Idea transversal
Gamonalismo
El gamonalismo es la forma de poder local rural que articuló durante más de siglo y medio la política colombiana: el gamonal —equivalente al cacique hispanoamericano— controlaba la tierra, los votos y las redes de patronazgo que conectaban la periferia con el Estado central, constituyendo la infraestructura real del bipartidismo y del clientelismo.
Trayectoria de una idea
- 1840
Primeras referencias documentadas en Mompox
- 1886
La Regeneración amplía el clientelismo gamonal
- 1913
Expansión gamonal antioqueña en el alto Sinú y San Jorge
- 1930
Fin de la Hegemonía Conservadora por fractura gamonal
- 1936
Ley 200: el gamonalismo a la defensiva
- 1948
La Violencia como reconfiguración violenta del poder gamonal
La lectura
El gamonalismo no fue un residuo feudal destinado a desaparecer con la modernización, sino la arquitectura política real mediante la cual un Estado central débil gobernó un país fragmentado por geografía y desconfianzas durante más de siglo y medio. Su poder descansaba en tres bases inseparables: la propiedad o el control de la tierra, la capacidad de movilizar electoralmente a quienes dependían económicamente del gamonal, y una red de letrados, comerciantes, curas y burócratas que amplificaba su influencia hacia arriba y hacia los lados. A diferencia del caudillo, que cabalgaba al frente de un ejército, el gamonal administraba lealtades en un puñado de veredas y era, en palabras de sus contemporáneos, 'usufructuario del poder estatal, con las leyes, los jueces y la fuerza del gobierno a su favor'. El concepto evolucionó desde las facciones hacendiles de Mompox en 1840 hasta el clientelismo armado de finales del siglo XX, mutando de traje —terrateniente, jefe de partido, intermediario burocrático, aliado paramilitar— sin abandonar su función esencial de bisagra entre la periferia rural y el poder nacional. Su legado más duradero fue haber dotado al bipartidismo colombiano de una estructura policlasista y de una intensidad identitaria que convirtió la derrota electoral en amenaza existencial, cargando así de violencia potencial cada disputa por el control local.
En Colombia, gamonal fue —y en muchos rincones sigue siendo— el nombre del hombre que manda en la vereda, en el corregimiento, a veces en el municipio entero: el que tiene la tierra, los votos, el oído del alcalde, la palabra que decide quién trabaja y quién no, y con frecuencia también la escopeta o el peón armado. La palabra circula desde mediados del siglo XIX como equivalente colombiano del cacique que se usa en el resto de Hispanoamérica, y el índice de la obra clásica de James Henderson sobre Colombia lo confirma con laconismo: "caciques, véase gamonales". Pero la sinonimia esconde una especificidad. El gamonalismo colombiano no fue un residuo señorial que la modernización habría de disolver; fue la infraestructura política real mediante la cual el Estado central se hizo presente y ausente en el campo, la correa que llevó a Bogotá los votos de la periferia y trajo de vuelta los cargos, las leyes y —cuando hizo falta— la fuerza pública. Del gamonal hacendado de 1840 al jefe clientelar del Frente Nacional y al político que en los años noventa pactaba con paramilitares, cambió el traje; el oficio, esencialmente, no.
Qué es un gamonal
El gamonal es un jefe político local o regional cuyo poder descansa en tres bases que rara vez se separan: la propiedad o el control de la tierra, la capacidad de movilizar electoralmente a quienes dependen económicamente de él, y una red de conexiones —letrados, comerciantes, curas, burócratas pueblerinos— que amplifica su influencia hacia arriba y hacia los lados. No es un funcionario, aunque a menudo ocupa la alcaldía; no es un terrateniente cualquiera, aunque casi siempre lo es; no es un caudillo militar, aunque en el siglo XIX muchos empuñaron las armas. Es una figura de intermediación: articula lo local con lo nacional y, al hacerlo, hace posible que un Estado central débil gobierne un país fragmentado por cordilleras, ríos y desconfianzas.
De ahí que el gamonal fuese, desde temprano, la bisagra del bipartidismo. Bajo su liderazgo se congregaban gentes de todas las condiciones económicas y sociales, y esa capacidad de agrupar hacia abajo fue precisamente lo que dio a los partidos Liberal y Conservador su estructura policlasista: no eran federaciones de ideas sino federaciones de facciones locales, y las facciones locales tenían nombre y hacienda. Cuando dos o más gamonales se coligaban por encima de sus veredas —hacia la provincia, hacia el departamento—, los partidos se articulaban; cuando reñían, se fracturaban. La política nacional colombiana, durante más de un siglo, fue en buena medida la suma agregada de esas alianzas y rupturas.
Conviene distinguirlo del caudillo. El caudillismo violento y romántico del siglo XIX, vinculado a sociedades agrarias tradicionales, se fue perdiendo con la modernización del Estado y el capitalismo. Pero el gamonal no era caudillo: era su reverso doméstico, la figura que no cabalgaba a la cabeza de un ejército sino que administraba la lealtad de un puñado de veredas. Por eso el caudillismo se extinguió con el siglo XIX y el gamonalismo, en cambio, mutó y sobrevivió.
Los orígenes: hacienda, tierra y baldíos
El gamonalismo tiene una fecha temprana. Ya en la década de 1840, en Mompox, se hablaba con naturalidad de "gamonales ministeriales" y "gamonales oposicionistas liberales": Ribón por los primeros, Martínez Troncoso por los segundos. Sus disputas eran entonces menos ideológicas que económicas y personales, pero de la coligación entre uno y otro dependió la articulación local y regional de lo que pronto serían los partidos Liberal y Conservador. Antes de que existieran plataformas doctrinarias, existieron los gamonales; el bipartidismo se construyó sobre ellos, no al revés.
Su base material fue la hacienda, y en particular el proceso mediante el cual la hacienda se apoderó de los baldíos. En la Costa Atlántica se conocía una modalidad de aparcería llamada pasto por tierra: el campesino tumbaba el monte, sembraba maíz y plátano durante uno o dos años, y al vencerse el plazo entregaba la parcela sembrada en pastos al terrateniente, que así habilitaba potreros a costo monetario mínimo. El colono había hecho el trabajo pesado —abrir la selva, esperar las primeras cosechas, aguantar la fiebre— y salía con las manos vacías o con una deuda. Porque a la aparcería se sumaban los avances, préstamos de víveres y semillas que el terrateniente adelantaba al colono y que este, con frecuencia, no alcanzaba a pagar: el resultado estructural era que la familia entera continuaba abriendo tierra en beneficio del hacendado, año tras año.
En el sur de Córdoba, el bajo Cauca y el Urabá antioqueño el patrón fue idéntico: las haciendas ganaderas se formaron mediante la tumba y quema del bosque concertada entre hacendados y terrazgueros, y la potrización del territorio —convertirlo en pasto para ganado— fue un esfuerzo del campesinado en favor de la hacienda. Quien quería una parcela propia debía irse más allá, a la frontera agrícola, para volver a empezar. Los colonos llamaron a la secuencia la ley de tres pasos: uno, el colono tumbaba el monte y habilitaba la tierra; dos, vendía las mejoras a bajo precio a un contratista o finquero; tres, un gran terrateniente se apropiaba de las tierras habilitadas para ampliar su estancia o montar una nueva hacienda. Al final del proceso, la hacienda era grande, el bosque había desaparecido y el colono seguía siendo pobre, empujado un poco más lejos.
Los grandes propietarios completaron el ciclo restringiendo el acceso de los campesinos pobres a los baldíos: si no había frontera abierta, había que quedarse como arrendatario. Miles de colonos fueron transformados así en fuerza de trabajo dependiente; otros, simplemente, fueron expulsados. Hacia 1935, en el Cauca, la formación simultánea de grandes propiedades y de un proletariado rural sin tierra era ya un hecho consumado. El gamonal, en el altiplano, en la sabana o en la ganadería costera, fue el articulador de ese doble movimiento: hizo la hacienda y, al hacerla, hizo también la peonada que la trabajaba.
La compra de la hacienda Marta Magdalena por la familia antioqueña Ospina, a los franceses, en 1913, marcó en el alto Sinú y San Jorge el inicio de una toma sistemática de la región por familias antioqueñas enriquecidas con la minería y el comercio. La operación culminaría en 1951 con la creación del departamento de Córdoba: un territorio nuevo, dibujado a la medida de un poder gamonal ya consolidado.
Los andamios: hacienda, política, redes
El gamonalismo no fue nunca una relación bilateral entre patrón y peón. Fue una red. La hacienda regulaba las relaciones de producción, pero también las sociales: de ella salían los hilos que ataban a los letrados que redactaban los contratos y las escrituras, a los comerciantes que compraban la cosecha, a los burócratas pueblerinos que expedían las certificaciones. De ese tejido surgían los poderes locales con los que el Estado central se veía obligado a negociar. El gamonal era "usufructuario del poder estatal, con las leyes, los jueces y la fuerza del gobierno a su favor". No era un rebelde ni un forajido: era el Estado en versión privada, con licencia para ejercerlo.
El caso de San Benito Abad ofrece una miniatura del mecanismo. Allí el hacendado liberal Gabriel Perdomo, varias veces alcalde, participó en usurpaciones del resguardo de Jegua y encarceló a campesinos de San Matías. La hacienda, la alcaldía y la coerción legal se combinaban en una sola figura: no hacía falta corromper al Estado porque el Estado era él, al menos en ese pedazo de la sabana.
La articulación regional siguió patrones distintos según la geografía. En Cundinamarca y Boyacá, en las antiguas provincias de Santa Fe y Tunja, las haciendas familiares y patrimoniales consolidadas desde el siglo XVII se convirtieron en el siglo XIX en el eje de la organización social, económica y política. El altiplano cundiboyacense —con su concentración de encomiendas, latifundios y haciendas de órdenes religiosas apoyadas en la mano de obra muisca— fue la cuna de los caudillos y el escenario de la mayor parte de las guerras civiles del país. En la Costa Atlántica, el gamonal se apoyó en la aparcería coercitiva y en la alianza con letrados y comerciantes de los pueblos. En el sur del Cauca, en el Patía, algunos inmigrantes blancos y mestizos transitaron durante el siglo XX de colonos a gamonales acumulando tierras y riqueza mediante actos coercitivos y violentos: una larga historia de dominio de clase, de concentración del poder y de creación de castas cerradas de terratenientes.
La Regeneración y la Hegemonía Conservadora
Con la Regeneración de Rafael Núñez y la Constitución de 1886 el gamonalismo cambió de escala sin cambiar de naturaleza. El Estado centralizado que se levantó entonces amplió los recursos fiscales disponibles y, con ellos, la capacidad de patronazgo del gobierno: el clientelismo regeneracionista fue, por eso mismo, más voraz y excluyente que el precedente. Los conservadores en el poder respaldaban firmemente los privilegios de la Iglesia católica —incluido su control sobre el currículo de educación pública— y basaban su visión política y económica en una concepción del hombre y la sociedad influida por el pensamiento católico y español. Caciques, gamonales y curas fueron, durante cuatro décadas y media, los tres pilares del orden social sobre los que se asentó la controversia partidista.
La sede del arzobispado de Bogotá funcionó como centro de la maquinaria electoral conservadora en los períodos electorales de la Hegemonía: allí se acordaba el candidato presidencial del partido, y ante la debilidad liberal el designado por el obispo solía considerarse presidente virtual, reduciendo las elecciones a un formalismo. La Hegemonía Conservadora se extendió de 1886 a 1930, y su final llegó justamente por una fractura en esa maquinaria: la incapacidad del obispo primado para unificar la candidatura conservadora facilitó el triunfo del liberal Enrique Olaya Herrera. Los gamonales seguían allí; el partido en el poder había cambiado.
Las redes clientelistas verticales de privilegio y patronazgo funcionaron durante todo el siglo XIX y buena parte del XX como el canal predominante que conectaba las regiones rurales remotas con la política nacional. Ese canal generó una identificación intensísima de las clases bajas rurales con los partidos, una identificación que no era ideológica sino personal: se era liberal o conservador porque el gamonal, el padre y el abuelo lo eran; porque el patrón lo era; porque el cura lo era; porque en la vereda del frente eran lo contrario. Esa identificación, y el sistema de ganador-se-lleva-todo que rigió el reparto de la burocracia estatal, cargaron el conflicto político colombiano de una intensidad especial: perder una elección local no era perder una posición, era perder el acceso al presupuesto, al empleo público, a la seguridad misma.
Resistencia campesina y erosión legal
El gamonalismo no fue nunca un orden pacífico ni estable. Fue un campo de disputa. Los grandes propietarios recurrieron a métodos violentos y extrajudiciales para desalojar colonos e invasores: tiraban semillas de pasto en las parcelas ajenas, soltaban ganado sobre las siembras, confiscaban productos, cortaban puentes, quemaban chozas, acusaban falsamente a los líderes de los colonos. Y los campesinos respondieron.
A comienzos de la década de 1930 el movimiento campesino había alcanzado una importancia política notable. De su seno surgieron figuras como María Cano, Ignacio Torres Giraldo, Erasmo Valencia y José Gonzalo Sánchez. Al mismo tiempo, el movimiento obrero vivía un período de ascenso con huelgas de dimensión política —la de las bananeras en 1928, la primera huelga petrolera en Barrancabermeja— y bajo los gobiernos liberales de Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo se reconocieron los derechos de organización y huelga con la Ley 83 de 1931. Sindicatos rurales y ligas campesinas se multiplicaron. Candidatos de ambos partidos buscaron capitalizar electoralmente el apoyo a los ocupantes de tierras.
En ese contexto entró en escena, decisivamente, una sentencia. La Corte Suprema de Justicia había establecido en 1926, y reiterado en 1934, que quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República. Se la llamó, con razón, la prueba diabólica: casi ningún terrateniente colombiano podía cumplirla. La sentencia desestabilizó el orden mismo de la propiedad terrateniente y alentó invasiones de tierras y negativas de pago por parte de los arrendatarios en Sumapaz, Cundinamarca, el norte del Valle del Cauca y el Tolima.
La respuesta legislativa fue la Ley 200 de 1936, promovida bajo el primer gobierno de López Pumarejo. La ley reconoció los derechos de poseedores y ocupantes de tierras de buena fe y estableció ciertas trabas para el lanzamiento de colonos, pero al mismo tiempo subsanó el problema de los títulos para los terratenientes: sustituyó la prueba diabólica por el criterio de destinación económica, según el cual se acreditaba la propiedad mediante el uso productivo del predio. El artículo sexto, considerado el más revolucionario, preveía que las tierras ociosas debían ser explotadas en un plazo de diez años bajo pena de extinción del dominio. Sobre el papel, la ley amenazaba al latifundio improductivo; en la práctica, los resultados fueron contradictorios y la estructura de la propiedad territorial no cambió radicalmente. Pero el gamonalismo había sido puesto, por primera vez, a la defensiva: el Estado había reconocido que el colono tenía derechos, y el terrateniente había tenido que negociar su título.
La Violencia y la reconfiguración del poder gamonal
La represión bipartidista que se desató a partir de 1946, con el retorno conservador al poder tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en abril de 1948, encontró en el gamonalismo su instrumento y en la peonada rural su combustible. La Violencia fue, esencialmente, un fenómeno social que obedeció a la dinámica exclusivista, partidista y clientelista del sistema político tradicional: la alternación de los dos partidos en 1930 y 1946 desencadenó una lucha de vida o muerte de las bases partidistas por el control exclusivo del poder local, y esa lucha se libró en las veredas.
En el Valle del Cauca los mecanismos fueron particularmente visibles. Hacendados y terratenientes del partido conservador ejercieron coerción sobre la población para forzar cambios de adhesión política; obligaron a pobladores a firmar actas de renuncia al Partido Liberal —los llamados recalzados— bajo amenaza de desplazamiento o muerte. En el municipio de Bolívar, en el Valle, campesinos fueron obligados a firmar actas jurando adhesión al Partido Conservador, bajo la coacción de hacendados que conservarían el poder hasta la década de 1970. La violencia no fue caótica: fue política, ejecutada por gamonales sobre poblaciones que dependían económicamente de ellos.
Las cifras del período varían y siguen discutiéndose. Los cómputos clásicos hablan de 134.820 muertos entre 1948 y 1958, y la cifra sube a 200.000 si se incorporan heridos fallecidos y desplazados; estimaciones econométricas más recientes rebajan la mortalidad a unas 57.737 víctimas para 1949-1958, e incluso menos bajo supuestos conservadores. Cualquiera sea el número, fue una hemorragia rural sin precedentes.
De la violencia partidista surgió, en una segunda fase, el bandolerismo. Y aquí ocurrió algo que revela la naturaleza estructural del gamonalismo: los bandoleros —algunos de ellos brazo armado inicial de los propios gamonales— empezaron a desafiar a sus antiguos protectores. Efraín González ("Desquite") llegó a autoproclamarse Jefe Civil y Militar del norte del Tolima, en un gesto de autonomía impensable pocos años antes. Los gamonales, ante el desafío, descubrieron las ventajas de la centralización política y se plegaron a los planes de pacificación del Frente Nacional, tomando decididamente el lado del ejército. El Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), que había levantado banderas de sectarismo e inconformidad popular dando espacio político a los bandoleros en su primera fase, terminó dándoles la espalda: con el MRL murió el pasado guerrillero liberal. Los bandoleros, rotos los vínculos con propietarios y gamonales, quedaron enfrentados a un ejército que contaba con el apoyo de grupos de contrainsurgencia de Estados Unidos.
En las zonas cafeteras, donde los bandoleros tuvieron marcada presencia, a las motivaciones políticas se sumaron estímulos económicos: el boleteo, el secuestro. La violencia empezaba a mutar hacia la economía criminal. Y de las comunidades armadas organizadas alrededor de grupos influenciados por el Partido Comunista, con sus respectivas clientelas campesinas en zonas de frontera agrícola, surgieron las FARC tras la Operación Marquetalia en 1964. La liquidación del bandolerismo cerró la era de las guerras interpartidistas; ese cierre coincidió, sin resolverla, con la apertura de una guerra distinta.
El Frente Nacional y el clientelismo moderno
Cuando en 1958 liberales y conservadores acordaron alternarse la presidencia y repartirse por mitades el gabinete y las cámaras —un pacto consociacional aprobado por referéndum y llevado a la Constitución, vigente hasta 1974 y excluyente por ley de cualquier tercera fuerza—, lo que hicieron fue firmar una tregua entre las élites al precio de anular la competencia política. El enfrentamiento armado bipartidista cesó; también cesó, con él, buena parte de la política entendida como disputa por proyectos.
El gamonalismo prosperó en ese vacío. Al desaparecer la competencia entre partidos como motor de movilización, la política se convirtió en administración del reparto burocrático, y los partidos se volvieron federaciones de caudillos locales cuya fortaleza estaba dada por el control de sus electores y por la capacidad de usar el presupuesto como instrumento de manipulación electoral. El gamonal decimonónico, apoyado en la hacienda y la deuda, cedió el paso al político clientelar apoyado en el auxilio parlamentario, el cupo de empleos públicos, la baldosa para la escuela veredal y el cheque del contrato menor. Alimentándose del atraso y el desempleo de vastos sectores, y sobreviviendo gracias al desarrollo desigual de las regiones, el clientelismo operó como un sistema de seguridad social deformado en el que los partidos actuaban como intermediarios entre el Estado y unos ciudadanos que nunca eran del todo ciudadanos.
Al período entre 1970 y 1988 se lo ha llamado clientelismo moderno: la fase en que la maquinaria del reparto alcanzó su forma más acabada y también sus primeras grietas. La reforma que introdujo la elección popular de alcaldes en 1988, junto con la descentralización administrativa, dio un duro golpe a la parte local del encadenamiento clientelar: rompió lealtades cautivas, generó contrapesos, abrió posibilidades a fuerzas nuevas. La irrupción de la Unión Patriótica en concejos y alcaldías durante esos años contribuyó a descomponer las redes construidas durante el pos-Frente Nacional. Fue la primera erosión seria del gamonalismo en más de un siglo. También, como se vería pronto, la más letalmente resistida.
Clientelismo armado y parapolítica
A partir de 1988 —y hasta 2006, aproximadamente— se configuró en Colombia lo que se ha denominado clientelismo armado: un sistema en el que actores armados, guerrillas y paramilitares, asumieron funciones de regulación, mediación y control propias del Estado en los territorios donde este había cedido sus dominios. La prestación y contraprestación de favores y servicios —la vieja lógica clientelar— se mantuvo, pero ahora bajo amenaza de las armas. Los actores armados sustituyeron al gamonal donde el gamonal ya no bastaba, o se aliaron con él donde todavía servía.
Las condiciones para esa mutación se habían gestado antes. Durante el Frente Nacional se creó una batería de instrumentos que permitían la formación de autodefensas privadas conducidas por civiles y coordinadas por agencias de seguridad, diseño que sería fundamental para el ulterior desarrollo del paramilitarismo. En el Valle del Cauca, el ordenamiento territorial y social de las últimas décadas del siglo XX involucró la interacción y tensión entre gamonales locales, la Iglesia católica, el campesinado y sus organizaciones, la guerrilla, los narcotraficantes y los grupos paramilitares. El gamonalismo, en esa geometría, dejó de ser el único poder rural para convertirse en un socio más de la coalición armada regional.
La parapolítica, escándalo que estalló entre 2006 y 2010 al revelarse los pactos entre congresistas y grupos paramilitares, fue el resultado directo del clientelismo armado. No todos los congresistas establecieron esos acuerdos, y las investigaciones posteriores mostraron que la probabilidad de hacerlo dependía de la clase social del político y de la fortaleza de su vínculo con el centro político-administrativo del Estado: los más periféricos, los más dependientes del voto rural, fueron los más expuestos. Era una geografía reconocible. Era, con otros nombres, la vieja geografía del gamonalismo.
En perspectiva: el gamonal y sus primos
"Gamonal" se ha traducido con frecuencia como "cacique", y la equivalencia es útil pero engañosa. Comparado con el caciquismo mexicano y el coronelismo brasileño, el gamonalismo colombiano tiene rasgos propios que explican su extraordinaria duración.
En México hubo una revolución agraria que, como aspecto de una revolución burguesa más amplia, eliminó buena parte de la base terrateniente tradicional, permitió el desarrollo de un capital de Estado significativo y produjo mayores márgenes de autodeterminación política. En Colombia no hubo tal revolución. La consecuencia estructural fue profunda: los excedentes económicos no fluyeron desde el agro hacia la industria como en México, sino al contrario —la acumulación industrial tuvo que sostener, en parte, el desarrollo capitalista por la vía terrateniente. La hacienda no fue disuelta ni transformada; fue subvencionada. Y con la hacienda sobrevivió el gamonal.
El caudillismo latinoamericano del siglo XIX —del que Porfirio Díaz en México sería considerado un rezago tardío— se fue perdiendo a medida que crecieron los partidos políticos, se modernizó el Estado, se profesionalizaron los ejércitos y se expandió el capitalismo. El gamonal colombiano sobrevivió porque nunca fue caudillo: nunca aspiró a la presidencia armada, nunca comandó ejércitos regulares, nunca desafió al centro. Al contrario: se ofreció al centro como su corresponsal en la periferia, como el hombre con quien Bogotá podía y debía negociar. Esa modestia estructural fue su longevidad. En Colombia, además, las guerras civiles bipartidistas obligaban a los colonos a huir hacia zonas de colonización periférica para reconstituir comunidades en relativo aislamiento, lejos del reclutamiento de los ejércitos partidistas: cada guerra empujaba nueva frontera agrícola, y en cada frontera aparecía, tarde o temprano, un nuevo gamonal.
La huella
Hay una asimetría fundadora en el vínculo entre el Estado colombiano y su territorio: sin gamonales no hubo gobierno rural, y con gamonales no hubo Estado rural. La delegación fue el modo mismo de la presencia, y la presencia así delegada nunca dejó de ser un régimen indirecto. El notario, el alcalde, el juez municipal, el sargento de la policía subnacional no fueron —en la mayoría de las veredas y durante la mayor parte del siglo XX— agentes de una jerarquía burocrática que empezara en Bogotá y terminara en el corregimiento: fueron piezas de una red local sobre la que la jerarquía burocrática se limitaba a montarse. Toda reforma agraria, todo intento de racionalización administrativa, tropezó con esa realidad previa. La Ley 200 no repartió la tierra: la legalizó. La reforma agraria de los años sesenta se atascó en trámites que los mismos beneficiarios del atraso administraban. La descentralización de 1988 fue respondida con una ola de asesinatos que en poco más de una década aniquiló a la Unión Patriótica. El Estado central legislaba; el gamonal, en el terreno, filtraba.
Lo que llamamos mutación del gamonalismo no es entonces una historia de modernizaciones sucesivas, sino la historia de una función que aprende a vestirse con los materiales de cada época. La aparcería pasto por tierra fue reemplazada por el auxilio parlamentario; el auxilio parlamentario, por el contrato de obra municipal; el contrato, en las zonas más disputadas, por el pacto con el comandante paramilitar. Cambian los instrumentos y los idiomas —del derecho civil decimonónico al lenguaje del presupuesto público, del lenguaje del presupuesto al de la guerra—, pero la posición estructural es la misma: entre el ciudadano rural y el Estado se interpone un tercero que cobra peaje en votos, en lealtad, en silencio. Ese tercero es lo que ha impedido, más que cualquier ideología o cualquier insurgencia, la existencia de una ciudadanía plena en el campo colombiano.
De ahí que la categoría siga siendo operativa. Cuando el lenguaje corriente habla de "mafias regionales" que capturan alcaldías y gobernaciones, de "casas políticas" que heredan curules de padre a hijo, de "clanes" que controlan el voto en tal departamento, no está describiendo patologías nuevas sino la última encarnación de un oficio antiquísimo: el que Ribón ejercía en Mompox en 1840 y el que los Ospina inauguraron en el Sinú en 1913. El país tiene hoy una economía globalizada, una constitución garantista, una clase media urbana sustancial y unas tecnologías de la información que habrían sido inimaginables para el hacendado costeño del siglo XIX. Y aun así, en decenas de municipios, el voto se sigue negociando en una cocina, la contratación local se sigue decidiendo en una finca, el acceso a un empleo público sigue pasando por un apellido. La historia política de Colombia no se entiende sin el gamonalismo; su reforma tampoco. Y siglo y medio de leyes agrarias, reformas constitucionales y planes de pacificación indican que entenderlo, incluso bien, no ha bastado nunca para desmontarlo.
En el archivo
75 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Colonia1600–17801
02Nueva Granada1831–18622
03Estados Unidos de Colombia1863–18856
- 1845Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)Hecho
- 1875El colapso del Olimpo RadicalPregunta
- 1875Solón WilchesFicha
- 1880Concesiones masivas de baldíos en la Orinoquia (1880-1900)Hecho
- 1882Extinción del resguardo de El Rosal por ocupación de hecho (1882)Hecho
- 1885Las guerras civiles colombianas de 1863–1903Pregunta
04Regeneración1886–192911
- 1886Identidad regionalFicha
- 1896Ezequiel Moreno DíazFicha
- 1899Guerra civilFicha
- 1900Hegemonía conservadoraFicha
- 1905Fragmentación territorial en 34 departamentos bajo el Quinquenio de Reyes (1905-1908)Hecho
- 1910Alfredo Vásquez CoboFicha
- 1910La quintinada: insurgencia indígena por los resguardos (1910–1922)Hecho
- 1918Luchas por baldíos y movimiento campesino costeño (1918–1928)Hecho
- 1923Juana Julia GuzmánFicha
- 1924José Eustasio RiveraFicha
- 1928Miguel Abadía MéndezFicha
05República Liberal1930–19468
- 1930Laboratorios regionales tempranos de violencia bipartidista en Boyacá (1930–1934)Hecho
- 1933Cordobismo y liderazgo afrochocoano de Diego Luis CórdobaHecho
- 1936La Revolución en Marcha (1934-1938)Pregunta
- 1936Ligas campesinasFicha
- 1936Populismo agrarioFicha
- 1938CooptaciónFicha
- 1938El Gobierno de Eduardo Santos y la 'Pausa' (1938–1942)Hecho
- 1940Diego Luis CórdobaFicha
06La Violencia1946–195717
- 1946La Iglesia y la Violencia: Monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidistaHecho
- 1946La Violencia (1946–1957)Época
- 1946Retorno conservador e inicio de la violencia bipartidista (1946–1947)Hecho
- 1948Eliseo Velásquez RodríguezFicha
- 1949Los pájaros y el terror conservador en el Valle del Cauca (1949–1957)Hecho
- 1950ChulavitasFicha
- 1950León María LozanoFicha
- 1950PájarosFicha
- 1950Sectarismo bipartidistaFicha
- 1950Violencia bipartidistaFicha
- 1950Violencia ruralFicha
- 1951Escisión entre 'limpios' y 'comunes' en El Davis (1951–1953)Hecho
- 1952Gerardo Loaiza AldanaFicha
- 1952Guadalupe Salcedo UndaFicha
- 1953Dumar Aljure NassifFicha
- 1958BandolerismoFicha
- 1962La Violencia (1946-1965)Pregunta
07Frente Nacional1958–19744
08Constitución de 19911991–20021
09Seguridad Democrática2002–20162
10Transversal—22
- 1537PopayánFicha
- 1549PamplonaFicha
- 1550IbaguéFicha
- 1550Origen colonial de la debilidad estatal colombianaPregunta
- 1612NeivaFicha
- 1819BoyacáFicha
- 1819CasanareFicha
- 1849BipartidismoFicha
- 1850CaudillismoFicha
- 1850Élites regionalesFicha
- 1850MaganguéFicha
- 1900Reclutamiento forzadoFicha
- 1905AtlánticoFicha
- 1910Guillermo ValenciaFicha
- 1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasPregunta
- 1940AparceríaFicha
- 1952Chulavitas, pájaros y el origen del paramilitarismo colombianoPregunta
- 1966SucreFicha
- 1967ValleduparFicha
- 1975ClientelismoFicha
- 1990Norte del ValleFicha
- 1995Clientelismo armadoFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Hacienda: base material del poder gamonal; la propiedad y el control de la tierra y el agua fundaban la capacidad de movilización política y la red de dependencias económicas del gamonal.
- 02Bipartidismo colombiano: el gamonalismo fue la infraestructura real de los partidos Liberal y Conservador; la articulación o ruptura de facciones gamonales determinó la estructura local, regional y nacional de ambos partidos.
- 03Clientelismo: el gamonalismo es la forma histórica originaria del clientelismo colombiano; las redes verticales de privilegio y patronazgo que conectaban las regiones rurales con la política nacional operaron a través de la figura del gamonal.
- 04Rafael Núñez y la Regeneración: la centralización estatal de 1886 amplió los recursos de patronazgo disponibles, haciendo el gamonalismo más voraz e institucionalmente integrado al Estado central.
- 05Jorge Eliécer Gaitán: su asesinato en 1948 desencadenó La Violencia, período en que el gamonalismo se reconfiguró como instrumento de coerción bipartidista sobre el campesinado.
- 06Orlando Fals Borda: sociólogo que distinguió el caudillismo violento del siglo XIX del gamonalismo como forma de liderazgo posterior, más doméstica y administrativa, que sobrevivió a la modernización del Estado.
- 07Baldíos y aparcería: el control gamonal se reprodujo mediante mecanismos como el 'pasto por tierra' y la 'ley de tres pasos', que transformaban a colonos independientes en arrendatarios o peones dependientes de la hacienda.
- 08Mompox: lugar donde se documentan por primera vez, hacia 1840, los términos 'gamonal ministerial' y 'gamonal oposicionista liberal', confirmando la anterioridad del gamonalismo respecto al bipartidismo formal.
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43 documentos · 52 fragmentos
01The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 32, 2352 citas
[1]"Colombia," pp. 102—124. 22. The Colombian term gamonal is roughly equivalent to cacique in other Latin Amer- ican countries; it means a political boss at the local or regional level. On the pattern of bipartisan politics during the nineteenth century, see P. Oquist, Violence, pp. 59-62. 23. For a general discussion…
p. 235
[44]discontent were the coffee haciendas of the east, which were worked by subordinated peasants. The peasants wanted their share of the benefits of the export prosperity and demanded the right to cultivate coffee on their own plots. With the help of Liberals and Communists, numerous peasant leagues were formed and…
p. 32
02Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 5211 cita
[2](Partido Agrarista Nacional, see Agrarian movement, 1925–36); Radical Liberals (see Liberal Party); Socialist Party, 156–57, 170, 220; Socialist Revo- lutionary Party, 159, 164–68; UNIR (Unión Izquierdista Revolucionaria, see Agrarian movement, 1925–36). See also Communist Party; Conservative Party; Liberal and…
p. 521
03Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 136, 3102 citas
[3]apartan entre sí con fuertes resenti- mientos personales que llevan a convocar lealtades familiares. Cristalizan facciones políticas a nivel de comunidad en la región costeña, identificadas no tanto con las ideologías partidistas (que se definirían después por la burguesía educada) ni con determinada clase social,…
p. 136
[5]en Haití, con el caso excepcio- nal del dictador civil de Chile, Diego Portales. También inclui- bles: Porfirio Díaz en México y J u a n Vicente Gómez en Venezuela, como rezagos del siglo pasado en el actual. (Cf. R. A. Humphreys, "Latín America: The Caudillo Tradition", en M. Howard, ed., S o l d i e r s a n d G o v…
p. 310
04Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 137, 1422 citas
[4]bastante considerable, en comparación con la tercera década del siglo XX. Con ello se puede decir que es evidente el cambio significativo que estos inmigrantes y posteriores hacendados hicieron con el espacio. Inmigrantes, colonos, terratenientes y gamonales Es fascinante conocer cómo una persona logró acumular poder…
p. 137
[12]realizadas por los mismos habitantes del Patía. La historia local resalta que, paralelo o muy alejado a la historia de Alejandro, algunas otras personas consideradas gamonales/hacendados/ganaderos, también eran considerados ricos y poderosos, pero represivos (Van 2008b). Por lo general, mantuvieron su posición gracias…
p. 142
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[6]gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…
p. 49
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 cita
[7]con el Estado nación. De esta forma garantiza diseños institucionales funcionales a sus intereses al tiempo que, deliberadamente, aplaza indefinidamente la respuesta a las demandas de los sectores populares. Las haciendas del sur de Córdoba, del bajo Cauca y del Urabá antioqueño se fueron formando mediante la tumba y…
p. 39
07Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1612 citas
[8]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
[9]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
08El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 114, 2862 citas
[10]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
[51]hubieran proporcio- nado apreciables excedentes económicos y transferencias para la acumulación industrial y no al contrario como evidentemente sucedió, donde los excedentes tuvieron que venir de la acumula- ción industrial para soportar y apoyar el desarrollo capitalista por la vía terrateniente. En el plano político…
p. 286
09Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 1841 cita
[11]el tejido de la vida cotidiana y que tergiver- saba la ley para sus propios fines. En esa época el Gobierno existía principalmente para satisfacer los intereses económicos y políticos de un grupo relativamente pequeño de familias poderosas las que, si bien a menudo enfrentadas violenta- mente unas con otras, seguían…
p. 184
10Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1571 cita
[13]recogido por Antolín Díaz, y de seguro don Francisco tuvo centenares de compadres y ahijados (rechazó la compra de doncellas). Pero en muchas partes los colonos pobres llegaron a "temerle más a los hombres que a las fieras del monte". Se sabe que, como Berástegui, en la plantación francesa de Tucura, en el Este…
p. 157
11Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 551 cita
[14]generation to the next. Strong clientalist relationships led to intense rural and lower-class identi- fication with parties, as the vertically linked networks of privilege and patronage were the only channel connecting remote rural regions to national politics. One of the few significant differences between the two…
p. 55
12Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2611 cita
[15]su casi to- talidad. Pero aún esta minoría urba- na, que veía reforzar sus rangos día a día con nuevos tipos sociales que co- menzaban a adoptar una mentalidad urbana, reclamaba el privilegio de de- finir la política en sus propios térmi- nos. No es un azar que el período es- tigmatizara aquellas manifestaciones…
p. 261
13El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 442 citas
[16]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…
p. 44
[17]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…
p. 44
14Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 cita
[18]as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…
p. 56
15Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[19]for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…
p. 35
16Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2651 cita
[20]compar- tiendo con todos la inmensa mesa vieja del gran comedor. Según parece, don Felipe sólo respetó a dos personas de la Villa; a don Gabriel Perdomo, varias veces alcalde, el mismo hacendado liberal de recia personalidad que se había puesto abiertamente de parte de los terratenientes en las usurpaciones del…
p. 265
17Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 531 cita
[21]en la vida nacional. Por ejemplo, la region de Santander en las antiguas provincias de Socorro y Pamplona, se revela como un area mer- cantil de pequenos comerciantes, artesanos y agri- cultores, en su mayoria blancos y mestizos; es una region de intensa vida urbana y un relativo desarro- llo econémico. En la regi6n…
p. 53
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
[22]lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…
p. 40
19"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 208, 4282 citas
[23]políticos, engrosan la base electoral de dichos hacendados y terratenientes, manteniéndo- los en el poder hasta la década del setenta (Atehortúa, 1995). Además del desplazamiento forzado de la población, las tran- sacciones de tierras y la regulación de negocios, este proceso se basó también en la coerción para…
p. 208
[50]en no pocas ocasiones a los gamonales locales, la Iglesia Católica, el campesi- nado y sus organizaciones; la guerrilla; los narcotra fi cantes y a los grupos de paramilitares en épocas más recientes. La Iglesia Católica, en conjunto con organizaciones campesinas como Fanal y la Anuc, impulsó durante muchos años un…
p. 428
20La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 851 cita
[24]embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…
p. 85
21El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2491 cita
[25]la siguiente manera: 256 a. El contenido de las transacciones pol í ticas en las sociedades divididas en clases, conduce a una instrumentalizaci ó n de quienes se hallan desprovistos del poder. b. El clientelismo es una forma de negociaci ó n, mediante la cual, las clases dominantes distribuyen los bienes y servicios…
p. 249
22Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 422 citas
[26]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
[27]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
23Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4971 cita
[28]los partidos por su capacidad para administrar el clientelismo, fenómeno permanente de la política que tomó ribetes dramáticos en Colombia durante el periodo frentenacionalista. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática y la lucha ideológica, los partidos fueron asimilándose y…
p. 497
24Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2311 cita
[29]clientelar, la capacidad de acumular recursos públicos y redistribuirlos de manera discrecional. Pero las elecciones locales bajo las nuevas condiciones institucionales de descentralización y de competencia, también dieron un duro golpe a la parte local del encadenamiento clientelar, rompiendo lealtades y preferencias…
p. 231
25Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 261 cita
[30]at high levels it consists in power, prestige, social and political connections, positions, contracts, opportunities (bureaucratic, economic); in the middle levels: positions, contracts, political support and material resources to make pol- itics (money, gifts and other perks). In clientelistic bases, the counter-gift…
p. 26
26Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 441 cita
[31]Y L U G A R E S D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O Oligarquía, populismo, clientelismo Interesa constatar que en Colombia nunca han sido derrotadas políticamente las clases dominantes y diligentes de la "república oligárquica”.28 Civilistas y antimilitaristas —desde la década de 1810 hasta fines…
p. 44
27Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 172, 1742 citas
[32]alianza con los gamonales, desafiando incluso el po- der de éstos en algunas zonas, actuan- do con pretensiones de sustituirlos en otras. Una muestra evidente de esto la Capítulo 7 177 dio «Desquite», quien llegó a autopro clamarse Jefe Civil y Militar del norte del Tolima. Claro está que una decla- ración de tal tipo…
p. 174
[36]poder. En estas últimas resultaba casi imposible hacer tabla rasa del pasado. Ni siquiera se podría afirmar que la Violencia perteneciera al reino del pa- Un ejemplo característico de amenaza y boleteo, firmado por Efraín González. "Las bandas apelaron a formas que le dieron a la Violencia un carácter visiblemente…
p. 172
28Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 cita
[33]la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…
p. 430
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[34]par- tidista, electoral e ideológica, buscando, sobre todo, ejercer presión mediante el terror, no sólo contra liberales, sino contra todo aquello que a los ojos de los dirigentes conservadores, estaba en contra del orden, las instituciones, la nación y la Iglesia». Betancourt y García, Matones y Cuadrilleros. Origen…
p. 51
30Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 61 cita
[35]prevent real reform. 14 Gaitán gained great national popularity, capturing the imagination of peasants and the urban working class by promising land redistribution and an end to the dominance of the oligarchy. He was considered a sure bet for Liberal presidential candidate, until he was assassinated in Bogotá in 1948…
p. 6
31No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[37]el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…
p. 72
32Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2351 cita
[38]infeliz como al poderoso, cuando cualquiera de ellas tenga razón y justificación como ellas, en fin, no tienen consideración a las personas sino a los derechos de ellas, es que hoi elevo, por mi i en nombre de mis compañeros, mis quejas ante el impasible y recto jusgado… 172. A lo largo del siglo, el Congreso Nacional…
p. 235
33Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 3631 cita
[39]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…
p. 363
34Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2021 cita
[40]sobre todo en Cundinamarca y Tolima, donde había gran des haciendas cafeteras (Sánchez, 1977). También algunos candidatos del partido liberal y conservador trataron de aumentar sus caudales electorales respaldando las solicitudes de los invasores en algunas regiones; la pesca política se puso al día. 85 Dice LeGrand:…
p. 202
35Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4451 cita
[41]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…
p. 445
36Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5291 cita
[42]declive del régimen laboral de las haciendas basado en el arrendamiento de servicios. Recuérdese asimismo el reconocimiento de los derechos de or- ganización y de huelga (Ley 83 de 1931) durante el gobierno de Olaya Herrena, y el consiguiente aumento de los sindicatos rurales y ligas campesinas que fueron reconocidos…
p. 529
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 501 cita
[43]jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…
p. 50
38La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 841 cita
[45]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…
p. 84
39Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4241 cita
[46]o de grupo "sólo pueden controlar a sus propios miembros y obtener su apoyo al domi- nar o invadir todos los aspectos de sus vidas, sus prácticas ritua- les, matrimoniales, económicas y de otra índole" 9. Aunque sutil, la expansión territorial de los nuevos actores en armas, en el caso colombiano, genera un triple…
p. 424
40El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2451 cita
[47]el que las élites políticas intentaban recapitular y superar su brutal historia de enfrentamientos. Sin embargo, pronto aparecieron dinámicas y diseños que apuntaban a una relocalización de la función de la Po 240 P r i v a t i z a c i ó n d e i. a s e g u r i d a d: u n a m i r a d a p a n o r á m i c a licía, esta…
p. 245
41Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 391 cita
[48]que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…
p. 39
42Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1541 cita
[49]por esa vía, disciplinaron la variación territorial y temporal del fenómeno. Segundo, intro- ducen la variable violencia de manera sistemática en el análi- sis. Tercero, evidencian las tensiones entre política y economía entre los aspectos que los actores involucrados querían maxi- mizar con la gestión de estos…
p. 154
43El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 711 cita
[52]intersticios en valles y vegas tropicales que quedaban entre las ciudades donde se cocinaban las guerras civiles, el gamo- nalismo y el ambicioso juego por el poder estatal. Los colonos huían con frecuencia de esas guerras fratricidas y buscaban recons- truir sus comunidades en paz y en aislamiento relativo, por donde…
p. 71