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Biografía

Solón Wilches

Estados Unidos de Colombia

1835–1893

17 min de lectura25 documentos
Nacimiento1835
Fallecimiento1893
RolesCaudillo militar y político del Estado Soberano de Santander · Presidente del Estado Soberano de Santander
Lugar principalSantander, Colombia
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

Solón Wilches Calderón (1835–1893) fue el caudillo militar y político que durante casi dos décadas encarnó el poder radical en el Estado Soberano de Santander, aquella pieza clave del tablero federal colombiano cuya autonomía definió buena parte del pulso entre liberales y conservadores bajo la Constitución de Rionegro. Presidente de su Estado en varias ocasiones, general en las guerras civiles del ciclo federal y candidato de los liberales radicales a la presidencia de la Unión en las elecciones de 1883 —donde lo derrotó Rafael Núñez—, Wilches pertenece al puñado de nombres imprescindibles para entender cómo funcionó, y por qué se desmoronó, el experimento de los Estados Unidos de Colombia. Su trayectoria condensa las virtudes y las limitaciones del gamonalismo santandereano: fuerza territorial, disciplina partidista, capacidad de arrastre electoral y militar, pero también una autoridad ligada al fraude, a la fuerza armada y a un federalismo que, cuando llegó la hora del ajuste nacional, no supo defenderse fuera de sus feudos.

02

Línea de vida

  1. 1835

    Nacimiento

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    Nació en 1835 en el territorio que sería el Estado Soberano de Santander, en el seno de la sociedad mestiza, mercantil y provinciana que adoptó el liberalismo como emblema político.

  2. 1876

    Guerra civil de 1876–1877

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    Participó como jefe militar en la defensa del fortín radical santandereano frente al alzamiento conservador contra el gobierno de Aquileo Parra. El conflicto, cuyo epicentro inicial estuvo en Santander, duró once meses y consolidó a Wilches como figura militar de proyección nacional.

  3. 1877

    Presidencia del Estado Soberano de Santander y legislación anticlerical

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    Durante su mandato como presidente del Estado, Santander promulgó legislación anticlerical que llevó al destierro del obispo de Pamplona y al arresto de párrocos desafectos, expresión del radicalismo santandereano en su cenit.

  4. 1877

    Contrato para el ferrocarril Bucaramanga–Magdalena

    Leer contexto

    El 24 de septiembre de 1877, bajo la Ley 42 de ese año, se firmó el contrato para construir un ferrocarril entre Bucaramanga y el río Magdalena. El proyecto buscaba integrar las cuatro comarcas mal comunicadas de Santander, pero no prosperó y no dejó siquiera una trocha aprovechable.

  5. 1883

    Candidatura presidencial y derrota ante Núñez

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    Fue lanzado como candidato 'ocasional' de los liberales radicales en las elecciones del primer domingo de septiembre de 1883. Perdió frente a Rafael Núñez, quien contaba con la mayoría de los estados, el apoyo conservador y los votos de los liberales independientes. Núñez tomó posesión el 7 de agosto de 1884.

  6. 1884

    Rechazo de las legaciones diplomáticas y nombramiento de Roldán

    Leer contexto

    Núñez intentó alejar a Wilches de Santander ofreciéndole primero la Legación en Caracas y luego la de Roma; Wilches rechazó ambas. El gobierno respondió nombrando a Antonio Roldán jefe civil y militar del Estado de Santander, reduciendo así la influencia de Wilches sin necesidad de exiliarlo.

  7. 1885

    Última guerra civil del período federal

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    Los radicales, encabezados por caudillos como Wilches, protagonizaron la guerra contra Núñez durante el bienio 1884–1886. La derrota radical fue militar e institucional: el 10 de noviembre de 1885 Núñez instaló el Consejo Nacional de Delegatarios, sin un solo radical, que redactó la Constitución de 1886.

  8. 1886

    Fin del Estado Soberano de Santander y de la base política de Wilches

    Leer contexto

    La Constitución de 1886 estableció un régimen centralista, dividió el país en departamentos y suprimió los Estados Soberanos. Con ello desapareció el marco institucional que había dado sentido a toda la carrera de Wilches como caudillo federal.

  9. 1893

    Muerte

    Leer contexto

    Murió en 1893, ya en plena hegemonía conservadora, como figura del ciclo federal derrotado, general de un Estado Soberano que había dejado de existir siete años antes.

La semblanza

Wilches no fue un tribuno de las ideas ni un hombre de doctrina como lo eran Manuel Murillo Toro, Santiago Pérez o el propio Aquileo Parra. Fue algo distinto y, en cierto sentido, más característico del ciclo federal: un jefe territorial. Su nombre significaba una red de lealtades locales, un ejército disponible en cuestión de semanas, una capacidad de imponer resultados electorales en Santander y una influencia que se dejaba sentir en Bogotá cada vez que había que contar votos para una presidencia federal o armas para una guerra. En un país donde entre 1851 y 1895 estallaron siete guerras civiles y numerosas revueltas locales, todas peleadas bajo banderas conservadoras y liberales, la figura del caudillo regional con base propia era la moneda corriente del poder. Wilches fue esa moneda en Santander: el hombre que, mientras el radicalismo tuvo Estado, garantizaba que Santander siguiera siendo su fortín.

La época se lo permitió y, en buena medida, lo produjo. La Constitución de 1863 había reducido el poder del Ejecutivo federal, había dividido el país en nueve estados soberanos con autonomía casi equivalente a la de países independientes y había dejado en manos de cada uno de ellos sus códigos civil, minero, de tierras y electoral. En ese sistema, Antioquia y Tolima estaban dominados por los conservadores, de modo que la disputa por los siete restantes se convertía en la partida decisiva de cada elección federal. Santander, con su tradición liberal, su clase alta relativamente homogénea y su capacidad militar probada, era una de las piezas mayores. Quien mandara allí mandaba en buena parte de la Unión. Y quien mandó allí, durante los años en que el radicalismo tuvo aún filo, fue Solón Wilches.

Los orígenes

Nació en 1835, cuando la Nueva Granada apenas se acomodaba tras la disolución de la Gran Colombia y las primeras guerras civiles del siglo comenzaban a labrar la geografía política que él habría de heredar. Santander —el territorio, todavía no el Estado Soberano— era desde entonces una comarca de villas comerciantes, tierras de mediana propiedad, tabacaleras y una clase alta que, según los letrados que la describieron desde Bogotá —Manuel Ancízar, José María Samper, José María Vergara y Vergara—, se presentaba como resultado de una mezcla predominantemente mestiza, con componentes españoles (aragoneses, catalanes) e indígenas distintos del tipo chibcha. Aquellas descripciones tenían tanto de retrato como de discurso de racialización regional, pero fijaron una idea que sería políticamente productiva: la de un Santander étnicamente más homogéneo que el resto del país, cuya clase dirigente adoptó el liberalismo como emblema de ascendencia social. A diferencia del Cauca, donde el liberalismo obandista se apoyó en la movilización de negros y mulatos, el liberalismo santandereano tenía un componente notarial, mercantil, provinciano y militarizado. Ese fue el mundo en el que Wilches se formó y aprendió el oficio.

Su carrera se hizo, como la de tantos de su generación, en la intersección entre las armas y la política, sin costura visible entre ambas. Los ejércitos gubernamentales de la época iban vestidos con uniformes heterogéneos y los revolucionarios con ropa campesina; el mando dependía menos de la habilidad táctica que del ingrediente emocional, del prestigio local y de la capacidad de convocar hombres. Wilches sobresalió en ese registro. Cuando llegó el ciclo de guerras civiles del período radical, ya era un jefe reconocido, y hacia la década de 1870 su nombre estaba entre los que decidían el destino de Santander.

La trayectoria: caudillo del Estado Soberano

La guerra civil de 1876–1877 fue el episodio que consolidó a Wilches como figura nacional. El conflicto lo desencadenaron los conservadores, alzados contra el gobierno liberal de Aquileo Parra —santandereano él también— para frenar su proyecto de educación laica. Duró once meses, se libró principalmente en el Cauca y el Tolima, y costó el equivalente al 118 % del presupuesto nacional aprobado para 1878. Su epicentro inicial estuvo en Santander, precisamente porque allí se concentraba el fortín radical y porque la reacción conservadora quería golpear al liberalismo en su corazón. Las tropas liberales que resistieron y luego contraatacaron —en el Cauca, predominantemente negras y mulatas; en Santander, de composición distinta— destruyeron propiedades conservadoras y llegaron a saquear Cali en la Nochebuena de 1876. El alzamiento fue derrotado y, para lograrlo, las dos facciones del liberalismo —radicales e independientes— se unieron brevemente en una coalición que la política posterior desmentiría.

Tras la victoria, los liberales santandereanos radicalizaron su programa. En 1877 promulgaron legislación anticlerical que llevó al destierro del obispo de Pamplona y al arresto de párrocos desafectos. Fue el gesto típico del radicalismo santandereano en su cenit: convertido en Estado, se comportaba como una república hostil a la Iglesia. Wilches se movió en ese ambiente como pez en agua. Su presidencia del Estado Soberano —recurrente en esos años— combinó administración interna, control electoral y proyección de fuerza hacia los estados vecinos. Bajo su gestión, Santander intentó ordenar su territorio, incluidas zonas de conflicto con poblaciones indígenas como el Carare-Opón, prolongación de tensiones que venían desde décadas antes, cuando en 1837 el Estado había enviado una misión armada a la región y Aquileo Parra, aún gobernador, había dejado constancia de la situación.

En materia económica, la administración santandereana de esos años estuvo atravesada por el sueño ferroviario. El 24 de septiembre de 1877, bajo el amparo de la Ley 42 de ese año, se firmó el contrato entre el empresario Ross, Luis Bernal y el Ministerio para construir un ferrocarril entre Bucaramanga y el río Magdalena, con inicio de obras cerca de la desembocadura del río Sogamoso. El proyecto respondía a un problema estructural que Wilches y su generación conocían de sobra: los cuatro grupos de población que se extendían entre la frontera norte de Cundinamarca y Bucaramanga, separados por la sierra de Gámbita y las hoyas de los ríos Saravita y Chicamocha, tendían a orientarse hacia salidas distintas al Magdalena, de modo que Santander no funcionaba como un solo mercado sino como cuatro comarcas mal cosidas. El ferrocarril debía coserlas. No lo hizo. El proyecto del Carare no dejó siquiera una trocha aprovechable, y la infraestructura santandereana siguió siendo un rompecabezas de caminos de herradura, arrieros y ríos difíciles.

Mientras tanto, el capital comercial se movía por su cuenta. En Bucaramanga, San Gil y Cúcuta, comerciantes —varios de ellos alemanes— abrían haciendas de café con capitales acumulados en el comercio de importación, en las quinas, en el tabaco. Ese proceso, silencioso, iba fabricando la economía cafetera que sería el gran cambio santandereano de las décadas siguientes, y lo hacía por debajo de las guerras civiles y los pronunciamientos militares que ocupaban a Wilches. Es una tensión típica del período: los caudillos discutían el poder político con las armas mientras la economía real se transformaba a su lado, casi sin pedirles permiso.

La candidatura de 1883 y el pulso con Núñez

El momento culminante de la carrera de Wilches llegó en septiembre de 1883, cuando los liberales radicales lo lanzaron como su candidato a la presidencia de los Estados Unidos de Colombia frente a Rafael Núñez. Se le describió entonces como “candidato ocasional”, expresión reveladora: no era el nombre esperable de una convención doctrinaria del radicalismo, sino el jefe territorial que el radicalismo pudo articular cuando había que oponerse al proyecto nuñista. Los radicales, para entonces, ya eran los enemigos más tenaces de Núñez, y Wilches —mandatario en ejercicio del Estado de Santander— era el bloque de poder más contundente que podían presentar.

Las elecciones se celebraron el primer domingo de septiembre de 1883. El resultado no fue competitivo. Núñez ganó porque contaba con la mayoría de los estados, con el respaldo compacto del conservatismo y con los votos de los liberales independientes que se habían separado del radicalismo años atrás. La derrota de Wilches fue, más que una derrota personal, la constatación de que el radicalismo había perdido la partida nacional aun antes de que las urnas se abrieran. Su base de coalición se había agotado; sus enemigos, en cambio, habían aprendido a sumarse. Núñez tomó posesión el 7 de agosto de 1884, y desde el primer momento comenzó a articular el discurso —la “centralización política”, la crítica a las “utopías” federales, el llamado a una estructura “enteramente distinta”— que en dos años se convertiría en la Constitución de 1886.

La derrota electoral no significó, sin embargo, el retiro de Wilches. Al contrario: seguía siendo mandatario en Santander y jefe militar de un aparato liberal con capacidad de movilización. Núñez, que conocía a los caudillos regionales porque él mismo procedía de esa cultura política, decidió neutralizarlo por vía diplomática antes que por la fuerza. La estrategia era clásica y elegante: sacar al hombre de su feudo. Primero le ofreció la Legación en Caracas. Wilches no aceptó. Luego, la Legación en Roma. Wilches tampoco aceptó. Ambas ofertas eran salidas doradas —cargos de prestigio, sueldo estable, distancia respetable— y en la lógica pura del caudillo pragmático habrían debido tomarse. Que Wilches las rechazara sugiere que su vínculo con Santander y con el orden radical no era puramente instrumental: había algo —convicción, honor, cálculo de retorno, lealtad a un grupo— que le impedía convertirse en embajador de la Regeneración incipiente.

La respuesta de Núñez fue entonces menos elegante y más eficaz. El gobierno central nombró a Antonio Roldán jefe civil y militar del Estado de Santander. Con ese nombramiento, la influencia de Wilches quedó disminuida sin necesidad de exiliarlo. El feudo seguía existiendo formalmente, pero la autoridad efectiva se había desplazado. Es un episodio revelador de cómo operaba Núñez con los caudillos regionales: al general Santodomingo Vila, en Panamá, lo removió aprovechando un incidente con el periódico Star and Herald; a Wilches lo tanteó con la diplomacia y, al no lograr sacarlo, lo cercó con un jefe civil y militar de designación central. Distintos hombres, distintos métodos, un mismo objetivo: vaciar a los caudillos de su base regional sin librar una batalla frontal contra cada uno.

La guerra de 1885 y la Regeneración

En 1884, con Núñez ya en la presidencia, el orden público se turbó en Cundinamarca, Boyacá, Santander, Magdalena y parcialmente Bolívar. La escalada era previsible. Los radicales, empujados por la derrota electoral y por el desplazamiento de sus caudillos, se lanzaron a lo que sabían hacer: la guerra. El bienio 1884–1886 fue el escenario de la última guerra civil del período federal, protagonizada por los radicales contra Núñez, y su desenlace selló el final de la Constitución de 1863. Fue una guerra a la manera del período: ejércitos irregulares, ingredientes emocionales por encima de la técnica militar, uniformes heterogéneos del lado del gobierno y ropa campesina del lado revolucionario.

La derrota radical no fue solo militar; fue institucional y definitiva. El 10 de noviembre de 1885 —con la insurrección ya vencida— Núñez instaló en Bogotá el Consejo Nacional de Delegatarios, integrado por dieciocho miembros conservadores e independientes, sin un solo radical. Ante él pronunció el discurso que fijaba el marco: la Constitución debía reflejar las condiciones naturales del país —topografía, clima, etnología, tradiciones, historia— y no ser obra de la especulación doctrinaria; había que construir una estructura política y administrativa “enteramente distinta” a la vigente. El texto que emergió de aquel Consejo, en gran medida obra intelectual de Miguel Antonio Caro, fue sancionado el 5 de agosto de 1886. Establecía un gobierno centralista, un presidente elegido por voto directo para un período de seis años, la división del país en departamentos gobernados desde Bogotá y un papel prominente de la Iglesia Católica en la vida pública. Los Estados Soberanos —incluido el de Santander, patria política de Wilches— desaparecieron como entidades autónomas. Con ellos desapareció el marco que había dado sentido a la carrera de Wilches.

La Regeneración no fue solamente una reforma constitucional; fue el cierre de un mundo. La hegemonía conservadora que se abrió con ella gobernaría Colombia hasta 1930. Su paquete de medidas, desplegado desde 1880 y consolidado en 1886, alimentaría décadas después el estallido de la Guerra de los Mil Días (1899–1903). En ese proceso largo, Wilches quedó como una figura del ciclo anterior, jefe de un federalismo derrotado, general de un Estado Soberano que ya no existía.

Su red: Santander, los radicales y los adversarios

La trayectoria de Wilches no se entiende sola. Se entiende dentro de una red densa de nombres, lugares e ideas que hicieron y deshicieron el radicalismo colombiano.

Del lado radical, sus referentes fueron los grandes tribunos del ciclo: Manuel Murillo Toro, autoridad intelectual y política del liberalismo doctrinario; Santiago Pérez, presidente y símbolo de la ortodoxia radical; y sobre todo Aquileo Parra, santandereano, presidente durante la guerra civil de 1876–1877 y figura con la que Wilches compartió tanto la geografía política como los enemigos. En el terreno militar, el ciclo federal produjo generales como Sergio Camargo y una tradición de mando en la que Wilches se insertó con naturalidad. Foción Soto, otro santandereano de armas y de partido, es parte del mismo mapa: la generación que hizo del radicalismo un aparato tanto como una doctrina.

Del lado adverso, Rafael Núñez es el nombre decisivo. Cartagenero, ex liberal, jefe primero de los independientes y luego arquitecto de la Regeneración, Núñez representó la traición sistemática al orden radical —así lo veían los radicales— y, a la vez, la construcción de un proyecto nacional alternativo que supo sumar conservadores, independientes y sectores fatigados de la guerra permanente. Wilches fue su rival de 1883 y su problema en Santander durante todo el bienio siguiente. El pulso entre ambos —urnas, legaciones rechazadas, nombramiento de Roldán, guerra civil— es una de las líneas más nítidas del período. Detrás de Núñez, la sombra intelectual de Miguel Antonio Caro; junto a él, la generación conservadora que produciría a Marco Fidel Suárez en las décadas siguientes.

Del lado geográfico, la red de Wilches se despliega en un mapa concreto: Concepción y Pamplona en el nororiente, Bucaramanga como centro emergente por el café y el comercio, Cúcuta como salida hacia Venezuela y puerto seco de una economía cafetera en expansión, el Socorro con su tradición comunera y liberal, San Gil como nudo comercial. Bogotá, en el altiplano, era el escenario nacional donde se ganaban y perdían las presidencias; Santander, el territorio donde se sostenía o se derrumbaba el poder. Toda la carrera de Wilches se juega en el eje que une esos dos polos: el altiplano donde se decidía la Unión y las cordilleras donde se construía el gamonal.

Del lado de las ideas, la red es más ambigua. El liberalismo santandereano fue anticlerical, laicista en materia educativa, defensor del federalismo, comprometido con las libertades individuales que la Constitución de 1863 había convertido en dogma. Wilches suscribía ese ideario sin ser su teórico. Su liberalismo era el de la práctica: un modo de organizar el poder en Santander, de tratar con los curas, de repartir cargos, de convocar tropas cuando hacía falta. Que ese liberalismo tuviera contenido real —lo tenía— no lo separaba del hecho de que también funcionaba como marco de dominación de una clase alta regional. Ambas cosas eran ciertas al mismo tiempo, y esa doble naturaleza es la que hace a Wilches un personaje tan característico del período.

Los límites del sistema que lo produjo

Conviene detenerse en el punto porque explica tanto a Wilches como su derrota. El federalismo de Rionegro había sido diseñado para limitar el poder central y garantizar libertades. En la práctica, produjo caudillos regionales cuya autoridad dependía del control de aparatos electorales locales y de la capacidad de convocar guardias nacionales. El fraude electoral era práctica documentada tanto por los poderes locales como por el gobierno de la federación. Las divisiones internas del Partido Liberal —radicales contra independientes, sobre todo desde los años 1870— se convertían en incentivos para golpes y revoluciones. El gobierno central, ante la ausencia de mecanismos legales para garantizar elecciones limpias, apoyaba ilegalmente a facciones estatales de su preferencia, y a veces prestaba la guardia nacional para derribar gobiernos incómodos.

En ese sistema, Wilches no era una anomalía: era un producto. El feudo santandereano funcionaba porque las reglas del juego lo permitían. Y cuando Núñez armó su proyecto regenerador, no se enfrentó a un hombre sino a una estructura: caudillos como Wilches en Santander, como Santodomingo Vila en Panamá, como otros en Boyacá, Magdalena o Cundinamarca. A cada uno lo trató distinto —a Wilches con legaciones y luego con Roldán, a Santodomingo Vila con el incidente del Star and Herald—, pero el patrón era el mismo: quitarles la base regional para hacer viable la centralización. La astucia con la que Núñez lo hizo fue uno de los detonantes que empujaron a los radicales a la última guerra del período federal. No la única causa, pero sí un ingrediente decisivo.

Este es el sentido profundo de la derrota de Wilches: no fue una derrota personal, sino la caída de un modo de hacer política. El caudillo territorial, tan eficaz mientras el sistema federal lo amparaba, quedaba obsoleto cuando la Constitución de 1886 disolvía los Estados Soberanos y los reemplazaba por departamentos gobernados desde Bogotá. La geografía del poder cambió y los hombres que dependían de la geografía anterior perdieron su plataforma. Wilches sobrevivió a ese cambio unos años —murió en 1893, siete años después de la sanción de la nueva Constitución—, pero no le sobrevivió políticamente.

Su huella

La huella de Solón Wilches es doble y algo esquiva. Por un lado, dejó una biografía nítida como jefe del último gran momento del radicalismo santandereano: la presidencia repetida del Estado Soberano, la victoria contra el alzamiento conservador de 1876–1877 en el frente del nororiente, la candidatura presidencial de 1883, la resistencia a las legaciones ofrecidas por Núñez, el desplazamiento por Roldán y el ocaso durante la guerra de 1885. Sobre esa biografía se apoya buena parte de la historia del liberalismo santandereano tal como la contaron sus herederos.

Por otro lado, Wilches no dejó una obra doctrinaria ni un legado institucional que llevara su nombre. No hay una constitución que le pertenezca —la de 1863 la firmaron otros—, ni una gran reforma administrativa asociable a su persona, ni un proyecto de infraestructura que se le atribuya como padre. El ferrocarril del Carare, sueño de sus años en el gobierno santandereano, no se consumó. Las haciendas de café que estaban naciendo en Bucaramanga, San Gil y Cúcuta se abrieron con capital comercial privado, no con impulso del gobierno regional. El anticlericalismo santandereano de 1877 fue obra colectiva del liberalismo del Estado, no de un decreto personal suyo. Lo que dejó, más bien, fue una figura: la del caudillo santandereano que llegó a disputarle la presidencia de la Unión al hombre que fundó la Colombia moderna, y que perdió esa disputa no por falta de fuerza local sino porque el país había cambiado el terreno bajo sus pies.

Su memoria ha oscilado entre dos lecturas. Una lo recuerda como último gran jefe del radicalismo santandereano, defensor terco de un federalismo derrotado por la fuerza y la astucia del centralismo. Otra lo lee como ejemplo del gamonalismo que el propio sistema federal producía y del que la Regeneración se sirvió para justificarse. Ninguna de las dos lecturas es enteramente falsa. Wilches fue caudillo territorial y fue político con compromisos hacia el orden radical; su poder se construyó sobre el feudo y también sobre una idea del país. La singularidad de su trayectoria —el detalle que lo separa del pragmatismo puro— está en aquel rechazo a las legaciones de Caracas y Roma. Un caudillo sin convicciones habría aceptado; Wilches se quedó en Santander, y por quedarse fue desplazado. Esa terquedad es lo que impide reducirlo a un simple gamonal, aunque gamonal también fuera.

En la historia larga de Colombia, Solón Wilches ocupa el lugar de los perdedores lúcidos de la Regeneración: los que vieron venir el nuevo orden, intentaron impedirlo con las herramientas del anterior —urnas radicales, guerras civiles, alianzas de facción— y quedaron atrapados en el momento en que el país decidió que el federalismo de Rionegro había llegado a su fin. Su derrota no cerró la disputa; solo la trasladó. La Guerra de los Mil Días, que estallaría seis años después de su muerte, sería en buena medida el intento póstumo de los liberales por reabrir la partida que Wilches había perdido en septiembre de 1883. Que ese intento también fracasara no le devuelve la victoria, pero sí le da a su figura el peso de haber sido, en su momento, la última carta seria del radicalismo colombiano.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 27 fragmentos
01El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 4671 cita
[1]

el sentido de formarle causa por mala administración y malversación de fondos. Entre tanto, el primer domingo de septiembre de 1883 habían tenido lugar las nuevas elecciones a la Presidencia. En Bogotá fueron especialmente tumultuosas. Núñez, que contaba con la mayor parte de los estados, triunfó fácilmente sobre el…

p. 467
02Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1431 cita
[2]

Núñez, lo sucede en el mando en abril de 1882, mandato en el cual el ex presi- dente daría muestras de un impresionante poder político al prácticamente impedirle al anciano gobernante ejercer la plenitud de sus escasas Rafael Núñez 159 facultades constitucionales, según se aprecia en su reseña. El cartagenero…

p. 143
03Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 49, 512 citas
[3]

redil radical. Los in- dependientes se unían en la oposición, pero estar en el gobierno los dividía, y muchos empezaban a ver peligrosa la estrategia nuñista y a preferir buscar la unión liberal para hacer solos las re- formas. Las suspicacias aumentaron con el discurso de Núñez en la Uni- versidad Nacional, cuando…

p. 49
[4]

de propiedades confiscadas. Pero la tensión continuaba. Ricardo Becerra, el principal nuñista del Con- greso, fue atacado a bala. Núñez se fue a Cartagena, a escondidas, para sacarle el cuerpo al frío y a las intrigas de la «ciudad nefanda». En un aten- tado contra el gobernador de Cundi- namarca, Daniel Aldana, murió…

p. 51
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 871 cita
[5]

ral [...]; al general Wilches, prestigioso jefe de Santander, quiso alejarlo N úñ ez de su feudo ofreci é ndole primero la Legaci ó n en Caracas y luego la de Roma, que é ste no acept ó; pero su influencia qued ó disminuida cuando el gobierno nombr ó a don Antonio Rol- d á n jefe civil y militar de ese Estado. Un…

p. 87
05Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 291 cita
[6]

de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…

p. 29
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 238, 2412 citas
[7]

de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…

p. 241
[9]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
07Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1971 cita
[8]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
08Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 981 cita
[10]

caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…

p. 98
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1431 cita
[11]

el fraude para garantizar ese voto era grande, tanto para los poderes locales como para el gobierno de la federaci ó n. Las divisio nes del Partido Liberal se convert í an en incentivos para golpes y re voluciones y, como dos estados fueron dominados por los conserva dores (Antioquia y Tolima), la disputa por los…

p. 143
10¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
[12]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2951 cita
[13]

y desorganizado de muchedumbres solía caracterizar la «batalla», diferen- ciada por uniformes heterogéneos del lado gubernamental y vestimenta cam- pesina por el de la revolución, cual- quiera que fuese el color político de uno y otro. El valor, el arrojo suicida, la fiebre del combate, la vocación he- roica, el…

p. 295
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 531 cita
[14]

ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

p. 53
13When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 521 cita
[15]

this comment on a contest held in 1856: "Elections were held [and]... a large portion of the population went fleeing into the countryside because two days earlier there were rumblings that election day would see revolution} deaths} hellfire and I don't know what else."35 Failing at the polls} the defeated party fre-…

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14Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 101 cita
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el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

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15Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 1891 cita
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que el surgimiento de una clase obrera, que solo viene a darse a principios del siglo XX, sin negar que el proletariado asalariado ya surgía en las postrimerías del si - glo XIX pero vinculado al comercio y a la explotación agrícola extensiva. 4. La regeneración hasta 1930 E n un artículo Melo 28 hace referencia a los…

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16Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · Página 441 cita
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util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
17De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
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civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
18La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 211 cita
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durante la campaña de 1930 en «Realidad republicana» y el capítulo final (xv) del segundo tomo de Orientación republicana. El trabajo de Catalina Brugman (2001), valioso desde el punto de vista documental y útil como síntesis histórica del periodo republicano de gobierno, pasa por alto este hecho y considera que el…

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19Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 5681 cita
[21]

varios ensayos periodísticos, el señor Núñez advir- tió que la Regeneración era un movimiento que tendía hacia la racionalización del Estado y la vida política: «Si mal no comprendemos y apreciamos la situación, es la ver- dad que estamos saliendo de la época de la imaginación para 569 Eíndnice r ístasóe ld te…

p. 568
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 221 cita
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con la indígena, e indígena pura; la primera y la última forman el menor número, y cuando la absorción de la raza indígena por la europea se haya completado, lo que no dilatará mucho, quedará una población homogénea, vigorosa y bien conformada, cuyo carácter será medianero entre lo impetuoso del español y lo calmudo y…

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21Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 581 cita
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framework, could maintain itself only if it subjected the people to the old social order, and the provinces to the old tried and tested methods of colonial rule. Yet liberalism managed to take hold within the electoral map of the country: in places such as Cauca, by mobilising popular forces - blacks and mulattos, the…

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22Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1701 cita
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nineteenth century than in the first half. For example, in 1837 the government sent a mission of twenty-four armed men to the Carare Opon. The report to this mission describes the Indians as peaceful. A letter sent by the head of the mission to the governor of the San- tander Province reads as follows: Certainly,…

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23Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · Página 631 cita
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del ferrocarril del Nor- te, propietaria de estos derechos, en la que se pedía la verificación de su liquidación para poder perfeccionar el contrato 94 • La compañía le manifestó al Ministerio su intención de liqui- darse en cuanto se iniciara la construcción de la nueva línea y a partir de ese momento se entendería…

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24Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 1781 cita
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frutas. Es muy de lamentar que de los traba- jos a que dio origen el proyectado ferrocarril del Carare no quedase una trocha siquiera por el trazado de aquel, trocha que hubiera podido convertirse después en una buena vía de montaña. Desde la frontera norte de Cundinamarca hasta Bu- caramanga, en una distancia de…

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25El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1781 cita
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pronto" = pronunciamiento serio; "bueno" = entró a. 1 al Vél ". d d" al' fi ". " servtr e gener ez; sm nove a = s 1eron uerzas; memorias = va- pores; "memorias a todos" = vapores cogidos por la revolución. De hecho están los dramatis personae básicos y las situaciones inevitables.31 Los Ospina no son un caso…

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