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Ensayo · Transversal · —

La colonización antioqueña democrática

La colonización antioqueña es celebrada como una frontera igualitaria de campesinos libres, pero la evidencia documental revela concesiones millonarias, aparcería, desalojos y violencia que el mito regional ha ocultado sistemáticamente durante más de un siglo.

15 min de lectura3.111 palabras38 documentos65 fragmentos
La colonización antioqueña democrática
Actualizado 23 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La colonización antioqueña produjo simultáneamente una concentración oligárquica real de la tierra —mediante concesiones como la de Aranzazu (≈200.000 ha) y la Empresa Burila (128.000 ha), usurpaciones de baldíos y legislación asimétrica— y una diseminación efectiva del cultivo cafetero en pequeña y mediana propiedad. El mito no fabricó la democracia agraria de la nada: tomó esa realidad parcial, borró la otra y la fijó en literatura, geografía e identidad regional. La narrativa igualitaria fue construida deliberadamente por viajeros decimonónicos, letrados como Carrasquilla, el respaldo académico de Parsons y los propios comerciantes-empresarios medellinenses, quienes encontraron en ella una descripción halagadora de su propio ascenso. El mito ha resistido porque naturalizó la acumulación de capital paisa, desactivó la lectura del despojo y ancló la explicación del desarrollo desigual colombiano en virtudes regionales antes que en procesos estructurales de apropiación de tierra, trabajo y crédito.

La tensión

La lectura parsoniana consolidó la imagen de una frontera igualitaria con ecos de la tesis de Turner sobre el oeste estadounidense; desde los años setenta, Absalón Machado, Catherine LeGrand, Marco Palacios, Roger Brew y Keith Christie mostraron que hubo compañías territoriales, litigios, desalojos y aparcería oculta bajo el rótulo de 'colonos', aunque Christie advirtió que sus propios hallazgos no bastaban para refutar radicalmente a Parsons. La tensión irresuelta es si la coexistencia de concentración oligárquica y pequeña propiedad cafetera invalida el mito o simplemente lo matiza: los críticos señalan que la legislación de baldíos era estructuralmente asimétrica —el adjudicatario de menos de 200 ha debía explotar el 40% del terreno; el concesionario de 3.001-5.000 ha solo el 10%— y que la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 probablemente se originaban en usurpaciones ilegales; los defensores del mito responden que la aparcería a mitades del occidente cafetero era menos onerosa que el colonato cundinamarqués y que las luchas agrarias de los años veinte y treinta tuvieron su epicentro en Cundinamarca y Tolima, no en el Eje Cafetero. El debate de fondo es si el desarrollo industrial de Medellín se explica por un carácter regional excepcional o por la conjunción contingente de oro colonial, demografía, geografía volcánica y coyuntura mundial del café.

Temas
Colonización antioqueñaBaldíos y política agrariaHacienda cafetera y aparceríaIdentidad regional e ideologíaÉlites regionales y acumulación de capitalFrontera agraria y despojo
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue realmente democrática la colonización antioqueña, o el mito sirvió para ocultar concentración de tierras, aparcería y violencia bajo un relato de campesinos libres?

La colonización antioqueña es el nombre del desplazamiento humano que, entre finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XX, llevó a decenas de miles de campesinos desde el oriente y el sur de Antioquia hacia lo que hoy son Caldas, Risaralda, Quindío, el norte del Tolima y el norte del Valle del Cauca. Fundaron pueblos, tumbaron selva, sembraron maíz y luego café, y produjeron la región que a partir de los años veinte se convertiría en el corazón exportador de Colombia. Sobre ese hecho —masivo, prolongado, transformador— se levantó otro: la idea de que aquel avance fue esencialmente igualitario, protagonizado por hombres libres que fundaron un orden social sin latifundio, sin siervos y sin señores. Esa segunda capa, más que la primera, es lo que llamamos hoy el mito de la colonización antioqueña democrática.

¿Funcionó esa imagen como ideología legitimadora de las élites paisas, ocultando aparcería, especulación de baldíos y violencia? ¿Y por qué, un siglo después de haberse fijado en los textos, sigue resistiendo a la revisión documental que la contradice?

¿Qué se juega al responder?

No es una discusión regional ni un pleito entre historiadores. La colonización antioqueña es la única frontera agraria colombiana del siglo XIX cuya narrativa dominante afirma que produjo una sociedad de pequeños propietarios estables, en contraste con la hacienda cafetera de Cundinamarca y el Tolima, con la ganadería costeña, con el latifundio santandereano. De esa excepción se han sacado, sucesivamente, tres conclusiones: que existe un carácter antioqueño distinto —laborioso, sobrio, emprendedor— capaz de producir por sí mismo desarrollo económico; que la industrialización de Medellín en el siglo XX fue el fruto natural de esa cultura; y que el resto del país fracasó en modernizarse porque careció de ella. Aceptar o revisar el mito no es, entonces, corregir un capítulo de historia agraria: es decidir si el mapa del desarrollo desigual colombiano se explica por virtudes y vicios regionales o por procesos estructurales de apropiación de la tierra, del trabajo y del crédito.

La apuesta de fondo es también historiográfica. Si la frontera antioqueña fue realmente igualitaria, Colombia tuvo, aunque fuera en una esquina, una experiencia de reforma agraria de facto por vía de colonización espontánea. Si no lo fue —si bajo la superficie hubo concesiones millonarias, litigios, desalojos y aparcería—, entonces el país no tuvo excepciones a su patrón de concentración de la tierra, y la promesa republicana del baldío como puerta de acceso a la propiedad campesina fue, también en el occidente, una ficción administrada.

¿Cuáles son los términos del debate?

La formulación clásica del mito la ancló James J. Parsons a mediados del siglo XX. Describió la colonización como un movimiento singular en América Latina: campesinos-empresarios que, empujados por la escasez de tierras en el altiplano antioqueño, abrieron por su cuenta una frontera meridional en la Cordillera Central y fundaron un orden de pequeña propiedad. La palabra asociada después a esa interpretación fue "frontera igualitaria", con ecos evidentes de la tesis de Turner sobre el oeste estadounidense. Parsons no fue burdamente idealizante —registró conflictos, concesiones, especulación—, pero el saldo interpretativo de su libro consolidó la imagen democrática y le dio prestigio académico internacional.

Contra esa lectura se levantó, desde los años setenta y ochenta, una lectura crítica. Álvaro López Toro, Absalón Machado, Keith Christie, Catherine LeGrand, Marco Palacios y Roger Brew, cada uno por su ángulo, mostraron que el proceso había sido bastante menos armónico: hubo compañías territoriales que reclamaron cientos de miles de hectáreas, litigios prolongados, desalojos, violencia física, y una franja considerable de aparcería y arrendamiento oculta bajo el rótulo de "colonos". Christie matizó: sus propios hallazgos no bastaban para refutar radicalmente la tesis parsoniana. En esa cautela quedó cifrado el problema que aún nos ocupa: la evidencia crítica es sólida, pero la imagen democrática sigue en pie.

Entre ambos polos, la posición defendible es más incómoda que cualquiera de los dos: la colonización antioqueña produjo simultáneamente una concentración oligárquica real de la tierra y una diseminación efectiva del cultivo cafetero entre pequeños propietarios. El mito no fabricó la democracia agraria de la nada. La tomó de una realidad parcial, la amplificó hasta borrar la otra, y la fijó en literatura, geografía e identidad regional. Entender por qué esa operación tuvo éxito exige mirar de cerca ambas realidades.

¿Qué dice la evidencia material sobre baldíos, compañías y colonos?

El punto de partida está en un memorial de 1789 en el que pobladores de Rionegro y Marinilla, en el oriente antioqueño, se quejan de extrema pobreza y escasez de tierras y piden autorización para migrar. Ese documento fija el motor de fondo del proceso: no fue una gesta expansiva sino una expulsión demográfica desde zonas de minifundio saturado. En 1778 Antioquia no llegaba a cincuenta mil habitantes —el 6% del total nacional—, pero crecía rápido y sus tierras montañosas del núcleo original no aguantaban ese crecimiento. El mecanismo era autogenerado y despiadadamente simple: una familia desmontaba una parcela; al crecer los hijos, la parcela no alcanzaba; algunos hijos migraban más al sur y repetían el ciclo. La colonización avanzó así, generación tras generación, por la Cordillera Central y por las laderas orientales de la Cordillera Occidental, hasta alcanzar el Quindío y el norte del Valle a comienzos del siglo XX.

Sobre ese movimiento campesino se montó, casi desde el principio, la especulación territorial. La concesión de Aranzazu —administrada por la compañía González & Salazar— abarcaba lo que hoy son al menos Salamina, Neira y Manizales, con una extensión estimable en torno a las 200.000 hectáreas. Cuando los colonos que habían desmontado, sembrado y poblado empezaron a chocar contra los títulos de la compañía, el conflicto escaló hasta requerir la mediación del ministro de Hacienda José M. Plata. El arreglo de 1853 estableció que la compañía cedía gratuitamente el 40% —unas 80.000 hectáreas— al Estado y a los colonos, y retenía el 60%. Aún después de una intervención vista como victoria colona, la compañía conservó más de la mitad de una extensión que jamás había desmontado. El mismo patrón, más brutal, se repitió con la Empresa Burila, que reclamó 128.000 hectáreas en jurisdicción de Armenia y Calarcá y enfrentó invasiones organizadas de entre mil y cuatro mil familias campesinas, sin contar las de Sevilla y Caicedonia. La cifra —entre cinco mil y veinte mil personas ocupando "propiedad privada"— indica que la frontera no fue un vacío jurídico.

La política de baldíos, lejos de corregir el sesgo, lo consagró. Entre 1847 y 1914 el Congreso hizo concesiones —por lo regular de 12.000 hectáreas cada una— a más de veintinueve poblaciones en Caldas y Tolima, en un contexto de litigios sobre títulos tan frecuentes que la comparación de época era con los de la joven California. La ley exigía a los adjudicatarios de menos de 200 hectáreas explotar el 40% del terreno; a los concesionarios de entre 3.001 y 5.000 hectáreas, sólo el 10%. La asimetría era el diseño mismo: el colono pobre debía volver productivo casi la mitad de su parcela para consolidar el título; el gran concesionario podía dejar improductivo el 90% y seguir siendo dueño. Cuando la Corte Suprema exigió en 1926 que los propietarios exhibieran el acto original por el cual la tierra había salido del Estado, buena parte los denunció como imposible y "diabólico": la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaba, probablemente, en usurpaciones ilegales de baldíos.

La disputa entre compañías y colonos no se libró sólo en el papel. Las empresas destruían e incendiaban propiedades de colonos pobres; los colonos respondían con violencia equivalente. Hubo guardia departamental, desalojos, machetes, rifles y pleitos ante magistrados locales. Entre los mismos colonos también había conflicto: peleas por linderos, mejoras y contratos verbales. La frontera fue muchas cosas antes que un idilio.

¿Qué sí fue distinto: café en pequeña propiedad y aparcería a mitades?

Y sin embargo el mito no es pura invención. En la escala en que efectivamente se consolidó el Eje Cafetero, hubo una diferencia estructural con las regiones donde el café creció bajo régimen de hacienda. Antioquia y el Viejo Caldas pasaron de aportar cerca del 15% de la producción cafetera nacional hacia 1898 a concentrar el 47% en 1932, y ese desplazamiento del centro de gravedad —a costa sobre todo de Santander, que en 1874 producía el 90% del café colombiano— coincidió con una forma organizativa distinta. En 1923, las fincas con cafetales adultos de menos de 12 hectáreas controlaban el 56,4% de la producción nacional. La pequeña y mediana propiedad no era fantasía costumbrista: era el tejido productivo dominante.

Las relaciones de trabajo tampoco eran las mismas. En Cundinamarca, la hacienda cafetera operaba bajo arrendamiento o colonato: el arrendatario recibía una parcela a cambio de trabajar cierto número de días en los cafetales del hacendado, tenía prohibido comerciar café, no siempre podía sembrarlo en su parcela, debía trabajo subsidiario en caminos y policía rural, y era multado por violar las disposiciones del dueño. En el occidente cafetero, la forma predominante fue la aparcería, que dividía la cosecha por mitades entre aparcero y terrateniente. Ese arreglo, sin ser paraíso —el propietario podía cobrar por procesar el café si el aparcero no tenía despulpadora—, generaba incentivos compartidos para mejorar técnicas y no sujetaba al trabajador a la retícula semi-servil del oriente. En Antioquia, además, el sistema de agregados coexistió con una diseminación real del cultivo entre pequeños y medianos propietarios: la gran propiedad inició el café pero no impidió su difusión.

De ahí que las luchas agrarias de los años veinte y treinta —invasiones, huelgas, disputas por parcelas— tuvieran su escenario principal en las haciendas de Cundinamarca y Tolima, y no en el Eje Cafetero. La Federación Nacional de Cafeteros, creada en 1927, unió a los cafeteros antioqueños con los grandes propietarios cundinamarqueses, que enfrentaban problemas crónicos de mano de obra y conflictos con agregados, aparceros y arrendatarios. La contabilidad detallada de esas haciendas —contratos, descuentos, obligaciones subsidiarias— dibuja un mundo agrario que la palabra "colonización" no describe. Contra ese mundo, la aparcería a mitades del occidente sí lucía menos onerosa.

El error del mito no está en afirmar que hubo pequeña propiedad; está en concluir de allí que no hubo también acumulación oligárquica, y que la diseminación campesina fue el resultado espontáneo de un carácter regional, no de una geografía, una demografía y una coyuntura mundial del café.

¿Quiénes fabricaron el mito: letrados, geógrafos, industriales?

El mito no se hizo solo. Se fabricó, con nombres y fechas, entre 1850 y 1950. Los viajeros del siglo XIX —Vergara y Velasco, Pombo, José María Samper— describieron al antioqueño como "quizás el más bello tipo de la República", vincularon su fisonomía a virtudes morales y comerciales, lo compararon con vascos, con árabes, con judíos, y le atribuyeron un espíritu de asociación que consideraron heredado de la minería colonial. La estadística los contradecía: mestizos y mulatos eran mayoría en la región, y los mazamorreros que extrajeron una cuarta parte del oro exportado por Antioquia en el siglo XIX eran descendientes de esclavos, un tercio de ellos mujeres, trabajando con bateas de madera en las quebradas. Nada de eso entró en la iconografía del "tipo antioqueño".

En 1866, en el prólogo a su Memoria científica del cultivo del maíz en los climas cálidos del estado de Antioquia, Gregorio Gutiérrez González declaró escribir "antioqueño" y no español. Dos años después, Epifanio Mejía escribió el Himno de Antioquia, que rimaba raza y libertad contra un adversario más bien fantasmal —los españoles ya no estaban—, pero muy útil como cifra del pulso con Bogotá. Tomás Carrasquilla llevó luego la operación al plano literario: adaptó el acento popular antioqueño a la prosa culta, presentó la sociedad rural como si sus costumbres fueran naturaleza, sin fisuras ni conciencia de ruptura, y produjo así un costumbrismo que se leyó como transcripción etnográfica cuando era, en rigor, invención filológica y política. El antioqueñismo no fue un dato geográfico —el mito de las montañas que impedían las influencias foráneas— sino una creación intelectual deliberada.

A esa capa literaria se sumó la capa geográfica. La obra de Parsons, académicamente irreprochable, dio a la construcción el respaldo de una disciplina extranjera y un prestigio que las prosas locales no podían otorgarse a sí mismas. Y sobre todo se sumó la capa industrial: los comerciantes medellinenses que en 1835 controlaban el territorio de Caramanta, que organizaron compañías colonizadoras y constructoras de caminos, que descubrieron la rentabilidad del café en Centroamérica y lo trajeron como cultivo exportable, encontraron en la narrativa democrática una descripción halagadora de sí mismos. El discurso antioqueño resolvió, en el plano representacional, la contradicción entre jerarquía racial y laissez-faire mediante la ficción de individuos "indiferenciados" y la analogía con una supuesta "identidad judía" —hábiles para el comercio, endógamos, austeros—, y esa resolución simbólica fue un ingrediente activo del desarrollo capitalista regional.

El paisaje mismo se dio vuelta en manos de los letrados: dejó de ser causa del carácter para convertirse en su resultado, transformado por el trabajo del tipo antioqueño. Los libros de exaltación local narraron la fundación de ciudades en terrenos adversos como desafío heroico a la naturaleza. El bahareque, las filigranas de las casas de Salamina y Aguadas, la traza de los pueblos, se leyeron como expresión de una cultura homogénea, cuando eran también soluciones prácticas a la escasez de materiales, a la sismicidad y a la mano de obra disponible. Todo se leía en clave de carácter.

Entonces, ¿fue mentira o fue dispositivo?

La colonización antioqueña democrática fue, propiamente, un dispositivo ideológico. No una mentira ni una alucinación, sino una operación de selección y amplificación sobre una realidad heterogénea. Tomó tres elementos verificables —la existencia de miles de pequeñas fincas cafeteras, una aparcería menos onerosa que la del oriente, y una movilidad campesina real dentro del proceso migratorio— y los presentó como esencia de la región, borrando de la escena la concesión de Aranzazu, la Empresa Burila, las 12.000 hectáreas por concesión repartidas entre 1847 y 1914, los desalojos de la guardia departamental, la aparcería del oriente cundinamarqués, la aparcería del propio occidente, la heterogeneidad mestiza y mulata de la población, la centralidad de los mazamorreros en la acumulación colonial, y la violencia rutinaria por linderos y mejoras.

Cumplió con eso cuatro funciones simultáneas. Legitimó ante la nación la acumulación oligárquica de baldíos valorizados por el trabajo del colono pobre, presentándola como fruto natural de un carácter regional. Dio a la burguesía industrial de Medellín una genealogía respetable —campesinos-empresarios, no rentistas territoriales— para el capital que efectivamente se acumuló mediante el control del procesamiento y mercadeo del café. Ofreció al Estado central un relato de modernización nacional anclado en el café, útil para justificar tanto la política de baldíos como el financiamiento indirecto de los ferrocarriles y la garantía estatal de la disciplina laboral y la propiedad privada. Y suministró a la propia región una identidad diferencial frente al centralismo bogotano, que se expresó políticamente desde Gutiérrez González hasta la Federación Nacional de Cafeteros.

Que el liderazgo industrial paisa se explique por oro colonial, café en ladera con condiciones ecológicas excepcionales —una franja de 300 kilómetros con temperaturas cercanas a 20°C, precipitaciones de 1.500 a 2.000 milímetros y suelos de cenizas volcánicas—, integración ferroviaria en los años veinte con el Ferrocarril del Pacífico y el cable aéreo de Manizales a Mariquita-Honda, y crecimiento demográfico sostenido, no es una tesis polémica. Es lo que se ve cuando se retira la retórica del carácter. Pero retirarla exige poder nombrar el mito como tal.

¿Por qué resiste?

El mito ha resistido más de medio siglo de revisión seria por tres razones convergentes, y ninguna es simplemente cultural.

La primera es su utilidad económica presente. Las élites regionales del Eje Cafetero y de Medellín siguen extrayendo valor identitario y político de la narrativa. La imagen de una región de emprendedores autohechos justifica jerarquías empresariales, protege privilegios frente al Estado central y ofrece una explicación halagüeña del éxito relativo del capitalismo antioqueño que no obliga a examinar la deuda con el trabajo colono, con los mazamorreros descendientes de esclavos, ni con la política de baldíos. Un mito que sigue siendo funcional es un mito que se sigue defendiendo.

La segunda es institucional. La revisión académica produjo evidencia decisiva sobre concesiones, litigios, aparcería y desalojos, pero lo hizo en publicaciones de circulación restringida que no han logrado disputar el sentido común. La geografía escolar, los himnos, los libros de oro municipales, las columnas de opinión, las páginas de turismo cultural, siguen reproduciendo la imagen parsoniana. Contra ese aparato de repetición, la monografía universitaria no compite. Es un problema de economía política del conocimiento histórico: la producción rigurosa existe, pero no llega a los espacios donde el mito se reproduce.

La tercera es la propia ambigüedad del fenómeno. Como el mito se ancló en una diferencia real —la pequeña y mediana propiedad cafetera existe, la aparcería del occidente fue menos onerosa que la del oriente, la movilidad social relativa fue mayor que en Boyacá o el Cauca—, cualquier revisión enfrenta la tentación de negar demasiado y perder credibilidad. La cautela es lúcida, pero también es la trampa: mientras el mito no se descomponga en sus dos capas —la realidad parcial que amplifica y la operación ideológica que lo estabiliza—, la discusión seguirá empantanada en un "hubo de todo" que salva las apariencias.

¿Qué queda abierto?

Tres flancos siguen sin cerrarse. Primero, la magnitud exacta de la usurpación de baldíos frente a la ocupación legítima: los propietarios que denunciaron el requisito de la Corte Suprema en 1926 como imposible sugieren que la proporción era enorme, pero una contabilidad regional sistemática todavía falta. Segundo, la trayectoria específica de la aparcería y el arrendamiento en el occidente cafetero antes de los años cuarenta, cuando los contratos eran verbales y admitían múltiples variedades; sin esa reconstrucción, la comparación con Cundinamarca sigue siendo estructural pero no fina. Y tercero, la cadena causal entre acumulación colonizadora y complejo industrial medellinense: la hipótesis de que los comerciantes-especuladores canalizaron el excedente cafetero hacia la industria textil es plausible, pero exige más trabajo empírico del que hasta ahora se ha hecho público.

Nada de eso cambia lo esencial. La colonización antioqueña ocurrió realmente, y en su ancho hubo pequeña propiedad, movilidad y trabajo campesino. Y sobre ella se construyó, con nombres, obras y fechas, un relato que amplificó lo que convenía y borró lo que no. Ese relato sigue funcionando. Reconocerlo como dispositivo —ni fraude ni transcripción— es la condición para escribir la historia agraria colombiana sin la excepción que la volvió incomprensible.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

38 documentos · 65 fragmentos de referencia
01Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3091 fragmento
[1]

Después de la primera fase de la colonización siguió un proceso autogenerado, consistente en que la parcela primeramente desmontada servía por un tiempo para albergar y dar trabajo a la familia, pero luego, al crecer esta, se tornaba insuficiente y algunos hijos se marchaban cada vez más hacia el sur a constituir su…

p. 309
02Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 200, 2052 fragmentos
[2]

Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…

p. 200
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les exigía rehacer las vidas, las mujeres adquirieron nuevas cargas y oportu- nidades dentro y fuera del hogar. Las regiones en las que las mujeres y los jóvenes se atrevieron a desafiar el control 206 Bíndice Cnrdif Cnianonv patriarcal se vieron afectadas por una violencia fratricida y conflictos sexuales 141. Las…

p. 205
03La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1, 27, 693 fragmentos
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la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…

p. 69
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era capaz de construir una ciudad en el filo de la cima, sobre la propia cresta andina, a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Contra lo que era de esperarse, esa ciudad creció y aunque la adversidad tra- tó de borrarla en varias ocasiones reduciéndola a cenizas o derribando sus casas en movimientos sísmicos,…

p. 27
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EDUARDO SANTA l A c O l ON iz A ció N ANT i O q UE ñ A: UNA E mp RESA DE c A mi NOS historia EDUARDO SANTA l A c O l ON iz A ció N ANT i O q UE ñ A: UNA E mp RESA DE c A mi NOS historia Santa, Eduardo, 1927-, autor La colonización antioqueña [recurso electrónico] / Eduardo Santa. – Bogotá: Ministerio de Cultura:…

p. 1
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 24, 372 fragmentos
[4]

resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…

p. 24
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ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…

p. 37
05Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 81, 862 fragmentos
[5]

Biblioteca Aldeana de Colombia, tomo 55 (Bogotá, 1936). 87 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 a exámenes críticos agudos. La idea tradicional no ha salido demasiado mal parada 59. En 1778 no alcanzaba a contar 50. 000 miembros —el 6 % del total—, pero aumentaba rápidamente y estaba abriendo con actividad…

p. 86
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y es la región ecuatorial que cierra el paso al mar por el occidente. En las crónicas de la Conquista, empero, hay muchos pasajes que dan otra idea, como este, de 82 Línd Odince Vrdsíta pero que desaparecieron con increíble rapidez al entrar en contacto con los conquistadores. Por un momento la selva volvió a cubrir…

p. 81
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 931 fragmento
[7]

a la edad adulta. En el siglo xviii, la actividad del lavado de oro de los distritos chocoanos y otros lugares a lo largo de la costa pacífica em pezó a tener un refuerzo en las áreas m ineras recientem ente abiertas en A ntioquia. A m ediados del siglo xvii, la producción había decaído en los distritos iniciales de A…

p. 93
07El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 284, 287, 290, 2934 fragmentos
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agrimensura, el descuido oficial sobre el registro de tierras públicas, el mismo desconocimiento de vastas áreas, obliga a presumir que muchos colonos pobres, colocados un poco al margen lograron asentarse y sobrevivir, sin que la tierra pasara al registro estadístico; por ejemplo, en las 128.000 hectáreas que…

p. 290
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en un medio natural pobre, de tierras yermas, penosas para trabajar por lo abruptas y erosionadas. Así fueron llegando a los nuevos parajes pioneros y aventureros con sus ilusiones, su pobreza y su coraje para buscar y desenterrar guacas, explotar los bosques sacando cau- cho y sembrar cacao en pequeñas parcelas…

p. 284
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todo el país. Las mercancías se transportaban a lomo de mula o de buey hasta los puertos del Cauca o del Magdalena, aun- que naturalmente la integración de las regiones productoras, con el Ferrocarril del Pacífico, en los años veinte, y la construcción del cable aéreo de Manizales a Mariquita-Honda, activó la…

p. 293
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ascenso económico y social y en busca de este objetivo aplicaron una combinación de prácticas capitalistas mercantiles con instrumentos políticos de tipo clien- telista. b) Después vienen los terratenientes ausentistas que, tan pronto la migración se expande, crean sociedades comerciales para parcelar y vender lotes…

p. 287
08Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 591 fragmento
[10]

«Problemas generales de la colonización amazónica en Colombia», Enfoques colombianos, 5 (1975), p. 40, e Instituto Colombiano de la Reforma Agraria e Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, La Colonización en Colombia: evaluación de un proceso, 2 vol. (Bogotá, 1974). COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN…

p. 59
09Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 114, 1823 fragmentos
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apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…

p. 114
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mitades entre aparcero y terrate- niente. Cualquier aumento de la productividad y la producción repercutía en incrementos proporcionales en el ingreso del apar- cero; por lo tanto, operaba un incentivo para introducir mejoras técnicas de siembra, recolección, cuidado de la tierra, etc. En los casos en que el aparcero…

p. 182
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mitades entre aparcero y terrate- niente. Cualquier aumento de la productividad y la producción repercutía en incrementos proporcionales en el ingreso del apar- cero; por lo tanto, operaba un incentivo para introducir mejoras técnicas de siembra, recolección, cuidado de la tierra, etc. En los casos en que el aparcero…

p. 182
10El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 265, 2892 fragmentos
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las pugnas iniciales entre los colonizadores y los colonos, por un lado, y la compañía González & Salazar, por el otro, forma parte del confuso mito sobre el carácter abierto de la colonización de Manizales, Neira y Salamina. La base del litigio fue, naturalmente, la posesión de vastas extensiones de tierra fértil…

p. 289
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los mercados cercanos con herramientas tradicionales y primitivas quedaron atrapadas en rendi- mientos decrecientes, sin posibilidades de expandir la frontera agrícola y restringidas culturalmente al hábitat de la vereda y el municipio. El cre- cimiento demográfico, además de la diferenciación, generaba desempleo y…

p. 265
11Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 180, 199, 202, 3174 fragmentos
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productive land for coffee. Colonizers and companies: alliances and conflicts There were many lawsuits, some of them long and complicated, between the colonizers and the companies, and reprisals were sometimes taken outside the terms of the law. At times also the companies resorted to violence against poor colonists,…

p. 199
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general resume of the social structure which emerged in the course of the antioqueho colonization, I shall describe briefly the relationships between the recipients of large concessions and the inde- pendent and 'organized' colonists, and the procedures and conditions inside the colonias. The evidence in this section…

p. 202
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old department of Caldas, created in 1905 and dismembered in the sixties, creating three new departments, Caldas, Risaralda, and Quindio. 37 Seep. 185. 38 Brew, 'Economic Development', pp. 173—5. 39 ANC, Bienes baldios: Correspondencia, 1892, Pbro. C. Perez to Presi- dent of the Republic, Yolombo, 15 October 1892. 40…

p. 317
[24]

/ Aranzazu La Dorada.f r N • ••••/ Manzanares -'pL./ac (. - • - C A L D A S,-.Pavas H o n d a ^ J ' N e i r a. • • • • • j MAN IZ ALES /.'/.Chinchina O T A "->?• A. P E R E I R A..•) Filandia # "•••/ Toro f Quimbaya. m.Salento / O b La Union / V A L/L E • Circasia / _ n andoiARMENIA / ' U • " •Calarca JQUINDIO/'. • •…

p. 180
12Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 40, 5252 fragmentos
[15]

mayor la porción de explotación en cul- tivo o ganados que el adjudicatario debía demostrar para adquirir el título de propiedad. Así pues, mientras los adjudicatarios de bal- díos inferiores a 200 hectáreas debían explotar el 40 por ciento del terreno, los concesionarios de 3.001 hasta 5.000 hectáreas estaban…

p. 40
[19]

reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…

p. 525
13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 220, 2332 fragmentos
[16]

de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…

p. 233
[60]

y financiación de los estados, se definieron los trazos más o menos inconexos de los ferrocarriles propuestos como parte de hipotéticas líneas interoceánicas. Además del ferrocarril de Panamá, terminado en 1856 por una compañía de capital norteamericano, se iniciaron las siguientes líneas: 1. Barranquilla-Sabanilla:…

p. 220
14La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1, 132 fragmentos
[17]

antioqueñas aun más allá de Popayán, en las tierras volcá- nicas de Moscopán en el Huila y en los declives de la cordillera de Bogotá. La colonización más reciente se ha realizado en las franjas septentrionales del territorio antioqueño, hacia el Chocó, las tierras del Sinú y el valle del río Nus; pero la región…

p. 13
[50]

Título original: The Antioqueño Colonization in Western Colombia Traducción: Emilio Robledo La colonización antioqueña en el occidente de Colombia JAMES J. PARSONS BANCO DE LA REPÚBLICA 1 EL ÁNCORA EDITORES Cuarta edición en español: Banco de la República El Áncora Editores Bogotá, 1997 ISBN 958-9506-05-4 Portada:…

p. 1
15Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 76, 892 fragmentos
[18]

las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…

p. 76
[59]

habia encon- trado su ventaja comparativa internacional y, en su sector privado, la mejor prueba de las virtudes in- trinsecas del laissez faire. Lo que los empresarios, En la pagina anterior, planta de la quina seguin un dibujo que aparece en el «Atlas» de Agustin Codazzi, La quina, que ya se conocia en los tiempos…

p. 89
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 461 fragmento
[21]

pasaron por allá. […] Digamos que esa […] siempre fue una zona donde se vivían con mucha intensidad las guerras civiles porque además, como era una frontera entre el Estado de Antioquia conservador [y] el Estado del Cauca liberal, había también esas tensiones étnicas entre antioqueños y caucanos» 51. En 1905, durante…

p. 46
17La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 fragmento
[22]

la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…

p. 131
18Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 8, 218, 2263 fragmentos
[23]

que se han adoptado aquí para la subdivisión cronológica del tema. De hecho, en sus comienzos en las últimas décadas del siglo XIX, la expan- sión cafetera se asentó sobre un régimen de haciendas, principalmente en el occi- dente de Cundinamarca, los Santande- res, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. Sin…

p. 8
[27]

de estos dos departamentos era de 802.000 sacos (un 23 % de la produc- ción nacional) y estaba concentrada ya en la cordillera central. Además, la producción cafetera comenzó a dise- minarse en nuevas regiones del país, especialmente en Cauca, Nariño, Hui- la, Boyacá y Magdalena. Las viejas zonas de producción en…

p. 226
[63]

sin em- bargo, que el desarrollo cafetero co- menzó en la primera región en la dé- cada del setenta, y se desplazó hacia el Tequendama y, en menor medida, hacía el Sumapaz a fines del siglo. En el caso de Antioquia, el café ha- bía comenzado a desarrollarse en los años setenta en las cercanías de Me- dellín. La…

p. 218
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 fragmento
[25]

medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…

p. 31
20Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2811 fragmento
[26]

ahora, el expendio de café era algo prácticamente desconocido en el país hacia 1850, donde el té y el chocolate eran bebidas más comunes. Los primeros cálculos de la producción cafetera colombiana da- tan de 1874. Para ese año, la cosecha total fue de unos 114 mil sacos, de los cuales el 90% provino de Santander. El…

p. 281
21At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 671 fragmento
[28]

crises of labor control. I end with an analysis of how Fedecafé and cafeteros have responded to these crises. I point out how the cafetero movement ’ s demands for delivery of the promises of protection under the Pacto Cafetero, and their gains in restoring the status quo ante, have deepened the crisis of peripheral…

p. 67
22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 901 fragmento
[32]

comenzar la década de 1890 apenas representaba el4 % del valor de las exportaciones antioqueñas de oro. La veloz difusión de la caficultura a partir de c. 191 o, integraría mejor los ámbitos comar- cales, mediante la comercialización del grano qu e dio vuelo a las capas medias de los pueblos. Simultáneamente, el siste…

p. 90
23"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 611 fragmento
[33]

relevancia en el mercado departamental luego de la construcción de la carretera Simón Bolívar. Sin embargo, es importante señalar que la cons- trucción de esta carretera comenzó en 1926 y fue terminada casi dos décadas después de iniciada. Partiendo de Buenaventura se bifurca en la localidad de Loboguerrero con…

p. 61
24Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1912 fragmentos
[34]

la sociedad hubiera sido suficiente para evitar la con - formación de los grupos de narco- traficantes que todavía trastornan el ambiente político y dificultan el buen manejo del sistema. 193 C olombia C ompleja 17 e l o CC idente C afetero En el trayecto central del río Cauca, en una pequeña franja alargada entre…

p. 191
[35]

posible que la complejidad de la sociedad hubiera sido suficiente para evitar la con - formación de los grupos de narco- traficantes que todavía trastornan el ambiente político y dificultan el buen manejo del sistema. 193 C olombia C ompleja 17 e l o CC idente C afetero En el trayecto central del río Cauca, en una…

p. 191
25Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 348, 380, 3833 fragmentos
[37]

de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…

p. 348
[61]

de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…

p. 380
[65]

a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…

p. 383
26Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 261 fragmento
[40]

Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…

p. 26
27Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 261 fragmento
[41]

Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…

p. 26
28Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 16, 192 fragmentos
[42]

ser un pueblo campesino, comerciante, próspero y moral, frente a un pueblo considerado mayoritariamente contrario a estas características. La fuerza de la descripción alabadora y positiva del tipo antioqueño obedeció, en gran medida, a la construcción de una imagen poderosa de la población y el paisaje antioqueño…

p. 16
[44]

más que la visión de colonos, fue la de comerciantes andariegos la que primó en torno a lo antioqueño.1 2 Después de la minería, y gracias al capital acumulado con ésta, fue el comercio una actividad privilegiada para las élites antioqueñas. El espíritu comerciante y capitalista adjudicado a los antioqueños fue…

p. 19
29Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1851 fragmento
[43]

was the true explanation of the region’s eco- nomic well-being. The legend, in his view, was the expression of a kind of “sour grapes” attitude to the region’s success by the economi- cally weak provinces. 128 But as Álvaro López has pointed out, it is dif- ficult to say that the control of resources is enough to…

p. 185
30Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 128, 148, 1523 fragmentos
[45]

de viajeros extranjeros como de ciertos intelectuales capitalinos, hablaban de un campesino rudo, de un comerciante con ciertos rasgos árabes o ju- díos despreocupado del refinamiento cultural. Los mismos antioqueños se 51 Citado por Santa, op. cit., p. 456. 52 El pensamiento social de Uribe Uribe, op. cit., p. 127.…

p. 148
[47]

¿no es ahora también irreal el acendrado regionalismo antioqueño a la luz del mundo globaliza- do? ¿De qué verdad hablaba Carrasquilla? ¿A qué se refería con “cargar la herramienta”? ¿A que el escritor antioqueño o colombiano debía ser a la vez un campesino jornalero? Pero, ¿nos imaginamos a Carrasquilla arrean- do…

p. 152
[48]

p. 256. 134 Sebastián Pineda Buitrago pensar ni menos a sentir”; además, que en la literatura podía entrar “cual- quier cosa fea o disparatada, desde que tenga significado y expresión”. 19 De modo que adaptó el acento popular antioqueño al lenguaje literario. Esa batalla filológica era, en el plano político, una…

p. 128
31Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2071 fragmento
[46]

ge- neral esta sección es la segunda en la República. Bastará decir, en relación con este asunto, que en diez años fueron fundados allí, de 1871 a 1881, trece o catorce bancos de circulación, establecimientos que hasta entonces eran del todo desconocidos, no sólo en ese estado, sino en la Na- ción. Su tipo físico…

p. 207
32A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 218, 2242 fragmentos
[49]

the Andes divides into three mountain ranges when it enters Colombia – this has been a country where regions and regionalism have played an enormous role in the economy, politics, and culture. Throughout the 19th century, but especially in the first half of the 20th century, Antioquia and the areas its people…

p. 224
[52]

explained this Antioqueño exceptionality? This is precisely the question that James J. Parsons asked in his dissertation. Parson’s book is divided into 12 chapters. The first six relate to the region’s geography and the colonial period. In Chapter six, he refers to Antioqueño colonization. The narrative centerpiece of…

p. 218
33Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3941 fragmento
[51]

1985), 85. 33. Malcolm Deas, "El rompecabezas de la paz," El Tiempo, Lecturas Dominicales, April 19, 1986. 34. Arturo Alape, La Paz, la violencia: Testigos de excepción (Bogotá, 1985), p. 367. 35. Ricardo Santamaría and Gabriel Silva, Proceso político en Colombia (Bogotá, 1984), 69. 36. Zabala, "La toma del Palacio de…

p. 394
34Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4871 fragmento
[53]

(1995), pp. 21 - 75; Betancourt y García. (1990), pp. 23 - 55; Betancourt y García (1994), pp. 12 1 - 149; Campo (1980), pp. 17 - 54. 4 Palacio (1983); L ópez Toro (1970); M achado (1988). C hristie (1986), p. 36, discute la hi pótesis de Parsons sobre la colon ización antioqueña, pero considera q u e sus planteam…

p. 487
35La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 1441 fragmento
[54]

cambiado, penetra la conciencia de los personajes. Estos ya no se piensan a sí mismos como parte de una sociedad unificada sino como parte de un segmento social en pugna con otros segmentos (Howe, 1992, 18-20). En la obra narrativa de un autor como Carrasquilla, la sociedad, en su pequeñez, parece indistinguible de la…

p. 144
36Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 3771 fragmento
[55]

un excusao de tren! § De Carrasquilla a Montecristo Tristemente, este historiador y folclorista que publicó el más importante compendio folclórico de la paisolatría mereció apenas unas pocas líneas en la prensa de su ciudad cuando falleció el pasado 30 de diciembre. Víctima de un infarto, Jaramillo Londoño murió a los…

p. 377
37Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 151 fragmento
[57]

Valle y parte de Cundinamarca, lo que permitió a esas zonas conocer un desarrollo muy significativo; el transporte ferroviario mejoró las comunicaciones, al menos entre los puntos de producción y los puertos desde donde era embarcado el grano hacia el exterior. No menos importante, los dividendos generados por el café…

p. 15
38Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1801 fragmento
[64]

1920 los cafeteros reunieron su primer congreso y formaron una federaci ó n en 1927, en un mo mento de altos precios y optimismo por una industria a la que ve í an gran futuro, aunque algunos riesgos, sobre todo por la agitaci ó n rural. Un a ñ o despu é s, la Federaci ó n de Cafeteros firm ó con el go bierno un…

p. 180