesino tumbaba el monte y habilitaba la tierra, luego vendía sus mejoras a bajo precio a un contratista o finquero, y finalmente un gran terrateniente se apropiaba de las tierras ya habilitadas. El mecanismo permitió abrir tierras con costos monetarios extraordinariamente bajos. En zonas próximas a ferrocarriles en construcción —como Yolombó, en Antioquia, durante la década de 1890 con el ferrocarril Medellín-Puerto Berrío— los grandes solicitantes de baldíos chocaron con centenares de colonos, mientras que en Caldas predominó el esquema en que los empresarios promovían la colonización precisamente para subdividir y vender.
El resultado, con todo, fue una estructura agraria distinta de la cundiboyacense. En Antioquia y el Viejo Caldas dominó una hacienda menos extensa, con patrón de asentamiento concentrado —no disperso—, con sistema de trabajo de agregados en lugar de arrendamiento precapitalista, y con propietarios cuyos activos estaban más diversificados. Sobre todo, dominó una malla de pequeñas y medianas fincas familiares. Antioquia y el Viejo Caldas pasaron de aportar cerca del 15% de la producción nacional en 1898 al 47% en 1932. El café colombiano se había mudado.
Pero la diferencia decisiva no estuvo en el tamaño del predio ni en la ausencia de coerción —había desigualdad y despojo en el occidente también—, sino en el lugar donde se ejercía el control. El excedente no se retenía imponiendo trabajo en el cafetal, sino controlando el procesamiento y el mercadeo del café que producían los pequeños propietarios. Los comerciantes y especuladores territoriales de Medellín y Manizales acumularon capital significativo mediante ese control comercial. Hasta 1942, cuando se completó el ferrocarril que uniría Antioquia con Cali y Buenaventura, prácticamente toda la producción cafetera antioqueña se exportaba por los puertos del Caribe —Cartagena y Barranquilla—, y esa larga ruta pasaba por las manos de intermediarios que sabían cómo cobrar por cada eslabón.
El café articula al país
Mientras la hacienda tomaba formas distintas a uno y otro lado de la cordillera, el café articulaba a Colombia con el mundo. El grano saltó de representar cerca de una quinta parte del valor de las exportaciones colombianas al comenzar la década de 1870, a la mitad en 1898; cayó a un tercio hacia 1910, se recuperó al 40% a comienzos del siglo XX y llegó a aproximadamente el 70% hacia 1920. Las exportaciones pasaron de unos 600.000 sacos anuales en 1909-1911 a 2.835.000 en 1929, y su valor de 6-9 millones de pesos a más de 76 millones.
Esos números no son adorno estadístico: definieron a la Colombia moderna. Los dividendos del café le permitieron al Estado aumentar sus recursos fiscales y superar las crisis crónicas del siglo XIX. Los sectores ligados a la producción, comercialización y exportación diversificaron inversiones y dieron lugar al desarrollo comercial y a una incipiente industria, especialmente en Medellín. La ocupación entre 1870 y 1930 de las vertientes andinas donde se expandió el cultivo unificó el espacio económico y vinculó extensas zonas montañosas —hasta entonces marginales— a la economía monetaria, creando condiciones para un mercado nacional incipiente y para la industria liviana.
La infraestructura acompañó y multiplicó el proceso. La navegación a vapor por el Magdalena fue determinante: el grano bajaba de las estribaciones andinas al río y del río al Caribe. Los ferrocarriles y caminos de mulas redujeron costos y permitieron a las haciendas reducir el área destinada a la cría de mulas y aumentar sus stocks de ganado. La expansión también redirigió la dependencia externa: la exportación cafetera puso en contacto la economía colombiana con el imperialismo norteamericano y desplazó la vieja gravitación británica. Desde comienzos del siglo XX, Estados Unidos aparece como comprador mayoritario del café colombiano.
La descomposición desde adentro
La expansión de los años veinte fue, al mismo tiempo, el clímax y el detonante de la crisis del modelo cundiboyacense. Los precios internacionales estimulaban a plantar; los grandes proyectos de infraestructura del quinquenio absorbían mano de obra y la ponían escasa; los hacendados recurrieron a mecanismos sinuosos para retener trabajadores en épocas de cosecha; el proceso de tecnificación, concentración de la tierra y desalojo obligó a miles de campesinos a presentar títulos legales que rara vez poseían. La Corte Suprema, en 1926, exigió que los propietarios mostraran en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido del Estado, requisito casi imposible de cumplir: la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaba, probablemente, en usurpaciones antiguas. El suelo entero, jurídicamente hablando, temblaba.
Sobre ese suelo temblante se desató la conflictividad agraria. En 1923, las fincas con cafetales adultos de menos de 12 hectáreas ya controlaban el 56,4% de la producción nacional, mientras las haciendas —con más de 35 hectáreas de café adulto— apenas representaban el 23,5%. La gran hacienda no solo pesaba menos: se estaba resquebrajando por dentro. La diferenciación social interna —arrendatarios, aparceros, agregados—, la creciente movilidad de la mano de obra, la disputa por la siembra de café y el ambiente políticamente polarizado convergieron en un choque abierto.
Los focos ardieron en Cundinamarca y Tolima, con núcleos en el Tequendama y el Sumapaz, y con desprendimientos en el Valle, el Valle del Magdalena y comunidades indígenas del sur. La táctica campesina más eficaz fue quirúrgica: sembrar cafetos en las parcelas arrendadas, en desafío directo a la prohibición del hacendado, para consolidar derechos sobre la tierra y reclamar mejoras. Un arbusto que tarda años en producir, plantado a escondidas o de frente, se convertía en un título de facto.
En Viotá —principal centro cafetero de Cundinamarca— peones y arrendatarios, politizados primero por el Partido Socialista Revolucionario y luego por el Partido Comunista, protagonizaron las movilizaciones más resonantes. Socialistas y comunistas ayudaron a los campesinos a invadir haciendas y a defender sus derechos por la fuerza de las armas; Viotá se convirtió en los años treinta en el primer municipio de mayoría comunista del país, con una presencia organizativa campesina que se sostuvo durante décadas. Los hacendados respondieron con métodos que no dejaban espacio a la duda: tiraban semillas de pasto en las parcelas, soltaban ganado sobre los cultivos, confiscaban productos, cortaban puentes, cerraban fuentes de agua, quemaban chozas, destruían cercas y sembrados, imponían multas o cárcel a quienes se negaban a abandonar la tierra.
Los hacendados y los políticos conservadores denunciaron una conspiración bolchevique venida de afuera. La descomposición, sin embargo, obedecía sobre todo a tensiones internas de la propia estructura. La hacienda cundiboyacense-tolimense era estructuralmente frágil ante la expansión comercial: había construido su rentabilidad sobre la inmovilización del arrendatario en la parcela de subsistencia, y esa inmovilización se rompía en cuanto el auge cafetero ofrecía alternativas laborales, en cuanto el propio arrendatario descubría el valor comercial del arbusto prohibido, en cuanto una izquierda organizada le ponía nombre a la injusticia. La ideología racial y la mediación clerical, tan eficaces en el mundo cerrado del siglo XIX, perdían tracción en el mundo abierto por el ferrocarril.
El Estado entra a la disputa
La política respondió con vacilaciones. La Ley 74 de 1926 autorizó la compra de fincas de más de 500 hectáreas para parcelarlas en lotes no mayores a 50, y entre 1928 y 1936 se repartieron algunas haciendas. La Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero se estableció en 1931; al momento de aprobarse la Ley 200 ya había otorgado más de 133.000 préstamos, y entre 1936 y 1943 aprobó 453.618 adicionales, con montos que promediaban entre 450 y 650 pesos —suficientes para adquirir fincas de cinco a seis hectáreas a los precios de las zonas de parcelación gubernamental.
La pieza mayor fue la Ley 200 de 1936, expedida bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo tras años de debates sobre baldíos y conflictos de tenencia. La ley estableció que cuando los propietarios ganaban juicios de desalojo contra arrendatarios debían reembolsarles las mejoras realizadas; si no podían pagar, los arrendatarios tenían derecho a comprar sus parcelas. En el artículo 1° consagró el criterio de explotación económica efectiva como principio ordenador de la propiedad rural. Fue, en el papel, la reforma agraria más ambiciosa de la primera mitad del siglo XX colombiano.
En la práctica, produjo efectos contrarios. Propietarios previsivos desalojaron aparceros para evitar que alegaran prescripción adquisitiva o reclamaran mejoras, y los convirtieron en peones asalariados. La jurisprudencia posterior fortaleció el principio de la posesión inscrita sobre el criterio de explotación económica, lo que terminó saneando títulos viciados y legalizando propiedades de dudosa adquisición mediante la interpretación del artículo 3°. La reforma cerró por arriba las puertas que había abierto por abajo.
El desenlace legislativo llegó en 1944. La Asociación Patronal Económica Nacional, la Sociedad de Agricultores de Colombia y la Federación Nacional de Cafeteros —fundada en 1927— lograron la promulgación de la Ley 100, que negó a arrendatarios y aparceros el derecho a convertirse en propietarios y garantizó la protección de los contratos y de las propiedades de los terratenientes. La alianza entre terratenientes tradicionales y élite agroindustrial cafetera había inclinado la balanza del Estado en su favor. La Ley 200 quedó, para los efectos prácticos, revertida.
La Federación y el ideal del pequeño propietario
En medio de esa disputa, la Federación Nacional de Cafeteros ocupó un lugar peculiar. Fundada en 1927, en pleno hervor de conflictos agrarios, adoptó como ideal explícito la pequeña propiedad, especialmente entre sus dirigentes antioqueños. El ideal no era casual: respondía a la estructura diseminada que la caficultura ya presentaba en el occidente y ofrecía una respuesta política al riesgo de agitación rural que consumía al centro del país. Si el problema en Cundinamarca era la hacienda, la solución —parecía decir la Federación— estaba en Antioquia.
La ecuación funcionó parcialmente. La región antioqueña y el Viejo Caldas no vivieron el mismo tipo de conflictos abiertos que Viotá o el Sumapaz. La propiedad estaba disgregada entre decenas de miles de pequeños productores, y esa disgregación —repetida como mantra de estabilidad social— ejerció una influencia profunda en la historia política, laboral y económica del país. Pero la Federación no fue la vocera de un mundo idílico. Fue, entre otras cosas, uno de los tres firmantes de la Ley 100 de 1944 que despojó a los aparceros de sus derechos. El "ideal de la pequeña propiedad" convivió cómodamente con el control comercial y financiero que los intermediarios cafeteros ejercían sobre esa pequeña propiedad, y con la defensa de la propiedad rural en general.
Qué quedó, qué se disputa
Hacia 1970, la hacienda cafetera tradicional había desaparecido como forma dominante. La expansión cafetera del siglo XX se asentó predominantemente en pequeñas y medianas unidades productivas, resultado de la colonización campesina en el sur de Antioquia, el Viejo Caldas, el norte del Valle y Tolima. El régimen de haciendas que había dominado el siglo XIX quedó como pieza de un pasado que la historiografía —con Marco Palacios, Absalón Machado, Malcolm Deas, Michael Jiménez— se aplicaría a desmontar pieza por pieza.
Ese desmontaje historiográfico dejó al menos tres certezas duras. La primera es que la hacienda cafetera cundiboyacense y tolimense no fue una empresa capitalista clásica ni un feudo colonial puro, sino un híbrido específico: articulación externa con el mercado mundial, articulación interna con formas de trabajo precapitalistas heredadas de la Colonia. La segunda es que su descomposición no vino de una conspiración externa sino de sus propias contradicciones internas, activadas por la expansión de los años veinte y catalizadas por la agencia campesina —la siembra clandestina de cafetos, la invasión organizada, la politización socialista y comunista—, sin la cual ni la Ley 200 ni el desplazamiento hacia el occidente habrían tenido la fuerza que tuvieron. La tercera es que el ascenso del modelo antioqueño no representó una democratización real de la tierra: representó un desplazamiento del control del excedente desde la esfera del trabajo hacia la esfera comercial y financiera, donde los intermediarios de Medellín y Manizales podían acumular capital sin necesidad de cepos, capillas ni cuartos de tortura.
Esa acumulación tuvo consecuencias que exceden el café. La comercialización de la voluminosa producción cafetera creó condiciones para el fortalecimiento de una burguesía intermediaria; los sectores ligados a la producción, comercialización y exportación diversificaron inversiones y contribuyeron al desarrollo comercial e industrial del país. Las inversiones públicas en vías —ferrocarriles, carreteras— acompañaron y potenciaron ese proceso, aunque otras limitaciones estructurales, entre ellas la cuestión agraria misma, siguieron sin resolverse.
Los conflictos que la hacienda cafetera engendró no se cerraron cuando la hacienda desapareció. El Sumapaz siguió siendo territorio de resistencia campesina; Viotá conservó su marca comunista; las tensiones sobre la propiedad de la tierra, sobre los derechos de los aparceros, sobre la relación entre productor directo e intermediario cafetero, se prolongaron —transformadas— hasta bien entrado el siglo XX y alimentaron capítulos posteriores de la violencia rural colombiana. La hacienda cafetera fue, en ese sentido, más que una forma económica: fue un laboratorio donde Colombia ensayó, con desigual fortuna, cómo articular una sociedad rural jerárquica con una economía de exportación moderna. La ecuación nunca se resolvió del todo. El café, entretanto, había dejado de ser un cultivo entre otros para convertirse en el hilo con el que se tejió el mercado nacional, el ingreso fiscal, la infraestructura, la burguesía comercial y, por vías indirectas, buena parte del conflicto agrario del siglo XX. Cimientos coloniales, tejado exportador: la fórmula persistió mucho después de que la casa hubiera cambiado de forma.
En el archivo
101 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Conquista1499–15991
02Colonia1600–17807
03Pre-independencia1780–18091
04Independencia1810–18311
05Nueva Granada1831–18628
- 1800TerrajeFicha
- 1840Trabajo libreFicha
- 1849Mariano Ospina RodríguezFicha
- 1850Disolución de resguardosFicha
- 1850Reformas liberales de medio siglo y abolición de la esclavitud (1850–1852)Hecho
- 1851Ley de Redención de Censos de 1851Hecho
- 1858Eugenio Díaz CastroFicha
- 1864Modelos regionales de acumulación en el siglo XIX: Antioquia y el Valle del CaucaPregunta
06Estados Unidos de Colombia1863–18852
07Regeneración1886–192912
- 1885Los ferrocarriles colombianos y la modernización infraestructural (1885–1910)Hecho
- 1886La RegeneraciónÉpoca
- 1886Mercado internoFicha
- 1890Consolidación cafetera del centro-occidente colombiano (1890–1910)Hecho
- 1900Sindicalismo agrarioFicha
- 1904El Quinquenio de Rafael Reyes (1904–1909)Hecho
- 1905La excepción colombiana: ¿por qué Colombia no fue tierra de inmigrantes entre 1880 y 1930?Pregunta
- 1910Alejandro López RestrepoFicha
- 1910La Reforma Constitucional de 1910 y la Unión RepublicanaHecho
- 1922Indemnización de Panamá, Misión Kemmerer y Danza de los MillonesHecho
- 1922La dependencia económica de Colombia, 1903–1934Pregunta
- 1925Danza de los MillonesFicha
08República Liberal1930–194615
- 1928La Colonia Agrícola del Sumapaz y el autogobierno campesino (1928–1936)Hecho
- 1930Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima (1930–1936)Hecho
- 1930Internacional ComunistaFicha
- 1930La Federación Nacional de Cafeteros como poder paraestatal (1930–1946)Hecho
- 1934Industrialización por sustitución de importaciones y modernización económica (1934–1945)Hecho
- 1934La Revolución en MarchaHecho
- 1934Movilización agraria y conflictos por la tierra en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca (1934–1936)Hecho
- 1935Masculinismo estructural en la historiografía de la República LiberalPregunta
- 1936ColonatoFicha
- 1936La Revolución en Marcha (1934-1938)Pregunta
- 1936Ley 200 de 1936Ficha
- 1936Ligas campesinasFicha
- 1936Populismo agrarioFicha
- 1938El Gobierno de Eduardo Santos y la 'Pausa' (1938–1942)Hecho
- 1938Fracaso de la izquierda autónoma colombiana, 1930-1948Pregunta
09La Violencia1946–195715
- 1946La Violencia (1946–1957)Época
- 1948Cuestión agrariaFicha
- 1948La Violencia bipartidista rural y los chulavitas (1948–1953)Hecho
- 1948Mariano Ospina PérezFicha
- 1948Movilización popularFicha
- 1949Jacobo Prías AlapeFicha
- 1950Acumulación originariaFicha
- 1950Conflicto agrarioFicha
- 1950León María LozanoFicha
- 1950Resistencia campesinaFicha
- 1950Violencia bipartidistaFicha
- 1950Violencia ruralFicha
- 1951Pacto de Sogamoso (1951)Hecho
- 1955VillarricaFicha
- 1958BandolerismoFicha
10Frente Nacional1958–19741
11Crisis y narcotráfico1974–19901
12Constitución de 19911991–20021
13Transversal—35
- 1680Regímenes de trabajo coercitivo en la Nueva GranadaPregunta
- 1700CaucaFicha
- 1776SincelejoFicha
- 1821BaldíosFicha
- 1850Colonización antioqueñaFicha
- 1850Élites regionalesFicha
- 1850Los cuatro relatos del siglo XIX colombianoPregunta
- 1880La colonización antioqueña democráticaPregunta
- 1880La colonización antioqueña y el mito de la democracia ruralPregunta
- 1889ArmeniaFicha
- 1900Eje CafeteroFicha
- 1900GamonalismoFicha
- 1900ManizalesFicha
- 1910Valle del CaucaFicha
- 1930ViotáFicha
- 1940AparceríaFicha
- 1948Autodefensa campesinaFicha
- 1950Juan de la Cruz VarelaFicha
- 1950PalmiraFicha
- 1950Río SinúFicha
- 1952Córdoba (Colombia)Ficha
- 1954Fuerte Militar de TolemaidaFicha
- 1960Concentración de la tierraFicha
- 1960LatifundioFicha
- 1964ChaparralFicha
- 1964Las FARC: ¿injerto cubano o sedimentación agraria?Pregunta
- 1964Sur del TolimaFicha
- 1965Privatización de la seguridadFicha
- 1966QuindíoFicha
- 1966SucreFicha
- 1971Norte del CaucaFicha
- 1975ClientelismoFicha
- 1979Marco PalaciosFicha
- 1986Magdalena LeónFicha
- 1990Norte del ValleFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Eric Wolf y Sidney Mintz — autores de la definición canónica de hacienda (1957) que caracteriza la institución como finca operada por propietario dominante y fuerza laboral dependiente, con capital escaso y doble función acumulativa y de estatus
- 02Aparcería — sistema de trabajo predominante en Santander y en medianas propiedades, alternativo al arrendamiento precapitalista de Cundinamarca-Tolima y al sistema de agregados de Antioquia
- 03Colonización antioqueña — proceso de expansión sobre la Cordillera Central que generó en Antioquia y el Viejo Caldas un modelo de hacienda cafetera distinto, con fincas familiares, patrón de asentamiento concentrado y control del excedente vía intermediación comercial
- 04Concesión Burila — concesión de unas 130.000 hectáreas en el sur del Quindío y norte del Valle del Cauca, basada en merced real de 1641 y encabezada por la familia Caicedo, cuyo litigio con colonos antioqueños ilustra la tensión entre grandes propietarios y colonización campesina
- 05Río Magdalena — arteria fluvial determinante para la exportación cafetera; el grano bajaba de las estribaciones andinas al río y de allí al Caribe, condicionando la infraestructura interna de las haciendas y el uso del suelo destinado a mulas de carga
- 06Reforma agraria — proceso posterior a la crisis de la hacienda cafetera, impulsado por los conflictos agrarios acumulados durante décadas de arrendamiento precapitalista, despojo de colonos y tensiones entre economía parcelaria y economía cafetera de la hacienda
- 07Mariano Ospina Rodríguez — figura asociada al impulso temprano de la caficultura colombiana en el contexto de la expansión de la hacienda durante el siglo XIX
- 08Cundinamarca — región donde floreció la forma más pura de hacienda cafetera con arrendamiento precapitalista, capillas propias, prohibición de plantar café a los arrendatarios y fuerte disparidad étnica entre propietarios y jornaleros
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38 documentos · 67 fragmentos
01Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2811 cita
[1]ahora, el expendio de café era algo prácticamente desconocido en el país hacia 1850, donde el té y el chocolate eran bebidas más comunes. Los primeros cálculos de la producción cafetera colombiana da- tan de 1874. Para ese año, la cosecha total fue de unos 114 mil sacos, de los cuales el 90% provino de Santander. El…
p. 281
02Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 46, 138, 1746 citas
[2]sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental. La producción evolucionó con cierta rapidez, porque en los años setentas se exportaron hasta 10.000 toneladas (en 1873), cuando en 1834 prácticamente no figuran más de 150 toneladas. 8 "En 1874, se cultivaba en Santander el 90% del café colombiano". 9 El deterioro…
p. 174
[3]sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental. La producción evolucionó con cierta rapidez, porque en los años setentas se exportaron hasta 10.000 toneladas (en 1873), cuando en 1834 prácticamente no figuran más de 150 toneladas. 8 "En 1874, se cultivaba en Santander el 90% del café colombiano". 9 El deterioro…
p. 174
[24]pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…
p. 46
[25]pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…
p. 46
[27]la estrecha dependencia econó- mica del arrendatario, pero a la vez existen otros mecanismos bastante contundentes, desde el derecho del que disfrutaban los 82 Eugenio DÍAZ, Manuela, Edit. Bedout, p. 146. 83 Lemoyne, op. cit., p. 158. 142 ECONOMÍA Y NACIÓN propietarios de castigar a los trasgresores por medio del…
p. 138
[28]la estrecha dependencia econó- mica del arrendatario, pero a la vez existen otros mecanismos bastante contundentes, desde el derecho del que disfrutaban los 82 Eugenio DÍAZ, Manuela, Edit. Bedout, p. 146. 83 Lemoyne, op. cit., p. 158. 142 ECONOMÍA Y NACIÓN propietarios de castigar a los trasgresores por medio del…
p. 138
03Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 8, 214, 218, 2264 citas
[4]rrió por cuenta de la Compañía de Je- sús, que lo introdujo en las haciendas que poseía en los Llanos, el Valle del Cauca y otras regiones. No obstante, el café continuó sien- do un cultivo marginal, no sólo en nuestro territorio sino en el mundo en- tero. En los países europeos su con- sumo estaba restringido a unos…
p. 214
[7]sin em- bargo, que el desarrollo cafetero co- menzó en la primera región en la dé- cada del setenta, y se desplazó hacia el Tequendama y, en menor medida, hacía el Sumapaz a fines del siglo. En el caso de Antioquia, el café ha- bía comenzado a desarrollarse en los años setenta en las cercanías de Me- dellín. La…
p. 218
[60]de estos dos departamentos era de 802.000 sacos (un 23 % de la produc- ción nacional) y estaba concentrada ya en la cordillera central. Además, la producción cafetera comenzó a dise- minarse en nuevas regiones del país, especialmente en Cauca, Nariño, Hui- la, Boyacá y Magdalena. Las viejas zonas de producción en…
p. 226
[62]que se han adoptado aquí para la subdivisión cronológica del tema. De hecho, en sus comienzos en las últimas décadas del siglo XIX, la expan- sión cafetera se asentó sobre un régimen de haciendas, principalmente en el occi- dente de Cundinamarca, los Santande- res, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. Sin…
p. 8
04El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 60, 310, 3143 citas
[5]la caficultura conectó apartados intersticios de los Andes al Mar Caribe por el Río Magdalena y por ferrocarril al Océano Pacífico. Trescientos años después de la ocupación española, la colonización de ex- tensas vertientes de tierra templada, el hábitat natural del cafeto, anudó para siempre las tierras frías con las…
p. 60
[13]la hacienda sirve de puente para emprender un análisis a otro nivel: el uso de la tierra, las técnicas del cultivo y los requerimientos de fuerza de trabajo en función del ciclo botánico del cafeto, lo cual da pie para describir en más detalle la jerarquización de los diferentes tipos de trabajadores y los sistemas de…
p. 310
[47]autonomía familiar y económica de los arrendatarios con relación a las haciendas que a la postre dio lugar a una clara dualidad dentro de la hacienda: la economía parcela- ria del arrendatario y la economía cafetera de la hacienda. Cuando la personalidad servil desaparece con el relevo generacional y la prédica…
p. 314
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 141 cita
[6]casi todo el territorio. T em pe ra tu ra constante y lluvia ab u n d a n te producen una vigorosa vegetación. Esto es cierto en las tierras bajas y en las m ontañas que, por lo general, ofrecen u n tono v erd e esm eralda que contrasta con la desolada aridez de la vertiente occidental de los A ndes peruanos. H…
p. 14
06Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 401 cita
[8]fé fue el producto que puso a Co lombia en el mapa de la eco- nomía internacional de fin es del siglo XI X. Saltó de una quinta parte del va lor de las exporta~.:iones al comenzar la década de 187o, a la mitad en 1898, aunque cayó a un ter cio en 191 o. La economía ca- fetera despegó y se mantuvo porque permitió la…
p. 40
07El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 200, 203, 3183 citas
[9]llegan los comisionistas europeos y americanos ofreciéndoles fondos líquidos y mercado seguro. Si el hac~ndado es liberal afir- ma enfátícamente su fe en el proyecto del capitalismo internacional y rebautiza sus propie- dades con nombres como Java, Ceilán, Costa Rica, Brasil, Liberia, Arabia, países remotos que,…
p. 200
[14]de la región (en este caso apropiándose de baldíos) mientras que paulatina- mente se poblaba con indígenas expulsados del Cauca. En estas regiones, se anotó arriba, la tremenda disparidad cultural y étnica entre los propietarios («blancos») y los jornaleros y peones («indios») reforzó actitudes e ideologías racistas…
p. 203
[44]haciendas cafeteras. LOS ARRENDATARIOS, ¿KULAKS?, ¿PROLETARIOS? En esta sección sobre la estructura interna de las haciendas se discuten algunos aspectos que condujeron a la destrucción del sistema o a su desestructuración, para dar paso a formas de tenencia y propiedad centradas sobre la finca familiar y el…
p. 318
08Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 92, 110, 114, 2964 citas
[10]return to analyse in some greater detail the social structure of the regions which in the twentieth century would be the 'traditional' coffee cultivators of the country. 16 Coffee in Colombia, 1850-1970 In summary, we can say that the minifundio in the altiplano reached the limits of its productive capacity: the…
p. 92
[12]1860s, in Escritos, vol. 2, pp. 581-3. 72 McGreevey, An Economic History, pp. 230—1. 73 Average productivity in Colombia in 1970 was 541 kg of parchment coffee per hectare. 74 Conrad and Meyer, 'The Economics of Slavery', pp. 98—9. The risk I refer to is more technical than theoretical. To base conclusions on one set…
p. 296
[15]this income also served as a buffer against the cyclical fall of coffee prices. In this way the estates were able to make the best use of their land and to create additional employment. This should not be taken to mean, however, that the haciendas attempted to exploit their land at maximum productive capacity, but…
p. 110
[18]casual work, since their own land did not require work for a large part of the year, and they had to eke out a subsistence income. Others were simply landless day- workers. Beyer gives the example of an estate-owner in North Santander who decided to buy up the land of his coffee-pickers in Boyaca in order to tie them…
p. 114
09Assembling Flowers and Cultivating Homes: Labor and Gender in ColombiaGreta Friedemann-Sánchez · 2006 · p. 37, 412 citas
[11]since the seventeenth century. The definition of hacienda that best encompasses most of its characteristic elements comes from Eric Wolf and Sidney Mintz (1957a): “An agricultural estate, operated by a dominant landowner and a dependent labor force, organized to supply a small market by means of scarce capital, in…
p. 37
[21]farm is managed by a descendant of the original hacienda owners on the inherited property. Other farms produce flowers on land that was sold after 1974. Somewhat ironically, this section of the original Hacienda Fagua, which has developed in a way that has removed it far from its hacienda eco- nomic origins and…
p. 41
10Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 921 cita
[16]minera, en correspondencia con las actividades productivas como la ganadería y el trapiche. La hacienda era una unidad productiva que favoreció, por una parte, el monopolio de la tierra y, por otra, la fuerza de trabajo. Su nivel tecnológico era bajo y costoso frente a sus factores de producción. La incorporación de…
p. 92
11Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 368, 380, 3833 citas
[17]de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…
p. 380
[26]a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…
p. 383
[64]todo el período que va de 1932 a 1955 la propiedad en la producción cafetera colombiana también estaba diseminada y que existían grandes cantida des de fincas familiares operadas por sus propietarios. De cualquier modo, la trayectoria histórica de la producción cafetera en Colombia durante estas décadas condujo a tal…
p. 368
12Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1741 cita
[19]in this case, puritan habits of the owner. The arrendatarios grew their own food crops, but not coffee; the latter was planted under the administrator’s direction. One source of difficulty was the administrator’s rule that obliged the arrendata- rios to do unpaid work on the hacienda. Another source of difficulty was…
p. 174
13The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2161 cita
[20]hired hands at harvest time, and, indeed, Lleras documented the fact that two thousand wage workers were brought onto the hacienda in this way, meaning that tenants acted as intermediaries and recruiters for landowners in need of hands. 2 Politically, Lleras’s involvement, and the involve- ment of other urban…
p. 216
14Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 24, 27, 34, 374 citas
[22]ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…
p. 37
[30]resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…
p. 24
[57]de alimentos, la de calzado, la de chocolate, etc., en las que los precios unitarios eran relativamente bajos. Como se ve, este desarrollo interno de la econom í a se hac í a posible a partir del sector exportador y este t í pico esquema de eco nom í a exportadora (denominaci ó n que alude al hecho de que es la…
p. 27
[59]logr ó igualar las cifras de kil ó metros en uso, de equipo rodante y de inversi ó n, con las de los ferrocarriles de las zonas cafeteras desarrollados durante m á s de seis d é cadas. Con el auge de las inversiones p ú blicas en v í as de comunicaci ó n se resolvi ó, pues, una de las limitaciones para el…
p. 34
15Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 cita
[23]medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…
p. 31
16La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 cita
[29]la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…
p. 131
17Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2001 cita
[31]Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…
p. 200
18La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 13, 1062 citas
[32]antioqueñas aun más allá de Popayán, en las tierras volcá- nicas de Moscopán en el Huila y en los declives de la cordillera de Bogotá. La colonización más reciente se ha realizado en las franjas septentrionales del territorio antioqueño, hacia el Chocó, las tierras del Sinú y el valle del río Nus; pero la región…
p. 13
[38]•, 1 v-·: \ ' ' ' ',' NORTE\ ~. isANT~~DER \) ~.~~~'\ \ ~.· '---~--'¡--~,_ ~NT~PER..: / ~,_:,' AAAUCA ',, ____ _.. -- ',' - ' ' '........:. BOVÁCÁ META '.. ~ _~.. -,,-- VAUPES Áreas cafeteras de Colombia (Fuente: Federación Nacional de Cafeteros) 216 La colonización antioqueña zonas, como las escarpadas laderas…
p. 106
19Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 59, 89, 1473 citas
[33]Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…
p. 89
[34]«Problemas generales de la colonización amazónica en Colombia», Enfoques colombianos, 5 (1975), p. 40, e Instituto Colombiano de la Reforma Agraria e Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, La Colonización en Colombia: evaluación de un proceso, 2 vol. (Bogotá, 1974). COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN…
p. 59
[35]trazado de ferrocarriles, los territorios anteriormente vacantes atraían simultáneamente tanto a especuladores como a colonos. En esos sectores los empresarios orientaban sus principales esfuerzos a la adquisición de derecho sobre la tierra per se, la cual, gracias a su localización privilegiada, podía, al venderse,…
p. 147
20"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 411 cita
[36]vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…
p. 41
21El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[37]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
22De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[39]y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década de 1920, el proceso de…
p. 96
23De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[40]dispu- ta entre propietarios y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década…
p. 96
24Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 177, 202, 2153 citas
[41]en los años cuarenta. 4.3. Los conflictos sobre tierras Según Tovar, en el siglo XIX el proceso de organización y movilización de los campesinos adquirió la forma del bandidismo, especialmente por su parti cipación en las guerras civiles, movidos por la lealtad local hacia los caciques y caudillos que los enrolaron en…
p. 177
[51]sobre todo en Cundinamarca y Tolima, donde había gran des haciendas cafeteras (Sánchez, 1977). También algunos candidatos del partido liberal y conservador trataron de aumentar sus caudales electorales respaldando las solicitudes de los invasores en algunas regiones; la pesca política se puso al día. 85 Dice LeGrand:…
p. 202
[63]aumento de la producción, ni se mejoró el están dar de vida del campesino pobre; 4. N o se realizó la reversión a favor del Estado de los predios no explo tados económicamente” (1962: 67). Como efectos contrarios a su finalidad establece: • Convertir a los hombres vinculados al campo como arrendatarios o aparceros en…
p. 215
25Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[42]de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…
p. 76
26Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5251 cita
[43]reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…
p. 525
27Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 15, 180, 1873 citas
[45]de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…
p. 187
[52]1920 los cafeteros reunieron su primer congreso y formaron una federaci ó n en 1927, en un mo mento de altos precios y optimismo por una industria a la que ve í an gran futuro, aunque algunos riesgos, sobre todo por la agitaci ó n rural. Un a ñ o despu é s, la Federaci ó n de Cafeteros firm ó con el go bierno un…
p. 180
[54]s 150 kil ó metros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros) era una proe za de ingenier í a. Las v í as de comunicaci ó n — los mejores caminos de mu í as y los ferrocarriles — redujeron poco a poco los costos del transporte y permitieron un comercio interregional m á s activo, as í como la exportaci ó n de…
p. 15
28Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 2741 cita
[46]de movilización, de todas formas se dieron manifestaciones en septiembre en las principales ciudades. El gobierno respondió usando la doble táctica de ESTRELLA ROJA khalil.rojo.col@gmail.com 274 prometer soluciones, mientras encarcelaba a los dirigentes de las protestas y reprimía duramente los desbordes populares…
p. 274
29Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 315, 3172 citas
[48]liberal, tuvo un fuerte componente agrario y revela cierta radicalización del campesino." 316 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Entrega de la medalla al mérito agrícola a Pedro A. López, por parte de la Sociedad de Agricultores de Colombia, en junio de 1932. El diario El Espectador del 16 de mayo de 1931, menciona…
p. 317
[50]liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…
p. 315
30Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 cita
[49]por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…
p. 246
31Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 151 cita
[53]Valle y parte de Cundinamarca, lo que permitió a esas zonas conocer un desarrollo muy significativo; el transporte ferroviario mejoró las comunicaciones, al menos entre los puntos de producción y los puertos desde donde era embarcado el grano hacia el exterior. No menos importante, los dividendos generados por el café…
p. 15
32Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 791 cita
[55]cultivadas en los distritos de Sevilla y Riofrio y controlaba el transporte y comercializaci6n del ba- nano, dejando asi abonada la semilla de un con- flicto multifacético con las élites locales y con los trabajadores asalariados, que culminaria en la ma- tanza del 6 de diciembre de 1928. Si se observan los sistemas…
p. 79
33La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 481 cita
[56]un centro ner vioso en el conjunto de la economía. C. La producción cafetera ayudó a conformar el mercado interno vinculando extensas zonas que antes eran montañas y grandes núcleos de pobla ción a la economía monetaria. Esto tuvo gran im portancia para el desarrollo de la industria liviana en el país. La…
p. 48
34Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 6571 cita
[58]862. Pero esto ocurría ya muy al final del periodo. La exportación, que estaba alrededor de los 600. 000 sacos en los años de 9, 10 y 11 —el valor fue de $ 6. 350. 000, $ 5. 500. 000 y $ 9. 500. 000, respectivamente—, llegó al millón de sacos, con valor de $ 16. 250. 000 en 1915, y a los 861 Desde 1920 se dio algún…
p. 657
35La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3421 cita
[61]manera de acceder a la propiedad, aunque significara una confrontación con los grandes propietarios y con el Estado. Pero fue a través de la fabricación de productos de exportación como se llevó a cabo la inserción de la economía al comercio internacional y a la modernización, primero, con la producción de tabaco y,…
p. 342
36Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2331 cita
[65]de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…
p. 233
37Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2411 cita
[66]over landownership. In legal cases where landowners prevailed over tenants, and then proceeded to evict, owners were required to reimburse their former em- ployees for any improvements made during the time tenants had occupied the land. Should owners be unable to pay squatters for such improvements, ten- ants had the…
p. 241
38Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 261 cita
[67]los arrendatarios, de manera que quedara asegurado el control de los terratenientes sobre la tierra. ¿Qué condiciones y actores condt~eron a la pr01nulgación ~el~ Ley 100 y a sus resultados (es decir, proveer un rnarco legal inst1tuo~nal adecuado para n1ediar, arbitrar o decidir el conflicto rural aprop1aclo Fracaso…
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