Concesiones masivas de baldíos en la Orinoquia (1880-1900)
Entre 1880 y 1900, el Estado colombiano adjudicó cientos de miles de hectáreas de tierras baldías en Casanare, Meta y Arauca a comerciantes bogotanos, empresarios y firmas intermediarias mediante bonos territoriales devaluados, fijando la ganadería extensiva como régimen dominante y sembrando las condiciones del conflicto agrario que atravesaría toda la Orinoquia en el siglo XX.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1880-1900
- Dónde
- Casanare, Meta, Arauca, Llanos Orientales, Villavicencio, Bogotá, San Martín, Orocué, Cabuyaro, Sarare (Arauca), Ríos Ariari y Caguán, La Uribe (Meta)
- Protagonistas
- Aníbal Galindo, Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Emiliano Restrepo Echavarría, Joseph Bonnet, Ricardo Rojas, Firma Montoya, Uribe y Lorenzana (Hacienda Colombia), Sociedad Pamplonesa del Sarare, Santiago Pereira Gamba (firma intermediaria), Camacho Roldán Hermanos (firma intermediaria), Koppel y Schloss (firma intermediaria), Gobierno de los Estados Unidos de Colombia
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Hacienda pública sin liquidez: el Estado colombiano no podía pagar en metálico las deudas de la Independencia ni los contratos de obras, y los bonos territoriales resolvían ambas obligaciones convirtiendo tierra sin uso fiscal en instrumento de pago a precios irrisorios (15-50 centavos por hectárea).
- Debilidad institucional y fragmentación administrativa: antes de 1886 los estados soberanos decidían sobre concesiones cedidas por el poder central, las reglas cambiaban con cada reforma y la ausencia de catastro impidió verificar el cumplimiento del principio legal de morada y labor, beneficiando a quienes disponían de firmas especializadas para navegar el régimen.
- Concentración del capital mercantil bogotano: la élite comercial de la capital disponía simultáneamente de capital líquido para comprar bonos devaluados, acceso burocrático para tramitar expedientes y redes familiares para encadenar transferencias; siete de los diez mayores adjudicatarios figuraban entre los cuarenta propietarios de finca raíz más ricos de Bogotá.
- Lógica fiscal de la Regeneración: el déficit federal era aproximadamente igual al gasto en administración de los territorios nacionales entre 1868 y 1881, lo que hacía presupuestariamente conveniente transferir el control territorial a grandes hacendados con recursos propios, aunque ello implicara abandonar de facto el principio de adjudicación a cultivadores.
- Auge extractivo del caucho, la quina y el bálsamo de Tolú: los bosques nacionales se convirtieron en activo estratégico y los cursos navegables hacia el Orinoco en corredores comerciales hacia Venezuela, exigiendo concesiones de gran escala que solo el régimen de bonos podía ofrecer.
Consecuencias
- Consolidación de la hacienda ganadera extensiva como forma social dominante en la Orinoquia, con una estructura de trabajo que incluía mayordomos, caporales, vaqueros asalariados, conuqueros sin derechos y agregados en semi-independencia precaria.
- Marginación estructural del pequeño colono: entre 1891 y 1904 la superficie adjudicada a colonos o pequeños propietarios fluctuó apenas entre el 3,2% y el 8,8% del total, mientras las adjudicaciones a cambio de bonos representaron entre el 82,8% y el 88,1%.
- Fijación de una matriz de propiedad latifundista que concentró el 54,26% de la superficie total adjudicada entre 1827 y 1900 en solo 75 concesiones de más de 5.000 hectáreas, sentando las bases del conflicto agrario llanero del siglo XX.
- Fundación de asentamientos de trabajadores vinculados a las haciendas concesionadas, como La Uribe (Meta) y Colombia (Huila), que se convirtieron en núcleos de poblamiento permanente aunque surgidos como apéndices laborales de las grandes adjudicaciones.
- Articulación de la Orinoquia al mercado extractivo internacional mediante contratos de caucho y explotación forestal, conectando la sabana con los circuitos comerciales de Ciudad Bolívar (Venezuela) a través del río Meta y el Orinoco.
- Invisibilización jurídica de las poblaciones indígenas (guahibos, cuibas, sikuani, achagua, piapoco) y de los ocupantes sin título, cuya presencia previa en la sabana no fue reconocida en los expedientes de adjudicación, profundizando su desposesión territorial.
La clave interpretativa
Por qué importa
Las concesiones de baldíos en la Orinoquia entre 1880 y 1900 no fueron un episodio periférico de la historia agraria colombiana: establecieron la matriz de propiedad hacendataria que condicionó la estructura social, económica y política de los Llanos Orientales durante todo el siglo XX, desde los conflictos de aparcería hasta la colonización armada y la expansión de grupos guerrilleros en regiones como el Meta y Arauca. El caso demuestra además que la transición del Radicalismo a la Regeneración no alteró el fondo de la política de tierras: el cambio de régimen político preservó —y en algunos aspectos aceleró— el mecanismo de acumulación por desposesión que convirtió la frontera llanera en negocio de escritorio para las élites capitalinas. Visibilizar este ciclo concesionario es condición para entender por qué la reforma agraria del siglo XX encontró en los Llanos una resistencia estructural tan profunda.
Desarrollo histórico
La historia completa
Concesiones masivas de baldíos en la Orinoquia (1880-1900)
Entre 1880 y 1900, en las últimas décadas del Radicalismo y los primeros años de la Regeneración, el Estado colombiano adjudicó cientos de miles de hectáreas de tierras baldías en Casanare, Meta y Arauca a un puñado de comerciantes bogotanos, empresarios extranjeros y firmas intermediarias. Fueron años de despacho notarial más que de arado: la Orinoquia se repartió en escritorios de la capital, mediante bonos territoriales devaluados, contratos de camino y remates con papeles de deuda pública que se cotizaban a treinta centavos por hectárea. El resultado fue una matriz territorial que fijó la ganadería extensiva como régimen dominante, condenó al pequeño colono a un margen residual y sembró, sobre una frontera ya habitada por poblaciones indígenas y por ganaderos sin título, las condiciones de un conflicto agrario que atravesaría todo el siglo XX. Este es el episodio en que la sabana llanera —hasta entonces un espacio jurídicamente ambiguo, poblado por hatos, agregados, conuqueros y grupos guahibos, cuibas, sikuani, achagua y piapoco— fue traducida al lenguaje del expediente y entregada, en lotes de decenas de miles de hectáreas, a quienes podían pagarla con vales.
El mundo del que brota el hecho: baldíos, bonos y frontera antes de 1880
La política de baldíos con que llega la Unión Radical a los años ochenta no era una invención de la época. Venía de un siglo largo de disposiciones dispares y de un principio heredado de la Colonia: que la tierra pública debía ganarse por explotación económica, mediante morada y labor. El republicanismo mantuvo esa exigencia formal y la elevó a doctrina. La Ley 61 de 1874 admitió sin ambigüedades el principio de la adjudicación de baldíos a los cultivadores, y la Ley 48 de 1882 volvería sobre el punto. En la retórica jurídica, el destinatario legítimo de la sabana era el labrador.
En los hechos, la maquinaria administrativa nunca estuvo a la altura del principio. La jurisdicción sobre los baldíos cambiaba de un ministerio a otro; los estados soberanos, hasta 1886, conservaban autonomía para decidir sobre concesiones que el Estado central les había cedido; las normas se derogaban en pocos días. La Ley 11 del 6 de abril de 1870 lo ilustra con crudeza: declaró libre la explotación de los bosques de las tierras baldías nacionales y borró en apenas diez días la restricción previa que exigía licencia y limitaba las adjudicaciones a un miriámetro cuadrado. Antitecnicismo, inestabilidad y ausencia de catastro redujeron el principio de morada y labor a fórmula.
El otro dispositivo decisivo era financiero. Desde las guerras de Independencia se habían emitido bonos territoriales —los llamados 'bonos ingleses'— para pagar en tierra deudas que la nación no podía cubrir en metálico. Los tenedores originarios, los militares de la Independencia, casi nunca se convirtieron en concesionarios: vendieron sus títulos individualmente o a través del Montepío Militar, y esos papeles fueron concentrándose en manos de comerciantes bogotanos. Se devaluaron de prisa. En 1873 ya se transaban entre 25 y 35 centavos por hectárea, precio que se mantendría prácticamente igual cincuenta años después. En Londres, los vales de la Independencia rondaban un chelín —doce a catorce peniques— por hectárea, con tendencia a la baja. Un remate público con títulos de deuda entregaba tierra a quince centavos la hectárea; sumada la agrimensura, el costo promedio para extensiones mayores de quinientas hectáreas subía a unos cincuenta centavos.
Los datos publicados por Aníbal Galindo dan la escala de lo emitido: hasta 1874, títulos de concesión por 3.318.500 hectáreas y adjudicaciones materiales aprobadas sobre 1.159.592. La sabana, en papel, ya había cambiado varias veces de dueño antes de que empezara la feria de los años ochenta.
Sobre ese sustrato jurídico y financiero se levantaba una geografía específica. Los Llanos no eran un vacío. Los hatos ganaderos operaban con ganado que vagaba sin respetar linderos —una indeterminación que ya los jesuitas habían aprovechado como mecanismo de control en Caribabare, Cravo y Tocaría—. En torno a las haciendas vivía una sociedad estratificada: el mayordomo, responsable de la administración cotidiana en ausencia de propietarios que visitaban el hato una o dos veces al año, instalado con su esposa mientras el resto de la familia trabajaba sin salario; el caporal, encargado de las manadas, rodeos, herranzas y matanzas; el vaquero, con su propio caballo y montura, asalariado; el conuquero, en condiciones miserables, sin derecho a poseer ganado, sospechado de cuatrero y sometido a registros frecuentes de su vivienda; los agregados, agricultores-ganaderos autónomos que ocupaban tierras sin título, jornaleaban en los rodeos y vivían en semi-independencia de los hatos; los indígenas concertados contratados individualmente. En los Llanos, más que la propiedad formal, primaba el acceso a los recursos, y esa ambigüedad de fondo era simultáneamente el modo de vida de la mayoría y la razón por la que la tierra se dejaba capturar sin resistencia jurídica organizada.
La reconstrucción: 1880–1900, la sabana en el expediente
El desmantelamiento del sistema territorial radical comenzó durante la primera administración de Rafael Núñez, entre 1880 y 1882. La centralización efectiva de la administración de baldíos llegó en 1886, con la Constitución de la Regeneración, y coincidió con el traslado del poder político a manos conservadoras: desde mediados de 1888 el Partido Nacional perdió su carácter independiente y quedó dominado por los conservadores, con el respaldo del ejército y la anuencia de Núñez. Bajo Miguel Antonio Caro se consolidaría ese giro. La política de baldíos no se rompió con el cambio de régimen: se aceleró y se reordenó dentro de las mismas reglas de fondo.
Las cifras del período dan la medida del sesgo. Entre 1891 y 1904, con la única excepción de 1895 —cuando bajaron al 67,5%—, las adjudicaciones a cambio de bonos oscilaron entre el 82,8% y el 88,1% del total de superficie adjudicada. En el mismo lapso, la superficie que pasó a colonos o pequeños propietarios se movió entre el 3,2% y el 8,8%. La política oficial invocaba al cultivador; la práctica entregaba la tierra a quien pudiera comprar papeles de deuda depreciados. Diez comerciantes bogotanos concentraron entre 1865 y 1899 unas 200.000 a 208.000 hectáreas en Pandi, los Llanos de San Martín, Sumapaz, Huila y el Tolima Grande. Siete de esos diez figuraban en la lista de los cuarenta propietarios de finca raíz más ricos de la capital. Como referencia, la superficie recibida por todas las colonias antioqueñas de poblamiento fue, según Parsons, de 305.000 fanegadas —aproximadamente 195.750 hectáreas—: una decena de comerciantes de una sola ciudad recibió más tierra que un movimiento migratorio de miles de familias.
El engranaje se completaba con firmas especializadas. A fines del siglo XIX operaban en Bogotá casas como Santiago Pereira Gamba, Camacho Roldán Hermanos y Koppel y Schloss, que adquirían concesiones a comisión para terceros, tramitaban expedientes y movían bonos. La adjudicación era, en la práctica, un producto financiero.
En la Orinoquia, la figura de referencia fue Emiliano Restrepo Echavarría. Sus concesiones en los Llanos de San Martín constituyen uno de los grandes casos del período, y fue él quien fijó por escrito la cotización operativa del sistema: los bonos territoriales, dijo, se conseguían a treinta centavos por hectárea. Con diez mil pesos —el precio de una buena casa en el centro de Bogotá en 1870— se alinderaba un latifundio de veinte mil hectáreas. Restrepo transfirió después parte de sus privilegios a Ricardo Rojas, quien en 1877 donó a perpetuidad al municipio de Villavicencio una porción de esos derechos. La cadena de transferencias entre concesionarios, familiares y allegados era la vía habitual por la que la tierra se movía sin salir del círculo de las élites capitalinas.
Hacia 1890, el Estado adjudicó a la firma Montoya, Uribe y Lorenzana —conocida como Hacienda Colombia— tierras baldías entre los ríos Ariari y Caguán, en el sur del Meta. La adjudicación estaba vinculada a la construcción de un camino, siguiendo la fórmula que ligaba la entrega de baldíos a obras de infraestructura. La firma se apropió, más allá de lo pactado, de 160.000 hectáreas, y el Gobierno terminó por cancelar el acuerdo. La operación, sin embargo, dejó dos huellas duraderas: afianzó la ganadería en la parte llana de los Llanos de San Martín, introdujo el cultivo de café y cacao en las laderas de la cordillera y promovió la fundación de dos asentamientos de trabajadores —La Uribe, en el Meta, al oriente de la cordillera, y Colombia, en el Huila, al occidente— conectados por el camino por el que se sacaba el ganado. Aun anulada la adjudicación formal, el orden territorial que instaló quedó en pie.
En Arauca, desde 1876 se habían otorgado grandes extensiones en el Sarare a una sociedad comercial —la llamada 'Pamplonesa del Sarare'— que debía organizar la colonización pero cuya actividad no fue más allá de emitir un cierto número de acciones. Es un caso emblemático del período: la concesión no exigía colonización efectiva; bastaba con la promesa. La tierra se movilizaba en el mercado bursátil de las emisiones antes de moverse en la sabana.
Sobre estos tres casos —Restrepo en el San Martín, Hacienda Colombia entre Ariari y Caguán, Pamplonesa en el Sarare— se articulaba la trama menor de decenas de adjudicaciones a comerciantes bogotanos, empresarios cordilleranos e intermediarios extranjeros como Joseph Bonnet, que operaban en las mismas coordenadas: bonos territoriales adquiridos a precio de saldo, expedientes tramitados por firmas especializadas, contratos vinculados a caminos o a la explotación de bosques con quina, caucho y bálsamo de Tolú. El otro sector que redefinió la política de baldíos en el último tercio del siglo fue precisamente el de los bosques nacionales. La cesión de tierras a militares y la entrega de predios para fomento de inmigración extranjera pasaron a ser marginales; el eje se desplazó hacia los productos silvestres extractivos, y en particular hacia el caucho, cuya frontera se movía desde el Vichada, el Guaviare y el Vaupés en dirección al Amazonas, articulada logísticamente con Ciudad Bolívar en Venezuela por la vía del río Meta y del Orinoco.
Las causas: por qué el radicalismo tardío repartió la sabana
La primera causa era estructural: una hacienda pública sin dinero. El Estado colombiano no podía pagar en metálico las deudas heredadas de la Independencia ni los servicios contraídos con contratistas de obras. Los bonos territoriales resolvían ambas cosas: convertían tierra sin uso fiscal inmediato en instrumento de pago. Como la administración carecía de capacidad catastral y de personal para verificar el cumplimiento de morada y labor, el bono se volvió, en la práctica, el mecanismo principal de circulación de la tierra pública.
La segunda causa era institucional. Antes de 1886, la administración de baldíos era fragmentaria: los estados soberanos decidían sobre concesiones que el poder central les había cedido, y las reglas cambiaban con cada reforma. El paso permanente de la competencia de un ministerio a otro impidió la formación de un cuerpo técnico estable. Ese vacío no fue neutral: agravó la condición desventajosa de los colonos, que carecían de recursos para navegar un régimen mutante, y benefició a quienes disponían de firmas especializadas para hacerlo por ellos. La debilidad estatal no era el marco del despojo; era su condición operativa.
La tercera causa era social. La élite mercantil bogotana disponía simultáneamente de capital líquido —para comprar bonos devaluados—, de acceso burocrático —para tramitar expedientes— y de conexiones familiares y comerciales que permitían cadenas de transferencia entre concesionarios. Siete de los diez mayores adjudicatarios estaban entre los cuarenta propietarios más ricos de la capital: no había separación entre poder económico urbano y control de la frontera. Las firmas especializadas hicieron el resto, convirtiendo el trámite en un servicio comercial ordinario. En la sabana llanera se decidía, en realidad, quién capitalizaba en tierra un excedente de riqueza urbana que no encontraba destino igualmente rentable.
El detonante político estuvo en la transición de la Unión Radical a la Regeneración. Bajo Núñez y luego bajo Caro, el discurso oficial cambió —centralización, orden, autoridad—, pero los intereses beneficiarios permanecieron. Voces como la del secretario Adolfo Vargas argumentaban ya en los años setenta que era mala política gastar recursos nacionales en administrar territorios remotos como los Llanos, y esa lógica se profundizó con la Regeneración: el déficit federal fue aproximadamente igual a la suma gastada en la administración de los territorios nacionales entre 1868 y 1881. En ese cálculo fiscal, entregar la sabana en concesiones grandes tenía sentido presupuestario. Era barato para el Estado transferir el problema del control territorial a hacendados con recursos propios, incluso si el costo era renunciar de facto al principio legal de morada y labor.
Y estaba, por último, la geografía del extractivismo. El auge del caucho, la quina y el bálsamo de Tolú convirtió los bosques nacionales en activo estratégico. Las grandes concesiones no eran solo tierra para ganado: eran tierra con recursos silvestres, cursos de agua navegables hacia el Orinoco, corredores hacia los mercados de Ciudad Bolívar. La lógica extractiva no cabía en pequeñas parcelas; exigía dimensiones que solo un régimen concesional grande podía ofrecer.
Las consecuencias inmediatas: hato, agregado y frontera indígena
La consecuencia visible en la sabana fue la consolidación de la hacienda ganadera como forma social dominante. La ganadería extensiva no requiere mano de obra numerosa ni infraestructura pesada; se acomoda a la propiedad grande y al control laxo. El propietario visitaba una o dos veces al año; el mayordomo administraba; el caporal manejaba los rodeos; el vaquero trabajaba el ganado; el conuquero sobrevivía en la periferia bajo sospecha permanente. Alrededor del hato titulado, los agregados —campesinos-ganaderos sin título— ocupaban tierras cuya propiedad formal ahora, por primera vez, estaba definida en un expediente. La ambigüedad en que habían vivido durante generaciones no se disolvió, pero cambió de signo: ya no era el estado natural de la sabana, sino la condición precaria de quien vivía sobre propiedad ajena.
Para los colonos que llegaban desde la cordillera o desde el Tolima —desmontando selva, abriendo bosques de galería, sembrando mejoras— el efecto fue distinto y más brutal. Las mejoras eran compradas a bajo precio por los grandes concesionarios o por sus intermediarios, que las incorporaban a la ganadería extensiva. El colono no tenía otra opción que vender y colonizar más lejos, o regresar a su lugar de origen. El patrón se repetiría durante todo el siglo XX: la frontera avanzaba abriendo tierras que otros consolidaban en gran propiedad. Alejandro López diagnosticaría más tarde ese mecanismo como un afán inexplicable de la nación por buscar propietarios a sus reservas territoriales.
Para las poblaciones indígenas de los Llanos, la consecuencia fue la aceleración de una violencia que ya existía y que ahora se articulaba con el avance de la frontera ganadera. Los guahibos atacaban ganado de noche; los blancos respondían con cacerías indiscriminadas usando perros. En las riberas del Meta circulaba, propagado por peones de hatos, el rumor de que el Gobierno nacional había dado orden de exterminar a los indios. El misionero De Calazans Vela atribuía los ataques indígenas a la influencia de individuos perniciosos venidos del mundo civilizado, tesis que exculpaba al colono y desplazaba la responsabilidad hacia un enemigo interno vago. El español hablado en los Llanos incorporó los verbos 'guahibiar' y 'cuibiar' para nombrar la cacería de indígenas a tiros: la práctica quedó lingüísticamente codificada. Décadas después, en 1967, dieciséis cuibas serían masacrados por vaqueros en el hato de La Rubiera, episodio que la memoria regional entendió como continuación de un patrón. La expansión latifundista no fue solo un fenómeno de titulación; fue también, en la Orinoquia, un régimen que hizo posible y rentable esa violencia.
La otra consecuencia inmediata fue administrativa. Bajo la Regeneración, Casanare quedó bajo la jurisdicción del departamento de Boyacá. Líderes regionales como Plazas Olarte denunciarían el abandono institucional resultante: bandas de cuatreros amenazaban la industria ganadera, y solo la nación, a través del Ministerio de Gobierno y la policía nacional, parecía capaz de controlarlas. Boyacá gobernaba Casanare desde lejos y sin recursos. Meta, en cambio, quedó como territorio nacional; ese estatus distinto explicaría en parte la trayectoria divergente de las dos regiones durante el siglo siguiente. El régimen concesional, así, no solo distribuyó tierra: distribuyó desigualmente la presencia estatal.
Las consecuencias de largo plazo: matriz latifundista y horizonte de conflicto
La estructura de propiedad que se cristalizó entre 1880 y 1900 resultó extraordinariamente estable. Los datos del período 1827-1900 lo confirman: las 75 adjudicaciones de más de 5.000 hectáreas concentraron el 54,26% de la superficie total adjudicada —1.016.164 de 1.872.707 hectáreas—, mientras las adjudicaciones de menos de 100 hectáreas representaron apenas el 1,66%. Aunque entre 1870 y 1900 el peso relativo de las grandes concesiones en el número de títulos disminuyó, la superficie siguió concentrada. La legislación posterior podría multiplicar los adjudicatarios pequeños sin alterar el reparto grueso de hectáreas.
Sobre esa base se organizó la economía llanera del siglo XX. Los grandes hatos —herederos directos, en muchos casos, de las concesiones del período— siguieron operando como unidades ganaderas extensivas. Durante el período liberal posterior a 1930, el Meta experimentó el mayor crecimiento entre los territorios de los Llanos, impulsado por la carretera Bogotá-Villavicencio y por el favor del gobierno liberal, mientras Casanare, bajo Boyacá, era percibido como abandonado. La colonización se aceleró, pero repitió el patrón fundacional: los colonos abrían monte, los grandes propietarios consolidaban. Las adjudicaciones del INCORA en Casanare —Yopal, Aguazul— y en Puerto Gaitán, entre 1968 y al menos 1971, incluyeron predios de hasta unas 65.000 hectáreas. La política de titulación posterior no rompió la matriz; en muchos casos la reforzó.
Entre 1930 y 1950, la colonización de los Llanos Orientales quedó marcada por la violencia política y por una distribución espacial partidaria basada en filiación a los partidos Liberal, Conservador o Comunista. Colonos, hacendados y ganaderos se articularon con actores armados regulares e irregulares. Los caporales, junto con otros trabajadores del hato, tomaron parte activa en las acciones de armas de La Violencia, conocida en los Llanos como 'la Guerra'. La estructura hacendataria heredada del período radical-tardío proveyó tanto los recursos como el andamiaje social sobre el que se libraron esos conflictos.
Desde los años ochenta del siglo XX, la clase ganadera consolidada un siglo antes resultó decisiva en el auge del paramilitarismo llanero. Las tierras despojadas a campesinos desplazados fueron legalizadas mediante testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces, registradores y notarios; se valorizaron con la explotación petrolera y con la agroindustria del biocombustible —palma aceitera, caña—. Tras la desmovilización paramilitar, el ERPAC continuó en 2010 controlando poder territorial en defensa del statu quo del despojo. La coincidencia entre las zonas de las grandes concesiones del siglo XIX y las zonas de mayor conflicto agrario del XXI no es casualidad: es la persistencia de una matriz.
Esa persistencia también se expresa en la geografía humana. Entre los ríos Meta y Vichada coexisten hoy resguardos indígenas de grupos achagua, guahibos, kurripaco, masiguare, piaroa, piapoco y sikuani con vaqueros, campesinos y empresarios palmeros, cañeros, petroleros y ganaderos. En Arauca, treinta y cinco comunidades de los pueblos Betoye, Kuiba, Sikuani, Hitnü o Macaguane, Inga, U'wa, Chiricoa y Piapoco habitan veintiséis resguardos que suman 128.167 hectáreas; el Sarare —la misma región que la Pamplonesa recibió en 1876— concentra el 64,3% de la población indígena del departamento. Los mismos pueblos, los mismos territorios, la misma tensión estructural.
Por qué este hecho sigue importando
Las concesiones radicales de 1880-1900 no crearon de la nada la desigualdad agraria de los Llanos. Operaron sobre una institucionalidad ya fragmentada, sobre una frontera ya habitada por poblaciones sin título y sobre una economía ganadera que existía desde la Colonia. Su efecto fundacional consistió en algo más preciso: convertir esa precariedad preexistente en ventaja estructural para un grupo específico de grandes concesionarios bogotanos, y sellar un orden que el Estado nunca tuvo capacidad ni voluntad de revertir. Lo que se firmó en los expedientes de la Regeneración temprana no fue la creación de un latifundio, sino su blindaje jurídico.
La operación fue posible porque tres mecanismos convergieron. Un mercado de bonos territoriales devaluados que permitía adquirir grandes extensiones con capital modesto —diez mil pesos por veinte mil hectáreas—. Una red de firmas especializadas en Bogotá que profesionalizó el trámite y lo puso al alcance del inversionista urbano. Y un régimen contractual que ligaba la adjudicación a obras de infraestructura o a promesas de colonización, permitiendo que la tierra se entregara antes de que se hiciera nada con ella. La combinación no fue accidental: fue la forma que asumió el Estado colombiano cuando su hacienda pública era insuficiente y su capacidad administrativa, precaria.
Entender ese período importa hoy por dos razones. La primera es empírica: la geografía actual del conflicto agrario en la Orinoquia —despojo, paramilitarismo, extractivismo, concentración de tierras para agroindustria— se despliega sobre el mismo mapa que dibujaron las concesiones del último cuarto del siglo XIX. La Hacienda Colombia entre Ariari y Caguán, las concesiones de Emiliano Restrepo en los Llanos de San Martín, la Pamplonesa en el Sarare no son antecedentes remotos: son la primera capa de una estratigrafía que continúa. La segunda razón es conceptual: mostrar cómo un Estado con retórica agrarista —el que hablaba de morada y labor y proclamaba al cultivador como destinatario legítimo de la tierra pública— pudo, mediante mecanismos aparentemente técnicos como los bonos y las firmas comisionistas, producir su contrario. La política de baldíos radicales no fracasó por ineficiencia; funcionó exactamente como podía funcionar dado el equilibrio de fuerzas entre una hacienda pública débil, una élite mercantil capitalizada y una frontera sin catastro.
El siglo XX llanero heredó todo: la hacienda ganadera y el agregado sin título, la carretera y el hato, la violencia contra las poblaciones indígenas y la retórica de la colonización, el latifundio y el colono desplazado. Ninguna de esas herencias fue inevitable en abstracto. Todas se hicieron probables entre 1880 y 1900, cuando el gobierno de la Unión, primero, y la Regeneración temprana, después, tradujeron la Orinoquia al lenguaje del expediente y decidieron —en escritorios de Bogotá, con bonos que costaban treinta centavos por hectárea— quién sería el dueño de la sabana.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 226, 229, 2733 citas
[1]en extensiones apreciables. Otro elemento que contribuyó a agravar la condición desventajosa de los colonos fue el cambio permanente de las jurisdicciones y del sistema de administración de bienes baldíos que pasaban de uno a otro ministerio; antes de 1886, cuando se centralizó la administración de baldíos, los Esta-…p. 273
[3]de ese argumento es que subestima la resistencia cotidiana, invisible, de las sociedades rurales y se enclava en una visión racionalista, urbana y esen- cialmente política de la historia: las "medidas" que vienen de arriba y de rudo golpe cambian, desordenan y transforman estructuras vernáculas. La tercera pata de la…p. 226
[10]emigrar. A la postre ni los generales de la Independencia ni los tenedores ori- ginarios de los bonos territoriales se convirtieron en concesionarios. Casi todos los militares vendieron sus títulos en transacciones individuales o por intermedio del Montepío Militar y los "bonos ingleses" quedaron en manos de…p. 229
02Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 4551 cita
[2]Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…p. 455
03Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 171 cita
[4]CNMH, 2016, página 47), pues ya se apreciaba entre 1590 y 1620, como resul- tado de la política de composiciones de tierras al mejor postor, que la Corona española empleó para titular las tierras llamadas realengas, o del rey de España, y que originó el régimen de las haciendas, concebidas como un sistema social,…p. 17
04Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 44, 48, 1553 citas
[5]discusión pública alrededor del manejo de los baldíos en el último tercio del siglo XIX, da cuenta el economista liberal Aní- bal Galindo, partidario de privilegiar a los colonos en la adjudica- ción de baldíos y quien, siendo el jefe de la Sección de Estadística en 1873-74, publicó en el Diario Oficial unas cifras…p. 44
[13]uno por cien- to al 7 por ciento. 49 Asignación de tierras y evolución de la propiedad agraria en Colombia En resumen: el reconocimiento de los derechos de propiedad a los cultivadores de tierras baldías se expresó en el crecimiento de las adjudicaciones de menos de 500 hectáreas y el decreci- miento relativo de las…p. 48
[40]estudio de la adjudicación de baldíos 156 Tierras y conflictos rurales Historia, políticas agrarias y protagonistas entre 1931 y 1971, basado en información del INCORA, que no solo confirma los datos de la Tabla 19, sino que además da los nombres de los adjudicatarios e indica su oficio (Diot, 1976). Tabla 19.…p. 155
05Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 91, 1042 citas
[6]10 años, siguien tes a la fecha de adjudicación, para cultivar los terrenos adjudicados. Este Decreto no varió en lo esencial las proporciones fijadas antes entre lo cultivado y lo adjudicado. 1 0 2 L a f e r i a d e l o s b a l d í o s d u r a n t e e l s i g l o XIX Como se anotó antes, las cifras disponibles eran…p. 104
[8]política de uso de los bosques y continúa la cesión de baldíos para la construcción de obras públicas (ferrocarriles, caminos y puertos para la navegación a vapor). La cesión de tierras a militares y la entrega de predios para el fomento de la inmigración extranjera pasaron a ser marginales. De cierta manera, en este…p. 91
06Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2491 cita
[7]la adjudicación de tierras baldías como las licencias para explotar ‘sustancias’ de bosques nacionales’ no podían superar una extensión continua de “un miriámetro cuadrado (2 leguas cuadradas)” 29 y el artículo 2º estipuló que las nuevas adjudicaciones “deberán referirse a terrenos separados por lo menos cinco…p. 249
07El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2761 cita
[9]colombianos. Para dar un ejemplo: diez co- merciantes bogotanos, de los cuales siete figuran en la lista de los 40 propietarios de finca raíz más ricos de la capital, adquirieron entre 1865 y 1899 unas 200.000 mil hectáreas de baldíos en Pandi, los llanos de San Martín y el Tolima Grande. Baste recordar que, según…p. 276
08Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1871 cita
[11]208,000 hectares in Sumapaz, the Llanos de San Martin, and Colombia (Huila), as set out in table 26. By comparison, this makes up a greater area than was granted to the antioqueho colonias', according to Parsons these received 195,750 hectares. 21 According to Emiliano Restrepo, himself a holder of large concessions…p. 187
09Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 1231 cita
[12]legítimo para obtener con- cesiones. Una vez en el mercado, los bonos tendían a devaluarse rápidamente a una fracción apenas de su valor nominal. En 1873, se vendían a entre 25 y 35 centavos por hectárea, y cincuenta años después su precio seguía iguaF 2 • Cualquiera con ahorros y conexiones en Bogotá podía…p. 123
10Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1022 citas
[14]Restrepo, op. cit., t.I.,p.323. 26 Morner, op. cit., p. 95. 27 Bushnell, op. cit., p. 203. 28 La cifra es de Restrepo, op. cit., p. 627. 106 ECONOMÍA Y NACIÓN cuya colonización avanzaba rápidamente hacia el límite del valle del río Cauca, adonde llegaría alrededor de 1880, y, al surocci- dente, las provincias de…p. 102
[15]Restrepo, op. cit., t.I.,p.323. 26 Morner, op. cit., p. 95. 27 Bushnell, op. cit., p. 203. 28 La cifra es de Restrepo, op. cit., p. 627. 106 ECONOMÍA Y NACIÓN cuya colonización avanzaba rápidamente hacia el límite del valle del río Cauca, adonde llegaría alrededor de 1880, y, al surocci- dente, las provincias de…p. 102
11Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 431 cita
[16]arawak, huitoto y piapoco, articulados a la nación achagua, sáliva y a otros pueblos caribes, como los guahi- bos o los guayupe. Durante la República, el control territorial del Estado sobre esta porción del país fue bajo y su administración se trasladó varias veces entre provincias. Diferentes políticas le otorgaron…p. 43
12Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 441 cita
[17]el Gobier- no canceló el acuerdo, en cuanto la firma se apropió ilegítimamente de 160 000 ha, esta adjudicación de tierras terminó afianzando la ganadería en la parte llana e introduciendo el cultivo de café y cacao en las laderas de la cordillera. La adjudicación promovió también la fundación de dos pequeños…p. 44
13El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3371 cita
[18]de cocina, nos dijo adiós con lágrimas en los ojos, dando una prueba de la afectuosa fidelidad de aquellas personas, que siempre tu- vimos ocasión de comprobar. Villavicencio está a algo más de veintiuna leguas de Bogotá, distancia que cubrimos en dos días y medio. Pero los hijos del señor Restrepo y otros llaneros…p. 337
14Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 372, 3792 citas
[19]tarde da- ría lugar a las zonas algodoneras de esta región; otra en Sumapaz. Cundi- namarca; y la del Sarare en Arauca. Para esta última zona, como se men- cionó, desde 1876 se otorgaron gran- des extensiones baldías a la sociedad comercial «Plamplonesa del Sarare». que debía organizar la colonización, pero cuya…p. 379
[30]y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…p. 372
15Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 4, 27, 383 citas
[20]those of the highlands surrounding Tunja. To emphasize the need for action, Plazas Olarte pointed to the increasing violence in the Llanos. For some years, the province had suffered the scourge of gangs of cuatreros (cattle thieves) who attacked citizens and threatened to end the ranching industry. The whole country,…p. 27
[21]the Llanos. For some years, the province had suffered the scourge of gangs of cuatreros (cattle thieves) who attacked citizens and threatened to end the ranching industry. The whole country, he continued, was aware of the mag- nitude of the problems, but the government of Boyacá had simply abandoned Casanare to its…p. 38
[22]of the hato owner, the veguero might also own some cattle. On the hato itself, the vaqueros were in charge of work- ing with the cattle. They owned their own horses and riding equipment neces- sary for their job and received a salary. Caballiceros took charge of caring for the horses on the estate. The hato also…p. 4
16La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 651 cita
[23]cual se han organizado los grupos humanos lo- cales. Importa considerar los conuqueros, los vegueros, los caba- lliceros, los vaqueros y los caporales. Todos tomaron parte activa en acciones de armas. El conuquero que vive infelizmente en un rancho, siempre aco- sado por los dueños del hato, no tiene, no puede tener…p. 65
17Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1331 cita
[24]vigoroso movimiento en la composición de las tierras y de una intensa monopolización en los decenios 1780-1800. La abundancia de espacio permite que numerosos pequeños ganaderos o agricultores exploten sin apremios las comunidades y los ejidos. Ningún control es posible, lo que parece haber sido no sólo tolerado sino…p. 133
18Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1331 cita
[25]vigoroso movimiento en la composición de las tierras y de una intensa monopolización en los decenios 1780-1800. La abundancia de espacio permite que numerosos pequeños ganaderos o agricultores exploten sin apremios las comunidades y los ejidos. Ningún control es posible, lo que parece haber sido no sólo tolerado sino…p. 133
19El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 1211 cita
[26]aquella.<i partes se extienden el ganado y bestia.<i cuanto quieren, porque son del Rey nuestro señor y las poseyeron los extrañados sin más título que su voluntad"". A pesar de ]a.<; imprecisiones en sus lfmires, las principales hacienda.<i jesuitas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y el ganado de las…p. 121
20Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 13, 4952 citas
[27]The federal deficit, which was approximately equal to the sum spent on the territories between 1868 and 1881, would not have occurred if those regions had been administered by the states. 26 Adolfo Vargas added that it was a bad policy for the national government to waste its scant resources on "remote regions which…p. 13
[32]264. 44. Informe, CE of Arauca, in MMG, 1931, Anexos, 2:125. 45. Ibid., in MMG, 1932, Anexos, 2:160. Page 242 46. Ibid., in MMG, 1933, Anexos, 2:118. 47. Rausch, The Llanos Frontier, 286; 264. 48. In August 1935 El Araucano published several articles analyzing the causes of the cattle decline. An earlier essay on the…p. 495
21Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 711 cita
[28]y todavía más definidamente conserva- dor era el ejército. Desde mediados de 1888, pues, el poder pasó a manos de los conserva- dores, con la anuencia de Núñez. Don Miguel Antonio Caro mantuvo su pre- tensión de que se trataba de un nuevo partido, el «partido nacional», y el nombre se siguió usando. Pero los in-…p. 71
22Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 491 cita
[29]afirmaban que habrían encontrado el territorio desierto (Calle, 2017). 50 VIOLENCIA PARAMILITAR EN LA ALTILLANURA: AUTODEFENSAS CAMPESINAS DE META Y VICHADA INFORME N.° 3 grandes extensiones de tierra a manos de hacendados ganaderos, que se posicionarían como un nuevo actor social en la región, y luego tendrían que…p. 49
23Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 2301 cita
[31]colonos. Situación que el mismo Vela dejaba entrever cuando relataba el temor que tenían los indígenas ante la presencia de los misioneros, debido a que los peones de algunos hatos de las riberas del Meta propagaron el rumor de que el Gobierno nacional “había dado orden de dar muerte a todos los indios hasta…p. 230
24Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 1241 cita
[33]en que navegaba, un «blanco» empezó a dispararles una bala tras otra. El hombre practicaba la «cuibiada»; es decir, cazaba a punta de tiros a los cuibas. De milagro, Arcand y 125 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr sus compañeros indios escaparon al rifle del colono. Pero los verbos «cuibiar» y «guahibiar», que…p. 124
25Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1702 citas
[34]drenada está localizada entre los ríos Meta y Vichada con un área de casi diez millones de hectáreas. Su clima se caracteriza por la uniformidad de la temperatura media anual y una distribución estacional de lluvias con un período seco entre dos y cinco meses (Andrade 2009). Sobre esta estructura física se han…p. 170
[35]ríos Meta y Vichada con un área de casi diez millones de hectáreas. Su clima se caracteriza por la uniformidad de la temperatura media anual y una distribución estacional de lluvias con un período seco entre dos y cinco meses (Andrade 2009). Sobre esta estructura física se han establecido diferentes modos de…p. 170
26Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1101 cita
[36]sería de 247. 541 habitantes (DANE, 2005). 111 Río Arauca: guerra y violencia en la frontera municipios pertenecientes a la región de los Llanos Orientales que suman un total de 73. 848 habitantes. Adicionalmente, en la re- gión del Sarare es donde más han vivido poblaciones en situación de gran vulnerabilidad, como…p. 110
27Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 351 cita
[37]políticas de titulación de baldíos y, en general, las iniciativas de desa- rrollo impulsadas por el Estado en la configuración de la clase ganadera que fue fundamental en el auge del paramilitarismo en los Llanos Orientales. Esta sección también revela que en esos años la colonización en los Llanos Orientales estuvo…p. 35
28Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5342 citas
[38]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…p. 534
[39]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…p. 534
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
[41]entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…p. 40