Marco Fidel Suárez
Regeneración
1855–1927
La biografía
Marco Fidel Suárez fue presidente de Colombia entre 1918 y 1921, gramático de oficio y canciller antes de serlo, y una de las figuras más singulares que produjo la Hegemonía Conservadora: hijo ilegítimo de lavandera antioqueña que se abrió camino desde el seminario hasta el palacio presidencial por la vía estrecha del latín, la piedad católica y la lógica formal. Su gobierno acuñó la doctrina de política exterior más duradera del siglo XX colombiano —el Réspice polum, la orientación decidida hacia Estados Unidos— y su caída, precipitada por escándalos financieros personales y por la crisis fiscal de la posguerra, marcó el momento en que dos fracciones del conservatismo, la letrada-eclesiástica y la modernizadora empresarial, se rompieron a plena luz. Suárez encarna, más que cualquier otro presidente del período, la paradoja de un ascenso meritocrático posible solo dentro de un orden confesional que él mismo ayudó a legitimar y que terminó devorándolo.
Línea de vida
- 1855
Nacimiento en Hatoviejo (hoy Bello, Antioquia)
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Nació hijo ilegítimo de Rosalía Suárez, lavandera, y de José María Barrientos, quien no lo reconoció. Su origen doblemente marginal —pobreza e ilegitimidad— condicionó su trayectoria entera y lo llevó al seminario como única vía razonable de ascenso social.
- 1886
Inserción en el círculo filológico de Caro y Cuervo
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Formado en el seminario con sólido dominio del latín y la lógica formal, Suárez se integró al entorno letrado dominado por Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo, acumulando el capital simbólico de la gramática como moneda de ascenso político en el orden regenerador establecido por la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887.
- 1914
Canciller bajo el gobierno de José Vicente Concha
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Asumió el Ministerio de Relaciones Exteriores y participó en la negociación del Tratado Urrutia-Thomson para normalizar relaciones con Estados Unidos tras la separación de Panamá. El 15 de julio de 1916 suscribió el tratado definitivo de límites con Ecuador. Formuló en este período la doctrina Réspice polum, orientación geopolítica hacia Estados Unidos.
- 1914
Junta del monumento a Rufino José Cuervo
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Integró la junta que promovió la elaboración del monumento a Rufino José Cuervo, inaugurado el 17 de julio de 1914, gesto que reveló cómo el capital simbólico de la filología se traducía en pertenencia a la élite letrada bogotana.
- 1918
Elección presidencial y toma de posesión
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El 11 de febrero de 1918 obtuvo 216.595 votos frente a 166.498 del poeta Guillermo Valencia, respaldado por liberales, republicanos y conservadores históricos. Los periódicos liberales denunciaron fraude gigantesco, señalando que los curas rurales orientaron el voto masivo hacia Suárez. Tomó posesión en agosto de 1918.
- 1919
Centenario de Boyacá y creación de la Cruz de Boyacá
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El 7 de agosto de 1919 dirigió una alocución desde el campo de batalla de Boyacá y creó la Cruz de Boyacá, condecoración otorgada inicialmente a oficiales del ejército y extendida después a civiles, convirtiéndose en la más alta distinción del Estado colombiano.
- 1921
Crisis fiscal y renuncia a la presidencia
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La balanza comercial registró un déficit de cerca de 42 millones de pesos en 1920 y las rentas nacionales cayeron a 19 millones en 1921. La campaña parlamentaria de Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo expuso irregularidades financieras del presidente, precipitando su renuncia antes de concluir el período 1918-1922.
La semblanza
Hay pocos personajes en la historia política colombiana cuya biografía intelectual sea tan indisociable del cargo que ocuparon. Suárez llegó a la presidencia siendo, ante todo, gramático: autor de los Sueños de Luciano Pulgar, extensa colección de ensayos y disquisiciones publicados a lo largo de décadas, y filólogo respetado en el círculo que dominaba la vida letrada bogotana desde finales del siglo XIX. Humanista de formación seminarista, con dominio notable del latín y de la lógica formal, cultivaba una piedad religiosa intensa que impregnó tanto su prosa como su ejercicio del poder. Él mismo se dio a la humildad autodeprecatoria hasta el punto de llamarse alguna vez paria, en referencia a su origen ilegítimo y humilde.
Ese perfil —el del intelectual eclesiástico devenido estadista— fue lo que sus enemigos usaron para caricaturizarlo. Al gobierno de Suárez lo llamaron teocrático y ultramontano, apoyado sin reservas por la Iglesia y volcado hacia el pasado en un país que, tras la Primera Guerra Mundial, empezaba a exigir modernización administrativa, expansión ferroviaria y crédito internacional. La calificación era polémica pero no arbitraria: expresaba la tensión real entre el modelo de gobierno parroquial que Suárez y su antecesor José Vicente Concha administraban —desde el ejecutivo y el legislativo se veía en las tendencias modernizantes un atentado contra la moral y las buenas costumbres— y las demandas materiales de una burguesía industrial y financiera en plena expansión cafetera.
Los orígenes: Hatoviejo, el seminario y el capital de la gramática
Marco Fidel Suárez nació en 1855 en Hatoviejo, población antioqueña que después se llamaría Bello, hijo de Rosalía Suárez, lavandera del pueblo, y de José María Barrientos, quien no lo reconoció. Ese origen doblemente marginal —la ilegitimidad y la pobreza— condicionó su trayectoria entera. En la Colombia de la segunda mitad del siglo XIX, para un niño así solo existía una vía razonable de ascenso: la Iglesia. Y a esa vía se acogió cuando entró al seminario, donde aprendió el latín que después esgrimiría, ya presidente, como consigna diplomática.
Ahí se forjó el perfil que definiría al hombre público: humanista a la usanza de quienes recibían educación para eclesiásticos, gramático meticuloso, lector devoto de los clásicos y de los padres de la Iglesia, escritor de prosa cuidada. No terminó ordenándose, pero conservó del seminario la disciplina intelectual, la piedad y una manera de mirar el mundo que sus adversarios modernos leerían como anacronismo. Ese perfil, sin embargo, era exactamente el que el orden regenerador necesitaba: la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, negociados por Rafael Núñez, habían establecido un marco institucional que unía Estado e Iglesia con una densidad excepcional en América Latina —catolicismo como religión oficial, devolución de propiedades eclesiásticas confiscadas, educación pública sometida a los preceptos de la Iglesia, abolición del divorcio— y ese marco necesitaba intelectuales que lo poblaran de sentido.
Suárez encontró su lugar en el círculo filológico que dominaban Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo, las dos cimas de la lingüística colombiana del período. Cuervo, autor de las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, era la figura tutelar de esa tradición; Caro, filólogo, latinista y coautor intelectual del orden regenerador, ejerció además la presidencia y sirvió como puente entre la erudición y el poder. Suárez integró la junta que promovió el monumento a Cuervo, inaugurado el 17 de julio de 1914, gesto revelador de cómo el capital simbólico de la filología se traducía en pertenencia a una élite letrada. En la posterior Selección Samper Ortega, Caro figuraría con Del uso en sus relaciones con el lenguaje y Cuervo con El castellano en América, en una constelación en la que Suárez, sin ser filólogo puro, había aprendido a moverse como en casa.
Ese fue su capital: la gramática. En un país donde el linaje y la propiedad eran las llaves del poder, un hijo de lavandera solo podía acumular otra clase de moneda, y Suárez acumuló la más prestigiosa disponible. Los Sueños de Luciano Pulgar, obra a la que dedicó buena parte de su vida, mezclaban meditación moral, disquisición gramatical, comentario histórico y prosa ensayística de vocación clásica. La obra sobreviviría a su autor como fuente citada en investigaciones historiográficas posteriores.
La trayectoria: cancillería, Réspice polum y la elección de 1918
Ese capital gramatical —acumulado en el seminario, refinado en el círculo de Caro y Cuervo— encontró su traducción política cuando Suárez pasó del monumento a Cuervo al despacho de la cancillería. Fue canciller durante el gobierno de José Vicente Concha, que ocupó el Palacio de la Carrera entre 1914 y 1918, y desde esa posición participó en dos frentes decisivos. El primero fue la fijación de fronteras: Colombia suscribió tratados de límites con Ecuador y Venezuela, incluyendo el tratado definitivo con Ecuador firmado el 15 de julio de 1916. El segundo, más denso políticamente, fue la relación con Estados Unidos tras la separación de Panamá, cicatriz abierta en la memoria diplomática colombiana desde 1903.
El instrumento para cerrar esa herida era el Tratado Urrutia-Thomson, negociado para normalizar las relaciones bilaterales y abrir la puerta a créditos e inversión norteamericana. El problema era que el Senado de Estados Unidos no lo ratificaba. En julio de 1916, el presidente Concha se dirigió al Congreso colombiano precisamente para exponer el estancamiento del asunto en Washington, en un contexto donde la indignación pública por Panamá seguía viva y donde la política exterior colombiana mantenía a la vez una neutralidad frente a las naciones beligerantes de la Primera Guerra Mundial, neutralidad leída por algunos menos como postura activa y más como inercia localista de un aparato diplomático limitado.
Fue en ese cruce donde Suárez formuló la doctrina que le sobreviviría a él y a su generación: Réspice polum, mirar al polo, mirar al norte. La consigna latina —herencia visible del seminario— sintetizaba una constatación geoeconómica antes que una preferencia ideológica. La Primera Guerra Mundial había desplazado a Gran Bretaña como principal mercado e inversor de Colombia, y Estados Unidos se convertía en el socio dominante con una velocidad vertiginosa: las importaciones colombianas provenientes de Estados Unidos pasaron de cerca del 27% en 1913 al 72% en 1919. Frente a ese hecho, orientarse hacia Washington no era una elección entre alternativas: era la lectura racional de un mapa que estaba cambiando de dueño. La doctrina, sin embargo, tendría después una vida propia que trascendería su origen coyuntural.
La elección presidencial de 1918 llegó con Suárez como candidato del conservatismo oficial y con el poeta caucano Guillermo Valencia como su principal oponente, respaldado por una coalición amplia que reunía a los liberales, a los republicanos y al sector conservador conocido como los históricos. Entre quienes apoyaban a Valencia figuraban liberales de peso como Benjamín Herrera y Alfonso López Pumarejo, y republicanos como Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto Caballero: un arco político que abarcaba desde la izquierda liberal hasta la disidencia conservadora, unida por el rechazo al perfil confesional del candidato oficial.
La campaña fue violenta. El 20 de enero de 1918, en La Florida, una multitud atacó a coalicionistas dejando un muerto y cuatro heridos; el 4 de febrero, en el barrio Egipto de Bogotá, se frustró un intento de asesinato contra Laureano Gómez, entonces figura ascendente del conservatismo. La votación del 11 de febrero dio a Suárez 216.595 votos, a Valencia 166.498 y al tercer candidato, Lombana Barreneche, 24.041. Los periódicos liberales denunciaron de inmediato un fraude gigantesco. El Tiempo, el 15 de febrero, sostuvo que Valencia había ganado en once de las catorce capitales de departamento y que el resultado se explicaba porque las zonas rurales, orientadas por los curas locales, habían votado masivamente por el candidato oficial. La denuncia no probaba fraude en sentido técnico, pero describía con precisión el mecanismo real: la maquinaria clerical rural, activada por un párroco a la vez, había derrotado al voto urbano ilustrado. Fue precisamente ese diagnóstico —Suárez como presidente de los curas de pueblo— el que sus adversarios convertirían en cuchillo durante los cuatro años siguientes.
El gobierno: obras, centenario y colapso fiscal
Suárez tomó posesión en agosto de 1918 en un país cuya economía estaba a punto de vivir dos sacudones consecutivos: la breve euforia de posguerra y, tras ella, una contracción severa. En 1918 el circulante total del país ascendía a apenas 24 millones de pesos oro, de los cuales el 42% era papel moneda regenerador y el 40% monedas de plata y divisas extranjeras —dólares y libras esterlinas—. Era la fotografía de una economía pequeña, monetariamente frágil y todavía anclada en el patrón de la Regeneración.
En 1919 el valor de las importaciones se duplicó respecto al año anterior, en una avalancha de bienes represados por la guerra que congestionó los muelles y presionó los precios. El gobierno intentó aprovechar el momento poniendo en servicio el muelle de Buenaventura —obra decisiva para el occidente exportador— e intensificando la explotación de las salinas marítimas, dos apuestas modestas pero concretas de infraestructura. También en 1919 se constituyó la Sociedad Colombo-Alemana de transporte aéreo, señalada como la primera empresa de transporte aéreo en América Latina, embrión de lo que después sería la aviación comercial colombiana.
La red ferroviaria, en cambio, apenas se movió: de 1.114 kilómetros en 1915 pasó a 1.318 en 1920 y 1.450 en 1922, a razón de unos quince kilómetros por año. Bastaba mirar el mapa del continente para medir la distancia: Argentina rodaba ya sobre 33.884 kilómetros en 1920, Chile sobre 8.476 en 1915. Ese contraste condensaba el diagnóstico de los críticos modernizadores: bajo Suárez, Colombia seguía siendo un país lento, administrado con criterio parroquial mientras el continente construía otra escala de infraestructura.
El acto simbólico mayor del gobierno fue la conmemoración del centenario de la batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1919. Suárez dirigió una alocución al país desde el antiguo campo de batalla y creó la Cruz de Boyacá, condecoración que inicialmente se otorgó a oficiales del ejército y que después se extendería a civiles hasta convertirse en la más alta distinción del Estado colombiano. Fue un momento de coreografía patriótica muy afín a la sensibilidad del presidente: retórica clásica, evocación heroica, gramática impecable.
El colapso llegó en 1921. La balanza comercial había registrado en 1920 un déficit de cerca de 42 millones de pesos, cifra abrumadora para una economía que solo movía 24 millones de circulante dos años antes. Las rentas nacionales se desplomaron a 19 millones en 1921. El plan de obras públicas se paralizó, el empleo se contrajo, el crédito se cerró, y el pago de maestros, jueces y policías empezó a atrasarse. La crisis golpeó a toda la administración pública y especialmente a los sectores urbanos vinculados al comercio exterior. Un gobierno que había apostado a la modesta expansión de infraestructura se encontró de pronto sin caja para pagar los sueldos básicos del Estado.
La caída: Laureano Gómez, los escándalos y la renuncia
La crisis fiscal habría bastado para debilitar cualquier presidencia. Lo que la volvió terminal fue la aparición, en el Congreso, de un opositor de una precisión demoledora: Laureano Gómez, joven parlamentario conservador que en esos años forjó una alianza táctica —incluso una amistad de compadrazgo— con el liberal Alfonso López Pumarejo. Ambos se convirtieron en el ariete parlamentario contra Suárez, en una coalición transversal que rompía el eje partidista tradicional.
El objeto de la campaña fueron ciertas irregularidades financieras del presidente, en particular negocios con instituciones vinculadas a Pedro A. López y compañía. La materia exacta de los cargos —operaciones que hoy se catalogarían entre el conflicto de intereses y la venta anticipada de sueldos oficiales— importa menos que el efecto: Gómez encontró en el detalle contable la vía para demoler a un presidente que la retórica anticlerical había dejado intacto durante años. A finales de 1921, tras su exposición pública de las irregularidades, el liberal Armando Solano llegó a elogiar a Gómez como el mejor aliado del liberalismo en su lucha por el progreso y la libertad contra el conservatismo arcaico. El elogio, viniendo de la izquierda al conservador más beligerante de su generación, medía la profundidad del realineamiento en curso.
La oposición no venía solo del Congreso. Voceros políticos de la burguesía industrial y financiera —ese sector emergente que la posguerra había fortalecido y que exigía otra clase de Estado— criticaban a Suárez como alguien vuelto hacia el pasado, incapaz de responder a las exigencias de modernización administrativa y económica. La calificación era en parte propaganda de clase y en parte diagnóstico certero: la manera en que Concha y Suárez administraban lo público, con criterio parroquial, resultaba incompatible con la escala de decisiones —crédito externo, política petrolera, infraestructura ferroviaria, régimen monetario— que la nueva economía requería.
A este trasfondo estructural se sumó el otro frente: el difícil debate en torno al tratado con Estados Unidos, cuya aprobación seguía enredada, en un contexto donde la cuestión petrolera y el conflicto entre empresas norteamericanas e inglesas por las concesiones pesaba ya como argumento de peso en las decisiones diplomáticas. El presidente que había acuñado el Réspice polum se encontraba, paradójicamente, atrapado por la lentitud del norte al que había pedido mirar.
Suárez renunció a la presidencia antes de completar su período, presionado por la convergencia de los escándalos personales, la crisis fiscal, la oposición parlamentaria de Gómez y López, y el bloqueo diplomático. Lo sucedió Jorge Holguín como designado, mientras el conservatismo se preparaba para llevar a la presidencia, en 1922, al empresario antioqueño Pedro Nel Ospina, cuya llegada al poder señalaría con claridad el paso de la fracción letrado-eclesiástica a la fracción modernizadora-empresarial dentro del mismo partido. La sucesión no fue una alternancia entre corrientes ajenas: fue una escisión visible entre dos maneras de entender el conservatismo.
Su red: Caro, Cuervo, la Iglesia y el orden regenerador
No se entiende a Suárez sin la Regeneración, y no se entiende a la Regeneración sin la trama de instituciones y personas que la sostuvieron. Rafael Núñez, arquitecto del orden nacido en 1886, firmó el Concordato de 1887 que amarró a la Iglesia con el Estado en un pacto de largo aliento: catolicismo como religión oficial, control eclesiástico de la educación pública, propiedades devueltas al clero, matrimonio indisoluble. Ese marco institucional produjo, durante casi medio siglo, una alianza densa entre el conservatismo y la Iglesia que sectores del clero defendieron con militancia explícita —el canónigo Peñuela, entre otros, sostuvo abiertamente el deber sacerdotal de apoyar al conservatismo y combatir al liberalismo—.
Suárez pertenecía a esa trama por formación, por sensibilidad y por conveniencia política. Su gobierno recibió apoyo irrestricto de la Iglesia, particularmente visible en la movilización electoral rural de 1918; sus opositores lo llamaron por eso teocrático y ultramontano, con un fondo de razón que no debe subestimarse. La red intelectual en la que se formó —Caro, Cuervo, el hispanismo católico bogotano— era exactamente la elite letrada que producía el orden regenerador. Rafael Reyes, con su Quinquenio autoritario de comienzos del siglo XX, había ensayado una vía modernizadora dentro del conservatismo que tensionó momentáneamente ese marco, pero la restauración posterior devolvió el poder a la corriente clásica de la que Concha y Suárez eran expresión.
En el otro extremo del arco político, la oposición se organizaba en torno a varias figuras que rara vez coincidieron en todo pero que compartían el rechazo al perfil confesional del gobierno: Benjamín Herrera, líder liberal veterano de las guerras civiles; Alfonso López Pumarejo, heredero de la banca liberal y futuro presidente reformador; Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto Caballero por el republicanismo; y, dentro del propio conservatismo, primero los históricos que respaldaron a Valencia y después la disidencia parlamentaria de Laureano Gómez. En ese mapa denso Suárez ocupó, siempre, la casilla del hispanismo letrado-católico: nunca la del liberalismo modernizador, nunca la del reyismo autoritario, nunca la del republicanismo moderado.
Con Andrés Bello, cuyo apellido llevaba desde la infancia el pueblo natal de Suárez, la relación era menos personal que simbólica: Bello representaba la matriz gramatical hispanoamericana en la que Caro, Cuervo y Suárez se reconocían como discípulos tardíos. Que el hijo de Rosalía Suárez, lavandera de Hatoviejo —después Bello—, terminara siendo presidente de Colombia por la vía de la gramática venezolana era una simetría que probablemente él, con su afición por las coincidencias significativas, no dejó de notar.
La huella: Réspice polum, los Sueños y una figura disputada
Suárez murió en 1927, seis años después de su renuncia, sin haber recuperado influencia política y con su reputación pública dañada por los escándalos de 1921. Pero su legado se bifurcó de un modo inesperado.
Por un lado, la doctrina Réspice polum sobrevivió a su autor con una vitalidad notable. Cuando Enrique Olaya Herrera llegó a la presidencia en 1930, poniendo fin a la Hegemonía Conservadora, mantuvo activamente la orientación pro-norteamericana asociada a la doctrina, buscando acceso a financiamiento y capital estadounidense en línea con la visión que Suárez había formulado una década antes. La continuidad no fue accidental: los mismos actores que habían derribado a Suárez —la burguesía industrial y financiera modernizadora, el liberalismo económico— compartían la premisa geoeconómica de la doctrina, porque respondía a un hecho estructural del período de entreguerras, no a una preferencia ideológica del presidente derribado. La doctrina expresaba una dependencia estructural más que una elección personal, y por eso trascendió a quien la había enunciado.
Por otro lado, los Sueños de Luciano Pulgar siguieron siendo citados como fuente en investigaciones académicas posteriores, testimonio de la lengua, la sensibilidad moral y la vida intelectual de una época. Suárez el gramático sobrevivió a Suárez el presidente.
Su figura, sin embargo, quedó atrapada en una disputa que no se ha cerrado. La lectura hagiográfica conservadora lo celebra como intelectual autodidacta que llegó desde la pobreza a la presidencia por mérito puro, defensor de la lengua, formulador de una política exterior lúcida y víctima de una campaña de difamación orquestada por sus enemigos. La lectura crítica lo describe como el presidente confesional por excelencia, sostén de un orden clerical que asfixió el desarrollo, gobernante parroquial superado por su época, símbolo del atraso de un país que llegaba a los años veinte sin ferrocarriles y sin banca central.
Suárez fue, en efecto, un producto extraordinario de la meritocracia católica: nadie con su origen habría llegado tan alto sin la vía del seminario y la gramática, y ese ascenso —el de un hijo ilegítimo de lavandera hasta el palacio— revela grietas reales en el orden social que él mismo defendía. Pero también fue el presidente que administró parroquialmente un país que exigía otra escala de decisiones, y su caída no fue traición de la élite sino la constatación de que el modelo confesional-letrado había agotado su capacidad de gestionar una economía en transformación. Un hombre puede ser, a la vez, la prueba viva de las posibilidades de un sistema y la evidencia de sus límites.
Queda, además, la doctrina. En un país que después haría de la relación con Estados Unidos el eje discutido y nunca abandonado de su política exterior —con todos los costos, dependencias y beneficios que esa opción acarreó a lo largo del siglo XX—, el latín que Marco Fidel Suárez aprendió de niño en un seminario antioqueño terminó nombrando la brújula del Estado. Pocos legados presidenciales colombianos han tenido esa persistencia. Que la haya legado el más improbable de los presidentes —el hijo de una lavandera, el gramático piadoso, el paria autodeclarado— es, probablemente, la ironía más duradera de su biografía.
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Documentos y fragmentos citados
25 documentos · 30 fragmentos01Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 2641 cita
[1]candidatos a la presidencia e incluso la financiación de periódicos durante las campañas presidenciales. La caída del presidente paria Don Marco Fidel Suárez había sido electo para el período presidencial de 1918-1922. Su oponente, el poeta pa- yanés Guillermo Valencia, había re- cibido el apoyo de los liberales, de…
p. 264
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1771 cita
[2]esta elecci ó n (un candidato disidente tuvo unos pocos votos), aun que muchos, como los liberales Benjam í n Herrera y Alfonso L ó pez l ’ umarejo y los republicanos Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto t Caballero, apoyaron a un conservador disidente, el poeta Guillermo Valencia. Al terminar la Primera Guerra…
p. 177
03Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1131 cita
[3]vez y por todas y para siempre, a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas”, dijo en uno de sus enérgicos discursos en el Congreso 113. Uribe Uribe fue un general insurgente, se desmovilizó y dejó las armas después de la Guerra de los Mil…
p. 113
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 147, 1632 citas
[4]mundial de la post guerra (las rentas nacionales bajan a 19 millones en 1921 y a cerca de 21 en 1922, y la balanza comercial exhibe d é ficit de cerca de 42 millones en 1920), la ofensiva de los voceros pol í ticos de la bur gues í a industrial y financiera y su “ estar vuelto hacia el pasado ” 165. 183 Orro B ü rgeb,…
p. 163
[12]n de la guerra. Era, pues, la arrogancia de las poten cias dictando su voluntad, que los gobernantes colombianos apren sivamente acataban. ¿ Resistir? ¿ Qu é estadista puede hacerlo res ponsablemente si carece de fuerza? Ni siquiera se dispon í a de un t é cnico en radio; y "al ej é rcito y a la polic í a se les…
p. 147
05La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 1651 cita
[5]Cuentos de Perrault • Cuentos de Schmid • Aventuras del barón de Münchhausen • Aventuras de Till • Fábulas de Samaniego • Historias de Sófocles • La tienda del anticuario • Historias de Corneille • Entremeses de Cervantes • Historias de Aristófanes • Historias de Lord Byron • Historias de Tennyson • Leyendas de…
p. 165
06Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 241 cita
[6]Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…
p. 24
07Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1151 cita
[7]no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…
p. 115
08Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicoPágina 591 cita
[8]José Cuervo fue elaborada por el escultor francés Charles Raoul Verlet. El pedestal fue ejecutado, mediante contrato firmado el 4 de abril de 1914, por Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano, quien fue contratado el día 20 de mayo de 1914 “para relabrar la loza 1. Pedro María Ibáñez, Crónicas de Bogotá, tomo I, 2ª ed.,…
p. 59
09El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 6221 cita
[9]el bien presente, un rápido y débil anuncio del bien que nada turba y que siempre dura. La muerte entonces no es más que el consuelo seguro y eficaz del desgraciado» 457. 457 Carta citada por Miguel Antonio Caro, ob., cit., pág. 101. 623 § Capítulo xxiii La obra y la formación filosófica de Miguel Antonio Caro §…
p. 622
10El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5431 cita
[10]a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…
p. 543
11Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 411 cita
[11]SUCESOS, 195. 53. Ibid., 46–47. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:01 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:01 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 41
12Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 48, 562 citas
[13]suficiente, o mejor, se avanzó a pesar de los obstáculos puestos desde el ejecutivo o el legislativo, órganos que veían en las tendencias modernizantes un atentado contra la moral, las buenas costumbres y el futuro nacional, y de contera, las propias percepciones de los mandatarios acerca de lo que debería ser la…
p. 48
[18]país para que su comercio de importación y exportación fuera exitoso y se cumpliera el come- tido de una adecuada inserción a la economía mundial. Hay que recordar que en ese entonces el progreso se medía más por los kilómetros de rieles de ferrocarril instalados que por el ahorro de los ciudadanos, cuya elevación era…
p. 56
13Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Páginas 108, 1132 citas
[14]Academia de la Lengua y de la Facultad de Medicina. También se fueron construyendo va- trios kilmetros de vias férreas, puentes y lineas te- legraficas. Eran necesidades urgentes de las que el pais no podia prescindir. Durante el gobierno del presidente Concha se Monserior Carlos Cortés Lee, nombrado ministro de…
p. 108
[20]Colegio de San Bartolomé, el Instituto Técnico Cen- tral, el Observatorio Meteorolégico y una fabrica de municiones. Se firm6 también un convenio especial para la erradicacién de la anemia tropical, se inten- sificd la explotacién de las salinas maritimas y se puso en servicio el muelle de Buenaventura. Ade- mas, por…
p. 113
14Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Páginas 15, 182 citas
[15]Suárez». Tanto en sus actitudes personales, como en las cir- cunstancias que existían en el momen- to de llegar a la presidencia y en sus antecedentes, sobresalían su inclina- ción hacia los Estados Unidos y su creencia en la idea de que, solamente con una relación con los Estados Uni- dos semejante a la planteada por…
p. 18
[21]entre 1918 y 1922, buscó la normalización en las relaciones con Washington y la consi- guiente apertura de créditos y de in- versión norteamericana para Colom- bia. La eventual explotación de petró- leos se encontraba en un momento de- cisorio a la cual aspiraban varias em- presas norteamericanas e inglesas, teniendo…
p. 15
15Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 931 cita
[16]persecuting the Church and spreading false doctrines. On January 20 in La Forida a crowd attacked the coalitionists, leaving one dead and four wounded, and on February 4, there was a thwarted attempt to assassi- nate Gómez in the Egipto barrio of Bogotá. 40 When the strikes occurring on the coast are added to these…
p. 93
16Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1041 cita
[17]terrestres internos, en el arancel aduanero y en la tasa de interés bancaria. A la rigidez de la oferta de dinero se añadía la falta de unidad monetaria: de un circulante de 24 millones de pesos oro, en 1918, el42 % todavía co nsistía del papel moneda regenerador -que cier- tamente se había cambiado por billetes…
p. 104
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1891 cita
[19]transporte aéreo en América Latina. El gobierno de Suárez definió una política exterior colombiana abiertamente pronorteamericana (su lema: respice polum, mirar al norte), lo que correspondió en par- te a la nueva situación creada por la posguerra, cuando se acentuó la hegemonía económica de los Estados Unidos, y en…
p. 189
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 3591 cita
[22]objectives through a close affiliation with the United States. In addition to becoming a passive recipient of U.S. policy, the country's insertion into broader international relations became strongly conditioned by its links with Washington. 265 Colombia: A Country Study The lack of public input and interest in…
p. 359
19Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 501 cita
[23]principales instituciones financieras del país y que negociaban en la época con Pedro A. López y compañía. Laureano Gómez se casó con María Hurtado, la sexta de once hijos de Simón Hurtado, un humilde nativo de Popayán quien mediante trabajo y suerte se convirtió en un rico hombre de negocios. Don Simón se vino a…
p. 50
20Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 471 cita
[24]82.4 72.8 77.8 Otros (1) 26.0 18.6 14.1 21.4 24.7 9.1 15.9 8.6 9.1 10.4 12.2 14.9 20.5 12.6 (1) Incluye principalmente España, Ecuador, Perú, Venezuela, Antillas, Italia y otros países de Europa y América. Fuente: 1885-1910, José Antonio Ocampo (1984). 1913-1922, Anuario de comercio exterior. Capítulo 1 47 Cuadro 10…
p. 47
21Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Páginas 154, 4522 citas
[25]given Saturday nights at one or another of the associates’ homes. Within such a setting it was logical and natural that Laureano Gómez and Alfonso López should become compadres (co-godfathers), as they did during their years of closest collaboration—a fact that seemed incredible to later generations of Colombians. By…
p. 154
[30]has a full account of these negotiations. 107. Carlos Restrepo, Orientación republicana, 2:81, 84, 85–92. 108. Lozano, Ensayos críticos, 360. 109. Tovar Zambrano, “Economía colombiana,” 5:46–47. 110. Vega, Federación, 121–29. 4. The Bourgeois Republic 1. Helguera, “Ospinas”; Restrepo Posada, “Estudios Genealogicos.”…
p. 452
22De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 411 cita
[26]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
23De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 411 cita
[27]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
24Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3581 cita
[28]el clero, sobre todo en los sectores más politizados: Severo González, cura de Cali, e «intérprete infalible del evan- gelio conservador», pidió que fuera expulsado Carlos Martínez Silva del directorio conservador por haberle prestado las páginas de su revista al P. Vélez para insultar al clero y al par- tido…
p. 358
25Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 3681 cita
[29]así una de las presidencias más letradas, pero más erráticas que haya tenido el país. "La danza, de los millones", pero al debe... En las elecciones de 1922 el país se debatió entre dos figuras que encarnaban los ideales políticos del momento: el general Benjamín Herrera, adalid radical, y el también - general Pedro…
p. 368