Norte del Valle
“El Norte del Valle es una subregión que condensa, en un territorio relativamente compacto, casi dos siglos de historia agraria, política y violencia colombiana.”
Norte del Valle del Cauca
Al norte del río Cauca, entre la Cordillera Occidental y la Cordillera Central, se extiende una subregión que durante casi dos siglos ha sido a la vez despensa agrícola, escenario de fortunas rurales, laboratorio de clientelismos y, en el último tercio del siglo XX, uno de los territorios donde el narcotráfico colombiano alcanzó su forma más acabada de poder territorial. Esa subregión —una veintena de municipios que van de Cartago y Sevilla en el vértice cafetero, pasando por Zarzal, Roldanillo, La Unión, Toro, El Dovio, Versalles, Bolívar, Trujillo y Riofrío, hasta el corredor que baja hacia Buga— no fue capturada desde fuera por los capos que le dieron nombre al Cartel homónimo. Fue, antes que eso, un suelo trabajado por generaciones de colonos, hacendados y gamonales conservadores; una geografía de corredores estratégicos entre el Pacífico, el interior andino y el eje cafetero; un tejido político heredado del siglo XIX que las mafias de finales del XX no inventaron: lo penetraron, lo replicaron y lo llevaron a un punto de intensidad que aún hoy define lo que la subregión es y lo que recuerda.
La subregión como entidad: qué es y por qué pesa
El Norte del Valle no es una división administrativa formal sino una unidad histórico-cultural reconocible. Su columna vertebral corre por el valle geográfico del río Cauca al norte de Buga, sube por las estribaciones de la Cordillera Occidental hacia el cañón del río Garrapatas y el corredor selvático que comunica con el Chocó, y trepa por la Cordillera Central hasta los municipios cafeteros de Sevilla y Caicedonia, fronterizos con el Quindío por el río La Vieja. En esa horquilla montañosa caben tres economías que se han superpuesto sin cancelarse: la caña y la ganadería del valle plano, el café de altura de las laderas centrales y una franja de agricultura diversificada —piña, tomate, lulo, mora, pimentón, frutales— que despegó a partir de los años setenta.
Su peso en la historia nacional no se explica solo por lo que produce, sino por su ubicación. El corredor articula Cartago con el centro del país, Cali y el aeropuerto de Palmaseca con el puerto de Buenaventura, y los embarcaderos clandestinos del Pacífico con laboratorios escondidos en la cordillera. Por esa razón, cuando el negocio del narcotráfico buscó a finales del siglo XX una geografía en la que pudieran cohabitar cultivo, procesamiento, exportación y lavado, el Norte del Valle ofrecía todas las condiciones a la vez. Y las ofrecía, además, sobre una arquitectura previa: haciendas grandes, élites políticas conservadoras enraizadas en los municipios, precariedad estatal en los cañones cordilleranos y una tradición de colonización campesina que dejó, tras de sí, una tenencia de la tierra más concentrada de lo que la mitología antioqueña quiso admitir.
El fondo agrario: colonización antioqueña, Burila y el mito de la tierra democrática
La subregión, tal como hoy se reconoce, empezó a configurarse en la segunda mitad del siglo XIX con el descenso de la colonización antioqueña sobre las laderas orientales de la Cordillera Occidental y sobre el flanco occidental de la Cordillera Central. El movimiento siguió una lógica autogenerada: la parcela desmontada por una familia se hacía insuficiente cuando crecían los hijos, y algunos de estos migraban más al sur a abrir su propia unidad económica, empujando la frontera. Así llegaron los colonos hasta lo que hoy son Sevilla y Caicedonia, y así se fue tramando el eje cafetero, esa franja de unos 300 kilómetros de largo por 50 de ancho —entre Trujillo en el Valle y Salgar en Antioquia— donde coinciden temperaturas cercanas a los 20 °C, precipitaciones de 1.500 a 2.000 milímetros y suelos de cenizas volcánicas.
De ese proceso surgió una imagen difundida: la de una colonización antioqueña democrática, sembrada por pequeños propietarios en igualdad de condiciones. La realidad fue más ambigua. La estructura de tenencia resultante en Sevilla, Caicedonia y las zonas vecinas no fue igualitaria: se pareció, en términos generales, a la del resto del país, aunque en Caldas y el Quindío la apropiación por grandes terratenientes fue relativamente más moderada. Y no fue igualitaria por una razón que quedaría inscrita en la memoria agraria de la subregión: la Empresa Burila reclamó como suyas 128.000 hectáreas en un territorio que abarcaba las jurisdicciones de Armenia, Calarcá, Sevilla y Caicedonia, sobre las que se habían asentado entre mil y cuatro mil familias de colonos pobres. La cifra exacta es incierta; la tensión, no: durante décadas, la subregión vivió el pleito entre los títulos coloniales-republicanos reclamados por una gran empresa y la ocupación efectiva de miles de campesinos.
De más de un millón de hectáreas de baldíos registrados en el conjunto de la colonización antioqueña, unas 700.000 quedaron fuera de las zonas de alta densidad poblacional y sirvieron de base a una colonización de tipo capitalista. En el Norte del Valle, ese doble movimiento —minifundio cafetero de ladera arriba, hacienda mediana y grande en el valle y en las tierras de menor densidad— definió la matriz agraria del siglo XX. Los pueblos surgidos de la colonización quedaron ligados originalmente a la economía cafetera y a la ganadería de leche. A partir de los años setenta, con la promoción decidida de la Federación Nacional de Cafeteros, empezaron a diversificar hacia los frutales que hoy identifican a la subregión.
Esta memoria agraria importa porque el narcotráfico no cayó sobre un territorio virgen. Cayó sobre una geografía donde la propiedad ya estaba desigualmente distribuida, donde había familias hacendadas con influencia política, donde la frontera entre lo baldío y lo apropiado nunca se había cerrado del todo, y donde la crisis de un cultivo —el café— podía dejar a miles de campesinos disponibles para cualquier alternativa.
La política larga: gamonalismo conservador y clientelismo
El otro fondo que hay que retener es el político. En los municipios del Norte del Valle, particularmente en los del flanco cordillerano occidental, el Partido Conservador consolidó desde el siglo XIX una red de gamonales locales que sobrevivió a los cambios institucionales del siglo XX. Esa impronta conservadora no fue un dato decorativo. Cuando en los años ochenta empezaron a emerger los primeros grandes narcotraficantes de la subregión, muchos de ellos —Iván Urdinola Grajales, el más visible de esa primera generación— procedían de familias y ambientes conservadores. La coincidencia partidaria atenuaba las tensiones con las élites tradicionales, facilitaba la interlocución con alcaldes y concejales, y abría la puerta a lo que en la subregión terminaría siendo una intervención político-institucional sistemática: manejo de la renta pública municipal, cooptación de la fuerza pública local y protección de rutas.
Esa evolución no fue exclusiva del Norte del Valle, pero allí adquirió una densidad particular. El clientelismo colombiano, visto en su curva larga, transitó del "clientelismo moderno" de los años setenta y ochenta al "clientelismo armado" que se extendió entre 1988 y 2006, hasta desembocar en la parapolítica de la segunda mitad de los dos mil. La subregión ilustra las tres fases con nitidez: en la primera, los notables conservadores manejan la renta municipal por vías tradicionales; en la segunda, los actores armados —primero narcotraficantes y luego paramilitares— entran en las redes clientelares, las presionan y las usan; en la tercera, esa penetración se hace visible en los procesos judiciales que llevaron a la captura de políticos regionales como Luis Carlos Restrepo Orozco y Juan Carlos Martínez por sus nexos con las autodefensas, nexos que iban más allá de una relación puntual con el Bloque Calima y apuntaban a conexiones más profundas con el mundo del narcotráfico.
La emergencia narco: de los Urdinola a Don Diego
La primera generación de grandes capos de la subregión tomó forma en la década de los ochenta. Los hermanos Urdinola Grajales, oriundos de El Dovio, encabezaron esa camada junto a figuras como Henry Loaiza Ceballos, alias el Alacrán, y Orlando Henao Montoya. Se movían en un ambiente rural conocido, con vínculos partidarios y familiares que los ataban al mundo hacendado local. Su ascenso coincidió con el auge del Cartel de Cali, con el que mantuvieron relaciones tanto de subordinación como de complementariedad, y se consolidó en una geografía perfectamente diseñada para el negocio: laboratorios en la cordillera, salida por Buenaventura y por los embarcaderos del Pacífico, articulación con Cali a través de Palmira y Palmaseca, y conexión con el centro del país por Cartago.
El momento de bisagra llegó en 1995. Ese año, con el desmantelamiento del Cartel de Cali y la caída de los hermanos Rodríguez Orejuela, el Cartel del Norte del Valle tomó el control del negocio y pasó de socio menor a hegemón regional. La transición se apoyó en las estructuras y contactos que Urdinola, Henao y Loaiza habían tejido durante la década anterior. Poco después, esa primera generación se desdibujó: Iván Urdinola y Orlando Henao murieron en prisión en los años noventa. Su lugar lo ocupó una segunda camada más joven, más violenta y menos anclada en las lealtades partidarias tradicionales.
Tras la captura y posterior asesinato de Jorge Orlando Henao —conocido como el hombre del overol—, dos figuras emergieron como líderes: Diego León Montoya Sánchez, alias Don Diego, y Luis Hernando Gómez, alias Rasguño, que crearon la facción conocida como Los Machos. Frente a ellos se levantó Wílber Alirio Varela, alias Jabón, con Los Rastrojos. La disputa entre ambas facciones, sostenida por la fragmentación del cartel original, se saldó con una violencia intensa en el norte y centro del departamento durante los años dos mil. A la par, otros nombres —Juan Carlos Ramírez Abadía, alias Chupeta, Arcángel de Jesús Henao, alias el Mocho— completaban el mapa de mando de una organización que había abandonado la forma jerárquica de los grandes carteles medellinense y caleño para operar como una constelación de facciones interconectadas y disputadas.
Lo distintivo de este cartel no fue solo su capacidad exportadora. Fue su capacidad reguladora. Los narcotraficantes del Norte del Valle alcanzaron un grado de control territorial tal que asumieron funciones que el Estado no ejercía o ejercía de manera insuficiente: decidían quién podía vivir en la región, qué actividades del propio negocio se permitían localmente, y qué disputas se resolvían por qué vía. Configuraron nuevos órdenes sociales basados en la participación directa o indirecta de la población en la producción y distribución de drogas.
El giro de los noventa: tierras, coca y el fin de la economía cafetera
Dos golpes coyunturales convergieron a finales de los ochenta e inicios de los noventa para acelerar la transformación de la subregión. El primero fue la caída del Pacto Internacional del Café en 1989, que desmontó el sistema de cuotas y precios sostenidos que había protegido durante décadas a los caficultores colombianos. El segundo fue la irrupción de la broca, la plaga que castigó los cafetales colombianos a comienzos de los noventa. Miles de fincas del eje cafetero, incluidas las del Norte del Valle, entraron en crisis simultánea.
Sobre ese cuadro se montó, con eficacia inmediata, un proceso que ya venía en curso: la compra de tierras por narcotraficantes en zonas cafeteras. Lo que había sido, durante los ochenta, una inversión especulativa se convirtió en los noventa en un mecanismo masivo de reconfiguración agraria. Entre 1980 y 1995, la compra de tierras por narcotraficantes se registró en 409 municipios del país, el 42 % del total. Entre 1980 y 1988, de unos 4.000 millones de dólares de excedentes narcotraficantes, el 45 % se invirtió en tierras, con predilección por fincas ganaderas usadas para especulación. Amplias extensiones de vocación agrícola se desviaron hacia ganadería extensiva, reforzando la ineficiente pauta histórica de destinar las mejores tierras al pasto en lugar del cultivo.
En el Norte del Valle, esa dinámica se leyó en clave local. Los narcotraficantes adquirieron predios mediante mecanismos que no siempre pasaron por el mercado libre: amedrentamiento de propietarios, amenazas, quema de viviendas, invasión de tierras y avalúos manipulados, prácticas ampliamente documentadas en la zona de Trujillo y presumibles en otros municipios de la subregión. Muchos campesinos cafeteros arruinados terminaron aceptando vender; otros, ya sin tierra, aceptaron sembrar coca en predios comprados por los propios narcotraficantes. Hacia finales de los ochenta empezaron a aparecer sembradíos de coca en zonas cafeteras, y para 2007 el fenómeno se había consolidado en el límite occidental de Trujillo, sobre todo en Bolívar y en el cañón del Garrapatas.
Pero no todo fue despojo y ruina. Al mismo tiempo, la subregión experimentó una transformación productiva visible: mejora de razas ganaderas, tecnificación, expansión de frutales y hortalizas, aparición de fincas de recreo, dinamismo comercial y auge de la construcción. Un balance de 1998 sugería que las organizaciones mafiosas habían retomado, a su modo, el proceso de diversificación agrícola iniciado dos décadas antes por la Federación de Cafeteros. La lectura era ambivalente y sigue siéndolo: la misma década que produjo el despojo produjo también una prosperidad rural inédita, una circulación de dinero que muchos habitantes no habían visto nunca, y una mejora en la vivienda rural. Que esa prosperidad conviviera con la coca, el sicariato y las masacres es precisamente lo que hace tan difícil, hasta hoy, la memoria del Norte del Valle.
La guerra territorial: guerrilla, narcos y el Bloque Calima
Antes del auge propiamente narco, la subregión ya había sido tocada por la insurgencia. El ELN tomó como base de operaciones, en los años ochenta, el cañón del río Garrapatas, y desde allí se movió por el corredor selvático que comunica el Chocó con los municipios vallecaucanos de El Cairo, El Dovio, Trujillo y Riofrío. Su nutrición inicial provino de estudiantes, obreros y perseguidos políticos de Cali. Las FARC, por su parte, llegaron desde el flanco opuesto: se instalaron en la Cordillera Central provenientes del Tolima, como parte del desdoblamiento de frentes definido en la Séptima Conferencia guerrillera de 1982. Tras la desmovilización del M-19 en 1989, ocuparon varios de los municipios en los que ese grupo había tenido presencia: El Dovio, Versalles, Argelia, El Cairo.
La Cordillera Occidental, con sus corredores geográficos de alto valor estratégico y su escasa presencia estatal, se convirtió así en escenario de una superposición de actores armados. En ella, la subregión vivió a partir de finales de los ochenta un proceso que sería recurrente en el país: la formación de grupos armados privados, promovidos por los propios narcotraficantes, con el propósito explícito de contener a la guerrilla y proteger sus propiedades y rutas. La Vicepresidencia de la República reconocería años más tarde el papel de esos grupos en la contención de la subversión en la región.
Fue en ese cuadro donde se produjo el episodio más terrible de la subregión: las masacres de Trujillo, ocurridas entre 1986 y 1994 en los municipios de Trujillo, Riofrío y Bolívar. Fueron perpetradas por narcotraficantes vinculados al Cartel del Norte del Valle y, según algunas versiones, también al de Cali, en alianza con integrantes de la Policía y del Ejército, y con la intervención en algunos episodios de paramilitares. Los procesos judiciales llevaron a la condena de Diego Montoya Sánchez, Henry Loaiza Ceballos, Iván Urdinola Grajales y del mayor retirado Alirio Antonio Ureña Jaramillo. El caso más recordado dentro de la masacre es el del sacerdote Tiberio Fernández, torturado, asesinado y descuartizado el 17 de abril de 1990 junto con al menos tres personas más. Fernández promovía cooperativas campesinas agrarias, comerciales y artesanales; su trabajo de organización comunitaria fue leído por los perpetradores como cobertura guerrillera, y esa lectura sirvió como pretexto general para perseguir y asesinar a organizaciones campesinas y a personas señaladas de apoyar al ELN.
La OEA declaró que los delitos de Trujillo permanecían en la impunidad, con violación al derecho a la justicia de las víctimas, y que algunos servidores públicos participantes seguían vinculados a la Fuerza Pública. La masacre se convirtió, junto con las que la seguirían en el país, en caso emblemático de violencia colectiva. Sus sobrevivientes fueron, además, objeto de un desprecio y una indiferencia social que hicieron doble el daño. Y el efecto agrario del terror fue palpable: la región quedó parcialmente reconfigurada, con desplazamientos y apropiación de tierras por parte de los propios narcotraficantes condenados, que consolidaron dominios en la zona.
Al terror local le siguió, a finales de los noventa, la llegada de los paramilitares organizados. En 1999 entró al Valle del Cauca el Bloque Calima. Su llegada fue, en buena medida, patrocinada por los propios narcotraficantes del Norte del Valle: Don Diego, Rasguño y el Mocho aparecen como los promotores directos del bloque. Don Diego, en particular, habría financiado los primeros meses del grupo con dineros para nómina, material de intendencia y armamento.
La operación no se hizo al margen del Estado. En 1999 se celebró en la sede de la III Brigada, en Cali, una reunión entre oficiales del Ejército y paramilitares en la que se recopilaban datos sobre personas adineradas de la zona que pudieran aportar dinero para traer a los paramilitares. Poco después, unidades del Ejército habrían apoyado el avance paramilitar que comenzó en julio de 1999 cerca de Buga y Tuluá. Antes incluso de la entrada formal del bloque, había en un corregimiento de Tuluá cerca de un centenar de hombres de las ACCU al mando de Antonio Londoño, alias Rafa Putumayo.
La lógica de la financiación quedó registrada en detalle en un episodio judicial posterior. En 2001 se celebró una reunión en Cartago con empresarios, narcotraficantes y dueños de fincas, que habrían acordado aportes al Bloque Calima para que tomara el control de Barragán y evitara que la guerrilla bajara a sus propiedades. Ese acuerdo conecta con la segunda masacre de Barragán, del 27 de agosto de 2001. Con la llegada de las AUC subieron los indicadores de violencia en el departamento: civiles muertos, homicidios y desplazamientos.
La red: personas, lugares, ideas
El Norte del Valle no puede entenderse sin nombrar a sus figuras y sus geografías, sin trazar el mapa concreto de una red que fue a la vez familiar, política, empresarial y criminal. Iván Urdinola Grajales, oriundo de El Dovio, fue la bisagra entre la vieja élite conservadora y la nueva empresa narcotraficante; su hermano y su cuñada Lorena Henao completaron el clan. Los hermanos Henao Montoya —Orlando, Arcángel el Mocho, Jorge Orlando el hombre del overol— aportaron la segunda gran dinastía. Henry Loaiza el Alacrán encarnó la brutalidad de la subregión en Trujillo. Diego León Montoya Sánchez, Don Diego, y Wílber Alirio Varela, Jabón, protagonizaron la guerra interna de los dos mil. Juan Carlos Ramírez Abadía, Chupeta, aportó a la organización el perfil del capo internacionalista, con mercados en Norteamérica y Asia. Carlos Castaño Gil, comandante de las AUC, tejió desde afuera la alianza que trajo al Bloque Calima. Y aunque no perteneció al circuito, el nombre de Álvaro Uribe Vélez cruzó la subregión por vías políticas cuando, ya en la presidencia, negoció la desmovilización de las autodefensas y protagonizó el proceso de Justicia y Paz que trajo a la superficie muchas de las verdades aquí narradas.
Los lugares importan tanto como las personas. Cartago, en el vértice norte, fue el nodo de conexión con el centro del país y punto de encuentro de las élites regionales, incluidas las que aparecerían en los expedientes de parapolítica. Roldanillo, Zarzal, La Unión, Toro y Bolívar, en el valle plano, fueron el corazón político y económico tradicional, donde las haciendas de caña y ganado convivieron con los nuevos capitales narco. El Dovio y Versalles, en la Cordillera Occidental, fueron cuna de los Urdinola-Henao y, a la vez, zonas de disputa con la guerrilla. Trujillo y Riofrío, sobre el mismo flanco, cargaron el peso simbólico de la masacre. Sevilla y Caicedonia, en la Cordillera Central, ataron la subregión al eje cafetero y al Quindío por la cuenca del río La Vieja. Y el cañón del Garrapatas, con su selva y sus corredores hacia el Chocó, fue el espacio donde se libró la disputa más larga entre guerrilla y narcotráfico, y donde los frentes guerrilleros terminaron desplazados, dejando el corredor bajo dominio de las rutas de la droga.
Sobre esos lugares se depositaron ideas y prácticas que definieron a la subregión: la noción de que el "orden" podía ser provisto por actores privados armados; la idea, muy vallecaucana, de una prosperidad rural que se mide en calidad de ganado, mecanización y fincas de recreo; y una relación con la política nacional en la que los partidos tradicionales —el Conservador con más peso en las laderas, el Liberal en algunas cabeceras del valle— quedaron progresivamente cruzados por lealtades armadas.
La huella: fragmentación, sucesores y memoria
La desmovilización del Bloque Calima en diciembre de 2004, en el marco del proceso con las AUC, no cerró el ciclo. Parte de la estructura del bloque continuó operando de manera informal o fue absorbida por estructuras sicariales de la región. Simultáneamente, la fragmentación del propio Cartel del Norte del Valle, empujada por las capturas y las extradiciones, transformó el negocio: se pasó de estructuras jerárquicas tipo cartel a un tejido fragmentado de pequeños grupos, en disputa violenta permanente y con alianzas cambiantes.
Los sucesores tomaron nombres distintos y estructuras más ligeras. Los Machos, la organización armada de Don Diego, y Los Rastrojos, la de Jabón, prolongaron la guerra interna. La extradición masiva de líderes paramilitares en 2008 aceleró la fragmentación y convirtió a antiguos lugartenientes en actores criminales autónomos. Hacia finales de la primera década del siglo XXI, Héctor Mario Urdinola, alias Chicho, al frente de una organización de Los Machos muy debilitada, habría contactado a Los Urabeños, que empezaron a "reciclar" a sus integrantes. Para finales de 2011 había en Zarzal, Roldanillo y La Victoria tres redes criminales dedicadas al microtráfico, extorsiones, hurto y sicariato. El paisaje criminal, en pocos años, se había atomizado.
En términos de conflicto armado, el suroccidente colombiano fue la zona hacia la que se desplazó con mayor intensidad la violencia en los años dos mil, y el Norte del Valle quedó atravesado por esa dinámica. Los cultivos de coca en el cañón del Garrapatas y en el occidente de Trujillo mostraron, hacia 2007, que la reconversión ilícita del suelo no se había revertido. La compra de tierras por narcotraficantes había concentrado la propiedad, había desviado tierras agrícolas hacia ganadería especulativa, y había dejado un tejido donde los beneficiarios directos e indirectos del despojo incluían a élites locales que también eran empresarios legales.
Queda, por último, la memoria. La subregión carga una ambivalencia que su literatura, sus párrocos, sus museos comunitarios y sus víctimas organizadas intentan procesar. Está, por un lado, la memoria de la prosperidad: la modernización ganadera, la diversificación frutícola, la circulación de dinero, las quintas de recreo, el pueblo que se rehízo. Y está, por el otro, la memoria de la sangre: los ocho años de las masacres de Trujillo, con el descuartizamiento del padre Tiberio Fernández como su punto más doloroso; las masacres del Bloque Calima; la impunidad denunciada por la OEA; el desplazamiento sostenido; la desarticulación de las cooperativas campesinas; la enorme dificultad de los sobrevivientes para ser oídos.
Esas dos memorias no son separables. Fueron producidas por los mismos procesos, en los mismos lugares, muchas veces por los mismos actores. Comprender el Norte del Valle es aceptar que la subregión no se dejó capturar por el narcotráfico desde fuera: fue una arquitectura previa —tierras concentradas por la Empresa Burila y por la colonización antioqueña, gamonalismo conservador, corredores geográficos estratégicos, precariedad estatal cordillerana— la que preparó el terreno. Pero también es aceptar que sin la convergencia de choques coyunturales —la caída del Pacto Internacional del Café en 1989, la broca a comienzos de los noventa, el desmantelamiento del Cartel de Cali en 1995, la llegada del Bloque Calima en 1999— esa arquitectura no habría producido, por sí sola, el mismo resultado. Fue en la intersección de esas dos temporalidades, la larga y la corta, donde el Norte del Valle se convirtió en lo que hoy es: un territorio donde la historia agraria, las redes políticas y el narcotráfico se han vuelto indistinguibles unos de otros, y donde la tarea pendiente sigue siendo escribir esa historia sin caer ni en la hagiografía de la colonización ni en la reducción de la subregión a la sombra de sus capos.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
37 documentos · 50 fragmentos01Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 241 cita
[1]resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…
p. 24
02Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3091 cita
[2]Después de la primera fase de la colonización siguió un proceso autogenerado, consistente en que la parcela primeramente desmontada servía por un tiempo para albergar y dar trabajo a la familia, pero luego, al crecer esta, se tornaba insuficiente y algunos hijos se marchaban cada vez más hacia el sur a constituir su…
p. 309
03La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 15, 202 citas
[3]antiguamente el río Tenche. 30 ~o 50 oo 10 E3 E---=3 f==-t e---3 20 30 4(l 50 60 70 Mapa2 Regiones fisiográficas de Colombia Central El escenario natural 35 de la Cordillera Central, más allá de las tierras bajas del río Magda- lena, está situada la Cordillera Oriental, con sus elevados páramos de Cundinamarca, Boyacá…
p. 15
[10]Quin- chía, Aranzazu y Chinchiná. Más al sur, en el sur del Valle, las minas más importantes de Cali y Yumbo parecen representar una extensión de la misma formación geológica. Este cinturón de colinas del terciario, densamente plegado y tras- tornado, cogido entre los batolitos y las tierras bajas del río Cauca, ha…
p. 20
04El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2901 cita
[4]agrimensura, el descuido oficial sobre el registro de tierras públicas, el mismo desconocimiento de vastas áreas, obliga a presumir que muchos colonos pobres, colocados un poco al margen lograron asentarse y sobrevivir, sin que la tierra pasara al registro estadístico; por ejemplo, en las 128.000 hectáreas que…
p. 290
05Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1941 cita
[5]concerning vast areas obliges us to assume that many poor colonists managed to settle and survive outside official programmes, and outside official statistical records. For example, the 128,000 hectares claimed by the Empresa Burila were occupied, if the imprecise figures available are to be believed, by anywhere…
p. 194
06Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1142 citas
[6]apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…
p. 114
[7]apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…
p. 114
07Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 68, 722 citas
[8]en un principio producto de la coloniza- ción antioqueña y ligadas a la economía cafetera y a la ganadera de leche, a partir de los años setentas entraron en un proceso de diversificación de cultivos, sobre todo de frutales, promovido por la Federación de Cafeteros, proceso que fue retomado por las organizaciones de…
p. 68
[20]determinado volumen, eliminan a los la- drones y se hacen cargo de la seguridad de la población. Además, definen quienes pueden vivir en la región y quienes deben marcharse al exilio. Palabras más, palabras menos, asumieron el papel de los tradicionales mediadores violentos de la región y se convirtieron en la forma…
p. 72
08Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1911 cita
[9]la sociedad hubiera sido suficiente para evitar la con - formación de los grupos de narco- traficantes que todavía trastornan el ambiente político y dificultan el buen manejo del sistema. 193 C olombia C ompleja 17 e l o CC idente C afetero En el trayecto central del río Cauca, en una pequeña franja alargada entre…
p. 191
09Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 137, 1702 citas
[11]TRUJILLO U na tragedia que no cesa amenazaban, los hacían ir o hacían como en Primavera que quema- ban 11 o 12 viviendas […] Pues allanaban esas tierras, las invadían como terrenos baldíos, después de 5 o 10 años... negocio redondo. Y el Incora ayudó a eso, en esa época era muy corrupto, aunque to- davía lo es, pero…
p. 137
[14]Buga; con el norte, a partir de Cartago; con el Pacífico, por sus cercanías al puerto de Buenaventura y otra serie de embarcaderos en la costa Pacífica y finalmente con el de Cali a partir de Palmira y el aeropuerto de Palmaseca. Este corredor sirve de muro de contención a incursiones de la guerrilla, al control de…
p. 170
10Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1861 cita
[12]costumbres, mucho negocio como lavadero de dinero. Economía • Despojo de tierras por narcos, característica en los años 1990. • Hoy: gran productor de piña, tomate, lulo, mora, pimentón, frutales en general, buenas razas de ganado tecnificado. • “Una gran actividad comer- cial, una cantidad de plata que antes no se…
p. 186
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 981 cita
[13]de compra de tierras por parte de narcotraficantes se intensificó tras la crisis cafetera ocasionada por la caída del Pacto Internacional del Café, en 1989, y por la crisis de la broca a principios de los años noventa. Hacia finales de la década de los ochenta, en algunas de estas tierras compradas se sembró coca, y…
p. 98
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 75, 1162 citas
[15]se medían por la capacidad militar y el grado de dominio territorial 137. Urdinola y otros narcos de la «primera generación» de los años ochenta tenían cercanía con el Partido Conservador, lo que atenuaba las tensiones con las élites tradicionales de la región y facilitaba la intervención político-institucional en los…
p. 75
[37]hídrica muy grande acá en la hacienda La Ruiza. A ratos uno piensa: “puede ser eso, ¿no?”, de pronto tener de propiedad la zona en donde se produce el agua. […] Además porque, vox populi, acá se escucha que la industria cañera financió el parami- litarismo aquí en la zona sur del Valle y en el centro del Valle» 259.…
p. 116
13Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 87, 1182 citas
[16]droga pertenecientes al Cartel de Medellín y al de Cali. Esta terce- ra generación 29 conformó el proceso de atomización de la mafia. En la tercera etapa del narcotráfico es reconocido el fortaleci- miento del Cartel del Norte del Valle, el cual para 1995 tomó el control del negocio en zonas que quedaron a su…
p. 87
[31]de fecha 2 de febrero de 2005, cuyo texto fue aportado al expediente mediante informe de policía 0074 del 9 de marzo de 2009 (…) al respecto se puede formular la siguiente hipótesis: que parte de la estructura del Bloque Calima siga ope- rando de manera “informal” en esta región, manteniendo rela- ciones con algunos…
p. 118
14Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 66, 802 citas
[17]hermanos Rodríguez Orejuela, los integrantes del Cartel del Norte del Valle entraron en pugnas por el control del negocio, que fueron resueltas por violencia y permitieron a las familias Urdinola y Henao controlar la región (CNMH, 2014, página 268). Con la captura y posterior asesinato de Jorge Orlan- do Henao,…
p. 80
[23]Trujillo y Bolívar. Por su parte, el ELN, conformado en el Valle por estudiantes, obreros y per- seguidos políticos de Cali, tomó como base de operaciones en los años ochenta el cañón del río Garrapatas, movilizándose por territorio selvático entre Chocó y los municipios vallecau- canos de El Cairo, El Dovio, Trujillo…
p. 66
15Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1941 cita
[18]como se analizará en la siguiente sección. L OS CAMBIOS EN EL NARCOTRÁFICO Y EN EL CONFLICTO La guerra del Estado contra Escobar se hizo en alianza con sus competidores en el narcotráfico. Desde finales de los años ochenta Escobar había agregado dentro de su lista de enemigos al Cartel de Cali y del Norte del Valle y…
p. 194
16The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1541 cita
[19]a car thief but later reached legendary status. Escobar is credited with transforming the Medellín Cartel into a multinational criminal corpo- ration. Instead of using individuals as drug mules, which is how the business had worked prior to Escobar, the “ patrón of evil,” as he was nicknamed, had at his disposal…
p. 154
17Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 152, 1572 citas
[21]Se presentó un cambio organizativo del narcotráfico en tan - to que se pasó de una estructura jerárquica a una de pequeños 304 305 CAPÍTULO III. SUROCCIDENTE NUEVOS ESCENARIOS DE CONFLICTO ARMADO Y VIOLENCIA Panorama posacuerdos con AUC carteles y grupos menos visibles y más fragmentados, lo cual dio lugar a una…
p. 152
[50]el extraditado narcotraficante Diego Montoya, alias Don Diego, con el objetivo de controlar zonas estratégicas para las actividades de narcotráfico en el norte del Valle. Hasta el final de 2011 tendría tres redes criminales en los municipios de Zarzal, Roldanillo y La Victoria (Valle), dedicadas especial - mente al…
p. 157
18Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2521 cita
[22]Un nuevo orden social surgió con la consiguiente aparición de nuevas relaciones de dominación (Betancourt, 1998). Cualquier criminal podía alzarse con la regulación de la sociedad si con las ganancias del negocio controlaba las bandas de asesinos a sueldo que abundaban en la región. Tanto sería el control de los…
p. 252
19"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 139, 2122 citas
[24]y en el centro, en el corredor formado por los mu- nicipios de Restrepo, Darién, La Cumbre, Riofrío, Trujillo y Bolívar. Por su parte, el ELN, conformado en el Valle por estudiantes, obreros y perseguidos políticos de Cali, tomó como base de ope- raciones en los años ochenta el cañón del río Garrapatas movi- lizándose…
p. 212
[38]en que los perpetradores más visibles fueron los grupos paramilitares, por un lado, y los narcotra fi cantes, por otro, a pesar de estar rela- cionados para el ejercicio de la violencia. Según testimonios de las personas entrevistadas, esta vez los bene fi ciarios también fueron de forma directa o indirecta algunas de…
p. 139
20Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1841 cita
[25]disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…
p. 184
21Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 102, 1052 citas
[26]que la población temiera seguirle colabo- rando a la guerrilla. La hipótesis más aceptada, tanto por fuentes académicas y pe- riodísticas, como por la misma Fiscalía, es que quien estaría más directamente implicado con la llegada del Bloque Calima al Valle del Cauca era el narcotra fi cante Diego León Montoya, alias…
p. 102
[32]del!"&& en Medellín. 208 Capítulo 2 209 JUSTICIA Y PAZ: ¿Verdad judicial o verdad histórica? ración económica de ellos ya que manejaban el poder en el Valle del Cauca. &** Una segunda reunión, ya en el año!""!, también sostenida en Cartago, es relatada por alias “El Cura”, en donde según él participaron empresarios,…
p. 105
22No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3931 cita
[27]el 10 y 13 de abril del 2001 en contra de población indígena y afrocolombiana. Esta zona entre Cauca y Valle del Cauca significaba para las AUC un corredor hacia la costa del Pacífico, además de un punto de interés por la presencia de cultivos de coca. Esto, sumado a una presunta retaliación por el secuestro de la…
p. 393
23El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2942 citas
[28]2009). Sobre el apoyo militar, como lo anunciarían investigadores de la Fiscalía a Human Rights Watch, se presumiría la participación de la Tercera Brigada del Ejército en la conformación y en el apoyo logístico al accionar del Bloque Calima en la región. Un testigo indicó que asistió a una reunión entre el ejército y…
p. 294
[29]2009). Sobre el apoyo militar, como lo anunciarían investigadores de la Fiscalía a Human Rights Watch, se presumiría la participación de la Tercera Brigada del Ejército en la conformación y en el apoyo logístico al accionar del Bloque Calima en la región. Un testigo indicó que asistió a una reunión entre el ejército y…
p. 294
24Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1091 cita
[30]memoria: las vícti- mas del Bloque Calima en el suroccidente colombiano (CNMH, 2016c) contribuye a desenmarañar el accionar e impactos del BC, para el caso específico de los municipios de El Tambo, Patía y Merca- deres, en el Cauca. Los autores describen con detalle la llegada y las modalidades de violencia que los…
p. 109
25Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 951 cita
[33]33,3 Chocó 6 19 31,5 Sucre 7 24 29,2 Guaviare 1 4 25,0 Amazonas* 2 8* 25,0 Putumayo 3 13 23,0 Santander 14 87 22,0 Cauca 6 38 15,8 Boyacá 16 123 13,0 Huila 4 37 10,8 Norte de Santander 3 40 7,5 Nariño 3 62 4,8 Totales 409 1.039 42,0 * Amazonas tiene ocho corregimientos, que aquí pueden asimilarse a municipios.…
p. 95
26Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 941 cita
[34]de concentración de la tierra, pro- pulsado por los narcotraficantes y entrelazado con la estrategia contrainsurgente de los militares, está desviando amplias extensiones de tierra de vocación agrícola hacia usos especulativos, consolidando así la base de un desarrollo capitalista rentista en el cual el capital se…
p. 94
27The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2531 cita
[35]property records often present frontmen rather than real owners. Needless to say, narco-traffickers also use different and ingenious methods to not present themselves as legitimate owners of these lands. These cir- cumstances, among others, have hampered seizure of land and property by the National Directorate for…
p. 253
28Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 551 cita
[36]el uso de la tierra, así como nuevas manifestaciones de violencia por motivaciones puramente económicas (violencia socioeconómica) entre distintos actores en la disputa por el control de recursos y territorios. La nueva lógica del narcotráfico marcó por lo tanto una nueva era de desplazamientos forzados,…
p. 55
29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9211 cita
[39]razón de esas redes de alianzas permite preponderar el papel que representantes del sector bananero, ganadero, narcotraficantes, altos mandos del Ejército y sectores políticos tuvieron en su creación, consolidación y expansión. La masacre de Trujillo, entre narcos y miembros de la fuerza pública Las masacres de…
p. 921
30La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 269, 2832 citas
[40]grandes masacres, perpetradas con métodos crueles, que dejaron un alto número de víctimas. El 75 % de las masacres documentadas por el Grupo de memoria Histórica con un número reducido lograron ser sacadas a la luz. A continuación, me permito describir una de las primeras masacres do - cumentadas por el Centro de…
p. 269
[46]ser catalogados como invasores, indígenas, negritudes extrañas, campesinos desempleados, poblaciones diferentes que no saben vivir ni trabajar en la ciudad. En el caso de la masacre de Trujillo, las víctimas señaladas bajo los prejuicios no eran auxiliadores de la guerrilla, sino personas inocentes, personas…
p. 283
31La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1941 cita
[41]paz, fundamentalmente en el Tolima, acompañando a los campesinos, a los indígenas. Yo creo que él fue un precursor de la teología de la liberación y del nuevo pensamiento al interior de la Iglesia católica a partir de las comunidades de base. Asumió esa responsabilidad por convicción y combinaba la actividad pastoral…
p. 194
32Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 771 cita
[42]all sides. In the Cauca River valley, Loaiza and his Cali Cartel cohorts devel- oped alliances with the local military. They were convinced that the peas- ant organizing going on in the guise of Catholic solidarity was simply a cover for the guerrillas. The final straw was local participation in a series of protest…
p. 77
33El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2702 citas
[43]conocido; y Helmer “Pacho” Herrera, calificado por la DEA como el gerente del cartel de Cali. Cuando los investigadores preguntaron a los mandos militares por este último, “Curiosamente, los comandantes de la III División y de la III Brigada del Ejército le aseguraron a la Comisión que ni siquiera habían oído hablar…
p. 270
[44]conocido; y Helmer “Pacho” Herrera, calificado por la DEA como el gerente del cartel de Cali. Cuando los investigadores preguntaron a los mandos militares por este último, “Curiosamente, los comandantes de la III División y de la III Brigada del Ejército le aseguraron a la Comisión que ni siquiera habían oído hablar…
p. 270
34Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2581 cita
[45]45. 258 Tierralta, Córdoba, en 1989, a raíz de las denuncias que hizo so bre la violencia en la región 767; el padre Álvaro Ulcué Chocué, primer sacerdote indígena nasa, que dedicó su vida a defender la dignidad de los pueblos ancestrales, fue asesinado, en 1984 768; y el padre Tiberio Fernández, quien trabajó por los…
p. 258
35La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 851 cita
[47]embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…
p. 85
36Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 11 cita
[48]www.InSightCrime.org Colombia Elites and Organized Crime Colombia E lites and Organized Crime www.InSightCrime.org 2 Table of Contents Introduction............................................................................................... 3 Land and Trade - Colombia's…
p. 1
37Violence Entrepreneurs, Law and Authority in ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 71 cita
[49]and political networks were reconfigured and adapted to the new situation. The relations between violence, crime and politics were also reshuffled. The recognition on which citizenship and property depend remains connected to these forms of unofficial authority, but the hybridity of the new order — the various…
p. 7