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Ensayo · Transversal · —

La frontera colombo-venezolana

Dos mil doscientos diecinueve kilómetros de línea jurídica trazada por élites capitalinas sobre tres espacios sociales —el andino comercial, el llanero pecuario y el guajiro wayúu— que nunca se desarticularon. La pregunta es si esa brecha entre la frontera formal y el espacio vivido explica el contrabando estructural, la retaguardia armada y la ingobernabilidad recurrente.

18 min de lectura3.891 palabras50 documentos61 fragmentos
La frontera colombo-venezolana
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La frontera colombo-venezolana es a la vez construcción política activa y superposición sobre continuidades reales que la preceden. Las identidades nacionales diferenciadas —granadina y venezolana— no preexistían a 1821 sino que fueron fabricadas por élites capitalinas que derrotaron el proyecto de identidad colombiana unificada; pero los espacios cortados por la línea —el eje Cúcuta-Táchira-Maracaibo, los llanos de Arauca-Apure, el territorio wayúu— tenían densidades sociales, económicas y étnicas que ningún tratado desarticuló. Esa distancia entre la línea trazada y el espacio vivido explica el contrabando estructural, la retaguardia guerrillera y paramilitar, y los ciclos diplomáticos de apertura y cierre: las políticas de cierre atacan síntomas de una enfermedad estructural porque intentan interrumpir por decreto metabolismos cotidianos —comercio, escolaridad, parentesco, circulación indígena— que funcionan con independencia de la voluntad de los gobiernos de Bogotá y Caracas.

La tensión

La tensión central enfrenta dos diagnósticos incompatibles sobre la naturaleza de la frontera. Para la lectura estructuralista, la porosidad e ingobernabilidad son consecuencias necesarias de haber superpuesto una línea abstracta sobre un espacio unitario: el eje Cúcuta-Mérida-Maracaibo nunca dejó de funcionar como sistema económico integrado desde el período colonial, los Llanos de Arauca y Apure comparten un solo pasto y una sola cultura ganadera, y el pueblo wayúu vive en circuitos transfronterizos reales que la frontera convierte en 'ilegales'. La propuesta de Bolívar en 1821 de crear un departamento Pamplona-Mérida-Maracaibo que respetara la unidad sociogeográfica de la cuenca Catatumbo-Zulia quedó como testimonio de una alternativa desechada por las élites. Para la lectura institucionalista, la porosidad es un problema de aplicación de la ley: la diferenciación Colombia-Venezuela fue real desde la disolución de la Gran Colombia en 1830, y la retaguardia armada —desde las guerrillas liberales de los cincuenta hasta el enfrentamiento entre FARC y ELN en Arauca y Apure entre 2006 y 2010— refleja déficit de Estado, no continuidad cultural. Un tercer eje complica ambas: el caso wayúu muestra que el régimen fronterizo de la Alta Guajira no es ni soberanía estatal ni anomia, sino un orden plural donde lógicas wayúu, contrabandistas y armadas se superponen; los paramilitares instrumentalizaron conflictos entre familias wayúu para penetrar la Alta Guajira, y las masacres de Rodeíto El Pozo (2001) y Bahía Portete (2004) ilustran que la violencia estatal y paraestatal no disuelve ese orden sino que lo reconfigura violentamente. La evidencia disponible sostiene mejor la lectura estructuralista en el eje andino y en los Llanos, pero obliga a matizarla en La Guajira, donde la 'ficción jurídica' coexiste con un orden indígena autónomo que no es simple continuidad colonial sino producto histórico de quinientos años de resistencia, conflicto y adaptación.

Temas
Gran Colombia y disolución de 1830Contrabando y economía transfronterizaPueblo wayúu y territorialidad indígenaFARC, ELN y paramilitarismo en zonas de fronteraLlanos Orientales y violencia políticaRelaciones bilaterales Colombia-Venezuela
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Ensayo completo

La lectura

Dos mil doscientos diecinueve kilómetros que van desde el faro de Castilletes, en el Cabo de la Vela, hasta las selvas del Guainía, y que en el mapa parecen una línea. En el terreno son otra cosa: tres regímenes distintos —el andino comercial de Cúcuta-Táchira-Maracaibo, el llanero pecuario y guerrillero de Arauca-Apure, y el guajiro wayúu-contrabandista— sobre los cuales las élites de Bogotá y Caracas proyectaron desde 1830 una arquitectura jurídica de tratados, laudos y aduanas que nunca logró desarticular las continuidades coloniales previas. Esa distancia entre la línea trazada y el espacio vivido es la historia real de la frontera: explica el contrabando estructural, los éxodos, la retaguardia armada y los ciclos diplomáticos de apertura y cierre que se prolongan hasta el cierre binacional de 2015 y la crisis migratoria de 2019. Este artículo responde a una pregunta abierta: ¿es la frontera colombo-venezolana una ficción jurídica de élites andinas impuesta sobre un espacio unitario, y esa ficción explica su ingobernabilidad recurrente?

Qué está en juego

De la respuesta depende cómo se entiende un siglo y medio largo de crisis binacionales. Si la frontera es un accidente jurídico sobre un espacio unitario, las políticas de cierre —militarización, expulsiones, estados de excepción— son remedios equivocados que atacan síntomas de una enfermedad estructural. Si, en cambio, la frontera reflejó desde el principio dos comunidades políticas divergentes, la porosidad es un problema de aplicación de la ley que se resuelve con más Estado.

Ninguna de las dos formulaciones puras se sostiene. La disolución de la Gran Colombia en 1830 no fue solo el resultado del vacío dejado por la muerte de Bolívar: durante la década 1821-1831 se impusieron identidades nacionales diferenciadas —la granadina, la venezolana, la ecuatoriana— sobre el proyecto de identidad colombiana unificada, y esa diferenciación fue trabajo activo de las élites capitalinas, no revelación de esencias preexistentes. Pero los espacios que la nueva frontera cortó —el circuito comercial del Catatumbo-Zulia-Maracaibo, los llanos de un solo pasto entre Casanare y Apure, el territorio wayúu de la península— tenían densidades sociales, económicas y étnicas que no desaparecieron por decreto. La frontera es a la vez construcción política y superposición sobre continuidades reales; lo interesante es cómo esos dos planos se han renegociado sin cesar, y por qué en cada tramo lo han hecho de manera distinta.

Los términos del debate

Al menos siete lecturas se disputan la naturaleza de la frontera colombo-venezolana, y conviene enunciarlas antes de pesar la evidencia. La primera sostiene que la diferenciación Colombia-Venezuela fue construcción activa de las élites capitalinas contra continuidades culturales populares: la disolución de 1830 respondió a un cálculo de las oligarquías de Bogotá y Caracas, no a una divergencia identitaria del pueblo fronterizo, que siguió hablando la misma lengua, comerciando los mismos productos y casándose entre sí. La segunda afina el mapa: la frontera es superposición política sobre un espacio económico colonial unitario, particularmente el eje Cúcuta-Mérida-Maracaibo, cuya cuenca del Catatumbo-Zulia funcionaba como sistema integrado desde el siglo XVIII. El propio Bolívar lo reconoció en su carta del 18 de mayo de 1821, cuando propuso crear un departamento Pamplona-Mérida-Maracaibo que respetara esa unidad sociogeográfica por encima de las divisiones administrativas.

Una tercera lectura desplaza el énfasis hacia el uso militar del espacio: la frontera funcionó estructuralmente como retaguardia y reciclador de actores armados —desde las guerrillas liberales de los Llanos en los años cincuenta hasta las FARC, el ELN y las AUC del cambio de siglo—, y ese uso condicionó las relaciones bilaterales más allá de la voluntad de los gobiernos. La cuarta lleva el argumento a los Llanos y ve la frontera como artefacto de élites andinas impuesto sobre un espacio social unitario donde el hato, el llanero y las milicias operaron sin distingo de banderas. La quinta observa a los pueblos indígenas fronterizos —wayúu, motilones, u'wa— que viven en circuitos transfronterizos reales mientras el Estado define un territorio abstracto. La sexta, más filosófica, sostiene que la nación moderna se construye negando las pertenencias múltiples que pueblos como el wayúu encarnan, y que la frontera produce indígenas "ilegales" donde antes había circulación rutinaria. La séptima refina la cuestión guajira: el régimen fronterizo de la Alta Guajira no se reduce ni a soberanía estatal ni a anomia, sino que constituye un orden plural donde lógicas wayúu, contrabandistas y armadas se superponen y entran en conflicto.

Las siete lecturas comparten un núcleo —la frontera como ficción impuesta sobre continuidades— pero divergen en dónde ponen el énfasis explicativo. Cotejadas con la evidencia, unas se sostienen mejor que otras.

La ficción jurídica: de 1830 a los laudos

La disgregación de la Gran Colombia produjo tres Estados que heredaron el problema de trazar sus fronteras sobre territorios de jurisdicciones coloniales imprecisas. El principio invocado fue el uti possidetis juris de 1810, que reconocía los límites administrativos coloniales al momento de la Independencia. En 1833, Lino de Pombo por Colombia y Santos Michelena por Venezuela negociaron un primer tratado en el que la Nueva Granada cedía extensos territorios en la Guajira sin compensaciones de importancia, pese a tener títulos suficientes sobre la totalidad de la península. El Congreso de la Nueva Granada aprobó el acuerdo; el Congreso venezolano lo rechazó en 1836. Se abrió así un siglo de negociaciones intermitentes que solo cerró parcialmente en 1941.

Entre esos dos extremos, la frontera se dibujó a golpes de arbitrajes y tratados frustrados. El Tratado Suárez-Losada Díaz de 1916 fue el último eslabón de una serie de acuerdos fallidos del siglo XIX. La complejidad del litigio —dos mil doscientos diecinueve kilómetros desde La Guajira hasta el Amazonas, atravesando tres regímenes ecológicos y sociales— hizo la resolución mucho más contenciosa que la sostenida con Ecuador.

Lo revelador de este siglo largo de tratados no es su eventual éxito cartográfico, sino que operó como conversación entre élites capitalinas sobre espacios que las élites no habitaban. Bogotá y Caracas se disputaron territorios que las poblaciones de esos territorios cruzaban a diario sin pedir permiso. La propuesta de Bolívar de 1821, que reconocía la unidad de la cuenca Catatumbo-Zulia-Maracaibo, quedó como testimonio de una alternativa desechada: un ordenamiento territorial que respetara la sociogeografía preexistente en lugar de imponerle una línea abstracta. La nación venezolana y la granadina no se separaron en 1830 porque fueran diferentes: empezaron a construirse como diferentes desde 1821. El proyecto de identidad colombiana unificada existía; lo derrotaron las élites que lo encontraban incómodo.

El eje andino: Cúcuta, Táchira, Maracaibo

La cuenca del Catatumbo, del Zulia y del lago de Maracaibo es el laboratorio más nítido de la tesis del espacio económico unitario. Desde el período colonial tardío, la producción agrícola y ganadera del oriente neogranadino —el cacao, el café más tarde— salía por Maracaibo, porque bajar hasta el Magdalena era carísimo y subir la cordillera hasta Bogotá, absurdo. Cúcuta y San Cristóbal crecieron como ciudades gemelas de un mismo sistema comercial cuya salida al mundo era el puerto zuliano.

Ese sistema no se desarticuló en 1830. Continuó funcionando bajo la nueva geografía política, ahora como comercio internacional y contrabando según el capricho de las aduanas. En los años setenta del siglo XX, Maracaibo tenía barrios enteros fundados por colombianos y una vida cultural donde la música colombiana —de Los Corraleros de Majagual a Claudia de Colombia, de Aníbal Velásquez al vallenato del Binomio de Oro— no era importación exótica sino banda sonora cotidiana. La influencia cultural colombiana en el Zulia era, sencillamente, la continuidad audible de un espacio compartido.

El eje andino ofrece así el mejor caso para la segunda tesis. La frontera se superpuso a un espacio económico y cultural que la precedía y que, salvo por las variaciones cambiarias y arancelarias, funcionaba con independencia de ella. Cuando en 2015 el gobierno de Nicolás Maduro cerró la frontera y decretó estados de excepción sobre municipios fronterizos —y luego los extendió en septiembre de ese año—, no clausuró un intercambio; interrumpió por decreto un metabolismo cotidiano que hasta ese momento incluía compras, escolaridad, atención médica y visitas familiares en ambas direcciones. La inversión del flujo escolar —niños venezolanos que empezaron a asistir a escuelas colombianas cuando antes había sido al revés— muestra que la porosidad no dependía de la dirección de la crisis, sino de que hubiera crisis en algún lado.

Los Llanos: frontera interna, guerra crónica

La tesis del artefacto élite sobre un espacio unitario adquiere en los Llanos su forma más dramática, y también más ambigua. Arauca y Apure comparten un solo pasto, un solo río de referencia —el Arauca—, una sola cultura ganadera y, durante mucho tiempo, un solo destino político. La frontera pasa por el río, pero el río se cruza en chalupa, en lancha a motor y por camellones a lo largo de todo su cauce. Los pasos entre Saravena y El Nula, entre Arauquita y La Victoria, entre Arauca y El Amparo de Apure permiten un tránsito permanente que ningún control formal ha logrado interrumpir.

Ese espacio no fue simplemente ingobernado por accidente. La Guerra de Independencia, entre 1810 y 1821, destruyó la prosperidad colonial de los Llanos: al restaurarse la paz solo quedaban cuatro misiones de las existentes antes de la guerra, el ganado había sido diezmado, la economía despoblada, y el caudillismo se había afirmado como forma de mando.

Sobre esa ruina se levantó una jerarquía rígida. Los propietarios de hato visitaban sus fundos una o dos veces al año y delegaban el mando en mayordomos y caporales. Debajo trabajaban vaqueros, caballiceros y vegueros; más abajo aún, los concertados indígenas contratados por temporada. Los vegueros podían poseer algunas reses, pero carecían de título sobre la tierra y dependían de un intercambio comercial desigual con el propietario. La "llanerización" fue proyecto explícito de las élites nacionales y locales para controlar laboralmente a la población indígena, y las milicias casanareñas que participaron en levantamientos consolidaron la imagen del Llano como región conflictiva y proclive a la guerra.

Cuando estalló La Violencia a finales de los cuarenta, los Llanos ya tenían un siglo de acumulación de rencores, veteranos sin tierra, caudillos armados y una frontera porosa por donde pasar. Elíseo Velásquez se alzó a comienzos de los cincuenta frente a la persecución conservadora, y la guerrilla liberal que se formó fue heterogénea: campesinos desplazados, familiares de víctimas del terror oficial, aparceros, vegueros, peones, vaqueros y caporales con función de mando. Guadalupe Salcedo Unda, nacido en Santa Helena de Cusiana, en Casanare, se destacó como el líder más importante, y junto con Eduardo Franco Isaza constituyó el núcleo dirigente del comando guerrillero con sede en Yopal. El movimiento llegó a ser el más numeroso y mejor armado del país durante La Violencia, con presencia en Casanare, Vichada, Meta y Arauca, y capacidad militar para tomar bases como Palanquero, en Cundinamarca, y poblaciones enteras como Orocué.

La fluida relación de esas guerrillas con Venezuela generó en el Gobierno colombiano el temor real de que una parte del territorio pudiera quedar en manos de revolucionarios con vínculos venezolanos. El miedo no era paranoia: el Llano era un espacio social continuo, y una insurrección con retaguardia en Apure era militarmente distinta de una insurrección encerrada en el altiplano.

La pacificación bajo Rojas Pinilla fue posible en parte porque Salcedo persuadió a sus aproximadamente cinco mil guerrilleros de deponer las armas. Pero el bipartidismo retomó el poder tras la caída de Rojas el 10 de mayo de 1957, y Salcedo fue asesinado poco después. Quedó como símbolo del insurrecto amnistiado y traicionado, y su muerte inauguró un patrón: los Llanos como frontera donde el Estado firma paz y luego incumple, y donde las nuevas insurgencias —FARC y ELN a partir de los sesenta— encuentran los mismos caminos, la misma retaguardia venezolana, y las mismas comunidades campesinas sin protección institucional efectiva.

Los Llanos ilustran algo más complejo que la simple imposición de élite. Muestran que la frontera funciona como retaguardia porque el espacio social que atraviesa nunca fue integrado ni de un lado ni del otro, y porque las guerrillas que allí actuaron —desde las liberales hasta el enfrentamiento brutal entre FARC y ELN entre marzo de 2006 y 2010— no operaron al margen del poder central sino en simbiosis con él: hacendados liberales financiaron inicialmente a las guerrillas, y solo se distanciaron cuando el movimiento asumió banderas de defensa de la tierra y los peones.

La Alta Guajira: orden plural

La península de La Guajira es el caso más nítido del carácter plural del régimen fronterizo. Los wayúu constituyen aproximadamente la mitad de la población departamental y son el eje sociocultural regional. La sociedad criolla guajira está fuertemente influida por pautas de control social y usos cotidianos wayúu, especialmente en las actividades comerciales de peso regional. La sociedad wayúu es segmentada, con lealtades y solidaridades que no son primordialmente transversales, y sus organizaciones armadas no se involucraban en la regulación del conjunto de las transacciones sociales. El gobierno colombiano reconoce y permite el uso del sistema de justicia propio wayúu.

Sobre este sustrato étnico opera una economía particular. Los puertos de la Alta Guajira dedicados al contrabando forman parte de entidades territoriales indígenas donde las comunidades tienen autonomía de operación, y el Estado nacional no puede tomar control de ellos ni de sus operaciones. Las mujeres wayúu cumplen un papel central en esa economía: son dueñas de establecimientos de venta de comida, víveres, licores y gasolina, propietarias de vehículos de transporte y arrendadoras de espacios para almacenamiento de mercancía. El contrabando en La Guajira tiene además una legitimidad social larga: se remonta al período colonial, cuando se burlaban los monopolios reales sobre oro, plata y esclavos, y algunos contrabandistas del siglo XX se identificaban con la identidad regional guajira y con el parentesco wayúu para reclamar una posición especial frente a las autoridades. En al menos un episodio documentado, ofrecieron dinero a agentes de aduanas argumentando que en su tierra el contrabando no debía ser confiscado.

La Alta Guajira no es un territorio anómico ni un vacío estatal: es un orden con lógicas propias, donde la autoridad wayúu, la economía del contrabando y la presencia formal del Estado colombiano se superponen en equilibrios inestables. La frontera con Venezuela, en ese contexto, es una línea que la vida cotidiana atraviesa por costumbre. Los vínculos territoriales y familiares de los clanes trascienden la frontera estatal: parte del clan Epiayú, por ejemplo, fue desplazada hacia Venezuela por la violencia. El territorio es el fundamento de la identidad wayúu; sin territorio no hay posibilidad de enterrar a los muertos, practicar la cría de animales ni ejercer la vida cultural del clan.

Ese orden plural fue violentado desde finales de los noventa por la expansión paramilitar. La masacre de Rodeíto El Pozo, el 28 de enero de 2001 en el municipio de Hatonuevo, fue perpetrada por paramilitares que asesinaron a trece personas de la comunidad wayúu; la institucionalidad desestimó inicialmente el hecho atribuyéndolo a conflictos entre clanes, interpretación que fomentó la estigmatización e impunidad, aunque después se demostró la responsabilidad paramilitar.

Tres años más tarde, la masacre de Bahía Portete asesinó a seis personas —entre ellas cuatro mujeres—, profanó el cementerio, quemó casas y torturó a mujeres, provocando desplazamiento forzado. La violencia transgredió normas culturales wayúu fundamentales: el cementerio no es violentado ni por los enemigos, y las mujeres están fuera de las dinámicas bélicas en la normatividad de guerra wayúu. Los paramilitares habían instrumentalizado conflictos entre familias wayúu para penetrar en el territorio, en el marco de la expansión de las AUC como estructura paranarco.

La frontera cumple entonces una función doble. Es refugio —muchas familias wayúu cruzaron a Venezuela huyendo de la violencia paramilitar— y es simultáneamente el corredor por el cual esa misma violencia se moviliza. La tesis del orden plural se sostiene, pero con una advertencia: los equilibrios entre las lógicas wayúu, contrabandista y estatal fueron rotos por un cuarto actor —el paramilitarismo— que no se sometió a ninguna de esas lógicas y las utilizó todas.

La retaguardia armada como estructura

El patrón se repite en cada tramo con variaciones. En el Catatumbo, el Bloque Catatumbo de las AUC inició su dominio a partir de 1999 en el marco de una arremetida apoyada por sectores militares, civiles y económicos, que Carlos Castaño justificó públicamente como confrontación con el ELN, aunque el objetivo era más amplio: control territorial y de rutas. En Arauca, el Bloque Vencedores de Arauca operó como estructura paramilitar inserta en el departamento, primero dentro de las AUC y luego del Bloque Central Bolívar. Entre 2006 y 2010, FARC y ELN libraron una guerra guerrillera brutal entre sí en Arauca y Apure, con el río Arauca como eje de operaciones para ambos.

Sobre esa geografía se montó la economía criminal transfronteriza. Grupos paramilitares se confabularon con personal de Ecopetrol —coordinadores de planta, integrantes del grupo de protección industrial, encargados de seguridad— para robar combustible y evadir controles. La gasolina sustraída en el Magdalena Medio abastecía laboratorios de producción de cocaína en el Sur de Bolívar. El diferencial cambiario entre peso y bolívar incidió en el contrabando de ganado, acentuándose cuando el bolívar se revaluaba, junto con restricciones fitosanitarias y la extensión misma de la frontera. Y las redes históricas de contrabando —los Sanandresitos, las zonas costeras de La Guajira— se articularon con el lavado de activos del narcotráfico: los medios de cambio generados en el mercado internacional de drogas se transformaron en mercancías de consumo masivo importadas sin impuestos, redistribuyendo los excedentes del negocio en la sociedad.

Esta trama sostiene la tercera tesis: la frontera funcionó estructuralmente como retaguardia y reciclador, y condicionó las relaciones bilaterales más allá de la voluntad de los gobiernos. Pero también revela que la ingobernabilidad no es residuo pasivo. Es producto activo de actores que encontraron en la porosidad recursos concretos: los paramilitares se coludieron con funcionarios estatales de Ecopetrol, los contrabandistas negociaron tolerancia con aduanas, las guerrillas usaron el territorio venezolano como retaguardia diplomática. La frontera se mantuvo porosa no solo porque el Estado no pudo cerrarla, sino porque múltiples actores —incluidos agentes del Estado— tenían interés en que siguiera porosa.

La diplomacia del micrófono y sus efectos

Sobre esta estructura de largo plazo se montaron los ciclos diplomáticos de corto plazo. Durante las presidencias de Hugo Chávez y Álvaro Uribe, los mecanismos institucionales de vecindad binacional se paralizaron y fueron sustituidos por la "diplomacia del micrófono": los propios presidentes y altos funcionarios llevaron a los medios sus percepciones sobre seguridad, generando mutuas recriminaciones. En su primer encuentro, ambos habían acordado no caer en ese registro; los canales fallaron y ambos gobiernos recurrieron al micrófono de todas formas. Las tensiones fueron tales que casi desembocaron en un conflicto regional que habría involucrado también a Ecuador. Juan Manuel Santos contribuyó después a normalizar las relaciones con Chávez.

El giro chavista tuvo consecuencias geopolíticas: Venezuela abandonó el Grupo de los Tres con Colombia y México para constituir el ALBA con Cuba, y estableció en 2005 a Petrocaribe como principal instrumento de influencia regional. En julio de 2015, el gobierno de Maduro implementó el Plan de Seguridad N.° 25, la Operación por la Libertad del Pueblo, atribuyendo los problemas de seguridad y desabastecimiento a "fuerzas colombianas de ultraderecha que quieren implantar el modelo paramilitar". En septiembre extendió el estado de excepción en municipios fronterizos. La CIDH señaló en 2016 que en ese contexto se produjeron graves afectaciones a la población colombiana, incluyendo deportaciones y expulsiones.

Estos ciclos muestran que la frontera es también variable dependiente de la política presidencial. Pero aun cuando las coyunturas la abrieron o cerraron, el sustrato estructural persistió: la crisis migratoria posterior a 2015 no creó los circuitos por los cuales dos millones de venezolanos entraron a Colombia; los siguió. Para 2007, Venezuela ya reportaba más de doscientos mil colombianos cruzados, y ACNUR estimaba en 2014 que otros doscientos mil vivían en situación de refugio de hecho en Venezuela, mientras solo 4.340 habían sido reconocidos oficialmente: el 98% de los colombianos en necesidad de protección internacional permanecía invisible. Chávez había otorgado en 2004, mediante decreto, ciudadanía venezolana acelerada a unos doscientos mil extranjeros, en su mayoría colombianos, lo que les concedió derecho al voto y generó controversia interna en Venezuela.

Cuando la crisis venezolana se profundizó, el flujo se invirtió, pero los caminos fueron los mismos. Los retornos se hicieron en condiciones de precariedad: rutas a pie o en camiones hacinados, sin medidas sanitarias, con pagos informales en dólares o gasolina, y sin garantías de seguridad. Durante la cuarentena de la pandemia, el cruce informal se realizó sin rutas seguras, sin uso generalizado de tapabocas, con pagos informales. Los pasos fueron los que ya existían.

La respuesta

La frontera colombo-venezolana es, efectivamente, superposición de una arquitectura jurídica trazada por élites capitalinas sobre tres regímenes socioeconómicos preexistentes que las élites nunca lograron desarticular. La ficción cartográfica del uti possidetis aplicada a la cuenca Catatumbo-Zulia, a los Llanos de Casanare-Apure y a la península wayúu produjo una línea que las poblaciones cruzan por costumbre desde antes de que la línea existiera. Esa distancia entre norma y práctica explica el contrabando estructural, la porosidad migratoria, la función de retaguardia armada y la aceptación social del cruce informal.

La ingobernabilidad, sin embargo, no es inercia colonial ni residuo pasivo: fue reactivada y renegociada permanentemente por actores concretos que encontraron en la porosidad recursos de poder, supervivencia o legitimidad. Los hacendados liberales financiaron guerrillas y luego las traicionaron; el Estado colombiano temió la secesión llanera pero no ocupó los Llanos; el Estado venezolano usó la frontera como palanca diplomática bajo Chávez y como chivo expiatorio bajo Maduro; el pueblo wayúu ejerció autonomía activa sobre sus puertos y su justicia; los paramilitares instrumentalizaron clanes wayúu y funcionarios de Ecopetrol; los contrabandistas negociaron tolerancia con aduanas apelando al parentesco indígena. La estructura importa, pero la sostienen agencias específicas.

Las siete tesis enumeradas al principio no son alternativas excluyentes sino planos de un mismo fenómeno. La construcción activa de la diferenciación por parte de las élites es cierta para el eje andino colonial, es cierta para los Llanos y es cierta para el territorio wayúu. Pero en cada tramo se combina con la agencia de los actores locales —contrabandistas, guerrillas, clanes, paramilitares— que hacen de la frontera una retaguardia funcional y, en el caso guajiro, un orden plural donde varias lógicas se disputan la primacía.

Lo que queda abierto

Quedan flancos que este recorrido no cierra. El primero es cuantitativo: no sabemos con precisión cuántos colombianos hubo en Venezuela en cada década del siglo XX, ni cuánta ganadería atravesó la frontera, ni qué proporción del comercio Cúcuta-Maracaibo circuló como contrabando en cada coyuntura. Las cifras existen a fragmentos. El segundo es jurídico: la autonomía de los puertos wayúu de la Alta Guajira se ejerce de hecho y es reconocida en la práctica, pero el fundamento constitucional específico —la relación entre entidades territoriales indígenas y control estatal de puertos— sigue mereciendo una elaboración más precisa.

Si la frontera es superposición estructural sobre continuidades profundas, los ciclos de cierre y apertura seguirán, porque ninguna élite en Bogotá o Caracas puede clausurar lo que no controla. La política binacional, sin embargo, no está condenada a la impotencia: puede decidir qué actores administran la porosidad, con qué reglas y a costa de quién. La línea del mapa importa mucho menos que ese reparto, y el reparto es donde la historia todavía se juega.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

50 documentos · 61 fragmentos de referencia
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 172 fragmentos
[1]

popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
[2]

popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
02Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 341 fragmento
[3]

mutación de las naturalezas diferenciadoras antiguas 29 Zea, “Manifiesto a los Pueblos de Colombia”. xxxv Introducción en tres identidades nacionales distintas, lo cual significaba la formación de tres Estados soberanos distintos. El resultado de esta tensión de identidades contrapuestas es bien conocido, pues tras…

p. 34
03Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 fragmento
[4]

Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…

p. 33
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 551 fragmento
[5]

En “El Santuario”, un lugar cercano a Bogotá, las tropas de los partidos opositores se encontraron en una violenta batalla. Los venezolanos salieron triunfantes. La Constitución de 1830 quedó en entredicho, así como los gobernantes elegidos bajo su manto. Estos renunciaron y el Concejo municipal de Bogotá, el 5 de…

p. 55
05El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 441 fragmento
[6]

la Gran Colombia bolivariana /// Orlando Fals Borda 44 guerra y la ocupación desordenada y explotación ilegal de la tierra. Colombia carga con buena parte de la culpa porque todas esas aguas se originan en los Andes colombianos. No sería difícil pensar en corporaciones ambientales binacionales autónomas en esos…

p. 44
06Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 401 fragmento
[7]

se muestran en el mapa de la siguiente pagina. En total, Colombia limita con 11 paises (4 suramericanos, 4 centroamericanos y 3 del Caribe). La frontera terrestre la comparte con 5 pai- ses (Venezuela, Brasil, Peru, Ecuador y Panama); y la maritima, con 9 (Venezuela, Haiti, Republica Do- minicana, Jamaica, Islas…

p. 40
07Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 941 fragmento
[8]

con Venezuela A raíz de la disolución de la Gran Co- lombia, nuestro país inició negociacio- nes con los países vecinos, comenzan- do por Venezuela, y las adelantadas con este país culminaron en un tratado suscrito en 1833 por el canciller de Co- lombia, don Lino de Pombo, y por el plenipotenciario de Venezuela, don…

p. 94
08Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 561 fragmento
[9]

treaty also guaranteed in perpetuity free navigation of jointly held rivers and created a mixed commission to settle the boundary in the Amazon region, an area further complicated by Peruvian encroachment. Both governments praised the Treaty of 1916 as a positive outcome of the traditionally cordial relations between…

p. 56
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 351 fragmento
[10]

la verdad y avanzar hacia la convivencia y la no repetición en esta región del país. proyectos de investigación, debates, cátedras formales y publicaciones con la participación del sector académico y de las organizaciones sociales». Saúl Franco en Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No…

p. 35
10Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1, 4, 143 fragmentos
[11]

2 The deathblow to this relatively prosperous colonial province came with the War of Independence (1810–1821), when patriot soldiers raided the Llanos missions, recruiting the natives to fight against the royalists and sacking the churches. The clergy who stayed at their posts received neither subsidies nor military…

p. 14
[53]

of the hato owner, the veguero might also own some cattle. On the hato itself, the vaqueros were in charge of work- ing with the cattle. They owned their own horses and riding equipment neces- sary for their job and received a salary. Caballiceros took charge of caring for the horses on the estate. The hato also…

p. 4
[54]

1 The Llanos Frontier on the Eve of La Violencia The attraction of the Llano is irresistible. It can happen that it may produce a de- formation of the spirit and that men, accustomed to the comforts and advantages of what is called civilization, will become fond of what there is in the plains, in the hatos, in the…

p. 1
11Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 251 fragmento
[12]

para hacerlos más dependientes de la vida de hato y sujetarlos a sus relaciones laborales (Cf. Rausch 1999). De esta manera, lo llanero se convirtió en un patrón que, aunque no ideal, era trazado para la incorporación de los indios, quienes en el siglo XIX conformaban una buena parte de la población regional. La…

p. 25
12Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 41, 1172 fragmentos
[13]

(después de su capital, 59 La parroquia de Guasdualito es la capital del municipio fronterizo Páez. 118 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca San Fernando), y centro petrolero más grande de la región llanera (Ministerio de Relaciones Exteriores, Migración Colombia, Puestos de…

p. 117
[44]

283.344 345.138 342.250 Fuente: ACNUR, 2014 De acuerdo a la estimación de ACNUR, aproximadamente 200. 000 colombianos viven en una situación de refugio de hecho en Venezuela, cifra que contrasta dramáticamente con las 4. 340 personas que han sido reconocidas o fi cialmente como refugiadas (ACNUR, 2014, página 12).…

p. 41
13Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 174, 1882 fragmentos
[14]

la noche. Somos, los indios más que hombres, una decisión frente al mundo... Antecedentes históricos y descripción general de la región La Guajira como zona de refugio, región capitalista y posible espacio de diversidad étnica Fueron múltiples los factores que se conjugaron a lo largo de los últimos 500 años para dar…

p. 174
[29]

la invitación de algunos de estos comerciantes, e intensas sequías y forzadas migraciones wayúu que obligaron a la comunidad aborigen a dejar algunos de sus hijos como primera generación de internos en los “orfelinatos” de los monjes. Entre los mismos wayúu y los co cin a hubo intensas fricciones en lucha por zonas de…

p. 188
14La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 39, 1082 fragmentos
[15]

transporte. Otros con- formaron bandas dedicadas al robo de mercancía. Las mujeres Wayuu se relacionan y cumplen un papel importante dentro de la economía del contrabando en su rol de comerciantes, es decir como dueñas de establecimientos de venta de comida, víveres, li- cores y gasolina, como propietarias de…

p. 108
[17]

territorio venezolano en el estado de Zulia. tinacionales: BHP Billiton, Anglo American y Xstrata (Sarmiento, 2008: 132-151). Desde los años 1990, el carbón es el segundo producto de exportación colombiano después del petróleo. El 92,3% del volumen total producido en Colombia es apor- tado por los proyectos de…

p. 39
15Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 181, 1942 fragmentos
[16]

la circulación de mercancía de contrabando. • Prácticas y rituales de la memo- ria con la transmisión oral de las historias de guerras y sus guerre- ros, de los arreglos de género y la división sexual del trabajo. • Sociedad segmentada, en la cual las lealtades y solidaridades no son primordialmente transversales. •…

p. 194
[33]

ilegal y de fractura urbana y sus violencias. Guerrilla hace secuestros y extorsiones. Solicitud élites empresa- riales y narcotraficantes locales y regionales de crear un bloque AUC. Arremetida AUC en territorios FARC Toma de control territorios estratégi- cos tráfico droga y ne- gocios ilegales varios…

p. 181
16Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4881 fragmento
[18]

lo plantea el ya citado Ciro Krauthauzen. Dice él que desde los lejanos tiempos de la Colonia, los monopolios reales sobre la exportación de oro y plata y la importación de esclavos, eran burlados por el contrabando, que en Colombia goza de considerable aceptación. En zonas propicias costeras como la Guajira, en el…

p. 488
17Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 651 fragmento
[19]

precio con aquellos bienes que pagan impuestos de importación. El contrabando, además, está muy relacionado con el proceso de lavado de activos del narcotráfico. Los medios de cambio producidos en el mercado internacional por el tráfico de drogas se transforman en mercancías de consumo masivo que son traídas a…

p. 65
18Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2701 fragmento
[20]

al pais café de contrabando, algunos calculan que hasta 500.000 sacos, situaci6n consistente con la evolucién del precio internacional durante dicho periodo. Ganadoy otros productos agricolas En épocas anteriores, uno de los mecanismos utili- zados por el gobierno para aminorar las tendencias alcistas del indice de…

p. 270
19Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 2231 fragmento
[21]

dos mil novillos para cría y unos sementales”. El clan de comerciantes italianos residenciados en Venezuela es ampliamente conocido en Bucaramanga. “Son los mayores negociantes... Pero han dañado el negocio porque dan mayores propinas a los guardias, pagan mejor los camiones y los vaqueros... Ellos siempre traen los…

p. 223
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1251 fragmento
[22]

ley le dejábamos una misma plani- lla y ellos conocían las mulas y al otro día yo cuadraba cuentas con ellos. Entonces ellos me decían “pasaron cinco mulas”, yo miraba las que me reportaban y decía: “sí, son cinco”. A veces me decían “pasaron siete” y yo decía “bueno, la última pasó así, no pudo trabajar” y llegábamos…

p. 125
21Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 251 fragmento
[23]

la mayoría de las veces la gasolina es usada como insumo para las actividades de la producción de la pasta básica de la cocaína y el clorhidrato de coca. Por ejemplo, la gasolina robaba en el Magdalena Medio es un insumo para los grandes laboratorios de producción de cocaína en el Sur de Bolívar. 26 Grupos Armados…

p. 25
22Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 1531 fragmento
[24]

fly), a smaller car with no cargo that was sent ahead to confirm that roads were free of authorities, or to bribe any officer encountered. 51 As per the routine, Durán and Mendoza were armed with grenades, an M1 semiautomatic, and their personal.45 revolvers. They came from Valledupar, where they picked up dozens of…

p. 153
23Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3201 fragmento
[25]

de precariedad para comercializar sus productos y conectarse a los mercados agrícolas: «En un punto, a La Gabarra [municipio de Tibú, Norte de Santander] se le acabó la carretera; usted fácilmente podía gastarse de Tibú a La Gabarra… ¿qué le digo yo?, se podía demorar hasta una semana. Es que los carros se enterraban,…

p. 320
24Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 471 fragmento
[26]

de su dominio en zonas y rutas a partir de 1999, tras una arremetida 15 Si bien se dice que el primer narcotraficante que llegó al Catatumbo fue Pab- lo Escobar, la magnitud de la presencia de los carteles de la droga en Norte de Santander se haría evidente con la captura en San Cristóbal, capital del estado Táchira…

p. 47
25Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1651 fragmento
[27]

en busca de marihuana. Allí aterrizan, desembarcan la mercancía que traen de contrabando —casi todo aparatos eléctricos—, y cargan la avioneta con paquetes de la yerba que llevan a la pista algunos vecinos cultivadores. Muchos se enriquecen de la noche a la mañana y no saben qué hacer con la piara. Por aqui todos nos…

p. 165
26Wayuu Palabreros in Colombia: Indigenous and Process-Oriented Conflict Facilitation Worldviews ExploredAdriana Eugenia Vásquez Del Río · 2014 · p. 111 fragmento
[28]

reason why the Colombian government allows and supports the Wayuu people to use their justice system, instead of trying to impose the traditional national one. I believe Wayuu have something important to contribute around how they see conflict and the role 2 of facilitator as a legitimate and essential role in the…

p. 11
27Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 4911 fragmento
[30]

comercio nunca se declararon enemigos abiertos de los indígenas—, los guajiros ya tenían una cantidad apreciable de ganado y avanzaban en su adaptación al pastoreo. Para este mismo tiempo, negros cimarrones, fugados algunos probablemente de las haciendas ganaderas de Mompox que se movían con trabajo de esclavos,…

p. 491
28Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1221 fragmento
[31]

lugares sagrados reciben energía y emerge energía. Sus puntos están conectados con otros lugares que son energéticos, ¿no? Por ejemplo, hay un punto de la línea negra que está conectado con los picos nevados» 305. En la masacre de Bahía Portete, ocur rida el 18 de abril de 2004, en La Guajira, un grupo de…

p. 122
29Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1991 fragmento
[32]

y Carlos José García. Además, quedaron heridas cinco personas. Esta masacre fue perpetrada por el grupo armado Los Contadores, una disidencia de las FARC-EP vinculada al control del narcotráfico en la costa Pacífica nariñense, quienes se atribuyeron la responsabilidad de estos hechos. El 28 de enero de 2001, la…

p. 199
30Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 298, 3512 fragmentos
[34]

juro que nosotros nunca tuvimos contacto con la guerrilla. Recuerdo que un día cogí y le vacié la casa a mi mamá, y le dije: «¡Nos vamos de aquí! No nos vamos a hacer matar». Yo creía que con traérmele todas sus cosas se iba a venir conmigo, pero ella dijo: «No, yo no me voy. Si me van a matar, que me maten en mi…

p. 351
[35]

a Valledupar, en una comunidad indígena. La Sijín llegó vestida de civil. Un grupo de ocho hombres me agarraron. Me sindicaban de guerrillera. Querían que yo les diera el nombre de un jefe guerrillero del Frente 27. Según ellos, yo pertenecía a una banda que le pasaba armas a la guerrilla. Así que me agarraron.…

p. 298
31Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1011 fragmento
[36]

pocas veces pasó a la confron- tación violenta. El caso de Arauca y el Bloque Vencedores de Arauca del BCB Inicialmente el Bloque Vencedores de Arauca hizo parte de las AUC y luego del BCB. Los informes Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca (CNMH, 2015), Recor- dar para…

p. 101
32Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 138, 4482 fragmentos
[37]

the region, producing a shift from the “friendship” to the “enmity” cluster in which the right- wing paramilitaries, together with a strong state military offen- sive starting in 2002, fought the guerrillas. The paramilitaries demobilized be- tween 2005 and 2007. Rather than moving back to the previous equilibrium,…

p. 138
[48]

2012. 154. With the deepening of the Venezuelan crisis, at the Colombia- Venezuela border this phe- nomenon exists increasingly in reverse, Venezuelan children attend Colombian schools, for example. 155. Schendel and Abraham, Illicit Flows and Criminal Things: States, Borders, and the Other Side of Globalization, 61;…

p. 448
33Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 841 fragmento
[38]

2004 hizo el gobierno venezolano, en contravía de los acuerdos internacionales sobre refugio. Por otra parte, las denuncias sobre la ambigüedad del gobierno venezolano con relación a la guerrilla no pudieron ser esclarecidas por la parálisis de los mecanismos de vecindad, que fueron sustituidos por la “diplomacia del…

p. 84
34Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1831 fragmento
[39]

ahora a examinar las relaciones entre Venezuela y las FARC. Como se dijo, suele pensarse que ellas comenzaron con el coronel Hugo Chávez. No es cierto. Es muy probable que el primer contacto entre las FARC y Chávez ocurriera en 1992. Cuando el coronel golpista fue apresado, la guerrilla le prestó apoyo con la donación…

p. 183
35Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2661 fragmento
[40]

of Colombian legal status in Venezuela, the number of Colombians in Venezuela has been subject to speculation and political manipulation. For example, after Mr. Ch á vez became president in 1999, he, via a 2004 decree, fast- tracked citi- zenship for many foreign nationals. As a result, some two hundred thousand…

p. 266
36Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 224, 3562 fragmentos
[41]

de la frontera como el máximo jefe de la banda Los Rastrojos y la captura de Diego Henao alias Diego Rastrojo quien había asesinado, también en territorio venezolano a Wilber Varela, alias Jabón. Véase El País (2017, 27 de septiembre). 304 Diferentes pronunciamientos del presidente Nicolás Maduro y de otros…

p. 224
[42]

América Latina (que corta en dos la ruta Panamericana. Disponible en: /www.bbc.com/mundo/noticias-america- latina-41405970 (2015, 16 de septiembre), Venezuela extiende el estado de excepción en la frontera con Colombia. Disponible en: www.bbc.com/mundo/ noticias/2015/09/150916_venezuela_colombia_fronteras_es-…

p. 356
37Intereses de Colombia en el Mar: Reflexiones y Propuestas para la Construcción de País MarítimoSamuel Rivera-Páez (Editor), Daniel Alfonso Rojas Sánchez, Héctor Mauricio Rodríguez Ruiz, Sergio Uribe Cáceres, Luis H. Osorio Dussán, Paola Marcela Iregui Parra, Natalia Pérez Amaya, William Pedroza Nieto, Giovanny Vega-Barbosa, Hermann León Rincón, Julio Monroy Silvera, César Grisales López, Natalí Delgado Orozco, Oscar Medina Mora · 2018 · p. 871 fragmento
[43]

sostenían Estados Unidos y Cuba (Boersner, 1996, p. 1). Hacia los ochenta, la economía venezolana se debilitó, lo que los obligó a buscar un socio geopolítico en la región que se concretó con el pacto de San José de 1980, en el cual México y Venezuela se comprometían a proveer cooperación y ayuda a los países de la…

p. 87
38La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 901 fragmento
[45]

exilio, registradas principalmente en Ecuador (4.144), Venezuela (3.242), Canadá (2.878), España (2.110) y Estados Unidos (2.038). En los datos de la Acnur se destacan países de frontera, como Ecuador, que en 2007 registraba cerca de 265.000 solicitantes de asilo, y Venezuela, que para el mismo año reportó más de…

p. 90
39Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2511 fragmento
[46]

peligrosa Al no existir ruta segura y disposición de transporte, el camino es sumamente peligroso y debe recorrerse a pie o en un camión 350 como hizo Fernanda Sarmiento, oriunda del estado Zulia. La mujer decidió regresar a Colombia acompañada por una amiga, porque dejó a sus hijos y madre en la ciudad de Santa…

p. 251
40Cuando éramos felices pero no lo sabíamosMelba Escobar · 2020 · p. 89, 1252 fragmentos
[47]

se ve más costoso por el ancho de las avenidas, las construcciones y las zonas verdes. Llegamos. —Te llamo como en una hora. —Dale, te espero por aquí. HÉROES A CABALLO Entro al hotel Kristoff, donde me espera Yajaira, colega del profesor Carlos. Nos metemos en un café. Yajaira me cuenta sobre su trabajo con…

p. 125
[49]

que está encerrado en una jaula de metal. Niños. Ancianos. Gente bajándose de buses, subiéndose a buses. Gente durmiendo en sillas, vendiendo chécheres, bolívares, dólares, pesos colombianos. Prefiero esperar a Jhose para preguntarle dónde es mejor cambiar pesos por dólares. Una media hora después aparece. Noto que…

p. 89
41Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1691 fragmento
[50]

por las élites de la costa. 184 En 1791, los mayores propietarios de ganado de El Pao son, en su orden, el conde Tovar, el padre Antonio Tovar y Fernando Ascanio, 185 conde de la Granja, grandes patricios de Caracas. El bandolerismo que reina allí constituye la reserva de los excluidos del sistema colonial; pero la…

p. 169
42Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1691 fragmento
[51]

por las élites de la costa. 184 En 1791, los mayores propietarios de ganado de El Pao son, en su orden, el conde Tovar, el padre Antonio Tovar y Fernando Ascanio, 185 conde de la Granja, grandes patricios de Caracas. El bandolerismo que reina allí constituye la reserva de los excluidos del sistema colonial; pero la…

p. 169
43La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 1301 fragmento
[52]

el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está encomendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa ubicada en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. El señor del hato le paga los víveres (plátano y yuca) con vacas HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 129 viejas para "carnear". En el Llano…

p. 130
44Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 fragmento
[55]

entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…

p. 40
45No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 fragmento
[56]

eran importantes, el movimiento gue- rrillero más numeroso y mejor armado estaba en Casanare, Vichada, Meta y Arauca 108. Su capacidad militar les dio para tomarse bases militares como las de Palanquero, en Cundinamarca, y pueblos como Orocué, en Casanare. Al comienzo, los hacendados apoyaron a las guerrillas, pero…

p. 60
46Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3221 fragmento
[57]

m b ia La guerrilla de los Llanos se conformó a comienzos de los cincuenta, cuando el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse de la per secución del régimen conservador. En los Llanos se integraron las guerrillas liberales con una heterogénea composición social: campesinos desplazados de sus…

p. 322
47Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2261 fragmento
[58]

este se mantuviera como guardián de sus hatos. La situación empezó a cambiar por una conjugación de circunstancias internas y externas al movimiento rebelde. Al lado de los grupos que dirigía quien ahora se autoproclamaba el General Velásquez, se venían fortaleciendo, gradualmente, otros comandos con otros líderes…

p. 226
48Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2311 fragmento
[59]

misma guerrilla: ganar la confianza de los campesinos, conocer palmo a palmo el t erreno (desde la to- pografía hasta la configuración social de los vecindarios), aligerar el equipo, disminuir el tamaño de las unidade s y hacer la guerra psicológica. De 1960 a 1963 fu eron liquidadas 57 cuadrillas y 20 231 232 Marco…

p. 231
49Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1081 fragmento
[60]

de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…

p. 108
50Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 2631 fragmento
[61]

who armed themselves in Arauca to make forays into the neighboring state of Apure. The Liberal reformers who appraised these two comisarías were confident that they could promote the settlement of Vichada and solve some of the long-standing problems that existed in Arauca. Drawing primarily on accounts by the local…

p. 263